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LA FILOSOFÍA GRIEGA.
De la escuela de Jonia a Aristóteles.
Jose Luis Gómez.
La filosofía surge con el pensamiento griego que trata de dar la
explicación de un principio elemental que permita conocer el origen
de todo cuanto hay en el mundo.
A diferencia de las especulaciones realizadas con anterioridad
en oriente y en la misma Grecia, en donde, el movimiento cósmico,
las leyes de la naturaleza y la sociedad, se explicaban a través de las
imágenes y los símbolos de la mitología, los filósofos de Jonia
construyeron una visión del mundo a partir en una especie de
sistematización de las ideas basada en la experiencia del orden
racional expresado en la construcción científica de las matemáticas.
El desarrollo del pensamiento racional alcanzado en la
geometría motivó a los matemáticos griegos a seguir el ejemplo del
ordenamiento científico para buscar un punto de referencia confiable
que pudiera darles coherencia a los conocimientos contenidos en la
explicación mítica del universo.
Cabe recordar que fueron los matemáticos griegos quienes
transformaron la herencia cultural de civilizaciones anteriores para
elaborar la primera ciencia deductiva, estructurada en torno a
teoremas, axiomas y definiciones abstractas, para sustituir las
técnicas de medición empíricas y particulares de las matemáticas
prehelénicas.
En este sentido es importante tomar en cuenta que la
construcción de las matemáticas como ciencia se configuro en base a
la consideración del concepto de número como un conocimiento
evidente e incuestionable que le dio coherencia orden y medida a un
gran número de técnica y métodos que se habían usado exitosamente
hasta ese momento.
La filosofía griega surgió, en este contexto como un trabajo
teórico que se dedicará a buscar un elemento evidente similar al
papel que jugó el concepto de número en las matemáticas. Este
elemento debería estar contenido en todas las cosas de manera
esencial y servir de punto de referencia para explicar el origen y el
funcionamiento de todo cuanto existe en el mundo. La búsqueda de
este elemento esencial será identificada por los griegos como la
búsqueda del Ser.
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En el siglo VI a. c. en la región de Jonia un grupo de
matemáticos comenzó a desarrollar las primeras reflexiones
filosóficas. La concepción de estos filósofos presenta la esencia del
mundo (Ser) a través de un elemento que puede ser: el agua, el aire, o
el ápeiron según Tales, Anaxímenes y Anaximandro respectivamente.
Este elemento primordial se encuentra en constante cambio lo cual
permite que se formen las diferentes cosas que existen en el mundo.
De esta forma se consideró que: del elemento primordial debía
derivarse todo lo existe y que, por lo contrario, el elemento primario
no se derivaba de ningún otro.
En esta concepción se encuentran inmersas dos preguntas que
habrán de expresarse a través de toda la historia de la filosofía. ¿Cuál
es el principio de todas las cosas? es decir ¿Qué es el ser y ¿ Cuál es
la cosa que explica la existencia de todas las demás y la forma en que
se puede conocer?
Con el surgimiento del pitagorismo se llegó a una nueva
conclusión de interés para la filosofía. Pitágoras consideró que la
esencia del mundo no es ninguno de los elementos sensibles
conocidos, sino que es algo ininteligible. El ser que explica y
contiene todas las cosas es el número o ser numérico que debe
entenderse como un objeto ideal.
Heráclito de Efeso (556-470 a. c.), consideró que el ser no
podía ser algo estático que se le pudiera encontrar presente en cada
cosa, el ser debía ser algo cambiante que se transforme junto con el
proceso del devenir del mundo sensible. Para Heráclito nada
permanece estático, lo único que es eterno es el cambio mismo. Nos
dice que «Este mundo no lo hizo ninguno de los dioses, sino que es
un fuego eternamente viviente que se enciende según medida y se
apaga según medida».
Contrario a la filosofía de Heráclito surgió, el pensamiento de
los filósofos de Elea cuyo precursor fue Jenófanes de Colofón (570-
430) Este filósofo señala que nada en el mundo nace ni muere pues es
un todo eterno. Dice además que, el mundo no puede ser conocido
por el hombre ya que cualquier conocimiento que se logra obtener es
parcial.
Sin embargo, el máximo representante de esta escuela fue
Parménides de Elea (540-480) quien negando que el Ser fuera
cambiante, hizo importantes aportaciones al pensamiento filosófico.
