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Lectura Zumbayllu

El cuento narra la historia de un niño a quien su compañero Ántero le muestra un zumbayllu, un pequeño trompo hecho de coco con cuatro agujeros. El trompo emite un zumbido mágico cuando gira. Ántero le enseña al niño cómo hacer girar el zumbayllu y soplar en su dirección para enviar un mensaje. El niño usa el zumbayllu para enviar un mensaje a su padre lejos diciéndole que está bien a pesar de estar asustado.
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Lectura Zumbayllu

El cuento narra la historia de un niño a quien su compañero Ántero le muestra un zumbayllu, un pequeño trompo hecho de coco con cuatro agujeros. El trompo emite un zumbido mágico cuando gira. Ántero le enseña al niño cómo hacer girar el zumbayllu y soplar en su dirección para enviar un mensaje. El niño usa el zumbayllu para enviar un mensaje a su padre lejos diciéndole que está bien a pesar de estar asustado.
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COMPETENCIA: LEE DIVERSOS TIPOS DE TEXTOS EN SU LENGUA MATERNA.

PROGRESIÓN NARRATIVA
Una secuencia narrativa está formada por una sucesión de
acontecimientos que integran una narración. A nivel general, una
secuencia narrativa dispone de tres grandes etapas o momentos: la
introducción, el nudo y el desenlace, y permite la estructuración de
las acciones que desarrollan los distintos personajes de la historia.
Estas acciones tienen diferentes grados de importancia y están unidas,
por lo general, a través de una relación de causa/efecto: es decir, una
acción es consecuencia de otra acción previa.
ESTRUCTURA DE UN TEXTO NARRATIVO
 LEE EL CUENTO “ZUMBAYLLU” DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

La terminación quechua "yllu" es una onomatopeya. "Yllu" representa la


música que producen las pequeñas alas en vuelo; música que surge del
movimiento de objetos leves. Se llama tankayllu al tábano zumbador e
inofensivo que vuela en el campo libando flores. Su color es raro, tabaco
oscuro; en el vientre lleva unas rayas brillantes; y como el ruido de sus alas
es intenso, los indios creen que tiene en su cuerpo algo más que su sola
vida. Su alargado cuerpo termina en un aguijón que no sólo es inofensivo,
sino dulce. Los niños le dan caza para beber la miel en que está untado
ese falso aguijón, ¿Por qué lleva miel? ¿Por qué sus pequeñas y endebles
alas mueven el viento hasta agitarlo y cambiarlo? Él remueve el aire, zumba como si fuera grande. No, no
es un ser malvado. Los niños que beben su miel sienten el corazón, durante toda la vida, como el roce de
un tibio aliento que los protege contra el rencor y la melancolía.
En los pueblos de Ayacucho hubo un danzante de tijeras que ya se ha
hecho legendario. Bailó e hizo proezas en las vísperas de los días santos;
tragaba trozos de acero, se atravesaba el cuerpo con agujas; ese danzak' se
llamó Tankayllu.
Pinkuyllu es el nombre de una quena grande que tocan los indios del sur
durante las fiestas comunales. El pinkuyllu tiene una voz grave y extraña que
ofusca y exalta. Los indios desafían la muerte mientras lo oyen. Ninguna
música llega más hondo al corazón humano.

