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Derecho 1

Este documento presenta un resumen de la primera clase de la asignatura "Código de Asignatura - Nombre de Asignatura" dictada en el Departamento de Ciencias Económicas. El objetivo principal de la clase fue destacar los principios fundamentales de la persona humana, sus derechos y obligaciones. Se abordó la problemática jurídica del comienzo de la vida humana y los atributos de la personalidad. Finalmente, se analizó la importancia de la donación de órganos como acto de solidaridad social.

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Derecho 1

Este documento presenta un resumen de la primera clase de la asignatura "Código de Asignatura - Nombre de Asignatura" dictada en el Departamento de Ciencias Económicas. El objetivo principal de la clase fue destacar los principios fundamentales de la persona humana, sus derechos y obligaciones. Se abordó la problemática jurídica del comienzo de la vida humana y los atributos de la personalidad. Finalmente, se analizó la importancia de la donación de órganos como acto de solidaridad social.

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Departamento de Ciencias Económicas

Código de Asignatura - Nombre de Asignatura

DOCUMENTO DE CLASE
Clase N°: 2

1. Objetivo/s de la clase: Destacar en modo especial el valor de los principios


fundamentales de la persona humana como tal, sus derechos personalísimos
reconocidos y protegidos por la normativa legal y supralegal que los ampara, sus
derechos y obligaciones en el entorno parental y familiar, y la noción de la
razonabilidad, la solidaridad y el fin social en el ejercicio de los derechos
individuales. Abordar la problemática jurídica del comienzo de la vida humana.
Conocer los atributos de la personalidad. Analizar la trascendencia del régimen
legal del transplante humano, poniendo de relieve la importancia fundamental
que reviste la donación de órganos como acto de solidaridad social tendiente a la
preservación de la vida.

2. Mapa conceptual de la clase:

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3. Desarrollo:

I.- SUJETOS DE DERECHO


1.- Sujetos y personas.
Derechos subjetivos. Hemos señalado que el Derecho no es un término unívoco pues,
por un lado, se presenta como un conjunto de normas que regulan la conducta humana
dentro de la sociedad, obligando al hombre a actuar de una manera determinada;
mientras que, por el otro, es utilizado para designar la facultad que aquellas normas
conceden a los individuos para que estos puedan lograr sus fines. Al primero de los
conceptos se lo denomina “derecho objetivo” y al segundo, “derecho subjetivo”.
Los derechos subjetivos son entonces las facultades que las normas jurídicas
reconocen a las personas para que puedan satisfacer sus necesidades y exigir de las
demás una determinada conducta. En tal sentido, la definición más aceptada la
proporciona Llambías al sostener que: “Es la prerrogativa reconocida a la persona por el
ordenamiento jurídico para exigir un determinado comportamiento ajeno tendiente a la
satisfacción de intereses humanos”.
Pero frente a todo derecho subjetivo surge, correlativamente, un deber subjetivo
(obligación o deber jurídico). Así, el acreedor tiene el derecho subjetivo de exigir el
pago al deudor y éste, a su vez, el deber subjetivo de pagar; el propietario de una cosa
tiene el derecho de usar y gozar de ella, en tanto los demás miembros de la comunidad
tienen el deber subjetivo de respetar ese derecho, de no perturbarlo y de no impedir su
uso y goce.
Relaciones jurídicas. El hombre, dentro de la sociedad, se relaciona en innumerables
ocasiones con otras personas. Cuando esas relaciones tienen relevancia jurídica, es
decir, cuando tienen importancia para el Derecho, estamos en presencia de “relaciones
jurídicas”.
Se entiende por “relación jurídica” la vinculación entre personas, autorizada por el
derecho, que les impone un cierto comportamiento de índole particular; es decir, cuando
existe una coordinación entre el derecho de uno y el deber de otro, ordenada por el
derecho positivo (por ej., las obligaciones que surgen de un contrato, de un testamento,
o de la comisión de un delito).1

1
Llambías, Jorge J. Tratado de Derecho Civil. Parte General. T. I, Bs. As., Perrot, 1995, p. 143.

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En todas las relaciones jurídicas encontramos como elementos esenciales los


siguientes: el Sujeto; el Objeto y la Causa, que es el nexo jurídico que une ambos
elementos.
El sujeto puede ser “activo” o “pasivo”. El sujeto activo o titular de la relación
jurídica es la persona que puede ejercer el derecho a que esta se refiere; es el titular del
derecho, es decir, aquel que en la relación jurídica ejerce una facultad o una potestad:
por ej., el acreedor. Si se trata del derecho de propiedad es quien puede usar, gozar y
disponer de la cosa y exigir de los demás integrantes de la sociedad el respeto de su
derecho. El sujeto pasivo de la relación jurídica, en cambio, es quien debe soportar el
ejercicio del derecho del titular; es quien está obligado al cumplimiento de algo (dar,
hacer o no hacer) en favor del titular del derecho, con el que se encuentra unido por
aquel vínculo jurídico: por ej. el deudor. Así, tratándose de una obligación de dar una
cosa, el sujeto pasivo es el deudor compelido a entregar dicha cosa al acreedor.2
Los sujetos de derecho son las personas entre quienes se establece la relación
jurídica.
Por tanto, todos los sujetos de derecho son personas, pero no a la inversa. Persona
significa potencialidad, posibilidad; sujeto es la materialización y realización de esa
posibilidad. Cuando las personas intervienen en las relaciones jurídicas se hacen sujetos
de ellas, convirtiéndose en titulares de una relación jurídica.
Clases de personas. El Código regula dos clases de personas: personas humanas (de
existencia visible o físicas) y personas jurídicas (de existencia ideal, producto de una
ficción legal).
Fundamento jurídico de la personalidad. La personalidad puede concebirse como una
creación o emanación del derecho positivo (según el positivismo), o bien como el
reconocimiento necesario de calidades que preexisten en el ser humano
(jusnaturalismo).
Para el positivismo jurídico “persona” y “hombre” son dos realidades diferentes
captadas por conceptos también distintos: “persona” es un concepto jurídico construido
por el derecho para la obtención de sus propios fines; “hombre” alude a una realidad
natural, el ser humano. Pero siendo derecho lo que impone el legislador, cualquiera sea
el sentido moral de la imposición, podría investirse con “personalidad” a otras
realidades naturales distintas del hombre como los animales o los muertos.

2
Llambías, Jorge J. Op. cit. T. I, p. 239.

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En esta línea se encuentra Kelsen, para quien la persona, jurídicamente hablando,


no es algo concreto y externo al Derecho; es simplemente un centro de imputación de
normas. De ahí que Kelsen sostiene que la noción de persona no es esencial para el
derecho, llegando así a suprimir el concepto de persona, negando la idea de sustancia y
también de la persona. Por ello para esta postura no existen los derechos subjetivos y la
persona es solo la unidad personificada de sus derechos y sus deberes, equiparándose
así el derecho subjetivo con el derecho objetivo, y como según él estos son normas
jurídicas, es “la personificación de un conjunto de normas jurídicas que por constituir
derechos y deberes que contienen la conducta de uno y el mismo individuo, vienen a
regular el comportamiento de ese individuo”.
Los postulados del jusnaturalismo son distintos. En el plano metafísico, sostiene
que la sustancia es la única realidad permanente que no se confunde ni con sus
elementos constitutivos ni con sus accidentes (Aristóteles). La aptitud que constituye al
hombre en persona del derecho, “le viene al sujeto de sí mismo, de alguna calidad
esencial existente en él que no es posible desconocer so pena de frustrar la libre
actuación del hombre y con ello deformar la convivencia humana”.3
Para el jusnaturalismo, el derecho no es una creación arbitraria del legislador, sino
una disciplina instrumental de la conducta al servicio de los fines humanos. El derecho
no domina al hombre, sino que, a la inversa, está a su servicio, desde que solo el hombre
es el protagonista y destinatario del derecho. De aquí que el ordenamiento jurídico no
puede dejar de “reconocer” en todo hombre la calidad de persona o sujeto de derechos.
Pues siendo el derecho una disciplina no autónoma, sino instrumental y auxiliar al
servicio de los fines humanos, y enderezada al bien común, no puede dejar de reconocer
al hombre, cualquiera sea su condición o raza, el carácter de persona. Porque si a
alguien se negase ese carácter padecería o se frustraría el bien común, que es lo que
conviene a todos, y la convivencia resultante no sería propiamente jurídica, sino
arbitraria imposición de un sistema infrahumano de vida. Por tanto, el orden jurídico,
para ser verdaderamente tal, exige la calidad de persona en todos los hombres.4
Los derechos de la personalidad. Los derechos de la personalidad o derechos
“personalísimos” son las prerrogativas de contenido extrapatrimonial, innatos,
inalienables, imprescriptibles, perpetuas y absolutas desde que son oponibles “erga

3
Llambías, Jorge J. Op. cit. T. I, p. 246.
4
Llambías, Jorge J. Op. cit. T. I, p. 247.

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omnes” (contra todos), que corresponden a toda persona por el hecho de ser tal, desde
antes de su nacimiento y hasta después de su muerte, y de las que no pueden ser
privados ni por la acción del Estado ni por actos de los particulares so pena de
menoscabar los derechos de la personalidad. Estos derechos, al ser lesionados, y aun
cuando su contenido es extrapatrimonial, generan a favor de su titular una acción de
resarcimiento económico. Según Cifuentes estos derechos se caracterizan por ser
“subjetivos, privados, innatos y vitalicios, que tienen por objeto manifestaciones
interiores de las personas, y que por ser inherentes, extrapatrimoniales y necesarios, no
pueden transmitirse ni disponerse en forma absoluta y radical”.5 Asimismo, y tal como
lo expresara Llambías, se trata de “derechos innatos del hombre, cuya privación
importaría el aniquilamiento o desmedro de la personalidad”.6 Para Cifuentes, la
negación de estos derechos sería “desconocer la dignidad de la persona”.7
El Código incorpora un régimen sistemático de los derechos de la personalidad,
largamente reclamado por la doctrina argentina; a ese fin ha tomado en consideración la
incorporación a la Constitución del derecho supranacional de derechos humanos, cuya
reglamentación infraconstitucional debe tener lugar en el Código Civil.
Los derechos de la personalidad en particular. Se pueden distinguir tres clases: A) Los
derechos primordiales de la persona física; B) Las libertades civiles; C) La igualdad
civil.
A) Derechos Primordiales.
1.- Derecho a la vida. La vida humana se encuentra protegida en nuestro derecho por
disposiciones de carácter penal y civil. En el plano civil, la protección se manifiesta por
el derecho al resarcimiento a favor de los deudos de quien ha sido privado de la vida,
siendo indemnizables no solo los daños directos, sino también otros daños de tipo
indirecto.
2.- Derecho a la integridad personal. Se considera que todo daño a la integridad física
(lesiones), de carácter permanente, ocasione o no un daño económico, debe ser
indemnizado como valor del que la víctima fue desposeída, aun cuando no ejerciera
ninguna actividad lucrativa. Se indemniza asimismo el daño estético, y lo que se refiere
a su vida de relación, sin distinguir entre mujeres y hombres y aun cuando no ejerza una

5
Cifuentes, Santos. Elementos de derecho civil. Parte General. Buenos Aires, Astrea, 1992, p. 53.
6
Llambías, Jorge J. Op. cit. T. I, p. 275.
7
Cifuentes, Santos. Derechos personalísimos. Buenos Aires, Astrea, 1995, p. 109.

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profesión artística. La integridad física está protegida también en el código Penal que
castiga el delito de lesiones.
Asimismo, el derecho a la integridad personal se extiende tanto al cuerpo como a
las piezas anatómicas una vez extraídas del cuerpo, mientras sea posible la
identificación de éstas con dicha persona. La información sobre las distintas partes del
cuerpo y, en especial, los genes, forman parte del derecho de la persona. Todo se
incluye dentro del derecho a la autodeterminación, de lo que se deriva, además, que
estos derechos están fuera del comercio. No tienen un valor económico, sino afectivo,
terapéutico, científico, humanitario o social.
3.- Derecho a la propia imagen. Toda persona puede oponerse a que se reproduzca su
imagen y también su voz, por cualquier medio que sea, por personas a quienes no se
haya otorgado autorización expresa o tácita para tal fin. En nuestro derecho la imagen
tiene una protección específica en la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual.
Por su parte, el art. 53 del Código dispone que para captar o reproducir la imagen
o la voz de una persona, es necesario su consentimiento, excepto en los siguientes
casos: a) que la persona participe en actos públicos; b) que exista un interés científico,
cultural o educacional prioritario, y se tomen las precauciones suficientes para evitar un
daño innecesario; c) que se trate del ejercicio regular del derecho de informar sobre
acontecimientos de interés general. En caso de personas fallecidas pueden prestar el
consentimiento sus herederos o el designado por el causante por testamento. Si hay
desacuerdo entre herederos de un mismo grado, resuelve el juez. Pasados veinte años
desde la muerte, la reproducción no ofensiva es libre.
4.- Derecho a la intimidad. Es el derecho que permite sustraer a la persona de la
publicidad o de otras turbaciones a su vida privada, sin que nadie se entrometa o
publique los hechos privados, salvo que existan necesidades sociales o un interés
público en hacerlo. Recibe protección directa en el art. 19 de la C.N. y en los arts. 52,
1740 y 1770 del Código. Para ejercer la acción indemnizatoria en estos casos, se
requiere: a) Que alguien haya perturbado de cualquier modo la intimidad de la víctima;
b) Que la perturbación haya sido efectuada arbitrariamente (art. 1770).
5.- Derecho al honor. El honor consiste en algo que anida en el sentimiento que cada
uno tiene de la propia dignidad y en la manera que tienen los extraños de captarla. La
protección en materia penal permite incriminar los delitos de calumnia e injuria, y en el

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campo civil reclamar la reparación del perjuicio sufrido y la adopción de medidas que
impidan que perdure la ofensa.
El art. 51 establece la inviolabilidad de la persona humana quien en cualquier
circunstancia tiene derecho al reconocimiento y respeto de su dignidad. La persona
humana lesionada en su intimidad personal o familiar, honra o reputación, imagen o
identidad, o que de cualquier modo resulte menoscabada en su dignidad personal, puede
reclamar la prevención o reparación de los daños sufridos, conforme al régimen de
responsabilidad civil.
6.- Derecho a la autodeterminación informativa. Implica el reconocimiento de un
derecho fundamental consistente en el “control de la información que sobre nuestras
personas o bienes se encuentran en poder de otra persona, incluso el propio Estado,
tanto en bases de datos o archivos automatizados como en archivos manuales y
privados”.8 Nuestra Constitución Nacional a través de su art. 43 consagra la acción de
Habeas Data, regulada por la Ley 25.326.
Para Cifuentes el derecho a los datos personales constituye un derecho autónomo
y complejo dentro de los derechos personalísimos, que reúne las características de
innato, inherente, esencial y privado, vitalicio, de objeto interior, relativamente
disponible y autónomo, que pone en juego la dignidad de la persona, dado que la
registración informática permite entrecruzar los datos y acceder a una personalidad
virtual que abarca todos los bienes de la persona a la vez: intimidad, identidad, imagen,
honor, cuerpo, salud, libertad y patrimonio.9
7.- Derecho de Rectificación o Respuesta. El Pacto de San José de Costa Rica prevé en
su art. 14 que: “1. Toda persona afectada por informaciones inexactas o agraviantes
emitidas en su perjuicio a través de medios de difusión legalmente reglamentados y que
se dirijan al público en general, tiene derecho a efectuar por el mismo órgano de
difusión su rectificación o respuesta en las condiciones que establezca la ley. 2. En
ningún caso la rectificación o la respuesta eximirán de las otras responsabilidades
legales en que se hubiese incurrido. 3. Para la efectiva protección de la honra y la
reputación, toda publicación o empresa periodística, cinematográfica, de radio o

8
Ortiz-Ortiz, Rafael; “Habeas Data. Derecho fundamental y garantía de protección de los derechos de la
personalidad”. Caracas, Frónesis, 2001, p. 10.
9
Cifuentes, Santos, “Derecho personalísimo a los datos personales”, LL 1997-E, p. 1323, y “Los datos
personales informáticos, un derecho autónomo personalísimo”, en J.A. 1994-IV p. 835.

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televisión tendrá una persona responsable que no esté protegida por inmunidades ni
disponga de fuero especial”.
8.- Derechos sobre el propio cuerpo. Participación en actos médicos. El consentimiento
informado (arts. 54 a 61).
Actos peligrosos. No es exigible el cumplimiento del contrato que tiene por objeto la
realización de actos peligrosos para la vida o la integridad de una persona, excepto que
correspondan a su actividad habitual y que se adopten las medidas de prevención y
seguridad adecuadas a las circunstancias.
Disposición de derechos personalísimos. El Código admite la disposición de derechos
personalísimos, siempre que ello no sea contrario a la ley, la moral o las buenas
costumbres. El consentimiento para este tipo de actos no se presume, es de
interpretación restrictiva, y libremente revocable.
Actos de disposición sobre el propio cuerpo. Quedan prohibidos los actos de disposición
sobre el propio cuando ocasionen una disminución permanente de su integridad o
resulten contrarios a la ley, la moral o las buenas costumbres, excepto que sean para
mejorar la salud de la persona, o excepcionalmente de otra persona, conforme al
ordenamiento jurídico. El consentimiento para los actos no prohibidos no puede ser
suplido, y es libremente revocable (art. 56). La ablación de órganos para ser
implantados en otras personas se rige por la legislación especial (Ley 27.447, su
reglamentación y sus modificatorias).
Está prohibida también toda práctica destinada a producir una alteración genética
del embrión que se transmita a su descendencia (art. 57).
Investigaciones en seres humanos. La investigación médica en seres humanos mediante
intervenciones, cuya eficacia o seguridad no están comprobadas científicamente, sólo
puede ser realizada si se cumple con los siguientes requisitos: a) describir claramente el
proyecto y el método que se aplicará en un protocolo de investigación; b) ser realizada
por personas con la formación y calificaciones científicas y profesionales apropiadas; c)
contar con la aprobación previa de un comité acreditado de evaluación de ética en la
investigación; d) contar con la autorización previa del organismo público
correspondiente; e) estar fundamentada en una cuidadosa comparación de los riesgos y
los beneficios previsibles para las personas que participan en la investigación y para
otras personas afectadas por el tema que se investiga; f) contar con el consentimiento
previo, libre, escrito, informado y específico de la persona que participa en la

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investigación, a quien se le debe explicar, en términos comprensibles, los objetivos y la


metodología de la investigación, sus riesgos y posibles beneficios; dicho consentimiento
es revocable; g) no implicar para el participante riesgos y molestias desproporcionados
en relación con los beneficios que se espera obtener de la investigación; h) resguardar la
intimidad de la persona que participa en la investigación y la confidencialidad de su
información personal; i) asegurar que la participación en la investigación no resulte
onerosa a los sujetos, así como el acceso a la atención médica apropiada en caso de
eventos adversos relacionados con la investigación, la que debe estar disponible cuando
sea requerida; j) asegurar a los participantes de la investigación la disponibilidad y
acceso a los tratamientos que la investigación haya demostrado beneficiosos (art. 58).
Consentimiento informado para actos médicos e investigaciones en salud. Se entiende
por “consentimiento informado” para actos médicos e investigaciones en salud, la
declaración de voluntad del paciente emitida luego de recibir información clara, precisa
y adecuada, respecto a: a) su estado de salud; b) el procedimiento propuesto y los
objetivos perseguidos; c) los beneficios esperados del procedimiento; d) los riesgos,
molestias y efectos adversos previsibles; e) la explicación de los procedimientos
alternativos y sus riesgos, beneficios y perjuicios en relación con el procedimiento
propuesto; f) las consecuencias previsibles de la no realización del procedimiento
propuesto o de los alternativos; g) en caso de padecer una enfermedad incurable, o
cuando se encuentre en estado terminal, el derecho a rechazar procedimientos
quirúrgicos, de hidratación, alimentación, de reanimación artificial o al retiro de
medidas de soporte vital, cuando sean extraordinarios o desproporcionados en relación a
las perspectivas de mejoría, o produzcan sufrimiento desmesurado, o tengan por único
efecto la prolongación en el tiempo de ese estadio terminal irreversible e incurable; h) el
derecho a recibir cuidados paliativos integrales en el proceso de atención de su
enfermedad o padecimiento.
Ninguna persona con discapacidad puede ser sometida a investigaciones en salud
sin su consentimiento libre e informado, para lo cual se le debe garantizar el acceso a
los apoyos que necesite. Nadie puede ser sometido a exámenes o tratamientos clínicos o
quirúrgicos sin su consentimiento libre e informado, excepto disposición legal en
contrario.
Si la persona se encuentra absolutamente imposibilitada para expresar su voluntad
al tiempo de la atención médica y no la ha expresado anticipadamente, el

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consentimiento puede ser otorgado por el representante legal, el apoyo, el cónyuge, el


conviviente, el pariente o el allegado que acompañe al paciente, siempre que medie
situación de emergencia con riesgo cierto e inminente de un mal grave para su vida o su
salud. En ausencia de todos ellos, el médico puede prescindir del consentimiento si su
actuación es urgente y tiene por objeto evitar un mal grave al paciente (art. 59).
Directivas médicas anticipadas. La persona plenamente capaz puede anticipar directivas
y conferir mandato respecto de su salud y en previsión de su propia incapacidad. Puede
también designar a las personas que han de expresar el consentimiento para los actos
médicos y para ejercer su curatela. Pero las directivas que impliquen desarrollar
prácticas eutanásicas se tienen por no escritas. Esta declaración de voluntad puede ser
revocada en todo momento.
Exequias. La persona plenamente capaz puede disponer, por cualquier forma, el modo y
circunstancias de sus exequias e inhumación, así como la dación de todo o parte del
cadáver con fines terapéuticos, científicos, pedagógicos o de índole similar. Si la
voluntad del fallecido no ha sido expresada, o ésta no es presumida, la decisión
corresponde al cónyuge, al conviviente y en su defecto a los parientes según el orden
sucesorio, quienes no pueden dar al cadáver un destino diferente al que habría dado el
difunto de haber podido expresar su voluntad (art. 61).
La Ley 27.447 autoriza a disponer del cadáver humano para otros fines que los
naturales, si media autorización previa del titular del cuerpo o de sus progenitores o
representante legal si se tratase de una persona menor de edad. En cuanto al destino de
los restos mortales, debe atenderse ante todo a la voluntad -expresa o tácita- del
causante, aun cuando pugne con la voluntad de sus parientes. Respecto del uso médico
del cadáver, debe tenerse en cuenta la voluntad del difunto.
Como luego se verá, el régimen argentino de trasplantes de órganos contempla en
el Capítulo VIII los actos de disposición de órganos y/o tejidos provenientes de
personas fallecidas para ser implantados en otros seres humanos, o con fines de estudio
o investigación. El art. 33 de esta ley, para el caso de muerte natural, establece que “la
ablación de órganos y/o tejidos puede realizarse sobre toda persona capaz mayor de 18
años, que no haya dejado constancia expresa de su oposición a que después de su
muerte se realice la extracción de sus órganos o tejidos”; mientras que su art. 35, para el
caso de muerte violenta, faculta al juez a autorizar la ablación de órganos y tejidos
previo requerir la intervención del médico forense a fin de dictaminar si la ablación no

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afectará el examen autopsiano. Dentro de las 4 horas de diagnosticado el deceso, el juez


informará al Incucai o al organismo provincial correspondiente la autorización para
llevar a cabo la ablación, a través de resolución judicial fundada, con especificación de
los órganos o tejidos autorizados a ablacionar de conformidad con lo dictaminado por el
médico forense.
Nuestro Código Penal (Ley 11.719 t.o. 1984) omite insólitamente considerar
como delitos la profanación de tumbas, exhumación clandestina de un cuerpo o el robo
de un cadáver, salvo en los casos en que se pide un rescate, y solo contiene una norma
específica sobre cadáveres en el capítulo destinado al delito de extorsión, cuyo art. 171
dispone: “Sufrirá prisión de dos a seis años, el que substrajere un cadáver para hacerse
pagar su devolución”.
El código contravencional de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Ley 1472)
penaliza en su art. 66 con multa o arresto la alteración de la identificación de las
sepulturas, en tanto su art. 67 castiga con similares penas a quien inhumara o exhumara
clandestinamente o profanare un cadáver humano, violare un sepulcro o sustrajere y
dispersare restos o cenizas humanos.
El código contravencional de la provincia de Buenos Aires (D.L. 8031/73 t.o.
Decreto 181/87), castiga con multa: a) al que sustrajere un cadáver o sus cenizas; b) al
que mutilare o destruyere un cadáver sin autorización; c) al que profanare un cadáver
(art. 64).
No obstante la diversidad de estos derechos, su fundamento es único y “está dado
por el reconocimiento de que la persona tiene un valor en sí misma, y como tal cabe
reconocerle una dignidad”.10
B) Las Libertades.
La libertad es la facultad reconocida a las personas de hacer lo que les plazca, y se
emparenta estrechamente con la potestad de conducirse según su propia determinación,
mientras no se afecten derechos de terceros o situaciones tuteladas colectivamente.
1.- Libertad de movimiento. Prevista en el art. 14 de la C.N. que garantiza el derecho de
entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino.
2.- Libertad de las acciones. Prevista en el art. 19 de la C.N. que dispone que nadie está
obligado a hacer lo que la ley no manda ni privado de lo que ella no prohíbe.

10
Rivera, Julio C. “Instituciones de Derecho Civil. Parte General”. T. II, Bs. As., Abeledo-Perrot, 2000, p.
27.

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3.- Libertad en la esfera doméstica. El art. 18 de la C.N. consagra la inviolabilidad del


domicilio, de la correspondencia epistolar y los papeles privados. El derecho penal
castiga la violación de domicilio y de secretos. Por su lado, el art. 19 de la C.N. dispone
que las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden ni a la
moral ni lesionen a un tercero, quedan reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los
jueces.
4.- La libertad de conciencia y de religión. Tiene plena protección en el Código, que
tiene por no escritas las condiciones que afecten de modo grave las libertades de la
persona, como la de elegir domicilio o religión, o decidir sobre su estado civil (art. 344).
Asimismo la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH, Pacto de San
José) prevé en su art. 12 que “Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y
de religión”, que implica conservar o cambiar su religión o creencias, así como
profesarlas y divulgarlas, individual o colectivamente, tanto en público como en
privado, sin que nadie pueda ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar
esta libertad. Añade que los padres o tutores tienen derecho a que sus hijos o pupilos
“reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias
convicciones”. La libertad de manifestar la propia religión y creencias “está sujeta
únicamente a las limitaciones prescritas por la ley y que sean necesarias para proteger la
seguridad, el orden, la salud o la moral públicos o los derechos o libertades de los
demás”.
5.- Libertad de Pensamiento y de expresión. El art. 14 C.N. consagra el derecho de
publicar las ideas por la prensa sin censura previa. Asimismo la CADH prevé en su art.
13: “1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este
derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de
toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma
impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección. 2. El ejercicio de
tal derecho no puede estar sujeto a previa censura sino a responsabilidades ulteriores, las
que deben estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para asegurar: a) el
respeto a los derechos o a la reputación de los demás, o b) la protección de la seguridad
nacional, el orden público o la salud o la moral públicas. 3. No se puede restringir el
derecho de expresión por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles
oficiales o particulares de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas, o de
enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios

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encaminados a impedir la comunicación y la circulación de ideas y opiniones. 4. Los


espectáculos públicos pueden ser sometidos por la ley a censura previa con el exclusivo
objeto de regular el acceso a ellos para la protección moral de la infancia y la
adolescencia, sin perjuicio de lo establecido en el inc. 2. 5. Estará prohibida por la ley
toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o
religioso que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal
similar contra cualquier persona o grupo de personas, por ningún motivo, inclusive los
de raza, color, religión, idioma u origen nacional”.
6.- Derecho a la libertad personal. El Pacto de San José establece en su art. 7 que “1.
Toda persona tiene derecho a la libertad y seguridad personales. 2. Nadie puede ser
privado de su libertad física, salvo por las causas y en las condiciones fijadas de
antemano por las constituciones políticas de los Estados Partes o por las leyes dictadas
conforme a ellas. 3. Nadie puede ser sometido a detención o encarcelamiento
arbitrarios. 4. Toda persona detenida o retenida debe ser informada de las razones de su
detención y notificada, sin demora, de los cargos formulados contra ella. 5. Toda
persona detenida o retenida debe ser llevada, sin demora, ante un juez u otro funcionario
autorizado por ley para ejercer funciones judiciales y tendrá derecho a ser juzgada
dentro de un plazo razonable o a ser puesta en libertad, sin perjuicio de que continúe el
proceso. Su libertad podrá estar condicionada a garantías que aseguren su
comparecencia en el juicio. 6. Toda persona privada de libertad tiene derecho a recurrir
ante un juez o tribunal competente, a fin de que éste decida, sin demora, sobre la
legalidad de su arresto o detención y ordene su libertad si el arresto o la detención
fueran ilegales. En los Estados Partes cuyas leyes prevén que quien se ve amenazado de
ser privado de su libertad tiene derecho a recurrir a un juez o tribunal competente a fin
de que decida sobre la legalidad de tal amenaza, dicho recurso no puede ser restringido
ni abolido. Los recursos podrán interponerse por sí o por otra persona. 7. Nadie será
detenido por deudas. Este principio no limita los mandatos de autoridad judicial
competente dictados por incumplimientos de deberes alimentarios”.
C) La Igualdad.
El art. 16 C.N. dispone que “la Nación Argentina no admite prerrogativas de
sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos
sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición
que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas”. Ninguna

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norma asigna más ni mejores derechos en favor de una persona en desmedro de otra, por
motivos políticos o de otro carácter. De ahí que nuestras leyes repudian todo tipo de
discriminación entre las personas que afecte el principio de igualdad.
En particular, la Ley 23.592 (B.O. 5/9/88) dispone en su art. 1 que “Quien
arbitrariamente impida, obstruya, restrinja o de algún modo menoscabe el pleno
ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos
en la Constitución Nacional, será obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto
el acto discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material
ocasionados. A los efectos del presente artículo se considerarán particularmente los
actos u omisiones discriminatorios determinados por motivos tales como raza, religión,
nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica,
condición social o caracteres físicos”. Su art. 3 castiga penalmente “con prisión de un
mes a tres años los que participaren en una organización o realizaren propaganda
basados en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de
determinada religión, origen étnico o color, que tengan por objeto la justificación o
promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma. En igual pena
incurrirán quienes por cualquier medio alentaren o iniciaren a la persecución o el odio
contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o
ideas políticas”.
Con referencia los locales de concurrencia pública, los arts. 4 y 5 de esta ley
establecen “la obligatoriedad de exhibir en el ingreso a los locales bailables, de
recreación, salas de espectáculos, bares, restaurantes u otros de acceso público, en forma
clara y visible el texto del artículo 16 de la C.N., junto con el de la ley. El texto
señalado, tendrá una dimensión, como mínimo, de 30 cm. de ancho, por 40 de alto y
estará dispuesto verticalmente. En el mismo al pie, debe incluirse un recuadro destacado
con la siguiente leyenda: “Frente a cualquier acto discriminatorio, usted puede recurrir a
la autoridad policial y/o juzgado civil de turno, quienes tienen la obligación de tomar su
denuncia” (incorporados por Ley 24.782, B.O. 03/04/97).
A partir de la reforma del año 1994, en el art. 75 inc. 22), se incorporan a nuestra
C.N. todos los tratados internacionales sobre Derechos Humanos suscriptos por el país,
entre los cuales se destaca la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación Contra la Mujer (CEDAW), adoptada por Resolución 34/180 de la
Asamblea General de la O.N.U. del 18/12/79, que fuera suscripta por la República

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Argentina el 17/7/80, y aprobada mediante la Ley 23.179 (B.O. 3/6/85), así como
también su protocolo facultativo mediante Ley 26.171 (B.O. 11/12/06). A los efectos de
dicha Convención, la expresión discriminación contra la mujer denotará toda distinción,
exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado
menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer,
independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la
mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política,
económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera.
Asimismo, mediante Ley 24.632 (B.O. 9/4/96), nuestro país aprobó la Convención
Interamericana Para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer,
suscripta en Belem do Pará, República Federativa del Brasil, el 9/6/94. A los efectos de
esta Convención debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o
conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o
psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.
La Ley 23.451 (B.O. 14/4/87) aprobó el Convenio Nº 156 de la Organización
Internacional del Trabajo sobre la igualdad de oportunidades y de trato entre
trabajadores y trabajadoras con responsabilidades familiares.
La Ley 14.467 (29/9/58), ratificó el Decreto-Ley Nº 11.595/56, aprobatorio del
Convenio Nº 100 de la Organización Internacional del Trabajo, sobre igualdad de
remuneración por trabajo de igual valor.
En el orden nacional la legislación y las políticas de Estado procuran avanzar en la
lucha contra todas las formas de discriminación de la mujer. Así se pueden mencionar:
La Ley 13.010 (B.O. 27/9/47) estableció los derechos políticos para la mujer: “Las
mujeres tendrán los mismos derechos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que
les acuerdan e imponen las leyes a los varones argentinos”. A instancias de Eva Perón,
se sanciona así la primera ley por la que las mujeres se incorporaron y participaron
como sufragantes en todo el país, a quienes se les extendió la Libreta Cívica para tales
efectos.
La Ley 24.012 de Cupo Femenino (B.O. 3/12/91) que reforma el Código Nacional
Electoral, dispuso que “Las listas que se presenten deberán tener mujeres en un mínimo
del 30% de los candidatos a los cargos a elegir y en proporciones con posibilidad de
resultar electas. No será oficializada ninguna lista que no cumpla estos requisitos”.

