CONSEJOS PARA LA ELABORACIÓN DE COMENTARIOS DE
TEXTOS FILOSÓFICOS
Ejemplo: Comentario de texto sobre el Tratado de la Naturaleza
Humana de David Hume
“Me gustaría preguntar a esos filósofos que basan en tan gran medida sus
razonamientos en la distinción de sustancia y accidente, y se imaginan que tenemos
ideas claras de cada una de estas cosas, si la idea de sustancia se deriva de las
impresiones de sensación o de las de reflexión. Si nos es dada por nuestros sentidos,
pregunto: ¿por cuál de ellos, y de qué modo? (...) Pero no creo que nadie afirme que
la sustancia es un color, un sonido o un sabor. La idea de sustancia deberá
derivarse, entonces, de una impresión de reflexión, si es que realmente existe. Pero
las impresiones de reflexión se reducen a nuestras pasiones y emociones, y no
parece posible que ninguna de éstas represente una sustancia. Por consiguiente, no
tenemos ninguna idea de que sea distinta de la de una colección de cualidades
particulares, ni poseemos de ella otro significado cuando hablamos o razonamos
sobres este asunto. La idea de sustancia (...) no es sino una colección de ideas
simples unidas por la imaginación y que poseen un nombre particular asignado a
ellas, mediante el cual somos capaces de recordar —a nosotros y a otros— esa
colección. Pero la diferencia entre estas ideas consiste en que las cualidades
particulares que forman una sustancia son referidas por lo común a un algo
desconocido en que se supone inhieren; o bien, concediendo que esa ficción no
tenga lugar, se supone que al menos están estrecha e inseparablemente conectadas
entre sí por relaciones de contigüidad y causalidad.”
Hume, D., Tratado de la Naturaleza Humana, I, 1, 6.
→ IDEAS PARA AFRONTAR EL COMENTARIO DE TEXTO
Una cosa debemos tener muy presente a la hora de comentar el texto que nos
ocupa: debemos desarrollar todos los puntos que vamos a indicar a continuación,
pero lo tenemos que hacer mediante una redacción continua y no articulando
directamente nuestra respuesta según los apartados que enumeramos a
continuación. Lo que queremos decir es que no se trata aquí de reproducir
exactamente los subtítulos que aparecen más abajo y rellenar cada uno de ellos con
lo que corresponda, sino que el resultado final debe ser un texto continuo en el que
dichos epígrafes queden disueltos en los diferentes párrafos que lo compongan. De
esta manera se podrá demostrar nuestra soltura y nuestra capacidad de redacción.
1. Contextualización del autor y de su filosofía. Lo primero que tenemos que hacer
antes de pasar al comentario propiamente dicho es ubicar el texto en su contexto
histórico y en la producción general del autor. Ahora bien, no debemos entender
esto como una invitación para contar todo lo que sepamos sobre el asunto ya que
esto nos perjudicaría por dos motivos: en primer lugar, porque demostraría nuestra
incapacidad para centrarnos en el texto, y en segundo, porque nos haría perder un
tiempo precioso. Por todo ello, lo más aconsejable es centrarse sólo en aquellos
datos y en aquellas ideas que realmente tienen que ver con el tema que nos ocupa y
olvidarse de otros asuntos superfluos o irrelevantes para el tema del pasaje a
comentar. Por ejemplo, el texto que nos ocupa está producido en pleno siglo XVIII
(Hume lo compone en 1739), el siglo de las luces y de la Ilustración, pero no sería
necesario ofrecer una profunda explicación de dicho movimiento: bastaría con
señalar sus características generales en lo tocante a Hume y a su obra. Por otro lado,
y ya desde una perspectiva puramente filosófica, es un texto de corte metafísico y
epistemológico, por lo que todo lo referente a la moral, a la política y a la filosofía de
la religión de Hume podrá ser dejado de lado. Podríamos comenzar diciendo que
nos encontramos ante un texto extraído del Tratado de la Naturaleza Humana y
escrito en 1739 por David Hume (1711-1776), uno de los máximos representantes
del empirismo británico y de la denominada Ilustración Escocesa. Después, se
puede continuar hablando del programa epistemológico del autor y de la constante
crítica que estos autores lanzaron contra el racionalismo continental. Si
desarrollamos en su justa medida todo esto, tendremos una contextualización más
que adecuada.
