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Monumentos Históricos de Córdoba

Este documento describe la historia y grandeza de Córdoba durante el Califato islámico en España, centrándose en la Mezquita de Córdoba y las ruinas de Madinat al-Zahra. Córdoba floreció bajo el gobierno de los califas Abd al-Rahman III y al-Hakam II en el siglo X, convirtiéndose en la ciudad más grande y culta de Occidente. La Mezquita de Córdoba, construida en varias fases a lo largo de siglos, simboliza el
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Monumentos Históricos de Córdoba

Este documento describe la historia y grandeza de Córdoba durante el Califato islámico en España, centrándose en la Mezquita de Córdoba y las ruinas de Madinat al-Zahra. Córdoba floreció bajo el gobierno de los califas Abd al-Rahman III y al-Hakam II en el siglo X, convirtiéndose en la ciudad más grande y culta de Occidente. La Mezquita de Córdoba, construida en varias fases a lo largo de siglos, simboliza el
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LOS MONUMENTOS CARDINALES

DE ESPAÑA

x rrr

LA MEZQUITA DE

CÓRDOBA
Y LAS RUINAS DE
MADINAT AL-ZAHRA
OS MONUMENTOS CARDINALES
DE ESPAÑA

XIII

1L s

por
. ,
L. TORRES BALBAS

EDITORIAL PLUS·ULTRA
[Link], 102 MADRID
ES PROPIEDAD •RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS
CÓRDOBA, DESDE LA ORILLA IZQUIERDA DEL GUADALQUIVIR.

¡Oh excelso muro!,· ¡oh torres coronadas


de honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
de arenas nobles, ya que no doradas!
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria mía!, ¡oh flor de España!
GóNGORA.

E esta maravillosa ciudad de Córdoba, hace diez siglos


1
la más rica, culta y poblada de Occidente, de las calle-
juelas tranquilas y silenciosas de su parte vieja, emana un
sutil perfume de refinado señorío, persistente a través de mil
años de catástrofes y mudanzas.
Un poeta moderno, de aguda sensibilidad, la ha descrito
-lejana y sola 1-con palabras evocadoras del ambiente de melan-
colía de la urbe venida a menos, viviendo soñolienta de recuerdos
y nostalgias, envuelta en el prestigio de su pasado esplendor, al
borde del Guadalquivir.
La razón fundamental de la existencia de Córdoba fué su gran
puente, paso de una de las más importantes calzadas construídas

5
por los romanos, la vía Augusta, espina dorsal que cortaba la
Península de nordeste a suroeste, uniendo Narbona a Cádiz. La
ciudad, de tránsito forzoso, ocupaba, además, el centro de una
fértil llanura productora de cereales; cerca se extendían regiones
[Link]:tuosas ,de ·buenos y abundantes pastos. La grandeza de la
Corduba romana puede imaginarse a través de los restos que el
azar, al abrir los cimientos de nuevos edificios o zanjas en las
calles para los servicios urbanos, ha ido sacando a luz en los últi-
mos tiempos: mosaicos; estatuas mutiladas; fragmentos arquitec-
tónicos de grandes construcciones. Nada queda a la vista de la
ciudad imperial; sus ruinas, destruídas y calcinadas, yacen sumer-
gidas bajo el suelo a profundidades de cuatro y cinco metros.
¿Qué catástrofes, qué trágicos acontecimientos ocurrieron entre
los siglos IV y VIII, capaces de producir el arrasamiento total de
la urbe romana y la acumulación de tan ingente masa de tierra y
escombros? La Historia lo calla.
En el siglo VIII, pocos años después de la invasión y rápida
conquista de la Península por los musulmanes, establecieron
éstos su capital en Córdoba, que desde entonces no cesó de crecer;
.al mismo ritmo se fueron añadiendo naves de columnas a su mez-
quita mayor. Alcanzó la ciudad máxima impor~ancia bajo dos
grandes soberanos, fos califas Abd al-Rahman ·III (912-961) y su
hijo al-Hakam II (96!-976); aún perduró durante el gobierno
nominal de Hisam II (976-1009) y el efectivo de Almanzor, hasta
los años iniciales del siglo XI.
El primero de esos monarcas fué un gran jefe, excepcional
político y organizador, al que debió orden y prosperidad la Es-
paña islámica. Al-Hakam, culto y refinado, pudo desarrollar sus
aficiones intelectuales, en un ambiente de paz y bienestar gene-
ral, merced a la sólida obra de gobierno de su padre y antecesor.
Las relevantes dotes militares de Almanzor le permitieron man-
tener unido el complejo mosaico de pueblos y religiones que inte-
graban la España is1.ámica de los últimos años del siglo x y prin-
cipios del XI.
Durante el primero, fué Córdoba la ciudad más extensa, rica
y culta de Occidente. Su prestigio sólo era comparable al de la
gran Constantinopla, reina entonces del mundo civilizado, here-
dera del patrimonio científico, artístico y filosófico de Grecia y
del Oriente helenístico, al mismo tiempo que de la majestad roma-

6
CUBIERTAS DE LA MEZQUITA VISTAS DESDE LA TORRE.

na. Rivalizaba con la legendaria Bagdad abasí, metrópoli del mundo


musulmán, con la que pretendían compararla los cordobeses.
El eco de la grandeza de la ciudad andaluza llegaba hasta la
lejana Germania, donde, en la segunda mitad del siglo x, en la
soledad de un claustro sajón, la monja Hroswitha la conceptuaba
ornamento y joya la más brillante del mundo. Juan de Gorz,
embajador de Otón I en la corte califal, decía su asombro ante
tanto lujo y esplendor.
De Bizancio y Bagdad fueron a Córdoba, a partir del reinado
de Abd al-Rahman II, alarifes, ingenieros y arquitectos. Desde
la primera ciudad enviaba el emperador Constantino VII Por-
firogeneta, entre otros presentes de gran valor, un ejemplar de la
Botánica de Dioscórides y las Historias de Paulo Orosio a Abd
al-Rahman III, alrededor del año 948, y, algo más tarde, el monje
Nicolás, llegado a Córdoba en 951, para traducir el texto griego
de la Botánica. A otro monarca bizantino pidió al-Hakam II,
pocos años después, pequeños trozos de vidrio policromo y un

7
artista para combinarlos en las decoraciones de mosaico de su
ampliación de la mezquita cordobesa.
En cuatro cosas aventajaba Córdoba a otras metrópolis, según
un poeta árabe anónimo: por su puente sobre el Guadalquivir,
por su mezquita mayor, por el palacio de Madinat al-Zahra y,
sobre todo, por su ciencia 2 •
Prescindiendo de cifras hiperbólicas de autores del siglo x
o algo posteriores, repetidas sin crítica hasta hoy, un cálculo pru-
dente permite asignar a Córdoba hacia n25, ya en plena deca-
dencia, una población de unos 50.000 habitantes; en el siglo X
su número andaría alrededor de los 100.000. Para que la cifra
adquiera su real significado, conviene recordar que en el resto
de la Europa contemporánea, sumida casi toda ella en la bar-
barie, cuyo nivel cultural había descendido a límites no conocidos
desde hacía bastantes siglos, dominaba la vida rural. En esa cen-
turia del máximo esplendor cordobés inicióse la. actividad comer-
cial en algunas ciudades italianas y flamencas, aún reducidísimas,
de muy corto número de habitantes, apenas comenzadas arena-
cer; su gran progreso demográfico tuvo lugar del siglo XI al XIII,
cuando ya era tan sólo un recuerdo la grandeza de la Córdoba
califal.
La agricultura, la industria y el comercio alcanzaron en el
siglo x prosperidad y desarrollo grandes en la España islámica;
en Córdoba, centro y foco de fermentación de una refinada cul-
.tura, convivían gentes de distintas razas y religiones, bastantes
de las cuales sabían leer y escribir; abundaban las escuelas, y
la mezquita mayor era famoso lugar de enseñanza de ciencias
teológicas y jurídicas. Lo que para Grecia y Roma, respectiva-
mente, representaron las épocas de Pericles y de Augusto--escri-
bió don Ricardo Velázquez-supone para España el califato cor-
dobés.
En los primeros años del siglo XI, durante las luchas en las que
sucumbió el Califato, fueron arrasados extensos barrios cordo-
_beses, así como Madinat al-Zahra y casi todas las almunias y pala-
cios que, envueltos en frondosa vegetación, formaban en torno
a la ciudad un verde collar de espléndidas residencias.
Córdoba, en profunda decadencia, languideció desde enton-
ces, convertida en muerta ciudad provincial, poblada de nobles
sombras. En la primera mitad del siglo XII, de sus talleres salían

