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Romero Capitulos 6 y 7

1) El documento describe el período de gobierno militar en Argentina entre 1966 y 1976, comenzando con el gobierno de Juan Carlos Onganía. 2) Onganía disolvió el parlamento y los partidos políticos, y reprimió fuertemente a la universidad y a las expresiones culturales. 3) Más tarde, su gobierno enfrentó protestas masivas como el Cordobazo, lo que llevó al ascenso de otros militares como Levingston que intentó sin éxito apaciguar a la población.
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Romero Capitulos 6 y 7

1) El documento describe el período de gobierno militar en Argentina entre 1966 y 1976, comenzando con el gobierno de Juan Carlos Onganía. 2) Onganía disolvió el parlamento y los partidos políticos, y reprimió fuertemente a la universidad y a las expresiones culturales. 3) Más tarde, su gobierno enfrentó protestas masivas como el Cordobazo, lo que llevó al ascenso de otros militares como Levingston que intentó sin éxito apaciguar a la población.
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Capítulo VI: Dependencia o liberación (1966-1976)

Juan Carlos Ongania (29/06/66 a 8/06/70)

El 31 de julio de 1963, Arturo Illia había sido electo presidente


de la Nación, tres años más tarde fue derribado por un golpe
militar.
La nueva dictadura se autodenominó “Revolución Argentina”.
Presidido por Juan Carlos Ongania (un militar, catolico,
autoritario), el golpe se realizó el 28 de junio de 1966 con el
apoyo de todos los sectores empresarios, la mayoría de los
partidos políticos (excepto los radicales, socialistas y
comunistas) y hasta muchos grupos de extrema izquierda
satisfechos del fin de la democracia “burguesa”. El nuevo
orden creía necesario reorganizar el estado, hacerlo fuerte, con
autoridad y recursos.

La primera fase del gobierno se caracterizó por un “shock autoritario”: Se disolvieron el Parlamento y los
partidos políticos, cuyos bienes fueron confiscados y vendidos, para confirmar lo irreversible de la
clausura de la vida política. Los militares fueron apartados de las decisiones políticas. Los ministros
fueron reducidos y se creó el Estado Mayor de la Presidencia integrado por los Consejos de Seguridad,
Desarrollo Económico y Ciencia y Técnica

Otra medida fue la represión, cuyo blanco principal fue la universidad, que era vista como la cuna del
comunismo. Las universidades fueron intervenidas y se acabó con su autonomía académica.
El 29 de julio de 1966, en la “noche de los bastones largos”, la policía irrumpió en algunas facultades de la
UBA y apaleó a alumnos y profesores. Se censuraron todas las manifestaciones de nuevas costumbres:
minifalda, pelo largo (que según la iglesia eran la antesala del comunismo) amor libre, pornografía,
divorcio.

En los primeros seis meses no se había adoptado un rumbo claro en la economía pues se estaba lejos de
conformar el establishment. El estado mayor de las grandes empresas -el establishment económico-
tenía interlocutores directos en muchos jefes militares. El conflicto se resolvió en diciembre de 1966 a
favor de los liberales. El Gral. Alsogaray fue designado Comandante en Jefe del Ejército y Adalbert Krieger
Vasena ministro de economía y trabajo.

El plan de acción de Krieger Vasena, lanzado en 1967, apuntaba a superar la crisis cíclica y a lograr una
estabilización prolongada, y a largo plazo, racionalizar el funcionamiento de la economía. El Estado
intervino regulando las grandes variables. Se redujo drásticamente el personal en la administración
pública, y en algunas empresas como los ferrocarriles y se realizó una gran modificación de las
condiciones de trabajo en los puertos, para reducir costos; se cerró la mayoría de los ingenios azucareros
en Tucumán, que eran ampliamente subsidiados, para racionalizar la producción; se congelaron salarios
por dos años luego de un aumento módico; se suspendieron las negociaciones colectivas; se congelaron
tarifas de servicios públicos y combustibles. y se estableció un acuerdo de precios con las empresas líderes.
El déficit fiscal se redujo por la racionalización de personal, sobredevaluación del 40% y retención del 40
% a las exportaciones agrícolas.