Para Parménides el Ser cambiante y el mundo sensible no
podían contener el verdadero conocimiento ya que el verdadero
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conocimiento según él, sólo se puede obtener a través de la razón
ante la cual, el devenir se presenta contradictorio, ya que si el Ser es
cambiante debía Ser y No Ser al mismo tiempo. Esto no puede ser
posible, ya que el No Ser no puede existir, porque si el No Ser
existiera entonces tendría que ser.
Esta argumentación de Parménides introdujo en la filosofía el
principio de identidad. Así mismo al presentar la percepción sensible
como mera apariencia y buscar el Ser en el razonamiento, se abrió la
perspectiva para identificar al Ser con el pensamiento, es decir, que
las propiedades esenciales del Ser son las propiedades esenciales del
pensar.
Zenón de Elea fue el encargado de pulir la filosofía Eleata.
Compartiendo los principios de Parménides trata de explicar por qué
la realidad sensorial es imprecisa. Es a través de sus famosos
paradigmas como explica la contrariedad existente entre el mundo
sensible y el pensamiento.
Con Empédocles de Agrigento (490-424) surge la idea de obtener
el conocimiento utilizando la percepción sensorial unida a la
capacidad de razonamiento del sujeto. Dice que cada uno de nuestros
sentidos nos da un conocimiento parcial del ser, que, al ser
manejados por la razón nos permite llegar a la verdad. Propone
cuatro elementos primordiales que al unirse o separarse nos presentan
el aparente nacimiento y muerte de las cosas. Estos elementos que
son: el agua, la tierra, el aire y el fuego, permanecen siempre
inmutables en el aparente cambio.
Los elementos se unen o se separan como resultado de la
acción de dos fuerzas que él considera son el amor y la discordia que
unen lo diverso y dividen lo unitario.
Las dos fuerzas que regulan el movimiento son invariables
cuantitativamente. Esto unido al hecho de que los elementos
primordiales son inmutables permiten concebir el Ser o esencia del
mundo como inmutable y externo al pensamiento.
Anaxágoras de Clazomene (500-428) acepta como Empédocles
el pluralismo del elemento primordial al afirmar que en cada cosa
hay algo de todas las demás. Sin embargo, él no admite algunos
elementos en particular que constituyan las demás cosas. Por otra
parte, niega la validez del conocimiento sensible y propone la razón
como medio para conocer. Respecto al movimiento del mundo dice
que tuvo un principio ya que originalmente permanecía inmóvil y no
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fue hasta que la inteligencia (nous) se introdujo en él para darle
movimiento.
Con la concepción del ser eterno, el cual no tiene origen ni
puede ser destruido, surgió el atomismo de Leucipo de Elea y de
Demócrito de Abdera (460-370) quienes explican la composición del
mundo formada por partículas pequeñísima e indivisibles. Para
Leucipo el movimiento de los átomos que forma las cosas se da en el
vacío que llama el No Ser. Los átomos son infinitos en número e
indivisibles en tamaño y forman las cosas en su movimiento. Los
átomos además son infinitos en número, pero iguales en su esencia
indivisible, solo presentan formas y tamaños diferentes. En cuanto al
atomismo de Demócrito es necesario aclarar que va más allá de la
teoría de Leucipo ya que al pertenecer a la época sistemática de la
filosofía griega trata de explicar el conocimiento tomando en cuenta
la existencia de dos clases de átomos de los cuales. Está el grupo que
se presenta más ligero y sutil que constituye el alma; Estos átomos
denominados ígneos se encuentran en todas partes y son puestos en
movimiento por el impulso de los otros átomos que forman las cosas;
después estos átomos ígneos penetran en el alma que también está
formada por átomos ígneos y reproducen en miniatura las cosas que
hay en el mundo. Con esto Demócrito crea lo que ahora conocemos
como materialismo, ya que identifica el conocimiento como un
reflejo de la realidad en el alma del sujeto.
Sócrates y los sofistas
La situación política que vivió Grecia a partir del siglo V a. c.
permitió el surgimiento de los sofistas, pensadores que encausaron la
investigación del conocimiento hacia la naturaleza del hombre
tratando de desarrollar el conocimiento del Ser como algo que se da
en el ser humano.