8
PLANTA DE LA MEZQUITA EN LA ACTUALIDAD.

11111111111111
Mezquita Ampliación Ampliación Ampliación
de Abd al·Rahman I. de Abd al-Rahman II. de al-Hakam II. de Almanzor.
aún obras exquisitas, de tan subido valor artístico como el almim-
bar de la mezquita de la Kutubiyya en Marrakus. En los años
finales de esa centuria ponderaba el cordobés Averroes ante el
sultán Yacqub al-Mansur la gran importancia y cultura de su
ciudad natal y sus excelencias respecto a Sevilla; al fallecer un
sabio en esta última-decía-, si su familia precisaba enajenar sus
libros, los llevaba a Córdoba, donde era segura su venta. En el
siglo xv Fernán Pérez de Guzmán llamó a Córdoba «otra Atenas».
Pregonan hoy de forma ostensible la grandeza de la capital del
Califato, perdida en las sombras de un pasado diez veces secular,
la mezquita y el enorme campo de ruinas de Madinat al-Zabra,
apenas comenzado a excavar. De la primera, ha dicho don Ma-
nuel Gómez-Moreno, que desde «la cueva de Menga hasta hoy
España no puede ostentar otro edificio equiparable en originalidad
y tan fecundo, como dechado de cuanto no llegó a nosotros desde
Europa y de lo que cupo a la expresión cultural española a través
del Mediterráneo» 3 • Para formar idea cabal de la Córdoba del
. siglo x, conviene parangonar la mezquita y las ruinas excavadas
de la ciudad próxima, construcciones de piedra sillería de una
arquitectura refinadísima, creación del arte indígena fecundado
por influJos llegados de Bizancio, Siria y Bagdad, con las levan-
tadas al mismo tiempo en el resto de la Europa occidental, redu-
cidas y modestas, de madera, barro o mampostería casi todas y
toscamente decoradas 1a inmensa mayoría.
Además de la mezquita mayor, tan sólo subsisten de la Cór-
doba del siglo x los reducidos alminares de otras tres; algunos
restos de baños, salvados de la ruina por su sólida construcción
abovedada; varios lienzos y torres de la cerca y del alcázar, y tro-
zos del gran puente sobre el Guadalquivir, rehecho innumerables
veces tras periódicas y asoladoras riadas. ·

La mezquita, casa de oración.

La mezquita mayor de Córdoba, consagrada al culto cristia-


no y convertida en catedral al conquistar Fernando III la ciudad
en 1236, es el más bello oratorio islámico de Oriente y Occidente,
sin que ningún otro· pueda comparársele tampoco en perfección
de formas arquitectónicas ni en riqueza ornamental. Levantada

IO
EXTERIOR DE LA MEZQUITA, DESDE EL SUDOESTE.

con destino a un culto ajeno a nuestra civilización, conviene, para


la mejor comprensión de su arte, dedicar algunas líneas a des-
cribir las ceremonias celebradas en su interior.
La mezquita es el lugar público de oración de los musulma-
nes. Consta de una sala, generalmente rectangular y baja de techo
-se extiende en superficie, en lugar de elevarse como los tem-
plos cristianos-, dividida en naves por filas de columnas o pila-
res; de un patio, ·que la precede, y de una torre, el alminar. Casi
siempre solía haber a su lado una construcción más modesta,
aneja e independiente, con alberca o fuente central y letrinas en
torno, destinada para las abluciones rituales, pues los fieles debían
purificarse antes de entrar en la sala de rezo.
La mezquita estaba-y está-en los países islámicos destinada
fundamentalmente a la oración, que consiste en recitar una pro-
f es.ión de fe ritual en Dios, al que los musulmanes llaman Allah,
y en su profeta Mahoma, y algunos versículos del Alcorán, colo-
cados los •orantes frente a la dirección de la Meca. La señala uno
de los muros exteriores del edificio, normal a su eje, llamado de ·
la quibla. Casi siempre en su centro se abre un arco, ingreso a
un reducido nicho-como un ábside atrofiado-, el mihrab, cuyo

JI
único objeto es indicar hacia dónde los fieles debían volverse en.
sus plegarias. La luz natural escaseaba en el interior, sobre todo-
si era crecido el número de sus naves, pero de los arcos, techos.
y bóvedas colgaban de cadenas gran cantidad de lámparas de
vidrio o metal, conteniendo aceite; algunas, en los sitios más
destacados, como en el tramo ante el mihrab-la parte más noble
del oratorio-, muy grandes y provistas de abundantes lamparillas ..
Cubrían el suelo y la parte baja de los muros y de las columnas.
o pilares, esteras de esparto.
En las ciudades de alguna importancia había una mezquita.
mayor, a cuyos rezos era obligada la· asistencia de todos los mu-
sulmanes los viernes, que es su día festivo. Al no caber en la sala
de oración, colocábanse en el patio y hasta en las puertas y luga-
res próximos. Las dimensiones del edificio guardaban, pues, rela-
ción con el número de fieles de la ciudad.
· Antes de entrar en la sala de oración, el musulmán procedía
a los lavados rituales en la casa o pabellón de abluciones inme-
diato, o, de no existir éste, en la pila del patio. Al pasar al orato-
rio se descalzaba. En su ·interior, ·colocábanse los fieles en filas.
paralelas, como en una formación militar, con la vista dirigida
hacia el muro de la quibla y el mihrab, es decir, teóricamente,
hacia la Meca.
El imán principal, jefe de la comunidad religiosa, vestido con
túnica blanca y turbante alrededor de la cabeza, lo mismo que
sus ayudantes, cuyo número era proporcional a la importancia
qel oratorio, dirigía la oración vuelto de espaldas a los fieles.
Estos, repitiendo sus gestos y fórmulas, bajaban la cabeza y ora-
ban, postrábanse en el suelo, inclinados sobre él lo besaban y se
ponían en· pie, repitiendo por tres veces la genuflexión.

12
FACHADA OCCIDENTAL.

I
LA MEZQUITA MAYOR DE CÓRDOBA

A mezquita mayor de Córdoba fué recibiendo ampliaciones

L sucesivas en el transcurso de dos siglos, al ir creciendo los


pobladores islámicos de la ciudad, cuyo proceso demográfico
resume. Así como un templo cristiano es muy difícil, por no
decir imposible, aumentarlo de tamaño, una vez construído, al
acrecentarse el número de fieles, una mezquita, formada por un
muro orientado hacía la Meca y varias naves yuxtapuestas, es fácil
de agrandar añadiendo otras más.

La puerta del Perdón.

Al exterior, la mezquita aparece como un vasto edificio exten-


dido en superficie y de no gran altura, de piedra sillería caliza,
ÜTRO ASPECTO DE LA FACHADA OCCIDENTAL,

con fuertes estribos de trecho en trecho, que, excepto los del


muro meridional, unidos por arcos en el siglo XVI, refuerzan los
muros, pero no contrarrestan empuje alguno. Los coronan alme-
nas decorativas escalonadas. Entre los contrafuertes de los fren-
tes de oriente y occidental se abren grandes portadas, la mayoría
rehechas modernamente. Las que dan paso al patio, situado en la
parte septentrional del edificio, son casi todas posteriores a la
conquista de la ciudad por Fernando III.
El ingreso suele hacerse por la puerta del Perdón., abierta
en su muro norte, al pie de la torre. Es obra mudéjar, levantada
en el reinado de Enrique II, en el año de 1377, según una ins- ·
cripción en letras góticas· que corre por la arquivolta y alfiz del
arco, ·inspirándose en las otras puertas del período islámico del
mismo edificio. Sobre el arco de ingreso, de herradura aguda,
cubierto, lo mismo que las albanegas, en las que figuran escudos

14
FACHADA SEPTENTRIONAL Y TORRE.
PUERTA DEL PERDÓN.
PATIO DE LOS NARANJOS.

de Castilla y León, de menudas y delicadas labores de atauriques


de yeso, hay tres arquillos lobulados ciegos, y otro también deco-
rativo a cada lado, en los estribos que flanquean el ingreso. Recu-
bren las hojas de la puerta chapas de bronce, inspiradas en las
magníficas almohades de la puerta del mismo nombre de la cate-
dral de Sevilla; temas y letreros piadosos góticos alternan en ellas
con otros musulmanes. Los aldabones, también de bronce, son
obras selectas, de crecido valor artístico.
Pasada la puerta, se cruza un vestíbulo para bajar por nueve
gradas al patio de los Naranjos.

