LA REVOLUCIÓN CUBANA
La Revolución Cubana fue un hito importante no solo para Cuba, sino que fue un punto de inflexión en el
devenir de la historia de toda América Latina. Implicó una transformación profunda y se constituyó en el ejemplo a
seguir por parte de significativos sectores de las sociedades latinoamericanas, que apostaban a terminar con la
pobreza, el atraso, las desigualdades sociales y la dependencia económica presentes en la región.
La crisis económica mundial de 1930 y la posterior depresión afectaron gravemente la economía cubana,
basada en la monoproducción y exportación del azúcar. En 1940 se realizaron elecciones y el sargento Fulgencio
Batista, jefe del ejército, fue elegido presidente de la República y contó con el apoyo de vastos sectores de la
sociedad.
Durante los gobiernos que se sucedieron hasta 1952, la corrupción administrativa se generalizó y las nuevas
inversiones de capitales estadounidenses agravaron la dependencia económica. A principios de la década de 1950,
los sectores medios y populares urbanos, escandalizados por la corrupción, se sumaron a la oposición al gobierno.
En las elecciones de 1952, el Partido Ortodoxo, que nucleaba a los sectores medios urbanos, presentó como
candidato a Fidel Castro. Batista también se presentó en las elecciones, pero cuando advirtió que no tenía
posibilidades de ganar, optó por el golpe de Estado y el 10 de marzo de 1952 tomó el poder. Estados Unidos
reconoció al nuevo gobierno de inmediato. El nuevo mandatario transformó su gobierno en una dictadura sostenida
por una generalizada y profunda represión.
Gestación de la Revolución
La clausura de los mecanismos democráticos y la persistente injerencia norteamericana en la vida de la isla
despertaron a un grupo de estudiantes universitarios, de activa participación, para formar una vanguardia que
iniciara la lucha armada para derrotar a Batista. El liderazgo de este agrupamiento recayó en Fidel Castro Ruz, un
joven graduado en la carrera de Derecho.
El 26 de julio de 1953, con Fidel Castro como su máximo responsable, un grupo de 170 hombres asaltó el
cuartel de Moncada, en la ciudad de Santiago de Cuba, al sur de la isla, con la intensión de apropiarse de las armas
allí existentes y convocar al pueblo a derrocar al dictador Batista. La toma del cuartel fracasó y concluyó con el
fusilamiento de algunos de los insurrectos y con la detención y el enjuiciamiento de otros. Este último fue el caso de
los hermanos Castro Ruz.
Ya en libertad –gracias a una amnistía- Fidel Castro y varios de sus compañeros de lucha se exiliaron a
México. Poco antes de su partida fundaron el Movimiento 26 de julio (M26) –el nombre era un homenaje a los caídos
en el asalto al cuartel de Moncada- que se presentó como una vanguardia armada organizada bajo principios
nacionalistas y antiimperialistas.
Durante su estadía en México, los integrantes del M26 se entrenaron en la táctica de la guerra de guerrilla y
sumaron a sus filas a otros jóvenes latinoamericanos como el argentino Ernesto “Che” Guevara, y comenzaron a
preparar el regreso. La llegada de los revolucionarios debía producirse el 30 de noviembre de 1956, en coordinación
con un levantamiento civil en Santiago de Cuba, organizado por los integrantes del Movimiento que se encontraban
en la isla. Pero el arribo del yate “Granma” se demoró y el levantamiento civil fue aplastado. Las fuerzas de Batista
esperaron el desembarco y lo reprimieron. Batista anunció que la invasión había sido liquidada y que Fidel Castro
había muerto en acción. En realidad, Castro junto con 12 compañeros -entre los que estaba Ernesto Guevara y
Camilo Cienfuegos- se refugiaron en Sierra Maestra, un cordón montañoso al oeste de la isla.
El triunfo de la revolución
Durante los primeros meses de 1957, el grupo de guerrilleros se reorganizó. Hasta finales de 1958,
desarrollaron múltiples acciones de guerra de guerrillas y libraron encarnizados combates contra el ejército de
Batista. A lo largo de estos dos años, recibieron el apoyo de numerosos campesinos. Entre los sectores urbanos, el
movimiento guerrillero sólo contó con el apoyo de estudiantes universitarios.
A fines de 1958, los guerrilleros lograron abrir un segundo frente en el este de la isla y lograron aislar a la
mayor parte de las fuerzas gubernamentales, establecidas en la ciudad de Santa Clara, sitiada por la cuarta columna
del ejército revolucionario comandada por el “Che” Guevara. El Movimiento 26 de Julio y el Partido Socialista
Popular, de orientación comunista, declararon la guerra general en todo el país. El 1° de enero de 1959, Batista huyó
a los Estados Unidos, y luego los guerrilleros entraron en La Habana, aclamados por la población.
Fidel Castro asumió como “primer ministro” y designó como presidente a Manuel Urrutia. La orientación
de los cambios económicos en general y de la reforma agraria en particular, provocó el alejamiento de los sectores
moderados. En julio de 1959, Urrutia exigió la convocatoria a elecciones y Castro lo destituyó. El comunista
Osvaldo Dorticós Torrado fue designado presidente. En los hechos, Dorticós se ocupó de las relaciones
internacionales y Castro asumió la conducción del proceso de las transformaciones económicas y sociales
revolucionarias.
Urrutia no fue el único que apoyó la causa revolucionaria en sus comienzos pero luego de alejó. En octubre
de 1959, por ejemplo, Huber Matos, uno de los más destacados jefes revolucionarios, fue encarcelado luego de que
presentara su renuncia como comandante del Ejército debido al giro –cada vez más hacia la izquierda- que estaba
tomando el proceso revolucionario. Un año después abandonó el país Miró Cardona, quién asumió el liderazgo del
exilio cubano en Estados Unidos.
El 28 de septiembre de 1960 quedaron conformados los Comités de Defensa de la Revolución. Estos
comités debían asumir tareas de vigilancia en sus barrios con el fin de detectar y denunciar posibles acciones
contrarrevolucionarias. Junto a su labor de control, también desarrollaron actividades comunitarias, como campañas
de vacunación, promoción de trabajo voluntario y acciones de solidaridad internacional.
Los cambios en la vida política de la isla culminaron en 1961, con la fundación de un nuevo partido
comunista. Primero con el nombre de Organización Revolucionaria Integrada, en 1963 cambió su denominación a
Partido Único de la Revolución Socialista para convertirse finalmente en el Partido Comunista Cubano (1965). Esta
nueva fuerza surgió de la fusión del Movimiento 26 de julio, el viejo Partido Comunista, el Partido Socialista
Popular y el Directorio Revolucionario.
La transformación del orden económico y social de Cuba que puso en marcha la Revolución de 1959 se
concretó a través de la reforma agraria, la nacionalización de las empresas de capital extranjero y la nacionalización
general de la industria. Las primeras medidas que tomó el Estado revolucionario tuvieron como objetivo disminuir la
desocupación y concretar una efectiva redistribución del ingreso a través del aumento de los salarios y la rebaja de
las tarifas de servicios públicos y de los alquileres. Pero el primer paso hacia la transformación fue la reforma agraria
sancionada en mayo de 1959. El principal objetivo de la reforma fue eliminar la renta de la tierra de los pequeños
plantadores y transferir al Estado, representado por el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), el control de
todas las propiedades medianas y grandes. En 1963, una segunda reforma agraria nacionalizó todas las propiedades
de más de 67 hectáreas.
El ámbito educativo fue una de las mayores realizaciones revolucionarias. El gobierno se propuso la
erradicación del analfabetismo. Además, con el tiempo, se evidenciaron progresos en los niveles educativos medios
y superiores. También se hicieron cambios visibles en el área de la salud: el acceso a la atención médica, la
aplicación de una medicina preventiva y la garantía de una nutrición básica para toda la población provocaron un
aumento considerable de las expectativas de vida.
A nivel de los derechos políticos, se recortó la libertad de prensa y se encarcelaron cientos de opositores.
En diciembre de 1960, Cuba firmó tratados comerciales y de asistencia técnica con Rumania, la República
Popular China, Alemania Oriental y Hungría. Estos tratados multiplicaron los mercados para el azúcar y
posibilitaron, a través de convenios, la instalación de fábricas montadas por soviéticos y alemanes orientales.
En enero de 1961, Fidel Castro declaró el carácter socialista de la Revolución Cubana y los Estados Unidos
rompieron relaciones diplomáticas.
EL BLOQUEO NORTEAMERICANO
Desde muy temprano, el gobierno revolucionario tomó medidas radicales que provocaron la desconfianza,
primero, y el malestar, después, de los Estados Unidos. Ese malestar se agudizó a medida que las autoridades
cubanas estrechaban lazos económicos y políticos con la URSS, y profundizaban el proceso de nacionalización de la
economía de la isla.
En 1959, el gobierno cubano aprobó la ley de reforma agraria para erradicar el latifundio, que afectaba,
tanto a las propiedades cubanas, como a las extranjeras. Estados Unidos respondió con la reducción de la cuota
azucarera que adquiría para su mercado y, comenzaron las represalias y presiones a los gobiernos de terceros países,
para aislar e incomunicar a Cuba.
Desde 1960 las refinerías inglesas y norteamericanas suspendieron el suministro de petróleo. Un total de 26
compañías estadounidenses fueron nacionalizadas: además de las petroleras, la electricidad, los teléfonos y las
modernas centrales azucareras.
En 1962, los Estados Unidos (bajo la presidencia de Kennedy), impuso formalmente un bloqueo económico,
interrumpiendo las relaciones comerciales con el pretexto de “proteger a los ciudadanos norteamericanos con
propiedades nacionalizadas en Cuba”.
La pérdida del mercado estadounidense determinó que la venta de la producción azucarera fuera a los países
socialistas de Europa del Este. En estos acuerdos comerciales, tuvo un importante rol el argentino Ernesto Guevara.
Con el triunfo de la revolución, el Che ocupó dos cargos claves en el gobierno cubano: ministro de
industria, para administrar el sector de empresas nacionalizadas, y presidente del Banco Nacional de Cuba. Desde
estas funciones, que desempeñó hasta 1965, su preocupación fundamental fue la transformación de la economía
cubana, que dependía exclusivamente de la producción azucarera.
A partir de esta experiencia, Guevara intervino en los debates económicos sobre la transición al socialismo
en Cuba, es decir, cómo construir una economía de tipo socialista en un país subdesarrollado. Viajó a
Checoslovaquia, Alemania, China, Corea y la Unión Soviética, para obtener ayuda técnica y préstamos que
permitieran superar los obstáculos económicos impuestos por Estados Unidos.
En 1961 empezó a gestarse un plan de invasión a Cuba, elaborado por la CIA, sin soldados
norteamericanos, durante la administración Kennedy. El mismo preveía ataques aéreos y un desembarco de exiliados
anticastristas entrenados y armados. La intervención armada comenzó en el sur de la isla (Bahía de los Cochinos) en
abril de 1961. La invasión fracasó y las fuerzas anticastristas fueron derrotadas en Playa Girón. Pero las hostilidades
de los Estados Unidos continuaron: a través de actos de sabotaje en las refinerías nacionalizadas, aviones piratas que
arrojaban material incendiario sobre las plantaciones de caña, la introducción de armas lanzadas en paracaídas, así
como la confiscación de aviones cubanos, como cobro de parte de las deudas del gobierno revolucionario.
LA CRISIS DE LOS MISILES
A comienzos de 1962, el carácter socialista de la revolución no solo se había afianzado sino que, además, la
presencia soviética en la isla se manifestaba de diversas maneras. Esto adquirió ribetes extraordinarios en el mes de
octubre. Efectivamente, el día 17, el mundo se enteró gracias a las tareas de inteligencia norteamericana, de la
instalación en tierra cubana, de 42 misiles soviéticos de mediano alcance.
Con esas pruebas, Estados Unidos exigió al jefe de gobierno de la Unión Soviética, Nikita Kruschev, la
retirada inmediata de los misiles, y estableció el bloqueo marítimo contra Cuba.
Esto activó las tensiones de la Guerra Fría. Al mismo tiempo, la ONU pidió la apertura de las negociaciones
entre las dos superpotencias. El mundo se encontraba al borde de una guerra nuclear. Durante los trece días que duró
el conflicto, el gobierno cubano se mantuvo alejado de las negociaciones.
El conflicto terminó con el desmantelamiento de las rampas de lanzamiento misilístico, por parte de la
URSS, a cambio de la promesa norteamericana de retirar sus armar estratégicas de Turquía y el compromiso de no
invadir Cuba. Fidel Castro, de todos modos, consideró que el acuerdo no garantizaba la seguridad de Cuba, porque
continuaban las acciones de bloqueo económico, y el apoyo estadounidense a las actividades anticastristas, las
violaciones del espacio aéreo de la isla y la ocupación de Guantánamo, base militar estadounidense en territorio
cubano. A nivel mundial, en cambio, este acuerdo soviético-norteamericano inició un corto período de distención
entre las dos potencias.
Su influencia en América latina
En 1962, Fidel Castro señaló: “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. Esta sentencia
resonó fuertemente en el resto de América Latina y fue escuchada en especial por los jóvenes, quienes, alumbrados
por la experiencia cubana y el ejemplo de Ernesto “Che” Guevara, creyeron que la lucha armada sería el medio más
efectivo para terminar con las profundas desigualdades sociales y superar el atraso y la pobreza existente en la
región.
En 1965, el Che abandonó sus puestos en Cuba y viajó a África, con un objetivo internacionalista: expresar
la solidaridad de los cubanos con el Congo (ex colonia belga que continuaba su proceso de descolonización).
Además estableció contacto con dirigentes independentistas de Angola (colonia portuguesa).
Guevara consideraba que, en el sistema mundial, la dominación imperialista afectaba a todas las naciones
del Tercer Mundo.
En América Latina, la influencia de la Revolución Cubana, impulsaron a distintos grupos revolucionarios a
fundar organizaciones armadas. En algunos casos, surgieron organizaciones duraderas como las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC), con fuerte apoyo campesino, el MIR (Movimiento de Izquierda
Revolucionaria) y el Ejército de Liberación Nacional del Perú. También aparecieron movimientos guerrilleros en
Venezuela, en Argentina y en Bolivia, donde el propio Ernesto Guevara participó de una expedición guerrillera que
tenía como objetivo coordinar sus acciones con Perú y Argentina.
Por ese entonces, Estados Unidos acusaba a Cuba de “exportar la revolución” y estaba dispuesto a evitar
una nueva Cuba en el continente.