La colección Océanos y Libros nos pone La vida de los venezolanos tiene la necesidad de expresarse a través del cuen- 04 Océanos
cuen- 04 Océanos y Libros GEIDY ANTONIETA QUERALES ORTEGA
en contacto con la magia narrativa de América. to, un género literario que les permite encapsular la realidad: vivir una historia de es venezolana, doctora en Filología Hispánica por
Volúmenes imprescindibles para navegar amor, matar, gritar, olvidar, recordar. Será por esto por lo que la propuesta de Or- la Universidad de Zaragoza. Trabajó como profe-
por su literatura. lando Araujo de nombrar a Venezuela el «país de los cuentos» tiene sentido. Ne- sora en distintas universidades y colegios venezo-
Cuentos de Venezuela
cesitamos contarnos, necesitamos contar. Pero para conocer las historias de esa lanos. Actualmente se dedica a la enseñanza y a la
Océanos y Libros
1. Libro de cuento nicaragüense. necesidad tan nuestra, se requieren rutas, todo país las tiene. En esta antología, a investigación.
Nicaragua cuenta modo de portulano, proponemos veinte textos de autores y épocas diferentes que
Ed. de Arquímedes González consideramos buenos ejemplos del quehacer literario venezolano, de esa necesidad Líneas portulanas
y Karly Gaitán Morales de expresarse que se llama cuento.
Prólogo de Sergio Ramírez Edición de
Geidy Antonieta Querales Ortega
2. Antología de narrativa panameña
contemporánea. Cuentos de Panamá
Ed. de Edilberto González Trejos
y Mónica Miguel Franco
3. Antología de relatos ecuatorianos actuales.
Ecuador en corto
Ed. de Carlos Ferrer
Cuentos de Venezuela
ISBN 978-84-1340-436-3
Cuentos de Venezuela
Líneas portulanas
Edición de
Geidy Antonieta Querales Ortega
PR ENSA S D E L A U N I V ER SI DAD D E Z AR AG OZ A
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obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la
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© Los autores
© De la presente edición, Prensas de la Universidad de Zaragoza (Vicerrectorado de Cultura y
Proyección Social) y Gobierno de Aragón
1.ª edición, 2022
Diseño de la cubierta: Isidro Ferrer
Colección Océanos y Libros, n.º 4
Directores de la colección: Juan Bolea, José Luis Calvo Carilla y Daniel Mesa Gancedo
Prensas de la Universidad de Zaragoza. Edificio de Ciencias Geológicas, c/ Pedro Cerbuna, 12
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ISBN 978-84-1340-436-3
Impreso en España
Imprime: Servicio de Publicaciones. Universidad de Zaragoza
D.L.: Z 376-2022
Al escritor Orlando Chirinos, el Gran O.
En memoria
Cartografía.
Líneas para un portulano, una antología
Geidy Antonieta Querales Ortega
I. En la dirección de los vientos
La antología de cuentos venezolanos que reunimos para
la colección Océanos y Libros nos ha parecido un viaje; tal
vez porque desde el primer momento estas palabras tienen
mucho de viaje: algunas veces, significan tránsito obligado
y otras, el viaje en sí mismo (partida, tránsito y destino); tal
vez porque el océano es el protagonista, bueno y malvado,
de miles de historias que solamente podemos navegar si
nos embarcamos en las páginas de un libro o porque el
Atlánt ico es el espacio ineludible entre España y Venezue-
la; tal vez porque los libros son símbolo de las profundida-
des desconocidas de ese océano que somos o porque son
algún tipo de rosa de los vientos, símbolo-guía, amable y
estéticamente hermoso, que nos señala con múltiples lí-
neas la ruta durante el viaje para no perder el norte, el sur,
el destino. El nuestro es el cuento venezolano, territorio
que ya ha sido cartografiado a diferentes escalas, represen-
tado en cientos de mapas (topográficos, geológicos…) y
9
descrito en otro buen número de itinerarios que dan cuen-
ta, sin perder detalle, de su historia y de su geografía toda.
En la Propuesta para un canon del cuento venezolano del
siglo xx (2014), los compiladores abren su trabajo haciendo
referencia a unas palabras de otro crítico, Orlando Araujo,
que caracterizó a Venezuela como «país de los cuentos, un
espacio geográfico latinoamericano que, efectivamente, cuen-
ta en su patrimonio» (2014: 11). Encontrar ese patrimonio es
también parte de este viaje.
Las palabras océano y libro nos llevan, pues, a fijarnos en la
estrecha relación que hay entre cartografía, literatura y viaje.1
1 La relación entre cartografía y literatura es antigua. Buenos ejemplos
de esta conexión son la recepción y el estudio de la Geografía de Ptolomeo
durante siglos; el protagonismo de la cartografía marítima en la literatura
de viaje que se desarrolló en Inglaterra a lo largo del siglo xviii: las obras de
Daniel Defoe Robinson Crusoe (1719) o Moll Flanders (1722), o Los viajes de
Gulliver (1726) de Jonathan Swift; las novelas de aventura de Julio Verne, los
mapas dibujados por Hergé para las distintas aventuras de Tintín o los dibu-
jados por el propio Tolkien para El Hobbit (1937) y El señor de los anillos
(1954). En cuanto a Venezuela, lo que nos ocupa, a pesar de que la situación
geográfica del país lo ha hecho protagonista de mapas desde el primer
momento del descubrimiento, no consideramos que haya muchas muestras
de esta relación. Ya en este siglo y como muestra de la literatura de fantasía,
Ricardo Riera en su novela Dragún (2010) incluye un mapa, también lo hace
Andrés Hidalgo en la saga Los cuatro reinos (2012, primera publicación), pero
no nos atrevemos a hablar de una tradición en este sentido; no obstante, cree-
mos que el reiterado protagonismo de la geografía y de sus diferentes paisajes
(natural, rural, urbano, marítimo) en la obra de muchísimos autores venezo-
lanos tiene intención «cartográfica»; es decir, hay una necesidad de trazar
límites y darle forma al país desde la literatura, especialmente, desde los
géneros del cuento y la novela. La cartografía también ha sido imaginada.
