Este es un Comentario del texto de Marcos 15: 33- 41 de Hendriksen, W. (1998).
15:33–41 El
15:33–41 El Calvario: La muerte de Jesús
Cf. Mt. 27:45–56; Lc. 23:44–49; Jn. 19:25, 28–30
Es muy variada la extensión que los Evangelios dedican al tema del “Calvario: muerte de Jesús”
(Mr. 15:33–41 y paralelos). Expresadas en cifras redondas, el número de palabras dedicadas a
este tema en cada Evangelio (en el texto griego) es:
Mateo Marcos Lucas Juan
200 150 100 7027
Con la excepción de una diferencia importante, los relatos de Mateo y Marcos son casi
idénticos en contenido. Esta semejanza se da especialmente entre Marcos 15:33–37 y su
paralelo Mateo 27:45–50 (desde “tinieblas” hasta “muerte”). Dejamos para más adelante
algunas observaciones con respecto a ciertas leves diferencias en las palabras de a. el grito de
agonía, y b. el acto de la muerte de Cristo. También requiere atención especial el problema
relativo a Marcos 15:36b.
Se nota también un alto grado de semejanza en cuanto a la descripción de las mujeres que
estaban “mirando de lejos” (Mr. 15:40, 41; cf. Mt. 27:55, 56). Mateo presenta inmediatamente
a estas amistades de Jesús como las que “habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole”.
Marcos reserva esta descripción para el final del pasaje y le agrega unas pocas palabras.
También, en cuanto al apelativo descriptivo de Mateo “la madre de los hijos de Zebedeo”,
Marcos pone en su lugar el nombre: “Salomé”. Por lo demás, lo que se dice acerca de las
mujeres varía poco en estos dos Evangelios.
La mayor diferencia entre los dos relatos se halla en la mitad (Mr. 15:38, 39 y su paralelo Mt.
27:51–54). Allí, inmediatamente después de la mención de la muerte de Jesús, Mateo
menciona varias “señales” o acontecimientos asombrosos que ocurrieron. De todos ellos
Marcos registra solamente la rasgadura del velo y la confesión del centurión.
En su breve relato, Lucas añade las palabras “el sol se oscureció” (literalmente “se eclipsó”),
Mateo y Marcos escriben acerca de tres horas de oscuridad. Aun antes de indicar de qué
forma murió Jesús, Lucas explica que el velo del templo se rasgó por la mitad” (v. 45). Él mismo
ha conservado y transmitido a la iglesia la hermosa y conmovedora séptima palabra desde la
cruz (v. 46). Lucas guarda silencio en relación con la cuarta palabra, el grito de agonía y los
sucesos que tuvieron lugar en relación con él. Da su propia versión sobre la confesión del
centurión (v. 47); explica que después de la muerte de Jesús la multitud profundamente
conmovida volvió a sus casas golpeándose el pecho” (v. 48); y sin mencionar nombres, resume
brevemente lo que Mateo y Marcos dicen acerca de las mujeres que habían venido de Galilea
(v. 49).
En cuanto a Juan, entre las mujeres que están “cerca de la cruz” incluye a la madre de Jesús
(19:25). En los versículos 26, 27, que podrían tenerse en cuenta para su inclusión en el
727 Las cifras 196, 150, 95, y 70 son más exactas para Mateo, Marcos, Lucas y Juan
respectivamente. Si se agrega Jn. 19:26, 27, la última cifra aumenta a 109.
paralelismo general, “el discípulo a quien Jesús amaba” registra la quinta y también la sexta
palabra desde la cruz. (“Tengo sed” y “Consumado es”). Juan describe la muerte de Cristo con
estas palabras, “Y habiendo inclinado la cabeza entregó el espíritu”.
***
Las tinieblas
33. Y cuando llegó la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
Desde las nueve de la mañana hasta el mediodía, el Calvario fue un lugar de mucha actividad.
Los soldados habían realizado sus diversas tareas, según vemos en los versículos 22–27. La
gente que pasaba había blasfemado. Los principales sacerdotes y escribas se habían burlado.