Con esta medida, se logró a la vez arreglar las cuentas del Estado, evitar el alza de los alimentos, impedir
que la devaluación fuera aprovechada por los sectores rurales y asegurar una estabilidad cambiaria. Todo
ello permitió establecer un mercado libre de cambios. La inflación se redujo drásticamente y las cuentas
del Estado y la balanza de pagos estaban equilibradas.
El sector más concentrado resultó el mayor beneficiario, predominantemente extranjero, porque se
desnacionalizó la economía por compras de empresas. Los perjudicados fueron los sectores rurales
(retenciones a la exportación), los sectores empresarios nacionales (falta de protección y
desnacionalización), economías provinciales enteras (supresión de protecciones tradicionales) y sectores
medios. La nueva política eliminaba la situación de empate beneficiando a los grandes empresarios. El
plan estaba sostenido por los “liberales”, que no querían el Estado benefactor, pero sí uno
intervencionista.

En 1968 un grupo de sindicalistas contestatarios ganó la conducción de la CGT y la dividieron. La CGT de


los Argentinos comenzó un movimiento de protesta controlado por el Estado a través de amenazas y
ofrecimientos, y formado por los vandoristas, y los participacionistas.

Todas estas voces pusieron en tensión la relación entre el presidente y el Ministro de Economía. Onganía
relevó a tres comandantes y reemplazó a Alsogaray por Lanusse. Las voces del establishment salieron a
defender a Krieger Vasena, comenzaron a quejarse del autoritarismo de Onganía y empezaron a pensar en
una salida política, para la que ofrecían al Gral. Aramburu.

En 1969 estalló el Cordobazo. el cual vino precedido de una ola de protestas estudiantiles en diversas
universidades de provincias y de una fuerte agitación sindical en Córdoba. Activismo estudiantil y obrero
se conjugaron el 29 de mayo de 1969. La CGT local realizó una huelga general y grupos de estudiantes y
obreros ganaron el centro de la ciudad. La represión policial generó un violento enfrentamiento (La
represión policial generó un fuerte enfrentamiento creando un caos en la ciudad y la muerte de 30
personas, 500 heridos y más de 300 detenidos), finalmente intervino el Ejército y recuperó el control.
Lentamente el 31 de mayo se restableció el orden.

Hubo episodios similares al Cordobazo en el país. Las movilizaciones surgían de cuestiones de la vida
cotidiana y comprendían a sectores más vastos que los obreros sindicalizados. No se limitaron al aspecto
salarial, y extendieron sus protestas a las condiciones de trabajo, los ritmos, sistemas de incentivos,
clasificaciones y categorías.

(Contexto internacional: fin del autoritarismo y la formación de una nueva sociedad, principalmente
movimientos ideológicos desarrollados por estudiantes y la universidad -movilización de estudiantes y
universitarios: Praga, Berkeley, México y París en 1968-; la resistencia del pueblo de vietnam; la
formación del comunismo en cuba y china; la figura del "Che Guevara": lucha por la liberación del
imperialismo; las guerrillas en Brasil y Uruguay; la presidencia de Allende en Chile)

Las universidades se transformaron en centros de agitación y reclutamiento. Muchos fueron atraídos por
el peronismo proscripto. Se hizo una lectura estratégica del discurso de Perón y así logró integrar a varios
sectores (catolicismo, nacionalismo, revisionismo histórico, izquierda).

Se interpretaba la política con la lógica de la guerra; surgieron las organizaciones guerrilleras: Fuerzas
Armadas Peronistas, Descamisados, Fuerzas Armadas Revolucionarias, Fuerzas Armadas de Liberación,
Montoneros (su acto de nacimiento fue el secuestro y asesinato de Aramburu, en venganza por los previos
fusilamientos provocados por la revolucion libertadora), y el Ejército Revolucionario del Pueblo.

Montoneros fue la organización que mejor se adecuo al clima del país y fue absorbiendo a casi todas las
otras, salvo al ERP, ganando también un lugar dentro del Peronismo.

Una “teología de la liberación” adecuó el tradicional mensaje de la Iglesia a los conflictos de la hora, y la
afirmación de que la violencia “de abajo” era consecuencia de la violencia “de arriba” autorizó a
franquear el límite, cada vez más estrecho, entre la denuncia y la acción. El "lenguaje" de la prédica fue
tornándose político. Rápidamente las ideas colectivas de la formación de la "igualdad social" provenientes
del peronismo se unieron a la ideología de justicia social de la iglesia y atrajo más integrantes. Los
llamados obispos del Tercer Mundo dieron a conocer sus preocupaciones por la inserción social de los
pobres. Buscaban comprometerse con la reforma social. ‘Rosariazo’. Pronto, los reclamos eclesiásticos se
fueron tornando políticos, y el cristianismo se acercó progresivamente a los grupos de izquierda.