Con esto surge la idea de que el estudio del ser humano debe
ser lo más importante Así Protágoras de Abdera (480-410) dijo que el
conocimiento se da a través de los sentidos, pero ya que este tipo de
conocimiento es relativo dice que en el proceso del conocimiento del
hombre es la medida de todas las cosas. Sin embargo, admite que el
hombre está en constante evolución por lo que tiene la facultad de ir
conociendo siempre de diferentes formas.
Al relativismo de Protágoras se enfrentó otro sofista, Gorgias
(483-380), quien dice que el conocimiento que presentan los sentidos
no es más que una mera apariencia y que por lo tanto el hombre
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nunca podrá conocer la verdad, y si acaso pudiera llegar a conocerla
no tendría la capacidad de transmitir su conocimiento. Lo importante
de esta teoría de Gorgias es que se puede observar que ya en esta
etapa del desarrollo de la filosofía se hace una clara distinción entre
el sujeto y el objeto de conocimiento, elementos que habrán de ser
esenciales para todas las teorías del conocimiento posteriores.
Contemporáneo de Protágoras y de Gorgias aparece Sócrates a
quien corresponde el mérito de haber implantado la
conceptualización como método para conocer la verdad. Esto lo
manifiesta en su método dirigido a conocer la esencia del hombre.
Sócrates pensó que el método propicio para conocer era el de
reflexionar sobre la esencia del hombre. Es por esto que él siempre se
dirigirá a las personas para interrogarlas a fin de dirigir los diálogos
hasta los conocimientos que su interlocutor iba descubriendo en si
mismo.
Platón (447-327)
al encontrar la imposibilidad de obtener el conocimiento a
través de los sentidos por encontrarse el mundo sensible en continuo
cambio, identifica en el sujeto cognoscente el ente a conocer. Al ser
la razón el medio a través del cual se puede conocer y al no ser lo
sensible en donde se puede descubrir el verdadero Ser, propone la
existencia de un mundo paralelo el sensible. Este mundo es el de las
ideas el cual puede ser comprendido por el hombre ya que su alma
con anterioridad ha estado en él. En este sentido, se puede
aprovechar la semejanza que hay entre el mundo sensible con el
mundo verdadero de las ideas para que a través del razonamiento se
pueda llegar a la verdad.
Aristóteles (384-322)
La intervención de Aristóteles (384-322) en el desarrollo de la
filosofía, se presenta en el momento en que el pensamiento griego
había planteado la necesidad de encontrar el elemento o los
elementos primarios que hicieran posible conocer el mundo.
Desde los Filósofos Jonios, hasta Platón, el centro de atención
de todos los personajes que hicieron trabajo Filosófico se dirigió a la
búsqueda de un elemento, principio o causa que explicara el mundo.
Surge con esto la noción de Ser como objeto del conocimiento.
Puede decirse que la concepción de Ser que tuvo cada Filósofo
nos puede explicar el desarrollo de la Filosofía hasta esta época.
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Aristóteles encuentra que hasta entonces se han planteado
diversas interpretaciones acerca de las características del Ser que
pueden ser resumidas con el objeto de señalar el material con que
éste Filósofo contó para desarrollar su Filosofía.
a) El planteamiento de si en el Ser hay unidad o pluralidad.
b) El planteamiento de si el Ser es inmutable o cambiante.
c) El planteamiento de si el Ser es material y está en las cosas
sensibles o es una realidad que existe a parte del mundo sensible y
material.
En la polémica de Heráclito y Parménides se confrontaron la
concepción de un ser cambiante, cuya esencia es precisamente el
continuo cambio y la de ser inmutable que solamente se puede
encontrar por medio de la razón ya que el mundo cambiante
presentado por los sentidos, debe ser una ilusión por ser impensable.
Parménides plantea la identificación entre el Ser y el pensar,
pero hace notar que el pensamiento no es el Ser, sino solamente el
instrumento que permite conocer en el mundo ilusorio de los
sentidos, el verdadero Ser inmutable.
Es necesario hacer notar que tanto para Heráclito como para
Parménides el ser es material, solamente que el primero lo concibe
cambiante como lo presentan los sentidos y el segundo inmutable
como se da en el pensamiento.