Los ladrones le habían escarnecido, aunque uno de ellos se arrepintió después. Jesús había
pronunciado sus primeras tres palabras. Entonces, al mediodía, sucedió algo muy dramático.
Repentinamente la tierra se oscurece (cf. Am. 8:9). El mismo hecho que esta oscuridad se
mencione, muestra que debió ser intensa e inolvidable. Además, ocurrió a la hora más
inesperada, al mediodía, y duró tres horas.
Mucho se ha escrito acerca de estas tinieblas. ¿Cuál fue su causa? ¿Qué extensión abarcó?
¿Tuvo algún significado? En cuanto a lo primero, es muy poca la información que se nos da.
Con seguridad podemos afirmar, “Dios la provocó”. Esto es mucho mejor que decir que la
causó el diablo o la naturaleza. Pero al añadir la pregunta, “¿Por medio de qué la produjo
Dios?”, no es posible dar una respuesta completamente satisfactoria. Una repentina tormenta,
aun si hubiera durado tres horas, no habría cubierto todo el país, y tampoco se habría
considerado digna de especial mención. Una tormenta del desierto no se conoce que cause tal
oscuridad. Sin duda, Lucas 23:44, 45 parece darnos la respuesta que buscamos. ¿No dice (el
original) “el sol se eclipsó”? Pero, en primer lugar, la traducción no es enteramente segura.
Hay variantes. En segundo lugar, aun concediendo que “se eclipsó” sea lo correcto, no podría
referirse a un eclipse en el sentido técnico y astronómico, porque es imposible que hubiese
tenido lugar en tiempo de Pascua (luna llena). Además, ¡tal eclipse difícilmente duraría tres
horas! Pero si tomamos el término en su sentido amplio, a saber, “se oscureció”, volvemos
nuevamente al comienzo; se oscureció ¿por qué causa? La mejor respuesta es considerar lo
que sucedió aquí como un acto especial de Dios, un milagro, y no tratar de investigar más allá,
buscando un medio secundario.
¿Qué extensión abarcó? Aquí también debemos abstenernos de dar una respuesta definitiva.
No es ninguna solución decir que cuando el sol se oscurece la mitad del globo terráqueo debe
quedar en tinieblas. La luz del sol podría dejar de alumbrar a un solo país o región (véase Ex.
10:22, 23). Lutero, Calvino, Zahn, Ridderbos, etc. prefieren traducir “región” en lugar de tierra
en 15:33. Aun si la traducción “región” en lugar de “tierra” fuese correcta, que bien podría ser
el caso, debemos tener en cuenta que la oscuridad “cubrió toda la región”, y fue por tanto muy
extensa.
En cuanto a la tercera pregunta, “¿Tuvo algún significado?”. Lo correcto sería responder en
forma positiva. Tuvo un significado muy importante. Las tinieblas significan juicio, el juicio de
Dios sobre nuestros pecados, como si su ira se estuviera consumiendo en el mismo corazón de
Jesús, de modo que como sustituto nuestro, sufrió la más intensa agonía, una indescriptible
miseria, y el terrible aislamiento y abandono. El infierno fue al Calvario aquel día, y el Salvador
descendió a él y cargó con sus horrores en nuestro lugar. ¿Cómo sabemos que esta respuesta
es la correcta? Nótese lo siguiente:
a. En la Escritura las tinieblas son muy a menudo un símbolo de juicio. Véase Is. 5:30; 60:2; Jl.
2:30, 31; Am. 5:18, 20; Sof. 1:14–18; Mt. 24:29, 30; Hch. 2:20; 2 P. 2:17; Ap. 6:12–17.
b. A la vista de su muerte inminente, el Salvador mismo había declarado que daba y estaba a
punto de dar su vida en “rescate por muchos” (Mr. 10:45; cf. Mt. 20:28; 26:28).
c. La agonía sufrida por nuestro Señor durante aquellas tres horas fue tal que terminó
pronunciando en su exclamación las palabras del versículo 34, a las cuales dirigimos la atención
ahora:
El grito de agonía
34. Y a la hora novena, Jesús clamó con fuerte voz,
“¿Eloí, Eloí, lamá sabactaní?”,
que significa828
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
de morir, Jesús hizo uso de pasajes de los escritos sagrados una y otra vez.
