Epicuro: Filosofía del Placer
Epicuro: Filosofía del Placer
FILOSOFÍA Y LÓGICA
¨ EPICURO ¨
Ucayali-Perú
2023
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EPICURO
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PRESENTACIÓN
En este presente trabajo dirigido al público en general, se dará a conocer la vida en: lo
personal, educacional y laboral del filósofo griego “Epicuro”. Buscando enriquecer al
lector con una síntesis realizada a través de la investigación hecha, para así dar a
conocer sobre la <<Filosofía Epicureísta>>.
Este personaje nos muestra como las personas podemos llegar a la felicidad mediante
la mayor acumulación de placer y reducción del dolor o sufrimiento humano.
Para el epicureísmo, placer y felicidad van unidos de la mano, una filosofía que se
convierte en una herramienta perfecta para curar el alma.
El epicureísmo es una escuela helenística que surgió en Atenas hacia finales del siglo IV
a. C. Se inscribe en el contexto de una serie de movimientos caracterizados por el interés
acerca de los problemas morales que afectan a todos los hombres. Los epicúreos tratan
de encontrar nuevas propuestas ante la contingencia de la vida humana y el sufrimiento
que ella conlleva. Junto con el cinismo, el estoicismo y el escepticismo, el epicureísmo
es la primera de las grandes escuelas que representa el paso de la época clásica a la
época helenística.
Epicuro, fundador de la escuela, pone como objetivo de la vida del ser humano el placer,
procurando, para conseguirlo, liberarse del miedo a los dioses, del miedo a la muerte y
del miedo al destino, porque con esos miedos no se puede disfrutar de la vida.
<<Para Epicuro, no hay que temer a la muerte porque, mientras somos, la muerte no
está presente, y cuando llega la muerte, nosotros ya no somos>>
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A. BIOGRAFÍA:
Tal como nos cuenta Diógenes Laercio en el libro X de su obra Vidas de filósofos (anexo
1), Epicuro nació en Samos (anexo 2) a finales del año 342 o a principios del 341. Sus
padres, Neocles y Queréstrata, se habían establecido en esta isla como colonos diez
años antes, probablemente empujados por alguna adversidad económica. Su padre
completaba el trabajo de campesino con el de maestro de escuela, y su madre se
ayudaba yendo de casa en casa para celebrar rituales de purificación, tareas ambas en
las que la leyenda, con espíritu malévolo, cuenta que Epicuro también participó.
Al llegarle la edad de cumplir el servicio militar, puesto que era hijo de ciudadanos ate-
nienses tuvo que trasladarse a Atenas. Así que en el año 321 emprendió viaje hacia
Atenas, ciudad que encontraría sumida en los momentos de profunda agitación
subsiguientes a la muerte de Alejandro. Probablemente el joven Epicuro quedaría muy
impresionado por hechos como el asesinato de Hiperides y el suicidio de Demóstenes, y
hemos de imaginar también la intensa emoción de un amante de la filosofía que llegaba
al lugar donde Jenócrates dirigía la Academia y Teofrasto el Liceo.
Finalizadas sus obligaciones militares, Epicuro se reúne de nuevo con su familia, que
entretanto se había trasladado a vivir a Colofón, y una vez allí decide definitivamente
continuar sus estudios de filosofía.
La vocación de Epicuro por la filosofía apareció bastante temprano: según él mismo nos
dice, a la edad de catorce años. Una anécdota que cuentan el epicúreo Apolodoro y
Sexto Empírico nos muestra cómo la curiosidad y la necesidad de encontrar, sobre el
origen de las cosas, explicaciones más convincentes que las ofrecidas por los mitos
cosmogónicos, impulsaron al muchacho Epicuro a atender las enseñanzas de un filósofo
que, según el léxico Suda, habría sido el platónico Pánfilo.
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Más tarde, en el período comprendido entre 321 y 311, Epicuro completará su formación
estudiando en Rodas, quizás con el peripatético Praxífanes, y más tarde con el filósofo
atomista Nausífanes de Teos. Debido probablemente a las diferencias de criterio que
mantuvo con este último, Epicuro negó siempre con posterioridad que Nausífanes
hubiera sido su maestro, negación que debemos interpretar en un sentido moral.