2. Análisis del texto. Una vez que hemos introducido la cuestión debemos pasar ya
a comentar el texto propiamente dicho. Ésta es la parte más importante, por lo que
su extensión debe ser mucho mayor que la de la contextualización y la de la
conclusión. Esto supone dos cosas que deberemos tener muy en cuenta: una, que en
nuestra exposición deberemos ceñirnos al contenido del mismo y realizar
constantes alusiones y citas para fundamentar todo lo que digamos; y la otra, que
por ese mismo motivo deberemos dejar de lado todos aquellos conocimientos que
no sean realmente imprescindibles para comentar el pasaje en cuestión. Respetando
estos preceptos y sintetizando nuestros argumentos siempre que sea posible
tendremos mucho ganado.
2.1. Temática del texto. El primer paso que debemos dar es el de delimitar el tema
del texto. Para ello condensaremos en una sola oración el contenido y los
principales conceptos que allí nos aparecen para obtener, como resultado, una
especie de titular del pasaje. Por ejemplo, en este caso, el tema podría resumirse de
la siguiente manera: “la idea de sustancia, al no proceder ni de las percepciones de
los sentidos ni de las de reflexión, es reducida por Hume a una mera colección de
ideas simples que nuestra mente asocia contigua y causalmente”. Como se puede
observar, tanto la idea del pasaje como los principales conceptos que vertebran el
argumento aparecen recogidos aquí. Es importante que determinemos bien el tema
del texto ya que todo lo que digamos después, todo lo que expliquemos sobre la
estructura y el contenido de éste, deberá estar encaminado en la misma dirección.
Dicho de otra manera, cuando analicemos el texto, todo lo que digamos debe
demostrar que éste efectivamente trata de lo que nosotros hemos señalado ya que,
de otra manera, nuestra argumentación quedará en entredicho por nuestra propia
incapacidad.
2.2. Estructura y contenido. Delimitado el tema debemos pasar a analizar ya la
estructura y el contenido del texto. El mejor consejo para señalar la estructura del
texto es el de leer detenidamente el pasaje que se nos proponga ya que, dado el
carácter fundamental que por lo general tendrán éstos, su articulación debería ser
bastante evidente. Es recomendable también enumerar las líneas del texto para
poder localizar con más exactitud cada una de las partes del mismo. La estructura
del texto que nos ocupa está bastante clara: en el primer párrafo, Hume critica y
desmonta el concepto de sustancia de los racionalistas a través de varios
argumentos secundarios; mientras que en el segundo párrafo expone su propio
concepto de sustancia. Si desarrollamos esto y lo exponemos con claridad tenemos
la estructura del texto.
Dicho lo anterior, es importante tener en cuenta que señalar la estructura del texto
no es lo mismo que explicar su contenido: mientras que lo primero no nos llevará
mucho tiempo ni nos hará salirnos del fragmento propiamente dicho, lo segundo
debe ser mucho más extenso y nos obligará a poner en juego muchos elementos que
no aparecen directamente en el texto. Como acabamos de decir, la parte más
importante del comentario es la explicación del contenido del texto en cuestión.
Básicamente de lo que se trata es de comentar el contenido yendo más allá del
propio texto. Dicho de otra forma: comentar un texto no consiste en volver a
contarlo con las propias palabras de uno, sino en ser capaz de explicar con el texto
todo aquello que, no apareciendo explícitamente, está de manera implícita en él.
