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El Trabajo Centrado en El Evangelio - Llega - Tim Chester

El documento resume el concepto del trabajo centrado en el evangelio. Explica que Dios es un trabajador que se deleita en Su creación, y que creó al ser humano a Su imagen para que comparta Su trabajo de llenar y gobernar la tierra. También señala que el trabajo debe entenderse como una forma de servir a Dios y a los demás, no solo para ganar dinero.
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El Trabajo Centrado en El Evangelio - Llega - Tim Chester

El documento resume el concepto del trabajo centrado en el evangelio. Explica que Dios es un trabajador que se deleita en Su creación, y que creó al ser humano a Su imagen para que comparta Su trabajo de llenar y gobernar la tierra. También señala que el trabajo debe entenderse como una forma de servir a Dios y a los demás, no solo para ganar dinero.
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EL TRABAJO CENTRADO EN EL EVANGELIO

por Tim Chester.


© 2016 por Poiema Publicaciones, publicación electrónica.
 
Traducido con permiso del libro Gospel-Centred Work © Tim Chester, 2013, publicado
por The Good Book Company.
 
Las citas bíblicas han sido tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional
(NVI) ©1999 por Biblica, Inc., todos los derechos resevados, agregando mayúsculas a
los pronombres que se refieren a Dios. Las citas marcadas con la sigla RVC han sido
tomadas de La Santa Biblia, Versión Reina Valera Contemporánea ©2011 publicada por
Sociedades Bíblicas Unidas.
 
Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de este
libro por cualquier medio visual o electrónico sin permiso escrito de la casa
editorial. Escanear, subir o distribuir este libro por Internet o por cualquier otro
medio es ilegal y puede ser castigado por la ley.
 
Poiema Publicaciones
info@[Link]
[Link]
 
SDG
Contenido
Introducción
La leyenda para cada capítulo
Parte Uno: El trabajo en el evangelio

1. Dios trabaja
2. Nada funciona
3. Jesús trabaja
4. Buenas obras

Parte Dos: El trabajo que transforma

5. Me preocupa mi trabajo
6. Le tengo miedo a mi jefe
7. No soporto la idea de fracasar
8. Me cuesta trabajo parar
9. No me llevo bien con ellos

Parte Tres: El trabajo misionero

10. La bendición
11. Las decisiones
12. El testigo
13. La comunidad

Conclusión
14. Llevando a Dios al trabajo
El trabajo es un aspecto importante de nuestras vidas. Muchos
vamos a la fábrica, al taller, a la tienda, a la oficina o al salón de
clases todas las mañanas. Otros se quedan en casa haciendo los
quehaceres domésticos o cuidando a los niños. Un número cada
vez mayor de personas tiene trabajos de medio tiempo.
La mayoría de las personas que tienen un empleo de tiempo
completo trabaja alrededor de cuarenta horas a la semana.
Algunas personas trabajan mucho más tiempo. Esto representa
por lo menos un tercio de las horas que pasamos despiertos. Y
cuando a eso le sumamos otros trabajos que hacemos, como los
quehaceres en el hogar, entonces quizá pasamos más de la
mitad de nuestro tiempo trabajando. Con toda seguridad
pasamos más tiempo trabajando que haciendo cualquier otra
actividad. El trabajo es un aspecto importante de nuestras
vidas.
Esto quiere decir que si queremos ser personas centradas en
el evangelio, viviendo vidas centradas en él, tenemos que
pensar con detenimiento en qué consiste el trabajo centrado en
el evangelio. ¿Qué significa vivir para Jesús en el lugar de
trabajo?
Tenemos que establecer una conexión entre la mañana del
domingo y la mañana del lunes. El domingo por la mañana
cantamos acerca del amor de Dios y de Su poder. Pero ¿qué
quiere decir vivir a la luz del amor de Dios y de Su poder en un
lugar de trabajo que muchas veces es hostil y ejerce presión
sobre las personas? ¿La persona que canta alabanzas a Dios los
domingos es la misma persona el lunes cuando se enfrenta a un
problema complicado, a un cliente incómodo o a un colega
difícil?
De esto es de lo que trata este libro, de darle al mundo del
trabajo un enfoque centrado en el evangelio. Lo puedes leer por
tu cuenta. Los capítulos, al ser cortos, tienen la intención de
que puedas leerlos con facilidad cada mañana mientras te
desplazas hacia tu lugar de trabajo todos los días. También
puedes leerlo dentro de un grupo pequeño, o a lo mejor en un
grupo en casa o en compañía de algunos de tus compañeros de
trabajo. Los estudios de la Biblia y las preguntas de reflexión
ofrecen oportunidades de entrar en diálogo con las demás
personas del grupo.
LA LEYENDA

PARA CADA CAPÍTULO

 
Un concepto clave para centrar nuestras vidas en el evangelio.
 
Una situación basada en la vida real que resalta problemas o
frustraciones en la vida cotidiana.
 
Un pertinente pasaje bíblico con algunas preguntas que te
ayudan a procesarlo.
 
Una presentación del principio clave que enseña la base
teológica y sugiere aplicaciones contemporáneas.
 
Algunas preguntas útiles para la reflexión en grupo o de
manera individual.
 
Algunas ideas o ejercicios que te ayudan a pensar cómo puedes
aplicar el principio a tu propia situación personal o colectiva.
 
El trabajo puede ser divertido, satisfactorio y emocionante.

 
Marcos vio el reloj. 4:55 de la tarde. Faltaban cinco minutos
para salir. Con toda seguridad no importaría si cerraba uno o
dos minutos más temprano esta noche. Vio la pila de cajas de
zapatos que estaban en la esquina. Eso podía esperar hasta
mañana. Algunos de los estantes necesitaban que los
enderezaran, pero de nuevo se iban a volver a desarreglar. “No,
fue todo por hoy”, se dijo. Volteó el letrero que colgaba en la
ventana —“cerrado”— y cogió su abrigo.
María vio el reloj. 4:55 de la tarde. Faltaban cinco minutos para
salir y entró otra llamada. “Hola, ¿en qué le puedo ayudar?”,
contestó con voz educada. Al mismo tiempo miró a Cristina y
fingió un bostezo. “Me temo que eso es lo mejor que puedo
hacer…”, dijo después de pasados unos minutos. Entonces, una
vez que la llamada hubo terminado, agregó: “… a las 5:00 de la
tarde después de un largo día”.
A las 7:20 de la noche Marcos y María estaban sentados en la
sala de Juan esperando a que el resto del grupo llegara. “¿Qué
tal les fue hoy en el trabajo?”, les preguntó Juan. Ambos
suspiraron. “Igual que siempre”, se quejó María. “Alcanza para
pagar las cuentas”, dijo Marcos, antes de lanzarse a contar la
historia de un molesto cliente. Juan estaba sentado ahí
escuchando y preguntándose si debía decir algo frente a la
actitud que Marcos y María estaban tomando.
 
Lee Génesis 1:1 – 2:2

¿Qué semejanzas hay entre el trabajo de Dios y nuestro


trabajo?

¿De qué manera ve Dios Su trabajo y la calidad de Su


trabajo?

¿Qué papeles le dio Dios a la humanidad?


 
Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era
muy bueno. Y vino la noche, y llegó la mañana: ese fue el
sexto día. Así quedaron terminados los cielos y la tierra,
y todo lo que hay en ellos. Al llegar el séptimo día, Dios
descansó porque había terminado la obra que había
emprendido.
Génesis 1:31 – 2:2

Dios es un trabajador. Trabaja y descansa de Su trabajo. Y


todavía trabaja: “Mi Padre aun hoy está trabajando, y Yo
también trabajo” (Jn 5:17). Dios es un trabajador y Jesús es un
trabajador (Jn 4:34; 17:4). Nota además que Dios se deleita en
Su trabajo. Ve lo que ha hecho y dice que es “muy bueno”. El
escritor de Proverbios describe el papel de la Sabiduría en la
creación, y el Nuevo Testamento ve esto como un cuadro de
Jesús. Proverbios dice: “Allí estaba Yo, afirmando Su obra. Día
tras día me llenaba Yo de alegría, siempre disfrutaba de estar
en Su presencia; me regocijaba en el mundo que Él creó; ¡en el
género humano me deleitaba!” (Pro 8:30-31). Jesús estaba al
lado del Padre haciendo la creación, y se deleita en Su trabajo.
Día tras día Jesús se llena de deleite gozándose en la calidad del
trabajo de Dios. No solo Dios es un trabajador, sino que hizo a
la humanidad para compartir Su trabajo:

Y Dios creó al ser humano a Su imagen; lo creó a imagen


de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas
palabras: Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la
tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las
aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por
el suelo […] Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el
jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.
Génesis 1:27-28; 2:15

Nosotros fuimos hechos a la imagen de Dios y esto significa


que gobernamos sobre la creación como mayordomos de Dios.
En los primeros tres días de la creación Dios “separa”. Él
separa la luz de las tinieblas, el agua del cielo, el mar de la
tierra. Génesis 1:2 (RVC) dice que la tierra estaba “desordenada y
vacía”. En los primeros tres días Dios gobierna sobre el caos.
Luego, en los otros tres días (cuatro, cinco y seis), llena el vacío.
Llena el cielo con el sol, la luna y las estrellas. Luego llena los
cielos y los mares con pájaros y peces. Llena también la tierra
con animales terrestres. Después Dios le da a la humanidad la
doble tarea de llenar y gobernar la tierra —las mismas cosas
que Él estaba haciendo en la creación. En cada uno de los tres
primeros días de la creación Dios “pone nombre” a las cosas.
Nombra el “día” y la “noche”; nombra el “cielo”, la “tierra” y el
“mar”. Pero no le pone nombre a nada en los días cuatro, cinco
y seis. En lugar de eso, le da a la humanidad la tarea de poner
nombre a los animales y a los pájaros (Gn 2:19).
Dios creó al mundo como un proyecto bueno pero no
terminado. Ahora nos entrega Su proyecto de creación a
nosotros. Nos llama a llenar el mundo y a someterlo. Esto
muchas veces se conoce como “el mandato cultural”. Dios nos
da un mandato para crear, inventar, explorar, descubrir,
desarrollar, producir, comprar y vender. Dios
misericordiosamente nos invita a participar con Él en la tarea
de producir un mundo hermoso que le dé la gloria.
Ser hechos a la imagen de Dios también significa ser seres
relacionales así como Dios es relacional. Y por medio del
trabajo no solo glorificamos a Dios, también proveemos para
nuestras familias y contribuimos a nuestras comunidades (Dt
14:28-29; Ef 4:28).
En la Biblia el trabajo se elogia como algo bueno. El trabajo
no es un mal necesario que tenemos que soportar. Es tanto un
privilegio como una bendición. Es por esta razón que nosotros
encontramos satisfacción y realización en él. Trabajar es parte
de lo que significa ser humano. Encontramos placer en un
trabajo bien hecho. Nos deleitamos en un producto bien hecho
o en un servicio bien realizado —algo que funciona, algo que es
bello, algo que va a durar. Nos produce placer encontrar en
nuestro trabajo el piso limpio, el estudiante que capta una idea,
todos los correos respondidos a tiempo, el cliente satisfecho.
Ese placer es eco del placer que Dios tuvo cuando vio que todo
lo que había hecho era muy bueno. Cuando nosotros
encontramos deleite en un trabajo bien hecho, ese deleite es
eco del deleite que la Sabiduría de Dios encontró al hacer con
Sus manos el mundo.
 

Cuando un artesano desliza su mano sobre una pieza de


madera ya terminada, comparte el gozo del Creador con
la creación del mundo. El cliente satisfecho, la fuerza
laboral productiva, la contabilidad bien hecha, la cocina
limpia, la entrega hecha a tiempo, el diseño terminado.

¿De qué manera compartes el gozo del Creador?

Una actitud común en el mundo moderno es que solo el


trabajo basado en el conocimiento que desarrollan
ciertos tipos de persona, como los gerentes, los
maestros y los diseñadores, tiene sentido y es
gratificante. Nosotros no valoramos el trabajo de los
obreros, de los empleados en fábricas o de quienes
trabajan en el sector del servicio como los limpiadores y
los meseros. El trabajo manual u ordinario se ve como
indigno. ¿Reconoces esta actitud de menosprecio en los
demás? ¿Esta actitud ha encontrado un lugar en tu
propio pensamiento?
¿De qué manera tener una visión bíblica del mundo
desafía este modo de pensar?
 

Si eres jefe de una empresa o haces parte del equipo que


la administra, ¿cómo puedes hacer que el trabajo sea
satisfactorio y digno para los demás? Una ley sanitaria y
de seguridad protege la salud corporal de los
trabajadores, pero nosotros también necesitamos cuidar
de la ‘dignidad’ de los trabajadores.

¿De qué manera puedes asegurarte de que el trabajo


no sea humillante?

¿Hay formas en las que pudieras hacer el trabajo


interesante y gratificante?

¿Cómo puedes honrar a los que trabajan contigo de


una manera apropiada?

Piensa detenidamente en las preguntas anteriores.


Luego haz una lista de tareas que puedes hacer durante
la semana las cuales te ayuden a crear un ambiente de
trabajo digno y gratificante.
 
El trabajo puede ser aburrido, frustrante y duro.

 
“¿Cómo podemos orar los unos por los otros?”, preguntó
Juan después del estudio de la Biblia.
“Ustedes podrían orar para que yo consiga un nuevo
trabajo”, dijo Marcos.
“Pero no has estado mucho tiempo en este trabajo”.
“Sí, pero es igual de malo que el anterior. Los clientes me
tratan como basura, mi jefe es una pesadilla y es para nada
interesante. Quiero algo que me satisfaga más”.
“¿No lo queremos todos?”, pensó Juan, mientras meditaba
en lo que había pasado en su día.
“Eso sería bueno”, le dijo Juan a Marcos. “Pero…”.
“Pero… ¿qué?”.
 
Lee Génesis 3:1-19

¿De qué manera el pecado afecta la forma en la que los


seres humanos se relacionan unos con otros?

¿De qué manera el juicio de Dios afecta nuestro trabajo?

¿Cómo ves estos efectos en tu lugar de trabajo?


 
En el mundo que Dios creó, el trabajo tuvo la intención de ser
divertido, gratificante y emocionante. Y muchas veces todavía
lo es. Pero todos sabemos que el trabajo también puede ser
frustrante, opresivo y difícil. “¿Cuántas personas trabajan
aquí?”, le pregunté en una ocasión a alguien. “Más o menos la
mitad de ellas”, fue su rápida e ingeniosa respuesta. En tu caso,
pudiste haber gritado en un momento de estrés: “¡Aquí nada
funciona!”, como cuando la fotocopiadora se atascó, una vez
más.

El trabajo puede ser frustrante


Imagina que te quedas cuidando la casa de un amigo. Eres la
persona que se queda a cargo de todo. Pero eso no quiere decir
que puedes hacer todo lo que quieras. Tienes que cuidar la
propiedad de tu amigo. Esa es exactamente la situación en la
que Dios nos coloca. Él nos pone a cargo de Su mundo, pero el
mundo sigue siendo Su mundo y nuestra tarea es cuidarlo. Sin
embargo, en lugar de eso, actuamos como si el mundo nos
perteneciera. Somos como ocupantes ilegales que tomamos
posesión de lo que no es nuestro.
Génesis 3 describe la rebelión de la humanidad contra Dios y
las consecuencias que esto produjo. Una de esas consecuencias
es que la tierra quedó maldita. Como resultado de esto, ahora
trabajar implica esfuerzo y sudor. Con “penosos trabajos”
nosotros comemos el fruto de la tierra. “Con el sudor de
[nuestra] frente” comemos. El trabajo se vuelve frustrante,
aburrido y estresante.

Consideré luego todas mis obras y el trabajo que me


había costado realizarlas, y vi que todo era absurdo, un
correr tras el viento, y que ningún provecho se saca en
esta vida […] Volví a sentirme descorazonado de haberme
afanado tanto en esta vida, pues hay quienes ponen a
trabajar su sabiduría, sus conocimientos y su experiencia
para luego entregarle todos sus bienes a quien jamás
movió un dedo. ¡Y también esto es absurdo, y un mal
enorme! Pues ¿qué gana el hombre con todos sus
esfuerzos y con tanto preocuparse y afanarse bajo el sol?
Todos sus días están plagados de sufrimientos y tareas
frustrantes, y ni siquiera de noche descansa su mente. ¡Y
también esto es absurdo!
Eclesiastés 2 :11, 20-23

Una cantidad interminable de correos electrónicos que hay


que leer, proyectos que salen mal, una administración
incompetente, propuestas que no llegan a nada, todo esto es
parte de trabajar en un mundo caído. Algunas veces
encontramos gran deleite en el trabajo —eso era lo que Dios
pretendía—, pero muchas veces encontramos que es frustrante.
Eso es en lo que el trabajo se ha convertido como resultado de
la rebelión de la humanidad contra Dios.

