La amistad, una paridad en diferencia
Sara I. Lydynia de Moscona
…tendría que haber alguien que nos apoye, que nos aliente, que a veces
nos oponga algo; alguien que comparta con nosotros… Alguien que no
sea ni nuestra sombra, ni nuestro reflejo, ni siquiera nuestro comple-
mento, sino alguien por sí mismo; alguien que nos deje en completa li-
bertad y que nos obligue sin embargo a ser plenamente lo que somos.
Marguerite Yourcenar
Para los antiguos la amistad era tan valiosa como el amor. Aris-
tóteles, en la “Ética para Nicómaco”, se refirió al rango ontológico
de la amistad. Según él, la amistad se basa en la “benevolencia recí-
proca” nos dice que es “una virtud o va acompañada de virtud; ade-
más es la cosa más necesaria de la vida”. La palabra amigo nace de
una raíz griega de la que derivan amor y amigable. En este sentido
la amistad sería una de las formas del amor que incluye el estar
abierto a la otredad, a la intimidad, al reconocimiento de la singula-
ridad y de las diferencias. Es apertura, un acto de libertad que habilita
elegir, dejarse elegir en una entrega con empatía y reciprocidad.
S. Mauer y N. May (2007), nos dicen que “En el terreno amistoso
se entrenan los cimientos de la ética y los principios que buscamos
sostener aún en la vida adulta”. Es la posibilidad de entrar en lo en-
trañable, en la novedad del encuentro, aun cuando algo quede nece-
sariamente velado como límite de lo inaccesible. “En lo íntimo —
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dirá F. Jullien (2016)—, la frontera entre nosotros se difuma y hasta
se borra, y el otro se deshace de su exterioridad y viceversa”, “…por
medio de lo íntimo se quiebran las relaciones tradicionales del aden-
tro y del afuera”.
Atreverse a la intimidad es un desafío de apertura instituyente de
subjetividad, al mismo tiempo que produce construcción vincular.
Al rastrear la etimología del término amistad observamos que ésta
acepción remite a la de compañerismo y que compañero proviene
del latín companius: de cum y panis (pan); compartir el pan, lo que
significa metafóricamente, acompañarse solidariamente. La amistad
tal como poéticamente lo expresara M. Yourcenar en el acápite,
constituye una auténtica suplementación donde el peso afectivo del
otro es imprescindible.
“¿Eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo; ¿Eres un ti-
rano? Entonces no puedes tener amigos”, son los interrogantes y las
reflexiones que se formulara F. Nietzsche ya que concibe la amistad
como paradigmática de un vínculo de alianza par, donde prima la del
reconocimiento recíproco. Vínculo que está en las antípodas tanto
del sometimiento al otro como de las relaciones de poder. D. Scavino
(2001), en su artículo sobre "La amistad versus el poder", plantea
que a partir de la modernidad la amistad quedó relegada a la dimen-
sión de lo íntimo y de lo privado, excluyéndola de las relaciones pú-
blicas a las que se les asignó carácter contractual, jurídico e institu-
cional. "Se nos enseñó que nuestra libertad termina donde comienza
la del otro. Como si la libertad nuestra de hacer o crear, no aumentara
por el contrario cuando nos asociamos a los demás”. La amistad para
este autor, sería una forma particular de alteración del orden jerár-
quico, en tanto tiende a facilitar la existencia de prácticas basadas en
la dimensión de alianzas libidinales entre los humanos. Esta dimen-
sión heterárquica, habilita afinidades y disensos sin desniveles ni
graduaciones, donde la amistad genera procesos de subjetivación,
espacios de ampliación de posibilidades, creación de confianza y res-
peto. Es allí donde el aprendizaje consiste en poder compartir distin-
tos territorios existenciales que amplían los mundos y las afectacio-
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nes. Desde esta particular pertenencia a un nosotros, podemos ob-
servar la emergencia de un pensar en diferencia, que devela tanto lo
común como lo diferente.
Nos dirá F. Gros1(2001),
La amistad no es ajena a las relaciones de poder y de resistencia, su
práctica se da en el interior de la situación estratégica y obedece a la
tarea de un arte de vivir que busca la minimización de las situaciones
de dominio. Es una ética del juego de poder, una sabiduría de la dis-
tancia y la proximidad con respecto al otro.
Es muy vasta la riqueza que la literatura, el cine, la pintura y la
filosofía nos han legado sobre el tema, a través de obras, ensayos,
pensamientos, y reflexiones. El psicoanálisis en cambio, ha descui-
dado en parte este territorio y es escaso lo que ha investigado al res-
pecto. Me pregunto si esto se debe a la centralidad que, en los desa-
rrollos tanto teóricos como clínicos ocupara inicialmente el complejo
de Edipo a diferencia del complejo fraterno.
