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Dinámicas del Trauma Infantil y Relaciones

Este documento explora las dinámicas interpersonales que gobiernan las relaciones de individuos que sufrieron abuso o maltrato durante su desarrollo. Describe cómo el trauma temprano puede dar lugar a repeticiones del daño original a través de mecanismos como la disociación, las estrategias defensivas y los círculos viciosos. Esto expone a las víctimas a nuevos episodios de victimización.
Derechos de autor
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Temas abordados

  • cuidado y vulnerabilidad,
  • cuidado y dependencia,
  • estrategias defensivas,
  • circuitos viciosos,
  • reconocimiento del trauma,
  • cuidado parental,
  • trauma y memoria,
  • memoria traumática,
  • impacto emocional,
  • impacto en la identidad
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Dinámicas del Trauma Infantil y Relaciones

Este documento explora las dinámicas interpersonales que gobiernan las relaciones de individuos que sufrieron abuso o maltrato durante su desarrollo. Describe cómo el trauma temprano puede dar lugar a repeticiones del daño original a través de mecanismos como la disociación, las estrategias defensivas y los círculos viciosos. Esto expone a las víctimas a nuevos episodios de victimización.
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Temas abordados

  • cuidado y vulnerabilidad,
  • cuidado y dependencia,
  • estrategias defensivas,
  • circuitos viciosos,
  • reconocimiento del trauma,
  • cuidado parental,
  • trauma y memoria,
  • memoria traumática,
  • impacto emocional,
  • impacto en la identidad

tAS DINÁMICAS INÍERPER§OñIALE§ DET TRAUMA TEMPRANo A To ¡.

ARGo BEI- DEsAftROTTo:


§I,PERIdIVE!\TCIA," TRANSFORMACIOI\IES, REPETETóH.

Carlos Fitillas Salvá1

Hubieros preferida sequir sintiendo nada,


voeto y silencio; la paz estoncoda
dei mor nas profunda, que es más focil
que e! ruido:1 lo carne Ce la superÍkie.

¡útargarÉt Ai¡ood.
1, INTRODUCC¡éN

Este capítufo t;ene como ohjetivo princÍpa[ expfora;'a]gunas de tas dii¡é.:nicac interpersonales
que gobÍernan fas relaciones de individuos mafiratados o abusados durante su desarrotlo
effiocionalterrlpranü. Estas dinámicas se poften en rnarcha cuando las personas se encuentran
en situaciones de dolo¡'extremo e inescapable, y cuando dlcho dolor es provocado por personas
de las que se depenrde (como los padres, u otrcs adultos de referencia)- Servictima de malos
tratos durante la ñiñez o la adoiescencia puede colocar a los indlviduos en un callejón sin salida
relacionai: el de ser dañado a manos de las personas que a s¡,r ve¿ son fuentes de proteccién y
de cuidados. En este cofitexto, ta mente despliega estraiegias orientadas a pneservar ef
equilíbrio afectir¡o y una inragen estable de uno rnismo y de Ios otros" Con frecuencia. e[ uso de
estas estrategias expone a las víctinnas a una serie de consecuencias negaiivas, entre las que
destaca la revictimizaclón, bÍen sea a manos del perpetrador oi'iginal, a manos de nuevos
perpetradores, y/o por parte del entorno social y de la cultura"
Mi intención es que esta exploración sirva para cornprender rnejor la mente de las
personas traumatizadas. lo cual es un requisito indispensable para que, como sociedad, seamos
capaces de ofrecer respuestas reparadoras y justas con las víctirnas. Afirma iudith l-lerman que
el traurna nos coloca a víctimas y a testigos frente a una tensión común entre deciry callar, entre
denunciar y dar la espalda. Quien escucha los testimonios de abuso sexua[, hurnillación o el
maltrato físico de fos rnás vulnerables se enfrenta tambÍén a los aspectos más aberrantes de fo
humano, y está obfigado a responder: "["..j cuando [os ¿contecimientos traurnáticos sún un
producto hur¡ano, aquellr:s qr-le son testigos se ven atrapados en el conflicto entre la víctinna
{que quiere hablarly perpetrador lque quiere elsilencio]. Es rr-roralmenie imposible rnantenerse
neuiral en este conflicto. El espectador se ve obligado a tomar partido"i. Nuestra capacidad de
dar respuesta se apoya en nl¡estra capacidad de ver. Especialmente, de ver la relación entre Lln
daño original, a menudo soterrado, y fas formas de funcionamlento socioemocional anómalo
que nos presentan algunas vfctirnas.

2. Et TRAUMA RELACIONAT TEMPRANO

2" 1" Repeticiones, círcutos y paradoies

Consideremos las síguientes cuatro descripciones:

Andrea

u
Dr. Carlor Piiiflas 5at\rá. hst¡túto UnivcrEit¿rio de ta F¿rni[ia. D€partamento de Ps;colagÍa. Univer:iiaC fon:rirria
ComiIlas (Madrid). cprt¡I|as,_acom¡|ias edu
- l-{EftMAh}, l. L-Troumo ond Recovery,
Ner,r¡ Yort<, 1992, p.7.
Cuando Andrea era niña, su padre incurriría en arrebatos de rabia descontrolada, lo que
resultaba en castigos fisicos brutafes. Con el t¡empo y la edad, Andrea descubrió que una
actitud de coquetería y entrega era útil a la hora de prevenir o rebajar estos ataques.
Con el tiempo, esto derivó en un abt¡so sexual a manos del padre. Ahora que es adulta,
Andrea ha pasado por varias re[aclones [nsatisfactorias, en las que se entrega a
encuentros sexuales, casi nunca consentidos, basados en la sumisión. Aslrnisrno, cada
vez que un hombre se muestra enfadado con eila, Andrea tiende a adoptar actitudes
sexuales, a desabrocharse los botones de la blusa, etc. En terapia, Andrea comenta que,
en el curso de estos episodios, ella suele encontrarse "f uera de [a escena", en un estado
de anestesia emocional. "lejos".s

Daniel V Luis

Cuatda era un niño, D¿niei fue durarnente rna[tratado por^ su padre. Ahora, Daniet es
adulto. y padre. En !a rnayor parte de las inte¡'acciones con Luís isu hijo de 3 anosi, Daniel
se siente cómodo y puede jugar con é1, ayudarlo, educarlo. Sin embargo,
ccaslonalmente Daniel despliega interacciones muy agresivas con Luis: lo agarra de fos
hombros.. acerca su cara a la cara del niño y ie grita. Daniei €ntra en estos rnodos de
inte;'acción de iorrna automática, sin darse cL,¡enta y sierrrpre que el pequeño Luís se
muestra irrítado y enfadado. Daniel aflrma que, cuando su hijo se pone así, él se siente
desbordado por sentirnientos [nsoportables de angustia que pueden hacerle perder el
control sobre sus accior¡es.

A
USCAT

Ai reconstruir sus experiencias de abuso sexual infantil, Óscar relata lo siguíente:

"Me dijeron que me gustaba. No me gustó, ¿no? fVe dijeron que fingía cuando Cecia
que no me gustaba, y que en realidad síme gustaba, que lo quería. Yo en aquella época
flngía mucho, así que debió de gustarme... así que quizás fo quise reafmente, aungue en
realidad no lo quísiera" También me dijeron que mentía cuando les decia que me dolÍa,
así que debo de haber{o disfrutado en realidad, aunque en realidad no me gustó. éMe
i .
crees ^,,"5

Estas descripciones ilustran algunos de los aspectos nucleares del patr'ón psicológico e
interpersonal que presentan las víctimas de trauma interpersonal ternprano.
Quizás e[ elemento más representativo que atraviesa estos casos es la repeticion. Para
todos estos individuos, el traunra temprano ha encontrado canninos de seguir [Link]éndose en
la actualidad, de forrna más o menos semejante a la versión orrginal. Tal y como sucedió cuando
era niña, Andrea es actualmente usada sexuatmente por sus parejas. En su trauma original,
Danief interactuaba con alguien que estaba rabioso {su propio padre}; ahora, cu¡ando su hijo se
mLlestra rabioso con éf , Daniei se desborda y "resuelve" la angustia reproduciendo e[ mattrato.
esta vez desde en papel de perpetrador. Óscar no puede confiar en su propia perspectlva sobre
su trauma, y esas dudas acerca de su¡s deseos, preferencias o experiencias anteríores lo hacen
más vulnerable a ser dañado o estigmatizado por otros.
Otro de ios aspectos nucleares de la psicotogía de la víctima tiene que ver con las
defensas. Los individuos [Link] provienen de historias marcadas por la viotencra y el abuso han
tenido que aprender a sobrevivir frente a niveles intolerables de dolor físico y psicológico sin