En el año 311 Epicuro marchó a Mitilene, en la isla de Lesbos, para ejercer como maestro
público, pero la fama de heterodoxo, que probablemente se había ya ganado polemizan-
do con sus maestros, le impidió obtener una buena acogida. Se trasladó entonces a
Lámpsaco, donde encontró un refugio seguro y consiguió formar un núcleo de amigos
que le guardó fidelidad durante toda su vida, y en el que se cuentan, algunos de sus más
queridos discípulos, tal como nos muestran los restos de su correspondencia que nos
han llegado. … ……………………………………………………………………… .
Pero su deseo era volver a Atenas, y allí le vemos establecerse y fundar una escuela en
el 306 a.C. Durante treinta y cinco años, interrumpidos tan sólo por breves viajes a Jonia
para visitar a otros grupos de discípulos, Epicuro enseñó dentro de los límites de su casa
y del Jardín(anexo 3). …………………………………………………………………………….
En el Jardín, huerto que compró por la cantidad de ochenta minas y que se hallaba en el
camino del Dipilón, la vida era sencilla y frugal. El cultivo de verduras que realizaban los
discípulos les permitió incluso prestar ayuda a los atenienses con ocasión del asedio a
que fueron sometidos por Demetrio Poliorcetes. El propio Epicuro, según nos cuenta
Apolodoro, solía alimentarse de pan y queso, y sólo bebía agua. …………………………
Llegado a la edad de setenta y dos años, una afección en la vesícula provocó su muerte
después de catorce días de sufrimientos que soportó de manera ejemplar y haciendo
gala de la misma serenidad que había mostrado durante su vida. Hermipo nos cuenta
que momentos antes de morir se sumergió en un baño de agua caliente y bebió de un
sorbo una copa de vino puro. Luego exhortó a sus amigos a no olvidar sus enseñanzas
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y expiró. …………………………………………………………………………………………..
Epicuro fue un autor sumamente prolífico. Dice Diógenes Laercio que en eso aventajó a
todos los demás filósofos. Escribió más de trescientos volúmenes, de los que el biógrafo
solo cita los cuarenta y un títulos que le parecen más importantes. Sin embargo, Epicuro
sabía que la mejor forma de predicar era con el ejemplo, cosa que apreciaban
grandemente los atenienses. Enseñó, como su maestro Demócrito, que todo cuanto
existe está compuesto de átomos, eternos, inmutables, indestructibles, diminutos, de
todas las formas y colores, y que lo que no está compuesto de átomos simplemente no
existe. Por ello la nada, el espacio, no existe. Sin embargo Epicuro llevó la teoría atómica
de Demócrito hasta sus últimas consecuencias: los sentimientos, las sensaciones, los
colores, los olores, los fenómenos naturales, todo son átomos. También el alma está
compuesta de unos átomos ligeros y sutilísimos. La muerte, pues, no es más que la
separación de los átomos que componen el alma y el cuerpo. Por eso el alma, según
Epicuro, también es material y muere junto con el cuerpo. El alma es, pues, mortal.
Para Epicuro, la muerte y la vida, es decir, el devenir de las cosas, está marcado por el
movimiento vertiginoso e incesante de los átomos, que se juntan y se separan según
leyes que desconocemos. “La muerte no es nada para nosotros”, decía, “pues cuando
ocurre ya no existimos, y por tanto no podemos sentirla”. A veces, los átomos se
“desvían” de su trayectoria, lo que origina el azar y la libertad. Hay dos sensaciones
principales que, causadas por los átomos, influyen en el comportamiento humano: el
placer y el dolor. El hombre busca y debe buscar naturalmente el placer. Pero no
cualquier tipo de placer, no el placer vulgarmente concebido, el “placer del vientre”, como
solía decir, pues éste no es más que un falso placer. Se deben procurar los placeres del
alma. En este sentido, Epicuro es el primero en desarrollar toda una teoría del placer,
con implicaciones para la psicología y, cómo no, para la ética. …………………………
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Epicuro creía que el placer es el camino hacia la felicidad. La felicidad es el placer que
se obtiene al satisfacer nuestros deseos. Por lo tanto, ser feliz es experimentar el placer.
