Un baile especial 2
Sophie Saint Rose
Índice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Epílogo
Capítulo 1
Anne salió del coche mostrando su vestido de seda
azul. Apartó su melena rubia para colgarse el bolso del
hombro y le dijo al chófer —Enseguida bajamos, Tom.
—Entendido, señorita.
Cruzó la acera y unas chicas se detuvieron en seco al
verla antes de chillar como si fuera una estrella de cine. Una
pelirroja muy bonita se acercó con el móvil en la mano. —Es
usted Anne Snow, ¿no es cierto?
Sus ojos azules se entrecerraron. —Sí, soy yo.
—¿Podemos sacarnos una foto?
—No —dijo una voz muy seria tras ella antes de
cogerla por el brazo y meterla en la empresa.
Atónita miró el perfil de Tyger al que no había visto en
dos años. Y estaba igual. No, estaba todavía más guapo
porque se notaba que le había dado el sol y su cabello negro
parecía más oscuro. Dios, ¿estaba más fuerte? Pasmada no
se lo podía creer y se preguntó si estaba soñando mientras
su corazón casi chillaba de la alegría. —¿Qué haces aquí?
¿No estabas en Tokio?
—Si no estoy allí es por tu culpa —dijo entre dientes.
Se tensó por su tono. —¿Por mi culpa?
—Para controlar los daños que has causado a la
empresa. —La metió en el ascensor a rastras sin importarle
quien les viera y solo cuando se cerraron las puertas la soltó
para pulsar el último piso fulminándola con sus ojos verdes.
—Entiendo —dijo ya recuperada de la sorpresa—. ¿Los
accionistas te han llamado mucho por teléfono por la caída
de sus ganancias? —preguntó con burla.
—¡No tiene gracia! ¿Sabes cuánto nos ha costado tu
numerito? ¡Sesenta millones de dólares!
Se le cortó el aliento. —No exageres.
—¡No exagero nada! Adiós a los beneficios de este
año por los caprichos de una estúpida sin cerebro.
Perdió parte del color de la cara por la opinión que
tenía de ella, pero no debía extrañarle que pensara así
porque lo había hecho desde que la conocía y desde
entonces habían pasado trece años. —Hasta que no tengas
educación no quiero que vuelvas a dirigirme la palabra —
siseó antes de mirar al frente con intención de ignorarle.
—Joder, sigues siendo una niñata consentida y es
evidente que eso no cambiará nunca. ¿En estos dos meses
sabes las veces que he recibido ese video donde enseñas
las tetas en ese maldito club de striptease? ¡Lo ha visto
todo el mundo! —gritó sobresaltándola. Intentando que no
le afectaran sus palabras apretó las mandíbulas mirando las
puertas—. Eso por no hablar de lo que ha dicho la prensa.
¡Pero claro, como nunca lees el periódico seguro que ni te
has enterado! ¿Cómo se te ocurrió hacer algo así?
Le miró fríamente. —Será que no tenía con qué pagar
el gas después de que papá para darme una lección me
quitara la asignación.
La cogió por el brazo furioso. —¿Por eso lo hiciste?
¿Para que aprendiera?
—Yo no voy dando lecciones como vosotros. —Sonrió
con ironía. —Deberías estar contento si has visto el video,
porque le he sacado rendimiento a la barra. Me la regalaste
porque considerabas que estaba demasiado gorda. ¿Cómo
fue lo que dijiste en mi dieciocho cumpleaños? Úsala, te
vendrá bien para bajar peso. Pues le he sacado provecho.
Salió del ascensor dejándole con la palabra en la boca
y cuando se acercaba al despacho de su padre escuchó —
¡Anne ven aquí!
Atónita por su tono ante las secretarias se volvió. —
¿Pero quién te crees que eres para hablarme así?
—¡Alguien debería haberte hablado así hace mucho!
—Al darse cuenta de que las secretarias les miraban con los
ojos como platos gritó —¡A vuestras cosas!
Agacharon la mirada a toda prisa. La puerta del
despacho de Steven Snow se abrió de golpe y muy tenso
dijo —Entrad ahora mismo.
—¡Papá, este imbécil me ha insultado!
—¿Ahora vas a llorarle a tu papá? ¿Ahora?
Le miró como si quisiera matarle. —¡Métete en tus
cosas! ¡No sabes nada de lo que ha ocurrido! ¡No estabas
aquí!
—¡Entrad! —gritó su padre poniendo orden.
Tyger muy tenso entró en el despacho y ella le siguió
sintiendo que entraba en un consejo de guerra. Ese cabrito
iba a estropear la delicada relación que tenía con su padre.
Molesta entró en el despacho y Steven cerró. —¡Cómo se os
ocurre poneros a discutir en medio de la empresa!
—¡Ha empezado él a atacarme, papá!
—Ha empezado él a atacarme —repitió con burla.
—¿Quién es el niñato ahora?
Él entrecerró los ojos. —Me ganas por goleada. ¡Yo no
he hecho perder a la empresa sesenta millones de dólares!
¡Has jodido todo mi trabajo en la expansión en Tokio!
¡Nuestro posible socio se lo está pensando por la caída de
las acciones! ¿Sabes cuánto llevo tras él?
Se quedó sin aliento mirando a su padre. —¿Eso es
cierto?
Steven suspiró. —Desgraciadamente sí. —Miró a
Tyger. —Pero no es culpa suya.
—¡No la excuses! ¡Siempre la has consentido en todo
y estas son las consecuencias!
Separó los labios de la impresión porque era evidente
que no le tenía ningún respeto, ni siquiera ante su padre.
Steven la miró de reojo antes de ir hacia su mesa. —Es su
vida y puede hacer con ella lo que le venga en gana. Si las
acciones han caído es porque la empresa no es tan fuerte
como pensamos y no damos seguridad a nuestros
inversores.
—¿Pero qué coño me estás contando? ¡No damos
seguridad a nuestros inversores porque piensan que si no
puedes contener a tu hija cómo vas a poder dirigir una
empresa de este calibre! ¡Por eso hemos perdido su
confianza!
—Las acciones volverán a subir.
—¿Y lo perdido? —Miró a Anne como si quisiera
matarla. —Espero que la experiencia de dejar a tu padre en
ridículo haya merecido la pena.
Levantó la barbilla. —Te aseguro que no fue plato de
gusto, pero sí mereció la pena porque conseguí algo que
deseaba más que a nada.
Steven sonrió dejando a Tyger pasmado. —¿Qué
quieres que te diga? Es mi única hija y la adoro.
Anne sonrió. —Y yo a ti, papi. ¿Nos vamos a comer?
—No me lo puedo creer.
—Tyger es hora de que empieces a tomarte el trabajo
de otra manera.
—¿De otra manera? ¡Tú me hiciste así!
Hizo una mueca. —Igual fui demasiado duro. Tengo
que empezar a controlar mi carácter.
—Sí papá, que luego pasa lo que pasa.
Tyger no salía de su estupor. —Joder, ¿estás enfermo?
¡Porque tu comportamiento no es normal! ¡Te estás
muriendo!
—¿Yo? Estoy como un roble.
—¡Pues no lo entiendo! ¡Dile algo!
—¿El qué?
—¡Pues qué coño sé! ¡Échale la bronca!
—Mi hija y yo ya hemos hablado del asunto y no
volverá a ocurrir.
—¡Hace dos minutos estaba a punto de hacerse una
foto como si fuera una estrella del rock! ¡Está orgullosa de
lo que ha hecho!
—Es que estaba preciosa y lo hizo muy bien.
Se sonrojó de gusto. —¿De veras? Pues estaba de los
nervios.
—¿Que lo hizo muy bien? —Parecía que iba a darle
una apoplejía y Anne reprimió la risa. —¿Te hace gracia?
—Tu cara sí —dijo con descaro.
—Te juro que…
—¿Qué? —preguntó con chulería.
Él entrecerró los ojos mientras Steven la cogía del
brazo y la llevaba hasta la puerta —Vamos cielo, que parece
a punto de tirarse sobre ti.
—Papá, deberías atarle en corto. Se toma demasiadas
libertades.
—Cielo, es Tyger, es como de la familia.
—Más quisiera —dijo mirándole maliciosa.
—Te voy a…
—Uy, que se encabrita.
Su padre se echó a reír a carcajadas sacándola del
despacho. —Serás provocadora.
Sonrió satisfecha consigo misma. Hace un año ni se le
hubiera ocurrido replicarle, pero eso había cambiado. Todo
lo ocurrido la había cambiado y ahora era otra Anne. Y esa
Anne ya no se dejaba pisar por nadie. Ni siquiera por él.
Bufó repasando su pequeño vestuario. La verdad es
que después de venderlo casi todo por internet no es que
tuviera muchas opciones. Pero se negaba a gastar su
manutención en ropa hasta que no tuviera algunos ahorros.
Apretó los labios porque había aprendido muy bien la
lección.
—Hija, ¿estás ahí?
Mierda. —Sí, mamá. Estoy en el dormitorio.
Marilyn Snow entró con su Birkin nuevo en la mano y
miró espantada los pocos muebles que tenía. —Mamá, la
llave que te di era para emergencias.
—Esto es una emergencia. ¿Y los muebles?
—Esto era lo que había cuando lo alquilé.
—¡Pues vuelve a casa! ¿Prefieres esto a un ático en la
Quinta avenida?
—Quiero vivir sola.
Cogió un vestido rojo y su madre apretó los labios al
ver que se lo ponía delante. —Es de hace tres temporadas.
—¿Y? Solo me lo he puesto una vez.
—¿Tu padre no te da dinero para estas cosas?
—Sí, pero por si acaso…
Marilyn la miró con pena. —No va a volver a hacerlo.
—No quiero hablar más de esto.
—Sé que te mentí, pero…
—¡Mamá!
Su madre agachó la mirada. —Tenía que haberte dicho
la verdad desde el principio.
—Sí, tenías que haberlo hecho. Y él no tenía que
haberse comportado así, pero lo hecho, hecho está y no hay
que darle más vueltas. Mamá, tengo una cena con papá en
una hora, ¿qué quieres?
—Me caso.
Dejó caer el vestido de la impresión y se volvió
lentamente para mirar sus ojos azules. No, no era broma. —
¿Cómo has dicho?
Levantó la barbilla. —James me lo pidió ayer por la
noche y le he dicho que sí.
Sintió que se le paralizaba el corazón. —Si no le
quieres. ¡Sé que no le quieres! —Su madre suspiró
sentándose en la cama. —¡Quieres a papá!
—Pero él no me quiere a mí y nunca me perdonará. No
quiero pasar el resto de mi vida sola. James me quiere, nos
llevamos bien.
—¡Vas a casarte con tu amante! ¡Has destrozado tu
matrimonio por él, tu vida por él y piensas seguir!
Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Ya no hay vuelta
atrás.
—Sí que la hay. ¡Pídele perdón!
—¡No quiere escucharme, Anne! ¡Si ha accedido a
darme una pensión ha sido por ti, por lo que hiciste al
dejarle en evidencia! Le hubiera dado igual dejarme en la
indigencia. ¡Para él estoy muerta!
Pálida negó con la cabeza. —No puedo creer que le
hayas dicho que sí a ese idiota.
—Anne…
—Vas a destrozar tu vida.
Se miró las manos ahora sin anillos porque los había
vendido hacía meses para pagar los carísimos gastos de la
casa donde vivían. —No quiero llegar a casa y estar sola.
—¡No me hagas sentir culpable por haberme ido
después de lo que hiciste! ¡Me mentiste! ¡Dijiste que papá
se lo había imaginado todo y llevabas con él meses! Me
hiciste ponerme de tu lado y…
—¡No podía perderte también a ti! —gritó desgarrada
cortándole el aliento. Le rogó con la mirada—. ¿No lo
entiendes? Ya no me quedaba nada. —Se echó a llorar
tapándose el rostro y Anne emocionada se acercó a ella
sentándose a su lado para abrazarla por los hombros. —Lo
siento —susurró su madre sin dejar de llorar.
—Sé que lo sientes. Me lo has dicho mil veces. Lo que
no entiendo es por qué lo hiciste. —Su madre levantó la
vista palideciendo porque nunca habían hablado de ello. —
¿Por qué? Te amaba, lo sabías. Siempre te amó. ¿Por qué le
hiciste tanto daño?
—No me odies —dijo aterrada.
—Mamá, nunca podría odiarte. Pero dímelo, necesito
comprenderlo.
—¿Recuerdas cuando me contaste que antes de salir
al escenario en ese club de striptease el dueño llamó a tu
padre para contarle lo que ibas a hacer a ver si así abría los
ojos y lo impedía?
—Sí. Pero papá no hizo nada.
—Tampoco impidió que le fuera infiel.
Se le cortó el aliento. —¿Qué?
—Durante los últimos años de nuestro matrimonio me
sentía como un florero a su lado. La pasión ya no existía.
Llegaba a la cama y se llevaba el trabajo. Casi ni hablaba
conmigo. Entonces llegó James. En una fiesta me di cuenta
de que me deseaba y pensé en provocar a tu padre. Le di
todas las señales que se le pueden dar a un hombre.
Tonteaba con él ante sus narices, me llamaba… Quería que
hiciera algo, ¿y qué hizo? Ponerme un detective. Después de
un mes James se impacientaba y qué quieres que te diga,
yo estaba…
—Cabreada.
—No. —Negó con la cabeza mirando al vacío. —
Decepcionada, triste y rota porque ya no era importante
para el amor de mi vida, pero cabreada no. Una tarde quedé
con James. Se dio cuenta enseguida de que no estaba bien.
Él me escucha, ¿sabes? Le importo y sucedió.
—¿Te arrepentiste?
—Al principio sí, pero pasadas unas semanas ya no.
James me hace reír, demuestra que soy importante para él
y lo sigue demostrando porque quiere que comparta su
vida. Así que he aceptado. —Se limpió las lágrimas y se
levantó. —Bueno, ya está. Ya lo sabes todo.
Lo sintió muchísimo por ella. Por los dos porque
habían roto su matrimonio aun queriéndose. —Lo siento,
mamá.
—Bah, el dolor ya no es insoportable, ¿sabes? Todo
pasa. Con James llevaré una buena vida. Nos
comprendemos y nos apoyamos.
—Pero no le amas.
Tomando aire miró a su alrededor. —El piso no está
tan mal. Igual una mano de pintura… Si quieres llamo a un
decorador buenísimo que…
—Mamá, quiero hacerlo yo.
—Muy bien, no digo nada más. Te dejo para que te
arregles.
—Mamá…. —Se volvió ya en la puerta. —¿Y tu anillo?
Se miró la mano. —Oh, me quedaba algo grande y hay
que arreglarlo.
—¿No crees que esa no es una buena señal?
—No, cielo.
—¿El de papá no te quedaba perfecto?
—Déjalo, por favor. ¿Vendrás a la boda?
¿Para ver cómo seguía destrozando su vida? Los ojos
de su madre reflejaban la angustia que sentía a que dijera
que no, así que forzó una sonrisa. —Sí, iré a la boda.
Sonrió. —Gracias. Te llamo mañana.
—Te quiero.
—Y yo a ti, mi cielo.
Capítulo 2
Sentada a la mesa miraba al vacío acariciando su
copa de vino mientras aquellos hombres influyentes no
dejaban de hablar. Levantó la vista hacia la señora Curtis
que llevaba sin abrir el pico una hora por no molestar. Vio
como miraba su carísimo reloj discretamente antes de coger
su copa de agua. No podía dejar de pensar en todo lo que le
había dicho su madre. En todo lo que debía haber sufrido
por el abandono de su padre. ¿Quién había abandonado a
quién? Todavía no se podía creer lo que había pasado ese
último año cuando siempre había creído que eran una
familia feliz.
El camarero se acercó a ella y le dijo al oído —Tiene
una llamada, señorita Snow.
Le miró extrañada. —¿Una llamada?
—Si me acompaña…
—¿Me disculpan? —preguntó cogiendo su bolso de
mano.
—Sí, por supuesto —dijo la esposa de uno de los
principales inversores de su padre.
Siguió al camarero hasta un teléfono negro que había
sobre la barra y cogió el auricular dando las gracias al
camarero. Se lo puso al oído. —¿Diga?
—Haz el favor de hablar con tus compañeras de mesa,
joder.
Frunció el ceño. —¿Tyger? —Miró hacia allí para ver
que no estaba en la mesa y ella ni se había dado cuenta de
que se levantaba. Puso los ojos en blanco. —¿Estás
encerrado en el baño?
—Últimamente tienes mucho sentido del humor. ¡Si no
ibas hacer caso a nadie no sé por qué has venido a esta
cena, joder!
Vaya, al parecer iba a criticar todo lo que hacía. —
¿Quieres que anime la velada? —preguntó como si nada.
—¿Qué?
—Pues espera, que la voy a animar. —Colgó el
teléfono y fue hacia la mesa. Su padre al verla llegar frunció
el ceño y le preguntó con la mirada qué pasaba. Ella
sonriendo negó con la cabeza haciendo que todo estaba
bien. En ese momento llegó Tyger que se sentó frente a ella
advirtiéndola con la mirada. Levantó la barbilla retándole. —
Padre…
Este que estaba hablando con el señor Curtis se
quedó con la palabra en la boca mirándola. —Ya está bien
de hablar de negocios. Estáis desatendiendo a vuestras
esposas.
—Es que se ponen tan pesados con la empresa que se
vuelven insoportables —dijo la señora Curtis. Soltó una risita
—. A veces hasta sueña con acciones.
—Son insoportables —dijo Catherine Rogers
demostrando que estaba harta de esas cenas—. La verdad
es que ni sé para qué vengo.
Su marido carraspeó incómodo. —Cielo, ¿qué dices?
—¿Qué digo? ¡Qué estoy harta! ¿Cuándo vamos a
cenar juntos para algo que no tenga que ver con negocios?
¿Cuántas veces puedo hablar del tiempo con personas que
no conozco de nada?
—¿Crees que es el sitio apropiado para hablar de
esto? —siseó.
—¿Cuántas pensáis así? —preguntó ella interesada
apoyando los codos sobre la mesa.
—Anne no creo que este tema sea apropiado para la
cena —dijo Tyger.
—¿Por qué? —Miró a su padre. —¿No es un tema
apropiado, papá?
—Hija, estás provocando una situación realmente
incómoda, la verdad.
—Oh… Eso me pasa por hablar. Pero claro, es que se
suponía que yo venía de florero y me he saltado las normas.
—Miró a la señora Curtis. —¿Qué opina de este maravilloso
tiempo que estamos teniendo?
—Como te he dicho hace una hora, espero que siga
así el fin de semana, aunque no sé para qué porque mi
marido se va de viaje de negocios y yo me voy a quedar
sola en casa.
—Será mejor que bebamos una buena copa de vino
para aguantar este coñazo de cena —dijo la señora Rogers
antes de levantar la mano y gritar —¡Camarero, la botella!
—Catherine me estás dejando en evidencia, será
mejor que nos vayamos.
—¿Ahora que empieza lo bueno?
—¿Pero qué diablos te pasa?
—¿No te lo he dicho ya? —preguntó con ironía antes
de mirarla—. ¿No lo he dicho?
—Sí, ha dicho que está muy harta.
—Pues él no lo ha oído y eso que lo he dicho bien alto.
—Arrebató la botella al camarero y sirvió la copa hasta el
borde mientras su marido la miraba como si le hubieran
salido cuernos. —Pero es así siempre, soy invisible.
—Excepto cuando metes la pata —apostilló la señora
Colter que hasta ese momento no había abierto la boca—.
Cuando decimos algo que no les conviene siempre se dan
cuenta.
—¿Eso no demuestra que te escucho, querida? —
preguntó su marido cogiendo su copa.
—Cielo, mientras te vestías te he dicho el color que
quiere la niña para las damas de honor. ¿Qué color era?
Su cara lo dijo todo y las mujeres suspiraron. Sin
poder evitarlo sus ojos fueron a parar a los de su padre que
apretó los labios antes de agachar la mirada.
—¡Era violeta!
La mujer chasqueó la lengua. —Rosa, cielo. No te
esfuerces que te estás poniendo rojo. Esas neuronas no dan
para más.
Anne suspiró apartando el plato. —Vamos a ver, ¿no
tenéis suficiente con ocho horas en la oficina con comidas
incluidas, que tenéis que arrastrarnos a cenas interminables
para hablar siempre de lo mismo?
Las mujeres miraron a sus hombres esperando su
respuesta, pero estos azorados ni sabían qué decir.
—Hija, ya está bien. Estás provocando un conflicto
entre nuestros invitados —dijo molesto.
—¿Por qué? Si no hubiera un problema no habría
conflicto. O es que estáis tan ciegos que no lo veis o sois
idiotas y preferís ignorarlo para vivir como os dé la gana.
—No es tu problema los conflictos que tengan otras
personas —dijo Tyger entre dientes.
—¿No? Estoy en esta cena como ellas y no me habéis
dirigido la palabra ni una sola vez. Esperáis que haga mi
papel como anfitriona y me encargue de ellas para
desentenderos del problema. ¡Porque sabéis que hay un
problema! ¿Para qué nos hacéis venir? —Separó los labios
de la impresión. —A no ser que mamá tenga razón y
realmente seamos floreros. Otro artículo que exhibir como
un coche último modelo. ¿Es eso?
—Sabía que tu madre tenía algo que ver en esto —dijo
Steven entre dientes.
—Igual si te hubieras enfrentado al problema ella
estaría aquí. Pero la has perdido. ¡Cómo estos perderán a
sus mujeres por ignorarlas!
—Cielo, yo te quiero —dijo el señor Rogers.
—¿De veras? —preguntó ella como si le importara un
pito. Esta cogió su bolso de mano y se levantó con una
irónica sonrisa en el rostro. —Creo que ya es demasiado
tarde —dijo a su pasmado marido—. Mi abogado te enviará
los papeles del divorcio. Que tengan buena noche.
—Catherine, espera… —El hombre la siguió tirando la
silla y todo en su prisa por llegar a ella.
Se hizo un silencio sepulcral y Tyger la fulminó con la
mirada. —¿Has visto lo que has hecho?
—¿Crees que unas palabras mías van a provocar un
divorcio? Esa llevaba pensándolo desde hace mucho.
—Sí, era evidente —dijo la señora Curtis—. Cuando
hay ese desprecio por parte de uno de los dos la pareja no
dura mucho. —Miró a su marido. —Toma nota.
Se levantó cogiendo su bolso. —Deberían tomar todos
nota porque lo que acabamos de ver es su futuro.
Las mujeres asintieron dejándolos de piedra. —
¿Señoras? ¿Nos vamos a tomar una copa mientras ellos
recapacitan? Creo que necesitamos relajarnos un poco
después de esta interesante cena.
—Me apunto —dijo la señora Curtis.
—¡Grace!
—Es hora de que me desmelene un poco. —Se acercó
a su marido. —¡Y me tienes muy harta!
Con los ojos como platos él dijo —Una copita no te
vendrá mal.
—No te estaba pidiendo permiso —dijo entre dientes
—. ¿Glory? Nos vamos.
La señora Colter se levantó y su marido no dijo ni pío.
—Buenas noches cielito.
—Que lo pases bien —dijo casi sin voz.
—Eso pienso hacer. No me esperes despierto.
Se fueron mientras sus maridos las observaban
pasmados. Cuando salieron del restaurante los presentes
volvieron la vista hacia Steven que carraspeó. —La niña me
ha salido rebelde, ¿qué queréis que os diga?
—Eso será ahora, porque jamás la había visto
comportarse así —dijo Tyger sin salir de su asombro.
—El divorcio la ha afectado muchísimo. Está…
cambiada. Lo pasó muy mal y mi comportamiento no fue el
mejor. —Levantó una mano al camarero. —Un whisky. Doble.
—Que sean cuatro —dijo Tyger—. Mejor traiga la
botella.
—Sí, señor Cassady.
—No te disculpes —siseó Tyger por lo bajo.
—¿Por qué? ¡Cómo ha demostrado si Marilyn me fue
infiel también fue culpa mía!
—La mía me fue infiel hace un año —dijo el señor
Curtis dejando a Tyger de piedra.
—¿Y lo acepta?
—Qué remedio, hijo. Me había pillado con mi
secretaria. —Bebió su whisky de golpe e hizo una mueca. —
Joder, cómo necesitaba esto.
El señor Colter suspiró apoyando los codos sobre la
mesa. —Lo que su hija ha demostrado es que nuestro modo
de vida no es el más adecuado para una familia. Es cierto
que me he desentendido del todo de la boda de mi hija. De
hecho siempre he dado por supuesto que ella se encargaba
de todo. De su crianza, de su educación, sus enfermedades
y todo lo demás. Y esta cena me ha demostrado lo egoísta
que he sido.
—¡No me joda, trabaja doce horas al día! —exclamó
Tyger—. ¿Qué se supone que va a hacer ella? ¿Mirar las
musarañas? Algo tendrá que hacer para colaborar en ese
nivel de vida que usted le proporciona.
—Hijo, no tienes ni idea de lo que hablas. Cómo se
nota que no estás casado —dijo el señor Curtis—. Mi esposa
se levanta a las cinco de la mañana para hacer una hora y
media de ejercicio con su preparador físico. Desayuna y
luego va a despertar a los niños. Se pasa todo el día de un
lado para otro organizando cenas, se encarga de supervisar
el trabajo de la casa y miles de cosas más que a mí ni se me
pasarían por la cabeza. Jamás me preocupo por esas cosas
porque está ella, ¿pero y si me dejara?
Todos miraron a Steven que apretó los labios antes de
beber de su whisky. —Mi hija ya es mayor y tengo un
mayordomo muy eficiente.
—Exacto. —Le miraron sin comprender. —Se sienten
como otro empleado más. Si cuando llegamos a casa o
cuando salimos con ellas no les hacemos caso, ¿qué sentido
tiene el matrimonio? Quieren sentirse queridas, si no les
damos eso, ¿para qué van a estar con nosotros?
Se hizo el silencio en la mesa. —Entender eso me
llevó un año de terapia matrimonial después de que nos
fuéramos infieles. Como dijo la psicóloga fue un toque de
atención, pero es evidente que no he aprendido la lección
porque estoy empezando a cometer los mismos errores.
Tyger miró a Steven. —¿Tú te diste cuenta de algo
antes de…?
Él apretó los labios. —Siempre hay señales, hijo.
—Joder.
—De repente está más contenta e ignora aquello que
le sacaba de quicio —dijo el señor Curtis—. Ya no ve tan mal
los viajes de negocios y cosas así…
—Porque así tiene más tiempo para estar con su
amante —dijo Tyger.
—Exacto. Sabía que lo hacía por venganza, pero os
juro que se me pusieron por corbata pensando que le
elegiría a él. Lo hablamos e intentamos solucionarlo.
—Menos mal que yo no tengo ese problema —dijo el
señor Colter haciendo que todos le miraran—. ¿Qué? Mi
esposa jamás me sería infiel. Si me ha aguantado tantos
años es que me quiere con locura.
—Igual es que no la has pillado —dijo Steven antes de
beber de su whisky.
Hizo una mueca. —Eso también puede ser.
—¿Es que no hay un matrimonio normal en esta
maldita ciudad? —preguntó Tyger asombrado.
—Hijo, esto es lo normal. Te asombraría saber cuántos
matrimonios infieles hay por ahí —dijo el señor Curtis.
—Entonces no es culpa de nuestro trabajo —dijo él
entre dientes.
—Ah, la teoría de que somos infieles por naturaleza.
—El señor Curtis sonrió divertido. —Intenté aplicarla en la
terapia y me pusieron verde.
—Lo que Matt está intentando explicar es que si dejas
de regar una planta, esta se marchita y puede que otro vaya
a regarla por ti. No te sorprendas si te roban el tiesto.
Steven apretó los labios mientras Tyger le miraba de
reojo. —No fue culpa tuya.
—En parte sí que lo fue. Como ha dicho mi hija la
ignoraba, daba por supuesto que estaba ahí y no quise ver
las señales, que hubo muchas. Incluso antes de que me
fuera infiel me di cuenta de que él le interesaba y no hice
nada. Si hubiera hablado con ella, pero mi maldito orgullo
me lo impidió. Hice que no pasaba nada hasta que la pillé
con él en nuestra propia casa durante una fiesta. Ahí me
golpeé con la realidad y me dejé llevar por la ira. —Le miró
a los ojos. —Y fue Anne quien pagó las consecuencias
porque su madre le mintió y la creyó a pies juntillas.
—Explícate —dijo asombrado.
Apretó los labios y los hombres carraspearon. —Creo
que es mejor que nos retiremos a esperar a nuestras
esposas en casa.
—Sí, Matt. Yo también me retiro. Steven, ¿el trato está
cerrado?
—Por supuesto.
—Hablaremos en horas de oficina.
Se retiraron y Tyger le miró fijamente. Steven sonrió
con ironía. —No he sido del todo sincero. Ellos estaban
delante y es la versión que conoce todo el mundo, así que
he dicho lo que ya se sabía por el juicio. —Tyger asintió
entendiendo. —Es cierto que hubo señales, pero no las tomé
en cuenta porque no creía que Marilyn fuera capaz de hacer
una cosa así. Llevábamos treinta años casados, por el amor
de Dios. Me amaba y yo a ella y jamás hubiera pensado que
sería capaz de esa traición. Pero ocurrió algo que me
mosqueó y contraté un detective. Cuando la sorprendí en
nuestra habitación con él solo se estaban besando en el
vestidor, pero en aquel momento yo ya tenía unas fotos de
ellos dos en la cama que me había conseguido un detective.
Pero de esas fotos no le dije nada a nadie para que la
prensa no hiciera su agosto. Simplemente presenté la
demanda de divorcio porque tenía otras pruebas de su
infidelidad. —Suspiró pasándose la mano por la barbilla
antes de beber. —El juicio fue desgarrador y la prensa
estaba como loca. Sus continuas llamadas con él y que
varios testigos fueron al juicio me ayudaron en el proceso,
pero aquello se alargaba y solicité una reunión con ella para
acabar cuanto antes. Le mostré las fotos. Tenías que haberla
visto, estaba pálida, no se lo esperaba. Lo sabías, decía una
y otra vez. Entonces me rogó que no las mostrara en el
juicio, que no podía perder a Anne. ¿Qué pensaría su hija? —
Sonrió con desprecio. —Como si no fuera hija mía.
—No querías humillar a Anne, por eso no las
mostraste desde el principio.
Asintió. —Y a cambio obtendría mi venganza. En ese
momento ya estaba dispuesta a firmar cualquier cosa.
—No se llevaría nada de ese matrimonio.
—Excepto la casa, siempre y cuando pudiera
mantenerla. Solo eso. Pero al salir del juicio y ver el
desprecio en la mirada de mi hija, te juro que algo se me
revolvió por dentro, así que le quité la manutención porque
sabía que ella la mantendría con mi dinero.
—Joder, Steven.
—Mi hija me llamó llorando sin entender lo que estaba
pasando. Primero dejo a su madre, que para ella no había
hecho nada por mucho que yo dijera que sí y después le
quito la manutención. Tendrías que haberla oído. ¿Quieres
que acabemos en la calle? ¡Cuándo dejamos de importarte!
—Apretó el vaso entre sus manos. —Pero yo estaba ciego.
Me levantaba odiando a la mujer que había compartido mi
vida y me acostaba pensando en ello. Sabía por Jeff, el
portero del edificio, que vendían cosas para mantenerse.
Algunas joyas, muebles que llevaban en la casa toda la vida,
aparatos de gimnasia… Fueron deshaciéndose de todo poco
a poco para pagar los gastos de la casa y pasaron los
meses.
—Y llegó lo del club.
—Cuando me llamó ese desalmado para decirme que
mi hija iba a trabajar allí, yo ya estaba sobre aviso por un
conocido que precisamente estaba en el local cuando ella
fue a pedir el empleo, así que me esperaba esa llamada y
escuché fríamente cómo me chantajeaba. Necesita el
dinero, me dijo. Pero usted puede impedir esto.
—Te pidió pasta por no dejarla actuar.
—Creí que Anne no se atrevería. ¿Mi hija? No, mi hija
no haría tal cosa.
—Creíste que era un farol. Siempre fue muy tímida.
—Cuando vi el video no me lo podía creer.
—Como yo.
—La prensa estaba como loca y aunque ella no dio
declaraciones se enteraron de que necesitaba el dinero.
—Algo incomprensible al ser la hija de uno de los
hombres más poderosos de Manhattan.
—Estaba furioso. Mi hija exhibiéndose de esa manera
por unos billetes.
Tyger retuvo el aliento. —¿Qué hiciste?
—El dueño del club me llamó de nuevo. Estaba
enfadado con ella porque creía que le había utilizado y me
ofreció un enfrentamiento con Anne ante la prensa.
—A cambio de algo, supongo.
—Estoy teniendo pérdidas porque nadie entra en el
club al tener esos periodistas fuera. Quiero sacar algo de
esto. Yo también soy un hombre de negocios.
—¿Qué pasó después?
—Cuando llegué allí se me cayó el mundo a los pies.
Entré en aquel reservado, un lugar oscuro y cutre donde
había una plataforma en forma de cama redonda. Se me
revolvieron las tripas al pensar lo que ocurría allí cada
noche. —Tyger se tensó mientras él continuaba. —Me di de
golpe contra la realidad y le dije al periodista que se largara.
Cuando mi niña llegó vestida de cabaretera ya no lo soporté
más y le rogué que dejáramos de hacernos daño. Se puso a
llorar. Nunca había visto a mi hija llorar así —dijo con la voz
tomada de la emoción.
—Joder, Steven.
—Estaba rota y le confesé la verdad sobre las fotos. —
Se quedó mirando su vaso. —Yo destrocé a mi hija.
—¡Marilyn le mintió!
—Pero yo destrocé su corazón. Yo se lo rompí en mil
pedazos y nuestra relación nunca será igual por mucho que
lo intente. —Sonrió con pena. —Y esa es la historia, así que
no te sorprendas tanto porque ahora salte a la primera de
cambio.
—¡Lo de esta noche no tiene justificación!
—Sí que la tiene. Marilyn va a casarse de nuevo.
Tyger se quedó de piedra. —¿Cómo lo sabes?
—Él compró el anillo en Tiffany y le vio un conocido.
Apoyó la espalda en el respaldo de la silla. —¿Aún la
amas?
Se quedó mirando al vacío. —¿Se puede seguir
amando a una persona que has odiado tanto? Porque la he
odiado, hijo. Y más después de ver en lo que había
convertido a mi hija con sus mentiras. Los dos la
convertimos en esa mujer a la que ya no le importa decir lo
que piensa aún a costa de dejarme en ridículo. No puede
evitarlo. Ya no se deja nada dentro.
—Sigue guardándote rencor.
—Sí. Porque no entiende por qué tuve que hacerle
daño a ella para conseguir mis propósitos y tiene razón.
—¿Y a su madre la odia?
—Te aseguro que a su madre tampoco la ha
perdonado. Para limar asperezas ahora le paso una pensión
generosa a Marilyn y como ya no tiene que mantenerla se
ha ido de casa.
—¿Se ha ido de casa? —preguntó espantado—. ¿A
dónde?
—A un piso en Little Italy que es una mierda. —Gruñó.
—Ni quiso irse a uno de los que yo arriendo. Quiero ser más
independiente, papá. Saber lo que cuestan las cosas.
—¡Pero si la mantienes! ¡Esto es ridículo!
—¿Recuerdas que tengo acceso a sus cuentas? —
Tyger asintió. —No gasta nada que no sea comida o alquiler.
—Su protegido separó los labios de la impresión. —Ni tiene
quien le haga la colada. Lo ahorra todo. De hecho, en estos
dos meses ha ahorrado diecisiete mil pavos. Lo único que se
llevó de casa de su madre aparte de sus efectos personales
fue la barra de striptease que tenía en su habitación. Nada
más. —Bebió de su whisky. —¿Te das cuenta hasta qué
punto he marcado a mi hija? Joder, si tuvo que vender hasta
el reloj que le regalé para pagar deudas. Cuando le compré
otro hace un mes me miró decepcionada y dijo que lo
devolviera, que ahora miraba siempre la hora en el móvil.
Todo lo que antes le parecía divertido ahora lo ve una
estupidez.
—¿Y sus amigas?
—¿Qué amigas? Durante el año en que ocurrió todo la
fueron dejando de lado. Ya no podía ir de compras ni a
fiestas con un vestido nuevo. No podía pagarse unas
vacaciones, ¿cómo iba a hacerlo si no podía ni pagarse una
hamburguesa?
—¿Tan mal fueron las cosas?
Agachó la mirada. —Cuando sucedió lo del reloj y vi
las cuentas me preocupé y llamé a Marilyn. —Hundido se
pasó la mano por la frente y Tyger impresionado vio como le
temblaba. —Entonces me contó que habían vendido por
internet todo lo que poseían. Que la niña había intentado
buscar trabajo de cualquier cosa, pero nadie quería
contratarla y a ella tampoco. Pasaron hambre, Tyger —dijo
deshecho.
Se tensó con fuerza. —¿Qué coño me estás diciendo,
Steven?
—La minuta de los abogados fue escandalosa. Más de
trescientos mil dólares que tuvieron que pagar con lo que yo
les había dejado, porque amenazaron con demandarlas.
Vendieron todo lo que pudieron para pagar los gastos de los
abogados, del piso... Mi hija hasta vendió su ropa en
internet. Acabó en ese club por pura desesperación.
—¿Por qué no me llamó? —preguntó furioso.
—¿Para qué? Ella sabía que no podía contar contigo,
siempre os habéis llevado mal. Anne veía en ti al hijo que
nunca tuve y envidiaba nuestra relación. Tú veías en ella a
una malcriada que no hacía nada provechoso en la vida.
Se quedaron en silencio varios minutos en los que solo
bebieron. —¿Por qué no me contaste nada de lo que
ocurría? —preguntó entre dientes—. Solo me dijiste que te
ibas a divorciar y era evidente que no querías profundizar
en el tema, joder. ¿Por qué no fuiste sincero?
—No quería involucrarte en esto.
—¿Entonces por qué me has llamado?
Steven miró a Tyger directamente a los ojos. —
¿Quieres dirigir la empresa? Haz que mi hija sea feliz.
Le miró con desconfianza. —Creo que esa frase
merece una explicación.
—Pide otra botella, aún tenemos mucho de lo que
hablar.
Capítulo 3
Moviendo el trasero al ritmo de la música deslizó el
rollo de pintura sobre la pared y después de dar un par de
manos se apartó para contemplar el tono melocotón. Igual
quedaba un poco oscuro. Bah, en cuanto secara quedaría
perfecto y si no era así daba igual porque no pensaba
cambiarlo. Siguió pintando y cuando el rollo ya no pintaba
bien dio un giro doble para ir al bote a meter el rollo. Como
había visto en internet escurrió sobre la bandeja y se volvió.
Al ver en la puerta del salón a Tyger se quedó de piedra. —
¿Qué haces aquí?
Él con las manos metidas en los bolsillos del pantalón
dio unos pasos al centro del pequeño salón y se acercó a la
ventana para ver que la vecina de enfrente se estaba
depilando las cejas con luz natural. —Bonitas vistas.
—Repito, ¿qué haces aquí? ¿Y cómo has entrado?
—La puerta estaba abierta.
—¿Qué? —Dejó el rollo sobre la bandeja y salió del
salón para caminar por el estrecho pasillo. Giró el pestillo y
al darse cuenta de que no cerraba juró por lo bajo. —Mierda.
—Menos mal que he venido. Podría haber entrado
cualquiera.
—Gracias por el aviso —dijo entre dientes antes de
volverse para ver que entraba en la habitación—. ¿Qué
haces?
Él al ver el perchero portátil que tenía con cuatro
prendas apretó los labios antes de bajar la vista a la cama
que estaba hecha con unas bonitas sábanas de flores. Bajo
la ventana había colocado todos sus libros formando pilas
perfectas y desde allí pudo ver un pequeño cuarto de baño
con un horrible azulejo azul cielo —¡Sal de mi habitación! —
Pasó ante él y cerró la puerta.
—Un piso muy interesante. Espero que la renta sea
baja.
—No esperaba que te gustara. ¿Querías algo? —
preguntó con ironía.
—En realidad solo venía a cotillear. —Entró en el salón
de nuevo y fue hasta la cocina abriendo la nevera. —¿No
tienes cerveza?
—No bebo cerveza.
Cerró la puerta. —Pues yo en un piso así me daría a la
bebida, te lo aseguro. —Miró hacia la barra de striptease
que estaba casi en medio del salón y él levantó una ceja. —
Interesante.
—¿Qué es interesante?
—¿No piensas poner sofá ni televisión?
—Claro que sí.
—Pues con eso ahí…
—Tengo sitio.
—Si tú lo dices… —Cogió una manzana del frutero y le
dio un mordisco. Exasperada se cruzó de brazos mientras lo
miraba todo y cuando abrió una de las alacenas levantó una
ceja porque el mueble estaba vacío. —Nena, ¿estás a dieta?
Se sonrojó porque nunca la había llamado así. —Pues
no. Es que todavía no he ido a comprar.
—Perfecto, porque no la necesitas.
Se quedó de piedra, pero él continuó como si nada —
Cuando te regalé ese chisme fue porque semanas antes
protestaste porque habías engordado unos kilos cuando
dejaste las clases de baile. ¿Lo recuerdas? Estábamos en los
Hamptons y protestaste porque el bikini no te valía.
Ahora sí que le sorprendió. —¿Te acuerdas de eso?
—Tu berrinche fue de aúpa, como para no acordarse.
Gruñó mientras él no dejaba de cotillear. —¿Cuánto
pagas por esto?
—Mil al mes.
—Demasiado. —Dio otro mordisco a la manzana. —En
Long Island hay unos pisos mucho mejores por ese precio.
De hecho, un edificio es nuestro.
—No quiero salir de Manhattan. Si ya has cotilleado lo
suficiente…
Él pasó ante ella como si no la hubiera oído y se
acercó a la barra. Tiró de ella y esta se desprendió. —¡Serás
manazas!
—¡No estaba bien sujeta! ¿Estás loca? ¡Puedes
matarte con una mala caída! —Miró hacia el techo. —¡Joder
esto no puede engancharse aquí, Anne! ¡No hay buen
agarre!
—Estaba bien agarrado hasta que tú has tirado de
ella. ¡Ya la había probado!
—¿Y si te hubieras caído sola en este piso? ¡Ni
asistenta tienes!
—Como miles de ciudadanos en esta ciudad. ¿Quieres
largarte de una vez?
—¡No!
Entrecerró los ojos. —Ya lo entiendo, te ha enviado mi
padre para que consigas que me vaya a uno de sus pisos,
pues vete olvidándote porque pienso quedarme.
—¿Te das cuenta de lo ridículo que suena eso con un
padre que tiene más de veinte edificios repartidos por toda
la ciudad?
—Quiero ser independiente.
—Para eso no deberías aceptar el dinero que te da.
Su orgullo le hizo levantar la barbilla y él apretó los
labios antes de decir —Venga, no seas niña. Hay un piso en
la sexta avenida que tiene dos habitaciones y sería perfecto
para ti.
—Quiero que te vayas o…
—¿O qué? ¿Piensas echarme? Ni puerta tienes para
detenerme si quiero entrar de nuevo. —Dio un paso hacia
ella. —¡No tienes ni la más mínima seguridad y eres Anne
Snow! ¡Estás al alcance de cualquiera!
Se sonrojó porque en eso tenía razón. —Pondré otra
cerradura.
—Tienes la escalera de incendios ahí mismo y es un
primer piso —dijo como si estuviera intentando controlarse.
Empezó a cabrearse de veras. —Así si hay un incendio
seré la primera en salvarme. —Se volvió y cogió el rollo de
pintura. —¿Por qué no te largas si no te gusta mi casa?
—¿Qué coño es esto?
Miró sobre su hombro para ver que tenía en la mano
la guía del curso de posgrado que quería hacer. La miró
atónito. —¿Restauración de cuadros?
Ahora sí que se puso como un tomate. —Estudié arte
en la universidad.
—¡Y sigo sin entenderlo!
—La restauración tiene muchas salidas laborales.
—Para quien ha estudiado bellas artes no para ti que
has estudiado historia del arte.
—Sé pintar.
—Solo tengo que ver como coges el rodillo.
—¡Muy gracioso! Pintar se me daba muy bien.
—Por el amor de Dios, tú no eres una artista. ¿Por qué
no buscaste trabajo en una galería?
—Sí que lo busqué. Pero no me contrataron porque no
tengo experiencia laboral —respondió con rencor—. ¡Y no la
tengo porque al terminar la universidad papá dijo que no
necesitaba trabajar!
—Y no necesitas trabajar.
—Ya, claro. —Se volvió para seguir pintando y le
escuchó suspirar. —En ese curso hay cinco vacantes de
prácticas en el museo. Y voy a conseguir una.
—Eso lo dicen para que piquéis y os apuntéis al curso.
¿O crees que a esos cinco los contratan cada año? ¿Cuántos
restauradores necesita el museo?
Es que era para matarle, se lo replicaba todo. Le
fulminó con la mirada y él levantó las manos en son de paz.
—Muy bien, pues apúntate a ese curso que no te servirá de
nada.
—Sí que me servirá.
—Sin embargo, yo tengo algo que podría interesarte.
—No quiero tu ayuda, gracias —dijo con desprecio.
—La fundación necesita quien la dirija.
Se le cortó el aliento volviendo la cabeza lentamente
hacia él. —¿Y papá?
—Va a empezar a descargarse de trabajo. El divorcio
le ha afectado y quiere trabajar menos.
—¿Ahora?
—¡Sí, ahora! ¿Qué pasa?
—¿Y tú?
—¿Yo qué? —Al darse cuenta de lo que quería decir
negó con la cabeza. —Ni de broma. Paso de organizar cosas
benéficas, de ir a cenas para que me den la palmadita y
esas chorradas. Eso no es lo mío.
—Sí, ya me había dado cuenta de que no eras muy
empático con los males ajenos.