Ahora bien, este oficio cartográfico lo vemos mucho más claro en la crítica
literaria que recurre a esta metáfora para, de nuevo, intentar conocer la
dimensión de los distintos géneros. No podemos dejar de citar Nación y lite-
ratura: Itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana (2006), en el
que bien puede tomarse la palabra itinerario en el sentido cartográfico, la
«Hoja de ruta» que propone Carlos Sandoval en su antología De qué va el
cuento: antología del relato venezolano 2002-2012 (2013); Pasaje de ida: 15
escritores venezolanos en el exterior (2013) de Silda Cordoliani; el Nuevo país
10
Como parte de esa relación —y como metáfora—, esta antología
solo puede ser un portulano,2 una de esas cartas náuticas anti-
guas trazadas a mano por cartógrafos (in)expertos que en valor
tenían reconocer la importancia de ofrecer nuevos y seguros
rumbos en un viaje que casi siempre era arriesgado e incierto; en
este sentido, los distintos elementos presentes en esas cartas
náuticas (líneas, rosa de los vientos, nudos…) nos servirán de re-
ferencia para presentar los criterios, autores y puntos de encuen-
tro de este proyecto que nos parece eso, un portulano, no solo
porque estos documentos son fundamentales en los viajes: este
va de España a Venezuela —como si de una nueva «exploración»
se tratara—; sino, también, por lo que supone actualmente para
nosotros, los venezolanos, dibujar el país desde dentro o desde
fuera. La cotidianidad, la diáspora y el exilio también tienen, eso
parece, vocación de cartógrafo o, en su defecto, necesidad pri-
maria de serlo porque para saber cuál es nuestro sitio o para en-
contrarnos necesitamos un mapamundi.3
Como sabemos, con la llegada de Chávez al poder a finales
del siglo xx (1998) y el desarrollo de su proyecto político, la
revolución bolivariana, Venezuela comienza a vivir la trans-
de las letras (2016) presentado por Antonio López Ortega o, nuevamente, el
«Itinerario» que a modo de introducción presenta los textos reunidos en
Escribir afuera. Cuentos de intemperies y querencias (2021), compilados por
Katie Brown, Liliana Lara y Raquel Rivas Rojas. La cartografía como metá-
fora (en los paratextos, a primera vista).
2 Resulta interesante comentar que existe el método Portulano,
basado en las teorías cartográficas y en la teoría de la semiología gráfica
de Jacques Bertin y utilizado en investigaciones interdisciplinarias de las
ciencias sociales. Al respecto, véase el artículo de Horacio Bozzano «Car-
tografías: el método Portulano. Mapas atractivos donde se justifique tra-
bajar con mapas» (2009).
3 Creemos que esta perspectiva «cartográfica» desde la que nos
acercamos al cuento venezolano no solo es pertinente en este contexto
literario, sino que también puede servir como metáfora en otros espacios
porque la sociedad venezolana forma parte de los grandes movimientos
migratorios que tensan las fronteras en distintas partes del mundo
actualmente
11
formación más grande que haya experimentado y que parece
no acabar. Todo ha cambiado radicalmente en cuestión de
años y el deterioro político, social y económico que ha dejado
este proceso es incuestionable. Ningún espacio de la vida pri-
vada o pública de los venezolanos escapa a esta circunstancia
histórica, vital. Todo, de una u otra manera, está condiciona-
do por esta realidad múltiple.
Hacemos referencia a la compleja realidad venezolana por-
que, obviamente, la literatura de los últimos tiempos también la
viene padeciendo, lo que se hace evidente en la irrupción (en
todos los géneros) de los temas de la diáspora, el exilio, la me-
moria, el olvido, entre otros cercanos, como consecuencia de
la experiencia migratoria de los escritores que tomaron la de-
cisión de salir del país o fueron obligados a hacerlo; o temas
como la situación del país con su violencia incontrolable y la
decadencia política, económica y social. Igualmente, el cambio
en el sistema editorial, dividido entre las editoriales manejadas
por el Estado (Monte Ávila, El perro y la rana, por nombrar dos
conocidas y de mayor impacto nacional), el surgimiento de nue-
vas editoriales independientes que resisten (Editorial Eclepsi-
dra, Bid & co, Lector Cómplice, Monroy Editor) y la desapari-
ción de otras internacionales (como Alfaguara, que dejó de
publicar en el país, o Santillana, que solo conserva las publica-
ciones de libros de textos y de literatura infantil y juvenil).
Otro gran cambio que ha traído la realidad venezolana es
la digitalización de la literatura (un espacio que también de-
bería ser cartografiado) como un medio de divulgación no
solo de la producción de los escritores y poetas, sino también
de los investigadores. La distancia geográfica queda reducida
a una escala «2.0» en las redes sociales y nos permite partici-
par del quehacer literario nacional. Los encuentros organiza-
dos por la Fundación para la Cultura Urbana o Escribir afue-
ra, los cursos impartidos en los últimos años por Carlos
Sandoval o José Balza vía Zoom, o el libre acceso a algunos
libros del fondo editorial de Equinoccio nos ubican en ese
mapa virtual.
12
Esta recurrencia al contexto venezolano debe ser considerada
—y así es— por cualquier trabajo de investigación, compilación,
reflexión o crítica que se haga sobre la literatura venezolana; en
términos portulanos, sería seguir la dirección de los vientos de
ese «nuevo mundo literario», bien para explorar y dibujar ma-
pas de algunos de sus territorios —la producción literaria de los
escritores de la diáspora, por ejemplo—, o bien para trazar nue-
vas rutas que se crucen con las ya conocidas y con otras, tam-
bién nuevas, como en el caso de esta antología.
II. Antes de trazar las rutas.
Notas de algunos derroteros
Definir los criterios para esta antología, como en cualquier
otro proyecto, necesitó de un barrido bibliográfico que, por
un lado, diera cuenta del quehacer del cuento venezolano:
¿quiénes escriben?, ¿qué se publica: cuento o novela?, ¿qué te-
mas son recurrentes? Conocer las nuevas antologías y colec-
ciones y, por otro lado, indagar sobre el conocimiento que hay
en España acerca de la literatura venezolana y su presencia en
las librerías y bibliotecas. Lo cierto es que fue difícil dar con
bibliografía actualizada y, sobre todo, de fácil acceso. Los pro-
blemas de distribución de libros impiden que lleguen las últi-
mas publicaciones de los escritores venezolanos, a pesar de
que muchos de ellos publican ahora mismo en editoriales ex-
tranjeras, fuera del país, o sea, que la distribución de sus obras
en España no es asunto exclusivo de la crisis venezolana; esto,
obviamente, nos hizo reflexionar sobre qué autores podíamos
incluir en la antología. En un primer momento, nos plantea-
mos que aparecerían solo aquellos a los que tuviéramos acce-
so más fácilmente: por ejemplo, en las bibliotecas públicas
cercanas sí que se encuentran ejemplares de textos venezola-
nos, pero ninguno de ellos corresponde a autores que hayan
publicado recientemente. La presencia de Rómulo Gallegos,
Arturo Uslar Pietri, Rufino Blanco Fombona, Teresa de la Pa-
13
rra, Julio Garmendia o Salvador Garmendia es segura, pero
no sucede lo mismo con otros autores que nos parecen intere-
santes y también canónicos, como José Rafael Pocaterra. El
caso de las bibliotecas universitarias y especializadas es dife-
rente; en ellas sí que encontramos bibliografía actualizada (el
fondo de la Biblioteca de la AECID es de los más relevantes y
facilita el trabajo de los investigadores). En nuestro caso, tra-
bajamos con muchos textos digitalizados que nos hicieron
llegar amigos desde Venezuela y desde otras partes del mun-
do. También contactamos directamente con los autores para
que nos enviaran su trabajo. Las redes sociales, ya lo hemos
comentado líneas arriba, reducen a escala 2.0 la distancia en-
tre todos, llegan a ser la librería, la universidad, la editorial, el
auditorio, donde encontrar un libro, un libro de cuentos vene-
zolanos, pero eso no impide que sea necesario acceder al arte-
facto en tres dimensiones.