***
¡Zumbayllu! Ántero trajo el primer zumbayllu al colegio. Los niños pequeños lo rodearon.
-¡Vamos al patio, Ántero¡
Palacios corrió entre los primeros. Saltaron el terraplén y subieron al campo
de polvo. Iban gritando:
-¡Zumbayllu, zumbayllu!
Yo los seguí ansiosamente. ¿Qué podía ser el zumbayllu? ¿Qué podía
nombrar esa palabra cuya terminación me recordaba bellos y misteriosos
objetos?
El humilde Palacios había corrido casi encabezando todo el grupo de
muchachos que fueron a ver el zumbayllu; había dado un gran salto para llegar
primero al campo de recreo. Y estaba allí, mirando las manos de Ántero.
Una gran dicha, anhelante, daba a su rostro el esplendor que no tenía
antes. Su expresión era muy semejante a la de los escolares indios que
juegan a la sombra de los molles en los caminos que unen las chozas
lejanas y las aldeas. El propio Añuco, el engreído, el arrugado y pálido
Añuco, miraba a Ántero desde un extremo del grupo: en su cara amarilla,
en su rostro agrio, erguido sobre el cuello delgado, de nervios tan filudos y
tensos, había una especie de tierna ansiedad- Parecía un ángel nuevo,
recién convertido.
Yo recordaba al gran Tankayllu, el danzarín cubierto de espejos,
bailando a grandes saltos en el atrio de la iglesia. Recordaba también también al verdadero Tankayllu, el
insecto volador que perseguíamos entre los meses de abril y mayo. Pensaba en los pinkuyllus que había
oído sonar en los pueblos del sur.
Yo no pude ver el pequeño trompo ni la forma como Ántero lo encordelaba. Me dejaron entre los
últimos, cerca del Añuco. Sólo vi que Ántero, en el centro del grupo, daba una especie de golpe con el
brazo derecho.
Luego escuché un campo delgado. Bajo el sol denso, el canto del zumbayllu se propagó con una claridad
extraña; parecía estar henchido de esa voz delgada; y también toda la tierra, ese piso arenoso del que
parecía brotar.
-¡Zumbayllu, zumbayllu!
Hice un gran esfuerzo, empujé a otros alumnos más grandes que yo y pude llegar al círculo que
rodeaba a Ántero. Tenía en las manos un pequeño trompo. La esfera estaba hecha de un coco de tienda,
de esos pequeñísimos cocos grises que vienen enlatados. La púa era grande y delgada. Cuatro
huecos redondos, a manera de ojos, tenía la esfera. Ántero encordeló el trompo, lentamente luego lo
arrojó. El trompo se detuvo un instante en el aire y luego cayó, lanzando ráfagas de aire por sus cuatro
ojos, vibrando como un gran insecto cantador (...)
Ántero miraba el zumbayllu con un detenimiento contagioso. Así atento, agachado. Ántero parecía
asomarse desde otro espacio (...)
-¡Quiero ver si tú puedes manejarlo! - me dijo, entregándome el trompo.
Lo encordelé, lo lancé hacia arriba. El cordel se deslizó como una culebra entre mis manos, enderezó la
púa y cayó, lentamente.
-¡Sube, winku!
El trompo apoyó la púa en un andén de la piedra más grande, sobre un milímetro de espacio. La púa
era redonda y no rozaba en ella la púa.
-¡Mira, Ernesto! - me dijo Ántero´. No va a la montaña, sino arriba. ¡Derechito al sol! Ahora a la
cascada, winku. ¡Cascada arriba!
El zumbayllu se detuvo y cambió de voz.
-¿Oyes? -dijo Ántero -. ¡Sube al cielo, sube al cielo! ¡Con el sol se va a mezclar!
Cuando empezó a bajar el tono del zumbido, Ántero levantó el trompo. Me miró fijamente.
-¡Guárdalo! - me dijo-. Lo haremos llorar en el campo, o sobre
una alguna piedra grande del río. Cantará mejor todavía.
Lo guardó en el bolsillo. Lo examiné despacio con los dedos.
Era en verdad winku, es decir, deforme, sin dejar de ser redondo,
y layk'a, es decir, brujo, porque era rojizo con muchas difusas.
Por eso, cambiaba de voz y de colores como si estuviera hecho
de agua.
-Si lo hago bailar, y soplo su canto hacia la dirección de
Chalhuanca, donde está mi padre, ¿llegaría hasta sus oídos? - le
pregunté.
-¡Llega, hermano! Para él no hay distancia. Enantes subió al
sol. Y su canto no se quema ni se hiela. Tú le hablas primero en uno de sus ojos, le das tu encargo, le
orientas el camino, y después, cuando estás cantando, soplas despacio hacia la dirección que quieres,
donde está tu padre y sigues dándole tu encargo. El zumbayllu canta al oído de quién espera. ¡Haz la
prueba ahora, al instante!
-¿Yo mismo tengo que hacerlo?
-Sí. Debe ser el que quiere dar el encargo. Háblale bajito -me advirtió.
Puse los labios sobre uno de sus ojos.
-"Dile a mi padre que estoy bien -le dije al zumbayllu-; aunque mi corazón se asusta, estoy resistiendo.
Y le darás tu aire en la frente. Le cantarás para su alma".
Lo encordelé cuidadosamente, y tiré la cuerda.
-¡Corriente arriba del Pachachaca, corriente arriba! -grité.
El zumbayllu cantó fuerte en el aire.
-¡Sopla! ¡Sopla un poco! -exclamó Ántero.
Yo soplé hacia Chalhuanca, en dirección de la cuenca alta del gran río.
Y el zumbayllu cantó dulcemente.

GLOSARIO

 TANKAYLLU: pequeño insecto que resuena gigante, que guarda en su cuerpo más de una vida.
 PINKUYLLU: instrumento musical que aviva la memoria de los ríos.
 TERRAPLÉN: Montón de tierra con que se rellena un hueco o que se levanta con un fin determinado.
 WINKU: Quiño
 PACHACHACA: Afluente del río Apurímac.

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