La movilización popular fue identificándose con el peronismo y con Perón. Onganía intentó buscar una
salida, con modificaciones menores como el sacrificio de Krieger Vasena y una apertura más decidida a “lo
social”. Pero los sindicalistas eran menos dóciles. Los militares depusieron a Onganía y designaron a
Levingston en 1970.

Marcelo Levingston (18/06/70 a 22/03/71)

Levingston, que gobernó hasta marzo de 1971, reveló tener ideas muy
diferentes de las del general Lanusse (figura dominante en la Junta).
Designó ministro de Obras Públicas y luego de Economía a Aldo Ferrer,
destacado economista de tendencia populista, que había ocupado cargos
en la administración de Frondizi. Ferrer se propuso reeditar la fórmula
nacionalista y populista

Se impulsó una distribución salarial y se protegió a las empresas


nacionales, por la vía del crédito y de los
contratos de las empresas del Estado. Levingston confiaba en que en
algunos años se crearían las condiciones para una salida política
democrática. Alentó la formación de partidos políticos nuevos que
asumieran la continuidad de la transformación y el gobierno reflotó la
CGT, convocándola a negociar. Los partidos tradicionales por su parte, con el aliento del Gral Lanusse,
también reaparecieron en el escenario. A fines de 1970 la mayoría firmó La Hora del Pueblo. Allí se
acordaba poner fin a las proscripciones electorales y asegurar, en un futuro gobierno electo de manera
democrática, el respeto a las minorías y a las normas constitucionales.

Levingston resultó incapaz de manejar el espacio de negociación que se estaba abriendo. Era hostilizado
por el establishment económico al que los militares estaban viendo con malos ojos y enfrentaba a los
partidos políticos con los que no quería negociar, Los jefes militares apreciaron que Levingston era tan
poco capaz como Onganía y cuando en marzo de 1971 se produjo una nueva movilización de masas en
Córdoba (el “viborazo”) decidieron su remoción y su reemplazo por el general Lanusse.

Alejandro Agustín Lanusse (26/03/71 a 25/05/73)

En marzo de 1971, Lanusse anunció el restablecimiento de la


actividad política partidaria y la próxima convocatoria a
elecciones generales, sobre las bases que venía mediando
con los dirigentes de La Hora del Pueblo. Finalmente, las
Fuerzas Armadas optaron por dar prioridad a la salida
política y con ella aspiraban a reconstruir el poder y la
legitimidad de un Estado cada vez más decadente. Mientras
la cuestión del desarrollo quedaba olvidado, sería prioritario
la seguridad, que los militares ya no podían garantizar.

Los ataques de las organizaciones armadas y la protesta


social eran crecientes eran un problema para Lanusse. Se creó un fuero antisubversivo y tribunales
especiales para juzgar a los guerrilleros, algunos sectores del Estado y las Fuerzas Armadas iniciaron una
represión ilegal: secuestro, tortura, desaparición y asesinato de militantes, como ocurrió con un grupo de
guerrilleros detenidos en la base aeronaval de Trelew en agosto de 1972.

La economía no tenía rumbo y se optó por disolvió el Ministerio de Economía, en un contexto de inflación
desatada, fuga de divisas, caída del salario real y desempleo.

Mientras las FFAA optaban por dar prioridad a la salida política, el GAN se convirtió en un conflicto
personal entre Perón y Lanusse. La propuesta inicial contemplaba una condena general a la subversión,
garantías sobre la política económica, que se asegurara a las FFAA un lugar institucional en el futuro
régimen, entre otras cuestiones.

En noviembre de 1971, Perón relevó a Paladino (que había negociado hasta entonces los acuerdos con los
radicales y los militares) y lo reemplazó por Héctor J. Cámpora. Como además se hacía cargo del clima
social y político del país, Lanusse planteó al principio que el Acuerdo era condición para las elecciones,
pero progresivamente tuvo que reducir sus exigencias, vista la imposibilidad de obligar a Perón a negociar.
En el mes de julio de 1972, Lanusse optó por asegurar la condición mínima: que Perón no sería candidato,
a cambio de su propia autoprescripción. Perón aceptó las condiciones.