El trabajo puede ser opresivo


La naturaleza frustrante del trabajo en un mundo caído se
hace peor a causa de nuestro pecado y el pecado de los demás.
En nuestra vida laboral encontramos clientes difíciles,
conflictos con los compañeros o con personas que abusan de los
demás. El ambiente de trabajo no siempre es de felicidad. Es
más, para mucha gente el trabajo puede ser humillante. Esto
hace que el lugar de trabajo sea uno difícil para vivir el
cristianismo. Un amigo mío me escribió:

Muchos empleados cuentan chistes groseros, hacen


comentarios sexistas, difaman o se comportan de
manera deshonesta en las relaciones laborales. Y lo peor
de todo es que si tú no les sigues la corriente, te van a
hacer quedar mal en público. Esto puede ser una
pesadilla. Es muy difícil aplicar las habilidades
necesarias para tratar con estos problemas, y el apoyo
espiritual, el aliento y el ánimo a perseverar se necesitan
desesperadamente.
Otra expresión del pecado es la forma en que algunas
personas evitan el trabajo:

Dice el perezoso: Hay una fiera en el camino.

¡Por las calles un león anda suelto!

Sobre sus goznes gira la puerta;

sobre la cama, el perezoso.

El perezoso mete la mano en el plato,

pero le pesa llevarse el bocado a la boca.


Proverbios 26:13-15

Pablo dice que tales personas ni merecen comer. Dicho de


otro modo, no debemos afirmar a alguien en su pereza y
proveerle para sus necesidades (ver 2Ts 3:9-12; 1Ti 5:3-16).
El escritor de Proverbios describe el mundo bueno que Dios
creó como un mundo de causas y efectos predecibles en el que
el trabajo duro se recompensa.

El que labra su tierra tendrá abundante comida,

pero el que sueña despierto es un imprudente.


Proverbios 12:11

No obstante, ahora el mundo bueno de Dios está


completamente corrompido por nuestra rebelión, y esto quiere
decir que la causa y el efecto no siempre operan como Dios
quiso. En cambio, los poderosos usan su posición para explotar
al pobre, y así el trabajo de los pobres y de los débiles muchas
veces es explotado.

En el campo del pobre hay abundante comida,

pero esta se pierde donde hay injusticia.


Proverbios 13:23

Así que el trabajo puede ser opresivo.

El trabajo puede llevarnos a la idolatría


El profeta Isaías condena el comercio de Tiro porque
explota a los demás, pero también lo condena porque los de
Tiro han usado su comercio para darse la gloria a sí mismos en
vez de a Dios (Is 23:1-14). Como veremos, el trabajo puede ser
una forma en la que busquemos nuestra propia gloria de una
manera idólatra y busquemos la satisfacción dejando a Dios de
lado. Muchas personas llegan a la cima de su profesión solo
para descubrir que esta no les da la satisfacción que esperaban,
porque aunque fuimos hechos para trabajar, también fuimos
hechos para algo más que el trabajo. Fuimos hechos para Dios
mismo, y el trabajo nunca puede ser un sustituto de Dios que
nos satisfaga.
Las personas, hoy en día, parecen pensar que tiene derecho
a un trabajo agradable y gratificante todo el tiempo. Se
indignan cuando la vida no es así. Son como los cristianos que
esperan que Dios los mantenga saludables todo el tiempo.
Vivimos en un mundo caído que todavía no está redimido. Así
que no nos debe sorprender si el trabajo muchas veces es
aburrido o frustrante. Nos vamos a enfrentar a la tentación de
ser flojos, de oprimir a los demás o de tratar al trabajo como
tratamos a los ídolos. Y si aun podemos resistir esas presiones,
sin duda vamos a experimentar todas esas cosas entre nuestros
compañeros. Por eso, debemos tener una comprensión del
trabajo centrado en el evangelio como algo bueno que la caída
arruinó; debemos fijar nuestra mirada en la nueva creación, en
donde el trabajo será un deleite genuino.
 

¿En qué sentido tu trabajo puede ser frustrante? ¿De


qué maneras tu trabajo puede ser opresivo? ¿De qué
forma tu trabajo puede llevarte a la idolatría?

Lee Santiago 5:1-11.

¿Qué les dice Santiago a las personas que hacen que el


trabajo sea opresivo?

¿Qué les dice Santiago a las personas que encuentran el


trabajo opresivo?
 

Ora al Señor. Pídele que te ayude a mirar el trabajo


como algo bueno y productivo que será restaurado
completamente en la nueva creación.

Piensa en cuáles son aquellas cosas que suceden en tu


trabajo que te frustran, oprimen a tus compañeros o te
llevan a idolatrar tu labor. ¿Qué podrías hacer para
mejorar esas situaciones durante la semana? ¿Cómo
pensar en esto te ayuda a fijar tu mirada en la nueva
creación? Escribe tus respuestas.
 
Jesús transforma el trabajo y el trabajo transforma al mundo.

 
Pedro amaba su trabajo. Se dedicaba a colocar alfombras y
obtenía trabajo constante de dos grandes comerciantes de la
ciudad. Le encantaba conocer a los clientes. Le encantaba
trabajar por su cuenta. Y le encantaba terminar el día a las
cuatro. Le daba tiempo para estar con su familia y con el grupo
de jóvenes de la iglesia que él dirigía.
Pero la gente le seguía diciendo que le podía ir mejor. Un
par de personas le sugirieron que se expandiera, tal vez
contratando dos personas más a fin de que pudiera competir
por los contratos comerciales. Otros sugerían que alguien con
sus habilidades lo podría hacer mejor por su cuenta. Pedro no
estaba muy seguro de lo que ellos tenían en mente, pero
sospechaba que ellos se referían a un trabajo de saco y corbata
donde se pudiera sentar en un escritorio todo el día. A veces
sentía como si estuviera haciendo algo mal. Pero amaba su
trabajo y las oportunidades que este le daba.
¿Cómo podría decidir Pedro entre expandir su negocio o no?

Julia amaba su trabajo. Había comenzado en el hospital


local en un programa de administración para los recién
graduados y había sido ascendida en un par de ocasiones. Le
encantaba organizar el caos de la vida del hospital y ayudar al
personal a desempeñarse dando lo mejor de sus capacidades. Se
le presentaban de vez en cuando algunos dilemas éticos que
podían generarle retos como cristiana, pero creía que tenía la
oportunidad de ponerlos en una perspectiva bíblica.
Sin embargo, ella sentía una tensión con los compromisos
de la iglesia. Con frecuencia llegaba tarde a su reunión del
grupo en casa y tenía que rechazar las solicitudes que le hacían
para ser voluntaria en programas de la iglesia. Una o dos
personas le habían dado a entender que el equilibrio entre el
trabajo y su vida estaba mal. Ahora se le había presentado una
nueva oportunidad en el trabajo que en verdad la emocionaba.
Pero se preguntaba de qué manera las personas de su grupo
pequeño responderían.
¿Cómo podría Julia decidir entre aceptar el ascenso o no?
 
Lee Hebreos 2:5-9

¿De quién está hablando el escritor en los versículos 5-8?

¿Cuál es la gloria de la humanidad?

¿Cuál es el fracaso de la humanidad?

¿Cuál es la diferencia que Jesús hace?


 
Dios le dio a la humanidad la tarea de llenar la tierra y
someterla. Esto es lo que le da sentido a nuestro trabajo. Esta es
la gloria de la humanidad —nuestra gloria suprema de acuerdo
con el salmista:

Pues lo hiciste poco menos que un dios,

y lo coronaste de gloria y de honra:

lo entronizaste sobre la obra de Tus manos,

todo lo sometiste a su dominio.


Salmo 8:5-6

Pero cuando el escritor a los Hebreos cita del Salmo 8,


también reconoce que este no es el cuadro completo. Nuestra
rebelión contra Dios nos recuerda que “todavía no vemos que
todo le esté sujeto” (Heb 2:8).
A Adán se le dio la tarea de gobernar sobre la creación y
cuidar del jardín (Gn 1:28; 2:15). Pero en vez de gobernar sobre
la serpiente, Adán permitió que un animal lo gobernara.
Nuestro pecado pone al mundo de cabeza. El juicio de Dios hizo
que el trabajo se convirtiera en una batalla por controlar al
mundo hostil. No todo nos está sujeto. No todo es color de rosa
en el jardín.
“Nosotros no vemos que todo esté sujeto a ellos. Pero
nosotros sí vemos a Jesús…” (Heb 2:8-9). No vemos a Adán y a
su raza cumpliendo la tarea que Dios les dio, pero sí vemos a
Jesús, el nuevo Adán. Adán fue el inicio de la humanidad y su
pecado nos afecta a todos porque todos nacemos en Adán. Para
nosotros el trabajo es una batalla frustrante. Pero Jesús es el
inicio de la nueva humanidad de Dios y Su justicia afecta a
todos los que por la fe están en Él.
Como Adán, Jesús fue tentado por Satanás, pero Él fue fiel a
Dios.

El Espíritu lo impulsó a ir al desierto, y allí fue tentado


por Satanás durante cuarenta días. Estaba entre las
fieras, y los ángeles le servían.
Marcos 1:12-13

La presencia de los animales salvajes es la pista que Marcos


nos da de que la creación finalmente va a ser domesticada, es
decir, que otra vez se va a someter a la humanidad en la
persona de Jesús.

La creación aguarda con ansiedad la revelación de los


hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto
no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así
lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la
creación misma ha de ser liberada de la corrupción que
la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los
hijos de Dios.
Romanos 8:19-21

La redención de la humanidad, que ha comenzado con


Jesús, permitirá que la maldición que hay sobre la creación sea
quitada. Vamos a ser restaurados a nuestro papel como
compañeros de trabajo de Dios, gobernando sobre la creación y
cuidando de ella. Y por medio de nuestro trabajo redimido, la
creación misma también va a ser redimida.
Isaías, no obstante, espera con ansias el día en que la gente
va a disfrutar del fruto de su labor, ya que esa era la finalidad
de Dios.

Construirán casas y las habitarán;

plantarán viñas y comerán de su fruto.

Ya no construirán casas para que otros las habiten,

ni plantarán viñas para que otros coman.

Porque los días de Mi pueblo

serán como los de un árbol;

Mis escogidos disfrutarán

de las obras de sus manos.


Isaías 65:21-22

Aunque Isaías anuncia la caída del imperio comercial de


Tiro, también habla de su restauración. Una vez más, Tiro
“volverá a venderse y prostituirse con todos los reinos de la
tierra”. Esta vez, sin embargo, “sus ingresos y ganancias se
consagrarán al Señor” (Is 23:17-18). El comercio con Tiro
proveyó los materiales para el templo de Salomón (1R 5) y
“muchas naciones quedaban satisfechas” (Ez 27:33). Ahora
Isaías ve hacia el futuro, a la reconstrucción del templo cuando
Tiro proveerá otra vez los materiales (ver Esd 3:7). Él también
ve más allá de esto; ve el día en el que la riqueza del comercio
de las naciones se va a usar, no con fines egoístas ni para el
orgullo del hombre, sino para la gloria de Dios y la provisión
para Su pueblo (Is 60:5; ver Ap 21:24-26). Juan dice que el
pueblo redimido de Dios le servirá, pero sin la amenaza de la
pobreza o el calor de la fatiga (Ap 7:13-17).
Claro, todavía no ha llegado el día en que la nueva
humanidad renovará la tierra. Solo cuando Cristo regrese, el
mundo será transformado. Mientras tanto, tenemos una nueva
visión y motivación para el trabajo. Como cristianos, puede
que no seamos capaces de renovar todo el mundo, pero
podemos hacer diferencia por medio de nuestro trabajo.
Los empresarios y administradores en particular tienen la
oportunidad de formar empresas que bendigan a los demás. De
esta manera pueden generar lo que podríamos llamar
“ganancia cultural”, es decir, ganancias que benefician a la
comunidad en general. No solo los productos que elaboran,
sino sus prácticas de empleo y administración, el diseño de sus
instalaciones y la conducta de sus juntas, todo esto puede
influenciar a la cultura en general y apuntar al mensaje del
evangelio. Estar en el mundo de los negocios brinda la
oportunidad de ejercer autoridad de una forma que refleje el
gobierno de Dios, el cual libera y mejora la vida. Puedes tratar a
los empleados, clientes y proveedores como socios, y con tu
negocio bendecir a la comunidad.
Algunos cristianos han escogido no buscar ascensos o
disminuir su carga laboral a tres o cuatro días a la semana para
así tener tiempo para las misiones a través de su iglesia local.
Esta es una gran decisión. Otros han buscado una carrera como
una expresión del ministerio a través del lugar de trabajo.
También eso es tomar una gran decisión. Lo importante es
tomar esas decisiones para la gloria de Dios, no solo para
obtener ganancia personal.
Tanto José como Daniel alcanzaron la cima de sus
profesiones a través del servicio fiel. Esto se refiere a que
cuando llegó el tiempo, ellos estuvieron en la posición
oportuna para servir a Dios, bendecir a Su pueblo y contribuir
al avance de Sus propósitos de salvación (Gn 37 – 50; Dn 1 – 6).
Ester también supo que Dios la había puesto en una posición
de influencia. Esta joven judía se casó con el rey de Persia al
mismo tiempo que Amán, el principal oficial de la corte,
concebía un plan para destruir a los judíos. El tío de Ester,
Mardoqueo, le dijo:

¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para


un momento como este!
Ester 4:14

A costa de un gran riesgo para ella, Ester se acercó al rey y


salvó a su pueblo exitosamente. ¡Quién sabe si no has llegado a tu
puesto en el trabajo precisamente para un momento como este!
 
¿En qué posición te ha colocado Dios?
¿Qué influencia puedes tener estando en esa posición?
¿De qué manera puedes usar esa influencia para servir a
Dios y bendecir a los demás? ¿Qué riesgos podría
acarrear esto?

El evangelio le da forma a la meta de un negocio

Hacer crecer un negocio, ya sea para adquirir poder,


prestigio o prosperidad, no es un fin en sí mismo. He
aquí tres modelos para un negocio que apoye a los
misioneros o promueva las misiones.
1. Un negocio para un estilo de vida: Desarrollar un
negocio que permita un estilo de vida que apoye a
los misioneros o promueva las misiones. Esto
podría implicar, por ejemplo, obtener los ingresos
suficientes en cuatro días a la semana y así sacar
tiempo para las misiones o trabajar en un papel
social que cree oportunidades evangelísticas.

2. La generación de un ingreso: Desarrollar un negocio


que genere un ingreso para apoyar la plantación de
iglesias.

3. Una renovación económica y social: Desarrollar un


negocio para bendecir a la ciudad creando empleos,
proporcionando servicios, generando ingresos
fiscales o facilitando el establecimiento de nuevas
compañías.

Estos tres modelos se pueden combinar hasta cierto


punto. Pero algunas personas van a optar por uno en vez
del otro. Pueden, por ejemplo, no invertir tanto tiempo
como podrían para maximizar el ingreso (punto 2) y así
tener tiempo para plantar iglesias (punto 1).

El evangelio le da forma a la meta de una profesión

Los cristianos enfrentan estos mismos problemas cuando


piensan en sus carreras. Los modelos para una profesión
orientada al campo misionero se debe ver reflejada en los
modelos de negocio vistos antes.
1. Una profesión para un estilo de vida: Optar por
menos responsabilidades con el fin de tener tiempo
para la iglesia y para las misiones, aunque esto
limite el progreso profesional.

2. La generación de un ingreso: Desarrollar una


profesión que genere un ingreso para apoyar la
plantación de iglesias.
3. Renovación económica y social: Ver tu profesión
como una oportunidad para bendecir a tu
comunidad en general, aplicar los valores cristianos
y usar tu posición para testificar de Cristo.
 

Si trabajas por tu cuenta o diriges una compañía, ¿cuál


de los modelos de negocio vistos anteriormente describe
mejor tu enfoque? ¿De qué manera te puedes asegurar
de que estos sean objetivos genuinos y no la fachada de
una búsqueda egoísta de poder, prestigio o prosperidad?
Escribe tus respuestas.

Si eres un empleado, ¿cuál de los modelos de profesión


vistos anteriormente describe mejor tu enfoque? ¿De
qué manera te puedes asegurar de que estos sean
objetivos genuinos y no la fachada de una búsqueda
egoísta de poder, prestigio o prosperidad? Escribe tus
respuestas.
 
Trabajo como si Jesús fuera mi jefe.

 
La alarma sonó, Eduardo trató de no hacerle caso, pero no
sirvió. Era hora de levantarse. Regresó a la cama sintiéndose
desanimado. Era la mañana del martes y todavía faltaban
cuatro días antes del fin de semana. Su esposa ya estaba
levantada. Eduardo podía oír que estaba cantando en la cocina
mientras se preparaba una taza de té. Ella era en verdad una
persona madrugadora.
Eduardo se dio la vuelta y cerró los ojos. Su trabajo era
aburrido y su jefe era una molestia constante que siempre iba
por los objetivos —como si a alguien realmente le importara
cuántos contratos de servicio compra cualquier fulano.
Para su esposa, levantarse temprano estaba bien, ella amaba
su trabajo. Pero ¿qué razón tenía él para levantarse de la cama?
 