Hoy, gracias al aporte de las ciencias de la complejidad y de los
nuevos giros epistemológicos, concebimos al complejo de Edipo
como una regulación entre otras regulaciones o agenciamientos se-
gún G. Deleuze, instituida durante la época del capitalismo indus-
trial, caracterizado por una cultura hétero-normativa y paternalista.
Desde la perspectiva actual, el complejo Fraterno2 posee su propia
especificidad que no se deriva del complejo de Edipo .En este sen-
tido, la noción de amistad podría ser concebida como un vínculo de
alianza en paridad potenciadora. (ver página 5).
1 Gros, F. (2001). Situación del curso. En M. Foucault, La hermenéutica del sujeto. Bue-
nos Aires, Fondo de Cultura Económica.
2 S. Freud enunció aspectos del complejo Fraterno pero no los desarrolló en extensión,
como sí lo hizo, con el complejo de Edipo. Suponemos que entre muchos factores, la
muerte de su hermano Julius, antes de cumplir un año de edad, cuando Sigmund tenía die-
cisiete meses, pudo haber influido. Freud sintió culpa por experimentar celos, rivalidad y
alivio por su muerte. A su vez, al poco tiempo, nació su hermana Anna y S. Freud perdió
su condición de hijo único.
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Kancyper (2016) la define como una hermandad elegida, que no
está impuesta por los lazos sanguíneos, aun cuando puedan en oca-
siones filtrarse elementos conflictivos narcisistas, parentales y fra-
ternos. Para este autor, la amistad es primordial durante todas las
etapas de la vida, pero fundamentalmente durante la adolescencia y
la senescencia, porque posibilita el desasimiento del abuso del poder
vertical detentado por los padres en la adolescencia y de los hijos
cuando los padres devienen ancianos3. “Favorece además el acto de
la confrontación del adolescente con sus padres y hermanos, al posi-
bilitar el desasimiento de las figuras parentales y fraternas que no
fascina ni adula pero que acompaña, desdramatiza, disiente y ayuda
a la vez”. Agrega: “…considero en la actualidad que el amigo, ese
otro sí mismo exógamo y auxiliar, no mantiene nexos tan estrechos
con los vínculos endogámicos sino que presenta estructuralmente su
propia singularidad y opera además como un factor relevante en la
estructuración del aparato psíquico”.
Siguiendo estas ideas, considero que la amistad comienza a ges-
tarse en la niñez en un entrecruzamiento entre lo familiar y lo social.
En la adolescencia, es vital la construcción de ese espacio. Suele lla-
mar la atención la aparición de la amiga o el amigo del alma “el
mejor amigo/a” en este período, ese amor especial tejido entre com-
plicidades y secretos entre los jóvenes. Estos vínculos de amistad
entre niños y entre adolescentes inscriben marcas significativas más
allá de su durabilidad en el tiempo.
Tradicionalmente el psicoanálisis no tomó muy en cuenta la fi-
gura del amigo como suplementaria pues se la consideró como com-
plementaria y especular. Se la enfocaba poniendo el acento en la se-
xualidad reprimida y/ o sublimada. Sin embargo, si bien el mundo
de la sexualidad en la adolescencia es vital, también lo es el mundo
de la amistad y la formación de grupos de pares. Precisamente en la
3En cualquier circunstancia y en cualquier momento de la vida, la presencia del amigo
nos devuelve otra mirada de nosotros mismos que enriquece y fortalece. En especial en la
vejez, disfrutar de la compañía y contar con la asistencia de los amigos, hacen más tolera-
ble las limitaciones propias de esa etapa.
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pertenencia que brinda la paridad, es donde se crean situaciones no-
vedosas e inéditas. No se trata entonces solo de diferenciarse de los
padres sino de diferenciarse entre ellos, siendo cada uno, referente
válido para el otro. Los adolescentes generan lazos de afecto, valo-
ración, protección, confianza y hasta alguna marca de incondiciona-
lidad. Esta marca con la complejización del vínculo en caso de con-
tinuar, se irá transformando a lo largo del tiempo y quedará poste-
riormente en la adultez, como cierta pretensión de disponibilidad. Se
irá borrando o desdibujando así, la propensión a los absolutos en aras
de la desidealización.