En noviembre de 1972, Perón regresó a Argentina y dialogó con el jefe del radicalismo, Ricardo Balbín,
sellando el acuerdo democrático. Cultivó su imagen pacificadora, habló de los grandes problemas del
mundo, como los ecológicos. Por último, organizó su combinación electoral: el Frente Justicialista de
Liberación, que impuso la fórmula presidencial: Héctor J. Cámpora, su delegado personal, y Vicente Solano
Lima, un político conservador que desde 1955 acompañaba fielmente a los peronistas.

Perón excluyó de la negociación a los sindicalistas con un lema “Cámpora al gobierno, Perón al poder” Los
radicales, con la candidatura de Balbín, aceptaban el triunfo peronista y su futuro papel de minoría
legitimadora esto constituyó una verdadera culminación de la polarización de la sociedad contra el poder
militar.

El 11 de marzo de 1973, el peronismo triunfó con casi el 50% de los votos, y el 25 de mayo siguiente,
asumió Cámpora.

Cámpora - Peron (25/03/73 a 01/07/74)

El 25 de mayo de 1973, asumió el gobierno el presidente Héctor


J. Cámpora, y el 20 de junio retornó al país Juan Domingo Perón.
Ese día un enfrentamiento entre grupos armados de distintas
tendencias del peronismo provocó una masacre. El 13 de julio,
Cámpora y el vicepresidente Solano Lima renunciaron; ausente
el titular del Senado, asumió la presidencia el presidente de la
Cámara de Diputados, Raúl Lastiri (que era yerno de José López
Rega).

La sociedad movilizada y sus dirigentes escarnecieron a los


militares, transformando la retirada en huida, y liberaron de la
cárcel a los presos políticos condenados por actos de subversión. Las formas institucionales fueron
salvadas por una inmediata ley de amnistía dictada por el Congreso. Para muchos era la hora del
“argentinazo” y para otros Perón era identificado como el salvador de la nación.

En septiembre se realizaron las nuevas elecciones y la fórmula Perón-Perón, que el líder compartió con su
esposa Isabel (María Estela Martínez) alcanzó el 62% de los votos.
Perón armó su proyecto sobre 3 bases: un acuerdo democrático con las fuerzas políticas, un pacto social
con representantes corporativos y una conducción centrada de su "movimiento" dividido en varios
frentes.

La figura simbólica de Perón, una y muchas a la vez, había llegado a reemplazar a su figura real. Para
todos, Perón expresaba un sentimiento general de tipo nacionalista y popular, de reacción contra la
reciente experiencia de desnacionalización y privilegio.

En la escena política, el Partido Justicialista apenas existía y Perón nunca lo consideró con capacidad para
representar los intereses de la sociedad. La Hora del Pueblo, que cumplió un importante papel en la salida
electoral, solo fue un escenario para mostrar a la sociedad su fisonomía pacificadora, y a lo sumo para
garantizar el respeto de las formas constitucionales. El resto de los partidos, empezando por la Unión
Cívica Radical, renunciaron a su función de oposición. Los sectores populares, no encontraron
representación ni voceros entre los actores políticos. Perón utilizaba a los jóvenes y a los sectores
populares que ellos movilizaban contra aquellos que lo expulsaron del Poder, para hostigarlos y a su vez
mostrarse como el único capaz de contenerlos. Montoneros y Juventud Peronista aprovecharon su
adhesión a Perón para insertarse más profundamente en el movimiento popular. Existían 2 corrientes: la
vieja tradición Peronista, nacionalista y distribucionista y la crítica radical de la sociedad condensada en la
consigna "liberación o dependencia". Los montoneros aspiraban pertenecer a ambas pero terminaron
identificándose con la segunda.

Desplazados paulatinamente de sectores de poder en el gobierno Perón se desarrolló una "guerra de


aparatos populares" bajo la forma de Terrorismo y en particular de asesinatos que podía tener varias
justificaciones: estratégicas, justicieras o ejemplificadoras. Contra ellos se constituyó otro Terrorismo con
aparatos parapoliciales que operaban con el rótulo de la "Triple A". Los asesinatos se multiplicaron y
cobraron víctimas inocentes y ajenas al combate pero servían para mostrar el Poder de cada organización.