'AdaptJdD de KLTFT. R. P. "l/ueaponi¿ed §er: Deferrsi.,ie Pseuco-[rctic Aggres;ion in The 9e:-v!e e of 5aiet",¡", iournoi
aiTrorma & D,sr,ir.,oiion. nrrr¡. tr8, voi.3,00.253-283
!.n
5f -;\ APll .l -. lrt'C;":i if ,l^ (-r jL'rf rt l':'r-ii \=;, ,.tr{ lL.l!a p. 29
escape. Cuando e[ agresor es un adufto del que se depende, el psiquisrno recL¡rre a rnedid¿s
extremas para reequilibrarse y sobrevivir. Observamos en Andrea, por ejemplo, el uso de
estrategias de apaciguamíento {en forma de conductas sexualÍ¿adas} para reducir la agresíón.
Paradójicamente, esta estrategia aumenta la vulnerabilidad de Andrea a ser sornetida y usada
sexualmente pür otros. Crístaii¿a así un círcuto vicioso en elque se confirma una teoría relacional
(los otros son peÍigrosos) y un guión defensivo concreto (paro que no me hagan doño, debo
someterme). Danie{. por su parte, necesita defenderse de las ernociones Intensas, desbordantes,
que vive caCa vez que su híjo pequeño se enfada. Así, recurre a la agresién corno estrategia para
recuperar el controi: amena¿a, hurnilla, agrede. Esta defensa de Daniel frente a sus sentimientos
postraumáticos probablemente aurnenta las señales de protesta de su hijo. lo que contribuiría
a agravar Ia angustia de! padre y,ast,a reactivar el circulo traumático. [-¿s defensas,, por lo tanto,
sueier'¡ traer cons¡go un efecto paradéjica: exponen al sujeto a nue\ros episodios de repetición
del trauma.
Cahe destacer, poí"último, e[irnportante papelque juega ia dissciación en ta merrte de[
individuo traunratizado. Obser,¡a,''xros cómo todas estas víctimas experirnentan c*adnos de
desconexión ¿fecti.¡-a, un descenso de la sensibifidad, un funcionar¡iento más o rn€nos
autcmático, o la experiencia de esiar mentalmer'lte ausentes de la escena, Andrea no se percata
del todo de lo que sucede cuanCo emplea sus conductas sexualizadas con-lo estrategíJ de auto-
protección. Danie{ se eficuentra a sí mismo agrediendo a su hijo, sin apenas darse cuenta de to
que ha pasado para {legar hasta ese punto. Cuando se usa Cesde temprano en el desarrollo, la
dísociación limita nuestra capacidad de registrar en memoria las experiencias traumáticas: [a
víctima tiene un recuerdo fragnrentario o vago de lo que sucedró. Esto puede provocar dudas
acerca de lo que realrnente pasó, sÍ sucedié en verdad, si uno rnismo cont!'ibuyé a que sucediera.
Es e[ caso de Óscar, quien nos muestra en su relato una rnente rota en trozos que se contradicen
entre sí ("debo de haberlo querlCo, aunque no lo quise") y que Io [ncapacitan para denunciar a
sus agresores o para pedir ayuda.

2.2. Podei:, dependencia y vulnerabilÍdad en eltrauma lnfantil

Son muy divei-sos los ¿contecírnientos negatívos q*e pueden tener un impacto sobre el
desarro[fo infanti[. EI acoso escolar. fa pérdida de seres gueridos, la enfermedad y tos
tratarriientos rnédicos, los accíCentes, el abuso sexual, el maltrato fisico o emociona{, Ia
negligencia o el abandono, son sélo algunas de las experiencias adversas que puede sufrir un
individuo durante su desarrollc temprano. Las consecuencias e,l':ocionales de la adversidad
pueden variar tarnbién en un espectro que va dei estrés (reacciones de malestar acctadas,
ternporales, rnás o menos manejables) al trauma (una experiencia que desborCa tas capacrdades
deI niño para cot']lprender y dar respuesta ¿ lo que sucede]- Asimismo, existe una d!stinción
entne los acontecimientos que tienen tugar puntualmente (una cirugía, por ejemploiy aquel[os
que se producen de manera crónica {las agresiones físicas de un padre adicto al alcohol, por
ejennplo). For últin'lo, fos Impactos pueden ser de naturaleza no personal (una catástrofe naturaf,
o una enflermedad) o de naturafeaa [nterpersonal (un adulto que abusa sexualmente del níñoi.
Este texto prestará atención a las lógicas y Ias consecuencias de los traumas que son
provocados por otros (interper-sonales), en el contexto de una retación de poder o cuidados que
es habitual para el niño (es decir, a manos de padres, otros mieryrbros de {a farnilia, o
educadores), y Ce forma repetíua. El carácter reiacronal, crónico y IÍgado al apego de estos
traumas influye directarñerlte sobre la identidad dei niño y el conjunto Ce tendencias
interpersonales que éste adguiere a lo largo de su desarrolfo. Los abt-¿sos sexuales son
probablemente ia versión mis íntensa y oestructiva de estos daños. y ocuparán uná parte rNUy
imp0ftarte de rruest:'a discusion.
Experi¡E'¡¿-estos [Link],rrás dularlte ia niñez p,;ede tener üna signiiicación esoeriai. por
v;i-l¿s r-¿1úare!. Ér_. p.rÍr,ler lugar,
=::t;s traumas se prcducen en ei t;rarco de una in:[Link]
,J,É:":tüla :¿ c.;J:,. --': tÉ --:',i--i;-'=s c:l ir-;-r: sü^. a s- rjj¿. :ig--.i: r:|.¿r':--.i =, j=
protecc¡én y est¡mulación afectiva" Como consecuencia, las capacidades del niño para escapar
det daño son mínimas. En segundo lugar, por su propia condición de niño, la víctirna puede tener
dificultades para entenden el significado de lo que sucede y denuncian ta situacién {una
vulnerabilidad especiaimente acusada en niños con discapacidades). En tercer lugar. en eI caso
de que el niño ¡ntente cornunicar estos daños, es fácíl que se choque con las estrategias
negadoras del perpetrador ("son imaginaciones tuyas"), que suelen ser más eficaces que fas
estrategias comunicatívas de [a vfctima, y/o con la increduIdad de[ entGrno, For ú{timo, algunos
efectos de estos tra{-¡mas (ef miedo cronÍficado, elaislarniento defensivo del niño, o una visión
negativa acerca de sí rnisrno) pueden reducir drásticamente sus capacidades para estabiecer y
rnantener relaciones potencialrnente reparadoras. y para aprovechar ias oportunidades de
aprenCizajr emociona[, intelectuaI o social que se le brindan a 1o iargo dei desarrolio'. Así, las
reiaeisnes románticas o de amistad podr"ian ver-se atravesadas por- r..rna hipersensibÍiidad del
sujet* a los pel;gros relacionales. por defensas rigidas que limitac [a recipracicad y alejan al otro,
o por la tecdencia a provocar sit,;aclones de elevaCo conflictc e inclu;o vioiencia, enire otro§.

3. CONFLTCTOS ENTRE SISTEMAS

Este tÍ-abajo se apoya sobre un argumento de Giovanni Liotti. según ei c,;ai e! traunra altera la
reiacién n¡turai entre algunos sistemas de cornportamienio característieos del ser humano6.
Nuestra especie cueflta con estos "prog[amas"' de comportamientc como forrnas de sobrevivir,
protegernos cieX peligro, cuidar de los nriembros más vulnerables de nuestras comunidades (los
niños, fundan":entalmente) o neproducirnos, entre otros. El impacfo de los traurnas
interpersonales tempranos puede entenderse, según Liotti, como una distsrsión en eI
funcionarniento de aigunos de estos sistemas o en la reÍaoén entre ellos" El cuadro L contiene
una descripción de cuatro sistemas cuyas distorsiones/conf!ictos serán exploradas en las páginas
que siguen.

Cuadro 1. Cuairo sistemas de carnps¡tamierito htrmano invoIucrados en ei i¡'auma iadapiaCo de LiottiT]


Sistema Función 5eñales y conductas
Apego Búsqueda Ce[ cuidadc y de [a proximidad de Llanto, protesta ante la
otrcs para obtener protección y consuefo. separación. contacto fisico
{abrazar, acericiar, tacar},
seguimiento fisico o visual de las
figuras de apego-
Defensa Alert¡ frente al peligro y búsqueda de ,qtaque o huid¿.
prclÉgerse de amenazas a la supervívencia.
CompetÍclón Búsqueda de definir el rango social Agresión ritualizada Icastigos,
mediante la dominacion y la sumisión. amenazas, rivalidad) y sr-lmision
rituali¡ada (obediencia, ponerse
por debajo).
De c,;idados Prolegery consolar a otros Icon fi'ecuenc[a, Crianza. cariño, contacto fÍsico
parientes). regulador.
Sexual Búsqueda Cel apareamiento y [a Cor:e jo, coito, con[acto fisico
reprodcrccIsn " {abrarar, acar'iciar, tocar}

