En el campo de la política y del Pensamiento, algunos rechazan con fuerza la idea de un
Creador, o la consideran irrelevante, la ciencia y la religión aportan diferentes aproximaciones
a la realidad, pueden entrar en un diálogo productivo para ambas.
63. la complejidad de la crisis ecológica, no pueden haber un único modo de interpretar y
transformar la realidad, es necesario acudir a las diversas riquezas culturales de los pueblos,
construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido . «Los cristianos,
en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la
naturaleza y el Creador, forman parte de su fe».
La sabiduría de los relatos bíblicos
65. bn En la primera narración en el libro (Génesis), el plan de Dios incluye la creación de la
humanidad. Luego de la creación del ser humano, se dice que «Dios vio todo lo que había
hecho y era muy bueno», cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza
de Dios. Esta afirmación nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana, que «no
es solamente algo, sino alguien.
66. En Génesis la existencia humana se basa en tres relaciones estrechamente conectadas: la
relación con Dios, con el prójimo y con la tierra, las tres relaciones vitales se han roto, Esta
ruptura es el pecado. La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue
destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios, la relación entre el ser humano y la
naturaleza se transformó en un conflicto, hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de
destrucción en las guerras, las diversas formas de violencia y los ataques a la naturaleza.
67. No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada, del Génesis invita a «dominar » la
tierra. Esta no es una correcta interpretación como la entiende la Iglesia, hay que leer los
textos bíblicos en su contexto, y recordar que nos invitan a «labrar y cuidar» el jardín del
mundo. Cada comunidad puede tomar de la bondad de la tierra, pero también tiene el deber
de protegerla y de garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras.
Porque, en definitiva, «la tierra es del Señor », a él pertenece « la tierra y cuanto hay en ella
68 Esta responsabilidad implica que el ser humano, respete las leyes de la naturaleza y el
equilibrio entre los seres de este mundo, porque « él lo ordenó y fueron creados, él los fijó por
siempre, por los siglos, y les dio una ley que nunca pasará. De ahí que la legislación bíblica se
detenga a proponer al ser humano varias normas, no sólo en relación con los demás seres
humanos, sino también en relación con los demás seres vivo .
69. Estamos llamados a reconocer que los demás seres vivos tienen un valor propio ante Dios.
Hoy la Iglesia no dice simplemente que las demás criaturas están completamente
subordinadas al bien del ser humano, como si no tuvieran un valor en sí mismas y nosotros
pudiéramos disponer de ellas a voluntad. «Toda criatura posee su bondad y su perfección
propias. Las distintas criaturas, reflejan un rayo de la sabiduría y de la bondad infinita de Dios.
70. El descuido en el empeño de cultivar y mantener una relación adecuada con el vecino,
hacia el cual tengo el deber del cuidado, destruye mi relación interior conmigo mismo, con los
demás, con Dios y con la tierra. Cuando todas estas relaciones son descuidadas, cuando la
justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que toda la vida está en peligro. En la
narración sobre Noé, cuando Dios amenaza con exterminar la humanidad por su constante
incapacidad de vivir a la altura de las exigencias de la justicia y de la paz: « He decidido acabar
con todos los seres humanos, porque la tierra, a causa de ellos, está llena de violencia.
71. Aunque «la maldad se extendía sobre la faz de la tierra», a través de Noé, que todavía se
conservaba íntegro y justo, se dio a la humanidad la posibilidad de un nuevo comienzo. ¡Basta
un hombre bueno para que haya esperanza., por ejemplo, se instauró un año sabático para
Israel y su tierra, cada siete años, durante el cual se daba un completo descanso a la tierra, no
se sembraba y sólo se cosechaba lo indispensable para subsistir y brindar hospitalidad. El
desarrollo de esta legislación trató de asegurar el equilibrio y la equidad en las relaciones del
ser humano con los demás y con la tierra donde vivía y trabajaba. Aquellos que cultivaban y
custodiaban el territorio tenían que compartir sus frutos, especialmente con los pobres, los
huérfanos y los extranjeros
72. Los Salmos invitan al ser humano a alabar a Dios creador: «Al que asentó la tierra sobre las
aguas, porque es eterno su amor». Pero también invitan a las demás criaturas a alabarlo,
Existimos no sólo por el poder de Dios, sino frente a él y junto a él.
73. Los escritos invitan a recobrar la fortaleza en los momentos difíciles contemplando al Dios
poderoso que creó el universo, toda sana espiritualidad implica adorar con confianza al Señor
por su infinito poder. el Dios que libera y salva es el mismo que creó el universo, y esos dos
modos divinos de actuar están íntima e inseparablemente conectados.