Lee Colosenses 3:22 – 4:1

¿Qué acciones y actitudes espera Pablo de los


trabajadores?

¿Cuál es la motivación que les da?

¿Qué acciones y actitudes espera Pablo de los jefes?

Los trabajadores deben trabajar como si Jesús fuera su


jefe. ¿Y qué hay de los jefes?
 
¿Cómo es tu jefe? ¿Sientes que él o ella parecen un poco
tiranos? O quizá dejan que hagas las cosas por tu propia cuenta
gran parte del tiempo. O a lo mejor realmente te apoyan. Tú
puedes ser tu propio jefe, pero aun así vale la pena hacerse la
pregunta: “¿Cómo es tu jefe?”. Si te impulsa la necesidad de
tener éxito, entonces puedes ser tu propio jefe tirano (y a lo
mejor el de tus empleados).
La actitud de nuestro jefe puede tener un gran impacto en el
modo en que nos sentimos con relación a nuestro trabajo.
Cuando Pablo escribe a los tesalonicenses, les dice que
eviten a los cristianos perezosos. Les recuerda su propio
ejemplo cuando estuvo entre ellos.

Ustedes mismos saben cómo deben seguir nuestro


ejemplo. Nosotros no vivimos como ociosos entre
ustedes, ni comimos el pan de nadie sin pagarlo. Al
contrario, día y noche trabajamos arduamente y sin
descanso para no ser una carga a ninguno de ustedes. Y
lo hicimos así, no porque no tuviéramos derecho a tal
ayuda, sino para darles buen ejemplo.
2 Tesalonicenses 3:7-9
Pablo pudo haber recibido dinero de ellos por su ministerio.
Pero él optó por trabajar noche y día porque quería darles un
ejemplo de alguien que trabaja duro y no de alguien que es una
carga para los demás (ver Hch 20:33-35).

El trabajo y la gracia de Dios


Los cristianos deben encontrar un compromiso renovado
para trabajar duro. No es que nosotros trabajemos duro para
ganar la aprobación de Dios, más bien recibimos la aprobación
de Dios como un regalo. Así es la ecuación que tiende a
funcionar en el mundo que nos rodea:

Actividad (lo que hacemos) identidad (quiénes somos)

En otras palabras, quién “soy yo” se basa en lo que “yo


hago”. Yo soy una exitosa persona de negocios si tengo éxito en
estos. Yo soy una buena madre si tengo niños adorables. Yo soy
un profesional si obtengo los títulos necesarios. Yo soy un buen
trabajador si trabajo duro.
Pero la gracia de Dios pone de cabeza toda esta manera de
pensar de tal forma que va en contra de toda lógica.

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la


fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de
Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos
hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas
obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que
las pongamos en práctica.
Efesios 2:8-10

Si la actividad conduce a la identidad, entonces yo puedo ser


salvo solo si hago buenas obras. Pero no son mis obras las que
me hacen lo que soy, sino la obra de Dios. Nosotros somos
hechura de Dios. Es la obra de Cristo en la cruz la que me salva,
ella me hace una persona salva aprobada por Dios.
La gracia de Dios pone de cabeza la manera de ser del
mundo. En lugar de actividad (lo que hacemos) identidad (lo
que somos), con la gracia de Dios la fórmula cambia a:

Identidad (quién soy) actividad (lo que hago)

Dios me hace una buena persona (una persona que es


declarada justa a Su vista) por medio de Cristo. En Cristo soy
alguien que hace buenas obras. Mis buenas obras no me hacen
lo que soy. En cambio, ellas son la expresión natural de quién
soy como resultado de la obra de Dios.
Tú no puedes convertir un árbol cualquiera en un árbol de
manzanas pegando las manzanas al árbol. Si un árbol es un
árbol de manzanas, entonces va a dar manzanas —por supuesto
que las va a dar: eso es lo que hacen los árboles de manzanas.
De la misma manera, tú mismo no te puedes hacer una buena
persona “pegándole” buenas obras a tu vida. Pero si eres una
buena persona, vas a producir buenas obras —por supuesto que
lo vas a hacer; eso es lo que la gente buena hace.
¿Cuál es el resultado del trabajo de Cristo por nosotros y del
trabajo del Espíritu Santo en nosotros? Que somos “creados en
Cristo Jesús para buenas obras [para un buen trabajo], las
cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en
práctica”. Por tanto, en el lugar de trabajo (como en el resto de
la vida) vamos a hacer un buen trabajo.

El trabajo y la gloria de Dios


Pero ¿cuál es el origen de este compromiso renovado para
trabajar? Este compromiso nacerá del hecho de que los
cristianos vuelvan a descubrir que el trabajo se puede hacer
para la gloria de Dios.

Esclavos, obedezcan en todo a sus amos terrenales, no


solo cuando ellos los estén mirando, como si ustedes
quisieran ganarse el favor humano, sino con integridad
de corazón y por respeto al Señor. Hagan lo que hagan,
trabajen de buena gana, como para el Señor y no como
para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor
los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a
Cristo el Señor.
Colosenses 3:22-24
Nosotros trabajamos “con integridad de corazón y por
respeto al Señor”. Trabajamos “como para el Señor”; buscamos
que Él nos dé “una recompensa”; “servimos a Cristo el Señor”.
Los trabajadores deben trabajar como si Jesús fuera su jefe.
Pero también los jefes deben hacer las cosas sabiendo lo mismo:
“Amos, proporcionen a sus esclavos lo que es justo y equitativo,
conscientes de que ustedes también tienen un Amo en el cielo”
(Col 4:1). Pablo no solo dice que nos podemos deleitar en
nuestro trabajo; nos dice también que nos podemos deleitar en
el hecho de que Dios se deleita en nuestro trabajo.
“¿Por qué no estás trabajando?”, le dijo un jefe a uno de sus
empleados. “Porque no me di cuenta de que venías”. Es muy
fácil trabajar duro o seguir los procedimientos correctos
cuando nuestro jefe nos puede ver, pero cuando no nos ve, lo
hacemos de la forma más fácil o menos costosa. Sin embargo,
debemos trabajar como si Jesús fuera nuestro jefe, y Jesús nos
ve todo el tiempo. Aun cuando nadie más reconozca lo que
nosotros hacemos, podemos encontrar placer en saber que
estamos complaciendo a Dios.
 

¿Cómo cambia tu enfoque del trabajo cuando trabajas


como si Jesús fuera tu jefe?

¿Los cristianos consiguen mejores empleos? ¿Deberían?


¿Esto depende de la mezcla de la habilidad y la actitud
que se requieren para un trabajo?

¿Los cristianos son mejores jefes? ¿Deberían serlo?


 

Enumera las cualidades cristianas que hacen que


alguien sea un buen trabajador. De esas cualidades que
enumeraste:

¿Cuáles practicas?

¿Cuáles estarías dispuesto a practicar de ahora en


adelante?

¿Cómo practicar estas cualidades te ayudan a


enfocarte en trabajar como si Jesús fuera tu jefe?
 
Ya que confío en el control de Dios, no voy a tenerle miedo a los
problemas.

 
Carlos inspeccionó el daño. El carro ya no se podía recuperar,
pero al menos él estaba bien y parecía que su equipo estaba
intacto. Pero, ¿qué iba a hacer ahora?
Se suponía que en una hora debía estar presente en una
boda y la gente no ve con buenos ojos que su fotógrafo los deje
plantados. ¿Podría dejar el coche solo junto al camino? ¿Pero
cómo llegaría a la iglesia?
¿Qué iba a hacer?

“Piensa en soluciones”. Esto es lo que siempre le decía el jefe


a Amanda: “Piensa en soluciones”. Lo peor del caso es que ella
sabía que esto era su culpa. Por supuesto, debía haberse
asegurado de confirmar bien si alguno de los invitados era
vegetariano, pero de alguna manera lo pasó por alto.
Ahora cuatro personas querían la opción vegetariana y ella
no la tenía. ¿Unos huevos? No en una boda para personas
adineradas y no por el precio que los clientes estaban pagando.
Su corazón latía a toda velocidad. Después, una de las meseras
le dijo que los bocadillos se estaban acabando.
¿Qué iba a hacer?
 
Lee Marcos 4:35-41

¿Cuál es el problema que los discípulos enfrentan?

¿Cuál dice Jesús que es su problema?

¿Cuándo te sientes ansioso por tu trabajo?

¿Cuál es la respuesta al miedo?


 
¿Alguna vez te has preocupado por tu trabajo? Por supuesto
que te has preocupado. Tengo la sospecha de que la mayoría de
nosotros lo hemos hechos (o lo estamos haciendo) de vez en
cuando.
De acuerdo con la Ley de Murphy: lo que puede salir mal, va a
salir mal. En cierto sentido, esto puede sonar un poco
pesimista. Pero con toda seguridad muchas de las cosas que se
hacen en el lugar de trabajo salen mal. Las cosas no se pueden
arreglar y faltan las partes. Las tuberías tienen goteras y los
circuitos queman los fusibles. Las ventas fracasan y los plazos
no se cumplen. Los clientes se ponen furiosos y los jefes se
vuelven irrazonables. ¡Y eso que solo es lunes!
El lugar de trabajo puede ser un lugar de estrés extremo. Lo
puede ser el trabajo mismo. No puedes hacer lo que se supone
que debes hacer —por lo menos no en el plazo de tiempo
requerido. A lo mejor has cometido un error o la tarea está más
allá de tus habilidades. Tal vez los compañeros de trabajo o los
proveedores te han defraudado. O puede ser que otra persona
haga que el trabajo sea estresante: unos compañeros de trabajo
incómodos, unos clientes difíciles o un jefe dominante.
¿Qué hacemos en esos momentos de estrés?
Hay un montón de herramientas que nos ayudan a lidiar
con las presiones del trabajo —correos electrónicos,
calendarios en línea, listas de tareas, tableros de pared,
teléfonos inteligentes. Y muchos de estos tienen un enorme
valor. Pero debemos tener cuidado con la ilusión de que
nosotros siempre podemos tener el control. Piensa en lo que
sucede si pensamos que tenemos el control o si pensamos que
podemos abordar todos los problemas solo si nos esforzamos
más.

Vamos a tener la tendencia de trabajar en exceso para


asegurarnos de que todo esté bajo control.

Vamos a poner una presión excesiva sobre los


compañeros de trabajo para asegurarnos de que todo
esté bajo control.

Nos vamos a sentir angustiados cuando sintamos que las


cosas no están bajo control.

En Marcos 4:35-41 el evangelista describe una noche cuando


Jesús estaba en una barca con Sus discípulos. Algunos de los
discípulos eran pescadores de oficio, así que este era su
ambiente de trabajo. Jesús se la había pasado predicando todo
el día. Tal vez los discípulos se sentían aliviados de estar
haciendo una tarea que ellos sabían cómo hacer. Esta había
sido su área de competencia.
Pero entonces se desata una furiosa tormenta. ¡Pronto su
lugar de trabajo está en caos! En sentido figurado ellos estaban
más allá de su conocimiento o capacidad y parece ¡como si ellos
literalmente fueran a estar más allá de su conocimiento o
capacidad! En este caos Jesús simplemente reprende a la
tormenta. “¡Silencio! ¡Cálmate!”, le dice. Y de inmediato todo
está en calma. Jesús tiene el completo control. “¿Por qué
tienen tanto miedo?”, dijo a sus discípulos, “¿Todavía no
tienen fe?”.
Parece un poco duro. Después de todo, algunos de los
discípulos eran pescadores experimentados. Con toda
seguridad su evaluación de la tormenta era precisa. Y por
supuesto que lo era. Era su evaluación de Jesús la que no era
precisa. “¿Quién es este?”, se preguntaron entre ellos. Si ellos
hubieran sabido la respuesta a esta pregunta, entonces la fe
hubiera reemplazado al miedo.
¿Qué problemas enfrentas en el trabajo? ¿Qué “tormentas”?
La evaluación de tus problemas en el trabajo puede ser precisa.
Puede ser un caos. El desastre se puede estar acercando. Pero
¿qué hay en cuanto a tu evaluación de Jesús? ¿Cuál es tu
respuesta a la pregunta quién es este?
Esta es la verdad a la que tenemos que aferrarnos con
firmeza: Jesús tiene el control de las situaciones en nuestro
trabajo. Él sí contesta la oración y Él puede resolver los
problemas del trabajo.
Esto no quiere decir que cada una de las “tormentas” van a
ser calmadas o que cada uno de los desastres se van a evitar.
Los proyectos van a fracasar, los trabajos van a salir mal, los
compañeros de trabajo nos van a defraudar, hasta nos pueden
despedir. Pero Jesús tiene el control. Los propósitos de Jesús
para nosotros siempre son buenos. No siempre son lo “bueno”
que nosotros podríamos escoger para nosotros mismos. A veces
son incluso mejores. Porque el propósito que Dios tiene para
nosotros es que nosotros lo podamos conocer a Él, podamos
disfrutar de Él y podamos llegar a ser como Él (Ro 8:28-30).
Hebreos 12:4-11 dice que Dios disciplina a Sus hijos. No es
que nos castigue por nuestro fracaso —Él siempre es
misericordioso con nosotros, y todo el castigo Jesús lo llevó en
la cruz. Mejor piensa en esta disciplina como si fuera un
programa de iniciación. Frecuentemente a un nuevo empleado
se le entrega un plan de actividades a desarrollar en una nueva
compañía. En ese plan quizás le pidan ejercer distintos roles en
la empresa para que así pueda entender cómo funciona el
negocio. Dios ha diseñado un plan de actividades con el fin de
prepararte para el cielo. Ese plan de actividades se llama vida.
Todos sus altibajos Dios los ha diseñado de manera especial
para formarte con amor en un buen siervo y en un feliz hijo de
Dios. Los problemas actuales que enfrentas en el trabajo son
parte de ese programa.

Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de


recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin
embargo, después produce una cosecha de justicia y paz
para quienes han sido entrenados por ella.
Hebreos 12:11
 

¿De qué manera ayudará a Carlos y a Amanda el


recordar el cuidado soberano de Dios? ¿Qué diferencia
podrían notar sus compañeros de trabajo o sus clientes?

¿Oras por tu trabajo? Si no lo haces, ¿por qué no?

¿Oras en el trabajo cuando surgen los problemas o las


oportunidades? ¿Hay otros cristianos en tu lugar de
trabajo con quienes puedas orar?
 

Ora al Señor por tu trabajo regularmente. Busca


compañeros o amigos que te ayuden a orar por ti
cuando el trabajo se vuelva estresante o cuando alguna
tarea que tenías planeada salga mal. Recuerda que Dios
tiene el control y hace que todas las cosas nos ayuden
para bien.
 
Ya que busco la aprobación de Dios, no voy a tenerle miedo a la
gente.

 
Clara, miembro del grupo en casa de Karen, estaba enferma.
Karen iba a ir a visitarla en la tarde para hacerle de comer.
Estaba pensando en lo que iba a hacer y los ingredientes que
iba a comprar en el camino del trabajo a la casa.
Si salía a las cinco, pensaba, podría estar en el
supermercado en quince minutos, en la casa de Clara poco
después de las seis, y la comida podría estar lista a las siete.
Entonces su jefe llega a su escritorio y le dice: “¿Me puedes
preparar las cifras de las ventas que ya se revisaron?”.
“Eso suena como una pregunta”, pensó Karen. Pero ella
sabía que en realidad era una orden.
“¿Las puedo hacer mañana en la mañana?”, preguntó
Karen.
“Lo siento, las necesito para una junta a las nueve”.
“¿Qué puedo hacer?”, pensó Karen.
“Solo me queda decepcionar a Clara”.
 
Lee Daniel 3:1-30

¿Qué clase de jefe es Nabucodonosor?

¿Qué es lo que les permite a Sadrac, Mesac y Abednego


hacer lo correcto?

¿Cuál es el resultado de la historia?

¿Qué resultado alternativo contemplan Sadrac, Mesac y


Abednego en el versículo 18?

¿Qué lecciones hay para ti en esto?