Epicuro también afirma, basándose en su visión sensualista, que todos los seres
humanos buscan el placer y huyen del dolor. Para que el hombre alcance la felicidad
necesita condiciones materiales y psicológicas adecuadas para disfrutar del placer que
ofrece la vida. El placer es precisamente la ausencia de dolor.
Según Epicuro, las supersticiones y las preocupaciones religiosas son obstáculos que
nos causan infelicidad. Algunas creencias religiosas imponen el miedo a sus adeptos. En
la antigua Grecia, por ejemplo, los griegos evitaban ciertas prácticas para no ofender a
los dioses, temiendo ser castigados por ellos. También temían que los poderosos dioses
de su religión se inmiscuyeran en sus vidas, quitándoles la vida a sus seres queridos.
Al comprender que el universo es sólo materia y se rige por el movimiento aleatorio, las
personas podrían extirpar el miedo a la muerte, que genera angustia e infelicidad.
Acostúmbrate a la idea de que la muerte para nosotros no es nada, ya que todo bien y
todo mal residen en las sensaciones, y la muerte es justamente la privación de las
sensaciones. La conciencia clara de que la muerte no significa nada para nosotros
proporciona el disfrute de la vida efímera, sin querer añadirle tiempo infinito y eliminando
el deseo de inmortalidad. […] cuando estamos vivos, es la muerte la que no está
presente; al contrario, cuando la muerte está presente, nosotros no lo estamos.
Para Epicuro no es sabio aquel que se atasca de cualquier tipo de placer sin criterio
alguno. Sino aquella persona que sabe que placeres elegir y cuales dejar pasar. Y para
orientar a sus discípulos, Epicuro clasificó a los placeres en tres categorías.
No todos los placeres pueden traer la felicidad. Por ello, es justo decir que existe una
jerarquía de placeres, hay algunos que son superiores a otros.
Según Epicuro; el secreto para alcanzar la felicidad y el placer es contentarse con poco.
Cuando una persona rebaja sus expectativas, es poco probable que se sienta
decepcionada.
El placer suele estar en cosas sencillas de la vida, como un plato de comida, un vaso de
agua. No está prohibido comer en un banquete rico, ni tener una posición elevada, sino
desear siempre estas cosas.
Los que desean mucho tienen más posibilidades de frustrarse, porque en esta vida no
es posible satisfacer todos nuestros deseos.
Por ello, recomendaba a los individuos desechar todos esos deseos inútiles, dejando
sólo los deseos naturales y necesarios, pero siempre con moderación.
E. EL TETRAFÁRMACO:
Una teoría epicúrea que nos habla de los miedos humanos. La atención que presta este
filósofo a dicho asunto es necesaria, pues si su objetivo es una vida feliz es precisamente
el miedo uno de los elementos que, a su juicio, lo impide. Por ello, para practicar su
propuesta hedonista, son los miedos un objetivo a combatir.
A su juicio hay que eliminar estos cuatro temores para llegar a la tranquilidad de espíritu
y la vida libre, que permitirían que los seres humanos vivieran lo mejor posible. El temor
crea esclavos y no personas felices, por ello, combatirlo es una prioridad0.
El remedio, haciendo así de la filosofía una medicina para el alma, lo resumió en cuatro
versos, cada uno de los cuales se correspondía con una idea para conseguir esa
felicidad. De las muchas traducciones que han llegado a nuestros días, me voy a quedar
con la más fácil y directa:
No temas a dios,
Que el miedo impide que el ser humano sea feliz es algo que todos sabemos por
experiencia directa. La preocupación, el terror y sensaciones afines pueden paralizarnos,
impedir que trabajemos en favor de nuestros proyectos debido a la inquietud que provoca
la posibilidad del fracaso, etc. En definitiva, Epicuro está en lo cierto cuando señala este
sentimiento humano como algo que debe eliminarse para llevar a cabo una vida con la
que estemos satisfechos. Pero, ¿cómo combatirlo?
Este hombre era filósofo y no escritor de autoayuda, por ello no encontraremos una
fórmula general con unas pautas de cómo vencer el miedo. Pero sí que analiza cuáles
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son los temores que acosa a todo ser humano y al racionalizarlos muestra el absurdo de
los mismos, lo cual seguramente es mucho más eficaz para poder afrontarlos con
serenidad.
