LA POSESIÓN
Es la relación o estado de hecho que confiere a una persona el poder exclusivo de
retener una cosa para ejecutar actos materiales de aprovechamiento como
consecuencia de un derecho real o personal o sin derecho alguno (animus domini). Art
277 CC.
La posesión se adquiere junto con la propiedad y se hace efectiva por la ocupación o
tradición del derecho o cosa de que se trata. Art. 278 CC.
Una subordinación de hecho, consciente, tutelada, por el ordenamiento jurídico,
que se ejerce en los bienes en forma exclusiva, total o parcial en virtud de la cual una
persona actúa sobre los mismo como si fuera su titular, con las limitaciones que señala la
ley y el interés social”.
“Tradicionalmente, se ha estimado que la posesión tiene dos elementos, a saber,
el corpus y el animus; el primero como la tenencia material de la cosa y el segundo
como la intención con la cual se posee.
Nuestro legislador ha dispuesto que en la posesión deben concurrir tres elementos
necesariamente, sean éstos, la calidad de propietario, que además sea
continua y pacífica.
La posesión es una situación de hecho que produce efectos jurídicos, sin
importar si al poseedor le asiste o no derecho de actuar como lo hace; de ahí,
entonces, que al poseedor que actúa sin derecho se le asimila al que ejercita un
derecho realmente existente, hasta tal punto que el ordenamiento jurídico le otorga
ciertos efectos jurídicos llegando a transformar incluso tal mero hecho en un hecho
jurídico, que con el transcurso del tiempo y con el cumplimiento de otros ciertos
requisitos se transformará la posesión en un estado de derecho”.
Posesión de hecho.
Es cuando el sujeto permite a otro sujeto que adquiera el bien, entonces se extingue el
derecho por la pérdida material del bien porque el otro lo obtiene.
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Posesión de derecho.
“... lo cierto es que el iniciador de la misma es el insigne Ihering, cuando proclamó que “la
posesión es un derecho subjetivo”.
“El derecho subjetivo se puede definir como el derecho que se tiene frente a una persona,
o aquella facultad que tiene el individuo, reconocida por el ordenamiento jurídico, para
exigir de los demás una determinada conducta; a lo que agrega Gastan Tobeñas: "En
un sentido más general, derecho subjetivo es la facultad reconocida y garantizada a una
persona por el ordenamiento jurídico”.
“Por razones de conveniencia práctica, ciertas situaciones, que no son de poder de
hecho de una persona sobre una cosa, producen esencialmente iguales efectos que
éste”.
“...el poder que tiene la persona sobre la cosa no consiste en una dominación efectiva,
sino sólo en señorío (poder jurídico) que (independientemente de a quién
corresponde el derecho definitivo sobre la misma) le concede la Ley, puede decirse
que son casos de posesión como derecho (poder jurídico), y no como de hecho
(dominación efectiva)”.
La Posesión de nuestro Código Civil.
Nuestro Código Civil toma el doble aspecto de la posesión, siguiendo quizá el
pensamiento de Savigny y Messineo, toda vez que en algunos artículos la trata como
un hecho; tal es el caso del artículo 282 que dice: "Subsiste el hecho de la posesión,
mientras dure la tenencia de la cosa o goce del derecho o la posibilidad de continuar una
u otra.
En la tesis contraria, (posesión como derecho) tenemos entre otros el artículo 277 del
Código Civil, que dice: "El derecho de posesión consiste en la facultad que corresponde
a una persona de tener, bajo su poder y voluntad, la cosa objeto del derecho.
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Al respecto los artículos 264 inciso 1), 278, 279 inciso 1), 280, 285, 306, 322 y 854
del mismo Código entre otros, confirman lo “La posesión como elemento
autónomo e imprescindible para el cumplimiento o existencia de la prescripción
adquisitiva, a su vez, está conformada según la variada doctrina que nos informa, de
dos elementos cuya existencia es imprescindible; a falta de cualquiera de ellos la
posesión se torna mera fantasía.