 
Este es un importante dilema en el lugar de trabajo. Sadrac,
Mesac y Abednego son empleados del servicio civil de
Babilonia. Nabucodonosor organiza una conferencia masiva de
trabajo para todos sus empleados. En la agenda solo hay una
cosa a realizar: Todos deben expresar su lealtad a la compañía
inclinándose ante su imagen de nueve metros de alto. Ah, y una
cosa más: los que se nieguen a hacerlo serán quemados en un
horno.
Sadrac, Mesac y Abednego son fieles al Dios de Israel, así
que ellos se niegan a inclinarse ante la imagen de
Nabucodonosor. “¡No hace falta que nos defendamos ante su
Majestad!” (Dn 3:16). No es que ellos sean indiferentes a la
opinión de Nabucodonosor. Ellos son respetuosos con él a lo
largo de la historia y lo siguen llamando “Su Majestad” (ver Dn
3:17, 18, 24). No son trabajadores antipáticos que desatienden
sus responsabilidades a la más mínima oportunidad o
chismosean a espaldas de su jefe. Ya han probado ser
trabajadores esforzados (Dn 1:7, 18-20).
La opinión de Nabucodonosor les importa, pero no tanto
como la opinión de Dios. Hablan de “el Dios al que servimos”.
Sirven al rey Nabucodonosor, pero su lealtad a Dios está en
primer lugar. Por tanto, “en este asunto”, la opinión del rey
siempre estaría en segundo lugar.
El miedo a las otras personas es un gran problema en el
lugar de trabajo. Muchas veces será un miedo a nuestro jefe.
Pero puede haber otros compañeros de trabajo cuya aprobación
ansiamos y cuyo rechazo tememos. No es malo querer agradar
a las personas o desear su aprobación. Encontrar una persona
indiferente a estas cosas es casi imposible. Pero el deseo de
aprobación y el miedo al rechazo con mucha facilidad nos
pueden controlar y pueden convertirse en un problema.
Algunos posibles síntomas son:

No poder decir “no” a las exigencias del trabajo.

Exagerar tus logros o restar importancia a tus fracasos.

Crear una diferencia entre tu vida privada y tu vida


pública o entre tu imagen en la iglesia y tu imagen en el
trabajo.

Guardar silencio en lo referente a ser cristiano por


miedo a ser ridiculizado o no estar a la moda.

Mentir para cubrir tus errores o defectos.

Fingir ser alguien que no eres con el fin de integrarte o


esconder la persona que realmente eres.
No aprovechar las oportunidades para hablar de Jesús
porque te preocupa lo que la gente podría pensar.

La Biblia llama a esto “el temor del hombre”, pero la


solución que da a este problema es simple: el temor de Dios. O
ponlo de esta otra manera: entre más captes la majestad,
gloria, santidad, misericordia, amor, juicio y belleza de Dios,
más te va a importar Su opinión por encima de la opinión de
cualquier otro.
Este fue el secreto de Sadrac, Mesac y Abednego.
Nabucodonosor era un hombre aterrador. Él “se puso muy
furioso” (Dn 3:13, 19). Ordenó que el horno se calentara siete
veces más de lo acostumbrado —tan caliente estuvo que rostizó
a los soldados que llevaban a cabo las órdenes del rey de echar
dentro a los tres hombres. Pero Sadrac, Mesac y Abednego
reconocen que Dios es todavía más aterrador.
“¡Y no habrá dios capaz de librarlos de mis manos!”, les dice
Nabucodonosor. Pero Sadrac, Mesac y Abednego saben que el
Dios verdadero los puede librar (Dn 3:17) e, incluso si no lo
hace, ellos van a seguir desobedeciendo a Nabucodonosor antes
que al Dios vivo (Dn 3:18). Jesús dice:

A ustedes, mis amigos, les digo que no teman a los que


matan el cuerpo, pero después no pueden hacer más. Les
voy a enseñar más bien a quién deben temer: teman al
que, después de dar muerte, tiene poder para echarlos al
infierno. Sí, les aseguro que a Él deben temerle.
Lucas 12:4-5

La respuesta al temor al hombre es el temor de Dios. La


lógica de Jesús es clara. Lo peor que cualquier ser humano
puede hacer es matar tu cuerpo. Más allá de eso, no hay nada
más que ellos te puedan hacer. Pero Dios te puede mandar a
una muerte eterna en el infierno.
La respuesta es poner el miedo a la gente en la perspectiva
correcta. Cuando tenemos miedo al rechazo de alguien, esa
persona cobra relevancia en nuestras mentes. Su opinión
cuenta para todo y perdemos la perspectiva. Pero cuando
vemos la majestad, santidad, gloria, amor, misericordia, poder
y benignidad de Dios, entonces comenzamos a recuperar la
perspectiva correcta.
Las personas todavía se pueden enojar o disgustar con
nosotros. Sadrac, Mesac y Abednego estuvieron dispuestos a
ser despedidos —¡y rostizados! (Dn 3:17-18). Pero la ira de los
demás no nos va a afectar de la misma manera cuando nos
damos cuenta de que lo que realmente importa es la aprobación
de Dios.
Y esto es lo precioso: nosotros ya tenemos la aprobación de
Dios en Cristo. En Cristo, Dios nos declara justos y nos adopta
en Su familia. Nada de lo que nosotros podamos hacer —bueno
o malo— puede deshacer el hecho de que somos los hijos y las
hijas de Dios. Y tampoco nada de lo que la gente nos pueda
hacer puede cambiar esa realidad. Así es como funciona para
mí en la práctica. Cuando me doy cuenta de que la opinión de
alguien más está afectando mi comportamiento o mis
emociones, con frecuencia recurro al Salmo [Link]

El Señor es mi luz y mi salvación;

¿a quién temeré?

El Señor es el baluarte de mi vida;

¿quién podrá amedrentarme?

Me lo repito una y otra vez, todo el tiempo meditando en su


mensaje: “¿Quién ilumina mi vida? ¿Quién me ofrece
salvación? ¿Quién es mi baluarte? No este ser humano, cuya
opinión parece que me importa demasiado. No, el Señor es mi
baluarte. ¿A quién temeré? A la única persona a la que le debo
temer es a Dios y Él es mi Padre amoroso”.
Tener la perspectiva correcta de Dios nos da la libertad para
servir mejor a las otras personas. Sin ella, solo los servimos por
lo que obtenemos —ganar su aprobación o evitar su rechazo.
Cuando ponemos en primer lugar a Dios, esto nos da la libertad
para servir a las otras personas en amor.
 

Un importante empresario cristiano dijo que muchas


veces los cristianos son malos jefes porque creen que
siempre deben ser “agradables” —que nunca deben
confrontar a las personas, que siempre deben perdonar,
que siempre deben afirmar. ¿Es esta tu experiencia?
¿Qué es lo que haces con esta actitud? ¿De qué manera
el temor de Dios nos puede liberar para ser buenos
jefes?

Las personas que no confían en la grandeza de Dios


muchas veces intervienen demasiado porque tienen la
necesidad de controlar todo. Las personas que no están
acudiendo a Dios para encontrar ahí la aprobación a
menudo les hace falta intervenir porque quieren caerle
bien a todo el mundo. ¿Tienes la tendencia a intervenir
demasiado o te hace falta intervenir? ¿De qué manera la
fe en Dios te ayuda a mantener el equilibrio entre una
tendencia y otra?
 

Ora el Salmo 27 esta semana. Pide a Dios que te permita


entender cada día que ya eres aprobado por Él en Jesús.

¿Cómo podrías actuar de ahora en adelante en tu lugar


de trabajo sabiendo que ya tienes la aprobación de Dios?
 
Ya que recibo la gracia de Dios, no voy a tenerle miedo al
fracaso.

 
Armando estaba sentado detrás del volante esperando a que la
luz del semáforo cambiara. Se sentía cansado. Su equipo de
trabajo, una vez más, no había alcanzado la meta de ventas. El
gerente del área de ventas había estado con él toda la tarde.
Todo el tiempo se la pasó hablando de la sucursal vecina, de lo
bien que lo estaba haciendo y de lo dinámico que era el equipo.
Todo el mes Armando estuvo encima de sus compañeros, pero
la única diferencia que esto hizo fue aumentar el resentimiento
de ellos contra él. Se sintió como basura mientras avanzaba con
toda lentitud en medio del tráfico de la hora pico.
Todavía se sentía como basura mientras tomaba una taza de
té en su asiento después del estudio de la Biblia que había
tenido con su pequeño grupo. No había dicho mucho en toda la
noche. No sentía que podía contribuir —y de cualquier manera
no tenía mucho qué ofrecer esa noche. “¿Estás bien?”, le
preguntó Jorge.
Armando pensó mientras le daba unos sorbos a su té. ¿Le
debía contar a Jorge toda la historia? Pero ¿cuál sería el punto?
Después de todo, ¿qué podía decir o hacer Jorge para ayudarlo?
 
Lee Tito 2:9-15

¿De qué manera se deben comportar los trabajadores


cristianos?

¿Qué efecto tendrá este comportamiento en los


cristianos?

Lee Tito 3:1-8

¿Qué les da a los cristianos su identidad y su valor?

¿A qué clase de comportamiento conduce esto?


 
En la visión medieval del mundo una persona comprobaba
que estaba bien ante Dios por medio de las obras religiosas. Y la
mejor forma de hacer eso, pensaba la gente, era por medio de
las disciplinas espirituales y la contemplación. Así que lo mejor
que uno podía hacer era volverse un monje. Tú dejabas atrás el
mundo real del trabajo ordinario y te ibas a orar.
La gran fuerza impulsora detrás de la Reforma Protestante
fue un redescubrimiento de lo que la Biblia realmente dice
acerca de estar bien con Dios. La Biblia dice que nosotros nos
volvemos justos para con Dios por medio de lo que Dios ha
hecho —y para nada por medio de lo que nosotros hacemos. “Él
[Dios, nuestro Salvador] nos salvó”, dice Pablo en Tito 3:5-7,
“no por nuestras propias obras de justicia, sino por Su
misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la
regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual
fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de
Jesucristo nuestro Salvador. Así lo hizo para que, justificados
por Su gracia, llegáramos a ser herederos que abrigan la
esperanza de recibir la vida eterna”.
Esto quiere decir que no tenías que marcharte a un
monasterio para que pudieras ser justo ante Dios. Tú podías
servir a Dios en el mismo lugar donde te encontrabas. Dios te
hacía justo ante Él como un don de misericordia y entonces tú
podías experimentar tu nueva identidad en la vida diaria.
La gente a menudo habla de la “ética laboral protestante”. La
ética laboral protestante es el compromiso con el trabajo, que
surgió debido al valor que la Reforma le dio al trabajo. Ser un
cristiano no se trataba de escapar del mundo del trabajo
común, sino de servir a Dios en el mundo verdadero.
En la actualidad la gente muchas veces afirma que la ética
laboral protestante es la razón por la cual nuestro mundo está
lleno de estrés en el trabajo moderno. Pero el problema no es la
ética laboral protestante como la redescubrieron los
reformadores. El problema es lo que pasó después en la
historia.

Justificación por el trabajo


En la visión que la Biblia tiene de la vida, el trabajo es solo
una manera en la que puedes servir a Dios. El descanso es otra
forma. Trabajamos y descansamos para la gloria de Dios. Lo
que importa es Dios y Su gloria. Lo que importa es lo que Dios
ha hecho por nosotros, haciéndonos justos ante Él por medio
de la muerte de Jesús.
Pero cuando la secularización vino, se sacó a Dios del
cuadro.
Ahora encontramos el sentido de la vida en el trabajo
mismo. Nuestro sentimiento de ser una persona de valor se
encuentra no en nuestra relación con Dios, sino en el trabajo.
Dicho de otro modo, buscamos, de manera inconsciente,
justificarnos a nosotros mismos por medio de nuestros trabajos
o de nuestros roles seculares. Solo piensa en cómo la gente
contestaría a estas preguntas: “¿Qué haces y cuánto ganas?”. La
mayoría contestaría con el título de un trabajo y la cifra de un
sueldo. El trabajo se ha convertido para muchas personas en el
indicador de quiénes son. Es la identificación de nuestro papel
y valor con el trabajo lo que produce el impulso para tener
éxito. Nuestra identidad depende de esto.
La revolución de la información en algunos aspectos ha
empeorado esto todavía más. El trabajo, para mucha gente, se
ha vuelto mucho más interesante. No solo estamos en la línea
de producción de una fábrica haciendo lo mismo una y otra y
otra vez; esa es una buena noticia. Muchas personas el día de
hoy disfrutan trabajos más interesantes.
Pero también crea incluso mayores expectativas. Nosotros
queremos que el trabajo sea gratificante. El valor del trabajo se
mide por el sentido de realización personal que produce. Antes,
en la pasada generación, a la gente le enorgullecía trabajar,
hasta en trabajos monótonos, porque proveían para sus
familias y servían a la comunidad en general. El trabajo se
juzgaba por el servicio que prestaba a los demás.
Pero el día de hoy todo se trata de mí. El trabajo se juzga por
el servicio que me presta a mí, el trabajador. Buscamos la
“salvación” (el sentido, la satisfacción y el honor) en los
trabajos que “recompensan”. Los gurús de la administración ya
no nos dicen solo cómo presidir una buena junta o cómo hacer
un buen producto, ahora ellos prometen poner en libertad tu
potencial interno para que puedas encontrar el sentido y la
satisfacción. Ofrecen la salvación desde adentro. Las
compañías el día de hoy hablan usando el lenguaje religioso de
la identidad, el sentido, la misión y los valores. Esto no es un
accidente.
Si nosotros vemos el trabajo como la salvación, como el
medio por el cual encontraremos nuestra identidad o
satisfacción, entonces el fracaso en el trabajo va a ser una
experiencia devastadora. Por supuesto que lo va a ser, porque
mi identidad depende de que yo sea un “éxito”. Un buen día vas
a estar lleno de orgullo por todo lo que has logrado. Vas a
pensar de ti mismo como “un hombre o una mujer artífice de
tu éxito”. Y un mal día en el trabajo te va a dejar en ruinas
porque tu propio ser está en juego.

Justificación por gracia


Nosotros somos judíos de nacimiento y no “pecadores
paganos”. Sin embargo, al reconocer que nadie es
justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe
en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe
en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en Él y no
por las obras de la ley; porque por estas nadie será
justificado.
Gálatas 2:15-16
Por “obras que demanda la ley”, Pablo se refiere a los
deberes religiosos de los judíos. Pero el mismo principio se
aplica a nuestra visión moderna del trabajo. Podríamos decir
que el trabajo no justifica a una persona. En vez de eso somos
justificados por le fe en Cristo. Esa es una forma abreviada de
decir que somos justificados por confiar en la obra que Cristo
ha hecho en la cruz, al ser unidos con Él por medio de la fe de
tal manera que Su muerte sea nuestra muerte, Su vida sea
nuestra vida y Su aprobación delante de Dios sea nuestra
aprobación delante de Dios.
Encontrar nuestra identidad en Cristo nos ayuda a librarnos
de nuestras inseguridades. Somos hijos de Dios y eso no lo
puede alterar un buen día en el trabajo o un día lleno de errores
y fracasos. Cuando volteamos a nuestros trabajos para
encontrar nuestra identidad, esto tiene la tendencia de tener
un efecto enfermizo en las relaciones de trabajo. Pero cuando
estamos seguros de nuestra identidad en Cristo, entonces
somos aptos para trabajar en una atmósfera de franqueza y
honestidad, la cual necesitan los equipos saludables para
prosperar. Nos permite hacernos preguntas como: “¿Lo
estamos haciendo bien?” y: “¿De qué manera podemos
mejorar?” sin ser aplastados por descubrir de qué modo
estamos fallando.
Cuando tu trabajo es interesante y gratificante, cuéntalo
como una gran bendición. Pero no lo hagas la base de tu
identidad. Si tu trabajo es ordinario o frustrante, entonces
alégrate de que eres un hijo de Dios por medio de la fe en Cristo
y haz tu trabajo para Su gloria.
 

Una causa común de tensión que existe en el lugar de


trabajo es la inseguridad, sobre todo cuando es un jefe el
que es inseguro. A la gente le preocupa su posición,
futuro o reputación. Esto puede hacer:

Que se vuelvan arrogantes cuando presionan a la


gente para que cumplan.

Que estén a la defensiva cuando rechazan cualquier


crítica.

Que sean ineptos cuando se niegan a confrontar a los


compañeros de trabajo.

¿Cuáles de estas cosas reconoces en tus compañeros de


trabajo? ¿Cuáles reconoces en ti? ¿De qué manera el
evangelio nos libera de estas inseguridades para que
podamos ser buenos trabajadores?
 

Piensa en las cosas que hiciste en tu trabajo la semana


pasada. ¿Cuántos errores cometiste? ¿Cuántas cosas no
salieron como esperabas? ¿Cómo el saber que eres
justificado por gracia te puede ayudar a superar el
temor a esas situaciones? ¿Cómo actuarías en el futuro
cuando llegues a enfrentar situaciones similares?
Escribe tus respuestas
 
Ya que confío en la provisión de Dios, puedo equilibrar el
trabajo y el descanso semanal.