Con respecto al conocimiento que hay en España de la
literatura venezolana, solo podemos hablar desde nuestra
experiencia. Sabemos que la literatura venezolana no tiene
un lugar «fijo» o privilegiado en los programas de literatura
hispanoamericana, que son, además, diferentes en las dis-
tintas universidades; esto no quiere decir que no se haga re-
ferencia a algún autor: nunca faltan Rómulo Gallegos y su
Doña Bárbara, siempre entre la civilización y la barbarie,
como referencia a esa vastedad que es el continente ameri-
cano y a la tendencia criollista, pero queda en eso, en una
referencia. En términos generales, el conocimiento de la lite-
ratura argentina, mexicana, peruana o cubana es mucho
mayor, quizá se deba a la propia historia de la literatura lati-
noamericana y al impacto que el boom editorial de los años
sesenta y setenta generó en España, boom en el que no hay a
primera vista escritores venezolanos. Es importante, sin em-
bargo, mencionar que la Universidad de Salamanca tiene la
Cátedra José Antonio Ramos Sucre y desde ese espacio rea-
liza actividades de divulgación de nuestra literatura. Y si en
las universidades el conocimiento de la literatura venezola-
14
na es escaso, en la calle también lo es. En las librerías se en-
cuentran muy pocos títulos de los libros de ficción que han
sido publicados por los autores venezolanos recientemente,
a pesar del interés de algunas editoriales españolas por la
obra de escritores nacionales (Candaya, Pre-textos, entre
ellas) y de la incorporación de editoriales venezolanas (Kala-
thos, Punto Cero) al mercado español. De nuevo, podemos
acceder a autores canónicos cuyas obras forman parte de co-
lecciones específicas, por ejemplo en Ediciones Cátedra; no
obstante, en los últimos años, como consecuencia de la diás-
pora y de los cambios de latitudes del país, sí que se observa
una mayor divulgación y un mayor reconocimiento del que-
hacer literario nacional. Por ejemplo, la concesión del Pre-
mio Mario Vargas Llosa a Rodrigo Blanco Calderón en 2019
por su novela The night, o el fenómeno literario de La hija de
la española (2019) de Karina Sainz Borgo, los reconocimien-
tos internacionales a la trayectoria de Rafael Cadenas, José
Balza o Yolanda Pantin,4 o el traslado a España de las edito-
riales Kalathos o Punto Cero y la creación de espacios propi-
cios para la promoción, como la librería Los pequeños seres,
son muestra de esta nueva dirección de los vientos que toma la
literatura venezolana.
En este contexto, antes de trazar las rutas, revisamos un
buen número de antologías5 y trabajos de crítica, esos mapas,
derroteros e itinerarios que forman parte de la cartografía del
cuento venezolano, con el fin de rescatar (o descartar) ideas
4 Rafael Cadenas fue galardonado con el Premio Internacional de
Poesía Federico García Lorca (2015) y el Premio Reina Sofía de Poesía Ibe-
roamericana (2018). José Balza depositó su legado en la Caja de las letras del
Instituto Cervantes en 2019. Yolanda Pantin, al igual que Cadenas, fue reco-
nocida con el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2020).
5 Según las palabras de Carlos Sandoval, profesor de literatura
venezolana y crítico literario, en el curso «Narrativa venezolana, siglo xxi:
Estado de la cuestión» (noviembre, 2020), entre 2001 y 2020 se han publi-
cado al menos 46 antologías o muestras del cuento venezolano.
15
que orientaran nuestro trabajo. Consideramos oportuno des-
tacar algunos nombres a los que pudimos tener acceso: Anto-
logía del cuento venezolano (1955) de Guillermo Meneses; El
cuento venezolano. Antología (1985)6 de José Balza; Recuento.
Antología del cuento venezolano 1960-1990 (1994) de Luis Ba-
rrera Linares; El gesto de narrar (1998) de Julio Miranda; El
hilo de la voz. Antología de escritoras venezolanas del siglo xx7
(2003) de Yolanda Pantin y Ana Teresa Torres; Las mujeres
toman la palabra. Antología de narradoras venezolanas
(2004) de Luz Marina Rivas; Las voces secretas. El nuevo cuen-
to venezolano (2006) de Antonio López Ortega; De qué va el
cuento. Antología del cuento venezolano 2002-2012 (2013) de
Carlos Sandoval; así como el de estos otros trabajos de carto-
grafía: Nación y literatura: Itinerarios de la palabra escrita en
la cultura venezolana (2006) y Propuesta para un canon del
cuento venezolano del siglo xx (2014).
La lectura de estos trabajos también ofrece varias rutas de
viaje hacia el cuento. En términos generales —porque este no
es el espacio para una lectura crítica y detallada de cada uno
de ellos, especialmente de sus paratextos (presentaciones,
prólogos, introducciones)—,8 observamos que en las antolo-
gías que hemos consultado está presente la intención de con-
tribuir a la construcción del canon nacional en diferentes mo-
mentos históricos, bien reiterando la presencia de algunos
escritores, o bien presentado algún nuevo nombre que, por la
calidad estética de su obra, merece reconocimiento. Por otro
lado, observamos constancia en las tendencias del cuento ve-
6 Esta antología fue ampliada por Balza en distintos momentos y
cuenta con cinco ediciones, todas distintas, que corresponden a 1985,
1986, 1990, 1996 y 2012, esta última, la más voluminosa.
7 En esta antología hay varios géneros.
8 Al respecto, véanse los trabajos: «Canon y narrativa breve en
Venezuela: Dos antologías del cuento a finales del siglo xx» (2019) y
«Relectura de las estructuras de poder del canon literario venezolano»
(2017).
16
nezolano a lo largo del siglo xx y lo que va del siglo xxi, con
predominio de la visión realista,9 en la que están inmersas
una serie de dualidades siempre en tensión dentro de la temá-
tica: criollo/universal, barbarie/civilización, ciudad/campo,
violencia/paz, vida/muerte, amor/desamor, memoria/olvido, a
las que se suman propio/ajeno, arraigo/desarraigo, migración/
inmigración, exilio/asilo, como consecuencia del mapa que
somos en el «nuevo mundo literario». Igualmente, destaca-
mos en todas las antologías el peso que dan al valor estético
de las obras.
