liturgiapapal.
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II. BENDICIÓN DE ACÓLITOS
409. Este rito va destinado a aquellas personas que, sin haber recibido la institución de
acólitos, cumplen habitualmente el oficio de ayudar en la celebración de la Eucaristía y en las
demás celebraciones litúrgicas.
410. El rito que aquí se propone pueden utilizarlo el sacerdote o el diácono, los cuales,
respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las
circunstancias de las personas y del lugar.
411. Si se estima oportuno efectuar esta bendición dentro de la Misa, se hace después de la
homilía, siguiendo el rito descrito a partir de la presentación de los candidatos, suprimiendo la
celebración de la Palabra de Dios, pues ya ha tenido lugar anteriormente.
RITO DE LA BENDICIÓN
Ritos iniciales
412. Reunida la comunidad, se entona, según las circunstancias, un canto adecuado, terminado
el cual, el celebrante dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos se santiguan y responden:
Amén.
413. Luego el celebrante saluda a los presentes, empleando alguna de las fórmulas que propone
el Misal romano.
414. El celebrante dispone a los que han sido presentados a recibir la bendición, con estas
palabras u otras semejantes:
Queridos niños (jóvenes): Desde el día de vuestro bautismo sois hijos
de Dios y formáis parte de la Iglesia, que es «una raza elegida, un
sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios».
Cada día de vuestra vida que transcurre en la fidelidad al Señor es una
ofrenda agradable a sus ojos. Ahora, animados por vuestros padres y por
la comunidad cristiana, queréis servir al Señor con una dedicación
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mayor, ayudando al sacerdote en el altar. La Iglesia os acoge con este
propósito.
Lectura de la Palabra de Dios
415. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada
Escritura.
Nm 3, 5-9: Pon la tribu de Leví al servicio del sacerdote Aarón
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de los Números.
El Señor dijo a Moisés:
—«Haz que se acerque la tribu de Leví y ponla al servicio del sacerdote
Aarón. Harán la guardia tuya y de toda la asamblea delante de la tienda
del encuentro y desempeñarán las tareas del santuario. Guardarán todo
el ajuar de la tienda del encuentro y harán la guardia en lugar de los
israelitas y desempeñarán las tareas del santuario. Aparta a los levitas de
los demás israelitas y dáselos a Aarón y a sus hijos como donados.»
Palabra de Dios.
416. Pueden también leerse: Gn 14, 18-20; Pr 9, 1-6; Hch 4, 32-35; I Co 12, 31 — 13, 13; I Jn 3,
14-18; I Jn 4, 7-16; Mt 5, l-12a; Mt 25, 31-40; Jn 15, 12-16.
417. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto
adecuado.
Salmo responsorial Sal 33 (34), 2-3. 4-5. 6-7. 10-11. 12-13 (R.: 9a)
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
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ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R.
418. O bien:
Sal 111 (112), 1-2. 3-4. 5-7a. 7b-8. 9
R. (la) Dichoso quien teme al Señor.
Sal 144 (145), 10-11. 15-16. 17-18
R. (cf. 16) Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.
419. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la
lectura bíblica e invitando a los candidatos a servir al Señor y a los hermanos en el grupo litúrgico
de los ayudantes.
Preces
420. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común,
en la cual se pueden añadir las siguientes peticiones:
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Por estos niños (jóvenes) que ingresan en el grupo litúrgico de los
ayudantes del altar, para que crezcan en la fe y en la alegría por medio
del servicio que van a realizar, roguemos al Señor.
Por nuestra comunidad, que es llamada continuamente a renovar su vida
de adhesión a Cristo, para que se vea enriquecida por todos los dones y
servicios que el Espíritu Santo suscita entre los fieles, roguemos al Señor.
Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.
421. Cuando no se dicen las Preces, antes de la oración de bendición, el celebrante invita a todos
a orar, diciendo:
Oremos.
Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.
Sigue la oración de bendición.
Oración de bendición
422. El celebrante, añade:
Oh, Dios, que has enviado al mundo a Jesucristo, tu Hijo, para salvar a
los hombres, bendice ✠ a estos hijos tuyos que hoy se presentan ante ti,
para que los hagas dignos de servir en el altar, y contribuyan, con su
bondad y alegría, a revelar la grandeza del misterio pascual de tu Hijo.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
423. Mientras se entona un canto adecuado, el celebrante entrega a cada uno de los niños o
jóvenes la túnica o el alba.
424. Si la bendición se hace dentro de la Misa, en el momento de la presentación de los dones
los nuevos ayudantes, según las circunstancias, pueden llevar al altar el pan, el vino y el agua, así
como algunos de los signos de su servicio, como incienso, cirios, etc. Asimismo, los nuevos
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colaboradores pueden recoger las ofrendas de los fieles con destino a los pobres y llevarlas
también al altar
Conclusión del rito
425. El celebrante bendice al pueblo, con las manos extendidas sobre él, diciendo:
El Señor os bendiga con todas las bendiciones del cielo y os mantenga
siempre santos y puros en su presencia; que él derrame sobre vosotros,
con abundancia, las riquezas de su gloria, os instruya con la Palabra de
la verdad, os oriente con el Evangelio de la salvación y os haga siempre
ricos en caridad fraterna.
Todos:
Amén.
426. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.