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La Ley 24.417 (Protección contra la violencia familiar, B.O. 3/1/95), dispone:


“Toda persona que sufriese lesiones o maltrato físico o psíquico por parte de alguno de
los integrantes del grupo familiar podrá denunciar estos hechos en forma verbal o
escrita ante el juez con competencia en asuntos de familia y solicitar medidas cautelares
conexas. A los efectos de la ley se entiende por grupo familiar el originado en el
matrimonio o en las uniones de hecho”.
La Ley 24.576 (B.O. 13/11/95) garantiza como derecho fundamental de todos los
trabajadores y trabajadoras la promoción profesional y la formación en el trabajo en
condiciones igualitarias de acceso y trato (incorpora el capítulo VIII “De la Formación
profesional” al título II de la Ley de Contrato de Trabajo).
El Decreto 1363/97 sobre Igualdad de Trato entre Agentes de la Administración
Pública Nacional (B.O. 9/12/97), que ordena la revisión de los regímenes que regulan la
relación de empleo público a los efectos de eliminar todas las normas de discriminación
contra la mujer, la igualdad de oportunidades para los trabajadores con cargas de
familia, y la protección del rol paterno, incorporando para la mujer el instituto del
“estado de excedencia”, y estableciendo la obligación por parte de los organismos de la
Administración Pública Nacional de disponer la creación o contratación de guarderías,
cuando la cantidad de agentes con hijos en condiciones de concurrir así lo justifique.
El Decreto 254/98 aprueba el Plan para la Igualdad de Oportunidades entre
Varones y Mujeres en el Mundo Laboral (B.O. 11/3/98)
Ley 25.239, Título XVIII, establece un régimen especial de seguridad social para
empleados/as del servicio doméstico (B.O. 31/12/99), en tanto la Ley 26.844 (B.O.
12/04/13) instaura un régimen especial de contrato de trabajo en las relaciones laborales
que se entablen con los empleados y empleadas por el trabajo que presten en las casas
particulares o en el ámbito de la vida familiar, equiparando sus derechos a los del resto
de los trabajadores comprendidos en la Ley de Contrato de Trabajo.
Ley 25.273 (B.O. 27/7/00) crea un Régimen Especial de Inasistencias Justificadas
por razones de gravidez (embarazo) para alumnas que cursen los ciclos de Enseñanza
General Básica, Polimodal y Superior No Universitaria, en establecimientos de
jurisdicción nacional, provincial o municipal. Las alumnas que presenten certificado
médico de su estado y período de gestación y alumbramiento, tendrán 30 inasistencias
justificadas y no computables antes o después del parto, pudiendo ser continuas o
fraccionadas.

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Ley 25.584 (B.O. 7/5/02) prohíbe en los establecimientos oficiales y privados de


educación pública de todo el país, de cualquier nivel y modalidad, adoptar acciones
institucionales que impidan o perturben el inicio o prosecución normal de sus estudios a
las estudiantes en estado de gravidez o durante el período de lactancia y a los
estudiantes en su carácter de progenitores. Las autoridades educativas del respectivo
establecimiento estarán obligadas, en cuanto a la estudiante embarazada, a autorizar los
permisos que, en razón de su estado, sean necesarios para garantizar tanto su salud física
y psíquica como la del ser durante su gestación y el correspondiente período de
lactancia (Texto según Ley 25.808, B.O. 28/11/03).
Ley 25.673 (B.O. 22/11/02) que crea el Programa Nacional de Salud Sexual y
Procreación Responsable a nivel nacional, tiene como objetivos, entre otros: “a)
Alcanzar para la población el nivel más elevado de salud sexual y procreación
responsable con el fin de que pueda adoptar decisiones libres de discriminación,
coacciones o violencia”.
Ley 25.674 (B.O. 29/11/02) de participación femenina en las unidades de
negociación colectiva (cupo sindical femenino). La representación femenina en los
cargos electivos y representativos de las asociaciones sindicales será de un mínimo del
30%, cuando el número de mujeres alcance o supere ese porcentual sobre el total de
trabajadores. Cuando la cantidad de trabajadoras no alcanzare el porcentaje
mencionado, el cupo será proporcional a esa cantidad.
Ley 25.929 (B.O. 21/9/04) de Derechos de Padres e Hijos durante el Proceso de
Nacimiento. Las obras sociales regidas por leyes nacionales y las entidades de medicina
prepaga deberán brindar obligatoriamente las prestaciones establecidas en esta ley, las
que quedan incorporadas de pleno derecho al Programa Médico Obligatorio. El art. 2º
dispone que “Toda mujer, en relación con el embarazo, trabajo de parto, parto y
postparto, tiene entre otros los siguientes derechos: a) A ser informada sobre las
distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar durante esos procesos de
manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas. b) A ser
tratada con respeto, y de modo individual y personalizado que le garantice la intimidad
durante todo el proceso asistencial y tenga en consideración sus pautas culturales. c) A
ser considerada, en su situación respecto del proceso de nacimiento, como persona sana,
de modo que se facilite su participación como protagonista de su propio parto”.

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Ley 26.130 (B.O. 29/8/06) establece un Régimen para las Intervenciones de


Contracepción Quirúrgica, Ligadura de Trompas y Vasectomía, por el cual toda persona
mayor de edad tiene derecho a acceder a la realización de las prácticas denominadas
“ligadura de trompas de Falopio” y “ligadura de conductos deferentes o vasectomía”,
sin cargo alguno, en los servicios del sistema público de salud. Las obras sociales
sindicales; las entidades de la seguridad social y las entidades de medicina prepaga
tienen la obligación de incorporar estas intervenciones médicas a su cobertura de modo
tal que resulten totalmente gratuitas para el/la beneficiario/a.
Ley 26.150 (B.O. 24/10/06) que establece que todos los educandos tienen derecho
a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de
gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires y municipal. A los efectos de esta ley, se entiende como
educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales,
afectivos y éticos. Esta ley crea el Programa Nacional de Educación Sexual Integral,
cuyos objetivos son: a) Incorporar la educación sexual integral dentro de las propuestas
educativas orientadas a la formación armónica, equilibrada y permanente de las
personas; b) Asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables
y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados en la educación sexual integral;
c) Promover actitudes responsables ante la sexualidad; d) Prevenir los problemas
relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular; e)
Procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres.
La Ley 26.485 (B.O. 14/4/09) de protección integral para prevenir, sancionar y
erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones
interpersonales, tiene por objeto promover y garantizar: a) La eliminación de la
discriminación entre mujeres y varones en todos los órdenes de la vida; b) El derecho de
las mujeres a vivir una vida sin violencia; c) Las condiciones aptas para sensibilizar y
prevenir, sancionar y erradicar la discriminación y la violencia contra las mujeres en
cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos; d) El desarrollo de políticas públicas de
carácter interinstitucional sobre violencia contra las mujeres; e) La remoción de
patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las
relaciones de poder sobre las mujeres; f) El acceso a la justicia de las mujeres que
padecen violencia; g) La asistencia integral a las mujeres que padecen violencia en las
áreas estatales y privadas que realicen actividades programáticas destinadas a las

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mujeres y/o en los servicios especializados de violencia. Según esta ley se entiende por
violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o
indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación
desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica,
sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal, incluyendo
las perpetradas desde el Estado o por sus agentes. Se considera violencia indirecta, a los
efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica
discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón. En cuanto a
los tipos, quedan especialmente comprendidos los siguientes tipos de violencia contra la
mujer: 1.- Física: La que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor,
daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato agresión que afecte su
integridad física. 2.- Psicológica: La que causa daño emocional y disminución de la
autoestima o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal o que busca degradar o
controlar sus acciones, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento,
restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación o aislamiento. Incluye
también la culpabilización, y actos tales como vigilancia constante, exigencia de
sumisión, coerción verbal, persecución, insulto, limitación del derecho de circulación o
cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica y a su
autodeterminación. 3.- Sexual: Cualquier acción que implique la vulneración en todas
sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente
acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de la fuerza
o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones
vinculares o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada,
explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres. 4.- Económica y
patrimonial: La que se dirige a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o
patrimoniales de la mujer, a través de: a) La perturbación de la posesión, tenencia o
propiedad de sus bienes; b) La pérdida, sustracción, destrucción o retención indebida de
objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos
patrimoniales; c) La limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus
necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida digna; d) La
limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario menor por
igual tarea, dentro de un mismo lugar de trabajo. 5.- Simbólica: La que a través de
patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca

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dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la


subordinación de la mujer en la sociedad.
2. Comienzo y fin de la existencia de las personas humanas.
A) Comienzo de su existencia. El art. 19 establece que la existencia de las personas
humanas “comienza con la concepción”, pudiendo desde entonces adquirir derechos o
contraer obligaciones. Estos “derechos y obligaciones del concebido o implantado en la
mujer quedan irrevocablemente adquiridos si nace con vida”. Pero si no nace con vida
“se considera que la persona nunca existió. El nacimiento con vida se presume” (art.
21).
De esta manera, la concepción puede tener lugar en forma natural (seno materno)
o mediante las técnicas modernas de reproducción humana asistida, tales como la
inseminación artificial (introducción de esperma dentro del útero de la mujer a fin de
lograr la fecundación) o la fecundación in vitro (cultivo de óvulos en probetas a los que
se agregan los espermatozoides; obtenida la fertilización externa se introduce el
embrión en el útero).
La cuestión de la fecundación extrauterina. La solución propuesta por el derecho.
Por lo general, los avances científicos y tecnológicos no siempre están
acompañados de soluciones legislativas y jurídicas. Es así que en relación a temas como
el que nos ocupa existen vacíos legales que no obstante deben resolverse. A pesar de no
ser tarea sencilla y de las aristas que la reproducción humana asistida presenta, el
derecho no puede ignorar la realidad.11
En estos casos el apotegma jurídico, elaborado por Ihering, “el derecho debe
seguir a los hechos” cobra plena virtualidad (CSJN, Fallos 172:21 y 241:291, entre
otros), y significa aceptar que la vida social es más amplia que el contenido del derecho
y que, por lo tanto, éste debe estar atento a los cambios sociales para cumplir con los
fines que tiene asignado en toda organización social; de lo contrario sólo será una
expresión de deseos o de mandatos que no logra ejercer el control ni la paz social.
Pese a la importancia y trascendencia que exhibe el tema de la fecundación
extrauterina, en nuestro país no existe a la fecha una legislación específica sobre la
fecundación “in vitro” ni sobre el status jurídico del embrión ni sobre el número de

11
CNCivil, Sala J., 13/9/2011, Causa 94282/2008. Autos: “P.A. c/ S.A.C. s/ Medidas Precautorias.
Cuestión: medida cautelar en protección de persona para 5 embriones crioconservados. Cita: Publicado
digitalmente en edición de fecha 21/09/2011, artículo bajo protocolo A00363550040 de [Link]
IUS II.

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embriones a implantar, su conservación o el destino de los mismos. Sí se encuentra a


estudio de la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley que cuenta con un
dictamen de mayoría y tres de minoría.12 Sin embargo, la ausencia de legislación
concreta y específica no puede constituir un obstáculo para alcanzar soluciones, las que
se encuentran consagradas en los principios generales del Derecho, en nuestra
Constitución Nacional y en nuestro ordenamiento jurídico positivo.
El nuevo Código resuelve parcialmente esta cuestión, por un lado, al establecer en
su art. 19 que la persona lo es desde la “concepción” sin otro aditamento, es decir, sin
aclarar ni regular cuál es el lugar donde se produce esa concepción, quedando así
comprendidas tanto la concepción natural como la extrauterina, y por el otro, al
disponer en su norma transitoria segunda que “la protección del embrión no implantado
será objeto de una ley especial” (art. 9 Ley 26.994).
La solución aportada por el nuevo Código viene a zanjar una discusión largamente
sostenida en la doctrina y la jurisprudencia pues ya no cabe duda que el legislador ha
definido su voluntad al considerar persona al concebido, independientemente del
proceso en el que haya tenido lugar esa concepción, dejando a cargo de una ley especial
la regulación de todo lo relativo al embrión no implantado.
Antes de esta solución, se presentaba el problema de discernir si el concebido
fuera del seno materno debía o no ser considerado persona, en los términos del Código
Civil entonces vigente. Ello surgía del art. 70 del C.C. que establecía que “Desde la
concepción en el seno materno comienza la existencia de las personas...”. Por su parte,
el art. 63 disponía que: “Son personas por nacer las que no habiendo nacido están
concebidas en el seno materno”.
Si bien en la fecundación extrauterina no hay concepción en el seno materno, lo
cierto es que el Código Civil anterior era del siglo XIX (Ley 340, sancionada el
25/09/1869; promulgada el 29/09/1869 y publicada: R.N. 1863/69, pág. 513) cuando
evidentemente era impensada la fecundación “in vitro”. El texto se correspondía con la
realidad imperante al tiempo de la sanción del Código; el desarrollo de las modernas
técnicas biomédicas de fecundación ectogénica (in vitro) -desconocidas en aquel
entonces- tornaban sin embargo indudable la afirmación que también el concebido fuera
del seno materno debía ser considerado persona para el derecho.

12
Conf. Kemelmajer de Carlucci, Aída; Herrera, Marisa; Lamm, Eleonora, “La reproducción médicamente
asistida. Mérito, oportunidad y conveniencia de su regulación”; La Ley 08/08/2011, p. 1.

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Pero el hecho de que no hubiera concepción en el seno materno no era obstáculo


para aplicar el art. 70 por analogía en mérito de lo que disponía el artículo 16 del C.C.13
Se imponía así una interpretación del elemento gramatical -humanista y finalista-
acorde con la evolución de los avances científicos y congruente con el pensamiento del
codificador de tutela de la vida humana (arg. arts. 63, 70, 72, 75 Cód. Civil anterior),
superadora de una antinomia manifiestamente discriminatoria que diferenciara la
situación del concebido según el diverso lugar en que se produce el contacto fertilizante
de las células germinales.14
La solución del codificador del siglo XIX -inspirada en el Esbozo de Freitas y el
Código de Prusia-, explicaba satisfactoriamente la tipificación penal del aborto
premeditado (art. 85 Cód. Penal) y la razón del por qué en los países en que existe la
pena de muerte se suspende la ejecución de las mujeres encintas hasta después del
parto.15
La doctrina nacional -de manera casi unánime- aprobaba el pensamiento de Vélez
Sarsfield respecto de la existencia de la persona desde el momento de la concepción.16
Sólo cabe citar como excepción la opinión de Orgaz, para quien el equívoco de la
solución del Código consistía en asimilar “vida humana” con “persona humana”, siendo
que mientras la primera comenzaría con la concepción, la segunda requeriría de una
vida “individual y autónoma”, que recién se produciría con el nacimiento.17
Independientemente de ello, fue posible considerar que era persona de existencia
visible todo ente que presenta signos característicos de humanidad (art. 51 C.C.
anterior), sin distinción de cualidades y accidentes. Ello involucraría al concebido “in
vitro” en virtud de su sustantividad humana que la biología le reconoce desde el
momento en que se produce la concepción, idéntica a la del concebido en el seno
materno. Para Zannoni “Una interpretación humanizante y finalista, acorde con la

13
Rivera, Julio César. Instituciones de Derecho Cvil. Parte General; tomo I, 4ta. ed.; Lexis Nexis, 2001, p.
408.
14
Banchio, E., en Código Civil y leyes complementarias. Dir. Alberto J. Bueres, t. 1; Buenos Aires,
Hammurabi, 2014, p. 454.
15
Llambías, Jorge J. Op. cit., T. I, p. 225. En la nota al art. 21 del Esboço afirma Freitas: “Si los que deben
nacer no son personas ¿Por qué razón existen leyes penales y policiales que protegen su vida
preparatoria? ¿Por qué motivo se pena el aborto? ¿Por qué motivo no se ejecuta la pena de muerte en
la mujer embarazada y tampoco se la juzga en el caso que merezca dicha pena sino sesenta días después
del parto?”. La nota al art. 63 sigue ese desarrollo argumental.
16
Llambías, Jorge. Op. cit, t. I. p. 225, a quien se sumaban Spota, López Olaciregui, Busso, y Rivera.
17
Orgaz, Alfredo, Derecho civil argentino: personas individuales. 2ª ed., Córdoba, Ed. Assandri, 1961, pp.
37 y ss.

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evolución de los avances científicos de nuestro tiempo, desvanecería cualquier hipótesis


de antinomia legal o discriminatoria en torno a la situación jurídica de los concebidos,
según fuere el diverso lugar en que acaece el contacto fertilizante de las células
germinales”.18
Normas posteriores al Código Civil anterior reafirmaron esta interpretación de
considerar sujeto de derecho al concebido extracorporalmente. La ley 23.264 de
filiación y patria potestad, sancionada en 1985 cuando en Argentina ya se conocían y
practicaban las técnicas de fecundación asistida, mantuvo el mismo criterio. Así el art.
264 del Código Civil anterior establecía que la patria potestad existe desde la
concepción, sin requerir que ella acaezca en el seno materno. En el Derecho Público
Provincial encontramos antecedentes sobre la materia: la Constitución de Córdoba,
reformada en 1987, establece en su art 4, bajo el título inviolabilidad de la persona: “La
vida desde su concepción, la dignidad y la integridad física y moral de la persona son
inviolables. Su respeto y protección es deber de la comunidad y, en especial, de los
poderes públicos”.
En cuanto a la Constitución Nacional el denominado derecho a la vida no estaba
expresamente enunciado en la misma antes de la reforma del año 1994 pero sí constituía
un derecho no enumerado o implícito comprendido en su art. 33. Al respecto, es
oportuno referir que la vida, “más que un derecho, constituye una cualidad inseparable
de la condición humana y presupuesto indispensable para su existencia”.19 Por lo tanto
“sin el amplio reconocimiento del derecho natural de vivir no existe una Constitución
personalista”.
Sin embargo, a partir de la reforma de 1994, el derecho a la vida es un derecho
explícito. Ello, por la incorporación de los Tratados Internacionales enumerados en el
art. 75 inc. 22, los que, en las condiciones de su vigencia, tienen jerarquía constitucional
(art. 31); no derogan artículo alguno de la Primera Parte de la Constitución y deben
entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos. En tal
sentido, la CADH, incorporada a la Constitución por vía del art. 75 inc. 22, protege la
vida desde la concepción, tal como surge de su art. 4 inc. 1, sin distingo alguno acerca
del lugar en que ésta se produzca. La Convención sobre los Derechos del Niño
(Naciones Unidas), establece en su art. 1 que “el niño, por su falta de madurez física y

18
Zannoni, Eduardo. Inseminación artificial y fecundación extrauterina. Ed. Astrea, Bs. As., 1978, p. 90.
19
Badeni, Gregorio, “El derecho constitucional a la vida”, en El derecho a nacer de Badeni Gregorio y
otros, Abeledo-Perrot, 1993, pp. 29 y 31.

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mental necesita protección legal, tanto antes como después del nacimiento”, habiendo
nuestro país formulado reserva al ratificar dicho tratado (Ley 23.849) señalando que “se
entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18
años de edad”.
Por su parte, la CSJN afirmó que “…El comienzo de la vida humana tiene lugar
con la unión de dos gametos, es decir con la fecundación; en ese momento, existe un ser
humano en estado embrionario”.20
En el ámbito judicial, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil estableció
que “en el ordenamiento legal y constitucional argentino, la existencia de la persona
comienza desde el momento de la concepción, sea en el seno materno o fuera de él, a
partir del cual la persona es titular de derechos y obligaciones, entre ellos el derecho a la
vida y a la integridad física y psíquica”.21 En ese orden, “la concepción se produce al
momento de la fertilización, y desde ese instante hay vida humana, conforme lo
determinado por los arts. 63 y 70 del Código Civil y al art. 4 apartado primero de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos”.22
Lo expuesto llevó a concluir, en coincidencia con la solución propiciada por la
doctrina y jurisprudencia mayoritaria de nuestro país, que la persona lo es desde la
concepción, sea que esta se produzca dentro o fuera del seno materno, y así lo estableció
el nuevo Código.
No obstante, por su trascendencia y proyección regional, se destaca la sentencia
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en la causa “Artavia
Murillo”23 dictada en 2012, la que si bien resuelve el caso concreto, impacta sobre todos
los Estados del continente. El caso se refiere a la responsabilidad internacional del
Estado por las afectaciones generadas a un grupo de personas a partir de la prohibición
general en Costa Rica de practicar la técnica de fecundación in vitro (FIV), que fuera
autorizada por Decreto Ejecutivo en 1995, luego anulado por la Sala Constitucional de
la Corte Suprema el 15 de marzo de 2000. En el caso, la Corte reconoció el derecho de
las personas que, en uso de su libertad y autodeterminación, y según sus especiales

20
CSJN, 5/3/2002, “Portal de Belén - Asociación Civil sin Fines de Lucro c/ Ministerio de Salud y Acción
Social de la Nación s/ amparo”. “Fallos” 325-292.
21
CNCiv., Sala I, 3/12/1999; La Ley, 2001-C, 824; J.A., 2000-III-630; ED, 185-412, con nota de Benavente,
M. I. “El comienzo de la vida. La protección jurisdiccional a la luz del derecho argentino vigente”.
22
Juzg. Federal Córdoba n° 3, 26/8/1999; LLC, 2000-263, con nota de Castellanos, S. F.; DJ, 2000-I-526.
23
CIDH, 28/11/2012, “Artavia Murillo y otros (Fertilización in vitro) vs. Costa Rica”, disponible en el sitio:
[Link]

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circunstancias de salud y sus convicciones, habían decidido someterse a procedimientos


de fertilización in vitro, quienes no debieron ser privadas del ejercicio de su libertad, lo
que afecta además el desarrollo de su personalidad, por lo que la decisión de Costa Rica
que dispuso la interrupción del tratamiento médico, no solo resultó antijurídica y
contraria a la Convención Americana de Derechos Humanos, sino que además implicó
un trato discriminatorio, lo que motivó la fijación de indemnizaciones a favor de los
reclamantes.
Pero lo sustancial en cuanto al tópico que nos interesa, fue la interpretación que
hizo la Corte del art. 4.1 de la Convención Americana, que expresa: “Toda persona tiene
derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general,
a partir del momento de la concepción…”. A partir del análisis del alcance de los arts.
1.2 y 4.1 de la Convención Americana respecto a las palabras “persona”, “ser humano”,
“concepción” y “en general”, la Corte observa que el concepto de “persona” es un
término jurídico que se analiza en muchos de los sistemas jurídicos internos de los
Estados Parte. Sin embargo, para la interpretación del artículo 4.1, la definición de
persona está anclada a las menciones que se hacen en el Tratado respecto a la
“concepción” y al “ser humano”, términos cuyo alcance debe valorarse a partir de la
literatura científica. Desde ese ángulo, advierte cómo la FIV transformó la discusión
sobre cómo se entendía el fenómeno de “la concepción” pues dicha técnica refleja que
puede pasar un tiempo entre la unión del óvulo y el espermatozoide, y la implantación.
Por tal razón, la definición de “concepción” que tenían los redactores de la Convención
Americana ha cambiado, dado que antes de la FIV no se contemplaba científicamente la
posibilidad de realizar fertilizaciones fuera del cuerpo de la mujer. Respecto a la
controversia acerca de cuándo empieza la vida humana, la Corte considera que se trata
de una cuestión valorada de diversas formas desde una perspectiva biológica, médica,
ética, moral, filosófica y religiosa, y coincide con tribunales internacionales y
nacionales, en el sentido que no existe una definición consensuada sobre el inicio de la
vida. Sin embargo, para la Corte es claro que hay posturas que ven en los óvulos
fecundados una vida humana plena y que algunos de esos argumentos atribuyen ciertas
características metafísicas a los embriones. Pero ello no puede justificar que se otorgue
prevalencia a cierto tipo de literatura científica al momento de interpretar el alcance del
derecho a la vida consagrado en la CADH, lo que implicaría imponer un tipo de
creencias específicas a otras personas que no las comparten.