tjOHNSTONE, l-- Y BOYLE" fuj, Ihe Poaver Threot Meanifiq Fromework: Tawards the identtfimiion of potterns in
emationol distress, unusual experienres snd troubíed or traübl¡ng behoviour, os an olternative tc functiana¡
psvahiotric dtoencsrs, r-crcest:r, 2C13.
5,,^-,
'LiDTil,G.,
^ ^
Ccr::iic:sbe:we:1 [Link]';;ticn;l sy5temsrelarecl r¡aÍtachmentlrai..rm¿:{Éytc!ndersi,:rCirrgt"e-rt,:-
farnily r:elaticnship i:et'.veen abr:seC chjidren and their,:bLser"s", Journoi cf iralno & dissecioticn,,¡cl. 13, núm, l,
_2ü17. rrp.
lü4'118.
tb¡d., p.6
Uno de los conflictos qiie nos ayLidan a entender la experiencia del niño traurnatizado,
así como Ia del agresor, es aquel que se produce entre los sistemas de apego y defensivo. Fl
sisterna de apego nos hace buscar la proxirnidad de individuos más fuertes y más sabios¿
{hacituaInrente los padres], capaces de ofreeer protección y de regular nL¡estrós esta,Jos
ernocionates dificifes. El lÍanto, las señales de protesta frente a la separación o el aferramiento
son señaf es y conductas propias del s[sterna de apego, muy frecuentei-oefite empleadas por fos
niños en situaciones de ma[estar o peligro. Ef sisterna defensivo nos hace huir o atacar frente af
peligro. lncfuye conductas tales corno la agresión, elalejamiento físico o elretraimiento social.
entre otros.
Cr-ia*d* las rel¿ciones niño-adulto son seguras, es frecuente que ef sisterna defensivo
oe upe un papel reiatiuamente pequeño en las respuestas del niño fnente al peligro o el rnalestar:
el niño, efi ve¿ i* atacar okuir, busca la proximldad def adulto. Es decir. el sisterna de apego
s*stituye al Ceiensioo y Cir-ige ei comportamientú Ce{ niño ee nTomerios dificiles. Sin embargo.
cuando el aciullo aí q¿¿ se busca es a su vez [a fuenie del daño dei que ei n¡ño necesiie ser
protegido. se prcduce un ''miedo sin so[uc[ón"=. La búsqueC¿ de proximidad qaoego] y ta
r-recesidad de defanderse {defensa) se activan ai rnisma tíempo y
frente a lu misffia persono. Esta
activación sir¡r:i:áne; de tendencias contradictorias ccr') frecuenci¿ conduce a Ia
desorgariízación Cei apego en eI niño: el niño, CesorientaCo ressecto a cuál es el rnoCo n":ás
seguro de relacionarse con el cuidador-agresor, no puede desplegar Lina estrategla relacionai
estable ivé:nse aigunas rn¿nifestacior-¡es def apego desorganizado en eI c'aadra 2J.

Cuadrc 2- Aí8unaE n¡anifestacÍones del apego desorgarrizaCo en la priraera ir,,íancial]


ConductaE incongruentes El niño se afer¡:a al cuidador y, sínrultáneamente,
evíta el contacto vísr-¡al con él
Movimientos incompf etos o interrun"lpÍdos El niño se aproxima físicamente a la figura de
apego yl a nredio camino, se queda paralizado
Estadcs Ce bloqueo o ccngelamíentc
EsiereotÍpias Conductas repetitivas o autoesiimulativas, tales

influir efÍca¡n:ente sobre las condl]ctas de su culdador-agresor. Este callejón sirr safida prcvoca
un incren-lento intclerable del miedc y el malesta¡', io cual, como se ha dicho, desorganiza su
modo de reíacionarse; el niño se aproxíma al cr-ridador (apego) para quedarse petrificado a
medio carnino idefensa), se abra¡¿ al cuÍdador {apego) pero huye del contacto visual ccn éf
(defensa), etc. La confusíón puede hacerse íntolerable y finalrnente conCuc[r a la desconexión
iver epigrafe siguiente para r-nás detalles)"
Este conflicto en el niño es paralelo a otras contraciícciones que se dan en el agi-esor,
entre los slsternas de cuidados, de apego y defensivo- Ef sistema de cuidodos nos nroviliza par-a
protegei' y hacernos cargo de organismos r-nás vutnerables (sobre todo si estcs están
relacionados genéticamente con nosotros). Este sistema gobierna buena parte de as f

ínteracciones de los padres corl sL.!s hijos. Sin ernbat'go, para {os cuidadores que fueron
traun'¡atizados efÍos mismes, algunas interacciones con ef niño püeden reactivar fos
sentlmientos difícites ligados a sus propios traL¡nnas:l. En el caso de Daniet, por e1emplo, ias

' BOWLBY, J., A Seture gose. Lcndan" L9gg.


'HESSE. E Y lV'lAlhl, l,'1. "second-generation eifects cf unres,:lved traurna in nonr¡alt;-eating parent5: Dissociated,
frightened, and threatening oarentel beh¿vior''- FsythconoÍyric ínquiry, vol. \9" núr¡ 4, 199g, p. 4g1-5.{0.
t'LYCf'¿5-Rul-il,
K. Y IACOEVITZ, D., ''Atachnieni disorganization frcnr infancy to aduithood: I\ieurobioiogreai
correlates, pare'lting cona¡.ils, arid palhrl+,¿s ic clsorCer", er CASSIDy,.J. y SHAVER" p. R.
IEds.]. tlanciboak ct'
[Link] : Theory, rcecorth, onrJ cÍ!nicai acpiicotjons. New Vork,2C16. pp. 667_6g5,
tt TRAIBERG.
s., ADELSoN, E.. Y Si-r,\FtRC, 'v., "Ghost; in lre nursen¿", ]ouft¡sl of the Arnericon Accd*:ny of Ch¡id
P;vchi*try, i,cl. _ÍJ, ¡urr" L 1975, cp. lg7-4li
señales de irritación del niño despertaban en el padre una angustia intensa, ligada a sus propias
experÍencias de rnaltrato terflprano- En condicíones como ésta, ei sistema de cuidados tiende a
desactivarse en el cuidador. En una inversión de [o esperabie, puede activarse en el cuidador el
sistema de apego: el adulto para a esperar y reclamar la proteccÍón def niño (necesito que te
encorgues de mí, qüe rne comprendas, qüe me ayudes|. Alternativamente, puede activarse el
sístema defensivo: para reducir la sensación de petigro, e[ adulto recurre a la agresÍén o la huida
(me estás provocondo así que debo hocerte daño; no soy capaz de contro[qrte osí que deja de
prestorte atenciónl.
Con cierta frecuencia, esta sustitucién de sisternas se prodilce de fornna secuencial. El
adufto d¿ñado acti,;aría su sistema de apego. buscarí¿ que el niño se hiciera cargo de su
rnalesi:r. La previsible incapacidad del niño para cuid;r eficazmenie del adulto conduciría a la
frustración de éste, ia activaclórr de su sístema defensivo y, con eilo. ia agresien. Llegamos asiai
escenario descritc rnás arriba: la figura de cuidados se ccnr¡ierte en figura de arnena¿a. EI niño
perc;be al cuida,:or con',o:lguien fr-ágil, necesitado de cuidaCo; y propenso,'aiaq{-.,es de ir;.
Estc puede empujar al niño a súmetei"se a los malos tr;tos o los al:usos sin prttestar. a
considerarse resoonsabie de cichos aiaques o, bajo el efecio de una djsiorsión aÚn mayor, a
creerse lianrado a una rnisión de "salva/' ai adulto.
ln un tracajo adelaniado a su época, FerenzcÍ1r ínterpretaba ei abuso sexual infantit a
la fr-,¡¿ de un conliictc sernejante. Et adulto herido busca a su hÍjo como una íuente de protección
{hoy Ciriamos que lo busca guiado porsu propio sistema de apego). Ai rnismo tieffipo, el hijo
busca a su ct¡idador como una fuente de protección y de afl-iúr. Las aproximaciones del niño
hacla ei adulto, caracterÍzadas por [a ternura y un sano coquet€o que busca obtener [a atención
y et cariño, pueden ser confundidas por el adulto vutnerable como una aproxinnación de carácter
sexual. Se proCuce [o que Feren:ci denominé una "confusión de lenguas": el niño está aspl{'ando
a la ternu¡'a, y el adulto traduce erróneamente estas señales corno una aproximacién sexual. Las
aproximaciones del niño pueden asumir "formas eróticas, pero perrnanecer, en todo caso, en el
nivel de la ternura. No es asr, sin embargo, con adultos patológicos, especiafmente si han sido
i-:-f ( 1 --^L,.-l^ ^ -! :----- l-t J-- )^
r.¡dirduu> 1...J. LUilrulIucir cr f llilu -put
JUetu uer -::- uE uild l-iet>uild 5c/(udililtrt
^- -- ue5eu5 pf ufJlu5
-r-- -^.,.-^l-^^.^ tLtr
madura e inc[uso se perrniten - sir¡ atender a Ias consecuencias - ser arrastrados"l].

