Universidad de Xalapa
Licenciatura en Derecho
Cuarto Semestre
Asignatura:
Teoría General del Proceso
Mtro. Hugo Alberto Esperilla Castro
Reporte de Investigación “Proceso y
procedimiento”
Reportado por Mauricio Martínez Jerez
Presentado en fecha 22/05/2023
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Contenido
LA NATURALEZA DEL PROCESO Y EL PROCEDIMIENTO ......... 3
TIPOS DE PROCESO ............................................................... 4
OBJETO DEL PROCESO .......................................................... 6
BIBLIOGRAFIA ..................................................................... 12
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LA NATURALEZA DEL PROCESO Y EL PROCEDIMIENTO
Para establecer estos dos conceptos, necesitamos definir que hay una clara
diferencia entre proceso y procedimiento, el “proceso” implicaría una serie de actos
o fenómenos que se suceden en el tiempo, mientras que el “procedimiento” es un
método, un esquema, una forma de hacer las cosas. En el lenguaje técnico-jurídico,
sin embargo, despliegan un significado distinto, aunque se mantienen algunas
conexiones con el lenguaje común.
A primera vista, pueden parecer sinónimos, pero hay algunos matices que los
distinguen y pueden cobrar una cierta importancia; por una parte, la palabra
“proceso” se reserva para el ejercicio del poder jurisdiccional, pero no para otras
instituciones jurídicas que presentan una cierta similitud. Por ejemplo, una multa de
tráfico se tramita por medio de un procedimiento administrativo en el que se suceden
una serie de actos en el tiempo, se aportan pruebas si es necesario, se hacen
alegaciones, etc., pero no puede hablarse de proceso administrativo, salvo que el
sujeto sancionado decida impugnar la resolución ante el orden contencioso-
administrativo, una vez haya agotado la vía administrativa.
En el marco de la actuación jurisdiccional, el proceso es lo mismo que el litigio o el
pleito, esto es, un determinado conflicto o controversia entre dos o más sujetos (las
partes) que, una vez ejercitada la acción, resuelto por el poder judicial aplicando el
Derecho. Desde esta perspectiva, podría decirse que el proceso no es otra cosa
que el ejercicio y contenido de la actividad jurisdiccional en un supuesto concreto.
En cambio, el procedimiento se refiere en principio a la sucesión ordenada de actos
procesales a través de los cuales el proceso se sustancia, es decir, se manifiesta,
toma forma, se lleva a cabo; se refiere por tanto a la manifestación externa y formal
del proceso. Si se utiliza el esquema metafórico del continente/contenido, el proceso
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sería el contenido, mientras que el procedimiento sería el continente. De la misma
manera, un contrato, en sí mismo (contenido), no es más que un acuerdo de
voluntades, que puede manifestarse o no a través de un documento escrito
(continente); un despido es la extinción unilateral de un contrato de trabajo
(contenido), que puede y debe tomar forma a través de una “carta de despido”
(continente).
Cada uno de los actos procesales debe realizarse en el momento procesal oportuno,
es decir, en la fase fijada en abstracto en las normas de procedimiento. Por ejemplo,
el juez no puede inadmitir, la demanda durante el juicio oral ni puede dictar
sentencia en la fase de la contestación a la demanda; tampoco las partes pueden
proponer testigos cuando el asunto está visto para sentencia. Esto es así por
razones de orden lógico y necesidades organizativas; de hecho sucede en cualquier
actividad humana que se organice en torno a un esquema ordenado de actos que
se suceden en el tiempo (nadie espera que los novios inauguren el baile antes de
comenzar el banquete de bodas o que el cliente de un restaurante pida la cuenta
antes de que le sirvan la comida). Pero, además, en el marco del proceso, es
especialmente importante que todos los actos se realicen de manera ordenada para
garantizar la igualdad de las partes y el principio de audiencia.
TIPOS DE PROCESO
PROCESO DECLARATIVO Y PROCESO EJECUTIVO
Los procesos declarativos o procesos de cognición (“cognición” significa
“conocimiento”) son aquellos en los que el órgano judicial conoce, es decir, juzga,
un conflicto concreto, dictando una resolución que responde a las pretensiones
planteadas mediante la aplicación del Derecho. Una vez que el órgano judicial se
ha pronunciado formalmente, se espera que los destinatarios de la resolución la
cumplan voluntariamente, pero ello no siempre sucede así (por ejemplo, puede
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suceder que el empresario se niegue a readmitir a un trabajador o que la empresa
demandada desaparezca del mercado). En estos casos, la parte afectada por el
incumplimiento puede emprender un proceso ejecutivo (o de ejecución). Nos
ocuparemos del proceso ejecutivo más adelante de manera que en este tema nos
referiremos exclusivamente al proceso declarativo, salvo que se indique otra cosa.