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No obstante lo anterior, la Corte procede a definir, de acuerdo con la CADH,


cómo debe interpretarse el término “concepción”, resaltando que la prueba científica
concuerda en diferenciar dos momentos esenciales y complementarios en el desarrollo
embrionario: la fecundación y la implantación, y observa que sólo al cumplirse el
segundo momento se cierra el ciclo que permite entender que existe la concepción.
Teniendo en cuenta la prueba científica presentada por las partes en el caso, la Corte
constata que, si bien al fecundarse el óvulo se da paso a una célula diferente con la
información genética suficiente para el posible desarrollo de un “ser humano”, lo cierto
es que si dicho embrión no se implanta en el cuerpo de la mujer sus posibilidades de
desarrollo son nulas. Si un embrión nunca lograra implantarse en el útero, no podría
desarrollarse pues no recibiría los nutrientes necesarios, ni estaría en un ambiente
adecuado para su desarrollo, de modo que la “concepción” no puede comprenderse
como un momento o proceso excluyente del cuerpo de la mujer, dado que no tiene
ninguna posibilidad de supervivencia si la implantación no sucede. Prueba de ello es
que sólo es posible establecer si se ha producido o no un embarazo una vez implantado
el óvulo fecundado en el útero, al producirse la hormona denominada “Gonodatropina
Coriónica”, que sólo es detectable en la mujer que tiene un embrión unido a ella. Antes
de esto es imposible determinar si en el interior del cuerpo ocurrió la unión entre el
óvulo y un espermatozoide y si esta unión se perdió antes de la implantación. Teniendo
en cuenta lo anterior, el Tribunal entiende el término “concepción” desde el momento
en que ocurre la implantación, razón por la cual considera que antes de este evento no
procede aplicar el artículo 4 de la Convención Americana. Asimismo, expresa que el
objeto y fin de la cláusula “en general” del art. 4.1 de la Convención es la de permitir,
según corresponda, un adecuado balance entre derechos e intereses en conflicto,
bastando para el caso señalar que dicho objeto y fin implica que no pueda alegarse la
protección absoluta del embrión anulando otros derechos. Agrega además que de
ninguno de los tratados internacionales en vigencia es posible sustentar que el embrión
pueda ser considerado persona en los términos del art. 4 de la CADH. Por eso la Corte
adjudica especial relevancia a la interpretación evolutiva para la resolución del caso,
teniendo en cuenta que la FIV es un procedimiento que no existía al momento en el que
los redactores de la Convención adoptaron el contenido del art. 4.1 de la Convención.
Por tanto, la Corte interpreta que el embrión no puede ser entendido como persona para
efectos del art. 4.1 de la CADH y concluye, luego de un análisis de las bases científicas

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disponibles, que la “concepción” en el sentido del art. 4.1 tiene lugar desde el momento
en que el embrión se implanta en el útero, razón por la cual antes de este evento no
habría lugar a la aplicación del artículo 4 de la Convención.
Acceso a la interrupción voluntaria del embarazo. Ley 27.610.
Con fecha 15 de enero de 2021 se publicó en el Boletín Oficial la Ley 27.610
sobre Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) y a la Atención
Postaborto.
Entre los puntos más salientes de la norma, se destacan los siguientes:
1.- Toda persona podrá acceder a la IVE hasta la semana catorce (14), inclusive, de
gestación y la práctica debe ser realizada en el plazo máximo de 10 días desde que fuera
requerida.
2.- Pasado ese plazo de gestación, solo se podrá acceder a la IVE: a) si el embarazo
fuera resultado de una violación con el requerimiento y la declaración jurada pertinente
de la persona gestante ante el personal de salud interviniente. En los casos de niñas
menores de trece (13) años de edad, la declaración jurada no será requerida; o b) si
estuviere en peligro la vida o la salud de la persona gestante.
3.- Previo a la realización de la IVE se requiere el consentimiento informado de la
persona gestante expresado por escrito.
4.- Capacidad para la práctica de la IVE: a) Las personas mayores de dieciséis (16) años
de edad tienen plena capacidad por sí para prestar su consentimiento a fin de solicitar la
práctica; b) Las personas menores de dieciséis (16) años, deben prestar su
consentimiento informado y el ejercicio de sus derechos será a través de sus
representantes legales; c) Las personas con capacidad restringida por sentencia judicial
podrán prestar su consentimiento informado sin ningún impedimento ni necesidad de
autorización previa alguna y, si lo deseare, con la asistencia del sistema de apoyo
previsto en el artículo 43 del Código. Si la sentencia judicial de restricción a la
capacidad impide prestar el consentimiento para realizar la práctica, o la persona ha sido
declarada incapaz judicialmente, deberá prestar su consentimiento con la asistencia de
su representante legal o, a falta o ausencia de este o esta, la de algún pariente o persona
allegada, en los términos del artículo 59 del Código.
5.- Los profesionales de salud tienen derecho a ejercer la objeción de conciencia y
deberán realizar la derivación de la paciente para que sea atendida por otro profesional,
sin dilaciones. Sin embargo, el personal de salud no podrá negarse a la realización de la

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interrupción del embarazo en caso de que la vida o salud de la persona gestante esté en
peligro y requiera atención inmediata e impostergable. No se podrá alegar objeción de
conciencia para negarse a prestar atención sanitaria postaborto.
6.- Los establecimientos de salud que no cuenten con profesionales para realizar la
práctica o en los cuales todos los profesionales sean objetores de conciencia, deberán
derivar a la gestante a otro efector de salud para que realice la práctica, cargando con los
costos de la derivación.
7.- La práctica de la IVE deberá ser incluida en el Programa Médico Obligatorio
(PMO), con cobertura integral y gratuita tanto del sector público como privado de salud.
8.- El personal de salud debe garantizar las siguientes condiciones mínimas y derechos
en la atención del aborto y postaborto: el trato digno, derecho a la privacidad,
confidencialidad, autonomía de la voluntad, acceso a la información y calidad.
9.- Se modifica el artículo 86 del Código Penal (CP) despenalizando el aborto si fuera
realizado con consentimiento hasta la semana catorce (14), inclusive, del proceso
gestacional.
10.- Se incorpora el artículo 85 bis en el CP, estableciendo la responsabilidad penal del
funciona-rio/a público/a o la autoridad del establecimiento de salud, profesional, efector
o personal de salud que dilatara injustificadamente, obstaculizara o se negara a practicar
un aborto en los casos legalmente autorizados.
11.- Se modifica el artículo 85 del CP, estableciendo penas de prisión de tres (3) a diez
(10) años, a quien causare el aborto sin consentimiento de la persona gestante y de hasta
quince (15) años si el hecho produjera su muerte. Se pena con prisión de tres (3) meses
a un (1) año, si se causare el aborto aun con consentimiento de la persona gestante,
luego de la semana catorce (14) de gestación.
Duración del embarazo. Época de la concepción.
Siendo la concepción un hecho biológico imposible de determinar con precisión,
la ley establece un período presuntivo durante el cual esta se produce. Dicho lapso
comprende los primeros 120 días de los 300 anteriores al nacimiento, siendo esta
presunción “iuris tantum”, es decir que admite prueba en contrario. Dispone así el art.
20 que “Época de la concepción es el lapso entre el máximo y el mínimo fijados para la
duración del embarazo. Se presume, excepto prueba en contrario, que el máximo de
tiempo del embarazo es de trescientos días y el mínimo de ciento ochenta, excluyendo
el día del nacimiento”. Esta cuestión adquiere relevancia en los siguientes casos: a)

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permite establecer si un hijo es o no matrimonial; b) en caso de que la viuda se case


antes de los diez meses del fallecimiento del marido anterior, para saber a quién
pertenecen los hijos; c) también depende de este momento la adquisición de derechos
por herencia puesto que si la sucesión se hubiera abierto antes de aquel momento, la
persona no podía adquirir ningún derecho.
B) Fin de su existencia. El fin de la existencia de las personas humanas se produce por
la muerte de ellas (art. 93). Asimismo, para que se produzcan los efectos inherentes a la
muerte de una persona humana (disolución del vínculo matrimonial, transmisión de
derechos, etc.), es necesario que la muerte sea comprobada por los medios previstos en
el Código: “La comprobación de la muerte queda sujeta a los estándares médicos
aceptados, aplicándose la legislación especial en el caso de ablación de órganos del
cadáver” (art. 94), siendo la prueba más importante la partida o certificado de defunción
expedida por el Registro Civil (art. 96).
En caso de muerte simultánea o conmoriencia el art. 95 establece que “Se
presume que mueren al mismo tiempo las personas que perecen en un desastre común o
en cualquier otra circunstancia, si no puede determinarse lo contrario”.
C) Prueba del nacimiento, de la muerte y de la edad.
El nacimiento y la muerte ocurridos en la República, sus circunstancias de tiempo
y lugar, el sexo, el nombre y la filiación de las personas nacidas o fallecidas, se prueba
con las partidas del Registro Civil (art. 96).
Si el nacimiento o la muerte ocurriesen en el extranjero, se prueban con los
instrumentos otorgados según las leyes del lugar donde se producen, legalizados o
autenticados del modo que disponen las convenciones internacionales, y a falta de
convenciones, por las disposiciones consulares de la República. En estos casos los
certificados de los asientos practicados en los registros consulares argentinos son
suficientes para probar el nacimiento de los hijos de argentinos y para acreditar la
muerte de los ciudadanos argentinos (art. 97).
Si no hay registro público o falta o es nulo el asiento, el nacimiento y la muerte
pueden acreditarse por otros medios de prueba (art. 98, 1ra. parte).
En cuanto a la determinación de la edad de las personas, si no es posible
establecerla por los medios indicados, se la debe determinar judicialmente previo
dictamen de peritos (art. 99).

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Inscripción del nacimiento. La inscripción de los nacimientos con intervención de los


progenitores deberá efectuarse dentro del plazo máximo de 40 días corridos contados
desde el día del nacimiento. Vencido dicho plazo se inscribirá de oficio dentro del plazo
máximo de 20 días corridos. En el supuesto de nacimientos ocurridos fuera de
establecimientos médico-asistenciales sin intervención de profesional médico, el
Registro podrá admitir la inscripción cuando existan causas justificadas
fehacientemente, hasta el plazo máximo de 1 año, previa intervención del Ministerio
Público (art. 28, Ley 26.413). Vencidos estos plazos, la inscripción sólo podrá
efectuarse por resolución judicial (art. 29 de la misma ley).
El hecho del nacimiento se probará: a) Los nacimientos que contaron con atención
médica ocurridos dentro o fuera de los establecimientos médicos asistenciales públicos
o privados, se prueban mediante el certificado médico suscripto por el médico,
obstétrica o agente sanitario habilitado que hubiere atendido el parto, que debe respetar
las características previstas en los arts. 33 y 34 de la ley 26.413; b) Los nacimientos que
no contaron con atención médica, ocurridos fuera de un establecimiento médico
asistencial, se prueban con el certificado médico emitido por un establecimiento médico
asistencial público que determinará el sexo y la edad presunta, y en su caso un
certificado médico del estado puerperal de la madre. Se requerirá, además, la
declaración de 2 testigos que acrediten el lugar de nacimiento en la jurisdicción de que
se trate, el estado de gravidez de la madre y haber visto con vida al recién nacido, los
que suscribirán el acta de nacimiento (art. 32 de la misma ley).
A los fines de completar la identificación de la persona, los arts. 33 y 34 de la Ley
26.413 prevén que los Registros Civiles deben implementar un formulario
“prenumerado”, denominado "Certificado Médico de Nacimiento" en el que constará: a)
De la madre: nombre; apellido, tipo y número de DNI, edad, nacionalidad, domicilio, y
la impresión dígito pulgar derecha; b) Del recién nacido: nombre con el que se lo
inscribirá, sexo, edad gestacional, peso al nacer e impresión plantal derecha si el
nacimiento ha sido con vida; c) Tipo de parto: simple, doble o múltiple; d) Nombre,
apellido, firma, sello y matrícula del profesional médico u obstétrica o el agente
sanitario habilitado que atendió el parto; e) Fecha, hora y lugar del nacimiento y de la
confección del formulario; f) Datos del establecimiento médico asistencial: nombre y
domicilio completos; g) Observaciones. Los gobiernos locales proveerán a las
Direcciones Generales del Registro Civil los formularios de certificados médicos de

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nacimientos prenumerados y que reúnan en su estructura e impresión los requisitos de


seguridad que garanticen su inviolabilidad, para su remisión a los Registros Civiles. Las
Direcciones Generales llevarán el control de su utilización.
La inscripción del nacimiento deberá contener: a) El nombre, apellido y sexo del
recién nacido; b) Localidad y provincia, hora, día, mes y año en que haya ocurrido el
nacimiento; c) El nombre y apellido del padre y de la madre o, en el caso de hijos de
matrimonios entre personas del mismo sexo, el nombre y apellido de la madre y su
cónyuge, y tipo y número de los respectivos documentos de identidad. En caso de que
carecieren de estos últimos, se dejará constancia de edad y nacionalidad, circunstancia
que deberá acreditarse con la declaración de 2 testigos de conocimiento, debidamente
identificados quienes suscribirán el acta; d) Nombre, apellido, documento y domicilio
del declarante; e) Marginalmente se consignará el número del DNI del inscripto (art. 36
de la misma ley).
Si se tratare de un hijo extramatrimonial, no se hará mención del padre a no ser
que éste lo reconociese ante el oficial público.
Si del certificado médico surgiera que se trata de una defunción fetal se registrará
la inscripción en el libro de defunciones; si del mismo surgiere que ha nacido con vida,
aunque fallezca inmediatamente, se asentarán ambos hechos en los libros de
nacimientos y de defunciones, respectivamente.
Inscripción del fallecimiento. La inscripción de la defunción deberá hacerse dentro de
los 2 días hábiles del fallecimiento, ante el oficial público que corresponda al lugar en
que ocurrió la misma. Transcurrido este plazo y hasta el plazo máximo de 60 días podrá
por resolución o disposición de la dirección general autorizarse su inscripción, cuando
existieren motivos fundados. Vencido dicho plazo la inscripción deberá ser ordenada
judicialmente (art. 60, Ley 26.413).
Para inscribir el fallecimiento en el Registro Civil se requiere de un certificado
médico que acredite la muerte. El certificado médico de defunción deberá ser extendido
de puño y letra, firmado y sellado por el profesional interviniente. En lo posible deberá
contener: a) El nombre y apellido del fallecido; b) Lugar y fecha de nacimiento; c)
Sexo; d) Nacionalidad; e) Domicilio real; f) Tipo y número de documento nacional de
identidad del fallecido; g) Indicación del establecimiento público o privado donde
ocurrió el fallecimiento, si correspondiere; h) Causa inmediata, mediata y originaria de
la defunción, o su imposibilidad por desconocimiento; i) Lugar, día, hora, mes y año en

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que acaeció la defunción; j) Fecha y hora de expedición del certificado. Si el profesional


tuviese la imposibilidad de conocer la causa originaria de la defunción deberá consignar
expresamente esta circunstancia en el certificado. Si se desconoce la identidad del
fallecido, el certificado médico deberá contener el mayor número de datos conducentes
a su identificación (art. 64, Ley 26.413).
Claro que lo expuesto anteriormente parte de la base de que existe el cadáver de la
persona sobre la cual certificar la defunción. Por ello el art. 98, 2do. párrafo, dispone
que “Si el cadáver de una persona no es hallado o no puede ser identificado, el juez
puede tener por comprobada la muerte y disponer la pertinente inscripción en el
registro, si la desaparición se produjo en circunstancias tales que la muerte debe ser
tenida como cierta”.
D) Ausencia simple. Presunción de fallecimiento.
Ausencia simple (arts. 79 a 84). Cuando una persona ha desaparecido de su domicilio,
sin tenerse noticias de ella, y sin haber dejado apoderado, puede designarse un curador a
sus bienes si el cuidado de éstos lo exige. La misma regla se aplica si existe apoderado,
pero sus poderes son insuficientes o no desempeña convenientemente el mandato.
Es competente el juez del domicilio del ausente. Si éste no lo tuvo en el país, o no
es conocido, es competente el juez del lugar en donde existan bienes cuyo cuidado es
necesario; si existen bienes en distintas jurisdicciones, el que haya actuado primero
(prevenido).
Pueden pedir la declaración de ausencia y la designación de curador, el Ministerio
Público y toda persona que tenga interés legítimo respecto de los bienes del ausente.
El presunto ausente debe ser citado por edictos durante cinco días, y si vencido el
plazo no comparece, se debe dar intervención al defensor oficial o en su defecto,
nombrarse defensor al ausente. El Ministerio Público es parte necesaria en el juicio. Si
antes de la declaración de ausencia se promueven acciones contra el ausente, debe
representarlo el defensor. En caso de urgencia, el juez puede designar un administrador
provisional o adoptar las medidas que las circunstancias aconsejan.
Oído el defensor, si concurren los extremos legales, se debe declarar la ausencia y
nombrar curador. Para esta designación, el juez puede nombrar al cónyuge no separado
de hecho, al conviviente, a los hijos, padres o hermanos de la persona a proteger, según
quien tenga mayor aptitud. Se debe tener en cuenta para ello la idoneidad moral y
económica.

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El curador sólo puede realizar los actos de conservación y administración


ordinaria de los bienes. Todo acto que exceda la administración ordinaria debe ser
autorizado por el juez; la autorización debe ser otorgada sólo en caso de necesidad
evidente e impostergable. Los frutos de los bienes administrados deben ser utilizados
para el sostenimiento de los descendientes, cónyuge, conviviente y ascendientes del
ausente..
Termina la curatela de los ausentes declarados: 1. Por la presentación del ausente,
sea en persona o por apoderado; 2. Por la muerte del mismo; 3. Por su fallecimiento
presunto, judicialmente declarado.
Presunción de fallecimiento (arts. 85 a 92). Cuando una persona se ausenta de su
domicilio o residencia, sin que se tengan noticias de ella durante un tiempo
determinado, haya o no dejado apoderado, la ley “presume” su fallecimiento,
procediéndose a la declaración judicial respectiva y a la fijación del día presuntivo de la
muerte, previo cumplimiento de determinados pasos legales. El término de la ausencia
de la persona necesario para la presunción es de 3 años, contado desde la fecha de la
última noticia que se tuvo de la existencia del ausente. Dicho término se reducirá a 2
años si por última vez se encontró en el lugar de un incendio, terremoto, acción de
guerra u otro suceso semejante capaz de originar la muerte, o participó de una actividad
que implique el mismo riesgo. El plazo se reduce a 6 meses si se hubiera encontrado en
un buque o aeronave naufragados o perdidos, a contar desde que el suceso ocurrió o
pudo haber ocurrido.
Pueden pedir la declaración de muerte presunta y la designación de un curador
para sus bienes, cualquiera que tenga algún derecho subordinado a la muerte de la
persona de que se trate (cónyuge, presuntos herederos, el beneficiario de un seguro de
vida, etc.), justificando los extremos legales y la realización de diligencias tendientes a
la averiguación de la existencia del ausente. Resulta competente el juez del domicilio
del ausente, o en caso en que no fuese conocido, el juez del lugar en que existieren
bienes del mismo (cfr. art. 2619).
El juez debe nombrar defensor al ausente o dar intervención al defensor oficial, y
citar a aquél por edictos una vez por mes durante seis meses. También debe designar un
curador a sus bienes, si no hay mandatario con poderes suficientes, o si por cualquier
causa aquél no desempeña correctamente el mandato. La declaración de simple ausencia
no constituye presupuesto necesario para la declaración de fallecimiento presunto, ni

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suple la comprobación de las diligencias realizadas para conocer la existencia del


ausente.
Pasados los seis meses, recibida la prueba y oído el defensor, el juez debe declarar
el fallecimiento presunto si están acreditados los extremos legales, fijar el día presuntivo
del fallecimiento y disponer la inscripción de la sentencia en el Registro Civil. Se fijará
como día presuntivo de la muerte el último del primer año y medio en el primer caso, y
en los otros casos, el día del suceso (y si no está determinado, el día del término medio
de la época en que ocurrió o pudo haber ocurrido); o el del día de la última noticia del
buque o aeronave perdidos, respectivamente. Cuando fuere posible, la sentencia
determinará también la hora presuntiva del fallecimiento. En caso contrario, se tiene por
sucedido a la expiración del día declarado como presuntivo del fallecimiento.
Los herederos y los legatarios deben recibir los bienes del declarado
presuntamente fallecido, previa formación de inventario. El dominio debe inscribirse en
el registro correspondiente con la prenotación del caso; puede hacerse la partición de
los bienes, pero no enajenarlos ni gravarlos sin autorización judicial.
Transcurridos cinco años desde el día presuntivo del fallecimiento, u ochenta años
desde el nacimiento de la persona, quedará sin efecto la prenotación prescrita pudiendo
desde ese momento disponerse libremente de los bienes. Si entregados los bienes se
presenta el ausente o se tiene noticia cierta de su existencia, queda sin efecto la
declaración de fallecimiento, procediéndose a la devolución de aquéllos a petición del
interesado.
La prenotación queda sin efecto transcurridos cinco años desde la fecha presuntiva
del fallecimiento u ochenta años desde el nacimiento de la persona. Desde ese momento
puede disponerse libremente de los bienes.
Si el ausente reapareciese podrá reclamar: a) la entrega de los bienes que existen
en el estado en que se encuentran; b) los bienes adquiridos con el valor de los que
faltan; c) el precio adeudado de los bienes enajenados; d) los frutos no consumidos.
E) Períodos legales en la vida de las personas físicas.
a.- Personas por nacer. Son las personas humanas que, estando concebidas, aún no
nacieron.
b.- Menores de edad y adolescentes (art. 25). Menor de edad es la persona que no ha
cumplido 18 años. Después del nacimiento comienza el período de la minoría de edad,
llamándose menor adolescente a la persona que cumplió 13 años. En este contexto, el

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nuevo Código incorpora al “adolescente” y elimina las categorías de “menor impúber” y


de “menor adulto”.
El nuevo Código introduce modificaciones importantes en la capacidad de
ejercicio de los derechos de los menores de edad, a fin de adecuar el derecho positivo
interno a la Convención Internacional de los derechos del niño y a la Convención
Internacional de las personas con discapacidad. De allí la flexibilidad de las normas, las
permanentes referencias a nociones como “edad y grado de madurez”; la necesidad de
que las restricciones a la capacidad estén legalmente previstas; las facultades judiciales
para la determinación de esas restricciones; la obligación del juez de oír, tener en cuenta
y valorar las opiniones de estas personas, etc. En este contexto, se incorpora “el
adolescente” y se elimina la categoría de menor adulto o púber, adecuando la edad a la
modificación operada en materia de mayoría de edad (18 años).
La división interesa desde el punto de vista de la capacidad, pues los menores de
13 años tienen una incapacidad casi absoluta de ejercicio y los adolescentes una
capacidad restringida. Asimismo, la edad de 13 años marca la adquisición del
discernimiento para los actos lícitos (art. 261 inc. c). La línea de los 13 años es entonces
la que marca la distinción entre los dos grupos que conforman el universo de infancia:
niños y adolescentes.
Ejercicio de los derechos por la persona menor de edad. La persona menor de edad
ejerce sus derechos a través de sus representantes legales. No obstante, la que cuenta
con edad y grado de madurez suficiente puede ejercer por sí los actos que le son
permitidos por el ordenamiento jurídico. En situaciones de conflicto de intereses con sus
representantes legales, puede intervenir con asistencia letrada. La persona menor de
edad tiene derecho a ser oída en todo proceso judicial que le concierne así como a
participar en las decisiones sobre su persona (art. 26:1-3).
Ejercicio de los derechos por las personas adolescentes. Se presume que el adolescente
entre 13 y 16 años tiene aptitud para decidir por sí respecto de aquellos tratamientos que
no resultan invasivos, ni comprometen su estado de salud o provocan un riesgo grave en
su vida o integridad física. Pero en caso de tratamientos invasivos que comprometen su
vida, salud o integridad física, el adolescente debe prestar su consentimiento con la
asistencia de sus progenitores; el conflicto entre ambos se resuelve teniendo en cuenta
su interés superior, sobre la base de la opinión médica respecto a las consecuencias de la
realización o no del acto médico.

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A partir de los 16 años el adolescente es considerado como un adulto para las


decisiones atinentes al cuidado de su propio cuerpo (art. 26:4-6).
c.- Emancipación (arts. 27 a 30). Menores emancipados son aquellos que se liberan de
la responsabilidad parental (antes patria potestad) y adquieren capacidad de obrar antes
de la mayoría de edad. Sin embargo esta capacidad no es plena, sino que reconoce
algunas restricciones como se verá más adelante.
Antes de la reforma introducida por la Ley 26.579 (B.O. 22/12/2009) había dos
formas de emancipación: la llamada “legal” que se adquiría con el matrimonio de los
menores y la “voluntaria”, otorgada por quien ejercía la patria potestad. La
emancipación voluntaria, que se adquiría por la llamada “habilitación de edad” cuando
el menor había cumplido 18 años, actualmente ha perdido relevancia práctica en virtud
de haberse fijado la mayoría de edad justamente a los 18 años. Recordemos que, a
diferencia de la legal, esta emancipación podía ser revocada cuando los actos del menor
demostraban su inconveniencia.
Actualmente la ley fija en 18 años la edad para contraer matrimonio (tanto las
mujeres como los varones), salvo autorización de sus representantes legales al menor
que haya cumplido 16 años de edad o dispensa judicial que autorice su celebración al
menor que no haya cumplido 16 años, o habiéndolos cumplido no contara con la
autorización de sus representantes legales (art. 404). En tal sentido el art. 27 dispone
que “La celebración del matrimonio antes de los dieciocho años emancipa a la persona
menor de edad”, quien en tal caso “goza de plena capacidad de ejercicio con las
limitaciones previstas en este Código”. La emancipación adquirida por el matrimonio es
irrevocable y no se pierde por la posterior declaración de nulidad del matrimonio
“excepto respecto del cónyuge de mala fe para quien cesa a partir del día en que la
sentencia pasa en autoridad de cosa juzgada”. No obstante, si algo es debido a la
persona menor de edad con cláusula de no poder percibirlo hasta la mayoría de edad, la
emancipación no altera la obligación ni el tiempo de su exigibilidad.
Respecto de las limitaciones señaladas, la persona emancipada no puede, ni
siquiera con autorización judicial: a) aprobar las cuentas de sus tutores y darles
finiquito; b) hacer donación de bienes que hubiese recibido a título gratuito; c) afianzar
obligaciones. Asimismo, el emancipado requiere autorización judicial para disponer de
los bienes recibidos a título gratuito, la que debe ser otorgada cuando el acto sea de toda
necesidad o de ventaja evidente (arts. 28 y 29). Es decir que los menores conservan la

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administración, la posesión y el goce de los bienes recibidos a título gratuito.24 Respecto


de los bienes obtenidos a título oneroso y especialmente aquellos procurados con el
fruto de su trabajo, los menores tienen amplias facultades de administración y
disposición. Si la persona menor de edad ha obtenido título habilitante para el ejercicio
de una profesión, puede ejercerla por cuenta propia sin necesidad de previa
autorización. Tiene la administración y disposición de los bienes que adquiere con el
producto de su profesión y puede estar en juicio civil o penal por cuestiones vinculadas
a ella (art. 30).
d.- Mayoría de edad. Se adquiere a partir de los 18 años de edad (art. 25), lo que en
nuestro país rige desde el 30 de diciembre de 2009 (Ley 26.579). Antes, según la Ley
17.711 de 1968, se adquiría a los 21 años. Tiene como consecuencia habilitar a la
persona para el ejercicio de todos los derechos, posibilitando su plena actuación en la
vida jurídica. De acuerdo con el art. 25, la mayoría de edad se adquiere el día en que la
persona cumpliere los 18 años.
3.- Atributos de la personalidad.
Desde el punto de vista jurídico las personas poseen un conjunto de elementos
constitutivos llamados también atributos. Estos elementos son necesarios, pues sin su
concurrencia el ente no podrá tener la calidad de persona; son también inalienables (no
se pueden transmitir o transferir) e imprescriptibles (no se pierden por el transcurso del
tiempo). Los atributos no son en sí mismos derechos sino presupuestos para que el
sujeto pueda ser titular de derechos. Existen así una serie de derechos vinculados o
derivados de tales atributos como el derecho al nombre, derechos derivados del estado
de familia, etc.
Tales facultades o atributos que la ley otorga a las personas son inseparables de
ellas y constituyen la base o esencia de su personalidad. En las personas físicas dichos
atributos son: el nombre, el estado, la capacidad, el domicilio y el patrimonio.
A) Nombre: es el modo más antiguo de designación e identificación de una persona
dentro de la sociedad en que vive. Es el atributo de la persona que sirve para designarla
o individualizarla dentro de la sociedad, y se compone de dos elementos: el “apellido”
que también es denominado nombre de familia; y el “prenombre”, nombre propiamente
dicho, también llamado nombre de pila.

24
Borda, Guillermo A.; “Tratado de Derecho Civil. Parte General”. T. I, Abeledo Perrot, Bs. As., 1991, p.
461.

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Régimen previo a la reforma: El Código Civil anterior se caracterizó por la falta de


normas sobre el nombre, pues Vélez Sarsfield omitió legislar sobre dicha materia.
Frente a la omisión del código, la costumbre se fue encargando de crear algunas reglas,
por ejemplo, con relación a qué nombres se podían poner a las personas. Asimismo, lo
relativo a la organización y registro de los nombres y nacimientos fue tarea a cargo de
las parroquias. Las reglas establecidas por las costumbres, fueron tomadas parcialmente
por distintas normas hasta llegar al 10 de junio de 1969 en que se dictó el Dec. Ley
18.248, cuyas disposiciones reglamentaron todo lo relacionado con el nombre y apellido
de las personas.
Régimen legal vigente: El Código regula el nombre, actualizando el Dec. Ley 18.248,
para ajustar la regulación a principios constitucionales que priorizan el derecho a la
identidad, a la autonomía de la voluntad y a la igualdad. En concreto, se elimina la
prohibición de aplicar prenombres extranjeros entendiéndose que, en definitiva, la
elección del prenombre corresponde a los padres en cuya decisión la injerencia del
Estado debe ser la menor posible. Se ha establecido de manera expresa la posibilidad de
poner nombres indígenas, en consonancia con el respeto por las minorías y la creencia
en el carácter pedagógico de la ley. Se introducen modificaciones sustanciales en el
apellido de las personas casadas permitiendo a cualquiera de los dos tomar el apellido
del otro, acompañado o no de la preposición “de”. Con apoyo en los principios
mencionados, se recepta el llamado “apellido de familia” con la limitación de que todos
los hijos deben llevar el mismo apellido; ante la falta de una única solución en el
derecho comparado y las críticas que cada una de ellas ha merecido, se ha optado por el
azar cuando los progenitores no se ponen de acuerdo, por ser ésta la solución que mejor
respeta el principio de igualdad. También se flexibilizan las normas sobre modificación,
dando importancia a la identidad en su faz dinámica, por lo que se amplían las
posibilidades temporales y de legitimación.
Según el art. 62 del Código “La persona humana tiene el derecho y el deber de
usar el prenombre y el apellido que le corresponden”.

En cuanto a la elección del nombre, se establecen las siguientes reglas: a)


corresponde a los padres o a las personas a quienes ellos den su autorización para tal fin;
a falta o impedimento de uno de los padres, corresponde la elección o dar la
autorización al otro; en defecto de todos, debe hacerse por los guardadores, el
Ministerio Público o el funcionario del Registro del Estado Civil y Capacidad de las

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Personas; b) no pueden inscribirse más de tres prenombres, ni apellidos como


prenombres, primeros prenombres idénticos a primeros prenombres de hermanos vivos;
tampoco pueden inscribirse prenombres extravagantes; c) pueden inscribirse nombres
aborígenes o derivados de voces aborígenes autóctonas y latinoamericanas.
El hijo matrimonial lleva el primer apellido de alguno de los cónyuges; en caso de
no haber acuerdo, se determina por sorteo realizado en el Registro del Estado Civil y
Capacidad de las Personas. A pedido de los padres, o del interesado con edad y madurez
suficiente, se puede agregar el apellido del otro. Todos los hijos de un mismo
matrimonio deben llevar el apellido y la integración compuesta que se haya decidido
para el primero de los hijos.
El hijo extramatrimonial con un solo vínculo filial lleva el apellido de ese
progenitor. Si la filiación de ambos padres se determina simultáneamente, se aplica la
solución del párrafo precedente. Si la segunda filiación se determina después, los padres
acuerdan el orden; a falta de acuerdo, el juez dispone el orden de los apellidos, según el
interés superior del niño.
La persona menor de edad sin filiación determinada, es decir, los casos de hijos no
reconocidos por ninguno de sus padres, debe ser anotada por el oficial del Registro del
Estado Civil y Capacidad de las Personas con el apellido que está usando, o en su
defecto, con un apellido común. La persona con edad y grado de madurez suficiente que
carezca de apellido inscripto puede pedir la inscripción del que está usando.
En cuanto a los cónyuges, cualquiera de ellos puede optar por usar el apellido del
otro, con la preposición “de” o sin ella. La persona divorciada o cuyo matrimonio ha
sido declarado nulo, no puede usar o seguir usando el apellido del cónyuge, salvo que,
por motivos razonables, el juez la autorice a conservarlo. A su vez, el cónyuge viudo
puede seguir usando el apellido del otro cónyuge mientras no contraiga nuevas nupcias,
ni forme una unión convivencial.