Nos dice S. Mauer4 (2012) que:
Hasta hace algún tiempo, la amistad tenía su frontera muy demar-
cada y diferenciada del vínculo amoroso donde la sexualidad, como
posibilidad, era uno de los trazos subrayados a la hora de definirlo.
La clásica pregunta acerca de si es posible la amistad entre hombre
y mujer ha perdido vigencia. Hoy la delimitación ya no es tan nítida
y los entrecruzamientos, producto de contundentes cambios socia-
les, complejizaron las variantes posibles.
La frase “amigos con derecho a roce”, da cuenta de una de esas
variantes.
En relación a la paridad, con S. Matus5, (2020) decíamos que
aporte del par es independiente de los vínculos edípicos y que la
amistad permite mediar, entre lo extraño y lo familiar, amortiguando
la confrontación. Es la pertenencia al vínculo de pares la que abre a
la noción del nosotros. A diferencia de la sociabilidad y del gesto
amable, la amistad se produce a partir de la incorporación del otro
como enigma. En el vínculo amistoso rigen la intimidad, el cuidado,
los valores éticos, el humor, y la curiosidad.
4 Mauer, S.: Reflexiones LA NACION, 20, abril 2012 Entre amigos [Link]
[Link]/lifestyle/entre-amigos-nid1469113
5 Matus, S. & Moscona, S. (comps.). (2020). Alianzas entre pares. Fraternidades, colec-
tivos abiertos, tramas sociales. Buenos Aires: Conjunto.
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Durante el ejercicio de mi práctica clínica pude observar el
enorme sufrimiento que manifestaban algunos pacientes de diferen-
tes edades, en su mayoría varones, por no haber logrado a lo largo
de sus historias de vida, el haber tenido alguien a quien pudieran lla-
mar con el nombre amigo. En el mejor de los casos, mencionaban
algún camarada, un conocido virtual o un compañero circunstancial-
mente cercano. Algunos se preguntaban en que fracasaron o porque
no lograron consolidar una amistad dado que era algo cuya carencia
les producía dolor. Llamaba la atención esa falta, puesto que habían
podido construir otros vínculos tales como pareja y familia así como
también relaciones laborales cordiales. Observé en estos pacientes el
mandato de fidelidad a familias endogámicas, donde se desplegaba
una escasa o nula sociabilidad y cultivo de lazos amistosos. En esas
familias cerradas, el que no pertenecía al núcleo familiar, era consi-
derado no solo ajeno y extraño sino alguien que generaba descon-
fianza; despertaba suspicacias, solía ser criticado y no resultaba ni
bienvenido ni aceptado. Supongo que en estas condiciones no se
pudo configurar cierta disponibilidad a la entrega, apresados en el
sometimiento en un encierro narcisista que obstruye la posibilidad
de construir intimidad y lealtad con un otro. También pueden haber
motivado otras dificultades de construir amistad situaciones traumá-
ticas tales como el rechazo, la exclusión y el bullying en tanto de-
cepciones que en su momento, produjeron distancia y sufrimiento.
Muchas veces escuchamos que, la/el mejor amigo/a, de pronto pasó
a intimar con otros/as, dejando de lado el lazo, produciendo un
enorme sufrimiento que muchas veces deja en el sujeto secuelas in-
hibitorias de la posibilidad de generar nuevos vínculos de amistad.
En estos casos, el sufrimiento puede ser tan importante como para
derivar en motivo de consulta. En otros casos, sentimientos tales
como envidia, rivalidad, competencia, celos que, siguiendo las ideas
de B. Spinoza, hemos denominado vínculos de alianzas despotencia-
dores, también pueden obstruir el contexto de la amistad.
Para Spinoza, los afectos y las pasiones son formas de relacio-
narse del sujeto con sigo mismo y con los otros. Las alianzas entre
pares como vínculos situacionales pueden promover movimientos de
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alianzas potenciadoras y al mismo tiempo favorecer movimientos
despotenciadores, en simultaneidad, en inmanencia y en tensión pa-
radojal. Será necesario precisar cuál es su predominancia en cada
caso singular.
Muchas veces en estos casos, durante el proceso del análisis,
constituye un logro vencer estos obstáculos y poder hacer amigos
nuevos, lo que a su vez indica un progreso en el trabajo vincular ana-
lista paciente.