Así pues, en la selección de los autores consideramos como
primer criterio el propósito de esta colección: presentar auto-
res cuya obra sea desconocida o poco conocida para los lecto-
res españoles. Esto lo entendemos como una oportunidad de
divulgación que ofrece la colección a los veinte autores que
hemos reunido. Además, también nos dio la libertad de poder
presentar en igualdad de condiciones a escritores consagra-
dos junto a otros con menos recorrido literario. La única exi-
gencia para su inclusión era haber publicado en Venezuela
por lo menos un libro, porque sabemos que en este nuevo
mapamundi que es Venezuela muchos de los escritores, al-
gunos de ellos dentro de esta antología, viven fuera desde
hace muchos años. Nuestra nómina es la siguiente: José Ra-
fael Pocaterra (1889-1955), Blas Millán (1901-1960), Antonia
Palacios (1904-2001), Ada Pérez Guevara (1905-1997), Gui-
llermo Meneses (1911-1978), Mireya Guevara (1923-?), Denzil
Romero (1938-1999), Orlando Chirinos (1944-2021), Krina
Ber (1948), Laura Antillano (1950), Silda Cordoliani (1953),
Rubi Guerra (1958), Gisela Kozak (1963), Lena Yau (1968),
9 Este predominio de la realidad en el cuento venezolano, especial-
mente en los últimos años, no quiere decir que la producción de los escri-
tores venezolanos solo se centre en los temas que se desprenden de ella;
también podemos encontrar obras que están inmersas en otros géneros:
fantástico, ciencia ficción, fantasía heroica, histórico, negro, entre otros.
17
Slavko Zupcic (1970), Liliana Lara (1971), Rafael Victorino
Muñoz (1972), Lucas García París (1973), Sol Linares (1978),
Gabriel Payares (1982).
Como se puede ver, reunimos escritores en apariencia muy
diferentes entre sí: edades (a excepción de Pocaterra, todos
nacidos en el siglo xx), épocas, temas, circunstancias de vida,
pero estas no son cuestiones que tomemos en cuenta. La se-
lección, en realidad, estuvo condicionada por la experiencia
lectora de quien escribe y por la naturaleza de los textos a los
que pudo acceder para leer y valorar su inclusión; así que op-
tamos por elegir autores y cuentos entre aquellos que ya cono-
cíamos y los que pudimos leer por primera vez, los que reu-
nían características que nos parecen propias del cuento
venezolano y que también se han señalado en otras antologías
o trabajos de investigación. Recordemos, una vez más, que
esta antología va dirigida a un público español que merece
tener la oportunidad de disfrutar de la lectura de cuentos de
una altísima calidad, escritos en distintos momentos del si-
glo xx y lo que va del siglo xxi.
En este sentido, conviene justificar por qué algunos escri-
tores reconocidos, a cuya obra teníamos acceso, quedaron
fuera de esta selección. Una vez más, el propósito de la colec-
ción fue determinante para la ausencia de nombres como Sal-
vador Garmendia, José Balza, Ana Teresa Torres, Miguel Go-
mes, Antonio López Ortega, Juan Carlos Méndez Guédez,
Juan Carlos Chirinos, Rodrigo Blanco Calderón o Gustavo
Valle, entre otros. Desde nuestro punto de vista, la labor lite-
raria de estos escritores es conocida y reconocida en España y
otras partes del mundo. Por ejemplo, Rodrigo Blanco Calde-
rón ganó en 2019 —como hemos mencionado— el Premio
Bienal de novela Mario Vargas Llosa y está fichado en la agen-
cia de Carmen Balcells. Juan Carlos Méndez Guédez reciente-
mente fue el presentador del programa de entrevistas «Las
ínsulas prometidas» del Instituto Cervantes, que está dispo-
nible en YouTube; además, algunos de estos escritores están
arraigados en España, forman parte de esta sociedad y, por
18
tanto, no es preciso «descubrirlos». No obstante, incluimos a
otros autores como Lena Yau y Slavko Zupcic que también
viven en España, pero cuyo trabajo, en nuestra opinión, aún
no ha encontrado el reconocimiento que merece.
Abrimos la antología con un cuento publicado en 1922,
«Las Linares» de José Rafael Pocaterra,10 un escritor canóni-
co, y cerramos con el cuento «Romántico» de Lena Yau, de
2019, una escritora venezolana en España cuya obra —como
acabamos de señalar— merece mayor divulgación. Estos
cuentos, curiosamente, pudieran cruzar sus rutas en uno de
los nudos de nuestro portulano, pues en ambos escritores está
presente esa tendencia —tan de Pocaterra y que Lena Yau tal
vez hereda— de resaltar algo que en otra circunstancia pasa-
ría desapercibido: en el caso de Pocaterra, las cejas de las her-
manas Linares y, en el caso de Lena Yau, la cena romántica de
una pareja. ¿Qué pueden tener de interesantes? Sin duda, la
riqueza de sus historias: las cuentan con cierta ironía, sí, pero
sobre todo con mucha naturalidad y consiguen que mientras
leamos no nos molesten las desproporcionadas cejas de estas
hermanas o el canibalismo de los enamorados porque, a pesar
de que puede ser algo feo o cruel, tal como lo presentan estos
relatos, cabe dentro de lo «normal».
También consideramos fundamental que la antología re-
flejara la equidad en la selección de los autores, por eso no
dudamos en proponer diez escritoras y diez escritores con
cuentos de indudable calidad. Esta decisión no contradice
otros criterios que también son importantes y que ahora
10 Una razón al margen que nos impulsó a incluir a José Rafael Poca-
terra en esta antología y abrirla con uno de sus cuentos es que en 2022 se
cumplen cien años de la primera publicación de sus Cuentos grotescos
(luego los reeditará con alguna ampliación en 1955). En este sentido, nos
parece tentadora la posibilidad de indagar acerca de rasgos —potencial-
mente— grotescos que se observan en la sociedad venezolana, cómo se
manifiestan en la creación literaria actual, y constatar, si es el caso, la
influencia de Pocaterra.
19
enunciamos: el valor estético y la riqueza de los aspectos for-
males y estilísticos. No buscamos hacer apología de la «pari-
dad»,11 aunque nos parezca justa; sí, en cambio, comentar que
una vez que se toma en cuenta como criterio en proyectos de
este tipo, resulta mucho más fácil elegir la obra porque la
atención se centra en los textos, no en quién los escribe y por
qué los escribe.
Un último criterio que valoramos en esta antología son las
relaciones temáticas, formales y estilísticas que hay entre los
cuentos; nos llaman especialmente la atención aquellas que se
puedan dar entre los cuentos publicados en el siglo xx y los
aparecidos en el siglo xxi y entre escritores canónicos y nove-
les. Si, como establecimos al principio, nuestra antología pre-
tende ser un portulano para guiar el viaje del lector hasta el
cuento venezolano y cada texto es una posible ruta, línea rec-
ta, en la dirección de los vientos, la única forma de que estas
rutas se intercepten y formen nudos de encuentro está en las
relaciones que entre ellas podamos resaltar.