Respecto de los hijos adoptivos, las reglas del nombre dependerán del tipo de
adopción. En la adopción plena, rigen las siguientes reglas: a) si se trata de una
adopción unipersonal, el hijo adoptivo lleva el apellido del adoptante; si el adoptante
tiene doble apellido, puede solicitar que éste sea mantenido; b) si se trata de una
adopción conjunta, se aplican las reglas generales relativas al apellido de los hijos
matrimoniales; c) excepcionalmente, y fundado en el derecho a la identidad del
adoptado, a petición de parte interesada, se puede solicitar agregar o anteponer el

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apellido de origen al apellido del adoptante o al de uno de ellos si la adopción es


conjunta; d) en todos los casos, si el adoptado cuenta con la edad y grado de madurez
suficiente, el juez debe valorar especialmente su opinión (art. 626). La adopción simple,
a falta de petición expresa, se rige por las mismas reglas de la adopción plena, pero el
adoptado que cuenta con la edad y grado de madurez suficiente, o los adoptantes,
pueden solicitar se mantenga el apellido de origen, sea adicionándole o anteponiéndole
el apellido del adoptante o uno de ellos (art. 627 inc. d). En la adopción de integración,
el adoptado mantiene el apellido de origen, pues en esta adopción siempre se mantiene
el vínculo filiatorio y todos sus efectos entre el adoptado y su progenitor de origen,
cónyuge o conviviente del adoptante (art. 630).
Uno de los caracteres del prenombre y del apellido es su inmutabilidad. Una vez
inscripto ya no puede cambiarse. Pero el principio de inmutabilidad no es absoluto y en
ciertos casos excepcionales puede admitirse el cambio, modificación o supresión del
nombre de una persona. La regla es que existan justos motivos para ello y, en ciertos
casos, además, autorización judicial. Los casos donde se requiere la convergencia de
justos motivos y autorización judicial son, entre otros, los referidos a: a) el seudónimo,
cuando hubiese adquirido notoriedad; b) la raigambre cultural, étnica o religiosa; c) la
afectación de la personalidad de la persona interesada, cualquiera sea su causa, siempre
que se encuentre acreditada. Se consideran justos motivos, y no requieren intervención
judicial, el cambio de prenombre por razón de identidad de género y el cambio de
prenombre y apellido por haber sido víctima de desaparición forzada, apropiación ilegal
o alteración o supresión del estado civil o de la identidad (art. 69). Todo proceso judicial
de cambio de prenombre o apellido deben tramitar por el proceso más abreviado que
prevea la ley local, con intervención del Ministerio Público.

La ley otorga protección al nombre de las personas y así a quien le fuere


desconocido el uso de su nombre, podrá demandar su reconocimiento y pedir se prohíba
toda futura impugnación por quien lo niega, ello mediante una acción de reclamación
del nombre. Si el nombre que pertenece a una persona fuese usado por otra para su
propia designación, ésta podrá ser demandada para que cese en el uso indebido. Cuando
fuere utilizado maliciosamente para la designación de cosas o personajes de fantasía y
cause perjuicio moral o material, podrá también demandarse el cese del uso, todo ello a
través de la acción de impugnación del nombre. En todos los casos puede demandarse la
reparación de los daños y el juez puede disponer la publicación de la sentencia. Las

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acciones pueden ser ejercidas exclusivamente por el interesado; si ha fallecido, por sus
descendientes, cónyuge o conviviente, y a falta de éstos, por los ascendientes o
hermanos (art. 71).
Asimismo, el art. 72 reconoce al titular de un seudónimo notorio las mismas
acciones de protección que resguardan al nombre. Además el art. 3 de la ley 11.729 de
propiedad intelectual, dispone que “los autores que empleen seudónimos podrán
registrarlos adquiriendo la propiedad de los mismos”. Para brindar tal protección, la
norma requiere que el seudónimo haya adquirido notoriedad (art. 23 ley 11.729). De
esta manera el titular del seudónimo puede impedir que otra persona utilice la misma
denominación como si fuera propia.
B) Estado. El estado de una persona es la posición jurídica que ella ocupa dentro de la
sociedad o con relación a un grupo de pertenencia como su familia. Está constituido por
distintas cualidades (Ej.: ser argentino o extranjero, casado, soltero, conviviente, mayor
o menor de edad, varón o mujer, civil o militar, etc.).
El Estado Civil. En nuestro derecho la expresión “estado civil” se utiliza para
determinar la posición jurídica de una persona dentro del grupo familiar (casado,
soltero, conviviente, viudo, hijo, primo, tío, etc.).
Prueba del Estado Civil. El estado de una persona determina una serie de derechos y
obligaciones (por ej., para probar el estado de casado, deberá probarse la existencia del
matrimonio). Para probar estos hechos constitutivos del estado civil, se crean los
Registros correspondientes en los cuales consta la realización de los matrimonios, los
nacimientos, las defunciones, etc.
Organización del Registro Civil. Ley 26.413 (B.O. 8/10/08) organiza el Registro de
Estado Civil y Capacidad de las Personas.
Todos los actos y hechos que den origen y modifiquen al estado civil y la
capacidad de las personas, deberán inscribirse en los correspondientes registros
provinciales, de la Nación y de la C.A.B.A., que llevarán en doble ejemplar los
siguientes libros: de nacimientos, de matrimonios, de defunciones, de reconocimientos y
de incapacidades. Las adopciones simples se inscribirán por nota de referencia con
relación a inscripciones de nacimiento, transcribiéndose la parte dispositiva de la
sentencia, lugar, fecha, juzgado y carátula del expediente. En las adopciones plenas, se
inmovilizará el acta de nacimiento original por nota marginal y se hará una nueva
inscripción de nacimiento en los libros con todos los recaudos correspondientes.

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Los testimonios, copias, certificados, libretas de familia u otros documentos


expedidos por los Registros que correspondan a inscripciones registradas en sus libros y
que lleven la firma del oficial público y sello de la oficina respectiva, son instrumentos
públicos y crean la presunción legal de la verdad de su contenido en los términos
prescritos por el Código Civil.
Las inscripciones sólo podrán ser modificadas por orden judicial. Por excepción,
el director del Registro Civil podrá, de oficio o a petición de parte, ordenar la
modificación de dichas inscripciones, cuando compruebe omisiones o errores materiales
en las inscripciones de sus libros de fácil comprobación, que surjan evidentes del propio
texto o de su cotejo con otros instrumentos públicos, previo dictamen legal y mediante
resolución fundada.
La ley crea el Consejo Federal de Registros del Estado Civil y Capacidad de las
Personas de la República Argentina, el que estará integrado por los directores generales
de todas las provincias y de la C.A.B.A. y por un representante del Registro Nacional de
las Personas. El Consejo tendrá por finalidad: a) Vincular la relación funcional de todos
los registros civiles del país; b) Intercambiar experiencias entre todas las direcciones
generales; c) Establecer y unificar criterios sobre la interpretación e implementación de
la legislación vigente en materia registral; d) Actuar de nexo en las relaciones ante el
Registro Nacional de las Personas y los organismos nacionales e internacionales que
tengan vinculación por su actividad; e) Propender a la creación de la carrera de
registrador civil.
C) Capacidad. Distinguimos la capacidad de derecho y la capacidad de ejercicio: la
primera se vincula a la titularidad y al goce de los derechos por la persona humana; la
segunda a la posibilidad de ejercerlos por sí misma. La capacidad o incapacidad resulta
indisponible para los particulares, quienes no pueden modificarla, ya sea para ampliarla
o para restringirla, pues es una materia que interesa al orden público (art. 12).
1) Capacidad de derecho. La capacidad de derecho es la aptitud de toda persona
humana para ser titular de derechos y deberes jurídicos. La ley puede privar o limitar
esta capacidad respecto de hechos, simples actos, o actos jurídicos determinados (art.
22). Por ello, quien no goza de un derecho determinado, tiene una incapacidad de
derecho, y no puede ser el titular de él25, de donde se sigue que la capacidad es la regla

25
Salvat, Raimundo; Tratado de Derecho Civil Argentino. Parte General, tomo I, 9na. ed. act. por Víctor
N. Romero del Prado, Tipográfica Editora Argentina, Bs. As., 1950, p. 407.

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y la incapacidad es la excepción, y que no hay otras incapacidades que las expresamente


establecidas por la ley.
Limitaciones a la capacidad de derecho. Las incapacidades de derecho se instituyen en
protección de ciertos intereses de la persona, pero nunca de modo general pues ello
significaría negar el concepto de sujeto de derecho propio de la persona humana.
Además estas puntuales limitaciones, calificadas como incapacidades de derecho, son
establecidas por ley en relación a algunos “hechos, simples actos o actos jurídicos
determinados”, y se fundan en la protección del orden público; por ello, en estos casos,
“la incapacidad que ostenta la persona no puede ser suplida por la actuación o
intermediación de otra, tal como sí ocurre, en cambio, en la incapacidad de hecho”. 26 La
incapacidad de derecho es siempre relativa, referida a uno o más derechos
determinados: “las incapacidades de derecho reposan siempre sobre una prohibición de
la ley, la cual se funda a su vez en el orden público”.27 La incapacidad de derecho
nunca es absoluta, es decir que la prohibición legal de ser titular no puede comprender a
todos los derechos, y estará referida a un derecho determinado pero nunca a todos ellos.
A título ejemplificativo constituyen incapacidades de derecho que impiden contratar: 1)
Con personas determinadas: los esposos entre sí bajo el régimen de comunidad (art.
1002 inc. d); los tutores no pueden celebrar contrato alguno con el pupilo, aunque haya
cesado la incapacidad, antes de la aprobación judicial de la cuenta final (art. 120); los
curadores no pueden adquirir los bienes del incapaz; (art. 138); los progenitores no
pueden hacer contrato alguno con el hijo que está bajo su responsabilidad, excepto lo
dispuesto para las donaciones sin cargo previstas en el art. 1549. Tampoco pueden, ni
aun con autorización judicial, comprar bienes de su hijo ni constituirse en cesionarios de
créditos, derechos o acciones contra su hijo; ni obligar a su hijo como fiadores de ellos o
de terceros. (art. 689). No pueden suceder por testamento: los tutores y curadores a sus
pupilos, si éstos mueren durante la tutela o curatela o antes de ser aprobadas las cuentas
definitivas de la administración; el escribano y los testigos ante quienes se haya
otorgado el testamento, por el acto en el cual han intervenido; los religiosos o líderes
espirituales de cualquier culto que hayan asistido al causante en su última enfermedad
(art. 2482); 2) Respecto de cosas determinadas: los jueces, funcionarios y auxiliares de

26
Fernández, Silvia E.; “Comentarios a los arts. 22 a 50” en Código Civil y Comercial de la Nación
Comentado; Marisa Herrera, Gustavo Caramelo y Sebastián Picasso (Directores). Edic. Infojus, Tomo I,
Bs. As., 2015, p. 56.
27
Salvat, Raimundo; op. cit., pp. 409/410.

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la justicia, los árbitros y mediadores, y sus auxiliares, los abogados y procuradores,


respecto de bienes relacionados con procesos en los que intervienen o han intervenido
(art. 1002 incs. b y c); los albaceas que no son herederos no pueden celebrar contrato de
compraventa sobre los bienes de las testamentarias que estén a su cargo (art. 1002 in
fine); 3) A los comerciantes fallidos (en quiebra) sobre los bienes que correspondan a la
masa concursal, ya que la quiebra impone el desapoderamiento legal de los mismos, etc.
No pueden contratar, en interés propio o ajeno, por sí o por terceros, según sea el caso,
los que están impedidos para hacerlo conforme a disposiciones especiales, en este caso,
la Ley de Quiebras 24.522 (art. 1001).
2) Capacidad de ejercicio. Es la aptitud para ejercer por sí mismo los derechos o
contraer por sí obligaciones. “Toda persona humana puede ejercer por sí misma sus
derechos, salvo las limitaciones expresamente previstas en el Código o en una sentencia
judicial” (art. 23).
El Código de esta manera introduce en forma expresa el principio de capacidad de
ejercicio de la persona, de donde resulta que la capacidad es la regla y la incapacidad la
excepción. La referencia a las “limitaciones expresamente previstas” en el Código o en
una sentencia judicial, comprende la situación de niños, niñas y adolescentes que no
presenten las condiciones de edad y madurez suficiente (que luego introduce el art. 26),
así como también la de las personas mayores de edad que pueden sufrir restricciones a
su capacidad jurídica impuestas en una sentencia judicial.
Tradicionalmente se han justificado las incapacidades de hecho o de ejercicio en
la protección del sujeto, en virtud de ciertas condiciones de la persona (la minoría de
edad y la condición de salud mental) que la tornan vulnerable frente a terceros,
exponiéndola a los riesgos de perjuicios o de abusos. Así, la restricción a la capacidad
aparece fundada en la protección de la persona por el ordenamiento, auxiliando la
celebración y ejecución de los actos a través de mecanismos de asistencia. De allí surge
la figura del representante de la persona impedida de obrar; en el caso de los menores de
edad, sus representantes legales -padres o tutores-, y en el de las personas mayores de
edad, su curador.
El nuevo Código incorpora como principio la regla de la capacidad de ejercicio:
toda persona puede ejercer por sí los actos jurídicos, con las solas excepciones
establecidas en la norma, principio que se aplica tanto a los menores de edad como a las
personas con discapacidad intelectual o psicosocial. En el caso de los menores, el

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principio de capacidad está a tono con los postulados de la Convención de los Derechos
del Niño, que parte de considerar a estos como sujetos de derecho y de la necesidad de
orientación por parte de los adultos responsables para el ejercicio de sus derechos,
delineando su autonomía progresiva en relación a los actos concretos a ejecutar por el
niño (art. 5 CDN; art. 3 ley 26.061). En cuanto a las personas mayores con discapacidad
psicosocial y/o intelectual, el principio de ejercicio de la capacidad concuerda con las
normas internacionales, en especial con la Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad, ley 26.378, particularmente con su art. 12, que sienta el
principio de capacidad jurídica de las personas con discapacidad; así como con el plexo
normativo nacional preexistente a partir de la Ley 26.657 de Salud Mental, en particular
sus arts. 3, 5 y concordantes.
El principio de la capacidad, a su vez, tiene reconocimiento expreso en el Código:
así al reconocer la posibilidad de ejercicio de actos por las personas menores de edad,
conforme su autonomía progresiva en relación al acto concreto de que se trate (art. 5
CDN; arts. 25, 26, 100 y ccts. CCyCN) y al regular el principio de capacidad para las
personas mayores de edad, con las concretas limitaciones que puedan surgir de una
sentencia judicial al determinar restricciones al ejercicio de dicha capacidad (arts. 32, 38
y ccts. CCyCN).28
a.- Menores de edad y adolescentes. La directiva general del Código conforme su art.
26 es que la persona menor de edad ejerce sus derechos a través de sus representantes
legales; no obstante, la que cuenta con edad y grado de madurez suficiente puede ejercer
por sí los actos que le son permitidos por el ordenamiento jurídico. Tiene derecho a ser
oída en todo proceso judicial que le concierne así como a participar en las decisiones
sobre su persona, y se presume que entre los 13 y los 16 años tiene aptitud para decidir
por sí respecto de los tratamientos que no resultan invasivos, ni comprometen su salud o
provocan un riesgo grave en su vida o integridad física. Asimismo, a partir de los 16
años el adolescente es considerado como un adulto para las decisiones atinentes al
cuidado de su propio cuerpo.
b.- Mayores de edad: restricciones a la capacidad. El art. 31 del Código diseña el
régimen de restricciones a la capacidad de los mayores de edad. En el régimen
derogado, las personas mayores de edad que, por razones de salud mental, corrieran el
riesgo de otorgar actos perjudiciales a su persona y/o patrimonio podían ser declaradas

28
Fernández, Silvia E.; “Comentarios a los arts. 22 a 50”. Op. cit., pp. 57-58.

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incapaces para todos los actos de la vida civil. Esa declaración de interdicción traía
aparejada la designación de un curador para la celebración de todos los actos del
interdicto. La ley 17.711 incorporó la figura de la inhabilitación para las personas cuya
afectación mental no resultara tan gravosa (los “disminuidos en sus facultades
mentales”), la que si bien consideraba al enfermo como una persona capaz, exigía la
intervención de un curador para asistir al inhábil en la celebración de sus actos.
Mucho tiempo después se sancionó la Ley de Salud Mental -LSM- Nº 26.657
(B.O. 3/12/2010), que regula el derecho a la protección de la salud mental. Esta ley fue
la consecuencia del impacto de la doctrina de los derechos humanos en su aplicación a
las cuestiones vinculadas a la capacidad jurídica de las personas mayores de edad, y
reconoce dos condicionantes para su sanción: la Convención Interamericana para la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Personas con
Discapacidad (Ley 25.280, B.O. 4/08/2000) y la Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad CDPD (Ley 26.378, B.O. 9/06/2008). Esta última
convención constituye el primer tratado de consenso universal que aborda los derechos
de las personas con discapacidad desde la perspectiva de derechos humanos, y que
adopta el modelo social de la discapacidad. Este modelo importa un giro trascendental
en la condición de las personas con discapacidad ya que deja de considerarlas
portadoras de una patología que las “discapacita” y enfoca la cuestión en el escenario
social, “inadecuadamente preparado para su pleno desarrollo”. Tanto la convención de
la ONU (art. 12) como la Ley 26.657 (arts. 3 y 5) parten de la regla de reconocer la
capacidad de todas las personas, resultando su eventual discapacidad de las taxativas
disposiciones que así lo justifiquen, como así también que las personas con
discapacidad tienen capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las demás en
todos los aspectos de la vida.29
Bajo tal marco jurídico, el Código estipula en su art. 31 diversas directivas
generales en la materia. Tales principios son:
a) La capacidad general de ejercicio de la persona humana se presume, aun cuando se
encuentre internada en un establecimiento asistencial. La presunción exige un proceso
en el que debe probarse rigurosamente la situación contraria para permitir cualquier
restricción a la capacidad. No puede asimilarse internación con incapacidad, y ninguna

29
Fernández, Silvia E.; “Comentarios a los arts. 22 a 50”. Op. cit., pp. 79-81.

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internación puede implicar el cercenamiento de la capacidad de la persona o la


afectación de sus derechos personalísimos.
b) Las limitaciones a la capacidad son de carácter excepcional y se imponen siempre
en beneficio de la persona. La capacidad restringida supone que la persona conserva su
capacidad, la cual es limitada solo para determinados actos. La salud mental es
entendida como un proceso determinado por componentes históricos, socio-
económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento
implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos
humanos y sociales de toda persona (art. 3, ley 26.657). La referencia al “beneficio de la
persona”, da cuenta de que en ningún caso la restricción de la capacidad jurídica puede
tener otro fin que el respeto de sus derechos y la promoción de la autonomía personal,
conforme al art. 43 que, al definir las funciones de las figuras de apoyo designadas en
favor de la persona con capacidad restringida, señala: “promover la autonomía y
favorecer las decisiones que respondan a las preferencias de la persona”. En
concordancia con este principio, el art. 12 de la CDPD establece la obligación del
Estado de asegurar que “las medidas relativas al ejercicio de la capacidad jurídica
respeten los derechos, la voluntad y las preferencias de la persona”.
c) La intervención estatal tiene siempre carácter interdisciplinario, tanto en el
tratamiento como en el proceso judicial. El art. 3 de la LSM expresa que “se reconoce a
la salud mental como un proceso determinado por componentes históricos, socio-
económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento
implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos
humanos y sociales de toda persona”. De tal modo, no es atributo ni poder exclusivo de
la ciencia médico psiquiátrica la calificación de la existencia o ausencia de salud mental,
requiriéndose por el contrario intervenciones de carácter interdisciplinario. El concepto
se completa con el art. 5 de la LSM que señala: “La existencia de diagnóstico en el
campo de la salud mental no autoriza en ningún caso a presumir riesgo de daño o
incapacidad, lo que sólo puede deducirse a partir de una evaluación interdisciplinaria de
cada situación particular en un momento determinado”. Como afirma Fernández, la
necesidad de un abordaje interdisciplinario que pone en pie de igualdad a psiquiatras,
psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros y terapistas ocupacionales ha sido uno de
los aspectos más polémicos de la LSM 26.657; sin embargo, ello no implica poner en
juego las incumbencias de cada una de estas profesiones, aunque sí la hegemonía de

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algunas, fundamentalmente de la psiquiatría. Así, el eje del tratamiento en salud mental


deja de ser el psiquiatra y, acorde con el modelo social de la discapacidad, pasa a ser el
equipo interdisciplinario.30
d) La persona tiene derecho a recibir información a través de medios y tecnologías
adecuadas para su comprensión. Para visualizar los alcances de esta disposición, se
puede recurrir al contenido del término “comunicación” prevista en el art. 2 de la CDPD
(Ley 26.378) que: “incluirá los lenguajes, la visualización de textos, el Braille, la
comunicación táctil, los macrotipos, los dispositivos multimedia de fácil acceso, así
como el lenguaje escrito, los sistemas auditivos, el lenguaje sencillo, los medios de voz
digitalizada y otros modos, medios y formatos aumentativos o alternativos de
comunicación, incluida la tecnología de la información y las comunicaciones de fácil
acceso. Por ‘lenguaje’ se entenderá tanto el lenguaje oral como la lengua de señas y
otras formas de comunicación no verbal”. Ello a su vez concuerda con lo previsto en la
LSM en cuanto al “derecho a ser informado de manera adecuada y comprensible de los
derechos que lo asisten, y de todo lo inherente a su salud y tratamiento, según las
normas del consentimiento informado, incluyendo las alternativas para su atención, que
en el caso de no ser comprendidas por el paciente se comunicarán a los familiares,
tutores o representantes legales” (art. 7 inc. j).
e) La persona tiene derecho a participar en el proceso judicial con asistencia letrada,
que debe ser proporcionada por el Estado si carece de medios. La garantía del debido
proceso y el derecho de defensa en juicio, ambos de jerarquía constitucional, imponen
que la persona pueda intervenir con asistencia letrada desde el inicio del proceso
judicial.31 En caso de carecer de medios, la asistencia letrada deberá ser proporcionada
por el Estado. Esta disposición concuerda con lo establecido en el segundo párrafo del
art. 36 del Código.
f) Deben priorizarse las alternativas terapéuticas menos restrictivas de los derechos y
libertades. Esta disposición es acorde a lo prescripto en el art. 7 inc. d) de la LSM que
para toda persona con discapacidad mental dispone que tiene “derecho a recibir
tratamiento y a ser tratado con la alternativa terapéutica más conveniente, que menos
restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la integración familiar, laboral y
comunitaria”.

30
Fernández, Silvia E.; “Comentarios a los arts. 22 a 50”. Op. cit., p. 83.
31
Olmo, Juan Pablo. “Capacidad” en Código Civil y Comercial de la Nación Comentado, Julio César Rivera
y Graciela Medina (Directores), Tomo I, La Ley, Buenos Aires, 2014, p. 155.

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Limitaciones a la capacidad de ejercicio. Ejercer un derecho significa ponerlo en


ejecución, y quien lo ejerce puede disponer libremente de él. Cuando una persona
humana goza de un derecho, pero no puede ejercerlo por sí misma, lo afecta una
incapacidad de ejercicio y solo puede ejercer sus derechos por medio de sus
representantes.
Distinguimos así por un lado la incapacidad de ejercicio, y por el otro las
restricciones a la capacidad de ejercicio de los derechos. La primera resulta cuando
para la persona humana queda prohibido o le resulta imposible ejercer por sí misma
todos sus derechos. Es también la que inhabilita a la persona para el ejercicio de todos
sus derechos. La segunda sucede cuando la capacidad está limitada a determinados
actos, los cuales deben ser establecidos por ley. Es la que incapacita a la persona para
realizar ciertos actos, o la que establece condiciones para su ejercicio.

2.1. Personas incapaces de ejercicio (art. 24). Son incapaces de ejercicio: a) la persona
por nacer; b) la persona que no cuenta con la edad y grado de madurez suficiente
(menores de edad); c) la persona declarada incapaz por sentencia judicial, en la
extensión dispuesta en esa decisión.

2.2. Personas con capacidad restringida y con incapacidad. El juez puede restringir la
capacidad para determinados actos de una persona mayor de 13 años (adolescente) que
padece una adicción o una alteración mental permanente o prolongada, de suficiente
gravedad, siempre que estime que del ejercicio de su plena capacidad puede resultar un
daño a su persona o a sus bienes. En relación con dichos actos, el juez debe designar el
apoyo necesario que prevé el art. 43, especificando las funciones con los ajustes
razonables en función de las necesidades y circunstancias de la persona. El o los apoyos
designados deben promover la autonomía y favorecer las decisiones que respondan a las
preferencias de la persona protegida. Por excepción, cuando la persona se encuentre
absolutamente imposibilitada de interaccionar con su entorno y expresar su voluntad por
cualquier modo, medio o formato adecuado y el sistema de apoyos resulte ineficaz, el
juez puede declarar la incapacidad y designar un curador (art. 32).
Pueden solicitar la declaración de incapacidad y de capacidad restringida
(legitimados): a) el propio interesado; b) el cónyuge no separado de hecho y el
conviviente mientras la convivencia no haya cesado; c) los parientes consanguíneos
dentro del cuarto grado; si fueran por afinidad, dentro del segundo grado; d) el
Ministerio Público.
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Durante el proceso, el juez debe ordenar las medidas necesarias para garantizar los
derechos personales y patrimoniales de la persona. En tal caso, la decisión debe
determinar qué actos requieren la asistencia de uno o varios apoyos, y cuáles la
representación de un curador. También puede designar redes de apoyo y personas que
actúen con funciones específicas según el caso (art. 34). Asimismo el juez debe
entrevistar personalmente al interesado antes de dictar resolución alguna (principio de
inmediatez durante el proceso). El Ministerio Público y, al menos, un letrado que preste
asistencia al interesado, deben estar presentes en las audiencias (art. 35). La persona en
cuyo interés se lleva adelante el proceso es parte; puede aportar todas las pruebas que
hacen a su defensa y si ha comparecido sin abogado, se le debe nombrar uno para que la
represente y le preste asistencia letrada en el juicio. La persona que solicitó la
declaración puede aportar toda clase de pruebas para acreditar los hechos invocados
(art. 36).
La sentencia debe recabar en forma imprescindible y previa el dictamen de un
equipo interdisciplinario, y se debe pronunciar sobre los siguientes aspectos vinculados
a la persona en cuyo interés se sigue el proceso: a) diagnóstico y pronóstico; b) época en
que la situación se manifestó; c) recursos personales, familiares y sociales existentes; d)
régimen para la protección, asistencia y promoción de la mayor autonomía posible (art.
37). También debe determinar la extensión y alcance de la restricción y especificar las
funciones y actos que se limitan, procurando que la afectación de la autonomía personal
sea la menor posible. Asimismo, debe designar una o más personas de apoyo o
curadores de acuerdo a lo establecido en el art. 32 del Código y señalar las condiciones
de validez de los actos específicos sujetos a la restricción con indicación de la o las
personas intervinientes y la modalidad de su actuación (art. 38). Una vez dictada, la
sentencia debe ser inscripta en el Registro Civil y se debe dejar constancia al margen del
acta de nacimiento. Desaparecidas las restricciones, se procede a la inmediata
cancelación registral (art. 39). La revisión de la sentencia declarativa puede realizarse en
cualquier momento, a instancias del interesado. En el supuesto de personas con
capacidad restringida y con incapacidad (previsto en el art. 32), la sentencia debe ser
revisada por el juez aun sin petición de parte, en un plazo no superior a 3 años, sobre la
base de nuevos dictámenes interdisciplinarios y mediando la audiencia personal con el
interesado, siendo deber del Ministerio Público fiscalizar el cumplimiento efectivo del

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pedido de revisión judicial e instar, en su caso, a que ésta se lleve a cabo si el juez no la
hubiere efectuado en el plazo establecido (art. 40).
Internación. La internación sin consentimiento de una persona, tenga o no restringida su
capacidad, procede sólo si se cumplen los recaudos previstos en la legislación especial y
las reglas generales establecidas en el Código. En particular: a) debe estar fundada en
una evaluación de un equipo interdisciplinario de acuerdo a lo dispuesto en el art. 37,
que señale los motivos que la justifican y la ausencia de una alternativa eficaz menos
restrictiva de su libertad; b) sólo procede ante la existencia de riesgo cierto e inminente
de un daño de entidad para la persona protegida o para terceros; c) es considerada un
recurso terapéutico de carácter restrictivo y por el tiempo más breve posible; debe ser
supervisada periódicamente; d) debe garantizarse el debido proceso, el control judicial
inmediato y el derecho de defensa mediante asistencia jurídica; e) la sentencia que
aprueba la internación debe especificar su finalidad, duración y periodicidad de la
revisión.
Toda persona con padecimientos mentales, se encuentre o no internada, goza de
los derechos fundamentales y sus extensiones (art. 41).
Traslado dispuesto por autoridad pública. Evaluación e internación. La autoridad
pública puede disponer el traslado de una persona cuyo estado no admita dilaciones y se
encuentre en riesgo cierto e inminente de daño para sí o para terceros, a un centro de
salud para su evaluación. En este caso, si fuese admitida la internación, debe cumplirse
con los plazos y modalidades establecidos en la legislación especial, en el caso, la LSM
26.657. Las fuerzas de seguridad y servicios públicos de salud deben prestar auxilio
inmediato.
Según la LSM, las internaciones se clasifican en voluntarias e involuntarias,
siendo determinante la existencia del consentimiento de la persona y su mantenimiento
durante la internación, pues cuando este se pierde, la medida se torna involuntaria.
También se torna involuntaria la internación consentida en su origen, transcurrido el
plazo de 60 días (art. 18 LSM).
A partir de la vigencia de la Ley 26.657, la internación de las personas ya no
puede ser ordenada judicialmente, ya que el ingreso de una persona al ámbito
hospitalario para el tratamiento de su afección solo puede ser determinado por el equipo
interdisciplinario sanitario, previa evaluación de la existencia de riesgo cierto e
inminente -en caso de internaciones involuntarias- o previo consentimiento informado

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del paciente -en caso de internación voluntaria-. De tal modo, ya no resulta legalmente
válido que un juez ordene la internación de una persona, mecanismo que solo es viable,
por necesario, en caso de que las autoridades sanitarias se nieguen a recibir a la persona
(art. 20 Ley 26.657). El rol de la justicia en este nuevo escenario es el control de la
internación, que abarca el de su fundamentación o justificación, motivos legítimos,
condiciones, duración y revisión periódica.32
Sistemas de apoyo al ejercicio de la capacidad. Se entiende por apoyo cualquier medida
de carácter judicial o extrajudicial que facilite a la persona que lo necesite la toma de
decisiones para dirigir su persona, administrar sus bienes y celebrar actos jurídicos en
general. Las medidas de apoyo tienen como función la de promover la autonomía y
facilitar la comunicación, la comprensión y la manifestación de voluntad de la persona
para el ejercicio de sus derechos. El interesado puede proponer al juez la designación de
una o más personas de su confianza para que le presten apoyo. El juez debe evaluar los
alcances de la designación y procurar la protección de la persona respecto de eventuales
conflictos de intereses o influencia indebida. La resolución debe establecer la condición
y la calidad de las medidas de apoyo y, de ser necesario, ser inscripta en el Registro de
Estado Civil y Capacidad de las Personas (art. 43).
Actos realizados por persona incapaz o con capacidad restringida. Los actos de la
persona incapaz o con capacidad restringida que contrarían lo dispuesto en la sentencia,
posteriores a su inscripción en el Registro Civil, son nulos. Los actos anteriores a la
inscripción de la sentencia pueden ser declarados nulos, si perjudican a la persona
incapaz o con capacidad restringida, y se cumple alguno de los siguientes extremos: a)
la enfermedad mental era ostensible a la época de la celebración del acto; b) quien
contrató con él era de mala fe; c) el acto es a título gratuito. Si la persona falleciera
luego de otorgar actos entre vivos anteriores a la inscripción, estos no pueden
impugnarse, excepto que la enfermedad mental resulte del acto mismo, que la muerte
haya acontecido después de promovida la acción para la declaración de incapacidad o
capacidad restringida, que el acto sea a título gratuito, o que se pruebe que quien
contrató con ella actuó de mala fe (arts. 44 y 45).
Cese de la incapacidad y de las restricciones a la capacidad. El cese de la incapacidad o
de la restricción a la capacidad debe decretarse por el juez que la declaró, previo
examen de un equipo interdisciplinario integrado conforme a las pautas del art. 37, que

32
Fernández, Silvia E.; “Comentarios a los arts. 22 a 50”. Op. cit., p. 107.

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dictamine sobre el restablecimiento de la persona. Si el restablecimiento no fuera total,


el juez puede ampliar los actos que la persona puede realizar por sí o con la asistencia
de su curador o apoyo (art. 47). Desaparecidas las restricciones, se procede a la
inmediata cancelación registral (art. 39).
2.3. Personas inhabilitadas. Pródigos (arts. 48 a 50). Pueden ser inhabilitados quienes
por la prodigalidad en la gestión de sus bienes expongan a su cónyuge, conviviente o a
sus hijos menores de edad o con discapacidad a la pérdida del patrimonio. A estos fines,
se considera persona con discapacidad, a toda persona que padece una alteración
funcional permanente o prolongada, física o mental, que en relación a su edad y medio
social implica desventajas considerables para su integración familiar, social,
educacional o laboral. La acción sólo corresponde al cónyuge, conviviente y a los
ascendientes y descendientes.
La declaración de inhabilitación importa la designación de un apoyo, que debe
asistir al inhabilitado en el otorgamiento de actos de disposición entre vivos y en los
demás actos que el juez fije en la sentencia.
El cese de la inhabilitación se decreta por el juez que la declaró, previo examen
interdisciplinario que dictamine sobre el restablecimiento de la persona. Si el
restablecimiento no fuera total, el juez puede ampliar los actos que la persona puede
realizar por sí o con apoyo.
Protección y representación de los incapaces. Los derechos del incapaz son ejercidos
por otras personas, que lo representan y obran en su nombre. Dice el art. 26: “La
persona menor de edad ejerce sus derechos a través de sus representantes legales”. La
regla general en materia de incapacidad es fijada por el art. 100 que expresa: “Las
personas incapaces ejercen por medio de sus representantes los derechos que no pueden
ejercer por sí”. Y en tal sentido, son representantes de los incapaces: a) de las personas
por nacer: sus padres; b) de las personas menores de edad no emancipadas: sus padres.
Si faltan los padres, o ambos son incapaces, o están privados de la responsabilidad
parental, o suspendidos en su ejercicio: el tutor que se les designe; c) de las personas
con capacidad restringida: el o los apoyos designados cuando, conforme a la sentencia,
éstos tengan representación para determinados actos; de las personas incapaces en los
términos del último párrafo del art. 32: el curador que se les nombre (art. 101). Las
personas con capacidad restringida y las inhabilitadas son asistidas por los apoyos
designados en la sentencia respectiva y en otras leyes especiales.