La primitiva mezquita de Abd al-Rahman l.

Al entrar en el encantador patio descrito más adelante, apare-


cen de frente, al fondo, medio ocultos por los naranjos, los dieci-
nueve arcos de ingreso a la sala de oración.

2 17
PATIO DE LOS NARANJOS, DESDE LA TORRE.

Estaban todos abiertos cuando el edificio era mezquita; pero


hoy la mayoría hállanse cerrados. Los once de la derecha ocultan
otros. tantos del oratorio primitivo, pues pertenecen a la obra de
refuerzo de esta fachada, que hubo de hacer Abd al-Rahman III
·a causa de su estado ruinoso; terminóse en los primeros meses
del año 958, según dice una lápida de mármol empotrada en el
[Link], a la derecha d~ la puerta 4 • El arco central de los once,
llamado de las Palmas, en el eje de la puerta del Perdón, por el
que se ingresa hoy al interior, fué reformado en 1531 en estilo
del Renacimiento.
Ocupa la mezquita primitiva el ángulo noroeste del edificio
actual. Refieren los cronistas que, algo después de adueñarse
de Córdoba los musulmanes, expropiaron la mitad de [Link]
mayor existente en estos parajes para destinarla a su culto, que-
dando el resto adscrito al cristiano. Más tarde, creciendo la comu-
nidad islámica, compraron a los mozárabes cordobeses su parte,
derribando finalmente Abd al-Rahman I, el año 785, la totali-
dad del templo visigodo para levantar el oratorio musulmán.

18
DETALLE DE LA FACHADA QUE DA AL PATIO DE LA SALA DE ORACIÓN.
ARCOS DE INGRESO ,A LA SALA DE ORACIÓN, DESDE EL PATIO DE LOS NARANJOS.
ARCO DE LAS PALMAS.
Según un relato legendario, ocurrió un h~cho análogo en la
basílica de San Juan Bautista de Damasco, convertida en mez-
quita por los Omeyas. En exploraciones realizadas hace algunos
años en el subsuelo d ~ la cordobesa, donde debieran encontrarse
los cimientos de la iglesia compartida, descubriéronse bajo el
pavimento actual restos de una construcción pobre y de dimen-
siones no muy grandes, que pudo ser iglesia, y más abajo, a mayor
profundidad, ruinas de edificios romanos. Un cronista afirma que
en los . primeros tiempos de la ocupación musulmana sirvió de
alminar una de las torres del cercano alcázar 5 • Según otro, Abd
al-Rahman I construyó la mezquita en el espacio de un año, dato
inverosímil que no ha de interpretarse literalmente ni otorgarle
pleno crédito; más merecen, en cambio, los que dicen murió el
emir antes de la terminación de las obras, a las· que dió fin su hijo
Hisam I (788-796). A éste consta se deben un alminar desapare-
cido; una magnífica pila emplazada en el patio, bastante más re-
ducido que el actual, y un pabellón de abluciones,. adosado al
muro exterior oriental, cuyos cimientos aparecieron en excava-
ciones realizadas hace algunos años. Estas obras complementarias
son argumentos a favor de que el oratorio, aunque inaugurado al
morir Abd al-Rahman I, no había llegado a término.
. Profunda impresión produce el interior de la mezquita cor-
dobesa a las gentes de Occidente que la visitan por primera vez,
a causa de lo extraño e inesperado de su disposición. Es tópica,
pero justa,. la comparación con un bosque de columnas, sobre
· todo desde lugares en los que apenas se ve la nave del templo
cristiano empotrado en su interior. Los dobles arcos con sus dove-
las policromas, sostenidos en innumerables columnas de mármol,
parecen perderse en lejanas penumbras, produciendo sensación
de misterio e infinitud, a la par que de fuerza y ligereza. Antes de
la construcción de la catedral, cuando por los diecinueve gran-
. des arcos, abiertos al patio, penetrase un manto luminoso de luz
rasante hasta lo último del oratorio, y en el fondo· brillasen doce-
:nas de lamparitas de aceite, semejaría más inmenso y más miste-
rioso todavía.
La mezquita de Abd a1-Rahman I era una sala rectangular
dividida longitudinalmente en once naves, orientadas de norte
a sur, perpendiculares al testero·o quibla, con profundidad de doce
tramos. Sus constructores repitieron la orientación de las mez-

22
EL PATIO Y LA TORRE, DESDE LA PUERTA DE LAS PALMAS.
quitas sirias, en las que el mihrab está frontero a mediodía. La
nave central, como en aquéllas, es más ancha que las restantes,
y las extremas algo más angostas que las ocho intermedias. Las
ciento cuarenta y dos columnas de mármol que las separan pro-
ceden de edificios romanos y visigodos, cuyas ruinas abundarían
en el solar cordobés.
El problema planteado al constructor de la mezquita, resuelto
con insuperable acierto-asombra encontrar en Córdoba, en la
segunda mitad del siglo vnr, una estructura tan perfecta-, fué
el de levantar las grandes masas de los muros de separación de
las naves sobre columnas de escas~ sección, para permitir el
máximo aprovechamiento y la mayor visibilidad interior.
Lo consiguió aumentando progresivamente la sección de los
apoyos. Cimacios de planta cuadrada descansan sobre los capi-
teles de las columnas. Sirven de asiento a pilares rectangulares
de piedra, volados transversalmente mediante modillones y uni-
dos en sentido longitudinal por dos órdenes de arquerías, de herra-
dura las inferiores, que arrancan sobre los cimacios y nada sopor7"
tan, y de medio punto los más altos; el espacio entre ambas quedó
calado. El vuelo de los modillones y una imposta situada en los
pilares, a la altura de las claves de los arcos de herradura sobre
la que arrancan los s<:;micirculares, permitió dar a éstos y a los
pilares un ancho de 1,07 metros. Los pilares y arcos\ altos sos-
tienen muros macizos, en los que apoyaban los techos y las
cubiertas protectoras, y en cuya parte superior había una canal,
.forrada de plomo, para recoger las aguas de lluvia, expulsadas al
exterior mediante gárgolas.
Quedó así la. mezquita con holgada altura interior-8,60
metros hasta el techo-, bien arriostrados los pilares con los dobles
arcos, necesarios para hacer estables pies dereéhos de escasa sec-
ción en su parte baja y relativamente grande en la superior, y con
suficiente grueso los muros sobre los arcos altos para soportar
techos y cubiertas y recoger las aguas de lluvia.
En las restantes mezquitas de planta basilical, el atado y con-
trarresto de los empujes de los arcos que unen los apoyos se con-
sigue mediante tirantes de madera empotrados en sus arranques,
lo que da siempre a los interiores aspecto de construcción pro-
visional. El arquitecto de la de Córdoba discurrió sustituir esos
tirantes por arcos de herradura, elevando a bastante altura los de

24
NAVES DE LA MEZQUITA DE ABD AL-RAHMAN l.
MEZQUITA DE ABD AL-RAHMAN J.
ENLACE DE LA MEZQUITA DE ABD AL-RAHMAN l CON LA AMPLIACIÓN DE ABD AL-RAHMAN Il.
DETALLE DE LAS ARQUERÍAS DE LA MEZQUITA DE ABO AL-RAHMAN J.
PEDESTAL VISIGODO. FRAGMENTO DECORATIVO ISLÁMICO.

apeo de los muros, con ventaja indudable para la belleza, esbeltez


y monumentalidad del edificio. Ya se dirá de dónde proviene tan
acertada disposición, más extraña al recordar que todas las colum-
nas son piezas aprovechadas de edificios anteriores, recurso casi
siempre revelador de pobreza de medios e impotencia artística.
Las columnas de esta primitiva mezquita tienen basas des-
iguales, aprovechadas, como el resto de ellas, de edificios ante-
riores, en mal estado de conservación. Forman los arcos dovelas
de piedra alternando con grupos de tres ladrillos. Su mihrab
desapareció al ampliar el oratorio Abd al-Rahman II; los trozos
de muro subsistentes, como todos los del oratorio en sus suce-
sivas aµipliaciones, tienen aparejo en el que alternan sillares
calizos puestos de frente con. otros de costado. Los modillones
o ménsulas que, situados sobre los cimacios, permitieron recrecer
la sección de los pilares, dibujan tres o cuatro rollos o boceles,
horizontales y tangentes, excepto los de las naves extremas, en
las que se reducen a un solo bocel o cuarto de círculo. Restos de
color existentes en los costados de estos modillones, en algunos