—Nena, esa ironía te la vas a tener que tragar.
¿Quieres el trabajo o no? Porque sino tendré que buscar a
otro que lo haga.
—¿Podré dedicar la pasta a los proyectos que yo
quiera?
—Por supuesto —dijo como si nada—. A la empresa le
desgrava.
—¿Sin tu intromisión?
—No te pases. ¿Quieres el trabajo o no?
—No.
Esa respuesta le dejó de piedra. —¿Qué has dicho?
—No quiero depender de nadie. —Siguió pintando e
hizo una mueca porque el color no quedaba nada mal. —
Pero tienes razón en lo del curso, buscaré otra cosa.
—¿Y buscarás otro piso?
—Lárgate de mi casa.
Gruñó yendo hacia la puerta. —¡Anne llama al
administrador para que te arregle esto!
Chasqueó la lengua sin dejar de pintar la pared.
Entonces apareció de nuevo sobresaltándola. —Ya sé qué
puedes hacer.
—¿Qué?
—Asesoramiento matrimonial. —Ella entrecerró los
ojos. —Ayer lo hiciste de perlas. Dijiste tres palabras y
provocaste un divorcio.
—¡Largo!
—¿No? Pero si es una idea estupenda. Por cierto, ¿qué
tal la juerguecita?
Gritó de la rabia y fue hasta el bote de pintura. —Ya
me voy, ya me voy. —Suspiró del alivio cuando se largó. —
Por cierto, pinta también esta puerta, ¿quieres? Pero cambia
el color, es horrible.
—¡Imbécil!
Su risa la sacó de quicio y fue hasta el pasillo para ver
que se había largado. Entrecerró los ojos. —Este no sabe
con quién trata.
—¿Que has hecho qué? —Su padre se quedó
mirándola pasmado.
—He abierto una empresa de reparaciones del hogar
para las pequeñas chapucillas que hay que hacer en casa —
dijo con la boca llena de espaguetis a la carbonara—. Nos va
muy bien.
—¿Nos va?
—Roberto, el chapucillas del edificio donde vivo tiene
un hermano fontanero. Y su cuñado es carpintero. Los tres
pintan, así que cubrimos todas las áreas. ¿A que es genial?
Tengo la central en mi apartamento y no paro de recibir
llamadas. —Sus ojos brillaron. —Ya tenemos cuarenta
opiniones en internet con cinco estrellas.
—¿Y cuánto te llevas tú de eso?
—El diez por ciento. Esta semana me he ganado
cuatro mil pavos.
—¿En negro?
Le miró sin comprender y Steven puso los ojos en
blanco. En ese momento llegó Tyger sentándose a su lado.
—Esos espaguetis tienen buena pinta. —Hizo una seña al
camarero. —Lo mismo y deprisa que tengo una reunión.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó molesta.
—Tengo que comer. ¿Qué me he perdido? —preguntó
mientras el camarero se acercaba con una botella de vino.
—Aquí la niña ha puesto un negocio.
Él que iba a beber volvió la vista lentamente hacia
ella. —¿Qué?
Ignorando que su after shave había revolucionado los
glóbulos rojos de sus arterias dijo —¿Necesitas hacer alguna
chapucilla en tu casa? Somos tu agencia. —A toda prisa
sacó un panfleto de su bolso y se lo puso delante. —
Hacemos de todo.
—Los rápidos.
—Esos somos nosotros. Rápidos y eficientes.
Garantizamos la primera visita en veinticuatro horas.
Tyger miró a su jefe. —Dime que esto no está
pasando.
Steven carraspeó. —Cielo, ¿has constituido tu
empresa legalmente?
—No, Steven. ¡No la ha constituido legalmente porque
en este panfleto ni hay letra pequeña!
Ambos la miraron esperando respuestas. —No me
contéis rollos.
—¿Sabes el paquete que te puede meter hacienda por
esto?
Ahora sí que se asustó. —¿Hacienda? ¡Papá haz algo!
—Lo que hace tu padre es tu declaración por ti todos
los años, hermosa. —Entonces frunció el ceño sin dejar de
mirar el panfleto. —¿Este es tu número de teléfono?
En ese momento empezó a sonar. —Uy, tengo una
llamada.
—La madre que la… —Fulminó a Steven con la
mirada. —Dile algo.
—Constitúyele la empresa, ¿quieres?
—¿Qué?
—Le va muy bien. Ya se ha sacado cuatro mil pavos.
—Uy, a las cinco no puede ser... —dijo ella—. Mis
chicos tienen otra cosa y no terminarán hasta las ocho. ¿A
las nueve? Perfecto, la apunto señora Gomez.
Steven reprimió la risa cuando colgó tan contenta. —
Se le ha atascado el wáter, eso son trescientos por lo
menos.
—¿Y tus chicos tienen horario laboral? —preguntó
Tyger con mala leche.
—Pues no, porque somos socios no soy su jefa.
—Cielo, eso da igual. Hay que cumplir con la
normativa.
—Dichosas leyes, solo oprimen al trabajador honrado
—dijo antes de seguir comiendo como si se lo fueran a
quitar de la boca.
—Pues vas a ver a las leyes de cerca como uno de
esos tenga un accidente y te demande por no tener ni
seguro médico.
Anne parpadeó antes de mirarle. —¿Qué?
—Seguro médico. Es eso que uno utiliza cuando está
malito o se cae de una escalera porque cambia una
bombilla —dijo entre dientes.
—¡Oye, que yo solo recibo el diez por ciento por
intermediaria!
—No tienes ni idea de lo que hay que hacer para
poner un negocio, ¿para qué pones uno?
—Es que lo vi tan claro…
—Y yo veo clarísima la multa que te va a caer. ¡Tienes
que dejarlo!
—¿Por qué? Me va bien.
—¡Porque después de pagar todo lo que te he dicho y
mil cosas más que no te he dicho, esos treinta pavos que
vas a ganar por una factura de trescientos ni los habrás
visto!
—¿Papá?
Steven suspiró. —Desgraciadamente tiene razón. De
hecho de esos trescientos te quedarían limpios unos ciento
cincuenta.
Dejó caer la mandíbula de la sorpresa. —¿Ciento
cincuenta?
—Esos tíos son unos listos. Tú das la cara con la
empresa y ellos se llevan los beneficios sin que les puedan
acusar de nada. ¡Es más, hasta te pueden denunciar a ti por
tenerles trabajando en estas condiciones!
Entonces les miró de otra manera y ambos
entrecerraron los ojos. —Os admiro. Conseguís millones sin
levantaros de vuestros asientos y mantenéis a cientos de
trabajadores.
Steven ni sabía qué decir —Gracias, cielo. Lo nuestro
nos cuesta.
Se levantó a toda prisa y su padre preguntó
sorprendido —¿A dónde vas?
—Ha hablar con los chicos. —Le dio un beso en la
mejilla y se giró hacia Tyger que levantó una ceja morena.
Gruñó por dentro indecisa, pero al final se agachó y
besó su mejilla. —Gracias —susurró a su oído ignorando el
alocado latido de su corazón.
Se sonrojó ligeramente y se largó con viento fresco
mientras Tyger atónito la observaba. Steven carraspeó
trayéndole al presente. —Me ha besado.
Su jefe chasqueó la lengua. —Chico, te conozco desde
hace trece años cuando aún estabas en la universidad y me
rogaste un trabajo. Siempre has sido muy espabilado por
eso eres mi mano derecha y serás mi sucesor, pero en este
tema con mi hija no te veo espabilado en absoluto. ¡Ponte
las pilas! ¡No puede ser tan difícil de enamorar! ¡Si es muy
inocente!
Él como si no hubiera oído palabra cogió su copa de
vino y dio un buen sorbo. —Ha sido interesante.
—¿Lo que te he dicho?
Le miró como si se diera cuenta de que existía. —
¿Qué?
Steven sonrió. —Déjalo y come los espaguetis que
tenemos esa reunión.
Anne mordiéndose el labio inferior tachó mecánico
dentista de la lista. Odiaba a los dentistas. ¿Agricultora? Si
se le morían todas las plantas. Lo tachó también.
Veterinaria… Uhmm, no se veía metiéndole el termómetro
por el trasero a un perro, además su perrita Puppy se murió
cuando tenía diez años y menudo disgusto se llevó. Tachó
con fuerza. Mierda, había tachado medio libro de
profesiones y no había encontrado nada que hacer. ¿Y esos
libros eran para motivar? Porque a ella la estaba hundiendo
en la miseria. Siguió con la lista. —Carnicero —dijo entre
dientes—. Pues me da que no vas a poder cortar a una
vaca.
Llamaron a la puerta y sorprendida miró hacia el
pasillo. Dejó el libro sobre el sillón y caminó descalza hasta
la puerta. Era muy tarde, ¿quién sería?
—¿Si?
—Abre, soy yo.
Suspiró del alivio y empezó a abrir los siete cerrojos
que tenía la puerta. —¿Ha pasado algo? —Abrió y él la miró
de arriba abajo sonrojándola porque llevaba un camisón de
seda rosa de tirantes. —¿Qué ocurre?
—Quería preguntarte ciertos detalles de esa empresa
que…
Ella le interrumpió. —Hemos cerrado.
—¿Qué?
—Es que los chicos no querían legalizarse. Dicen que
así ganan mucho más.
—Genial. Se nota que son unos ciudadanos
responsables y que aportan a nuestro gobierno —dijo con
ironía pasando ante ella. Anne cerró a toda prisa y él se
detuvo en seco mirando el minúsculo sillón que había ante
una tele mínima. Bufó yendo hacia el sillón y sentándose
poniendo su carísimo maletín sobre las rodillas. Ella reprimió
una risita.
—¿Qué?
—Pareces el abuelito de Up.
—Nena, dime que ya has hecho la compra y que por
casualidad tienes cervezas.
Levantó la barbilla. —Pues sí tengo. He comprado un
par por si viene mi padre.
—¿Y dónde iba a sentarse?
Gruñó yendo hacia la nevera y sacó una lata de
cerveza. Le escuchó gruñir levantándose y sacando el libro
de debajo de su trasero. Se sonrojó acercándosela y
arrebatándole el libro. —Es para que me ayude.
—¿Y cómo va?
—Mal, ¿vale? Ninguna profesión me gusta.
—Es que has nacido para ser la esposa de un
empresario —dijo como si nada cortándole el aliento. Él
abrió su maletín—. He hablado con uno de los abogados de
la empresa y te he traído unos papeles para que los firmes.
Se mosqueó mirando los papeles. —¿Y qué son?
—En ellos eximes a industrias Snow de cualquier tema
legal o laboral en el que te veas inmersa. —Sonrió con
ironía. —Para evitar posibles demandas queriendo sacarte la
pasta.
Jadeó indignada. —Eso no va a pasar.
—Por si das con un listo. Firma. —Abrió la lata y le dio
un buen sorbo.
Se arrodilló ante él y cogió los papeles leyéndolos
atentamente. —¿Papá sabe esto?
—Oh, sí que lo sabe. Lo primero que hizo al llegar a la
oficina fue hablar con el departamento legal.
Gruñó alargando la mano y cogiendo el bolígrafo de
oro que tenía en el bolsillo interior de la chaqueta. —No
deberías llevarlo ahí, puedes estropear el traje —dijo
distraída apoyando los papeles sobre el maletín para
firmarlos.
Él carraspeó. —Sí, claro.
Firmó a toda prisa y sonrió levantando la vista hasta
sus ojos. —Ya está. La empresa ya está segura de posibles
catástrofes.
Tyger sonrió cortándole el aliento. —Gracias por su
colaboración.
—De nada. —Sus ojos fueron a parar a sus labios y al
darse cuenta de lo que estaba haciendo se levantó a toda
prisa. —Es muy tarde, ¿no?
Él gruñó metiendo los papeles en el maletín y
dejándolo a un lado. —¿Te ayudo con eso? —Alargó la mano
y cogió el libro que había dejado en el suelo sin darse
cuenta. Se puso cómodo con el libro en una mano y la lata
en la otra. —¿Cirujano? No, no te veo rebanando un cuerpo.
—Bebió de su lata. —Uhmm, aquí hay una interesante.
—¿De veras?
—Sexadora de pollos.
—¿Qué es eso?
—Es saber cuál es el pollito hembra y el pollito macho.
—¿Qué? —Se echó a reír.
—Pues es un trabajo muy bien pagado y muy difícil.
Pero no te veo cogiendo el pollo para mirarle el culo y saber
si es macho por los pliegues.
Arrugó su naricilla. —Descartado
—Veamos… Astronauta no. Te dan miedo las alturas.
—Descartado.
—Esto también vale para piloto, azafata y limpiador
de ventanas.
—Todo descartado.
—Nena, lo pones difícil —dijo para sí pasando la hoja y
ella se sentó a sus pies divertida—. Oh mira, este sí.
—¿Qué es?
—Madre.
Se quedó sin aliento. —Eso no lo pone en el libro.
—Sí. —Lo volvió y se quedó pasmada cuando se lo
señaló. —Sí que lo pone.
—Ser madre no es una profesión. Casi todas pueden
ser madres.
—Pues aquí lo pone. Será que el autor temía que se
tiraran sobre él las feministas.
Se le quedó mirando mientras hojeaba el libro y dijo
distraído —También pone padre.
Se preguntó si él había pensado en ser padre algún
día. Ella lo había pensado hacía tiempo, en realidad cuando
le había conocido con doce años. Ya era la mano derecha de
su padre y le pareció fascinante. Hizo una mueca porque
después abrió la boca y fue evidente que la consideraba
una idiota. —¿No tienes que irte?
—Aquí, nena —dijo adelantándose, apoyando los
codos sobre las rodillas sin dejar de mirar el libro. —Stripper.
—Se le secó la boca por cómo la miró. —Se te da bien.
—¿Qué dices?
—Podrías hacer pases privados a hombres de
confianza. —Parecía que quería comérsela entera y tragó
saliva sintiendo que su corazón se le iba a salir del pecho. —
Yo soy de confianza.
—Tú no necesitas pagar por eso —dijo casi sin voz.
—Por ti lo haría.
Se tenía que estar burlando de ella y eso la molestó.
La molestó muchísimo. Tensándose preguntó —¿Te estás
riendo de mí?
—¿Cuánto por un pase privado?
Entrecerró los ojos. —Tres mil.
Él sonrió dejando la lata sobre el suelo. —Muy bien,
veo que tienes la barra colocada de nuevo. Empieza cuando
quieras. —Volvió el sofá para mirar la barra y sin saber qué
hacer se quedó allí de rodillas. —Nena, estoy esperando.
Se levantó, estiró el brazo y giró el sillón para mirarle
a los ojos. —¡No te burles de mí!
La cogió por la cintura atrapando sus labios e
impresionada ni se dio cuenta de que la sentaba sobre sus
rodillas. Fue un beso tan embriagador, tan sensual que solo
podía sentir y sin darse cuenta sacó su lengua para pasarla
por su labio inferior haciendo que él gruñera pegándola más
a su cuerpo. Cuando acarició de nuevo su labio y Tyger
entró en su boca entrelazando su lengua con la suya, gimió
de placer rodeando su cuello con las manos mientras él
acariciaba su muslo por debajo del camisón, pero llegó a
zona blanda y todas las alarmas de Anne se encendieron.
Abrió los ojos sin dejar de besarle y la mano acarició su
nalga. Se apartó de golpe mirándole con la respiración
agitada. —¿Qué haces?
—Espera nena, que te hago un croquis —dijo antes de
intentar besarla de nuevo, pero ella saltó de su regazo con
cara de espanto—. Ahora me toca a mi preguntar qué
haces.
—No, ¿qué haces tú?
—Me da que esta conversación no nos va a llevar a
ningún sitio.
—¿Te estás riendo de mí? —preguntó mosqueándose.
—Nena, sé que estás muy sensible, pero…
—¡No estoy sensible! —gritó de los nervios.
—Eso es evidente —dijo como si le faltara un cocido—.
Participaste. Activamente.
Se puso roja como un tomate. —No se lo puedes decir
a papá.
—Te aseguro que lo que menos pienso en este
momento, es en decirle a tu padre que me voy a acostar
con su hija.
Jadeó indignada. —¡No vamos a acostarnos!
Ahora el pasmado era él. —¿Qué has dicho?
—Yo… —Muy nerviosa se apretó las manos. —Será
mejor que te vayas.
Se levantó. —¡No me puedo ir así! —dijo señalándose
su entrepierna con ambas manos.
Se le secó la boca. —¿Eso era lo que notaba?
Felicidades, parece grande.
—¡Nena, lo dices como si nunca hubieras visto un
pene y eso sí que me está excitando!
Gimió por dentro. —¿Una ducha fría? No hay agua
caliente, fría sí, pero como estamos en verano lo
agradecerás.
—Vamos a hablar de esto que me pareces algo
confusa.
—¿Ah, sí? ¡Pues tenía las ideas clarísimas hasta que
me besaste!
—Tú querías que te besara.
Eso no podía negarlo. —Pero de ahí a lo otro hay un
trecho.
—De ahí a lo otro es lo más natural del mundo.
—Pues yo hasta que me case no —dijo levantando la
barbilla mientras él dejaba caer la suya del asombro—. Mi
madre se casó virgen.
—¡Y así le ha ido!
—¿Quieres dejar de gritarme?
Se pasó la mano por la nuca nervioso. —Acabas de
cumplir veinticinco años. ¡Algo habrás hecho, porque besar
besas muy bien!
Sonrió encantada. —¿De veras? Pues no he practicado
mucho.
—Ah, ¿no?
Dio un paso hacia ella y Anne un paso atrás
chocándose contra la pared. —No.
Él apoyó una mano en la pared por encima de su
cabeza y dijo con voz ronca —Pues entonces lo otro se te va
a dar genial. Eso es que tienes instinto, preciosa.
—Uy, que tú me quieres liar…
Acercó sus labios a los suyos. —¿Y si hacemos otras
cosas para que te relajes?
Entrando en pánico pasó por debajo de su brazo y él
chocó su frente contra la pared gruñendo por lo bajo. —¿Eso
es que no?
—¡Sí! —Él la miró con deseo. —Quiero decir no. Quiero
que esa noche sea especial, ¿no me has oído?
Él suspiró como si fuera una pesada. —Muy bien,
¿cuándo nos casamos?
Le miró con los ojos como platos mientras su corazón
daba un vuelco. ¿Le había pedido que se casara con él? Sin
poder creérselo preguntó —¿Qué has dicho?
—¿Cuándo es la boda? Pon la fecha. —Sacó el móvil
del bolsillo interior de la chaqueta. —Este año cojo las
vacaciones en septiembre. Queda mes y medio. Hizo una
mueca. ¿Un poco precipitado? Además, mis conocidos
puede que no hayan llegado a la ciudad después de las
vacaciones de verano. ¿Octubre? Todavía no hace
demasiado frío para la luna de miel. —Levantó la vista hacia
ella esperando una respuesta. —Nena, tengo una agenda
muy ocupada, olvídate de noviembre porque tengo que ir a
Tokio.
Atónita levantó una mano pidiéndole un momento y
fue hasta su maletín para cogerlo del suelo. Él frunció el
ceño. —¿Lo estás pensando?
Ella fue hasta la ventana abierta tirando el maletín al
exterior. —¿Estás loca? ¿Sabes lo que tengo ahí dentro? —
Salió corriendo y aún en shock fue hasta la puerta
cerrándola con los siete cerrojos. Regresó al salón y se sentó
en el sillón. No, había sido una alucinación. ¡Tenía fiebre! Se
llevó la mano a la frente y frunció el ceño porque no parecía
que tuviera. Golpearon la puerta sobresaltándola. —¡Nena
abre! —Pues no había sido una alucinación, no, porque
estaba allí.
Sacó la cabeza al pasillo. —¡Vete o llamo a mi padre!
—¿En serio me estás amenazando con eso?
—¡Ya tengo el móvil en la mano!
—Pues llámale.
Jadeó indignada. —¡No querrás eso!
—La que no querías que se enterara de eso eras tú
hace dos minutos, ¿o no lo recuerdas? No le vas a llamar. —
Qué listo era el muy capullo. —¿O vas a llamarle para
decirle la fecha de la boda? ¿La apunto para el quince de
octubre?
—¿Estás loco? ¡Si tú no me quieres!
Se quedó en silencio unos segundos. —Ah, ¿pero tú a
mí sí?
Abrió los ojos como platos. —¡No digas tonterías!
—Lo lógico es que hubieras dicho que no nos
queremos.
—Mira, ya salió el catedrático de la lengua. ¡Largo de
mi casa!
—Te noto algo alterada. ¿Quieres sexo, nena?
—¡Capullo!
—Sí, será mejor que lo hablemos mañana.
—¡Ni mañana ni nunca!
Escuchó como retenía la risa. —Que duermas bien,
preciosa.
Cuando le escuchó alejarse se volvió con la
respiración agitada. Estaba más excitada que nunca en su
vida y su corazón aún iba a mil. —Mierda, necesito un
Valium. —Gimió yendo hacia el baño, pero allí no tenía ni
una maldita aspirina. —Voy a llamar a mi madre que tiene
de todo.
Capítulo 4
Marilyn entró en el despacho de su exmarido dando
un portazo y Steven la miró pasmado. —¿Qué haces tú
aquí?
Al ver a Tyger a su lado con unos documentos en la
mano entrecerró sus ojos azules antes de sisear —Tú…
Él levantó una de sus cejas morenas. —¿Yo qué?
—¡Has intentado seducir a la niña!
Mierda. Carraspeó incómodo mientras Steven giraba
la cabeza hacia él. —¿De veras?
—Le he pedido matrimonio.
—¡Para seducirla! Este… ¡Este Don Juan quería
acostarse con ella, pero como Anne se resistió le pidió
matrimonio!
—Resistir es una palabra muy fuerte.
—¡Te dijo que no!
—¡Cambió de opinión porque le has metido ideas
absurdas en la cabeza sobre la noche de bodas! ¡No porque
no quisiera hacerlo!
—Steven… ¡Di algo!
—Esto es entre los chicos, no sé por qué tenemos que
meternos.
Asombrada le miró a los ojos. —¿Vas a dejar que le
haga daño? ¿Qué le haga daño a tu propia hija?
—No es…
Marilyn le interrumpió. —Aunque no sé de qué me
extraño porque ya ha pasado antes, ¿no?
Steven se tensó. —Te recuerdo que tú en eso tuviste
mucho que ver.
—¡Échamelo en cara! ¡Siempre soy la culpable de
todo! —Fue hasta la puerta. —¡Pero te recuerdo que tú
también estabas allí! —Abrió furiosa y les miró sobre su
hombro. —¡No sé lo que está pasando aquí, pero empiezo a
imaginarlo! ¿La heredera con el favorito? —Les miró con
ganas de sangre. —¿Con este hombre que siempre la ha
menospreciado? Por encima de mi cadáver. —Salió cerrando
de otro portazo y ambos se quedaron mirando la puerta en
silencio.
Tyger iba a decir algo, pero Steven levantó una mano.
—Espera, que siempre vuelve.
Se abrió la puerta de nuevo y Marilyn gritó —
¡Capullos!
Cerró de un portazo y Steven sonrió. —Ahora sí. —Giró
el sillón hacia él. —Así que fue mal, ¿eh?
—¿En serio tengo que hablar de esto?
—Sí.
Suspiró dejando caer los papeles sobre la mesa. —Ella
quería.
—Sí, Marilyn siempre le dijo que la noche de bodas fue
fantástica. No sé por qué cuando estaba un poco bebida y
se quedó grogui en cuanto su cabeza se posó sobre la
almohada. Eso por no mencionar que perdió la virginidad en
nuestra tercera cita. —Entrecerró los ojos. —Debía ser lo
que le dijeron a ella para que llegara virgen al matrimonio y
ella hizo lo mismo. La verdad es que un posible embarazo
adolescente siempre nos los puso por corbata, así que
nunca la desdije.
—¡Estupendo! ¡Pues ella se ha montado un cuento de
hadas!
—Así que le pediste matrimonio.
—Sabes que no tengo mucha paciencia.
Steven se echó a reír. —Me imagino su cara. Si unas
horas antes os odiabais.
—Nunca nos hemos odiado. —Frunció el entrecejo. —
¿Crees que ella me odia?
Su jefe le miró sorprendido. —Hostia, te gusta. —Se
levantó de su sillón mirándole de otra manera. —Te gusta mi
hija.
—Teniendo en cuenta que he intentado acostarme con
ella, creo que eso ha quedado claro.
—No me refiero al deseo. Te gusta mi hija. —Le rodeó
sin dejar de mirarle. —¡Serás cabrón!
—¡Steven!
—La has ignorado a propósito, ¿no?
Él carraspeó. —Era tu hija.
Steven no podía salir de su asombro y se dejó caer en
su sillón. —La quieres para ti, por eso te molestó tanto que
hiciera el estriptis y que no te pidiera ayuda cuando la
necesitó.
—¿Esta conversación tiene algún fin? ¡Porque me has
pedido que la enamore y la haga feliz!
Se adelantó. —Pero la ecuación cambia si tú también
te enamoras de ella. —De repente sonrió. —Esto va de
perlas. Mucho mejor de lo que creía.
—¿No me digas? —dijo entre dientes—. ¿Y qué dice tu
ecuación si me sigue rechazando?
—¿Quieres este sillón? Mueve el culo, chico. Conquista
a mi hija.
—¿Solo tengo que hacer eso? —preguntó con los ojos
brillantes de la alegría.
—Pues sí —dijo su encargada hastiada—. ¿Lo has
entendido?
—Tickets —dijo señalándolos—, tarjeta de días, de una
semana y tarjeta mensual.
—Y los de estudiantes y mayores.
—Eso. Y si algún viajero tiene problema con las
máquinas, salgo cerrando la puerta y le ayudo. Está
chupado.
—Lo de cerrar es importante para que no te roben. El
dinero está en la caja y ya está cuadrada, así que debes
tener en ella quinientos y lo que saques.
—De acuerdo.
La mujer se levantó y ella ocupó su asiento loca de la
alegría.
—Tráete algo para leer para mañana o te aburrirás
mucho —dijo antes de salir.
—Mi primer trabajo de verdad —dijo emocionada—.
Bueno, es una sustitución, pero estoy aquí. —Observó a los
viajeros que pasaban. Un chico se puso a tocar el saxo y
sonrió. Aquello estaba genial.
Después de seis horas estaba del del saxo hasta el
gorro y tenía un hambre que se moría, pero la culpa era
suya, claro, porque no había llevado nada para comer y
cuando había llegado su descanso, en lugar de ir a comprar
algo, había ayudado a un extranjero a entender la máquina.
Ahora ese francés estaría tan ricamente comiéndose una
hamburguesa mientras ella se comía los nudillos. Entonces
le sonó el móvil y sonrió al ver la cara de su padre. —
¿Adivina dónde estoy?
—Ni idea. ¿En Disneylandia?
Entrecerró los ojos. —¿Tyger?
—Tu padre ha sido tan amable de dejarme su móvil
para hacer una llamada. Tenía la sensación de que a mí no
me contestarías al teléfono.
—¡Pues tenías razón!
Un tipo con pinta de estudiante llegó en ese
momento. —Una tarjeta de una semana.
—¿No sabe usar la máquina?
—Prefiero que me atiendan, que así no se eliminan
tantos puestos de trabajo —dijo mosqueado—. Una tarjeta
de una semana.
—¿Dónde estás?
—Trabajando —dijo dándole una tarjeta que ya tenía
preparada.
—¿En qué? —preguntó espantado como si eso fuera
imposible.
Cuando el tío le mostró la tarjeta de crédito gruñó —
Tarjetas en la máquina. Mi datáfono está estropeado.
Él entrecerró los ojos. —Pues no se usarla.
—Nena, ¿quién es ese?
—Un tocapelotas de veinte años que va reivindicando
puestos de trabajo cuando es evidente que no ha pegado
golpe en su vida. ¡A la máquina!
—Qué mala leche tienes —dijo el chaval llevándose la
tarjeta que ella le había dado.
—¡Eh! —Corrió fuera de la cabina, pero él ya había
puesto pies en polvorosa pasando los molinetes de un salto.
Genial ahora tendría que poner ella ese dinero. Al volverse
vio como una chica salía de su cabina. —¡Será posible! ¡Eh,
tú! —Corrió tras esa y no era tan rápida como el otro. Sobre
todo porque le dio por ir hacia la salida del metro y era hora
punta. Subió los escalones tras ella esquivando a los que
bajaban y esta se volvió pegándole un empujón que la lanzó
escaleras abajo arrastrando de paso a tres que bajaban.
Tirada sobre los últimos escalones gimió con la mejilla sobre
el suelo y se dio cuenta de que aún tenía el móvil en la
mano. Gimiendo de dolor se lo acercó a la mejilla y Tyger
estaba gritando que qué pasaba. —¿Tyger?
—¿Sí, nena?
—¿Eso que firmé vale en caso de arrollar a alguien sin
querer? —preguntó antes de perder el sentido.
Los gritos de Tyger diciendo que iba a demandar a la
empresa del metro se escucharon desde la sala de
urgencias donde la habían metido. El doctor estaba
examinándole el brazo cuando la cortina se corrió y allí
estaba Steven Snow con cara de querer matar a alguien y
su pupilo con ganas de seguir gritando.
—Disculpen, pero... —El médico al darse cuenta de
quien era se calló en el acto. —Señor Snow…
—¿Qué tiene mi hija?
—Contusiones, básicamente. Y dos puntos en la
cabeza. —Sonrió encantado. —Ha tenido mucha suerte, no
como los demás que se han fracturado varias cosas. Está en
muy buena forma y es joven, seguramente ha sido eso.
—¿Dos puntos en la cabeza? —preguntó Tyger
acercándose—. Steven necesita un escáner. ¡El golpe nos la
ha dejado tonta! ¡Mírala, ni se entera!
—Oh, está drogada —dijo el médico haciendo que
ambos le fulminaran con la mirada—. Le dolía y…
—¿Qué le dolía? —preguntó Steven agresivo por el
estado de su hija.
—Pues todo básicamente —dijo azorado—. Cayó
rodando y era un buen tramo de escaleras. Le saldrán
bastantes morados.
Steven palideció sin dejar de mirar la mejilla raspada
de su hija. —Tyger llama al helicóptero. Nos la llevamos al
Goldenberg.
—Le aseguro que la he revisado bien y no considero
necesario que la cambien de hospital por muy exclusivo que
sea.
—Usted no tiene que considerar nada. —Tyger ya
estaba hablando por teléfono y Steven sacó el suyo
mientras el médico indignado salía del box. —¿Marilyn? Ve
al Goldenberg. Nuestra niña ha tenido un pequeño
accidente.
—¿Pequeño? —gritó Marilyn de los nervios caminando
de un lado a otro de la sala de espera—. ¡Llevan con ella
tres horas! —Se acercó a su exmarido. —Debe tener algo
grave, vete a preguntar.
—Ya ha ido Tyger tres veces, cielo. Cálmate.
—¿Cómo voy a calmarme? —Bufó sentándose a su
lado y le quitó el café que tenía en la mano para darle un
buen sorbo. —Está claro que el mundo laboral no es lo suyo.
—Por eso quiero que tenga una vida tranquila al lado
de alguien en quien confío.
Tyger estaba gritando al teléfono que como no se
dieran prisa en terminar la fábrica de Tokio iba a ir allí a
retorcerles a todos las pelotas y ella elevó una ceja. —¿Ese
hombre?
—¿Acaso ves a alguno más por aquí?
Marilyn frunció el ceño antes de mirarle. —¿Qué
quieres decir?
—¿Te ha presentado a alguien que fuera importante
en su vida alguna vez? —Su mujer separó los labios de la
impresión. —Marilyn por Dios, ¿cómo no te has dado
cuenta?
—Crees que… No, ¿con él? Si le odia.
—Demasiado, ¿no crees?
—Bueno, la niña sabe que para ti es el hijo que nunca
tuvimos. Eran lógicos sus celos.
—No eran celos. Era una respuesta lógica al desprecio
que él le profesaba.
Le fulminó con la mirada. —¿Entonces no es lógico
que le odie? Como has dicho la despreciaba.
—Tyger es muy… exigente consigo mismo y con los
demás.
—Es un capullo.
—Marilyn…
—Mírale, no hace más que pegar gritos al teléfono.
Parece Hitler.
Steven reprimió la risa. —Yo soy igual. Y que fuera así
te gustaba.
—No discutamos, ahora con la niña así no.
Él suspiró. —No quiero discutir.
—Menos mal porque ya estoy de los nervios. ¿Por qué
no nos dicen nada?
Tyger que se guardaba el teléfono en la chaqueta salió
de la sala y Steven sonrió. —Ahí va de nuevo. Está de los
nervios.
Marilyn entrecerró los ojos. —¿Tú crees?
—Cielo, esto ya está en marcha.
—Como le haga daño… —dijo entre dientes.
—Eso no pasará, porque sabe que como le haga daño
a mi niña, le corto los huevos.
—Eso, tú asústale mucho.
En ese momento Tyger entró con un médico y ninguno
de los dos tenía muy buena cara. —¿Señores Snow? —
Ambos se levantaron de inmediato. —Siento comunicarles
que…
Marilyn cayó redonda de inmediato. —¡Cielo! —gritó
Steven agachándose.
El médico la puso boca arriba y se puso a gritar que
tenía un código azul mientras empezaba la reanimación.
Steven se llevó las manos a la cabeza y Tyger le cogió por el
brazo para apartarle mientras la rodeaba personal médico.
—Dios mío. —Los ojos de Steven se llenaron de lágrimas
mientras se afanaban por salvarle la vida. —Esto no está
pasando.
—Tranquilízate, la están atendiendo. —Sacó su móvil a
toda prisa. —¿Derek? Te necesito en el hospital Goldenberg
ya. Tráete a tu gente.
—¿Por qué llamas a nuestro jefe de seguridad?
—Lo que el médico iba a decirte es que tu hija ha
desaparecido.
Le miró sin poder creérselo. —¿Cómo desaparecido?
—En el estado en que se encontraba solo hay una
opción, Steven. La han secuestrado.
Le dolía todo y tenía frío. Gimió girándose y
cubriéndose con la sábana. Molesta se pasó la mano por la
mejilla y al mover el pie este cayó sobre algo metálico. Eso
le hizo fruncir el ceño y abrió los ojos. Dejó caer el pie de
nuevo y se escuchó clink. Volvió a hacerlo y el sonido era el
mismo. Qué camilla más rara. Se giró hasta ponerse de
espaldas escuchando música a lo lejos y parpadeó. Vivaldi.
Sí que estaba oscuro. ¿Le estarían haciendo una prueba? El
doctor dijo que iban a hacerle pruebas. —¿Oiga? ¡Tengo frío!
¿Eso es normal? —Agudizó el oído. —¿Oiga? ¿Hay alguien
ahí?
Entonces empezó a asustarse. La bata del hospital y
esa sábana no es que la taparan lo suficiente como para
soportar ese frío mucho tiempo. —¡Eh! —Quiso incorporarse
y su cabeza chocó contra el techo gimiendo de dolor.
Entonces alargó la mano para tocar la pared que estaba casi
a su lado. Asustada tocó el techo del que salía el frío y
espantada gritó al darse cuenta de que estaba en el
depósito de cadáveres. Gritó girándose como pudo y golpeó
la puerta. —¡Sáquenme de aquí! —Intentó buscar una
palanca, pero allí no había nada. —¿Cómo va a haber nada?
Los que están aquí no van a salir. ¡Oiga! ¡Qué se han
equivocado! —Entonces se le cortó el aliento. ¿Y si estaba
muerta y le estaba pasando como al de la película de
Ghost? Patrick Swayze creía que estaba vivo. Se movía. Le
costó un rato darse cuenta de que la había palmado hasta
que no vio su cuerpo sangrando por el balazo que le había
metido aquel desgraciado. Se giró, pero si su cuerpo estaba
allí ella no veía ni torta. —La madre que parió a ese
estudiante. Como le pille… —Entrecerró los ojos. —¿Ese será
tu objetivo? Encontrarle para cargártelo. Claro, tienes que
vengarte. ¡No se roba! —Parpadeó. —¡Deja de decir
tonterías! ¡Hasta que Whoopi Goldberg no te diga que estás
muerta y que tienes que ir hacia la luz, tú estás muy viva!
¿Cómo voy a estar muerta? —Se le cortó el aliento. —
¿Entonces por qué te han metido aquí? —Agachando la
cabeza se sentó con las piernas al estilo indio rodeando su
culito con la sábana porque aquella camilla estaba fría del
carajo, mientras pensaba por qué la habían metido allí. ¿Y si
no era un depósito? —Frunció el ceño tocando la puerta. Sí,
era cuadradita como las de las pelis. —Sí, esto tiene una
pinta de depósito que no puede con ella. —Bufó
abrazándose. Entonces pensó en sus padres. Madre, el
disgusto que debían haberse llevado. Eso empezó a
cabrearla de veras y gritó —¡Eh! ¡Listillos! ¡Moved el culo y
sacadme de aquí antes de que se me congele el trasero! —
Entonces entrecerró los ojos. ¿A qué temperatura estaba?
¿Unos cinco? No era frío como en un congelador, pero no
tenía buena pinta. Movió sus manos abriéndolas y
cerrándolas. No podía llevar allí mucho tiempo porque sino
estaría temblando de frío. Tapándose bien con la sábana
para cubrirse los pies pensó en que tenía que moverse y
hacer ruido. Y si podía abrir la puerta mejor. Entonces se
tumbó en la camilla y esta se movió sobre el rail chocando
con la puerta. Sí, era definitivo, estaba en el depósito de
cadáveres. Uy, cuando se enterara su padre… Iban a rodar
cabezas. En medio de la camilla levantó las piernas en L lo
que pudo apoyando los pies en la puerta. Con ambos pies
dio un golpe y sintió como la puerta temblaba. —Venga, solo
hay que reventar el cierre. —Volvió a hacerlo y la golpeó de
nuevo. Entonces el cierre cedió mostrando una rendija de
luz. Chilló de la alegría golpeando con fuerza y la puerta se
abrió de golpe. Empujó la camilla apoyando las manos en
las paredes y en ese momento se abrió una puerta abatible.
Una limpiadora con el carrito entró y al verla se detuvo en
seco mirándola con los ojos como platos. —Oiga, ¿puede
llamar a alguien? Ha habido un error.
La mujer gritó sobresaltándola antes de salir corriendo
arrollando el carrito a su paso. Chilló de la alegría gritando
—¡Estás viva! ¡Esa puede verte! —Suspiró satisfecha
sentada sobre la camilla y miró a su alrededor. Al ver la
plataforma de metal donde se realizaban las autopsias
perdió el poco color que tenía en la cara. —Mejor espero en
otro sitio. —Bajó de la camilla como un rayo y de puntillas
rodeó aquella cosa para ir hacia la puerta. —Hizo una
mueca cuando tuvo que mojarse los pies por el agua que
había derramado aquella escandalosa y caminó por un
pasillo hasta un ascensor. Pulsó el botón y entonces escuchó
que alguien se acercaba corriendo y gritando. Giró la cabeza
hacia la izquierda para ver que dos médicos llegaban
corriendo con la limpiadora que no dejaba de gritar.
Entonces al verla se detuvieron en seco mirándola
pasmados. —Oigan, ¿pueden decirles a mis padres que
estoy viva?
Capítulo 5
Un hombre llegó corriendo a la sala de espera y Tyger
se levantó al ver que era su jefe de seguridad. —¿Tienes
algo?
—La han encontrado. No os lo vais a creer, la habían
trasladado al depósito.
Perdieron todo el color de la cara. —¿Qué? —gritó
Tyger que fue el primero en reaccionar. Fuera de sí le cogió
por las solapas del traje—. ¿De qué ha muerto?
—Dios mío… —dijo Steven al borde del colapso.
—¡No, está viva! ¡Ha habido una confusión!
Ambos se le quedaron mirando como si no hubieran
entendido una sola palabra. —Está viva y parece estar bien.
Tiene una ligera hipotermia, eso es todo.
—¿Eso es todo? —siseó Tyger antes de soltarle.
Steven se levantó. —¿Tyger?
—Sí, jefe.
—¡Quiero ver a mi hija! ¡Y después quiero que cierres
este chiringuito! —gritó fuera de sí antes de caminar hacia
la puerta.
El director del hospital llegaba en ese momento. —
Señor Snow ha sido una confusión terrible que lamentamos
profundamente.
Steven le cogió por la camisa acercando su rostro al
suyo. —Sí que lo van a lamentar. ¡Quiero ver a mi hija! ¡Y
más vale que mi mujer salga de esta porque sino no dejaré
piedra sobre piedra!
El hombre pálido asintió. —Su mujer está mejor. La
están tratando, pero se recuperará. Está consciente, ¿sabe?
—No, no lo sabía —dijo como si ese también fuera un
error monumental.
—Podrá verla enseguida y a su hija también, por
supuesto.
—¡Quíteme las manos de encima! —escucharon que
gritaba Anne—. ¡Tengo que ver a mis padres! ¡Estarán de
los nervios, inútiles! ¿Pero qué hace? Uy, cuando Tyger se
entere de esto… ¡Vete buscando trabajo!
Ambos corrieron hacia el final del pasillo para verla
caminando descalza con dos mantas encima mientras dos
hombres intentaban que se sentara en una silla de ruedas.
Al verles se le llenaron los ojos de lágrimas. —¡Papá! —
Corrió hacia él y Steven la abrazó. —Estoy viva.
Este sonrió. —Mi niña… —La besó en la sien antes de
fulminar con la mirada al director del hospital. —Mi hija está
descalza. Tiene hipotermia y está descalza —dijo entre
dientes.
El hombre se volvió y salió corriendo. —¡Unas
zapatillas!
Anne levantó la vista hacia Tyger que parecía entre
aliviado y con ganas de pegar cuatro gritos. Indecisa no
sabía muy bien qué decirle. Se apartó de su padre y
sorprendiéndola la cogió en brazos. —Estoy viva —susurró
mirando sus ojos.
—Eso ya lo veo.
Apoyó la mejilla en su hombro. —Pues yo llegué a
dudarlo.
—¿Te asustaste?
—Mucho. —Le abrazó por el cuello. —¿Dónde está
mamá?
Steven apretó los labios mientras Tyger la abrazaba
más a él como si quisiera protegerla. Anne suspiró de gusto
contra su cuello. Que bien estaba así. Le daba calor. Al
darse cuenta de que no contestaban miró a Tyger. —¿No ha
venido?
Su padre hizo un gesto a uno de los médicos que
ahora les rodeaban y dijo —Traigan un sedante para mi hija.
—¿Un sedante? —Asustada miró a su padre. —¿Por
qué?
—Nena, has pasado por una situación muy estresante.
A ella no se la daban, allí pasaba algo. —¿Dónde está
mamá?
Sin darse cuenta llegaron a una sala y Tyger la sentó
en la silla. —Primero tómate el sedante.
—¿Qué pasa? ¿Es ese idiota de James? —Jadeó
llevándose la mano al pecho. —¿No ha venido porque está
papá?
Él le acercó la pastilla y se la metió en la boca como si
fuera una niña. Le acercó el vasito y ella bebió con ganas.
—¡Mi hija está sedienta!
—Agua, agua —dijo el director sin saber dónde
meterse.
Steven la miró angustiado. —Papá, ¿qué ocurre? —
Como no le contestaba miró a Tyger acuclillado ante ella. —
¿Qué pasa? Mamá no dejaría de venir al hospital ni por
James ni por nadie. —De repente sonrió. —Ya lo entiendo, le
habéis dado otra pastilla como a mí y se ha quedado grogui.
—No, preciosa. —Cogió sus manos. —Marilyn ha
tenido un infarto. —Perdió el poco color que tenía en la cara.
—Pero afortunadamente sucedió aquí y la atendieron de
inmediato. Se va a poner bien.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. —¿Por mi culpa?
—No, señorita Snow —dijo el director rápidamente—.
Su madre tenía una cardiopatía previa. Eso nos dijo en
cuanto despertó y la estamos evaluando.
—¿Qué coño nos está contando? —preguntó su padre
sin salir de su asombro—. ¿Cómo que tenía una cardiopatía?
¡Nunca nos dijo nada!
—Eso nos ha dicho ella, señor Snow.
Tyger se incorporó. —A ver, buen hombre…
¡Queremos hablar con el cardiólogo ya!
—Eso cielo, que si mamá hubiera tenido algo me lo
hubiera dicho. —Miró a uno y al otro. —¿No?
—Tranquila nena, que esto se va a solucionar.
—A ver si meten la pata como hicieron conmigo —dijo
asustada—. ¿Papá?
—¿Tyger? Prepara el traslado al Sinaí.
Entró en la habitación sin hacer ruido e intentó
reprimir un sollozo al ver a su madre tumbada en la cama
con los ojos cerrados. Tenía una cánula nasal que según le
había dicho el cardiólogo era para ayudarla a ventilar, pero
si todo iba bien se la quitarían al día siguiente. Se acercó y
se quedó a su lado. Marilyn debió oírla porque abrió los ojos
y sonrió agotada. —No te preocupes.
—No me dijiste nada —susurró cogiendo su mano—.
Lo sabías desde antes del divorcio y no nos dijiste nada.
Suspiró mirando el techo. —Temía que pensara que lo
estaba utilizando para que sintiera pena por mí. Me merecía
lo que pasó.
Una lágrima cayó por su mejilla. —No digas eso.
—Él cometió errores, pero yo le traicioné. Sentía rabia
por lo que estaba haciendo contigo, creí que había llegado a
odiarle, pero no fui capaz de utilizar mi enfermedad para
que se detuviera. —Sonrió con tristeza. —Será que en el
fondo quería protegeros. No quería que os preocuparais por
mí. —Apretó su mano casi sin fuerzas. —Me voy a poner
bien.
—El doctor dice que la operación ha sido un éxito y
que el marcapasos ni lo notarás. Ni siquiera cuando vayas
en avión porque este no tiene ningún tipo de metal que
pueda saltar en los controles.