En 1973 y hasta 1975 la economía argentina tuvo un desempeño medianamente satisfactorio. Lo más
notable fue el crecimiento del sector agropecuario pampeano que pudo revertir el estancamiento anterior
abriendo nuevos mercados para los granos y aceites argentinos. Hubo créditos y subsidios para las
inversiones y una acción sistemática del INTA. Las perspectivas de las exportaciones tradicionales eran
excelentes: muy buenos precios y posibilidad de acceder a nuevos mercados, como la Unión Soviética; la
nacionalización del comercio exterior apuntaba a asegurar la transferencia de parte de los beneficios al
sector industrial, a la vez se cuidó mucho de preservar los ingresos de los sectores rurales, cuya
productividad se quiso incrementar combinando métodos novedosos como: la posibilidad de expropiar las
tierras sin cultivar y se priorizo a incremento de las exportaciones industriales.

Las empresas nacionales, fueron respaldadas con líneas especiales de crédito y con el mecanismo del
compre argentino en las empresas públicas; para lograr mayor eficiencia y control, éstas se integraron en
una Corporación de Empresas Nacionales. El estado controló los créditos, el control de precios, Pero
además, el Estado aumentó considerablemente sus gastos a través de obras sociales e incrementó el
número de empleados públicos y de empresas del Estado; contribuyó así a activar la economía interna,
aunque a costa de un déficit creciente.

Perón recurrió a la concertación, un mecanismo muy común en la tradición europea en el cual el Estado
debía disciplinar a los actores combinando persuasión y autoridad. Hubo concentraciones sectoriales
como la CGE y la CGT, que estableció el congelamiento de los precios y la supresión por dos años de las
convenciones colectivas o paritarias. Esto era duro de aceptar para el sindicalismo y fue compensado con
un inmediato aumento del 20% general en los salarios

Los primeros resultados fueron espectaculares. La inflación se frenó bruscamente, mientras que la
excelente circunstancias del comercio exterior permitió superar la crisis de endeudamiento de décadas
pasadas y acumular un buen superávit, y las mejoras salariales y el incremento de gastos del Estado
estimulaban el aumento de la actividad interna.

Pero desde diciembre de 1973 comenzaron a acumularse problemas. El incremento del consumo hizo
reaparecer la inflación, mientras que el aumento del precio del petróleo en el mundo -que ya anunciaba el
fin del ciclo de prosperidad de la posguerra- encareció las importaciones, empezó a complicar las cuentas
externas e incrementó los costos de las empresas. Finalmente, el Mercado Común Europeo se cerró para
las carnes argentinas.

Isabel Peron (01/07/74 a 24/03/76)

María Estela Martínez de Perón asumió la presidencia ante la


muerte del presidente Juan Domingo Perón, el 1 de julio de 1974.
Fue depuesta en 1976 por un golpe de Estado cívico-militar. Su
mandato correspondió al ciclo histórico que ha dado en llamarse
tercer peronismo. Fue la primera mujer en el mundo en ser jefa
de Estado con el título de presidenta del país.

En 1975 la crisis era grave: la inflación estaba desatada, la


balanza de pagos era importante y la puja distributiva era
encarnizada, el Estado estaba desbordado. El Estado estaba
totalmente desbordado ante la presión de la CGT debió acceder a
paritarias, de modo que el ajuste inminente debía realizarse urgentemente. A fines de marzo, la mayoría
de los gremios había acordado aumentos del 40% el 2 de junio, el nuevo ministro de Economía, Celestino
Rodrigo provocó un shock económico al decidir una devaluación del 100% al que se lo llamó “rodrigazo”

A fines de marzo, la mayoría de los gremios había acordado aumentos del 40%, pero "El Rodrigazo" echó
por tierra los aumentos acordados. Los sindicalistas volvieron a exigir en las paritarias y los empresarios
concedieron -con llamativa facilidad- aumentos que llegaban al 200%. La presidenta decidió no
homologarlos y generó una masiva resistencia de los trabajadores, que culminó en movilizaciones en la
Plaza de Mayo y un paro general de 48 horas.