Pensemos, por ejemplo, en cómo comentaríamos una pintura: La Anunciación de
Fra Angelico. Al hacerlo, nadie diría que nos encontramos un señor con alas a la
izquierda frente a una señora a la que le da una luz en la cara. Lo que de verdad
haríamos es señalar que el Arcángel Gabriel se le aparece a la Virgen María para
anunciarle que Dios la ha elegido para engendrar a su hijo sin pecado alguno. Lo
primero es lo que “pone el texto” del cuadro, mientras que lo segundo va mucho
más allá y tira de relato bíblico para explicar la pintura. Comentar el contenido de
un texto tiene que ver con lo segundo y no con lo primero. Dicho esto, ahí van
algunas estrategias para hacerlo correctamente. La primera recomendación para
hacerlo adecuadamente es la de evitar a toda costa el parafraseo. ¿Cómo podemos
hacer esto? Una buena opción es localizar el contenido del texto en nuestros
apuntes o buscar información sobre el tema en algún recurso bibliográfico (eso sí,
todo aquello que no sea de nuestra propia cosecha debe ser correctamente citado y
entrecomillado para evitar el plagio). De esta forma sabremos de dónde viene el
texto y hacia dónde va dentro de la producción del autor. En el ejemplo que nos
ocupa habría que poner en juego gran parte de la teoría del conocimiento de Hume:
el concepto de percepción, el de impresión, el de idea, etc. pero también otros
conceptos “ajenos” al autor como el de sustancia de los racionalistas. Es por ello que
necesitamos recabar más información de la que propiamente aparece en el texto.
Además, durante esta exposición del contenido del texto se hace necesario hacer
constantes referencias al mismo para fundamentar nuestras afirmaciones. Por
ejemplo, si comenzamos el análisis del contenido señalando que Hume ataca en este
texto a los pensadores racionalistas y a la importancia que conceden al concepto de
sustancia, será necesario hacer referencia a las primeras líneas del primer párrafo.
Por último, mientras explicamos todo lo anterior es muy recomendable señalar
aquellos conceptos que son de vital importancia para comprender, tanto el texto en
cuestión, como el pensamiento de nuestro autor. Esto no quiere decir que hagamos
un ensayo sobre cada uno de estos términos sino simplemente que señalemos su
importancia y definamos muy brevemente su contenido. Por ejemplo, en nuestro
caso subrayaríamos conceptos como impresiones de sensación, impresiones de
reflexión, idea, colección de ideas, asociación por contigüidad, asociación por
causalidad, etc. Haciendo esto demostraremos nuestro dominio a la hora de
comentar un texto y, además, nuestro conocimiento de la terminología utilizada por
el autor.
2.3. Conclusión. El último paso que tenemos que dar es el de enunciar una
conclusión que contenga las principales consecuencias que se pueden extraer a
partir del texto. No se trata de elaborar aquí una conclusión general o una
valoración crítica ya que esto es algo que dejaremos para el paso siguiente. Lo único
que tenemos que hacer ahora es, como acabamos de decir, resumir lo más
rápidamente posible las consecuencias de lo enunciado en el pasaje. En nuestro
caso, podríamos decir que la conclusión a la que llegamos es que no podemos
hablar de sustancias más allá de un mero concepto o constructo realizado por
nuestra mente para recordar ciertas colecciones de ideas.
3. Valoración crítica. Es una vez que hemos concluido el análisis del pasaje en
cuestión cuando debemos proceder a valorar el alcance de las ideas y los
argumentos que aparecen en el texto. Esto lo haremos en dos pasos diferentes pero
relacionados entre sí: poniendo de relieve la importancia que el asunto tiene para la
filosofía del autor y la repercusión del mismo en la historia de la filosofía en
general.
3.1. Importancia del texto en la producción del autor. Respecto a la importancia
del texto para la comprensión del sistema filosófico de Hume deberemos proceder
de la misma manera que cuando contextualizamos el tema al inicio de nuestro
comentario, esto es, ateniéndonos únicamente a las implicaciones más directas y
dejando de lado otros asuntos de menos calado. Por ejemplo, podemos hablar de la
crítica humeana a las principales ideas del racionalismo, es decir, a esta idea de
sustancia, a la del yo o a la del innatismo. También podríamos decir alguna cosa
acerca de su epistemología y de la forma en la que estas críticas hunden sus raíces
en ella.
3.2. Impacto del texto en el panorama filosófico. Y ya por último debemos hablar
de la relación de todo lo dicho con la historia de la filosofía en general. Aquí hay tres
cosas básicas a mencionar: la neutralización humeana del racionalismo, su
influencia en el pensamiento de Kant y su posterior repercusión en corrientes del
siglo XX como el positivismo lógico. Si tratamos estos asuntos, nuestra valoración
del texto será más que correcta.