—Es un alivio con lo que viajo últimamente —dijo
divertida.
Sonrió. —Volverás a viajar. Dentro de poco será tu
luna de miel.
Perdió la sonrisa poco a poco. —No va a haber boda,
cielo.
Suspiró del alivio, pero intentó disimular. —¿De veras?
Qué triste noticia.
Marilyn soltó una risita. —Que mal finges.
—Pues que sepas que está fuera con ganas de verte.
—¿Con tu padre?
—Papá y Tyger le miran como si fueran a saltar sobre
él en cualquier momento. El pobre está en una esquinita de
la sala de estar sin decir ni pío.
—¿Tu padre no ha ido a trabajar? —preguntó
pasmada.
—Desde hace tres días no. —Abrió los ojos como
platos. —Agárrate, y Tyger tampoco ha ido a la empresa. —
Se acercó. —Y está muy pendiente de mí.
—¿No me digas?
—Sí. Todo esto es rarísimo.
—Querrá asegurarse de que estás bien. —Apretó su
mano. —Estás bien, ¿no?
—Sí, mamá. ¿No te había dicho el médico cuando
estabas en la UCI que estaba bien? ¡Le pedí que te lo dijera!
—Sí, pero no me lo creí hasta que te he visto. Creía
que lo decía para que no me alterara. —Alargó la mano y
acarició su mejilla herida. —Cielo, lo de trabajar no va
contigo.
—Empiezo a pensar que tienes razón. Aunque aún me
queda la mitad del libro por mirar. Igual hay suerte.
—¿El libro?
—El de las profesiones del mundo.
—Madre mía.
—¿Qué? Necesito ayuda, mamá.
—Ni se te ocurra salir del país para trabajar.
—No, yo acoto en Manhattan que luego es un lio.
Marilyn sonrió. —¿Me haces un favor?
—Claro.
—Quítame el anillo.
Se le cortó el aliento mirando su mano izquierda y a
toda prisa se lo quitó. —Hala, ya está. ¿Quieres que se lo
diga yo?
—Sería algo raro, ¿no crees? Además, merece que
hable con él.
—No, que tantas emociones te agotan. Ya voy yo.
—Cielo, sé suave.
—Uy sí, suavísima. —Salió de la habitación a toda
prisa y entró en la sala de espera que estaba a unos metros.
Su padre y Tyger se tensaron mientras James
carraspeaba antes de decir —¿Puedo pasar?
—No, majo. —Se acercó y le dio el anillo. —Hala, a tu
casa.
—¿Qué es esto? —preguntó sin entender.
—Pues el anillo de pedida, ¿estás ciego?
James pasmado preguntó —¿Está rompiendo
conmigo?
—Mira, la pobre está infartada, recién divorciada y
algo confusa. Te da el anillo porque antes de cometer un
error monumental mejor parar esto a tiempo. Así que aire
que ya hablará contigo cuando se recupere.
—Pero…
Steven dio un paso hacia él apretando los puños. —No
querrás disgustarla con discusiones absurdas sobre vuestro
compromiso en el momento tan delicado que está pasando,
¿no es cierto?
—No, claro que no quiero disgustarla. Yo la quiero.
—¿Qué ha dicho? —preguntó Anne pasmada—. ¿Te
has atrevido a decirle a mi padre que la quieres? ¿A su
mujer? ¡Tú no tienes vergüenza!
—Nena cálmate. —Se acercó a James y le cogió del
brazo. —Mira tío, lárgate de aquí antes de que pierda la
paciencia.
—Si la pierde es su problema. Ella está conmigo.
—No, si el que voy a perder la paciencia soy yo.
Le miró con los ojos como platos. —Ah.
—Sí, ah. —Amenazante se acercó a su cara. —
Acércate a ellos de nuevo y te rompo las piernas. ¿He
hablado claro?
—Como el agua.
—¡Pues largo de aquí!
James casi salió corriendo y Tyger miró exasperado a
Steven. —¿Cómo pudiste controlarte y no mataste a este tío
en su momento?
—Pues si te digo la verdad no tengo ni idea.
—Bueno, ahora es historia. Papá pasa a ver a mamá.
—¿Yo? —preguntó pasmado.
—Sí, tú. —Sonrió radiante. —Ha preferido verte a ti, ¿a
que es genial?
Steven Snow miró a uno y después al otro antes de
estirarse la chaqueta del traje y respirar hondo. —Allá
vamos.
—Dile cosas bonitas y sé delicado. —Se acercó a él y
le limpió la impecable solapa.
—Hija…
—Y dile que las flores son tuyas. Ah, y que no tiene
que preocuparse por nada porque tú te haces cargo de todo
lo del hospital y eso…
—Nena, estuvo casado con ella treinta años, creo que
sabe cómo hablarle.
Le fulminó con la mirada. —Solo intento ayudar.
Tyger chasqueó la lengua. —Dile que la perdonas.
—¡No!
Ambos la miraron. —No saques ese tema. No quiero
que se sienta mal por ello.
—¿Se siente mal por ello? —preguntó su padre
esperanzado—. ¿Se arrepiente?
Mierda, en que jardín se había metido. —Bueno, al
principio se arrepentía.
—Pero luego ya no, ¿eso quieres decir? —preguntó
mosqueado.
—Papá… Tú no le hacías ni caso. Era como esas
mujeres de la cena, ¿qué podías esperar?
Apretó los labios. —Muy bien, hay que pasar página.
Mejor no sacar el tema.
—Eso. Tú mira hacia adelante.
Su padre se volvió y ella se apretó las manos viendo
como salía de la sala de espera. —Espero que no meta la
pata.
—¿Crees que podrán olvidarlo alguno de los dos? —
preguntó con ironía.
Volvió la cabeza hacia él. —Claro que sí, se aman.
—Joder, pues yo no quiero que nadie me ame así.
—La gente comete errores. —Él miró sus ojos sin
responder. —¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?
—Sí nena, tienes algo en la cara.
Gruñó volviéndose para sentarse y gimió cuando le
dolió parte del trasero. —¿Te duele mucho? —Se sentó a su
lado.
—Es soportable.
Miró la manga larga de su blusa y sus pantalones
vaqueros largos que se había puesto ese día para no
mostrar los morados. —¿Es mucho?
—Parezco un mapamundi. —Intentó cruzarse de
brazos, pero no pudo.
—¿Has dormido algo?
—¿Con mi madre en la UCI? Menos mal que esta
mañana la han pasado a la habitación porque me estaba
volviendo loca. —Tyger alargó la mano y cogió la suya. Se le
cortó el aliento y miró hacia él. —Gracias.
Él sonrió. —De nada.
Agotada se recostó contra él y Tyger pasó el brazo por
sus hombros. —Me gusta que estés aquí. —Se quedaron
unos minutos en silencio y él acarició su hombro con el
pulgar. Anne suspiró de gusto pensando que le gustaría que
fuera así siempre porque se sentía realmente bien a su lado.
—¿Sabes que si no tuvieras ese carácter tan insoportable
podría darte una cita? —Bostezó.
—¿Una cita?
—Sí, porque yo soy muy selectiva, ¿sabes?
—¿No me digas? —Divertido sonrió. —Pero tengo este
carácter, nena.
—Ese es el problema. Aunque a veces me gusta.
—¿Cuándo no te replico?
—Exacto. —Divertida miró hacia él y se le cortó el
aliento porque sus rostros estaban muy cerca.
Él miró sus labios provocándole un vuelco al corazón.
—Nena, tengo que decir lo que pienso —susurró.
—Pero es que piensas muy mal de mí.
—¿De veras? —Rozó sus labios provocando que
cerrara los ojos sintiéndose embriagada. —¿Y qué pienso de
ti?
—Que soy caprichosa.
Él besó su labio inferior de una manera tan erótica
que gimió. —Lo eras.
—Odias que no haya estudiado una carrera seria…
—Ajá. —Acarició su nariz con la suya antes de lamer
su labio superior provocándole un estremecimiento.
—Crees que manipulo a mi padre.
—Nena, le pediste un coche cuando ni tenías carnet y
te lo compró.
Soltó una risita. —Era una cucada. —Perdió la sonrisa
poco a poco. —Pero luego…
—Mejor no recordar lo que pasó luego.
—Sí, hay que pasar página —susurró mirando sus ojos
—. ¿Continuamos?
Besó su labio superior. —Lo estoy deseando.
Se echó a reír. —Eso nos lleva a una parte interesante
de lo que no te gusta de mí.
Besó su cuello. —Estoy deseando saberla.
Suspiró de gusto. —No te gustan las rubias, siempre
sales con morenas.
Lamió el lóbulo de su oreja. —Eso solo significa que
tengo un gusto pésimo.
—Y no quieres esperar hasta la boda.
A Tyger se le cortó el aliento. —Nena, ¿te lo estás
pensando?
Se sonrojó. —No, claro que no.
Él se apartó para mirar sus ojos. —Ah, ¿no?
—Bueno, algo lo he pensado. Es lógico, ¿no?
—Muy lógico.
—Y también he pensado que mi padre no es de dejar
las cosas al azar.
Se tensó enderezándose. —No, no lo es.
Sonrió irónica. —Que te haya hecho venir de Tokio, me
llamó muchísimo la atención.
—¿No me digas?
—Sí, porque todavía no habías cerrado el trato. Y tú
aquí no podías hacer mucho sobre mi…
—¿Metedura de pata?
Entrecerró los ojos. —Ya no podías controlar los daños.
¿Por qué te hizo venir, Tyger?
Él se levantó, lo que confirmó sus sospechas. Estaba
intentando buscar una salida lógica. —Quería que hablara
en la junta de accionistas.
—No me cuentes historias, siempre habla él.
—Quiere empezar a delegar.
—Mírame. —Tyger se volvió. —¿Te ha pedido que te
cases conmigo a cambio de la presidencia? —Él apretó los
labios. —¿Que te cases con su heredera? Sería un trato
redondo, ¿no? Así encarrilaría mi vida y tú conseguirías eso
que tanto ansías.
Su silencio lo dijo todo y dejó caer los hombros
desmoralizada. No la quería y era tan malditamente
manipulador como su padre.
—Qué bajo has caído —dijo tensándole—, qué bajo
habéis caído los dos.
—Solo quiere que seas feliz.
—¿Contigo? —preguntó con desprecio—. ¿Con un
hombre que no me ama y que vendería su alma al diablo
con tal de conseguir lo que es mío?
Él apretó los puños con rabia. —¡He trabajado como
un cabrón mientras tú vivías una vida de lujo! ¡Me merezco
ese puesto y lo sabes muy bien!
—Lo sé. Y él también lo sabe. ¡Por eso jamás le daría
la presidencia a otro! —Sonrió maliciosa. —A no ser…
—¿A no ser qué?
—Que me case con alguien con los mismos atributos
que tú. Un yerno del que se sienta orgulloso.
Tyger entrecerró los ojos. —Nena, no sé qué se te está
pasando por la cabeza, pero ya puedes ir olvidándote.
—Tú has empezado esto. Haber tenido un poco de
orgullo y haber dicho que no. —Cogió su bolso y fue hasta la
puerta. —Dile a mi padre cuando salga que ya sé qué hacer
con mi vida. —Le miró con odio intentando reprimir el dolor
de su corazón. —Que pase un buen día, señor Cassady.
—Nena…
Agarrada a la barra giró elevando una pierna mientras
sonaba el teléfono. Estiró el cuello y miró el sofá donde lo
tenía. —Hija, ¿no coges el teléfono? —gritó su madre desde
el salón—. ¡Tu padre debe estar que se sube por las
paredes! ¡Llevas así diez días!
Gruñó poniéndose de pie y cogió el teléfono. —Estás
alterando a mamá.
—Lo dudo, acabo de hablar con ella y estaba
perfectamente. Hija, ¿volvemos a las andadas?
—Díselo a ese yerno que te has buscado.
—Solo quería lo mejor para ti.
—¿Lo mejor? Si no me quiere.
—¿Ese es todo el problema?
Pasmada fue hasta la puerta y bajó las escaleras para
llegar al salón donde su madre leía una revista. —¿Y a ti no
te parece un problema? ¿Y me lo dices tú que llevas
enamorado de la misma mujer treinta años?
Marilyn soltó una risita pasando la hoja. —Le tengo
loquito.
—¿Te está oyendo tu madre?
—No. —Entró en la cocina y fue hasta la nevera donde
cogió un agua. Al ver la marca hizo una mueca. Iba a tener
que hablar con su madre de cómo administrar su pensión.
—¡Y no te desvíes del tema! ¿Cómo se te ocurre buscarme
marido? —La cocinera que estaba haciendo la comida soltó
una risita y ella se acercó para ver qué había. —Sin nada de
grasa, Teresa. Esta sigue la dieta como me llamo Anne.
—Lo que diga, señorita.
—Eso hija, que siga la dieta. ¿Toma la medicación?
—Por supuesto.
—¿Puedo ir a verla?
Se detuvo en seco. —¿No venías porque estoy
enfadada?
—No quería discutir contigo y que se disgustara —dijo
entre dientes.
Se sintió fatal porque hubiera pensado eso. —Papá,
tienes que dejar de hacer estas cosas.
—¿El qué?
—Que si te enfadas con alguna lo pague la otra.
Él gruñó. —Hago eso, ¿eh?
—Mira, si quieres venir a verla, pásate esta noche.
Tengo una cita.
—¿Cómo que una cita?
Sonrió maliciosa. —Con Spencer Barret.
—¿Qué? ¡Es un playboy de poca monta! ¡Y tiene
cuarenta años!
—Está de muy buen ver, es rico y dueño de una
empresa de material de deporte. Me lo he encontrado en el
club y me ha parecido agradable. —Soltó una risita. —Dice
que va a llevarme a París.
—¡Por encima de mi cadáver!
A ver si le daba algo. —Papá, te ha revisado el
cardiólogo, ¿no?
—¡Tengo el corazón de un toro!
Suspiró del alivio. —Genial, pues ya te contaré cómo
me ha ido.
—¡Anne ni se te ocurra! —Ella colgó el teléfono y
pasmado miró a Tyger. —Me ha colgado. ¡Mi hija me ha
colgado!
—¿Qué te ha dicho de una cita? —preguntó entre
dientes.
—¡Que ha quedado con Barrett!
Se tensó. —¿Qué has dicho?
—¡Ese gigoló de tres al cuarto va a salir con mi hija! —
dijo entre el pánico y el terror—. ¡Haz algo!
—¿Qué quieres que haga? ¡Se mudó a casa de Marilyn
el mismo día que lo descubrió todo y cuando no estaba con
su madre en el hospital, el portero no me dejaba pasar y no
me cogía el teléfono! ¡Desde que tu exmujer ha vuelto a
casa no puedo ir para que no se disguste si discutimos! —
Gruñó. —Y vamos a discutir. ¿Qué hago, Steven? ¿Me lo
quieres explicar? ¿La sigo por toda la ciudad?
—Sí.
—¿Cómo has dicho? —preguntó pasmado.
—Ese imbécil irá a recogerla a casa. Síguela. —Se
levantó mirándole fijamente. —Como ese cuenta conquistas
toque un pelo a mi hija, te capo.
—¿A mí?
—¡Todo esto es por tu culpa! ¡No haber cantado!
—Tu hija no es tonta, ¿sabes? Era muy lógico que
después de cómo nos llevamos durante todos estos años
viera un poco raro que le pidiera matrimonio.
—Es increíble lo torpe que eres con las mujeres.
—¿Yo torpe? ¿Te está dando un ictus?
Entrecerró los ojos. —Eres torpe con la que te gusta. Y
esa, que es mi hija, va a salir con ese don Juan esta noche.
¡Ponte las pilas!
Capítulo 6
—Oh, hija… estás monísima con ese vestido nuevo.
Has tirado la casa por la ventana, ¿no? Debe gustarte
mucho.
Se giró para mirarse por detrás. Era tan entallado que
le enfatizaba el trasero y el color azul resaltaba sus ojos. —
Veinte pavos me he gastado, pero es una inversión, mamá.
—Claro, hay que estar hermosa para pillar un hombre
como ese. —Observó como se ponía unos tacones de quince
centímetros. —Perfecta.
—Gracias.
—Me extraña que Tyger se haya cruzado de brazos
mientras otro hombre intenta arrebatarle la novia.
—No soy su novia —siseó cogiendo su bolso.
—Pues yo tengo la sensación de que estás loquita por
él —dijo mirándose su impecable manicura.
—¡Pero él no me quiere!
—Quiere casarse contigo, llevarte a la cama y por
cómo estuvo a tu lado cuando le necesitaste es evidente
que te apoyará. ¿Quién dice que no te quiere?
—Pues él.
Soltó una risita. —Que tontos son los hombres —dijo
saliendo de la habitación.
Ella la siguió. —¿Qué quieres decir?
—Cielo, como tú misma dijiste un hombre como él no
se deja manipular por nadie. Ni siquiera por tu padre. Ese
puesto ya era suyo y él lo sabía de sobra.
Se quedó sin aliento. —¿Crees que siente algo por mí
y aprovechó que papá se lo sugirió para intentarlo? ¡Si no
me soportaba!
—Creo que por respeto a tu padre no lo intentó antes
y cuando le dieron vía libre allá que fue. ¿Por qué quedarse
solo con la empresa si podía quedarse con todo? Hija, lo has
visto al revés.
—Estás equivocada —dijo sin salir de su asombro
porque esa posibilidad ni se le había pasado por la cabeza.
—Te apuesto a que sabe que vas a salir con ese y que
va a hacer algo para arruinarte la noche.
—Porque se habrá chivado papá.
—¿Y no era lo que querías al decírselo?
Se sonrojó ligeramente y su madre se echó a reír. —
Eso hija, tú hazte la ofendida que así le tendrás comiendo
de tu mano antes de lo que te imaginas.
Dio un paso hacia ella. —¿Eso crees?
Los ojos de Marilyn brillaron porque acababa de
confirmar lo que le había dicho su marido. Estaba loca por
Tyger. —Hija, ¿desde cuándo le amas?
Se puso como un tomate. —¡Yo no le amo!
—Hija…
—¡No le amo! Es un prepotente y un… Un...
¡Aprovechado!
—¿Y hace que tu corazón se paralice cada vez que te
sonríe?
—Mamá déjalo ya.
—¿Qué sentiste cuando volviste a verle después de
dos años? —Se mordió el labio inferior. —Hija, contéstame.
—Me echó la bronca.
—No te estoy preguntando eso. ¿Qué sentiste? ¿Qué
sintió tu corazón?
Agachó la mirada y a Marilyn se le cortó el aliento. —
Fueron unas décimas de segundo, pero me alegré.
—¿Hace cuánto que reprimes lo que sientes por él,
cielo?
—Fue un amor adolescente. —Levantó la barbilla. —
Todo el mundo tiene uno.
—Pero a todo el mundo no le dura años. —Cogió su
mano y la sentó en el sofá a su lado. —¿Por qué no quieres
intentarlo?
—Él no me quiere —dijo convencida.
—Y dale. Tu padre y yo lo que más queremos en esta
vida es que seas feliz y creemos que puede ser el adecuado.
¿No te fías de nuestro criterio?
Gruñó incómoda. —Y si no funciona la que sufriré seré
yo.
—La gloria es para los valientes.
—¿Y Spencer?
Marilyn soltó una risita. —Me muero por ver qué hace
Tyger esta noche con el orgullo que tiene. Será interesante.
Su padre miraba a su cita como si quisiera
desmembrarle mientras su madre desplegaba todos sus
encantos como buena anfitriona después de las
presentaciones, aunque ambos lo conocían de vista del
club.
—¿Nos vamos? —preguntó Anne cogiendo su bolso de
mano.
—Por supuesto. Ha sido un placer volver a verla tan
recuperada, señora Snow —dijo como todo un caballero
besando su mano.
Esta soltó una risita como una colegiala. —Gracias, es
muy amable.
—Llámeme Spencer, por favor. —Miró a su padre. —
Señor Snow…
—Mi hija tiene que estar en casa a las doce —dijo
cortante.
Parpadeó sorprendido. —¿A las doce?
—En punto.
—Querido, deja que se diviertan, la noche es joven. Lo
dice por mi medicación, pero pondré la alarma del móvil.
—Estaré aquí a las doce —dijo ella dejándole pasmado
cuando fue hasta la puerta y la abrió—. ¿Vamos? Tengo
hambre.
—Oh, sí por supuesto.
Dejó que él pasara y advirtió a su padre con la mirada
antes de cerrar.
—No le caigo muy bien a tu padre, ¿no?
Para qué mentir. —Pues no, pero me tienes que caer
bien a mí. ¿No es suficiente?
—Sí, por supuesto.
—Perfecto. —Entró en el ascensor y esperó que él
diera al botón.
—Estás preciosa —dijo acercándose demasiado—. Y tu
perfume es embriagador.
—Gracias, es nuevo. Y el vestido también.
—Te has tomado muchas molestias por mí —susurró
acercándose más y pasando la mano por su espalda para
cogerla por la cintura, lo que la hizo sentir realmente
incómoda.
—Spencer…
—¿Sí, preciosa?
—Las manos quietas. —Parpadeó como si no
entendiera. —Soy algo tradicional en el cortejo, ¿entiendes?
—Pero si has sido stripper.
—¿Cómo has dicho? —preguntó indignada—. ¿Y
porque haya enseñado los pechos ya hay vía libre?
—No, claro que no, pero te creía más liberal.
—Pues no —dijo levantando la barbilla—. ¿Todavía
quieres ir a cenar? ¿O vuelvo a casa de mis padres?
Él carraspeó incómodo. —No, si yo no…
Se abrieron las puertas y allí estaba Tyger cruzado de
brazos. Se quedó sin aliento. —¿A dónde vas, nena?
—Oh, pues… —Levantó una ceja mirando a su cita. —
¿Te decides o no?
—¿Qué hace este aquí?
—¿Es tu novio? —preguntó Spencer incrédulo. Se
acercó y susurró —Tiene fama de mala hostia en el club. Le
he visto en el gimnasio en el saco de boxeo, no me gustaría
que me partiera la cara y más cuando no voy a sacar ni un
polvo.
Ella jadeó y antes de darse cuenta Tyger agarraba a
Spencer por la corbata. —¿Qué has dicho?
—¡Tyger suéltale! ¡Ya no voy a salir con él! ¡Es un
idiota!
Volvió la cabeza hacia ella. —Eso pensaba.
Le señaló con el dedo. —¡Una cita! ¡Y estás a prueba!
Caminó hacia la salida y él se volvió para verla salir.
Spencer carraspeó. —¿Lo he hecho bien? ¿Me dejarás ganar
en un combate ante los socios?
Gruñó soltando su corbata y yendo tras ella. Spencer
suspiró del alivio antes de sonreír. —¡Te veo en el club,
amigo!
—Cállate idiota. Te va a oír —siseó antes de pasar
ante el portero—. Ni una palabra, Jeff.
—Por cien pavos soy sordo, ciego y mudo.
—Me cago en… Ya me has sacado cien por quedarme
en el portal.
—Es lo que hay.
Sacó la cartera viendo cómo se subía a un taxi.
—Tyger, ¿vienes o no? —gritó mosqueada.
Cogiendo la pasta el portero sonrió. —Que pase una
buena noche, señor Cassady. Se la ve muy dispuesta.
—Lo importante no es cómo empieza sino cómo
acaba.
—Acabará con ella aquí antes de los postres. ¿Quiere
apostar los doscientos pavos? —preguntó divertido.
—Hecho. —Salió a la acera y fue hasta el taxi
entrando a toda prisa. —Al Cardinale.
—Enseguida, jefe.
La miró poniéndose cómodo. —Nena, casi debería
ofenderme porque te has puesto preciosa para ese idiota.
—¿Casi? Deberías estar ofendidísimo. Ahí demuestras
lo que te importo.
—¿Vas a tener esa cara de vinagre toda la cena?
—¿Pero no estaba preciosa?
—Esto no empieza bien —dijo por lo bajo.
—¿Qué has dicho?
—Que no te noto muy receptiva, nena.
—Ah, que tengo que estar receptiva para cenar con
un hombre que solo quiere casarse conmigo por la empresa
de mi padre. —Al ver que el taxista les miraba por el
retrovisor dijo —¿Usted qué opina?
—Las sesiones de pareja las cobro aparte.
Tyger se echó a reír y ella le fulminó con la mirada. —
Paga él.
—Oh, pues si yo fuera usted con lo preciosa que es
saldría con otro. Siendo rica y guapa los debe tener a
patadas. Busque a uno que la quiera por sí misma, aunque
sea pobre.
Se le cortó el aliento mientras Tyger decía entre
dientes —Gracias amigo.
—Gracias no. Son veinte pavos.
Anne se adelantó. —Eso mismo pensaba yo, ¿sabe?
Pero la cosa está difícil.
—Pues tengo un sobrino que no solo es guapo sino
listo.
—Se acaba de quedar sin propina —dijo Tyger.
—¿Por qué cree que he pedido los veinte pavos?
Siempre que doy mi opinión me quedo sin propina. —Le
miró por el espejo. —Usted es guapetón y tiene clase. Es
lógico que busque a una con dinero.
—Mira tío… Tengo pasta de sobra que para eso
trabajo.
—¿También es rico?
—¡Pues sí!
Anne asintió. —Papá dice que ya es muy rico. Invierte
muy bien, ¿sabe?
—Pues chica, si es rico y le gusta este no se lo piense
tanto. Los ricos son así, se casan con gente con pasta.
Porque le gusta ¿no? Sino no estaría aquí y enfadada porque
quiere sacar tajada.
Le miró de reojo. —No está mal.
—¿Y a usted le gusta ella? Porque debe haber muchas
ricas herederas por ahí que se pirrarían por salir con un
galán como usted.
—Sí, me gusta —dijo entre dientes.
—Pues yo les declaro novios formales. —Detuvo el
taxi. —Hala, sesenta pavos.
Ella le miró impresionada. ¿Le gustaba? ¿O solo lo
había dicho para quedar bien con el taxista? Pero ese
hombre tenía razón podía conseguir otra rica heredera y
cualquier padre estaría encantado de tenerle por yerno,
darle la empresa y el alma si hacía falta. Era un hombre
admirado. No solo porque todo lo que había conseguido
había sido con su propio esfuerzo, pues su familia era de
clase media baja, sino porque tenía fama de tiburón en los
negocios y ella que conocía a los empresarios, porque se
había criado entre ellos, sabía que se pegarían por tenerle
por yerno.
—Sally Wilkings está soltera y es muy mona.
Gruñó mientras pagaba. —Nena, sal del coche.
—Su padre estaría que no cabría en sí de gozo por
pillarte. ¿Quieres que te la presente? Somos conocidas.
—Ya la conozco y no me interesa.
—Ah, ¿no?
Volvió la cabeza hacia ella fulminándola con la mirada.
—Vale, ya me bajo. Cómo te pones por una sugerencia de
nada.
—¿Una sugerencia de nada? ¿Tengo pinta de play
boy?
—¿Tengo que responder esa pregunta?
—¿Me estás llamando chulo?
Hizo que no lo había oído bajándose del coche y sin
poder evitarlo sonrió porque le había cabreado. Él salió del
taxi dando un portazo y gruñendo la cogió por el brazo. —
Nena, ¿qué tal si dejamos el tema y disfrutamos de la
velada?
—Eso pienso hacer.
Mirándola con desconfianza entraron en el local y
cuando el maître les vio casi se muere. —Oh, señor
Cassady, señorita Snow… cuánto lo lamento, pero de
momento no tenemos mesa.
—¿No has reservado mesa? —preguntó queriendo
chincharle.
—Preciosa, ¿acaso teníamos una cita? —Miró hacia el
hombre. —No pasa nada, tomaremos algo en la barra, Greg.
Suspiró del alivio porque sus mejores clientes no se
habían ofendido. —Por supuesto invita la casa.
Acompáñenme, por favor.
Siguieron a Greg hasta la barra y al mirar distraída a
su alrededor se tensó cuando vio en una gran mesa a
Jessica Broke mirándola disimuladamente mientras
murmuraba algo al grupo de chicas que la acompañaban,
que por lo que veía eran sus amigas de toda la vida. Mierda.
Volvió la vista al frente y todas se echaron a reír
demostrando que le habían dado la espalda.
—Tus amigas están en aquella mesa. ¿No vas a ir a
saludarlas?
—Será mejor que no —dijo algo pálida.
Tyger apretó los labios y cuando Greg les dejó en la
barra le dio las gracias mientras ella se sentaba en el
taburete dando la espalda al comedor todo lo que podía. El
camarero se acercó de inmediato. —Dos chardonnays.
—Enseguida, señor Cassady.
Él se mantuvo de pie observándola y le miró de reojo.
—Bueno, cuéntame, ¿qué tal tu día? —preguntó intentando
aparentar normalidad, aunque aquella situación no era
normal en absoluto.
—Nena, ¿qué te han hecho?
Agachó la vista avergonzada. —Nada.
—No me digas nada. Parece que les tienes miedo —
siseó.
—No digas tonterías.
—Ah, ¿no? Pues vamos a saludarlas.
—No. —Cogió su copa a toda prisa y le dio un sorbito.
Le miró de reojo porque Tyger no era de los que desistían.
Que estuvieran allí era un buen ejemplo. —Me dieron la
espalda, ¿vale? ¿Ahora dejamos el tema?
—A la hija de Steven Snow nadie le da la espalda.
—Pues ellas lo han hecho. —Sonrió con tristeza. —
Aunque ya lo habían hecho cuando perdí mi dinero. Dejaron
de llamarme cuando ya no pude acompañarlas en sus
salidas.
—Ahí demostraron que no eran amigas, ¿no crees? —
preguntó muy tenso.
Agachó la mirada demostrando que ese tema le dolía.
—Cindy me dijo que Jess la había obligado a elegir y como
yo ya no tenía ese nivel de vida… Llorando me preguntó
qué iba a hacer ella sola en la Riviera. Que Jess era muy
influyente y que su padre esperaba de ella que tuviera
buenos contactos.
—Esa zorra de Jess siempre te ha tenido envidia.
—El otro día fui al club por primera vez desde que
empezó todo. Jess estaba allí con Marni y Teresa. Estaban en
el bar tomando algo después de jugar al tenis. Por supuesto
pasé sin saludar siquiera y la oí decir lo bajo que había
caído. —Su labio inferior tembló intentando contener el
llanto. —Que ella jamás se metería a puta para conseguir
dinero y que no sabía cómo mi padre me había perdonado.
—¿Qué has dicho? —La cogió por la muñeca bajándola
del taburete y tiró de ella hasta el comedor.
—¿Tyger? —preguntó asustada.
Se detuvo para mirarla a los ojos. —Eres Anne Snow.
Si hay alguien influyente en este maldito lugar esa eres tú.
A ver si se te mete de una maldita vez en la cabeza, nena.
—dijo furioso—. ¿Qué haría tu padre?
—Enfrentarse a ellos —susurró.
—Exacto, jamás deja que nadie le pise. Y puesto que
tú eres la única que se ha enfrentado a tu padre y ha salido
victoriosa, ¿vas a dejar que esa estúpida te arrincone? Hace
dos años tú estabas en el centro de esa mesa.
—Ya no quiero estar ahí —dijo avergonzada.
—Por supuesto que no porque han demostrado que no
son amigas de verdad, pero vamos a dejarle claro a esa
zorra que el puesto que ahora ocupa es tuyo y que si
quisieras recuperarlo la echarías a patadas. Ahora levanta la
barbilla como haría tu padre y ve a ponerla en su lugar.
Sabía que tenía razón, pero ese tema le dolía mucho y
que se rieran de ella sus propias amigas la avergonzaba. A
saber lo que dirían los demás a sus espaldas. Además Jess
era muy vengativa y a saber lo que podía hacer si se
enfrentaba a ella. —Vámonos.
Incrédulo dio un paso atrás. —Les tienes miedo, no es
solo vergüenza.
—No es cierto.
La cogió por los brazos. —¿Qué te han hecho? Y no te
lo pregunto más porque si tengo que preguntarlo de nuevo
lo haré allí y te aseguro que la cosa no acabará bien.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Me robó mi diario.
—¿Qué?
—Jess me robó mi diario. Cuando las cosas empezaron
a ir realmente mal después de que firmaran el divorcio la
llamé porque sabía que quería mi reloj. El que papá me
regaló en mi dieciocho cumpleaños. Se lo vendí por un
precio de risa y aprovechó para comprarme más cosas que
yo sabía que quería. La dejé sola para ir a buscar una bolsa
y me robó mi diario. —Una lágrima cayó por su mejilla. —Me
di cuenta esa noche y solo había estado ella en casa. La
llamé y cuando se lo reclamé se rio de mi advirtiéndome
que no me acercara a nuestras amigas. Tiene todo lo que
decía de papá en esos días. Todos mis pensamientos. Si lo
publica… No quiero perder a papá.
Tyger la abrazó a él. —Muy bien, nena… No pasa
nada, lo recuperaremos.
—¿Cómo? No me lo dará ni reconocerá que lo tiene.
La conozco muy bien.
La besó en la coronilla y susurró —Nena, nos están
mirando. Te prometo que lo arreglaré, pero lo que vas a
hacer ahora es apartarte loca de la alegría y darme un beso
como si esas lágrimas fueran de felicidad. No queremos
dejar en evidencia a tu padre de nuevo, ¿no? —Se enderezó
entre sus brazos. —Eso es preciosa, eres una Snow y esa
zorra lo va a pagar. De eso me voy a encargar yo.
Levantó la vista hacia él esperanzada. —¿Lo harás?
Él sonrió. —De eso puedes estar segura. —
Increíblemente le creyó y sonrió antes de ponerse de
puntillas para acercar sus labios a los suyos. —Tenías que
haberme llamado, nena. Yo lo hubiera arreglado. —Atrapó
sus labios besándola apasionadamente y Anne se dejó
llevar. Varios del restaurante silbaron y Tyger se apartó
mirándola a los ojos.
Ella se sonrojó y para su sorpresa Tyger sin soltarle la
mano arrodilló una pierna. —Anne Snow, desde que te
conozco poco a poco has ido entrando en mi corazón y en
estos dos años separados me he dado cuenta de lo esencial
que eres en mi vida. Tanto que no quiero perderte. ¿Me
harías el honor de ser mi esposa?
—¿Qué haces? —preguntó entre dientes sin perder la
sonrisa.
—Aprovechar la situación.
—Serás cabrito.
Él se echó a reír y besó su mano. —Vamos, nena. Será
todo un reto, pero podemos hacerlo.
Separó los labios de la impresión porque parecía que
lo deseaba de veras y antes de que se diera cuenta dijo —
Sí.
Varios aplaudieron levantándose de sus sillas y Tyger
rio incorporándose poniéndole algo en el dedo. Se le cortó el
aliento al ver un enorme diamante en forma de corazón y
sorprendida miró sus ojos. —¿Lo llevabas contigo?
—Hay que estar preparado.
—¿Para cuando tuviera la guardia baja?
Se echó a reír cogiéndola por la cintura. —Exacto. —La
besó de nuevo y sin poder evitarlo se sintió feliz porque su
cuerpo, su mente y su alma eran suyos. Cuando se apartó la
besó en la frente. —Muy bien, nena. Se acercan a
felicitarnos.
Sonrió a los conocidos que ni había visto en su llegada
y para su sorpresa Cindy se acercó. —Felicidades.
—Gracias —dijo sinceramente.
—Ha sido precioso.
Sonrió mirando a Tyger. —Sí que lo ha sido.
—Hacéis la pareja perfecta —dijo Jess tensándola.
Cindy perdió la sonrisa apartándose y mostrando que
estaba tras ella con una sonrisa falsa en el rostro—.
Felicidades.
—Gracias.
—Aunque esto ya se sabía, claro.
—No te entiendo.
—Bueno, la heredera y el posible presidente… No hay
que ser muy inteligente para leer entre líneas —dijo con
segundas.
—No sé de qué me hablas.
—¿No? —Se echó a reír y se acercó para susurrar —
Siempre has sido algo infantil e inocente. Espabila, Anne.
Puede que tú le ames con locura, pero él no siente lo mismo
por ti.
—¿Ahora eres adivina? —preguntó Tyger muy tenso.
—No tengo que serlo. —Le miró a los ojos sin dejarse
intimidar. —En esos dos años has venido a Nueva York al
menos diez veces y no te has molestado en quedar con ella
porque quedabas con otras.
Anne perdió todo el color de la cara porque ella solo
sabía de dos viajes en los que no había coincidido porque
estaba muy ocupado a pesar de que su madre le había
invitado a cenar. Pero en esas dos ocasiones siempre decía
que tenía compromisos. Compromisos con otras.
—Eso es mentira —dijo él entre dientes aliviándola.
—Yo no miento. Puedo llamar a Goldie Preston y
preguntar si estoy en lo cierto. ¿No ha sido tu amante
durante ese tiempo?
—Dios mío, Jess… —dijo Cindy escandalizada—. Nos
están mirando.
—Cállate.
Tyger dio un paso hacia ella. —Escúchame bien
bruja… ¿Sabes lo primero que voy a hacer mañana por la
mañana?
—¿Llamar a Goldie para decirle que ya no podrás
verla?
—No, porque lo de Goldie se acabó hace mucho. Voy a
llamar a tu padre y le voy a hacer una oferta que no deberá
rechazar. —Jess se tensó. —Me parece que no recuerdas con
quien estás hablando, zorra manipuladora, pero yo no voy a
dejar que hagas daño a mi mujer con tus estupideces.
Devuélvele lo que es suyo. Todo, porque si no vas a verme
realmente cabreado. Acércate a un periodista o a las redes
para soltar tus mentiras y tú y los tuyos acabaréis pidiendo
en Central Park. Eso te lo juro por mis muertos. —Cogió del
brazo a Anne que ni sabía qué decir. —Vamos, nena. Al
parecer ya tenemos mesa. Señoritas…
Anne miró a Cindy sin moverse del sitio. —¿Es cierto?
—Nena…
—¿Es cierto? —preguntó sin levantar la voz.
—Goldie nos dijo en el club que había quedado con él.
Eso fue hace más de año y medio. Vino de Tokio para una
reunión. No te lo dije para no disgustarte.
Entonces Anne sonrió disimulando. —Cielo, eso ya me
lo habías contado. —Cindy suspiró aliviada. —Quedaste con
ella para asesorarla con el testamento de su padre. Fue
cuando murió el señor Preston, ¿no amor?
—Sí, nena. —Muy tenso cogió su mano. —Vamos que
Greg está esperando.
—Miéntete a ti misma, pero jamás te querría si no
fuera por tu empresa —dijo Jess con rabia.
—Esas palabras no merecen réplica. Deberías
controlar tus celos, Jess. Te lo digo como amiga —dijo con
burla antes de perder la sonrisa poco a poco para decir
fríamente—. Envíame lo que es mío a mi casa a primera
hora. Mi prometido no tiene paciencia y si no quieres que
haga esa llamada procura darte prisa. Tengo entendido que
tu padre no tiene muy buen carácter cuando se enfada. —
Jess apretó los puños. —Y se va a enfadar, ¿no es cierto? —
Sonrió a Cindy. —Me he alegrado de verte.
—Lo mismo digo. —Incómoda miró a Jess que parecía
a punto de montar un numerito. —Te llamaré.
—Sí, hazlo. Tenemos mucho que contarnos. Vamos
querido, estoy muerta de hambre y tenemos que celebrar
nuestra noche.
—Lo estoy deseando, preciosa. —La besó en la mano
y tiró de ella hacia la mesa donde Greg les esperaba con
una botella de champán.
—Felicidades.
—Gracias, Greg. —Su prometido le acercó la silla y se
agachó a su lado para susurrar —Muy bien, nena.
No dijo palabra mientras se sentaba ante ella. —¿Es
cierto?
—Eso fue antes. —Esas palabras fueron como un jarro
de agua fría. Él cogió la copa que Greg le ofrecía y se la
tendió. —Brindemos, preciosa.
—¿Por nosotros? —preguntó con burla mientras Greg
se alejaba.
—Por el futuro. —Mirándola a los ojos continuó —Que
es lo único que importa.
Por mucho que le doliera sabía que había tenido un
pasado con otras mujeres y no podía reclamarle nada, pero
mejor dejar las cosas claras desde el principio. —Eres mío.
Él que iba a beber se detuvo mirándola a los ojos. —
Este anillo en el dedo dice que eres mío y no de otra. Así
que si tienes en mente casarte conmigo para quedarte con
la empresa y después vivir tu vida, que se te vaya
olvidando. —Sonrió maliciosa. —Porque haré que papá
ponga en el contrato prematrimonial que si me eres infiel te
quedarás sin nada, ¿me has entendido?
Él sonrió divertido. —Nena, eres más parecida a tu
padre de lo que piensas.
Correspondió a su sonrisa aliviada porque no se lo
hubiera tomado a mal. —Lo sé, mi amor.
—¿Y si tú me eres infiel a mí? Tu madre lo hizo.
Apoyó los codos sobre la mesa. —¿Te preocupa?
Perdió la sonrisa de golpe. —Pues sí.
Entonces se dio cuenta del poder que tenía ella en ese
matrimonio y sonrió aún más. —Cielo, pues si te preocupa
tendrás que hacer que eso no suceda, ¿no crees? —Se
encogió de hombros. —No me desatiendas.
Se la comió con los ojos. —No creo que eso pase.
Bebió de su copa de champán pensando que era
mejor cambiar de tema. —¿Te das cuenta que puede que no
haya sido la estrategia más inteligente?
—¿Estás cambiando de tema o seguimos con el
mismo? Porque si seguimos con el tema de la boda he
estado brillante. —Sonrió divertido. —Pero como te conozco
y sé que no quieres hablar de sexo porque eso te tentaría…
—No me tentaría.
—Nena, vamos a poner unas reglas. Número uno, no
me interrumpas. —Jadeó mientras él continuaba —Como iba
diciendo supongo que para no hablar de sexo has sacado el
tema de esa bruja para que nos centremos en otra cosa. Y
la respuesta es que he decidido cortar por lo sano, con esa
gente hay que ir de frente para no llevarte sorpresas. Ahora
sabe que me has contado lo del diario y teme que meta a su
padre en esto o que le perjudique comercialmente, que
puedo hacerlo y mucho. Eso la hará ir con pies de plomo y
no meter la pata. Si lo devuelve, todo queda en nada y si se
va de la lengua, la que va a vender todo lo que tiene es ella.
—¿Y si ya se lo ha enseñado a alguien? —preguntó
preocupada.
—Si lo ha hecho se encargará de que mantengan la
boca cerrada porque sabe que la responsabilizaré a ella.
Tendrás el diario en tu casa por la mañana y si hay alguna
copia no la utilizará. Puedes estar tranquila.
—Jess no es de las que se quedan con los golpes.
—Tú tampoco. Y ese desafortunado video es buena
prueba de ello.
Se sonrojó. —¿Vas a sacar otra vez el tema?
—Si me hubieras llamado, nada de todo esto habría
ocurrido —dijo entre dientes.
—No mostrabas mucho interés por mi vida antes de
irte a Tokio, de hecho me tratabas como a una estúpida. Si
te hubiera llamado, te hubieras puesto de su parte.
—Si me hubieras llamado me hubiera enterado de la
verdad mucho antes que tú y te hubiera abierto los ojos —
dijo entre dientes—. Lo que hizo tu madre me parece
indignante. No solo le pone los cuernos a su marido, sino
que engaña a su hija haciéndote creer que Steven es un
monstruo.
—Temía perderme.
—¿Y eso justifica el daño que te hizo?
—No se lo perdonará nunca.
—Lo que no entiendo es como tú la has perdonado. —
Bebió lo que quedaba de su copa.
—Porque la quiero y sé que ella me quiere por encima
de todo. Renunció a lo que podía conseguir por mí.
La miró sorprendido. —Al contrario que tu padre, ¿eso
quieres decir?
Agachó la vista hacia la carta que tenía delante. —
Tenía que haberme entendido.
Tyger apretó los labios. —Y lo hizo, nena. Pero tenía
las manos atadas por el trato al que habían llegado.
Anne suspiró. —Estoy harta de esto.
—Pues aún nos quedan unos flecos que solucionar
aparte de esa amiga tuya.
Le miró sorprendida. —¿Qué? ¿De qué hablas?
Tyger suspiró. —Nena, la empresa necesita mostrar
estabilidad. A partir de ahora tendrás que ir a las cenas o
actos que haya con cara de niña buena y no provocar más
divorcios entre nuestros invitados. Nada de escándalos en el
futuro, ¿me entiendes?
Se sonrojó. —No es culpa mía que se aburrieran.
—Sí que lo es, porque no las entretuviste como era tu
función. En eso se basa una buena anfitriona, en que todos
se sientan a gusto. No te hagas la tonta.
Entrecerró los ojos. —Estaba cabreada. ¡La abandonó
antes de los cuernos!
—Pues que hubiera hablado con él o que se hubiera
divorciado. —Sus ojos brillaron. —Te pillé.
Le miró sin comprender. —No sé qué quieres decir.
Tyger se echó a reír. —Nena, eres de lo que no hay…
—¿Te está afectando el champán, cielo?
—Estabas cabreada por lo que tu padre había hecho,
por provocar la situación en la que te encontrabas y
buscaste esa salida. Dejarle en evidencia. Me imagino que
en el club lo sabían si le pidieron pasta para impedirte
actuar y que se organizara el escándalo.
Arrepentida de haber intentado chantajear a su padre
se mantuvo en silencio. Pero en aquel momento necesitaba
el dinero y no pensaba justificarse. Hizo lo que creyó
correcto para pagar las facturas, pero era evidente que él
pensaba que todo había sido premeditado desde el
principio. La creía tan manipuladora como ellos. Estaba
claro que si se casaba con él debía ponerse las pilas y que
la creyera una bruja para que no le tomara más el pelo.
Levantó la barbilla dispuesta a decir lo que quería oír. —
Pues no, no lo sabían. Sé disimular cuando quiero. Creyeron
en mí y en mi situación. Solo querían ayudarme.
—Que buenos samaritanos.
