En comisaría
Debéis completar el diálogo. En el texto original — Tiempo de silencio, de L. Martín Santos
— solo aparecen las intervenciones del policía —en negrita—.)
— ¿Por quién pregunta?
— No. No se puede.
— ¿Usted qué es de él?
— No. No puedo decirla nada.
— ¿Usted qué es de él?
— No se apure señorita. Todo acaba siempre arreglándose… Se lo digo yo que las
he visto de todos los colores.
— No puedo pasarle ningún recado.
— No, no es grave.
— Todos están incomunicados las setenta y dos horas.
— Sí, setenta y dos horas.
— Lleva solo tres horas.
—
— ¿Quién se lo ha dicho?
— No, yo no lo puedo saber.
— Ya le he dicho que no puedo ayudarle. Lo siento.
— Usted no se preocupe.
— Usted váyase tranquila y a dormir.
— Usted no debe llorar con esos ojos.
— No se lo tome tan a pecho.
— Ya le digo yo que es imposible. Si no fuera imposible…
— ¡No faltaba más!
— Absolutamente imposible.
— Claro que sí. Puede usted volver mañana.
— ¿Cómo dijo que se llamaba usted?