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Memoria y Literatura Infantil en Argentina

Este documento discute la ausencia de literatura infantil argentina que aborde la memoria de la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983. Explica que durante ese período hubo censura y prohibición de libros que pusieran en cuestión valores tradicionales. Aún hoy, la literatura infantil rara vez menciona este período traumático de la historia argentina. El autor propone seleccionar textos que permitan una lectura de los espacios de memoria e introducir registros históricos en

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Memoria y Literatura Infantil en Argentina

Este documento discute la ausencia de literatura infantil argentina que aborde la memoria de la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983. Explica que durante ese período hubo censura y prohibición de libros que pusieran en cuestión valores tradicionales. Aún hoy, la literatura infantil rara vez menciona este período traumático de la historia argentina. El autor propone seleccionar textos que permitan una lectura de los espacios de memoria e introducir registros históricos en

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Los domicilios de la memoria

en la literatura infantil argentina:


un aporte a la discusión
Rossana Nofal
Universidad Nacional de Tucumán
Investigadora del CONICET
Esta indagación tiene un propósito: formular la pregunta por la ausencia de
una literatura de la memoria, pensada especialmente para chicos1, dentro de
las fronteras del género de la literatura infantil y capaz de circular en los
ámbitos de la educación formal. ¿Qué es lo que se quiere proteger con ese
gesto?2 Esconder lo malo, las brujas, los fantasmas, la muerte, son eternas
discusiones en los ámbitos de selección del material infantil. Cómo nombrar
lo feo, lo terrible, lo siniestro..., buscar un nombre que el sistema
hegemónico de producción editorial para chicos se empeña en borrar. Faltan
las palabras para expresar lo vivido, faltan las palabras en la ficción para
inscribir las huellas dolorosas del pasado.3

Para empezar a discutir esta ausencia, es indispensable ante todo, señalar la


presencia del único texto significativo en este sentido: el libro de Graciela
Montes, El Golpe publicado por primera vez en 1996 en Página/12; luego
formó parte del libro El golpe y los chicos, Buenos Aires, Gramón-Colihue,
1996. El relato apela a un discurso historiográfico para reconstruir la
memoria de los hechos traumáticos dejando de lado el juego ficcional propio
de la literatura. La identidad es literalmente impensable sin una narrativa; la
gente se conoce, conoce quiénes son ellos a través de historias que se cuentan
sobre ellos y sobre los otros; sin embargo, la dictadura, está ausente en los
relatos infantiles; sólo algunas señales laterales hay en los libros de Elsa
Bormeman, posteriores al ’83 o en Caídos del mapa de María Inés Falconi,
del 2001.

El ámbito de la literatura infantil argentina sufrió un golpe mortal durante


la dictadura y todavía le cuesta reconstruir el espacio perdido. La mirada en
perspectiva nos permite afirmar que como con las personas, hubo un plan
sistemático de desaparición de bibliografía4. En 1978, un decreto prohibió la
circulación de La torre de cubos de Laura Devetach. En sus considerandos,
el exceso de imaginación -”ilimitada fantasía” dice- es una de las causas
principales pasa desaconsejarlo. Con pretextos similares fueron censurados
títulos como Un elefante ocupa mucho espacio de Elsa Bornemann; El
pueblo que no quería ser gris y La Ultrabomba del entonces recién estrenado
sello Rompan y Cinco dedos de Editorial de La Flor. “Tienen una finalidad
de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica
del accionar subversivo” constaba en los decretos5. Entre los considerandos
se incluían juicios de valor sobre la escritura:

Que del análisis de la obra “La torre de cubos” se desprenden


graves falencias tales como la simbología confusa,
cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al
hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales
y trascendentales

Que algunos de los cuentos narraciones incluidos en el


mencionado libro, atentan directamente al hecho formativo que
debe presidir todo intento de comunicación, centrando su temática
en los aspectos sociales como crítica a la organización del trabajo, a
la propiedad privada y al principio de autoridad enfrentando grupos
sociales, raciales o económicos con base completamente
materialista, como también cuestionando la vida familiar, distorsas
y giros de mal gusto, lo cual en vez de ayudar a construir, lleva a la
destrucción de los valores tradicionales de nuestra cultura”

La literatura infantil fue vigilada con firmeza por el ojo censor, que se
sentía en la obligación moral de preservar a la niñez, de aquellos libros que -
a su entender- ponían en cuestión valores “sagrados como” la familia, la
religión o la patria. Gran parte de ese control era ejercido a través de la
escuela, tal como demuestran las instrucciones de la “Operación Claridad”
(firmadas por el jefe del Estado Mayor del Ejército, Roberto Viola, ideadas
para detectar y secuestrar bibliografía marxista e identificar a los docentes
que aconsejaban libros subversivos.6