Algunos procesalistas mencionan un tercer tipo de proceso llamado proceso
cautelar; consiste en una serie de medidas vinculadas a un proceso principal y
destinadas a asegurar la eficacia de éste (por ejemplo, una prisión provisional en el
orden penal o un embargo preventivo).
LAS MODALIDADES PROCESALES
En nuestro ordenamiento procesal laboral existe una “modalidad de procedimiento”
de carácter general, que se llama “proceso ordinario”, así como una serie de
modalidades especiales que se adaptan a la especificidad de algunas materias, y
se denominan “procesos especiales” (se utiliza aquí la palabra “proceso” de manera
relativamente impropia como sinónimo de “modalidad procesal”), el proceso
ordinario regula el núcleo básico de las reglas de procedimiento en el orden social
y opera siempre en ausencia de regulación específica.
Así pues, de un lado, se tramitará por el proceso ordinario cualquier materia que no
esté referida en la regulación de los procesos especiales (por ejemplo, una
reclamación de cantidad, o una extinción indemnizada del contrato de trabajo a
iniciativa del trabajador fundada en un incumplimiento del empresario); de otro lado,
los procesos especiales se limitan a establecer algunas especialidades, de manera
que supletoriamente rigen las reglas del proceso ordinario; por esta razón, podría
argumentarse que no constituyen modalidades procesales en el sentido más
estricto del término, sino que más bien se establecen algunas peculiaridades en
función del objeto del proceso.
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OBJETO DEL PROCESO
LA PRETENSIÓN Y LOS TIPOS DE PRETENSIONES
El objeto del proceso, en virtud del principio dispositivo, viene determinado por las
partes: consiste en la pretensión de la parte actora, así como en la causa de pedir
(hechos sobre los que se fundamenta la pretensión) y la resistencia de la
contraparte. La pretensión es el el contenido de la petición o solicitud que se
demanda a los Tribunales para resolver un conflicto de intereses conforme al
Derecho aplicable. Las pretensiones pueden ser de tres tipos:
1. Pretensiones puramente declarativas: demandan simplemente que el órgano
judicial declare cuál es la solución que el Derecho proporciona a un problema
concreto (por ejemplo, un conflicto colectivo planteado en la interpretación
general de la cláusula de un convenio colectivo). Ahora bien, no se admiten
las pretensiones declarativas puramente hipotéticas, es decir, las que no se
refieren a conflictos concretos, sino que se limitan a plantear dudas jurídicas.
2. Pretensiones constitutivas: persiguen la creación, modificación o extinción de
una relación jurídica; el cambio se produce a través de la resolución judicial,
que no se limita a reconocer un “estado de las cosas” previo; así sucede, por
ejemplo, con el divorcio. En el orden social el ejemplo más típico es la
extinción del contrato de trabajo por voluntad del trabajador fundada en un
incumplimiento del empresario (art. 50 ET), que debe ser decretada por el
órgano judicial competente y despliega sus efectos a partir de la sentencia.
3. Pretensiones de condena: son las pretensiones más comunes; no sólo
pretenden que se declare cuál es el Derecho aplicable a un caso concreto,
sino también que, en base a esa solución, se obligue al demandado a hacer
algo, a abstenerse de hacer algo o a dar algo al demandante. Por eso, las
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pretensiones de condena se dividen en pretensiones “de dar”, “de hacer” y
“de no hacer”.
LA ACUMULACIÓN (OBJETIVA) DE “ACCIONES” (PRETENSIONES)
La LPL regula en sus artículos 27 y 28 una institución jurídica que denomina
“acumulación de acciones”. En términos estrictos, el término es impropio, dado que
no son las acciones las que se acumulan (hemos visto que la acción en la actualidad
no es más que el derecho a demandar a los tribunales una solución jurídica a un
conflicto, derecho que se deriva del art. 24.1 de la Constitución); en realidad, lo que
se acumulan son las pretensiones, es decir; la llamada “acumulación de acciones”
supone que el demandante, al ejercitar la acción, solicita pretensiones diversas con
objeto de que sean enjuiciadas en el mismo proceso (que tendrá, por tanto, un
objeto múltiple).