Al lanzar este grito Jesús estaba usando palabras
tomadas del Antiguo Testamento, en este caso del Salmo 22:1 (22:2 en el original hebreo). No
debe pasar desapercibido el hecho de que, a menudo, durante su ministerio terrenal, Jesús
extrajo su fortaleza del Antiguo Testamento. Esto es evidente al hacer un estudio cuidadoso de
aquellas referencias dadas en
C
N
8828 La idea de que Jesús fue efectivamente “abandonado” por el Padre, según implica
claramente el grito de agonía, no es en modo alguno inconsistente con el amor de Dios, como
V. Taylor sostiene, Op. cit., p. 594. Véase sobre 15:22, nota 815 en relación con “que significa”.
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en las horas finales de su vida sobre la tierra, antes
de morir, Jesús hizo uso de pasajes de los escritos sagrados una y otra vez.
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas
expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en las horas finales de su vida
sobre la tierra, antes de morir, Jesús hizo uso de pasajes de los escritos sagrados una y otra
vez.
Expresiones de Jesús Referencias en al A. T.
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo
hacen). Pero incluso en las horas finales de su vida sobre la tierra, antes de morir, Jesús hizo uso de pasajes de los e
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
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T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
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T sobre Mateo, pp. 90–92 que presentan ciertas expresiones del Señor (aunque no todas lo hacen). Pero incluso en
Mt. 26:31; Mr. 14:27 Zac. 13:7
Mt. 26:64; Mr. 14:62;
Lc. 21:27; 22:69 Sal. 110:1; Dn. 7:13, 14
Mt. 27:46; Mr. 15:34 Sal. 22:1
Lc. 22:37 Is. 53:12
Lc. 23:30 Os. 10:8
Lc. 23:46 Sal. 31:5
Jn. 19:28 Sal. 22:15; 69:21
La relación entre las tinieblas y el grito es muy estrecha: lo primero es un símbolo del
contenido agonizante del segundo. Esta, entonces, es la cuarta palabra desde la cruz, la única
consignada por Mateo y Marcos. Salió de labios del Salvador poco antes de su postrer suspiro.
Los Evangelios nada dicen de lo que sucedió entre las doce y las tres. Lo único que sabemos es
que durante estas tres horas de negras tinieblas Jesús sufrió agonías indescriptibles. Estaba
siendo “hecho pecado” por nosotros (2 Co. 5:21), “una maldición” (Gá. 3:13). Estaba siendo
“herido por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados”. Jehová estaba cargando en él
“la iniquidad de todos nosotros”, etc. (Is. 53).
Es cierto que esto venía sucediendo durante todo el período de su humillación, desde la
concepción hasta la muerte y sepultura, pero sucedió especialmente en Getsemaní, Gábata, y
Gólgota.
Se suscita una pregunta: “¿Pero ¿cómo pudo Dios abandonar a Dios?”. La respuesta debe ser
que Dios el Padre desechó la naturaleza humana de su Hijo, y aun esto en un sentido limitado,
aunque muy real y agonizante. El significado no puede ser que hubo un momento en que Dios
el Padre dejó de amar a su Hijo. Ni puede significar que el Hijo alguna vez hubiese rechazado al
Padre. Lejos de esto, siguió llamándolo “Dios mío, Dios mío”. Y es por esta misma razón que
podemos estar seguros que Dios le amó igual que siempre.