En cuanto a los temas, predominan todos aquellos relacio-
nados con la realidad más próxima, es decir, la cotidianidad,
las relaciones amorosas, la violencia, la muerte, la memoria, el
olvido. En los recursos estilísticos reconocemos la calidad de
la prosa, muy cercana a la poesía en algunos textos; el poder
de las descripciones en muchos de los cuentos. También he-
mos prestado atención a la reconstrucción de la oralidad y el
uso de palabras del registro venezolano en cuentos de escrito-
res que no viven en Venezuela y que se manejan entre dos re-
gistros o entre dos lenguas y a las referencias culturales, espe-
cialmente las venidas de la literatura, del cine, del arte, de la
cultura pop.
11 Al respecto, podría interesar el artículo de Luis Barrera Linares
«Masculino/Femenino en el cuento venezolano del siglo xx» (2005).
20
III. Rosa de los vientos con veinte rumbos. Nudos
En los portulanos cada una de las líneas que representa un
rumbo sale de la rosa de los vientos y suele encontrarse en
algún punto con otra línea, esas intersecciones se conocen
como rosas de los vientos, ombligos o nudos y desde el punto
de vista gráfico otorgan al portulano una gran belleza artísti-
ca. Justamente eso es lo que queremos hacer con los cuentos
que reunimos en esta antología, presentarlos en nudos: inter-
secciones temáticas o estilísticas características del cuento
venezolano, pero no en un momento determinado, sino de
forma permanente. Recordemos que hemos seleccionado
cuentos publicados en el siglo xx y el siglo xxi que bien pue-
den compartir algunos rasgos.
Antes de trazar las primeras líneas y marcar como nudos
los cruces entre ellos, queremos advertir que los cuentos son
presentados para su lectura en orden de publicación, pero en
las siguientes relaciones que proponemos los cruces son te-
máticos o estilísticos.
El primer cruce de rumbos que observamos se da entre los
cuentos «Las Linares» (1922) de José Rafael Pocaterra y «Al
filo de una caloría» (2011) de Gisela Kozak. El primero narra
la historia de las cuatro hermanas Linares, jóvenes casaderas,
aparentemente condenadas a una vida infeliz y solitaria por
ser «cejudas» en la sociedad caraqueña de principios de si-
glo xx, pues pareciera que, bajo las cejas, la vida de estas mu-
jeres, su mirada, quedara minimizada, reducida, invisibiliza-
da. El cuento de Kozak narra en primera persona, como un
testimonio, la vida de una mujer con sobrepeso que lleva seis
meses encerrada en un sótano para no ser atrapada por las
fuerzas de seguridad de una sociedad distópica (puede que
también sea Caracas) en la que todas las personas son y deben
ser delgadas por decreto; lo contrario puede significar la
muerte.
Estos personajes femeninos padecen la imposición de cá-
nones de belleza y formas de vida en las que no encajan, pero
21
no porque estas mujeres no se acepten a sí mismas, sino por-
que la sociedad no lo hace. En «Las Linares», el horror y el
espanto por sus cejas lo sienten los vecinos mientras ellas
continúan viviendo,12 realizando sus actividades cotidianas,
las propias de una señorita de principios de siglo, incluso la
segunda de las hermanas se casa y por el narrador nos entera-
mos de que la mayor también lo hará con un hombre que des-
cubrió su mirar «bajo aquellas cejas siniestras» y se enamoró
del alma de una mujer fea que no se aprecia a primera vista
porque la vanidad, «la crítica superficial de las cosas», solo
deja ver una parte de la realidad. Por su parte, la mujer de la
historia de Kozak decide entregarse a la justicia para acabar
con su soledad, pues lo ha perdido todo: su esposo, su hijo, su
vida, pero antes deja su testimonio por escrito a la juventud
para que no pasen por lo que pasó ella, porque «no solo de
pan vive el hombre», asegura la mujer.
Pocaterra y Kozak, con esta caracterización exagerada de
los personajes de sus historias, dejan ver algunos rasgos de la
sociedad de su tiempo, en ambos casos, principios de siglos xx
y xxi.
Una segunda intersección de rumbos en nuestro portulano
se da entre los cuentos «El velo» (2010) de Rubi Guerra, «Un
viejo manuscrito»13 de Liliana Lara y «Los herederos» (2009)
de Gabriel Payares. En estas historias lo más importante des-
de el punto de vista temático es la memoria: el recuerdo y el
12 Imposible no pensar en Frida Kahlo, contemporánea a esta histo-
ria, cuyas cejas se convirtieron en el rasgo icónico de su figura, no solo
como artista, sino como mujer libre. En la actualidad (un siglo después),
muchas mujeres, incluidas aquellas que forman parte del mundo de las
artes o del espectáculo (Cara Delevigne o Emilia Clarke), defienden con
su propia imagen ese «defecto» que las hermanas Linares no podían
«corregir» o su derecho a decidir qué es o no grotesco.
13 Este cuento fue publicado por Liliana Lara en su blog, en el año
2009. Actualmente, con algunas correcciones, forma parte de una colec-
ción de relatos inéditos que la autora prepara.
22
olvido como experiencias inevitables de la vejez, pero también
como partes esenciales en la construcción de un discurso.
Horacio, el personaje del cuento de Rubi Guerra, y Esther Ro-
ffé, la anciana del cuento de Liliana Lara, viven entre dos
tiempos, el presente, en el que no recuerdan ni sus nombres, y
el pasado, que les recuerda quiénes eran y por qué están vi-
viendo lo que les pasa. «Su nombre no era Horacio. Así lo lla-
maban las monjas, nunca había preguntado por qué, y así
aceptó llamarse, o mejor dicho, aceptó responder a ese nom-
bre», «La voz en el auricular preguntó por Esther Roffé y ella
supuso que ese era su nombre». El padre, personaje del cuento
de Gabriel Payares, está ciego, lo que también puede ser una
forma del olvido, de perder la memoria, una memoria que el
hombre se empeña en conservar a través de unas fotos anti-
guas que solo ve en la imagen mental que tiene de ellas. Este
personaje muere y el hijo, que es el narrador, sentencia que le
ha dejado la ceguera como herencia. Horacio y Esther, los
otros dos personajes, no mueren al final de las historias, ellos
continúan viviendo en un ciclo en el que parecen nacer cada
vez que recuerdan quiénes son. Hay una imagen muy llamati-
va en el cuento «Un viejo manuscrito» que vale como ejemplo
para esta lectura: al principio y al final del cuento la anciana
despierta tras haberse quedado dormida en una mecedora y
todo lo que está a su alrededor es nuevo, debe ser nombrado,
como en el Génesis. La mujer da nombre a los gatos: «Tú, Vo-
risek y tú, Zelenka» y con ese nombrar vuelve a tener la llave
para abrir el mundo que la rodea.
