Medios de Transmisión de Información
Medios de Transmisión de Información
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
UN BOLETÍN CIENTÍFICO Y UNA PROFESIÓN
Los medios de
transmisión de información
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
ENRIQUE PÉREZ HERRERO
ISBN: 978-84-15148-00-0
Depósito Legal: GC-000-2011
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
UN BOLETÍN CIENTÍFICO Y UNA PROFESIÓN
índice
PRESENTACIÓN. Un boletín científico y una profesión
Enrique Pérez Herrero 5
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
ENRIQUE PÉREZ HERRERO
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
UN BOLETÍN CIENTÍFICO Y UNA PROFESIÓN
PRESENTACIÓN:
Un boletín científico
y una profesión
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
ENRIQUE PÉREZ HERRERO
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
UN BOLETÍN CIENTÍFICO Y UNA PROFESIÓN
PRESENTACIÓN:
Un boletín científico
y una profesión
ENRIQUE PÉREZ HERRERO
Director del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas
L a continuidad de las cosas hace que las acciones pequeñas adquieran grandes dimensiones.
Así el Boletín del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas se ve engrandecido con un
nuevo volumen, que lleva por título Los medios de transmisión de información. Como publi-
cación destinada a tratar sobre determinado campo del saber (ese es el espíritu del concepto
de boletín), en el presente caso de Archivística, archivos, documentos e información, su
propósito no es otro que contribuir en estas materias a la especialización científica de los
archiveros y a la formación de los aspirantes a esta profesión.
Así “como la plomada nivela el mástil de un navío en manos del hábil constructor que
conoce bien su arte por habérselo enseñado Atenea” (La Iliada), la recta experiencia de los
diplomatistas y archiveros contribuye espléndidamente a la preparación técnica del personal
de los archivos por habérselo enseñado la Archivística actual. La formación es un deber a la
vez que un reto, pues se ha de luchar contra viejos y estancos hábitos heredados culturalmen-
te, ya que, según la frase heraclitiana, todo fluye y nada permanece, y se ha de llenar de nue-
vos y convenientes conocimientos a los jóvenes que nada saben sobre la ciencia de los archi-
vos. Lo primero es más difícil y comprometido, dado que enderezar lo torcido es duro y ar-
duo; lo segundo, más sencillo y exitoso, pues los noveles aprenden fácilmente las cosas,
“como la cera blanda cuando la ponen en el sello, que cuando más tierna, más pronto apren-
de en ella lo que está en el sello figurado” (Las Partidas).
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
ENRIQUE PÉREZ HERRERO
Hablamos de la profesión de archivero con el respeto que se merece, entre otras cosas,
porque los archiveros son los custodios de uno de los patrimonios más ricos de la Humani-
dad. Mas, paradójicamente, no se la reconoce como una profesión específica (que lo es),
aunque a estos profesionales se recurra en momentos de urgencia. La profesión de archivero
es tan antigua como los archivos, que surgieron por necesidad cuando se consideró impres-
cindible la conservación de los documentos de forma permanente, como la solución más
adecuada para perpetuar los actos, las voluntades, las creencias y los intereses de las socie-
dades. Es decir, si el presente se olvida, el recuerdo no existirá. Pero todo esto evoluciona
con el devenir de los tiempos, por lo que la preparación de los profesionales de archivos se
ha de actualizar al unísono para poder dar respuesta a los nuevos documentos, a las nuevas
técnicas de conservación y a las nuevas formas del tratamiento documental.
Por tal motivo, la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural del Go-
bierno de Canarias comandó, a través del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, y con
la colaboración de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en el año 2010, un ciclo
de conferencias sobre un mismo tema, pero tratado desde prismas diferentes: los medios de
transmisión de información. Resultado y fruto de dicho ciclo de conferencias es el segundo
número del Boletín del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas (2011), donde se reco-
gen y difunden las conferencias sobre los diferentes medios de transmisión de la informa-
ción: el documento epigráfico, el documento escrito, el documento oral y el leguaje silbado,
éste último muy característico de las Islas Canarias occidentales.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
UN BOLETÍN CIENTÍFICO Y UNA PROFESIÓN
Deseamos que el Boletín del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, que da un
nuevo paso, tenga una andadura larga y se transfigure en el medio óptimo de difusión de
temas relativos al mundo de los archivos, y venga a rellenar, con paso lento pero seguro, el
vacío existente en las Islas Canarias sobre temas tan apasionantes como son los que tratan
sobre archivos, documentos, fuentes y técnicas historiográficas, investigación, etc., tan le-
vemente tratados por el momento en estas tierras insulares.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
ENRIQUE PÉREZ HERRERO
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
La Epigrafía,
de ciencia auxiliar a ciencia histórica
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
La Epigrafía,
de ciencia auxiliar a ciencia histórica 1
L
a Epigrafía es una de las ciencias historiográficas indispensables en la formación de cual-
quier historiador y se encuadra dentro de lo que denominamos como Ciencias de la escritura,
junto con otras ciencias de larga tradición historiográfica, como son la Paleografía, la Di-
plomática y la Numismática. Es cierto que la llamada «ciencia de las inscripciones» es vista,
tradicionalmente, desde la perspectiva de una ciencia auxiliar, en particular de la Historia
Antigua y en menor medida de la Historia Medieval, pero como ya hemos tenido ocasión de
defender en otras publicaciones, a las que remitimos, consideramos que el estudio de las
inscripciones, más allá de estos límites cronológicos «tradicionales», si se me permite la
expresión, puede ofrecernos valiosos testimonios para reconstruir nuestro pasado. No se
trata, en cualquier caso de la defensa de un posicionamiento ideológico personal, sino que se
debe a la convicción de que, siguiendo a Armando Petrucci, es en el ámbito de la historia de
las escrituras, desde el que se pueden desarrollar estudios que vayan más allá de la mera
lectura y transcripción de los testimonios escritos para avanzar en el conocimiento de las
variantes de sus formas gráficas, los procesos de producción de los testimonios escritos y,
además, el análisis de las estructuras socioeconómicas de las sociedades que han elaborado,
utilizado y manipulado «escrituras expuestas». Sirvan estas líneas como una modesta aporta-
ción al debate historiográfico, en el marco de este ciclo de conferencias impulsado desde el
Archivo Histórico Provincial de Las Palmas bajo el sugestivo título de Los medios de trans-
misión de información.
1. CONCEPTO DE LA EPIGRAFÍA
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
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Sin ánimo de extendernos, podemos glosar algunos de ellos. No se puede concebir el avance de los estudios sobre poesía
métrica en la Antigüedad sin los estudios de las inscripciones métricas —tanto griegas como latinas— que han hecho, y contin-
úan haciendo, los especialistas de Filología Clásica. Tampoco se concibe un desarrollo de la Historia del Derecho, desde el siglo
XIX hasta nuestros días, si no se presta atención a los avances de la Epigrafía jurídica, que en un primer momento interesó sólo
a los especialistas del Derecho, pero que desde hace décadas es objeto de estudio, principalmente, por epigrafistas.
3
Cfr. M. RAMÍREZ SÁNCHEZ, «El concepto de Epigrafía. Consideraciones sobre la necesidad de su ampliación, cincuenta años
después», Signo. Revista de Historia de la Cultura Escrita 15 (2005), pp. 47-76. El título de este trabajo hace referencia, lógi-
camente, a la obra de Navascués que se cita en la nota siguiente.
4
Como propugnaba el propio Navascués, cfr. J. Mª DE NAVASCUÉS, El concepto de Epigrafía. Consideraciones sobre la necesi-
dad de su ampliación, Madrid 1953, p. 78. Dicho sea con el fin de mostrar cómo una planteamiento innovador como el que
hiciera Navascués en 1953, al incorporar al ámbito de la Epigrafía las inscripciones que llegaban hasta el siglo XV o XVI,
puede ahora superarse incluyendo las inscripciones de época moderna y contemporánea.
5
Cfr. J. Mª DE NAVASCUÉS, op. cit. (nota 4), pp. 77-78.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
siguiendo a Armando Petrucci, tenga como principal objetivo el estudio de los sistemas de
escrituras, las formas gráficas y los procesos de producción de los testimonios escritos —sea
cual sea su soporte o instrumento de ejecución— con el fin de estudiar las relaciones que se
producen entre estos con las estructuras socioeconómicas de la sociedad que las elaboran,
utilizan y manipulan6.
Y ello, evidentemente, por encima de absurdos límites históricos, porque los hombres
y mujeres del siglo XXI seguimos haciendo un uso publicitario de nuestra escritura, como un
medio de comunicación social más, siguiendo la tradición que iniciaran nuestros antepasados
hace siglos7, repitiendo en algunas escrituras expuestas fórmulas y símbolos que gozan de
una larga tradición —pensemos, por ejemplo, en las lápidas de nuestros cementerios—. In-
cluso en plena «Era espacial», seguimos haciendo uso de las inscripciones incluso cuando
no sabemos quién, ni cuando, podrá leerlas. Como hicieron los primeros astronautas que
pisaron la Luna en julio de 1969 y, solemnemente, colocaron sobre su superficie la siguiente
inscripción, que, en letras capitales, reza: «Here Men from the Planet Earth / first set foot
upon the Moon / July 1969, A. D. / We came in Peace for all Mankind» 8.
2. EL MÉTODO EPIGRÁFICO
El estudio de una inscripción pasa por varias fases que vamos a intentar resumir en es-
te apartado, tanto en lo referente a la modernamente denominada autopsia, que es el análisis
directo de la inscripción y sus distintos componentes —externos e internos—, como al pro-
ceso de profundización en todos los elementos que se han conocido en este camino, para
terminar con la publicación de la correspondiente inscripción9.
El análisis de la inscripción comienza con una recogida de datos in situ, dado que en
muchas ocasiones los epígrafes se encuentran bien en su contexto original, bien emplazados
fuera de éste, frecuentemente reutilizados como elemento de mampostería en construcciones
de época medieval o incluso contemporánea (murallas, iglesias, viviendas particulares, etc.).
6
Sobre esta particular, véase la propuesta defendida en su momento por Vicente García Lobo acerca de la posibilidad de que el
Área de Conocimiento de Ciencias y Técnicas Historiográficas pasase a denominarse Área de las Ciencias de la Escritura y de
los Objetos Escritos, cfr. V. GARCÍA LOBO, Los medios de comunicación social en la Edad Media. La comunicación publicita-
ria, León 1991, p. 45.