¿Cómo podemos, entonces, atribuir algún significado sensato a esta expresión de honda
angustia? Tal vez una ilustración puede ser de ayuda, aunque debemos añadir inmediatamente
que ninguna analogía tomada de las cosas que suceden a los humanos en la tierra podrá jamás
CNT W. Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento
hacer justicia a la experiencia única del Hijo de Dios. Sin embargo, una ilustración puede
resultarnos útil en alguna medida. Digamos que tenemos un niño muy enfermo. Es muy tierno
todavía para entender por qué debe ser ingresado en un hospital, y especialmente por qué,
estando allí, debe estar en la unidad de cuidados intensivos, donde sus padres no siempre
pueden estar con él. Sus padres le aman igual que siempre. Pero pueden haber momentos en
que el niño echa de menos su presencia, hasta el punto de experimentar una angustia
profunda. Así también el Mediador. Su alma anhela a Aquel a quien llama “Dios mío”, pero su
Dios no le responde. ¿No es exactamente esta la forma en que el grito de agonía se interpreta
en el Salmo 22? Nótese:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?
Dios mío, clamo de día, y no respondes;
Y de noche, y no hay para mí reposo.
Para aquel Doliente que tenía un alma tan sensible, su terrible aislamiento debió ser una
agonía extrema, y más aun por el hecho de que sólo unas pocas horas antes había dicho a sus
discípulos, “He aquí la hora viene—y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su
lado, y me dejaréis solo; mas yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn. 16:32). Y un
poco más tarde había añadido en su conmovedora y hermosa Oración Sacerdotal, “Ahora
pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el
mundo fuese” (Jn. 17:5). Y ahora el Padre no responde, sino que le deja en manos de sus
adversarios. Hay que recordar otra vez los malos tratos y los sufrimientos que Jesús había
soportado ya aquella misma noche. ¿Es extraño que ahora exclame, “Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado?”. Su Dios y Padre no le habría abandonado a sus adversarios si no
hubiera sido necesario. Pero fue necesario, a fin de que pudiera padecer en toda su plenitud el
debido castigo por los pecados de su pueblo.
La burla
y la compasión
35, 36. Cuando algunos que allí estaban oyeron esto, dijeron, “¡Mirad! llama a Elías”. Alguien
corrió, empapó una esponja en vino agrio, lo puso en una caña, y le dio a beber, diciendo,
“Dejad[me], veamos si Elías viene para bajarlo. Jesús pronunció con voz muy fuerte la cuarta
palabra desde la cruz. Aunque no todos reconocieron aquellas palabras como cumplimiento de
las profecías, muchos de los que la oyeron pudieron haber reconocido la profecía del Salmo 22.
Muchos de sus pasajes se habían cumplido ya, o se estaban cumpliendo allí en el Calvario
(véanse vv. 1, 2, 7, 8, 12–14, 16–18). Pero tan potente y clara fue la voz, que no pudo haber
confusión acerca de lo que Jesús había dicho. Al menos, todos los que sabían arameo y hebreo
la entendieron.
Lo que se describe aquí en el versículo 35 es la burla de todas aquellas personas de corazón
endurecido que pretendían hacer creer a otros que Jesús clamaba a Elías pidiendo ayuda. Por
supuesto que ellos sabían bien que no era así. Pero la semejanza existente entre el hebreo
“Elí” o el arameo “Eloí” con el nombre del profeta del Antiguo Testamento era probablemente
lo suficientemente cercana como para que aquellas mentes y labios pervertidos pudieran
transformar esto en un vulgar chiste.829 Además, ¿no existía entre los judíos la creencia de que
9829 Varios expositores opinan que Jesús debió pronunciar su grito de agonía en hebreo—o sea,
“Elí, Elí”, como en Mt. 27:46. Se dice esto porque el arameo “Eloí, Eloí” no pudo haber dado
Elías introduciría al Mesías y que viviría junto a él por un tiempo como ayudante y libertador
de los que se hallaban a punto de perecer?
Pero aunque aquellos burladores tenían una buena diversión, había Uno que había oído el
grito de angustia e inmediatamente respondió. Era Dios el Padre, que en aquel mismo
momento puso fin al peso de la angustia de su Hijo, para que al Gran Doliente le fuese
permitido hallar algún alivio para sus labios y garganta abrasados por la sed. Esto es también el
cumplimiento del Salmo 22, concretamente del versículo 15. Entonces Jesús pronuncia la
quinta palabra, “Sed tengo” (Jn. 19:28). Inmediatamente alguien—sin duda un soldado,
obrando bajo las órdenes del centurión—tomó una esponja, la empapó con vino agrio o
vinagre, el vino barato que bebían los soldados y que era bueno para apagar la sed, puso la
esponja en la punta de una caña y la acercó a los labios de Jesús. Para más detalles sobre esto,
véase CNT sobre Juan 19:28.T sobre Juan 19:28.