Por otra parte, en Platón, el ser alcanza otro nivel que va más
allá de la materialidad. Platón, al igual que Parménides, piensa que el
cambio es una apariencia de los sentidos y que solo la razón nos
puede llevar al verdadero Ser. Sin embargo, en tanto que, para
Parménides, el Ser está en el mundo material pero oculto a los
sentidos, en Platón el Ser que se conoce por medio de la razón
constituye un mundo diferente al material.
Surge aquí la concepción de un mundo de las ideas del cual el
mundo cambiante representado por los sentidos es un mero reflejo.
Así el Ser como objeto del pensamiento no está en el mundo material
como lo presentan Parménides y Heráclito. El mundo de las ideas de
Platón es un mundo que tiene una realidad que va más allá de lo que
pueden ser las unidades lógicas del pensamiento utilizadas para
conocer el mundo.
Negando la teoría de las formas de Platón, Aristóteles hace ver
que el Ser del que se ocupa el estudio de la Filosofía se encuentra en
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los objetos individuales que se presentan en la realidad sensible. Sin
embargo, tampoco acepta, como dice Parménides, que el mundo
cambiante sea una ilusión. Para él son las cosas cambiantes que nos
presentan los sentidos en donde se encuentra el Ser, que es objeto de
la Filosofía y representa los primeros principios y causa de las cosas.
De Parménides acepta el hecho de que es la razón el medio por el
cual se puede llegar al conocimiento.
Tenemos entonces que para Aristóteles: el Ser se encuentra en
todas las cosas que se nos presentan en la realidad sensible.
Dado que en el mundo se encuentran una gran cantidad de
individuos, solamente la razón nos permite obtener conocimientos
universales. Dichos universales existen en los individuos y no se les
puede separar en la realidad, únicamente se pueden abstraer en el
pensamiento.
La capacidad del pensamiento de hacer abstracción de los
universales es lo que permite conocer los atributos del Ser.
El Ser es una unidad que se presenta en todas las cosas
individuales, pero tiene además la característica de presentarse en
diferente forma en cada individuo y también la de cambiar de una
forma a otra.
En la Lógica de Aristóteles se puede encontrar un punto de
ascenso a la comprensión de su Filosofía (como estudio del Ser), ya
que al referirse a las categorías que abarcan las formas de pensar las
cosas, hace ver que estos modos de pensar son los modos como
existen las cosas en la realidad sensible.
«Las categorías no son simples modos de representación
mental, meros moldes de conceptos, sino que corresponden a los
modos del Ser tal como se da este en la realidad del mundo
extramental, y constituyen así el puente entre la lógica y la
metafísica. Tienen las categorías un aspecto ontológico, así como
tienen un aspecto lógico, y donde más claramente aparece su
disposición ordenado y estructural es, tal vez, en el ontológico.»
Al buscar las formas más apropiadas para la demostración,
Aristóteles nos presenta las siguientes categorías: sustancia,
cantidad, relación, lugar, tiempo, postura y acción.
Estas categorías vienen a ser la manera en que al sujeto se le
atribuye el predicado. Así cuando nos preguntamos por el individuo
Sócrates podemos decir:
Sócrates es hombre. (Sustancia)
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Sócrates es feo. (Cualidad)
Sócrates es pequeño. (Cantidad y relación)
Sócrates vive en Atenas. (Lugar)
Sócrates vivió en el siglo IV a. c. (Tiempo)
Sócrates está sentado. (Postura)
Sócrates camina. (Acción)
Se puede observar que, en estas categorías, es en la sustancia en
donde se encierra lo que es primordial en el modo de ser de una cosa.
En el ejemplo, Sócrates es hombre (como sustancia) es lo que
determina principalmente a Sócrates. Es aquello sin lo cual Sócrates
no podría ser jamás lo que es.
En la sustancia se encuentra la esencia de las cosas; las
determinaciones de las otras categorías vendrían a ser los accidentes,
es decir, los atributos que tiene un individuo, pero que sin embargo
podría no tenerlos, sin que este hecho significara la modificación de
su esencia.
«Ser, significa, ya la esencia, la forma determinada, ya la
cualidad, la cantidad, o cada uno de los demás atributos de esta clase.
Pero entre estas numerosas excepciones del Ser, hay una excepción
primera; y el primer Ser es sin contradicción la forma distintiva, es
decir, la esencia. En efecto, cuando atribuimos a un ser tal o cual
cualidad, decimos que es bueno o malo, etc., y que no tiene tres
codos; cuando queremos, por lo contrario, expresar su naturaleza, no
decimos que es un hombre o un dios. Las demás cosas no se las llama
seres, sino en cuanto son cantidades del ser primero, o cualidades, o
modificaciones de este Ser, o cualquier otro atributo de este género.