7
Sobre el carácter publicitario del epígrafe, véase lo dicho por García Lobo al respecto de la comunicación publicitaria en la
Edad Media. Muchos de sus planteamientos constituyen un estímulo para cualquiera que desee iniciarse en el estudio de la
Epigrafía de este período o de otros periodos históricos, cfr. Ibidem.
8
La tradición fue continuada por las sucesivas tripulaciones de las misiones Apolo 11 a Apolo 17.
9
La obra de referencia para el método epigráfico es el excelente estudio de di Stefano Manzella que, pese a los años transcurri-
dos desde su edición, sigue plenamente vigente, cfr. I. DI STEFANO MANZELLA, Mestiere di epigrafista. Guida alla schedatura
del materiale epigrafico lapideo, Roma 1987. Una introducción al tema muy sucinta, pero que puede ser interesante para los
noveles la podemos encontrar en las páginas iniciales de un manual docente portugués, cfr. J. D’ENCARNAÇAO, Introduçao ao
Estudo da Epigrafia Latina, Coimbra 1979, pp. 11-17. Para el estudio de las inscripciones medievales, a las indicaciones gené-
ricas de los autores citados hay que sumar la metodología de trabajo de proyectos científicos consolidados, como Die deutschen
Inschriften (DI) o el Corpus des Inscriptions de la France Médiévale (CIFM), actualmente bajo la dirección de R. Favreau y J.
Michaud. Para la Epigrafía Medieval de España contamos, desde hace unos años, con el Corpus Inscriptionum Hispaniae
Medievalium, que dirige V. García Lobo, cuyo primer volumen editado ha sentado las bases teóricas y metodológicas para
futuros estudios de este tipo en nuestro país, cfr. M. GUTIÉRREZ ÁLVAREZ, Corpus Inscriptionum Hispaniae Mediaevalium, I/1.
Zamora. Colección epigráfica. Monumenta Paleographica Medii Aevi, Series Hispanica (V. GARCÍA LOBO, dir.), Turnhout,
1997; M. GUTIÉRREZ ÁLVAREZ y M. PÉREZ GONZÁLEZ, Corpus Inscriptionum Hispaniae Mediaevalium, I/2. Zamora. Estudios.
Monumenta Paleographica Medii Aevi, Series Hispanica (V. GARCÍA LOBO, dir.), Turnhout 1999.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
Para realizar este trabajo inicial, el epigrafista debe contar con el instrumental necesario y el
modelo de ficha de campo en el que anotará toda la información que posteriormente proce-
sará en la fase de gabinete10. Es esencial la realización de buenas fotografías, en las que la
luz artificial o natural debe manejarse con sumo cuidado, pues de ello dependerá la calidad
final de las reproducciones fotográficas.
La segunda fase del proceso de estudio es el que tiene lugar en el laboratorio o despa-
cho, donde a partir de los datos de la ficha y las reproducciones fotográficas se procede a
cumplimentar la ficha de cada inscripción, en la que se incorporan todos los datos tomados
in situ sobre la inscripción, tanto externos como internos. A partir de la bibliografía recopila-
da en una fase preliminar al estudio de las inscripciones podremos saber si las inscripciones
son o no inéditas y obtener una información precisa sobre las variantes en la lectura y des-
cripción del epígrafe que han publicado otros autores con anterioridad. Se buscarán, además,
paralelos a la forma del soporte, a los elementos decorativos y al contenido de la inscripción,
con un análisis más detallado del mismo de los aspectos formales, (onomástica, formularios,
siglas y abreviaturas empleadas, signos de interpunción y otros elementos gráficos, etc.).
Para ello será necesario utilizar la bibliografía pertinente11.
Una vez realizado este proceso se puede proceder a la tercera y última fase del trabajo,
que es la publicación del estudio realizado, ya sea en un artículo de investigación o en una
comunicación presentada en un Congreso, ya sea formando parte de un catálogo epigráfico,
en caso de que el objeto de nuestro estudio haya sido la realización de una colección epigrá-
fica o repertorio de inscripciones de una ciudad, provincia o región determinada12. Un aspec-
to esencial en cualquier trabajo de este tipo es la utilización de los signos diacríticos correc-
tos. En el ámbito de la Epigrafía latina y griega, el más extendido es el llamado «sistema
Leyden»13. Para la Epigrafía medieval, pueden seguirse los criterios de los grandes corpora
nacionales como Die Deutschen Inschriften (DI) o el Corpus de Inscriptions de la France
Médiévale (CIFM). Para la Epigrafía Medieval de la Península Ibérica, recomendamos se-
guir los criterios del Corpus Inscriptionum Hispaniae Medievalium, que dirige García Lobo.
10
En ocasiones, cuando la legibilidad de la inscripción es escasa, debido al desgaste que ha sufrido la inscripción o a otros
factores, y no es posible la lectura de visu, se hace necesario proceder a la realización de un calco de la misma. No es una
técnica fácil y sólo la experiencia, junto a la obligada utilización de un papel de calidad, habilitan al epigrafista para obtener
buenos resultados, pero cuando la obtención del calco es un éxito, a través del mismo es posible obtener una lectura precisa del
texto conservado. Cfr. I. DI STEFANO MANZELLA, op. cit. (nota 9), pp. 29-31; J. D’ENCARNAÇAO, op. cit. (nota 9), p. 13.
11
El estudio de las inscripciones medievales requiere un método de trabajo particularizado, que pasamos a exponer brevemente
aquí. Dicho método, que se ha sistematizado en las últimas décadas, se caracteriza por la integración del método epigráfico que
utilizan los especialistas de la Epigrafía clásica y el método de investigación de la Paleografía y Diplomática, en el que también
se incluyen algunos aspectos relacionados con la Codicología. El resultado final es el método epigráfico que están utilizando
algunos especialistas europeos de Epigrafía medieval. Para más información al respecto, cfr. V. GARCÍA LOBO y E. MARTÍN
LÓPEZ, De Epigrafía medieval. Introducción y Álbum, León 1995, pp. 21-22; V. GARCÍA LOBO, “Presentación”, en M. GUTIÉ-
RREZ ÁLVAREZ y M. PÉREZ GONZÁLEZ, Corpus Inscriptionum Hispaniae Mediaevalium, I/2. Zamora. Estudios. Monumenta
Paleographica Medii Aevi, Series Hispanica (V. GARCÍA LOBO, dir.),Turnhout, 1999, pp. 3-5; ID., «La Epigrafía Medieval.
Cuestiones de método», en M. RUIZ TRAPERO (ed.), Centenario de la Cátedra de Epigrafía y Numismática, Universidad Com-
plutense de Madrid, 1900/01-2000/01, Madrid 2001.
12
En cualquiera de los dos casos (artículo o catálogo), es importante tomar como referencia otros estudios similares publicados
con anterioridad por los especialistas más reputados de la especialidad, no tanto para los aspectos de fondo como para los
puramente formales.
13
Cfr. H. KRUMREY y S. PANCIERA, «Criteri di edizione e segni diacritici», Tituli 2, 1980, pp. 205-215; S. PANCIERA, «Struttura dei
supplementi e segni diacritici dieci anni dopo», Supplementa Italica n. s. 8, 1991, pp. 9-21. Sobre los criterios que utilizan los especialis-
tas en epigrafía, tanto griega como latina, para el estudio de las inscripciones, cfr. S. DOW, Conventions in Editing, Greek, Roman and
Byzantine Scholarly Aids 2, Durham (North Carolina) 1969; A. G. WOODHEAD, The Study of Greek Inscriptions, Cambridge 1959
(1981²), pp. 6-11. Una visión más reducida del problema, destinada a los estudiantes universitarios, en el manual de Paul Corbier,
recientemente traducido al castellano por Mauricio Pastor, cfr. P. CORBIER, L’épigraphie latine, Paris 1998 (Epigrafía latina, Granada
2004, pp. 11-25), o en J. ANDREU (coord.), Fundamentos de Epigrafía Latina, Madrid 2009, pp. 37-60.
14
Es cierto que en nuestro país existía una tradición anterior en el estudio de las inscripciones, particularmente las latinas, y que
en la Real Academia de la Historia había un buen número de académicos con conocimientos en la materia, pero nadie poseía los
conocimientos y la experiencia que tenía Hübner cuando en 1860 llega España por primera vez. Sobre Hübner y la trascenden-
cia de su labor en España, cfr. A. U. STYLOW, H. GIMENO PASCUAL, «Emil Hübner», en M. AYARZAGÜENA y G. MORA (eds.),
Pioneros de la Arqueología en España, Madrid 2004, pp. 333-340; M. DÍAZ-ANDREU, G. MORA y J. CORTADELLA (coords.),
Diccionario histórico de la Arqueología en España, Madrid 2009, pp. 334-336.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
Aquellas críticas de Navascués no iban dirigidas a Hübner, cuya labor tenía en alta es-
tima, sino hacia el planteamiento general de los grandes repertorios como el CIL o los IG. Y
hacia epigrafistas como René Cagnat, al que, pese a reconocer su sabiduría, le reprochaba la
escasa importancia que concedía a los caracteres externos de las inscripciones en su Cours
d’Épigraphie latine y su defensa del concepto clásico de la Epigrafía, «una ciencia sin objeto
propio», en palabras de Navascués17. Creía el que fuera Catedrático de Epigrafía y Nu-
mismática de la Universidad Central de Madrid que era necesario revisar el concepto clásico
de Epigrafía y que aquella revisión debía pasar, necesariamente, por mejorar el método
epigráfico con el fin de acometer «un estudio completo de cada epígrafe, de su materia, de su
forma, de su escritura, de la manera de su ejecución, de los elementos complementarios de
aquélla y de los adornos, y finalmente del contenido interno»18. Aquel método de trabajo,
que él puso en práctica en su investigación sobre la epigrafía cristiana de Mérida —que cons-
tituyó su Tesis Doctoral— y en otros estudios posteriores, ha sido continuado por sus discí-
pulos de la Universidad Complutense de Madrid, y por otros investigadores que, sin haber
tenido vinculación directa con él ni con la universidad madrileña, han sabido aprovechar las
pautas señaladas en sus publicaciones.