—El dueño del local era un aprovechado, pero allí
conocí a alguien que tenía un corazón de oro. —Recordando
a Cristel acarició la copa de champán. Esperaba que las
cosas le fueran bien.
—Dudo que tuviera un corazón de oro. Algo quería.
Le miró a los ojos. —No, es una mujer acostumbrada a
los golpes de la vida y quería protegerme.
—¿Tan amigas fuisteis?
—No, pero lo veía en sus ojos.
Se acercó el camarero algo indeciso porque no habían
leído la carta. —¿Saben lo que desean esta noche?
Mirándose a los ojos dijeron a la vez —Langosta.
—Excelente elección. —Retiró las cartas y se alejó.
—Así que lo hiciste a propósito. ¿No hubiera sido mas
fácil y… limpio hacer una entrevista poniendo a tu padre
verde?
—Eso papá no me lo perdonaría nunca —dijo con
descaro.
—Es interesante que eligieras esa profesión.
—¿Sí?
—En el límite de lo moral. Y eso me recordaría el
regalo que te hice, ¿no es cierto? ¿Querías provocar mi
vuelta, nena?
Se le cortó el aliento. De todo lo que tenía para
vender jamás pensó en deshacerse de la barra de striptease
y era porque se la había regalado él. Le necesitaba, pero era
mejor que no se diera cuenta. —Sigue soñando.
Sonrió divertido. —Como he dicho antes te he pillado,
nena. Este matrimonio será interesante porque eres más
retorcida de lo que aparentas. —Apoyó los codos sobre la
mesa. —Reconócelo, querías que volviera. Te exhibiste de
esa manera tan provocativa para mostrarme lo que me
estaba perdiendo. Estabas harta, harta de la actitud que no
entendías de tu padre, de pasar necesidades, de que yo
estuviera fuera, lo perdiste todo y te dio igual lo que
pensara la gente. Querías castigarnos a todos ¿no es cierto,
preciosa? Y si caían las acciones te daba lo mismo. Te has
criado entre informes empresariales y conversaciones de
accionistas, sabías lo que iba a ocurrir en Tokio cuando se
enteraran. Todo estaba milimétricamente pensado para que
nos jodiera lo máximo posible. —Como no decía nada Tyger
asintió apretando los labios antes de coger la botella de
champán y llenar su copa. —Bien hecho, nena.
La sorpresa se reflejó en sus ojos mientras él decía —
Jamás vuelvas a dejar que te pisen. —Sonrió divertido. —
¿Qué pensabas hacer con Jessica?
La verdad es que no había pensado mucho en ella con
todo lo sucedido, porque era evidente que no iba a revelar
el contenido del diario a no ser que se acercara demasiado
a sus amistades y perdiera el trono que ahora ostentaba.
Así que dijo resuelta —Darle algo que no pudiera rechazar
por el diario.
—¿Y eso era?
—Tú.
Ahora sí que se quedó de piedra. —¿Perdón?
—Siempre te ha deseado, cielo. Por la posibilidad de
una cita contigo me hubiera dado su alma si fuera
necesario. —Cogió su copa y bebió un buen sorbo sintiendo
la boca seca de tanto mentir.
—Otra razón para que regresara de Tokio.
—Pues sí.
—¿Y cómo pensabas convencerme a mí para que
acudiera a esa cita?
Levantó su mano izquierda mostrando su anillo y
Tyger al verlo sé quedó pasmado. —No… No eres tan
retorcida.
Era evidente que mentir como una bellaca no se le
daba mal porque se lo estaba tragando todo. —Antes de
que te fueras a Tokio papá me dijo algo que me llamó
mucho la atención. Volverá, cielo. No te preocupes por eso.
Esto es temporal hasta que se haga cargo de mis
responsabilidades.
—Incluida tú.
—Sabía que en su mente estaba dándole vueltas a
nuestro matrimonio y que estaría encantado de tenerte por
yerno. Tú te morías por dirigir la empresa algún día y
aunque mostrabas que no te caía en gracia eres muy
ambicioso. Iba a ofrecerte ser mi marido, pero papá se me
adelantó. Si te digo la verdad me sorprendió mucho que me
lo pidieras. Me quedé de piedra.
—Por eso supiste lo del pacto con tu padre.
—Claro que sí. Era la misma idea que había tenido yo.
—Entonces no sé por qué pusiste tantos peros a mi
propuesta, cielo.
—Hubiera sido extraño que claudicara en el acto
después de cómo nos llevábamos, ¿no?
—¿Y lo de buscar trabajo y todo lo demás como ese
piso donde vivías?
—Oh, quiero independencia. No quiero verme dentro
de unos años con una vida vacía como mi madre.
Se la quedó mirando fijamente y levantó su copa. —
Me acabo de dar cuenta de que voy a casarme con una
mujer muy inteligente.
—Gracias, cielo. —Chocó su copa con la suya.
—¿Ahora que todo ha acabado serás buena?
—Claro que sí, amor. Mientras no me defraudes… —Se
escuchó un pitido. —¿Es el tuyo?
Gruñó sacando el móvil del bolsillo interior. —Sí, nena.
Cuando vio que apretaba los labios supo lo que era. —
¿Un buen samaritano que cree que todavía no has visto el
video?
—Exacto. —La fulminó con la mirada guardándose el
móvil.
—¿Qué? Tampoco es para tanto.
—Lo que me jode es que acaba de felicitarnos por el
compromiso.
—La falsedad humana no tiene límites —dijo con
segundas—. Oh, ahí vienen nuestras langostas. —Sonrió al
camarero. —Gracias.
—De nada, señorita Snow.
—Snow por poco tiempo.
—Por cierto, nena. ¿El quince de octubre?
—Cariño, no daría tiempo a organizar la boda que
quiere mi madre y que pagará mi padre. —Se adelantó
cuando el camarero se retiró. —Piensa que puede que crean
que te avergüenzas de eso.
—Ya no tendré fechas libres hasta las navidades.
Sin darse cuenta sus ojos brillaron de la ilusión. —El
treinta y uno de diciembre.
—¿En nochevieja? —preguntó divertido.
—Todo el mundo tendrá la fecha libre y seremos
nosotros los que organicemos la fiesta. Será perfecto.
—Muy bien, pues que sea el último día del año.
—Iniciaremos nuestra vida de casados en un nuevo
año dejando todo atrás. —Algo insegura preguntó —¿Crees
que podrás hacerlo?
Sonrió. —Por supuesto.
Soltó una risita empezando a comer su langosta. —¿Y
dónde viviremos?
—Hace dos años compré una casa en el Upper East
Side. Tiene tres plantas y seis habitaciones más dos de
servicio. Pensaba arreglarla y venderla como inversión, pero
tuve que irme a Tokio. Ahora creo que será perfecta para
nosotros.
—Estoy deseando verla.
—Nena, no te hagas ilusiones que necesita mucho
trabajo. Tendremos que vivir en mi piso una temporada.
Se encogió de hombros como si le diera igual. —Hay
tiempo hasta el primer niño.
Se la quedó mirando mientras comía y cuando se dio
cuenta levantó la vista hacia él. —¿Qué?
Sonrió con picardía robándole el aliento. —Te estoy
imaginando embarazada y me están dando unas ganas
terribles de fecundarte.
—Shusss, ¿estás loco?
Se echó a reír mientras ella se ponía como un tomate.
—Nadie de aquí se escandalizaría. Estamos comprometidos.
¿Qué más da esta noche que el último día del año?
Madre mía, qué calores. Por cómo la miraba parecía
que quería comérsela entera.
—¿Acaso crees que voy a romper este compromiso?
No, preciosa. Ya eres mía. —La miró intensamente. —Y como
eres mía esta noche dormirás en mi cama.
—Tyger…
—¿Acaso vas a desatenderme tú a mí? Soy una
persona muy sexual, nena. No vas a tenerme casi seis
meses a dos velas.
En eso tenía razón. Él siguió comiendo como si aquella
conversación se hubiera acabado y ella susurró —Hay
alternativas.
—Nena, dejé las pajas hace mucho tiempo.
Se puso de un rojo intenso. —¿Y si te las hago yo?
Dejó caer el tenedor de la impresión antes de levantar
la vista hacia ella. —¿Qué has dicho?
—Bueno, si no puedes aguantar…
—Nena, si me tocas ahí no sales virgen de la cama.
—¡No te vale nada!
Él se echó a reír. —Tú has puesto la fecha de la boda y
has dejado los términos de este matrimonio muy claros con
eso de la fidelidad. Yo pido esto, tampoco es para tanto.
La atmósfera que se estaba creando entre ellos la
estaba excitando muchísimo, la verdad. —¿Esta noche? —
preguntó con la boca seca.
Sin dejar de demostrar todo lo que la deseaba cogió
su copa de champán. —Esta noche.
Se le quedó mirando mientras seguía cenando.
¿Estaría haciendo lo correcto? No la amaba, se casaba con
ella por la empresa y puede que no la amara nunca. Pero
ella le quería, para qué negarlo. Se había enamorado de él
hacía tanto tiempo que ni recordaba su vida antes de Tyger.
Siempre estaba deseando que fuera a cenar a su casa,
aunque tuviera que aguantar sus pullas. Y que regresara de
Tokio había sido una auténtica alegría a pesar de los gritos y
las discusiones. Eso le hizo pensar si por mantenerle a su
lado haría cualquier cosa. Bueno, ya había aceptado un
matrimonio sin amor, así que iba por ese camino. Pero al
menos tenía una oportunidad de ser feliz y como decía su
padre cuando se quería algo había que luchar por ello con
uñas y dientes. Y pensaba hacerlo, claro que sí.
Capítulo 7
Hablaron de muchos temas durante la cena y para
alegría de Anne todo fue sorprendentemente bien. Se
conocían perfectamente y ambos supieron evitar los temas
conflictivos. A los dos les encantaba esquiar y decidieron
irse de luna de miel a los Alpes. Para los días que quedaban
de verano no decidieron nada por el estado de su madre,
pero si todo iba bien puede que le pidieran el yate a su
padre. Si no se quedarían en los Hamptons.
Estaban a los postres cuando Tyger dijo —Creo que
van a volver.
—¿Mis padres? —preguntó ilusionada.
—Tu padre sigue loco por ella.
—Creo que mamá también, pero no me ha dicho nada
de ese tema. Está muy avergonzada por lo ocurrido.
—Todavía estoy sorprendido, ¿sabes?
—¿Por lo que hizo mi madre?
Asintió. —Y porque tu padre no me contara lo que
ocurría. Creí que confiaba en mí.
—Estabas fuera.
—Solo me dijo que había decidido divorciarse y
cuando le pregunté por qué únicamente me respondió que
se había acabado. Fue tan tajante que pensaba que ya no la
quería y no le pregunté nada más. Tenía que haber insistido
en el tema. Fue leyendo la prensa cuando me enteré de que
tu madre le había sido infiel, pero tampoco quiso hablar de
eso.
—Cuando venías…
—Tres veces, nena. Solo estuve en Nueva York tres
veces y en esas ocasiones fueron días de locura con todas
las reuniones que tenía pendientes.
—Pero quedaste con ella.
Sonrió irónico. —Tenías que sacar el tema.
—Podías haber quedado con papá.
—Tu padre no podía quedar esa noche, nena. Tenía
una cena de negocios.
—Y aprovechaste el tiempo libre.
—La conocía de antes y ninguno tenía pareja. Fue solo
sexo sin compromisos por parte de los dos. Te aseguro que
ella no esperaba nada más.
—Si lo iba contando por ahí sí que esperaba algo más.
—Pues no es mi problema. Yo fui claro desde el
principio.
—¿Y en Tokio?
La pregunta le divirtió. —Nena, no soy un santo.
Gruñó por dentro. —Eso no hace falta que lo jures.
—Parece que te molesta.
—Pues que hayas pasado de mí hasta que te lo ha
dicho mi padre me molesta un poco, sí. Será orgullo
femenino —dijo entre dientes.
—Nena, si tu padre no hubiera sido quien es no
hubieras llegado virgen a los veinticinco.
Se le cortó el aliento. —¿De veras?
—Creo que ha llegado la hora de pedir la cuenta. —
Sonó un pitido y gruñó cogiendo su móvil. Cuando vio la
pantalla juró por lo bajo.
—¿Pasa algo?
—Nena, me parece que vamos a tener que suspender
la noche e ir a tu casa de inmediato.
—¿Por qué? Ya me había hecho ilusiones, ¿sabes?
—Se avecina un sunami de proporciones bíblicas. Tu
amiga está colgando fragmentos de tu diario en internet.
Perdió todo el color de la cara. —¡No!
—Vamos, nena. —Se levantaron de inmediato, pero a
Anne le fallaron las piernas. Pálida dejó que la cogiera por la
cintura y Greg se acercó lo más aprisa que pudo. —Mi
prometida no se encuentra bien. Un taxi.
—Sí, por supuesto.
Salieron de allí tan rápido que ni se dio cuenta de que
la prensa estaba fuera sacando fotos. Tyger juró por lo bajo
antes de decir la dirección de sus padres a toda prisa. La
besó en la sien. —Nena, no te desmayes.
—Dios mío, Dios mío… Esto va a hundir a papá. —Se
echó a llorar cubriéndose el rostro. —No me lo perdonará
nunca.
—Tranquila, sabrá que no es culpa tuya. Se lo
explicaré todo.
Sollozó. Había sido una estúpida, tenía que haber
conseguido que le devolviera el diario antes, pero en
realidad siempre creyó que Jess no lo utilizaría si se alejaba
de sus amistades. Era evidente que la amenaza de Tyger no
se la había tomado nada bien. ¿Es que estaba loca? Los
suyos no pararían hasta hundirla y estaba advertida. ¿Cómo
había hecho algo así?
—Que se prepare para la demanda que le va a caer —
dijo Tyger furioso sin dejar de abrazarla.
Entrecerró los ojos. ¿Demanda? Jessica se moriría de
vergüenza si la demandaran. No, ella no se expondría a algo
así. Su imagen lo era todo para ella y enfrentarse a los Snow
en los tribunales la convertiría en una paria social. Y Jess no
era tonta en absoluto como para cometer un error tan
monumental.
—No ha sido ella —dijo casi sin aliento.
—Claro que sí. Viste la rabia que tenía cuando
hablamos con ella.
—Lo robó, sí. Y aunque no lo reconoció ambas
sabíamos que no lo utilizaría a no ser que quisiera recuperar
mi puesto en sociedad que es lo único que le importaba.
¿Pero exponer lo que escribí en las redes? No, Jessica es
más sibilina. Iría soltando rumores sobre lo que hay en el
diario. ¿Para qué decirlo en las redes si puede contarlo a las
personas adecuadas?
—La acorralamos y ha pasado esto.
—Es que no me puedo creer que haya sido tan
estúpida.
—¿Crees que le enseñaría a alguien el diario?
—¿En estos meses? ¡No lo sé!
El teléfono de Tyger sonó y al ver la pantalla se
enderezó. —Es Mathew Broke.
Al oír el nombre del padre de Jessica se quedó de
piedra y vio cómo se ponía el teléfono al oído y decía —Tu
hija te ha metido en un buen lío. Vais a pagar por esto.
Escuchó los gritos al otro lado de la línea y como
alguien lloraba. Entonces supo que estaba en lo cierto.
—Joder Mathew, no me cuentes historias. ¡Tu hija ha
cometido un delito! Varios delitos y pienso hacer que lo
pague. Ha enfangado la reputación de los Snow y lo pagará.
—Colgó el teléfono furioso.
—Jess sabe muy bien que si quisiéramos vengarnos de
ella no pararíamos hasta destrozarla. —Volvió la vista hacia
su rostro. —Si mi padre me hundió a mí, ¿qué crees que
hará con ella? Sabe muy bien todo lo que viví, porque lo ha
leído. Solo pensar que puede pasarle lo mismo la volvería
loca. No, ella no es capaz de hacer algo así. Tiene que ser
alguien que no tenga nada que perder y la ha utilizado de
tapadera para hundirme ante mi padre.
—Para hundiros a las dos.
Separó los labios de la impresión. —Cindy.
—Joder con tus amigas. ¿Pero por qué iba a querer
hundirte a ti?
—Hace unos años papá hizo un negocio que perjudicó
muchísimo a su familia. Perdieron la mitad de su patrimonio.
Y cuando hablé con ella después del divorcio, el día en que
me dijo que tenía que alejarse de mí porque Jess la había
amenazado con excluirla vi todo el rencor que le tenía.
Siempre era objeto de sus burlas. Muchos años de rencor
acumulado. Así mataría dos pájaros de un tiro.
—Y esta noche vio su oportunidad al escuchar lo de
las redes.
Asintió. —Se imaginó que hablábamos del diario y
aprovechó la oportunidad. Sería Jessica la que pagaría las
consecuencias y papá pagaría por lo que le hizo a su
familia.
Él miró al frente pensando en ello. —Seguro que se ha
cubierto muy bien las espaldas para hacerlo. Apuesto que el
que ha colgado esto tiene un perfil falso y lo habrá hecho
desde un ordenador que no le vincule.
—Cindy es programadora informática —susurró.
—Estupendo. No tenemos pruebas contra ella. Solo
podemos decir que la información es falsa y esperar que no
salga a la luz el verdadero diario.
—Dame el teléfono.
—Nena, si ha sido Jessica… ¡No puedes estar segura
de que no ha sido ella o las dos!
—Es lo que voy a averiguar. Dame el teléfono, Jessica
me bloqueó cuando le reclamé el diario y no puedo llamarla
yo.
Él suspiró y tocó varias veces la pantalla antes de
darle el teléfono. Contestaron enseguida. —¡Tyger, te juro
por lo más sagrado que no ha sido ella! ¡Tengo el diario
aquí, estábamos hablando de ello cuando me llamaron para
contármelo!
—Mathew, que se ponga Jessica.
Se puso de inmediato. —¿Anne? ¡Te juro que no he
sido yo! ¡Se lo estaba contando a mi padre porque estaba
asustada, pero nunca haría algo así! —gritó histérica.
—¿Le has enseñado a Cindy el diario? —Se hizo el
silencio al otro lado. —Jessica… Ahora no es momento para
que te quedes callada.
—Sí, lo ha leído. Y Teresa también.
Cerró los ojos porque sus amigas de toda la vida no
valían nada. —Cindy dijo que debía escanearlo por si al
diario le pasaba algo. Ella se encargó mientras tomábamos
una botella de vino en mi casa.
—Entró en su ordenador y sacó una copia —dijo Tyger
entre dientes—. ¡Tus amigas son estúpidas!
Jessica se puso a llorar. —Lo siento, te juro que lo
siento. Mi padre no tiene culpa de esto. Sabes que lo que
más quería en el mundo fue a mi madre y te juro por su
tumba que nunca se me pasó por la imaginación publicarlo
en las redes. ¡No soy estúpida! ¡Tu padre se tiraría sobre mí!
—Tráeme el diario a casa de mis padres. ¡Ahora!
En ese momento se detuvo el taxi y Tyger salió a toda
prisa para pagar al conductor por la ventanilla mientras ella
salía. El portero abrió la puerta levantando una ceja y Tyger
gruñó. —Ya te pagaré.
—No hay prisa.
—¿Mi padre se ha ido? —preguntó yendo hacia el
ascensor.
—No, señorita Snow. Sigue arriba.
Intentando reprimir las lágrimas pulsó el último piso y
cuando las puertas se cerraron Tyger la abrazó por los
hombros pegándola a él. —Todo irá bien.
—Tiene una copia del diario. Esto ya no se puede
parar.
—Encontraremos una solución.
Sacó a toda prisa las llaves de su bolso y cuando las
puertas del ascensor se abrieron casi corrió para abrir.
Cuando vio que en el salón no había nadie frunció el ceño y
al oír un gemido miró hacia arriba. Sorprendida volvió la
vista hacia Tyger que suspiró. —Increíble.
—¿Qué hacemos? —susurró.
Dio un paso hacia ella. —Esto es una ventaja, nena. Si
se lo contamos nosotros no se lo tomará tan mal.
—¿Eso crees? —preguntó dudosa.
—Tú llora mucho.
—Haré lo que pueda —dijo entre dientes.
—Nena, ahora no saques tu rebeldía que no es el
momento. ¿Hay alguien en casa? —gritó bien alto.
Se escuchó un jadeo y un golpe en el piso de arriba. —
Mamá, ¿estás bien?
—¡Sí! —chilló mientras se oían pasos corriendo de un
lado a otro—. ¡Ya estás aquí! Si son las diez y media…
—Al parecer el marcapasos le funciona
estupendamente —dijo Tyger divertido.
—No tiene gracia —siseó.
—¿Acaso no era lo que querías?
Pues también era verdad, pero justo esa noche había
sido toda una sorpresa. En realidad, toda la noche había
estado plagada de sorpresas. —Dile primero que nos
casamos. Eso le alegrará.
—No, nena eso hay que dejarlo para el final para
endulzarle el momento.
—Estará tan cabreado que ni te escuchará.
—¿Quién es el experto en negociar? Y está claro que
tú no tienes ni idea de la naturaleza humana, así que
déjame esto a mí.
—Eso es mentira. Calo muy bien a la gente —dijo
indignada.
—Seguro que esa que tiene un corazón de oro es una
asesina en serie.
—Qué tontería. No mataría a una mosca. —Hizo una
mueca. —¿Te he dicho ya que el dueño del local sí que fue
detenido por asesinato? ¡Y a ese le había calado!
La miró espantado. —¿Qué has dicho? ¿Te has
relacionado con asesinos?
—La mató antes de que yo llegara. No lo sabía.
—La madre que te parió —dijo entre dientes.
—Oh, ahí baja.
Marilyn en bata se pasó las manos por su cabello
rubio intentando aparentar normalidad, pero su sonrojo la
delataba. —Tyger, qué sorpresa. —Confundida miró a su
hija. —¿Y tu cita?
—Era imbécil.
—Sí, tenía pinta. —Sonrió bajando los escalones. —Así
que Tyger llegó al rescate.
—Algo así.
—Y te ha traído a casa. Que amable.
—¿Y papá?
—Oh, se ha ido a casa —dijo sonrojada.
Tyger y ella se miraron antes de suspirar. —Mamá, que
os hemos pillado.
Marilyn se puso como un tomate. —No es lo que
crees. Me estaba haciendo un masaje porque me duele la
espalda y… —Al ver sus caras suspiró. —¡Steven baja, que
nos han pillado!
—Preciosa es que no sabes disimular. Siempre se te
pilla. —Su padre apareció en la escalera loco de contento. —
Hija, tengo buenas intenciones.
—Me alegro mucho, papá.
—Sabía que lo harías. —Bajó los escalones como todo
un chaval.
Al verle tan contento porque había vuelto con su
madre se le puso un nudo en la garganta porque ese
maldito diario iba a volver a estropearlo todo.
Pasó ante ellos y fue hasta el mueble bar. —Que
sorpresa que estéis juntos —dijo como si nada mientras
servía dos whiskies. Pero al volverse con los vasos en las
manos y ver sus caras se detuvo en seco. —¿Qué pasa?
—Se ha filtrado algo a las redes que nos va a afectar y
mucho —dijo Tyger provocando que su padre se tensara—.
Será mejor que te sientes mientras te lo explico. Nena, vete
a por un sedante para tu madre.
—¿Tan grave es? —Marilyn palideció sentándose en el
sofá. —¿James ha hablado de nuestra relación?
—No, no es eso. —Tyger se pasó la mano por la nuca.
—Es algo mucho peor.
Su padre miraba el móvil con los labios apretados. No
había dicho una palabra desde que Tyger lo había explicado
todo y su madre era evidente que tampoco sabía qué decir.
—Creí que habías dejado de escribir diarios cuando tenías
trece años —dijo Marilyn.
Avergonzada agachó la mirada. —Cuando empezó el
divorcio comencé a escribirlo para desahogarme. —
Angustiada se apretó las manos. —¿Papá? Lo siento mucho.
—Tenías que haberme dicho que te lo habían robado
—dijo entre dientes.
—Lo sé.
—Joder…
En ese momento sonó el teléfono y Tyger fue hacia él
levantando el auricular. —Bien, que suban. Los Broke están
aquí con el original.
—Podemos decir que eso es mentira —dijo Marilyn
intentando encontrar una salida.
—Tu hija cuenta ciertos detalles sobre mi
comportamiento durante el divorcio que todo el mundo
sabrá que es suyo. Además, tiene una letra muy particular.
En cuanto la prensa rasque un poco confirmarán a quien
pertenece —dijo Steven muy tenso.
Que hubiera dicho tu hija demostraba hasta el punto
en que estaba cabreado y reprimió un sollozo volviéndose
porque no soportaba la expresión torturada de su rostro.
—Hija… —Marilyn se levantó para acercarse a ella. —
No es culpa tuya.
—No tenía que haberlo escrito.
—Por supuesto que sí.
Sorprendida se volvió para mirar a su padre que
apretó los labios por su dolor. —Te hice daño, de alguna
manera tenías que desahogarte. Son tus pensamientos más
íntimos y te los han robado. Nadie tiene derecho a hacer
esto y no es culpa tuya, ¿me oyes? Yo soy el responsable de
que escribieras ese diario y jamás fue tu intención que
saliera a la luz. Los culpables son ellos, no tú.
Tyger abrió la puerta mientras Marilyn decía —
También es responsabilidad mía por no haberte dicho toda
la verdad. Lo estabas pasando muy mal y no tenías con
quien hablar. Es lógico que hicieras algo así.
Anne se echó a llorar tapándose el rostro y los Snow
se acercaron para abrazarla. —No llores —dijo su padre—.
Les haremos frente juntos, mi niña. Ya nada podrá
separarnos.
—Lo siento.
—Sé que lo sientes.
—Están aquí.
Su padre se apartó y los tres se volvieron hacia la
puerta para ver entrar a los Broke. Jess estaba
descompuesta mientras su padre muy tenso decía —Steven
no sabes cómo siento esto.
Se acercó a ellos y alargó la mano. —El diario. —Jess
lo sacó rápidamente del bolso entregándoselo. —Sabes que
has cometido un delito, ¿no es cierto?
—Sí —susurró asustada.
—Voy a destrozarte.
—¡Steven! —dijo su padre intentando protegerla.
—¡Esta zorra ha dañado a mi hija y la ha expuesto
ante toda la ciudad! ¡Ha expuesto sus miedos, sus lágrimas
y su sufrimiento! ¡Se ha reído de ella con sus amigas! —La
miró con rencor. —¿Qué ella no lo ha publicado? Esa excusa
no me sirve de nada. ¡Qué no se lo hubiera robado! ¡Ella lo
inició todo y ella es tan responsable como la que lo ha
colgado en las redes, que también pagará! ¡Ahora
desapareced de mi vista!
El señor Broke al darse cuenta de que de él no
conseguiría nada miró a su prometido. —Tyger, por favor. Es
algo caprichosa, pero no es mala chica.
—He visto con mis propios ojos como justo después de
pedirle matrimonio a Anne y de ponerle el anillo en el dedo,
se acercaba a ella para decirle claramente que me casaba
por su empresa y que le era infiel. —Dio un paso hacia ellos
con rabia. —Y lo hizo únicamente para robarle la ilusión del
momento y empañar la pedida de mano. —Marilyn jadeó
llevándose la mano a la boca. —Así que no me digas que no
es mala chica porque es una arpía de cuidado.
El señor Broke miró a su hija furioso. —Eres igual que
tu madre.
—Papá…
—Prepárate para lo que te pueda pasar porque esto se
acaba aquí. ¡Te he advertido mil veces! Ya es hora de que
pagues las consecuencias. —Asombrados vieron cómo se
iba solo y Jessica sollozó. Anne sintió pena por ella porque
no hacía mucho se había sentido así.
Jess la miró a los ojos y dijo —Lo siento.
—Se le pasará.
Negó con la cabeza. —No lo creo. Es cierto que me
había advertido antes y que lo que te hecho es
imperdonable. —Sacó de su bolso una bolsa de terciopelo y
la dejó en el aparador de la entrada antes de irse en
silencio.
Tyger se acercó a toda prisa para coger la bolsa y
echó el contenido encima de su mano. Eran sus joyas, las
que le había vendido.
Steven apretó los labios antes de ponerse el móvil al
oído. —¿Derek? Prepárate para proteger a mi familia de la
prensa. —Colgó y le dijo a Tyger —Que vengan los
abogados.
Capítulo 8
Se acercó a la cama de su madre con las pastillas que
tenía que tomar y Marilyn las tragó en silencio. —¿Estás
bien?
—Sí, hija. No te preocupes por mí. Ven, siéntate a mi
lado.
Se sentó en la cama y su madre cogió su mano
intentando reconfortarla. —Así que vas a intentarlo. —La
miró sin comprender. —Tyger. —Sonrió. —Te ha pedido
matrimonio.
—Sí, bueno… Lo hace por la empresa.
—La manera en la que te ha defendido hace unos
minutos no era por la empresa. Era algo personal. —Como
su hija no decía nada apretó su mano. —Lo pagarán. Todos.
No debes preocuparte.
—Le he hecho daño.
—Sí, lo que ha leído le ha hecho daño, pero no porque
se publicara sino porque ha visto claramente todo el dolor
que te provocó.
—No era mi intención…
—Lo sé. Y él también lo sabe. Siento que todo esto
haya enturbiado tu pedida. ¿Te sorprendió? Cuéntame cómo
ha sido.
Ella se lo contó todo desde que habían entrado en el
restaurante. Cuando terminó hizo una mueca. —Me lo ha
pedido para justificar mis lágrimas.
—Tenía el anillo preparado.
—Ha aprovechado el momento.
—Y tú has dicho que sí.
Agachó la mirada. —Le quiero.
—Lo sé. Y aunque al principio no estaba de acuerdo,
ahora creo que es el hombre adecuado para ti. Estás
rodeada de tiburones que quieren hincarte el diente, ya sea
para sacar algo de ti o para hacerte daño. Tyger te ayudará
a sobrevivir entre ellos. Será un apoyo para ti y ha
demostrado que es de fiar. Es el hombre adecuado. Tu padre
tiene razón.
—¿Y si no consigo su amor?
—¿Temes no poder vivir con ello?
—Temo perderle. —Se miró el anillo en su dedo. —
Siempre he deseado esto, pero ahora que lo tengo solo
temo perderle.
—¿Sabes lo que me dijo una vez mi madre? —Anne la
miró a los ojos. —Que no hay nada más seductor que la
admiración. Si te admira como mujer, como persona…
siempre será tuyo.
Dejó caer los hombros decepcionada. —No admira
nada de mí. Cree que no sirvo para nada. Bueno sí, para dar
problemas.
—Eso no es cierto. ¿Y sabes por qué lo sé? Porque te
desea.
Se le cortó el aliento. —Sí.
—El deseo es esencial en una pareja. Y te aseguro que
desaparece cuando hay desprecio o desdén. Las cosas se
enfrían o simplemente no empiezan. Si hay deseo es que te
admira de alguna manera. Todo va relacionado.
—Cree que hice lo del club a propósito, para
vengarme de papá —susurró—. Me felicitó porque no quiere
que nadie me pise.
Marilyn sonrió. —¿Ves? Ahí lo tienes.
—¿Quiere una bruja?
—Quiere que te defiendas. Igual ver durante tantos
años lo pasiva que eras en tu vida, le cabreaba porque
quiere que te espabiles. —Acarició su mano. —Y es hora de
que te espabiles, hija. Confías demasiado en la gente y las
personas como nosotros desgraciadamente no podemos ser
libres para hacer lo que nos venga en gana. Muchas
personas, muchos puestos de trabajo dependen de su buen
hacer. De su imagen.
—Dios, esto va a perjudicar a la empresa muchísimo.
—Pues tendrás que hacer algo para arreglarlo, ¿no? —
Los ojos de Marilyn brillaron. —Demuéstrales que no eres
solo la hija de un rico empresario. Tú vales muchísimo.
—Quieres que dirija la fundación.
—Quiero que ocupes el lugar que te mereces ya sea
en la fundación o en otro sitio, pero demuéstrales quien es
realmente Anne Snow.
Pensando en ello bajó las escaleras para ver a su
padre con los abogados leyendo en varios ordenadores
portátiles lo que se había publicado. Tyger estaba de pie
tras su padre con los brazos cruzados mirando la pantalla de
su jefe y levantó la vista hacia ella. —Nena acuéstate,
nosotros nos encargamos. —Sacó su móvil y dijo por lo bajo
—¿Por qué no llama el informático?
Dio un paso hacia ellos mientras uno de los abogados
respondía —Si ha cubierto sus huellas no tendremos nada.
Jessica cometió un delito, sí, pero la señorita Snow no la
denunció en su momento. No utilizó la información para
perjudicarla, solo la guardó. No le caerá mucho. Igual un año
de libertad condicional si el juez es lo bastante duro. Y sobre
la otra, si no hay una pista fiable no tendremos con qué
pillarla. A esta sí que podrían caerle cinco años, pero
necesitamos algo con que trabajar.
Ella bajó la vista hasta su padre que leyendo la
pantalla estaba hundido. Se le habían echado encima diez
años y su corazón se retorció porque no dejaba de leer
como si necesitara saberlo todo. Dio un paso hacia ellos. —
Quiero hacer una declaración.
Miraron hacia ella asombrados y su padre separó los
labios de la impresión. —Hija, ¿qué dices?
—Son mis pensamientos los que salen ahí. Debo ser
yo quien dé una explicación.
—Tú no tienes que explicar nada —dijo Tyger—. No ha
sido responsabilidad tuya.
—Pero muchos pensarán que sí. Pensarán que es
parte de mi venganza. Debo dejar claro que eso no es así y
debo apoyar a mi padre.
—Cielo, a mí no tienes que justificarme.
—Si lo hace ella será mejor ante el público, señor
Snow —dijo una mujer que estaba sentada en la mesa del
salón a la que no había visto. La morena se levantó
mostrando sus piernas kilométricas y caminó hacia ellos
quedándose muy cerca de Tyger para su gusto.
—¿Quién es usted?
—Es Barbara Smith, la nueva relaciones públicas de la
empresa.
—¿La has contratado tú?
—Sí.
Hala, ya estaba. Un sí y asunto zanjado. Anne miró los
ojos castaños de la mujer que dijo —Si usted da las
declaraciones y lo preparamos para que no haya preguntas
incómodas, puede decir que todo eso que escribió fue fruto
de la rabia y el dolor de una niña caprichosa. Eso puede ser
suficiente para que todo vuelva a la normalidad.
Era evidente que quería sacarles de ese embrollo
sacrificándola a ella. —Así que quiere que diga eso. Que soy
una caprichosa que escribe esas cosas en su diario después
de una rabieta. Como si tuviera cinco años, ¿no?
La mujer se sonrojó. —Pues…
—¡Mi hija no va a hacer eso!
—Por supuesto que no —dijo Tyger fulminando a
Barbara con la mirada—. Mi prometida no va a quedar como
una estúpida. ¿Acaso no ha leído lo que pone en ese diario?
—preguntó elevando la voz.
—Mi amor cálmate —dijo tranquilamente dando un
paso hacia ellos—. Lo que está claro es que esa publicación
ha dañado la imagen de mi padre y de la empresa.
Debemos hacer algo de inmediato si no queremos perder el
trato con los de Tokio y otros posibles negocios. No habrá
ningún discurso pactado ni teleprónter, eso no queda
sincero ante las cámaras. Seré yo, mi prometido y mi padre
ambos flanqueándome y apoyando mis palabras al cien por
cien. Contaré que me robaron el diario y por supuesto,
aunque no consigamos nada Jessica será denunciada. —Los
abogados asintieron. —Explicaré las circunstancias en las
que se escribió el diario y lo que sufrí por la ruptura de mi
familia. Contrataremos una psicóloga experta que acuda a
una de esas tertulias de la televisión en máxima audiencia
para que diga que era una manera de desahogarme. Que en
esas ocasiones se puede ser exagerado e incluso dramático,
que mucha gente después de escribir en su diario y leerlo
años después se avergüenza de sus pensamientos.
Dejaremos claro que son mis sentimientos por algo que
llegó a superarme.
—Seguramente después de esto y el numerito del
club le preguntarán si está a tratamiento para canalizar
esos sentimientos. ¿Qué debe decir sobre eso? —preguntó
Barbara muy seria.
La miró fríamente porque la había interrumpido. —
Que fui a una psicóloga, pero que me dijo que estaba
perfectamente. Que en determinados momentos todos
podemos ser algo irritantes.
—Querrá decir irritable.
—Quería decir exactamente lo que he dicho. ¿No sabe
captar una indirecta? Pues le va a ir muy mal en este
negocio.
La mujer se sonrojó y Tyger sonrió divertido. —¿Estás
segura de esto, nena?
—Hay que hacer frente a lo que se estará diciendo. Y
cuanto antes mejor. —Miró a su padre. —¿Estás de acuerdo?
—No quiero que sufras más.
Sonrió y se acercó a él agachándose para darle un
beso en la mejilla. —Te quiero.
Emocionado susurró —Y yo a ti, mi pequeña.
Se volvió y cogió la mano de Tyger que dijo —
Retírense, lo que falta lo solucionaremos mañana.
Mientras se levantaban se miraron a los ojos. —¿Me
llevas a tu casa? No quiero pensar en nada.
A Tyger se le cortó el aliento. —¿Ni en mí?
—Solo en ti.
Se acercó y besó sus labios suavemente. —Claro que
sí, nena. Recoge tus cosas y nos vamos.
—Papá, ¿te quedas con mamá?
—Por supuesto. No te preocupes por ella.
Asintió y fue hasta las escaleras para ver como
Barbara con el maletín en la mano se acercaba a Tyger. —
No, se hará como Anne ha dicho. Prepáralo todo para
mañana a las doce del mediodía.
—¿Y si no se las apaña con ellos?
—Para eso estaremos su padre y yo. Pero se las
apañará.
Su corazón se hinchó de la alegría porque confiara en
ella para eso. Cuando se fue vio como su padre se acercaba
a él y decía —Después de la rueda de prensa despídela. Si
no cuida los intereses de mi hija no puede tener este
trabajo.
—Eso pensaba hacer.
Anne sonrió volviéndose hacia su habitación.
Los chicos de seguridad les hicieron un pasillo hasta el
coche de su padre donde Tom cogió la bolsa y cerró la
puerta a su paso.
—¿Se va de casa? ¿Su padre la ha echado? —gritó una
periodista tirándose a la ventanilla, aunque no podía verla
por los cristales tintados.
—Malditos buitres —dijo Tyger molesto.
—Esto no lo había previsto —dijo ella preocupada—.
¿Creen que me he ido de casa?
—Nena, tienes que estar preparada para mañana
porque intentarán sacarte de quicio.
Asintió. —Tranquilo, no perderé los nervios —dijo con
seguridad.
Tyger la miró fijamente. —Te veo muy tranquila.
—Lo que más me preocupaba era que mi padre se
enfadara. Ahora lo que me preocupa es intentar reparar el
daño causado.
La cogió por los hombros pegándola a él. —Lo ha
entendido.
—Eso no significa que no sufra por ello. —Miró por la
ventanilla. —Y jamás fue mi intención hacerle daño.
—Lo sabe, nena.
—Si esto va bien, quiero llevar las relaciones públicas
de la empresa.
A Tyger se le cortó el aliento. —¿Qué has dicho?
—Puedo hacerlo mucho mejor que esa. —Él no puso
buena cara, así que era evidente que no le parecía buena
idea. —No crees que pueda con ese puesto.
—Hay que tener contactos en la prensa. Hay que
saber cortar a tiempo. Y tu situación actual es muy delicada.
No quiero que te relaciones con la prensa más de lo
necesario. Y más en este momento.
—Muy bien, lo entiendo. —Apoyó la cabeza en su
hombro. Maliciosa dijo —Se lo preguntaré a papá.
—Ja, ja. —Como ella no dijo nada preguntó —Es
broma, ¿no?
—Puede.
—Nena…
—Lo haría mejor porque conozco la empresa y tengo
los contactos. El director del Times, del Herald todos me
conocen. He cenado con ellos varias veces en actos
públicos. ¿Esa que contrataste se relaciona con ellos?
Gruñó. —Y te ponen verde en sus periódicos.
—Igual tenía que haberles llamado antes. Quieren
vender y…
—No.
Suspiró porque ahora estaba cerrado en banda. Ya le
convencería. Y tenía que convencerle a él porque era el
hueso duro de roer de la empresa y no quería que su
relación laboral enturbiara su matrimonio. Sonrió. Su
matrimonio. Se iba a casar con él. ¡Iba a hacer el amor con
él! Frunció el ceño. ¿Se había depilado las ingles?
—Puede que más adelante. Además, ahora estarás
muy ocupada con la boda, la casa y todo lo demás —dijo
suavemente.
Qué mono, no quería ofenderla. Algo raro en él, la
verdad. Le miró frunciendo el ceño. —Cielo, ¿estás bien?
—Sí, claro.
—Es que en otro momento pegarías cuatro gritos
acusándome de estar loca y me has dado la razón.
—No te he dado la razón.
—Casi.
Él gruñó. —No quiero que te disgustes. Más de lo que
ya estás, claro.
—Claro. Intentas ser delicado. —Entonces lo entendió.
—Por el diario. Te ha afectado lo que escribí.
—¡Joder, es que no sé cómo les has perdonado a
todos! ¡Estabas destrozada!
—Este ya es mi prometido.
—Y esas zorras… Ya pueden esconderse —dijo entre
dientes.
—Sí, ya eres mi prometido. —Acarició su pecho. —Eso
ya pasó.
—¡Si me hubieras llamado, todo habría sido muy
distinto!
Sintiéndose muy excitada acarició su pecho. —¿Te
encuentras mejor?
—Joder, como lo necesitaba. —Atrapó sus labios y la
cogió por la nuca saboreándola de una manera que hasta le
encogió los dedos de los pies. Se apartó de repente y Anne
le miró con los ojos como platos. —¿Demasiado?
Se tiró a él para reclamar su boca y Tyger agarrándola
por el trasero la sentó a horcajadas sobre sus muslos.
Instintivamente movió las caderas sobre él y gimió al sentir
su sexo bajo el suyo. Sus manos subieron hasta sus pechos
acariciándolos por encima del vestido y sintiendo como el
fuego la recorría apartó su boca para inclinar su cuello hacia
atrás. Él aprovechó para besarlo. —Nena, que bien hueles.
Escucharon un golpecito en el cristal y ambos se
miraron con la respiración agitada. —Jefe hemos llegado —
dijo Tom.
—¿Seguimos arriba? —preguntó él.
—Sí, sí —dijo ella impaciente bajándose de su regazo
a toda prisa.
Tyger sonrió. —Nena, te noto ansiosa.
—Muy gracioso. Tú has provocado esto —dijo entre
dientes—. Mueve el culo.
Riendo salió del coche y le dio la mano. Intentando
aparentar que no pasaba nada la cogió para salir del coche
y varios flashes de la prensa la hicieron parpadear. Tyger
cogiéndola por la cintura la llevó hasta el portal mientras
Tom les seguía con la maleta. Varios preguntaron si se iba a
vivir con él, pero les ignoraron mirándose a los ojos. Tom le
entregó la maleta al portero que fue directamente al
ascensor de servicio.
—Voy a conocer tu casa.
—¿Nunca habías estado aquí? —preguntó sorprendido.
—Estuve en la anterior en una fiesta de Navidad, pero
en esta no.
—La otra era muy pequeña.
—¿La casa nueva tiene buen salón?
—Impresionante, nena. —Entró en el ascensor. —Ya lo
verás.
—Lo estoy deseando. —En cuanto se cerraron las
puertas se lanzaron el uno sobre el otro para besarse
desesperados.
Tyger la cogió por el muslo elevándola y agarrándose
en sus hombros rodeó sus caderas con las piernas. Él apartó
su boca sorprendido. —Nena, te agarras muy bien.
—Es la barra. Subir por ella endurece los músculos —
dijo sin aliento.
Acariciando sus nalgas susurró —La pondremos en
casa.
—Sí, sí —dijo antes de besarle en el cuello enterrando
los dedos en su espeso pelo negro.
El click del ascensor hizo que Tyger fuera hasta la
puerta con ella encima casi chocándose con el portero. Este
carraspeó. —Buenas noches, señores.
—Está algo cansada.
—Ya lo veo, señor. Que descansen.
Anne soltó una risita. —Espero que no se lo diga a la
prensa.
—Es muy discreto. Además, se juega el trabajo, no
abrirá la boca. —Entró en su casa y cerró la puerta con el
pie. Anne dejó caer los zapatos al suelo y se agarró el
vestido por la cintura tirando de él, dejando sus pechos
desnudos ante su rostro. —Joder nena. Desde que las vi en
ese video no he podido dejar de pensar en estas
preciosidades. —Lamió su pezón endurecido y Anne
suspirando de gusto dejó caer el vestido al suelo
inclinándose hacia atrás para facilitar que llegara a ellos. —
Tienes los pezones más bonitos que he visto nunca. —
Chupó con ganas y a Anne se le encogió el vientre de
placer. La sentó sobre el sofá y sin dejar de besar sus
pechos se quitó la chaqueta impaciente. —¿Estás excitada,
nena? Déjame comprobarlo. —Se agachó entre sus piernas
y lamió su sexo por encima de las braguitas de encaje. Anne
gritó de la sorpresa y del placer que la recorrió. —¿Estás
húmeda? —Tiró de sus braguitas impaciente y su lengua
recorrió su sexo de arriba abajo. Anne no era capaz ni de
pensar y su cuerpo gritaba clamando liberación. Cuando
Tyger llegó a su clítoris lo rodeó con la lengua. —Tu sabor es
tan dulce… —Chupó con ansias y Anne se estremeció de
arriba abajo en un orgasmo tan brutal que la dejó sin
aliento. Observándola con deseo se incorporó tirando de su
corbata. —Nena, se nota que lo necesitabas. Demasiada
tensión, ¿no? Tranquila que cuando acabe contigo ni
recordarás lo que ha ocurrido.