Por otra parte, a la inversa nos encontramos en la clínica con la
relevancia y el valor supremo que algunos pacientes asignan a la
amistad por sobre otras vinculaciones y la promueven como espacio
privilegiado de cuidado mutuo, en un compartir tanto alegrías como
los sufrimientos. Refieren a alguien que le salvo la vida ya sea en
casos de alcohol, droga situaciones traumáticas y o peligrosas. Asi-
mismo en momentos de duelos, estados depresivos o ante la proxi-
midad de la muerte. Siendo que el vínculo de amistad, constituye una
relación de paridad fundante, en los duelos por la pérdida o muerte
de amigos, resulta imperiosa la necesidad de elaborar el sentimiento
de pertenencia que implica el lazo amistoso dada la conmoción que
conlleva el riesgo de dejar al sujeto en situación de desamparo; pero
también, historización mediante, habilita una oportunidad para nue-
vas complejizaciones subjetivas y vinculares. Es así como pueden ir
armando una red de cuidado que sostiene y protege, existiendo un
reconocimiento de las necesidades del otro y de sus diferencias. Pen-
sar y pensarse con y entre otros constituyen encuentros que producen
experiencia, habitando zonas enigmáticas propias de los mundos
vinculares con devenires imprevisibles. Dice J. Cortázar en La vuelta
al día en ochenta mundos: "Con los amigos cambiaremos la relojería
del cielo". La cita de J. Cortázar alude a ese estar con otro con quien
se construye otra temporalidad, la de pasar y compartir tiempos vi-
tales, sin relojes donde predomina el estar, el acompañamiento con
alegría, y humor. Los amigos construyen pertenencia en un ir siendo
a medida que transitan por diversas experiencias vitales. “Amigos de
infancia, amigos de hoy, amigos que ya no están, amigos entraña-
bles, amigos virtuales, un vínculo con algunos condicionamientos
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pero sin ataduras. La amistad habita un mundo sin contratos, sin letra
chica…” (Mauer, 2012).
Resulta importante incluir hoy en día, dado el auge de la tecno-
logía, los amigos virtuales en sus aspectos paradojales por un lado,
de conexión por lo que ofrece el uso de la computadora y por otro
lado, la tendencia al aislamiento, al distanciamiento estando adverti-
dos como nos enseña F. Berardi6, (2018) que la palabra ha sido des-
pegada del cuerpo . “Hablamos mucho, pero los cuerpos no se en-
cuentran. Y cuando los cuerpos se encuentran no saben hablar”.
Esta modalidad virtual adquirió una envergadura diferente a co-
mienzos del 2020, cuando inesperadamente irrumpió la pandemia
del Covid 19. Situación planetaria impensable e imprevisible que nos
inundó.
Niños, adolescentes y adultos padecimos de distintos modos, las
ausencias y el vacío al no poder contar con la presencia de amigos
por lo que la mayor parte de los encuentros amistosos se desplegaron
por la vía de la presencialidad virtual. Me resultó particularmente
llamativo observar cómo los niños encerrados en sus casas, carentes
de su socialización habitual, hablaban con amigos imaginarios a tra-
vés de dramatizaciones y construían escenas de amistad con perso-
najes de películas. Jazmín, una paciente de 5 años se pasaba gran
parte de la sesión encarnando a Harry Potter. En otros casos, hablaba
con distintos compañeros del colegio o con docentes intercambiando
roles. Melina, una adolescente de 17 años, se vestía se maquillaba y
preparaba “la previa” con dos amigas vía zoom, aunque entrada la
noche, no hubiera una salida al boliche como lo solían hacer antes
de la pandemia.
La amistad en el vínculo transferencial
Me pareció importante considerar en este texto sobre la amistad,
el lugar que ocupa la amistad en el vínculo transferencial cuando el
6 Berardi, F. (2018). Volver a aburrirnos es la última aventura posible. Entrevista. El dia-
rio es Interferencia.
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analista la incluye como un valor insoslayable para el trabajo tera-
péutico. Transferencia que en un trabajo anterior denominé: transfe-
rencia entre semejantes desiguales7.
En su libro La amistad: una hermandad elegida, L. Kancyper,
(2016) realiza un análisis de los fenómenos transferenciales y con-
tratransferenciales postulando la existencia de La amistad de trans-
ferencia, donde distingue de modo especial, la vertiente fraterna.
Este autor se apoya en S. Freud quien subrayó la relación interac-
tuante con el prójimo. Un otro que acompaña a la propia construc-
ción del sujeto desde la cercanía como auxiliar, como modelo, como
rival u oponente.
Considera importante en el trabajo clínico con los pacientes, el
reconocimiento de los propios referentes identificatorios parentales
y fraternos del psicoanalista. Lo que caracteriza esa amistad de trans-
ferencia es lo confortable distendido y hospitalario del encuentro.