15
Juan Manuel Abascal y Helena Gimeno han aportado interesante información al respecto al estudiar la documentación que se
conserva en el Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia, cfr. J. M. ABASCAL y H. GIMENO, Epigrafía
hispánica. Catálogo del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia, Madrid 2000, pp. 19-21.
16
Cfr. J. Mª DE NAVASCUÉS, op. cit. (nota 4), p. 27. Las «excepciones» a las que se refiere Navascués son algunas ilustraciones
de las inscripciones arcaicas de Roma en la segunda edición del CIL I, los facsímiles de algunos tituli picti procedentes del
Monte Testaccio editados en el tercer fascículo del CIL XV, los dibujos de los graffiti pompeyanos en el CIL IV, etc. Pero,
como señala Navascués, «esto no significa una aceptación de los epígrafes como objeto de la epigrafía; representa sólo un
accidente circunstancial de la publicación, y, a veces, la imposibilidad de una transcripción tipográfica o de una lectura, nunca
de un sistema o de un método general en el que la personalidad del letrero se destaque con todo su valor y realidad material»,
cfr. Ibidem, p. 28.
17
Cfr. Ibid., p. 31.
18
Cfr. Ibid., p. 35
17
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
Otros historiadores, particularmente del área de Historia Antigua, han continuado afe-
rrados al concepto clásico de la Epigrafía y persisten en considerar a las inscripciones como
simples fuentes de información para estudiar la sociedad, la economía o la religión, sin con-
siderar el interés que éstas tienen más allá de su simple lectura. Y es que, por desgracia, to-
davía hay quien escribe un manual de Epigrafía sin ser epigrafista, y quienes publican un
catálogo epigráfico de una, o varias, provincias españolas, sin haber sometido a autopsia las
inscripciones, sin aportar un solo dato acerca de su paleografía o posible cronología, y sin
aportar una sola fotografía. Sin embargo, afortunadamente casos extremos como los señala-
dos no son demasiado frecuentes. La mayoría de los arqueólogos e historiadores de la Anti-
güedad que se dedican a la Epigrafía latina como principal línea de investigación lo hacen
con el mejor empeño posible y, en algunos casos, sus trabajos pueden considerarse como
ejemplos a seguir. Aunque es cierto que, como señalaba recientemente Javier de Santiago, el
método epigráfico imperante adolece de ciertas deficiencias que hay que mejorar cuanto
antes, sobre todo en lo que se refiere al método paleográfico.
3. HISTORIOGRAFÍA DE LA EPIGRAFÍA
19
Cfr. M. GUARDUCCI, Epigrafia greca, vol. I, Roma 1967, pp. 27 ss.
20
En este sentido la Descripción de Grecia de Pausanias (siglo II d. C.), donde se dedican interesantes párrafos al comentario
de textos epigráficos, debe considerarse como directa heredera de la tradición helena que antes hemos reseñado, además de ser
su autor griego y estar escrita en esta lengua.
21
Su interés principal radica en que nos muestran los más antiguos precedentes de las recopilaciones eruditas que, como se verá
más adelante, gozarán de gran predilección a partir del final del Medievo y, sobre todo, ya en el Renacimiento.
22
Un ejemplo es el Curiosus urbis, que contiene una enumeración de los principales monumentos romanos de inicios del siglo
VIII.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
Otra figura importante del Renacimiento epigráfico italiano fue Poggio Brancciolini
(1380-1459), autor de De fortuna et varietate Urbis Romae. Pero la personalidad más impor-
tante de este siglo es sin duda Ciriaco di Pizzicolli (1391-1457), también conocido como
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
Ciriaco d'Ancona. En sus numerosos viajes por el Mediterráneo oriental tomó apuntes de los
más variados restos arqueológicos, en los que no faltan numerosas transcripciones de epígra-
fes monumentales. Sin embargo sus Comentarii, publicados en 1431 en tres volúmenes, no
nos ha llegado en su totalidad.
En una fecha tan temprana como la segunda mitad del siglo XVII se funda en París la
Academie des Inscriptions, en cuyas expediciones a diversos lugares se hicieron numerosas co-
pias de inscripciones. Además de Italia y Francia, otros países, como Inglaterra y Alemania, em-
piezan a destacar por sus investigaciones epigráficas. Se publican los trabajos de Scipione Maffei
—autor del Ars critica lapidaria26—, Corsini —autor de los Fasti Attici—, G. Marini —
comentarista de las actas de los Fratres Arvales—, y Borghesi. Ya en el siglo XVIII, Scipione
Maffei, en colaboración con J. F. Segnier, impulsó un proyecto, en este caso inacabado, de sínte-
sis y actualización de los conocimientos epigráficos, en el Graecum siglae lapidariae (1732).
El siglo XIX es, como ya hemos señalado anteriormente, el siglo de la ciencia epigrá-
fica moderna, como consecuencia de la realización de importantes corpora de inscripciones
griegas y latinas, impulsados por la Academia de Berlín. En efecto, a partir de estos momen-
tos, se sientan las bases para una diferenciación clara entre Epigrafía latina y Epigrafía grie-
ga, y, posteriormente, la Epigrafía cristiana.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
to Böckh, y que comprendería el estudio de todas las inscripciones griegas conocidas, con exclu-
sión de los epígarfes de época helenística. El primer volumen del CIG se edita en Berlín en 1828,
y supone un notable avance en lo que se refiere al método de estudio y edición de las inscripcio-
nes27. Uno de los aspectos más destacados de este magno catálogo, del que se editaron cuatro
volúmenes, era la creación de un criterio de ordenación geográfica para clasificar las inscripcio-
nes y, sobre todo, la inclusión de los datos materiales del soporte de los epígrafes recopilados.
Cuando, en 1859, se edita el último volumen del CIG la obra ha quedado obsoleta, por
lo que la Academia de Berlín acomete la empresa de su actualización, que será dirigida por
A. Kirchkoff , U. Koehler y W. Dittenberger. Bajo el título de Corpus Inscriptionum Attica-
rum (CIA) se inicia este nuevo repertorio, del que se editaron tres volúmenes entre 1873 y
1888, con el objetivo de actualizar el repertorio de inscripciones griegas del Ática.
A comienzos del siglo XX, la Epigrafía griega vuelve a recibir un nuevo impulso
cuando U. von Wilamowitz-Mellendorff, al frente de los estudios epigráficos de la Academia
de Berlín desde 1902, decide organizar un nuevo corpus epigráfico, denominado Inscriptio-
nes Graecae (IG). El planteamiento de esta obra, en quince volúmenes, sigue una ordenación
geográfica, aunque se concibió limitado únicamente a la Grecia continental y a las islas,
dejando fuera Asia y Egipto. De los quince volúmenes previstos sólo se editaron diez, y en el
mismo se incluyeron los catálogos epigráficos de diversas áreas de Grecia septentrional,
Peloponeso, silas del Egeo y Occidente que habían sido editados entre 1892 y 1902.
Posteriomente, las lagunas de las IG, han intentado salvarse con trabajos tan relevantes
como el de Margherita Guarducci, que estudió las inscripciones griegas y latinas de Creta,
desde el siglo VII a. C., hasta los primeros momentos de la ocupación bizantina de la isla28.
Otros proyectos, menos ambiciosos, realizados por decenas de epigrafistas, se han centrado
en el estudio de regiones más pequeñas29.
27
No obstante lo cual, los primeros volúmenes del CIG presentaban defectos formales, sobre todo en lo que se refiere a la
pureza de los textos recopilados, ya que muchos de ellos no habían sido sometidos a autopsia.
28
Cfr. M. GUARDUCCI, Inscriptiones Creticae opera et consilio F. Halbherr collectae (IC), 4 vols., Roma 1935-1950.
29
El resultado final es una atomización de las publicaciones prácticamente inabarcable.
30
Cfr. R. CAGNAT y G. LAFAYE, Inscriptiones Graecae ad res Romanas pertinentes (IGRRP), 3 vols., Paris 1906-1927.
31
Tituli Asiae Minoris conlecti et editi auspiciis Academiae litterarum Vindobonensis (TAM), Wien 1901 y ss., cfr. cfr. § 4.10.7.8
32
Monumenta Asiae Minoris Antiqua (MAMA), Manchester 1928-1962, London 1988 ss. , cfr. cfr. § 4.10.7.8.
33
Supplementum Epigraphicum Graecum (SEG). Los primeros 25 volúmenes se editaron en Leiden entre 1923 y 1926, desde el volu-
men 26 (1976) se edita en Amsterdam. El caudal de información que aportan los SEG es tal que su consulta por los investigadores sólo
se puede hacer a través de los útiles índices que se han venido editando desde 1950.
34
Para ampliar la información recogida aquí, cfr. G. PACI y S. SCONOCCHIA (eds.), Ciriaco d'Ancona e la cultura antiquaria dell'Uma-
nesimo, Atti del Convegno internazionale di studio (Ancona 1992), Reggio Emilia 1998. M. SCHMIDT, Corpus Inscriptionum Latina-
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
zen, Hülsen, Hübner, Bormann, De Rossi y R. Cagnat. Esta magna obra, cuya publicación se
planificó en quince volúmenes, pretendía recopilar las inscripciones latinas según un criterio
geográfico-topográfico, que todavía permanece vigente en el actual proceso de renovación de
los fascículos editados en el siglo XIX y primera décadas del siglo XX.
Sin embargo, al igual que sucediera con los catálogos de Epigrafía griega impulsados
desde la Academia de Berlín, el proyecto era demasiado ambicioso como para poder acome-
terse por completo. Por esta razón, y quizá también por criterios políticos, surgen proyectos
alternativos que, con aspiraciones menos elevadas, ayudan a sistematizar el conocimiento de
la Epigrafía latina de países y regiones concretas. Sin ánimo de ofrecer aquí un listado exce-
sivamente extenso, citemos los trabajos de los epigrafistas franceses en el Norte de África36,
o las recopilaciones de Esperandieu para la Galia37 o las de Collingwood y Wrigth para Bri-
tania38. En Grecia, sobresalen las publicaciones de las inscripciones de Delos, por Roussel y
Launey39, y las de Corinto, por West40. A ellos hay que sumar los catálogos epigráficos de la
Dacia y Panonia, realizados por Hoffiller y Saria, y Dobo41.