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Por otra parte es fundamental la actuación, tanto en el ámbito judicial como


extrajudicial, del Ministerio Público de la Defensa, respecto de personas menores de
edad, incapaces y con capacidad restringida, así como de aquellas cuyo ejercicio de
capacidad requiera de un sistema de apoyos, que puede ser complementaria o principal.
Es complementaria en todos los procesos donde estén en juego intereses de personas
menores de edad, incapaces y con capacidad restringida; la falta de intervención del
Ministerio Público causa la nulidad relativa del acto. Es principal: a) cuando los
derechos de los representados están comprometidos, y existe inacción de los
representantes; b) cuando el objeto del proceso es exigir el cumplimiento de los deberes
a cargo de los representantes; c) cuando carecen de representante legal y es necesario
proveer la representación.
En el ámbito extrajudicial, el Ministerio Público actúa ante la ausencia, carencia o
inacción de los representantes legales, cuando están comprometidos los derechos
sociales, económicos y culturales.
Organización de la representación de los incapaces. La representación y cuidado del
incapaz, ha dado paso a la organización de instituciones de carácter universal: la
responsabilidad parental, la tutela y la curatela. La autoridad encargada de fiscalizar la
acción de los padres, tutores o curadores, es en nuestro país la Secretaría Nacional de
Niñez, Adolescencia y Familia perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social de la
Nación; los sistemas instaurados por la Ley de Protección Integral de los Derechos de
las Niñas, Niños y Adolescentes nº 26.061 (B.O. 26-10-05), y por supuesto los jueces,
quienes además aplican las normas contenidas en la Convención Internacional de
Derechos del Niño (aprobada por Ley 23.849, B.O. 22/10/90), que, como norma
internacional, se ha incorporado al derecho interno argentino desde la reforma
constitucional de 1994 con rango supralegal.
La Ley 26.061 creó con esos fines dos importantes organismos: el “Consejo
Federal de Niñez, Adolescencia y Familia” (art. 45), presidido por el titular de la
Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, cuya función primordial consiste
en concertar y efectivizar políticas de protección integral de los derechos de las niñas,
niños, adolescentes y sus familias, así como ejercer la supervisión y control de las
instituciones privadas de asistencia y protección de derechos; y el “Defensor de los
Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes” (art. 47), cuya designación y remoción es
competencia del Congreso Nacional, quien tiene a su cargo velar por la protección y

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promoción de sus derechos consagrados en la Constitución Nacional, la Convención


sobre los Derechos del Niño y las leyes nacionales.
Dicha ley consagra para los niños, niñas y adolescentes los siguientes principios,
derechos y garantías:
1) Derecho a la vida. Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la vida, a su
disfrute, protección y a la obtención de una buena calidad de vida.
2) Derecho a la dignidad y a la integridad personal. Tienen derecho a la dignidad como
sujetos de derechos y de personas en desarrollo; a no ser sometidos a trato violento,
discriminatorio, vejatorio, humillante, intimidatorio; ni a ninguna forma de explotación
económica, torturas, abusos o negligencias, explotación sexual, secuestros o tráfico.
Tienen derecho a su integridad física, sexual, psíquica y moral. El Estado debe
garantizar programas gratuitos de asistencia y atención integral que promuevan la
recuperación de las niñas, niños y adolescentes.
3) Derecho a la vida privada e intimidad familiar. Estos derechos no pueden ser objeto
de injerencias arbitrarias o ilegales.
4) Derecho a la identidad. Tienen derecho a un nombre, a una nacionalidad, a su lengua
de origen, a saber quiénes son sus padres, a la preservación de sus relaciones familiares
conforme a la ley, a la cultura de su lugar de origen y a preservar su identidad e
idiosincrasia, aun en caso de adopción plena (art. 605). El Estado debe facilitar y
colaborar en la obtención de información de sus padres u otros familiares procurando el
encuentro o reencuentro familiar. Tienen derecho a conocer a sus padres biológicos, y a
crecer y desarrollarse en su familia de origen, a mantener el vínculo personal y directo
con sus padres, aun cuando estuvieran separados. Sólo cuando ello sea imposible, en
forma excepcional, tendrán derecho a vivir, criarse y desarrollarse en una familia
alternativa o adoptiva, de conformidad con la ley.
5) Garantía estatal de identificación. Inscripción en el Registro Civil. Los Organismos
del Estado deben garantizar procedimientos sencillos y rápidos para que los recién
nacidos sean identificados en forma gratuita, obligatoria, oportuna e inmediatamente
después de su nacimiento, estableciendo el vínculo filial con la madre, conforme al
procedimiento previsto en la Ley 24.540 (Régimen de identificación de los recién
nacidos; B.O. 22/09/95).
6) Derecho a la documentación. Las niñas, niños, adolescentes y madres
indocumentadas, tienen derecho a obtener los documentos públicos que comprueben su

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identidad, de conformidad con la normativa vigente y en los términos que establece la


Ley 24.540.
7) Derecho a la salud. Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la atención
integral de su salud, a recibir la asistencia médica necesaria y a acceder en igualdad de
oportunidades a los servicios y acciones de prevención, promoción, información,
protección, diagnóstico precoz, tratamiento oportuno y recuperación de la salud. Toda
institución de salud deberá atender prioritariamente a las niñas, niños y adolescentes y
mujeres embarazadas.
8) Derecho a la educación. Tienen derecho a la educación pública y gratuita, atendiendo
a su desarrollo integral, preparación para el ejercicio de la ciudadanía, formación para la
convivencia democrática y el trabajo, respetando su identidad cultural y lengua de
origen, su libertad de creación y el desarrollo de sus competencias. Tienen derecho al
acceso y permanencia en un establecimiento educativo cercano a su residencia. Por
ninguna causa se podrá restringir el acceso a la educación. Aquellos con capacidades
especiales tienen todos los derechos y garantías reconocidos por la ley, además de los
inherentes a su condición específica.
9) Gratuidad de la educación. La educación pública será gratuita en todos los servicios
estatales, niveles y regímenes especiales, de conformidad con lo establecido en el
ordenamiento jurídico vigente.
10) Prohibición de discriminar por causa de embarazo, maternidad y paternidad. Se
prohíbe a las instituciones educativas públicas y privadas imponer por estas causas
medidas correctivas o sanciones disciplinarias a las niñas, niños y adolescentes. La
mujer privada de su libertad será especialmente asistida durante el embarazo y el parto,
y se le proveerán los medios materiales para la crianza adecuada de su hijo mientras éste
permanezca en el medio carcelario, facilitándose la comunicación con su familia a
efectos de propiciar su integración a ella.
11) Medidas de protección de la maternidad y paternidad. Las medidas que conforman
la protección integral se extenderán a la madre y al padre durante el embarazo, el parto
y al período de lactancia, garantizando condiciones dignas y equitativas para el
adecuado desarrollo de su embarazo y la crianza de su hijo.
12) Derecho a la libertad. Tienen derecho a su libertad personal, sin otros límites que los
establecidos en el ordenamiento jurídico y no pueden ser privados de ella
arbitrariamente. La ubicación del niño o adolescente en un lugar de donde no pueda

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salir por su propia voluntad, debe realizarse conforme a la normativa vigente. Este
derecho también comprende: a) Tener sus propias ideas y creencias religiosas y
ejercerlo bajo la orientación de sus padres o representantes legales; b) Expresar su
opinión en los ámbitos de su vida cotidiana (familia, comunidad y escuela); c) Expresar
su opinión como usuarios de todos los servicios públicos y en todos los procesos
judiciales y administrativos que los involucre.
13) Derecho al deporte y juego recreativo. Los Organismos del Estado con la activa
participación de la sociedad, deben establecer programas que garanticen el derecho de
todas las niñas, niños y adolescentes a la recreación, esparcimiento, juegos recreativos y
deportes, debiendo asegurar programas específicos para aquellos con capacidades
especiales.
14) Derecho al medio ambiente. Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a un
ambiente sano y ecológicamente equilibrado, así como a la preservación y disfrute del
paisaje.
15) Derecho a la dignidad. Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a ser
respetados en su dignidad, reputación y propia imagen. Se prohíbe exponer, difundir o
divulgar datos, informaciones o imágenes que permitan identificar, directa o
indirectamente a los sujetos de esta ley, a través de cualquier medio de comunicación o
publicación en contra de su voluntad y la de sus padres, representantes legales o
responsables, cuando se lesionen su dignidad o la reputación de las niñas, niños y
adolescentes o que constituyan injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada o
intimidad familiar.
16) Derecho de libre asociación. Tienen derecho de asociarse libremente con otras
personas, con fines sociales, culturales, deportivos, recreativos, religiosos, políticos,
laborales o de cualquier otra índole, siempre que sean de carácter lícito y de
conformidad a la legislación vigente. Este derecho comprende, especialmente, el
derecho a:
17) Derecho a opinar y a ser oído. Este derecho se extiende a todos los ámbitos en que
se desenvuelven las niñas, niños y adolescentes; entre ellos, al ámbito estatal, familiar,
comunitario, social, escolar, científico, cultural, deportivo y recreativo.
18) Derecho al trabajo de los adolescentes. El Estado garantiza y reconoce su derecho a
trabajar con los límites que imponen la legislación vigente y los convenios
internacionales sobre erradicación del trabajo infantil, debiendo ejercer la inspección del

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trabajo contra la explotación laboral. Este derecho podrá limitarse solo cuando la
actividad laboral importe riesgo para el desarrollo, la salud física, mental o emocional
de los adolescentes. El Estado, la sociedad y en particular las organizaciones sindicales
coordinarán esfuerzos para erradicar el trabajo infantil y limitar todo trabajo que aun
siendo legal impida o afecte su proceso evolutivo.
19) Derecho a la seguridad social. Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a
obtener los beneficios de la seguridad social. Los Organismos del Estado deberán
establecer políticas y programas de inclusión para las niñas, niños y adolescentes, que
consideren los recursos y la situación de los mismos y de las personas que sean
responsables de su mantenimiento.
20) Garantías en procedimientos judiciales o administrativos. El Estado debe garantizar
en cualquier proceso judicial o administrativo que los afecte, además de todos los
derechos contemplados en la CN, la Convención sobre Derechos del Niño, en los
tratados internacionales ratificados por el país, y en las leyes que se dicten, los
siguientes derechos y garantías: a) A ser oído ante la autoridad competente cada vez que
así lo solicite; b) A que su opinión sea tomada primordialmente en cuenta al momento
de arribar a una decisión que lo afecte; c) A ser asistido por un letrado desde el inicio
del procedimiento que lo incluya. En caso de carecer de recursos económicos el Estado
deberá asignarle uno de oficio; d) A participar activamente en todo el proceso; e) A
recurrir ante el superior frente a cualquier decisión que lo afecte.
21) Principio de igualdad y no discriminación. Esta ley se aplicará por igual a todos las
niñas, niños y adolescentes, sin discriminación fundada en motivos raciales, de sexo,
color, edad, idioma, religión, creencias, opinión política, cultura, posición económica,
origen social o étnico, capacidades especiales, salud, apariencia o impedimento físicos,
de salud, del nacimiento o cualquier otra condición del niño o de sus padres o de sus
representantes legales.
22) Principio de efectividad. Los Organismos del Estado deberán adoptar todas las
medidas administrativas, legislativas, judiciales y de otra índole, para garantizar el
efectivo cumplimiento de los derechos y garantías reconocidos en esta ley.
23) Deber de comunicar. Los miembros de los establecimientos educativos y de salud
públicos o privados y todo agente público que tenga conocimiento de la vulneración de
derechos de niñas, niños o adolescentes, deberá comunicarlo ante la autoridad

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administrativa local de protección de derechos, bajo apercibimiento de incurrir en


responsabilidad por dicha omisión.
24) Deber de recibir denuncias. El agente público requerido para recibir una denuncia
de vulneración de derechos de los sujetos protegidos por esta ley, ya sea por el afectado,
o por cualquier otra persona, está obligado a recibir y tramitar tal denuncia en forma
gratuita, a fin de garantizar el respeto, la prevención y la reparación del daño sufrido,
bajo apercibimiento de considerarse un grave incumplimiento de los deberes del
funcionario público.
Otras situaciones.
1) Las enfermedades físicas en general, conforme al nuevo Código, han dejado de
ser incapacidades de derecho. Así las inhabilidades que el Código anterior establecía
para los disminuidos en sus facultades mentales, ciegos y sordomudos, derivadas de la
imposibilidad física que los afectaba, ya no son causa de inhabilidad.33
2) La incapacidad de los condenados por delito criminal no está contemplada en el
CCyCN sino en el Código Penal de la Nación. En tal sentido el art. 12 de dicho cuerpo
establece que la reclusión y la prisión por más de 3 años llevan como inherente la
inhabilitación absoluta por el tiempo de la condena (la que podrá durar hasta tres años
más que esta), e importan la privación, mientras dure la pena, de la patria potestad (hoy
“responsabilidad parental”), de la administración de los bienes y del derecho de
disponer de ellos por actos entre vivos. El penado quedará sujeto a la curatela
establecida por el Código Civil para los incapaces.

El condenado tiene obviamente restringida su libertad, pero goza de otros


derechos como el de trabajar. En ese orden el art. 11 del Código Penal dispone que “El
producto del trabajo del condenado a reclusión o prisión se aplicará simultáneamente:
1º. A indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito que no satisficiera con
otros recursos; 2º. A la prestación de alimentos según el Código Civil; 3º. A costear los
gastos que causare en el establecimiento; 4º. A formar un fondo propio, que se le
entregará a su salida. Relacionado con esta situación, la ley 24.660 de ejecución de las
penas privativas de libertad dispone en su art. 2 que “El condenado podrá ejercer todos

33
En el régimen anterior los ciegos no podían ser testigos en instrumentos públicos (art. 990), ni
otorgar, en ciertos casos, testamento ológrafo o cerrado (arts. 3624 y 3665), ni ser testigos en
testamentos (art. 3708). Los sordos, los mudos y los sordomudos no podían otorgar testamento por acto
público (art. 3651), ni ser testigos en los testamentos (art. 3708). Los mudos no podían ser tutores (art.
398 inc. 2) ni curadores (art. 475 in fine).

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los derechos no afectados por la condena o por la ley y las reglamentaciones que en su
consecuencia se dicten y cumplirá con todos los deberes que su situación le permita y
con todas las obligaciones que su condición legalmente le impone”.
En lo que respecta a la remuneración del condenado, el art. 120 de esta norma
establece que el trabajo del interno será remunerado, salvo los casos de labores
generales del establecimiento carcelario o comisiones que se le encomienden de acuerdo
con los reglamentos (art. 111). Si los bienes o servicios producidos por el trabajo del
recluso se destinaren al Estado o a entidades de bien público, el salario del interno no
será inferior a las tres cuartas partes del Salario Mínimo Vital Móvil. En los demás
casos, o cuando la organización del trabajo esté a cargo de una empresa mixta o privada,
la remuneración será igual al salario de la vida libre correspondiente a la categoría
profesional de que se trate, pudiendo aplicarse las normas del convenio colectivo de
trabajo que corresponda.
Dichos salarios serán abonados en los términos establecidos en la legislación
laboral vigente, y llevarán los descuentos por aportes y contribuciones correspondientes
a la seguridad social. La retribución neta resultante del interno, se distribuirá
simultáneamente en la forma siguiente: a) 10% para indemnizar los daños y perjuicios
causados por el delito, conforme lo disponga la sentencia; b) 35% para la prestación de
alimentos, según el Código Civil; c) 25% para costear los gastos que causare en el
establecimiento; d) 30% para formar un fondo propio que se le entregará a su salida (art.
121). Cuando no hubiere indemnización que satisfacer, la parte correspondiente a la
misma anterior acrecerá el porcentaje destinado a la prestación de alimentos. Si el
interno no tuviere indemnización que satisfacer, ni debiera prestar alimentos, los
porcentajes respectivos acrecerán al fondo propio. Si el interno tuviere que satisfacer
indemnización, pero no prestación alimentaria, la parte que pudiere corresponder a ésta
acrecerá el fondo propio. De la remuneración del trabajo del interno, deducidos los
aportes correspondientes a la seguridad social, podrá descontarse en hasta un 20% los
cargos por concepto de reparación de daños intencionales o culposos causados en las
cosas muebles o inmuebles del Estado o de terceros (arts. 121 a 129).
Desde el punto de vista político la condena a más de 3 años de prisión contiene las
consecuencias de la inhabilitación absoluta, que importará: “1º La privación del empleo
o cargo público que ejercía el penado aunque provenga de elección popular; 2º La
privación del derecho electoral; 3º La incapacidad para obtener cargos, empleos y

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comisiones públicas; 4º La suspensión del goce de toda jubilación, pensión o retiro,


civil o militar, cuyo importe será percibido por los parientes que tengan derecho a
pensión” (art. 19, Código Penal).
3) Respecto de los comerciantes fallidos, la cuestión es discutible tras la reforma
introducida por ley 24.522 (Ley de Concursos y Quiebras).
Al respecto señalan Fassi y Gebhardt que la sentencia de quiebra respecto del
fallido “no implica afectar su capacidad de hecho y de derecho; el quebrado habrá de
sufrir múltiples inhabilidades nacidas de la propia ley de concursos y de otros
ordenamientos, pero ellas no constituyen casos de incapacidades”.34
Maffía, por su lado, entiende que el fallido “no es un incapaz, ni de derecho ni de
obrar. Su capacidad genérica está acotada por plurales limitaciones, pero básicamente es
un sujeto de derecho con sus normales deberes, facultades, competencias,
responsabilidades, etc.”. En su opinión, y no obstante que en el plano procesal el fallido
sufre el desapoderamiento prescripto en el art. 107 LCQ, subsiste su capacidad genérica
“con determinadas –muchas, pero determinadas- restricciones”, no siendo “representado
ni sustituido por el síndico”.
Para el citado autor, “la quiebra no conlleva consecuencias físicas para el deudor,
salvo la…lejana eventualidad del proceso penal. Las sanciones…se reducen
virtualmente a un repertorio punto menos que esteriotipado de prohibiciones en el
aspecto material -digamos- de sus actividades posibles”. Así, entre las proscripciones en
el orden negocial, puntualiza las siguientes: “No puede ejercer el comercio, ni ser socio,
administrador, síndico de sociedades; tampoco puede ser factor (art. 244 Ley 19.550).
No pueden ser directores ni gerentes de sociedades anónimas los fallidos hasta 10 años
después de la rehabilitación (art. 264 inc. 2º, LSC)…De acuerdo con el código
aduanero, se le prohíbe desempeñarse como despachante. Tampoco martillero,
escribano, etc.”.35
Agregamos que las personas quebradas no rehabilitadas no pueden ser tutores ni
curadores (art. 110 CCyCN).
D) Domicilio. El domicilio es el lugar que la ley fija como asiento o sede de la persona
para la producción de determinados efectos jurídicos. Es el asiento jurídico de la

34
Fassi, Santiago C. y Gebhardt, Marcelo; Concursos y quiebras, 6ta. ed., Ed. Astrea, Bs. As., 1998, p.
268.
35
Maffía, Osvaldo J.; “El Juez del Concurso (XIV). La posición del fallido en el proceso”; Rev. Jur. El
Derecho, nº 10.033, 27/6/00, p. 1, col. 1 y 2.

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persona como centro de imputación para el ejercicio de sus derechos y cumplimiento de


sus obligaciones. Ello hace del domicilio un concepto objetivo pura y exclusivamente
jurídico, dejando de lado la antigua concepción subjetiva del domicilio de hecho según
la cual el domicilio es aquel donde la persona se encuentra presente. Por ello se debe
distinguir el domicilio de la “residencia” (lugar donde la persona habita en forma
normal y habitual) y de la mera “habitación” (lugar de residencia accidental y
transitorio).
El domicilio reviste gran importancia jurídica, toda vez que determina la
competencia de las autoridades en las relaciones jurídicas (art. 78); así, por ejemplo, en
las sucesiones es competente el juez del último domicilio del causante; en el juicio de
declaración de ausencia es competente el juez del último domicilio del ausente, etc.).
Además en función del domicilio se determina la ley aplicable (por ej., la capacidad se
rige por la ley del domicilio de la persona; las sucesiones se rigen por la ley del
domicilio del causante, etc.). También en el domicilio de la persona se efectúan y surten
efecto legal las notificaciones que se realicen.
El domicilio puede cambiarse de un lugar a otro. Esta facultad no puede ser
coartada por contrato, ni por disposición de última voluntad. El cambio de domicilio se
verifica instantáneamente por el hecho de trasladar la residencia de un lugar a otro con
ánimo de permanecer en ella (art. 77). El domicilio puede ser General o Especial. El
primero se aplica a la generalidad de los derechos y obligaciones; en cambio el segundo
es excepcional y se aplica solo a ciertas relaciones jurídicas determinadas.
a) Domicilio General: existen dos clases:
1) Domicilio Real: conforme el art. 73 el domicilio real de la persona humana es el
lugar de su residencia habitual. Si ejerce actividad profesional o económica lo tiene en
el lugar donde la desempeña para el cumplimiento de las obligaciones emergentes de
dicha actividad. Es el domicilio que eligen las personas para vivir. Es el lugar donde la
persona reside y tiene sus negocios. La doctrina clásica señala que el domicilio real
consta de dos elementos: a) el material, que es el hecho de vivir en un lugar
determinado (corpus) y b) el psíquico, que es la intención de vivir permanentemente en
ese lugar (animus).
2) Domicilio Legal: es un domicilio impuesto por la ley, fijado para determinadas
personas, donde “la ley presume, sin admitir prueba en contrario, que una persona reside
de manera permanente para el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus

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obligaciones” aunque de hecho no viva allí. El domicilio legal es forzoso, a diferencia


del real que es voluntario. Sólo la ley puede establecerlo, y sin perjuicio de lo dispuesto
en normas especiales: a) los funcionarios públicos, tienen su domicilio legal en el lugar
en que deben cumplir sus funciones, no siendo éstas temporarias, periódicas, o de
simple comisión; b) los militares en servicio activo tienen su domicilio en el lugar en
que lo están prestando; c) los transeúntes o las personas de ejercicio ambulante, como
los que no tienen domicilio conocido, lo tienen en el lugar de su residencia actual; d) las
personas incapaces lo tienen en el domicilio de sus representantes (art. 74).
El art. 47 del Dec. Ley 17.671 (B.O. 13/03/68) dispone que “se tendrá por
domicilio el definido por el Código Civil como domicilio real y por residencia habitual
el lugar donde la persona habite la mayor parte del año. La edad y el último domicilio
anotado en el documento nacional de identidad son los únicos válidos a los efectos
militares y electorales que determinen las leyes respectivas. Todas las personas de
existencia visible o sus representantes legales, comprendidas en la presente ley, están
obligados a comunicar en las oficinas secciónales, consulares o que se habiliten como
tales, el cambio de domicilio, dentro de los treinta días de haberse producido la
novedad”.
Por Resolución Nº 797/12 (B.O. 20/04/12), el Registro Nacional de las Personas
estableció la emisión del DNI exclusivamente en formato tarjeta para todas las personas
argentinas sea cual fuere su domicilio (art. 1), disponiendo además que la Libreta de
Enrolamiento (Ley 11386), la Libreta Cívica (Ley 13.010) y la totalidad de los DNI
(Ley 17761) mantendrán su plena vigencia hasta tanto sus titulares soliciten un nuevo
ejemplar (art. 4). No obstante, los documentos con formato libreta con inscripciones
manuales caducaron a partir del 1/4/2017, siendo válidos únicamente los DNI con
formato digital. Finalmente por Decreto 744/2019 se autorizó al Registro Nacional de
las Personas a emitir en forma adicional al Documento Nacional de Identidad en
formato tarjeta, la credencial virtual del DNI para dispositivos móviles inteligentes, que
consiste en la réplica exacta de los datos de identificación del DNI en formato tarjeta.
La tramitación de la credencial virtual tendrá carácter opcional para el solicitante, no
suple sino que complementa al DNI tarjeta y se obtiene a través de la aplicación “Mi
Argentina”.
b) Domicilio Especial: Es el lugar designado, ya sea por las partes interesadas o
por la ley, que corresponde a determinadas situaciones legales. Comprende el domicilio

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“contractual” (o convencional o de elección) que es al que las partes eligen a los efectos
de un contrato; el domicilio “constituido” (o procesal) que se fija en un proceso judicial;
el “comercial”, que fija el comerciante para el cumplimiento de las obligaciones
derivadas de sus actividades mercantiles; el “fiscal”, que se fija a los fines del
cumplimiento de los deberes tributarios e impositivos, etc.

El art. 75 dispone que “Las partes de un contrato pueden elegir un domicilio para
el ejercicio de los derechos y obligaciones que de él emanan”. Se destaca que ese centro
de imputación puede ser fijado –por ej., a los efectos de un contrato- en un sitio distinto
del domicilio de residencia efectiva de la persona y por ello se lo denomina domicilio
especial, de elección o convencional.