El animus y el corpus son esos elementos que juntos conforman y nutren de vida a
la posesión; el primero de ellos de naturaleza subjetiva y el segundo de
naturaleza material, pero en cuyo contexto existe una inesperada interrelación.
Cuando se habla de los elementos de la posesión, se señala, tradicionalmente al
corpus y al animus como los elementos de ésta.
Al corpus se la considerado por la doctrina como el elemento material, mientras
que, al animus, como el elemento psicológico.
Corpus.
... es el poder de hecho que se ejerce sobre la cosa es el elemento material y físico de la
posesión. Como bien señalan los autores Mazeaud, el corpus es el ejercicio sobre una
cosa de los actos que corresponden al derecho del que se tiene posesión.
Sin el corpus, cabe decir, no existe posesión, es un elemento imprescindible.
... el sujeto titular de la cosa si bien no tiene la aprehensión material de la misma, pero
ejerció en el inicio al menos un acto material sobre la cosa, aunque posteriormente
no, y encontrándose la cosa libre de toda posesión por parte de otro sujeto, la cosa ha
sido incorporada y permanece dentro de la esfera de poder del sujeto, o sea, bajo
su custodia y guarda.
Al admitir que el corpus significa tanto una aprehensión material de la cosa
como al menos la posibilidad bajo ciertos requisitos, se nos presenta un gran
problema, cual es, el determinar si existe o no posesión en el sujeto, cuando
éste en ningún momento aprehendió físicamente la cosa o ejecutó algún acto
material. Al respecto cabe mencionar el principio “de que nadie puede adquirir y
ejercer la posesión solamente por tener la intención de comportarse como
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propietario”, pues admitir lo contrario, sería afirmar que cualquiera por el sólo
hecho de pretenderlo, sea poseedor de tierras ocultas. Por ello se dice que
necesariamente debe existir un acto físico-material al momento de iniciarse la posesión
para que exista.
El elemento corpus, como se ha señalado anteriormente, es el elemento material
que está comprendido como un conjunto de actos materiales, los cuales van a
denotar que una persona (el poseedor), está ejerciendo un poder físico sobre
una cosa, con intención de someterla para sí. Al respecto dice el autor Julien
Bonnecase: "El corpus es un elemento material representado por el conjunto de
hechos que revelan la posesión: actos materiales de uso, de goce, de
transformación, que recaen sobre la cosa y que constituyen el dominio sobre ella.
Este primer elemento va a estar compuesto, entonces, por un estado al que se le
puede denominar detentación o tenencia, que podríamos decir, es la base de la
posesión, lo que, por sí solo, no implica que quien tiene el corpus, está poseyendo, ya
que para que se dé la posesión, es necesario que con esta "tenencia", se dé
simultáneamente el elemento psicológico llamado "animus.
Ahora bien, aunque el corpus podríamos considerarlo como la base material de la
posesión, no siempre es requisito indispensable que se tenga éste, ya que este
problema podría subsanarse ejerciendo el poder sobre la cosa en forma indirecta, o sea
por medio de otros, y desde el punto de vista jurídico, aquél que posee en nombre del
propietario, hace que éste continúe, aunque sea en forma indirecta, poseyendo el corpus,
y mientras mantenga el animus, es poseedor de derecho.
Animus.
Este segundo de la posesión, al que se le ha llamado también ha llamado también
elemento psicológico, se refiere al ejercicio de actos materiales (como decía el autor
Julien Bonnecase, de uso, goce o transformación), que se dan por medio de la
detentación. El animus es la intención de comportarse como propietario de la cosa, o
como titular de cualquier otro derecho que recaiga sobre la misma, y no
solamente la circunstancia de ejercer sobre ella un dominio de hecho”.
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Mientras el corpus consiste en el ejercicio de actos materiales y físico sobre la cosa, el
animus consiste precisamente en ejercer estos actos como verdadero titular, es decir,
como propietario.