Además de todo lo dicho, merecen ser destacadas en este breve resumen, las aporta-
ciones de Jean Mallon en el campo de la Paleografía latina y sus valiosas consideraciones
sobre el proceso de elaboración de las inscripciones antiguas, que tanta importancia han te-
nido en las investigaciones posteriores sobre las officinae lapidarias42. Igualmente, cabe citar
aquí, precisamente al hilo del estudio de los talleres epigráficos, las aportaciones de Giancar-
lo Susini, que tanto han contribuido al mejor conocimiento de las relaciones entre texto y
soporte epigráfico43. Y para el ámbito de la paleografía de las inscripciones los estudios del
matrimonio Gordon, aún hoy de obligada consulta, sobre todo porque desde sus trabajos la
paleografía de las inscripciones latinas no ha vuelto a ser objeto de un estudio global como el
que ellos realizaron44.
rum, Berlin 2001; J. P. WALTZING, Le recueil général des inscriptions latines (Corpus Inscriptionum) et l’épigraphie latine depuis 50
ans, Louvain 1892; E. ZIEBARTH, «Cyriacus von Ancona als Begründer der Inschriftenforschung», Neue Jahrbücher für das Klass.
Altertum 9, 1902, pp. 214-226.
35
En este sentido, cfr. M. R. DE LA BLANCHÈRE, Histoire de l'Epigraphie romaine, depuis les origins jusq'a la publication du Corpus,
Paris 1887.
36
Cfr. R. CAGNAT, A. MERLIN y L. CHATELAIN, Inscriptions latines d’Afrique (Tripolitaine, Tunisie et Maroc), Paris 1923; L. CHATE-
LAIN, Inscriptions latines du Maroc, I, Paris 1942; S. GSELL y H. G. PFLAUM, Inscriptions latines d’Argelie, 2 vols., Paris 1922-1957. A
los que hay que sumar, J. M. REYNOLDS y J. M. C. WARD-PERKINS, The Inscriptions of Roman Tripolitana, Roma 1952.
37
Cfr. E. ESPERANDIEU, Inscriptions latines de Gaule, Paris 1928-1929.
38
Cfr. R. COLLINGWOOD y R. WRIGHT, The Roman Inscriptions of Britain, Vol. I: Inscriptions on stone, Oxford 1965. El vol.
II de la obra, dividido en nueve partes, ha sido editado entre 1990-1995 por S. S. FRERE y R. S. O. TOMLIN, y está dedicado al
Instrumentum domesticum. La editorial De Gruyter ha publicado un útil índice de concordancias en CD-ROM, cfr. M. NAINZ-
MANN y P. SCHUBERT, Auxilia Epigraphica I. Roman Inscriptions of Britain, Berlin 1999.
39
Cfr. G. ROUSSEL y M. LAUNEY, Inscriptions de Délos. Décretes posterieures à 166 av. J. C. Dédicaces posterieures à 166 av.
J. C., Paris 1967.
40
Cfr. A. S. WEST, Corinth. Results of excavations conduced by the American School of Classical Studies of Athens. Vol. VIII.2:
Lain Inscriptions, Cambridge 1931.
41
Cfr. V. HOFFILLER y B. SARIA, Antike Inschriften aus Jugoslavien, I: Noricum und Pannonia superior, Zagreb 1938; A.
DOBO, Inscriptiones extra fines Pannoniae Daciaque repertae ad res earundem provinciarum pertinentes, Budapest 1940.
42
Cfr. J. MALLON, Paléographie Romaine, Madrid 1952, p. 58. Obras que, en su conjunto, marcan una etapa decisiva en la
valoración de las inscripciones, como se reconoce, de una forma u otra, en los planteamientos de investigadores posteriores.
43
Cfr. G. SUSINI, Il lapicida romano. Introduzione all'epigrafia latina, Bologna 1966; ID., Epigrafia romana, Roma 1989,
También se debe a este autor la definición del «ambiente global» del epígrafe, como la suma de toda una serie de factores que
condicionan y mediatizan, su propia ejecución y características, y, desde luego, el planteamiento de su estudio crítico por parte
del investigador. En parte, sobre esto se había ocupado en su momento J. Mª de Navascués cuando, al referirse al estudio de las
inscripciones señalaba que en la ejecución de una inscripción intervenían diversos factores, entre los cuales estaban el intelec-
tual, el psicológico y el físico, cfr. J. Mª DE NAVASCUÉS, op. cit. (nota 4), p. 66.
44
Cfr. A. E. GORDON y J. S. GORDON, Contributions to the Palaeography of Latin Inscriptions, Berkeley 1957; ID., Album of
22
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
Figura 2. Autopsia de una inscripción en el lapidario del Museo Arqueológico Provincial de Lugo.
Dated Latin Inscriptions, 7 vols. Berkeley 1958-1965. Para quienes no tengan acceso a ambas obras, cfr. A. E. GORDON, Illus-
trated introduction to Latin Epigraphy, Berkeley-Los Angeles 1983.
45
Cfr. A. CAPELLI, Lexicon Abbreviaturarum. Dizionario di Abbreviature latine, Milano 1929.
46
Cfr. E. DE RUGGIERO, Dizionario epigrafico di antichità romane, Roma 1886 –.
47
El próximo Congreso de la AIEGL se celebrará en Berlín en agosto de 2012. Los anteriores se celebraron en Oxford (2007) y
Barcelona (2002).
48
Cfr. F. GROSSI GONDI, Trattato di epigrafia cristiane e greca del mondo romano occidentale. I monumenti cristiani dei primi
sei secoli, Roma 1920.
49
Cfr. A. SILVAGNI, Monumento epigraphica christiana saeculo XIII antiquiora quae in Italiae finibus exstant. I : Roma; II-1:
23
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
publicados, desde 1922, por A. Salvagni y A. Ferrua51—, a las que hay que añadir el clásico
repertorio de Diehl52, junto a otro más reciente53.
El interés por las inscripciones que se inicia en los albores del Renacimiento italiano,
y que trae como consecuencia su estudio y coleccionismo, influyó en los eruditos españoles,
como demuestran las numerosas referencias sobre colecciones de inscripciones antiguas
procedentes de España, conocidas ya desde el siglo XV54. Sin embargo, la información que
tenemos de este periodo es muy oscura, como muestra el propio Emil Hübner al hablar en las
páginas iniciales del CIL II de un «antiquissimus» y un «antiquus», como dos fuentes anó-
nimas de las que bebieron los eruditos del siglo XVI55. Precisamente en esa centuria dos
viajeros, Mariangelo Accursio56 y Nikolaus Mameranus57, que recorrieron el país, recopila-
ron en sus diarios cuantas inscripciones tuvieron ocasión de ver. Con estos mimbres, eruditos
del siglo XVI como Florián de Ocampo58, Ambrosio de Morales59 o Jerónimo Zurita60, entre
otros, tejieron una tradición escrita sobre las antigüedades hispanas, cuya contribución para
la tradición posterior sería fundamental.
Pero además de los citados, uno de los hombres más sabios de España en su época, que
contribuyó al desarrollo de los estudios epigráficos —y numismáticos— fue Antonio Agustín y
Albanell (1517-1586). Un diplomático que llegó a ser obispo de Lérida y arzobispo de Tarrago-
na, ciudad donde verían la luz, un año después de su muerte, sus Diálogos de medallas, inscrip-
ciones y otras antigüedades, cuya redacción le llevó los años finales de su vida. Agustín, amigo
de numerosos eruditos de la época, fue un excelente jurista y recopiló a lo largo de su vida diver-
sas colecciones de inscripciones que actualmente se conservan de forma manuscrita61.
También sobresalen en el siglo XVI eruditos como Gaspar de Castro, canónigo de Sa-
Mediolanum; II-2 : Comum; II-3, Papia; III-l, Luca; IV-1, Neapolis; IV-2, Beneventum; Città del Vaticano 1935.
50
Cfr. J. B. de ROSSI (ed.), Inscriptiones christianae urbis Romae septima saeculo antiquiores, Roma 1857-1915.
51
Cfr. A. SILVAGNI y A. FERRUA (eds.), Inscriptiones christianae urbis Romae septima saeculo antiquiores. Nova series, Roma 1922–.
52
Cfr. E. DIEHL, Inscriptiones Latinae Christianae Veteres, 4 vols., Berlin-Dublin-Zürich 1925-1967. Para su consulta es
aconsejable atender a la obra de A. FERRUA, Nuove correzioni alla Silloge del Diehl Inscriptiones Latinae Christianae Veteres,
Città del Vaticano 1981.
53
Inscriptiones christianae Italiae septimo saeculo antiquiores, Bari 1985– .
54
El interés por la Historiografía en los últimos años, ha contribuido a una amplia bibliografía sobre el tema, que resumimos aquí, cfr.
M. H. CRAWFORD (ed.), Antonio Agustín between Renaissance and Counter-Reform, London 1993; H. GIMENO PASCUAL, Historia de
la investigación epigráfica en España en los ss. XVI y XVII, a la luz del recuperado manuscrito del Conde de Guimerá, Zaragoza 1997;
G. MORA, Historias de Mármol. La Arqueología clásica española en el siglo XVIII, Madrid 1998. Además, hay numerosos trabajos de
interés publicados en obras colectivas, algunas de las cuales recogen las actas de congresos y reuniones científicas dedicadas a la Histo-
riografía de la Arqueología, Epigrafía y Numismática, cfr. J. ARCE y R. OLMOS (eds.), Historiografía de la Arqueología y de la Historia
Antigua en España (Siglos XVIII-XX), Madrid 1991; J. BELTRÁN y F. GASCÓ (eds.) La Antigüedad como argumento, I. Historiografía
de la Arqueología e Historia Antigua en Andalucía, Sevilla 1993; F. GASCÓ, y J. BELTRÁN, (eds.) La Antigüedad como argumento, II.
Historiografía de la Arqueología e Historia Antigua en Andalucía, Sevilla 1995; J. BELTRÁN et alii (eds.), Iluminismo e Ilustración. Le
Antichità e i loro protagonisti in Spagna e in Italia nel XVIII secolo, Roma 2003; G. MORA y M. DÍAZ-ANDREU (eds.), La cristalización
del pasado: Génesis y desarrollo del marco institucional de la Arqueología en España, Málaga 1997; M. AYARZAGÜENA y G. MORA
(eds.), op. cit. (nota 14); M. DÍAZ-ANDREU, G. MORA y J. CORTADELLA (coord.), op. cit. (nota 14); J. SALAS, La Arqueología en Anda-
lucía durante la Ilustración (1736-1808), Málaga 2010.