La Ley 27.551 (B.O. 30/06/20) agregó a este artículo un párrafo conforme al cual
las partes “Pueden además constituir un domicilio electrónico en el que se tengan por
eficaces todas las notificaciones, comunicaciones y emplazamientos que allí se dirijan”.
En cuanto al domicilio ignorado, la persona cuyo domicilio no es conocido lo
tiene en el lugar donde se encuentra, y si éste también se ignora en el último domicilio
conocido (art. 76).
E) Patrimonio. El art. 2312 define al “patrimonio” como bienes materiales susceptibles
de valor e igualmente las cosas (objetos materiales susceptibles de tener un valor), se
llaman bienes. El conjunto de bienes de una persona, constituye su “patrimonio”. El
desarrollo de este concepto será tratado en unidades subsiguientes.
4.- Normas de derecho internacional privado en materia de capacidad y domicilio.
En cuanto a la capacidad o incapacidad de las personas se aplica como principio
general el derecho de su domicilio. El cambio de domicilio de la persona humana no
afecta su capacidad, una vez que ha sido adquirida (art. 2616). La parte que sea incapaz
de otorgar un acto jurídico según el derecho de su domicilio, no puede invocar esa
incapacidad si ella era capaz según el derecho del Estado donde el acto ha sido
celebrado, a menos que la otra parte haya conocido o debido conocer esta incapacidad.
Sin embargo, esta regla no se aplica a los actos jurídicos relativos al derecho de familia,
al derecho sucesorio ni a los derechos reales inmobiliarios (2617).
En lo que respecta al domicilio de las personas menores de edad, se encuentra en
el país del domicilio de quienes ejercen la responsabilidad parental; si el ejercicio es
plural y sus titulares se domicilian en estados diferentes, se consideran domiciliadas
donde tienen su residencia habitual. Pero no se considera domicilio el lugar donde el
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menor se encuentre sustraído o retenido ilícitamente (2614). El domicilio de las


personas sujetas a curatela u otro instituto equivalente de protección es el lugar de su
residencia habitual.
5.- Tutela y Curatela.
Tutela en general. La tutela está destinada a brindar protección a la persona y bienes de
un niño, niña o adolescente que no ha alcanzado la plenitud de su capacidad civil
cuando no haya persona que ejerza la responsabilidad parental (art. 104). Rigen para la
tutela los principios generales de la responsabilidad parental establecidos en el art. 639 y
sigts.
El tutor es el representante legítimo del menor en todos los negocios civiles. Se
trata de un cargo personal, que no pasa a los herederos, del cual nadie puede excusarse
sin causa suficiente, y que se ejerce bajo la inspección y vigilancia del Ministerio
Público de Menores.
La tutela puede ser ejercida por una o más personas, según lo que fuera más
beneficioso al niño, niña o adolescente. Si es ejercida por más de una persona, las
diferencias de criterio deben ser dirimidas ante el juez que haya discernido la tutela, con
la debida intervención del Ministerio Público.
Los parientes obligados a prestar alimentos al menor, el guardador o quienes han
sido designados tutores por sus padres o éstos les hayan delegado el ejercicio de la
responsabilidad parental, deben denunciar a la autoridad competente que el niño, niña o
adolescente no tiene referente adulto que lo proteja, dentro de los 10 días de haber
conocido esta circunstancia, bajo pena de no ser designados tutores y ser responsables
de los daños y perjuicios que su omisión de denunciar le ocasione al menor. Tienen la
misma obligación los oficiales públicos encargados del Registro Civil y otros
funcionarios públicos que, en ejercicio de su cargo, tengan conocimiento de cualquier
hecho que dé lugar a la necesidad de la tutela (111).
Según el art. 110, no pueden ser tutores las personas: a) que no tienen domicilio
en la República; b) quebradas no rehabilitadas; c) que han sido privadas o suspendidas
en el ejercicio de la responsabilidad parental, o han sido removidas de la tutela o
curatela o apoyo de otra persona incapaz o con capacidad restringida, por causa que les
era atribuible; d) que deben ejercer por largo tiempo o plazo indefinido un cargo o
comisión fuera del país; e) que no tienen oficio, profesión o modo de vivir conocido, o
tienen mala conducta notoria; f) condenadas por delito doloso a penas privativas de la

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libertad; g) deudoras o acreedoras por sumas considerables respecto de la persona sujeta


a tutela; h) que tienen pleitos con quien requiere la designación de un tutor. La
prohibición se extiende a su cónyuge, conviviente, padres o hijos; i) que, estando
obligadas, omiten la denuncia de los hechos que dan lugar a la apertura de la tutela; j)
inhabilitadas, incapaces o con capacidad restringida; k) que hubieran sido expresamente
excluidas por el padre o la madre de quien requiere la tutela, excepto que según el
criterio del juez resulte beneficioso para el niño, niña o adolescente.
La tutela es conferida o por los padres o por el juez:
a) Tutela dada por los padres. Cualquiera de los padres puede nombrar tutor o tutores a
sus hijos menores de edad, sea por testamento o por escritura pública. Esta designación
debe ser aprobada judicialmente. Se tienen por no escritas las disposiciones que eximen
al tutor de hacer inventario, lo autorizan a recibir los bienes sin cumplir ese requisito, o
lo liberan del deber de rendir cuentas. Si existen disposiciones de ambos progenitores,
se aplican unas y otras conjuntamente en cuanto sean compatibles. De no serlo, el juez
debe adoptar las que considere fundadamente más convenientes para el tutelado (art.
106).
b) Tutela dativa o judicial. Ante la ausencia de designación paterna de tutor o tutores o
ante la excusación, rechazo o imposibilidad de ejercicio de aquellos designados, el juez
debe otorgar la tutela a la persona que sea más idónea para brindar protección al niño,
niña o adolescente, debiendo fundar razonablemente los motivos que justifican dicha
idoneidad. Sin embargo la ley impone algunas restricciones al juez, y así no puede
conferir la tutela dativa: a) a su cónyuge, conviviente, o parientes dentro del cuarto
grado, o segundo por afinidad; b) a las personas con quienes mantiene amistad íntima ni
a los parientes dentro del cuarto grado, o segundo por afinidad; c) a las personas con
quienes tiene intereses comunes; d) a sus deudores o acreedores; e) a los integrantes de
los tribunales nacionales o provinciales que ejercen sus funciones en el lugar del
nombramiento; ni a los que tienen con ellos intereses comunes, ni a sus amigos íntimos
o los parientes de éstos, dentro del cuarto grado, o segundo por afinidad; f) a quien es
tutor de otro menor de edad, a menos que se trate de hermanos menores de edad, o
existan causas que lo justifiquen (art. 108).
Tutela especial. Conforme al art. 109 los jueces darán a los menores tutores especiales
en los siguientes casos: a) cuando existe conflicto de intereses entre los representados y
sus representantes; si el representado es un adolescente puede actuar por sí, con

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asistencia letrada, en cuyo caso el juez puede decidir que no es necesaria la designación
del tutor especial; b) cuando los padres no tienen la administración de los bienes de los
hijos menores de edad; c) cuando existe oposición de intereses entre diversas personas
incapaces que tienen un mismo representante legal, sea padre, madre, tutor o curador; si
las personas incapaces son adolescentes, rige lo dispuesto en el inciso a); d) cuando la
persona sujeta a tutela hubiera adquirido bienes con la condición de ser administrados
por persona determinada o de no ser administrados por su tutor; e) cuando existe
necesidad de ejercer actos de administración sobre bienes de extraña jurisdicción al juez
de la tutela y no pueden ser convenientemente administrados por el tutor; f) cuando se
requieren conocimientos específicos o particulares para un adecuado ejercicio de la
administración por las características propias del bien a administrar; g) cuando existen
razones de urgencia, hasta tanto se tramite la designación del tutor que corresponda.
Discernimiento de la tutela. Nadie puede ejercer las funciones de tutor, sea la tutela
dada por los padres o por los jueces, sin que el cargo sea discernido por el juez
competente, que autorice al tutor nombrado para ejercer sus funciones. La competencia
para el discernimiento de la tutela corresponde al juez del lugar donde el niño, niña o
adolescente tiene su centro de vida.
Para el discernimiento de la tutela, y toda otra decisión relativa al menor de edad,
el juez debe: a) oír previamente al niño, niña o adolescente; b) tener en cuenta sus
manifestaciones en función de su edad y madurez; c) decidir atendiendo
primordialmente a su interés superior.
Los actos practicados por el tutor a quien aún no se hubiere discernido la tutela,
no producirán efecto alguno respecto del menor, pero quedan confirmados por el
nombramiento, si de ello no resulta perjuicio para el niño, niña o adolescente.
Discernida la tutela, los bienes del menor serán entregados al tutor después que
hubiesen sido inventariados judicialmente y avaluados. Si el tutor tiene un crédito
contra la persona sujeta a tutela, debe hacerlo constar en el inventario; si no lo hace, no
podrá reclamarlo luego, excepto que al omitirlo haya ignorado su existencia (art. 115).
Si el tutor sucede a alguno de los padres o a otro tutor anterior, debe pedir de
inmediato, al sustituido o sus herederos, rendición judicial de cuentas y entrega de los
bienes del tutelado.
Ejercicio y administración de la tutela. Quien ejerce la tutela es representante legal del
menor en todas aquellas cuestiones de carácter patrimonial. El tutor es responsable del

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daño causado al tutelado por su culpa, por acción u omisión, en el ejercicio o en ocasión
de sus funciones.
Quien ejerce la tutela debe observar los actos que le son prohibidos y aquellos que
requieren autorización judicial. En cuanto a los primeros, el tutor no puede, ni con
autorización judicial, celebrar con su tutelado los actos prohibidos a los padres respecto
de sus hijos menores de edad. Antes de aprobada judicialmente la cuenta final, tampoco
puede celebrar contrato alguno con el pupilo, aunque haya cesado la incapacidad. En
cuanto a los segundos, y además de los actos para los cuales los padres necesitan
autorización judicial, el tutor debe requerirla para los siguientes: a) adquirir inmuebles o
cualquier bien que no sea útil para satisfacer los requerimientos alimentarios del
tutelado; b) prestar dinero de su tutelado. La autorización sólo será concedida si existen
garantías reales suficientes; c) dar en locación los bienes del tutelado o celebrar
contratos con finalidad análoga por plazo superior a tres años. En todos los casos, estos
contratos concluyen cuando el tutelado alcanza la mayoría de edad; d) tomar en
locación inmuebles que no sean la casa habitación; e) contraer deudas, repudiar
herencias o donaciones, hacer transacciones y remitir créditos aunque el deudor sea
insolvente; f) hacer gastos extraordinarios que no sean de reparación o conservación de
los bienes; g) realizar todos aquellos actos en los que los parientes del tutor dentro del
cuarto grado o segundo de afinidad, o sus socios o amigos íntimos están directa o
indirectamente interesados (art. 121).
El juez puede autorizar la transmisión, constitución o modificación de derechos
reales sobre los bienes del menor sólo si media conveniencia evidente. Los bienes que
tienen valor afectivo o cultural sólo pueden ser vendidos en caso de absoluta necesidad
(art. 122). Luego de ser cubiertos los gastos de la tutela, el dinero del tutelado debe ser
colocado a interés en bancos de reconocida solvencia, o invertido en títulos públicos, a
su nombre y a la orden del juez. El tutor no puede retirar fondos, títulos o valores sin
autorización judicial. El juez también puede autorizar que los bienes sean transmitidos
en fideicomiso a una entidad autorizada para ofrecerse públicamente como fiduciario,
siempre que el tutelado sea el beneficiario. Asimismo, puede disponer otro tipo de
inversiones seguras, previo dictamen técnico.
El tutor tiene derecho a percibir la retribución que se fije judicialmente teniendo
en cuenta la importancia de los bienes del tutelado y el trabajo que ha demandado su
administración en cada período. La remuneración única no puede exceder de la décima

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parte de los frutos líquidos de los bienes del menor de edad. Asimismo, el tutor tiene
derecho a la restitución de los gastos razonables hechos en su gestión, aunque de ellos
no resulte utilidad al tutelado (art. 133). Los gastos de rendición de cuentas deben ser
anticipados por el tutor; pero le serán reembolsados por el menor si son rendidas en
debida forma. El guardador que ejerce funciones de tutela también tiene derecho a la
retribución. Pero el derecho del tutor a la retribución cesa: a) si nombrado por un
testador, éste ha dejado algún legado que puede estimarse remuneratorio de su gestión.
Puede optar por renunciar al legado o devolverlo, percibiendo la retribución legal; b) si
las rentas del pupilo no alcanzan para satisfacer los gastos de sus alimentos y educación;
c) si fue removido de la tutela por causa atribuible a su culpa o dolo, caso en el cual
debe también restituir lo percibido, sin perjuicio de las responsabilidades por los daños
que cause; d) si contrae matrimonio con el tutelado sin la debida dispensa judicial (art.
129).
Uno de los principales deberes del tutor es la rendición de cuentas, tanto en forma
periódica como al cesar en su cargo mediante la cuenta final. Debe llevar cuenta fiel y
documentada de las entradas y gastos de su gestión. Debe rendir cuentas: al término de
cada año, al cesar en el cargo, y cuando el juez lo ordena, de oficio, o a petición del
Ministerio Público. La obligación de rendición de cuentas es individual y su aprobación
sólo libera a quien da cumplimiento a la misma. En cuanto a la rendición final,
terminada la tutela, quien la ejerza o sus herederos deben entregar los bienes de
inmediato, e informar de la gestión dentro del plazo que el juez señale, aunque el
tutelado en su testamento lo exima de ese deber. Las cuentas deben rendirse
judicialmente con intervención del Ministerio Público (art. 131). Si el tutor no rinde
cuentas, no lo hace debidamente o se comprueba su mala administración atribuible a
dolo o culpa, debe indemnizar el daño causado a su tutelado. La indemnización no debe
ser inferior a lo que los bienes han podido razonablemente producir (art. 134).
Extinción de la tutela. Conforme al art. 135 la tutela termina: 1° Por la muerte del
tutelado, su emancipación o la desaparición de la causa que dio lugar a la tutela; 2° Por
la muerte, incapacidad, remoción o renuncia aceptada por el juez, del tutor. En caso de
haber sido discernida a dos personas, la causa de terminación de una de ellas no afecta a
la otra, que se debe mantener en su cargo, excepto que el juez estime conveniente su
cese, por motivos fundados.

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Ocurrida la muerte del tutor, sus albaceas, sus herederos o, en su caso, el otro
tutor, deberán ponerlo en conocimiento inmediato del juez de la tutela, y proveer
entretanto las medidas urgentes que las circunstancias exijan para protección de la
persona y bienes del pupilo.
Asimismo, los jueces podrán remover los tutores por las siguientes causales: a)
quedar comprendido en alguna de las causales que impide ser tutor; b) no hacer el
inventario de los bienes del tutelado, o no hacerlo fielmente; c) no cumplir debidamente
con sus deberes o tener graves y continuados problemas de convivencia.
Están legitimados para solicitar la remoción el tutelado y el Ministerio Público.
También puede disponerla el juez de oficio. Durante la tramitación del proceso de
remoción, el juez puede suspender al tutor y nombrar provisoriamente a otro.
Curatela. La curatela se rige por las mismas reglas de la tutela, salvo modificación
expresa.
En nuestro derecho se asigna curador a la persona incapaz de cuidar su persona o
administrar sus bienes. La principal función del curador es la de cuidar a la persona y
los bienes de la persona incapaz, y tratar de que recupere su salud. Las rentas de los
bienes de la persona protegida deben ser destinadas preferentemente a ese fin (art. 138).
Personas que pueden ser curadores. La persona capaz puede designar, mediante una
directiva anticipada, a quien ha de ejercer su curatela. Los padres pueden nombrar
curadores y apoyos de sus hijos incapaces o con capacidad restringida, en los casos y
con las formas en que pueden designarles tutores. Cualquiera de estas designaciones
debe ser aprobada judicialmente. A falta de estas previsiones el juez puede nombrar al
cónyuge no separado de hecho, al conviviente, a los hijos, padres o hermanos de la
persona a proteger según quien tenga mayor aptitud. Se debe tener en cuenta a su
respecto la idoneidad moral y económica (art. 139).
El curador de la persona incapaz es también tutor de los hijos menores de éste. Sin
embargo, el juez puede otorgar la guarda del hijo menor de edad a un tercero,
designándolo tutor para que lo represente en las cuestiones patrimoniales (art. 140).
6.- Responsabilidad parental.
Introducción.36 La incorporación de los tratados de derechos humanos en el bloque
constitucional (artículo 75, inc. 22, C.N.) ha tenido un fuerte impacto en las relaciones
entre padres e hijos.

36
Fundamentos de la Comisión Redactora del Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación.

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La igualdad de derechos entre hombre y mujer se encuentra expresamente


consagrada respecto a la crianza y educación de los hijos en el art. 16 de la Convención
para la eliminación de todas formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), con el
objeto de satisfacer el derecho de todo niño a mantener vínculo con ambos progenitores
tras la ruptura de la unión entre los adultos (arts. 9 y 18 de la Convención sobre los
Derechos del Niño).
Por otro lado, la regla de la autonomía progresiva de niños, niñas y adolescentes
ha permitido pasar de una noción de potestad o poder de los padres sobre los hijos a la
de responsabilidad, cuyo ejercicio requiere tener en consideración, con respecto al hijo
“la evolución de sus facultades, dirección y orientación apropiadas para que el niño
ejerza los derechos reconocidos en la presente Convención” (art. 5, Convención sobre
los Derechos del Niño) para que pueda “estar plenamente preparado para una vida
independiente en sociedad y ser educado en el espíritu de los ideales proclamados en la
Carta de las Naciones Unidas y, en particular, en un espíritu de paz, dignidad,
tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad” (Preámbulo de la convención citada).
También se debe tener en cuenta que la noción de “adolescencia” tiene entidad o
conceptualización jurídica, al ser considerada tal toda persona menor de edad entre los
13 y los 18 años.
El lenguaje, asimismo, tiene un fuerte valor pedagógico y simbólico; por esta
razón, el Código reemplazó la expresión “patria potestad” por la de “responsabilidad
parental”, denominación que da cuenta de los cambios que se han producido en la
relación entre padres e hijos. La palabra “potestad”, de origen latino, se conecta con el
poder que evoca a la “potestas” del derecho romano centrado en la idea de dependencia
absoluta del niño en una estructura familiar jerárquica. Por el contrario, el vocablo
“responsabilidad”, por tratarse de un conjunto de derechos y deberes, implica una
función destinada, primordialmente, a satisfacer el interés superior del niño o
adolescente.
Si los hijos tienen derecho a relacionarse con ambos padres por igual, el sistema
legal que mejor responde a este principio es el del ejercicio de la responsabilidad
parental conjunta, convivan o no los progenitores. Producida la ruptura, se pretende que
ella incida lo menos posible en la relación padres e hijos. Por ello, si cuando los
progenitores convivían, ambos podían realizar los actos cotidianos de manera indistinta,
presumiéndose que lo realizado por uno cuenta con la anuencia del otro, el mismo

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sistema puede ser sostenido después de la ruptura de la pareja. La reforma deroga la


regla del sistema unipersonal vigente en los supuestos de separación que ha dado lugar a
la siguiente situación: uno de los progenitores (por lo general la madre) se queda a cargo
del hijo y al otro progenitor le queda un rol secundario y periférico; ambos roles se
muestran estereotipados y rígidos (madre cuidadora- padre proveedor), que no es acorde
con la compleja realidad familiar.
La responsabilidad parental compartida tiene un alto valor simbólico; la sola
expresión contribuye a que ninguno se sienta apartado ni excluido, más allá de que el
sistema del Código prevé o permite que los progenitores puedan acordar otro sistema o,
incluso, ser decidido por el juez cuando ello sea en el mejor interés del hijo.
Concordante con ello, se deroga la preferencia materna de la tenencia de hijos menores
de 5 años porque tal prioridad: a) viola el principio de igualdad; b) reafirma los roles
rígidos y tradicionales según los cuales las madres son las principales y mejores
cuidadoras de sus hijos; c) es contradictorio con la regla del ejercicio de la
responsabilidad parental compartida; d) es incompatible con la ley 26.618 de
matrimonio igualitario.
La experiencia social y la praxis judicial muestran una significativa cantidad de
casos en los que, por diversas circunstancias, los progenitores dejan a sus hijos al
cuidado de un tercero (familiar o no, como, por ejemplo, un vecino). Estas situaciones
no han sido previstas expresamente por el ordenamiento jurídico que sólo aporta
soluciones drásticas para aquellos supuestos en que la separación del niño de su familia
nuclear tiene visos de permanencia, como son la adopción o la tutela. El Código cubre
este vacío al reconocer efectos jurídicos a las relaciones entre el niño y los adultos
temporalmente responsables de su cuidado, por delegación conjunta de ambos
progenitores o de uno de ellos.
Asimismo, y en contraposición al sistema anterior que priorizaba la figura de la
tutela por parte de un abuelo sobre su nieto en lugar de admitir el ejercicio de la
responsabilidad parental –con ciertas limitaciones- por los progenitores menores de
edad, el Código regula un régimen de ejercicio de la responsabilidad parental limitada
por los progenitores adolescentes, con independencia de que éstos hayan o no contraído
matrimonio, fundado en el principio de autonomía progresiva, y reconoce que los
progenitores adolescentes pueden llevar adelante los actos de la vida cotidiana de los
hijos, siendo ellos los protagonistas y principales responsables de dicha crianza, si bien

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con ciertas limitaciones referidas a los actos de gravedad o envergadura, para los cuales
se requiere el asentimiento de cualquiera de los progenitores de los padres adolescentes,
sin la necesidad de que uno de ellos deba ser designado previamente tutor de su nieto.
El Código enumera los diferentes deberes y derechos de los progenitores
destacándose, a modo de límite, el respeto por la autonomía progresiva del hijo, en
especial cuando se trata de derechos personalísimos. Se deroga el llamado “poder de
corrección” por ser ésta una facultad más acorde con la noción de “patria potestad”; en
cambio, se regula el derecho deber de los progenitores de “prestar orientación y
dirección”, para lo cual se requiere un “intercambio con el hijo de acuerdo con cada
etapa de su desarrollo”.
Se diferencia el ejercicio de la responsabilidad parental del cuidado personal del
hijo. El cuidado personal es uno de los deberes y derechos de los progenitores que se
derivan del ejercicio de la responsabilidad parental y atañe a la vida cotidiana del hijo.
En caso de ruptura de la pareja (matrimonial o unión convivencial), el cuidado personal
(término que reemplaza el de “tenencia”, criticado mayoritariamente por la doctrina)
puede ser compartido (regla) o unilateral (excepción).
El régimen compartido admite dos modalidades: el alternado (que supone que el
hijo convive un tiempo con cada uno de los progenitores) y el indistinto (según el cual
ambos progenitores realizan las labores según las necesidades del grupo familiar, con
independencia del lugar donde el niño reside principalmente). El Código privilegia el
último de los mencionados, por considerar que es el que respeta mejor el derecho
constitucional del hijo a “mantener relaciones personales y contacto directo con ambos
padres de modo regular” (art. 9 de la Convención sobre los Derechos del Niño),
reafirmándose el principio de “coparentalidad”. Hasta la reforma, la custodia personal
compartida (mal llamada “tenencia compartida”) ingresaba en la práctica a través de los
acuerdos de los progenitores celebrados tras la ruptura de la pareja (matrimonial o no)
por aplicación del principio de la voluntad cuyo límite es “el interés superior del niño”
(conf. art. 3 de la Convención sobre los Derechos del Niño y art. 3 de la ley 26.061). El
Código respeta la libertad de los padres para decidir cómo organizar la convivencia con
el hijo, pero además orienta al juez en que la regla debe ser la custodia compartida bajo
la modalidad indistinta; en este sentido, sigue la tendencia prevaleciente en el moderno
derecho de familia comparado tal como surge de la legislación vigente en España,
Bélgica, Francia, Inglaterra y Gales, Italia, República Checa, Suecia, diversas

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jurisdicciones de los Estados Unidos, Uruguay, Brasil, etc. De conformidad con lo


expresado, se incentiva a los progenitores a elaborar un “plan de parentalidad” tras la
ruptura de la pareja; autonomía que la ley anterior preveía expresamente sólo para los
hijos matrimoniales y los supuestos de divorcio de los padres por presentación conjunta.
Con fines pedagógicos, se señalan los diversos aspectos que ese plan puede contener.
En el régimen anterior, en casos extremos, y por decisión judicial, la guarda podía
ser otorgada a un tercero. El Código suple la carencia de normativa y regula la facultad
de los jueces de apartar, excepcional y temporalmente, a un niño de su familia nuclear
cuando se verifica que su permanencia en este medio familiar resulta contraria a su
interés superior. En definitiva, se trata de regular las consecuencias jurídicas de medidas
excepcionales como las previstas en los arts. 39 y siguientes de la Ley 26.061, que
implican que el niño permanece transitoriamente en medios familiares alternativos. De
este modo, al establecer los deberes y derechos de los guardadores, se otorga seguridad
jurídica a este tipo de situaciones complejas.
La obligación alimentaria es uno de los deberes a cargo de los progenitores que ha
tenido una importante evolución doctrinal y jurisprudencial gracias a la Convención
sobre los Derechos del Niño (art. 27), hoy con rango constitucional. El Código prevé
que la obligación alimentaria puede ser cumplida en dinero o en especie, según las
posibilidades del o los alimentantes y las necesidades del alimentado, tal como acontece
en la práctica. Reconoce, en forma expresa, el valor económico de las tareas personales
que realiza el progenitor que tiene a su cargo el cuidado personal del hijo, por lo que
debe ser considerado un aporte. También se regula la especial situación de la obligación
alimentaria en los casos de custodia personal compartida en su modalidad alternada,
estableciéndose que si los recursos de ambos progenitores son equivalentes, cada uno se
hace cargo de la manutención del hijo durante el tiempo que permanezca con cada uno
de ellos; de lo contrario, se deberá tener en cuenta el caudal económico de cada uno.
Uno de los temas más debatidos después de la sanción de la ley 26.579 (que
establece la mayoría de edad a los 18 años) es el relativo a la extensión de la obligación
alimentaria hasta los 21 años, en particular, cuando los hijos continúan conviviendo con
uno de los progenitores. Como regla, el deber alimentario se extiende hasta los 21 años
de edad; nada debe probar el hijo que los reclama; es el padre que intenta liberarse el
que debe acreditar que el hijo mayor de edad puede procurárselos. Ahora bien, dado que
los alimentos deben cubrir algunos gastos del hogar, el Código concede legitimación al

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progenitor conviviente para obtener la contribución del otro al sostenimiento de dichos


gastos pues de lo contrario ellos recaerían exclusivamente sobre el progenitor
conviviente. Otra solución consiste en que las partes de común acuerdo, o el juez a
pedido de parte, fije dos sumas: una para ser percibida por el progenitor conviviente
para cubrir los referidos gastos; la otra para ser percibida por el hijo para solventar sus
gastos personales.
El Código también regula el caso de los alimentos a los hijos mayores de 21 años
que prosiguen sus estudios, supuesto especial que ya ha sido reconocido
jurisprudencialmente en algunas oportunidades. El derecho comparado conoce varias
soluciones; en algunos países, se otorgan sin límite de edad, como en Francia, Italia,
Suiza, España; en otros, se fija un tope etario como en Panamá, Chile, Nicaragua, Perú,
San Salvador, Costa Rica, Ecuador, etc. El Código sigue esta última tendencia a los
fines de lograr un equilibrio entre los derechos en pugna y el posible abuso en el
mantenimiento de los hijos mayores de edad.
Otro supuesto contemplado en varias legislaciones del moderno derecho
comparado es el de los alimentos a favor de la mujer embarazada, a quien se reconoce el
derecho para solicitar esa prestación al presunto padre. El Código también responde a
los avances doctrinales y jurisprudenciales al reglar la posibilidad de solicitar alimentos
provisorios a favor del hijo no reconocido en el marco de un proceso de reclamación de
paternidad, o aun antes cuando se acredita la verosimilitud del derecho.
Otras cuestiones debatidas en la doctrina y la jurisprudencia son resueltas
expresamente: se admite la posibilidad de reclamar alimentos contra el obligado
principal (los progenitores) y simultáneamente contra los ascendientes, debiéndose
acreditar prima facie la dificultad del primero para cumplir con la obligación a su cargo.
Se establece la retroactividad de la decisión que resuelve sobre los alimentos,
disponiéndose que son debidos desde el reclamo judicial o extrajudicial (entendiéndose
que también involucra la mediación en aquellos ámbitos en los cuales este tipo de
resolución pacífica de conflictos es previa y forma parte de todo reclamo alimentario),
siempre que este reclamo extrajudicial se hubiera realizado dentro el año anterior a la
iniciación de la demanda, evitándose así pretensiones abusivas. Se reconoce el derecho
del progenitor que realizó gastos que eran a cargo del otro progenitor a solicitar el
reembolso de tales erogaciones.

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Varias disposiciones receptan el principio fundamental de autonomía progresiva.