La regla general es que el demandante puede acumular en su demanda todas las
pretensiones que quiera ejercer contra un mismo demandado, siempre que el
órgano judicial sea competente para enjuiciarlas todas, sin que estas pretensiones
tengan que tener forzosamente conexión entre sí. Por ejemplo, un trabajador
reclama que el empresario no le ha pagado el último mes y al mismo tiempo
impugna la duración de su jornada semanal por considerar que se opone a lo
previsto en el convenio colectivo aplicable. La acumulación de acciones se permite
para facilitar el acceso de los ciudadanos a la jurisdicción, en beneficio de la tutela
judicial efectiva, puesto que, si fuera preciso articular un proceso distinto para cada
situación conflictiva, se desincentivaría la defensa de los derechos a través de la
acción judicial.
LA ACUMULACIÓN SUBJETIVA DE “ACCIONES” (PRETENSIONES)
La acumulación subjetiva puede ser de dos tipos:
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o Varios demandantes pueden acumular en una sola demanda las
pretensiones que tengan contra un mismo sujeto. En estos casos, se
produce una situación de litisconsorcio activo. Por ejemplo, el
empresario no paga a ninguno de sus trabajadores y éstos se agrupan
para formular una demanda plural.
o Un sólo demandante puede acumular las pretensiones que tenga
contra varios sujetos. En estos casos, se produce una situación de
litisconsorcio pasivo. Por ejemplo, una trabajadora víctima de acoso
sexual reclama una indemnización al trabajador responsable y pide a
la empresa la extinción indemnizada de su contrato de trabajo más
una indemnización distinta para compensar los daños adicionales
provocados por la actitud que adoptó la empresa en el procedimiento.
La condición impuesta por la ley para permitir la acumulación es que las
pretensiones acumuladas se funden en la misma causa de pedir, es decir, en los
mismos hechos, al contrario de lo que sucedía en la acumulación objetiva. Así, si el
trabajador A quiere reclamar el salario del último mes y el trabajador B pretende que
su jornada es ilegal, no pueden sumar sus pretensiones en una única demanda, lo
que sí podría haber hecho un sólo trabajador que quisiera efectuar estas
reclamaciones frente a un mismo empresario. De la misma manera, un
pluriempleado no puede emprender una demanda que resuelva dos conflictos que
tiene con cada una de sus empresas, no conectadas entre sí. Debe tenerse en
cuenta que no todas las situaciones de litisconsorcio se deben a una acumulación
subjetiva de acciones, dado que no siempre se suman pretensiones diversas. Varios
demandantes pueden reclamar una única pretensión: por ejemplo, tres sindicatos
pueden impugnar en una misma demanda un mismo convenio colectivo, que los
tres consideran ilegal (y la pretensión es la nulidad del convenio).
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De la misma manera, pueden ser varios los demandados y única la pretensión: así,
por ejemplo, si el trabajador de una empresa contratista reclama dos meses de
salario a su empresa y al empresario principal en virtud de un mecanismo de
responsabilidad solidaria, la pretensión es única (dos meses de salario), sólo que
los demandados son dos, porque puede reclamarse a cada uno de ellos la totalidad
(el “solidum”) de la deuda, con independencia de que después el que pagó pueda
repetir frente al otro.
LOS ACTOS PROCESALES
Se recordará de la teoría general del Derecho que un hecho jurídico es un
acontecimiento al que el ordenamiento jurídico concede relevancia, produciendo la
creación, modificación o extinción de relaciones jurídicas; cuando este hecho es
provocado por la conducta humana consciente y voluntaria, se le llama “acto
jurídico”. Los actos procesales son los actos jurídicos que crean, modifican o
extinguen relaciones jurídicas en el seno del proceso; se clasifican en función de la
persona que los emite:
1. Actos de parte:
-Peticiones: solicitudes al órgano judicial; las peticiones pueden ser de fondo
o de forma. Las peticiones de fondo integran la pretensión o la resistencia;
las peticiones de forma tienen un carácter instrumental y se refieren a
aspectos procesales (por ejemplo, que se admita a un testigo).
-Alegaciones: actos mediante los cuales las partes aportan al proceso los
hechos que fundamentan sus solicitudes y, en su caso, transmiten al órgano
judicial argumentos jurídicos que justifican sus pretensiones. Al final del
proceso y antes de que el juez dicte su resolución, las partes efectúan una
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serie de alegaciones que valoran globalmente el resultado del proceso y se
denominan conclusiones.
-Actos de prueba: actos mediante los cuales las partes pretenden acreditar
los hechos alegados, convenciendo al juez o a los magistrados de su
veracidad.