En los cuentos «Reporte de un radioescucha agradecido»
(1989) de Orlando Chirinos, «Había una vez un cuchillo»
(2017) de Rafael Victorino Muñoz, «Parricidio» (2011) de Sol
Linares, «Empleo» (2009) de Lucas García París y «Román-
tico» (2019) de Lena Yau, la violencia y la muerte se presen-
tan como actos cotidianos, a la vez inevitables y absurdos,
que, incluso, pueden causar gracia. No hay remordimiento
en los personajes: golpear, disparar, morder, matar son ac-
ciones necesarias, suceden sin más, sin que los personajes
23
involucrados sean conscientes. Durante la lectura, por mo-
mentos, nos parece que hay una falta de ética en estos perso-
najes que no ven absolutamente nada malo en golpear o ma-
tar; por ejemplo, en el cuento «Reporte de un radioescucha
agradecido», Sebastián H. Montamayora, personaje que pu-
diera ser el celador en un manicomio o uno de los pacientes,
no lo sabemos, escribe una carta o «reporte» a los locutores
del programa de radio «Una voz en el camino» y en ese re-
portaje les cuenta con mucha naturalidad las técnicas que
utiliza para calmar a los internos porque no lo dejan escu-
char el programa durante las guardias nocturnas y se justi-
fica diciendo que «sufre» porque la violencia que ejerce so-
bre estas personas es solo para calmarlos: «Me duele
muchísimo, por ejemplo, cuando los hinco con la vara larga,
y si le he puesto a esta la punta de lanza, bien afilada, no es
para hacerlos sangrar, como algunos puedan pensar, no se-
ñor, sino para aquietarlos más pronto». En «Empleo» el sica-
riato es el trabajo del protagonista y lo ejerce con la respon-
sabilidad y el respeto con el que se lleva a cabo cualquier
otra actividad profesional. No deja de llamar la atención el
contraste entre la violencia brutal casi cinematográfica, muy
propia de Lucas García París, en las escenas de sicariato con
la tranquilidad de las escenas del hogar: el asesino, después
de cumplir con su trabajo, vuelve a la casa, besa a su mujer y
a su hijo, como si acabara de salir de una tediosa tarde de
oficina. En «Había una vez un cuchillo», el marido mata tres
veces a su esposa con el mismo cuchillo sin que el asesinato
sea lo que le causa angustia al hombre; por el contrario, su
ansiedad se desata al no encontrar el cuchillo en el mismo
cajón y por no causarle a su mujer la herida mortal para no
tener que repetir el asesinato.
Otro rasgo llamativo en estos cuentos en los que destaca la
muerte y la violencia es el humor. Aunque en los cuentos de
Chirinos y García París nos parezca brutal la violencia, no
deja de causarnos gracia que el personaje del cuento de Chiri-
nos les pide a los locutores del programa de radio «un recuer-
24
dito» para los «radioescuchas favoritos» o que pongan menos
«merecumbés» y más música romántica; o, por ejemplo, que
la esposa del personaje del cuento de García París llore la
muerte de Rocío Dúrcal y al protagonista del cuento esto le
cause ternura. De la misma manera, en el cuento de Lena Yau,
«Romántico», causa gracia el hallazgo de los cuerpos mordi-
dos y la respuesta de Isidoro, el maître, cuando se entera de
que era una pareja de ciegos: «¿A quién se le ocurre dejar ce-
nar a dos invidentes sin supervisión? —A un romántico
—contestó».
También encontramos un nudo interesante entre los cuen-
tos de Denzil Romero «El misterio de Eleusis», «Babilonia» de
Silda Cordoliani, «Amor»14 de Krina Ber y «La balandra Isa-
bel llegó esta tarde» de Guillermo Meneses. En esta ocasión la
presencia del mito y de las creencias religiosas juegan un pa-
pel muy importante en cada cuento: en el texto de Romero, el
personaje, borracho y en sueños, se adentra en un mundo de
«profetas» y dioses griegos en el que le es revelada la razón
de su existencia, digamos que entiende su destino; en «Babilo-
nia» la vida y el destino de la joven protagonista pertenecen a
la diosa Ishtar y bajo su guía vive; en «Amor» la presencia de
un hombre llamado Ángel representará para la protagonista
de la historia exactamente eso: la presencia de un ángel custo-
dio que la protegerá y salvará su «amor», el personal y el de
pareja, en dos momentos importantes de la historia. La prota-
gonista entiende las palabras de Ángel como señales divinas y
con ellas acepta la certeza del amor divino. Para cerrar este
nudo, tenemos el cuento de Guillermo Meneses —quizá el
menos luminoso de los cuatro—: en esta historia, Esperanza,
la protagonista, desesperada por cambiar su destino, acepta
participar del rito de un ensalmo, propio de la santería cuba-
na, con la «esperanza» de que su hombre, Segundo Mendoza,
vuelva y comparta con ella una nueva vida.
14 Ganador del concurso de cuentos de El Nacional en el año 2007.
25
Este otro nudo es totalmente femenino: es el que se da en-
tre los cuentos «La encrucijada» (1946) de Ada Pérez Guevara,
«Babilonia» (1993) de Silda Cordoliani, «Las piernas del blue
jeans» (1985) de Laura Antillano y «Amor» (2009) de Krina
Ber. En estas historias encontramos distintas visiones de lo fe-
menino, así como también distintas formas de vivir el amor de
pareja. En «Babilonia», la mujer inicia su vida sexual con un
desconocido como parte de un rito ofrecido a la diosa Ishtar
para el que es preparada física y mentalmente durante muchos
días. Lo llamativo es que la adolescente, la niña, acepta y lo
asume como parte de su existencia; ella sabe que se debe a la
diosa porque se lo dijo su madre, una creencia transmitida de
generación en generación. En «Las piernas del blue jeans», la
novia, aunque ansiosa de vivir el rito del casamiento, no espera
ni un segundo para quitarse el vestido de novia que su madre
con tanto cuidado le prueba: «¡Qué desperdicio! Vestido para
una noche y de paso molesta». Este rechazo al vestido blanco y
la simbología de las piernas del blue jeans volando libres mien-
tras se secan en el tendedero dejan ver la visión de mujer de
este personaje que no renunciará a su libertad, a su ser, por
casarse, porque ella solo se debe a sí misma.
