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Lecturas del Domingo de Ramos

Este documento contiene los textos litúrgicos para el Domingo de Ramos en la Parroquia de San Antonio de Padua. Incluye las lecturas y el evangelio para la procesión y la misa, que narran la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, su última cena con los discípulos y su oración en el Huerto de Getsemaní antes de ser arrestado y entregado a las autoridades.

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Lecturas del Domingo de Ramos

Este documento contiene los textos litúrgicos para el Domingo de Ramos en la Parroquia de San Antonio de Padua. Incluye las lecturas y el evangelio para la procesión y la misa, que narran la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, su última cena con los discípulos y su oración en el Huerto de Getsemaní antes de ser arrestado y entregado a las autoridades.

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TEXTOS LITÚRGICOS DOMINGO DE RAMOS Ciclo A

Inicio de la Semana Santa


Parroquia San Antonio de Padua

EN LA PROCESIÓN DE RAMOS

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san


Mateo 21, 1-11

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de


los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo
que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto
con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo,
respondan: "El Señor los necesita y los va a devolver en seguida".»
Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Digan
a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado
sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga.
Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado;
trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se
montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus
mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo
cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo
seguía gritaba:
«¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosana en las alturas!»
Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y
preguntaban: «¿Quién es este?» Y la gente respondía: «Es Jesús, el
profeta de Nazaret en Galilea.»

Palabra del Señor.


TEXTOS LITÚRGICOS DOMINGO DE RAMOS Ciclo A
Inicio de la Semana Santa
Parroquia San Antonio de Padua

EN LA MISA

No retiré mi rostro cuando me ultrajaban,


pero sé muy bien que no seré defraudado

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa


reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él
despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi
espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban
la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso,
endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré
defraudado.

Palabra de Dios.

SALMO 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí,


hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto.» R.

Me rodea una jauría de perros,


me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies.
Yo puedo contar todos mis huesos. R.

Se reparten entre sí mi ropa


y sortean mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,


te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.» R.
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Parroquia San Antonio de Padua

Se anonadó a sí mismo. Por eso, Dios lo exaltó

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de


Filipos 2, 6-11

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con


Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó
a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a
los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta
aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,
para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra
y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre:
«Jesucristo es el Señor.»

Palabra de Dios

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros


hasta aceptar por obediencia la muerte,
y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san


Mateo 26, 3-5. 14-27, 66
¿Cuánto me darán si lo entrego?

C. Unos días antes de la fiesta de Pascua, los Sumos Sacerdotes y


los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo
Sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a
Jesús con astucia y darle muerte. Pero decían:
S. «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un
tumulto en el pueblo».
C. Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los
sumos sacerdotes y les dijo:
S. « ¿Cuánto me darán si se lo entrego?»
C. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento,
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Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.


¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?

C. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a


Jesús:
S. «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?»
C. El respondió:
+ «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: "El Maestro
dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis
discípulos".»
C. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la
Pascua.
Uno de vosotros me entregará

C. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían,


Jesús les dijo:
+ «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»
C. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por
uno:
S. « ¿Seré yo, Señor?»
C. El respondió:
+ «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a
entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay
de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría
no haber nacido!»
C. Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó:
S. « ¿Seré yo, Maestro?»
+ «Tú lo has dicho.»
C. Le respondió Jesús.
Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre

C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo


partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+ «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo.»
C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo:
+ «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la
Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados.
Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid,
hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi
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Padre.»
C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los
Olivos.
Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño

C. Entonces Jesús les dijo:


+ «Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí.
Porque dice la Escritura: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas
del rebaño. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a
Galilea.»
C. Pedro, tomando la palabra, le dijo:
S. «Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me
escandalizaré jamás.»
C. Jesús le respondió:
+ «Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me
habrás negado tres veces.»
C. Pedro le dijo:
+ «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré.»
C. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
Comenzó a entristecerse y a angustiarse

C. Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada


Getsemaní, les dijo:
+ «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar.»
C. Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a
entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:
+ «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando
conmigo.»
C. Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así:
+ «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no
se haga mi voluntad, sino la tuya.»
C. Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo.
Jesús dijo a Pedro:
+ «¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo,
ni siquiera una hora? Estén prevenidos y oren para no caer en la
tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.»
C. Se alejó por segunda vez y suplicó:
+ «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se
haga tu voluntad.»
C. Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se
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cerraban de sueño. Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera


vez, repitiendo las mismas palabras. Luego volvió junto a sus
discípulos y les dijo:
+ «Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo
del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar.»
Se abalanzaron sobre él y lo detuvieron

C. Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los


Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por
los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había
dado esta señal:
S. «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo.»
C. Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole:
S. «Salud, Maestro.»
C. Y lo besó. Jesús le dijo:
+ «Amigo, ¡cumple tu cometido!»
C. Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron. Uno de los que
estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo
Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo:
+ «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere. ¿O
piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente
a mi disposición más de doce legiones de ángeles. Pero entonces,
¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder
esto?»
C. Y en ese momento dijo Jesús a la multitud:
+ « ¿Soy acaso un bandido, para que salgan a arrestarme con
espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo,
y ustedes no me detuvieron.»
C. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los
profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso

C. Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo


Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los
ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo
Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo
terminaba todo.
Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso
testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte; pero no lo
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encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos


falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon:
S. «Este hombre dijo: "Yo puedo destruir el Templo de Dios y
reconstruirlo en tres días".»
C. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús:
S. « ¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?»
C. Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el
Hijo de Dios.»
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante
verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y
venir sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes
acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?»
C. Ellos respondieron:
S. «Merece la muerte.»
C. Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo
golpeaban, diciéndole:
S. «Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó.»
Antes que cante el gallo, me negarás tres veces

C. Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una


sirvienta se acercó y le dijo:
S. «Tú también estabas con Jesús, el Galileo.»
C. Pero él lo negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé lo que quieres decir.»
C. Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que
estaban allí:
S. «Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno.»
C. Y nuevamente Pedro negó con juramento:
S. «Yo no conozco a ese hombre.»
C. Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le
dijeron:
S. «Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te
traiciona.»
C. Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese
hombre. En seguida cantó el gallo, y Pedro recordó las palabras que
Jesús había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.»
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Y saliendo, lloró amargamente.


Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C. Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del


pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús.
Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se
lo entregaron.
No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre

C. Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado,


lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los
sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
S. «He pecado, entregando sangre inocente.»
C. Ellos respondieron:
S. « ¿Qué nos importa? Es asunto tuyo.»
C. Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se
ahorcó. Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron:
S. «No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de
sangre.»
C. Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado «del
alfarero», para sepultar a los extranjeros. Por esta razón se lo llama
hasta el día de hoy «Campo de sangre.» Así se cumplió lo anunciado
por el profeta Jeremías: Y ellos recogieron las treinta monedas de
plata, cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los
israelitas. Con el dinero se compró el «Campo del alfarero», como el
Señor me lo había ordenado.
¿Tú eres el rey de los judíos?

C. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó:


S. « ¿Tú eres el rey de los judíos?»
C. El respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no
respondió nada. Pilato le dijo:
S. « ¿No oyes todo lo que declaran contra ti?»
C. Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy
admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba
a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces
uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba
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reunido:
S. « ¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús,
llamado el Mesías?»
C. Él sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba
sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:
S. «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su
causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.»
C. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron
a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó:
S. « ¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?»
C. Ellos respondieron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato continuó:
S. « ¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Todos respondieron:
S. « ¡Que sea crucificado!»
C. El insistió:
S. « ¿Qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:
S. « ¡Que sea crucificado!»
C. Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto,
Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud,
diciendo:
S. «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.»
C. Y todo el pueblo respondió:
S. «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»
C. Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después
de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Salud, rey de los judíos

C. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y


reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y
le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la
colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y,
doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo:
S. «Salud, rey de los judíos.»
C. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la
cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le
pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.
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Fueron crucificados con él dos ladrones

C. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y


lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota,
que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo
probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados
sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se
quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción
con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al
mismo tiempo, fueron crucificados con él dos ladrones, uno a su
derecha y el otro a su izquierda.
Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:


S. «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar,
¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
C. De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas
y los ancianos, se burlaban, diciendo:
S. «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de
Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en
Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de
Dios".»
C. También lo insultaban los ladrones crucificados con él.
Elí, Elí, ¿lemá sabactani?

C. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron


toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:
+ «Elí, Elí, lemá sabactani.»
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S. «Está llamando a Elías.»
C. En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en
vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero
los otros le decían:
S. «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.»
C. Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su
espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace una breve pausa.


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C. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba


abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron.
Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo
de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad
santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que
custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se
llenaron de miedo y dijeron:
S. «¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»
C. Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas
que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas
estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José- y
la madre de los hijos de Zebedeo.
José depositó el cuerpo de Jesús en un sepulcro nuevo

C. Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que


también se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para
pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran.
Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo
depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca.
Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se
fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al
sepulcro.
Ahí tienen la guardia,
vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente

C. A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación,


los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron
ante Pilato, diciéndole:
S. «Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor,
cuando aún vivía, dijo: "A los tres días resucitaré". Ordena que el
sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos
roben el cuerpo y luego digan al pueblo: "¡Ha resucitado!" Este último
engaño sería peor que el primero.»
C. Pilato les respondió:
S. «Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean
conveniente.»
C. Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la
piedra y dejando allí la guardia.
Palabra del Señor.

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