En este contexto, enumera de manera concreta diferentes deberes a cargo de los hijos,
entre otros: a) respeto de sus progenitores; b) cumplir con las decisiones asumidas por
sus principales responsables cuando ellas no sean contrarias a su interés superior; c)
prestar colaboración de acuerdo con su edad y grado de madurez; d) cuidar de los
ascendientes en todas las circunstancias en las que sea indispensable contar con su
auxilio. Se sustituye el deber de “obediencia” de los hijos por el de cumplir con las
decisiones asumidas por los progenitores en su beneficio, por ser ésta más acorde con la
noción de “responsabilidad parental”.
Una gran cantidad de disposiciones del Código exigen recabar la opinión de los
niños, niñas y adolescentes, agregándose que esta manifestación debe ser valorada de
conformidad con la edad y el grado de madurez. En consonancia con el principio de
autonomía progresiva, se recepta la siguiente relación inversamente proporcional: “a
mayor desarrollo madurativo disminuye la representación de los progenitores en el
ejercicio de los derechos de los hijos” (conf. arts. 3, 5 y 12 de la Convención sobre los
Derechos del Niño y arts. 3, 24 y 27 de la ley 26.061). Siguiendo las recomendaciones
internacionales, no se establece una edad para que los niños sean escuchados, siendo
ésta un elemento a ser tenido en cuenta sólo a los fines de la valoración.
Uno de los temas que más debates ha generado en la Ley 26.061 es el relativo a la
defensa técnica de niños y adolescentes mediante su intervención o participación activa,
con su propio patrocinio letrado, cuando existen intereses contrapuestos con los de sus
progenitores. El Código permite la actuación del “abogado del niño” cuando los niños y
adolescentes lo soliciten de manera expresa, y en determinados supuestos o situaciones
especiales, en particular, cuando involucre a hijos adolescentes.
Sobre la base del principio de “democratización de la familia”, el Código regula
ciertos aspectos que involucran a la llamada “familia ensamblada”, es decir, aquella
estructura familiar originada en el matrimonio o en las convivencias de pareja, en la
cual uno o ambos tienen hijos, nacidos con anterioridad a esta unión. De este modo, se
alude a las situaciones de segundas nupcias de viudos/as y divorciados/as, y aquellas
otras en las cuales uno de los cónyuges es soltero y el otro viudo o divorciado.
Un capítulo particular se dedica a las funciones, derechos y deberes de los
llamados “progenitores afines”. Esta denominación sigue la más calificada doctrina
nacional sobre el tema, que designa con este término a los nuevos cónyuges o parejas de

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los progenitores; se recurre a un vocablo ya existente en el Código anterior, como es el


parentesco por afinidad, que establece lazos de parentesco derivados del matrimonio y
con los parientes consanguíneos del cónyuge, y se lo extiende a las uniones
convivenciales. En primer lugar, se reconoce el deber del cónyuge o conviviente de un
progenitor a cooperar en la crianza y educación de los hijos del otro, así como la
facultad de realizar actos de la vida cotidiana de estos niños, como, por ej., firmar
boletines, autorización para salidas extracurriculares, anotarlo en torneos recreativos,
etc., destacándose que esta “colaboración no afecta los derechos de los titulares de la
responsabilidad parental” que continúa en cabeza de los progenitores. Se reconoce el
vínculo afectivo que se genera entre el progenitor y los hijos de su pareja cuando
conviven, otorgando ciertos derechos a los primeros sin excluir los derechos y deberes
de los progenitores como principales responsables de los hijos. En este sentido, se prevé
la posibilidad de delegar el ejercicio de la responsabilidad parental a favor del
progenitor afín cuando el o los progenitores no se encuentren en condiciones de cumplir
plenamente con las funciones a su cargo por diversas razones como ser viajes,
enfermedad, etc. Por las implicancias jurídicas que se derivan, y en la misma línea que
acontece en la delegación del ejercicio de la responsabilidad parental a un tercero, el
Código prevé que este acuerdo sea homologado judicialmente, salvo que el otro
progenitor -el que no delega, el no conviviente- esté de acuerdo con este traspaso
temporario de responsabilidades. Se admite el ejercicio conjunto de la responsabilidad
parental entre el progenitor que tiene a su cargo el cuidado del hijo y su pareja
matrimonial o conviviente, sobre el hijo del primero que vive con ambos. Este acuerdo:
a) exige homologación; b) si existe algún desacuerdo, se prioriza la decisión del
progenitor del niño; c) se extingue con la ruptura del matrimonio o de la unión
convivencial.
Desde una perspectiva sistémica e integral, algunas modificaciones sustanciales
en aspectos personales tienen incidencia en los de carácter patrimonial; de allí que el
principio de autonomía progresiva también se extiende a este último ámbito. El Código
introduce varias modificaciones en el plano patrimonial de la responsabilidad parental,
destacándose por su relevancia los siguientes: (a) la presunción de que los hijos
adolescentes cuentan con madurez suficiente para estar en juicio conjuntamente con sus
progenitores y aun de manera autónoma; (b) la posibilidad de que un hijo adolescente
pueda iniciar acción civil a pesar de la oposición de sus progenitores; (c) la facultad de

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los hijos menores de edad de reclamar contra sus progenitores por sus propios intereses,
sin previa autorización judicial si cuentan con madurez suficiente; (d) la celebración de
contratos por parte de los progenitores en nombre de los hijos, pero dándoles a éstos la
debida participación e información y (e) la presunción de que los hijos mayores de 16
que ejercen oficio, profesión o industria están autorizados por sus progenitores para
realizar válidamente actos relativos a esta labor.
Se deroga la figura del usufructo paterno porque si los hijos son sujetos de
derechos diferentes a sus padres, los frutos de sus bienes no deben ingresar al
patrimonio de sus progenitores, sino que deben ser conservados y reservados para ellos.
De este modo, la regla es que la renta de los bienes de los hijos le corresponde a éstos,
no debiéndose confundir con los bienes de los progenitores; sólo de manera
excepcional, los progenitores pueden disponer de ellas previa autorización judicial y por
razones fundadas en beneficio de los hijos, debiéndose rendir cuenta. Esta autorización
no es necesaria cuando las rentas se destinen para gastos para la subsistencia y
educación del hijo, los gastos derivados de la administración de estos fondos y gastos de
enfermedad o entierro de los hijos.
Se reconoce la facultad de los hijos de celebrar por sí ciertos contratos cuando se
trata de transacciones de escasa cuantía y pagados en efectivo relativos a la vida
cotidiana, presumiéndose que son celebrados con la conformidad de los progenitores.
Los supuestos de extinción de la responsabilidad parental se modifican para estar
en consonancia con los cambios propuestos en otras instituciones que se vinculan de
manera directa con la responsabilidad parental, como la emancipación. Si bien la
emancipación por matrimonio -única que recepta la ley vigente- produce la plena
capacidad civil, no lo es a los fines del ejercicio de la responsabilidad parental por parte
de los progenitores adolescentes, de acuerdo con los fundamentos ya esgrimidos. El
Código aclara de manera expresa que la adopción de integración –se trate de un
matrimonio o unión convivencial- no extingue la responsabilidad parental del
progenitor con el cual se tiene vínculo jurídico previo. Se restringen los supuestos de
privación de la responsabilidad parental, derogándose la posibilidad de que se extinga
ipso iure por las consecuencias o situaciones negativas que hayan acontecido con otros
hijos, siendo necesario indagar en cada caso si se observan o no las causales de
privación con cada hijo, con independencia de lo sucedido con el resto de los hijos. Se
limita el supuesto de privación para las situaciones de peligro a la salud física y psíquica

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del hijo, derogándose la noción de “moralidad” a la cual aludía el texto anterior, siendo
éste un concepto vago e indeterminado contrario a la mirada estricta con la cual se debe
analizar la figura de la privación de la responsabilidad parental.
Se señala de manera expresa que la privación tiene efectos a partir de la sentencia
que la declara, excepto cuando se deriva de la declaración judicial en estado de
adoptabilidad, que rige desde esta decisión. Se introducen modificaciones a los
supuestos de suspensión del ejercicio de la responsabilidad parental en consonancia con
los principios y propósitos que inspiran la Convención sobre los Derechos de las
personas con discapacidad y la ley 26.657. El Código reconoce que una persona puede
sufrir la limitación de su capacidad para ciertos o determinados actos pero eso no
significa la automática imposibilidad de ejercer la responsabilidad parental sobre sus
hijos; de este modo, se deroga la suspensión de pleno derecho del ejercicio de la
responsabilidad parental que la declaración de insania o capacidad restringida producían
en el régimen anterior.
Principios generales de la responsabilidad parental.
Concepto. La responsabilidad parental es el conjunto de deberes y derechos que
corresponden a los progenitores sobre la persona y bienes del hijo, para su protección,
desarrollo y formación integral mientras sea menor de edad y no se haya emancipado.
Principios. La responsabilidad parental se rige por los siguientes principios: a) el interés
superior del niño; b) la autonomía progresiva del hijo conforme a sus características
psicofísicas, aptitudes y desarrollo. A mayor autonomía, disminuye la representación de
los progenitores en el ejercicio de los derechos de los hijos; c) el derecho del niño a ser
oído y a que su opinión sea tenida en cuenta según su edad y grado de madurez.
Figuras legales. Derivan de la responsabilidad parental las siguientes figuras legales: a)
la titularidad y el ejercicio de la responsabilidad parental; b) el cuidado personal del hijo
por los progenitores; c) la guarda otorgada por el juez a un tercero.
Titularidad y ejercicio de la responsabilidad parental.
El ejercicio de la responsabilidad parental corresponde siempre, en principio, a
ambos progenitores. Sea que estos convivan, o aun caso de cese de la convivencia,
divorcio o nulidad de matrimonio, se presume que los actos realizados por uno cuentan
con la conformidad del otro, salvo los supuestos que requieren consentimiento expreso
de ambos progenitores contemplados en el art. 645, o que medie expresa oposición. No

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obstante, por voluntad de los progenitores o por decisión judicial, en interés del hijo, el
ejercicio se puede atribuir a sólo uno de ellos, o establecerse distintas modalidades.
En caso de muerte, ausencia con presunción de fallecimiento, privación de la
responsabilidad parental o suspensión del ejercicio de un progenitor, la responsabilidad
parental corresponde al otro. En caso de hijo extramatrimonial con un solo vínculo
filial, corresponde al único progenitor. Y en caso de hijo extramatrimonial con doble
vínculo filial, si uno se estableció por declaración judicial, corresponde al otro
progenitor; sin embargo, en interés del hijo, los progenitores de común acuerdo o el juez
pueden decidir el ejercicio conjunto o establecer distintas modalidades (art. 641).
En caso de desacuerdo entre los progenitores, cualquiera de ellos puede acudir al
juez competente quien debe resolver previa audiencia de los progenitores con
intervención del Ministerio Público. Si los desacuerdos son reiterados o concurre
cualquier otra causa que entorpece gravemente el ejercicio de la responsabilidad
parental, el juez puede atribuirlo total o parcialmente a uno de los progenitores, o
distribuir entre ellos sus funciones, por un plazo que no puede exceder de 2 años. El
juez también puede ordenar medidas de intervención interdisciplinaria y someter las
discrepancias a mediación.
Delegación del ejercicio. En el interés del hijo y por razones suficientemente
justificadas, los progenitores pueden convenir que el ejercicio de la responsabilidad
parental sea otorgado a un pariente, al cónyuge o al conviviente. El acuerdo con la
persona que acepta la delegación debe ser homologado judicialmente, debiendo oírse
necesariamente al hijo. Tiene un plazo máximo de un año, pudiendo renovarse
judicialmente por razones debidamente fundadas por un período más con participación
de las partes involucradas. Los progenitores conservan la titularidad de la
responsabilidad parental, y mantienen el derecho a supervisar la crianza y educación del
hijo en función de sus posibilidades. Igual régimen es aplicable al hijo que sólo tiene un
vínculo filial establecido.
Progenitores adolescentes. Si los progenitores son adolescentes, estén o no casados,
ejercen la responsabilidad parental de sus hijos pudiendo decidir y realizar por sí
mismos las tareas necesarias para su cuidado, educación y salud. Quienes ejercen la
responsabilidad parental de un progenitor adolescente que tenga un hijo bajo su
cuidado, pueden oponerse a la realización de actos que resulten perjudiciales para el
niño, y también intervenir cuando el progenitor omite realizar las acciones necesarias

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para preservar su adecuado desarrollo. No obstante, el consentimiento del progenitor


adolescente debe integrarse con el asentimiento de cualquiera de sus propios
progenitores si se trata de actos trascendentes para la vida del niño, como la decisión
libre e informada de su adopción, intervenciones quirúrgicas que ponen en peligro su
vida, u otros actos que pueden lesionar gravemente sus derechos. En caso de conflicto,
el juez debe decidir a través del procedimiento más breve previsto por la ley local. La
plena capacidad de uno de los progenitores no modifica este régimen (art. 644).
Actos que requieren el consentimiento de ambos progenitores. Si el hijo tiene doble
vínculo filial se requiere el consentimiento expreso de ambos progenitores para los
siguientes casos: a) autorizar a los hijos adolescentes entre 16 y 18 años para contraer
matrimonio; b) autorizarlo para ingresar a comunidades religiosas, fuerzas armadas o de
seguridad; c) autorizarlo para salir de la República o para el cambio de residencia
permanente en el extranjero; d) autorizarlo para estar en juicio, en los casos en que no
puede actuar por sí; e) administrar los bienes de los hijos, excepto que se haya delegado
la administración según lo previsto en el Código. En todos estos casos, si uno de los
progenitores no da su consentimiento o media imposibilidad para prestarlo, debe
resolver el juez teniendo en miras el interés familiar. Cuando el acto involucra a hijos
adolescentes, es necesario su consentimiento expreso (art. 645).
Deberes y derechos de los progenitores.
Reglas generales. Son deberes de los progenitores:
a) cuidar del hijo, convivir con él, prestarle alimentos y educarlo;
b) considerar las necesidades específicas del hijo según sus características psicofísicas,
aptitudes y desarrollo madurativo;
c) respetar el derecho del niño y adolescente a ser oído y a participar en su proceso
educativo, así como en todo lo referente a sus derechos personalísimos;
d) prestar orientación y dirección al hijo para el ejercicio y efectividad de sus derechos;
e) respetar y facilitar el derecho del hijo a mantener relaciones personales con abuelos,
otros parientes o personas con las cuales tenga un vínculo afectivo;
f) representarlo y administrar el patrimonio del hijo.
Prohibición de malos tratos. Auxilio del Estado. Se prohíbe el castigo corporal en
cualquiera de sus formas, los malos tratos y cualquier hecho que lesione o menoscabe
física o psíquicamente a los niños o adolescentes. Los progenitores pueden solicitar el
auxilio de los servicios de orientación a cargo de los organismos del Estado.

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Deberes y derechos sobre el cuidado de los hijos.


Cuidado personal. Se denomina “cuidado personal” a los deberes y facultades de los
progenitores referidos a la vida cotidiana del hijo. Cuando los progenitores no conviven,
el cuidado personal del hijo puede ser unilateral (asumido por un progenitor) o
compartido (por ambos). El cuidado personal compartido puede ser alternado o
indistinto. En el cuidado alternado, el hijo pasa períodos de tiempo con cada uno de los
progenitores, según la organización y posibilidades de la familia. En el indistinto, el hijo
reside de manera principal en el domicilio de uno de los progenitores, pero ambos
comparten las decisiones y se distribuyen de modo equitativo las labores atinentes a su
cuidado.
A pedido de uno o ambos progenitores o de oficio, el juez debe otorgar, como
primera alternativa, el cuidado compartido del hijo con la modalidad indistinta, excepto
que no sea posible o resulte perjudicial para el hijo. En el supuesto de cuidado atribuido
a uno de los progenitores, el otro tiene el derecho y el deber de fluida comunicación con
el hijo.
Cuidado personal unilateral. Deber de colaboración. En el supuesto excepcional en el
que el cuidado personal del hijo deba ser unipersonal, el juez debe ponderar: a) la
prioridad del progenitor que facilita el derecho a mantener trato regular con el otro; b) la
edad del hijo; c) la opinión del hijo; d) el mantenimiento de la situación existente y
respeto del centro de vida del hijo. El otro progenitor tiene el derecho y el deber de
colaboración con el conviviente.
Asimismo, cada progenitor debe informar al otro sobre cuestiones de educación,
salud y otras relativas a la persona y bienes del hijo.
Plan de parentalidad. Los progenitores pueden presentar un plan de parentalidad relativo
al cuidado del hijo, que contenga: a) lugar y tiempo en que el hijo permanece con cada
progenitor; b) responsabilidades que cada uno asume; c) régimen de vacaciones, días
festivos y otras fechas significativas para la familia; d) régimen de relación y
comunicación con el hijo cuando éste reside con el otro progenitor.
El plan de parentalidad propuesto puede ser modificado por los progenitores en
función de las necesidades del grupo familiar y del hijo en sus diferentes etapas. Los
progenitores deben procurar la participación del hijo en el plan de parentalidad y en su
modificación (art. 655).

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Inexistencia de plan de parentalidad homologado. Si no existe plan de parentalidad o


este no se ha homologado, el juez debe fijar el régimen de cuidado de los hijos y
priorizar la modalidad compartida indistinta, excepto que por razones fundadas resulte
más beneficioso el cuidado unipersonal o alternado. Cualquier decisión en materia de
cuidado personal del hijo debe basarse en conductas concretas del progenitor que
puedan lesionar el bienestar del niño o adolescente no siendo admisibles
discriminaciones fundadas en el sexo u orientación sexual, la religión, las preferencias
políticas o ideológicas o cualquier otra condición.
Otorgamiento de la guarda a un pariente. En supuestos de especial gravedad, el juez
puede otorgar la guarda a un pariente por un plazo de 1 año, prorrogable por razones
fundadas por otro período igual. Vencido el plazo, el juez debe resolver la situación del
niño, niña o adolescente mediante otras figuras que se regulan en el Código.
El guardador tiene el cuidado personal del niño, niña o adolescente y está
facultado para tomar las decisiones relativas a las actividades de la vida cotidiana, sin
perjuicio de que la responsabilidad parental quede en cabeza del o los progenitores,
quienes conservan los derechos y responsabilidades emergentes de esta titularidad y
ejercicio (art. 657).
Deberes y derechos de los progenitores. Obligación de alimentos.
Regla general. Ambos progenitores tienen la obligación y el derecho de criar a sus hijos,
alimentarlos y educarlos conforme a su condición y fortuna, aunque el cuidado personal
esté a cargo de uno de ellos. La obligación de prestar alimentos a los hijos se extiende
hasta los 21 años, excepto que el obligado acredite que el hijo mayor de edad cuenta con
recursos suficientes para proveérselos por sí mismo (658).
Contenido. La obligación de alimentos comprende la satisfacción de las necesidades de
los hijos de manutención, educación, esparcimiento, vestimenta, habitación, asistencia,
gastos por enfermedad y los gastos necesarios para adquirir una profesión u oficio. Los
alimentos están constituidos por prestaciones monetarias o en especie y son
proporcionales a las posibilidades económicas de los obligados y necesidades del
alimentado. Las tareas cotidianas que realiza el progenitor que ha asumido el cuidado
personal del hijo tienen un valor económico y constituyen un aporte a su manutención.
El progenitor que falte a la prestación de alimentos puede ser demandado por: a)
el otro progenitor en representación del hijo; b) el hijo con grado de madurez suficiente

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con asistencia letrada; c) subsidiariamente, cualquiera de los parientes o el Ministerio


Público (art. 661).
Hijo mayor de edad. El progenitor que convive con el hijo mayor de edad tiene
legitimación para obtener la contribución del otro hasta que el hijo cumpla 21 años.
Puede iniciar el juicio alimentario o, en su caso, continuar el proceso promovido durante
la minoría de edad del hijo para que el juez determine la cuota que corresponde al otro
progenitor. Tiene derecho a cobrar y administrar las cuotas alimentarias devengadas.
Las partes de común acuerdo, o el juez, a pedido de alguno de los progenitores o del
hijo, pueden fijar una suma que el hijo debe percibir directamente del progenitor no
conviviente. Tal suma, administrada por el hijo, está destinada a cubrir los desembolsos
de su vida diaria, como esparcimiento, gastos con fines culturales o educativos,
vestimenta u otros rubros que se estimen pertinentes (art. 662).
Hijo mayor que se capacita. La obligación de los progenitores de proveer recursos al
hijo subsiste hasta que éste alcance la edad de 25 años, si la prosecución de estudios o
preparación profesional de un arte u oficio, le impide proveerse de medios necesarios
para sostenerse independientemente. Pueden ser solicitados por el hijo o por el
progenitor con el cual convive; y debe acreditarse la viabilidad del pedido (art. 663).
Hijo no reconocido. El hijo extramatrimonial no reconocido tiene derecho a alimentos
provisorios mediante la acreditación sumaria del vínculo invocado. Si la demanda se
promueve antes que el juicio de filiación, en la resolución que determina alimentos
provisorios el juez debe establecer un plazo para promover dicha acción, bajo
apercibimiento de cesar la cuota fijada mientras esa carga esté incumplida.
Mujer embarazada. La mujer embarazada tiene derecho a reclamar alimentos al
progenitor presunto con la prueba sumaria de la filiación alegada.
Cuidado personal compartido. En el caso de cuidado personal compartido, cada uno de
los progenitores debe hacerse cargo de la manutención cuando el hijo permanece bajo
su cuidado, si ambos cuentan con recursos equivalentes; si no son equivalentes, aquel
que cuenta con mayores ingresos debe pasar una cuota alimentaria al otro para que el
hijo goce del mismo nivel de vida en ambos hogares. Los gastos comunes deben ser
solventados por ambos progenitores, de conformidad con lo dispuesto en el art. 658 (art.
666).
Hijo fuera del país o alejado de sus progenitores. El hijo que no convive con sus
progenitores, que se encuentra en un país extranjero o en un lugar alejado dentro de la

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República, y tenga necesidad de recursos para su alimentación u otros rubros urgentes,


puede ser autorizado por el juez del lugar o por la representación diplomática de la
República, según el caso, para contraer deudas que satisfagan sus necesidades. Si es
adolescente no necesita autorización alguna; sólo el asentimiento del adulto
responsable, de conformidad con la legislación aplicable.
Reclamo a ascendientes. Pueden reclamarse alimentos a los ascendientes en el mismo
proceso en que se demandan a los progenitores, o en proceso diverso; además de lo
previsto en el título del parentesco, debe acreditarse verosímilmente las dificultades del
reclamante para percibir los alimentos del progenitor obligado (art. 668).
Alimentos impagos. Los alimentos se deben desde el día de la demanda o desde el día
de la interpelación del obligado por medio fehaciente, siempre que se interponga la
demanda dentro de los 6 meses de la interpelación. Por el período anterior, el progenitor
que asumió el cuidado del hijo tiene derecho al reembolso de lo gastado en la parte que
corresponde al progenitor no conviviente.
Deberes de los hijos.
Son deberes de los hijos: a) respetar a sus progenitores; b) cumplir con las
decisiones de los progenitores que no sean contrarias a su interés superior; c) prestar a
los progenitores colaboración propia de su edad y desarrollo y cuidar de ellos u otros
ascendientes en todas las circunstancias de la vida en que su ayuda sea necesaria (art.
671).
Deberes y derechos de los progenitores e hijos afines.
Se denomina “progenitor afín” al cónyuge o conviviente que vive con quien tiene
a su cargo el cuidado personal del niño o adolescente.
Deberes del progenitor afín. El cónyuge o conviviente de un progenitor debe cooperar
en la crianza y educación de los hijos del otro, realizar los actos cotidianos relativos a su
formación en el ámbito doméstico y adoptar decisiones ante situaciones de urgencia. En
caso de desacuerdo entre el progenitor y su cónyuge o conviviente prevalece el criterio
del progenitor. Esta colaboración no afecta los derechos de los titulares de la
responsabilidad parental.
Delegación en el progenitor afín. El progenitor a cargo del hijo puede delegar a su
cónyuge o conviviente el ejercicio de la responsabilidad parental cuando no estuviera en
condiciones de cumplir la función en forma plena por razones de viaje, enfermedad o
incapacidad transitoria, y siempre que exista imposibilidad para su desempeño por parte

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del otro progenitor, o no fuera conveniente que este último asuma su ejercicio. Esta
delegación requiere la homologación judicial, excepto que el otro progenitor exprese su
acuerdo de modo fehaciente.
Ejercicio conjunto con el progenitor afín. En caso de muerte, ausencia o incapacidad del
progenitor, el otro progenitor puede asumir dicho ejercicio conjuntamente con su
cónyuge o conviviente. Este acuerdo entre el progenitor en ejercicio de la
responsabilidad parental y su cónyuge o conviviente debe ser homologado
judicialmente. En caso de conflicto prima la opinión del progenitor.
Este ejercicio se extingue con la ruptura del matrimonio o de la unión
convivencial. También se extingue con la recuperación de la capacidad plena del
progenitor que no estaba en ejercicio de la responsabilidad parental (art. 675).
Obligación alimentaria. La obligación alimentaria del progenitor afín respecto de los
hijos del otro, tiene carácter subsidiario. Cesa este deber en los casos de disolución del
vínculo conyugal o ruptura de la convivencia. Sin embargo, si el cambio de situación
puede ocasionar un grave daño al niño o adolescente y el cónyuge o conviviente asumió
durante la vida en común el sustento del hijo del otro, puede fijarse una cuota asistencial
a su cargo con carácter transitorio, cuya duración debe definir el juez de acuerdo a las
condiciones de fortuna del obligado, las necesidades del alimentado y el tiempo de la
convivencia (art. 676).
Representación, disposición y administración de los bienes del hijo menor de edad.
Representación. Los progenitores pueden estar en juicio por su hijo como actores o
demandados. Se presume que el hijo adolescente cuenta con suficiente autonomía para
intervenir en un proceso conjuntamente con los progenitores, o de manera autónoma
con asistencia letrada.
Si uno o ambos progenitores se oponen a que el hijo adolescente inicie una acción
civil contra un tercero, el juez puede autorizarlo a intervenir en el proceso con la debida
asistencia letrada, previa audiencia del oponente y del Ministerio Público.
Juicio contra los progenitores. El hijo menor de edad puede reclamar a sus progenitores
por sus propios intereses sin previa autorización judicial, si cuenta con la edad y grado
de madurez suficiente y asistencia letrada (art. 679).
Hijo adolescente en juicio. El hijo adolescente no precisa autorización de sus
progenitores para estar en juicio cuando sea acusado criminalmente, ni para reconocer
hijos (art. 680).

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Contratos por servicios de hijo menor o mayor de 16 años. El hijo menor de 16 años no
puede ejercer oficio, profesión o industria, ni obligarse de otra manera sin autorización
de sus progenitores; en todo caso, debe cumplirse con las disposiciones del Código y de
leyes especiales (art. 681). Inversamente, si el hijo es mayor de 16 años, los
progenitores no pueden hacer contratos por servicios a ser prestados por su hijo
adolescente o para que aprenda algún oficio sin su consentimiento y de conformidad
con los requisitos previstos en leyes especiales (art. 682).
Presunción de autorización para hijo mayor de 16 años. Se presume que el hijo mayor
de 16 años que ejerce algún empleo, profesión o industria, está autorizado por sus
progenitores para todos los actos y contratos concernientes al empleo, profesión o
industria. En todo caso debe cumplirse con las disposiciones del Código y de la
normativa referida al trabajo infantil.
Los derechos y obligaciones que nacen de estos actos recaen únicamente sobre los
bienes cuya administración está a cargo del propio hijo.
Contratos de escasa cuantía. Los contratos de escasa cuantía de la vida cotidiana
celebrados por el hijo, se presumen realizados con la conformidad de los progenitores
(art. 684).
Administración de los bienes. Los progenitores ejercen en común la administración de
los bienes del hijo cuando ambos estén en ejercicio de la responsabilidad parental. Los
actos conservatorios pueden ser otorgados por cualquiera de los progenitores. Esta
disposición se aplica con independencia de que el cuidado sea unipersonal o compartido
(art. 685). Los progenitores pueden acordar que uno de ellos administre los bienes del
hijo; en ese caso, el progenitor administrador necesita el consentimiento expreso del
otro para todos los actos que requieran también autorización judicial (art. 687). En caso
de graves o persistentes desacuerdos sobre la administración de los bienes, cualquiera
de los progenitores puede recurrir al juez para que designe a uno de ellos o, en su
defecto, a un tercero idóneo para ejercer la función (art. 688).
Excepciones a la administración. Corresponde exclusivamente al hijo y por tanto se
exceptúan de la administración por los progenitores los siguientes bienes: a) los
adquiridos por el hijo mediante trabajo, empleo, profesión o industria, que son
administrados por éste, aunque conviva con sus progenitores; b) los heredados por el
hijo por indignidad de sus progenitores; c) los adquiridos por herencia, legado o

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donación, cuando el donante o testador haya excluido expresamente la administración


de los progenitores.
Contratos prohibidos. Los progenitores no pueden hacer contrato alguno con el hijo que
está bajo su responsabilidad, excepto lo dispuesto para las donaciones sin cargo
previstas en el art. 1549. No pueden, ni aun con autorización judicial, comprar por sí ni
por persona interpuesta, bienes de su hijo ni constituirse en cesionarios de créditos,
derechos o acciones contra su hijo; ni hacer partición privada con su hijo de la herencia
del progenitor prefallecido, ni de la herencia en que sean con él coherederos o
colegatarios; ni obligar a su hijo como fiadores de ellos o de terceros (art. 689). Pero los
progenitores pueden celebrar contratos con terceros en nombre de su hijo en los límites
de su administración, debiendo informar al hijo que cuenta con la edad y grado de
madurez suficiente (art. 690). La locación de bienes del hijo realizada por los
progenitores lleva implícita la condición de extinguirse cuando la responsabilidad
parental concluya (art. 691).
Actos que necesitan autorización judicial. Se necesita autorización judicial para
disponer los bienes del hijo. Los actos realizados sin autorización pueden ser declarados
nulos si perjudican al hijo.
Obligación de realizar inventario. En los 3 meses subsiguientes al fallecimiento de uno
de los progenitores, el sobreviviente debe hacer inventario judicial de los bienes de los
cónyuges o de los convivientes, y determinarse en él los bienes que correspondan al
hijo, bajo pena de una multa pecuniaria a ser fijada por el juez a solicitud de parte
interesada.
Pérdida de la administración. Los progenitores pierden la administración de los bienes
del hijo: a) cuando ella sea ruinosa, o se pruebe su ineptitud para administrarlos. El juez
puede declarar la pérdida de la administración en los casos de concurso o quiebra del
progenitor que administra los bienes del hijo (art. 694); b) cuando son privados de la
responsabilidad parental (art. 695).
Removido uno de los progenitores de la administración de los bienes, ésta
corresponde al otro. Si ambos son removidos, el juez debe nombrar un tutor especial
(art. 696).
Rentas. Las rentas de los bienes del hijo le corresponden a éste. Los progenitores están
obligados a preservarlas cuidando de que no se confundan con sus propios bienes. Sólo
pueden disponer de ellas con autorización judicial y por razones fundadas, en beneficio

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de los hijos. Los progenitores pueden rendir cuentas a pedido del hijo, presumiéndose su
madurez (art. 697).
Utilización de las rentas. Los progenitores pueden utilizar las rentas de los bienes del
hijo sin autorización judicial pero con la obligación de rendir cuentas, cuando se trata de
solventar los siguientes gastos: a) de subsistencia y educación del hijo cuando los
progenitores no pueden asumir esta responsabilidad a su cargo por incapacidad o
dificultad económica; b) de enfermedad del hijo y de la persona que haya instituido
heredero al hijo; c) de conservación del capital, devengado durante la minoridad del hijo
(art. 698).
Extinción, privación, suspensión y rehabilitación de la responsabilidad parental.
Extinción de la titularidad. La titularidad de la responsabilidad parental se extingue por:
a) muerte del progenitor o del hijo; b) profesión del progenitor en instituto monástico; c)
alcanzar el hijo la mayoría de edad; d) emancipación, excepto lo dispuesto en el artículo
644; e) adopción del hijo por un tercero, sin perjuicio de la posibilidad de que se la
restituya en caso de revocación y nulidad de la adopción; la extinción no se produce
cuando se adopta el hijo del cónyuge o del conviviente (art. 699).
Privación. Cualquiera de los progenitores queda privado de la responsabilidad parental
por: a) ser condenado como autor, coautor, instigador o cómplice de un delito doloso
contra la persona o los bienes del hijo de que se trata; b) abandono del hijo, dejándolo
en un total estado de desprotección, aun cuando quede bajo el cuidado del otro
progenitor o la guarda de un tercero; c) poner en peligro la seguridad, la salud física o
psíquica del hijo; d) haberse declarado el estado de adoptabilidad del hijo.
En los supuestos previstos en los incisos a), b) y c) la privación tiene efectos a
partir de la sentencia que declare la privación; en el caso previsto en el inciso d) desde
que se declaró el estado de adoptabilidad del hijo (art. 700).
Suspensión del ejercicio. El ejercicio de la responsabilidad parental queda suspendido
mientras dure: a) la declaración de ausencia con presunción de fallecimiento; b) el plazo
de la condena a reclusión y la prisión por más de 3 años; c) la declaración por sentencia
firme de la limitación de la capacidad por razones graves de salud mental que impiden
al progenitor dicho ejercicio; d) la convivencia del hijo con un tercero, separado de sus
progenitores por razones graves, de conformidad con lo establecido en leyes especiales
(art. 702).

