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El Cuervo

En 3 oraciones o menos: Un cuervo entra en la habitación de un hombre que llora la pérdida de su amada Leonora. El cuervo sólo dice la palabra "Nunca más", lo que perturba al hombre. A pesar de sus intentos de hacer que el cuervo se vaya, el ave se niega a irse y permanece posada en su puerta, recordándole su dolor por la pérdida de Leonora para siempre.
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El Cuervo

En 3 oraciones o menos: Un cuervo entra en la habitación de un hombre que llora la pérdida de su amada Leonora. El cuervo sólo dice la palabra "Nunca más", lo que perturba al hombre. A pesar de sus intentos de hacer que el cuervo se vaya, el ave se niega a irse y permanece posada en su puerta, recordándole su dolor por la pérdida de Leonora para siempre.
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El cuervo Ahora, mi ánimo cobraba bríos,

y ya sin titubeos:
Una vez, al filo de una lúgubre media noche, “Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, mas el caso es que, adormilado
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cuando vinisteis a tocar quedamente,
cabeceando, casi dormido, tan quedo vinisteis a llamar,
oyóse de súbito un leve golpe, a llamar a la puerta de mi cuarto,
como si suavemente tocaran, que apenas pude creer que os oía.”
tocaran a la puerta de mi cuarto. Y entonces abrí de par en par la puerta:
“Es -dije musitando- un visitante Oscuridad, y nada más.
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Escrutando hondo en aquella negrura
Eso es todo, y nada más.”
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
¡Ah! aquel lúcido recuerdo dudando, soñando sueños que ningún mortal
de un gélido diciembre; se haya atrevido jamás a soñar.
espectros de brasas moribundas Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
reflejadas en el suelo; y la única palabra ahí proferida
angustia del deseo del nuevo día; era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
en vano encareciendo a mis libros Lo pronuncié en un susurro, y el eco
dieran tregua a mi dolor. lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Dolor por la pérdida de Leonora, la única, Apenas esto fue, y nada más.
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
Aquí ya sin nombre, para siempre.
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
Y el crujir triste, vago, escalofriante no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
de la seda de las cortinas rojas “Ciertamente -me dije-, ciertamente
llenábame de fantásticos terrores algo sucede en la reja de mi ventana.
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
acallando el latido de mi corazón, y así penetrar pueda en el misterio.
vuelvo a repetir: Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto y así penetrar pueda en el misterio.”
queriendo entrar. Algún visitante ¡Es el viento, y nada más!
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

1
De un golpe abrí la puerta, Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
y con suave batir de alas, entró las palabras pronunció, como virtiendo
un majestuoso cuervo su alma sólo en esas palabras.
de los santos días idos. Nada más dijo entonces;
Sin asomos de reverencia, no movió ni una pluma.
ni un instante quedo; Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
y con aires de gran señor o de gran dama “Otros amigos se han ido antes;
fue a posarse en el busto de Palas, mañana él también me dejará,
sobre el dintel de mi puerta. como me abandonaron mis esperanzas.”
Posado, inmóvil, y nada más. Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Entonces, este pájaro de ébano Sobrecogido al romper el silencio
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa tan idóneas palabras,
con el grave y severo decoro “sin duda -pensé-, sin duda lo que dice
del aspecto de que se revestía. es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
“Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-. de un amo infortunado a quien desastre impío
no serás un cobarde. persiguió, acosó sin dar tregua
hórrido cuervo vetusto y amenazador. hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
Evadido de la ribera nocturna. hasta que las endechas de su esperanza
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!” llevaron sólo esa carga melancólica
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.” de “Nunca, nunca más.”
Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado Mas el Cuervo arrancó todavía
pudiera hablar tan claramente; de mis tristes fantasías una sonrisa;
aunque poco significaba su respuesta. acerqué un mullido asiento
Poco pertinente era. Pues no podemos frente al pájaro, el busto y la puerta;
sino concordar en que ningún ser humano y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro empecé a enlazar una fantasía con otra,
posado sobre el dintel de su puerta, pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
de Palas en el dintel de su puerta flaco y ominoso pájaro de antaño
con semejante nombre: “Nunca más.” quería decir graznando: “Nunca más,”

2
En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra, “¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica!
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos, ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
quemaban hasta el fondo de mi pecho. ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
Esto y más, sentado, adivinaba, ese Dios que adoramos tú y yo,
con la cabeza reclinada dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
en el aterciopelado forro del cojín tendrá en sus brazos a una santa doncella
acariciado por la luz de la lámpara; llamada por los ángeles Leonora,
en el forro de terciopelo violeta tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
acariciado por la luz de la lámpara llamada por los ángeles Leonora!”
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más! Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
Entonces me pareció que el aire “¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
se tornaba más denso, perfumado pájaro o espíritu maligno! -le grité presuntuoso.
por invisible incensario mecido por serafines ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
“¡Miserable -dije-, tu Dios te ha concedido, que profirió tu espíritu!
por estos ángeles te ha otorgado una tregua, Deja mi soledad intacta.
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora! Abandona el busto del dintel de mi puerta.
¡Apura, oh, apura este dulce nepente Aparta tu pico de mi corazón
y olvida a tu ausente Leonora!” y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.” Y el Cuervo dijo: Nunca más.”
“¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica! Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio Aún sigue posado, aún sigue posado
enviado por el Tentador, o arrojado en el pálido busto de Palas.
por la tempestad a este refugio desolado e impávido, en el dintel de la puerta de mi cuarto.
a esta desértica tierra encantada, Y sus ojos tienen la apariencia
a este hogar hechizado por el horror! de los de un demonio que está soñando.
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.” del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

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