Epicuro, en particular, defendía que los dioses sólo representaban un estado superior de
felicidad, mediante seres indestructibles e invulnerables, que únicamente pretendían ser
un modelo a seguir. Pero sobre todo, que estos pertenecían a otro plano de realidad
diferente al nuestro, por lo cual dar por hecho que podemos construir una ética en
consonancia con ellos es absurdo y pensar que se preocuparán por nuestras acciones
también. ¿Por qué íbamos a preocuparles más que una simple hormiga?
Sabemos que años más tarde, con el pensamiento cristiano, el temor al castigo divino
ha desembocado en un constante sentimiento de culpa, que aplicando la perspectiva de
Epicuro no sería más que un lastre para nuestra felicidad. Para él, el plano divino y el
humano son diferentes, con lo cual hacer a uno dependiente del otro en función del temor
es absurdo, algo así como “mezclar tocino con velocidad”.
E.1.2Temor a la muerte
Es posible que el anterior temor no viva en todos los seres humanos, pues si uno no cree
en la existencia de la divinidad o el castigo de ella queda libre de este peso. Sin embargo
extraño sería que la muerte nunca le hubiese inquietado. Parece que éste es uno de los
miedos más comunes. Pues según Epicuro, también es un absurdo. Respecto a ella
racionalizará el caso con una de sus sentencias más populares.
“…la muerte, no es nada para nosotros, porque cuando estamos allí, ella no está, y
cuando ella está allí, ya no estamos allí”.
(Cartas a Meneceo)
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Sin duda es un argumento genial como poco. Como puede verse en esta afirmación,
según Epicuro tras la muerte no hay dolor. Este filósofo parte de la premisa de que somos
un cuerpo en el que reside un alma. Pero definitivamente un cuerpo. Cuando llega la
muerte ese cuerpo deja de funcionar, con lo cual el dolor para él no existe. Aunque se
creyese que el alma sigue existiendo lo que permanecería ya sería algo diferente, en
cuanto que la corporalidad, esa que recibe las sensaciones físicas, entre las cuales se
encuentra el dolor, ya ha dejado de estar presente.
En pocas palabras, Epicuro decía que no conocemos la muerte porque estamos vivos,
que no había que tenerle miedo a algo que no conocemos y que cuando la conozcamos
ya no sentiremos.
Siendo así, ¿por qué preocuparnos entonces? La ansiedad ante la muerte merma la
felicidad y la vida plena. Peor aún es cuando la vida está ligada a una obsesión por hacer
lo correcto para ser premiado con una vida después de la muerte, y no arder en el castigo
eterno, pero como hemos dicho en el punto anterior esto también le resultará lógicamente
absurdo.
Aunque Epicuro es hedonista el dolor no es ignorado por parte de este autor. Él busca
que el ser humano tenga una vida feliz, sin embargo sabe que nuestra existencia implica
también momentos de dolor. Los epicúreos entendieron que la sensación dolorosa forma
parte de nuestra naturaleza, pero también que ésta no era eterna, y que tras etapas de
dolor vendrían siempre otras de placer.
En la aceptación de este hecho está la clave para dejar de temerle. No se debe limitar
las acciones por miedo al dolor. Y sobre todo, una vez que este aparezca es necesario
no esclavizarnos viviendo constantemente preocupados de cuando se marchará. No por
más meditarlo lo hará antes.
Curiosamente Epicuro conocía bien este hecho, fue un hombre enfermizo durante toda
su vida. Pero consideraba que el dolor podía ser una escuela para la vida y por momentos
es sustituido por el placer. Aceptar que ambos son inevitables es dejar de vivir temiendo
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En este punto hay que tener presente que aunque Epicuro creía que todo tenía una causa
también aceptaba la existencia del azar. Y no solo aplicándolo a la física, como hacía en
la teoría atomista a la que era afín, sino también a la vida humana.
Si acepta la existencia del azar esto implica que no todo lo que le sucede al ser humano
depende de sí mismo. Parte de lo que nos ocurre en nuestras vidas depende de
circunstancias externas sobre las que no tenemos poder. Entonces, el futuro ni depende
enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno. Siendo así, no debemos
esperarlo como si hubiera de venir inevitablemente ni tampoco desesperarnos como si
no hubiera de venir nunca.
En definitiva, está bien tener ilusiones y proyectos pero aceptando, como en el caso del
dolor, que las cosas a veces no ocurren como quisiéramos. Desesperar por un futuro que
no depende enteramente de nosotros nos hace esclavos de nuestros deseos y con ello
perdemos la posibilidad de disfrutar de lo que sí tenemos en el momento que vivimos. El
absurdo es evidente, no por más desear tenemos el control del mañana. Conviene
entonces trabajar en el presente a sabiendas de que nos esperan sorpresas que afrontar,
aceptando las mismas con la mayor serenidad posible.
A partir de aquí, cabe decir que a nivel individual posiblemente sean muchos más los
temores que azotan a cada persona, y cada uno de ellos dependerá de su historia
personal. Pero también será aplicable el pensamiento de Epicuro en cuanto se pregunten
ustedes por las limitaciones que éstos suponen. Éste filósofo no otorga una fórmula
mágica para vencerlos, pero nos muestra el absurdo de los mismos, y con ello la
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superación del miedo se hace mucho más sencilla, pues parte de la racionalización de
nuestros temores.
F. AUTARQUÍA Y ATARAXIA:
Discerniendo prudentemente los placeres y evitando los que traen infelicidad, el hombre
consigue gobernar su propia vida, es decir, logra la autarquía.
ANÁLISIS:
Hablando de Epicuro aquí, el placer es algo que puede ser fácilmente malinterpretado,
podría entenderse que la vida feliz es una vida de borracheras, banquetes, drogas.
El placer de Epicuro es estar libre de dolores físicos; libre de hambre, libre de sed, del
calor o del frío extremo, y más importantes aún estar libre de dolores psicológicos o
dolores del alma como él los llama; es estar libre de obsesiones enfermizas, la búsqueda
obsesiva de riquezas, de fama, de lujos, de grandeza.
Para Epicuro la felicidad es tener un techo sobre la cabeza, haber comido bien, saciar la
sed y libre de angustias mentales. Si Aristóteles había dicho que la felicidad era algo que
tenemos que conquistar con mucho esfuerzo y con mucha dedicación, para Epicuro la
felicidad es algo que está al alcance de todos.
¨Pero eso es para mediocres, eso es para conformistas, yo quiero más de la vida, quiero
ser rico y quiero ser famoso, quiero hacer algo grande que cambie el mundo y ser
recordado por generaciones y generaciones¨. A veces sin darnos cuenta estamos
suscritos a esos cuentos que nos hacen cargar con una gran angustia mental, que en
lugar de ayudarnos a conseguir la felicidad.
Para eso es que existe la filosofía en la visión de Epicuro, la filosofía está ahí para
liberarnos de esas angustias mentales para curarnos de ellas.
¨ ¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu
codicia. ¨
CONCLUSIÓN:
No necesitamos de las mejores cosas para ser felices. Yo con estar en un almuerzo
familiar, con la presencia de mi padre que para ausente en mi vida por el factor laboral,
soy totalmente feliz.
Y la filosofía de Epicuro, te ayuda a valorar las ¨pequeñeces¨ de la vida. Pero, que en sí,
tienen mucho valor; como una cena en familia, en mi caso, o llevar una vida simple como
Epicuro propone realizarla mediante su filosofía.
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RECOMENDACIONES:
ANEXOS:
Anexo 1: Diógenes Laercio y su libro ¨Vidas de los filósofos ilustres¨. (pág. 4)
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Iglesias, L., (2022). Epicureísmo: la medicina del alma.
[Link]
Jufresa, M., (1991). Obras.
[Link]
df.
Migtl, Q. et al., (2021). EPICURO -EL FILÓSOFO DEL PLACER -FILOSOFÍA
HEDONISTA.
[Link]
Moreno, R., (2022). El Tetrafármaco. Epicuro para superar los miedos.
[Link]
Nava, M., (2020). La venganza de Epicuro.
[Link]
epicuro/#:~:text=Por%20eso%20el%20alma%2C%20según,separan%20según%
20leyes%20que%20desconocemos.
Sadoque, V., (2022). Epicuro: el placer y la felicidad.
[Link]