Mientras que el corpus es el elemento que representan la aprehensión
material de la cosa o al menos la posibilidad, el animus es la intención de hacer la
cosa como propia. El animus es el elemento inmaterial que caracteriza la
posesión y la hacer diferir de la detentación, pues en ambas, posesión y detentación
existe el corpus, pero sólo en la posesión existe el animus domini. El detentador carece
de la voluntad e intención de hacer propia la cosa, pues simplemente la posee por otro.
... uno de los grandes problemas del animus domini es el aspecto de la prueba. ¿Cómo
lograr descubrir este elemento de la posesión, el animus domini, si es meramente
psicológico e intencional? Nuestro Código Civil, en su artículo 283 da respuesta a esta
interrogante, pues estipula una presunción legal, al establecer que “en la duda, se
presume que el tenedor de la cosa posee en nombre propio...”. En consecuencia, se
presume salvo prueba en contrario que todo tenedor u ocupante es poseedor y no
detentador. De ahí, entonces, que al verdadero titular le corresponda la carga de la
prueba, o sea, demostrar que el ocupante de la cosa es un simple detentador y no
un poseedor.
Presunciones para quién ejerce la posesión.
Título que demuestre el Derecho.
“El Poseedor en concepto de dueño tiene a su favor la presunción legal de que posee
con justo título, y no se le puede obligar a exhibirlo”.
Esta postura se encuentra recogida en nuestro Código Civil en el artículo 281.
El hecho de la posesión hace presumir el derecho de poseer, mientras
otro no pruebe corresponderle ese derecho.
Esto a su vez nos hace concluir que el Derecho de Posesión hace presumir el título:
Llámese TITULO a la causa jurídica en que se funda el
derecho a la POSESIÓN; la compra-venta, la donación, la herencia, son
entre otros, títulos hábiles para adquirir y poseer.
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De lo trascrito líneas atrás parece concluirse irrefragablemente en dos líneas que el
hecho de la posesión hace presumir el derecho de posesión, que en el derecho de
posesión subyace la buena fe, y que la buena fe en la posesión nos debe llevar a
pensar que quien posee lo hace con justo título
Ejercicio de la Posesión.
En la duda, se presume que el tenedor de la cosa posee en nombre propio y que
la posesión continúa en nombre de quien la comenzó.
Recordemos sin embargo que se puede poseer de forma personal o mediante
apoderado, o inclusive que el derecho de posesión puede trasmitirse.
El poseedor actual que pruebe haberlo sido en una época anterior, tiene a favor
suyo la presunción de haber poseído en el tiempo intermedio, si no se prueba lo
contrario.
Consideramos que ésta es un contrapeso del requisito de la continuidad de la
Posesión que establece a su vez el artículo 856.
En conclusión, notamos como el ordenamiento a pesar de exigir una serie de requisitos
para otorgar el Derecho Posesorio, a su vez se encarga de dar por existentes tales
requisitos, de tal manera que la carga de la prueba se imputa para quien desea
impugnar la acción posesoria.
Buena y Mala Fe en el Derecho de Posesión. ¿En qué consiste
la Buena Fe?
Desde una primera perspectiva se ha dicho que la buena fe: Significa lealtad,
probidad, ausencia de dañosas intenciones. Es común esta concepción o sentido en el
modo en que deben ejecutarse los contratos. Es el aspecto moral o ético. Por otro
lado, la buena fe asume el significado de convicción, persuasión o creencia de que una
situación o hecho jurídico es legítima. De estos dos significados surgen dos teorías.
Una la teoría dualista, que diferencia entre el estado psicológico y el ético; aquella
es la creencia, persuadan, convicción y ésta la ausencia de intenciones malévolas,
honestidad, lealtad.
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Mientras que la teoría monista funda ambas nociones como fases de un mismo
estado subjetivo, que en su ausencia conlleva la idea moral o ética de la probidad" u
honradez. En mi concepto, me inclino por la posición dualista, en el sentido de que
la buena fe tratada en el artículo 853 y siguientes nada tiene que ver con la
concepción moral o ética que trasciende al fuero interno del individuo, sino la creencia
o error en que está el poseedor de que realmente de quien adquirió era dueño y
que se ajustó a lo establecido.