29
de los cuales se labraron hojas vegetales de muy poco relieve,.
y en otros lugares, prueban que pilares, arcos-éstos fingiendo
el mismo despiezo mixto que tienen-y muros estuvieron pinta-
dos. Se ignora cómo era el techo, seguramente horizontal, que la
cubría, y aún discútese si sobre él hubo terraza, como en las md-
quitas orientales y en varias del norte de Africa, en lugar de las
armaduras· a dos vertientes que cubren sus naves; en el siglo xn,.
según un historiador islámico, las cubiertas eran de teja.
Interesa investigar en lo posible la procedencia de las· formas
y soluciones descritas. El aparejo de ;piedra con sillares puestos ·
de frente y de costado, alternando, ·abunda en construcciones
romanas, tanto en Oriente como en Occidente, por herencia de
otras helenísticas. El alternar piedra y ladrillo en el adovelado de
los arcos fué frecuentísimo en edificios de los últimos tiempos del
Imperio romano, desde los que pasó a los bizantinos. En la mez-
quita andaluza pudo emplearse por sugestión de la de Damasco
y algunas otras sirias, en cuyos arcos alternan dovelas de caliza
o mármol y basalto.
El sistema de dobles arcos superpuestos, que da al oratorio
cordobés original belleza y personalidad inconfundible en la
arquitectura medieval, inspiróse en estructuras análogas de obras
romanas de ingenie~ía, en las que el problema a resolver era seme- ·
jante. Cuando al construir los acueductos el relieve del suelo
obligaba a levantar pilares elevados, se arriostraban con arcos
situados a diferentes alturas, bajo los de apeo de la canal, evi- ,
tando así su giro y ruina. Ejemplo muy divulgado es el .del acue-
ducto de los Milagros, en Mérida.
Respecto a 1 are o de herradura, su empleo fué general en el
arte visigodo español; también se encuentra, aunque menos exten-
dido, usado con parsimonia, en las más antiguas mezquitas orien-
tales; en ambas distantes regiones ·procede de la arquitectura
romana.
Los modillones de lóbulos de los pilares, f0;rma extendida más
adelante a los de las cornisas y a las gárgolas, proceden de la
degeneración de los de hoja de acanto de las cornisas romanas
de orden corintio y compuesto, a través del arte peninsular ante-
rior, es decir, del visigodo 6 •
En resumen, las formas de la primera mezquita de Córdoba,
en la parte conservada, derivan más o menos directamente de otras
CAPITELES ANTERIORES APROVECHADOS EN LA MEZQUITA DE ABD AL-RAHMAN l.

de la arquitectura imperial romana, difundida con características


de uniformidad por todas las riberas del Mediterráneo en los
primeros siglos de nuestra era. Aunque varias pudieron llegar
a la Península desde Oriente, es más verosímil suponerlas inspi-
radas en las hispánicas anteriores.

31
Lo que procede, naturalmente, del Oriente musulmán es la
planta y disposición general del edificio, importadas con la reli-
gión islámica por los conquistadores, con sus múltiples naves de
columnas normales al muro de la quibla, más ancha la ·central,
como la mezquita al-Aqsa de Jerusalén, atribuída al califa al-
Walid, única siria con esa disposición. Por el mismo camino lle-
garía la estructura exterior del oratorio cordobés, con sus grue-
sos estribos de trecho en trecho, y su coronamiento de almenas
decorativas escalonadas, vistas en palacios y mezquitas orientales,
entre ellas en la de Medina.
En el límite oriental de la sala de Abd al-Rahman I se conser-
van bajo tierra, adosados al cimiento del que fué muro exterior
hasta la ampliación de Almanzor, los restos del pabellón de ablu-
ciones-mida-., construído por Hisam I.

La ampliación de Abd al-Rahman JI.

Durante los años de pacífico gobierno de Abd al-Rahman II


(822-852), Córdoba conoció un renacimiento cultural, político
y literario de singular esplendor.
Al acentuarse las relaciones entre Oriente y Occidente se im-
puso el prestigio de la Bagdad abasí, cuyas modas acogía con
entusiasmo la capital andaluza. Del primero llegaban a la Penín-
. sufa músicos, poetas y mercaderes, así como joyas, libros y ricos
tapices y tejidos. Abd al-Rahman II organizó la estructura legal
del Estado y se rodeó de una verdadera pléyade de letrados,
poetas y filósofos.
En el año 839 o en el 840 llegó a Córdoba el primer
embajador de Bizancio del que hay noticia, un griego envia-
do por el emperador Teófilo, en solicitud de un tratado de
amistad. ·
Muchas gentes .acudieron desde distintos lugares a la capi-
tal andaluza, cuya población se acrecentó; al ser pequeña la mez-
quita mayor para el número de fieles asistentes a la oración de
los viernes, el soberano dispuso ampliarla.
Los cronistas e historiadores islámicos no están acordes en
las fechas de las obras. Comenzarían el año 833; durante él se

32
CAPITELES EN LA AMPLIACIÓN DE LÁ MEZQUITA DE ABD AL-RAHMAN II. (Los TRES PRIMEROS,
APROVECHADOS DE CONSTRUCCIONES ANTERIORES; EL CUARTO, DEL SIGLO IX.)

hicieron trabajos de importancia en el edificio. La primera ora-


ción se celebró ante el nuevo mihrab en 848, pero las obras pro-
seguirían hasta la muerte del emir. Consta que las dirigieron Nasr,
el principal de los eunucos de su séquito, y otro llamado Masrur.

3 33
NAVES DE LA AMPLIACIÓN DE ABD AL-RAHMAN II.
NAVES DE LA AMPLIACIÓN DE Aim AL-RAHMAN JI.
Consistieron principalmente, como se dijo, en la continuación
hacia mediodía de las once naves, en una profundidad de ocho
tramos más-24 metros-, destruyendo el mihrab anterior, y per-
forando el muro de la quibla para comunicar ambas partes. La
añadida repite la estructura de las naves de la mezquita del
siglo VIII, con las únicas novedades de la supresión de las basas
-entonces quedarían enterradas las del oratorio anterior, des-
cubiertas en fecha reciente al rebajar el pavimento de esta parte-,
y la colocación, entre las restantes columnas aprovechadas, de
once capiteles finamente tallados [Link], inspirados en mode-
los clásicos; demuestran el avance de· un arte antes reducido a la
explotación de ruinas para sus apoyos. Los modillones son simpli:...
ficación de los de la mezquita aD;terior e idénticos a los de las naves
extremas de éstas, con sencillo perfil de bocel o cuarto de círculo.
Fragmentos de crónicas musulmanas recientemente halladas
dicen que la mezquita de Abd al-Rahman I tan sólo tenía nueve
naves, no once, como ·se venía afirmando, y que el segundo de
los emires del mismo nombre agregó las laterales extremas entre
_agosto y diciembre del año 848, una a este y otra a poniente. Pero
el examen del edificio contradice de manera rotunda esos datos
documentales, cuya interpretación deberá hacerse en otra forma.
Tal vez dichas naves estuvieron hasta entonces destinadas a las
mujeres y aisladas de las restantes.,Abd al-Rahman II dispuso en
distinto lugar las galerías para ellas; es probable que entoné.es,
al incorporar las .extremas a las otras· nueve, se las reconstruyera
·o fueran objeto de importante· reforma, lo que explicaría a la vez
.las referencias de las crónicas y la identidad de· sus modillones
con los de la ampliaci~n del siglo IX 7 •

La portada de San Esteban.