 
Pablo se reclinó en su silla y bostezó. Ya eran más de las seis y
calculó que por lo menos le llevaría otra media hora antes de
que la bandeja de entrada estuviera vacía. ¿A lo mejor estaría
en casa a eso de las 7:30 de la noche? Se sentía culpable por no
acostar a los niños una vez más. Pero ¿qué podía hacer?
Gloria se sentó en el sillón con una taza de té. Eran las 7:30
de la noche. Tomó un par de tragos de su té y después miró su
celular. Detestaba tener correos electrónicos en su bandeja de
entrada. Cuando su bandeja de entrada estaba vacía, sentía
como si tuviera el control de las cosas. Se inclinó para cogerlo.
“¡Oh, no, no lo hagas!”, le gritó su esposo. “No hay correos”.
“Tú no entiendes”, le contestó ella. Odiaba pensar que hubiera
un correo que no hubiera contestado. Ella podía sentir que la
tensión subía entre ellos mientras oprimía el botón —pero ¿qué
podía hacer?
 
Lee Lucas 12:22-34

¿Qué observación está haciendo Jesús cuando nos


recuerda que las flores no hacen ningún trabajo?

¿Tras de qué cosas está corriendo el mundo pagano?

¿Qué evita que corramos de un lado a otro y estemos


demasiado ocupados?
 
Hace unos cuantos años, los investigadores de La Facultad de
Prensa de la Universidad de Oxford analizaron el lenguaje que
se usaba en los periódicos, revistas y blogs. Estos son los diez
primeros sustantivos que usamos en orden inverso: “mano”,
“vida”, “mundo”, “hombre”, “cosa”, “día”, “manera”, “año”,
“persona” y en el top de la lista, “tiempo”. El “tiempo” no solo
es el número uno, sino que “año” es el tercero, “día” es el
quinto y “semana” es el décimo séptimo. La palabra “trabajo”
es el quinceavo sustantivo que se usa con más frecuencia, pero
“jugar” y “descansar” ni siquiera figuraron en los 100
primeros.
¿Te has sentido demasiado ocupado el último año, el último
mes, la última semana? Esto es un gran problema en nuestra
cultura. Parece que tenemos una cultura adicta al trabajo, y el
equilibrio entre el trabajo y la vida se está volviendo una gran
preocupación. También es un gran problema que afecta a la
iglesia. Queremos pasar más tiempo orando, leyendo nuestras
Biblias, sirviendo a la iglesia y evangelizando a nuestra
comunidad —pero no tenemos tiempo.

Balance entre el trabajo y el descanso


Algunas personas descansan para trabajar: El único valor
que le ven al descanso es hacer más trabajo productivo.
Algunas personas trabajan para descansar: El único valor que le
ven al trabajo es tener un ingreso para disfrutar el tiempo libre.
Pero de acuerdo con la Biblia, el trabajo es bueno y el descanso
es bueno. La Escritura elogia el trabajo duro (Pro 6:6-11, 2Ts 3:6-
13). Pero también elogia el descanso (Éx 20:8-11).
El cuarto mandamiento en Éxodo 20:8-11 dice que debemos
descansar porque Dios mismo descansó. El descanso es piadoso
porque es semejante a Dios. El cuarto mandamiento en
Deuteronomio 5:12-15 dice que los israelitas debían descansar
porque Dios los redimió de la esclavitud en Egipto. El día del
Sabbath es una expresión de ser salvado de la esclavitud del
trabajo sin descanso bajo Faraón al servicio gozoso y la
bendición bajo el reinado de Dios. También es una expresión de
confianza en la provisión de Dios, pero nos insta a que nos
tomemos un día libre en el que no seamos productivos.
El día del Sabbath era una señal del pacto con Moisés (Éx
31:12-17) y algo que apunta al descanso que está por venir y que
Jesús nos ofrece. Los cristianos ya no están más bajo la ley
mosaica (ver Ro 7:6, 1Co 9:20-21, Heb 8:13). Pero el principio del
Sabbath de equilibrar el trabajo y el descanso en un periodo de
siete días todavía tiene mucho que enseñarle a nuestra cultura
adicta al trabajo. Muchas veces trabajamos excesivamente
durante todo el año y después tratamos de amontonar todo
nuestro descanso en unas vacaciones de dos semanas. Pero el
patrón saludable es un equilibro de trabajo y descanso en una
semana.

¿Cómo lograr un balance entre el trabajo y el descanso?


En la mayoría de los casos nosotros mismos nos
autocargamos de trabajo. No es que tomemos la decisión en la
mañana: “Hoy voy a trabajar en exceso”. Pero nuestro ajetreo
es el resultado de las decisiones que tomamos y de los deseos
que alimentamos.
Muchas veces no pensamos de esta manera. Culpamos a
nuestros jefes o a la economía, al gobierno o a nuestros
cónyuges. “Tú no entiendes —puedes estar pensando— Tengo
responsabilidades. Me tengo que quedar hasta tarde. Tengo que
trabajar horas extras. Hay tanto qué hacer, solo que el día no
alcanza”. Pero Dios puso veinticuatro horas en cada día y Dios
no comete errores. Así que el problema no es que no haya horas
suficientes en el día. El problema es que tú estás tratando de
hacer demasiado —más de lo que Dios espera.

La provisión para tu identidad


Algunos de nosotros estamos ocupados, como lo vimos en el
capítulo anterior, porque encontramos identidad en nuestro
trabajo. En el primer curso de capacitación en administración
al que asistí se nos dio un consejo que siempre he recordado:
“No digas a las personas qué tan ocupado estás porque lo que
ellas van a escuchar es: ‘No tengo tiempo para ti’”. Así que ¿por
qué seguimos diciéndole a la gente lo tan ocupados que
estamos? ¿Qué es lo que estamos tratando de comunicar?
“Estoy haciendo un buen trabajo. Valgo lo que me pagan. Soy
importante; yo importo. Me deben admirar. Me deben valorar”.
Si estás ocupado tratando de probarte que vales, entonces
siempre vas a estar ocupado. Nunca vas a terminar el trabajo,
porque no te puedes probar que vales. Vas a ser como un perro
que persigue su cola. Jesús gritó en la cruz: “Consumado es”. El
trabajo está terminado. Hay una expiación completa. No queda
nada que tú puedas hacer. Esto es lo que tienes que hacer en
cuanto al ajetreo que resulta por tratar de probarte que vales:
¡nada! —todo ya ha sido hecho.
Una vez más, como hemos visto, algunos de nosotros
estamos ocupados porque no podemos decir “no”. Ansiamos
aprobación o tememos al rechazo de la gente. La buena noticia
es que Dios es mayor y que vivir para Él nos libera para que la
aprobación o la desaprobación de otros no nos controle.

La provisión para tus necesidades


Algunos de nosotros estamos ocupados porque necesitamos
tener el control. Nos preocupamos por el futuro. “No
necesitamos el dinero en este momento, pero ¿quién sabe lo
que nos depare el futuro?”, diríamos. O nos preocupamos por
la gente, pensando que nos necesita. Pero nosotros no tenemos
el control del mundo y no podemos resolver todos los
problemas. No somos salvadores y no somos Dios. ¡Pero la
buena noticia es que Dios es Dios! Tenemos un Padre en el cielo
que controla el mundo y cuida de Su pueblo.
Algunos de nosotros estamos ocupados porque pensamos
que necesitamos el dinero. Pero ¿para qué lo necesitamos? La
mayoría de nosotros no necesitamos dinero extra para pagar
nuestros gastos. Con toda certeza no lo necesitamos para ser
felices (ya que de hecho esto está haciendo que nos estresemos).
Lo “necesitamos” porque pensamos que unas vacaciones extra,
un coche más llamativo o una casa más grande nos van a hacer
felices. Pero el verdadero gozo proviene de conocer a Dios. “La
vida de una persona”, dijo Jesús, “no depende de la abundancia
de sus bienes” (Lc 12:15). Piensa en las personas satisfechas por
sus bienes que conozcas y mira si Jesús no tiene razón.
Cuando Jesús nos dice que no corramos en busca de las
cosas que tienen tan ocupado al mundo pagano, nos reprende
por nuestra poca fe (Lc 12:28). Jesús nos invita a:

[Fijarnos] cómo crecen los lirios. No trabajan ni hilan;


sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo
su esplendor, se vestía como uno de ellos.
Lucas 12:27

El trabajo es bueno, pero el trabajo que delata una falta de


confianza en la habilidad que Dios tiene de proveer para Sus
hijos es una idolatría. Y podemos detectar el ajetreo idólatra
porque con el tiempo nos va a causar algún tipo de daño —en
nuestros cuerpos, en nuestras familias, en nuestras iglesias y
en nuestra relación con Dios. Solo por medio de la fe en el Dios
que viste a las flores podemos buscar primero el reino de Dios
(Lc 12:31). No podemos agregar una sola hora a nuestras vidas y
mucho menos a cada día (Lc 12:25). Pero no hay necesidad de
preocuparse. Nuestro Padre celestial tiene el control. Demanda
de nosotros no más de lo que podemos hacer en el tiempo que
Él nos da. Y los problemas que pensamos que necesitan más
tiempo para solucionarse están todos dentro de Su cuidado
soberano.
 

¿Qué es lo que te presiona para hacer más de lo que Dios


espera? La persona responsable de tu ajetreo eres tú.
Así que el centro de tu problema reside en tu corazón.
¿Estás ocupado porque…

estás tratando de probarte que vales?

te dejas llevar por las expectativas de otros?

estás tratando de tener todo bajo control?

estás tratando de asegurar tu futuro?

estás tratando de vivir una versión materialista de la


buena vida?

¿Qué es lo potencialmente idólatra en cada uno de estos


deseos? ¿De qué manera Jesús ofrece un mejor camino?
 

Piensa detenidamente en tu carga laboral y responde:

¿De qué manera puedo usar mi tiempo de manera más


eficiente?

¿En qué formas desperdicias el tiempo? ¿De qué manera


retrasas las cosas? ¿Te involucras con cosas que no tienes
que hacer? ¿Qué hora del día te es la más adecuada para
hacer el trabajo que requiere mucha concentración? Haz
una lista de propuestas para mejorar en esas áreas.

¿Cuáles son mis prioridades y cómo puedo definirlas?

¿En qué estás ocupado? ¿Cuáles son tus prioridades?


¿Pasas la mayor parte de tu tiempo en ellas? ¿Lo urgente
desplaza a lo importante? ¿Qué puedes dejar sin
terminar? Sobre todo, ¿qué quiere decir para ti poner
primero el reino de Dios? Reflexiona e idea un plan en el
cual le dediques más tiempo a las prioridades que en
verdad necesitas abarcar.
 
El conflicto es una oportunidad para arrepentirse de los deseos
egoístas o para demostrar gracia.

 
“¿Qué tal estuvo hoy el trabajo?”, preguntó Juan.
Ricardo y Susana se sonrieron entre ellos. “Él insultó a su
jefe el día de hoy”, dijo Susana. Ricardo se sentía avergonzado.
“No pude evitarlo. Él es una…”, hizo una pausa, escogiendo con
cuidado sus palabras, “… molestia”.
“¿A qué te refieres con eso?”.
“Siempre me está socavando. Sé que a él se lo dicen desde la
gerencia, pero nunca nada es lo suficientemente bueno para él.
Como hoy, hice algo mal y me gritó… en frente de todos. Así
que, bueno, hago lo mejor que puedo. Sé que no debí haberlo
insultado. Pero no lo pude evitar. Él es tan… bueno, tú sabes”.
“Yo sí sé”, se rio Juan, “pero…”.
 
Lee Santiago 3:13-18

¿Cuál es el resultado de la envidia y la ambición egoísta?

¿Cuál es el resultado de la humildad?

Lee Santiago 4:1-12

¿Cuál es la causa del conflicto?

¿Cuál es la solución al conflicto?


 
“No sé cuánto tiempo más me tenga que quedar en mi
trabajo. Todo es muy dañino. No puedo soportar los golpes
por la espalda, el chisme, las injurias, la competencia”.

He escuchado suficientes comentarios como estos para


darme cuenta que eres la excepción si las relaciones en tu lugar
de trabajo son buenas. El trabajo reúne a un grupo de
pecadores en una cercana proximidad y después los pone bajo
una presión intensa. En la mayoría de las ocasiones encontrar
un trabajo diferente no va a resolver el problema. Solo vas a
encontrar a otro grupo de personas con las que es difícil
llevarse bien.

Las luchas dentro de nosotros


El conflicto, por supuesto, siempre es culpa de alguien más.
Por lo menos, así es como nosotros lo vemos. Si me enojo o
pierdo los estribos, es por culpa de las acciones de alguien más.
Me provocaron. Mi respuesta fue inevitable. Mi
comportamiento fue razonable; el de la otra persona fue todo lo
contrario.
Pero la Biblia dice que la causa del conflicto está dentro de
nosotros:

¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre


ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan
dentro de ustedes mismos?
Santiago 4:1

La raíz del conflicto en el lugar de trabajo es los deseos


idólatras de nuestros corazones. Cuando esos deseos se ven
amenazados o se frustran, reaccionamos. Podemos reaccionar
con peleas o discusiones. Podemos reaccionar con ira, disgusto,
amargura, resentimiento, queja.
La Biblia dice que el origen de todo el comportamiento y las
emociones del hombre es el corazón. Todas nuestras acciones
fluyen del corazón (Mr 7:20-23, Lc 6:43-45, Ro 1:21-25, Ef 4:17-
24). Las presiones en el lugar de trabajo o el comportamiento
de tus colegas pueden crear las circunstancias que
desencadenen tus deseos idólatras. Pero estos nunca son la
causa:

Que nadie, al ser tentado, diga: Es Dios quien me tienta.


Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco
tienta Él a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado
cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen.
Santiago 1:13-14
Lo que nuestros compañeros de trabajo, los clientes o la
compañía hagan no está bajo nuestro control. Pero la manera
en que respondemos depende de nosotros. Un deseo
pecaminoso no es solo un deseo por algo malo. También puede
ser un deseo por algo bueno que se vuelve mayor que Dios.
Querer que tus compañeros de trabajo te respeten, querer tener
éxito en el negocio, querer salir a tiempo o querer encontrar la
satisfacción en el trabajo, todas estas son cosas buenas que
podemos desear. Pero si mi trabajo hace que me enoje o
amargue, mi deseo por tener respeto o éxito o tiempo libre o
satisfacción han crecido demasiado —mucho más que mi deseo
por Dios. Como resultado, no puedo estar contento con la
soberanía de Dios sobre mi vida.
Así que cuando tengas una discusión en el trabajo o el
comportamiento de un compañero de trabajo te moleste o estés
resentido con las personas que te contrataron, trata de resolver
esos deseos idólatras que están debajo de ese comportamiento.
Yo tengo un deseo por el orden. Ese es un buen deseo. Por lo
general hace que las compañías trabajen bien, pero ese deseo
puede ser idólatra. Si las personas no hacen las cosas a mi
manera, con mucha facilidad me molesto. Si mi bandeja de
entrada está llena, entonces me frustro. Esa frustración es la
señal de que algo está mal —no con el sistema o con otras
personas, ¡sino conmigo!
El mal fruto en mi comportamiento es una señal de una
mala raíz en mi corazón (Lc 6:43-45). Quiero que la vida se
ordene a mi manera. Quiero que todo se trate de mí. Y por esa
razón, cuando no me salgo con la mía entonces me molesto. Así
que tengo que aprender una vez más que Dios es el que
importa. Y Dios es soberano.
Contestar las siguientes preguntas te puede ayudar a
entender con mayor profundidad lo que está pasando contigo.
1. ¿Cuándo contesto mal en el lugar de trabajo?
¿Qué desencadena tu respuesta? ¿Puedes detectar algunos
patrones? Es posible que desees considerar un incidente en
particular o un patrón de comportamiento determinado.
Identificar los puntos con los que te enojas, te amargas o te
vuelves resentido te permite pensar con detenimiento en lo que
querías que se diera en esa situación.
2. ¿Cómo respondo cuando actúa de mala manera?
Las personas se expresan de maneras diferentes: algunas
gritan o se golpean los pies, algunas hacen comentarios
irónicos o sarcásticos, algunas almacenan su ira y después
explotan, algunas se retiran o se alteran. Algunas personas
pueden no ver sus reacciones como pecaminosas porque solo
asocian la ira con los arrebatos que esta produce. Te puedes ver
como una persona calmada porque no gritas o vociferas. Pero
tu actitud interna se exhibe en los comentarios que haces o en
tu indiferencia hacia los demás.
3. ¿Qué pasa cuando actúo de mala manera?
La sabiduría se revela en una buena vida y en las obras que
se hacen con humildad (Stg 3:13). La sabiduría es “pura, y
además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de
buenos frutos, imparcial y sincera” (Stg 3:17). La envidia y la
ambición, en contraste, originan “confusión y toda clase de
acciones malvadas” (Stg 3:16). Vuelve a contar la historia o las
historias de tu conflicto. Examina los resultados de tu
comportamiento o de tu respuesta. ¿Qué fruto dañino están
produciendo tus acciones en tu lugar de trabajo y en tus
relaciones laborales?
4. ¿Por qué razón actúo de mala manera?
Una de las ironías de las situaciones de conflicto es que
nosotros culpamos a la otra parte por sus acciones y ¡nosotros
también culpamos a la otra parte por nuestras acciones! “Ellos
están enojados porque están mal y yo estoy enojado porque
ellos están mal”. Nuestro instinto pecaminoso es juzgar a la
otra parte y no a nosotros mismos. Pero Santiago dice, en
efecto: “No juegues a ser Dios. No te hagas el juez” (Stg 4:11-12,
Mt 7:1-5.) Incluso si la otra persona fuera peor que nosotros,
nuestra responsabilidad es arrepentirnos de jugar a ser Dios.