74. La cautividad en Babilonia engendró una crisis espiritual que provocó una profundización
de la fe en Dios, para exhortar al pueblo a recuperar la esperanza en medio de su situación, los
fieles volvían a encontrar consuelo y esperanza acrecentando su confianza en el Dios
todopoderoso, Si pudo crear el universo de la nada, puede también intervenir en este mundo y
vencer cualquier forma de mal. Entonces, la injusticia no es invencible.
75. La mejor manera de poner en su lugar al ser humano, y de acabar con su pretensión de ser
un dominador absoluto de la tierra, es volver a proponer la figura de un Padre creador y único
dueño del mundo, porque de otro modo el ser humano tenderá siempre a querer imponer a la
realidad sus propias leyes e intereses.
III. El misterio del universo
76. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza y gestiona, pero la creación
sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como
una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.
[Link] la palabra del Señor fueron hechos los cielos, no del caos o la casualidad, lo cual lo
enaltece todavía más.. El universo no surgió como resultado de una omnipotencia arbitraria. La
creación es del orden del amor « Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste,
porque, si algo odiaras, no lo habrías creado »
78. el pensamiento judío-cristiano desmitificó la naturaleza. Un retorno a la naturaleza no
puede ser a costa de la libertad y la responsabilidad del ser humano, que es parte del mundo
con el deber de cultivar sus propias capacidades para protegerlo y desarrollar sus
potencialidades. Si reconocemos el valor y la fragilidad de la naturaleza, y al mismo tiempo las
capacidades que el Creador nos otorgó.
79. La fe nos permite interpretar el sentido y la belleza misteriosa de lo que acontece. La
libertad humana puede hacer su aporte hacia una evolución positiva, pero también puede
agregar nuevos males, nuevas causas de sufrimiento y retrocesos, capaz de convertirse en un
despliegue de crecimiento, o en un camino de decadencia y destrucción, la Iglesia no sólo
intenta recordar el deber de cuidar la naturaleza, sino que «debe proteger sobre todo al
hombre contra la destrucción de sí mismo».
80. Dios, que quiere actuar con nosotros y contar con nuestra cooperación, también es capaz
de sacar algún bien de los males que nosotros realizamos, de algún modo, quiso limitarse a sí
mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, donde muchas cosas que nosotros
consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores
que nos estimulan a colaborar con El, está presente en cada cosa sin condicionar la autonomía
de su criatura. Esa presencia divina, que asegura la permanencia y el desarrollo de cada ser.
81. El ser humano supone procesos evolutivos. Cada uno de nosotros tiene en sí una identidad
personal, capaz de entrar en diálogo con los demás y con el mismo Dios. La capacidad de
reflexión, la argumentación, la creatividad y otras capacidades inéditas que trasciende el
ámbito físico y biológico, consideramos al ser humano como sujeto, que nunca puede ser
reducido a la categoría de objeto.
82. Sería equivocado pensar que los demás seres vivos deban ser considerados como meros
objetos sometidos a la arbitraria dominación humana, la naturaleza únicamente como objeto
de provecho y de interés. La visión que consolida la arbitrariedad del más fuerte ha propiciado
inmensas desigualdades, injusticias y violencia para la humanidad, porque los recursos pasan a
ser del primero que llega o del que tiene más poder. El ideal de armonía, de justicia, y de paz
que propone Jesús está en las antípodas de semejante modelo.
83. El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios. Así agregamos un argumento
más para rechazar todo dominio irresponsable del ser humano sobre las demás criaturas.
Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor y atraído por la plenitud de Cristo,
está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador
IV. El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado
84. Cuando insistimos en decir que el ser humano es imagen de Dios. Todo el universo material
es un lenguaje del amor de Dios, El suelo, el agua, las montañas, la propia amistad con Dios
siempre se desarrolla en un espacio geográfico que se convierte en un signo personalísimo, y
cada uno de nosotros guarda en la memoria lugares cuyo recuerdo le hace mucho bien
85. Dios ha escrito un libro precioso «cuyas letras son la multitud de criaturas presentes en el
universo». Esta contemplación de lo creado nos permite descubrir a través de cada cosa
alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir, Podemos decir que, «junto a la Revelación
propiamente dicha, contenida en la sagrada Escritura.