A la muerte de Abd al-Rahman II las obras estaban muy


adelantadas, pero no habían llegado a término. Las concluyó su
hijo y sucesor Muhammad I (852-'856). Consistieron Iós trabajos
finales realizados durante el gobierno de este emir en obras de
reconstrucción o restauración, terminadas en el año 855, según,
dice una inscripción existente en la puerta occidental de San
Esteban y confirman testimonios escritos. Por el lugar en que
PORTADA DE SAN ESTEBAN.

está ese epígrafe, se deduce que la del ingreso fué la última de


las obras que se eJecutaron en las fachadas laterales.
La portada de San Esteban, encajada en un muro más viejo
al que flanquean robustos contrafuertes, .suscita problemas de
difícil resolución. Tiene dintel adovelado bajo un arco ciego de
herradura enjarjado, en el que alternan dovelas de piedra con
grupos de cuatro ladrillos de canto. Rebordea el intradós del
arco, cuyas impostas son de nacela, una arquivolta decorada, que
se prolonga por encima de él para formar alfiz. Separa dintel y
tímpano una faja horizontal resaltada, en la que se labró en carac-

37
ARCO DE LA PORTADA DE SAN ESTEBAN.

teres cúficos la .inscripción aludida, que prosjgue contorneando


el intradós del arco. ·
Las dovelas de piedra, la arquivolta y el alfiz ostentan deco- ·
ración de temas vegetales tallados a bisel, en arista viva; destacan
.vigorosamente sobre la sombra del plano bastante rehundido del
fondo. Pertenecen a una técnica decorativa que se suele calificar
de bizantina, extendida por Oriente y todos Jos países medite-
rráneos desde la caída del Imperio romano; en los occidentales
perduró hasta el pleno desarrollo .del arte románico.
En los paños laterales hay otras decoraciones, labradas en
distinta clase de piedra-una caliza fuertemente corroída por la
humedad, de poca consistencia-., y de estilo totalmente diferen-
te. En cada uno de esos paños se ven, a la altura del arco de des-
carga de la puerta, ·ia parte superior de mi hueco ciego, decora-
tivo, con dintel apeado en sus extremos en modillones de lóbulos
y guarnición dispuesta por encima en forma escalonada. Recalzos
modernos, obligados por la descomposición de -la· piedra, han
hecho desaparecer las partes bajas.
DETALLE DE LA PORTADA DE SAN ESTEBAN.
El estilo de los restos de ataurique-decoración vegetal-.
medio borrados de los paños laterales es muy diferente al
de la decoración de la puerta central, fechada en 855. Los
primeros p'ertenecerán lógicamente a la primitiva mezquita de
Abd al-Rahman I; su mal estado obligaría a reconstruirla en
ese año.
Sobre el alfiz se ve la huella de tres arquillos ciegos de herra-
dura, con restos de labores en uno de los paños entre sus jambas,
y encima, bajo la imposta, en la que asientan las almenas de coro-
nación del edificio, hay un tejaroz o guardapolvo, apeado en mo-
dillones de lóbulos con aleta central. ·
En los ejes de los huecos cieg0s laterales, en alto, se abren
sendas ventanas rectangulares, cerradas por celosías de mármol
blanco de traza clásica, tal vez romanas o visigodas, aprove-
chadas de un edificio anterior. En los sillares en torno de
ellas labráronse decoraciones vegetales, muy perdidas, de esca-
so relieve, en contraste con la de los paños inferiores. La de-
coración, tallada en los sillares, dibuja sobre cada ventana un
arco de herradura.
El esquema de esta portada, con los huecos ciegos flanqueando
el ingreso, los arquillos decorativos sobre éste y las ventanas
encima de los primeros, sirvió de pauta a las restantes islámicas
de la mezquita y a la del Perdón, construída, como se dijo, en el
siglo XIV.
En la fachada occidental también, y en la ampliación de Abd
al-Rahman II, ábrese el arco de la puerta de San Miguel, cuya
guarnición se agregó en el siglo x, y en el XVI el alfiz y escudo,
de estilo gótico.

La ampliación de al-Hakam JI.

A mediados del siglo x nuevo acrecentamiento de la capital


del Califato fué causa de que la mezquita resultara una vez más
pequeña para el número de musulmanes asistentes a la oración
de los viernes. Pruébalo la instalación de un toldo en su patio
por Abd al-Rahman III para proteger del sol a los fieles· que
no cabían en las naves.
NAVE CENTRAL DE LA AMPLIACIÓN DE AL-HAKAM II.

A poco de subir al trono al-Hakam II emprendió una segunda


y ambiciosa ampliación, hecha con fastuosidad y arte extraor-
dinarios, en la que debieron de trabajar algunos de los artistas que
algo antes habí_an decorado el salón de Abd al-Rahman III, en
Madinat al-Zah:i:a; la ampliación tal vez se proyectase ya en los.
últimos años de ese soberano. Dieron comienzo las obras en 962;,
inscripciones existentes en el arco de ingreso al mihrab, en su
interior y en el situado a la derecha, se refieren a su terminación
a fines del 965, pero proseguirían diez años más.
Prolongáronse de nuevo hacia el sur las once naves de la
mezquita anterior, ampliada con igual ancho en una longitud_
de doce tramos, terminándolas en su testero, a lo largo del
muro de la quibla y a uno y otro lado . del mihrab, por· diez;
pequeñas salas, correspondientes a las naves laterales. Quedó.
así agrandada en una superficie mayor que la añadida por Abd
al-Rahman II, casi igual a la del oratorio primitivo, y el edi-·
ficio bastante más largo_ que ancho y más extenso que el patio.
que lo precedía.
ARQUERÍAS DE LA AMPLIACIÓN DE AL-HAKAM II.

Repiten las arquerías de separación de las naves la estructura


anterior, manteniendo la unidad del conjunto. Labráronse esta
vez las columnas expresamente para la obra, alternando fustes
oscuros y jaspeados; los primeros sostienen capiteles de orden
·corintio, y compuesto los segundos, con hojas, .volutas y equino
casi todos lisos, como si hubieran quedado preparados para su
talla definitiva. Al cimacio. general cuadrado de las columnas ante-
riores sustituyó el bizantino cruciforme, con salientes para el
arranque de arcos y apeo de los pilares. Los modillones bajo
d vuelo de éstos son análogos a los de las etapas anteriores, pero
con aletas salientes de yeso en sus ejes, como los del tejaroz
de la puerta de San Esteban. La nave central enriquecióse fren-
teando los pilares con pilastras ochavadas, cubiertas de decora-
ción geométrica de filiación bizantina, con capiteles corintios y
compu~stos alternados, sobre modillones como los restantes, pero
·en pareJas.
La gran novedad de esta ampliación, realmente una mez-
quita nueva adosada a la anterior, aparte de otras decorativas,

42
CAPILLA DE VrLLAvrcrosA.
ARCOS EN LA CAPILLA DE VILLAVICIOSA.
DETALLE DE LOS ARCOS DE INGRESO A LA CAPILLA DE VILLAVICIOSA.
de las que más adelante se hablará, fué la construcción de cuatro
cimborrios o linternas, cubiertas por bóvedas, que señalan las
partes principales del oratorio y acrecientan su iluminación.
A la ampliación de al-Hakam II contribuyeron aportaciones
orientales, como los mosaicos, los arcos agudos y los lobula-
dos, estos últimos de origen mesopotámico, con tradiciones his-
pánicas.
Formas de prodigiosa riqueza se unieron a una espléndida
decoración policroma para tapizar muros y bóvedas, a [Link] de
brillantes mosaicos; de atauriques de yeso, con fondos pintados
1

de rojo; de inscripciones, que los tienen azules, y de mármoles


jaspeados en columnas y zócalos. La mezquita de al-Hakam II
revela un arte en plena posesión de sus medios, llegado al apogeo,.
expresión del elevado nivel de la Córdoba contemporánea.

Los arcos cruzados.

La erección de bóvedas" y lucernarios planteaba difíciles pro-


blemas constructivos, pues no podían levantarse para su apeo
gruesos pilares que hubieran desarmonizado con las columnas
e impedido ver desde muchos lugares del interior el arco del
~ihrab y al imán, que delante de él dirigía la oración de los.
viernes.
Se resolvieron de manera ingeniosa y perfecta agrupando en
los ángulos de los tramos cubiertos por los cimborrios dos colum-
nas, en unos casos, y cuatro, en otros; dos ·también atravesadas
en la nave mayor, a distancias iguales, y una en las laterales,.
completaron las bases de sustentación. Todas esas columnas apean
arcos de cinco lóbulos, ·en vez de los de herradura del resto de la
mezquita, sobre los que se levantan otros de esta última forma,.
correspondientes a los altos de medio punto. Para dar firme base
y estabilidad a los pesados cimborrios levantados sobre tan débi-:--
les apoyos y arquerías, se dispusieron otros arcos intermedios o
ramas de ellos cabalgando sobre los de lóbulos; forman una ver-
dadera red de arcos cruzados, calada para darle ligereza. La traza.
más rica de éstos y su lujosa decoración de dovelas talladas en
yeso, alternando con otras lisas, hicieron que destacaran los tramos.
ARQUERÍAS DE LA CAPILLA DE VILLAVICIOSA.
DETALLE DE LAS ARQUERÍAS DE LA CAPILLA DE VILLAVICIOSA.
ARRANQUE DE LAS ARQUERÍAS DE LA CAPÍLLA DE VILLAVICIOSA.
ÜTROS D3TALLrS DE LA CAPILLA DE VILLAVICIOSA.
BÓVEDA DE LA CAP:LLA DE VILLAVICIOSA.

cubiertos por las bóvedas, lugares los más importantes de la mez-


quita. Unas y otras dovelas estuvieron policromadas.
El arquitecto genial qu,e en la segunda mitad del siglo VIII
discurrió la originalísima estructura de las arquerías tuvo digno
sucesor en el que, doscientos años más tarde, desarrolló el tema,
complicando la forma de los arcos y cruzándolos con agudo sen-
tido artístico y sabia técnica de constructor. Los arcos cruzados
constituyeron desde entonces uno de los motivos predilectos y¡
caractedsticos del arte hispanomusulmán, y, siguiendo un pro-
ceso común a todo el islámico, convertidos bien pronto en pura
decoración, se repitieron hasta la saciedad.