4. [Link] PARA SOBREVIVIR

Los patrones de pensanriento, e::noción y comportamiento de las personas traumatizadas ha*


sorpr-endido a investigadores, clínicos y testigos Curante décadas. El adulto traumati¿ado
experimenta aigunos acontecimientos con una sensibilidad nruy intensa y, pore! contrario, r'lo
parece reaccionar como seria esperable a otros eventos que resultarían dolorosos o
aternorizantes para una mayoría de per'sonas. Con frecuencia, la victima no recuerda, no
reconoce e incluso niega haber sido dañada. A esto se [e añaden fa exoneraciórr de la
responsabitidad, el cuidado e incfuso la idealizacién del agresor. El adulto traumatizado puede
alternar de forma abrr;pta entre forntas radícaimente distinras de verse a sÍ mismo. de ver a fos
dernás, de relac[onarse. Par-a la irnpotencia de profes[ona[es. familiares y anrigos, algirnas
víctirnas desarrcllan patror'les interpersonales retraurrratizantes. muchas veces sin darse c¿;enta
del todo, sin estar def todo presentes en el rnomenta.
Estos patrones caracteristicos de la psicoiogía postraumática son en gran medida el
efecto de las operaciones que despliega et niño traurnatizado para lograr un [Link] esenciai:

PfTILLAS, C., "Cornr"non therapeirtic elen'lents of intervenf ions airned at enhancing páreñtrhiid early relationshipr",
Psychoonafyric Fsyr!;ology, vcl. 17, núr¡. l, 2020, pp. 28-36.
SELIGMAN, S. Reicricnslri.c; ¡n deue!opnent: lniancv, rnrsrsi,b;recrirrit'¡, and otachmen¡, New York,2ü17.
:l* -----
FER:\C2,, S. 'Confrsicn cí:cngue: bet\r¡een aciuLis and ¡he chilC", ContempcrarV Ps'ychoanaiysi:, vol.24. nún''. 2
1988, pp. 196-7AG {crrginalnrente publicadr en 1931)
:r
¿bis. D. 2,-11
sobrevivír. Cr.¡ando el traurna se produce a [Link] de figuras de las que se depende, el niño debe
encontrar forrnas adecuadas de seguil' cerca del adulto y, al mismo tiempo, reducir el terror, ef
dolor físico y Ia desorganización emocional que dicho adu]to provoca- l-as operaciones
empÍeadas por la victíma se producen tanto a nivel interno ien fos contenidos de su mente¡
como externo ien sus patrones de relación).

4.1. Transformac[ones internas

4.1.1. DlSoCtACtÓN

Bajo el efecto de la sobreestimulacíén traurnática {cuya forrna puede ser la agresién física. ia
estirnulación sexuai, fa agre;ién ei'norionafo una combinacién de todas ellasiel organis,mo del
niño entra €n un esla,:o Ce hiperactivación. I-a hiperactivación consiste e* una rearción de
a[arrna Cef orgarism,:. qLre puede producirse en relación aI sistema de Cefensa {ia
hiperactivacorr busca at¡cer'o huir) como al Ce apego (ia hiperactivación bi:sca reeupei;r tra
proxirnidad y los cuidados iel aCulto). Elaumento
''espiratonia
y ca;'diaca, la irrigación
de la tasa
sanguínea de los m'.;sculos, la ditatacián de las pupilas, el desp{íegue de conductas corxü ia
nrñfÉct: n ei il:nfn tññ ñ¡r+r u -¡ ¡.anorin¡ia
¡ol LPL' ¡lal niñn hinor:rti,¡rr,l ¡ El v'Sq¡
r' nr¡¡mic mn ¡Jol niñn hr ,r¡r

alterar las respuestes del agresor.. recuperar la seguridad. Sin embargo. estos aiaques son casi
siempre ine;capables, De hecno, los intentos del níño para defenderse o sus peticiones de
ar-¡xiiio pueden incrementar le agresión del adL.¡lto (asíto veíamos para Lui§, cr,iyas muestras de
malesta r y enfado fncrementab: n las tendencias agresivas de Danief ]. El niño se ve desbor"dado
por emociones intensas de terror. rab ia, dolor físíco, y desprovisto de ayuda. Pasado un tíernpr:.
se pone en marcha un estado alierrrativo a fa hiperactivación.
lndefenso y sobrecargado de tensión, el organismo opta por desconectarse, teflla ur"ra
vía de "escape cuando no hay escape"la. Entra en acclón el sister¡a nervioso parasimpático,
surniendo al niño en un estado de embotamiento sensorial y afectivo. Incapaz de generar
cambios en ef eniorns, Ía víctin:a aíiera su esiado cie consciencia- Ei registno de ia inforrnación
sensorial y propioceptiva es reducido radicatnnente y, en un nivel subjetivo, esto se experimenta
cofilo una desconex[ón [Link] a Ia de un trance hipnótico: hay sentintientos de pasividad,
desapego, y se efeva ef urnbral deldolor. Elcorrefato comportamentaf de la disociación incluye
actitudes de sufirisión e indiferencia y una pérdida del tono rnuscular. Ei niño "se deja hacer",
no protesta, parece no sentír. Esta invisibiiidad de fa víctirna puede reducir la duración de las
agresiones o la probabilidaC de gue aumenten en intensidad. Al rnisrno tiempo, ofrece aI agresor
más margen para dañar a[ niño sin tener que empatizar con él o preocuparse por ser detectado
o castigado.

a. Los efectos retra¿¡matizantes de la disociación

La entrada del niño en estados disociatlvos es más rápida y rnás fácÍl con cada repeticiór']
delciaño, y estos estados pueden prolongarse. Lenore Terrrs relata ei caso de Frederick, un niño
de 7 años que, durante rneses, recibió palizas sÉveras a manos de su padrastro, [Link] su madre
no estaba presEnte, Frederick había desarrollado una especie de anestesla crónica que [e
impedía sentir do{or cuando teni¿ accidentes:

tt SCHORE, A, N" "Relational traunr¡ anC :he ievelnping right brarn: The neurobiology of broken at¡achmeit bonds",
en BAR.A DO N, T. { Ed. }. .Qelofiorro/ [Link]:r itt ;ry,;rrc¡: Ps'¡ifiacnuly tic, t¡l[och n¡ent o c d neurr:p syctt,:lagirs I run t r ibuticnt
ro pürent-¡nfent psychotheropy. Londres. 201t, pr. 1§-47.
'' f=RR, L. Tco scared to cry: Psychic trcuffo in chilclhoart. irlew yo¡k, 2ü08
"Antes imaginaba que estaba en un picnic con la cabe¿a sobre las piernas de Mamá. Í-a
primera vez qLie rni padrastro me pegó, dolió mucho. Pero entonces descubrí que podía
i;'me Ien ia irnaginaciónJ a las piernas de mi rnadre y asíWinston no podia hacerrne daño.
Seguí yendo a Ias piernas de rni madre (no tenia que gnitar, ni ltorar, ni nada). Padia estar
en otro sit¡o y que no nre hiciera daño. No sé cuántas veces \A/inston me pegó. No
siempre estaba atento- Af principro estaba efl un picnÍc en ias piernas de mi madre.
Después. ya na tenía que pensar en el picnic, sólc en las piernas de rni madre" Ahora si
algo me hace sangrar no pienso en nada. Sirnplemente, no me duele.":5

rapider y la facilidad para descorrectarse compromete la capaclCad de a víctinra para


t-a f

regrstrar las contingencias Ce su entorno, los propi,cs sentimientos y neresidades, o las posibles
for;'nas de ponerse a saivo. Reconocerse como drgno de proteccian, pe(,ir ayuda o busca;'
soluciones son aigrnar de ias iniciaiir¡as que. bajo el efecto de la disoci*ciórr, queCan
s,-rsper:dÍdas. ncremeilta asi la t¡ulnerabilidaC de [as víctimas h:cia ta reirai-;n'¡stiz:ción.
f

For o:.ü iedo, los est¿dos de "ausencia'o mentat en la que enti'a* Éstas personas cuando
se produce ei traur'n¿ hacen que, a Ia larga, sea rnuy difícil para ellas estar sÉgur¿s de lo que
sucedió. Ésta ccnstituye una de las m¿nifestaciones más dranrá:icas de Ia psicología de la
víctinia: ia incapacida,j de ernitir protestar o denuncjar porqL,{e, en muchos casos, no se tiene
una percepciór'r clara de lo que pasó y, por lo tanto, no existe un convencimiento de que uno fue
dañado {e[ case de Óscar itustra este fenór-nenoj.
Los est¿dos disociativos tienen una alta capacidad de generaiizacion. es deciq ttenden a
convertirse en una est;'ategia úrotectora por defectot'. Los estimulos que (objetlvar*ente o noi
anuncian la amenaza de ser maltraiado, anrenazado o estirnulado en formas aversivas. pueden
conducir con tremenda facilidad a estados de embotarnientc y desconexién en los que, una vez
más, el sujeto ie sornete al uso que e[ nuevo perpetrador hace de éi. La vuf nerabitidad de estos
individuos a un nuevo ataque, y sus diflcultades para protegerse cor¡ eficacia, no hacen más que
aumeniar en una lógica de círculo vicioso.