La camisa como el resto de su ropa desapareció
rápidamente y cuando Anne fue capaz de abrir los ojos ya le
vio desnudo ante ella. Ese vello que recorría sus fuertes
pectorales hasta acabar en su sexo la encendió de nuevo y
se lamió el labio inferior con la respiración agitada sin dejar
de mirar su sexo erecto. —No, nena. Lo probarás en otro
momento. —La cogió por debajo de las rodillas y acarició su
sexo de arriba abajo con el suyo. La miró a los ojos entrando
en ella lentamente y a Anne se le cortó el aliento porque su
roce en su interior era algo increíble. Vio que apretaba los
labios. —Ya he llegado a tu virginidad. Te va a doler,
preciosa.
—No me duele nada.
Entró en ella de un solo empellón hasta llenarla por
completo y ella admirada dijo —Eres bueno. Ni me he
enterado.
Se movió lentamente provocando que cada músculo
de su cuerpo se tensara de necesidad —¿Y de esto te has
enterado?
—Madre mía…
La cogió por la nuca y atrapó sus labios apasionado
mientras apoyaba la otra mano en el respaldo del sofá para
mover las caderas de nuevo. Desesperada por aferrarse a
algo agarró su cintura rodeando sus caderas con las piernas
y a medida que se deslizaba en su interior sus manos fueron
bajando hasta su duro trasero. Él apartó sus labios
mirándola a los ojos y entró en ella acelerando el ritmo.
Anne recibía cada embestida con ansias y cada vez que la
llenaba su cuerpo clamaba de la alegría y la necesidad.
Clavó las uñas en su trasero y Tyger entró en ella con tal
contundencia que su alma escapó de su cuerpo para
encontrarse la verdadera felicidad.
Un beso en la espalda la hizo sonreír. —Vamos, nena.
Es muy tarde y tenemos la rueda de prensa.
Gimió agarrando la almohada mientras le escuchaba
levantarse de la cama. Abrió un ojo y vio como entraba en
el baño. Al ver los arañazos en su perfecto trasero frunció el
ceño. Pobrecito, tenía que cortarse las uñas.
—Anne, no te lo digo más —dijo desde dentro.
Gimió levantándose. Le dolía todo. Y ahí abajo escocía
un poco, pero no lo diría ni muerta. Se levantó pensando
que había tenido la mejor noche de su vida. Y él debía
pensar parecido porque no le había dado un minuto de
descanso hasta las cinco de la mañana. Entró en el baño y
se sentó en el wáter viendo como él se duchaba.
Increíblemente no le daba vergüenza hacer pis ante él y no
lo pensó mucho mientras observaba como el jabón caía por
sus piernas. Es que hasta los pies tenía bonitos. Y ese
hombre era todo suyo. Qué suerte tenía.
Tyger sonrió. —Tienes cara de sueño.
—Culpa tuya. —Tiró de la cadena y se acercó a la
ducha.
—¡Quieta ahí!
Jadeó indignada. —¿No tenías prisa?
—Nena, tú quieres otra cosa.
Sonrió maliciosa. —¿Eso crees?
Se echó a reír. —No tenemos tiempo.
Bufó yendo hacia la puerta. —Tú te lo pierdes.
—Esta noche.
—Promesas, promesas…
Escuchando la risa de Tyger salió de la habitación
deteniéndose en seco al ver a la mujer de la limpieza en el
salón pasando el plumero. —Buenos días, Sharon —dijo
avergonzada.
—Buenos días, señorita Snow. Una mañana
estupenda, ¿no? —Se acercó a su maleta y cuando la cogió
caminó hasta ella.
—Trabajas en sábado —dijo muy incómoda por estar
en pelotas.
—Solo por la mañana. Si no cuando llego el lunes esto
es un desastre.
—Oh, claro.
—¿Qué le apetece de desayunar?
—No, si yo con una tostada…
—¿Tostada? No. El desayuno es la comida más
importante del día. Usted déjeme a mí.
Como para discutir con ella en esa guisa. —Vale.
Sonrió encantada antes de volverse y seguir con lo
suyo como si nada. Uy, esta había visto muchas en pelotas
por allí. Mosqueada volvió a la habitación y al llegar al baño
allí estaba su hombre afeitándose. Intentando ignorar ese
trasero le dijo —Oye, ¿Sharon ha visto muchas mujeres en
cueros por aquí?
Él que se estaba pasando la maquinilla por la mejilla
se detuvo en seco volviéndose. —Nena, ¿qué pregunta es
esa? Claro que no.
—¿No? Porque no parecía nada sorprendida de verme.
¡Y así!
Reprimió la risa. —¿Estás celosa?
—No tiene gracia —dijo metiéndose en la ducha.
—Intenta que no te sientas incómoda. ¿Y cómo sales
así?
—Es sábado, ¿qué sabía yo que trabajaba los
sábados?
—¿Y si hubiera estado mi madre?
Le miró sorprendida. —¿Puede venir?
—Los sábados a veces viene a desayunar. —Siguió
afeitándose. —Dice que sino no me ve el pelo.
Chilló cogiendo el gel a toda pastilla y divertido vio
cómo se duchaba en tiempo récord. Ni le dio tiempo a
quitarse la espuma de la cara cuando ya corría hacia el
dormitorio envuelta en una toalla. —Nada como amenazar
con que viene la suegra como para que te des prisa. Lo
tendré en cuenta.
—¡Señor le suena el móvil!
Juró por lo bajo cogiendo una toalla para ponerse por
las caderas. —¿Ves? Se hace así.
—Ja, ja —dijo mirando su ropa. No es que tuviera
mucha, pero de momento hasta que se fuera de compras
tenía que arreglarse. Sacó el vestido blanco. Sí, ese era un
color excelente para la rueda de prensa.
—¡Nena, la han pillado!
Se le cortó el aliento y le vio entrar en la habitación.
—El informático tiene pruebas.
—¿De veras? —Suspiró del alivio cuando le vio asentir.
—Sí, al parecer no es tan lista como se piensa. Abrió
su perfil con un correo nuevo, pero la han pillado por el
número de teléfono de confirmación de cuenta. Al parecer
uso uno nuevo, pero lo pagó con su tarjeta de crédito. Y
agárrate, lo compró hace seis meses. Nuestro experto está
buscando más pruebas. Tiene una conocida que es experta
en estas cosas y le ha pedido que le eche una mano. Dice
que es la mejor y que si hay algo más lo encontrará. Los
abogados ya han puesto la denuncia y en este momento
van a registrar su casa. La pillamos, cielo.
—No podrá subir nada más.
—No. Seguro que incautan su ordenador y todo lo
demás. La procesarán. Nuestro abogado me lo ha
garantizado.
—Eso demuestra que yo no tengo nada que ver como
ayer preguntó algún periodista, ¿no?
Él apretó los labios. —Jefferson dice que seguramente
te echarán la culpa a ti como estrategia de defensa. A no
ser que Jessica confiese que robó el diario…
—Pero nos lo entregó —dijo sorprendida.
—Lo que demuestra que ella no tiene nada que
ocultar. Si fueran sus clientes él haría eso. Pero no te
preocupes, veremos lo que ocurre.
—Jessica no puede decir que yo se lo di.
—Por lo que me has dicho su imagen es muy
importante para ella y si tiene una salida, ¿no crees que
intentará librarse de todo? Culpándote a ti, diciendo que tú
les diste el diario para que organizaran su publicación en
venganza a tu padre, pueden llegar a que la fiscalía ni
presente cargos. Tu padre no te va a denunciar a ti por
calumnias, nena. Y por lo tanto de ese delito también se
librarían.
—Dios mío… —Él se sentó a su lado acariciando su
espalda. —Es mi palabra contra la suya, ¿no?
—Que no denunciaras en su momento nos pone las
cosas algo más difíciles, pero las pillaremos.
Buscando una salida se dio cuenta de que si alegaban
eso en el juicio, si es que llegaba a haberlo, a su padre
siempre le quedaría la duda de si lo había organizado a
propósito para dejarle en evidencia. —Me amenazó con que
no me acercara a ellas.
—De eso no tenemos pruebas. —Él se quedó en
silencio unos segundos. —Nena… ¿Me juras que tú no tienes
nada que ver en esto?
Le miró sorprendida. —¿Qué has dicho?
—Hiciste lo del club. —La decepción fue tan enorme
que se le quedó mirando. —¡Joder, no pongas esa cara, es
normal que tenga dudas!
Sonrió con tristeza. —Si ni mi prometido cree en mí,
¿quién va a creer?
—¡Organizaste lo del club! ¡Quién me dice a mí que no
le dijiste a tus amigas que revelaran el diario para hacer
todo el daño posible!
—Te lo he dicho yo. ¡Y ya de paso te diré que lo del
club tampoco fue idea mía!
—Nena, no mientas. ¡Lo reconociste ayer mismo!
—¡Era evidente que era lo que querías escuchar! ¡Fui
al club a pedir trabajo sí, pero porque no tenía con que
pagar las facturas! ¿Sabes lo que era ver llorar a mi madre
todos los días porque nos echarían del piso? —Sus ojos se
llenaron de lágrimas. —¿Sabes lo que es no tener que
desayunar porque ni podíamos hacer la compra? ¡Fui al club
porque nadie quería contratarme! ¡Cuando se daban cuenta
de quien era me miraban como si la niña rica hubiera
perdido un tornillo y nadie me daba trabajo creyendo que no
me lo tomaría en serio! ¡Ninguna galería quería contratarme
porque jamás había trabajado! ¡Y si trabajaba en una
hamburguesería o en una tienda de ropa acabaríamos en la
calle igual porque los gastos del piso son astronómicos! ¡No
me quedó otra opción! ¡Fui a pedir trabajo muerta de la
vergüenza aun sabiendo que podía ir al club alguien que me
reconociera! ¡Y Cristel me ayudó! Pero el dueño del club vio
su oportunidad de sacar tajada avisando a papá antes de
que actuara. Ahí vi una salida. De los cien mil que le pidió
para impedir el escándalo yo me quedaría setenta y me
darían para una temporada mientras intentaba buscar otra
solución. ¡Pero papá no claudicó y tuve que salir! —Sus
mejillas se bañaron en lágrimas. —¿Sabes cómo me sentí?
No le importaba nada. Prefería que me exhibiera a detener
aquello y no me quedó otra opción. ¡El local estaba lleno de
prensa y no dejaban de grabarme! ¡Me tiraban billetes de
dólar como si fuera ganado y gritaban cosas obscenas! —Se
levantó furiosa. —¡Y sí! ¡Hubiera seguido porque gracias a
esa noche al día siguiente pude desayunar! ¿Eso era lo que
querías oír anoche? No, claro que no. ¡Te venía mejor
escuchar que lo hice por venganza! ¡Que había sido muy
lista al conseguir dejarle en evidencia, pero si fueras tan
inteligente como te crees te darías cuenta de que la única
que ha quedado en evidencia y la única que ha perdido su
vida he sido yo! —Sollozó dándose la vuelta.
—Nena…
—Y le perdoné. Les perdoné a todos —dijo entre
lágrimas.
Él intentó tocarla y se volvió rabiosa. —¡Por eso no te
llamé! ¡Porque sabía que no podía contar contigo! —Sonrió
con desprecio. —Aunque no sé de qué me extraño cuando
eres alguien que tiene tan poca moral como para casarse
por la presidencia. —Se quitó el anillo y se lo tiró al pecho
cayendo en la alfombra. —Tranquilo, mi padre te aprecia
demasiado como para quitarte ese puesto que añoras tanto.
—Anne…
Se puso el vestido blanco a toda prisa y empezó a
meter sus cosas en la bolsa. —Nena, lo siento.
—Que te den. —Cogió la bolsa y fue hasta la salida.
La cogió por el brazo. —Hablemos de esto.
Le escupió en la cara dejándole atónito y la soltó
dando un paso atrás. —Hace un año hubiera dado lo que
fuera por ese anillo, pero si me ha enseñado algo el divorcio
de mis padres es que tengo orgullo. ¡No te necesito, no
necesito a nadie! —Sollozó sin poder evitarlo. —Que hayas
dudado de mí después de leer ese diario, me demuestra
que ni siquiera me aprecias y que me venderías por unas
malditas acciones si fuera necesario. No vuelvas a acercarte
a mí. Mi padre me acompañará a la rueda de prensa y
solucionaremos esto los Snow. Que tengas buen viaje de
vuelta a Tokio.
Salió de allí a toda prisa intentando no llorar y agarró
sus zapatos de la que salía. Abrió la puerta de la casa para
ver allí a la señora Cassady que con la llave en la mano la
miró con sorpresa. —Buenos días, Lisbeth —dijo pasando a
su lado como una exhalación.
Confundida se volvió. —Buenos días, Anne. ¿Estás
bien? ¿Por qué lloras?
Pulsó el botón del ascensor y se puso los zapatos. —
De liberación.
Sin entender nada vio como entraba en el ascensor y
pensando en ello entró en el piso de su hijo para ver un
vestido y varias prendas más en el respaldo del sofá. En ese
momento salió su hijo de la habitación poniéndose la
chaqueta del traje y su cara decía que algo iba pero que
muy mal. —Cielo, ¿qué ocurre?
—Que lo he estropeado todo, eso ocurre —respondió
antes de salir de su piso.
Capítulo 9
Se sentó al lado de su padre y sonrió a los asistentes.
Steven se acercó a su oído y susurró —Calma y habla
despacio. Que vean que lo tenemos controlado y que esto
no nos pone nerviosos.
Asintió porque increíblemente no estaba nerviosa. Ya
no. En realidad, sentía un vacío en su interior que le
provocaba una gran tristeza. Pero era una estúpida y se lo
tenía merecido por creerse que algún día llegaría a quererla,
cuando la opinión que tenía de ella había estado muy clara
desde que la conocía. Bueno, era hora de centrarse en otra
cosa y solucionar lo que tenía entre manos. Sonrió y se
acercó levemente al micro. —¿Empezamos?
—¿No viene el señor Cassady? —preguntó un
periodista.
—Estoy aquí.
Sorprendida miró a su derecha para ver como su
supuesto prometido entraba a toda prisa y se sentaba a su
lado. La besó en la mejilla tensándola y dijo —Siento el
retraso. Tenía una reunión.
Volvió la vista hacia su padre que estaba más que
avisado de que no le quería allí, pero este se encogió de
hombros como si no tuviera nada que ver. Iba a decir algo al
micro cuando Tyger la interrumpió —Dadas las filtraciones
que ha habido en las redes sociales mi prometida quiere
hacer una declaración. Os ruego que esperéis a que termine
para hacer las preguntas que consideréis necesarias. —La
miró a los ojos. —Cuando quieras, preciosa.
Disimulando las ganas que tenía de gritarle que allí no
pintaba nada, tomó aire por la nariz antes de mirar al frente.
—Antes que nada, quiero daros las gracias por venir con tan
poco tiempo y en sábado, además. Sé que muchos habéis
renunciado a vuestro día libre por venir. —Varios sonrieron.
—Sobre el tema que nos ocupa intentaré explicarme lo
mejor posible. El diario es mío y está escrito de mi puño y
letra.
Hubo varios rumores y Tyger se acercó al micro. —Les
pido silencio, por favor.
Anne continuó —Como habrán deducido por sí mismos
lo empecé cuando mis padres me dijeron que se
divorciaban. Para mí fue un shock porque siempre creí que
se querían, pero en ese momento sus diferencias eran
irreconciliables y decidieron divorciarse. No voy a entrar en
detalles porque todos sabemos la causa del divorcio y sus
circunstancias y por respeto a mi madre y a mi padre aquí
presente no voy a hacerlo. El hecho es que me desahogaba
en el diario y como han visto todos de manera a veces
cruel. No pienso justificarme porque eran mis pensamientos
en ese momento y a pesar de lo que muchos piensen sufrí
mucho por lo que ocurría. No fue un divorcio civilizado y yo
estaba en medio. Si alguno de ustedes ha pasado por una
experiencia similar podrá comprenderme. —Tomó aire. —
Ese diario estaba en mi habitación y una amiga fue a
visitarme. Me ausenté unos momentos y esa misma noche
me di cuenta de que el diario había desaparecido. La llamé
de inmediato y se rio de mí. Negó que lo tenía, pero apenas
dos segundos después me amenazó con lo que pensaría la
gente si se hacía público. Me aconsejó que no me acercara
de nuevo a mis amistades. Parecerá algo de instituto, pero
fue así. Yo por supuesto no volví a llamar a ninguna de mis
amigas, que por otro lado debido a que había perdido mi
estatus tampoco se molestaron en llamarme. Pasaron los
meses y sucedió lo del club. Muchos creerán que tenía otras
opciones para conseguir dinero. Muchos creerán que lo hice
para vengarme de mi padre porque me había retirado la
asignación. En ningún caso fue así. Nuestra situación era
apurada y cuando mi padre se dio cuenta de lo que estaba
ocurriendo vino en mi ayuda. No se enfadó por lo ocurrido.
Me apoyó y nuestra relación se normalizó. La de los tres. —
Apretó los labios con tristeza. —Creo que todos nos dimos
cuenta de que no estábamos haciendo lo correcto. —Alargó
la mano y cogió la de su padre. —Intentábamos dejar atrás
ese episodio tan doloroso para todos cuando por una
casualidad del destino volví a encontrarme con ella ayer
mismo en un restaurante. Como saben Tyger me propuso
matrimonio y ella se acercó a felicitarme. Mi prometido que
sabía lo del diario le dijo que me lo devolviera. Lo siguiente
que supimos es que había sido publicado. Ella niega
cualquier implicación en la filtración y apunta a otra de mis
antiguas amigas. Aún queda mucho por esclarecer, aunque
según me ha dicho mi padre hace unos momentos ya hay
dos detenidas. —Miró de reojo a Tyger que estaba muy
tenso. —Muchos creerán que yo tengo algo que ver en esto
porque me callé el robo del diario. Solo pensar que mi
padre pudiera leer su contenido me abría las carnes. Fui
muy dura y cruel. Sinceramente ahora me arrepiento
muchísimo de esas palabras, aunque en ese momento creía
totalmente lo que estaba escribiendo. —Se mantuvo unos
segundos en silencio. —Creía que ya no le importaba. —Una
lágrima cayó por su mejilla. —Que ya no era su niña y fue
algo difícil de digerir. Ahora sé que eso no es cierto y que las
circunstancias también le superaron. No somos la familia
perfecta y no pretendemos serlo. —Cogió la copa de agua y
antes de beber dijo —Pueden empezar las preguntas
cuando quieran.
—¿Por qué sus amigas filtraron el diario? ¿Por
venganza?
Después de beber dejó la copa sobre la mesa y apretó
los labios. —Creo que la que lo filtró sí, pero la otra me lo
robó por envidia.
—¿Sus nombres?
—Esa información se dará cuando la fiscalía presente
cargos —dijo Tyger rápidamente.
—¿Cree que algún día esto se olvidará? ¿Tiene
esperanzas de que suceda y su familia vuelva a ser la de
antes?
Miró a su padre que sonrió con tristeza. —Espero que
sí —dijo ella—. Nada me haría más ilusión que mis padres
fueran felices de nuevo y que este último año quede atrás.
—Su prometido está a su lado. ¿La apoya en estos
momentos? No veo el anillo que ayer lucía en el dedo.
Él rio por lo bajo. —Se le olvidó en la ducha esta
mañana. No está acostumbrada a llevarlo. Nena, te lo he
traído yo —dijo sacándolo del bolsillo de la chaqueta antes
de coger delicadamente su mano para ponerle el anillo de
nuevo. Le besó la mano que se le había quedado rígida y
para su desgracia no la soltó poniéndolas sobre la mesa
para que todos vieran el anillo.
—Lo siento, cielo —dijo con ganas de gritar.
—No pasa nada. ¿Pero ves cómo se fijan en todo?
Varios rieron por lo bajo. —¿Cuándo es la boda?
—El treinta y uno de diciembre. Vamos a empezar
bien el año —contestó él.
—¿Está contento con su yerno, señor Snow?
—La verdad es que sí. Son perfectos el uno para el
otro. ¿Alguien tiene más preguntas sobre el tema del diario?
Chicos, que estamos aquí por eso.
—¿Van a demandar?
—Por supuesto. Ha sido una violación fragante a la
intimidad de mi hija. Le han robado sus pensamientos más
íntimos.
—¿Cómo se siente usted después de leer sus duras
palabras?
—Ha sido… demoledor.
Angustiada susurró —Papá…
—Déjame decirlo, cielo. Yo también quiero
desahogarme. —Miró a la prensa. —Desde el nacimiento de
mi hija lo único que he pensado es en protegerla. Se había
convertido en la persona más importante de mi vida y
hubiera matado a cualquiera que le hubiera hecho daño.
¿Quién me iba a decir a mí que esa persona iba a ser yo? —
Apretó su mano como si no quisiera perderla. —El divorcio
fue lo más desgarrador que he hecho en la vida y sentí que
la perdía por la posición que tomaba al lado de su madre.
Ella creía que era muy duro y nos distanciamos hasta tal
punto que casi la pierdo, algo que no me perdonaré nunca,
como nunca me perdonaré que se sintiera como describe en
ese diario. En él hay una frase que supongo que todos han
leído y que yo no olvidaré hasta el día de mi muerte. —Anne
sollozó. —¿Por qué mi padre ha dejado de quererme? Que
mi hija, la persona que más quiero piense que he dejado de
hacerlo solo significa que he hecho las cosas terriblemente
mal y si pudiera volver atrás, si tuviera otra oportunidad no
le fallaría de nuevo, como no hubiera actuado así con mi
esposa después de treinta años de matrimonio. Nosotros
cometimos errores que mi hija nunca tenía que haber
pagado. Y ha sido tan generosa que nos ha perdonado
demostrando mucha más compasión y madurez que nadie
que conozca. Me siento muy orgulloso de ella y por
supuesto no la culpo de nada de lo que ha ocurrido ni ahora
ni en el pasado.
Anne sollozó. —Te quiero.
—Y yo a ti, mi niña.
Tyger se levantó. —La rueda de prensa ha terminado.
Cualquier declaración a partir de ahora se hará a través de
nuestro agente de prensa. Gracias por venir.
Se levantaron en silencio a pesar de las preguntas y
bajaron los escalones pasando a través de una cortina que
daba a la parte de atrás del comedor del Ritz donde se
ofrecía la rueda de prensa. Anne abrazó a su padre que
emocionado la pegó a él. —Shusss, lo has hecho tan bien…
Estoy muy orgulloso de ti.
—Lo siento.
—No tienes que sentirlo, cielo. —La besó en la mejilla
antes de cogerla por los hombros para apartarla. —Subamos
a una habitación hasta que se vayan. Tyger, tenemos que
hablar. No quiero ni una palabra hasta que lleguemos arriba
—dijo al ver que Anne iba a protestar.
Varios de seguridad les acompañaron hasta la suite y
ella no miró a Tyger ni una sola vez a pesar de que se puso
a su lado en el ascensor. Entró en la suite y se fue hasta el
sofá para sentarse porque ahora venía otra batalla y esta
tampoco la pensaba perder.
—Ha ido muy bien —dijo Tyger intentando aparentar
normalidad antes de mirarla—. Nena, has estado
espléndida. Si quieres en unos meses ese puesto de
relaciones públicas será tuyo.
Le miró con desprecio. —¿Ahora me lo merezco?
Tenso dijo —Has demostrado que puedes con ellos.
—No te molestes. Además dentro de unos meses no
estaré aquí.
—¿Qué?
—Me voy a París.
—Sí, es lógico que quieras irte de la ciudad unos días,
pero…
—Me voy a mudar a París.
Sorprendido miró a Steven que se estaba sirviendo
una copa. —¿Qué coño está diciendo tu hija?
—Lo hemos hablado esta mañana y creo que es lo
mejor. Un amigo mío la meterá a trabajar en el Louvre, eso
le dará la experiencia que necesita para encontrar trabajo
aquí cuando quiera regresar. Fue un error no dejar que
trabajara cuando terminó la carrera.
—¿Y ya está? ¿Y la boda?
—¿Qué boda? —preguntó ella con burla—. ¿Acaso esta
mañana no he sido clara? No me casaré contigo.
—¿Por hacerte una pregunta que haría cualquiera?
—Porque esa pregunta me la has hecho tú —dijo
fríamente—. No me conoces, nunca te has molestado en
conocerme.
—¡Te conozco muy bien!
—¡Y como soy una caprichosa has creído que lo había
organizado todo! ¡Tienes un concepto de mí que no sé cómo
se te ocurre siquiera casarte conmigo! ¡Me desprecias y lo
has hecho siempre!
—Nena, eso no es cierto.
—¿No? —Sonrió. —¿Acaso no eres tú el que cuando
llegué un día a casa y te dije que había sacado un diez en
matemáticas me preguntaste con qué había sobornado al
profesor?
—¡Joder, era una broma!
—¡Tenía quince años! —gritó sacando todo lo que
llevaba dentro—. ¡Para ti nunca hacía nada bien! Si me
compraba un vestido para una comida que daban mis
padres y a la que quería estar bonita porque tú asistías, era
una derrochadora cuando tenía el armario lleno de vestidos.
Si sacaba una mala nota era una vaga. Si estudiaba arte era
una descerebrada que no tenía ningún interés por la
empresa. —Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Nunca me
decías nada amable o bueno…
—¡Porque sabía que te gustaba!
Palideció. —¿Qué?
Nervioso se pasó la mano por el cabello. —Nena, sabía
que te gustaba e intentaba quitártelo de la cabeza. Eras la
hija del jefe y no podía permitir que enturbiaras mi relación
con Steven.
Rio sin ganas. —Esto es increíble. Pero por la
presidencia sí que me tragarías.
—¡No lo entiendes!
—Lo entiendo muy bien.
—Creo que esto también es culpa mía —dijo su padre
muy tenso—. He presionado a Tyger con esta relación y es
evidente que me he equivocado. En un par de meses
anunciaremos que vais a retrasar la boda por la salud de
Marilyn y cada uno por su lado.
—Esta boda no se va a suspender —dijo él entre
dientes—. ¡Y olvídate de lo de París!
Ella se levantó cogiendo su bolso dispuesta a largarse.
—No, no… Nena. —La cogió por los brazos. —No te vas a ir.
—Suéltame.
—Muy bien, me disculpo. Tenía que haber confiado en
ti. Y me disculpo por cómo te traté antes de irme a Tokio.
Pero es que no encontraba otra manera de mantenerte
alejada y reconozco que fui…
—¿Un gilipollas?
Gruñó entrecerrando los ojos. —¿Cómo crees que
hubiera reaccionado tu padre si se hubiera enterado de que
te gustaba? —gritó en su cara—. ¡Eras una cría! ¡Me hubiera
alejado y había trabajado como un cabrón por llegar hasta
donde estaba! ¡Irme a Tokio fue un alivio!
Pálida como la cera siseó —Suéltame.
—¡Tu padre lo sabía! —Asombrada miró a su padre. —
Me di cuenta cuando llegué de Tokio y me propuso lo del
matrimonio —dijo entre dientes—. Me envió a Tokio porque
ya eras lo bastante mayor y no quería una relación entre
nosotros. ¡Díselo!
Steven suspiró dejando su vaso vacío. —Me lo
imaginaba. De ella lo sabía por supuesto, mi hija nunca ha
sabido disimular muy bien. Pero de ti me lo imaginaba.
Hubo un par de miradas en una de tus visitas a los
Hamptons que me pusieron alerta. —Miró a su hija a los
ojos. —Eras demasiado joven e inexperta y el demasiado
mayor y experimentado. En aquel momento no hubiera
cuajado y esa relación hubiera creado problemas, pero lo
pasado este último año te cambió y como has demostrado
ahí abajo has madurado. Era el momento y le hice venir.
Merecías ser feliz y sabía que Tyger te haría muy dichosa. Al
fin y al cabo le habías esperado años. Sí, era el momento y
se demostró en cuanto os encontrasteis. —Sonrió divertido.
—Saltaban chispas. Solo había que formalizarlo y le hice la
propuesta. Él mismo me confirmó que te había respetado
porque eras mi hija y ahí no tuve dudas. Erais perfectos el
uno para el otro. —Hizo una mueca. —O al menos eso creía.
—¿Me ves dichosa, papá? —preguntó con rabia.
—No mucho, la verdad, por eso te he propuesto lo del
viaje a París. Necesitas verlo todo con perspectiva. Llamaré
a mi amigo hoy mismo.
—Steven ni se te ocurra —dijo Tyger entre dientes.
—Es lo mejor para mi hija y es lo que voy a hacer.
Necesita tiempo.
—Como hagas esa llamada renuncio.
Padre e hija se quedaron de piedra. —¿Qué has dicho?
—Nena, como te vayas a París me largo de la
empresa. ¡Ahora voy a ser yo el que os va a presionar con la
maldita presidencia!
—No lo harás —dijo ella furiosa.
—Pruébame.
Steven carraspeó. —Hija…
—¡No!
—No puedo renunciar a él —dijo horrorizado—. ¡Lleva
la mitad de mis negocios! ¡Las acciones caerían en picado si
él se va y ya bastante tocada está la empresa! ¡Su renuncia
la hundiría!
—Además, preciosa… ¿Vas a dejar a tu madre en un
momento tan delicado? —preguntó con una sonrisa en los
labios.
—Muérete —dijo entre dientes antes de soltarse de
mala manera.
—Anda, sé buena y espérame en casa. —La patada en
su entrepierna le quitó todo el color de la cara y cayó de
rodillas gimiendo mientras Steven hacia una mueca de
dolor.
—¡A mí no me hables como a una estúpida, imbécil! —
le gritó al oído—. ¡El trato es que no me voy a París y tú no
renuncias! ¡Qué tenga que quedarme porque eres un
chantajista de mierda no significa que vaya a casarme
contigo! ¡Ni mañana ni en nochevieja ni nunca!
—Cederás —dijo casi sin voz.
—Antes me caso con el primero que pase.
Salió de la suite pegando un portazo y Steven suspiró.
—Chico, ¿quieres hielo?
—Por favor…
Salió del hotel poniéndose las gafas de sol y los de
seguridad le apartaron a la prensa para que entrara en el
coche de su padre. El chófer cerró la puerta y se sentó tras
el volante rápidamente. —A casa, Tom —dijo molesta. Sería
posible. Ahora quería que se quedara, el muy cabrito. Si le
estaba dando una salida. A este hombre no había quien le
entendiera. Miró por la ventanilla y frunció el ceño porque
se habían pasado la desviación de su casa—. Tom ¿por qué
vamos por aquí? —cuando no le contestó chasqueó la
lengua acercándose. —¿Tom? ¿No me oyes? —Dio al botón
para hablar con el conductor. —Tom no es por aquí. Estamos
dando un rodeo. —Aquello se había estropeado. Dio al botón
para bajar la mampara y cuando esta no bajó separó los
labios de la impresión. —¿Tom? —Escuchó como las puertas
se cerraban y gritó tirándose a la que tenía más cerca, pero
como no se abría golpeó las ventanas con los puños
pidiendo ayuda. El coche entró en un garaje y asustada vio
como el portón se cerraba. Dios, la habían secuestrado.
Asustada miró a su alrededor buscando algo para
defenderse y recordó su móvil. A toda prisa lo sacó de su
bolso y pulsó el botón de llamada, pero no había señal. La
puerta se abrió sobresaltándola. —Sal —dijo la voz de un
hombre.
—No.
—Sal o te sacaré yo.
Se tiró a la otra puerta para abrirla y cuando iba a
salir sintió como la agarraban por el tobillo. Gritó y pataleó
mientras tiraban de ella. Se rompió las uñas intentando
agarrarse a los sillones, pero tenía mucha fuerza y terminó
tirándola al suelo. Consiguió volverse para ver un hombre
enorme que tenía el cabello rubio y se quedó de piedra al
reconocer quien era. —Paul…
—Cindy fue la única que te defendió cuando casi nos
arruináis. —Se agachó y le pegó un puñetazo que hizo
rebotar su cabeza en el suelo.
Mareada ni sintió como la agarraba de la melena, pero
cuando tiró de ella se espabiló de golpe gritando mientras
intentaba agarrar su mano para que no le arrancara el pelo.
Tiró de ella a una esquina y asustada se alejó lo que pudo
pegando la espalda a la pared mientras el hermano de
Cindy cogía una cuerda. —¿Qué haces? ¿Estás loco?
—¿Loco? ¡No, estoy harto de que nos jodáis cuando os
venga en gana! ¡Ahora le echas la culpa a Cindy de lo que
organizaste tú, zorra! —Sonrió con maldad. —¿Crees que te
vas a salir con la tuya? Esta vez no. Tu padre y tú no hacéis
más que jodernos, pero esta vez no me voy a quedar de
brazos cruzados.
—¡Fue un trato de negocios! ¡Mi padre no sabía que
habías comprado una patente parecida!
—¡Claro que lo sabía! —gritó haciéndola palidecer—.
¡Mi padre le pidió que se retirara, que nos arruinaría! ¿Y
sabes lo que le contestó? ¡Que él no tenía la culpa de que
no supiéramos llevar nuestro negocio! ¡Todo un amigo
Steven Snow! Y como has demostrado tú eres de la misma
calaña. Pero a mi hermana no le vas a destrozar la vida. Eso
te lo juro por mis muertos.
Era evidente que había perdido la cabeza y sería
imposible razonar con él, pero no pudo evitar decir —¡Cindy
filtró el diario por venganza! ¡Es evidente que es como tú!
—¡Mi hermana no tiene una pizca de maldad en su
cuerpo, zorra mentirosa!
—Va de mosquita muerta y después te pega la
puñalada por la espalda —dijo con rencor.
—Serás puta… —Le pegó un tortazo que le volvió la
cara antes de agarrarla por la barbilla para que le mirara. —
Escúchame bien —dijo en un tono suave que le puso los
pelos de punta—, vas a llamar a esos abogados para que
retiren la denuncia.
—No.
—¿No? —Sonrió antes de agarrarla de la melena y
tirar de su cabeza hacia atrás con fuerza haciendo que
gimiera de dolor. —¿Duele? Pues esto no es nada
comparado con lo que puede llegar a doler.
En sus ojos vio que daba igual lo que hiciera porque
no saldría de ese garaje con vida. Él no podía permitirse
dejarla salir. No, si la había llevado allí era para matarla una
vez que realizara esa llamada, así que si no la hacía ganaría
tiempo y puede que consiguiera escapar. No la buscarían en
unas horas porque seguramente hasta la cena no se darían
cuenta de que había desaparecido. Nadie la ayudaría, tenía
que resistir y buscar una salida. —No voy a llamar. Espero
que los años que le caigan a tu querida hermana se pudra
en la cárcel por el daño que le ha hecho a mi padre. Y tú la
acompañarás porque si crees que vas a librarte de esta es
que eres más estúpido de lo que pareces. —El puñetazo en
el costado la hizo gemir. —Muérete cabrón.
—Serás hija de puta. —La levantó tirando de su pelo y
la lanzó contra la pared. —¡Haz que mi hermana salga y que
retiren los cargos!
No dejes que te pisen nena, escuchó en su mente.
Reprimiendo las lágrimas se volvió con la respiración
agitada sin darse cuenta de que le sangraba la ceja y el
labio. Él le mostró su móvil. —¡Hazla!
Rio sin ganas. —No hay cobertura.
Sacó un aparato del bolsillo y dio a un botón. —Ahora
sí. Haz la llamada.
Entonces se le ocurrió. Él no podía saber el nombre de
todos sus abogados, solo tenía que llamar a un hombre,
pero si llamaba puede que la matara. Asustada no supo que
hacer. Otro puñetazo y puede que no lo contara. Piensa
Anne, tienes que ser más lista que él. —Solo tengo el
número de su ayudante. No se creerá que quiero retirar la
denuncia y me llamará el abogado en persona para
corroborarlo e intentar convencerme de que no la retire. Eso
si no me llama mi padre.
Él juró por lo bajo y se paseó ante ella furioso. Su
corazón casi se le sale del pecho esperando su respuesta. —
Llama —dijo estirando el brazo para que cogiera el móvil—.
Pon el manos libres y como digas algo que no me convenga
ya puedes rezar.
Buscó a toda prisa en su lista de contactos y casi llora
de la frustración porque no sabía a quién llamar. Se le cortó
el aliento al ver el nombre de su portero y sin pensarlo más
marcó el número poniendo el manos libres. Cuando dio tono
él dijo —Di algo, una sola palabra pidiendo ayuda y te mato.
—¿Señorita Snow?
—Jeff, habla con el abogado y que se retire la
demanda —dijo con autoridad.
—Pero…
—¿No me has oído? —preguntó alterada—. Es una
orden. Que vaya a comisaría y retire la demanda.
—Señorita, ¿está bien? —preguntó extrañado—.
¿Dónde está? ¿Su padre está con usted?
—Haz lo que te digo.
—Voy a llamar al señor Snow de inmediato.
—Dile que le quiero, pero que la decisión está tomada.
—Colgó el teléfono y Paul entrecerró los ojos. —Ya está.
—Llamará a tu padre.
—Y él me llamará a mí. Si no le convenzo a él no
habrá nada que hacer.
—Pues esperemos que le convenzas porque si no
encontrarán tu cuerpo en el Hudson.
Se le heló la sangre porque eso era lo que le sucedería
como no dieran con ella. Él se acercó y le arrebató el
teléfono de la mano. —Siéntate ahí —siseó mostrando unos
neumáticos. Era evidente que le gustaría seguir zurrándola,
pero no podía hasta que hablara con su padre. Iban a ser
unos minutos eternos. Se sentó en los neumáticos y al
apoyarse en ellos para sentarse bien sintió algo metálico en
su interior. Se le cortó el aliento palmando disimuladamente
mientras él iba al coche y abría el maletero. Al escuchar un
gemido se levantó por instinto y vio horrorizada que su
chófer estaba allí amordazado. —¡Tom!
—¡Quieta ahí! —gritó apuntándola con una pistola que
sacó del maletero. Pálida dio un paso atrás—. ¡Siéntate! —
Lo hizo y agarró lo que parecía una barra de hierro
temblando de miedo. Paul se echó a reír. —Por fin los Snow
hacen lo que se les pide. —Cerró el maletero. —¿Cuánto
crees que tardará tu padre en llamar?
—No lo sé. Tenía una reunión de trabajo. —Miró hacia
el maletero asustada por su chófer. —¿Qué vas a hacer con
él?
—Nada si se porta bien. —Impaciente empezó a
caminar de un lado a otro. —Ese cabrón se toma su tiempo.
Se mordió la lengua porque no quería recibir más
golpes. Le miró atentamente. En esos dos últimos años no
es que hubiera cambiado mucho. Recordó que la última vez
que le vio fue en su fiesta de veintitrés cumpleaños. Paul
siempre había sido atractivo, era alto, fuerte y muy
deportista, pero ella nunca tuvo ningún interés. En esa
fiesta había bebido de más y se le insinuó. Ella le rechazó
con tacto, pero no se lo tomó muy bien. Su hermana tuvo
que llevárselo discretamente con ayuda de Tyger. Se le
cortó el aliento. Aquel había sido el día antes de que se
fuera a Tokio y recordó cómo se acercó para despedirse. Ella
estaba en el jardín de los Hamptons riendo de una tontería
que le había dicho Teresa cuando se acercó a ella. —¿Nos
disculpas un segundo?
—Claro —dijo su amiga antes de alejarse.
Se miraron a los ojos. —Una fiesta muy aburrida.
—No estabas invitado, así que me importa un pito que
te hayas aburrido.
Sonrió irónico. —¿Necesito invitación?
—Ni siquiera has traído un regalo.
—Sí que lo he traído. —Se le cortó el aliento viendo
como sacaba un sobre del bolsillo interior de la chaqueta. —
Felicidades.
Sus ojos brillaron de la ilusión y le arrebató el sobre
para ver qué había dentro. Al ver un folio lo abrió a toda
prisa para leer que la había apuntado a un curso de
finanzas. —¿Qué es esto?
—Ahora que has acabado la carrera es hora de que te
tomes las cosas en serio. Esto te irá bien para empezar.
—No pienso hacerlo. Papá ya te tiene a ti —dijo con
burla.
—No deberías dejar tu empresa en manos de otro.
Todo es tuyo.
—¿Otra vez con lo mismo? Me tienes harta.
Él apretó los labios. —Tranquila, que te dejaré en paz
una temporada. Me voy a Tokio.
Su corazón dio un vuelco porque no lo sabía. —¿Qué?
—La empresa me necesita allí. Vamos a abrir una filial
y debo supervisarlo todo. Me voy mañana. —Si saber qué
decir porque lo único que quería era gritar que no podía irse
se le quedó mirando. Él sonrió. —Sí, se te nota disgustada.
—Se acercó y le dio un beso en la mejilla.
Ese gesto le robó el alma porque jamás la había
besado, pero su orgullo le hizo decir —No estoy disgustada,
interiormente estoy dando saltos de la alegría.
Rio por lo bajo volviéndose y cuando se alejaba la
miró sobre su hombro. Jamás olvidaría su expresión como si
le disgustara irse, pero lo hizo, se fue a Tokio y la dejó sola.
Puede que fuera sincero sobre que se sentía atraído por ella
antes de hacer ese viaje, puede que no se imaginara ese
anhelo como siempre había creído. Pero la pura realidad es
que se había ido.
Un movimiento en el coche la hizo mirar hacia allí.
Asustada miró a Paul por si se había dado cuenta. —¿El
móvil tiene batería? —preguntó ella impaciente—. Me
extraña que no haya llamado ya.
Él se lo mostró. —Desbloquéalo. —Unió los puntos de
la pantalla tomándose su tiempo. —¡Pon la huella ya, joder!
—Tranquilo. Sí, tiene batería. Estará en una reunión y
no quieren molestarle. Siempre pasa lo mismo —dijo como
si estuviera exasperada—. Uy, tengo un mensaje.
—Ábrelo.
Abrió la aplicación y al ver que era de Tyger se puso
alerta. —No es de él. Es de mi prometido.
Él entrecerró los ojos. —Ábrelo.
Temiendo que pusiera algo que la delatara lo abrió. —
Nena, esta noche cenamos con mis padres. Quieren hablar
de la boda.
—Contéstale. —Tecleó a toda prisa. —¿Qué has
puesto? Enséñamelo.
Volvió el móvil. —Perfecto, mi amor. Estoy deseándolo.
—¿No le dices te quiero? —preguntó con ironía.
—Le he dicho mi amor, tampoco hay que exagerar.
Entonces él entrecerró los ojos. —No os mensajeáis
mucho, ¿no? —Cogió su móvil de mala manera y deslizó la
pantalla hacia abajo. —¿Dos años sin un mensaje? ¿Qué
pasa aquí?
Mierda. —Nada. Somos más de llamadas.
—¿Y cómo no te ha llamado? —preguntó muy tenso.
—Le dije que iba a acostarme. Ha sido una noche muy
larga y estaba agotada —dijo temblando por dentro—.
Estuvimos preparando la rueda de prensa.
El tortazo la tiró al suelo. —Esa en la que has acusado
a mi hermana. —Se apoyó en las palmas de sus manos
pasando la lengua por la herida que tenía en el interior de la
mejilla y cuando sintió el cañón de la pistola en la cabeza
sollozó de miedo. —Más te vale que salga libre de esta.
Como no sea así vas a llorar, pero lágrimas de sangre.
—Muy dramático —dijo sin poder evitarlo.
—¿Te ríes de mí, zorra?
—Púdrete, cabrón.
Le dio una patada en el costado que la volvió y gimió
abrazándose a sí misma. —Esa lengua —dijo con burla—.
Como tu padre no llame en veinte minutos te mato.
—¿Entonces quién sacará a tu hermana de la
comisaría, estúpido?
Se agachó agarrándola por la melena. —¿Quieres
provocarme?
Le escupió a la cara. —Vuelve a pegarme y puede que
ya no sea capaz de decir nada a ese teléfono.
—Lo dirás. —La agarró por el cuello y Anne chilló
intentando soltarle. La elevó sobre su cabeza y sintiendo
que le faltaba el aire le pateó. Aterrorizada por no poder
respirar intentó golpearle en el rostro, pero él la apartó
riendo. —No me provoques, puta. —La soltó dejándola caer
al suelo y Anne respiró hondo llevándose la mano al cuello.
—Contestarás a ese teléfono y harás todo lo que yo te diga
cuando yo te lo diga.
El sonido de un mensaje le alertó y como se debía
haber fijado cuando lo había desbloqueado sin la huella lo
hizo él mismo. Anne cerró los ojos intentando respirar. Le
dolía muchísimo la garganta. Al escuchar la risa de Paul
miró hacia él. —Tu novio te pregunta si estás de compras. —
Entonces frunció el ceño. —¿Pero tú no ibas a dormir?
—Te pedí que me llevaras a casa, ¿no? Debe pensar
que como no estoy durmiendo debo estar de compras.
—Contéstale.
Cogió el móvil con la mano temblorosa y una gota de
sangre cayó sobre la pantalla. Tecleó lo más rápido que
pudo y él se agachó para ver lo que ponía. Sintiendo que la
rabia la recorría se levantó a toda prisa empujándole y
provocando que cayera al suelo. Pero antes de que la
apuntara con el arma se tiró sobre sus hombros rodeando su
cuello con las piernas y agarrando su mano. Recordó la
barra y los ejercicios. Apretó las piernas todo lo que pudo
gritando de dolor mientras él con la otra mano la golpeaba o
la agarraba del cabello para intentar quitársela de encima.
Entonces el coche se encendió y dio marcha atrás
atropellándole las piernas a Paul y atrapándoselas debajo de
la rueda delantera. Este gritó de dolor cayendo hacia atrás e
intentando liberarse, pero ella no dejó de apretar su cuello
mientras Tom salía del coche rodeándolo por delante con
una barra de uñas en la mano. —No lo suelte, señorita. —Le
golpeó con la barra en el estómago y se escuchó como se
rompía un hueso. —¡Maldito cabrón! —Tom le golpeó de
nuevo en el brazo antes de darle una y otra vez. De repente
Paul dejó de resistirse y la pistola cayó al suelo, pero ella
asustada no dejó de apretar. De pronto Tom se detuvo con
la barra en alto. Con la respiración agitada no dejaba de
observarle. —Ya está, señorita.