El hecho era notable porque, contra toda una tradición, la CGT encabezaba la acción contra un gobierno
peronista. Isabel cedió, Rodrigo renunció, los aumentos fueron homologados y devorados por la inflación
en sólo un mes. En medio de una crisis económica galopante, el gobierno entró en su etapa final.

En julio de 1975, ni las Fuerzas Armadas ni los grandes empresarios hicieron nada para respaldar a la
presidenta (de hecho contribuyeron al caos de la economía ) se separaron de la CGT, Rotos el pacto que
Perón había construido los sindicalistas iniciaron el ataque. El general Videla (nuevo comandante en jefe)
se negaba a respaldar al gobierno en crisis, le puso plazos esperó que la crisis económica y política
terminaran con el liderazgo de Isabel para tomar el poder.

El Congreso, del que se esperaba que encontrara el mecanismo para remover a la presidenta, tampoco
pudo reunir el respaldo necesario esto creó una situación de tensión insoportable y una aceptación
anticipada de cualquier salida. Muchos peronistas se convencieron de que la caída de Isabel era inevitable
y pensando en el futuro, prefirieron evitar divisiones, acompañándola hasta el fin.

El 24 de marzo de 1976 los militares (con Videla a la cabeza) depusieron y arrestaron a Isabel Perón. Como
en ocasiones anteriores, la Sociedad recibió el golpe constitucional con alivio y expectativas.
Capítulo VII: El Proceso (1976-1983)

El 24 de marzo de 1976, la Junta de Comandantes en Jefe, integrada por el general Jorge Rafael Videla, el
almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Ramón Agosti, se hizo cargo del poder, dictó los
instrumentos legales del llamado “Proceso de Reorganización Nacional” y designó presidente de la
Nación al general Videla.

El caos económico de 1975, la crisis de autoridad, las luchas de las organizaciones guerrilleras, el terror
sembrado por la Triple A y los repetidos atentados del ERP, creó las condiciones para la aceptación de un
golpe de Estado que prometía restablecer el orden y asegurar el monopolio estatal de la fuerza.

La propuesta de los militares iba más allá: consistía en eliminar de raíz el problema, que en su diagnóstico
se encontraba en la sociedad misma y en la naturaleza irresoluta de sus conflictos. El elemento discursivo
que utilizaba la dictadura militar se nutría de la idea de que la naturaleza irresoluta de los problemas de la
sociedad argentina radicaba en la existencia de una “enfermedad”, de un “tumor” que debía ser
“extirpado”. La represión, fue ensayada primero en Tucumán (donde el Ejército intervino oficialmente
desde 1975) y luego ejecutada de modo sistemático en todo el país.

Jorge Rafael Videla (1976 a 1981)

La represión fue, en suma, una acción sistemática realizada desde el Estado.

Se trató de una acción terrorista clandestina, dividida en cuatro momentos


principales: el secuestro, la tortura, la detención y la ejecución. Para los
secuestros, cada grupo de operaciones (conocido como “la patota”) operaba
preferentemente de noche, en los domicilios de las víctimas, a la vista de su
familia, que en muchos casos era incluida en la operación. Pero también
muchas detenciones fueron realizadas en fábricas o lugares de trabajo, en
la calle, Al secuestro seguía el saqueo de la vivienda, se obligó a las víctimas
a ceder la propiedad de sus inmuebles, con todo lo cual se conformó el botín
de la horrenda operación.

Las órdenes bajaban, por la cadena de mandos, hasta los encargados de la


ejecución, los Grupos de Tareas (integrados principalmente por oficiales
jóvenes, con algunos suboficiales, policías y civiles) que también tenían una organización específica. La
ejecución requirió además un complejo aparato administrativo, la coordinación de entradas, traslados y
salidas- de un conjunto muy numeroso de personas, que serían aniquiladas

El destino primero del secuestrado era la tortura, sistemática y prolongada. La “picana”, el “submarino” y
las violaciones sexuales eran las formas comunes para lograr la denuncia de compañeros, lugares,
operaciones; pero más en general tenía el propósito de quebrar la resistencia del detenido, anular sus
defensas, destruir su dignidad y su personalidad. Muchos morían en la tortura, se “quedaban”; los
sobrevivientes iniciaban una detención más o menos prolongada en alguno de los trescientos cuarenta
centros clandestinos de detención (los “chupaderos”) que funcionaron en esos años. Se encontraban en
unidades militares: la Escuela de Mecánica de la Armada, Campo de Mayo, los Comandos de Cuerpo y
también en dependencias policiales, y eran conocidos con nombres de macabra fantasía: el Olimpo, el
Vesubio, la Perla, la Escuelita, el Reformatorio, Puesto Vasco, Pozo de Banfield.