b. De los estados disociatiuos a las identidades disociadas

La disociación fto es sóio un "corle" que hace la mente con la experiencia durante el
acontecimiento traumático. Este corte 5e produce también en un nivel estructural, a{terando ia
arqLlitectura de la mente. Para el niño que es víctirna de abuso sexual, por ejempio, su cuidador
es alguien que p!-ütege, que cia cariño y gue provcca bienestar en rnuchas ocasiones; en otras,
ese rnismo adulto es una fuente de terror incontrolable. La contradiccién es muy difíci{ de tolerar
afectivarnente, muy difícil de asirnilar, y el niño se ve obligado a mantener una separación ent¡'e
parceias diferentes de su experiencia. 5u dependencia respecto a sus cuidadores le exige
desacreditar de alguna n'!anera esas representaciones del ct"¡idador cornG alguierr malo,
petigroso, odIoso. For [o tanto, la mente del niño compartimentaliza esias dos ir,rágenes (et
padre bueno y el padre malo), se asegura de que estas dos áreas de su experiencía social no se
toquen entre sí.
Esta légica de exclusión se ap[ica repetidarnente, rnuftiplicando fos fragrnentüs que
conforntan fa identídad del ntño. Asf, eI n[ño se viue a sí mismo corno alguien querido, protegido

tu
íbid., p. 91. Cursivas en el originai,
t'LlOlTl, G. "Understanding the
dissociative prúcesses; fhe contrjbution of att¿chment theon¡". Fsvchoanalytic
lnquiry,, vol. 19, num 5, 19-t9, pp, 757-181.
the neurobiology ci
PERRY, B. D., POLLAAD, R. A., BLA(LEY, T. 1.. BAKER, W. 1., Y VJGILANTE, D. "ChilChocd rrEurna,
adaptation, and use-dependent developr-¡en¡ of the br¡in: How slates becorne treits?" tnlcni meniol hetíth
[Link][. 16, nr-.¡m,4. 1995. pp. 271-297.
y cuidado, pero tambíén corno un [Link] pasivo de ios malos tratos, o alguíen despreciable que
rnerece ser dañado, o afguien que ha quedado manchado por e[ abuso de forma permanente.
La rnente pasa a ser un drarna de [Link] [nternas, desconectadas. que corirp[ten entre
sí por el protagonísmo.
L¿ materiali¡acién rnás acusada de esta fógica es la que encontramos en el Trastor*o
Disociativo de ldentidad {TDf } (antes conocido corr'}o Trastorno de Personatidad Múltíple}. Lrn
d[agnéstico central er'¡ muchos rnodefos preocupados por ef trauma y sus consecuencias. E-as
personas con diagnóstico de TDI se viven como "habitadas" por diversas personatidades, cada
una de etlas ligada a aspectos diferentes de la experiencia traurnática: el niño impotente y
asustado; e[ nÍño ¡"abioso y vengativc; el perseguidor o juez; ef rescatador o protector; el que
defiende o justifica ai abusadoi"; etc. Estas voces, tejos de dia logar entre sí y construrr una imagen
integrada de ia experi**da, ca*[Link] una soluclón cacafó*ica, aveces intclerable, que obiiga
al individuo a ma,'ltenÉr una separ;ción radicaf entre eilas-
H&r\¡ery Srha¡-t¡ ilü101 afirna que ta disoc[ación estructural es un 'uesfua¡-zo
desesperado para prÉsÉruar ia r;id; y la cordura mediante ia construccién de una Ídentidad que
sirve para rnanejar el do[+r, la angustia, el terror y la vergúenza"tt. Mediante i¿ creación de
exclusiones internas, ei iniir.¿Íci;"¡o Iogra rregar. cornpartirnentafizar o diluir estos serrt:i:rientos
inmanejables. Los esoecior rjia! Curcs e irreccnocibles Ce la experiencia traurrálca tienden a
quedar rnarginados y son sustituidos por irnágenes distorsionadas de uno mis¡no {no r;e hc
pasada ncdo; estoy bien; so,¡ especia[; soy poderaso y'fuerte) y de los otros (n?rs padres me
querían y me dieron toda: él no hizo nada, jarnas me horía dañoJ. Sin embargo, frente a
deterryrfnados estinnulos, esta§ fepresentaciones separadas pueden reactíuarse y secuestrar ia
experiencia subjetiva y ei funcir:namiento de las personas. El testimonio de un paciente iiustra
esta alternancia conflictiva en las voces intern¿s del individuo traumatieado:

"Cuando voy a trabajar hay Lrn t¡po nnuy guay que sale y controla todo, y es increíble en
lo que hace. N:lo el tip,: inseguro, incornpetente y extremadarnente sensible que tienes
seniado enirente. EI primero tiene tanta maestría que nadie sería capaz de darse cuenta
de que hay otras ahi dentno"B.

AI iguaf que los esiados disoclatlvos, fa dlsociac[ón estructurai deja a la víctima a


expensas de nuevos episodios de traurnatización o de atslan'¡lento social- La incapacidad de
controlar quién se pone "al vclante" del propio funcionamiento psicolégico hace que algunas
relaciones potenc[alrnente sanas o reparadoras fracasen. Cuando a mente pasa a ser dorninada
f

por fas partes de la identidad más heridas {las partes dependientes y necesitadas de cuidado.
rabiosas, vengativas o que necesitan huir o atacar), el sujeto puede reaccionar de formas que {o
exponen a ta agresión o a[ rechazo, o que [o llevan a hacerdaño a otros. Este último escenario
es especialmente relevante para [as relaciones entre adultos traumatizados y sus hijos. donde
de forma imprevisible e incontro[able, el adulto puede incurrir en cuadros de agitaciór'1,
sexualleación de la interaccién, agresividad, o ulna imperiosa necesidad de ser cuidado por eI
niño, taI y cor'fto se ha descrito más arriba"
Dado qtle este troceamiento de fa mente se hace para sobrevivir y nnantener cierto
equilibrio, fa víctima puede percibir como peligrosa cua[qr:ier oportunidad de re-unificacíón de
las partes. Experíencias de cuidado, relaciones respetuosas o ernpáticas, sÍtuaciones de
intimidad, o la invitación a hablar del propio dotor (en un contexto terapéut¡co, por ejemplo)
ponen en riesgo la "solución" disociativa. lr,'rplican para ei [Link] la posibilídad de ser visto en su
totalidad, o de que sus partes más dañadas salgan del aislamiento. Para e[ asombro y la
frustracién de los profesionates que tr'atan de a"yudar a estas personas, rnuchas de ellas

li a)* a;,
^ )q
''n ib¡i, s.46
boicotean inadvertidarnente ias experiencias de este tipo y recaen en relaciones basadas en la
¡nstrumentalización y a agresién.
f

4.1..2. IDENTIF{CACIÓNI CON E!- AGRESOR

Junto a [as operaciones disociativas, [a identificacüón con el agresor constltuye u¡na de las
estrateg¡as de afnontant[ento nucleares de la mente traurnatÍzada. Mediante este mecanlsrno,
el niño adopta como propia [a perspectiva que e[ agresor tiene sobre é1. Así, el desprecio, e[ odio
o el asco que subyacen a las agresiones del adulto son introyectadas por el ¡"liño, de forma que
ál rmisrno pasa a percibirse de esta forrna: soy sucio, malo, odiaso. Esta estrategia puede inctr.¡ir
tarrrbién una asunción de [¿ responsabil[dad por el maitnato: yo la pro'ioqué, me {a rr,erecía, lo
busqué, ms gustü.
Ja,¡ Fr;nkel ¡a cencÉgtual;zado ia disociación y Ia identificación con el agre;or como dos
operac:ones que cüns:i'-J'/en un proceso tota[, algo así ccnto [as dcs caras de una n'isnia
moneda; frenie al dolor o la amena¿a inescapables. el sujeto anu[a su pereepcián y vacia su
mente (Cisociaciói-r), ia cuai pasa a llenarse con ios sentimientos y percepciones -de auto-
desprecio o cuf pa. por e;en:pl;- que e[ agresor espera gue tenga la uÍctima (identlficacién con e]
r "rl
agresor]
La identificación ccn el agresor acai'rea irnportantes beneficios adaptatlvos para la
victlma. En primer lugar, permite lidiar con e[ carácter incornprensibie de los estados meniales
delcuidado¡-tt. Es r*,-ly difícil para el niño dar sentido al hechto de que el adutro Io use de forn:as
que sor'I dolorosas y profundanienie aterxorizanfes. Esto. adennás de provocar una experiencia
de sinsentido, trae consigo sentir¡ientos de fuerte indefensión: es difícil predectr o controlar
aquello que no se comprefiee. Atr adoptar una percepción negativa acerca si misma, Ia víctima
devuelve el sentido a los aconteeimientos traumáticos- Esta "defensa rnoral" permite al niño
recuperarla creencía de que hay orden en el rnundo de las relacíones, así corno la esperanza de
combior psro que rne trsten mejor. En palabras de Fairbairn, es "rnejor ser Lln pecador en un
mundo gobernado por Díos que vivir en un mundo gobernado por eí Diablo"-[Link] segundo iugar,
al percibírse como responsables de la agresión, las vícti¡rras anu[an su consciencia de a traic]ón f

cometida por et cuidador y, así, pueden n']antener su apego hacia éla. La atribución de
responsabllidad sobre el yo sirve también para Cisociar los sentimlentes de rabia y odio hacia el
agresor, de quien se depende. Estos sentimientos, en vez de orientarse hacia el agresor, se
oríentan hacia elyo, preservando asíelvínculo que el niño necesita. For úftimo, al identificarse
con el agresor, la victima aurnenta su capacidad para monitori¿ar los estados mentaies del
agresor "desde dentró", io que le hace sentir rnás rapaz de predecir nuevos ataques y de reducir
la probabilidad de los misrnos2'.
Martin Dorahy 25 relata el caso de James, un chico abusado sexualmente por su herrnano
mayor. Durante los episodios de abuso, el agresor aprovechaba las respuestas corporales
incontroIables de James para afirmar que éste disfrutaba. Con el tiempo, .,lames fue
construyendo una narrativa dei trauma en ia que él mismo era Ia causa fundarnental de lo que
había pasado" Según esta narrativa, e[ yo sucio y perverso de iames habría incitado a su
herrrlano, quien era poco más que un actor secundarlo de la trarna- Jarnes ial igual que otras