No es posible decir si andar, estar sano, sentarse, son o no seres, y lo
mismo sucede con todos los demás estados análogos. Porque ninguno
de estos modos tiene por si mismo una existencia propia; ninguno
puede estar separado de la sustancia. Si estos son seres, con más
razón lo que anda es un Ser así como lo que está sentado, y lo que
está sano.
Pero estas cosas no parecen tan grabadas con el carácter de Ser,
sino en cuanto cada una de ellas oculta un ser, un sujeto determinado.
Este sujeto es la sustancia, es el Ser particular que aparece bajo los
diversos atributos. Bueno, sentado, no significan nada sin esta
sustancia. Es evidente que la existencia de cada uno de estos modos
depende de la existencia misma de la sustancia. En vista de esto, es
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claro que la sustancia será el Ser primero, no tal o cual modo del Ser
sino el Ser, tomado en su sentido absoluto.»
A través de las categorías se ha podido entender los conceptos
aristotélicos de esencia y accidente, conceptos que pueden ir
aclarando el objeto de conocimiento de la filosofía en Aristóteles.
Al plantear que la esencia, como lo propio de las cosas
individuales, se encuentra en la sustancia, hace ver que el objeto de
la filosofía es el estudio de la primera categoría (la sustancia), ya que
en ella se encuentra lo que es universal para todo (todas las cosas son
sustancia) y al mismo tiempo determina la esencia como lo
característico de cada ser particular.
Dice Aristóteles que, la sustancia tiene una estructura
compuesta de materia y forma. Esto lo dice en referencia a la
sustancia sensible que es la que se estudia en la metafísica.
La materia debe considerarse como aquello de lo que está hecha
alguna cosa y la forma como lo determinan las características de
dicha cosa. Con esto se puede explicar cómo se da el cambio en los
objetos en donde la sustancia permanece siempre inmutable como
materia, pero propicia al cambio en su forma. Así, por ejemplo,
cuando un árbol se transforma en un mueble, la sustancia como
materia sigue siendo la misma, pero se da una transformación en su
forma. Aquí podemos observar que al cambiar la forma de una
sustancia cambia también su esencia.
«Es, por tanto, evidente que la materia es una sustancia: porque
en todos los cambios de lugar, lo que ahora está aquí, mañana estará
en otra parte: en los cambios por aumento o por disminución, lo que
ahora tiene tal magnitud será más tarde mayor o menor; en los
cambios por alteración, lo que hoy está sano, mañana estará enfermo;
y de igual modo, por lo que respecta a la sustancia, lo que ahora se
produce más tarde se destruye, el que es actualmente sujeto como ser
determinado, será más tarde sujeto por privación. Todos los demás
cambios acompañan siempre a este último.»
Ahora bien, respecto al cambio, si observamos el ejemplo del
árbol, podemos ver que la sustancia árbol tiene la posibilidad de
convertirse en mueble y además dicha esencia también determina
ciertas características que permiten que el árbol sea en este momento
un árbol, a este último estado, Aristóteles le llama acto y a la
posibilidad que tiene una cosa para convertirse en otra le llama
potencia. Así el árbol que está en acto es también un mueble en
potencia.
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Además de explicar la forma como se da el cambio, Aristóteles
trata de mostrar sus causas. Dice que son cuatro: la causa material,
la causa eficiente, la causa formal y la causa final. En el caso del
árbol que habrá de transformarse en mueble; la madera del árbol es la
causa material, el plano del mueble es la causa formal, la causa
eficiente es la actividad del hombre específico que realiza la
transformación y la causa final sería el mueble terminado.
Por otra parte, si analizamos estas causas, se podrá observar
que en la causa eficiente, como actividad de una persona, implica el
movimiento en sí, por lo que se puede pensar que tendría que haber
una serie infinita de causas, por tal motivo Aristóteles concibe una
causa última que sería el motor inmóvil.
« ¿Y bien como puede mover un motor que es de suyo
inmóvil?»
Respuesta: no mueve como causa eficiente, es decir no comunicando
un impulso, sino como causa final, o sea, atrayendo por deseo o
amor.