—No.
—Está muerto.
Relajando las piernas dejó caer su cabeza al suelo y
sollozó. —Dios mío…
Tom agarró su pistola del suelo metiéndosela en el
bolsillo de la chaqueta y se acercó para apartarla. Pasó la
mano por su cabello manchado de sangre para apartarlo de
su rostro. —Ya he hablado con el jefe y estaban intentando
localizar su móvil, señorita. Pero si les decimos donde
estamos será más rápido.
—Por la sexta avenida, creo. —Se echó a llorar
tapándose la cara con las manos.
—Tengo que salir para ver exactamente dónde
estamos. No se mueva de aquí.
Tom se levantó y en ese momento la puerta del garaje
reventó haciéndola gritar del susto. Se cubrió la cabeza con
las manos gritando una y otra vez cuando sintió a alguien
ante ella. En shock intentó apartarse y unos brazos la
abrazaron. —¡Nena, soy yo!
Al darse cuenta de que era Tyger sintió tal alivio que
se desmayó.
Capítulo 10
Caerse por las escaleras del metro no había dolido
tanto. Gimió volviéndose de espaldas en la cama y se llevó
la mano a la cara que le dolía horrores. —Shusss… Cielo la
tienes hinchada, no te asustes. Recuerda que el médico te
dijo que iba a pasar. —La voz de su padre le hizo abrir los
ojos lo que podía. —¿Lo recuerdas?
—Sí. Fue en urgencias cuando me hicieron todas esas
pruebas antes de sedarme.
—Sí, cielo. Tuvieron que hacerlo porque te dio un
ataque de pánico en el escáner.
—Odio esos chismes. —Su padre sonrió. —Mamá…
—Tu madre está bien. Está supervisada por dos
médicos que no se separarán de ella, pero no quería que te
viera así.
—¿Está muerto?
—Sí, cielo. No volverá a hacerte daño.
Una lágrima recorrió su sien. —¿Tom está bien?
—Sí, habéis tenido mucha suerte.
—Fue un valiente.
—Según me ha dicho la valiente has sido tú. —
Acarició su cabello. —Te recuperarás.
—Quiero irme —susurró antes de sollozar.
—Te irás a donde tú quieras. Pero antes nos iremos de
vacaciones en familia como antes.
Le miró ilusionada. —¿De veras?
—Todo un mes. ¿Qué tal un crucero por las pequeñas
Antillas?
—¿Y el mediterráneo?
—Pues el mediterráneo. Necesitamos unas buenas
vacaciones.
Asintió. —¿Cómo nos encontrasteis tan rápido?
—Jeff me llamó de inmediato diciendo que te pasaba
algo. Que habías dicho algo de quitar una denuncia y que
parecías alterada. Le pregunté si no habías llegado a casa y
me dijo que no. Entonces llamé a Tom y no contestó el
teléfono. Derek se puso a trabajar de inmediato para
localizar el coche, llamó a la policía que intentó localizar tu
móvil por eso Tyger te enviaba mensajes para asegurarse
de que respondías y no se apagaba. Pero fue Derek quien
encontró el coche primero. La señal era débil así que
supusimos que era un garaje. En tiempo récord se organizó
el operativo. Cuando no contestaste al segundo mensaje de
Tyger pensé lo peor —dijo angustiado—. Pero
afortunadamente estás viva, cielo.
—Sí, estoy viva. —Le miró a los ojos. —¿Le maté yo?
—Bueno, Tom le dio una buena paliza.
—Papá…
—No pienses en eso. Sé que te torturarías y era
necesario para salvar tu vida. Te hubiera matado.
—Si hubiera esperado…
—No sabías que estábamos a punto de llegar. No
pienses en eso. Hiciste lo correcto.
Levantó la mano para ver que la tenía vendada. —¿Me
ha roto algo?
—No, aunque por el morado que te salió en el costado
pensaban que te había roto varias costillas. Hija tienes los
huesos de acero.
—Pues estos huesos necesitan esas vacaciones.
Su padre sonrió. —Sí cielo, y lo pasaremos
estupendamente.
Suspiró cerrando los ojos. —Creía en ella. Creía en su
hermana y que yo lo había organizado todo.
—Lo sé. Tom lo escuchó y lo contó en la declaración a
la policía. Era un loco. Tyger ya me había comentado una
vez que no estaba muy bien de la cabeza y es evidente que
tenía razón.
Le miró sorprendida. —Ah, ¿sí?
—Sí, fue en uno de tus cumpleaños, creo. Tuvo que
sacarle de la fiesta y al llegar al aparcamiento amenazó con
romperle la cara. Así sin más. Su hermana consiguió
convencerle para que subiera al coche.
—Tyger le hubiera pegado una paliza —dijo
convencida.
—¿Nuestro chico? Le hubiera destrozado. Por algo le
temen en el club.
Sonrió con tristeza. —No es nuestro chico, papá. Es tu
chico. —Steven hizo una mueca. —Temes perderle.
—Es como otro hijo para mí. He puesto muchas
esperanzas en él.
—No te abandonará si me voy.
Como si supieran que hablaban de él entró en la
habitación y sonrió. —Hola nena. ¿Cómo te encuentras?
—Bien.
—No estaba porque tocaba parte médico a la prensa.
Están abajo como locos, ¿sabes? Lo que menos se esperaba
nadie era que te secuestraran.
—Últimamente estoy un poco gafada. ¿Eso dónde se
cura?
Ambos sonrieron. —Lo preguntaré —dijo Tyger
poniéndose al otro lado de la cama. Él cogió su mano y
Anne sintió que se le retorcía el corazón por su contacto,
pero no se podía permitir sentir, así que la apartó
poniéndosela sobre el vientre. Tyger apretó los labios—.
Mañana te darán el alta.
—¿Ya? —preguntó sorprendida a su padre.
—Lo que tienes se puede curar en casa. Solo te
dejaron aquí en observación hasta que comprobaran que en
la cabeza todo iba bien.
Suspiró del alivio. —Estupendo, solo quiero irme a
casa.
—Organizaré tu salida para que la prensa no capte tu
imagen —dijo Tyger.
—No. —Ambos la miraron sorprendidos. —Quiero que
vean lo que me ha hecho. Quiero que piensen en esto y no
en lo que ponía en ese maldito diario.
—Quieres apartar la atención de tu padre y centrarla
en ti.
—Exacto. Quiero que vean que nosotros somos las
víctimas y que únicamente me defendí. Y vamos a anunciar
que la Fundación Steven Snow va a donar veinte millones de
dólares a distintas asociaciones que luchan contra la
violencia, ya sea de género, bulling o cualquier otro tipo.
—Nena me equivoqué.
Sorprendida preguntó —¿En qué?
—Serás una relaciones publicas estupenda.
—Con mi dinero —dijo Steven indignado—. ¿Veinte
millones?
—Papá, te desgrava.
—Eso es cierto.
—Y no voy a ser relaciones públicas. Me voy a París.
Tyger apretó los labios. —Será mejor que prepare tu
salida. Llamaré a tu madre para que te envíe un vestido.
Parpadeó cuando le vio salir. —¿Ves? No renuncia.
—Exacto, cielo. No renuncia.
—Estás hablando de su puesto, ¿no?
—¿Y tú?
Sentada en la tumbona de la terraza de casa de sus
padres pasó la hoja de su álbum de fotos. Su grupo de
amigas reía ante la tarta de cumpleaños. Parecían felices.
Cindy a su lado hacia una mueca y recordó como segundos
después cogió un pedazo de tarta con la mano y amenazó
con tirársela. Todas salieron despavoridas haciéndola reír y
gritó —¡Toda para mí!
Bajó la vista a la siguiente foto. Donde sus padres
bailando se miraban a los ojos en una nochevieja. Parecían
tan felices... ¿Cómo se podía haber torcido todo tanto en
apenas cuatro años? Vio que detrás de ellos estaba Tyger
bailando con una chica. Nunca le había pedido un baile.
Siempre que había una ocasión así la ignoraba. Sintió una
pena enorme por ser tan idiota y pensar que podía
conseguirle. Por pensar que esas eran sus amigas y por
creer en los cuentos de hadas y creer que el amor de sus
padres era para siempre.
—Hija. —Se sobresaltó al ver a su lado a su madre. —
Lo siento, no quería…
—No pasa nada.
Marilyn se sentó a su lado y sonrió con tristeza. —
¿Qué haces?
—¿Torturarme? —Cerró el álbum y lo dejó a un lado.
Su madre cogió el álbum y lo abrió sonriendo al ver
una foto suya cuando era bebé. Estaba sentada en la
alfombra con un cubo de plástico en la mano y se lo tendía
a quien sacaba la foto. —Que buenos tiempos.
—¿De veras? —preguntó irónica
—Claro que sí. —La miró con pena. —No todo fue
malo. Lo que ocurre es que has pasado un año muy duro y
ahora estás triste.
—No estoy triste, mamá. —Intentando no llorar se
levantó. —Voy a estirar un poco a la barra.
—Cielo, tienes demasiados morados. Saliste antes de
ayer del hospital, no deberías…
Su hija no le hizo caso saliendo de la terraza y Marilyn
apretó los labios. Steven vio como su hija subía las
escaleras reprimiendo las lágrimas y suspiró. Se acercó a la
terraza donde su mujer miraba el álbum de fotos. —
Deberíamos llamar a una psicóloga.
—Es tan cabezota como tú, no querrá verla.
—Tan cabezota como yo, ¿eh? —dijo divertido antes
de sentarse a su lado—. Joder, mírala. —Anne estaba
sentada sobre un caballo sonriendo a la cámara y
mostrando que le faltaban dos dientes. Se echó a reír. —
Estaba muerta de miedo, pero lo consiguió.
—Pero no quiso subirse a otro caballo nunca más. —
Marilyn le miró a los ojos. —Si todo esto la ha afectado
como ese caballo, ¿qué tipo de vida llevará mi niña?
—Temes que se quede sola
—Está enamorada de él. Nuestro divorcio y el
comportamiento de Tyger la han afectado, Steven. Eso por
no hablar de todo lo demás. Tiene la felicidad al alcance de
su mano y se niega a hablar con él. Antes de ayer cuando
salió del hospital no le dijo ni una sola palabra. Cuando
llegamos a casa subió directamente a su habitación
negándose a compartir más tiempo con él.
—El chico no se rendirá.
—Quiere irse. Fue lo primero que me dijo en cuanto
nos quedamos solas. Después de esas vacaciones se irá a
París y pondrá distancia con todo lo que conoce.
—Igual es lo que necesita. Un año fuera…
—No volverá.
Steven se tensó. —¿Qué has dicho?
—Conozco a mi hija y si ha decidido dar un paso así
no habrá vuelta atrás. Tiene intención de vivir allí. Sabes
que le encanta París y si tiene trabajo para qué volver. Aquí
no le queda nada.
—Estamos nosotros.
—¿Nosotros? ¿Crees que no desconfía de que
hayamos vuelto a estar juntos? No quiere pasar por lo
mismo dos veces.
Steven se tensó. —¿Tanto daño le hemos hecho?
¿Hasta el punto de querer echarnos de su vida?
—Ese diario lo demuestra… Hay frases que desgarran
el alma. —Los ojos de Marilyn se llenaron de lágrimas. —Yo
también fui responsable de eso y no me lo perdonaré nunca.
Steven apoyó los codos en las rodillas y suspiró. —Si
quiere irse no se lo impediré.
A Marilyn se le cortó el aliento. —Claro que lo harás.
—Cielo…
—Mi hija no se va a ir del país. ¡Arréglate como
quieras, pero la quiero aquí a mi lado! —Y mirándole a los
ojos siseó —¡Dile a tu chico que empiece a hacer las cosas
bien de una maldita vez!
—Como has dicho no quiere hablar con él.
—Pues habrá que provocar una situación en la que
sea inevitable. —Se levantó. —Arréglalo Steven, porque sino
no estaré nada contenta y eso afectará a nuestra relación
ya de por sí herida. —Fue hacia el salón.
—¿Acaso no me quieres?
—¡Claro que sí no digas tonterías! —Se volvió. —¡Pero
a ella la quiero más!
—¡Mujer, esas cosas no se dicen! —exclamó atónito
viendo cómo iba hacia las escaleras.
—¡Como si tú no sintieras lo mismo! —gritó
desapareciendo de su vista.
—Claro que no, os quiero igual.
—¡Ja!
—¿Qué significa eso?
Cuando su mujer no contestó gruñó. —Joder como
necesito esas vacaciones. —Iba a levantarse cuando vio una
foto en el suelo y la cogió volviéndola. Su niña preciosa para
su graduación sonreía a la cámara al lado de ellos dos.
Recordaba que Tyger había sacado la foto porque había ido
a llevarle unos papeles para que los firmara y le
aprovecharon para sacar la foto. Parecían la familia
perfecta. Mirando esos ojos azules se dio cuenta de que
anhelaban algo y recordó como bajando las escaleras de
aquella misma casa había preguntado loca de contenta si
estaba bonita. Ellos sentados en el sofá charlando se
levantaron y recordó como él la llenó de piropos, pero Tyger
no dijo palabra. Sacó la foto y preguntó —¿Y tu pareja?
Su hija se sonrojó. —No tengo. No he querido ir con
nadie.
—Será que nadie te lo ha pedido.
—Pues te equivocas —dijo ella con orgullo levantando
la barbilla.
Steven apretó los labios. —Joder Tyger…
Tyger con los ojos entrecerrados preguntó —¿Qué
pasa? He tenido que salir de una reunión porque me has
llamado. —Steven sentado en su sillón puso la foto ante él.
—La noche de la fiesta de graduación de Anne.
—Es interesante que recuerdes esa noche. ¿Recuerdas
lo que le dijiste?
—Sí —dijo entre dientes—. ¿Qué es esto, Steven? ¿Vas
a recriminarme mi comportamiento? ¡Porque sé que fui un
cabrón, pero algo tenía que hacer! —Steven le miró muy
serio. —¡No me mires así, me hubieras echado! ¡Le saco
diez años!
—En eso tienes razón.
—Está bien que lo reconozcas.
—¿La querías?
—Joder…
—¿La querías? —preguntó más alto.
—No.
Steven apoyó la espalda en su sillón. —La deseabas.
—Joder al principio no. Era una cría. Pero… —Se pasó
la mano por la nuca. —Un día en los Hamptons estaba con
unas amigas en la piscina. Tenía diecisiete años. Quiso
quedar bien ante ellas y se acercó con el bote de crema a
mi tumbona. Por supuesto la rechacé y dije que se lo
pusiera una de sus amigas que con las manos pringosas no
iba a tocar los papeles que estaba leyendo. Se lo tomó mal,
claro. La había dejado en evidencia. Pero cuando se alejó.
—Sentiste remordimientos.
—Sí, ¿vale? —Molesto le miró a los ojos. —¿A qué
viene esto?
—¿Cuándo te enamoraste de ella?
Tyger apretó los labios. —Me di cuenta de que pasaba
algo unos días antes de irme a Tokio, por eso adelanté el
viaje. Y cuando volví…
—Estabas furioso.
—Sí. ¡No me esperaba ese video! ¡No me contaste lo
que estaba pasando! —gritó cabreado.
—¿Sabes por qué no te lo conté?
—Porque sabías que te detendría —siseó.
Steven asintió. —Exacto y en aquel momento no
necesitaba a la voz de mi conciencia diciéndome que lo que
hacía no era lo correcto, porque yo creía que sí. Estaba
furioso, sabía que las ayudarías y no pensaba consentirlo.
—Pues mira hasta donde ha llegado la lección que le
estabas dando a tu mujer y a tu hija —dijo con rabia.
Steven sonrió. —La quieres…
—¡Te he dicho que sí!
—Pues si la quieres en parte es por la mujer en que se
ha convertido. —Tyger frunció el ceño. —Niégalo si te
atreves. Antes para ti era caprichosa, una mantenida que
solo pensaba en pasárselo bien con sus amigas. Ahora la
admiras. Ha sabido plantarme cara y hasta se ha enfrentado
a un hombre que quería matarla. Todas esas circunstancias
han cambiado su carácter y no has podido evitar
enamorarte de ella. ¡Te vino fenomenal que te la pusiera en
bandeja y has vuelto a joderlo todo!
—¿Esta conversación tiene algún propósito aparte de
decirme que soy un gilipollas?
—Se va a ir a París y no volverá.
Tyger se tensó. —No se va a ir a París. ¿Y qué es eso
de que no volverá? —gritó alterado.
—Mi mujer está segura de que si se va no volverá.
Intentará hacer su nueva vida allí y dejar todo el pasado
atrás. Desgraciadamente le prometí que podría irse y tengo
las manos atadas. En tu mano está renunciar o no. En tu
mano está luchar por ella o no.
—¡No se va a ir!
—¿Vas a luchar?
—¡Claro que sí!
—Te aconsejo que te des prisa. Nos vamos de crucero
en una semana.
—No me jodas… —dijo sorprendido—. No puedo
arreglar esto en una semana. ¿Tú has visto el estado en el
que está? ¡Ni puedo besarla a gusto para intentar
convencerla!
—¿Querías convencerla con sexo?
—Jefe, creo que esta conversación no debería tenerla
contigo.
—¿Pero es que acaso no sabes enamorar a una mujer?
—preguntó pasmado.
—Nunca he tenido interés, la verdad. No es que haya
practicado mucho —dijo entre dientes—. ¡La única que me
interesaba estaba fuera de mi alcance por tu culpa! ¡Y aun
así se enamoró de mí!
—Enamoraste a la caprichosa adolescente no a la que
es actualmente.
—No me lo recuerdes —dijo como si eso le retorciera
las tripas.
—No te habla.
—¿Quieres dejar de hurgar en la herida? ¡Dame
soluciones!
—¿Yo? —No salía de su asombro.
—¡Tú eres el jefe!
De repente Steven se echó a reír a carcajadas. —Estás
cagado.
Gruñó de nuevo. —No quiero hacerle más daño.
Steven perdió la sonrisa poco a poco y suspiró
levantándose. —Muy bien. Atento. A las mujeres les gusta
que las piropeen, que sean caballeros con ellas, que las
sorprendan con cosas inesperadas. —Le advirtió con la
mirada. —Cosas inesperadas que deseen como una cena
romántica o un paseo en calesa por el parque.
—¿No me digas? Ya he ligado antes, ¿sabes? ¡Yo
quiero que me ame y que no se largue a París! —Frunció el
ceño. —¿Cómo enamoraste tú a Marilyn?
—Fue un flechazo, no te vale.
Se dejó caer en la silla derrotado. —Cualquier cosa
que haga se la va a tomar a mal.
—Sí, ahora no está muy receptiva.
—Parece deprimida —dijo preocupado.
—Lo que ha pasado ha sido muy gordo. Ha matado a
un hombre, Tyger.
—¡Y tengo que enamorarla precisamente ahora! —Le
rogó con la mirada. —Dame más tiempo para que olvide un
poco a ese gilipollas.
—No puedo. Marilyn ya avisó al barco ayer y la niña
está deseando irse.
—¡Para perderme de vista!
—Pues ya que lo dices… Pero ánimo, a mí me
perdonó, así que a ti terminará por perdonarte.
Tyger entrecerró los ojos. —Sí, no es rencorosa. Nunca
lo ha sido.
—Sí, a mí me perdonó en unos minutos de
conversación.
—Y si se me resiste, la sigo a París.
Asombrado vio cómo se levantaba. —¿Cómo has
dicho?
—Tengo vacaciones.
—¿Y quién va a dirigir la empresa? Después del
crucero me voy a los Hamptons.
—Bah, en septiembre no hay mucho trabajo. Por
cierto, me tomo el día libre. —Pensativo fue hasta la puerta
sacando su móvil. —¿Peggy? Llama a la florista. Que le
envíen doscientas rosas a mi prometida. ¿De qué color?
Mejor las elijo yo, dame la dirección y que venga mi chófer.
Steven sonrió cogiendo la foto de su hija. —Esto va a
ser interesante.
Capítulo 11
Se levantó de la siesta adormilada. No sabía para qué
las dormía, se levantaba más cansada de lo que se
acostaba. Además lo de la barra no había sido buena idea
porque ahora le dolía todo. Gimiendo fue a su baño y
sentada en el wáter frunció la nariz. ¿Su madre había
cambiado el ambientador? Se había pasado un poco, ¿no?
Se levantó y se miró en el espejo suspirando de la
decepción. Los morados de la cara seguían allí. Esperaba
que se le quitaran un poco para el crucero porque si hacían
alguna escala los turistas iban a flipar. Bueno, no podía
hacer nada. Sintiendo hambre fue hasta la puerta y al
abrirla el olor se hizo más intenso. —¿Mamá? ¡Te has pasado
con el ambientador! —Fue hasta las escaleras y se detuvo
en seco al ver rosas de todos los colores por el salón. —Oh
mamá, que detalle ha tenido papá —dijo ilusionada bajando
las escaleras.
—No son para mí —respondió Marilyn saliendo del
despacho.
—¿No? —Dejó caer la mandíbula del asombro
girándose para ver todas las que eran. —¿Para mí? ¿De
quién? ¿De amigos? —preguntó no queriendo hacerse
ilusiones.
—Hija, ¿por qué no abres la tarjeta? —Le mostró un
sobre gigante que había apoyado en la chimenea.
Corrió hacia allí cogiendo el enorme sobre y soltando
una risita lo apoyó en el sofá para abrirlo. La enorme tarjeta
tenía un corazón y la volvió agarrándola con ambas manos.
“¿Recuerdas la rosa que llevabas en tu muñeca la
noche de tu graduación? Te la compré yo, nena.”
Se le cortó el aliento mirando a su madre que asintió.
—Se me olvidó, cielo, y le pedí que la trajera de la que venía
a traerle unos papeles a tu padre.
Asombrada siguió leyendo: “Quería ponértela yo, pero
no podía. Y me mordí la lengua para no decirte lo preciosa
que estabas esa noche. —Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Pero tú siempre estás preciosa. —Hizo una mueca porque
ahora no estaba en su mejor momento. —O casi siempre. —
Se echó a reír gimiendo cuando le dolió la mejilla. —Con
esto quiero decirte que aunque no lo creas siempre he
querido estar ahí para ti. Aunque fuera en la sombra. Nunca
he podido expresar lo que siento, pero he estado ahí
preciosa. Entiendo tus razones para creer que no podías
contar conmigo cuando estuviste en problemas, pero te
equivocaste. El pasado no puede cambiarse, pero como en
el futuro tengas un problema y no me llames, me voy a
cabrear. —Rio por lo bajo. —Porque siempre serás
importante para mí, nena. Puede que tú no me quieras a tu
lado, pero siempre estaré ahí.”
Emocionada miró a su madre que estaba limpiándose
las lágrimas. —Le importo.
—Sí, cielo. Qué bonito, ¿no? Se nota que lo ha escrito
de corazón.
—Sí. —Miró la gran tarjeta y con cuidado la metió en
el sobre.
En ese momento sonó el timbre de la puerta y corrió
hacia allí abriéndola de golpe para ver a Jeff con un paquete
en la mano. —¿Cómo te va, compañero?
—Bien, señorita. —Sonrió malicioso. —Está abajo,
¿sabe?
—¿Sí? —preguntó ilusionada.
—Con una furgoneta llena de paquetes.
Asombrada miró a su madre antes de correr hasta la
terraza sacando medio cuerpo fuera. —¡Hija te he dicho mil
veces que no hagas eso!
Soltando una risita volvió a la puerta y cogió el
paquete. —¿No va a subir?
—Creo que hasta que no se los haya entregado todos
no.
—¿Uno por uno?
—Uno por uno.
—Eso son muchas propinas, Jeff. ¿Te ha pagado los
doscientos?
—Por supuesto. Hoy le dejo pelado.
Se echó a reír y lo abrió impaciente, pero
demostrando lo que le importaba más sacó la tarjeta a toda
prisa poniéndole a su madre la caja en los brazos. “Uno. —
Frunció el ceño y le dio la vuelta a la tarjeta. —Este debería
haber sido mi primer regalo de cumpleaños. ¿Lo recuerdas,
nena? Cumplías trece.” —Con curiosidad se acercó y su
madre sacó una cajita de terciopelo rosa. La abrió con
cuidado para encontrarse unos sencillos pendientes de
diamantes. Emocionada pasó el dedo por ellos porque en
aquel momento se habría vuelto loca con ese regalo.
—¿Ya con trece le habías echado el ojo, hija?
—Con lo guapo que era hasta tú se lo habrías echado.
Su madre se echó a reír asintiendo. —¿Qué te regaló?
No lo recuerdo.
Gruñó. —Un libro para colorear.
Marilyn se echó a reír a carcajadas. —Menuda
indirecta.
Jeff se fue, pero no tardó en llegar y antes de que
pudiera decir ni pío ya le había quitado el paquete de las
manos. —Se impacienta. Menudos gritos me ha metido.
Luego preguntó si lo había abierto delante de mí y qué le
había parecido.
—¿Y qué le contestaste? —preguntó Marilyn.
—Oh, que no lo había visto. Es para que se muerda las
uñas.
Marilyn se echó a reír. —Serás malo.
Miraron hacia ella que leía la tarjeta y soltaba una
risita. —Mi primer regalo de navidad. —Sacó de la caja un
bonito bolso de Dior en color beige y su madre soltó un
chillido. —¿Qué?
—¡Es un Lady Dior! ¿Sabes lo que cuesta esto? —Se lo
arrebató de las manos y abrió los ojos como platos. —Es
vintage. Es de los primeros cuando todavía no se lo habían
dedicado a Lady Di. —Admirada elevó el bolso. —Es una
obra de arte.
—Tenías dos de esos en tu armario antes de venderlos
—dijo divertida.
—Como este no. Este es una joya.
—Pues la joya es mía. ¿Me lo devuelves?
Gruñó devolviéndoselo y Anne soltó una risita. —
Hubiera sido la bomba en el instituto con este bolso.
—Menudo sacrilegio regalarle eso a una niña. Una
mujer de mi edad lo apreciaría más.
—Mamá te mueres de envidia.
—Pues sí.
El siguiente regalo correspondía a su catorce
cumpleaños. Una tabla de surf porque en aquel momento lo
practicaba mucho. Para navidades un portátil. Una
gargantilla. Un reloj. Unos esquís que eran una maravilla.
Para navidades el traje de esquiar y así hasta llegar a sus
dieciocho cumpleaños donde Jeff llegó solo con la tarjeta
que decía —“Aquí no te regalo nada que acerté de pleno.”
Se echó a reír asintiendo.
—Cómo será el regalo de Navidad… —dijo su madre
divertida.
Impaciente vio la enorme caja empujada por el carrito
de Jeff que ya estaba agotado. —Esto pesa un montón.
Tuvo que ayudarla su madre y al ver el juego de
maletas de Louis Vuitton esta chilló como una loca mientras
ella se llevaba la mano al pecho. Aquello era una fortuna.
Eran cinco maletas de distintos tamaños y hasta había un
baúl de la marca. —Está loco. —Entre tanto embalaje no
encontraba la tarjeta. —¿Dónde está? —preguntó ansiosa
rebuscando entre el papel de burbuja. Se arrodilló a cuatro
patas apartando un cartón. —¡No la encuentro! —Al ver el
sobrecito chilló arrastrándose para cogerlo. Se sentó en el
suelo para abrirlo a toda prisa. —“Tu primer viaje a Europa
con las amigas. Tenías que ir preparada, nena.” —Sollozó de
la emoción llevándose la tarjeta al pecho. Se acordaba de
tantos detalles que no se lo podía creer.
Jeff sorbiendo por la nariz dijo —Voy a por otro.
—Sí, sí —dijo Marilyn impaciente—. Madre mía y
todavía quedan siete años.
Los siguientes regalos fueron igual de especiales
porque todos significaban algo y en el último la tarjeta decía
—“Siento haberme perdido este, porque era el más
importante de todos y cuando más me necesitabas.” —Miró
la caja que tenía al lado y sacó un teléfono móvil de última
generación. Sonrió porque en la caja había un post-it con su
número de teléfono.
—Llámale hija.
Se mordió el labio inferior y susurró —Tenemos mucho
que solucionar. Esto es solo para ablandarme el corazón.
Se arrodilló a su lado. —¿Crees que todavía quiere
casarse contigo por la empresa?
—Quiero que se case conmigo, aunque no tenga la
empresa. ¿Soy idiota?
—No, cielo. Es lógico que desees que te ame solo por
ti. Pero amenazó a tu padre con irse, ¿recuerdas?
—Jamás lo hubiera hecho. —Se levantó y cogió todas
las tarjetas antes de ir a la habitación.
—¿No vas a darle las gracias?
—Claro que sí, estará al caer.
Efectivamente sonó el timbre y ella levantó una ceja.
—¿Ves?
Marilyn suspiró levantándose y abriendo la puerta. Él
gruñó. —Que me abras tú no es muy buena señal.
—Le han encantado —susurró.
Él sonrió entrando en la casa sorteando todo lo que
allí había. —¡Cielo tienes visita!
Apareció en lo alto de las escaleras y sonrió. —Ha sido
todo un detalle, gracias.
—De nada, nena. ¿Así que te han gustado tus regalos?
—Sí, son estupendos. Gracias de nuevo.
Se volvió para irse y él la miró pasmado. —¿Es todo lo
que vas a decir?
Regresó como si le costara hacerlo y apoyó las manos
en la barandilla. —¿Qué quieres que diga?
—Pues no sé. Algo.
—Son regalos que deberías haberme hecho en su
momento, ¿no?
—Sí.
—Son una especie de disculpa por ser tan capullo
conmigo en el pasado.
Él gruñó antes de decir entre dientes —Sí, nena.
Exactamente eso.
—Pues acepto tus disculpas. —Sonrió. —Y gracias.
Cuando desapareció miró asombrado a Marilyn que
forzó una sonrisa. —Esta niña…
Él entrecerró los ojos. —Ya no aprecia lo material
como antes.
—Pues la verdad es que no mucho. Pero le han
encantado.
—Tu hija me está poniendo las cosas muy difíciles.
—Tranquilo, que al menos no te ha dicho eso de
podemos ser amigos.
La miró con horror. —¿Cómo que amigos?
—Ya sabes. Habéis cortado y cuando esas cosas pasan
cada uno por su lado, pero como a ti va a verte a menudo si
no se va a París, pues deberéis tener una mínima relación
cordial. Amigos.
—¡Ni hablar! —Se volvió. —¡Anne ven aquí!
—Ya empezamos —escucharon desde arriba. La
oyeron caminar hasta la barandilla—. ¿Qué pasa?
—¡Tú y yo no seremos amigos nunca! ¿Me has
entendido?
Levantó la barbilla con orgullo. —¡Pues muy bien,
como si quisiera que fueras mi amigo! —Se largó dejándole
con la palabra en la boca. —Será posible, este hombre no va
a cambiar nunca. —Furiosa volvió. —¡Imbécil!
Asombrado miró a Marilyn que hizo una mueca al
escuchar el portazo. —¿Qué me ha llamado? —Marilyn jadeó
cuando le vio subir las escaleras de dos en dos. —¡Nena, no
quiero decir que no seamos amigos, pero con algo más! —
Golpeó la puerta de su habitación. —Anne abre. Tenemos
que hablar.
—¡Qué te den! —Anne al otro lado de la puerta sonrió
escuchándole jurar por lo bajo.
—Vale, ¿quieres que seamos amigos?
—¿Y cuándo he dicho yo eso?
—¡Tu madre me ha liado!
—¡Tú no quieres ser mi amigo me lo acabas de decir!
—Hizo que sollozaba.
—Joder nena, no llores. Claro que soy tu amigo.
—¿De veras? —preguntó de manera infantil.
—¿No te he dicho ya que puedes contar conmigo
cuando quieras? Eso lo hacen los amigos.
Hizo que sollozaba de nuevo. —Necesito un amigo.
Él suspiró del alivio apoyando la frente en la puerta. —
Pues aquí me tienes.
—Ahora quiero estar sola. Y pensar. Tengo mucho que
pensar antes de irme a París.
Juró por lo bajo volviéndose y Marilyn hizo una mueca.
—Estará cansada. Todo lo sucedido…
—Nena llámame.
—Vale.
Se acercó a la puerta para oír como se alejaba y por
sus pasos no estaba nada contento.
—¡Y dónde está la doncella! —gritó él furioso.
—Ahora solo viene una por las mañanas. ¡Intento
ahorrar como mi hija! —gritó su madre desde allí.
—¿Será una broma?
—Eso dice mi marido. Está harto de fregar los platos
por la noche.
—La madre que las parió.
Ambas jadearon y Anne abrió la puerta para gritar —
¿Qué has dicho?
—Menudo oído más fino que tiene —dijo por lo bajo—.
¡Te llamo luego, nena!
Sonrió sin poder evitarlo. —Vale.
Madre e hija se miraron y cuando escucharon la
puerta Marilyn preguntó—¿Ahora sois amigos?
—A ver cuánto aguanta.
—¿Piensas torturarle?
—Claro que sí. Tiene que pagar por sus desplantes
todos estos años. Y por no creerme, sobre todo por eso.
—¿Pero el treinta y uno de diciembre habrá boda?
—Por supuesto.
—Uy, hay que preparar muchas cosas.
—Sé discreta, mamá.
—Claro que sí. Si no quiero no me pillan.
Ella levantó una ceja y Marilyn carraspeó. —A no ser
que tu padre contrate un detective, claro.
—No le digas nada a papá. Es un espía doble.
—Hecho.
—¿Seguro? ¿Podrás con esto?
—Hija confía en mí. De mí no sacarán nada.
Ambas sonrieron yendo hacia las escaleras y cuando
bajaron los escalones allí estaba Steven con los brazos
cruzados. Se pusieron como tomates y su madre intentó
disimular. —Cielo, ¿ya estás en casa?
—Sí, precisamente me he cruzado con el chico —dijo
mirándolas fijamente.
—No le digas nada. —Bajó las escaleras a toda prisa y
juntó las manos. —Por favor, por favor.
—Hija, que Tyger no tiene paciencia…
—Pues deberá tenerla. —Elevó la barbilla como toda
una Snow. —Es su penitencia.
—¿Vendrá al crucero?
—Claro, ya me arreglaré para invitarle.
—Hija, ¿te das cuenta de que tengo una gran empresa
y que si ambos estamos de vacaciones no habrá quien la
dirija?
Ambas dieron un paso hacia él amenazantes. —¿Qué
has dicho? —preguntaron a la vez.
Steven carraspeó. —Nos las arreglaremos.
—¡Más te vale! —gritó Marilyn sobresaltándole—. ¡Tu
hija es lo primero! ¡Ahora ayúdame a subir todo esto que la
niña está muy dolorida!
Él miró con horror todo lo que tenía a su alrededor. —
¡Espera que llamo a alguien que tú tampoco puedes hacer
esfuerzos, mujer!
—Vale. —Ambas con la barbilla en alto fueron hasta la
cocina.
Al ver hacia donde iban él casi se puso a temblar. —
No iréis a hacer la cena, ¿no?
—Claro —respondió su mujer con desconfianza—.
¿Acaso cocino mal?
—No, cielo. Tus espaguetis quemados de ayer por la
noche son una evolución culinaria. —Forzó una sonrisa. —
Pero no te esfuerces, que ya pido yo algo.
—Vale. —Entró en la cocina y reprimió una risita. —
Parece otro —susurró.
—Yo le veo igual.
—Qué va. Es el Steven con el que me casé —dijo
ilusionada—. Estas vacaciones van a ser fantásticas.
Durante todo un mes les iban a tener para ellas solas
y sonrió. —Sí.
—Hija tienes que ir al ginecólogo. Dudo que si estáis
en el barco no os dejéis llevar por la pasión. No querrás
estar embarazada antes de la boda, ¿no?
Se puso como un tomate. —Mamá, ¿tienes que hablar
de eso?
—Hay que ser práctica.
—Demasiado tarde.
La miró sin comprender. —Pero si han pasado cinco
días desde… ¡No!
—Sabes que soy como un reloj y… Nada.
—¿Será por los golpes? ¿El shock? Has matado a un
hombre, eso altera mucho.
—¿Tú crees? —Sonrió. —Sí, igual es eso. ¿Recuerdas
aquella vez que me rompí la pierna esquiando? No me bajó
la regla.
Marilyn suspiró del alivio. —Claro, es eso. El shock y la
paliza que te la han asustado. Lo que yo decía. Terminará
saliendo.
—¿El qué? —preguntó su padre tras ellas.
Ambas se volvieron con los ojos como platos. —La
mancha del suelo de ayer de la salsa de tomate. Terminará
saliendo.
Él frunció el ceño mirando el impecable suelo. —La ha
limpiado la doncella esta mañana.
—Uy, ¿sí? —Marilyn miró hacia abajo. —Anda, es
verdad.
Su padre suspiró dejando una de las cajas vacías en el
reciclaje y salió de la cocina.
—Mamá no me extraña nada que papá te pillara. ¡Eres
un desastre mintiendo!
—Pues a ti te la colé con lo de James. —Marilyn se
sonrojó por lo que había dicho. —Quiero decir… Que cuando
a alguien le importas mucho es fácil colársela.
—Mamá déjalo. Pero tienes razón y has confirmado mi
teoría.
Marilyn la miró sin entender. —¿De que Tyger se lo
tragará todo?
—Precisamente eso es lo que vamos a comprobar,
hasta qué punto le importo.
Esa noche la llamó, pero para darle una lección no se
lo cogió por mucho que le fastidiara porque estaba
deseando oír su voz. Pero debía ser dura. Al día siguiente
Tyger por supuesto estaba trabajando. Sabía por su padre
que tenía una reunión importante, así que le llamó justo en
ese momento. Sonriendo mientras sonaba el teléfono se
tumbó en la cama cruzando los tobillos. Al tercer tono
frunció el ceño, pero de repente respondió —Nena, ahora no
puedo hablar.
—Ah, ¿no? —preguntó decepcionada.
—Estamos en medio de una reunión.
—Ya veo. No importa. —Colgó el teléfono y gruñó
sentándose en la cama. —¡Sí, te importo muchísimo! —gritó
desgañitada.
El teléfono empezó a sonar. —Ah… —Se lo puso al
oído.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Qué mono, se preocupaba por ella. —Estoy algo triste
y quería hablar.
Le escuchó jurar por lo bajo. —¿Y no podemos hablar
dentro de una hora?
—¿Para qué me llamas si no quieres hablar conmigo?
—Nena, sí quiero —dijo intentando ser delicado—.
Nada me gustaría más que hablar contigo, pero tengo a
veinte ejecutivos de otra compañía sentados en la sala de
juntas pensando qué ocurre. ¿Por qué no hablas con tu
madre mientras termino? Los despacho y soy todo tuyo.
Reprimió la risa. —Menudo amigo estás hecho. Solo
me vales después de las cinco.
—¡Eso! —exclamó sobresaltándola—. Después de las
cinco voy a tu casa y hablamos durante horas.
—No te molestes —dijo remilgada—. ¡Después de las
cinco ya está papá! —Colgó el teléfono y soltó una risita.
Mejor se duchaba que a las cinco en punto allí le tenía.
Capítulo 12
Estaba desvistiéndose cuando sonó su móvil y frunció
el ceño al ver que era su padre. —Hola papá—dijo tan
contenta.
—Te llamo para entretenerte durante su reunión. —
Anne se echó a reír. —No tiene gracia —dijo su padre entre
dientes—. Hija, esto es un negocio.
—Ya, pero es que quería comprobar algo.
—¿El qué?
—Pues si en nuestro matrimonio me va a dejar tirada
por el trabajo con reuniones interminables y viajes eternos.
¿Te suena de algo? ¿El aburrimiento de mamá y lo que pasó
después?
Su padre carraspeó. —Hija tienes muy mala leche.
—¡A quién habré salido! Y como le digas algo para que
se centre en el trabajo me voy a cabrear. ¡Esta semana y
durante el crucero es mío para saber lo que le importo!
—Mucho, porque estoy viendo como salen los
ejecutivos de la sala de juntas a toda pastilla.
Emocionada se llevó la mano al pecho. —¿De veras?
—Y se larga —dijo atónito—. ¡Mi vicepresidente se
larga! ¡Y sin avisar!
—Uy, te dejo que iba a ducharme. Te quiero —dijo
colgando a toda prisa antes de que pegara cuatro gritos
más.
Al quitarse las braguitas hizo una mueca porque no le
había bajado la regla. Otro día más. Aquello empezaba a ser
muy mosqueante. ¿Cuántos días tenía que esperar para
hacerse la prueba? Cogió su móvil y miró en internet. Diez
desde el día más probable de la concepción. Bah, todavía le
faltaba. Entonces frunció el ceño leyendo que si la hormona
hCG ya estaba presente en el organismo puede que se
supiera incluso antes si la prueba de embarazo era muy
sensible. Que pasaba en los embarazos múltiples. Soltó una
risita. —Gemelos. No estaría mal. —Distraída siguió leyendo
que si la hormona todavía no estaba presente podía dar
negativo y días después dar positivo por eso era
recomendable esperar de diez a quince días.
Estuvo mirando varias páginas y todas ponía casi lo
mismo. Entonces por curiosidad buscó cuáles eran las
pruebas de embarazo más sensibles.
—Nena, ¿qué haces?
Gritó del susto volviéndose para ver a Tyger apoyado
en el marco de la puerta. —No me des esos sustos.
—Joder…—Se acercó cogiendo su brazo para
levantarlo delicadamente y ver el morado de su costado. —
¿Te duele?
—Sí. —Cuando rozó su costado suavemente se
estremeció de deseo y al ver que sus pezones se
endurecían con fuerza se apartó para taparse con una
toalla. —No puedes hacer esto, ¿sabes?
Él se enderezó. —¿El qué?
—¡No te hagas el tonto!
—Nena, no sabía que me esperabas desnuda.
—¡No te esperaba!
Entrecerró los ojos. —¿Me estás mintiendo?
—No, me dijiste que estabas en una reunión. ¡Y
vuestras reuniones son eternas!
—¡Pues esta ya ha acabado! ¿Con quién estabas
chateando en el móvil?
—Con nadie.
Eso sí que le mosqueó. —¿Con nadie? Desbloquéalo.
Jadeó indignada. —¿Qué has dicho?
—¡Nena, querías hablar con alguien y estabas
embebida en lo que estuvieras leyendo! ¿Con quién
hablabas?
—Tú no estás bien.
—¡Eso le dijo tu padre a tu madre y mira lo que pasó!
—¡No metas a mis padres en esto!
—Es que me mosquea mucho. —Dio un paso hacia
ella. —¡Mucho! ¡Y que no me digas su nombre mucho más!
¡Estabas tan distraída que te has quedado en pelotas
cuando es obvio que ibas a ducharte y has tenido tanta
prisa en contestarle que te he sorprendido! ¿Quién es?
No salía de su asombro, estaba celoso. Y celoso de un
amante imaginario que era lo peor. Si era virgen hasta hace
cinco días, aquello era de locos. Le retó con la mirada. —Lo
que estuviera leyendo en el móvil pertenece a mi intimidad
y no tienes derecho a saberlo.
—Ah, ¿no? Ahora sí que estoy mosqueado, nena. Dime
quién es.
—¡Estos celos no tienen sentido cuando somos
amigos!
—Amigos. ¡Ja!
—¿Qué quiere decir eso? —Ahora sí que empezó a
cabrearse. —Sal de mi baño.
—Ni hablar hasta que me digas quien es.
—¡Estás metiendo la pata hasta el fondo! Vas a
quedar como un idiota, ¿sabes?
—Sí, ya. Pues estarás impaciente por demostrarme
cuán idiota soy.
Sujetándose la toalla con los brazos desbloqueó el
móvil y lo volvió para mostrar la página de internet que
estaba leyendo. Su cara se quedó congelada y sonrió
maliciosa. —¿Ves? No estaba chateando con nadie.
Discúlpate.
Él la miró como si la viera por primera vez. —¿Qué
coño es esto, nena?
Puso los ojos en blanco y fue hasta la habitación
mostrando otro enorme morado en la espalda. Tyger apretó
los puños siguiéndola. —¿Por qué mirabas eso?
—No me ha bajado la regla.
—Preciosa, será del disgusto o de la tensión por todo
lo sucedido.
—Ya.
Fue a abrir la puerta antes de ir hasta él para cogerle
por el brazo y como aún estaba algo impresionado se dejó
llevar hasta la salida. —Pero tú estás bien, ¿no?
—Claro —dijo antes de cerrar de un portazo y girar el
pestillo—. ¡Imbécil!
Él gimió al otro lado dejando caer la frente sobre la
puerta varias veces. Marilyn desde su habitación suspiró. —
Qué desastre de hombre. —Le fulminó con la mirada. —Mira
que pensar que mi hija te es infiel. ¡Largo de mi casa!
—Estupendo Tyger —dijo entre dientes antes de ir
hacia las escaleras.
—¡Tú eres idiota! —gritó su jefe furibundo.
—Empiezo a pensar que sí. —Agotado se pasó la
mano por los ojos antes de sentarse ante su escritorio.
—¡Ahora está furiosa contigo! ¡Las dos lo están!
¡Marilyn ayer en la cena te puso verde! ¿Cómo se te ocurrió
pensar algo así?
—Pues no lo sé. Será que cuando llegué escondió el
móvil a toda prisa y no deja que la toque. ¡Será que quiere
que seamos amigos!
—¡Solo quería comprobar cuánto te importaba con esa
amistad fingida! ¡Ya estaban preparando la boda! ¡Ibas a ir
al crucero con nosotros!
—¿De veras? —preguntó esperanzado.
Steven hizo una mueca. —Sí, pero de eso olvídate
porque ayer mi niña llamó ante mí al florista para cancelar
las dos mil rosas blancas que lo decorarían todo y si te viera
en el barco te tiraría por la borda.