En este mismo cruce encontramos los cuentos de Krina
Ber y Ada Pérez Guevara, que también se acercan a los ya co-
mentados, pero de los que queremos destacar la decisión de
amar de una u otra manera. En «La encrucijada», el personaje
femenino, Rosaura, carece de amor, cuenta con todas las co-
modidades que pudiera esperar una esposa a mediados del
siglo xx, pero no tiene una relación con su esposo y, aunque lo
sabe, continúa con él, no renuncia a esa vida; en cambio, en
«Amor» el sentimiento amoroso como un todo cotidiano, hu-
mano y trascendente impregna el texto, porque los personajes
tienen sus desencuentros, el amor de pareja llega a mutar, a
tambalearse, pero no se pierde, consigue el equilibrio y la pa-
reja se re-conoce en ese amor.
Otra ruta, digamos que también femenina, es la que repre-
senta el cuento de Blas Millán «La radiografía»: en esta histo-
26
ria ambientada en la Caracas de finales de los años veinte, la
protagonista, Mercedes, doctora gineco-obstetra, ¿«feminis-
ta»?, entiende el enamoramiento, el flirteo, como un trata-
miento médico, lo despoja del romanticismo: «sí, llamo trata-
miento la acción de tratarse un hombre y una mujer, durante
mucho tiempo, para saber si pueden ser felices casándose»,
dice. Mercedes, en oposición a Rosaura, el personaje de «La
encrucijada», expresa lo que verdaderamente piensa y, al final
de la historia, rechaza casarse porque no piensa vivir como
una enfermera, cuidando de otro.
Ahora bien, «La radiografía» no solo es interesante por el
moderno pensamiento de Mercedes, como ya hemos señala-
do, también lo es por el moderno pensamiento de José y por
sus intereses científicos. José es químico de profesión y su
«ideal cifrábase en regenerar la raza venezolana por medio de
la eugenesia y ciencias anexas» y formar una «superhumani-
dad»: la materialización del progreso. Para ello, no debía na-
cer ningún niño con defectos, los padres debían ser prepara-
dos para el matrimonio y «en el porvenir, el Estado no casará
sino a hombres y mujeres que hayan percibido el certificado
de aptitud intelectual para la paternidad y maternidad; certi-
ficado que se otorgará después de severos estudios de pedago-
gía, psicología, psiquiatría, fisiología, higiene, hidroterapia y
gimnasia». Esta visión utópica de la sociedad venezolana que
propone Blas Millán cruza el trazo de sus intenciones —y aca-
so se hacen «realidad»— con la distópica, «delgada» y «aeró-
bica» sociedad que Gisela Kozak nos presenta en «Al filo de
una caloría» (cuento que ya hemos cruzado con «Las Linares»
de Pocaterra), en la que está prohibido tener celulitis y estrías,
«las balanzas caseras deben estar conectadas al computador
central de las alcaldías», las personas son vigiladas y corren el
riesgo de ser eliminadas si suben de peso. Este nudo, en
el portulano de la literatura venezolana que proponemos, es
además una fina crítica a la sociedad moderna y contemporá-
nea y, desde nuestro punto de vista, un acercamiento a la cien-
cia ficción.
27
El cuento «Soluciones literarias a la muerte de mi sue-
gra»15 (2017) de Slavko Zupcic se presenta como una ruta se-
gura. En esta historia el narrador protagonista nos cuenta con
muchos detalles las cosas que hizo para intentar mejorar la
situación económica de su casa, que había quedado muy re-
sentida tras la muerte de su suegra. Sabemos que intenta ven-
der por Internet algunos objetos valiosos (reloj Longines, cu-
bertería de plata) herencia de la suegra y, mientras negocia
virtual o telefónicamente con algunos posibles compradores,
acepta trabajar como «sacerdote» en el tanatorio; trabajo para
el que se «esforzaba tanto que los afligidos deudos siempre
encontraban alivio» en sus palabras. La forma en que Zupcic
narra en esta historia cada una de las peripecias, cada llamada
por teléfono, cada correo, nos recuerda las cartas del cuento
de Orlando Chirinos «Reporte de un radioescucha agradeci-
do», pues en ambos textos el narrador protagonista, con cier-
to tono solemne, nos cuenta todo lo que le acontece con mu-
cho detalle, como si en los detalles quedaran justificadas sus
acciones.
También, desde el punto de vista estilístico, observamos
algunos puntos de encuentro. En este sentido, no podemos
dejar de destacar la riqueza expresiva en el uso del lenguaje,
en un modo casi poético, de algunos cuentos. Las imágenes
que encontramos en «El sitito no elegido» (1964) de Antonia
Palacios, un texto prácticamente alejado de la anécdota y
centrado en la imagen, en la descripción que se niega a hacer
de ese lugar en el que se encuentra, pero que acaba haciendo
a lo largo del texto. Algo parecido hacen Rubi Guerra en «El
velo», Silda Cordoliani en «Babilonia» y Krina Ber en
«Amor»: les dan a los textos una luminosidad muy especial y
dejan en evidencia el control absoluto que tienen los autores
sobre el lenguaje.
15 Este cuento obtuvo un accésit en el VI Certamen Iberoamericano
de las Artes de la Fundación para la Protección Social de la OMC, 2014.
28
Otro cruce estilístico que observamos está en el uso de
distintos registros del lenguaje dentro de los cuentos: por
ejemplo, en «La balandra Isabel llegó esta tarde» (1934) de
Guillermo Meneses y en «La siembra humana» (1953) de Mi-
reya Guevara la reproducción del registro coloquial es muy
veraz, refleja el nivel sociocultural de los distintos personajes.
No obstante, si algo nos llama la atención es la combinación
de registros de varias latitudes.16 Así, en el relato «Un viejo
manuscrito», a pesar de que el espacio en el que se desarrollan
las acciones no es Venezuela y los personajes tampoco pare-
cen serlo, Liliana Lara no deja de usar «formas» del registro
coloquial venezolano, las usa con naturalidad a lo largo de la
narración y las pone en boca de los personajes: «te tomaste los
remedios, necesitamos más plata» y encajan perfectamente
en el discurso.
Entre «El sitio no elegido» de Antonia Palacios y «Parrici-
dio» de Sol Linares también encontramos un cruce de rutas.
Estas escritoras presentan sus historias en un solo párrafo, las
historias, en este sentido, quedan enmarcadas y compactas,
las autoras no ofrecen pausas más que las que dan los signos
de puntuación o la descripción minuciosa y el marcado liris-
mo de un objeto; además, nos llama la atención que estas his-
torias se desarrollan en espacios pequeños, cuadrados, peque-
ñas casas aisladas de todo, y ese sitio enmarcado no es elegido.
Ambas protagonistas saben que hay algo más allá de ese espa-
cio: en el cuento de Palacios es la ciudad, otra vida; en el relato
de Linares, es el amor apasionado, la libertad, otra vida. La
diferencia es que la protagonista del cuento de Palacios se que-
da en ese lugar y la protagonista de Linares acaba con la vida de
su padre para escapar de aquel lugar y «vivir».
16 Esta «fusión» de registros se encuentra en muchos de los cuentos
de Lena Yau, aunque en «Romántico», el cuento que se incluye en esta
colección, no sea evidente.
