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Definición de lo Fantástico según Todorov

Todorov propuso una definición del género fantástico que se centra en la sensación de vacilación o incertidumbre que experimentan los personajes y lectores ante sucesos inexplicables. Jackson critica esta definición limitada y ve el fantástico como un modo literario que subvierte lo real. El cuento "El libro de arena" de Borges ilustra esto al presentar un libro inquietante cuyo contenido cambiante representa el caos y el infinito laberinto de lo real.

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Definición de lo Fantástico según Todorov

Todorov propuso una definición del género fantástico que se centra en la sensación de vacilación o incertidumbre que experimentan los personajes y lectores ante sucesos inexplicables. Jackson critica esta definición limitada y ve el fantástico como un modo literario que subvierte lo real. El cuento "El libro de arena" de Borges ilustra esto al presentar un libro inquietante cuyo contenido cambiante representa el caos y el infinito laberinto de lo real.

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Resumen Capítulo IV Lengua

“El libro de arena” – Borges (p. 62-63)

Cómo definir lo fantástico. Una introducción a la literatura fantástica


Todorov desarrolló uno de los primeros estudios respecto de los mecanismos del
género en su libro llamado “Introducción a la literatura fantástica” (1970), marca los puntos
débiles de muchas de las teorías aceptadas hasta ese momento y explora los elementos
que determinan que un relato pueda ser considerado fantástico.

Primeras aproximaciones
En su texto, Todorov señala tres errores básicos en las definiciones y en los estudios
sobre los textos fantásticos:
* El género fantástico no puede definirse simplemente por la presencia de hechos o
seres sobrenaturales.
* Lo que define el fantástico no es el sentimiento que experimenta el lector. Al
contrario de Lovecraft, Todorov manifiesta que de ser así, el género sería subjetivo
dependiendo del lector.
* Refuta ciertas posturas que definieron lo fantástico como opuesto a la reproducción
de la realidad.
Ante esto, Todorov propondrá un nuevo modo de pensar literatura fantástica, en
donde se aleja de la clásica oposición entre lo real y lo fantástico, y establece relaciones
entre este género y otros más cercanos.

Lo extraño, lo maravilloso y lo fantástico


En su libro, Todorov plantea que “Un género se define siempre con relación a los
géneros que le son próximos”. De este modo, distingue lo fantástico de lo extraño y lo
maravilloso. En los tres casos existen elementos sobrenaturales.
Respecto de los relatos extraños, los hechos que se narran concluyen en una
explicación racional, que niega la condición sobrenatural de lo que sucedió. Lo que
aparentemente parecía escapar de las leyes de la razón, finalmente termina siendo un error
de percepción por parte de los personajes o el narrador (ej: cuentos policiales de Poe).
Respecto de los textos maravillosos, no se intenta dar una explicación de los
hechos que se apartan de la realidad, porque todo responde a una lógica distinta (ej:
cuentos de hadas).
Lo fantástico, entonces, se ubicaría en un espacio intermedio entre lo extraño y
lo maravilloso.
La condición de lo fantástico según Todorov
Generalmente, el mundo que se muestra en los textos siempre responde las leyes
de la razón y los personajes y acontecimientos que allí se desarrollan no presentan
características por fuera de lo común. Sin embargo, en un momento determinado, se
produce un hecho que no puede explicarse por las leyes de ese mundo familiar.
Esa irrupción de lo fantástico produce en quien percibe una sensación de
incertidumbre, de no saber qué explicación dar de lo que acaba de suceder: si considerarlo
una ilusión de los sentidos o aceptar que el hecho efectivamente ocurrió y, por consiguiente,
que las leyes que rigen la realidad son diferentes de las que se conocían.
Para Todorov, esta sensación de incertidumbre o vacilación es lo que define al
género fantástico. En cuanto se elige una de las dos propuestas, es decir uno de los dos
caminos para darle una respuesta a eso que acaba de ocurrir, se ingresa en un género
vecino: lo extraño o lo maravilloso.

El lector vacilante
En la mayoría de los textos, es el personaje el que se enfrenta al hecho
sobrenatural, mostrando signos de duda ante lo que ve y ante lo que debe elegir como dos
explicaciones posibles (o es fruto de su imaginación o no comprende las leyes que rigen
esa realidad).
Pero a su vez, el lector también debe identificarse con ese sentimiento: ya que el
fantástico implica una manera de leer, lo que le demanda determinada actitud al lector,
quien debe entrar en el juego e integrarse en el mundo de los personajes. Por
consiguiente, un lector que no cumpla con este pacto de lectura corta definitivamente la
condición del fantástico.

Literatura y subversión: otra lectura del fantástico


Rosemary Jackson -teórica literaria- introduce nuevas concepciones respecto de
aquella primera teoría de Todorov, por lo que en su libro Fantasy. Literatura y subversión la
autora plantea referirse al fantástico como un “modo” más que como un género.
En ese sentido, entiende que el concepto de modo es mucho más amplio que el de
género, y puede presentar distintas formas genéricas. A una de ellas Jackson la denomina
el “modo fantasy”, siendo el fantástico “propiamente dicho”. Pero, a su vez, pueden
inscribirse un número importante de textos escritos que no se ajustan a todos los elementos
descritos por Todorov.
Lo fantástico y lo real
Teóricamente, Jackson parte su estudio desde el vínculo entre lo fantástico y la
realidad. En este punto también refuta una de las ideas de Todorov, donde no deberían
mezclarse categorías literarias (lo fantástico o lo maravilloso) con otras que no lo son (lo
extraño).
En vez de esta última categoría (o sea, lo extraño) Jackson utiliza la de lo
“mimético”, que equivaldría a “realista” (o sea, el término “mímesis” como “copia de la
realidad”). Por consiguiente, la autora plantea que el fantástico se vale de elementos
miméticos para establecer su “realidad” pero que también utiliza medios “no-realistas”. En
consecuencia, el mundo imaginario y lo fantástico no es completamente “real” ni “irreal” pero
“se localiza en alguna parte indeterminada entre ambos”.