55
Cfr. E. HÜBNER, CIL II p. V n. 4 y p. VI n. 6.
56
Sobre Mariangelo Accursio (1489-1546), cfr. E. HÜBNER, CIL II p. VII. 9.; G. FABRE, «Accursius, Hübner et l’ épigraphie de
Conimbriga», en R. ÉTIENNE (ed.), Épigraphie Hispanique. Problèmes de méthode et d’ édition (Table Ronde Internationale,
Bordeaux 1981), Paris 1984, pp. 61-67; X. DUPRÉ I RAVENTÓS, «Mariangelo Accursio. Un humanista italià a la Catalunya de
principis del segle XVI», Miscellània Arqueològica a Josep M. Recasens, Tarragona 1992, pp. 45-56.
57
Sobre Nikolaus Mameranus (1500-1567), cfr. CIL II p. VIII, n.10; N. DIDIER, Nikolaus Mameranus. Ein Luxemburger Hu-
manist des XVI. Jahrhunderts am Hofe der Habsburger. Sein Leben und seine Werke, Freiburg im Breisgau 1915; R. WIEGELS,
«Ein “Gemeinschaftsgrab” für Tote aus der Varusschlacht im südlichen Hispanien? – Zur frühneuzeitlichen Überlieferung
zweier Inschriften und Grabepigramme», AEspA 74, 2001, pp. 81 ss.
58
Sobre la contribución de Florián de Ocampo (1499?-1555?) al estudio de la epigrafía hispánica, cfr. E. HÜBNER, CIL II p.
XIII; F. WULF ALONSO, «Andalucía antigua en la historiografía española (XVI-XIX)», Ariadna 10, 1992, pp. 9-32; H. GIMENO
PASCUAL, op. cit. (nota 54), pp. 222-224.
59
Sobre Ambrosio de Morales (1513-1591), contamos con una reciente monografía, que dedica uno de sus capítulos centrales al
papel de los estudios epigráficos en sus Antigüedades de las ciudades de España, incluyendo su contribución al estudio de la
paleografía de las inscripciones, cfr. S. SÁNCHEZ MADRID, Arqueología y Humanismo. Ambrosio de Morales, Córdoba 2002.
Además, cfr. G. MORA, «Ambrosio de Morales», en M. AYARZAGÜENA, G. MORA (eds.), op. cit. (nota 54), pp. 21-23.
60
Sobre el papel de Jerónimo Zurita (1512-1580) como recopilador de inscripciones, cfr. Ibidem, pp. 228-232.
61
Son numerosos los estudios publicados sobre Antonio Agustín y su obra, cfr. M. H. CRAWFORD (ed.), Antonio Agustín betwe-
en Renaissance and Counter-Reform, London 1993. La importancia y reconocimiento internacional de su obra, traducida al
italiano y latín, puede verse en el estudio de A. SAVIO, «Delle traduzioni ed edizioni italiane dei Dialogi di Don Antonio Agus-
tin», Acta Numismàtica (Homanatje a Villaronga), 21-23, 1991-1993, pp. 77 ss. Sobre su aportación para el desarrollo de la
ciencia epigráfica en España, cfr. H. GIMENO PASCUAL, «Manuscritos y epigrafía española: datos para un censo español», en M.
H. CRAWFORD (ed.), Antonio Agustín between Renaissance and Counter-Reform, London 1993, pp. 291-302.
24
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
lamanca, que desarrolló su labor colectora entre 1540 y 1551, Luis de Lucena62, Juan Ar-
mengol, Alfonso Tavera y, ya más tarde, además de los cronistas arriba citados, Pedro Anto-
nio Beuter, Juan Fernández Franco de Montoro63, Vergara64, y aquellos autores valencianos y
aragoneses, cuyas obras fueron recogidas por Gaspar Calcerán de Castro65. Son numerosas
también las inscripciones romanas de España mencionadas en trabajos de eruditos extranje-
ros, que se valen de las recopilaciones antes mencionadas. Este es el caso de los trabajos de
Sanloutius, Francesco Colonna y Aldo Manuzio66, Onofre Panvinio, Pietro Vittori (Victo-
rius), Alfredo Occon, Esteban Pighio, Martín Smecio, etc.
Pero la mera recopilación de epígrafes que caracteriza el siglo XVI español deja paso a
una paulatina y fructífera valoración científica de las inscripciones, como un nuevo instrumento
para el conocimiento de la cultura romana en sus más variados aspectos. En el siglo XVII sobre-
sale la aportación de Abraham de Bibran, quien en su viaje por España (1621-1625), recopiló un
gran número de epígrafes, algunos inéditos. Junto a él, la labor del humanista Rodrigo Caro67;
Luis Núñez (Ludovicus Nonnius), con su Hispaniae descriptio; Enrique Baca de Alfaro; Juan
Bautista Valenzuela Velázquez; Martín Vázquez Siruela, canónigo del Sacro Monte de Granada
y autor de las Inscripciones pertenecientes a la España mitológica, obra tributaria de las recopila-
ciones de Zurita, Ocampo y otros68. Tampoco pueden olvidarse otras muchas aportaciones
epigráficas, vertidas en un gran número de historias locales, no obstante bastante contaminadas
por los falsos cronicones, cuyo carácter marcadamente local impidió su difusión entre buena
parte de los investigadores hispanos, y a casi la totalidad de los extranjeros69.
Destaca también en el siglo XVII, la obra de Jan de Gruytère (Johannes Gruterus), quien
en 1602 publica en Heidelberg el que será el mayor repertoiro de inscripciones latinas —y
griegas— hasta que en el siglo XIX se acometa la edición de los corpora dirigidos desde la
Academia de Berlín70. La obra de Gruytère tiene el mérito de ser el primer corpus importante
de inscripciones griegas y latinas, pero en su realización este bibliotecario y filólogo de origen
62
Sobre Luis de Lucena (1491-1552), cfr. M. DALY DAVIS, «Zum Codex Coburgensis: frühe Archäologie und Humanismus im
Kreis des Marcello Cervini», en Antikenzeichnung und Antikenstudium in der Renaissance, Mainz am Rhein 1989, pp. 185-199;
R. COOPER, «Agustin and Matal, Epigraphical Research in Rome in the Mid-Sixteenth Century: The Papers of Antonio Agustín
and Jean Matal», en M. H. CRAWFORD (ed.), op. cit. (nota 54), pp. 95-111; A. HERRERA CASADO, La capilla de Luis de Lucena
en Guadalajara, Guadalajara, 1991; A. VILLAVERDE GIL, El manuscrito de Lucena, Guadalajara 2000.
63
Como destaca Helena Gimeno, Hübner tenía una alta consideración la labor realizada por este epigrafista cordobés, cfr. H.
GIMENO PASCUAL, op. cit. (nota 54), pp. 232-238; P. MURO, Inscripciones latinas de Córdoba recogidas por Fernández Fran-
co, Córdoba 1990.
64
Poco sabemos del Vergara del siglo XVI que cita Hübner en la introducción del CIL II, aunque todo parece indicar que se trata de
Juan de Vergara, latinista y helenista que desempeñó la cátedra de Griego en la Universidad de Alcalá, como ha propuesto Helena
Gimeno, cfr. CIL II p. XVII. n. 39.
65
Para un encuadre historiográfico de estos personajes y su situación en el rico panorama epigráfico andaluz, cfr. J. GONZÁLEZ, «Histo-
riografía epigráfica andaluza (siglos XV-XVI)», en J. BELTRÁN, F. GASCÓ (eds.), La Antigüedad como argumento, Sevilla, 1993, pp.
63-84 (sobre este trabajo, cfr. lo dicho en H. GIMENO PASCUAL, op. cit. (nota 54), p. 241; cfr. también F. WULFF ALONSO, «Andalucía
antigua en la Historiografía española (XVI-XIX)», Ariadna 10, 1992, pp. 9-80; J. SALAS, op. cit. (nota 54).
66
Véase la Hypnerotomachia Poliphili, publicada en Venecia en 1499 por Aldo Manuzio, sin duda el más famoso e ilustre de
los tipógrafos del Renacimiento italiano, en cuya obra, y en ésta en particular, se aprecia una clara intención de repetir, ahora de
la mano de la tipografía renacentista, la belleza de los antiguos códices miniados. Se trata de una obra particularmente intere-
sante para el estudio de la epigrafía y anticuaria hispana, de la que disponemos de una cuidada edición, relativamente reciente,
cfr. P. PEDRAZA (ed.), Francesco Colonna. Sueño de Polifilo, Barcelona 1999.
67
Cfr. R. CARO, Antigüedades y principado de la ciudad de Sevilla y Chorographia de su convento juridico, Sevilla 1634. Para
la valoración de este personaje cfr. A. GARCÍA Y BELLIDO, «Rodrigo Caro. Semblanza de un arqueólogo renacentista», AEspA
24, 1951, pp. 5 ss.; J. GÓMEZ CANSECO, Rodrigo Caro, un humanista en la Sevilla del seiscientos, Sevilla 1986; G. MORA,
«Rodrigo Caro», en M. AYARZAGÜENA y G. MORA (eds.), op. cit. (nota 14), pp. 33-35.
68
Sobre la evolución de la investigación epigráfica en España desde mediados del siglo XV a la primera mitad del siglo XVII
remitimos a las valiosas conclusiones que, en su día, extrajo Helena Gimeno a partir del estudio del Códice Valentino, cfr. H.
GIMENO PASCUAL, op. cit. (nota 54), pp. 241-245.
69
De este interesante tema se han venido publicando numerosos trabajos, desde el clásico de J. GODOY ALCÁNTARA, Historia
crítica de los falsos cronicones, Madrid 1868 (ed. facsímil, Granada 1992) a otros más recientes como el de J. CARO BAROJA,
Las falsificaciones de la Historia en relación con las de España, Madrid 1991, pp. 30 ss. Un desarrollo más reciente del tema,
resaltando el aspecto de información y manipulación epigráfica, con especial referencia a la obra de los falsarios se debe a J.
BELTRÁN FORTES, «Entre la erudición y el coleccionismo», en F. BELTRÁN Y F. GASCÓ (eds.), op. cit. (nota 54), pp. 108 ss.; P.