5r
Cimborrios y bóvedas.

Más el deseo de aumentar la monumentalidad y enriquecer


la arquitectura de la mezquita que el de proporcionar mayor luz
natural a sus partes principales, motivaría la construcci<f>n de las
cuatro bóvedas sobre linternas, no muy descollantes respecto a las
armaduras de las naves, cuyas ventanas, de reducido tamaño,
cierran celosías. Se levanta una sobre los dos tramos de la nave
central más próximos. al arco de ingreso al mihrab; flanquéanla
otras dos iguales en las naves adyacentes; a los pies de la mayor,
donde terminaba la ampliación de Abd al-Rahman II, cubre la
cuarta una planta rectangular de . tres tramos, convertidos en
tiempos cristianos en capilla, llamada de Villaviciosa.
Las cuatro bóvedas, de tres tipos diferentes, son de piedra,
formadas por una serie de arcos de medio punto que se cruzan,
. entre los cuales quedan plementos independientes, decorados con
motivos ahuecados u otras pequeñas boveditas.
Linternas y bóvedas rompen la monotonía del interior del
edificio. Llegarían a Córdoba probablemente desde la mezquita
de Caimán y otras tunecinas, en las que, desde el siglo IX, dos
jalonan los extremos de sus naves centrales. Pero las africanas
son de cascos y progenie bizantina, mientras que en la estructura
de las cordobesas se aplicó el sistema de los arcos cruzados, que
antes vimos desarrollado en superficies planas verticales, para
cubrir espacios de tres dimensiones.
Bóvedas de estructura semejante se encuentran en el Oriente
Próximo, pero no se ha reconocido ningún ejemplar contempo-
ráneo o más viejo que los andaluces, de los que difieren. De los
siglos XI y xir las hay en Mesopotamia, en el Irán-de ladrillo-,
y de piedra en Armenia, las más parecidas a las españolas. Son
éstas aplicación g'enial del principio del cruzamiento de arcos,
desarrollado en la misma. mezquita como en ningún otro edificio
anterior o contemporáneo; las orientales no. es verosímil respon-
dan a influencia cordobesa; queda, pues, incierta la cuna. Lo que
sí puede afirmarse es su fecundidad, al dar origen a abundantísi-
mas réplicas, extendidas en el espacio por Francia, Inglaterra, Ita-
lia y la América española, y en el tiempo, hasta nuestros días,
pues modernamente se han construído cúpulas inspiradas en ellas.
No es para olvidar que precedieron en más de un siglo a las bóve-
ARRANQUE DE LA BÓVEDA QUE CUBRE LA_ CAPILLA DE VILLAVICIOSA.
ARQUERÍAS INMEDIATAS AL MIHRAB.

das de ojivas o crucería; supuestas diferencias respecto a su com-


portamiento mecánico y concentración de empujes son notoria-
mente erróneas.
Las tres bóvedas adyacentes al muro de la quibla tienen planta
ochavada, obtenida mediante trompas de arcos volados, de lóbulos
los de la central. Encima se levantan las linternas, también octo-
gonales, con huecos de luces en los ocho frentes. Apean los arcos,
de sección rectangular, columnillas situadas en los ángulos. Dibu-
jan los ocho arcos que forman la cúpula del tramo situado ante el
mihrab, dos cuadrados contrapeados; el amplio octógono central
cubrióse con una bóveda de gallones, separados por dobles ángu-
los diedros de superficie curva.
En las bóvedas laterales, idénticas entre sí, cuatro parejas de
arcos unen los vértices opuestos del octógono de su planta, cru-
zándose; cubre el ochavo central una pequeña bóveda de ocho
gallones, y en los plementos intermedios ha.y estrellas y floro-
nes cóncavos.

54
TRAMO QUE PRECEDE AL MIHRAB.
ARQUERÍAS DEL TRAMO INMEDIATO AL MIHRAB,
DETALLE DE LAS MISMAS ARQUERÍAS.
ÜTROS ASPECTOS DE LAS ARQUERÍAS QUE PRECEDEN AL MIHRAB.
YESERÍAS DECORATIVAS DE LAS ARQUERÍAS.
CÚPULA QUE CUBRE EL TRAMO DELANTE DEL MIHRAB.

La bóveda de la capilla de Villaviciosa se levanta sobre planta


rectangular; las ventanas de su linterna ábrense a la altura de los.
·arranques de los arcos. Cuatro de éstos unen los puntos medios.
de los lados y dibujan en planta un cuadrado; dos parejas norma-
les a los lados júntanse en el centro de aquéllos. El cuadrado cen-
tral quedó convertido. en octógono por pequeños planos triangu-
Jares decorados, base de una bovedita ahuecada de doce. gallones.
En los rincones cuadrangulares del rectángulo de la planta hay
preciosas boveditas formadas por arcos entrecruzados· y en el
resto de los plementos otras gallonadas y estrellas en hueco.

El frente del mihrab y las puertas laterales.

En el mihrab, en el tramo que le precede y en los dos laterales,


así como en el de los pies de la nave central, capilla hoy de Villavi-

60
ARRANQUE DE LA MISMA CÚPULA.
TROMPA DE LA CÚPULA ANTERIOR AL MIHRAB.
YESERÍAS EN LA LINTERNA BAJO LA MISMA CÚPULA.
CÚP,ULA QUE CUBRE F.L TRAMO FRONTERO AL MIHRAB: DECORACIÓN EN MOSAICO,
TRAMO SITUADO A OCCIDENTE DEL QUE PRECEDE AL MIHRAB.
ARQUERÍAS DEL TRAMO SITUADO A OCCIDENTE DEL QUE PRECEDE AL MIHRAB.
ARRANQU:l DE LA--BÓVEDA QUE CUBRE EL ANT[Link]ICHO TRAMO.
BÓVEDA QUE CUBRE EL TRAMO SITUADO A OCCIDENTE DEL QUE PRECEDE AL MIHRAB.

ciosa, fué-donde acumularon los artistas de ~1-Hakam II materiales


y formas de máxima riqueza. Cubre arcos, albanegas y la linterna
de su cúpula ornamentación vegetal extraordinariamente rica y ·
variada, tallada en yeso. Toda ella estuvo pintada de rojo y azul;
en las escasas partes lisas secundarias, con los mismos colores
se dibujaron atauriques. Esa policromía desaparecida, en unión
de los oros y azules de los mosaicos, brillaría suavemente a la luz
de las innumerables lamparillas de las grandes lucernas metálicas
suspendidas del centro de las bóvedas.
Da ingreso al mihrab un arco de herradura, apeado en una
pareja de columnas a cada lado, con bellos capiteles de mármol de