La fantasía estuvo y (lo que es aún peor) está bajo sospecha; es peligrosa
porque está fuera de control, nunca se sabe bien a dónde lleva. Esta
oposición entre realidad y fantasía esconde los mecanismos ideológicos que
les sirven a los adultos para colonizar a los chicos. La literatura infantil, un
campo aparentemente inocente y marginal, es uno de los espacios más
importante en el que se libra los combates entre memoria y olvido más
reveladores de nuestra cultura porque desde el Jardín de Infantes a la
Universidad la literatura es el instrumento vital para la inserción de los
individuos en las formas perceptivas y simbólicas de la sociedad. El texto
literario que circula en las instituciones educativas está generalmente
emparentado en una formación ideológica dominante. Es quizás una de las
ilusiones de nuestro tiempo, creer que somos libres de leer y escribir cuándo,
cómo y dónde queremos; como cualquier otra práctica social, estas
actividades están sujetas a diversas formas de control y regulación.

En los Diseños Curriculares Jurisdiccionales - Area lengua - EGB1 y EGB2


de la Provincia de Tucumán, el tema de la memoria está ausente en las
propuestas de contenidos; tampoco hay una sugerencia de lecturas para la
constitución de un canon literario7. El espacio textual es, en realidad, un
terreno fisurado y dividido por los cataclismos de la historia política; es un
campo de batalla en donde una cantidad de opciones interpretativas entran en
conflicto. Algunos modos de control sobre los textos pueden tomar la forma
simple de represión en algunos puntos del circuito de producción, o en la
distribución y el consumo de libros; pero la forma más efectiva de la censura
es, por supuesto, perpetuar la masa de analfabetos.

Dada la importancia del espacio literario en los procesos de aprendizaje se


vuelve imperioso pensar en este contexto los “mecanismos” de transmisión y
conformación de la memoria de la dictadura. Se trata de un trabajo arduo
para todos, para los chicos, y también para los adultos, entendiendo la
memoria como la única que remite a la vivencia auténtica y permite
recuperar el pasado sin misticismos. La ausencia de la dictadura en el ámbito
de la ficción para chicos es, en realidad, una trampa de la memoria que nos
vincula con el acto de olvidar.

Si bien es importante la cantidad de niños que acceden al sistema


educativo, no es igualmente proporcional la cantidad de niños que pueden
leer y escribir y acceder a la escritura literaria.. Es en este punto donde se
ubica nuestra propuesta: generar espacios alternativos, liberados de presiones
curriculares y sin posiciones ganadas de antemano, en los que los chicos
puedan trabajar en libertad y producir muchos textos como consecuencia de
una lectura variada. Consideramos que los talleres literarios8 abiertos son
espacios democráticos en tanto trabajan con “lo que hay”, con los que se
sabe, sin marcar constantemente la falta y el error. Muchos adolescentes, a
pesar de “haber sobrevivido” a gran parte del sistema educativo, no tienen la
capacidad o el “poder de leer lo que tienen frente a sus ojos. La distribución
ecuánime del capital educacional no es lo más característico de nuestro
democratizado sistema educativo. La verdadera democracia está aún bastante
lejos de nuestras escuelas. La tensión entre el interior y la capital, el centro y
la periferia, lo estatal y lo privado, fracturan aun más el debilitado sistema.

Proponemos implementar nuevas estrategias para superar las fronteras


antes explicitadas, la más importante se relaciona con la posibilidad de
seleccionar los textos que circulan en las instituciones educativas y en las
bibliotecas populares desde otro lugar. Elegir para el trabajo novelas que no
pertenezcan necesariamente al género infantil pero que permitan una lectura
de los espacios de memoria. Un texto significativo en este sentido es el libro
de Antonio Dal Massetto, Hay unos tipos abajo9. La sospecha, la duda, las
incertidumbres constantes del personaje permiten reconstruir escenas y
climas propios de la dictadura. Se abren muchos juegos de discusión y por
otro lado el final no se clausura con la muerte o la desaparición sino con la
posibilidad del exilio. La idea es buscar escrituras distintas que generen un
cambio en las estructuras del sentir, que provoquen una nueva mirada capaz
de introducir en el imaginario infantil un registro histórico, desde la escritura
literaria de los hechos de la pasada dictadura.