:3
FRANKEL,J, "Expforing Ferenczi'sccnceptof identiflcation w¡th the aggressor. lts roie intraurna, everyday Iife, a;-rd
the therapeutic relatior."rhip" , Psyehaanolytic Diologues, vd. 12. nurn 1, 2012, pp. 101- 139
"22 TERR. L. op. c¡t.
Apud. MCW| LLlAfulS. N- Psychaanolytic diogrncsrs. Understo*ding personality strucfure in the clinícol proe¿ss. New
York.2O11, p, 113.
" GAcNON. K, l-., LEE, M.5. y DEPRINCE, A. P. "Viciirn-perpetrator dynsmics through the lens of beti'ayai traumr
tÁeary",Lourno!
_l
af -i'rauma & Drssolofion, vol. 1§. núm 3,2017, pp.)73-1E2.
' l-\ANKt-, L'c. L,r.
" DCRAHY, ful. J- "Shar¡e as a ccn'tpromise lcr'hur¡ili;:icn ¿nd r:ge in the inrernal represÉntiticn of airuse b'¡ io,;=rj
PP' JJ¿ J. !
muchas víctimas) construyé su interpretación de los hechos no tanto en torno a [o que otros
habían hecho con éi, sino alrededor de sus propias reacciones {en este caso. sus respuestas
corporafes de excitación durante ef abt"iso). De esta forma. la historia tenía que ver con é1, y no
con su hermano. Un esqt-rema narrativo basado en la vergüenza (yo soy sucio, soy mezquina,
pravoqué el daña, merezco el doño) concede a [as víctirnas un lugar de mayor control que si [a
historia fuera contada según un esqueñta de hunritlacion lolguíen me hiza daño sin que yo
pudiero predecir{o, preven[rio, controfarla o escspdr; a[guien me hizo daña sin que hubiera
rozones para ellol76.
Estas operaciones, además, facilitan al agresor Ía pnoyección de sus propios
sentirnientos de verguenza y e ulpa sobre Ia victírna {rni comportamiento es odect¡atio frente o
alquien tan rnezqulna; é{ rne ha provocado}.5e consolida, así, [a imagen negativa de si mismo
que ef nlño ha con':en¿ado ü cre¿r:

"fuando e[ niño se rÉ,:upera de un aiaque aEí. se sier¡te trernendamente confundieio" de


hecho, dividido - inoe ente y culpabfe al mismo tierr']po - y su corrfianza en ei testimonio
de sus propios seniidos esti rota. Adenrás, el duro comportamiento de su agresor,
atorr¡entadc y cuip,:ble p,:r- lo que ha hecho, aurnenta en ei n[ño {a perceprión de su
prapia culpe [ ] Iuo es inf:ecuente que, tras aconiecimientcs de este t;po, el ;grerlr
muesire una alta exÍgencia nroral o religiosa [...]""

llistóricarnenie, el concepto de [dentlflcacién con e[ agresor ha ser¡¡ido también para designar


Ía adopción que hacen afguna= víctimas de actítudes agresivas hacia otro§, Éorno estrategia pa.a
l'racer frente ai miedo, la indefensión y la profunda incertidumbre. Así, la víctíma se convierte en
agresor en otros contextos, cor''l otras personas, o en ot|'os mGmentos de su desarrollo (por
ejemplo, ei niño agredido qu€, cor'l [os años, se convíerte en padre agresor). Exp{oramos esta
lógica en el siguiente epígrafe, al tratarse de una operación que se juega en el campo de las
relaciones externas.

4.2. Transforrnaciones externas

Las adaptaciones externas que en'rpiea ef niño para sobrevivir pueden comprenderse tarnbién a
la [uz det confticto entre srsten:as cornportamentales distintos. Decíamos en el apartado 3 que,
al sen agredido en condicíones que implden escapar, el niño alterna desorganizadarnente entre
el sístema Ce apego y el sistema defensivo y, cuando estos se muestran incapaces de sacarlo de{
peligro, sobreviene la disociación- Con e{ paso del tienrpo y el aprendizaje, el niño purede
recLlperar cíerto contnol mediante e[ uso de otros sisternas capaces de ejercer mejores
resultados sobre el entorÍlo. Estos sisternas son el de competición, el de cuidados y el sexuaN
(ver cuadro 1 para detalles).
El sisierna de competición busca establecer posiciones dentro de una jerarquía a través
de conductas como [a agresión ritualizada. Elsistema de cuidados busca proteger a [Link] figura a
fa que se percibe corno más vutnerable. Arnbos se manif[estan en [a emergencia de dos patrones
conductuales que desarrollan los niños traumatizados en el medio-largo ptazo. [-a investigación
apunta a que una irnportante proporción de n[ños traumatizados acaba desarroffando
estnategias [nterpersonales de conirol o de reorganización freftte al traurna, que consisten en
aditudes de control, dominación. amenara y agresÍór'r hacia los padres (fo que ha sido calificado
como un patrón interpersonal "coercitivo""), o bien en actitudes de proteccién, empatia y
cuidados conrpulsivos hacia sus padres (lo que ha sido calificado como un patrón interpersonal

-'ibid.
- FER:NCZ:, Cp. Cit.. p. 2ü2
tt iYD¡¡S-R!TH, (. Y JACCB'üllZ. E.. Oc. Cit.
"Ce cr-¡idados"re). Los sistemas de cornportamiento inrplicados en cada uno de estos caminos
son et s¡stema de cornpeticién y e{ de cuidados,
respectivamente. Este uso protector {y
distorsionado) de sistemas alternativos puede verse retroallnnentado por fas respuestas de los
adultos. Así, los adultos que se someten al percibir' [a tiranía o agresividad de{ niño estarían
reforzando e[ uso del sistema de competició[Link] su parte, ios adr.¡ltos que dan señaies de ser
frágites, inestab[es y necesitados de protección estarían favoreciendo eÉ uso s[ster"náticú deI
s[sterfia de cuidados por parte def rriño.
Según Patricia Crittendensc, estos "atajos" hacia la seguridad pueden cristaliear y ganar
en soflsticacién con el crecimiento del niño. Por ejemplo, un bebé zarandeado podría desarroilar
un cuad¡'o de inhib¡ción {el bebé apenas lforaría, apÉnas haría ruido}que, con los años y bajo ef
efecto de una agresión mantenida, podría evolucionar hacía formatos más sofistlcados de
cornplacencia, *beCiencia o c*idado compulsivos. En el otra lado def espectro, las estrategias
coercitivas podríar, e,¡cl';cic¡ar rlesce 1a aita reacti'¡idad ernociona! deI bebe haria icrnras
[Link] de agresid* y Ccminacrón más aCelante en el niño *¿r ¡1ar¿or. Ei precto r¡ás eviCente
de estas defensas És ü,ue : s-jet: renuncia a la comunicaciór'l de su malestar y a ia protecció:t a
rnanos de otros (exper'iencias mediadas por el sisterna de apego). El dolor de la victima se hace
invisibte (ver epígrafe siguiente para rnás detaJles).
Fero tal ue¿ la v;riante más dramática de estas transfor-il-,aciones exte!'n3: !a
encofitramos en los casos en que ios sistemas de apego o de defensa son reÉmplazadas por el
sístema sexual- Richard Kluftr: ha detallado los usos y efectos del "sexo comú arrnÉ"
(we*ponized sex) en acL¡ltos que han sufrído historias de incesto ylo agresión fÍsica. En estas
condiclones, [a sexua{i¿a;ión de fas intenacciones puede apaciguar al agresor, reducir {os daños
y, a la larga, ofrecer a Ia víctima un sentim¡ento de control (al dominar ef deseo en ios oiros, y
asÍ como Ia propia respuesta exua{): "si tu excilación sexual queda congelada o se pone en
marcha de manera cornpulsiva y promiscua, nadie puede controlar o vÍolar tu sexuafidad
nuevarnente [...]"".
Los sistemas de apego y sexuai son muy semejantes en sus manifestacíones exteríores,
io que puede contribuir a Ia confi¡sión entre ambos sisten'las, tanto dentro del niño {para [Link]
e! amor se haria equivalente a ser usado sexualmente por otros) como para algunos adultos
(quienes podrían malinterpreta¡' fos acercamientos del niño cor¡o genuinarnente sexuales),
Abrazar. mirar, tocar, acariciar, besar, etc., son parte del repertorlo de arnbos prograrnas de
comportamiento, que sófo se diferencian en la genitaiidad. Por desgracia, esta excepcisn suele
ser transgredida en [os entornos traumáticos que estamos estudiando.
El sexo corno arma es útÍt para sobrevivir en el escenario traumático original, peno
contribuye a "ciclos recursívos de acciones disfuncionales en [a vida adulta"". La persona que
sustituye su necesidad de defenderse o de ser cuidada por [a sexualidad se expone
inconsc[entemente a L,¡na repeticién de las agresiones originales" Por otro lado, a pesar de las
apariencias, et significado erótico de estos cornportamientos es mínimoto. La sexuafidad ha
qr-:edado vaciada de sus componentes naturales de erotÍsmo y placer, y ha sido relegada a una
mera funcÍón instrt¡mental. Además, [os comportamientos sexuafes de las víctimas pueden
aparecer de manera abrupta y desarroltarse bajo e[ efecto de estados disoc[ativos que, más
tarde, Impiden a la persona recordar ic que ha pasado (taI es el caso, descrito más arriba, de
Andrea).