·68
ARCO A I.A DERECHA DEI. MIHRAB.
talla muy clásica, trasladados a éste desde el anterior mihrab de la
mezquita de Abd al-Rahman II. Limita las largas dovelas del arco
una arquivolta, de mármol, lo mismo que el triple alfiz que lo recua-
dra y sus albanegas, cubiertas con decoración tallada de ataurique.
En los frentes de los cimacios una inscripción tallada· en már-
mol con letras cúficas de relieve dice se terminaron estas obras a
fines del año 965.
Mosaicos policromos cubren las dovelas y las superficies planas
entre éstas y los recuadros. Los zócalos del arco, a ambos lados,
ostentan magníficos tableros de mármol blanco, cuajados de finí:
sima talla vegetal. Tallos y hojas, divididas en múltiples folíolos
de escaso ·relieve, se curvan para llenar por completo el campo
a decorar.
Sobre el alfiz del arco hay una ancha faja, con· siete arquillos
ciegos de tres lóbulos, cuyos fondos cubren mosaicos; encima se
levantan las trompas y la linterna del cimborrio. Este frente de]
. arco de ingreso al mihrab sirvió de prototipo a otros de muchas
·mezquitas occidentales; su influencia alcanzó hasta la de Cairuán.
El tramo que precede al mihrab pasó a ser en 1368 capilla de
San Pedro, llamada vulgarmente del Alcorán o del Zancarrón.
En 1767 estaba ruinosa; el cabildo acordó repararla, lo que se
realizó a partir de 1771 bajo la dirección del francés Baltasar
Dreveton. Unos retablos cubrían entonces el arco de ingreso y los
dos laterales.
Estos últimos, frenteados también de mosaicos, pertenecen a
· dos puertas que ·una compilación islámica del siglo XIV califica
de mihrabs secundarios. Constituyen una innovación, y desde
Córdoba pasaron a no pocas mezquitas· de Occidente.
, Por la puerta de la derecha entraba el califa los viernes, des-
pués. de cruzar por cinco pequeñas salas, abovedadas con medios
cañones, correspondientes a otras tantas naves de la mezquita, a
las que llegaba desde un pasadizo cubierto, construído por encima
de la calle para unir el alcázar con el oratorio. Sustituyó al edi-
ficado más a norte por el emir Abd Allah y fué derribado en los
primeros años del siglo XVII por e] obispo Mardones, al reformar
el palacio episcopal. Por esa puerta, situada a la derecha del arco
de ingreso al mihrab, penetraba el califa en la. maqsura, parte de
la mezquita integrada por algunos de sus tramos y aislada del resto
por una suntuosa balaustrada de madera, desaparecida hace siglos.
DETALLE DE LOS MOSAICOS QUE DÉCORAN EL ARCO SITUADO A LA DERECHA DEL MIHRAB.
FRENTE DEL MIHRAB.
[Link] DE MARMOL, CON DECORACIÓN DE ATAURIQUE, EN EL ZÓCALO DEL FRENTE DEL MIHRAB.
DETALLE DEL ARCO DE INGRESO AL MIHRAB.
DETALLE DE LA ARQUERÍA CIEGA SOBRE EL ARCO DE INGRESO Al. MIHRAB
Inmediata huño una puerta estrecha y larga, por la que se
introducía el. almimbar o púlpito, existente en todas las mez-·
quitas mayores. El de Córdoba, delicada obra de ebanistería,.
con· incrustaciones de marfil, ébano, boj, sándalo rojo y amarillo
y áloe, tardó, según algunos escritores islámicos, siete años en.
hacerse-otros dicen cinco-; tenía siete gradas o peldaños y se
deslizaba sobre cuatro ruedas. Tan precioso mueble, riquísima-
mente labrado, antecesor del almimbar de la Kutubiyya de Marra-
kus, obra también de talleres cordobeses poco más de siglo y medio
posteriores, aún existía en el XVI, cua~do lo vió y describe Ambro-
sio de Morales. ·
La puerta situada a la izquierda del arco del mihrab da ingreso
a varios compartimientos, en los que se guardaban los objetos
más preciosos del culto: vasos de oro ·y plata, candelabros desti-
nados a la iluminación anual durante la noche del 27 del rama-
dán, y un pesado ejemplar del Alcorán, que contenía cuatro hojas
del escrito por el cnlifa Utmán, manchadas con gotas de su sangre.
Se sacaba esta venerable reliquia los viernes por la mañana, colo-
cándola sobre un pupitre para que el imán leyese en él la mitad
de una de las treinta partes de ese texto religioso; después volvía
a guardarse en el mismo lugar.

Los mosaicos.

El califa al-Walid había pedido al emperador de Constanti-


nopla artistas para decorar con mosaicos las mezquitas de Da-
masco, Jerusalén y Medina. Al-Hakam II siguió el mismo camino,.
enviando a Nicéforo Focas (963-969) una embajada en' solicitud de
un especialista en esa lujosa técnica oriental. Este llegó a Córdoba
con 320 quintales de pequeños cubos para hacerlos, regalo del
emperador bizantino. Una vez más compruébase la sugestión
ejercida por los califas orientales sobre los señores de Córdob~,.
a la que se uniría en este caso el deseo de al-Hakam II de hacer
una obra de máximas suntuosidad y riqueza. .
Cubriéronse con mosaicos las dovelas· del arco de ingreso al
mihrab, las superficies planas encerradas dentro de los alfices, los
fondos de los arcos ciegos situados encima y la cúpula que cubre
el tramo delante de aquél. Están hechos con pequeños cubos de
CAPITELES QUE APEAN EL ARCO DE INGRESO AL MIHRAB.

pasta vítrea de tonos púrpura, amarillo, verde claro, blanco y


negro, a más de oro. Los temas decorativos son atauriques e ins-
cripciones destacando sobre fondos dorados y azules; en una de
las últimas figura el nombre griego, apenas deformado-jusaz·-
fisa-de los cubos policromos. Estos, y el arte con que están
combinados, son puramente bizantinos; las letras cúficas de las
inscripciones es lo único islámico en ellos. Hasta fecha reciente
pasó inadvertida una moldura convexa, de la que arranca la bove-
dita agallonada que cubre la parte central del tramo delante .del
mihrab. Es de barro vidriado, con labor de imbricaciones policro-
mas. Demuestra una aplicación de la cerámica vidriada a la arqui-
tectura en época insospechada; también sugiere nuevas ideas para
el estudio de la vajilla doméstica califal.
Afirma el cronista Ibn <ldari, y comprueba el examen de los
mosaicos que cubren el arco de la puerta situada a la derecha del
mihrab, que el artista bizantino formó discípulos en España; sus
decoraciones vegetales difieren por completo de las del arco cen-
tral y pertenecen al ciclo de las cordobesas.
Los mosaicos del ingreso de la izquierda son obra moderna,

77
de artistas valencianos, hecha en sustitución de los antiguos des~
aparecidos. Los del arco del mihrab y del de la derecha fueron
restaurados de 1815 a 1816. Entonces se hicieron las dovelas de
'arranque y todo el intradós del primero, así como partes. bajas·
del otro, la faja que lo recuadra y trozos de la inscripción. Nótase'
bien en ambos lo entonces restaurado; se hizo en algunas partes
pintando y pegando encima pequeños trozos de cristal; en otras~,
[Link] el color directamente sobre éste.

El mihrab.

En ninguna otra mezquita existe otro más bello ni más rico.


Este pequeño nicho, sin más utilidad práctica que la de señalar
la dirección hacia la que los fieles debían dirigir sus rezos, tiene
en la de Córdoba planta octogonal regular. Lo cubre una bóveda
formada por una elegante concha o venera de yeso, finamente
labrada. En la parte inferior, para dar ingreso al pequeño recinto,
sustituyen a dos de los lados del octógono otros tres, más grande
el central, por corresponder al arco de entrada.
La planta es anómala, pues las de los mihrabs de las mezquitas
anteriores conservadas, tanto en Oriente como en Occidente, son
más sencillas, cuadradas o semicirculares; hay que llegar a la época
almorávid para encontrarlas con los ángulos del fondo chaflanados.
El zócalo es de mármol liso, veteado. Termina en una faja
del mismo· material, por la que corre una inscripción de letras
cúficas diciendo que al-Hakam ordenó revestir de mármol el
mihrab, obra ultimada el año 965.
Encima hay una imposta de gran vuelo de ese material, apea-
da en modillones inspirados en los clásicos de hojas de acanto
de las cornisas de los órdenes corintio y compuesto. Decora ·cada
paño, sobre la cornisa, un arco ciego detres lóbulos arrancando de
columnillas, con dovelas alternativamente lisas y talladas; cubren
sus jambas y albanegas labor de ataurique de yeso.
La imposta de modillones recubiertos de ornamentación. vege-
tal, los contarios y otras formas decorativas de progenie clásica,
se encuentran en las iglesias contemporáneas de Constantinopla.
No fueron, pues, tan sólo mosaístas los artistas llegados de Bizan-
INTERIOR DEL MIHRAB.
DETALLE DEL INTERIOR DEL MIHRAB.
FRAGMENTO DE LA TECHUMBRE RECONSTITUÍDA DE LA MEZQUITA.

cio a Córdoba. Olvidados bajo varios metros de tierra y escom..,.


bros los restos de la Córdoba romana, desde el Mediterráneo
oriental llegaban a Andalucía formas exóticas a mantener vivo un
rescoldo de clasicismo. ·

La techumbre.

