Capítulo 1:
MACKENZIE
“Siempre he pensado que los chicos son unos idiotas, así como lo oyen; para comenzar están los
nerds, ellos no salen de su zona de confort y no buscan verse agradables a la vista de los demás, es
decir, si yo fuera una nerd – Aunque lo soy pero este no es el caso – al menos me vestiría bien y
daría una buena impresión, pero no, ellos son....nerds; luego están los fuckboy, los más famosos, y,
a pesar de que ellos son unos malditos rompecorazones, todas las chicas – Incluida yo – nos
morimos por ellos, al fin y al cabo somos masoquistas…”
¡Oh, Santa Mierda! Este libro me identifica totalmente respecto a lo que pienso de la especie
masculina. ¿Porque los hombres son tan… hombres?, desde mi perspectiva el hombre que cambie
por una mujer vale oro, pero está claro que eso no sucede casi nunca, por no decir que nunca.
- ¡Señorita Thatcher! – Oh, no otra vez - ¿Qué hace leyendo de nuevo en mi clase? ¿Al
parecer necesita de nuevo ir a detención, no es así? – Me doy una cachetada mental cuando
el profesor de Literatura me regaña por quinta vez en la semana.
- Ehm, no señor, de hecho, basándome en la ley... – Comienzo a argumentar, pero el me
interrumpe de sopetón.
- ¡No me interesa en que ley está escrito Señorita, a detención! – Me grita a lo que yo ruedo
los ojos y me levanto de la silla imitándole con burla en voz baja, pero por supuesto que
hoy no es mi día – ¿Que cojones está diciendo? – Me pregunta el profesor con sorna.
- Nada, de hecho, en las normas escolares está prohibido decir groserías, y asumo que no solo
aplican para los estudiantes, así que debería ir dando un poco más de respeto hacia sus
estudiantes, y de igual forma... – Le explico, pero de nuevo me interrumpe.
- ¡No me importa lo que digan esas absurdas normas!¡Aquí nadie me exige nada! – Me grita
y si no fuera porque estoy a una distancia moderada de su bocota, me hubiera quedado
sorda.
- Como sea – Digo desinteresada – Mejor me largo a detención – Le espeto antes de salir y
tirar la puerta con desdén.
Como lo odio.
Odio ser tan asquerosamente yo, pero supongo que es con lo que debo vivir; mi vida se basa en
gente interesada que, o se acercan porque saben que mi tía es la esposa del director o fingen ser mis
amigos para ganarse mi confianza y que así les dé algo a cambio; no sé qué esperan de mí. Bueno
pues, agradezco no ser una tonta ilusa y no caer en sus estúpidas mentiras. Me caracterizo por ser
alguien muy cruel y directa cuando digo las cosas, no puedo controlarlo pues, siento que debo decir
las cosas a la cara y sin mentiras, ¿Para qué mentir si al final la persona se dará cuenta de la verdad?
Absurdo.
Pero he de admitir que, si tengo un punto débil, demasiado débil: además de ser conocida por
arrepentirme de lo que hago siempre, no tengo absolutamente nada de experiencia con chicos, por
eso me mantengo lo más alejada posible de ellos, prefiero ahorrarme ilusiones y tentaciones, aunque
claro está que no lo voy a poder evitar por mucho tiempo. Además, resulto ser dolorosamente
explosiva cuando un chico me molesta.
Supongo que ¡ups!.
- ¡Hey, Thatcher! – Me saluda un chico del equipo de futbol americano – Ethan Fox -
mientras paso a su lado por los pasillos solitarios de la escuela, a lo que yo le devuelvo el
saludo con un asentimiento de cabeza.
Ridículo, ni pienses que voy a caer.
- ¿A dónde vas, cariño? - Me interroga al tiempo que se detiene a mi lado.
Me molesta la gente así, ¿Por qué cree que puede tratarme con “cariño” si no somos nada? Oh,
claro, necesita algún favor. Imbécil.
- No te importa – Le respondo cortante y sigo con mi camino a detención.
El comienza a caminar a mi lado.
- ¿Por qué tan seca? – Me agarra el antebrazo para que me detenga.
- Suéltame – Le susurro entre dientes mientras doy tirones con mi brazo en vano, es muy
fuerte el condenado.
El me da una sonrisa de medio lado antes de decirme:
- ¿Segura que quieres que te suelte? Porque podríamos divertirnos un rato, ya sabes... –
Susurra mientras agarra mi cintura con firmeza y esconde su nariz en mi cuello.
Aprieto mis ojos con fuerza. No es fácil resistirse.
- N…no – Digo entre dientes y cuando me doy cuenta de lo tonta que estoy siendo coloco las
palmas de mis manos sobre su pecho y lo empujo con fuerza – No vuelvas a tocarme.
Y me alejo de ahí escuchando los latidos de mi corazón en mis oídos.
“¿Qué carajos?”. Pienso mientras me entro en el aula vacía de detención.