No todos los que estaban cerca de la cruz aquel día tenían el mismo endurecimiento.
Quienquiera que fuera que dio la orden de hacer aquello—se supone que fue el centurión—
demostró verdadera compasión. Pero este en modo alguno era el sentimiento de todos. Los
endurecidos proseguían con su actitud de burla.
Según Mateo 27:49 aquellos burladores gritaban, “Deja”, o “Para”, “Veamos si viene Elías a
rescatarle”. Marcos abrevia. La oposición a lo que el soldado se disponía a hacer, expresada
con palabras explícitas en Mateo, en Marcos está implícito. Aquí en 15:36b el soldado
probablemente reacciona al clamor de los que se oponían. Lo que él quiso decir se puede
interpretar de una de las dos siguientes maneras, con muy poca diferencia en el resultado, si
es que hay alguna. Respondiendo a los que estaban allí dijo:
a. “Dejad (me)”, queriendo decir “dejadme darle esta bebida”. Continúa: “Veamos si viene
Elías y lo baja”; o simplemente:
b. “Veamos si Elías viene a bajarlo”. La razón por la que yo, por un estrecho margen, prefiero a.
se indica en la nota. En cualquier caso, el soldado (o quienquiera que fuese) prosigue para
terminar lo que había empezado a hacer, y le dice a la gente, directa o indirectamente, que
concentren su atención no en él sino en Jesús, con el fin de ver si Elías viene a bajarlo. En otras
palabras, se une a la burla de los que están allí. Cf. Lc. 23:36, 37. 830
base a confusión con Eliyyâhû (Elías). Así cree, por ejemplo, Taylor, Op. cit., p. 593. Esta
opinión podría ser correcta. Sin embargo, no necesariamente. No se ha demostrado que unas
personas de mente y corazón pervertidos, decididas a ridiculizar a Jesús, estuviesen
incapacitadas para relacionar Eloi con Elías. Debemos admitir que dado que Jesús hacía uso del
Salmo 22, bien pudo, por una vez, haber hecho una excepción y haber hablado en hebreo. Sin
embargo, generalmente hablaba arameo, lo cual es especialmente evidente en el Evangelio de
Marcos. Véanse 3:17; 5:41; 7:11; 7:34; 14:36.
T sobre Juan 19:28.CNT W. Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento
0830 Las interpretaciones de Marcos 15:35b ascienden a miles. Hay quienes ven una
contradicción entre Mateo y Marcos. Piensan que Mateo estaba corrigiendo a Marcos. Véase,
p. ej., V. Taylor, Op. cit., pp. 594, 595. Pero mientras Mateo informa lo que los endurecidos
espectadores le dicen al soldado, Marcos probablemente relata la reacción del soldado. Así
interpretado, no hay conflicto.
La mayoría de los traductores han adoptado un equivalente español que expresan dos
conceptos para Ἄφες (Ἄφετε) ἴδωμεν. Así, tanto en Mt. 27:49 como en Mr. 15:36, están en
La muerte
37. Entonces, con un fuerte grito, Jesús expiró. Obsérvese “con un fuerte grito” (cf. Mt. 27:50;
Lc. 23:46). Esto demuestra que el Gran Doliente no permitió que su vida se extinguiese poco a
poco, murió voluntariamente. Dio su vida, la derramó, la ofreció (Is. 53:12; Jn. 10:11, 15).