La mezquita tuvo techumbre horizontal de vigas y tableros


hasta el siglo xvnr; amenazando entonces en parte ruina, se susti-
tuyó, de 1713 a 1723, por un abovedado general hecho de cañizo
y yeso, según la moda de la época, subsistente en parte.
Muchas de las piezas de la techumbre antigua aparecieron
aprovechadas en las armaduras de las naves. Con algunas de ellas
y otras nuevas, el arquitecto don Ricardo Velázquez hizo un ensayo
de reconstrucción en toda la nave central y en algunas de las más

6 81
ÁNGULO SUDOESTE DEL INTERIOR DE LA MEZQUITA.
ARCO DE UNA PUERTA DE LA AMPLIACIÓN DE AL-HAKAM II.

a poniente de la ampliación de al-Hakam II. No llegó a solu-


cionar satisfactoriamente el problema de su reconstrucción; pos-
teriormente lo ha sido, pero sin llevarlo a la práctica, por el actual
arquitecto de la mezquita., don Félix Hernández Jiménez.
Formaba esa techumbre horizontal, contemporánea, sin duda,
de la ampliación de al-Hakam II-ignórase cómo se cubrían
la ptimitiva mezquita y su primer acrecentamiento del siglo IX-,i
carreras adosadas a la parte alta de los muros y vigas sobre ellas:
en sentido transversal, sosteniendo tableros ·de varias tablas yux-
tapuestas, ensambladas a medias maderas y cosidas por su parte
superior con travesaños. Según autores' islámicos, la .techumbre
tenía un friso de madera en el que figuraban versículos del Alcorán.
Todas las piezas estaban ricamente decoradas con talla y pin-
tura. La primera era vegetal en las vigas, y a base de temas geo-
métricos en las tablas, con cintas resaltadas y lazos sencillos o galo-
nes rectos y curvos tallados en su grueso. Los colores eran un rojo
intenso para los fondos, trazos de tono negro y vástagos y hojas
PORTADA DE AL-HAKAM II.
ARCO DE UNA DE LAS PORTADAS DE AL-HAKAM II, VISTO DESDE EL INTERIOR.

resaltados en parte sobre oro, y en parte sobre verde. Todos


los contornos de las vigas tienen un punteado de discos dorados
destacando sobre negro 8 •
La madera es pino de excelente calidad; un geógrafo islámico
del siglo XII dice proceder de Tortosa.
La decoración de vigas y tableros, sobre todo la geométrica,
revela influencias abasíes, es decir, mesopotámicas, tal vez trans-
mitidas a través del arte fatimí de Egipto.

Las portadas de la ampliación de al-Hakam 1 l.

Al ampliar la mezquita hacia oriente, como luego se dirá,


rompióse el muro exterior que limitaba por ese lado la adición
de al-Hakam II para comunicar ambas partes, y desaparecieron,
ARCO DFL POSTIGO DE PALACIO, EN LA FACHADA OCCIDENTAL.

casi totalmente, tres de las puertas exteriores. de ese frente. Quedan


algunos restos de sus arcos en los trozos de muro conservados,
y, aunque con mutilaciones, otra de ingreso al pasadizo situado
al fondo de las naves, hoy en el interior de la mezquita.
Como las restantes, inspiróse en la portada de San Esteban.
Tiene dintel adovelado y arco de descarga de herradura. Alter-
nan en éste dovelas cubiertas de ataurique con grupos de cuatro
ladrillos; encima hay cinco arcos Ciegos de herradura, pero con
la novedad de entrecruzarse. Dos de sus fondos, la faja del alfiz
que recqadra el arco y el tímpano, ostentan dibujos geométricos-
-esvásticas uno de los primeros-, hechos con piececitas de
ladrillo rojizo embutidas en chapas de piedra, temas frecuentes
en los mosaicos romanos.
En el muro exterior de occidente, las dos puertas más meri-
dionales, una en alto y otra al nivel de las demás-por la primera
se entraba a la mezquita desde el pasadizo de comunicación con
el alcázar-, son adinteladas y lisas. De las tres restantes, la de en
medio fué muy reformada en el siglo xv, con añadidos góticos,.

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PUERTA RESTAURADA DE AL-HAKAM JI, EN LA FACHADA OCCIDENTAL.
NAVES DE LA AMPLIACIÓN DE ALMANZOR.

y las dos que la flanquean estaban mutiladas y sufrieron mo-


dernamente radical restauración, sobre todo en sus partes altas;
rehechas copiando la puerta mejor conservada del muro oriental
. antes descrita.

La ampliación de Almanzor.

La última y mayor ampliación de la mezquita cordobesa rea-


lizóse pocos años después (987-990), bajo el califato nominal de
Hisam II, pero ejerciendo el poder efectivo la fuerte personali-
dad del primer ministro Almanzor, vencedor de los cristianos del
Norte en múltiples campañas.
La población de Córdoba seguía creciendo en los años finales
del siglo x; soldados berberiscos que poco después, a comienzos
del siguiente, contribuyeron en no escasa medida a la disolución

88
NAVES DE LA AMPLIACIÓN DE ALMANZOR.

del Califato, acudían desde Africa a engrosar los ejércitos del


invencible ministro. A pesar del acrecentamiento de los arraba-
les cordobeses, no eran pocas las gentes forzadas a acampar en
tiendas en las afueras.
El aumento de pobladores y el deseo de hacer gala de sus.
sentimientos religiosos, conforme a su poljtica de atracción de los
alfaquíes, impulsarían a Almanzor a emprender el nuevo ensan-·
chamiento de la gran aljama.
Según un compilador musulmán del siglo xvn, trabajaron en.
ella prisioneros cristianos.
La proximidad del Guadalquivir a mediodía, y tal vez más
la magnificencia y riqueza de la obra reciente de al-Hakam II
-hubiera sido criminal alterarla-, obligaron a acrecentar la mez-·
quita hacia oriente, añadiéndole por ese lado ocho naves a todo
lo largo del edificio anterior, abriendo en el que fué hasta enton-·
ces muro externo, suprimidos sus estribos, grandes arcos de·
herradura sobre dobles colµmnas. El patio amplióse en la misma.
proporción. Quedaron así descentrados el mihrab y la nave más
ancha que a él conduce, y destruída la simetría longitudinali' con-
servada hasta entonces.
Para las nuevas arquerías sirvieron de modelo las de. al~ Ha-;
kam II, pero en lugar de alternar en ellas dovelas· de pietlra con
grupos de ladrillos, todas son de aquel material, pintadas de
rojo las intermedias. El arco agudo de herradura, presente ya en .
la· ampliación anterior, empleóse con más extensión en esta de
Ahnanzor.
Nada nuevo como arte se ve . en su interior, pero, al repetir
una vez más la estructura de las arquerías en considerable exten...;.
sión superficial, acrecentóse su original efecto de infinitud.
Corresponden a esta ampliación siete portadas, abiertas entre
los contrafuertes de su muro oriental. Inspiráronse en las ante-
riores del mismo edificio, interpretándolas libremente, sin copiar-
las al pie de la letra, pero con trazas y proporciones menos felices,
reveladoras de cierta decadencia artística. Llegaron muy destro-
zadas a nuestros días, habiendo desaparecido sus partes altas;
·excepto las dos últimas hacia sur, han sido muy restauradas.
La variación más -importante de estas portadas respecto a las
:anteriores, a juzgar por lo que de ellas se conservaba, consistió
en la colocación de dos arcos ciegos gemelos, separados por una
·columnilla, en cada costado, bajo las ventanas adinteladas, varias
·de las cuales conservan sus viejas celosías; desde algunos años
.antes, otros parecidos se abrían en los muro's exteriores del almi-
:nar de Abd al-Rahman III,_ descrito más adelante. Cobijan a
:su vez estos huecos arcos decorativos, de cinco o siete lóbulos,
:apeados en pequeñas columnas. .
Estas portadas lucen profusa decoración, geométrica sobre
todo en dovelas y tímpanos, formada por trozos de ladrillos em-
-butidos en placas de piedra, de lejana inspiración en mosaicos
romanos, como ya se dijo. Pero predomina el ataurique tallado
·en yeso, de escaso relieve, cuyas formas proceden del acanto, con
tallo y hojas repetidamente curvadas. cubriendo el .campo en el
que se desarrollan. Más uniforme y monótona que las decoracio-
·nes vegetales anteriores ·del mismo edificio, carece del sentido
plástico de ellas y de su gran riqueza de formas y talla.
Las puertas de madera de la mezquita, refieren escritores
islámicos, estaban recubiertas de chapas de cobre y tenían pesa-
AMPLIACIÓN DE ALMANZOR.
FACHADA ORIENTAL.

dos aldabones artísticamente labrados. En las salitas de tránsito


entre el desaparecido pasadizo de comunicación con el alcázar y
la mezquita, quedan algunas hojas de madera en las ventanas
forradas de chapas de azófar sujetas con clavos.

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PORTADA DEL SAGRARIO, EN LA FACHADA ORIENTAL.

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