Pregúntate: “¿Qué estoy pensando?”, y: “¿Qué es


realmente lo que quiero?” para identificar tu fracaso de
confiar en Dios como debes y para identificar los deseos
idólatras que controlan tu corazón. Pregúntate: “¿Qué
hace que yo quiera hacer la guerra (Stg 4:1-2) cuando el
reinado de Cristo me llama a hacer la paz (Stg 3:17-18)?
Actuamos de mala manera porque no estamos
obteniendo algo que queremos. Este deseo ha ganado la
batalla por el control de nuestros corazones (Stg 4:1)
conduciendo al adulterio espiritual (Stg 4:4).

Ora por sabiduría para identificar los deseos que hay


detrás de tu comportamiento (Stg 1:5; 3:13-18).
Humíllate delante de Dios (Stg 4:6-7).

Arrepiéntete de tus deseos y de tu comportamiento (Stg


4:10).

Algunos conflictos son nuestra culpa. Más a menudo


nosotros contribuimos al conflicto cuando las otras personas
provocan nuestras reacciones egoístas. Pero a veces nosotros
somos inocentes. ¿Qué hacemos en esas situaciones? Recuerda
esto: Dios castiga todo pecado. Tú no tienes que pelear por la
justicia porque Dios se va encargar de que la justicia sea hecha.
Él va a traer el juicio en el día final. Si la persona involucrada es
cristiana, entonces Dios ha traído el juicio en la cruz. De
cualquier manera, el pecado se castiga.
Pero esto nos recuerda también que nuestro pecado fue
castigado en la cruz. Jesús tomó el castigo que nosotros
merecemos por el pecado. Podemos ser inocentes en esta
situación pero no somos personas inocentes. Somos pecadores
culpables, igual que la gente con la que se nos hace difícil
trabajar. Pero Dios ha sido sorprendentemente misericordioso
con nosotros. Es difícil enojarse con otras personas cuando
estamos de pie frente a la cruz.
 

¿Cuándo le respondiste de mala manera a tu compañero


de trabajo?

¿De qué manera respondiste de mala manera?

¿Qué pasó cuando actuaste de mala manera?

¿Por qué actuaste de mala manera?

Los equipos trabajan mejor cuando:


Tienen un propósito común con metas claras.

Valoran la diversidad dentro del equipo.

Cooperan en vez de competir entre sí.

¿Qué tiene que pasar en tu corazón para que seas un


buen socio de equipo? Identifica cómo estos principios
se reflejan en la enseñanza de Pablo sobre el cuerpo de
Cristo en 1 Corintios 12.
 

Medita en una ocasión reciente en la que haya habido un


conflicto en tu lugar de trabajo o un tiempo en el que
estuviste resentido. Reflexiona en un patrón de
comportamiento problemático. Usa las tres preguntas
trabajadas anteriormente para identificar los deseos del
corazón que provocaron tu comportamiento y para
identificar la respuesta correcta.
 
Mi trabajo sirve a las otras personas.

 
Ricardo estaba chiflando (mal) en la cocina mientras hacía el té.
“Estás de buen humor”, le dijo Juan.
“Sí, lo estoy”, le contestó Ricardo. “Tuve un gran día en el
trabajo”.
“¿En serio? Eso es grandioso. ¿Qué pasó? ¿Tienes un nuevo
jefe?”.
“No. Bueno, en cierto modo”. Se rio Ricardo. “Lo que tú me
dijiste de que Jesús fuera mi jefe realmente me ayudó. Sigo
teniendo problemas con ‘mi otro jefe’. Pero me respondo: ‘Tú
has hecho un buen trabajo el día de hoy y Jesús está
complacido con eso’”.
“Eso es maravilloso”.
“Y hay algo más. He comenzado a pensar en toda la gente
que va a vivir en las casas que estamos construyendo. ¡Sé que
suena raro, pero pienso en ellos y me hierve la sangre de la
emoción!”.
“Me encanta eso”, le dijo Juan. “Esa es una maravillosa
actitud”.
“Sí, pero ¿qué hay en cuanto a mí?”, irrumpió en la
conversación Susana. “Nadie ve las cuentas que yo hago
excepto mi jefe —y él es un miserable, lo mires por donde lo
mires”.
 
Lee Marcos 12:28-34

¿De qué manera podemos amar a Dios por medio de


nuestro trabajo?

¿De qué manera podemos amar a nuestro prójimo por


medio de nuestro trabajo?
 
Trabajar para la gloria de Dios está muy bien. Pero ¿qué es lo
que en realidad quiere decir eso? ¿Quiere decir solo compartir
el evangelio con las personas en el trabajo? ¿Es de esa manera
que Dios se glorifica en el lugar de trabajo? ¿Quiere decir ganar
dinero que puedo dar para el trabajo del evangelio? ¿Quiere
decir orar por mi trabajo?
Con toda certeza puede incluir todas estas cosas. Pero es
más que eso. Todas esas cosas hacen del trabajo el contexto
para glorificar a Dios, pero no el contenido de la actividad que
glorifica a Dios. Glorificar a Dios mientras estamos en el trabajo
es una cosa. Glorificar a Dios por medio de nuestro trabajo es
otra.
Ya hemos visto que Dios nos hizo para darle la gloria por
medio del trabajo cuando llenamos y sometemos la tierra. Dios
mismo es un trabajador que encuentra placer en lo que ha
hecho y nosotros glorificamos a Dios cuando encontramos
placer en nuestro trabajo.
En Génesis 11, la gente del mundo se junta “para hacerse un
nombre” para ella misma. En vez de dispersarse para llenar la
tierra, se junta. Y en vez de trabajar para la gloria de Dios,
trabaja para ella. Su rendimiento es impresionante —una torre
enorme que alcanza los cielos. Pero es una expresión de
orgullo.
Nosotros le damos la gloria a Dios cuando le damos las
gracias por Su mundo en vez de buscar nuestra propia fama. Le
damos la gloria a Dios cuando le damos el crédito por lo que
hemos logrado, en vez de reclamar el crédito para nosotros
mismos. Le damos la gloria a Dios cuando recibimos este
mundo como un regalo que se nos ha confiado en vez de como
un recurso para que lo explotemos.
Pero existe otra manera importante en la que le damos la
gloria a Dios por medio de nuestro trabajo: cuando, por medio
de él, servimos a otras personas. Esta es una observación
simple, pero debe tener un efecto profundo en cómo pensamos
de nuestros trabajos.
Todo trabajo, de cualquier valor, bendice a las demás
personas. Pensemos en algunas profesiones llamadas
“profesiones del cuidado” como la enseñanza, el cuidado de la
salud o el trabajo social. En estos roles es fácil ver de qué
manera se sirve a las otras personas —los niños aprenden
cosas, los enfermos reciben cura, las familias son auxiliadas en
medio de las dificultades. Pero ni por un momento debemos
pensar que estas son las únicas personas que sirven a los
demás.
Si trabajas en una fábrica que hace papel de baño, entonces
sirves a otras personas. Sirves al proveerles el papel de baño. ¡Y
todos podemos estar de acuerdo en que ese es un servicio
importante! Si eres un contador, entonces sirves a otras
personas al asegurarte de que las empresas funcionen bien. Si
eres un chofer que hace entregas, entonces sirves a las personas
al asegurarte que las cosas que ellas quieren o necesitan les
lleguen. Si estás en la publicidad, entonces sirves a otros al
informarles de nuevos o mejores productos. Hay pocos trabajos
en los que no puedas identificar a quién le sirve lo que haces. (Y
si no puedes pensar a quién sirves con lo que haces, entonces a
lo mejor es tiempo de conseguir un nuevo trabajo). Nunca
puedes conocer a las personas a las que estás sirviendo, pero
aun así les estás sirviendo.
Una manera de pensar acerca de esto es preguntarte: Si
nadie hiciera mi trabajo, ¿qué pasaría? ¡Imagina un mundo sin
papel de baño!
Esto hace una gran diferencia en la forma en que pensamos
de nuestro trabajo y el valor que tiene. Cada día que te vayas a
trabajar, piensa en las personas a las que estás sirviendo. Tu
trabajo tiene un valor real y una importancia verdadera. Es una
forma de bendecir a las demás personas.
Nuestra cultura valora el trabajo en términos de sueldos y
salarios. Entre más alto el salario, más valioso el trabajo. Como
creyentes, tenemos que pensar en contra de esta cultura y
evaluar cada trabajo por el servicio que presta a los demás.
¿Prefieres vivir en un mundo sin papel de baño o en un mundo
sin anuncios? Una vez a Jesús le preguntaron cuál pensaba Él
que era el más grande mandamiento:
El más importante es: “Oye, Israel. El Señor nuestro Dios
es el único Señor”, contestó Jesús. “Ama al Señor tu Dios
con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente
y con todas tus fuerzas”. El segundo es: “Ama a tu
prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento
más importante que estos.
Marcos 12:29-31

Amamos a Dios por medio de nuestro trabajo cuando lo


hacemos para Su gloria más que para nuestra propia fama. Y
amamos a nuestro prójimo por medio de nuestro trabajo
cuando lo vemos como una oportunidad para bendecir a los
demás.
El maestro de la ley que le hizo a Jesús la pregunta contestó:

Amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y


con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno
mismo, es más importante que todos los holocaustos y
sacrificios.
Marcos 12:33-34

Jesús reconoció que esta era una respuesta sabia de alguien


que no estaba lejos del reino de Dios. Amar a Dios y a las
personas es más importante que la adoración formal. De hecho
el trabajo puede ser un acto de adoración si se hace para
bendecir a las otras personas y darle la gloria a Dios. Pablo dice:
Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la
misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes,
en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como
sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.
Romanos 12:1

La adoración del pueblo de Dios cuando se reúne es


realmente importante. Es una oportunidad para recordarnos el
uno al otro que Dios es más precioso que cualquier otra cosa.
Pero no es el único momento en que adoramos. Toda la vida es
una oportunidad para adorar a Dios. Zacarías dice que en el
reino de Dios hasta las ollas y los tazones son santos para Dios
(Zac 14:20-21). Hasta lavarse puede ser santo para el Señor.
Podemos ofrecer nuestro aseo como un acto santo, consagrado
para la gloria de Dios.
 
En Apocalipsis 18:4, el apóstol Juan llama a los cristianos
a “salir” de Babilonia —un símbolo del sistema romano.
Sin embargo, Daniel mantuvo su integridad mientras
servía en el corazón de la Babilonia real (incluso cuando
eso quería decir arriesgar su vida).

¿Cuándo debemos seguir el llamado de Juan y cuándo


debemos seguir el ejemplo de Daniel?

¿Qué diferencia hace que estés cerca de las decisiones


que se toman? ¿Importa si solo es tu equipo o toda la
compañía la que toma una decisión que no es ética? ¿Y
si tu departamento bendice a las personas, pero otra
parte de la compañía se está comportando de una
manera impía?
 

¿Está tu trabajo bendiciendo a los demás? ¿De qué


manera tu trabajo bendice a las otras personas?
Enumera todas las maneras en las que tu trabajo sirve
de bendición para otros.

¿De qué manera podrías actuar si descubres que tu


empresa toma decisiones con las que no estás de
acuerdo como cristiano porque afectan negativamente a
la sociedad? Escribe tu respuesta.
 
Conecto mis decisiones a una visión cristiana del mundo.

 
El sermón del domingo realmente había desafiado a David. Su
pastor había dicho a la iglesia que todo en la vida se tenía que
vivir bajo el señorío de Cristo. “Por supuesto que eso está bien”,
pensó David. Su pastor lo había alentado a pensar en cómo el
evangelio se relacionaba con sus decisiones en el hogar, en el
lugar de trabajo y en la iglesia.
La parte del sermón que trató el tema del lugar de trabajo
había desafiado a David de una manera particular. Él no estaba
seguro de haber pensado tanto alguna vez acerca de cómo Jesús
se relacionaba con el trabajo. Pero el día de hoy sería diferente.
El día de hoy David dejaría que Jesús fuera el Señor de su
trabajo.
Ahora se sentó en su escritorio con el propósito de comprar
nuevas sillas para la oficina. “Jesús es el Señor”, se dijo. “¿Jesús
es Señor de las sillas?”. Quizá esto iba a ser más difícil de lo que
había pensado en un principio. ¿Qué tiene que ver Jesús con
las sillas nuevas?
 
Lee Colosenses 1:15-20

¿Cuál es el papel de Jesús en la creación?

Haz una lista de lo que Su obra de creación cubrió

¿Cuál es la implicación de Su papel en la creación de


acuerdo con el versículo 17?

¿Cuál es el alcance de la obra de redención de Jesús?

Lee Lucas 3:10-14; 19:8-10 y Hechos 24:24-26

¿De qué manera Juan, Jesús y Pablo detallan con


claridad en estas historias la diferencia que debería
hacer en nuestras acciones y comportamiento el ser
cristiano?
 
Toda vida laboral transcurre en medio de la toma de
decisiones. Esto se aplica especialmente a los gerentes, pero
todos tienen que tomar decisiones en el lugar de trabajo.

¿De qué manera le debo responder a este cliente?

¿Debo comprar una bombilla de 100 vatios o una de 220

¿A cuál de estos solicitantes debo contratar?

¿Un empleado cristiano o un jefe cristiano deben pensar en


estas decisiones de manera diferente a como pensaría un no
cristiano?
Algunas cosas que ayudan a que los equipos trabajen bien no
son visiblemente cristianas (tener metas claras, por ejemplo).
Algunas buenas cualidades de trabajo reflejan los valores
cristianos (por ejemplo, saber escuchar refleja un compromiso
de amar a las otras personas), pero no solo los cristianos hacen
estas cosas. ¿En dónde entra en juego la peculiaridad cristiana?
No tenemos que justificar cada acción con un versículo de la
Biblia. Pero sí tenemos que asegurarnos de que todas nuestras
acciones sean parte de un enfoque al trabajo que esté moldeado
por una amplia estructura bíblica. Puede ser útil pensar en
términos de una escalera con niveles diferentes de aplicación.
La escalera está hecha de las siguientes categorías:

Visión del mundo

Valores

Principios y Metas

Políticas y Decisiones

Práctica

Cada categoría es como el peldaño de una escalera que nos


permite bajar (poniendo en práctica nuestra visión del mundo)
o subir (mostrando de qué manera nuestra práctica refleja
nuestra visión del mundo). Nuestra visión del mundo moldea
nuestros valores. Nuestros valores moldean los principios y las
metas que nosotros adoptamos. Estos determinan nuestras
políticas y decisiones, las cuales después se implementan a
través de nuestra práctica. La escalera muestra de qué manera
las ideas teológicas se asocian con la acción práctica. Por
ejemplo:

Visión del Las personas son hechas a la imagen de Dios —y Dios dijo que la
mundo existencia corporal es buena.
Valores Valoramos a las personas y estamos interesados en sus
necesidades físicas

Principios y Principio: Nuestro ambiente de trabajo debe ser seguro.


Metas Meta: Vamos a crear un ambiente laboral seguro

Política: Vamos a proveer sillas seguras para cada empleado.


Políticas y
Decisión: Vamos a reemplazar nuestras sillas con el modelo
Decisiones
“Súper Seguro” de la compañía Sillas Fáciles.

Práctica Vamos a comprar sillas nuevas.