Entregó, dio su espíritu (Mt. 27:50; Jn. 19:30). Jesús sabía exactamente lo que hacía cuando se
ofreció a sí mismo como sacrificio voluntario. Esto es evidente según sus dos últimas palabras:
la sexta, “Consumado es” (Jn. 19:30), que significaba que la obra que el Padre le había dado
para hacer, ya se había cumplido; que ya había dada su vida en rescate por muchos (Mr. 10:45;
cf. Mt. 20:28); y la séptima, “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23:46), para
demostrar que había recuperado la plena consciencia de la amorosa presencia del Padre, y
encomendaba su espíritu al dulce cuidado del Padre. Así volvió a la gloria que había tenido con
él desde la eternidad (Jn. 17:5, 24; cf. Pr. 8:30). El Padre le recibió nuevamente en gloria, y la
mañana de la resurrección hizo retornar el espíritu de su Hijo a su cuerpo, para no morir ya
jamás. Es consolador saber que cuando Jesús fue al paraíso no lo hizo solo, sino que con él
llevó el alma del ladrón penitente (Lc. 23:43). 831
El velo del santuario
38. Y el velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo. En base a Hebreos 6:19; 9:3; y
10:20 lo natural es pensar en la cortina interior, “el segundo velo”, el que separaba el Lugar
Santo del Lugar Santísimo. Este segundo velo es el que se describe en Ex. 26:31–33; 36:35; 2
Cr. 3:14. Según la descripción de estos pasajes, las hebras de hilo azul, púrpura y escarlata
estaban entretejidas en una tela de lino blanco, de forma tal que estos colores dibujaban unos
querubines, aquellos ángeles guardianes de la santidad de Dios, como si estuviesen
favor de la traducción “¡Dejad, veamos” (VM, RV60); “¡déjenlo, a ver si …” (VP), “¡Quietos!, a
ver si …” (BP).
En armonía con BAGD, p. 126, otros tratan las dos palabras griegas como un solo concepto,
y en ambos pasajes (Mt. 27:49 y Mr. 15:36) traducen simplemente “Veamos”, sin asignar un
significado aparte a la forma de ἀφίημι, sino permitiéndola unirse a ἴδωμεν. Así CB, LT.
Tampoco debe considerarse esto incorrecto. Debe notarse, sin embargo, que no es
absolutamente necesario asignar el mismo significado a Ἄφες en Mt. 27:49 que el que se da a
Ἄφετε en Mr. 15:36. Debe tenerse presente que ἀφίημι tiene una amplia gama de significados:
dejar, expresar, enviar, divorciar, perdonar, suspender, detener, abandonar, tolerar, conceder,
permitir, etc.
Las dos situaciones descritas respectivamente en Mt. 27:49 y en Mr. 15:36 son
probablemente diferentes, por eso A. B. Bruce, Op. cit., p. 450 llama la atención a lo siguiente:
En Mt. 27:49 algunos le dicen a la persona amable que ofrece una bebida a Jesús, “Detente, no
le des la bebida”. En Mr. 15:36 el hombre que trajo la bebida dice a los que estaban allí,
“Dejadme (darle la bebida)”.
Con el fin de poner de relieve esta distinción, yo he traducido intencionalmente Ἄφετε
aquí en Mr. 15:36 de forma diferente que Ἄφες en Mt. 27:49, aunque junto con Bruce, admito
que otros traductores e intérpretes que traducen estas formas de ἀφίημι identicamente en
ambos pasajes, no caen necesariamente en error al hacerlo así.
1831 Resulta incongruente trazar una clara distinción entre ψυχή y πνεῦμα en base a
ἐξενπνευσεν (v. 37). Algunos lo hacen, para después abogar en favor de la tricotomía. Véase
más arriba sobre 8:12, nota 370.
simbólicamente vedando el paso al Lugar Santísimo. En Josefo, Guerra Judaica V. 212–214, se
hace una descripción del velo en el templo de Herodes.