Contrario a lo manifestado, a mi parecer la teoría monista es la que debe prevalecer.
Ambos aspectos, el psicológico y el ético se unen para conformar la buena fe. Esta
es una persuasión, una creencia, pero no cualquier creencia, sino que tiene
que ser fundada, razonable, de que se actúa leal u honestamente al poseer el bien.
No se puede llegar a la conclusión de que el factor ético, o lo que sería lo mismo,
la buena fe en sentido objetiva tenga relación única con el nacimiento y ejecución de
los contratos y el aspecto psicológico, o buena fe subjetiva esté en relación con la
posesión en general o la posesión apta para adquirir el dominio.
Presunción de Buena Fe.
La aludida presunción de buena fe es consecuencia que la ley infiere de la
observación de los hechos. Si se examinan, en efecto, las acciones de los
hombres en orden a su vida de relación, se advierte que ellas en su mayor
parte son buenas o indiferentes y que apenas un mínimo relativamente
pequeño, merecen el calificativo de malas y otro más limitado todavía el de
delictuoso o punibles. De modo que, en la ponderación de los actos del
hombre, la balanza se inclina, de manera decidida, en favor de la probidad
del género humano. Así, el derecho, que, como ciencia social, formula sus
conclusiones de acuerdo con el resultado de los hechos observados, no
puede menos de elevar la buena fe a la categoría de principio general.
Además de la razón esbozada, se señala otra de índole diversa para presumir la
actuación de la buena fe, la cual radica en la dificultad de probar un hecho
negativo, o sea, la falta o error que comete la persona que efectúa una actividad
precedida de buena fe.
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Con base en la naturaleza buena del individuo, es que en el artículo 701 del
C
Código Civil se estipula que el dolo no se presume y aquel que lo cometa es castigado
con el resarcimiento de daños y perjuicios que se produzcan. La Sala Segunda Civil a
e
tal respecto ha pronunciado: n
"Si bien el apelante pide que se declare insubsistente la compraventa del inmueble que
t
adquirió, por existir vicios en el consentimiento entre los que se cita el dolo, r
alegando que se le mostró un bien diferente al que se refería la contratación, pero
si ni él mismo se muestra convencido de que el demandado incurriera en tal desafuero o
para lograr su propósito en la negociación, y no demostró su afirmación, entonces
debe tenerse por inexistente tal vicio, toda vez que el dolo no se presume.
En materia de posesión, el artículo 285 del Código Civil textualmente dice:
d
"En todos los casos en que la ley exige posesión de buena fe, se considera
e
poseedor de buena fe AL QUE EN EL ACTO DE LA TOMA DE POSESIÓN
CREÍA TENER EL DERECHO DE POSEER. Si había motivo suficiente para que
dudara corresponderle tal derecho, no se le debe considerar como poseedor de I
buena fe, pero si la posesión fuere de buena fe en su principio, no pierde ese
carácter por el sólo hecho de que el poseedor dude posteriormente de n
la legitimidad de su derecho. Cesa de ser de buena-fe la posesión en el
momento de adquirir la certidumbre de que posee indebidamente. Cesa
f
también desde la notificación de la demanda en que otro reclame el derecho de
poseer".
o
El artículo 286 del Código Civil establece que:
r
m
"En caso de duda, se presume de buena fe la posesión"
a
La situación que se presenta es si el artículo 285 es la regla y el artículo 286 la
excepción, o viceversa, la presunción de buena fe es el principio general y los casos c
del 285 son especiales.
Es indudable que, si nos atenemos al orden lógico del Código, tendríamos que i
concluir que la primera interpretación es la c o r r e c t a . N o o b s t a n t e , n o
d e b e m o s o l v i d a r e l c a r á c t e r esencialmente bueno de los individuos y lo
ó
que ha dicho la tradición histórica, y concluir, que la buena fe en la posesión se n
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J
u
r
presume en todo momento y no como dice el Código y algunas sentencias, de que
la buena fe se presume en caso de duda:
"...en cuanto a la buena fe, lo fallado no sólo no la niega, sino que la
reconoce y el recurrente no evidencia que no le asista al demandado y
a quien en todo caso protege la presunción del artículo 286 ibídem.