Muchas detenidas embarazadas dieron a luz en esas condiciones; muchas veces los mismos
secuestradores se apropiaban de sus hijos, o los entregaban a conocidos. Ante el miedo algunos
secuestrados aceptaban colaborar con sus victimarios, realizando tareas de servicio e informar a antiguos
compañeros. Para la mayoría el destino final era la muerte.
La Junta Militar estableció la pena de muerte y todas las ejecuciones fueron clandestinas. A veces los
cadáveres aparecían en la calle, como muertos en enfrentamientos o en intentos de fuga. En algunas
ocasiones se dinamitaron pilas enteras de cuerpos, pero en la mayoría de los casos los cadáveres se
ocultaban, enterrados en cementerios como NN, quemados en fosas colectivas o arrojados al mar con
bloques de cemento, luego de ser adormecidos con una inyección. De ese modo, no hubo muertos, sino
“desaparecidos”.

Con el argumento de enfrentar y destruir su propio terreno a las organizaciones armadas, la operación
procuraba eliminar todo activismo, toda protesta social, toda expresión de pensamiento crítico, toda
posible dirección política de la movilización popular que se había desarrollado desde mediados de la
década anterior y que entonces era aniquilada. Cayeron militantes de organizaciones políticas y sociales,
dirigentes gremiales y junto con ellos militantes políticos varios, sacerdotes, intelectuales, abogados
(relacionados con la defensa de presos políticos), activistas de organizaciones de derechos humanos y
muchos que cayeron por la sola razón de ser parientes de alguien, figurar en una agenda o haber sido
mencionados en una sesión de tortura.

Las desapariciones se produjeron masivamente entre 1976 y 1978 Fue una verdadera masacre. La comisión
que las investigó documentó alrededor de nueve mil casos, pero indicó que podía haber muchos otros no
denunciados, mientras que las organizaciones defensoras de los derechos humanos reclamaron por 30 mil
desaparecidos. Se trató en su mayoría de jóvenes de entre 15 y 35 años. Algunos pertenecían a las
organizaciones armadas: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) fue diezmado entre 1975 y 1976,
Montoneros, que también experimentó fuertes bajas en sus cuadros, siguió operando, aunque limitada,
muchos emigraron a México, y desde allí organizaron atentados y otras operaciones.

El clima de terror instalado cubrió a la totalidad de la sociedad y operó como un dispositivo de


disciplinamiento social. La sociedad aceptó el discurso oficial, haciendo propia la acción represiva del
estado, generando una situación de autopatrullaje y autocontrol, plasmada en frases como “por algo
será”.

El ministro de economía fue José Alfredo Martínez de Hoz que estuvo al frente del ministerio los 5 años del
mandato de Videla. Representante del liberalismo económico y el neoliberalismo, estuvo profundamente
relacionado con los organismos y centros financieros internacionales. A pocos días del inicio de la gestión
de Martínez de Hoz, el FMI aprobó con sorpresiva rapidez un crédito de 110 millones de dólares que
permitió mejorar el nivel de reservas de divisas disponibles en el Banco Central de la República Argentina
endeudando pesadamente al país.

Las Fuerzas Armadas y el "establishment" que lo acompañaban pensaban que la inestabilidad social y
política crónica nacía de la impotencia del poder político ante los grupos corporativos, poniendo énfasis
en el la estabilidad política y cargando toda la culpa en el estado benefactor o estado de bienestar como el
causante del desorden social. Como solución a largo plazo debía cambiarse las bases de la economía para
originar orden y seguridad.

La reducción de funciones del Estado, su conversión en “subsidiario”, fue uno de los propósitos más
firmemente proclamados por el ministro Martínez de Hoz, recogiendo un argumento que circulaba con
fuerza creciente en todo el mundo capitalista, donde estaban en plena revisión de los principios del Estado
dirigista y benefactor, constituido en Argentina, sucesivamente, en 1930 y 1945.