En el momento de la muerte de Cristo, este velo se rasgó repentinamente en dos, de arriba
abajo. Esto sucedió a las 3 de la tarde cuando los sacerdotes debían hallarse ocupados en el
templo ¿Cómo sucedió esto? Por supuesto que no fue a causa del desgaste natural, porque en
tal caso habrían rasgaduras por todas partes, o la rasgadura habría sido más bien desde abajo
hacia arriba. Tampoco hay probabilidad alguna de que Mateo, que inmediatamente después
menciona un terremoto (27:51), esté tratando de dar la idea de que la rasgadura en dos del
velo la hubiese causado el terremoto. Si esta hubiera sido su intención, ¿no habría
mencionado el terremoto antes de la rasgadura del velo? Lo que sucedió debe considerarse un
milagro. No se menciona ningún medio secundario que pudiera haberlo producido y sería inútil
especular. En cuanto a su significado simbólico, esto es evidente por dos consideraciones:
primero, ocurrió exactamente en el instante en que Cristo murió; segundo, se explica en
Hebreos 10:19, 20: por la muerte de Cristo, simbolizada por la rasgadura del velo, el camino al
“Lugar Santísimo”, esto es, al cielo, está abierto para todos los que se refugian en él. Véase
Hebreos 4:16 para la lección práctica. Podría significar más, pero al limitar la interpretación
sólo a esto, creemos que andamos sobre seguro.
El centurión
39. Y cuando el centurión que estaba frente a él, vio que así había exclamado y expirado,
dijo, “Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios”.
El centurión había visto cómo se había comportado Jesús en medio de aquellos malvados
insultos y burlas. A continuación se produjo aquella fuerte exclamación. Fue una exclamación
de confianza, un grito por el cual Jesús voluntariamente se rendía a Aquél a quien aun
entonces llamaba Padre. Además, el centurión debió oír cómo los líderes judíos, hablando
entre sí, se habían burlado de la declaración de Jesús de ser el Hijo de Dios. Véase sobre Mt.
27:43. ¿Había oído tal vez el interrogatorio de Pilato a Jesús respecto a este mismo punto (Jn.
19:7ss)? Además de todo esto, el centurión había visto, y debió haber sentido, la forma en que
la naturaleza reaccionó ante la muerte de Jesús. Recuérdese el terremoto, las rocas que se
partieron y las tumbas que se abrieron. Cf. Mt. 27:51, 52, 54.
El centurión, entonces, combina todas estas impresiones, aunque el énfasis de Marcos está en
la impresión que causó en el hombre ¡la forma en que Jesús mismo murió! Estando justamente
frente a Jesús, el centurión le había observado muy cuidadosamente.
Con toda probabilidad aquel hombre no era judío. Su corazón no se había endurecido contra
Jesús como el corazón de mucho judíos, especialmente el de los dirigentes. Así que cuando
todo hubo terminado se le oyó exclamar, “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. No
sabemos si su conocimiento acerca de Cristo había llegado al punto de producir una confesión
de que Jesús fuera en el sentido único “el” Hijo de Dios. Por lo que respecta a la gramática
griega, ésta no nos da información sobre ese punto. 832 La leyenda dice que aquel hombre llegó
a ser cristiano. Esperamos que así sea. Lucas añade que el centurión “dio gloria a Dios,
diciendo: “verdaderamente este hombre era justo”. No hay ninguna contradicción aquí. Bien
pudo haber dicho las dos cosas.
2832 El texto griego no usa el artículo definido aquí, sino que dice simplemente υἱός. Por otro
lado, con nombres propios y títulos, las formas sin el articulo también pueden ser definidas.
Pueden ser definidas o indefinidas.
Mateo nos informa que no sólo el centurión sino también los soldados que estaban bajo su
mando se vieron igualmente afectados. Tampoco aquí hay contradicción. Es verdad que los
soldados se habían estado burlando (Lc. 23:36). Pero esto fue antes que ocurriera el terremoto
con sus efectos en las rocas y las tumbas. Los hombres que habían crucificado a Jesús
pudieron, ciertamente, haber cambiado su modo de pensar. ¿Acaso uno de los ladrones no se
burló primero y luego se arrepintió? Según Lucas 23:48 incluso la multitud en general al final se
sintió profundamente impresionada y “se volvían golpeándose el pecho”. 1
1 Hendriksen, W. (1998). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Marcos
(pp. 662–671). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.