¿t yiAcoBvtrz,
lyoñs-RuTn. K- D.. op. cit.
'o CRÍTTaNDE|V, F. M. ,qrisrnq parenfs.'Aülach fieftt, t'eprpserttotian, ond treoirnent. Ner,r¡ York, 2016.

l1 __ _ _
Up. Lrt.
KLUI- 1,
" scHWARfz. op. crr., ; 6ri
":i (t-r.-,,FT, op. cit, p. 5
5. INVISIBÍLIDAD, VERGÚENZA E INJUST¡CIA EPISTÉMICA

Como se ha señalado en el aparlado anterior, las victirnas de matrtrato y abuso infantif pr:eden
apartar, aiterar o negar fa percepción de su traurna como estrategia para sobrevívir y rnantener
cerca a los adultos de fos que se depende- Mr.¡chos autores coinciden en afirmar que el entorr']o
puede {y suele} sumarse a esta negación, agravándofa. Esto se produce en el nivel famitiar, pero
también en el sociat; ei maltrato y el abuso sexual infantil causaft en nosotros una rnezcla de
horror, indignacién- fascinación, repulsión e Íncredulidad que, con frecuencia, nos empujan a
negar los daños, desacredita r a la víctima o, sencif lamente, mirar hacia otro ladoll. A
cont¡nuación, expioran.:os tres vias por las que se produce esta colusión entre fas operaciones
negadoras de la victirna y la negac!én en el contextú.

5.1. Fracaso en el reconocimiento

En un prlmer de este f*nónreni; se inclu'¡en {os fallos en el reconocimiento por parte dei ent,¡rno
rnás préximo. Siclor,:w y A:[Link]'sosllenen que la invalidación de[ dolorernocionai dei niña
funciona comú LJn te{cer t¡erxpo en l; consolidacién del trauma interpersonaI temprano. El niñ,:.
que es dependiente Ce Ic; aCultci (prinrer tiempo), recihe pcr parte de alguno de ellos un daño
en fori'na de sobreestimulacién sexual o agresiva (segundo tiempo), tras lo cual sus reacciones
oe dolor, miedo, rabia o sus peticionEs de auxilio son desatendidas, prohibidas o distorsionaCas
por parte del entcrno {tercei' tie;r..pe}" Estos fallos en el reconocinriento pueden tener la iarrna
de un reparto Cistorsicnado de fa resoonsabifidad i"me has provocado hacerte esto"i; una
negación del carácter violento del acto {"fo he hecho para ayudarte a entenden") o de sus efectos
dolorosos ("no seas exagerado", "es imposible que te haya dotido"); o [a arnenaza de mayores
niveles de dolor o aislarniento {"si sigues llorando te daré razones para quejarte", "estás
poniéndome muy nervloso y n']e voy a lr")37-
Al percibir que "[.,.] sus sentirtientos reactivos dolorosos no son bienvenidos o resultan
fesívos para el cuicjador [...]", eI niño necesitará excluir "[.-.] todos los aspectos de su experÍencia
que e[ cuidador no puede totrerar, con Ia esperanza de inrpedir que éste se \laya y se vuelva
inacces[bie- Así, ef niño sacrifica fa con'rpletud de su realidad, sus relaciones y sü vida interior
afectÍva"*. Se articu[a así una connplernentación entre el silencian¡ientc irnpGestü por entorno
y el sifenciarniento ínterno que el niño r;sa como estrategia superviyencÍa[- Las dudas acerca de
la propía experiencia traurnática, las dificuftades para reconocer o denunciar el daño sufrido.
pueden sostenerse sobre una hisioria profongada de negaciones y distracciones co-construidas
entre el entorno y la propia victinra- En ocasiones, el niño lfega a hacer suyas las nonmas
comunicatívas que sostienen la conspiración de silencio, lo que puede acabar provocando
¡mportantes distorsiones cognitivas {arnnesia sefectiva, sensacíón de irrealidad, inhibicién Ce la
curiosidad, etc.).
En esta dinámica cumple un papel muy relevante Ia pasividad de fos "espectadores no
involucrados" (uninvalved bystonders)3e: otros adultos qLle, a pesar de ser conocedores de!
iaño, [o desatienden o renuncian a proteger ai niño. Este personaje del drarrra traurnático es
cómplice de ias negaciones y distors[ones del perpetrador acerca de sus actos, [o que agrava [a
indefensión eI n!ño, su sentldo de aisfamiento o la interpretacién de que, si nadie está haciendo
nada por sacarlo del peligro, es gue no i'nerece ser protegido. Algunas víctirnas de abuso sexuaL
infantil relatan con especial doior e incredulidad [a ausencia de reacción de aquellos que,

t=
HERMAN, op. cit.
'u S-iOLOROW, R. D. y ATwooD. G. E. Los dDnrErtes del ser. Las boses intersubjetivos de la vido psíquico. Barcejona,
20ü4.
" [Link],KY, C. "!'iclimización, recuperación v, las hist¡r:¿; ''cen rl.}ejor forrna''. Ae,listü Sistemos ¡omiiiares y otras
s;§t9/ro§ ht.mí'rna.,val 2.). nr',m. 1-2.2006. pp.5-2C
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" l,qi;ii5. -1. li{- y lRA,./r,rLEY, i\,,i, G, T,"sli,'ftrl ¡irr;cl;l¡;i,,¡,,.;,¡t. ti::r;!i,t.-cr,.L. ,¿llJÍt anuse, lg-q4, hiew ycrk
sahedores del abuso, se comportaban con normalidad. En ocasiones, esta configuración
perversa puede hacer que la victirna se sienta extraña. extranjera, esencíalmente aislada y
dist¡nta a los denlás:

"La unica expf icación a la que podía tlegar es que yo era la que estaba foca, ya que todos
actuaban corno si nada estuviera pasando, viendo [a tele, comiendo y habfando.
Parecían estar pasándosefo bien- Mi padre solía ser más elocuente y n'lás simpático con
los otros niños después de violarme. Estaba rnás tranquilo, e incfuso fes prestaba
atención, algo que era raro en éI. Sentía náuseas, me sentía extraña y, para colmo,
pensaba que Cebía de estar foca sí todos actuaban con tanta normaiidaci. Entonces, me
odiaba a mí,-nisma por no ser cürfto los dernás. Síempre qulse ser norrnal. Ai final, dejé
de pensar en eiio""''Ü

5.2. Vergüenza, o el deseo de esconderse

La vergÜenza es un aspÉcto ie la psicologia postraumáiÍca cuya centralidad defienden muchos


autores, y uno de los factcres que pueden contribuir más poderosarnente a la inrrisibilidad de
las víctimas" La verguenaa del lndivicjuo traumarizado puede responder a una rnultipl¡cidad de
condic[ones gue süñ inherenies ai trai:¡tra relacional temprano (véase cuadro 3].

Cuadro 3- Causas potenciales de vergüenza en vlctirnas de trauma interpersonal ternprano"


Ei dolsr y ta hun-rillación sufridcs dursnte el traurn¿
L¿ incapacídad de haber [Link] c de liaberse p do de los daños
Los síntomas ala o estiematización de la vÍctima
La fragn'lentación e inconsisiencia de Ios recuerdss traurnáticos, y [a conseculente íncredu[[dad det
entornc
La sensación de estar TgEggo,lgtqdo. sucio, jtrnto a la sensacién de ser d¡st¡nto
La incorporación en ello del despreclo o el odio dela
E[ desarro{fo de tendencias sexua[es anómalas, de irnpufsos sexuates alfic¡tes ae ntr p de una
ausencia tota! de sexuafÍdad
La incapacidad de regufar y predecrr Éas prcplas exptosiones afect?vas, ¡l-rnto a ta tend,enci lu uud
agresión y las conductas de riesgc
La difícultad de disfrutar con norr*al
enriquecedoras

Dos aspectos particular-es del trauma pueden agravar especÍalrnente la vergüenea de [a


víctima' Por un trado, junto al miedo y el dolor, algunas victimas de abuso experirnentaron placer,
excitación o un sentimiento de ser especia[es{2. Por otro lado, afgunos níños fueron forzados por
los agresores a ejercer eflos mísrnos alguna clase de agresión o traiclón a otros, como medio
para sobrevivír (es el caso, por ejemplo, de los niños soldado, o de niños sornetÍdos a maltratos
rituales en ef contexto de grupos ref igiosos o de redes de porncgrafía y prostitución infantilar|.
Arnbos escenar[os p*eden inducir en ef sr:perviviente sentín-lientos rnuy intensos de
mezquindad o suciedad mora[, muy difíciles de integrar en el sentido autoblogréfico.
La vergüenza activa respuestas muy especificas: esconderse, desaparecer¡ ser tragado
por [a tierra. Movidas por la verguen:a, algunas viclirnas renuncian a reconocer y comunicar sr-ls

'o scHWARtrz, op. cit, p. 57.


