ESCUELA CLEMENTINA MAUREIRA ALMARZA
RANGUELMO - COELEMU
PROFESORA PAMELA REYES S.
6° BÁSICO
GUÍA DE TRABAJO
CUENTOS MÁGICOS
LA CENICIENTA
Había una vez un caballero que enviudó y que se casó en segundas nupcias con la mujer más
altanera y orgullosa que jamás se haya visto. Ella tenía dos hijas que se le parecían en todo. Él, por
su lado, tenía una hija de enorme dulzura y bondad. La horrible mujer se transformó en la
MADRASTRA de la niña.
La malvada esposa hacía que la hija de su esposo hiciera todo el trabajo más duro de la casa,
mientras sus propias hijas la maltrataban. Cocinaba, lavaba, hacía las camas, limpiaba todas las
habitaciones, cortaba leña, encendía la chimenea y limpiaba las cenizas al final del día. Sus
vestidos estaban siempre manchados por el polvo, por lo que todos la llamaban CENICIENTA.
Un día se oía por todas partes de la ciudad que el PRÍNCIPE de aquel país había regresado. El rey,
muy contento, iba a dar una gran fiesta para invitar a todas las jóvenes del reino, con la esperanza
de que el príncipe encontrara en una de ellas, la esposa que deseaba. Las dos HERMANASTRAS
empezaban a prepararse para la gran fiesta y decían a Cenicienta:
—¡Tú, no irás! ¡Te quedarás limpiando! ¡Además no tienes un vestido apropiado!
El día del baile había llegado. Cenicienta vio partir a sus hermanastras al palacio real y cuando las
perdió de vista se puso a llorar. Entonces, de la nada, apareció su MADRINA.
—¿Qué te sucede?
—Me gustaría... Me gustaría... –Cenicienta dijo a puro llanto, tanto que no pudo terminar la
frase–. Su madrina, que era un HADA, le dijo:
—¿Te gustaría ir al baile, no es cierto?
—¡Ay, sí! –dijo Cenicienta suspirando–.
—Querida niña, sécate tus lágrimas porque tú también irás al baile.
—¡¿Pero cómo si no tengo vestido ni zapatos, ni carruaje para llevarme?!
El hada, con su VARITA MÁGICA, transformó una CALABAZA del jardín en un bello CARRUAJE todo
dorado, unos RATONCITOS en preciosos y briosos CABALLOS, y un RATÓN más grande y con
imponente barba en un COCHERO gordo con un bello y gran bigote.
El hada dijo entonces a Cenicienta:
—Bueno, aquí tienes para ir al baile.
—Es cierto, pero, ¿podré ir así, con estos vestidos manchados de cenizas? –preguntó la joven–.
Su madrina no hizo más que tocarla con su varita, y al momento sus ropas se cambiaron en
magníficos vestidos de paño de oro y plata, todos bordados con pedrerías; luego le dio un par de
ZAPATITOS DE CRISTAL, los más preciosos del mundo.
Una vez ataviada de este modo, Cenicienta subió al carruaje; pero su madrina le avisó:
—Tú irás al baile, pero cuando el reloj del palacio dé las doce campanadas, tendrás que volver
enseguida porque el hechizo se acabará. El hijo del rey, a quien le avisaron que acababa de llegar
una gran princesa que nadie conocía, se sintió intrigado y se acercó para mirarla; le dio la mano al
bajar del carruaje y la llevó al salón. Entonces se hizo un gran silencio: el baile cesó y los violines
dejaron de tocar. ¡Tan absortos estaban todos contemplando la gran belleza de esta desconocida!
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RANGUELMO - COELEMU
PROFESORA PAMELA REYES S.
6° BÁSICO
El príncipe quedó enamorado a primera vista, la tomó de la mano y bailó con ella toda la noche.
Bailaron, bailaron y bailaron por todo el salón del palacio bajo una noche estrellada y mágica. Al
cabo de algunas horas, el reloj del palacio empezó a sonar y Cenicienta recordó que finalizaba el
hechizo, así que rápidamente se despidió del príncipe sin decir más, cruzó el salón, bajó la
escalinata y entró en el carruaje para regresar a su casa.
Con las prisas, en la larga escalinata, la joven perdió uno de sus bellos zapatitos de cristal que el
príncipe recogió.
A los pocos días el hijo del rey hizo proclamar al son de trompetas que se casaría con la persona
cuyo pie se ajustara a ese zapato. Empezaron probándolo a las princesas,
en seguida a las duquesas, y a toda la corte, pero inútilmente. Al fin
llegaron a la casa de Cenicienta. Las que hicieron todo lo posible para que
su pie entrara en el zapatito, pero no pudieron, fueron las hermanas.
Cenicienta, que las estaba mirando, y que reconoció su zapato, dijo
sonriendo:
—¿Puedo probar si a mí me calza? El gentil hombre que probaba el zapato,
habiendo mirado atentamente a Cenicienta, dijo que él tenía orden de probarlo a todas las
jóvenes. Hizo sentarse a Cenicienta y acercando el zapato a su piececito, vio
que encajaba sin esfuerzo y que era hecho a su medida. Grande fue el
asombro de las dos hermanas, pero más grande aún cuando Cenicienta sacó
de su bolsillo el otro zapatito y se lo puso.
En esto llegó el hada madrina que, habiendo tocado con su varita los vestidos
de Cenicienta, los volvió más deslumbrantes aún que los anteriores.
Entonces las dos hermanas la reconocieron como la persona que habían visto
en el baile.
Cenicienta llegó al palacio. Cuando entró todos pararon para mirarla. El
príncipe se sintió feliz y agradecido y pidió a Cenicienta que fuera su esposa por siempre.
Ahora que ya leíste el cuento:
Marca los personajes que pertenecen al Marca los objetos mágicos que pertenecen al
cuento LA CENICIENTA. cuento LA CENICIENTA.
BLANCANIEVES ALFOMBRA MÁGICA
PULGARCITO LÁMPARA MARAVILLOSA
HADA MADRINA ESCOBA MÁGICA
HADA MALA ESPEJO MÁGICO
ALADINO VARITA MÁGICA
CENICIENTA VARITA ENCANTADA
MADRASTRA
PRÍNCIPE
REY
REINA