29
IV. Un portulano
En su libro La confesión: Género literario, la filósofa María
Zambrano dice que
Lo que diferencia a los géneros literarios unos de otros es la
necesidad de la vida que les ha dado origen. No se escribe
ciertamente por necesidades literarias, sino por necesidad
que la vida tiene de expresarse […] o la que el hombre tiene de
dibujar seres diferentes de sí o la de apresar criaturas huidi-
zas (1995: 25).
Y tal parece que la vida de los venezolanos tiene la nece-
sidad de expresarse a través del cuento, un género literario
que les permite encapsular la realidad: vivir una historia de
amor, matar, gritar, olvidar, recordar. Será por esto por lo
que la propuesta de Orlando Araujo de nombrar a Venezuela
el «país de los cuentos» tiene sentido. Necesitamos contar-
nos, necesitamos contar. Pero, para conocer las historias de
esa necesidad tan nuestra, se requieren rutas, todo país las
tiene. En este portulano proponemos veinte que van en la
dirección de los vientos. Veinte textos de autores y épocas
diferentes que consideramos buenos ejemplos del quehacer
literario nacional, de esa necesidad de contar que se llama
cuento.
En cuanto a nosotros, dibujamos este mapa que no tiene
pretensiones de ser documento histórico, solo proponer a los
lectores españoles una manera sencilla de acercarse al cuento
venezolano.
Agradecemos a las Prensas de la Universidad de Zaragoza
permitirnos formar parte de este proyecto, al Dr. Daniel Mesa
Gancedo, coordinador de la colección Océanos y Libros, su
confianza y su apoyo. Igualmente, al crítico venezolano Car-
los Sandoval, su generosidad al compartir todo su conoci-
miento. Agradecemos también a la Dra. Laura Chirinos el
material prestado. Un agradecimiento especial alcanza a to-
dos los escritores que aceptaron cederme sus cuentos para
que esta antología tomara forma de portulano.
30
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Zupcic, Slavko (2017). Cementerio de médicos. Granada: Editorial Nazarí.
33
Índice
9_Cartograf ía. Líneas para un portulano, una antología
Geidy Antonieta Querales Ortega
35_Cuentos
37_Las Linares
José Rafael Pocaterra
42_La radiograf ía
Blas Millán
49_La balandra Isabel llegó esta tarde
Guillermo Meneses
71_La encrucijada
Ada Pérez Guevara
82_La siembra humana
Mireya Guevara
95_El sitio no elegido
Antonia Palacios
100_El misterio de Eleusis
Denzil Romero
239
108_Las piernas del blue jeans
Laura Antillano
112_Reporte de un radioescucha agradecido
Orlando Chirinos
121_Babilonia
Silda Cordoliani
126_Amor
Krina Ber
148_Empleo
Lucas García París
156_Los herederos
Gabriel Payares
164_El velo
Rubi Guerra
179_Al filo de una caloría
Gisela Kozak
186_Parricidio
Sol Linares
192_Soluciones literarias a la muerte de mi suegra
Slavko Zupcic
212_Había una vez un cuchillo
Rafael Victorino Muñoz
219_Un viejo manuscrito
Liliana Lara
226_Romántico
Lena Yau
229_Autores
240
Este libro se terminó de imprimir
en los talleres del Servicio de Publicaciones
de la Universidad de Zaragoza
en marzo de 2022
La colección Océanos y Libros nos pone La vida de los venezolanos tiene la necesidad de expresarse a través del cuen- 04 Océanos y Libros GEIDY ANTONIETA QUERALES ORTEGA
en contacto con la magia narrativa de América. to, un género literario que les permite encapsular la realidad: vivir una historia de es venezolana, doctora en Filología Hispánica por
Volúmenes imprescindibles para navegar amor, matar, gritar, olvidar, recordar. Será por esto por lo que la propuesta de Or- la Universidad de Zaragoza. Trabajó como profe-
por su literatura. lando Araujo de nombrar a Venezuela el «país de los cuentos» tiene sentido. Ne- sora en distintas universidades y colegios venezo-
Cuentos de Venezuela
cesitamos contarnos, necesitamos contar. Pero para conocer las historias de esa lanos. Actualmente se dedica a la enseñanza y a la
Océanos y Libros
1. Libro de cuento nicaragüense. necesidad tan nuestra, se requieren rutas, todo país las tiene. En esta antología, a investigación.
Nicaragua cuenta modo de portulano, proponemos veinte textos de autores y épocas diferentes que
Ed. de Arquímedes González consideramos buenos ejemplos del quehacer literario venezolano, de esa necesidad Líneas portulanas
y Karly Gaitán Morales de expresarse que se llama cuento.
Prólogo de Sergio Ramírez Edición de
Geidy Antonieta Querales Ortega
2. Antología de narrativa panameña
contemporánea. Cuentos de Panamá
Ed. de Edilberto González Trejos
y Mónica Miguel Franco
3. Antología de relatos ecuatorianos actuales.
Ecuador en corto
Ed. de Carlos Ferrer
Cuentos de Venezuela
ISBN 978-84-1340-436-3
La colección Océanos y Libros nos pone La vida de los venezolanos tiene la necesidad de expresarse a través del cuen- 04 Océanos y Libros GEIDY ANTONIETA QUERALES ORTEGA
en contacto con la magia narrativa de América. to, un género literario que les permite encapsular la realidad: vivir una historia de es venezolana, doctora en Filología Hispánica por
Volúmenes imprescindibles para navegar amor, matar, gritar, olvidar, recordar. Será por esto por lo que la propuesta de Or- la Universidad de Zaragoza. Trabajó como profe-
por su literatura. lando Araujo de nombrar a Venezuela el «país de los cuentos» tiene sentido. Ne- sora en distintas universidades y colegios venezo-
Cuentos de Venezuela
cesitamos contarnos, necesitamos contar. Pero para conocer las historias de esa lanos. Actualmente se dedica a la enseñanza y a la
Océanos y Libros
1. Libro de cuento nicaragüense. necesidad tan nuestra, se requieren rutas, todo país las tiene. En esta antología, a investigación.
Nicaragua cuenta modo de portulano, proponemos veinte textos de autores y épocas diferentes que
Ed. de Arquímedes González consideramos buenos ejemplos del quehacer literario venezolano, de esa necesidad Líneas portulanas
y Karly Gaitán Morales de expresarse que se llama cuento.
Prólogo de Sergio Ramírez Edición de
Geidy Antonieta Querales Ortega
2. Antología de narrativa panameña
contemporánea. Cuentos de Panamá
Ed. de Edilberto González Trejos
y Mónica Miguel Franco
3. Antología de relatos ecuatorianos actuales.
Ecuador en corto
Ed. de Carlos Ferrer
Cuentos de Venezuela
ISBN 978-84-1340-436-3