Este modelo muestra de qué manera nuestra teología se


puede conectar a nuestra práctica. Otro gerente puede comprar
el mismo modelo de sillas. Así que, en un sentido, comprar
sillas no es una acción visiblemente cristiana. Sin embargo
podemos mostrar de qué manera la compra de esas sillas está
cimentada en una visión bíblica del mundo. Esto nos aleja del
método por el cual una persona hace un llamado a un texto
bíblico para probar o justificar una posición teológica sin tener
en cuenta el contexto del pasaje que se cita. No todas las
decisiones requieren una reflexión bíblica cuando nuestras
vidas y nuestro trabajo están arraigados en una estructura
bíblica más amplia.
Date cuenta también que conforme bajamos por la escalera,
decrece la peculiaridad cristiana. Isaías dice:

Cuando un agricultor ara para sembrar, ¿lo hace sin


descanso? ¿Se pasa todos los días rompiendo y
rastrillando su terreno? Después de que ha emparejado
la superficie, ¿no siembra eneldo y esparce comino? ¿No
siembra trigo en hileras, cebada en el lugar debido, y
centeno en las orillas? Es Dios quien lo instruye y le
enseña cómo hacerlo. Porque no se trilla el eneldo con
rastrillo, ni sobre el comino se pasa una rueda de carreta,
sino que el eneldo se golpea con una vara, y el comino
con un palo. El grano se tritura, pero no demasiado, ni
tampoco se trilla sin descanso. Se le pasan las ruedas de
la carreta, pero los caballos no lo trituran. También esto
viene del Señor Todopoderoso, admirable por Su consejo
y magnífico por Su sabiduría.
Isaías 28:24-29

Hay una sabiduría para trabajar que refleja la manera en que


se hizo el mundo. Y los incrédulos creen esto, incluso si no se lo
acreditan a Dios. Sus buenas prácticas de trabajo vienen de “el
Señor Todopoderoso, admirable por Su consejo y magnífico por
Su sabiduría”. Los teólogos llaman a esto la “gracia común”.
Dios misericordiosamente “instruye” tanto a los creyentes
como a los incrédulos y les “enseña cómo hacerlo”. Por esta
razón, al final de la escalera podemos tomar prestado con
libertad de la sabiduría del mundo.
Este modelo nos ayuda a decidir si de una manera específica
necesitamos una aportación cristiana o no. ¡No tenemos que
hacer una reflexión bíblica de todo lo que se mueve! No todas
las decisiones necesitan una reflexión bíblica. En este ejemplo
no tenemos que ir con los cristianos para averiguar cuáles son
las mejores sillas. Sin embargo nuestras acciones todavía están
bíblicamente cimentadas.

Una visión bíblica del mundo


Para moldear nuestras acciones con una visión cristiana del
mundo, tenemos que pensar en términos de la gran historia de
la Biblia. Debemos estudiar los problemas analizándolos a la
luz de la creación, la caída, la redención (que se promete en el
Antiguo Testamento y que se cumple por medio de Jesús) y la
esperanza de una nueva creación.
Para cualquier cuestión nos podemos preguntar:

En relación con esto, ¿Cómo expresa Dios Su carácter y


Su voluntad por la manera en la que hizo el mundo?
¿De qué manera esto se revela en la Biblia?

¿De qué manera el pecado afecta esto? ¿De qué manera


tengo que tomar en cuenta el egoísmo del hombre?

¿De qué manera el Antiguo Testamento revela el


carácter de Dios y Su voluntad?
¿De qué manera el Antiguo Testamento aumenta
nuestra comprensión de lo que Jesús ha hecho por
nosotros y el ejemplo que nos da?

¿De qué manera las enseñanzas y el ejemplo de Jesús y


los apóstoles se relacionan con esto?

¿De qué manera nuestra nueva identidad en Cristo y la


membresía de Su nueva comunidad afectan nuestro
enfoque sobre esto?

¿Qué significa el patrón de la cruz en esto?

¿De qué manera nuestra esperanza en una creación


renovada fundamenta nuestro enfoque de esta
cuestión?

¿De qué manera el hecho de que la redención completa


se encuentra en el futuro matiza las perspectivas
actuales sobre esta cuestión?
 

¿Cómo cambiarían las cosas en tu lugar de trabajo si


todos tus compañeros tuvieran una visión bíblica del
mundo?
 

Piensa en una decisión que estés tomando en el trabajo.


O en un caso imaginario, como alguien que le responde
a un cliente enojado o un jefe que está decidiendo si
ofrece horas de trabajo que sean flexibles. Luego
identifica para esta decisión qué aspecto puede tener
cada uno de los diferentes peldaños de la escalera que
conecta la teología con la práctica:

Visión del mundo

Valores

Principios y Metas

Políticas y Decisiones

Práctica

Identifica de qué manera cada una de las etapas


principales de la historia de la Biblia podrían moldear
una teología importante para esta decisión:
Creación

Caída

Redención

Nueva creación
 
Aprovecho las oportunidades únicas de dar testimonio en el
trabajo con valor, paciencia e integridad.

 
“Felipe me pidió que me involucrara en el grupo de jóvenes”,
dijo Marcela. “Y me encantaría ayudar. Pero no estoy segura de
regresar a tiempo del trabajo. Y además, estoy bastante agotada
para el viernes en la tarde. ¡No estoy segura de poder lidiar con
veinte adolescentes!”.
“Estoy seguro de que sería genial que estuvieras con ellos”,
dijo Pedro, su pastor. “Pero si para ti no va a funcionar, está
bien”.
“¿Estás seguro?”.
“Sí, por supuesto”. Pedro podía ver que algo andaba mal.
“¿Estás bien?”.
“Me siento tan culpable por no hacer nada de evangelismo.
Quiero decir, amo a Jesús y quiero que los demás sepan de Él.
Pero el trabajo consume tanto de mi tiempo que me he estado
preguntando si debería buscar un empleo menos demandante”.
“Tal vez”, dijo Pedro. “Esa es una buena opción. Pero ¿qué
hay en cuanto a tu empleo actual? ¿No te ofrece
oportunidades?”.
“No estoy segura si eso realmente cuente. Ninguno de mis
compañeros de trabajo vive cerca de la iglesia, así que yo no
puedo realmente invitarlos a que vayan”.
“Humm, eso no ayuda”, dijo Pedro, “Pero…”.
 
Lee 1 Pedro 2:9 – 3:17

¿Cómo describe Pedro a los cristianos en los versículos


9-10?

¿Qué estrategia evangelística recomienda en 2:12?

¿De qué manera se aplica esto en el lugar de trabajo


(2:18-21) y en el hogar (3:1-7)?

¿De qué forma debemos responder a la hostilidad?

¿De qué manera el llamado a abstenernos de los deseos


pecaminosos en 2:11 se aplica en tu lugar de trabajo?

¿Qué estrategia evangelística recomienda Pedro en 3:15-


16?
 
¿Qué se te viene a la cabeza cuando piensas en el evangelismo?
¿Células? ¿Grupos familiares? ¿Campañas evangelísticas?
¿Predicación callejera? ¿Visitas “puerta a puerta”?
Con frecuencia pensamos en el evangelismo en términos de
eventos. No hay nada malo con eso. Es realmente importante
que las iglesias les brinden oportunidades a los incrédulos de
escuchar el evangelio explicado. Pero el evangelismo es más
grande que los eventos evangelísticos. Mucho más grande.
Jesús no solo envió el Espíritu Santo para que pudiéramos
hacer evangelismo. Él nos dio el Espíritu para que pudiéramos
ser testigos —para que nuestras vidas completas pudieran
anunciar la buena noticia acerca de Jesús. Pedro dice:

Mantengan entre los incrédulos una conducta tan


ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos
observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios
en el día de la salvación.
1 Pedro 2:12

Y Pedro se extiende en esto no describiendo eventos


evangelísticos, sino hablando acerca del testimonio de los
cristianos en el mundo en general (1P 2:13-17), en el lugar de
trabajo (1P 2:18-25) y en el hogar (1P 3:1-7). ¡Todas nuestras vidas
deben ser eventos evangelísticos!

Tú en tu lugar de trabajo
El lugar de trabajo es un contexto grandioso para dar
testimonio de Cristo. Las iglesias muchas veces piensan
detenidamente cómo pueden construir relaciones con los
incrédulos cuando, todo el tiempo, esas relaciones ya existen
en el trabajo. Con frecuencia compartimos nuestras vidas en el
lugar de trabajo con personas que nunca soñarían asistir a una
iglesia. Nosotros podríamos ser su único contacto con el
evangelio. Ellas pueden tirar a la basura el folleto del evangelio
o cerrarle la puerta a los evangelistas que tocan a la puerta.
Pero ellas no pueden evitar el testimonio de un compañero de
trabajo cristiano.
La iglesia de Filipo se pudo haber preguntado si Dios
realmente tenía el control de la misión de Su iglesia. El mejor
misionero de la iglesia había sido encarcelado. No habría más
debates en la sinagoga. No habría más lecturas públicas. No
habría más predicación al aire libre. Pero Pablo estaba
emocionado con las oportunidades que su encarcelamiento le
había dado.
Veinticuatro horas al día él estaba encadenado bajo la
vigilancia de varios guardias. Uno por uno, ellos se turnaban
para sentarse con él, ¡sin nada que hacer más que hablar con el
gran evangelista! Así que Pablo dice:
Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me
ha pasado ha contribuido al avance del evangelio. Es
más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y
a todos los demás que estoy encadenado por causa de
Cristo.
Filipenses 1:12-13

Viviendo el evangelio
Las actitudes de los cristianos hacia su trabajo y su conducta
en el trabajo tienen un enorme potencial de recomendar el
evangelio a los demás:

A procurar vivir en paz con todos, a ocuparse de sus


propias responsabilidades y a trabajar con sus propias
manos. Así les he mandado, para que por su modo de
vivir se ganen el respeto de los que no son creyentes, y no
tengan que depender de nadie.
1 Tesalonicenses 4:11-12

Enseña a los esclavos a someterse en todo a sus amos, a


procurar agradarles y a no ser respondones. No deben
robarles, sino demostrar que son dignos de toda
confianza, para que en todo hagan honor a la enseñanza
de Dios nuestro Salvador.
Tito 2:9-10
Nuestra actitud hacia la autoridad, la manera en la que
tratamos a los compañeros de trabajo y a los clientes, nuestra
puntualidad, nuestra bondad (sobre todo para los que están por
debajo de nosotros en jerarquía), nuestra diligencia y nuestra
integridad —todo esto va a recomendar a nuestro Salvador. A
menudo no vemos mucho cambio y podemos pensar que no
estamos haciendo mucha diferencia. Pero nuestro impacto en
las personas puede ser profundo. Escucha las palabras de un
amigo mío:

Tenemos que reconocer la profundidad de las relaciones


en el trabajo. ¿Qué quiero decir? Los compañeros de
trabajo que se conocen entre sí por un tiempo se ven en
las situaciones extremas. Es mucho más probable que
mis compañeros me vean en una situación de mucho
estrés a que mi familia, mis amigos o los contactos fuera
del trabajo me vean así. Y yo también los veo en esas
situaciones. Esta puede ser una experiencia que se
comparte y que está cargada de emoción. Esto debe crear
oportunidades para tener una verdadera amistad y una
oportunidad para compartir el evangelio. En las
relaciones laborales existe una distancia que es correcta y
apropiada. Aun así, los compañeros de trabajo ven cosas
profundas el uno del otro.

Compartiendo el evangelio
No es suficiente con que nuestras vidas prediquen el
evangelio. Tenemos que estar listos para dar una respuesta a la
esperanza que tenemos (1P 3:15). Si nunca explicamos el
evangelio, entonces las personas probablemente van a asumir
que vivimos una buena vida para ganarnos nuestra entrada al
cielo. O nos van a dar el crédito. Van a pensar que somos
buenas personas en vez de pensar que somos personas que
conocemos a un grandioso Salvador. Así que tenemos que
anunciar el mensaje de Jesús, lo que Él ha hecho por nosotros
por medio de Su muerte y resurrección. Tu contexto va a
afectar tu enfoque:

Si estás visitando a un contratista o estás trabajando en


un lugar con una alta rotación de personal, vas a tener
que ser valiente porque puedes tener solo una o dos
oportunidades con la gente.

Si es factible que estés trabajando con la misma gente


durante meses o años, o si estás en el rango inferior en
la jerarquía de tu empresa, entonces puede que tengas
que ser paciente y orar para que tu vida cree buenas
oportunidades.

En algunas profesiones, los jefes se preocupan de que


puedas usar tu posición para compartir el evangelio con
los clientes, pero puedes encontrar oportunidades con
tus compañeros de trabajo.
Otro desafío al compartir el evangelio en el lugar de trabajo
es este: Pensamos que el mensaje de Jesús es una buena noticia
que es emocionante. Pero podemos sentir como si muchas de
las oportunidades que se presentan en el lugar de trabajo nos
empujaran a hablar las malas noticias. Podemos terminar
viéndonos como mojigatos sin alegría que queremos terminar
con la diversión de la gente.
Considera los siguientes comentarios de trabajadores
cristianos:

¿Cuál es la responsabilidad que tengo de ser el ‘policía


moral’, de castigar a la gente por jurar o por ver correos
electrónicos dudosos?

Las conversaciones muchas veces se ponen bastante


obscenas. Se me hace difícil saber cómo manejar esto,
quiero decir, ser amigo de la gente sin que me vea
inmerso en esas cosas.

Muchos empleados cuentan chistes groseros o se


comportan de manera deshonesta en las relaciones
laborales. Y lo peor de todo es que si tú no les sigues la
corriente, te van a hacer quedar mal en público.

No existen respuestas simples a ninguno de estos desafíos.


Pero un enfoque es pensar en términos de “no necesito” en vez
de “no debería”. “No debería” es el lenguaje del legalismo y el
legalismo nunca es una buena noticia. Pero el evangelio no solo
nos dice qué debemos hacer y qué no debemos hacer; también
nos da los motivos y los recursos para vivir la buena vida. Nos
ofrece una vida mayor y mejor que la vida que nos promete
falsamente el pecado. Así que podemos decir más que “no debo
mentir en el trabajo”. Podemos decir: “No necesito mentir en el
trabajo porque tengo un Padre en el cielo que cuida de mí”, o:
“No necesito probarme que valgo porque tengo la aprobación
de Dios en Cristo”.
Es posible que no sientas que puedes explicar el evangelio
muy bien a las personas o responder a todas sus preguntas. Es
aquí donde eventos como los servicios para los invitados o los
cursos evangelísticos obtienen el reconocimiento que se
merecen. Puedes invitar a alguien a un evento, así como Leví
invitó a sus amigos a comer con Jesús (Lc 5:27-32). O es posible
que desees considerar involucrarte en oportunidades que se
basen en el trabajo, como estudios de la Biblia a la hora del
almuerzo o eventos para después del trabajo.
Los guardias que se sentaron junto a Pablo en la cárcel
estuvieron en contacto con el mensaje del evangelio a través de
sus vidas laborales. Piensa en la gente que se sienta cerca de ti.
O en la gente con la que viajas. Tienes un trabajo que hacer, así
que es claro que no puedes pasar todo tu tiempo hablando de
Jesús como lo podía hacer Pablo en la cárcel. Pero la vida
laboral en general da muchas oportunidades para tener
conversaciones. Puedes hablar mientras estás haciendo un
trabajo manual o durante viajes compartidos o descansos para
el almuerzo o cuando vas a tomar algo después del trabajo.
 

¿En algún momento de tu vida has compartido el


evangelio dentro de tu lugar de trabajo? ¿Cómo fue tu
experiencia? ¿Qué cosas cambiarías después de haber
leído este estudio?
 

Aquí te compartimos algunos consejos para dar


testimonio en el lugar de trabajo.

¿Cuáles podrías aplicar en tu situación?


Deja que todos sepan que eres cristiano tan pronto
como sea posible cuando estés en una nueva
situación de trabajo.

Ten un interés genuino por las personas y sus


familias.

Las amistades duraderas en el lugar de trabajo casi


siempre tienen una vida fuera del lugar de trabajo,
así que busca oportunidades para pasar tiempo con
la gente fuera del trabajo.

Ora por tus compañeros de trabajo, por nombre. Ora


para que el Espíritu Santo cree oportunidades de
hablarles de Jesús, y para que te dé el valor de
entusiasmarlos.
Involúcrate en los estudios de Biblia a la hora del
almuerzo o en eventos después del trabajo.

Ten lista una buena respuesta para la pregunta del lunes


por la mañana: ¿Qué hiciste este fin de semana? Trata de
pensar en algo un poco más intrigante que solo decir:
Fui a la iglesia. Habla de cómo viste a Dios obrando o lo
que descubriste en el sermón.

Piensa en el último fin de semana. Qué respuesta


puedes tener ya lista para la pregunta: “¿Qué
hiciste este fin de semana?”.
 
Encuentro oportunidades para alentar a los cristianos en el
lugar de trabajo.

 
Irene estaba a punto de ir a enseñar ciencias a los hijos de los
misioneros en una escuela misionera en África. Estaba parada
enfrente de la iglesia mientras su pastor la entrevistaba, antes
de que él le impusiera las manos y orara por ella.
Sandra estaba sentada en una banca junto a su amiga Alicia.
“Alicia también enseña ciencias”, pensó. “Y en una escuela
desafiante en el centro de la ciudad. Eso significa que todos los
días en su trabajo ella tiene contacto con niños de familias
deshechas. Está generando un gran impacto en las vidas de esos
niños a pesar de que es muy difícil avanzar”.
Sandra estaba encantada de que Irene estuviera dejando su
tierra natal para servir a Cristo como una misionera y sabía
que iba a ser difícil para ella porque iba a vivir lejos de su
familia. Pero se comenzó a preguntar por qué a Alicia nunca la
habían invitado a pararse al frente para que las personas le
impusieran las manos. “Creo”, pensó, “que su trabajo en la
escuela es igual de grande y difícil que en el campo misionero.
Tal vez más”.
 