GUINEA, «Tergiversaciones en la Historiografía andaluza del siglo XVII sobre la Antigüedad y la Arqueología», en F. GASCÓ,
F. BELTRÁN (eds.), op. cit., (nota 54) pp. 121-133. Además, cfr. H. GIMENO PASCUAL, op. cit. (nota 54), pp. 241-245.
70
En efecto, la monumental obra de Gruytère titulada Inscriptiones antiquae totius orbis romani in corpus absolutiss(imum)
redactae cum indicib(us) XXIV, más conocida simplemente como el Thesaurus recopila en total, 12.000 inscripciones. Sobre el
autor y su obra, cfr. C. SMED, Johannes Gruterus, Sein Leben und Wirken, Bonn 1939; L. FOSTER, Johannes Gruterus’s English
Year, Leiden-Oxford, 1967; I. CALABI LIMENTANI, Epigrafia Latina, Milano 1974³, pp. 51-53; C. L. HEESAKKERS, «Gruterus»,
en C. Nativel (ed.), Centuriae latinae, Cent une figures humanistes de la Renaissance aux Lumières offertes à Jacques Choma-
rat, Ginebra 1997, pp. 405-410.
25
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
Durante el siglo XVIII se lleva a cabo una importante reactivación de los estudios epigrá-
ficos, destacando figuras como Manuel Martí, Gregorio Mayans i Siscar72, el Padre Flórez, Luis
José de Velázquez, Francisco Pérez Bayer, José Cornide, J. de Loperraez y Corvalán, el conde de
Lumiares73, y los portugueses P. Jerónimo Contador de Argote y el arzobispo de Evora Fray
Manuel de Cenaculo. Incluso en una obra singular de este siglo como Los viajes de Antonio Ponz
Piquer, publicados entre 1772 y 1794, es posible encontrar abundantes referencias a inscripcio-
nes, en algunos casos incluso inéditas74. Además, es en este siglo cuando se fundan las Acade-
mias de Lisboa, la Real Academia de la Historia de Madrid, y las de Sevilla y Barcelona, lo que
repercutirá positivamente en el progreso de los estudios epigráficos y numismáticos.
Pero el XVIII es también el siglo del jesuita Francisco Pérez Bayer (1711-1794), hebraísta
y numísmata, que dedicará su vida al estudio de las lenguas orientales, el origen de los alfabetos
y las lenguas primitivas de la Península Ibérica. De ahí su interés por las monedas, ya que sus
letreros monetales, realizados en “escrituras desconocidas” eran, por aquel entonces, las principa-
les evidencias materiales de las escrituras prerromanas de la Península Ibérica. En efecto, Pérez
Bayer, gran estudioso también de las inscripciones hebreas de Toledo, consideraba que el alfabe-
to fenicio, así como el griego, descendían del hebreo —la lengua divina, la más antigua y madre
de todas las demás, según se creía en aquella época—. Dejó una interesante serie de obras publi-
cadas y algún manuscrito, pero su gran proyecto, que no pudo llevar a cabo, era la realización de
un tratado sobre las antigüedades de España que incluyera el estudio de las primeras lenguas
hispánicas a partir de las leyendas monetales75.
El siglo XIX, bautizado por algunos como «el siglo de la Epigrafía», es verdaderamente
fructífero para la Epigrafía en España. Durante esta centuria se sucede la publicación de numero-
sas inscripciones epigráfico, en algunas ocasiones novedoso. Tal es el caso de las aportaciones de
A. Laborde76, Jaime de Villanueva, Juan Ceán Bermúdez77, Miguel Cortés y López, así como
Pascual Madoz, entre otros. Sin embargo, aun cuando meritoria fue sin duda la labor epigráfica
de viajeros y estudiosos, se estaba lejos todavía de una visión global de la Epigrafía hispana, cuya
gran riqueza era ciertamente mal conocida. Este panorama sufre un cambio radical con la llegada
de Emil Hübner, pensionado por la Academia de Berlín para elaborar el volumen dedicado a
71
Martin Smet (Martinus Smetius), quien a mediados del siglo XVI publica en Leiden una recopilación de inscripciones anti-
guas, tanto latinas como griegas, en una obra titulada Inscriptionum antiquarum quae passim per Europam liber (1588). Frente
a la mayoría de los trabajos publicados hasta entonces, y muchos de los que se publicarían después, las inscripciones no apare-
cen ordenadas por su procedencia geográfica, sino atendiendo a su naturaleza.
72
Un figura clave de su época, cfr. G. MAYANS I SISCAR, Introductio ad veterum inscriptionum historiam litterariam (trad. y
ed. crítica de L. A. Casal y J. M. Abascal Palazón), Madrid 1999
73
Antonio Valcárcel Pío de Saboya y Moura, Príncipe Pío, marqués de Castel-Rodrigo y conde de Lumiares (1748-1808), autor
de la obra Inscripciones de Carthago Nova, hoy Cartagena, en el Reyno de Murcia, publicada en Madrid en 1796. Reciente-
mente se ha editado en Murcia una edición facsímil que cuenta con varios estudios previos sobre la obra y su autor, cfr. CONDE
DE LUMIARES, Inscripciones de Carthago Nova, hoy Cartagena, en el Reyno de Murcia, ilustradas por el Excelentísimo Señor
Conde de Lumiares, individuo de la Academia de Artes y Ciencias de Padua. Edición facsimilar, Murcia 2002.
74
Antonio Ponz Piquer (1725-1792), el «abate Ponz» —como sería conocido en su época—, autor de una guía destinada a
viajeros titulada Viage de España, o Cartas en que se da noticia de las cosas mas apreciables y dignas de saberse, que hay en
ella, publicada en 18 volúmenes, los dos últimos póstumos, cfr. E. HÜBNER, CIL II, p. XXIII n. 74; H. J. LOPE (ed.), Antonio
Ponz (1725-1792). Coloquio hispano-alemán organizado a la Biblioteca Ducal de Wolfenbüttel (3 y 4 de diciembre de 1992)
con motivo del segundo centenario de su muerte, Frankfurt 1994.
75
Cfr. F. PÉREZ BAYER, Del alfabeto y lengua de los fenices, y de sus colonias. Disertación que acompaña a la traducción de
Salustio del infante D. Gabriel de Borbón, tomo I, Madrid 1772; Id., De Numis hebraeo-samaritanis, Valencia 1781; Numorum
hebraeo-samaritanorum vindiciae, Valencia 1790; Legitimidad de las monedas hebreo-samaritanas. Confutación de la Diatri-
be de Numis Hebraicis, de D. Olao Gerardo Tychsen, Valencia 1793. Sobre la trascendencia de sus trabajos, cfr. G. MORA, op.
cit. (nota 54); EAD., «Francisco Pérez Bayer», en M. AYARZAGÜENA y G. MORA (eds.), op. cit. (nota 14), pp. 47-49 (con toda la
bibliografía anterior).
76
Cfr. A. LABORDE, Voyage pittoresque et historique de l'Espagne, Paris 1806-1820.
77
Cfr. J. CEÁN BERMÚDEZ, Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, Madrid 1832.
26
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
Hispania del Corpus Inscriptionum Latinarum, que se editaría en Berlín en 1869. Un magno
trabajo, fruto de laboriosos estudios preliminares y de un viaje realizado por buena parte de la
Península Ibérica, entre los años 1860 y 188678.
Sin lugar a dudas, a partir de la edición del CIL II se puede hablar de un antes y un
después en la Epigrafía hispánica. En esta decisiva obra se recogen, ordenan y comentan un
número de inscripciones (5.132 en total) sin precedentes en España. Una cifra que, con la
edición del Supplementum, en 1892, se elevaría a la cifra de 6.350 inscripciones latinas anti-
guas, ordenadas geográficamente conforme a la división administrativa romana establecida
por Augusto. Para la realización del CIL II, Hübner debió acometer una tarea que, hasta en-
tonces, ningún español había realizado, esto es, someter a un análisis crítico todas las publi-
caciones anteriores (siglos XVI-XVIII), tanto manuscritas como impresas, en las que se
hubiera mencionado la existencia de inscripciones o fuera posible que tuviera dicha informa-
ción. Fue una tarea ardua, sin lugar a dudas, que mantuvo ocupado a Hübner durante meses,
localizando inscripciones conocidas —o descubriendo algunas inéditas—, corrigiendo lectu-
ras inexactas y descartando epígrafes que consideró falsos o procedentes de otras regiones
(falsae vel alienae). Pero esta tarea hizo de Hübner el primero, y hasta el momento único
investigador, que ha publicado un estado de la cuestión sobre la tradición de la investigación
epigráfica en España entre el siglo XVI y el XVIII79.
27
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
las Inscriptiones Hispaniae Christianae (1871 y 1900) podemos decir que la Epigrafía me-
dieval en España da uno de sus primeros pasos, al publicarse el primer corpus epigráfico.
Unos años más tarde de la edición del primer volumen del IHC, se publicaba en Oviedo la
Asturias monumental de Ciriaco Miguel, una obra que responde a una concepción de la Epi-
grafía más arraigada a los estudios eruditos locales que a las nuevos métodos de trabajo83.
Por si fuera poca la contribución que Hübner ya había hecho a la epigrafía hispánica
con las ediciones del CIL y del IHC, en 1893 publica en Berlín su Monumenta Linguae Ibe-
ricae (MLI), el primer y durante mucho tiempo único repertorio de inscripciones prerroma-
nas de la Península Ibérica, en el que incorporó documentos conocidos desde hacía tiempo
junto a otros recién descubiertos, como el célebre Bronce de Luzaga, que Fidel Fita había
publicado en el Boletín de la Academia unos años antes. Al igual que el IHC, el Monumenta
se caracteriza por acompañar con figuras las lecturas de algunas inscripciones, lo que aumen-
taba su valor científico. Por aquellos tiempos, el debate sobre las escrituras antiguas del
Península Ibérica estaba centralizado en la cuestión del vascoiberismo y la publicación de
esta obra permitió acceder a muchos historiadores y filólogos, tanto nacionales como extran-
jeros, a un material que estaba disperso84.
Cuando decimos que el siglo XIX es «el siglo de la Epigrafía en España» no lo deci-
mos únicamente por los trabajos de Hübner en nuestro país, sino porque a raíz de la edición
del CIL II y de la incansable actividad de los investigadores y estudiosos españoles de la
época, la Epigrafía pasa a convertirse en una ciencia, con un método de trabajo que nada
tienen que envidiar al que utilizaban otros historiadores. Un paso decidido hacia la institu-
cionalización científica de la Epigrafía —y, con ella, de la Numismática y la Arqueología—
será su inclusión entre las asignaturas cuyas enseñanzas se impartían en la Escuela Superior
de Diplomática, inaugurada unos años antes de que saliera publicado en Berlín el CIL II.