Este argumento, fue dominante y aceptado, pero lo que este modelo produjo fue una concentración
económica de los grupos empresariales, reduciendo la puja corporativa y trasladando los recursos del
conjunto de la sociedad. La ejecución de esa “transformación” planteaba un problema político, la
conducción económica debía durar en el poder un tiempo suficiente como para que los cambios fueran
irreversibles.
Martínez de Hoz contó inicialmente con un fuerte apoyo. los organismos internacionales, los bancos
extranjeros y el establishment local. Pero la relación con los militares fue más compleja y debió soportar
planteos de militares que no coincidían con su plan y los que lo apoyaban marcaban el buen nivel de
entendimiento que tenía con las corporaciones. Esto fue produciendo una fricción en las FFAA.
Luego de intervenir la CGT los principales sindicatos, suprimir las negociaciones colectivas y prohibir las
huelgas, se congelaron los salarios y la ayuda suplementaria del FMI la crisis cíclica se superó
rápidamente.

Las inversores eran crecientes en un contexto de elevada inflación, se optó por plazos fijos a 30 días y los
títulos del Estado con intereses En un clima altamente especulativo, se mantuvo elevada la tasa de interés,
y con ella la inflación (que nunca se pudo reducir) el Estado garantizaba no sólo los títulos que emitía, sino
los depósitos a plazo fijo, tomados a tasa libre por entidades privadas, de modo que, ante una quiebra, se
devolvía el depósito a los ahorristas. Esta combinación de liberalización, eliminación de controles y
garantía estatal generó un mecanismo perverso, que llevó al sistema a la ruina.

El gobierno fijó una tabla de devaluación mensual del peso, gradualmente decreciente hasta llegar en
algún momento a cero. Pero la inflación no paró y el peso se revaluó de modo importante con respecto del
dólar. La consecuencia del dólar barato y los bajos impuestos fue una inundación de productos importados
a precio ínfimo, que afectó con dureza a la industria nacional.

El flujo de dólares fue común en toda América Latina pero en la Argentina lo estimuló la posibilidad de
tomarlos y colocarlos sin riesgo en el mercado financiero local, aprovechando las elevadas tasas de interés
internas. Hubo mucho dinero en circulación (la “plata dulce”) Y muchos pudieron comprar costosos
productos importados o viajar al exterior. Pero la “tablita” no redujo ni las tasas de interés ni la inflación,
la sobrevaloración traería una gran devaluación.

En 1980 la economía real agonizaba y la economía imaginaria del mercado financiero iba a la deriva. Las
altas tasas de interés eran exageradas, ninguna actividad producía ganancias. Muchas empresas entraron
en quiebra. En marzo de ese año el Banco Central decidió la quiebra del banco privado más grande y de
otros tres importantes.

Roberto Viola (1981 a 1981)

En marzo de 1981, debía asumir el nuevo dictador el general Roberto Marcelo


Viola; Martínez de Hoz dejaría el ministerio, y con él cesaría la vigencia de la
“tablita”, lo que provocó una corrida bancaria una masiva fuga de dólares.

El general Viola, buscando tomar distancia de la política de Martínez de Hoz,


convocó específicamente a los voceros de los grandes sectores empresarios y los
integró en su gabinete, pero esa participación concluyó con su caída, y desde
entonces los numerosos empresarios sacudidos por la crisis fueron integrando
con creciente entusiasmo el frente opositor. El movimiento sindical recibió duros
golpes. Muchos dirigentes de primer nivel fueron encarcelados. Las principales
fábricas fueron ocupadas militarmente, hubo “listas negras”, para mantener
alejados a los activistas, y control ideológico para los aspirantes a un empleo. La
CGT y la mayoría de los grandes sindicatos fueron intervenidos, se suprimieron el derecho de huelga y las
negociaciones colectivas y los sindicatos fueron separados del manejo de las obras sociales.

El peso se devaluó un 400%, mientras que la inflación sería de un 100% anual. La devaluación fue
catastrófica para las empresas endeudadas en dólares Y en 1982 y se hizo cargo de la deuda de las
empresas, aumentando su propio endeudamiento La era de la “plata dulce” terminaba y la sociedad toda
debió cargar con las pérdidas.

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