Para nadie es un secreto que Ethan Fox es uno de los mujeriegos más activos de la escuela, pero la
verdad ya paso de moda para mí; recuerdo que cuando llegó a esta escuela todas nos moríamos por
él, y él no se quedaba atrás, pasaba cada noche en casa de una chica diferente, al menos tenía la
decencia de dormir con ellas y no dejarlas tiradas apenas terminaran “la acción”. Menos mal yo no
fui una de ellas.
Pero después de este verano su fama se fue en picada cuando llego Dante Dallas, el típico fuckboy,
ojos azules, cabello azabache y cuerpo de infarto. Creo que mejor paso de él. Demasiado cliché.
Pero no pasaría de él cómo lo hago el día de hoy, si no fuera porque desde que llegó me hace la vida
imposible, me acosa por todos lados para que lo ayude a no perder materias. Pero yo me niego, por
suerte.
Saco mi cuaderno de dibujos al tiempo que tarareo una canción, y me quedo pasmada cuando veo a
mi “amado” director parado a unos metros de mí.
- ¿De nuevo molestando en clase de literatura? – Me pregunta a lo que yo doy un suspiro
cansado y él se ubica en la silla frente a la mía – Escucha, tu tía me ha dicho lo preocupada
que está porque tus notas han bajado últimamente...
- No quiero saber nada de ella – Le espeto mientras me levanto de la silla con brusquedad y
guardo todas mis cosas. Me dirijo a la salida del aula y cuando voy a salir me giro hacia él –
Y le pido que en la escuela me trate como a su estudiante y no como el esposo de mi tía, no
finja preocuparse por mi – Y salgo de ahí con los puños apretados.
Agatha Thatcher. La maldita que me dejó tirada en cuanto se le apareció un hombre apuesto y con
dinero en la puerta de su casa. Mi director, su ahora esposo. Era la única que me entendía, la única
que velaba por mi bien. A la única que le importaba. Pero decidió largarse porque prefirió quedarse
con él. Llámenme egoísta, sin embargo, no soporto que alguien en quién confié hasta mi vida,
decida irse de un momento a otro.
Le doy una patada a mi pintura favorita.
La que pintamos todos en familia la navidad pasada y quedó de maravilla, es un atardecer en
invierno y nos turnamos para pintar lo que quisiéramos, todos tenemos un don con el arte. Mamá es
la dibujante a lápiz y color (aunque ella es cirujana y mi padre abogado), lo que más le apasiona
hacer son los degradados y los rostros realistas, por otro lado, está papá que es el rey del óleo, me
sorprenden sus habilidades, hace semanas pintó a la Gioconda y si no fuera mi padre, diría que es el
mismísimo Leonardo Di Caprio, su don es único. Y luego estoy yo, mi pasión es dibujar a lápiz y
pintar con acuarelas, aunque no diría que soy muy buena, me falta mucho para llegar al nivel de mis
padres, pero, aun así, dibujo y pinto increíble.
- Mierda – Susurro cuando me doy cuenta de lo que he hecho. La arruiné. Carajo.
La recojo del suelo y la analizo bien, está muy dañada, no tiene arreglo a menos que la vuelva a
pintar toda desde cero.
Mi cabeza comienza a formular todas las ideas posibles para arreglarlo, pero nada se me ocurre. La
arruine y mis padres se van a decepcionar. Se que con la relación tan escasa que tengo con ellos,
van a pensar que la dañé a propósito porque vivo enojada con ellos y las cosas que hacen.
Vivo enojada con ellos porque prefieren pasar horas encerrados en sus oficinas antes de acordarse
de que tienen una hija. Porque son otros apegados al dinero que creen que sin trabajo nos vamos a
morir. Porque no se han dado cuenta de que tienen una familia que cuidar. Porque como no se
pudieron hacer cargo del bebe que trajeron al mundo, me mandaron a vivir casi toda mi infancia con
mi tía para que me criara y por eso me apegué tanto a ella. Porque hasta hace unos días se enteraron
de que me gradúo este fin de semana de último año y porque no piensan ir conmigo. Porque toda mi
vida he estado sola y no me di cuenta hasta que Agatha se fue.
Pero aun así no quiero decepcionarlos, me preocupo por ser la alumna ejemplar, por ser perfecta en
todo lo que hago y nunca se enorgullecen de mí. Aunque soy algo tosca con mis maestros. A veces
es agotador, pero ya me acostumbré. Esa pintura era lo único que me quedaba de ellos, de nuestras
pocas ocasiones unidos y lo arruiné por completo. Como siempre.
Miro el desastre que hice en mi habitación, después de unos minutos salgo al pequeño balcón de mi
cuarto a sentir el aire fresco en mi rostro sin importarme nada, solo quiero olvidarme de todo.
Cierro los ojos por unos segundos, pero una voz me hace abrirlos de inmediato.
- ¿Qué haces ahí? ¿Piensas suicidarte? Porque si lo haces sería muy divertido – Me grita una
voz desconocida desde debajo de mi balcón.
¿Qué mierda...?