Al poseedor le basta con acreditar su posesión, para que de inmediato se le
aplique la presunción, cuya naturaleza es iuris tantum y no iuris et de Jure, con
lo cual se advierte la posibilidad de presentar pruebas en contrario y
desvirtuar la presunción.
Antes de iniciarse el proceso judicial y durante toda la tramitación del
mismo, el poseedor de la cosa es el mejor tratado, dado que su buena fe se presume
y no está en la obligación de probar absolutamente nada. Se le libera del cargo de la
prueba.
Buena Fe Subjetiva.
La buena fe subjetiva se aplica como típica al campo de los Derechos Reales,
pero esto no es problema para que también sea utilizada en otras esferas jurídicas.
Se dice que está referida a la conciencia del sujeto, en relación con una situación
propia o ajena. Enfocada en esta forma, se presentan dos clases de buena fe subjetiva.
La primera clase tiene que ver con una situación propia. Se cree o se ignora que dañe
un interés legítimo de otra persona, tutelada por el derecho. Hay una creencia errónea
derivada o proveniente de la ignorancia del derecho ajeno. De los Mozos, tomando
como base el Código Civil Español, señala una serie de ejemplos. En el campo de
los Derechos Reales menciona los siguientes: en materia de Accesión los artículos 328 -
383 y 361. Este último dice: "El dueño del terreno en que se edificare, sembrare o
plantare de buena fe, tendrá derecho a hacer suya la siembra o plantación, previa
la indemnización de los artículos 453 y 454 o a obligar al que fabricó o plantó a
pagarle el precio del terreno y al que sembró, la renta correspondiente"; en el campo
de la Posesión, los artículos 433, 451, 1940 y siguientes; en cuanto al vendedor de
buena fe, los artículos 1487, 1488, en lo que respecta a la Cesión de buena fe cita
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los artículos 1529 y 1530. En el derecho de Familia, en el artículo 69, pero la limita
al Matrimonio putativo. En el derecho de Obligaciones, el artículo 1160, en el cual
se menciona el pago en dinero o de cosas fungibles sin tener capacidad ni disposición
necesaria por quien lo realiza, siendo de buena fe el que lo recibe. El artículo 1738
nos trae a colación el valor de lo realizado por el mandatario una vez que ha muerto el
mandante y lo artículo que van del 1895 al 1899 que tratan del pago o cobro de lo
indebido.
La segunda clase en que la Buena Fe Subjetiva actúa, se basa en lo que se ha
denominado como la Apariencia Jurídica.
Hay una creencia, un error, al igual que en el apartado anterior, pero se diferencia en
que no tiene que ver con la situación propia sino con aquella persona con la que el
sujeto que se beneficia de la buena fe se relaciona, es decir, se cree en el derecho
de la contraparte. Se señalan en el Derecho de Obligaciones, la creencia en el
derecho del acreedor (artículo 1164) al referirse al pago hecho de buena fe; en la
buena fe in contrahendo; en los supuestos de buena fe en el cumplimiento de las
obligaciones; en los Derechos Reales, el artículo 464 para los bienes inmuebles
y en los artículos 1473 y 34 de la Ley Hipotecaria para bienes inmuebles inscritos;
en el Derecho Sucesorio el heredero aparente y en el Derecho de Familia, en cuanto
al matrimonio putativo. Las normas citadas corresponden al Derecho Español.
Buena Fe Objetiva.
La buena fe objetiva se manifiesta e informa todo el sistema de la negociación jurídica en
general y de la obligación en particular. Es decir, desde los contactos preliminares
hasta la etapa de la eficacia jurídica, cobrando mucho más interés en esta última. Los
sujetos deben comportarse, uno con respecto al otro, en forma honesta y leal
desde que se inicia la relación obligatoria, debiendo mantenerse hasta que
finalice el negocio. Por ejemplo, a c t ú a d e b u e n a f e q u i e n t r a t a d e
v e n d e r u n a r t í c u l o electrodoméstico a otro sujeto, haciéndole la advertencia de
que no se encuentra el bien en perfectas condiciones y no le oculta tal circunstancia,
que podría ser decisiva en el perfeccionamiento en el contrato. Asimismo, se
comporta fielmente el individuo que le enseña al comprador una pintura original de un
famoso autor y a la hora de la entrega no se la cambia por una réplica.