Decepcionado dejó caer los hombros.
—Chico, para un ataque de celos como el de ayer hay
que tener pruebas sólidas.
—La próxima vez contrataré un detective —dijo entre
dientes.
—Mira, algo has aprendido.
—Con esto solo le he confirmado que no me fío de
ella. Metí la pata con lo del diario y la volví a meter ayer.
Steven se sentó en su escritorio. —No has pegado ojo.
—Es que no me lo puedo creer —dijo asombrado—.
Jamás me había pasado esto y estoy empezando a
acojonarme, la verdad.
Steven sonrió. —¿Por perderla?
Se apretó las manos. —No puedo perderla. ¡Ni lo
menciones!
Asombrado dijo —Hijo, estás fatal.
—¡Culpa de tu hija! —Se levantó furioso. —Yo antes
era normal. ¡Me acostaba con quien quería y trabajaba
como un cabrón! —Le fulminó con la mirada. —¡Desde que
he vuelto no sale de mis pensamientos y la culpa es tuya!
—¿Mía?
—Me la has metido tanto por los ojos que…
—¡Ya te gustaba de antes!
—¡Pero de lo de antes a lo de ahora hay un abismo!
¡Así no se puede vivir! ¡Hostia, desde lo del depósito de
cadáveres los tengo por corbata! —Le miró pasmado. —¡Y
encima la secuestran! Con tu hija no sobrevivo a los
cuarenta. Vete buscándote otro vicepresidente porque…
—No, si ya viene de camino, me lo contó ayer por la
noche mi mujer. —Steven reprimió la risa.
Pálido se volvió a sentar. —Eso es lo que me faltaba.
¡Una noche, una sola noche y ya está embarazada! Yo antes
sabía qué hacer. No había problema al que no supiera
enfrentarme, pero con Anne… ¡Es una sorpresa tras otra! —
Steven iba a decir algo, pero se levantó de nuevo. —Dice
que no quiere boda, después sí la quiere advirtiéndome que
no le sea infiel, después me deja por una desconfianza de
nada y ahora iba a haber boda pero yo no sabía nada… ¡A
ver si se aclara! ¡Yo soy así! ¡Me conoce muy bien! ¡Tengo
mala hostia y soy desconfiado por naturaleza! ¡Pregúntaselo
a cualquiera! Nuestros socios saben que no me fío de ellos.
¡O trabajan o puerta! Meto cuatro gritos y les pongo a todos
firmes. Pero claro, con ella no puedo porque con todo lo que
le ha pasado y que es tan delicada… Delicada cuando
quiere porque menudo escupitajo que me metió en plena
discusión. Muy fina no te ha salido. —Steven iba a decir
algo, pero él continuó —Es que no me puedo creer todo lo
que ha cambiado en un año. ¡Le has dejado un trauma!
Aunque a mí me gusta más así, para qué negarlo. Antes era
respondona, pero también era tímida. ¡Ahora es descarada,
tiene mala leche y me pega unos gritos que parece un
sargento! ¡Pero es mía y ya no la cambio! ¡Así que vaya
llamando al florista que estoy harto! —Salió de su despacho
dando un portazo y Steven escuchó que gritaba —¡A
trabajar!
Anne rodeando la barra con las piernas se agarró
cruzando los tobillos y dejó caer la parte superior de su
cuerpo hasta que la espalda pegó con la barra de acero. La
estiró arqueándola y en ese momento frunció el ceño al
parecerle escuchar su apellido en la tele. Apoyó las manos
en el suelo bajando las piernas y se volvió para coger el
mando y subir el volumen. —Efectivamente estamos ante
los juzgados donde se ha preparado un operativo para
buscarlas. Ambas iban en un furgón policial e iban a
presentarse ante el juez porque la fiscalía al fin había
presentado cargos, cuando el furgón chocó con un taxi. El
conductor del furgón bajó del vehículo y en ese momento el
taxista furioso se lanzó sobre él. Al ser presas de bajo riesgo
los agentes bajaron de la parte trasera para ayudar a su
compañero y ellas aprovecharon para escapar. En este
momento Jessica Broke y Cindy Morton se hayan en busca y
captura.
Dejó caer la mandíbula del asombro. ¡Estaban locas!
¿Pero cómo se les ocurría hacer algo así?
Escuchó el timbre de la puerta y palideció antes de
gritar —¡Mamá no abras! —Corrió hacia la escalera. —¡No
abras! ¡Esas locas se han escapado! —Llegó abajo casi sin
aliento para ver que su madre ya había abierto y que al otro
lado estaba Tyger que levantó una ceja. —¡Se han
escapado! ¡Lo han dicho en la tele!
Él se acercó preocupado. —¿Quién se ha escapado?
—¡Jessica y Cindy! —exclamó muy nerviosa—. No
vendrán a por mí, ¿no? ¡Necesito una pistola!
—Nena cálmate. —La cogió por los brazos. —Ahora
cuéntame muy despacio que han dicho en la televisión.
—Que iban hacia el juzgado porque al fin se habían
presentado cargos. Su furgón chocó con un taxi y cuando
los guardias fueron a ayudar se largaron.
—Dios mío —dijo Marilyn—. Tyger vete a comprar una
pistola. ¡Cómo no tenemos de eso! ¡Tenemos de todo y no
tenemos un arma! ¡Date prisa, qué haces ahí!
—Calmaos. Lo que menos quieren es acercarse por
aquí para que las pillen.
—¿Pero cómo se les ocurre hacer algo así? A Jessica le
iba a caer como mucho un año de libertad condicional, ¿no?
Eso dijo el abogado.
Tyger apretó los labios. —Eso era antes, nena.
—¿Qué?
—Con todo lo ocurrido con Paul no quisimos decirte
nada para no preocuparte más —dijo su madre angustiada.
—¿Preocuparme más? —Miró a Tyger. —¿Qué es?
—Nena, sabía que Jessica no era trigo limpio, a mí no
me la dio con la actuación que hizo en tu casa ante su
padre. Solo quería tu compasión y que no la denunciaras.
Cuando Paul te secuestró fue inevitable que salieran sus
nombres a la luz. Ha recibido tres denuncias más por
extorsión. —Anne jadeó llevándose la mano a la boca. —
Teresa sí que estaba allí el día en que se escaneó el diario y
se largó porque lo que oyó la cabreó muchísimo. Al parecer
quería utilizar el diario cuando ya las rencillas con tu padre
hubieran pasado y recuperaras tu asignación. Me pagará
ese bolso de Gucci tan caro que papá no quiere comprarme,
eso dijo.
—Dios mío, ¿pero entonces por qué lo filtraron antes
de chantajearme?
—Porque le plantamos cara en el restaurante y es
muy temperamental. Le ordenó a Cindy que lo publicara.
Que te ibas a joder. Cindy que también tenía una cuenta
pendiente con los Snow lo subió a la red creyendo que no la
pillarían, pero Jessica se dio cuenta de lo que había hecho
demasiado tarde y se arrepintió.
—Contándoselo a su padre para que la protegiera —
dijo Marilyn.
—Vino aquí, montó el numerito, pero sabía que no
podía salir indemne sin delatar a alguien, así que como tú
tenías las sospechas de que Cindy estaba metida en esto,
reconoció que ella había escaneado el diario.
—Además, Teresa estaba de testigo. No podía negarlo.
Su esperanza era que tú no la denunciaras.
Anne pensó en ello. —Y que así solo culpara a Cindy.
Pero su nombre saldría en el juicio. Tendría que ir de testigo
y todo el mundo sabría que robó el diario.
—Su única opción es que no hubiera juicio. Cuando
salió de aquí, ¿adivina a dónde fue?
—¿Hiciste que la siguieran?
—Por supuesto. Fue a ver a Cindy, pero ella no estaba
en casa. Estaba Brooklyn en casa de uno con el que se
acostaba, subiendo el diario a través de su portátil. En el
registro de llamadas de Jessica de esa noche hay veintitrés
llamadas perdidas a Cindy, que no cogió el teléfono.
—Y al día siguiente fue la rueda de prensa.
—Ya era imposible detenerlo.
La mirada de Tyger la alertó. —¿Qué crees que iba a
hacer cuando fue a visitarla a su casa?
—Tenía que cubrirse las espaldas, nena. Puede que los
otros, a los que estaba extorsionando abrieran la boca.
—¿Crees que quería matarla?
—Así no habría juicio, todo se hubiera terminado con
un año de libertad condicional en un trato con la fiscalía y
sería mucho más discreto. No había testigos que le llevaran
la contraria. Al fin y al cabo ella había robado el diario casi
como una niñería.
—Pero la prensa querría saber. Su nombre saldría a la
luz igualmente.
—Las noticias en esta ciudad se olvidan pronto. Ya no
hay nadie ante tu portal. Su delito era una tontería
comparado con lo que había hecho Cindy. Y la muerte de
Cindy sería mucho más jugosa que el robo del diario.
—Una manera de desviar la atención era que Cindy se
hubiera suicidado por lo que había hecho —dijo su madre—.
Tu padre opina que la mejor manera de salir de esa, era
simulando el suicidio de Cindy porque en parte sería como
un reconocimiento del delito. Con Cindy muerta incluso
podía haber dicho que robar el diario fue idea suya o vete tú
a saber…
—Dios mío… —Fue hasta el sofá sintiendo que le
temblaban las piernas. —Muchas veces comentamos entre
nosotras todo lo que se compraba Jessica y los viajes que
hacía. Nos dijo que su padre era mucho más generoso que
el nuestro y nos lo creímos.
—A uno de sus amantes le sacó más de un millón.
Tenía un video de ellos dos juntos en la cama y el muy
imbécil cerró la boca. Pero cuando Paul intentó matarte el
nombre de Jessica salió en todos los periódicos. Fueron
saliendo uno por uno y seguramente habrá más que no se
atreven a contarlo. Estoy seguro de que la fuga es idea suya
porque le iban a caer muchos más años que a Cindy. —Se
agachó ante ella y cogió sus manos. —Pero tú no tienes que
preocuparte, estás segura. Hay vigilancia las veinticuatro
horas por todo el edificio y no se atreverían a venir aquí.
—Pues no sé yo —dijo Marilyn—. Porque no tienen
muchas luces. Y si Cindy hizo lo del diario por un negocio de
nada, a saber qué hará ahora que mi niña se ha cargado a
su hermano.
—Marilyn, por favor. Ya hemos hablado de esto y está
segura.
—¿Habéis hablado de esto? —preguntó atónita.
—En el hospital hablamos de tu seguridad.
—Por eso papá quiere irse de crucero, ¿verdad? ¡Para
desaparecer una temporada! ¡Ya me extrañaba a mí que
quisiera irse un mes cuando sacarle de su despacho un solo
día es todo un triunfo!
—Necesitas desconectar —dijo su madre—. Nos venía
bien salir de la ciudad un tiempo hasta que las aguas se
calmaran. El padre de Cindy está llevando todo esto muy
mal.
—¿Cómo de mal? ¿No querrá matarme también?
¡Porque sus hijos no están bien de la cabeza y eso tiene que
venir de algún lado!
—Nena, nadie intenta matarte.
—Tyger vete a por la pistola —dijo Marilyn.
Él juró por lo bajo. —¡No la asustes!
—¡Es que esto asusta a cualquiera! ¡Yo estoy asustada
por mi niña! ¡Mírala! ¡Otro golpe y no lo cuenta! ¡Que haya
tres tíos en el pasillo no me alivia!
—¿Que hay qué?
Corrió hasta la puerta y la abrió sacando la cabeza
para ver uno en los ascensores y otro en la escalera. Giró la
cabeza hacia su derecha para ver uno enorme que forzó una
sonrisa. —Señorita Snow… Buenas tardes.
Ella entrecerró los ojos. —¿Cuántas pistolas tienes?
Dame una.
—Nena… —La cogió por la cintura metiéndola en
casa. —¡No te va a pasar nada! ¡Son timadoras y estúpidas!
¿Crees que van a poder con esos que son profesionales que
han estado en las fuerzas especiales?
Decidida fue hasta la escalera. —¡Yo me largo hasta
que las detengan! ¡Y aun así todavía me quedará uno
porque el padre de Cindy seguro que me la tiene jurada!
¡Mamá haz las maletas!
—Uy, sí. ¿Estrenamos las Vuitton?
Se detuvo en la escalera. —Claro, hay que viajar con
clase. —Miró a Tyger indecisa. —¿Vienes?
Se le cortó el aliento. —¿Quieres que vaya?
—Pero como amigos, que aún estoy cabreada.
Él sonrió. —Claro que sí, nena. Por supuesto que voy.
—Bien.
Siguió subiendo las escaleras y Marilyn pasó ante él
sonriendo maliciosa. —Ya verás cuando se entere mi marido
de que adelantas tus vacaciones.
—Me da igual lo que diga. Anne me necesita, la
empresa puede esperar —dijo yendo hacia la puerta y
saliendo del piso.
Asombrada miró hacia arriba donde su hija tenía la
misma cara de pasmo que ella. —¿Ha dicho lo que creo que
ha dicho?
—Sí, cielo. Lo ha dicho.
Chillaron locas de contentas dando saltitos. La puerta
cayó abajo haciéndolas gritar del susto y el de seguridad
entró con una metralleta en la mano. —¿Donde? ¿Dónde
está?
Marilyn miró a su hija con los ojos como platos. —Sí
que estamos seguras, hija.
—Pues nos vamos igual.
Su padre no hacía más que gruñir subiéndose al avión
privado de la compañía y Tyger le miraba de reojo
mosqueado porque habían tenido una discusión de primera
que ellas no habían presenciado. Gracias a Dios había sido
en la empresa. Al parecer cuando su padre se enteró de que
se iban y que tenían que suspender la agenda casi le da
algo. Un mes fuera de la oficina iba a ser demasiado para él.
¡Si había sido idea suya! No sabía por qué se ponía así por
adelantar el viaje unos días.
Se sentó en el asiento de detrás de sus padres
mientras Marilyn intentaba calmarle hablando por los codos
sobre lo ilusionada que estaba con ese viaje. Tyger suspiró
sentándose a su lado. —Nena, el cinturón.
Se acercó a él y susurró —¿Ha sido muy gorda?
—Me ha despedido.
—¿Cuántas veces?
—Seis, seis veces.
—Bah, pero estás aquí.
Él sonrió de medio lado. —Eso no podía impedirlo —
dijo comiéndosela con los ojos.
Separó los labios mirando los suyos sin darse cuenta.
—Ah, ¿no?
—Me has invitado tú.
—Claro. —Al darse cuenta de que le estaba mirando
como una boba se enderezó. —¿Qué miras?
Se acercó a ella. —¿Sabes que tienes los ojos más
bonitos del mundo?
Pero si estaba hecha un mapa. Levantó una ceja. —
Uno tiene un derrame.
—Casi ni se te nota. ¿Estás muy dolorida?
—Pues un poco, la verdad. —Le miró con
desconfianza. —¿Por qué?
—No, por nada. Por si podrás nadar y eso.
—Puedo subirme a la barra, así que supongo que
puedo nadar.
—A la barra… Eso conlleva mucho esfuerzo muscular,
¿no? —preguntó con voz ronca.
Con la boca seca respondió —Algo.
—Pues entonces ya puedes hacer de todo.
—Bueno, de todo…
Miró sus labios con gula. —Nena, ¿recuerdas esa
noche?
Uy, qué calores. —Azafata, ¿está puesto el aire
acondicionado?
Tyger rio por lo bajo mientras la mujer se acercaba. —
Por supuesto, señorita Snow. ¿Necesitan algo? Vamos a
despegar.
—Un vaso de agua.
—Ahora se lo traigo. ¿Señor Cassady?
—Puedo esperar. —En cuanto la mujer se alejó la miró
fijamente. —Soy un hombre muy paciente.
—Menuda mentira.
—Nena…
—Hija, las pastillas —dijo su padre desde delante—.
¿Te las has tomado?
—Sí, papá.
—Y nos vamos sin que el médico dé el visto bueno —
dijo fastidiado.
—Steven, la niña está bien.
—¡Sí, está perfecta! Ya verás cuando lleguemos al
control de pasaportes de Barcelona y le vean la cara.
Preocupada miró a Tyger. —¿Pueden detenerme?
—No, nena. Llevo el informe policial por si hay algún
problema. ¡Steven ya está bien, la estás asustando! —dijo
cabreado.
—Oye, marido… ¡O cambias de actitud o te quedas en
tierra!
Anne estiró el cuello para ver como la fulminaba con
la mirada. —No estamos casados. ¡Y este es mi avión!
Ambas jadearon mientras su madre perdía todo el
color de la cara. —Está claro que esto no tiene arreglo. Tú no
vas a cambiar y yo ya no tengo la paciencia de hace veinte
años. —Se levantó furiosa. —¡Abra la puerta que me bajo!
Steven la miró asombrado. —¿Cómo que te bajas?
Tyger se levantó. —Vamos a calmarnos todos un poco.
—¡Estoy harta! —gritó Marilyn con los ojos llenos de
lágrimas—. ¡Harta de que siempre pagues conmigo tus
frustraciones en el trabajo y que el resto del tiempo me
ignores! ¡Esa maldita empresa hundió nuestro matrimonio y
ya no lo soporto más! ¡No sé por qué fui tan estúpida como
para volver contigo!
Angustiada por su madre se levantó. —Mamá… —Se
acercó a ella. —¿Quieres que nos bajemos?
—De aquí no se va a bajar nadie —dijo Tyger muy
serio—. Steven discúlpate.
—¿Acaso ahora soy un niño para que me reprendas?
—dijo molesto.
—¿Es que no ves que le has hecho daño?
—¡Tú le hiciste daño a mi hija!
—¡Pero no fue intencionado! ¿Acaso no puedo
expresar mis dudas? —gritó frustrado—. ¡Y ella las propició
al decirme que te había manipulado con lo del club!
Ella hizo una mueca pensando que igual tenía razón,
pero él no lo vio sin dejar de discutir con su padre. —Y no
estamos hablando de mi relación con tu hija. ¡Tu actitud en
la oficina hace dos horas ha sido intolerable como lo es
ahora!
—¡Mañana teníamos una reunión crucial!
—Y la haremos por videoconferencia —dijo entre
dientes—. Ahora se puede estar en cualquier parte del
mundo para cerrar tratos como he hecho en los últimos dos
años. ¡No dejaré de dirigir la empresa desde donde esté!
Steven se levantó. —¡La empresa la dirijo yo!
Tyger apretó los labios. —O se lo dices tú o se lo digo
yo.
Anne separó los labios cuando su padre palideció. —
¿Papá?
—Steven, ¿qué pasa? —preguntó Marilyn asombrada
por su actitud.
—¡Díselo!
Steven las miró apretando los puños y de repente
pareció derrotado dejándose caer en el asiento del avión.
Anne al ver su palidez se acercó. —Papá, ¿qué ocurre?
Él la miró y sonrió con tristeza. —Lo siento, hija. Tenía
que habértelo contado hace mucho tiempo.
—¿El qué?
—James era conocido mío. —Marilyn se tensó. —
¿Recuerdas, cielo? Te lo presenté en una cena.
Como su tono no indicaba ironía su exmujer asintió. —
Sí, habíais cerrado un trato.
—Un trato muy provechoso. —Miró a su hija para
explicarle —James tiene una empresa que se dedica a las
transacciones inmobiliarias de alto nivel.
—Sí, lo sé. Me lo dijo dándose importancia cuando
mamá nos presentó.
—Habíamos hecho bastantes negocios juntos y
siempre fueron operaciones redondas, pero como dos
meses antes de darme cuenta de que tu madre y él…
bueno, ya sabéis.
—Cielo, lo sabe todo el mundo no hace falta que te lo
calles —dijo Marilyn apenada.
—Dos meses antes de sospechar su relación se
presentó en mi despacho. Tenía un edificio en el centro que
le acababan de ofrecer. Cuarenta y siete millones de
dólares. El chico ya estaba en Tokio desde hacía meses y
estábamos al final de año. —Suspiró como si estuviera
agotado. —La fecha es importante porque cuando la caída
de Leman Brothers decidimos poner un presupuesto anual
en inversiones que no superarían los cuatrocientos millones
al año. Y ese año ya los habíamos invertido.
—Así que no pudiste comprarlo con el dinero de la
empresa —dedujo Anne mirando hacia Tyger que asintió.
—Usé casi toda mi liquidez.
Marilyn jadeó tapándose la boca.
—Parecía una operación segura y al día siguiente ya
estaba firmando el contrato de compraventa. —Sonrió con
ironía. —Cómo me la jugó ese cabrón. El edificio estaba bien
aparentemente, pero me ocultó que había un pleito sobre
una herencia y el juzgado paralizó cualquier cosa que se
pudiera hacer con el inmueble hasta que el juez no
decidiera. Por lo tanto, no cobraría esos alquileres ni podía
venderlo. De hecho conllevaba gastos de mantenimiento. El
edificio era un pozo sin fondo y en un mes tuve que invertir
en él otros diez millones.
Anne empezó a comprender. —¿Te quedaste sin
liquidez?
—No, cielo. Tengo acciones de otras compañías y los
alquileres de otros edificios que nos darían para vivir como
reyes el resto de nuestra vida. Pero me cabreó, me cabreó
mucho. Ese gilipollas me había tomado el pelo y aunque los
abogados resolverían el asunto me sentó como una patada
en el estómago.
—¿Qué hiciste? —preguntó Marilyn —. Tú no te quedas
con el golpe, jamás lo haces.
—¿Qué hice? En ese momento nada. La venganza
debe servirse fría. Hice como si no me hubiera importado a
la espera de que pudiera hincarle el diente, pero un día al
salir de un restaurante os vi en una cafetería. Recordé
ciertas miradas entre vosotros y sonrisas en otras reuniones
que ya me habían puesto alerta. Ahí mi mente empezó a
pensar en mil cosas. Que todo había sido trazado entre los
dos, que no era una casualidad que me traicionaras con ese
hombre. Creí que me volvía loco y me dije que tenía que
asegurarme, así que contraté el detective.
—Y él te lo confirmó —dijo su hija.
—Tardó cuatro semanas en traerme las pruebas,
porque según el detective erais muy discretos. A aquella
fiesta en nuestra casa le invité yo. Quería ver cómo se
comportaban juntos. Cuando la siguió a la habitación no me
lo podía creer. Ante mis narices…
—Creíste que nos burlábamos de ti —dijo con lágrimas
en los ojos.
—Eso me lo confirmó, sí. Entonces ya nadie pudo
detenerme. Dejé que la furia dominara todo lo que hacía y
quería hacerte todo el daño que era posible. De mí no
sacaríais ni un maldito dólar más. Te juro que en aquel
momento en que os vi en la habitación os hubiera
estrangulado con mis propias manos.
Su madre sollozó. —Yo no sabía nada de eso.
—¿Crees que me dolió más lo de ese negocio que lo
que hiciste? Lo de ese edificio solo fue la gota que colmó el
vaso.
—¿Qué pasó después, papá?
Volvió la vista hacia ella. —Que tú te pusiste de su
parte. Que no te dabas cuenta de que tenía que haber
pasado algo muy grave para que yo me comportara así.
—Otra traición —susurró.
—Cielo, lo tuyo no lo vi como una traición. Sabía que
tu madre te había mentido. No entendías lo que ocurría,
pero no pensaba dar marcha atrás. Incluso a pesar de ti.
Se quedaron en silencio mientras Marilyn intentaba no
llorar. —Lo siento.
—No lo sientas. Ese cerdo se aprovechó de ti —dijo
Anne indignada—. ¡De tu debilidad y de lo mal que estaba
tu matrimonio! ¡Fueron un cúmulo de circunstancias que
James aprovechó!
—No es excusa —dijo Marilyn—. No lo es.
Se volvió furiosa hacia su padre. —¡Espero que a ese
cabrón le arrebates cada maldito dólar que aún tenga en el
bolsillo! ¡Quiero verle ante empresas Snow pidiendo en la
calle!
—De eso ya se ha encargado el chico —dijo divertido
por sus ganas de sangre.
—Ah, ¿sí?
Tyger levantó una ceja. —¿Recuerdas esa cena en la
que provocaste un divorcio, nena? Pues ahí Steven me lo
contó todo. Al día siguiente me puse a ello. Cerramos el
trato mañana.
—¿Y qué hacemos aquí? —gritó alterada. Se giró de
nuevo hacia su padre—. ¿Y por qué no hiciste algo antes?
—Cielo, quería ver si se casaban.
Marilyn jadeó asombrada. —¿Creíste que te había
traicionado hasta ahora?
—Bueno…
—¡Papá!
—¡Fue cuando leí tu diario cuando me di cuenta de
que ella no tenía nada que ver con el timo!
Ambas le miraron con los ojos como platos y Steven
apretó los labios. —Cuando el portero del edificio me dijo
que estabais vendiendo los muebles no me lo podía creer.
¡Lo lógico hubiera sido que él os hubiera echado una mano!
¡Estabas con él!
—Nunca le pedí ayuda y él no me la ofreció.
—No te la hubiera dado, mamá. Quería que no
tuvieras nada para aceptar su mano, pero tardó mucho y
papá ya había recapacitado con lo de la pensión. —Frunció
el ceño mirando a su padre. —Cediste en lo de la pensión
antes de leer el diario…
—Nena, déjale continuar.
—Perdona papá, pero es que se me está poniendo una
mala leche… Continúa.
—Os puse un detective.
Ahora sí que se quedó de piedra. —¿Qué?
—Nena…
—¡Vale, me callo!
—Entonces fue cuando me enteré de que él no os
ayudaba y las dificultades económicas que estabais
pasando. Fue cuando empecé a dudar…
—¡Pero seguiste sin ayudarnos!
—Hija, tenías que estar en mi piel. ¡Si Tyger te hubiera
traicionado de esa manera le hubieras pegado un tiro!
—No —dijo mirándole con rencor—. Porque eso sería
muy rápido.
—¡Exacto! ¡Estaba cabreado! ¡Y se me fue de las
manos! ¡Fue cuando lo del club cuando me di cuenta de que
me había pasado! Así que después de recapacitar decidí
darle la pensión porque no quería perderte.
Se agachó a su lado para coger su mano. —Oh,
papá…
—No he acabado.
—¿Hay más?
—La venganza.
—Oh, claro. Espero que sea de aúpa…
—No, si esto es el remate porque ya empecé hace dos
meses.
—Ah, ¿sí? Cuéntame y no te dejes los detalles.
—Pues verás hija, hice que le investigaran…
—Que útiles son los detectives.
—Sí, hija. Tú cuando notes algo raro contrata a uno. Ya
te daré unos números. —Tyger puso los ojos en blanco. —
Pues averiguaron que tenía un par de hipotecas pendientes.
—Encima moroso.
—¿Y qué hice yo? Comprar su deuda.
—¿Eso se puede hacer?
—Claro que sí, cielo. Los bancos quieren cobrar. Sobre
todo si ven que se retrasan en los pagos.
—Qué importante es tener dinero. Pienso ahorrar todo
lo que pueda.
Le dio palmaditas en la mano. —Tampoco hay que
exagerar. ¿Pues qué hice yo? Ejecutar las hipotecas. Gracias
a un juez amigo mío le embargué el edificio de oficinas que
tenía en la zona baja de Manhattan y una casita que tiene
en Aspen.
—Uy, con lo que me gusta esquiar.
—Lo sé —dijo su padre sonriendo de oreja a oreja—.
De hecho ya la he puesto a tu nombre, preciosa mía.
Soltó una risita y miró sobre su hombro a Tyger que le
guiñó un ojo. Steven siguió hablando —Ahí fue cuando le
pidió matrimonio a tu madre.
—Será cabrito. No la había fastidiado bastante —dijo
ofendida.
Marilyn parpadeó asombrada. —¿Me estás diciendo
que me pidió matrimonio para joderte?
—Básicamente… Sí.
—¡La madre que lo parió!
—Mamá de la que te has librado.
—Sí, hija sí. —Miró a Steven con la misma mirada
sanguinaria que su hija. —¡Quiero que le hundas!
—¡A eso voy, la reunión de la compra de su negocio
era mañana y no vamos a estar! ¡Por eso estaba cabreado!
—Steven, él no se presentará. Lo harán sus
representantes porque no quiere dar la cara. No te dará esa
satisfacción —dijo Tyger cogiendo un botellín de whisky del
mueble bar.
—Cabrito y cobarde… Es que lo tiene todo —dijo Anne
indignada. Frunció el ceño—. ¿Pero no te habías quedado ya
con su edificio?
—Nena, eso no es el negocio. Es el local donde se
tiene el negocio, pero este se puede trasladar a donde uno
quiera. ¿Recuerdas ese curso de finanzas que te regalé?
Igual es el momento de…
Le fulminó con la mirada. —¿Para qué te tengo a ti?
Ya con el whisky en la mano se volvió. —Ah, ¿que solo
me quieres para eso?
—¿Y cuándo te he dicho yo que te quiera?
Entrecerró los ojos. —¿Qué has dicho?
Se sonrojó. —¡Bueno, tú no me lo has dicho!
—¡Claro que te lo he dicho!
—Ah, ¿sí? —Se incorporó y al darse cuenta de lo que
quería decir le miró con los ojos como platos. —¿Me
quieres?
Él carraspeó incómodo y los Snow le animaron con la
cabeza. Tyger sonrió. —Claro que sí, nena.
Chilló saltando sobre él y rodeándole con sus piernas.
—Ya sabía yo que esos regalos significaban algo.
Él rio sujetándola por el trasero. —Significan que me
importabas y que me importas, aunque no te lo demostrara.
Y sé que yo te sigo importando.
—¿Sí, señor Cassady? ¿Y eso cómo lo sabes? —
preguntó acariciando su nuca.
—Nena, te has puesto el anillo de compromiso
después de que te visitara esta tarde.
—Es que pegaba con las maletas.
Él se echó a reír. —Ya, claro. —Anne levantó una ceja y
Tyger perdió la sonrisa poco a poco. —¡Será una broma!
Se echó a reír. —La cara que has puesto.
—Respondona.
Mirando sus labios susurró —Estirado.
—Uy, que los niños se casan, Steven.
Ambos miraron hacia sus padres que ya estaban
sentados juntos con las manos unidas y sonreían de oreja a
oreja demostrando que la felicidad de su hija era lo único
importante.
—Sí nos casamos. —Miró a Tyger con amor. —Voy a
pasar por alto todo lo malo que has hecho.
—Y yo perdonaré todo lo malo que has hecho tú.
—¡Yo no he hecho nada malo!
—Nena, que aún me envían el video.
Se puso como un tomate antes de sonreír maliciosa.
—Reconócelo, te puso mucho.
—¡Hija! —Steven carraspeó. —Más decoro. Azafata,
¿despegamos o no?
—Enseguida, señor Snow.
Tyger divertido la sentó en su asiento y en cuanto se
pusieron los cinturones se cogieron de la mano. Fascinada
vio como entrelazaba sus dedos con los suyos. Se acercó a
él mirándole con amor y susurró —Así que lo de mañana es
cosa tuya, ¿no?
—Algo he hecho.
—No sé cómo se ha contenido tanto, si papá no tiene
paciencia —dijo asombrada.
Se la comió con los ojos. —Ni yo tampoco.
—¡Ja! —Le señaló con el dedo. —Te pillé. Antes dijiste
que eras un hombre muy paciente.
Tyger se echó a reír. —Eres imposible.
—Pero me quieres —canturreó dejándole asombrado
—. Vale, me controlo.
—¿Seguro?
—Sí, seguro —dijo comiéndoselo con los ojos y
acercándose a él todo lo que el cinturón le dejaba—.
¿Cuándo crees que se me quitará esa herida del labio?
—Joder nena, no lo sé pero espero que pronto. —
Acarició su cuello provocando que cerrara los ojos. —
¿Sabes? Yo no hubiera hecho lo mismo.
Elevó los párpados para mirarle. —¿A qué te refieres?
—Le hubiera hundido tanto en la mierda desde el
principio que ni se le hubiera ocurrido acercarse a ti.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. —¿De veras?
—De veras, preciosa. Y lo nuestro siempre será lo
primero.
—Eso ya me lo has demostrado hoy.
—Siempre será así.
—Te quiero.
—Y yo a ti.
Anne sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.
Escucharon un sollozo delante. —Qué bonito —susurró su
madre.
Por la rendija entre los asientos vieron como Steven le
pasaba un pañuelo. —¿A que he elegido bien?
—Qué listo eres, cielo. —Se quedaron unos minutos en
silencio y el avión empezó a despegar. —¿Amor? —preguntó
asustada.
Él alargó la mano y cogió la suya para calmarla. —No
pasa nada. Solo son unos minutos —dijo suavemente.
A Anne se le cortó el aliento por la manera tan
cariñosa en que le cogía la mano y como le hablaba en
susurros para que se relajara. Recordó los años anteriores a
su divorcio y esa actitud antes no la sorprendía. Parecían un
matrimonio tan bien avenido y tan sólido que el divorcio fue
toda una sorpresa. Si a ellos les había pasado eso… El
miedo la recorrió por lo que sufriría si él la abandonaba.
Miró de reojo a Tyger que la observaba. —Deberías
descansar, estás agotada.
Se apoyó en él e inquieta disimuló aparentando que
no ocurría nada, pero algo en su interior no dejaba de
decirle que aquello no iba a durar. En cuanto despegaron él
susurró —Duerme, tenemos muchas horas por delante. —
Dio a un botón que giró ambos asientos hacia el pasillo y
reclinó el suyo del todo hasta hacerlo cama. —Una manta —
Le pidió a la azafata mientras ella cerraba los ojos.
—¿Está bien? —preguntó su madre preocupada
estirando el cuello.
—Necesita descansar.
—Sí, cielo —dijo su padre—. Tu cuerpo tiene que estar
agotado.
—Deberíamos estar celebrándolo —susurró ella
intentando apartar esos inquietantes pensamientos de su
mente, pero no se iban.
—Y lo celebraremos. —Se agachó y la besó en la sien
antes de susurrarle al oído. —Sueña conmigo.
Sonrió. —Siempre.
Tyger se enderezó sonriendo y observó como se
quedaba dormida en apenas unos minutos. Su mirada
recorrió su mejilla hinchada y perdió la sonrisa poco a poco
antes de levantarse con el teléfono en la mano para alejarse
de ellos. Se puso el teléfono al oído mientras Steven se
levantaba a por una copa. Bebiendo de su whisky le miró
fijamente mientras él decía al teléfono —Solucionadlo
definitivamente cueste lo que cueste.
Capítulo 13
Cuando se despertó ya habían aterrizado. Era lo que
tenía viajar de noche y empastillada, que los vuelos se te
hacían cortitos. Como le tocaba la medicación de nuevo
estuvo algo ida en el control de pasaportes, pero Tyger
habló con el hombre y les dejaron pasar. Un viaje corto en
coche y llegarían al puerto. —Quiero ver Barcelona.
—Claro que sí, hija —dijo preocupado porque parecía
agotada—. Cuando descanses un poco.
—Uff, no sé lo que me pasa. No tengo muchas
energías.
—Esas pastillas son muy fuertes y han sido muchos
días de tensión. Tu cuerpo ahora se ha relajado.
Sonrió. —Claro, es que menuda proeza he hecho.
Tyger levantó una ceja. —¿Proeza?
Le cogió del brazo sonriendo radiante. —Te conseguí.
—Nena, te he conseguido yo.
—¡Ja!
Rieron por lo bajo. —Bueno, ahora descansarás y
podrás salir con tu madre por Barcelona. Por la tarde
tendremos la reunión. —Miró su reloj. —La ventaja del
cambio de horario y de viajar de noche es que esta tarde
aún será por la mañana en Nueva York. A las cinco tenemos
la reunión por videoconferencia.
Steven asintió. —¿Todo está listo?
—Claro, jefe. Su representante solo tiene que poner su
firma al lado de la tuya.
—¿Cuánto le vais a pagar por ella? —preguntó
distraída pensando en que bien olía Tyger.
—Diez millones.
Esa frase la espabiló de golpe. —¿Se va a llevar diez
millones?
Los hombres sonrieron. —Tranquila nena, que no le
van a durar mucho. Le servirán para pagar los salarios
pendientes. Tu padre se quedó un poco corto cuando os dijo
eso del embargo porque hizo varias cositas más.
—Tú también aportaste tu granito de arena, hijo.
—Minucias.
—Que novio más listo y modesto tengo.
—¡Eh! ¿Y yo? —preguntó su padre aparentando
indignación.
—Tú eres el genio, papá.
Rieron por lo bajo y el coche se detuvo ante el yate. Al
bajarse vio como varios turistas embarcaban en un
trasatlántico. Era mediodía y hacía un tiempo maravilloso. El
capitán de su barco les estaba esperando y después de
subir la pasarela su padre le dio la mano. —Bienvenido al
Ocean Snow, señor. Me alegro mucho de verles.
—Y yo de verle a usted Harry. ¿Cómo está mi
pequeño?
—En plena forma y listo para navegar.
—Seguro que sí. —Sonrió a la tripulación que en fila
esperaban impecables. —Nos quedaremos en Barcelona
unos días, mi hija quiere hacer turismo.
—Por supuesto. —Su mirada fue a parar a ella y el
capitán se tensó al ver su aspecto. —Procuraremos que se
divierta. Señora Snow. Señorita Snow…
Anne sonrió. —Capitán siempre es un placer subir a
bordo. ¿Recuerda a Tyger Cassady?
Este sonrió y alargó la mano. —Por supuesto.
Bienvenido.
—La última vez jugamos unas interesantes partidas de
póker —dijo estrechándosela.
—Espero que su estancia esta vez sea más larga.
—No vengo a trabajar, amigo. —Sonriendo cogió a
Anne por la cintura. —Es un viaje de placer. Unas
vacaciones en familia.
—Nos vamos a casar —dijo ella tan contenta.
La sonrisa del capitán se congeló. —Oh… Felicidades.
—Gracias —dijo emocionada.
—Vamos hija, que estás agotada —dijo su madre.
—Tyger habla con Harry de la seguridad.
—Entendido, Steven.
Se alejaron y Harry sonrió incómodo. —La tripulación
impedirá que nadie suba al barco. Los Snow estarán
seguros. Me he enterado de los últimos acontecimientos y
he tomado medidas para que la señorita Anne se sienta
segura.
Tyger suspiró. —Te dije que te olvidaras. Te lo advertí
si querías conservar el empleo.
El capitán enderezó la espalda. —Y me quedó muy
claro.
—¿Seguro? —Dio un paso hacia él. —Porque Anne será
mi esposa y vamos a estar aquí un mes. No quiero que te
hagas ilusiones para nada.
Sin intimidarse elevó una ceja. —Tú lo has dicho, será
significa en futuro. Puede que en este mes se dé cuenta de
que quiere otra vida.
—Contigo.
—Puede.
Alguien carraspeó y el capitán se puso como un
tomate al ver a Anne tras ellos descalza. —Capitán, no
encuentro a mi doncella. ¿Puede decirle que mi prometido
compartirá mi camarote? No sé por qué han metido sus
maletas en otro sitio.
El hombre se sonrojó. —Por supuesto, señorita Snow.
—Vamos cielo —dijo antes de volverse como toda una
Snow y entrar en el salón.
Tyger reprimió una sonrisa antes de seguirla. Cuando
bajaron la escalerilla ella le miró por encima del hombro con
los ojos como platos y este rio por lo bajo. —¿Hablabas en
serio? —preguntó Anne.
—Totalmente, nena. Me di cuenta antes de irme a
Tokio. Aquel fin de semana que vine para hablar con tu
padre de…
—Bla, bla, bla…—dijo entrando en su dormitorio.
Tyger se echó a reír. —Muy bien, lo pillo. Nada de
hablar de la empresa.
—Por favor… Quiero que estas vacaciones sean
especiales.
Se la comió con los ojos. —Y lo serán, te lo prometo.
Le miró maliciosa. —Tienes competencia.
—Ya no porque le has dejado las cosas muy claritas. —
Intentó cogerla por la cintura y Anne dio un paso atrás. —
Uy, uy… Que al parecer no estaban tan claras. —Se pasó la
mano por la nuca. —Nena, ya te he dicho que te quiero.
—Estoy echa un cromo. Como me toques voy a ver las
estrellas, así que nada de nada hasta que esto se vaya.
—Ah… que es por eso. —Sonrió como si estuviera
encantado antes de dar un paso hacia ella como un
depredador. —Pero te subes a la barra.
—Con cuidado. —Se sonrojó. —Así no puedo ni besarte
y tú eres muy fogoso.
Se quitó la chaqueta. —Nena te aseguro que tú no te
quedas corta. Tengo muy presente la noche que pasamos
juntos y en fogosidad íbamos a la par.
Gimió por dentro porque parecía que quería
comérsela entera. —Pues con más razón.
Él parpadeó dejando caer la chaqueta al suelo como si
no se lo creyera. —Podemos hacer otras cosas.
Sonrió radiante. —¿Una siesta?
—Nena es mejor que no duermas por el jet lag. —dijo
preocupado—. ¿Tan cansada estás?
La enterneció su preocupación y se acercó a él para
abrazarle. —Estoy bien.
—No tan bien —gruñó haciéndola reír.
—No, no tan bien, pero ánimo que me recupero
pronto. ¿Vamos a ver Barcelona?
—Tengo la reunión. —Acarició su sien. —¿Crees que
estarás bien para salir a cenar?
—¿Con esta cara?
—Sí, tienes razón. Mejor nos quedamos aquí todos,
que así descansas.
—Ah, no. Tú a pringar, pero yo me voy a ver el
Tibidabo. Se ve todo Barcelona, ¿sabes? Y hay atracciones
—dijo como una niña.
—¿Pero tú no estabas cansada? —preguntó pasmado.
—Ya se me ha pasado. —Se apartó para coger su
bolso. —¡Mamá! ¿Te apetece una montaña rusa?
Se mordió el labio inferior inquieta al ver la cara de
Tyger que parecía a punto de pegar cuatro gritos.
—Uy, sí. Hace años que no me subo en una. —Su
madre se presentó en la puerta con la respiración agitada y
loca de contenta. —¿Voy así?
—Pantalones cortos y camiseta.
Marilyn frunció el ceño. —Como digas zapatillas de
deporte no voy.
—¡Mamá!
—Vale, vale… —Salió corriendo y gritó —¡Steven voy a
subirme en una montaña rusa!
—Mujer, ¿no eres muy mayor para eso?
—¿Qué has dicho?
Ambos estiraron el cuello para escuchar a su padre
carraspear. —Pásatelo bien, amorcito.
—Nena, ¿no temes hacerte daño en una de esas
atracciones? —susurró él en su oído.
Se estremeció por su aliento y le miró a los ojos. —
Tranquilo, seguro que están acolchadas.
—Anne, ¿qué pasa?
Era evidente que tenían que hablarlo. Cogió su mano,
cerró la puerta y tímidamente le miró a los ojos. —Estás a
prueba.
—¿Perdón?
—Has de reconocer que has avanzado mucho en unas
horas. Eso demuestra que tengo un gran corazón. —
Entrecerró los ojos. —Soy una blanda.
—Nena… —La cogió por los brazos y la sentó en la
cama. —Creía que esto ya estaba aclarado.
—Sí. —Sonrió radiante. —Me quieres y yo te quiero.
—¿Y?
—Pero no me fio. —Puso un dedo ante su cara. —Me
pusiste verde durante años. —Levantó otro dedo. —
Accediste a casarte conmigo por la empresa, no por mí. —
Levantó un tercer dedo. —Desconfiaste de mí. —Él iba a
decir algo, pero ella le cortó —¡Tenemos muchos temas que
resolver y al menos hasta que mi cara vuelva a ser la que
tengo habitualmente estás a dieta! ¡Y bastante buena soy
que te dejo dormir conmigo! ¿Ahora te ha quedado claro?
Él carraspeó. —Que lo pases muy bien, cielo.
Sonrió encantada. —Gracias amor.
Cuando volvieron al yate lo hicieron cargadas de
bolsas. Los hombres que estaban tomando una copa en
cubierta levantaron las cejas por la cantidad que eran. Anne
se quitó las enormes gafas de sol. —Mamá quiso parar de
camino y al final no salimos de la calle. Nos hemos vuelto
un poco locas —dijo dando sus bolsas a su doncella.
—¿Y de dónde habéis sacado el dinero? —preguntó su
padre.
—Me he gastado todos mis ahorros. —Se encogió de
hombros. —En realidad no sé para qué tengo que ahorrar
cuando tengo un padre y un futuro marido rico. No es
práctico. Como decís vosotros el dinero tiene que moverse.
Marilyn reprimió la risa y Tyger sonrió. —Nena si lo has
hecho para demostrarme que sigues siendo una malcriada y
así provocar una discusión para probar que no te quiero, no
pierdas el tiempo.
Gruñó yendo hacia el camarote mientras oía las risas
de los demás. —¡Listillo!
—¡Preciosa espero que te hayas comprado un traje de
baño!
De repente regresó. —¿Y la reunión?
Su prometido sonrió malicioso. —Ha firmado, nena.
Puede que ese deseo de que pida en la calle se cumpla muy
pronto.
—Bien —dijo con ganas de sangre antes de irse.
Los Snow se miraron y Steven dijo —Parece que la
niña está algo alterada.
Marilyn se apretó las manos. —Es culpa nuestra.
Su marido se adelantó en su asiento. —Explícate…
Frustrada se sentó en el tocador y al ver el estado de
su rostro gimió. Estaba hecha un lío. Si un matrimonio como
el de sus padres había terminado como había terminado, su
relación con Tyger no tenía ninguna oportunidad. Pero se
sentía tan bien a su lado, le necesitaba tanto… Sus ojos se
llenaron de lágrimas porque le amaba por encima de todo y
él decía que la quería, sí, pero ¿y si todo aquello no era real?
¿Y si después de que pasara un tiempo ese amor se
desvanecía? Cuando decía que no se fiaba de él, era cierto.
Algo en su interior le impedía aceptar que el hombre del
que siempre había estado enamorada sintiera algo por ella.