R. Zygouris, (2006) por su parte, desde otra lectura, haciendo hin-
capié en el vínculo transferencial analista paciente, diferencia tres
tipos de transferencia siendo el tercer tipo que ella denomina trans-
ferencia horizontal, es el que deseo subrayar en este escrito ya que
allí introduce la idea de amistad en el vínculo analítico.
La autora distingue 1) transferencia simbiótica que alude a la in-
terdependencia psíquica de los protagonistas. Con esta noción, se re-
fiere a la serie de situaciones de atrapamiento que, aunque el analista
no lo manifieste, ninguno de los protagonistas puede dominar. 2)
transferencia vertical que sería la transferencia clásica: sujeto su-
puesto saber en Lacan, imagos parentales en Freud. 3) transferencia
horizontal donde se despliega una relación asimétrica aunque menos
desigual entre los seres humanos. Nos dice que: “El análisis transcu-
rre en esa área de juego”. “Todo aquello que pertenece a una relación
lúdica, no soporta una relación de pura verticalidad”.
En este tercer tipo, la transferencia horizontal es donde surge en
la entridad, en presencia. Es el vínculo que se vive y que es la parte
sensible de la singularidad de los cuerpos. Un ir produciéndose junto
7 Matus, S. & Moscona, S. (2020). Op. Cit.
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con otro, una entrega, un dejarse llevar en la clínica del presente, de
lo único, de lo singular.
R. Zygouris añade que:
En este estar juntos de dos cuerpos en el vínculo, en tanto funda-
mento humano de la empresa analítica, la experiencia más osada
consiste en pensar libremente. Para llegar a esto es necesario tener
una confianza extraordinaria en este compañero-cómplice que es el
analista. Permanentemente la vida brilla en ese intervalo humano del
intercambio inconsciente siempre desigual aunque tenga lugar entre
semejantes.
Esta modalidad transferencial entre semejantes desiguales, al fra-
ternizar la escucha, nos devela un analista que ofrece un hacer junto
con. Un analista con disponibilidad subjetiva para alojar, contener y
flexibilizar a la hora de delimitar las jugadas terapéuticas en el
campo clínico. Es por eso que, ese dejar fluir deviene en campo fértil
para la producción de intervenciones creativas.
ᴪ ᴪ ᴪ
Resumen: La palabra amigo nace de una raíz griega de la que derivan amor y
amigable. En este sentido la amistad sería una de las formas del amor que incluye
el estar abierto a la otredad, a la intimidad, al reconocimiento de la singularidad y
de las diferencias. Es apertura al tiempo que un acto de libertad que habilita elegir
y dejarse elegir en una entrega con empatía y reciprocidad. Es la posibilidad de
entrar en lo entrañable, en la novedad del encuentro, aun cuando algo quede nece-
sariamente velado como límite de lo inaccesible. Atreverse a la intimidad es un
desafío de apertura instituyente tanto de subjetividad como de construcción vin-
cular. La amistad comienza a gestarse en la niñez en un entrecruzamiento entre lo
familiar y lo social. En la adolescencia ese espacio de paridad es vital. Tradicio-
nalmente el psicoanálisis no tomó en cuenta la figura del amigo como suplemen-
taria pues la consideró complementaria y especular. Se la enfocaba poniendo el
50 Psicoanálisis - Vol. XLIII - n. 1 y 2 - 2021 - pp. 41-52
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acento en la sexualidad reprimida y/ o sublimada. Sin embargo, si bien el mundo
de la sexualidad en la adolescencia es muy importante, también lo es el mundo de
la amistad y la formación de grupos de pares. En la vejez, disfrutar de la compañía
y contar con la asistencia de los amigos, hacen más tolerable las limitaciones
propias de esa etapa. Por otra parte, la clínica me llevó a pensar en la ausencia de
amigos o bien en su presencia y también en los amigos virtuales y cómo esto incide
en las posibilidades de tramitación psíquica. Otro punto que abordé, por conside-
rarlo de especial interés tanto en la teoría como en la clínica es el tema de la amis-
tad de transferencia. Se trata de la transferencia horizontal que concibo como
alianza transferencial entre semejantes desiguales.
Descriptores: Amistad. Alianza, Transferencia, Alteridad, Confianza.
Sara I. Lydynia de Moscona: Licenciada en Psicología (UBA). Miembro Titular
en función didáctica de APdeBA. Miembro Titular de AAPPG. Docente de ambas
instituciones. Libros en co autoría: Entre Hermanos. Sentidos y efectos del vínculo
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