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En la fase de la eficacia jurídica, por medio de la buena fe objetiva, se interpreta
la voluntad expresada por las partes libremente, o sea, interpreta el contenido del
contrato. Pero también se puede presentar, no ya una interpretación sino una
integración de dicho contenido. Es precisamente en este lugar donde la buena fe
objetiva cumple su función normal y de mayor trascendencia. Integra lo expresado
por los sujetos, de tal forma que se subsanen las lagunas que se presenten cuando no se
previeron determinadas circunstancias.
"En lo que respecta a nuestro Ordenamiento Civil, no tenemos ninguna norma
similar a las enunciadas, en que, en términos generales, se contemple la buena fe
objetiva. No la encontramos en materia de las Obligaciones ni en el Derecho
Contractual ni siquiera se sigue en este punto al Código Civil Francés que
considera que: "Las convenciones deben ser ejecutadas de buena fe" 42 El artículo
1023 del Código Civil habla de que los contratos no sólo obligan a lo que en ellos
se expresa, sino también a las consecuencias que la Equidad, el Uso o la Ley
hacen nacer de la obligación, según la naturaleza de ésta. Este artículo tiene una
redacción muy similar al artículo 1258 del Código Civil Español, pero omite
mencionar a la Bona Fides, Como decían los romanos. Esto no debe hacernos
creer erróneamente que se excluya, en forma deliberada, su aplicación. En la doctrina
y la jurisprudencia se acepta la actuación de la buena fe objetiva. De gran significado
con respecto a este tema son las apalabras de don Diego Baudrit:
"Los redactores de nuestra legislación civil de 1887 no consideraron incluir
tal principio - se refiere a la buena fe - dentro de las reglas expresas del
Derecho Positivo. Sin embargo, ese postulado constituye un principio
general de derecho y como tal está incorporado en cualquier contrato”.
Por su parte, Pablo Casafont Romero considera que la buena fe es parte integrante
del Derecho Contractual Moderno: "Como son igualmente manifestaciones de esta
fisonomía del contrato en el Derecho Actual, si bien referidas al proceso de su
formación y conclusión, la igualdad jurídica con sentido verdadero y no
meramente formal o instrumental, la equivalencia de las prestaciones, el
respecto a la buena fe que debe presidir las relaciones contractuales, la
inserción automática de ciertas cláusulas dirigidas a garantizar dicha igualdad jurídica
y dar a la libertad contractual un significado más real, todo en dirección a satisfacer
exigencias de justicia tanto como a resguardar intereses de la seguridad jurídica,
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armonizándolos en una concepción unitaria del contrato.
"E l Código Civil, al igual que sucede en otr os cuer pos legislativos, como
el italiano, el español y el mexicano de 1928, no define lo que se debe entender por
buena fe ni tampoco que es posesión de buena fe. Se limita a circunscribir cuando o
en qué condición se debe tener como poseedor de buena fe a un determinado sujeto.
Hace mención a una creencia y establece que es lo que debe ser creído. "A tenor del
artículo del Código Civil se considera poseedor de buena fe, al que en el acto de la
toma de posesión creía tener el derecho de poseer. No estando justificado que
Rojas, al tomar posesión del terreno conociera el vicio que afectara la
transmisión del mismo, ha debido reputársele como poseedor de buena fe, conforme
a los artículos 285 y 286 del Código Civil, los cuales han sido violados al estirarse lo
contrario.