+1
Adaptado de scHWARlz. op. c;t.
- 5HEN6OLD, [Link] nurqer:
t'SCHWARTZ,
Ihe efsrrs il,?i/d/r;od ¡b¿,,se ¡¡d at'¡:ri,,"oÚcn, Boeten, 11g1.
H. t. i¡e alchen'¡ cf woivescndslsep: A reiotionci aporoach tc ífite!-ndl¡zed perpetrdtionrh cr:mpiex
tr¡umo survivars. New Ycrk, 2Cl-j,
daños, a buscar o aceptar [a ayuda, o a beneficiarse de las oportunidades de intirnidad
interpersonal potencialrnente reparadoras que se Ies presentan. En los casos rnás graves, la
vergÚenza sería cornpensada por defensas negadoras y rnaníacas: no me ka pasada nodo; mi
rtidu ho sido pe$ectarnente norrnoÍ; estay bien; soy inttutnerable.
Se desarrolla un "falso self"'#
basado en fa invulnerabilidad, ia omnipotencia y el desprecto de los otros, por un ado. o basado
f

en la {pseudo}normafídad, ia a[egría defensiva o fa conrplacencia. po,r el otro. para ev[tar la


vergüenza, a[gunas víctirfias flegan a hacer falsas declaraciot'tes de habei, rnentido cr:ando
previarnente denunciaron una historia de abuso*5. Las consecuencias destructivas de estas
lógicas para la victima, y el ernpeoramiento de su invisibilidad sociat se hacen, así, cada vez rnás
díficíles de revertir.

5.3 lnvísibiiidad e injusticia eplstérnica

Con frecuencia. 'r' ri :siilo interpersonal de las victimas son fragrne¡:talos e


la ide*ticai
[Link] sen:,r¡ien:L:s ¿,:E.c¡ de si rnismos y de los demás cambian rápida y
drásticamente. 5u pi'esent:rion pública aiterna eñtre mostrarse corno victirnas mereredoras Ce
iusticla y protección y rnüsti"arse romc personas omnípotentes, invulnerables. La visién que
tienen de sus cuidadores originares y de los actueles {terapeutas, abogaCos, parejas} p*eCe
transitar de la ideaiización a la de'¡:luacíon extremas. Estos índir¡iduos pueden pasar de [a
agresién aLrto-dirigida (1as auto-lesiones. la ideacíón suicida, las conductas de ríesgo, etc.] al
maltrato de oiros. EI relato que nos presentan acerca de su histona es confuso, está lleno Ce
[apsos narrativos difícltes de seguir, u oscila entre versiones íncongruentes.
Históricarnente, las alteraciones q{.¡e estoy describíendo han sostenido una percepciór.l
sociai de las víctimas corno manipuladoras. Tal fue el caso de las rnujeres diagnostlcadas de
hístería quienes. hasta finales del siglo xlX, fueron objeto del desprecio social y de tratarnientes
muy coercitivostó. En ta actuatidad, muchas víctirnas siguen provocando el desconcierto, la
incredulidad y toda una serie de [Link] negativas en la cornunidad profesionat, por e;enlpf o,
ta percepción que existe en los equipos hospitalarios sobre fas pacientes con Trastorno Límite
de Personalidad (TLP) (una patologia muy asociada alabuso sexual infantitlsuele estar dividida:
a[gunos profesionates ven a estas pacientes corno mujeres indefensas, dañadas, que necesitan
protecclón y un e tlidado rnuy atentú; otros profesionales [as ven romo n:ujeres manipuladoras.
agresivas, complicadas, fl'ente a las que es imperativo estahlecer tímites y controla?. Así, el
funcionamiento nrental fragmentario de las víctimas fragmenta la percepción social que se tiene
Ce ellas. La víctima corno ser completo pierde visíbilidad a f¿vor de un reconocimiento y de
respuestas que son parciales. Detectar ia presencia def trauma detrás de este funcionamiento
puede sen difícil, lo que concuce a la atribución de diagnósticos erróneos y la adrninistración
de
tralarn¡entos inadecuados e incIuso nocivos.
Una ¡lustración dolorosa de este fenómeno la encontrarnos en el tratarniento diferencial
que se da a los niños que emplean estrategias de control basadas en [a coerción
o en el cuidado
cornpulsivo ('réase más arriba para detalles). Las estrategias coercítivas pueden rnanifestarse en
forma de cor¡portamientos probternáticos (impulsividaci, oposicionismo, agresión) que
conducen habítuafrne*te a diagnésticos tales como Trastorfto por Déficit de Atención con
Hiperactividad o Trastorno Oposíc¡Gnista Desafiante, los ct-rates se asocian a tratamientos
farmacolégicos ylo tratamientos de modificación de ia conducta. Estos tratamientos pierden de
vista dos elementos esenciales, En prirner lugar: ias actitr-ides def niño pueden entenderse conno
signos de una configuración defensíva {ur'}a estraiegia de supervivencia) nrás qtre sirnples
indicadores de un trastorno, En segundo lugar: la conducta problerrrática del níño puede

" Wlrr¡NlcGl.f, D. W. "Ego dlstortion in terms cf i:ue and í¿lse self'. en WINlrllCOTT, D. W., The rnaturational
[Link]És dnd thp füc¡l¡toiinq environffenf, Loridon, ij65, pp. t 40-152.
SCHIVARTZ" Op. Cit.
,-
-" rERtulÁ.N, Oq. C¡t.
- l,lc$jlLtlAMS. Op. C¡r"
entenderse como una propiedad del entorno refacional en el que éste ha crecido, nrás que del
propio niño. En el otro lado del espectro encontramos al niño que emplea estrategias de cuidado
compulsivo. Dichas estrategias suelen condicionar díversas formas de sobreadaptación: el nlño
se vuelve considerado, atento, se hace cargo de las necesidades de los adultos, es considerado
y soclalrnente fácíta3. Estos cornportamientos suelen ser elogiados en ias áreas sociaf, escolar y
clínica, [o que re{orzaria la defensividad de las victimas, así corno ta invisibilidad de sus daños-
Estar¡ros ante respuestas socioculturates cuyo efecto es equiva[ente al de Ia disociaclón:
separan el comportarniento actual de las personas de sus antecedentes históricos. [-as vÍctirnas
se ven enuueltas en una dinár'nica que reproduce las tégicas de negación y de dominación
pnopias deltraurna o;'iginal. Estas paradojas pueden verse corno una forma de lo que Miranda
Fricker denornina "inju;ticia epistérnica"al. es deci¡', un fracaso socíalen ia proiección de los más
vulnerables q*e resuita dE una tinritacién en nuestro conccimiento sobre los dañost'it.

6. CONCTUSIONES

Ei trauma psicolégíco en s€res hunnanos tiende a auto-perpetuarse. Esta tendencia es


especialrnente acusada para fos t:[Link] interpersonales tenrpranos que se producen de forma
repetitiva en el contexto de relaciones de apego: ef maftrato fisico o emocional y el abuso sex¡."tal
a manos de adultos de referencia.
En estas condiciones, ta victlma suele encontrarse frente a un problema interperscnal
sin sotución: eI adulto es ag!'esor y a1 mismo tiempo fr¡ente de cu[dados. La imposibilidad cie
resolver este conflicto entre apego y defensa desorganiza el cornportarniento relacional del
niño, lo deja atrapado en una secuencia contradictoria de aproxirnación y alejarniento respecto
a la figura de apego. EI miedo y ef dotor pueden aurnentar hasta hace¡'se intolerables, lo que
conduce al despliegue de estrategias orientadas a dlsmínuirel dolor, aumentar la sensación de
control, y mantener e[ vínculo con ese agresor del que se depende.
Los estados disociativos, la fragmentación de Ia identidad (o disociación estructural), la
identificación con el agresor, eI despliegue de estilos relacionales basados en la coerción, el
cuidado compulsivo o la sexualizacién de las relaciones son atrgunas de las respuestas que el niño
emptea para sobrevivir frente al traurna. Estas estrateg[as tienden a acoplarse a las dinár'nicas
de no reconoc[miento e invisibilización de las víctimas gue se producen en e[ entorno, desde [a
famitia hasta la cultura. La combinación de ambos fenómenos hace a la víctima vutnerable a la
retraumatización. La víctirna queda atrapada en la vergüenza, el autodesprecio, las dudas sobre
su historia traurnática o las dificultades para recordar. Sus comportamientos pueden lirnítar sus
oportunídades para establecer reÍaciones potencialrnente reparadoras o aprovechar las ofertas
de ayuda y de cuidado.
Tal y como sugeri al comienzo de este capítuto, el reconocimiento de estas dinárnicas,
junto a nuestra habilidad para describirlas y denunciarlas, es un paso fundarnental a la hora de
revert[r ]os círcu[os viciosos en Ios q{le están atrapadas mulchas víctimas. De este
reconocimiento debería derivarse una visión integral (vs parcializada), nigurosa (vs basada en un
uso precípitado de categorías diagnósticas o tratarnlentos que no ayudan) r¡ compasiva (vs
est¡Bmatizante) de estas personas.
La psicología de la víctirna nos enfrenta a aspectos tímEtes de nuestro funcionamiento
mental: la rnaleabilidad de Ia identidad y de la rnernoria, Ia capacidad de fragrnentación del
psiqulsrno, nuestra capacidad de hacer interno un daño de origen externo, entre otros. Conocen

* cR;TTENDEN. op. cit.


"t CKER, W. Epistemic lniustice: Power cnd fñp etn/§s cf knowing. !\ew york, 2007.
FRf
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las particularidades del traurna relacional ternprano. sus forn:as de desarrolfo y de repetición, y
reconocer a quienes lo han sufrido y siguen sufriendo se nos presenta, así, como una vía posible
para reeficontrarnos con [a hurnanídad de la que todos participamos y estamos hechos.

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