Entre los estudiosos de la Epigrafía en España en las últimas décadas del siglo XIX
hay que destacar aquí a Aureliano Fernández-Guerra, Manuel Rodríguez de Berlanga y
Eduardo Saavedra, entre otros. Junto a ellos hay que mencionar los nombres de los pioneros
de la orientalística en España, como Rodrigo Amador de los Ríos (1849-1917), erudito y
arabista que, entre otras cosas, se ocupó del estudio de las inscripciónes árabes de Sevilla y
Córdoba85, y es considerado un precursor de los trabajos, realizados en el siguiente siglo, de
E. Lévy-Provençal86 y W. Caskel87.
83
Cfr. C. MIGUEL VIGIL, Asturias monumental epigráfica y diplomática, datos para la historia de la provincia, Oviedo 1887.
84
Cfr. E. HÜBNER, Monumenta Linguae Ibericae, Berlin 1893.
85
Hijo del también historiador José Amador de los Ríos (1818-1878), Rodrigo cursó estudios en la Escuela Superior de Di-
plomática y en 1869 se licenció en Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad Central. Cfr. R. AMADOR DE LOS RÍOS,
Inscripciones árabes de Sevilla, Madrid 1875 (ed. facsímil Sevilla 1998); ID., Inscripciones árabes de Córdoba precedidas de
un estudio histórico-crítico de la Mezquita Aljama, Madrid 1880.
86
Cfr. E. LÉVY-PROVENÇAL, Inscriptions arabes d’Espagne, 2 vols., Leyde-Paris 1931.
87
Cfr. W. CASKEL, Arabic Inscriptions in the Collection of the Hispanic Society of America, New York, 1936.
28
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
Figura 3. Galería superior del lapidario del Museo Nazionale Romano alle Terme di Diocleziano (Roma).
Pero la principal personalidad entre los epigrafistas españoles del último cuarto del si-
glo XIX es Fidel Fita i Colomer (1835-1918). Incansable estudioso de las inscripciones
hispánicas de todo tipo —latinas, prerromanas, hebreas, medievales—, pero también de la
Historia eclesiástica, Fita resume el modelo del historiador academicista decimonónico. Su
legado constituye una abundante obra publicada y un interesante material inédito, que no
había sido catalogado y estudiado hasta hace unos años. Con su muerte, en 1918, se cierra
una época en la Epigrafía hispánica88.
De entre todas las Ciencias de la escritura, la Epigrafía es, actualmente, la que ha sabido
aprovechar mejor —al menos por ahora— la potencialidad de las Nuevas Tecnologías, tanto
en los aspectos relacionados con la docencia como en la investigación. Recientemente hemos
publicado un artículo donde analizamos cuál es la situación en España, al hilo de los recursos
on-line disponibles en las universidades y centros de investigación españoles89, y en él men-
cionábamos algunos de los principales recursos disponibles, como la Epigraphische Daten-
bank de Heidelberg o el Epigraphik Datenbank de Mamfred Clauss90, o páginas web como la
del Centre for the Study of Ancient Documents de la Universidad de Oxford, entre otras.
88
Cfr. J. M. ABASCAL PALAZÓN, «Inscripciones romanas y celtibéricas en los manuscritos de Fidel Fita en la Real Academia de la
Historia», Archivo de Prehistoria Levantina 21, 1994, pp. 367-390; ID., «Fidel Fita y la epigrafía hispano-romana», Boletín de la Real
Academia de la Historia 193/2, 1996, pp. 305-334; ID., Fidel Fita (1835-1918). Su legado documental en la Real Academia de la
Historia, Madrid 1999; ID., «Fidel Fita», en M. AYARZAGÜENA y G. MORA (eds.), op. cit. (nota 14), pp. 299-305.
89
Cfr. M. RAMÍREZ SÁNCHEZ, «Recursos de Epigrafía y Numismática en Internet: balance actual y perspectivas en España»,
Boletín Millares Carlo 22, 2001, pp. 275-301; ID. «Epigrafía e Internet en España hoy: una introducción necesaria», Cursos
sobre el Patrimonio Histórico 14, Santander 2010, pp. 15-41.
90
A estas dos bases de datos habría que sumar el Proyecto EAGLE (Electronic Archives of Greek and Latin Epigraphy),
impulsado por la Association Internationale d’Épigraphie Grecque et Latine (AIEGL) y el Laboratorio di Epigrafia de-
ll’Universita deglio Studi di Trieste.
29
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
Desde hace ya varios años, el manejo de estos recursos está aportando a los investiga-
dores notables ventajas, al poder acceder a documentación escrita e imágenes, hasta ahora
sólo disponibles en costosas ediciones en papel, o en ocasiones, ni siquiera publicadas, debi-
do a los altos costes de publicación. Pensemos por ejemplo, en el Proyecto Vindolanda Ta-
blets Online, integrado dentro del ya citado Centre for the Study of Ancient Documents de la
Universidad de Oxford, que permite acceder a las tablillas de madera escritas del siglo II,
procedentes de las excavaciones en el campamento romano de Vindolanda (Gran Bretaña),
que ya han sido publicadas en los Vindolandae Tablets91.
Imaginemos lo que puede suponer, dentro de unos años, teclear un nombre en una ba-
se de datos y, en unos segundos, disponer de un listado con todas las correspondencias de ese
nombre en decenas —quizá cientos— de inscripciones, extraídas de repertorios epigráficos
cuya consulta nos habría llevado semanas, días o horas, dependiendo de la existencia o no de
índices actualizados y del número de correspondencias localizadas. Eso ya es posible hacerlo
con las inscripciones latinas antiguas gracias a la base de datos impulsada por Alföldy a me-
diados de los años noventa del siglo pasado. O en la de Manfred Faust, que incorpora obras
que aún no han sido vaciadas en Heidelberg. Pensemos ahora lo útil que puede ser para los
especialistas en Epigrafía medieval o moderna contar con bases de datos similares, que in-
corporen las inscripciones ya publicadas.
El asunto de la formación de los epigrafistas, o su vinculación con una u otra área de co-
nocimiento no es asunto baladí, ya que está orientando las líneas de investigación y los objeti-
vos que pretenden alcanzar los trabajos que se están realizando, y puede determinar, a corto y
medio plazo, el futuro de esta ciencia en España. Además, el porcentaje de historiadores que se
dedican a la epigrafía como principal línea de investigación no es excesivamente alto y, de
ellos, son pocos los que se dedican a la Epigrafía medieval o moderna, como veremos.
91
Cfr. A. K. BOWMAN y J. D. THOMAS, The Vindolanda Writing-tablets (Tabulae Vindolandenses II), London 1994.
92
Con el fin de no extendernos más sobre el carácter heterogéneo de la comunidad científica española que se encarga del estu-
dio de las inscripciones, véase la composición del Consejo de Redacción y del Consejo Asersor de la revista Hispania Epigrap-
hica (HEp) en sus últimos números.
30
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
es, muy escasa. Uno de los manuales españoles que mayor uso ha tenido en las universidades
españolas ha sido la Epigrafía Latina del sacerdote catalán Pedro Batlle Huguet, que su autor
definió como «el primero que se publica en lengua castellana», y que no era otra cosa sino
una traducción, resumida, del Cours d’épigrahie latine de Cagnat93. Años más tarde, José
Manual Roldán publicó en Salamanca un repertorio de materiales docentes de Epigrafía y
Numismática que, como aportación personal del autor, sólo tenía la redacción de las dos
páginas del prólogo, ya que seguía siendo en gran medida deudor del Cagnat, de la selección
de inscripciones de Dessau y de los Exempla de Hübner94. Tendrán que pasar más de veinte
años hasta que se edite un nuevo manual de Epigrafía latina en España, y que, en palabras
del autor del prólogo, es «la primera síntesis actualizada en español y con carácter de ma-
nual». Sin duda, la Epigrafía latina de Pedro López Barja es, de los tres ejemplos citados
hasta ahora, el que más se acerca a lo que cabría denominar como manual universitario, pero
su autor no es especialista en la materia, como queda de manifiesto al leer la obra95. Más
ambiciosa es la obra colectiva Fundamentos de Epigrafía Latina que, bajo la coordinación
de Javier Andreu, agrupa los trabajos de varios especialistas, algunos de ellos con escasa
experiencia investigadora (y aun más en la docencia universitaria)96. Por su concepción y,
sobre todo, por sus contenidos, se trata de una obra que debe mucho al excelente manual de
Jean-Marie Lassère97. La antología de inscripciones latinas hispánicas de Rosa Mª Sáez,
publicada por el Departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza,
es una obra dirigida a los estudiosos de la Filología latina y carece de los contenidos habitua-
les en los manuales epigráficos al uso98.
De todos estos manuales y materiales docentes enumerados, los únicos que muestran
un concepto de la Epigrafía como ciencia histórica autónoma, lejos del carácter auxiliarista
con la Historia Antigua o Medieval, son De epigrafía medieval y el Álbum de láminas re-
cientemente publicado. Por ejemplo, en estas dos obras se concede a la paleografía de las
inscripciones la importancia que ésta merece y se enseña a los estudiantes un concepto del
método epigráfico que va más allá de la simple lectura del texto y de la enumeración de car-
gos y honores descritos en el mismo, cuando éstos existen.
93
La obra fue editada por la Escuela de Filología de Barcelona, dependiente del CSIC, y el propio autor admitía en el prólogo
que, ante “la perentoriedad del plazo concedido” para su realización, se limitó a “recoger y sistematizar de una manera resumida
los conocimientos que contienen los varios Manuales publicados en lenguas extrangeras (sic)”, cfr. P. BATLLE HUGUET, Epi-
grafía latina, Barcelona 1946.
94
Cfr. J. M. ROLDÁN HERVÁS, Repertorio de Epigrafía y Numismática Latinas, Salamanca 1969.
95
Cfr. P. LÓPEZ BARJA, Epigrafía latina. Las inscripciones romanas desde los orígenes al siglo III d. C. El libro recibió varias
recensiones muy críticas con la obra. Véase, por ejemplo, la que publicó J. D’ENCARNAÇAO en Conimbriga 32-33, 1993-1994,
pp. 421-423.