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Casos de privación o suspensión de ejercicio. Si uno de los progenitores es privado de la


responsabilidad parental o suspendido en su ejercicio, el otro continúa ejerciéndola. En
su defecto, se procede a iniciar los procesos correspondientes para la tutela o adopción,
según la situación planteada, y siempre en beneficio e interés del niño o adolescente
(art. 703).
Rehabilitación. La privación de la responsabilidad parental puede ser dejada sin efecto
por el juez si los progenitores, o uno de ellos, demuestra que la restitución se justifica en
beneficio e interés del hijo (art. 701).
Subsistencia del deber alimentario. Los alimentos a cargo de los progenitores subsisten
durante la privación y la suspensión del ejercicio de la responsabilidad parental (art.
704).
7.- Régimen legal del trasplante humano. Ley 27.447.
Con fecha 26/07/18 se publicó en el Boletín Oficial el texto de la nueva ley
27.447 que instaura el régimen de trasplante de órganos, tejidos y células, que deroga la
ley 24.913.
La ley regula lo relativo a las actividades vinculadas a la obtención y utilización
de órganos, tejidos y células de origen humano, en todo el territorio de la República
Argentina, incluyendo la investigación, promoción, donación, extracción, preparación,
distribución, el trasplante y su seguimiento.
Se excluyen de su tratamiento los tejidos y células naturalmente renovables o
separables del cuerpo; la sangre y sus hemocomponentes para fines transfusionales; las
células y los tejidos germinativos para fines de reproducción humana asistida, y las
células para ser utilizadas en investigación básica (art. 2 ap. 4).
El implante de órganos, tejidos y células debe ser realizado cuando los otros
medios y recursos disponibles se hayan agotado, sean insuficientes o inconvenientes o
resulte la mejor alternativa terapéutica para la salud del paciente, conforme a la
evidencia científica (art. 2 ap. 2).
La ley 27.447 se enmarca en los siguientes principios: 1. Respeto por la dignidad
humana en todas sus dimensiones. 2. Respeto por la autonomía de la voluntad como
fundamento ético y legal de toda intervención médica. 3. Solidaridad y justicia
distributiva en la asignación de órganos, tejidos y células. 4. Equidad en el acceso a los
tratamientos de trasplante. 5. Extrapatrimonialidad del cuerpo humano, sus órganos,
tejidos y células. 6. La atención integral del paciente trasplantado. 7. La observancia de

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los principios éticos en el desarrollo y promoción de toda actividad de investigación


vinculada a trasplante, basada en los adelantos científicos. 8. La autosuficiencia,
entendida como el desarrollo de políticas y estrategias que permitan maximizar la
disponibilidad de órganos, tejidos y células, a fin de garantizar la disminución
progresiva en las listas de espera. 9. Voluntariedad, altruismo y gratuidad en la
donación (art. 3).
Son derechos específicos tanto de las personas donantes como receptoras de
órganos, tejidos y células: a) Derecho a la intimidad, privacidad y confidencialidad. En
los tratamientos regulados por esta ley se respeta la privacidad de las personas
involucradas y la confidencialidad de la información y datos personales, no pudiendo la
autoridad competente divulgar la identidad de donantes y receptores, salvo que el
individuo, en forma pública, libre y voluntaria se manifieste como dador o receptor; b)
Derecho a la integridad. Las prácticas vinculadas al trasplante no deben suponer riesgos
o cargas para los seres humanos que resulten desproporcionadas en relación a sus
potenciales beneficios. La importancia de los probables beneficios de la práctica debe
ser mayor que los riesgos o costos para el ser humano. c) Derecho a la información. Las
personas involucradas en las prácticas reguladas por la ley deben ser informadas de
manera clara y adaptada a su nivel cultural sobre los riesgos, secuelas evolución y
posibles complicaciones de los procedimientos médicos a realizar. d) Derecho al trato
equitativo e igualitario. Los donantes y receptores tienen derecho a la igualdad de trato
sin discriminación. e) Derecho a la cobertura integral del tratamiento y del seguimiento
posterior en los términos de las normas vigentes. f) Derecho al traslado prioritario por
vía aérea o terrestre, junto a un acompañante, de las personas que deban trasladarse para
ser sometidas a un trasplante (art. 4).
En cuanto a los profesionales, la ley dispone que los actos médicos referidos al
proceso de donación y trasplantes deben ser realizados por médicos o equipos de
profesionales de salud registrados y habilitados al efecto ante la respectiva autoridad de
contralor jurisdiccional, conforme los requisitos exigidos por el INCUCAI. Los equipos
de profesionales de salud deben estar a cargo de un jefe médico, pudiendo ser
reemplazado por un subjefe médico. Tanto los jefes, subjefes y profesionales del equipo
de salud deben contar con autorización otorgada por la autoridad sanitaria jurisdiccional
correspondiente. Los profesionales médicos que realicen tratamientos de diálisis o que
indiquen a un paciente la realización de un trasplante, deben registrar dichas

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circunstancias de acuerdo a las normas que a tales fines dicte el Instituto Nacional
Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI).
Los actos médicos contemplados en la ley deben ser realizados en el ámbito de
establecimientos médicos inscriptos y habilitados por la respectiva autoridad de
contralor jurisdiccional, conforme a las normas que dicte el INCUCAI. Los
establecimientos habilitados conforme a la ley, deben contar con un régimen de
capacitación permanente para el personal afectado a la actividad trasplantológica, que
contemple un entrenamiento específico en todas las etapas del proceso donación-
trasplante. La vigencia de la inscripción de estos establecimientos no puede ser mayor a
dos (2) años y su renovación sólo puede efectuarse previa inspección del
establecimiento por parte de la autoridad de contralor jurisdiccional y acreditación por
parte del mismo de seguir contando con los recaudos necesarios. Las sucesivas
renovaciones tendrán validez por iguales períodos. Los establecimientos habilitados
para la realización de tratamientos trasplantológicos, deben registrar los actos médicos
que se realicen en su ámbito, conforme las normas dictadas a tal efecto por el
INCUCAI.
Información médica previa a donantes y receptores. Los jefes, subjefes y demás
integrantes de los equipos profesionales deben proveer a los donantes vivos y a los
receptores la información sanitaria, precisa, completa y adecuada sobre el
procedimiento específico, los beneficios esperados, los riesgos, molestias y efectos
adversos previsibles, de acuerdo con la normativa vigente. En el supuesto de un receptor
en situación de incapacidad o con capacidad restringida, la información deberá ser
proporcionada al paciente en presencia de su representante legal o curador.
Consentimiento informado en trasplantes con donante vivo. Los donantes y receptores,
o en su caso el representante legal, deben prestar el consentimiento informado libre y
voluntario en un todo de acuerdo con la normativa vigente. En el caso que éstos no se
opongan, la información debe ser suministrada a su grupo familiar. De la información
suministrada y del consentimiento informado debe quedar registro en las historias
clínicas del donante y receptor.
El trasplante de órganos, tejidos y células puede provenir de personas vivas o de
donantes cadavéricos.
A) Actos de disposición de órganos, tejidos y células provenientes de personas vivas.

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Condición habilitante. La extracción de órganos, tejidos y células con fines de trasplante


entre personas relacionadas, está permitida sólo cuando se estime que, razonablemente,
no cause un grave perjuicio a la salud del donante y existan perspectivas de éxito para
conservar la vida o mejorar la salud del receptor.
Limitación. Sólo estará permitida la ablación de órganos y tejidos en vida con fines de
trasplante sobre una persona capaz mayor de dieciocho (18) años, quien puede
autorizarla únicamente en caso de que el receptor sea su pariente consanguíneo o por
adopción hasta el cuarto grado, o su cónyuge, o una persona con quien mantiene una
unión convivencial, conforme la normativa vigente. En todos los casos es indispensable
el dictamen favorable de los profesionales a cargo de la realización del trasplante (art.
22).
Donación cruzada. En el supuesto que una pareja de donante/receptor no reúna las
condiciones de compatibilidad requeridas para llevar a cabo un trasplante de riñón, se
permite la donación cruzada con otra pareja, en idénticas condiciones. El donante y el
receptor de cada una de éstas deben estar relacionados entre sí conforme los vínculos
enunciados en el artículo anterior. El INCUCAI debe dictar las normas para el
funcionamiento de un Registro de Donación Renal Cruzada, en las cuales se
establecerán los requisitos para el desarrollo de la actividad descripta. La
reglamentación podrá incorporar otras prácticas de acuerdo al avance médico científico.
Plazo y resguardo. En todos estos casos, la intervención sólo puede realizarse una vez
transcurrido el plazo de cuarenta y ocho (48) horas desde el suministro de la
información a donantes y receptores, o en su caso, a sus respectivos representantes
legales. Todo lo actuado debe ser documentado y registrado conforme las normas que
dicte a tal efecto el INCUCAl.
Donante de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH). En los supuestos de
implantación de CPH, cualquier persona capaz mayor de dieciocho (18) años puede
disponer ser donante sin las limitaciones de parentesco establecidas en la ley. Los
menores de dieciocho (18) años, previa autorización de su representante legal, pueden
ser donantes sólo cuando los vincule al receptor un parentesco de los mencionados en el
art. 22 de la ley.
Revocación del consentimiento. En todos los casos el consentimiento brindado para la
ablación o para la implantación puede ser revocado hasta el instante mismo de la
intervención quirúrgica, mientras se conserve la capacidad de expresar su voluntad, sin

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responsabilidad alguna. Asimismo, la retractación del dador no genera obligación de


ninguna clase.
Gastos. En ningún caso los gastos vinculados con la ablación y/o el implante y
tratamientos médicos posteriores, se encuentran a cargo del dador o de sus
derechohabientes. Dichos gastos deben ser cubiertos por las entidades encargadas de la
cobertura social o sanitaria del receptor, o por éste cuando no la tuviera.
Aplicación normativa. Cuando por razones terapéuticas resulte imprescindible
ablacionar a personas vivas órganos o tejidos que pueden ser implantados en otra
persona, se aplican las disposiciones que rigen para los órganos provenientes de
cadáveres (art. 30). La reglamentación determinará taxativamente los supuestos
concretos a los que se refiere el presente párrafo. Cuando se efectúe un trasplante
cardiopulmonar en bloque proveniente de dador cadavérico, la autoridad de contralor
puede disponer del corazón del receptor para su asignación en los términos previstos en
la ley.
B) Actos de disposición de órganos y/o tejidos a los fines de la donación.
Requisitos para la donación. Manifestación. Toda persona capaz, mayor de dieciocho
(18) años puede en forma expresa: a) Manifestar su voluntad negativa o afirmativa a la
donación de los órganos y tejidos de su propio cuerpo. b) Restringir de un modo
específico su voluntad afirmativa de donación a determinados órganos y tejidos. c)
Condicionar la finalidad de la voluntad afirmativa de donación a alguno o algunos de
los fines previstos en esta ley, implante en seres humanos vivos o con fines de estudio o
investigación.
Dicha expresión de voluntad debe ser manifestada por escrito, a través de los canales
previstos en el art. 32, pudiendo ser revocada también por escrito en cualquier
momento.
De no encontrarse restringida la voluntad afirmativa de donación o no condicionarse la
finalidad de la misma, se entienden comprendidos todos los órganos y tejidos, y ambos
fines.
Canales habilitados. Los canales habilitados para receptar las expresiones de voluntad
negativa o afirmativa a la donación de los órganos y tejidos de su propio cuerpo, son los
siguientes:
a) Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante
(INCUCAI); b) Registro Nacional de las Personas (RENAPER); c) Registros del Estado

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Civil y Capacidad de las Personas; d) Autoridades Sanitarias Jurisdiccionales, a través


de los organismos provinciales y de los establecimientos asistenciales públicos,
privados, o de la seguridad social habilitados a tal fin; e) Correo Oficial de la República
Argentina Sociedad Anónima (art. 32).
Por Resolución 736/2013 del Registro Nacional de las Personas (B.O. 03/06/13)
se estableció que la expresión de voluntad afirmativa o negativa a la ablación de
órganos o tejidos de su propio cuerpo, de aquellos ciudadanos mayores de 18 años que
se hubieran pronunciado al respecto al momento de la toma del trámite del DNI,
quedará asentada en el frente del Documento Nacional de Identidad.
El INCUCAI debe coordinar con cada una de las instituciones habilitadas las
acciones tendientes a registrar en forma inmediata las manifestaciones de voluntad
receptadas, las que en ningún caso pueden tener costo alguno para el declarante. La
reglamentación puede establecer otras formas y modalidades que faciliten las
expresiones de su voluntad.
Requisitos para la obtención de órganos y/o tejidos de donante fallecido. La ablación de
órganos y/o tejidos puede realizarse sobre toda persona capaz mayor de dieciocho (18)
años, que no haya dejado constancia expresa de su oposición a que después de su
muerte se realice la extracción de sus órganos o tejidos.
En caso de no encontrarse registrada la voluntad (negativa o afirmativa) del causante, el
profesional a cargo del proceso de donación debe verificar la misma conforme lo
determine la reglamentación.
Menores. En caso de fallecimiento de menores de dieciocho (18) años, la autorización
para la obtención de los órganos y tejidos debe ser efectuada por ambos progenitores o
por aquél que se encuentre presente, o el representante legal del menor. La oposición de
uno de los padres elimina la posibilidad de llevar adelante la extracción en el cuerpo del
menor. En ausencia de las personas mencionadas precedentemente, se debe dar
intervención al Ministerio Pupilar quien puede autorizar la ablación (art. 34).
Supuesto de muerte violenta. En caso de muerte violenta, antes de proceder a la
ablación de los órganos y tejidos, se debe requerir la autorización del juez que entiende
en la causa, el cual debe disponer la previa intervención del médico forense, quien le
debe informar si la misma no afecta el examen autopsiano.
Dentro de las cuatro (4) horas de diagnosticado el fallecimiento, el juez debe informar al
INCUCAI o al organismo provincial correspondiente, la autorización conferida, a través

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de resolución judicial fundada, con especificación de los órganos o tejidos facultados a


ablacionar de conformidad con lo dictaminado por el forense. La eventual negativa del
magistrado interviniente a autorizar la ablación, debe estar justificada.
El INCUCAI, o el organismo provincial correspondiente debe informar al juez
interviniente, las conclusiones del proceso de donación-trasplante.
Certificación del fallecimiento. El fallecimiento de una persona puede certificarse tras la
confirmación del cese irreversible de las funciones circulatorias o encefálicas. Ambos se
deben reconocer mediante un examen clínico adecuado tras un período apropiado de
observación (art. 36). La certificación del fallecimiento debe ser suscripta por dos (2)
médicos, entre los que tiene que figurar por lo menos un (1) neurólogo o neurocirujano.
Ninguno de ellos debe ser el médico o integrante del equipo que realice ablaciones o
implantes de órganos del fallecido. La hora del fallecimiento del paciente es aquella en
que se completó el diagnostico de muerte (art. 37).
Restauración estética. El establecimiento en cuyo ámbito se realice la ablación está
obligado a: a) Arbitrar todos los medios a su alcance en orden a la restauración estética
del cadáver sin cargo alguno a los sucesores del fallecido; b) Realizar todas las
operaciones autorizadas dentro del menor plazo posible de haber solicitado los
sucesores del fallecido la devolución del cadáver; c) Conferir en todo momento al
cadáver del donante un trato digno y respetuoso.
Notificación. Todo médico que certifique el fallecimiento de una persona debe iniciar el
proceso de donación, conforme las normas que a dichos fines dicte el INCUCAI (art.
39).
C) Prohibiciones y penalidades.
La ley prohíbe toda contraprestación u otro beneficio por la donación de órganos,
tejidos o células o intermediación con fines de lucro y la realización de cualquier
actividad vinculada a esta ley sin respetar el principio de confidencialidad. También
prohíbe la realización de todo tipo de extracción: a) cuando pretenda practicarse sobre el
cadáver de una mujer en edad gestacional, sin que se hubiere verificado previamente la
inexistencia del embarazo en curso; b) Cuando el profesional interviniente sea quien
haya atendido y tratado al fallecido durante su última enfermedad o sea quien
diagnosticare su muerte; c) Cuando no se respeten los principios de voluntariedad,
altruismo o gratuidad (art. 40). La ley además prohíbe la publicidad de pedidos de
órganos, tejidos y células para personas determinadas, como así también la publicidad

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engañosa sobre tratamientos terapéuticos, que no cuenten con evidencia científica ni la


debida autorización por parte de la autoridad competente (art. 42).
Asimismo, la ley reprime con prisión la oferta de un beneficio a un posible dador
o a un tercero, para lograr la obtención de órganos, tejidos o células; y al que con
propósito de lucro intermediara en la obtención de órganos o tejidos, provenientes de
personas o de cadáveres (art. 44).
D) Regulación legal del I.N.C.U.C.A.I. (Instituto Nacional Centro Único Coordinador
de Ablación e Implante).
El I.N.C.U.C.A.I. es una entidad estatal de derecho público, que funciona en el
ámbito del Ministerio de Salud, como entidad estatal de derecho público, con personería
jurídica y autarquía institucional, financiera y administrativa.
Es el organismo nacional responsable de la procuración y el trasplante de órganos
y tejidos en Argentina, fiscalizando el cumplimiento de lo establecido en la ley 27.447,
que impulsa y coordina el sistema conformado por los organismos jurisdiccionales
responsables de la procuración e implante de órganos en cada una de las provincias.
Entre sus funciones específicas están las de:
- Promover la calidad, seguridad y trazabilidad de los procesos de donación y trasplante
de órganos, tejidos y células en la República Argentina;
- Promover e impulsar la donación y el trasplante de órganos, tejidos y células;
- Coordinar la logística y operatividad necesaria para garantizar el adecuado
funcionamiento del sistema nacional de donación y trasplante;
- Dictar, con el asesoramiento de la Comisión Federal de Trasplantes (COFETRA), las
normas técnicas a que deberá responder la obtención y utilización de órganos, tejidos y
células para trasplante;
- Fiscalizar el cumplimiento de la ley 27.447 y su reglamentación, y colaborar en la
ejecución de leyes afines a la temática, recomendando a los gobiernos provinciales
adecuar su legislación y acción al cumplimiento de estos fines;
- Promover la capacitación continua y evaluar y desarrollar la investigación en materia
de donación y trasplante de órganos, tejidos y células;
- Proveer periódicamente la información relativa a su actividad al Ministerio de Salud
de la Nación y realizar publicaciones periódicas vinculadas sobre la temática del
Instituto;

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- Coordinar la distribución de órganos y tejidos a nivel nacional, así como también la


recepción y envío de los mismos a nivel internacional y las acciones que se llevan a
cabo para el mantenimiento de los siguientes registros: a) Registro de expresiones de
voluntad; b) Registro de donantes de CPH; c) Registro de destino de cada uno de los
órganos o tejidos ablacionados con la jerarquía propia de los registros confidenciales
bajo secreto médico.
- Dirigir las acciones que permitan mantener actualizada la lista de espera de receptores
potenciales de órganos y tejidos en el orden nacional, coordinando su acción con
organismos provinciales de similar naturaleza;
- Efectuar las actividades inherentes al seguimiento de los pacientes trasplantados, con
fines de contralor y estadísticos;
- Asesorar al PEN en lo concerniente a campañas de difusión masiva y concientización
de la población respecto de la problemática de los trasplantes.
Por último, la ley asigna al Ministerio de Salud el deber de asegurar la provisión
de medicamentos y procedimientos terapéuticos necesarios que surjan como
consecuencia de los trasplantes realizados en personas sin cobertura y carentes de
recursos conforme lo establezca la reglamentación de la ley (art. 70).
Finalmente, continúa vigente la Ley 26.845 (B.O. 19/04/13) que tiene por objeto
promover en todos los niveles del sistema educativo propuestas y acciones para la toma
de conciencia sobre la relevancia social de la donación de órganos y tejidos para
transplante, con carácter voluntario, altruista, desinteresado y solidario. La autoridad de
aplicación de la ley es el Ministerio de Educación de la Nación, en acuerdo con el
Consejo Federal de Educación y en coordinación con el Ministerio de Salud de la
Nación, siendo el INCUCAI el organismo asesor a todos los efectos previstos en la ley.

4. Bibliografía: Código Civil y Comercial de la Nación (Ley 26994 y


modificatorias)
Disponible en: [Link]
5. Actividad pedagógica:
Cuestionario/guía de preguntas de la presente Clase/Unidad:
¿Cuándo comienza la existencia de las personas humanas? ¿Las personas por
nacer pueden ser titulares de derechos? ¿Bajo qué condición?

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¿Qué presunción establece la ley para fijar la época de la concepción? ¿Qué tipo
de presunción es? Dicha presunción ¿admite prueba en contrario?
¿Qué atributos posee la persona humana?
¿Qué presunción establece la ley para regular el domicilio legal de las personas
humanas? ¿Qué tipo de presunción es? Dicha presunción ¿admite prueba en
contrario?
¿Cuál es la diferencia entre capacidad de derecho y capacidad de ejercicio?
¿Quiénes son incapaces de ejercicio? ¿En qué casos se puede restringir la
capacidad de ejercicio y cuándo corresponde declarar la incapacidad?
¿Cuáles son las medidas que se toman cuando se declara judicialmente incapaz a
una persona y cuál es el objetivo de dichas medidas?
¿En qué casos el juez puede inhabilitar a una persona humana?
¿Qué es la emancipación? ¿Cuándo se produce la emancipación de una persona?
¿Qué actos no puede realizar la persona emancipada ni siquiera con autorización
judicial?
¿Con qué apellido se inscribe a las personas? ¿Qué apellido lleva el primer hijo
matrimonial? ¿Cómo debe procederse en caso de un segundo o tercer hijo?
¿Qué apellido lleva el hijo extramatrimonial? ¿Cómo debe procederse según que
el vínculo filial se establezca con uno o con ambos progenitores?
¿Cuándo procede el cambio de prenombre o de apellido? ¿En Qué casos la ley
exige que existan a la vez justos motivos y autorización judicial para el cambio de
prenombre o del apellido?
¿Qué es el nombre como atributo de la persona humana? ¿Cómo se compone el
nombre?
¿Quiénes pueden elegir el prenombre y cuáles son los límites para dicha elección?
Teniendo en cuenta que el nombre es un derecho y un deber, ¿cómo se procede
frente a una persona sin filiación?
¿Cuál de los cónyuges puede agregar el apellido del otro?
¿Qué es el domicilio y cuál es su utilidad jurídica?
¿Qué clases de domicilios conoce y qué diferencias puede establecer entre ellos?
¿Qué es el estado como atributo de la persona humana?
¿Cuándo finaliza la existencia de las personas humanas y qué consecuencias
produce?

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¿En qué consiste la ausencia con presunción de fallecimiento? ¿Cuál es la


diferencia entre la ausencia ordinaria y la extraordinaria?
¿Cuáles son los plazos y las medidas judiciales que se pueden adoptar durante el
proceso de declaración de ausencia con presunción de fallecimiento?
¿Bajo qué parámetro se establece la fecha presuntiva de la muerte del ausente?
¿A partir de qué momento los herederos pueden administrar y disponer de los
bienes del ausente?
¿Cuál es el concepto y la finalidad de la tutela?
¿En qué casos corresponde otorgar la tutela? ¿Qué tipos de tutela conoce?
¿Cuál es el concepto y la finalidad de la curatela?
¿Qué se entiende por responsabilidad parental y qué principios la rige?
¿Qué actos de los adolescentes entre 16 y 18 años requieren el consentimiento de
ambos progenitores?
¿En qué casos se extingue el ejercicio de la responsabilidad parental?
¿En qué casos se suspende el ejercicio de la responsabilidad parental?
¿Cuál es el objetivo y el contenido de la ley de trasplante de órganos?
¿En qué casos se puede proceder a la ablación e implante?
¿Qué diferencias existen entre la donación de órganos entre personas vivas y la de
cadáveres a personas vivas?
¿Cómo se procede al trasplante de órganos cuando el fallecido es un menor de
edad?

Actividad pedagógica.
Los contenidos conceptuales prevalecen en el programa y parten de conceptos
generales, más trascendentes, para arribar a conocimientos especiales (criterio de
ordenación del conocimiento seleccionado) con secuencias alternativas de
presentación de conceptos. Los conceptos básicos más importantes se presentan al
principio de cada clase a fin de facilitar el aprendizaje significativo tanto del
conjunto de la información, como de conceptos subordinados nuevos (ordenación
jerárquica de conceptos). De este modo, el alumno asiste a la clase con
información sustancial y puede preformar un criterio que le permite efectuar las
críticas que considere apropiadas a las soluciones adoptadas por las normas en
estudio, favoreciendo el proceso de apropiación de los contenidos. Este dato es

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relevante porque el alumno aprende mejor aquello que comprende en forma


adecuada y que, por tanto, le sirve para resolver los “problemas significativos”
(objetos de conocimiento que el sujeto puede aprender por haber tenido
conocimientos previos que le dan significado). A la vez, facilita al docente la
enseñanza del “aprender a pensar” para la posterior solución de problemas y
provee al alumno de información útil para avanzar en nuevos aprendizajes. La
“enseñanza a pensar”, tiende a que el alumno sepa resolver no solo los problemas
propios de una actividad determinada, sino cualquier otra cuestión aun cuando
exceda a ese ámbito, potenciando sus capacidades cognoscitivas, cooperativas y
creativas.
Las estrategias didácticas para facilitar el aprendizaje son, entre otras: 1. respetar
los tiempos de desarrollo de los contenidos; 2. no asumir una actitud directivista o
enciclopedista; 3. entender la enseñanza como medio de ayuda a otra persona; 4.
crear un espacio grupal; 5. llevar a cabo actividades de análisis y crítica; 6.
motivar al alumno con recompensas o estímulos para crear su propia expectativa,
como pieza motor del aprendizaje para que este cumpla con su destino. Tendemos
a que el alumnado conciba que el conocimiento no se origine exclusivamente en
el docente y que se desenvuelva con su asistencia y su orientación.
El trabajo grupal, que requiere la previa lectura del material por los alumnos y la
coordinación de su exposición con sus integrantes, aspira a generar alternativas en
la modalidad de aprendizaje y la estrategia metodológica en el aula. La
participación de los alumnos apunta a que el grupo asuma responsabilidades,
comprenda el contenido asignado de la materia y sea capaz de transmitirlo a sus
pares en lenguaje corriente y llano, compartiendo con la audiencia sus
conclusiones, bajo el control y supervisión del docente para aclarar conceptos y
conectarlos con la realidad cotidiana mediante ejemplos pertinentes, procurando
una mirada “situacional” en clave de Bleger (BLEGER J., 1971, Psicología de la
conducta. Psicología. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires) que
implica incorporar lo histórico dialécticamente como activo y presente.
La idea es que el alumnado se despoje del miedo escénico, debata entre sí y con el
docente, expongan frente a un auditorio adquiriendo mayor solvencia y se
familiaricen con el uso del lenguaje jurídico, consolidando sus conocimientos y
enriqueciendo su léxico. Ello permite una evaluación diaria que coadyuva a la

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construcción de la calificación definitiva sin que esta dependa exclusivamente de


las dos evaluaciones parciales obligatorias reglamentarias, generándose así
evaluaciones alternativas y complementarias con aquellas al incorporar contenidos
actitudinales y de responsabilidad grupal como objeto de evaluación, lo que
evidencia una estrategia tendiente a que el/la estudiante sea sujeto de su propio
aprendizaje.
En tal contexto, se propende al logro de dos objetivos incluidos en el programa de
la asignatura. El primero consiste en relacionar los conceptos volcados en clase
con situaciones de la vida real con el fin de facilitar la comprensión del problema
y permitir que los/las alumnos/as lleguen a compartir en el aula, frente al grupo y
al docente, situaciones personales que iluminan la didáctica del curso, conectando
la teoría con la realidad. El segundo, tiende a hacer del debate una herramienta
importante como estrategia de enseñanza. El debate ayuda a ejercitar el
pensamiento, a generar críticas, a formar criterios de opinión y a obtener
conclusiones partiendo del aporte de los conocimientos previamente adquiridos, lo
que permite superar la rigidez de la praxis repetitiva que ha cedido paso a la praxis
inventiva y creativa en procura de la producción de algo nuevo dentro del campo
del pensamiento. Así, se ofrece al alumnado diversas alternativas para que analice
las situaciones conflictivas y extraiga, para su solución, las conclusiones más
adecuadas y razonables, proponiendo para ello procesos inductivos o deductivos
de aprendizaje que forjan más fuertemente el conocimiento a largo plazo.
Pretendemos para ello desterrar el aprendizaje memorístico sustituyéndolo por el
aprendizaje significativo e interrelacionado, en la búsqueda de un equilibrio que
vincule saberes pedagógicos con los problemas sociales y con otras disciplinas
(contenido transversal e interdisciplinario). Algunas técnicas que favorecen el
desarrollo de tales procesos son: 1. la exposición dialogada, 2. la presentación de
interrogantes o problemas, 3. el trabajo grupal (pequeño grupo de discusión,
torbellino de ideas, grupos de trabajo, debate, etc.), 4. la unicidad bibliográfica, 5.
la indagación bibliográfica, 6. la elaboración de mapas conceptuales y de trabajos
específicos. Interpretamos que estos factores permitirán una mejor organización
del tiempo y del espacio para la enseñanza y el aprendizaje.
Asimismo, la enseñanza focalizada en la práctica profesional estimula la
integración de los conocimientos, la reflexión sobre la realidad profesional y la

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toma de decisiones con fundamentación suficiente. Técnicas adecuadas para este


tipo de aprendizajes son, entre otras, la problematización, el estudio de casos, el
análisis de incidentes críticos, ejercicios de simulación, trabajos en equipo, etc.
Ante la escasez de textos bibliográficos que abordaran el estudio del nuevo
Código Civil y el precio exorbitante de las pocas obras que surgieron en forma
contemporánea al mismo y aun con posterioridad, la cátedra se abocó a la
elaboración de un trabajo integral y sistematizado que desarrolló íntegramente el
Programa a partir del nuevo cuerpo normativo, y que se dividió y sistematizó
según las unidades didácticas del Programa vigente de la asignatura, el que se
revisa en forma permanente simplificando conceptos o incorporando doctrina y
jurisprudencia relevante y actualizada.
La elaboración por la cátedra de un material de estudio completo que aborda el
programa de la asignatura en su totalidad es muy importante para los alumnos,
quienes históricamente han señalado a la dispersión bibliográfica como una de las
razones más poderosas para justificar su falta de estímulo a la consulta de los
textos tradicionales. Ese material se vuelca íntegramente en el acápite 3
“desarrollo”.
Creemos que se trata de una herramienta sumamente útil y eficaz para el abordaje
integral de la asignatura, que marca una ruptura innovativa respecto del método de
enseñanza que se venía utilizando, al erigirse el nuevo Código Civil como un
recurso esencial para el aprendizaje. Así, el material elaborado por la cátedra,
basado en dicho Código, acerca a los alumnos directamente a la fuente de las
normas, entendiendo que así se estimula el espíritu de investigación, reflexión,
análisis crítico y superación permanente del conocimiento, a partir de premisas
vinculadas con la asignatura, alentando los procesos inductivos y deductivos,
mejorando la comunicación y las relaciones entre los sujetos de la enseñanza,
permitiendo establecer nuevas relaciones entre lo teórico y lo práctico, así como
en la forma de autoridad y las relaciones de poder, en la convicción de que el
docente debe abstenerse de imponer abierta o veladamente su concepción propia,
pudiendo sin embargo dejar a salvo su opinión personal en forma honesta y clara,
sin condicionar la opinión de los alumnos.

6. Material complementario de la clase: podrá indicarse en cada clase/reunión.

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