Lee Efesios 4:7-16

¿El versículo 14 describe tu vida en el trabajo?

¿De qué manera nos ayudamos los unos a los otros a


convertirnos en cristianos maduros en el lugar de
trabajo?

¿Qué dones te ha dado Dios que podrían ayudar a otros


trabajadores cristianos?
 
No fuimos hechos para vivir la verdad por nuestra cuenta.
Somos hechos a la imagen del Dios Trino para vivir en una
relación. Sin embargo, nuestro pecado hace que las relaciones
que tenemos con otros muchas veces estén marcadas por el
conflicto. Pero aun así trabajamos mejor cuando trabajamos
juntos. Cristo murió por Su novia, la iglesia (Ef 5:25-27). Murió
para crear un pueblo que sería el pueblo de Dios. La cruz nos
reconcilia con Dios y al uno con el otro (Ef 2:14-18).
La iglesia es la comunidad donde nos pertenecemos los unos
a los otros, con toda la responsabilidad que esta pertenencia
implica (ver Ro 12:5). Dios nos dio la comunidad cristiana para
que podamos crecer juntos para valorar el amor de Cristo y
para crecer juntos en la madurez en Él (Ef 3:18; 4:11-16).
A pesar de todo esto, el lugar de trabajo puede ser un lugar
solitario para los cristianos. Puedes ser el único creyente en tu
equipo, en tu división o incluso en tu compañía. El lugar de
trabajo puede ser un ambiente hostil para los cristianos. Puedes
ser el blanco de las burlas. O puedes vivir la oposición directa y
agresiva en tu cara y a tus espaldas. Las cosas solo se ponen
peor cuando tratas de vivir de una forma que sea moldeada por
tu fe y cuando tratas de hablar con claridad de Jesús. Tu
comportamiento puede muy bien ser un desafío para las demás
personas. Puedes no confrontar de manera personal a la gente,
pero tu integridad expone su falta de integridad. El lugar de
trabajo puede ser un lugar difícil para vivir cuando eres un
cristiano.
Así que busca apoyo.

Los cristianos en tu lugar de trabajo


Si hay otros cristianos en tu lugar de trabajo, entonces sé
explícito en cuanto a apoyarse los unos a los otros. Eso podría
incluir:

una conversación eventual respecto a las presiones que


ustedes comparten;

orar juntos de manera regular por su integridad y por


las oportunidades para dar testimonio de Cristo;

ir juntos cuando vayan a tomar algo después del trabajo


para que se puedan apoyar entre ustedes teniendo
conversaciones que hablen de Jesús;

estudiar la Biblia a la hora del descanso o participar de


algunos eventos evangelísticos.
Es muy fácil intentar pasar desapercibido cuando estás por
tu propia cuenta. Pero cuando hay dos de ustedes, se pueden
hacer responsables entre ustedes y trabajar juntos para dar
testimonio de Cristo.

Los cristianos en tu profesión


Cada profesión lanza sus propios dilemas a los creyentes.
Puede ser el dilema de la ética médica para los que están al
cuidado de la salud. Puede ser la práctica ética para los que
están en compañías multinacionales. Puede ser el desafío de los
chistes groseros o del comportamiento agresivo para los que
hacen trabajos manuales.
Para algunas profesiones, existen asociaciones cristianas
que te ayudan a pensar en tu trabajo desde una perspectiva
bíblica. Para otras profesiones, te puede ser útil hablar de los
problemas que encuentran en ellas con otras personas de tu
iglesia local que desempeñan el mismo rol tuyo, así como
compartir las responsabilidades.

Los cristianos en tu iglesia


Ya que para la mayoría de las personas su vida de trabajo se
lleva a cabo fuera del vecindario de su iglesia local, muchas
veces pasa desapercibida y no se reconoce. Sin embargo, el
trabajo es donde la mayoría de los cristianos:
pasan gran parte de sus vidas;

enfrentan sus mayores retos;

tienen sus mejores oportunidades para evangelizar.

Así que es importante que las iglesias alaben el mundo del


trabajo y busquen oportunidades para apoyar a la gente en las
presiones que el trabajo conlleva. Este compromiso de trabajo
se debe reflejar en nuestras estrategias para las misiones, en
nuestras expectativas para los trabajadores, en nuestra
aplicación de la Biblia, en nuestras oraciones, en la gente que
entrevistamos en las juntas, en lo que festejamos y en la forma
en la que ilustramos nuestros sermones.
Las oportunidades resultantes de las relaciones laborales
para darle seguimiento al testimonio muchas veces se dan
fuera del lugar de trabajo y fuera de las horas de trabajo.
Puedes tener una oportunidad para decir algo en un descanso
para tomar café, pero la oportunidad de hablar con mayor
profundidad es más probable que se dé cuando te vas a tomar
algo después del trabajo. Esto quiere decir que como iglesias
tenemos que reconocer y valorar estas oportunidades incluso si
eso implica que la gente no pueda llegar a las actividades
programadas para la tarde en la iglesia.
La espontaneidad puede ser difícil para los trabajadores,
sobre todo si ellos tienen que hacer un viaje significativo todos
los días después del trabajo. Es difícil ser positivo cuando
alguien que no ha tenido un largo día de trabajo te llama a las
7:30 de la tarde para sugerirte hacer algo esa noche. Con
frecuencia es más fácil administrar el tiempo y la energía para
las actividades que se planean por adelantado.
Las iglesias a veces pueden expresar aprecio por las así
llamadas “profesiones del cuidado”, pero no fiarse de la gente
de negocios porque pasa su tiempo tratando con el dinero. No
obstante, necesitamos una cultura eclesiástica en la que las
empresas se afirmen y en la que se aliente a los empresarios,
porque las empresas bendicen a nuestro mundo cuando crean
empleos, proporcionan servicios, generan ingresos fiscales y
financian a las misiones. La gente de negocios que está
interesada en Jesús se debe sentir acogida y fortalecida.
El dinero también puede ser una idolatría, un rival de Dios
por nuestros afectos y una amenaza a nuestras relaciones. Así
que la gente de negocios que es cristiana tiene que ser
responsable por la forma en la que genera la riqueza y por el
uso que le da. Queremos que la gente sea generosa, que evite los
gastos excesivos. Pero no debemos advertir en contra de esos
peligros de una forma que describa de manera negativa a las
empresas, ni tampoco debemos afirmar a las profesiones que
prestan servicios de una forma tal que la gente de negocios se
sienta excluida.
 

¿Qué oportunidades existen para que tú cooperes con:

los cristianos que hay en tu lugar de trabajo?

los cristianos que hay en tu profesión?

los cristianos que hay en tu iglesia?

¿Qué oportunidades podrías generar?


 

Apoyando a los trabajadores cristianos en la iglesia

Aquí te presento algunas ideas que las iglesias pueden


implementar para apoyar a los trabajadores cristianos.
¿Cuál está haciendo tu iglesia? ¿Cuál podrías comenzar
a hacer?

Piensa si los horarios de tus reuniones podrían


funcionar mejor para los trabajadores que todos los
días se desplazan a su trabajo. Puede ser que las
reuniones más cortas funcionen mejor temprano
por la tarde para que la gente pueda ir saliendo del
trabajo de regreso a casa. De otra manera, tienes
que darle tiempo a la gente para que llegue a casa,
prepare comida, acueste a los niños, etc., antes de
que pueda salir en la noche.

Haz que las reuniones de negocios de la iglesia sean


relajadas e informales para que no las sientan como
otra junta de trabajo.
Visita a los trabajadores en su lugar de trabajo para
que puedas ver dónde trabajan, conozcas a sus
compañeros de trabajo y ores junto a ellos.

“Comisiona” a personas que se están embarcando en


nuevos trabajos o en nuevos roles en el trabajo así
como comisionamos a alguien que empieza con
nuevos papeles pastorales o servicios misioneros.

Ten una reunión constante donde puedas compartir


con otros las buenas oportunidades que se dan en el
lugar de trabajo, en las que alguien hable acerca de
su trabajo y comparta las necesidades de oración.

Envíales de manera regular a los trabajadores un


correo electrónico a su lugar de trabajo con un
breve “pensamiento del día”.

Incluye de una forma habitual en los sermones y los


estudios bíblicos una aplicación para el lugar de
trabajo. (“¿Qué aplicación tendría este pasaje en la
oficina o en el taller cuando alguien dice…?”).

Apoyando a los empresarios cristianos

Muchas de las grandes compañías de hoy originalmente


las comenzaron cristianos con el apoyo de su iglesia
local. ¿De qué manera podrías apoyar a la gente de
negocios y a los empresarios en tu congregación? Las
siguientes ideas te pueden servir.
Un programa de tutorías que conecte a los nuevos
empresarios con la gente de negocios que tenga
experiencia para ayudarlos a desarrollar planes de
negocios, a tener acceso a los recursos, a generar
ideas y a resolver problemas.

Un club de negocios donde los empresarios se puedan


reunir para apoyarse entre sí y rendir cuentas, y
para conectar a los inversionistas con las
oportunidades de negocios para misiones.

Un banco de habilidades que brinde apoyo gratuito o


a bajo costo para la puesta en marcha de un negocio
(contabilidad, asesoría para el negocio, diseño)
junto con una base de datos del gobierno y otros
recursos para los nuevos negocios.

Entrenamiento en la visión y práctica del negocio que


se relacione con los misioneros y con las misiones.
 
Dios está trabajando —en el trabajo.

 
Margarita levantó la vista de la pantalla de su computadora. Le
fue imposible no escuchar que Daniel y Fernando estaban
hablando algo de la iglesia. No tardó mucho en entender que
estaban hablando de cómo los cristianos odian a los
homosexuales.
“No”, quería decirles ella. “Es más complicado que eso”.
Ella sabía que era algo que tenía que ver con la orientación y
el estilo de vida. ¿Era así? Trató de recordar la conferencia que
hubo en la iglesia meses atrás. Era complicado. Demasiado
complicado para explicarlo.
Y ella no quería verse como una fanática. “Mejor me quedo
callada esta vez”, se dijo a sí misma. “Estoy teniendo suficientes
problemas tratando de hacer que este archivo me funcione”.
 
Lee Génesis 39:1-23

¿Cuáles eran las condiciones de trabajo de José?

¿De qué manera se comportó José bajo presión?

¿Cuál fue el secreto del éxito de José?


 
Una encuesta del Instituto de Londres para el Cristianismo
Contemporáneo (LICC, por sus siglas en iglés) les preguntó a
los cristianos cuáles eran los problemas principales que ellos
enfrentaban en el trabajo. Las primeras respuestas fueron:

el estrés y el agotamiento

mantener la integridad cristiana

las comunicaciones y las relaciones

el exceso de trabajo y las horas extra

la inseguridad y el despido

la suspensión temporal por falta de trabajo

¡Puede ser difícil! En muchos otros contextos tú le puedes


dar forma a la cultura. Pero en el trabajo vives en una cultura
que ya existe, una cultura que es potencialmente hostil a Jesús,
en la que a veces puedes ser una minoría de uno.
Muchos años antes de Jesús, una banda merodeadora de
arameos capturó a una muchacha israelita. Ella se encontró
trabajando como una esclava para Naamán, el comandante del
ejército arameo. Ella estaba sola en un país hostil, sin derechos,
trabajando para los enemigos de Dios. Y a pesar de eso Dios la
usó de una forma sorprendente.
Naamán se enfermó de lepra. Ella pudo haber guardado
silencio para evitar problemas. Se pudo haber gozado en la
desgracia que había caído sobre su amo. Sin embargo:

Un día la muchacha le dijo a su ama: Ojalá el amo fuera a


ver al profeta que hay en Samaria, porque él lo sanaría de
su lepra.
2 Reyes 5:3

Sorprendentemente, Naamán escuchó su consejo y fue


(eventualmente) curado de la lepra, y se convirtió en un
seguidor del Dios vivo.
El trabajo puede ser un lugar hostil para los cristianos, pero
puede ser también un lugar de oportunidades extraordinarias.

Confiando en Dios en el trabajo


La misma encuesta del LICC encontró que la más grande
tentación que los cristianos enfrentan en el trabajo es la
autosuficiencia.
Como la muchacha israelita en la casa de Naamán, José fue
un esclavo sin derechos, lejos de la comunidad de la fe en una
situación hostil. Pero Génesis 39:2 nos dice que “el Señor estaba
con José y las cosas le salían muy bien” mientras trabajaba en
la casa de Potifar. Sigue diciendo:

Este [el amo de José] se dio cuenta de que el Señor estaba


con José y lo hacía prosperar en todo. José se ganó la
confianza de Potifar, y este lo nombró mayordomo de
toda su casa y le confió la administración de todos sus
bienes.
Génesis 39 v 3-4

Fue la presencia del Señor que estaba con José la que lo


capacitó para mantener su integridad cuando enfrentó la
tentación con la esposa de Potifar.
Falsamente acusado, José se encontró en la cárcel. Pero de
nuevo leemos:

Pero aun en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de


mostrarle Su amor. Hizo que se ganara la confianza del
guardia de la cárcel, el cual puso a José a cargo de todos
los prisioneros y de todo lo que allí se hacía.
Génesis 39:20-22

José prosperó en el trabajo porque el Señor estaba con él.


Eso no quería decir que todo fuera sencillo para él; después de
todo, él sí terminó en la cárcel. Pero el hecho de que conociera
la presencia de Dios y Su bendición le permitió guardar su
integridad y cumplir bien su trabajo. Dios siguió estando con
José y prosperó su trabajo. Con el tiempo, José llegó a ser
“primer ministro” en Egipto, lo que le permitió salvar a mucha
gente del hambre. Más que eso, Dios usó el trabajo de José para
preservar a Su pueblo y para preservar la promesa que ellos
tenían de un Redentor.
El trabajo da muchas oportunidades y muchos desafíos. Por
nuestra cuenta, son demasiados para nosotros. Pero no
estamos por nuestra cuenta. Los cristianos en el lugar de
trabajo nunca están solos. Tenemos dentro de nosotros el
Espíritu de Dios para capacitarnos a fin de vivir para Cristo.
Cuando confiamos en nosotros mismos, las cosas salen mal. En
un día productivo vamos a estar llenos de orgullo. En un día
difícil nos vamos a dar cuenta que no podemos lidiar con eso y
vamos a sucumbir ante la tentación. Así que tenemos que
cultivar un fuerte sentido de confianza en Dios en el lugar de
trabajo.
Existe un día al año que se conoce como “lleva a tu hija al
trabajo”. El objetivo es que las niñas experimenten el mundo
del trabajo y se rompan los prejuicios en cuanto al papel de las
mujeres. ¿Qué hay en cuanto a tener un día que sea “lleva a
Dios al trabajo”? ¿Qué diferencia haría si pensaras que Jesús
está de pie a tu lado en los momentos difíciles? ¿Qué diferencia
haría si pensaras que el Espíritu Santo vive en ti cuando surgen
las oportunidades para evangelizar? Jesús dijo:
Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.
Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo
lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré
con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
Mateo 28:18-20

En tu lugar de trabajo el Padre vela por ti, el Hijo está a tu


lado y el Espíritu vive dentro de ti. Dios está trabajando —en el
trabajo.
 

¿De qué manera te comportas cuando estás confiando


en ti mismo?

¿De qué manera te comportas cuando estás confiando


en Dios?

¿De qué manera puedes cultivar una confianza en Dios


en el lugar de trabajo? Da algunas ideas.
 

Cuando leas la Biblia, pide a Dios que te hable a través


de Su Espíritu. Pídele que te muestre cómo el pasaje
habla a los retos que enfrentas en tu lugar de trabajo.
Pídele que te muestre de qué manera puedes compartir
lo que estás leyendo con un compañero de trabajo.

Lleva los problemas del trabajo a Dios en oración —


tanto los retos específicos que enfrentas como cristiano
como los problemas de trabajo que enfrentas tú o tu
equipo.

Ora por tus compañeros de trabajo y diles que estás


orando por ellos.

Ora cuando leas los pasajes de la Biblia para que


conviertas lo que la Biblia dice en oración.
Pon un versículo en tu escritorio o en tu caja de
herramientas o en tu protector de pantalla o en tu
tablero del coche —algo que te recuerde del trabajo que
Cristo hace por ti o del trabajo del Espíritu en ti.

Ora para que el Espíritu Santo te dé valor. Adapta la


oración de Hechos 4:23-31.

Ponte en situaciones en las que sepas que te vas a sentir


fuera de tu zona de comodidad para que te veas forzado
a confiar en Dios. A lo mejor tú puedes compartir tu fe
con tu jefe o puedes preguntar a tus compañeros de
trabajo de qué manera puedes orar por ellos.

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