Puede que fueran las pullas de cuando era adolescente o
todo lo que había ocurrido en el último año con el divorcio
de sus padres, pero no se sentía segura. Y por nada del
mundo quería sufrir más. Miró sus ojos azules en el espejo.
Ya no podía con más.
—Nena… —Se sobresaltó volviéndose para
encontrarse a Tyger observándola desde la puerta. —¿Qué
ocurre, cielo?
—No lo sé. —Se echó a llorar tapándose el rostro y él
se acercó de inmediato a agachándose ante ella para
abrazarla. —Tendría que ser muy feliz, me estoy volviendo
loca.
—Shusss. No digas eso. —La besó en la frente y
acarició su cabello. —Estás confusa, eso es todo.
Se abrazó a él. —Yo te quiero.
—Lo sé, pero la discusión del avión te ha alterado.
Se le cortó el aliento y se apartó para mirarle a los
ojos. Él sonrió irónico. —¿Creías que no me había dado
cuenta? Te conozco muy bien. —Acarició su sien con el
pulgar. —No somos como ellos. No tardarías ni un solo día
en decirme a gritos lo que te disgusta. Y yo a ti tampoco,
nena. Y mi ataque de cuernos del otro día demuestra que si
estoy celoso te lo diría a las claras. Yo no me ando con
rodeos, no te pondría un detective, te pediría explicaciones.
—Pero…
—Quieres tiempo para pensarlo. —Asustada por si se
ofendía y se echaba atrás le abrazó. —¿Sabes? Estamos de
vacaciones. Un tiempo para disfrutar juntos y conocernos
mejor. Deja de pensar en ello y disfruta, cielo. Nada de
hablar de boda, ni de divorcios, timadores, secuestros, ni la
empresa… Hablaremos solo de nosotros.
Sonrió. —No podrás.
—¿Qué te apuestas?
Los ojos de Anne brillaron apartándose. —Cada día
que durante estas vacaciones hables de lo que no debes,
será un día más que estarás en dique seco.
Él rio por lo bajo. —¿Y si eres tú la que infringe las
normas?
—Pide por esa boquita.
—Si a lo largo del día hablas de los temas tabú me
harás un baile.
Se echó a reír. —Sabía que te había gustado. Pero no
tengo barra.
—Te las apañarás.
—¿Y si los dos hablamos de alguno de esos temas?
—El primero que pierda paga. —Rio por lo bajo. —Me
vas a hacer un montón de bailes. Intenta ser original,
¿quieres?
—¡Eh! ¡Qué soy una profesional!
Se la comió con los ojos. —Estoy deseando verlo.
—Las manos quietas, Cassady.
—Los besos están permitidos —susurró acercándose y
dándole suaves besos por toda la cara. Anne suspiró de
gusto.
—¡Chicos la cena ya está en la mesa! —gritó su
madre.
Él rio por lo bajo apartándose y cogió su mano. —Esta
noche cuenta.
—Pero si solo quedan unas horas —dijo aparentando
indignación.
—Aprovecha el tiempo, nena.
A la mesa sentado uno frente al otro se miraban con
malicia mientras los padres de Anne les observaban
intentando incluirlos en la conversación. Steven suspiró. —
Muy bien, ¿qué pasa? ¡No habéis abierto la boca en una
hora!
—¿No habréis roto?
—No —contestaron los dos a la vez de manera
rotunda.
—¿Entonces?
Anne carraspeó. —Cosas nuestras.
Steven miró hacia su vicepresidente. —Estoy
esperando.
—Jefe, son asuntos de pareja —dijo antes de coger la
copa de vino y darle un sorbo comiéndosela con los ojos.
—¿Nosotros éramos tan idiotas? —preguntó Steven
exasperado.
—Mi madre decía que sí, cariño.
Bufó molesto. —Tyger, me ha llamado Donovan
porque no te localizaba. El contrato de Tokio está listo. Te lo
ha enviado por email.
Ella se adelantó esperando su respuesta y Tyger dijo
—Nena, eran conversaciones entre nosotros.
—¿Entonces por qué llevas callado una hora? Ni
hablar, no busques excusas. Además ellos siempre están
presentes, esto es un barco.
Steven no entendía nada. —¿Se puede saber de qué
habláis?
—Se lo tengo que decir.
Anne se encogió de hombros como si le diera igual.
Tyger se removió incómodo en su silla. —Jefe, si quieres
hablar de la empresa…
—¡Ja! —exclamó señalándole con el dedo—. ¡Has
caído! —Tyger gruñó escuchándola reír. —¡He ganado!
—¡Anne! —Rio por lo bajo negando con la cabeza. —
Eres una tramposa. Te he pedido permiso para decírselo.
—De eso nada. Has dicho tengo que decírselo. Yo no
he dicho que te diera permiso. Has perdido. Una apuesta es
una apuesta.
Su padre cada vez estaba más intrigado y Marilyn
puso los ojos en blanco. —Cielo, han apostado que no
hablarán de la empresa…
—Ni de divorcios, ni todo lo demás... —Soltó una risita.
—Me has durado una hora. Pringado.
—¿Todo lo demás? —preguntó Steven.
Tyger se lo explicó con detalles y cuando lo
comprendieron dijo —Con ella no puedo hablar de esas
cosas para que se relaje un poco.
—Que buena idea, marido. Es como una cura. ¿Lo
intentamos nosotros?
Steven la miró con horror. —¿Un mes sin hablar de la
empresa?
—Cielo, si quieres hablar de la empresa te vas al
despacho con Tyger. —Miró a su hija. —Estos no van a ver el
sol en todo un mes.
—Ah, no —dijo Anne tajante advirtiendo a su hombre
con la mirada.
—Una hora al día como mucho, nena. Te lo prometo.
—¿Ves, mamá? Una hora al día como mucho.
—Díselo a tu padre. —Todos miraron a Steven que no
sabía qué hacer para no tener que comprometerse a la
apuesta. —¿Cielo? Estamos esperando.
—Tienes que tentarle con algo que quiera mucho,
Marilyn —dijo Tyger malicioso.
—¿Qué te ha ofrecido mi hija? —preguntó Steven
mosqueado.
—¡Papá! Eso son cosas nuestras —dijo roja como un
tomate.
—Cosas de sexo, cielo —dijo Marilyn —. ¿Y tú qué
quieres?
—¿Qué quieres tú?
—Un masaje en los pies.
Anne se echó a reír a carcajadas por la cara de su
padre. —¿De todo lo que puedes pedir, pides eso?
—Cielo, cuando me tocas los pies no respondo.
Dejó caer la mandíbula del asombro mientras su
prometido reía a carcajadas por la cara de satisfacción de
Steven. —Pues yo quiero que si transgredes las normas
digamos… ¿quince veces? Te cases conmigo.
Marilyn se llevó la mano al pecho de la impresión y
Anne se levantó asustada al igual que los demás. —Estoy
bien. —Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Cielo…
—Una apuesta es una apuesta. ¿Sí o no?
—¡Sí!
Preocupada miró a Tyger que hizo un gesto con la
cabeza para que lo dejara pasar. Él hablaría con su padre.
Después de hablar un rato en el salón, Anne no
aguantaba más y decidió irse a la cama. Tumbada de
costado abrazó la almohada cuando le escuchó llegar. —No
hay baile, Cassady.
Escuchó como reía por lo bajo. —Como para bailes
estás tú.
Bostezó. —Te voy a dejar con la boca abierta.
Apenas dos minutos después se tumbaba a su lado y
Anne se volvió para mirarle a los ojos. —¿Quieres hablar de
ello? —preguntó él en voz baja antes de acariciar su sien.
—Después de todo lo que ha pasado…
—Lo sé. Es muy pronto para tomar una decisión así,
pero es cosa suya, nena. Y si les hace felices…
—Perdonar lo que hizo ella, lo que hizo él… Hacen
como si no pasara nada. ¿Sabes las lágrimas que derramó
mi madre?
—He leído tu diario, cielo. Sé lo mal que lo pasasteis. Y
también sé lo mal que lo pasó Steven, por eso entiendo que
se aferren a la posibilidad de volver a ser felices. Intentan
olvidarlo, que quede atrás.
—Siempre he querido que estuvieran juntos de nuevo,
pero cuando sucedió tuve miedo a que algo lo estropeara y
que volvieran a empezar los problemas. Lo que pasó en el
avión es buena prueba de ello.
—El pasado siempre va a estar ahí.
Anne levantó la vista hasta sus ojos y él suspiró. —No,
nena. No sigas comparándonos porque no nos parecemos
en nada. —Ella agachó la vista. —Eh…—Acarició su mejilla
con ternura. —En esta vida hay que correr riesgos. Marilyn
no sabe si va a funcionar como no lo sabe Steven, pero van
a intentarlo. Son valientes por hacerlo y yo voy a apoyarles.
Y sé que tú también porque les quieres con locura y lo único
que deseas es que sean felices.
—Sí.
—Y yo quiero que tú seas feliz. Por eso me empeño en
este matrimonio.
Sonrió sin poder evitarlo pegándose a él. —Así que me
harás feliz.
—Uff, vas a serlo tanto que me vas a llamar a todas
horas porque me echarás de menos cuando esté
trabajando.
—¿No me digas? —Sintió la mano en su trasero. —Más
arriba, Cassady.
—Eres tú la que te arrimas —dijo con voz ronca.
Movió la cadera sobre su miembro y se le cortó el
aliento cuando le escuchó gemir. —Nena no llevas bragas
debajo del camisón. Eso es una clara invitación —dijo
subiendo su camisón para acariciar su nalga. Anne sin poder
evitarlo acarició con su pierna su muslo hasta llegar a su
cadera y rodearle.
Sintiendo que la sangre corría alocada por sus venas
susurró —Has perdido la apuesta. —Cuando sintió su
miembro entrando lentamente en su interior se le cortó el
aliento.
Él sonrió malicioso. —¿Quieres que lo deje?
—¿Ahora? —Él asintió. —¿No querías hacerme feliz?
—Sí, nena… No hay nada en este mundo que desee
más. —Entró en ella por completo y Anne gritó de placer
abrazando su cintura. Él mirándola a los ojos salió
lentamente de su cuerpo para regresar de inmediato. Fue
tal el placer que la recorrió que tembló entre sus brazos
antes de que repitiera el movimiento. Anne dejó de pensar y
sintió como se deslizaba de nuevo por su interior. Cada fibra
de su ser se tensó deseando recibirle y enterró la cara en su
pecho. Tyger la invadió de nuevo con contundencia. —Joder,
estás tan caliente que me abrasas. —La tumbó boca arriba y
se apoyó en las palmas de sus manos para embestirla con
fuerza. —¿Demasiado?
Aferrada a su cintura suplicó —No me dejes.
Mirándola apasionado la invadió de nuevo. Todo su
cuerpo gritó deseando liberarse y sin darse cuenta Anne
lloriqueó. —Sí nena, necesitas más. —Entró en su ser más
rápido, más fuerte y Anne creyó que se partía en dos, pero
cuando la llenó de nuevo todo a su alrededor dejó de
importar porque conoció realmente la felicidad.
Tyger se dejó caer a su lado y cuando su respiración
se normalizó, se apoyó en su codo para mirar su rostro que
tenía una amplia sonrisa. —Joder, nena… Se te ha roto el
labio.
Sorprendida abrió los ojos. —¿De veras? —Se llevó
una mano allí para ver que era verdad. —Si no me has
besado.
Él hizo una mueca. —Pero has gritado un poco.
Se puso como un tomate. —No fastidies.
Tyger se echó a reír. —¿A que ahora no te parecen tan
bien las vacaciones con tus padres?
Gruñó, pero él se acercó y besó su labio inferior antes
de pasar la lengua por él para borrar su sangre. —Deliciosa
como toda tú.
Ella acarició su cabello negro. —Sí que me haces feliz.
La miró a los ojos. —Lo sé.
Se echó a reír y Tyger la abrazó a él. —Bueno, ¿y
ahora qué vas a pedir si pierdo la apuesta diaria? Porque
esto ya no hay quien lo pare, nena. Pienso hacerte el amor
todas las noches.
Suspiró como si fuera un fastidio. —Si hablas de
temas prohibidos durante quince días, le comprarás al señor
Curtis la casa de los Hamptons.
—Nena, la casa de tus padres es enorme y es tuya
para ir cuando quieras.
Hizo una mueca. —Es que…
—¿Qué? —preguntó él asombrado.
—Esa tiene cancha de tenis, la piscina es olímpica y
vistas al mar desde todas las habitaciones. Un jardín mucho
más pequeño, pero más bonito.
—¡Está dando la vuelta a la esquina! ¡Están pegadas!
—Pues eso. La esquina es lo que importa. ¿Sí o no?
Tyger sonrió. —¿Tanto la quieres?
—Es la casa más bonita de la zona. —Apoyó la cabeza
sobre su hombro. —Siempre me ha encantado.
—Quince días, ¿eh? No creo que falle tanto.
—Oh, me van a sobrar días, te lo aseguro —dijo
divertida.
—¿Y si no la vende?
Elevó la cabeza levantando una ceja. —Eres Tyger
Cassady, no hay negocio que se te resista, ¿no?
—¿Sabes que eso de que quieras esa casa suena un
poco a capricho? —dijo divertido.
—¡Oye, que si pierdo te habrás llevado unos cuantos
bailes y mucho sexo!
Tyger se echó a reír. —Muy bien, buena negociación.
Trato hecho.
Sonrió encantada. —No te será difícil comprarla, hace
tres años que no van por allí. Me lo ha dicho la señora
Parker. ¿Te acuerdas de ella?
—Sí, es el ama de llaves de la casa de tu padre allí.
¿La has llamado para preguntárselo?
—Bueno, hablo con ella de vez en cuando —dijo como
si nada.
Tyger rio. —Nena, eres increíble.
—La quiero desde niña, era por si se la vendían a
otros. Entonces ya no la soltarían.
—Si pierdo la apuesta será tuya, te lo aseguro.
Anne entrecerró los ojos. —Tenía que haberlo pensado
antes, ya hubiera ganado un día.
—Si tus predicciones son correctas la conseguirás.
—Y a la señora Parker también —susurró—. Pero no se
lo digas a papá.
Su prometido se partía de la risa y Anne sonrió. —Yo
también te hago feliz.
—Mucho, nena. Nunca he sido tan feliz.
Emocionada susurró —Esto es como un sueño.
La abrazó a él. —Y no se acabará, te lo prometo.
Capítulo 14
Los siguientes días no pudieron ser más perfectos.
Tomaron el sol, salieron en motos de agua, comieron
exquisiteces y visitaron lugares realmente hermosos.
Afortunadamente su cara volvía a la normalidad y los
morados ya estaban amarillentos, así que podía cubrirlo con
maquillaje y parecer casi normal.
Pasada la segunda semana estaba tumbada tomando
el sol en cubierta cuando salió su padre frotándose las
manos. —¡Casi está hecho! —dijo emocionado—. Acaba de
meter la pata en el desayuno.
Sonrió divertida. —¿No me digas? Está siendo muy
descuidada, ¿no?
—Sí —dijo encantado—. Eso es que quiere casarse. —
Se sentó a su lado. —No hemos hablado de esto, pero ahora
que estamos solos…
—Papá si sois felices así, por mí estupendo. —Le cogió
la mano. —Lo único que no quiero es que sufráis más.
—Lo sé. Pero es la decisión correcta. Jamás debí
desatenderla.
—Y ella debió hablarlo contigo.
—Eso también.
—Espero que no caigáis otra vez en el mismo error.
Su padre vio el miedo en sus ojos y apretó su mano.
—Te juro que voy a poner todo de mi parte para que
funcione.
Sonrió. —¿Palabra de Snow?
—Palabra de Snow. —Le guiñó un ojo. —¿Y cómo va lo
tuyo?
—Oh, pues estoy a un día de conseguir la casa.
Steven se echó a reír. —Este chico… Será que quiere
comprártela.
—Empiezo a pensar que sí —susurró haciéndole reír.
Tyger salió del salón con el teléfono en la mano y por
su expresión se tensó. —Cielo, ¿qué ocurre?
Él hizo un gesto sin darle importancia. —Es un tema
de la empresa, nena. No te preocupes.
Chilló de la alegría levantándose. —La conseguí. ¡La
conseguí!
Tyger sonrió acercándose y le dio un suave beso en
los labios. —Claro que sí. Felicidades.
Le abrazó por el cuello. —Te amo.
—Y yo a ti, preciosa. —La besó de nuevo y perdió la
sonrisa mirando a su padre. —¿Me acompañas? Tenemos
que hablar.
—Sí, claro —dijo Steven extrañado.
Anne perdió la sonrisa poco a poco porque Tyger
estaba muy tenso aunque intentaba disimularlo y cuando se
metieron en el salón cogió el pareo rodeando sus caderas
con él. Al dar un par de pasos vio que Harry la observaba
desde el puente de mando. Empezaba a incomodarla, era
hora de hablar con su padre de ese tema. Atravesó el salón
y bajó la escalerilla. La puerta del despacho de su padre
estaba cerrada, pero se acercó. —¿Estás seguro?
—Me acaban de llamar —dijo Tyger furioso.
—Así que su padre las ha trasladado a Sudamérica. —
Se le cortó el aliento. —Sabía que Broke la cubriría.
—El detective dice que contrató un avión privado hace
dos días. En el registro de navegación dice que aterrizó en
Caracas. Desde allí les ha perdido la pista.
—Joder. Y del padre de Cindy, ¿se sabe algo?
—Prepárate…
—Coño, ¿qué pasa?
—Se pegó un tiro hace una semana.
Anne se tapó la boca de la impresión. —¿Y me lo dices
ahora?
—¡No quería que esto enturbiara las vacaciones,
joder! ¡Pero lo de hoy tenía que decírtelo ya!
—¿Y eso por qué?
—El detective que sigue a Broke dice que se ha
reunido con James.
—¿Qué? —preguntó su padre incrédulo—. ¿Para qué?
—Eso no lo sabe, pero llamó a James a su teléfono
móvil. Como es el mismo detective que siguió a tu esposa
en el pasado cuando se encontraron le reconoció enseguida.
—¿Qué estarán tramando?
—¡Vengarse, Steven! ¿Qué coño crees que pretenden?
¡Broke ha perdido a su hija por la denuncia de Anne y James
ha perdido la empresa!
Impresionada pegó la oreja a la puerta, pero su padre
no decía nada. Aquello no estaba pasando. ¿Por qué no les
dejaban en paz de una maldita vez?
—En cuanto lleguemos a Nueva York quiero que
hables con Derek de la seguridad de mi familia.
—Eso ya está hablado.
—¿Qué hacemos?
—Steven, ya sabes que yo no soy de quedarme con
los brazos cruzados a esperar acontecimientos. Me voy a
Nueva York.
—Joder, a Anne le va a sentar fatal.
—Si lo hago es por ella. No pienso dejar que nos
sorprendan de nuevo. Intentaré regresar cuanto antes.
—¿Dirás que es un viaje de negocios?
—Exacto.
—Te cubriré.
Sin aguantar más abrió la puerta lentamente y se
cruzó de brazos mirando a Tyger a los ojos. Este suspiró. —
Nena… No deberías escuchar detrás de las puertas.
—Ese problema estará cuando regresemos.
—O será un problema todavía peor. No pienso
arriesgarme. Debo ir e iré.
Levantó la barbilla.
—No me mires así, nena. Debo hacer lo que sea para
proteger a mi familia y pienso hacerlo. Esos dos traman algo
y tengo que descubrir qué es.
—¿Y si te hacen algo a ti? —preguntó con un nudo en
la garganta—. Eres mi prometido. Haciéndote daño a ti nos
dañan a todos.
—Derek se encargará de mi seguridad. —Se acercó a
ella y acarició sus brazos. —Volveré en cuanto pueda. Eh…
—Levantó su barbilla para que le mirara. —Te compensaré.
—No quiero que me compenses. —Sus ojos se llenaron
de lágrimas. —Tengo miedo por ti. ¿Y si te hacen algo?
—No me pasará nada. —La abrazó a él y tenso miró a
su suegro. —Nos casaremos, tendremos un bebé precioso y
pasaremos las vacaciones en la casa de tus sueños.
Sorbió por la nariz. —No me hecho la prueba.
—Nena, eso ya no hay quien lo pare. Otro Snow viene
en camino.
Su padre gruñó. —Se apellidará Cassady.
Anne rio sin poder evitarlo y se apartó para mirarle. —
Está pensando en cómo cambiarle el apellido, tienes que
volver para impedirle que me convenza de ello.
—Estaré aquí antes de que te des cuenta. —Besó
suavemente sus labios y apoyó su frente en la suya. —Te
voy a echar de menos.
—Y yo a ti. Te amo.
—Te amo, nena. Más que a nada.
Con un nudo en la garganta vio como salía del
despacho. El sonido del helicóptero acercándose indicaba
que había decidido irse en cuanto había recibido la llamada.
Preocupada miró a su padre.
—Todo estará bien. Averiguará lo que quieren y lo
arreglará, ya verás.
Eso esperaba, pero si esos dos se habían juntado no
era para nada bueno y temía por él.
El viaje perdió su encanto porque todos estaban
tensos por la situación y pendientes de los móviles por si él
les llamaba. Pero solo lo hacía por la noche para desearle
dulces sueños. Ella intentaba que le hablara de lo que
pasaba, pero Tyger solo respondía que seguían investigando
la relación entre ambos, sin dar detalles, lo que la frustraba
y mucho.
Quedaban tres días para volver cuando se dio cuenta
de que su padre estaba muy tenso. Casi no hablaba y no
dejaba de mirar el móvil. —Papá, ¿ocurre algo? —preguntó
en la comida.
Él sonrió. —No, nada. Es que han caído unas acciones
y estoy esperando a que me las compren. Mañana subirán
mucho.
—Uy, que masaje en los pies me vas a hacer hoy —
dijo Marilyn divertida antes de meterse la langosta en la
boca—. Mmm, está deliciosa.
Su padre charló sobre la comida intentando parecer
relajado, pero a ella no se la daba. Preocupadísima se
levantó y cogió su móvil de la tumbona para llamar a Tyger.
—Hija, todo está bien.
—Pasa algo, lo sé.
Por primera vez no cogió el teléfono y angustiada miró
a su padre. —¡Cuéntamelo!
—Hija no te disgustes, no te conviene nada. —Marilyn
se levantó preocupada. —Si tu padre dice que no pasa
nada…
—James le reveló detalles importantes sobre nuestras
vidas y Broke piensa poner una bomba en nuestra casa para
cuando volvamos.
Asombradas miraron a Steven que apretó los labios
antes de continuar diciendo —Se suponía que durante la
noche pasada los sicarios contratados por Broke entrarían
en nuestra casa. Un equipo especial estaba a la espera para
detenerles con las manos en la masa.
Pálida dio un paso hacia su padre. —¿Cómo se
enteraron de lo de la bomba?
—Ya conoces al chico no es de irse por las ramas. Se
presentó en casa de James y lo zarandeó un poco para que
le contara lo que sabía. Lo cantó todo. —Marilyn se llevó la
mano a la boca de la impresión dejándose caer en la silla. —
Lo siento, cielo. Le reveló la clave de nuestra alarma y
cuáles eran las costumbres del servicio. Contó todo lo que
sabía de nosotros por una buena cantidad de dinero. Al
enterarse de que Tyger llevaba un micro no tuvo más
remedio que hacer un trato con la fiscalía a cambio de que
grabara un siguiente encuentro que propiciaría él. Le diría a
Broke que tenía una información muy valiosa que se había
guardado. Le recalcó que era muy valiosa y que tuviera
preparado un millón.
—¿Qué información? —preguntó Anne.
—Le mintió sobre la combinación de la caja fuerte. Le
dijo que las joyas de la familia están allí.
—¿Mintió para que accediera al encuentro y le diera
más dinero? —preguntó Marilyn asombrada.
—Sí, ese era el trato. La fiscalía exigía que hubiera
otra transacción por información y en cuanto le pagó, le
preguntó qué iba a hacer, dejando claro que no le
molestaría nada que nos liquidara a todos. Fue cuando
Broke le dijo que entonces sus planes le iban a encantar.
Que se iba a librar de todos los Snow. En la grabación se
escucha como dice que ha contratado a un tal Jeremías y
que nos haría explotar por los aires, pero que antes se
llevaría una fortuna.
—Es tan rastrero como su hija —dijo ella con
desprecio.
—Dios mío… —dijo Marilyn asombrada—. ¿Cómo pudo
James engañarme tanto?
—Mamá no te fustigues, quería tenerte contenta. Es
un cerdo y un manipulador. —Miró a su padre fijamente. —
Espero que no se vaya de rositas después de esto.
Steven sonrió. —Claro que no, hija. Nos
presentaremos como acusación particular. Se le va a caer el
pelo y aunque no podemos tirar abajo el trato que ha hecho
con la fiscalía, en cuanto la opinión pública se ponga en
contra de ellos encontrarán más mierda para hundirle.
Empezando por un tema de impuestos que descubrimos
cuando le investigamos. Se pasará muchos años en la
cárcel.
—Todo esto es culpa mía —dijo su madre con la
mirada perdida—. Todo lo que ha ocurrido desde el principio
es culpa mía.
—Mamá…
Marilyn se echó a llorar y Steven se acercó a ella. —
Cielo…
—No digas nada, por favor. —Salió corriendo.
Steven la siguió. —Marilyn, lo arreglaremos.
Anne se llevó las manos a la cabeza. Todo aquello era
una mierda y rabiosa gritó tirando el teléfono contra la
pared.
—Eso no ha sido muy inteligente.
Sorprendida se volvió para ver a Harry allí. Este se
acercó al teléfono y lo cogió. —Increíble, no se ha roto.
Molesta porque les estuviera espiando en un
momento tan íntimo se acercó a él y le arrebató el teléfono.
—¿Estabas escuchando?
—Esto es un barco, no hay mucha intimidad. Iba por
cubierta y…
—Ya, claro. Estoy empezando a pensar que eres un
auténtico incordio porque siempre estás detrás de mí
cuando menos me lo espero. ¡Eso por no mencionar que
esas miraditas seductoras que me lanzas me ponen de los
nervios! Así que te aconsejo que te dediques a tu trabajo si
es que no quieres perderlo, claro.
—Encontraría otro chasqueando los dedos. —La miró
de una manera que la puso muy nerviosa. —Pero no
encontraría otra como tú.
—¿Qué? Deja de decir estupideces.
—¿Acaso no estoy a tu altura? —preguntó divertido.
—Oh, sí que lo estás, pero no estás a la altura de mi
marido.
Rio por lo bajo. —Todavía no es tu marido.
—Como si lo fuera —dijo fríamente—. ¿Eres sordo o
estúpido? No me interesas y si quieres permanecer en tu
puesto te aconsejo que se te meta en la mollera.
Iba a pasar a su lado cuando la cogió por el brazo y
antes de darse cuenta la estaba besando. Ella gimió
intentando resistirse, pero era muy fuerte. Asustada sintió
como la pegaba a la pared mientras la besaba desesperado
sin darse cuenta de que ella no respondía. De repente salió
despedido hacia atrás cayendo al suelo y resbalando sobre
la cubierta hasta la tumbona. Atónita vio como Tyger vestido
con un traje gris se acercaba y le cogía por la camiseta. —Te
lo advertí, hijo de puta. —Le pegó un puñetazo que le
rompió la nariz. —¡No vuelvas a acercarte a ella! —gritó
antes de agarrarle por el cuello y lanzarle por la borda.
Con los ojos como platos miró hacia él que
exasperado dijo —Nena, no puedo dejarte sola.
—¿Cómo has llegado? No he oído el helicóptero.
—Y él tampoco. Será porque he venido en lancha
desde Dubrovnik. —Eso demostraba lo importante que era
para él porque no había esperado ni que hubiera un
helicóptero disponible con tal de llegar cuanto antes y en
ese momento ya no tuvo ninguna duda de que ese era el
hombre con el que quería compartir su vida. Sollozó
corriendo hacia él y abrazándole con fuerza mientras la
tripulación gritaba hombre al agua. La abrazó como si la
necesitara. —¿Te ha hecho daño?
—No.
Gruñó apartándola para mirar bien su rostro —
¿Seguro?
Sonrió. —Estás aquí.
—Siempre nena. —Besó suavemente sus labios como
si los adorara. —Todo ha terminado. Ya están detenidos y no
saldrán en muchos años.
—¿Y ellas?
—Broke llamó a su hija para vanagloriarse de lo que
iba a hacer. Localizaron la llamada en Brasil. En este
momento las están deteniendo. Nuestros abogados ya están
con el tema de la extradición a los Estados Unidos. No
quieren ningún cabo suelto
Cerró los ojos aliviada y se abrazó a él. —Por fin. En
este momento daría lo que fuera por volver a ser la niña
caprichosa de antes. —Le miró enamorada. —¿Me lo
permitirías?
—Ni hablar.
En ese momento subió por la escalerilla Harry y Anne
que era la que estaba más cerca de él le pegó una patada
en la entrepierna tirándole al agua de nuevo. —¿Ves, nena?
Ya no se puede volver a atrás. Ahora eres así y me encanta.
—Lo sé. —Le besó y Tyger la abrazó por la cintura
elevándola y tomando el control del beso.
Steven salió en ese momento y confundido vio que la
tripulación intentaba salvar al capitán. —Chico, ¿qué has
hecho? ¿Qué te he dicho de controlar los celos? ¡Ya sé que
se le van los ojos, pero tenemos que regresar a casa!
Ignorándole pasó ante Steven llevándose a su hija con
él mientras la comía a besos. —¿Todo bien en Nueva York?
Vale, ahora estás muy ocupado. —Carraspeó incómodo
antes de mirar a la tripulación y gritar —¿Queréis sacarle de
ahí? ¡Volvemos a casa! —Estiró el cuello para ver que su
capitán se agarraba entre las piernas y entrecerró los ojos.
—¿Qué has hecho, chico? Nada bueno, eso seguro para que
mi yerno reaccione así. ¡Por cierto, en cuanto lleguemos a
tierra estás despedido!
Tyger la metió en la habitación y cerró la puerta con el
pie antes de dejarla sobre la cama. Comiéndosela con la
mirada Tyger se quitó la chaqueta de mala manera. —
Vamos nena, quítate el vestido. —Sonrió maliciosa llevando
las manos al primer botón y cuando movió las caderas de
un lado a otro Tyger dejó caer la chaqueta de la impresión.
—¿Ahora?
—¿No quieres un baile especial? —Le guiñó el ojo. —
Solo para ti.
La cogió por la cintura tirándola en la cama y
haciéndola reír a carcajadas mientras se tumbaba sobre
ella. —Otro día, nena…
La miró como si la viera por primera vez y a Anne se
le cortó el aliento. —¿Qué?
—¿Cómo he podido llegar a amarte tanto? —susurró.
Emocionada acarició su nuca. —Asusta, ¿verdad?
—Mucho. —Acarició su sien. —Temo perderte.
—Pues no temas porque te amaré siempre. —Besó sus
labios. —Siempre.
Epílogo
Cerró la carpeta de la fundación y se levantó de su
sillón saliendo al pasillo. El sonido del taladro la hizo sonreír
y cuando llegó al último piso vio un osito de su hijo sobre el
aparador. Lo cogió y fue hasta su habitación que en ese
momento estaba vacía. Colocó bien la foto de su boda
sonriendo al ver a su familia unida. Todos con una mano en
su vientre mostraban los anillos de boda. Apartó la foto de
Stevie para colocar uno de sus peluches sobre la estantería.
Acarició su rostro pensando en lo rápido que estaba
creciendo y sonrió porque su niño lleno de papilla estiraba
los bracitos hacia la cámara.
—¡Señora, ya está listo!
Corrió fuera de la habitación del niño y entró en la
suya donde el hijo de su asistenta había atornillado la barra
al techo. Su marido iba a poner el grito en el cielo porque
antes estaba en el gimnasio, pero realmente ahí era más
práctica y esa noche se lo iba a demostrar. —Gracias John —
dijo acercándose y tirando de ella con fuerza.
—De nada, señora. No se moverá, se lo garantizo.
—Se ve muy firme.
—Ya está todo listo para la cena, señora.
—Podéis iros.
—Hasta mañana.
—Hasta mañana.
Sharon se volvió cuando iba a salir. —Señora, se me
olvidaba…
—¿Si?
—Su madre ha llamado para decir que el decorador de
la casa de los Hamptons ha terminado.
La miró asombrada. —¿Y por qué no me ha llamado a
mí?
—No lo sé.
Fue hasta su teléfono y gimió porque lo tenía sin
batería. Fue a enchufarlo de inmediato. —Gracias Sharon.
—Hasta mañana.
Se mordió el labio inferior y cuando vio que tenía
cuatro llamadas perdidas de su marido gimió sentándose en
la cama. —Hola cielo, ¿algo va mal?
—No, me imaginaba que no lo oías o que te habías
quedado sin batería —dijo divertido.
—Odio estos chismes. ¿Vas a tardar mucho?
—Nena, tengo una cena de negocios. Saldré tarde de
la oficina e iré directamente.
Escuchó la voz de una mujer al fondo de la habitación
y se tensó de inmediato. —¿Quién es esa?
—Penélope, la nueva directora de recursos humanos.
—¿No me digas? —preguntó entre dientes.
—No contrates al detective todavía, cielo.
—¡Tú estás muy suelto últimamente! ¡Ya no me
cumples! Donde está eso de estar en casa a las cinco y
nada de reuniones los fines de semana, ¿eh? —preguntó
alterada antes de mirar la barra. Entrecerró los ojos—. O
vienes a casa o te hago otro de esos videos que bajan
acciones y lo subo a la red.
—¿Qué has dicho?
—Pensaba hacerte el baile solo a ti, pero si no tengo
público… —dijo con mala leche y cuando su marido le colgó
el teléfono jadeó antes de mirar la pantalla—. Uy, uy…
Se levantó quitándose el vestido de seda verde que
llevaba y entró en el vestidor. —Este no me conoce. —Abrió
el cajón y cogió un conjunto de lencería blanca que había
comprado para su aniversario que sería en dos semanas. Se
puso unas medias blancas por el muslo y unos buenos
zapatos de tacón. La sencilla bata de seda blanca que usaba
a menudo le valdría y se alborotó el pelo antes de entrar en
el baño para pintarse los labios de rojo intenso. Al final se
puso más rímel, más sombra de ojos y hasta se hizo la línea
de encima del párpado. La verdad es que estaba para
comérsela. Se echó perfume y cuando lo hizo se dio cuenta
de que era una tontería. Se volvió diciendo —A ver cómo se
pone lo del video en el móvil…
Estuvo un rato buscando la mejor posición del móvil
para grabar y fue algo complicado porque al estar cargando,
el cable no era muy largo. Cuando todo estuvo preparado,
puso música. Respirando hondo dejó que la bata cayera por
su hombro antes de entrar en la zona de encuadre y coger
la barra para girar de manera sexy. La puerta se abrió de
golpe sobresaltándola y se soltó de la barra cayendo de
culo. —¡Ay!
Su marido atónito miró hacia el móvil. —¡Te estabas
grabando! ¿Es que no has aprendido nada del pasado?
—¡Sí! ¡A no quedarme de brazos cruzados mientras mi
marido pasa de mí!
Él suspiró. —Nena, no paso de ti. Nada me gustaría
más que estar contigo.
—¿De veras?
—Claro que sí. —Frunció el ceño. —¿Dónde está el
niño?
—Con mi madre. —Se levantó poniendo los brazos en
jarras. —Iba a ser una noche especial, ¿y sabes por qué?
Él entrecerró los ojos. —¿Es una pregunta con trampa?
—¡Tyger!
—Muy bien, capto la indirecta. Últimamente he estado
algo distraído con el trabajo. —Ella se cruzó de brazos
mientras él se quitaba el abrigo. —Nena, dame una pista.
Nuestro aniversario no es, esa fecha es difícil de olvidar.
—Sigue pensando.
Él dio un paso hacia ella y Anne casi podía ver cómo le
hervía el cerebro intentando dar con la respuesta. —El
cumpleaños del niño es a finales de abril…
Dio dos golpecitos con el pie en el suelo y se dio por
vencido. —Ni idea.
—Hoy hace quince años que nos conocimos.
Separó los labios como si le hubiera sorprendido. —
Será una broma. —Cuando ella entrecerró los ojos dijo
indignado —Nena, ¿cómo voy a acordarme de eso?
¡Acababa de salir de la carrera y estaba hasta arriba de
trabajo porque iba a ser la mano derecha de tu padre!
¿Crees que me iba a acordar de una preciosidad de cabello
por la cintura que llevaba una faldita roja demasiado corta
para su edad?
Se le cortó el aliento. —¿Lo recuerdas?
Tyger sonrió. —Claro que me acuerdo, nena. Eras una
niña preciosa y aunque estoy encantado con nuestro hijo,
estoy deseando tener una así.
Cuando la cogió por la cintura y le dio un beso, ella
soltó una risita dando un paso atrás. —Tendrás que esperar,
mi amor… —Se apartó y cogió la barra. —¿Por qué no te
sientas? Tengo algo especial para ti.
Comiéndosela con los ojos se aflojó la corbata y se
sentó en la cama. —Estoy deseando verlo.
—¿Y la cena de negocios? —preguntó seductora.
—¿Qué cena? Siempre serás lo primero, mi amor.
FIN
Sophie Saint Rose es una prolífica escritora que lleva
varios años publicando en Amazon. Todos sus libros han sido
Best Sellers en su categoría y tiene entre sus éxitos:
1- Vilox (Fantasía)
2- Brujas Valerie (Fantasía)
3- Brujas Tessa (Fantasía)
4- Elizabeth Bilford (Serie época)
5- Planes de Boda (Serie oficina)
6- Que gane el mejor (Serie Australia)
7- La consentida de la reina (Serie época)
8- Inseguro amor (Serie oficina)
9- Hasta mi último aliento
10- Demándame si puedes
11- Condenada por tu amor (Serie época)
12- El amor no se compra
13- Peligroso amor
14- Una bala al corazón
15- Haz que te ame (Fantasía escocesa) Viaje
en el tiempo.
16- Te casarás conmigo
17- Huir del amor (Serie oficina)
18- Insufrible amor
19- A tu lado puedo ser feliz
20- No puede ser para mí. (Serie oficina)
21- No me amas como quiero (Serie época)
22- Amor por destino (Serie Texas)
23- Para siempre, mi amor.
24- No me hagas daño, amor (Serie oficina)
25- Mi mariposa (Fantasía)
26- Esa no soy yo
27- Confía en el amor
28- Te odiaré toda la vida
29- Juramento de amor (Serie época)
30- Otra vida contigo
31- Dejaré de esconderme
32- La culpa es tuya
33- Mi torturador (Serie oficina)
34- Me faltabas tú
35- Negociemos (Serie oficina)
36- El heredero (Serie época)
37- Un amor que sorprende
38- La caza (Fantasía)
39- A tres pasos de ti (Serie Vecinos)
40- No busco marido
41- Diseña mi amor
42- Tú eres mi estrella
43- No te dejaría escapar
44- No puedo alejarme de ti (Serie época)
45- ¿Nunca? Jamás
46- Busca la felicidad
47- Cuéntame más (Serie Australia)
48- La joya del Yukón
49- Confía en mí (Serie época)
50- Mi matrioska
51- Nadie nos separará jamás
52- Mi princesa vikinga (Serie Vikingos)
53- Mi acosadora
54- La portavoz
55- Mi refugio
56- Todo por la familia
57- Te avergüenzas de mí
58- Te necesito en mi vida (Serie época)
59- ¿Qué haría sin ti?
60- Sólo mía
61- Madre de mentira
62- Entrega certificada
63- Tú me haces feliz (Serie época)
64- Lo nuestro es único
65- La ayudante perfecta (Serie oficina)
66- Dueña de tu sangre (Fantasía)
67- Por una mentira
68- Vuelve
69- La Reina de mi corazón
70- No soy de nadie (Serie escocesa)
71- Estaré ahí
72- Dime que me perdonas
73- Me das la felicidad
74- Firma aquí
75- Vilox II (Fantasía)
76- Una moneda por tu corazón (Serie época)
77- Una noticia estupenda.
78- Lucharé por los dos.
79- Lady Johanna. (Serie Época)
80- Podrías hacerlo mejor.
81- Un lugar al que escapar (Serie Australia)
82- Todo por ti.
83- Soy lo que necesita. (Serie oficina)
84- Sin mentiras
85- No más secretos (Serie fantasía)
86- El hombre perfecto
87- Mi sombra (Serie medieval)
88- Vuelves loco mi corazón
89- Me lo has dado todo
90- Por encima de todo
91- Lady Corianne (Serie época)
92- Déjame compartir tu vida (Series vecinos)
93- Róbame el corazón
94- Lo sé, mi amor
95- Barreras del pasado
96- Cada día más
97- Miedo a perderte
98- No te merezco (Serie época)
99- Protégeme (Serie oficina)
100- No puedo fiarme de ti.
101- Las pruebas del amor
102- Vilox III (Fantasía)
103- Vilox (Recopilatorio) (Fantasía)
104- Retráctate (Serie Texas)
105- Por orgullo
106- Lady Emily (Serie época)
107- A sus órdenes
108- Un buen negocio (Serie oficina)
109- Mi alfa (Serie Fantasía)
110- Lecciones del amor (Serie Texas)
111- Yo lo quiero todo
112- La elegida (Fantasía medieval)
113- Dudo si te quiero (Serie oficina)
114- Con solo una mirada (Serie época)
115- La aventura de mi vida
116- Tú eres mi sueño
117- Has cambiado mi vida (Serie Australia)
118- Hija de la luna (Serie Brujas Medieval)
119- Sólo con estar a mi lado
120- Tienes que entenderlo
121- No puedo pedir más (Serie oficina)
122- Desterrada (Serie vikingos)
123- Tu corazón te lo dirá
124- Brujas III (Mara) (Fantasía)
125- Tenías que ser tú (Serie Montana)
126- Dragón Dorado (Serie época)
127- No cambies por mí, amor
128- Ódiame mañana
129- Demuéstrame que me quieres (Serie
oficina)
130- Demuéstrame que me quieres 2 (Serie
oficina)
131- No quiero amarte (Serie época)
132- El juego del amor.
133- Yo también tengo mi orgullo (Serie Texas)
134- Una segunda oportunidad a tu lado (Serie
Montana)
135- Deja de huir, mi amor (Serie época)
136- Por nuestro bien.
137- Eres parte de mí (Serie oficina)
138- Fue una suerte encontrarte (Serie
escocesa)
139- Renunciaré a ti.
140- Nunca creí ser tan feliz (Serie Texas)
141- Eres lo mejor que me ha regalado la vida.
142- Era el destino, jefe (Serie oficina)
143- Lady Elyse (Serie época)
144- Nada me importa más que tú.
145- Jamás me olvidarás (Serie oficina)
146- Me entregarás tu corazón (Serie Texas)
147- Lo que tú desees de mí (Serie Vikingos)
148- ¿Cómo te atreves a volver?
149- Prometido indeseado. Hermanas Laurens
1 (Serie época)
150- Prometido deseado. Hermanas Laurens 2
(Serie época)
151- Me has enseñado lo que es el amor (Serie
Montana)
152- Tú no eres para mí
153- Lo supe en cuanto le vi
154- Sígueme, amor (Serie escocesa)
155- Hasta que entres en razón (Serie Texas)
156- Hasta que entres en razón 2 (Serie Texas)
157- Me has dado la vida
158- Por una casualidad del destino (Serie Las
Vegas)
159- Amor por destino 2 (Serie Texas)
160- Más de lo que me esperaba (Serie oficina)
161- Lo que fuera por ti (Serie Vecinos)
162- Dulces sueños, milady (Serie Época)
163- La vida que siempre he soñado
164- Aprenderás, mi amor
165- No vuelvas a herirme (Serie Vikingos)
166- Mi mayor descubrimiento (Serie Texas)
167- Brujas IV (Cristine) (Fantasía)
168- Sólo he sido feliz a tu lado
169- Mi protector
170- No cambies nunca, preciosa (Serie Texas)
171- Algún día me amarás (Serie época)
172- Sé que será para siempre
173- Hambrienta de amor
174- No me apartes de ti (Serie oficina)
175- Mi alma te esperaba (Serie Vikingos)
176- Nada está bien si no estamos juntos
177- Siempre tuyo (Serie Australia)
178- El acuerdo (Serie oficina)
179- El acuerdo 2 (Serie oficina)
180- No quiero olvidarte
181- Es una pena que me odies
182- Si estás a mi lado (Serie época)
183- Novia Bansley I (Serie Texas)
184- Novia Bansley II (Serie Texas)
185- Novia Bansley III (Serie Texas)
186- Por un abrazo tuyo (Fantasía)
187- La fortuna de tu amor (Serie Oficina)
188- Me enfadas como ninguna (Serie Vikingos)
189- Lo que fuera por ti 2
190- ¿Te he fallado alguna vez?
191- Él llena mi corazón
192- Contigo llegó la felicidad (Serie época)
193- No puedes ser real (Serie Texas)
194- Cómplices (Serie oficina)
195- Cómplices 2
196- Sólo pido una oportunidad
197- Vivo para ti (Serie Vikingos)
198- Esto no se acaba aquí (Serie Australia)
199- Un baile especial
200- Un baile especial 2
Novelas Eli Jane Foster
1. Gold and Diamonds 1
2. Gold and Diamonds 2
3. Gold and Diamonds 3
4. Gold and Diamonds 4
5. No cambiaría nunca
6. Lo que me haces sentir
Orden de serie época de los amigos de los Stradford,
aunque se pueden leer de manera independiente
1. Elizabeth Bilford
2. Lady Johanna
3. Con solo una mirada
4. Dragón Dorado
5. No te merezco
6. Deja de huir, mi amor
7. La consentida de la Reina
8. Lady Emily
9. Condenada por tu amor
10. Juramento de amor
11. Una moneda por tu corazón
12. Lady Corianne
13. No quiero amarte
14. Lady Elyse
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