Leído en una forma rápida y ligera el artículo 285, antes citado, se podría concluir,
equivocadamente, que su objetivo es simplemente enunciativo o descriptivo de una
determinada conducta. Pero debemos tener en cuenta, que el concepto de la buena fe
es esencialmente ético y que, por tanto, exige en el poseedor un comportamiento
leal, honesto, para que le puedan ser atribuidos determinados efectos, que, en
caso contrario, no le serían adjudicados:
...pues la buena fe de la posesión sólo tiene importancia, por si sola, para los efectos
de adquirir el derecho de posesión con el transcurso de un año o para hacer valer
las ventajas de la prescripción - si hubiera título hábil- o para dilucidar problemas
vinculados a la restitución de los frutos.
Límites para la aplicación de la Buena Fe.
La aplicación de la buena fe tiene una serie de límites; hay algunos que son de
naturaleza interna y otros de índole externa. En toda esta materia ha tenido gran
influencia el Derecho Canónico, al fundar la buena fe en el aspecto moral, sin la
implicaciones jurídicas o externas de ninguna especie.
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Los límites internos tienen que ver con un análisis del contenido ético con que actúa
el poseedor. Se relacionan con el desarrollo esencialmente moral del que actúa en la
creencia de que no lesiona el derecho ajeno con su posesión y son el dolo y la culpa
grave.
Tanto la mala fe como los conceptos de dolo y de culpa, desde un enfoque o análisis
preliminar, pertenecen a planos distintos. Lo anterior se debe, a que si consideramos
que todo aquel que actúa en forma dolosa o culposa actúa de mala fe, se le daría a ésta
última un significado muy amplio. Paralelamente, tendría que admitirse que si no se
comete dolo ni se actúa en forma irresponsable, hay buena fe, lo cual es tampoco cierto.
Desde el punto de vista teórico, lo manifestado se puede aceptar, pero en la práctica,
ante un caso concreto, se hace muy difícil la determinación de una actitud dolosa o
culposa que no implique a su vez mala.
En definitiva, todo depende de cómo sea concebida la buena fe en cada
ordenamiento o Derecho positivo.
"La buena fe del poseedor, por pertenecer a la esfera íntima del sujeto y ser
eminentemente subjetiva, trasciende a la esfera jurídica por medio de una serie de
actitudes y comportamientos que deben ser analizados muy cuidadosamente.
Cuando se note la presencia de la duda a la hora de la toma de la posesión, no se le
puede considerar de buena fe. Si hay motivo suficiente para que el poseedor dude de la
correspondencia del derecho, se le debe considerar de mala fe. "La buena fe inicial
de un adquirente al tomar posesión de lo que se le entregó, no puede perder
ese carácter sino mediante la comprobación de que había motivo suficiente
para que dudara de su derecho". La mera circunstancia de que un tercero pretenda la
propiedad del bien no desvirtúa la buena fe del poseedor.
De esta forma se ha manifestado nuestra Sala de Casación al estimar que:
"La falta de buena fe en la posesión del actor que se reclama con la
base en la disposición del artículo 285 del Código Civil, no afecta el
derecho del señor x, porque dicha regla supedita sus efectos a la
condición o circunstancia de que haya motivo suficiente para que
dudara corresponderle tal derecho... y en el caso, si don x sabía, por
habérsele referido su transmitente, que otra persona pretendía ser la
propietaria del bien que compraba, ese conocimiento no podría
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perjudicarlo porque tenía la seguridad, como ha venido a demostrar el
fallo que se impugna, que dicha pretensión era infundada.”
No puede presentarse duda en quien adquiere el derecho de poseer de quien ha tenido
la cosa por más de diez años, en forma quieta, pública, pacífica y continúa por medio
de una compraventa: "Si una persona ha poseído por más de diez años en forma quieta,
pública y continúa una finca y luego la vende, quien la compra no tiene motivo
para dudar del derecho de poseer que su título le confiere". L a i nter p os ici ón d e
una ac ció n d e d e sah uc io, de sec ha da posteriormente no es base suficiente
para que el poseedor dude de la legitimidad de su derecho.
Elementos de la Posesión.
El derecho no sale de la vida jurídica, solo cambia de titular, que es el que pierde el
derecho y se da por:
a) Cuando la cosa queda fuera del comercio o se destruye.
b) Cuando pierde el poder sobre ella, sea voluntaria o involuntaria.
Como se adquiere la posesión. Art. 279 CC
a) Por consentimiento del propietario. Los actos facultativos o de simple tolerancia
no dan el derecho de posesión.
b) Por el hecho de conservar la cosa por más de un año. El año corre desde que se
tome públicamente la posesión, o si fuere tomada clandestinamente, desde que
eso conste al despojado.
c) En todos los casos en que la ley, como seguridad del acreedor, lo autoriza para
retener la cosa de su deudor, o manda que todos, o algunos de los bienes de
éste pasen a poder de un depositario.
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Formas de Poseer.
a) Directamente: Sea ejerciendo actos posesorios por sí mismo.
b) Por medio de otro: Valiéndose de otro para que los ejecuten por cuenta y bajo la
responsabilidad de quien los ordena. Cuando el propietario concede a alguien un
derecho, como el nacido del arrendamiento o del usufructo, que le autoriza para
la tenencia y goce de la cosa, pues el dueño de ésta la posee entonces
jurídicamente por medio del que se halla en el ejercicio actual del goce art. 280
CC.
c) Las cosas públicas: No son susceptibles de apropiación privada, tampoco
pueden ser poseídas por los particulares.
d) Los menores y personas privadas: Tienen impedimentos para ejercer por sí
mismo, pero pueden ser representados (curador o tutor).
Clandestinidad y Violencia.
Posesión clandestina: Cuando se adquiere o se conserva oculta sobre los que tengan
interés en conocerla.
Posesión violenta: Cuando se ha obtenido a la fuerza.
Los vicios de la posesión, impiden que la posesión pueda ser aprovechada por el
poseedor.
Para la posesión, es necesario que sea pública, continua, pacífica y se configure el
derecho de conservar la posesión por más de 1 año, cosa distinta sucede con la
posesión de mala fe, el poseedor que la tiene nunca puede cambiarla en buena, por un
acto exclusivamente suyo.
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Derechos de Poseer.
Artículo 284 CC
Se relaciona con el tiempo.
La posesión pública ejercida durante 1 año, constituye por sí misma, el titulo suficiente
para ampararse contra el acto posesorio y le confiere al poseedor, el derecho de ser
mantenido en ella mientras otro no demuestre en la vía declarativa, que le asiste
derecho preferente para poseer la cosa de que se trate. Dentro del primer año, es
posible desposeerlo por medio de los interdictos, pero transcurrido ese periodo, solo el
juicio reivindicatorio tiene poder contra él. Pasado los 3 años, si se trata de muebles o
inmuebles se afirma su derecho a la tenencia de la cosa, que está facultado para hacer
uso de la prescripción a fin de protegerse contra la acción reivindicatoria, cuando ha
poseído en las condiciones exigidas por ley (ver art. 860, 861y 862 CC).
Grados para establecer la posesión.
1) Posesión Normal: La que ejerce personalmente o por medio de otro en calidad
de propietario, está exenta de vicios y confiere todos los derechos que a favor
del que posee establece la ley.
2) Posesión Precaria: Tiene a nombre del dueño y con título transitorio como
sucede con el arrendamiento, produce efectos limitados, proporciona la defensa
por medio de interdictos y el derecho de retención, pero no es hábil para la
prescripción de la propiedad en ningún tiempo, porque le falta el elemento
esencial, que es el título traslativo de dominio.
3) Detentación: Se ejerce sin título alguno y en nombre propio, no produce a favor
del que la ejerce otra ventaja que la de poder ser amparado o repuesto en la
posesión.
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Lic. Randy Salas Gómez
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Efectos.
Artículos 281 y 283 CC
1) Hace presumir el derecho de poseer, mientras otro no pruebe corresponderle
ese derecho.
2) En un litigio sobre propiedad o mejor derecho de poseer, el poseedor no está
obligado a la prueba.
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Lic. Randy Salas Gómez
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