86. El conjunto del universo, muestra mejor la inagotable riqueza de Dios, porque su bondad
«no puede ser representada convenientemente por una sola criatura». Necesitamos captar la
variedad de las cosas en sus múltiples relaciones. Entonces, se entiende mejor la importancia y
el sentido de cualquier criatura si se la contempla en el conjunto del proyecto de Dios, las
innumerables diversidades y desigualdades significan que ninguna criatura se basta a sí misma,
que no existen sino en dependencia unas de otras, para complementarse mutuamente».
87. Cuando tomamos conciencia del reflejo de Dios que hay en todo lo que existe, el corazón
experimenta el deseo de adorar al Señor por todas sus criaturas y junto con ellas, como se
expresa en el precioso himno de san Francisco de Asís
88. En cada criatura habita su Espíritu vivificante que nos llama a una relación con él. esta
presencia estimula en nosotros el desarrollo de las «virtudes ecológicas». Pero no olvidamos
que también existe una distancia infinita, que las cosas de este mundo no poseen la plenitud
de Dios, tampoco haríamos un bien a las criaturas, porque no reconoceríamos su propio y
verdadero lugar y terminaríamos exigiéndoles lo que en su pequeñez no nos pueden dar.
V. Una comunión universal
89. Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: «Son tuyas,
Señor, que amas la vida», siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo
estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal.
90. Esto no significa igualar a todos los seres vivos. A veces se advierte una obsesión por negar
toda preeminencia a la persona humana. Es verdad que debe preocuparnos que otros seres
vivos no sean tratados irresponsablemente. Pero especialmente deberían exasperarnos las
enormes inequidades que existen entre nosotros, porque seguimos tolerando que unos se
consideren más dignos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos.
91. No puede ser real un sentimiento de unión con los demás seres de la naturaleza si al
mismo tiempo en el corazón no hay compasión y preocupación por los seres humanos. Es
evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción,
pero permanece indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se
empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada. Esto pone en riesgo el sentido de la
lucha por el ambiente.
92 La indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas siempre terminan trasladándose de
algún modo a otros seres humanos,. No podemos considerarnos grandes amantes si excluimos
de nuestros intereses alguna parte de la realidad: «Paz, justicia y conservación de la creación
son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados
individualmente sino pena de caer nuevamente en el reduccionismo».
VI. Destino común de los bienes
93. Hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una
herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos. Para los creyentes, esto se convierte
en una cuestión de fidelidad al Creador. Por consiguiente, todo planteo ecológico debe
incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más
postergados. La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la
propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada «Dios
ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin
excluir a nadie ni privilegiar a ninguno «no sería verdaderamente digno del hombre un tipo de
desarrollo que no respetara los derechos humanos , sociales, económicos y políticos.
94. El rico y el pobre tienen igual dignidad, porque «a los dos los hizo el Señor» ; «Él mismo
hizo a pequeños y a grandes» y «hace salir su sol sobre malos y buenos».«Todo campesino
tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar,
trabajar para la subsistencia de su familia y tener seguridad existencial.
95. El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y
responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos. Si
no lo hacemos, cargamos sobre la conciencia el peso de negar la existencia de los otros.
VII. La mirada de Jesús
96. Jesús asume la fe bíblica en el Dios creador y destaca un dato fundamental: Dios es Padre
En los diálogos con sus discípulos, Jesús los invitaba a reconocer la relación paterna que Dios
tiene con todas las criaturas, y les recordaba con una conmovedora ternura cómo cada una de
ellas es importante a sus ojos
97. El Señor podía invitar a otros a estar atentos y reconocer la belleza que hay en el mundo
porque él mismo estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención
llena de cariño y asombro. Cuando recorría cada rincón de su tierra se detenía a contemplar la
hermosura sembrada por su Padre
98. Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban, Jesús trabajaba
con sus manos, tomando contacto cotidiano con la materia creada por Dios para darle forma
con su habilidad de artesano. Llama la atención que la mayor parte de su vida fue consagrada a
esa tarea, en una existencia sencilla que no despertaba admiración alguna
99. Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el
misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas: «Todo fue creado por
él y para él. Desde el inicio del mundo, pero de modo peculiar a partir de la encarnación, el
misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural, sin por ello
afectar su autonomía.
100. El Nuevo Testamento no sólo nos habla del Jesús terreno y de su relación tan concreta y
amable con todo el mundo. También lo muestra como resucitado y glorioso, presente en toda
la creación con su señorío universal: «Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él
quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por
la sangre de su cruz»Esto nos proyecta al final de los tiempos, cuando el Hijo entregue al Padre
todas las cosas y «Dios sea todo en todos» Las mismas flores del campo y las aves que él
contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa.