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Caso de Ambiental

Este documento resume un caso presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku contra Ecuador. El Estado ecuatoriano concedió un bloque petrolífero que incluía el territorio de Sarayaku a una compañía sin consultar ni obtener el consentimiento de la comunidad. La compañía intentó varias veces ingresar al territorio para realizar exploración sísmica. Sarayaku rechazó estas actividades por afectar su derecho a la tierra y cultura. La Comisión Inter

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Caso de Ambiental

Este documento resume un caso presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku contra Ecuador. El Estado ecuatoriano concedió un bloque petrolífero que incluía el territorio de Sarayaku a una compañía sin consultar ni obtener el consentimiento de la comunidad. La compañía intentó varias veces ingresar al territorio para realizar exploración sísmica. Sarayaku rechazó estas actividades por afectar su derecho a la tierra y cultura. La Comisión Inter

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Facultad:

Derecho y Gobernabilidad

Carrera:

Derecho

Materia:

Derecho Ambiental

Estudiante:

Areanna Scarlet Haz Gonzalez

Asignación:

Caso de pueblo indígena kichwa de Sarayaku vs Ecuador

Docente:

ABG. Eduardo Mendoza Estrada


Hechos

El Pueblo Kichwa de Sarayaku se encuentra ubicado en la región del Ecuador Amazónico, en el área del
bosque tropical, en la provincia de Pastaza, en diferentes puntos y en las riberas del Río Bobonaza. Su
territorio se localiza a 400 m.s.n.m., a 65 km de la ciudad de El Puyo. Es uno de los asentamientos
Kichwas de la Amazonía de mayor concentración poblacional y extensión territorial, que según censo del
Pueblo se compone de alrededor de 1200 habitantes. El entorno territorial del pueblo Sarayaku es uno
de los que ofrecen mayor biodiversidad en el mundo. El pueblo de Sarayaku está formado por cinco
centros poblados: Sarayaku Centro, Cali Cali, Sarayakillo, Shiwacocha y Chontayacu. Los Sarayaku
subsisten de la agricultura familiar colectiva, la caza, la pesca y la recolección dentro de su territorio de
acuerdo con sus tradiciones y costumbres ancestrales. Un promedio del 90% de sus necesidades
alimenticias son satisfechas con productos provenientes de su propia tierra y el 10% restante con bienes
que provienen del exterior de la comunidad.

El 26 de junio de 1995 el Comité Especial de Licitación (“CEL”) convocó la octava ronda de licitación
internacional para la exploración y explotación de hidrocarburos en el territorio nacional ecuatoriano, en
la que se incluyó el llamado “Bloque 23” de la región Amazónica de la provincia de Pastaza El 26 de julio
de 1996 fue suscrito, ante el Notario Tercero de San Francisco de Quito, un contrato de participación
para la exploración de hidrocarburos y explotación de petróleo crudo en el bloque No. 23 de la Región
Amazónica

El espacio territorial otorgado para ese efecto en el contrato con la CGC comprendía una superficie de
200.000 Ha., en la que habitan varias asociaciones, comunidades y pueblos indígenas: Sarayaku, Jatun
Molino, Pacayaku, Canelos, Shaimi y Uyuimi. De las mencionadas poblaciones indígenas, Sarayaku es
la más grande en términos de población y extensión territorial, pues su territorio ancestral y legal
abarcaba alrededor de un 65% de los territorios comprendidos en el Bloque 23.

De acuerdo con las disposiciones del contrato celebrado entre la empresa estatal PETROECUADOR y la
companía CGC, la fase de exploración sísmica tendría una duración de cuatro años con posibilidades de
prórroga hasta por dos años– desde la fecha efectiva del contrato, es decir, cuando el Ministerio de
Energía y Minas del Estudio de Impacto Ambiental diera su aprobación. Además, quedó estipulado que
la fase de explotación tendría una duración de 20 años con posibilidad de prórroga.

En el marco de las obligaciones del contratista se establecían, entre otras, la elaboración de un Estudio
de Impacto Ambiental (en adelante también “EIA”) y la realización de todos los esfuerzos para preservar
el equilibrio ecológico existente en el área de exploración del bloque adjudicado. Se previó que las
relaciones con el Pueblo Sarayaku estarían a cargo de la Subsecretaría de Protección Ambiental del
Ministerio de Energía y Minas, por intermedio de la Dirección Nacional de Protección Ambiental. También
fue incluida en el contrato la obligación de obtener de terceros cualquier permiso o derecho de paso o
servidumbre que fuera necesario para llegar al área del contrato o movilizarse dentro de la misma, para
el desarrollo de sus actividades.

La Compañía CGC, en consorcio con la Petrolera Argentina San Jorge (luego “Chevron- Burlington”),
suscribieron un contrato con la empresa consultora Walsh Environmental Scientists and Engineer, Inc.
para la realización de un plan de impacto ambiental para la prospección sísmica, exigido en el contrato
de participación. El plan fue realizado en mayo de 1997

Se alegó, sin que fuera controvertido por el Estado, que en numerosas ocasiones la empresa petrolera
CGC intentó gestionar la entrada al territorio del Pueblo Sarayaku y conseguir el consentimiento de dicho
Pueblo para la exploración petrolera, entre otros, mediante acciones como las siguientes: a)
relacionamiento directo con los miembros de las comunidades, saltando el nivel de la organización
indígena; b) ofrecimiento de una caravana para atención médica a varias comunidades que conforman
Sarayaku, en la cual, para ser atendidas, las personas tenían que firmar un listado, el cual
posteriormente se habría utilizado como una carta de apoyo dirigida a la CGC para que continuara sus
trabajos

os representantes también alegaron que en mayo de 2000, el apoderado de la CGC visitó Sarayaku y
ofreció USD$ 60.000,00 para obras de desarrollo y 500 plazas de trabajo para los hombres de la
Comunidad. El Estado no controvirtió lo anterior. El 25 de junio de 2000 se llevó a cabo una Asamblea
General de Sarayaku en la que, con presencia del apoderado de la CGC, se decidió rechazar la oferta de
la empresa. Por su lado, las comunidades vecinas de Pakayaku, Shaimi, Jatún Molino y Canelos
firmaron convenios con la CGC.

En relación con lo anterior, los representantes alegaron que, ante la negativa de Sarayaku de aceptar la
actividad petrolera de la CGC, ésta contrató en 2001 a Daymi Service S.A., un equipo de sociólogos y
antropólogos dedicados a programar relaciones comunitarias. Según miembros de Sarayaku, su
estrategia consistió en dividir a las comunidades, manipular [a] dirigentes y crear campañas de calumnias
y desprestigio a líderes y organizaciones. Los representantes alegaron que, como parte de esa
estrategia, la empresa creó una llamada “Comunidad de Independientes de Sarayaku”, para llegar a un
acuerdo y justificar su entrada en el territorio. El Estado no controvirtió lo anterior.

El 26 de abril de 2010 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos presentó ante el Tribunal, de


conformidad con los artículos 51 y 61 de la Convención, una demanda en contra de la República del
Ecuador en relación con el caso 12.465. La petición inicial fue presentada ante la Comisión el 19 de
diciembre de 2003 por la Asociación del Pueblo Kichwa de Sarayaku El 13 de octubre de 2004 la
Comisión aprobó el Informe de Admisibilidad De acuerdo con la Comisión, el caso se refiere, entre otros
temas, al otorgamiento por parte del Estado de un permiso a una empresa petrolera privada para realizar
actividades de exploración y explotación petrolera en territorio del Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku
(en adelante “Pueblo Sarayaku” o “el Pueblo” o “Sarayaku”), en la década de 1990, sin que se hubiere
consultado previamente con éste y sin su consentimiento. Así, se iniciaron las fases de exploración
petrolera, inclusive con la introducción de explosivos de alto poder en varios puntos del territorio
indígena, creando con ello una alegada situación de riesgo para la población, ya que durante un período
le habría impedido buscar medios de subsistencia y le habría limitado sus derechos de circulación y de
expresar su cultura. Además, el caso se refiere a la alegada falta de protección judicial y de observancia
de las garantías judiciales.

Regla

la Comisión solicitó a la Corte que declare la responsabilidad internacional del Estado por la violación:
a) del derecho a la propiedad privada, reconocido en el artículo 21, en relación con los artículos 13, 23 y
1.1 de la Convención Americana, en perjuicio del Pueblo indígena de Sarayaku y de sus miembros;
b) del derecho a la vida, las garantías judiciales y la protección judicial, contemplados en los artículos 4,
8 y 25, en relación con el artículo 1.1 de la Convención Americana, en perjuicio del Pueblo y de sus
miembros;
c) del derecho de circulación y residencia reconocido en el artículo 22, en relación con el artículo 1.1 de
la Convención Americana, en perjuicio de los miembros del Pueblo;
d) del derecho a la integridad personal reconocido en el artículo 5 de la Convención Americana, en
relación con el artículo 1.1 de la misma, en perjuicio de veinte miembros del Pueblo Kichwa de Sarayaku;
e) del deber de adoptar disposiciones de derecho interno reconocido en el artículo 2 de la Convención
Americana.

Problemática

El Estado Ecuatoriano concesionó a favor de la Compañía General de Combustibles (CGC) el


denominado bloque petrolero 23 que comprende una extensión de 200.000 hectáreas en la amazonía
ecuatoriana, un 65% de las cuales afectan al territorio de Sarayaku. Actualmente la petrolera
estadounidense Burlington Resources es propietaria del 50% de los derechos en el Bloque 23. Esta
concesión fue efectuada sin que se haya realizado ningún proceso jurídico de información, consulta o
pedido de consentimiento al Pueblo de Sarayaku para la realización de actividades petroleras en el
territorio de su propiedad, pese a que dicho proceso constituye un estándar obligatorio que debe cumplir
de acuerdo a la legislación ambiental nacional y al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.
Queja en contra de Ecuador por autorizar la concesion par la exploración de aceite y la exploración y
permiso para una compañía argentina para empezar emploración sísmica en el territorio the sarayuku sin
una previa consulta violando los derechos de consentieminto previo, tierra de comunidad indígena,
identidad cultural, vida y la integridad personal.

Sustentación

La Corte Interamericana de Derechos Humanos integrada por los siguientes jueces: Diego García-
Sayán, Presidente;Manuel E. Ventura Robles, Vicepresidente; Leonardo A. Franco, Juez;Margarette May
Macaulay, Jueza;Rhadys Abreu Blondet, Jueza;Alberto Pérez Pérez, Juez;Eduardo Vio Grossi, Juez

Abogado defensor Dr. Mario Melo Desde 1996 Sarayaku ha venido expresando su rechazo al ingreso de
la actividad petrolera, fundamentado en los enormes impactos negativos que dicha actividad provoca en
su territorio sagrado, en la calidad de vida de sus miembros, en su forma de vida y opciones de
desarrollo, en su espiritualidad, en el ambiente amazónico, en la paz social y en la vida e integridad de
sus miembros. Sin embargo, la CGC ingresó reiteradamente al territorio de Sarayaku, sin autorización y
contra la voluntad del legítimo propietario, para realizar actividades altamente destructivas. Para detener
la campaña de sísmica que pretendió realizar la CGC en el Bloque 23 durante el último trimestre de 2002
y el primer trimestre del 2003, Sarayaku debió declararse en emergencia por siete meses y movilizar a
sus pobladores, hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños a resguardar su territorio en los denominados
Campos de Paz y Vida que se establecieron en medio de la selva, donde se estaba produciendo el
ingreso armado de CGC y el ejército. Esta decisión implicó graves riesgos para la vida, integridad, salud,
alimentación, educación, cultura y espiritualidad de los miembros de Sarayaku. En ese contexto, el 25 de
enero de 2003 se produjo la violenta captura y secuestro de cuatro jóvenes de Sarayaku por parte de
elementos del ejército y trabajadores de la CGC en el campamento de Paz y Vida Tiutihualli. Un de esos
jóvenes, Fabián Grefa, en su testimonio rendido ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
el pasado 21 de octubre de 2005, relató la manera en que miembros del ejército ecuatoriano los
detuvieron y condujeron al campamento de la CGC ubicado en la localidad de Chontoa, en donde
trabajadores de la empresa los golpearon brutalmente, los amarraron e inmovilizaron en un hormiguero
para que los insectos ataquen sus torsos desnudos. Solo luego de varias horas, soldados, policías y
empleados de la petrolera los llevaron a un cuartel policial en la ciudad de Puyo
La poca credibilidad de una propuesta hecha por el Estado que desde el año de 2003 ha incumplido
sistemáticamente las medidas cautelares y provisionales dictadas por la Comisión y la Corte
Interamericanas a favor de Sarayaku. 2. El procurador del Estado en la Audiencia ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos celebrada el 11 mayo de 2005 en Asunción Paraguay, reconoció
la existencia de violaciones contractuales de la empresa CGC que lo llevaban a considerar que había
que plantear su nulidad. Sin embargo, hasta el momento no ha resuelto nada al respecto, lo que
evidencia en la Procuraduría una actitud de complacencia que raya en complicidad con la empresa. 3. La
propuesta es hecha en el marco de una audiencia en la que se evidenció una actitud agresiva e
irrespetuosa, de parte del Procurador del Estado en contra del Pueblo de Sarayaku sus líderes y
representantes. La actitud de los representantes del Estado Ecuatoriano afectó incluso la majestad de la
Comisión Interamericana, al haber hecho testificar a una persona cuya identidad no correspondía con la
del testigo anunciado y autorizado por la Comisión, hecho que fue señalado por la defensa de Sarayaku
y observado por la Presidencia de la comisión. En ese contexto, la presentación de una propuesta de
solución amistosa pierde seriedad a ojos de Sarayaku. 4. La gravedad de las violaciones de derechos
humanos que a debido sufrir el Pueblo de Sarayaku por el ingreso violento, arbitrario, inconsulto y contra
su voluntad, a su territorio sagrado, de la empresa CGC y el Ejercito Ecuatoriano para sembrar a su paso
destrucción mediante la colocación y estallido de explosivos de alto poder en los bosques de los que la
gente toma sus alimentos requie

Argumentos de las partes


La Comisión alegó que el Estado violó los derechos reconocidos en el artículo 21 de la Convención
Americana, en relación con los artículos 1.1, 13 y 23 de la misma, en perjuicio del Pueblo Sarayaku y sus
miembros. En particular, señaló que la legislación ecuatoriana contiene una serie de normas de rango
constitucional y legal sobre derechos de los Pueblos indígenas, por la cual el Estado se obligó a adoptar
medidas especiales para garantizarles el goce efectivo de sus derechos humanos, sin restricciones, así
como incluir medidas que promuevan la plena efectividad de sus derechos sociales, económicos y
culturales, respetando su identidad social y cultural, sus costumbres, tradiciones e instituciones. Agregó
que con base en el artículo 21 de la Convención y la jurisprudencia de los órganos del Sistema, para el
momento de la firma del contrato con la CGC el Estado tenía la obligación de consultar de forma previa,
libre e informada a sus miembros, para que tuvieran la posibilidad de participar en este proceso y, de
considerarlo pertinente, interponer recursos judiciales. En ese sentido, también señaló que, en virtud de
la interpretación evolutiva del artículo 21 de la Convención en relación con los derechos de los pueblos
indígenas y la ratificación del Convenio No. 169 de la OIT, el Ecuador tenía la obligación, antes de
aprobar la actualización del EIA, de consultar de forma previa, libre e informada al pueblo Sarayaku con
garantías procesales específicas.

En relación con el artículo 13 de la Convención, la Comisión alegó que, en el marco de la consulta, el


Estado debió asegurarse de suministrar información clara, suficiente y oportuna, sobre la naturaleza y el
impacto de las actividades que se buscaba realizar y sobre el proceso de consulta previa, dado que en
un asunto como el presente el acceso a la información es vital para un adecuado ejercicio del control
democrático de la gestión estatal respecto de las actividades de exploración y explotación de los
recursos naturales en el territorio de las comunidades indígenas, un asunto de evidente interés público. A
la vez, en relación con el artículo 23 de la Convención, la Comisión mencionó que, al no informar ni
consultar al Pueblo Sarayaku sobre el proyecto que impactaría directamente su territorio, el Estado
incumplió sus obligaciones, conforme a los principios del derecho internacional y de su derecho interno,
de adoptar todas las medidas necesarias para garantizar que los Pueblos indígenas puedan participar a
través de sus propias instituciones y de acuerdo con sus valores, usos, costumbres y formas de
organización, en la toma de decisiones sobre asuntos y políticas que inciden o pueden incidir en la vida
cultural y social de los Pueblos indígenas.

Los representantes alegaron que el Estado incurrió en responsabilidad internacional por vulnerar los
artículos 21, 13 y 23 de la Convención, en relación con el artículo 1.1, en perjuicio de los miembros del
Pueblo Sarayaku, directamente por permitir y apoyar la incursión de terceros en territorio de Sarayaku,
así como por no proteger el uso y goce de los recursos naturales que se encuentran en el mismo y son la
base de su subsistencia. Alegaron las mismas violaciones que la Comisión, en atención a los siguientes
hechos y circunstancias: i) el Estado no solo firmó el contrato con la petrolera sin consultar y lograr el
consentimiento de la comunidad, sino también permitió y apoyó (mediante la “militarización del territorio”)
la incursión ilegal de la compañía CGC en el territorio, a pesar del repetido rechazo de la comunidad; ii)
el uso y destrucción no autorizada del territorio por la incursión de la petrolera entre noviembre de 2002 y
febrero de 2003, cuando se abrieron casi 200 kilómetros de bosque primario. Así, se habrían afectado los
recursos del territorio, lo que resulta especialmente grave si se considera la relación de dependencia
entre aquél y la supervivencia de la comunidad; iii) por el abandono de explosivos en el territorio, y iv) por
la destrucción de zonas sagradas. Agregaron que si bien todo el territorio era sagrado, se destruyeron
sitios específicos de especial valor cultural y espiritual. Así, el otorgamiento y posterior implementación
de la concesión petrolera se llevó a cabo sin que el Estado garantizara la participación efectiva de los
miembros de la comunidad por medio de la consulta y el consentimiento previo, libre e informado, según
sus tradiciones y costumbres, de modo que se beneficiaran razonablemente del plan, y sin haberse
realizado un estudio previo de impacto social y ambiental por una entidad independiente bajo la
supervisión del Estado. También alegaron que la violación del artículo 21 es agravada por no haber
cumplido con las medidas cautelares de la Comisión y provisionales ordenadas por la Corte,
particularmente por no haber retirado la pentolita del territorio.

El Estado alegó que, al suscribir el contrato de exploración y explotación petrolera con la CGC en 1996,
no tenía obligación alguna de iniciar un proceso de consulta previa, ni tampoco de obtener el
consentimiento libre, previo e informado de Sarayaku, dado que aún no había ratificado el Convenio No
169 de la OIT y que la Constitución de ese entonces no contenía disposición alguna en este sentido, por
lo que, con base en el artículo 28 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, era una
obligación jurídicamente inexistente para el Ecuador. Resaltó que eso no implicaba, de modo alguno, un
desconocimiento o irrespeto a los derechos territoriales de los pueblos indígenas, razón por la cual el
Estado adjudicó a Sarayaku el territorio, lo cual no constituye un título de propiedad ilimitado, pues de
acuerdo a las disposiciones del mismo contrato de adjudicación el Estado no tiene limitada su facultad de
construir vías de comunicación u otras obras de infraestructura. Además, que sus instituciones y Fuerza
Pública tienen libre acceso al territorio para el cumplimiento de sus obligaciones constitucionales. Alegó
además que los recursos naturales del subsuelo pertenecen al Estado y éste podrá explotarlos sin
interferencias siempre y cuando el mismo se enmarque dentro de las normas de protección ecológica.

El Estado señaló en el proceso, asimismo, que aún si no existía una obligación de consulta previa, el
Estado consideró que la participación de los pueblos indígenas en los asuntos que les son inherentes y
el derecho a ser consultados es fundamental para su desarrollo social y cultural. Sin embargo, alegó que
no existe norma alguna que faculte a las comunidades indígenas a ejercer un “derecho de veto” sobre
una decisión del Estado respecto a la explotación de sus recursos naturales, en especial aquellos bajo la
superficie.

El Estado agregó que a pesar de no existir obligación alguna en ese sentido, la empresa CGC, las
presuntas víctimas y otras comunidades suscribieron en agosto de 2002 un acuerdo para “desarrollar la
sísmica 2D”, en que se reconoce que la empresa había informado en debida, oportuna y reiterada forma
sobre el proyecto de sísmica previo a su ejecución. El Estado también alegó que la empresa buscó un
entendimiento con las comunidades para lograr realizar sus actividades contractuales; que se había
realizado un estudio de impacto ambiental en 1997, y que además había sido oportunamente y
debidamente “socializado” con las comunidades afectadas, aunque en “la práctica nunca se ejecutó”.
Además, al entrar en vigor la Constitución de 1998 se actualizó el Plan de Manejo Ambiental.

El Estado manifestó que fueron la constante y reiterada falta de colaboración y actitud reactiva de los
miembros del Pueblo Sarayaku que evitaron el cabal cumplimiento de las medidas de compensación a
las que se comprometió CGC. Por ello, la declaratoria de fuerza mayor continuó vigente y el contrato se
dio por terminado sin que se haya extraído un solo barril de petróleo.

Con relación a la alegada violación a la libertad de expresión del Pueblo de Sarayaku, el Estado estimó
que de los hechos del presente caso no se desprende acción u omisión que la haya menoscabado y que
le sea imputable.

El Estado destacó que el acceso a la participación política de los pueblos indígenas, en general, había
sido garantizado por aquél, con mayor plenitud a partir de los años noventa, y que los espacios de poder
político que han ocupado los líderes de Sarayaku en instituciones públicas son innumerables, así como
lo son los eventos electorales en los que han participado. Por otro lado, el Estado reiteró, en cuanto a la
relación de la participación política con la consulta de actividades extractivas, que a la fecha de la
concesión no existía un marco jurídico a nivel local o internacional aceptado por Ecuador que reconozca
el derecho a la cultura como eje transversal de políticas públicas relacionadas con la extracción de
recursos naturales. En consecuencia, las instancias y mecanismos de ejercicio de participación política
de los pueblos indígenas, antes de emprender proyectos extractivos de recursos naturales, no se habían
incorporado de manera tal que constituyera un derecho justiciable. Por último, recordó que la Declaración
de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio No 169 de la OIT y el
amplio catálogo de derechos constitucionales colectivos y difusos se realizaron a partir de 1998.

Dicta
Roberto F. Caldas Presidente de la Corte interamericana de derechos humanos
las organizaciones indígenas denunciaron que los procesos de consulta se entendían como audiencias
de socialización de información en las que el propósito de llegar un acuerdo y alcanzar el consentimiento
se encontraba excluido. Las violaciones que se han generado ya están teniendo efectos concretos no
sólo en el caso del Pueblo Sarayaku sino también a otras comunidades indígenas ecuatorianas. Por
tanto, una decisión de la Corte Interamericana sobre el Decreto 1247 surtirá efectos positivos sobre
todos los procesos de consulta relacionados con la exploración y la explotación petrolera en Ecuador.
Estas intervenciones tienen consecuencias muy graves para los pueblos afectados, ya que afectan su
modus vivendi, su cultura e inciden negativamente en sus posibilidades de subsistencia. Resulta, en este
sentido, significativo cómo Lara Ponce explica lo que significó para el pueblo de Sarayaku la simple tala
de un árbol realizada por empleados de CGC.

Lara Ponce donde sostiene: “La presencia de las actividades petroleras ha hecho que la rivalidad entre
las familias kichwas se acentúe, que se generen alianzas entre comunidades a favor y en contra de la
actividad petrolera, y que se produzcan niveles de violencia inéditos en los últimos cincuenta años.
“existen objetos que no tienen el mismo valor para una cultura que para otra. Por ejemplo, el bosque de
Sarayaku pudo significar muy poca cosa para las personas que lo desbrozaron, apenas cuatro hectáreas
de miles que existen, pero para el yachaj de Sarayaku fue una pérdida invaluable”

En representación de la Alianza Regional por la Libre Expresión e Información, este Amicus Curiae, fue
elaborado por Ramiro Alvarez Ugarte, director del Área de Acceso a la Información de la Asociación por
los Derechos Civiles (ADC) de Buenos Aires - Argentina, con la colaboración de la Fundación Pro
Acceso de Chile, el Instituto de Derecho y Economía Ambiental (IDEA), de Paraguay, y la Fundación
para el Debido Proceso Legal (DPLF), Estados Unidos.

Opinión disidente

1. Dado el amplio reconocimiento de responsabilidad efectuado por el Estado, que la Corte ha valorado
positivamente, la excepción preliminar interpuesta carece de objeto y no corresponde analizarla, en los
términos del párrafo 30 de la presente Sentencia.

2. El Estado es responsable por la violación de los derechos a la consulta, a la propiedad comunal


indígena y a la identidad cultural, en los términos del artículo 21 de la Convención Americana, en relación
con los artículos 1.1 y 2 de la misma, en perjuicio del Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku, de
conformidad con lo expuesto en los párrafos 145 a 227, 231 y 232 de la presente Sentencia.

3. El Estado es responsable por haber puesto gravemente en riesgo los derechos a la vida e integridad
personal, reconocidos en los artículos 4.1 y 5.1 de la Convención Americana, en relación con la
obligación de garantizar el derecho a la propiedad comunal, en los términos de los artículos 1.1 y 21 del
mismo tratado, en perjuicio de los miembros del Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku, de conformidad
con lo expuesto en los párrafos 244 a 249 y 265 a 271 de la presente Sentencia.

4. El Estado es responsable por la violación de los derechos a las garantías judiciales y a la protección
judicial, reconocidos en los artículos 8.1 y 25 de la Convención Americana, en relación con el artículo 1.1
de la misma, en perjuicio del Pueblo indígena Kichwa de Sarayaku, de conformidad con lo expuesto en
los párrafos 272 a 278 de la presente Sentencia.

5. No corresponde analizar los hechos del presente caso a la luz de los artículos 7, 13, 22, 23 y 26 de la
Convención Americana, ni del artículo 6 de la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la
Tortura, por las razones señaladas en los párrafos 228 a 230 y 252 a 254 de esta Sentencia.

Puntos resolutivos

Por unanimidad, que:

1. Esta Sentencia constituye per se una forma de reparación.

2. El Estado debe neutralizar, desactivar y, en su caso, retirar la pentolita en superficie y

enterrada en el territorio del Pueblo Sarayaku, con base en un proceso de consulta con el Pueblo, en los
plazos y de conformidad con los medios y modalidades señalados en los párrafos 293 a 295 de esta
Sentencia.
3. El Estado debe consultar al Pueblo Sarayaku de forma previa, adecuada, efectiva y de plena
conformidad con los estándares internacionales aplicables a la materia, en el eventual caso que se
pretenda realizar alguna actividad o proyecto de extracción de recursos naturales en su territorio, o plan
de inversión o desarrollo de cualquier otra índole que implique potenciales afectaciones a su territorio, en
los términos de los párrafos 299 y 300 de esta Sentencia.

4. El Estado debe adoptar las medidas legislativas, administrativas o de otra índole que sean necesarias
para poner plenamente en marcha y hacer efectivo, en un plazo razonable, el derecho a la consulta
previa de los pueblos y comunidades indígenas y tribales y modificar aquellas que impidan su pleno y
libre ejercicio, para lo cual debe asegurar la participación de las propias comunidades, en los términos
del párrafo 301 de esta Sentencia.

5. El Estado debe implementar, en un plazo razonable y con la respectiva disposición presupuestaria,


programas o cursos obligatorios que contemplen módulos sobre los estándares nacionales e
internacionales en derechos humanos de los pueblos y comunidades indígenas, dirigidos a funcionarios
militares, policiales y judiciales, así como a otros cuyas funciones involucren relacionamiento con pueblos
indígenas, en los términos del párrafo 302 de esta Sentencia.

6. El Estado debe realizar un acto público de reconocimiento de responsabilidad internacional por los
hechos del presente caso, de conformidad con lo establecido en el párrafo 305 de la presente Sentencia.

7. El Estado debe realizar las publicaciones indicadas en los párrafos 307 y 308 de la presente
Sentencia.

8. El Estado debe pagar las cantidades fijadas en los párrafos 317, 323 y 331 de la presente Sentencia,
por concepto de indemnizaciones por daños materiales e inmateriales, y por el reintegro de costas y
gastos, en los términos de los referidos párrafos y de los párrafos 335 a 339 de la presente Sentencia,
así como reintegrar al Fondo de Asistencia Legal de Víctimas la cantidad establecida en el párrafo 334
de la misma.

9. El Estado debe, dentro del plazo de un año contado a partir de la notificación de esta Sentencia, rendir
a la Corte un informe sobre las medidas adoptadas para cumplir con la misma, sin perjuicio de lo
dispuesto en el punto dispositivo segundo, en relación con los párrafos 293 a 295, de la presente
Sentencia.

10. Las medidas provisionales ordenadas en el presente caso han quedado sin efecto, en los términos
del párrafo 340 de la Sentencia.

11. La Corte supervisará el cumplimiento íntegro de esta Sentencia, en ejercicio de sus atribuciones y en
cumplimiento de sus deberes conforme a la Convención Americana, y dará por concluido el presente
caso una vez que el Estado haya dado cabal cumplimiento a lo dispuesto en la misma.

Ensayo del Caso Pueblo indígena de Sarayaku Vs. Ecuador

El presente caso fue presentado ante la corte interamericana a fin de poner criterios en materia de
derechos vulnerados contra del pueblo indígena donde la materia ambiental, se convierte relevante para
la resolución del caso entre los distintos conflictos entre Estados, pueblos indígenas y empresas
vinculadas a la industria extractiva de recursos naturales, sin un debido acceso a la información por
parte de los pueblos indígenas existe un incumplimiento de la efectiva participación de comunidades en
la toma de decisiones de proyectos industriales que tienen el potencial de afectar su territorio, calidad de
vida y misma subsistencia. Se fundamenta de la siguiente forma, los antecedentes del caso, el
consentimiento de los pueblos indígenas sobre el desarrollo de proyectos industriales en sus territorios,
las normas jurídicas vulneradas señalando la problemática entre empresas y el Estado y una breve
conclusión basada en los deberes del Estado para la protección hacia los pueblos indígenas.
Primer punto; los antecedentes del caso, la comunidad de Sarayaku se encuentra en resistencia a los
proyectos de exploración petrolera, con base en los motivos principales: la comunidad asentada en el
territorio de Sarayaku viven de la agricultura colectiva, la caza, la pesca, y dependen de los frutos del
ambiente que viven, se reconoce el potencial contaminante de la actividad petrolera siendo el mismo un
factor responsable de la extinción cultural de los pueblos indígenas, y se conocía la negociación con las
empresas petroleras que había derivado en la división de los pueblos indígenas.

Segundo punto; el consentimiento de los pueblos sobre el desarrollo de proyectos industriales, Las
operaciones de extracción de petróleo se han llevado adelante sin consideraciones hacia los pueblos a
los que afecta, Las compañías petroleras y el Estado saben que la industria produce daños a la
naturaleza, ya que impactan los ecosistemas en los que intervienen, y sin embargo ponen por delante el
desarrollo económico. ¿de qué forma las actividades industriales propuestas impactarán en el medio
ambiente y la cultura de los pueblos nativos? ¿qué se hará con los daños ambientales que no pueden
evitarse? ¿cómo se repararán esos daños? Todas estas preguntas, sólo pueden ser respondidas por el
Estado, que debe cumplir con el deber de comunicar la información a los pueblos indígenas para que
éstos puedan presentar su consentimiento a la realización de actividades industriales en sus territorios.

Tercer punto, las normas jurídicas vulneradas, en el caso hace referencia a la responsabilidad del Estado
ecuatoriano en violación de derechos a la consulta, propiedad comunal indígena y a la identidad cultural,
así como por haber puesto en riesgo los derechos a la vida e integridad de los miembros del pueblo al
permitir que una empresa petrolera privada realizara actividades de exploración de yacimientos en el
territorio, sin garantizar sus derechos violentando su vida en armonía.

Para concluir, el Estado tiene como objetivo perseguir el desarrollo económico, en este caso
relacionándolo con la extracción de recursos naturales; y las empresas de la industria con fines de lucro.
Por otra parte, las comunidades de las tierras afectadas viven en temor con respecto a las actividades de
una industria que produce daños ambientales serios. En este contexto, los intereses del Estado en el
desarrollo económico no pueden hacer que olviden sus obligaciones de protección con grupos en
desventaja y los cambios irreversibles que causan a la naturaleza.

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