Toda memoria es una construcción de memoria. Surge entonces la pregunta


peligrosa: la literatura infantil de atreve a hablar de la memoria de los hechos
traumáticos o este espacio queda reservado sólo para el género testimonio,
voluntariamente alejado de la ficción y emparentado con las formas literarias
del realismo decimonónico del siglo XIX?. ¿Cómo recuperar el espacio
perdido de la fantasía en la literatura infantil y hablar desde allí de las
memorias en conflicto (Jelin:2000)? ¿Cómo pensar un Nunca más
significativo que transgreda el nunca más se hable. Si no se opera un cambio
en los modos de producción de esta escritura, el destino del nunca más será,
probablemente, el olvido. Es como querer bajar del cielo el elefante que
ocupaba mucho espacio en los años ’70 sin llevar y traer letras en las
mochilas y sin abrir otros espacios.

Notas:

[1] Me refiero especialmente a los chicos de la transición. Como señala el


documento base para la discusión, “la expresión política más
importante de esta generación puede ser la alineación extrema y el
cinismo sobre los valores de los procesos políticos en sí mismos. (...)
El eslogan “Nunca más” tiene escasa resonancia y mayor alineación y
está culturalmente estigmatizado. La inquietud por el espacio de la
literatura infantil se basa en mi experiencia personal como
coordinadora de talleres literarios no formales para chicos de la
Provincia de Tucumán, actividad que desarrollo desde 1995.

[2] Sobre el concepto de literatura infantil y la delimitación del género


sigo los lineamientos de Graciela Montes en: El corral de la infancia,
Buenos Aires: Libros del quirquincho, 1990.

[3] Ver: Elizabeth Jelin, “Memorias en conflicto”, Los puentes de la


memoria, La Plata: Centro de estudios por la memoria, Agosto 2000,
p. 8. “Una de las características de las experiencias traumáticas es la
masividad del impacto que provocan, creando un hueco en la
capacidad de “ser hablado” o contado. Se provoca un agujero en la
capacidad |de representación psíquica. Faltan las palabras, faltan los
recuerdos. La memoria queda desarticulada y sólo aparecen huellas
dolorosas, patologías y silencios. Lo traumático altera la temporalidad
de otros procesos psíquicos y la memoria no los puede tomar, no puede
recuperar ni transmitir o comunicar lo vivido”

[4] Sigo los postulados de Judith Gociol, “La dictadura militar y la


persecución a los libros. Una página de oscuridad”, Buenos Aires:
Puentes, Marzo 2001, pp. 48-51

[5] Boletín N° 142 de julio de 1979 por el cual el Ministerio de la


Provincia de Santa fe prohibió el uso de La torre de cubos en las
escuelas. Nivel Primario Prohibición de una obra. La Provincia de
Santa fe ha dado a conocer la Resolución Nro. 480 con fecha 23-5-79.
Buenos Aires, 23 de mayo de 1979.
Visto: Que se halla en circulación la obra “La torre de Cubos” de la
autora Laura Devetach destinada a los niños, cuya lectura resulta
objetable

[6] Sobre la reconstrucción de los móviles ideológicos de la dictadura


creo importante destacar el trabajo de María Seoane y Vicente
Muleiro, El Dictador, Buenos Aires: Sudamericana, 2001

[7] Se destaca que este material se elaboró en la Provincia durante la


Gobernación de Antonio Domingo Bussi, ex General de la Dictadura
elegido democráticamente durante el período 1995-1999.

[8] Me refiero a la constitución del Equipo Creativo Mandrágora en


Tucumán, un espacio de la Facultad de Filosofía y Letras que desde el
año 1995 propone la constitución de talleres literarios para chicos en
distintos ámbitos sociales.

[9] La elección es absolutamente arbitraria, y ciertamente acotada por el


espacio de este paper. El ejemplo del ibro que se trabajó en el taller
sólo busca mostrar un proceso de búsqueda más allá de las fronteras
genéricas de la “literatura para chicos”.Esta exploración ayuda a
pensar las múltiples modulaciones de esta problemática exclusión.

Rossana Nofal. Profesora de Literatura Hispanoamericana en


la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de
Tucumán, Investigadora del CONICET y miembro del Núcleo
Memoria dirigido por Elizabeth Jelin. Elaboró su tesis de
Doctorado con la dirección de Carmen Perilli sobre el tema: La
escritura testimonial en América Latina. Imaginarios
revolucionarios del sur, material que se encuentra en proceso
de publicación por la Universidad Nacional de Tucumán.
Actualmente se encuentra llevando adelante una investigación
sobre las memorias de la represión e imaginarios
postdictatoriales en Argentina y Chile. Sus trabajos sobre el
género testimonio y su vinculación con la literatura y con la
historia fueron publicados en revistas del país y el exterior.

© Rossana Nofal 2003


Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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