2. Actos del juez o tribunal:
La mayor parte de los actos del juez o tribunal (aunque no todos) encajan en la
categoría de resoluciones, esto es, decisiones judiciales. Las resoluciones pueden
ser de carácter jurisdiccional -si suponen ejercicio de jurisdicción en aplicación de
derecho material o procesal-, o bien de carácter gubernativo; en este último caso se
denominarán acuerdos.
3. Actos del secretario judicial
Las diligencias de ordenación son los actos del secretario por los cuales se impulsa
formalmente el procedimiento, dándole el cauce previsto por la ley (art. 52.1 LPL);
pueden revisarse por el juez o el magistrado ponente de un tribunal, de oficio (art.
52.3 LPL) o a instancias de parte (art. 52.4 LPL), resolviéndose el recurso por
providencia.
-Las diligencias de información: actos del secretario por los que se informa a los
interesados del estado de las actuaciones judiciales
-Las diligencias de constancia: actos del secretario por medio de los cuales se
documentan los actos procesales que no constan por escrito, como, por ejemplo,
las actas del juicio oral.
-Las propuestas de resolución: actos del secretario que sirven para preparar las
providencias o autos que finalmente son emitidos por el juez
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[Link] de comunicación
Todas las resoluciones judiciales y las diligencias de ordenación deben ser
notificadas a las partes y a todos los interesados que pudieran sufrir algún perjuicio.
Existen artículos que regulan estos actos con cierto detalle; esta regulación se
orienta a evitar la indefensión y garantizar por tanto a las partes el derecho de
defensa que forma parte del derecho a la tutela judicial efectiva. Los actos de
comunicación pueden ser de distintos tipos:
-Las notificaciones se limitan a informar al interesado de la resolución.
-Los emplazamientos dan un período de tiempo para realizar un acto procesal.
-Las citaciones: llaman al receptor para que comparezca ante el órgano judicial con
objeto de realizar un acto procesal.
-Los requerimientos: son actos de intimación, es decir, comunicaciones en las que
el órgano judicial exige a una persona que haga o deje de hacer algo, de manera
inmediata o señalando un plazo.
-Los exhortos: son actos de comunicación entre distintos órganos judiciales.
-Los mandamientos: son actos de comunicación entre el órgano judicial y
determinados profesionales para pedirles determinadas certificaciones: agentes de
cambio y bolsa, notarios, corredores de comercio, registradores de la propiedad,
mercantiles y de buques.
-Los oficios y exposiciones: son actos de comunicación entre el órgano judicial y las
Administraciones públicas. Las exposiciones se refieren a autoridades de mayor
jerarquía o a ocasiones de mayor solemnidad.
[Link] y forma de los actos procesales
Los actos procesales deben realizarse en días y horas hábiles, salvo que el órgano
judicial especifique lo contrario (arts. 43.1 y 43.5 LPL). Son días inhábiles a estos
efectos los sábados, domingos, festivos, el 24 y 31 de diciembre y todo el mes de
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agosto (182-183 LOPJ); serán hábiles los días de agosto en los procesos
declarados urgentes (en el orden social los enunciados en el art. 43.4 LPL.) En el
último día del plazo, las partes pueden presentar sus documentos en el registro del
Juzgado de Guardia si no estuviera abierto el registro del órgano competente, pero
al día siguiente hábil deberá comunicarse este hecho al órgano competente.
Los plazos señalados para las partes son perentorios e improrrogables (43.3 LPL),
de manera que, una vez transcurridos, operará la preclusión, salvo que
expresamente se permita llevar a cabo el acto en un momento posterior. El
transcurso de los plazos previstos para el órgano judicial sin llevar a cabo el
correspondiente acto, no tiene efectos sobre el proceso, aunque puede implicar
responsabilidades disciplinarias o indemnizatorias (art. 132.3 LEC) si la conducta
del juzgador carece de justificación.
BIBLIOGRAFIA
1. Martínez Pineda, Angel, El Proceso Penal y su Exigencia Intrínseca , Editorial
Porrúa, México, 1993, p.4.
2. Rivera Silva, Manuel, El Procedimiento Penal , Editorial Porrúa, Duodecima
edición, México, 1982, p.183.
3. Martínez Pineda Angel, Ob. cit., p. 2.
4. Idem, p. 5.
5. Idem, p.5.
6. Briseño Sierra Humberto, El Enjuiciamiento Penal Mexicano , Editorial Trillas,
Tercera impresión, México, 1988, p. 19.
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