Subvertir la realidad
Según Jackson, una de las características centrales del modo fantasy se centra en la
amenaza del fantástico hacia la realidad; es decir, la subversión de la realidad. De este
modo, todas las categorías realistas se subvierten en el fantástico: lo real se vuelve irreal, lo
conocido, desconocido; y lo visible, invisible. El fantástico viola lo que se acepta como
posible y lo vuelve imposible. Es por eso que se considera que este género perturba las
representaciones de lo real.

Cuando lo inquietante se vuelve familiar


La literatura fantástica ha sido abordada desde distintas posturas psicoanalíticas.
Uno de los que se ocupó del tema fue Sigmund Freud en su trabajo “Lo siniestro” (1919).
‘Siniestro’ es el término español con que suele traducirse la palabra inglesa uncanny
y el vocablo alemán unheimlich. A este último debemos remitirnos para comprender el
sentido inquietante y perturbador que posee lo siniestro para el ser humano.
En alemán, ‘Heim’ significa ‘hogar’, y trae aparejado los adjetivos ‘heimlich’ y
‘heimisch’ que remiten a lo ‘íntimo’, ‘familiar’ o ‘confortable’. Pero Freud señala que existe
otro nivel de significado para este término, referido a ‘secreto’, ‘misterioso’, ‘oculto’. Así,
‘heimlich’ se refiere a aquello que busca mantenerse en secreto, oculto a la mirada de los
otros. En tanto, su antónimo ‘unheimlich’ (siniestro) refiere a algo inquietante o
espeluznante, que afecta las cosas conocidas y familiares, y que provoca un terror atroz.
Lo siniestro perturba al transformar lo familiar en desconocido, pero también al
revelar ciertas zonas de la realidad que deberían permanecer fuera de vista. El tabú es un
claro ejemplo de ello.
Freud, Hoffmann y el hombre de arena
Una de las principales cosas que analiza Freud es la posibilidad de que un objeto
inanimado, de repente, cobre vida. Este tema está presente en el relato del escritor
alemán Hoffman “El hombre de la arena” que Freud analiza con detenimiento. (El caso del
cuento es similar a la leyenda del hombre de la bolsa que utilizaban para asustarnos, solo
que a diferencia de éste, en la versión alemana el monstruo no se lleva las criaturas sino
que les arroja arena a los ojos y luego, se los arranca).
Según Freud, lo siniestro vive en ese ser inquietante: en el hombre de arena.

Simplemente Borges
En 1994, Harold Bloom -crítico literario- introduce en su obra “El canon occidental”
la literatura de Jorge Luis Borges. En el volumen, que lleva el título de “El libro de arena”,
Borges regresa sobre varios de los temas recurrentes de sus ficciones, como el otro, el
doble, los espejos, el universo, el infinito, los laberintos, la eternidad o la religión) y también
sobre otros textos -propios y ajenos- que completan, resignifican y multiplican los sentidos
de su prosa.

El libro de Babel
El libro de arena del cuento de Borges condensa las características de los dos
elementos que representan lo siniestro. Por un lado es un objeto inanimado, que
posee vida propia. El objeto termina volviéndose monstruoso a los ojos del
protagonista.

Caos literario
La enseñanza del libro de arena es clara y manifiesta la cosmovisión borgeana:
“Según esa cosmovisión, el mundo es un caos y dentro de ese caos, el hombre está
perdido como en un laberinto”. De este modo, el libro de arena revela a quien lo posee
conocimientos a los que sería imposible acceder de otra forma. En ello reside el poder del
libro, y también su carácter monstruoso.

El infinito laberinto literario


En “El libro de arena” de Borges, este representa la idea del infinito, y la de un saber
infinito reunido en un solo libro. A su vez, el libro de arena constituye también una forma de
laberinto: por su estructura, ya que resulta indescifrable en tanto cambia constantemente;
por la suerte que corren sus víctimas, ya que no saben en qué lugar del espacio se
encuentran y una vez que ingresan, ya no pueden escapar; y por su infinitud, que lo hace
aún más perfecto.
Del hombre de arena al libro de arena
La metáfora de la arena (vinculada con una imagen del desierto) se refiere -en el
caso del libro de arena- al infinito.
La metáfora de los laberintos y del infinito es muy común y propia de la
escritura borgeana.
Vitagliano menciona que “El laberinto se concibe como una repetición infinita de sí
mismo, desde su propia arquitectura, de su trampa, en el que la víctima confía en que aún
hay un secreto, una llave para entrar o salir”.

Un laberinto de libros
Hacia el final del relato, la figura de la biblioteca -también muy presente en la
literatura borgeana- brinda la posibilidad de reencauzar la vida del protagonista, mediante
su estructura. El espacio de la Biblioteca Nacional permite al personaje “olvidar” el
libro siniestro en alguno de sus anaqueles.

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