96
Cfr. J. ANDREU (coord), op. cit. (nota 13).
97
Cfr. J.-M. LASSÈRE, Manuel d’épigraphie romaine, 2 vols., Paris 2007.
98
Cfr. R. Mª Marina Sáez, Antología comentada de inscripciones latinas hispánicas (siglos III a. C.-III d. C.), Zaragoza 2001.
99
Cfr. V. GARCÍA LOBO, E. MARTÍN LÓPEZ, op. cit. (nota 11).
100
Cfr. J. M. IGLESIAS GIL, J. SANTOS YANGUAS, Vademecum para la Epigrafía y Numismática latinas, Santander 2002. En
2008 ha visto la luz una segunda edición, revisada y ampliada.
101
Cfr. M. RUIZ TRAPERO, J. DE SANTIAGO FERNANDEZ y J. Mª FRANCISCO OLMOS, Álbum de láminas de Epigrafía latina y
medieval, Madrid 2003.
31
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
Figura 4. Detalle de la inscripción situada en la llamada Puerta del Postigo del aceite, en Sevilla (1573).
Otro proyecto de gran importancia, que se está llevando a cabo en España desde 1986,
es Hispania Epigraphica, que nació como centro de referencia para el estudio de la epigrafía
de España y Portugal. Su sede se encuentra en la Facultad de Estadística de la Universidad
Complutense de Madrid y cuenta también con un fichero epigráfico, que pueden utilizar los
investigadores interesados por el estudio de la epigrafía hispánica. Desde 1986 edita la serie
102
A. U. STYLOW, «CIL II Suplementum 2. Proyecto y estado actual», en R. ÉTIENNE (ed.), Epigraphie Hispanique. Problèmes
de mèthode et d’édition. Actes de la Table Ronde Internationale du C.N.R.S., Paris, 1984, pp. 365-371.
103
Hasta la fecha, se han editado tres fascísculos del CIL II² y se está trabajando en la edición del cuarto (que corresponde al
conventus Hispalensis y está ya muy avanzada), cfr. CIL II²/5 : A. U. STYLOW, R. ATENCIA PÁEZ, J. GONZÁLEZ FERNÁNDEZ,
C. GONZÁLEZ ROMÁN, M. PASTOR MUÑOZ y P. RODRÍGUEZ OLIVA (eds.), Conventus Astigitanus, Berlin 1998; CIL II²/7 : A.
U. STYLOW, C. GONZÁLEZ ROMÁN y G. ALFÖLDY (eds.), Conventus Cordubensis, Berlin 1995; CIL II²/14 : G. ALFÖLDY, M.
CLAUSS y M. MAYER (eds.), Conventus Tarraconensis, 1. Pars meridionalis, Berlin 1995.
32
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
LA EPIGRAFÍA, DE CIENCIA AUXILIAR A CIENCIA HISTÓRICA
Hispania Epigraphica (HEp), de la que ya han visto la luz diez volúmenes. El objetivo de
esta revista es ofrecer a los investigadores un instrumento ágil para conocer las novedades
epigráficas publicadas (tanto nuevas lecturas de inscripciones ya conocidas como lecturas de
inscripciones inéditas)104.
Además de estos dos proyectos, conviene hacer mención aquí de los trabajos realiza-
dos dentro del Proyecto PETRAE —del que nos hemos ocupado en un capítulo anterior—105.
Hasta el momento, se ha estudiado la epigrafía de tres provincias españolas (Teruel, Canta-
bria y Ávila), siguiendo el modelo de trabajo del proyecto, a las que hay que unir el estudio
de la epigrafía romana de Bílbilis (Calatayud, Zaragoza). Desde hace tiempo están muy
avanzados los repertorios epigráficos de otras provincias, como Álava106.
Finalmente, hay que destacar el segundo gran proyecto que se está ejecutando en la
actualidad, parangonable a otros proyectos similares en otras naciones europeas. Nos referi-
mos al Corpus Inscriptionum Hispaniae Medievalium107, que dirige Vicente García Lobo, del
cual se han editado ya dos volúmenes. El primero de ellos corresponde a la epigrafía medie-
val de Zamora108, mientras se está trabajando ya en la realización de los siguientes, corres-
pondientes a otras provincias de la Comunidad de Castilla y León. El segundo volumen edi-
tado es el correspondiente a los documentos de época visigoda escritos en pizarra, cuyo estu-
dio ha realizado Isabel Velázquez109. Este proyecto de investigación es el más ambicioso que
se ha realizado hasta la fecha en España, en el ámbito de la Epigrafía medieval, que en los
últimos años ha experimentado un desarrollo muy importante en nuestra país, con la lectura
de varias Tesis Doctorales y decenas de publicaciones. Conviene destacar que el proyecto de
realización del Corpus Inscriptionum Hispaniae Medievalium, no pretende únicamente pu-
blicar las inscripciones medievales del país, sino que aspira a sentar las bases teóricas y me-
todológicas para futuros estudios de este tipo en España. Su ejecución ha colocado a nuestro
país entre las naciones europeas que tienen en marcha proyectos de edición de las inscripcio-
nes medievales, conforme a un modelo unitario de edición.
104
Sobre el desarrollo del proyecto recomendamos la lectura de las introducciones de los distintos volúmenes, donde se descri-
ben los progresos de cada año. Particularmente interesante es el publicado en HEp 1 (1989), donde se describe la filosofía
inicial del proyecto, y el de HEp 10 (2000), donde se analiza lo realizado en los diez primeros volúmenes.
105
Sobre el Proyecto PETRAE, remitimos a lo dicho en M. RAMÍREZ SÁNCHEZ, op. cit. (nota 3), p. 64, nota 51.
106
Cfr. M. MARTÍN BUENO y M. NAVARRO CABALLERO, «Estudio sobre la epigrafía romana de Bilbilis (E.R.Bil)», Veleia 14, 1997, pp.
205-239; M. NAVARRO CABALLERO, La epigrafía romana de Teruel (E.R.Ter.), Teruel, 1994; A. RUIZ y J. M. IGLESIAS, Epigrafía
romana de Cantabria, Bordeaux-Santander, 1998; Mª DEL R. HERNANDO SOBRINO, Epigrafía romana de Ávila, Bordeaux-Madrid 2005
107
El Corpus Inscriptionum Hispaniae Medievalium, se inscribe dentro de la Series Hispanica del Monumenta Palaeographica
Medii Aevi (MPMA), magna obra que dirigen Hartmut Atsma y Jean Vezin. Dentro del MPMA, pero en la Series Hebraica,
recientemente ha sido editado el primer tomo del catálogo de inscripciones funerarias hebraicas de España, cfr. J. CASANOVAS
MIRÓ, Las inscripciones funerarias hebraicas medievales de España, Tomo I, Monumenta Paleographica Medii Aevi, Series
Hebraica, Turnhout 2004.
108
Cfr. M. GUTIÉRREZ ÁLVAREZ, op. cit. (nota 9); M. GUTIÉRREZ ÁLVAREZ y M. PÉREZ GONZÁLEZ, op. cit. (nota 9).
109
Cfr. I. VELÁZQUEZ SORIANO, Documentos de época visigoda escritos en pizarra (Siglos VI-VIII), Monumenta paleographica
Medii Aevi, Series Hispanica, 2 volc., Turnhout 2000.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
MANUEL RAMÍREZ SÁNCHEZ
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
COMUNICACIÓN ORAL, MEMORIA E HISTORIA
Comunicación oral,
Memoria e Historia
35
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
PILAR DOMÍNGUEZ PRATS
Resumen: Este trabajo se plantea llevar acabo una reflexión teórica sobre el uso de la me-
moria oral en relación con la disciplina de la historia del tiempo presente. En primer lugar
planteamos los rasgos básicos de la memoria y de la entrevista oral, definida por A. Portelli
como un trabajo de relaciones personales entre el narrador y el investigador, entre los suce-
sos del pasado y el presente. A continuación se explica cómo la memoria y los testimonios
orales han sido considerados una fuente primordial para construir la historia desde la anti-
güedad y luego fueron de nuevo recuperados por la nueva historia social desde mediados del
siglo XX tras la aparición de la grabadora. También se aborda el uso público de la historia
oral, tanto en la sociedad civil como en el aula de historia
Palabras clave: Memoria, historia oral, historia social, narrativas biográficas, historias de
vida, entrevistas.
Abstract: This research proposes to undertake a theoretical consideration about the user of
oral memory in relation to the branch of history labelled “the history of the present time.”
First, I draw upon A. Portelli’s view that memory and oral interviews are characterized as
“an undertaking of personal relations between the narrator and the researcher that is found
between the events of the past and the present.” Following this, I consider how memory and
oral testimonies have been seen as an essential source to construct history since antiquity and
were recovered for use within the new social history beginning in the mid-twentieth century
with the appearance of tape recorders. Finally, current public use of oral history in Spain is
examined both in civil society and in the history classroom.
Keywords: Memory, oral history, social history, interviews, biographic narrative, life stories.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
COMUNICACIÓN ORAL, MEMORIA E HISTORIA
Comunicación oral,
Memoria e Historia
PILAR DOMÍNGUEZ PRATS
Profesora de La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
L
a memoria es la base de la comunicación oral y se actualiza cuando hablamos o cuando en-
trevistamos a alguien. La persona que escucha, el entrevistador en el caso de las investiga-
ciones de historia, cumple el papel de catalizador de la memoria. La idea de la memoria solo
como un depósito, un almacén de datos, ha quedado superada. André Bergson pensaba que la
memoria existía en estado puro, como imágenes del pasado. Esta concepción archivística y
estática de la memoria ha prevalecido en nuestra sociedad, pero no es cierta. Ahora, los estu-
dios de la neurociencia nos demuestran que la memoria es como un organismo vivo, diná-
mico y creador y que el presente que vivimos actúa como una fuente de datos, interpretacio-
nes y experiencias que nos ayudan a resignificar el pasado.
La distinción entre estas dos memorias que convergen en el individuo es algo básico
para saber cómo se recuerda. A veces en el proceso de la rememoración, cuando el sujeto
olvida algo, los mecanismos de sustitución de la memoria introducen recuerdos que pertene-
cen en realidad a otro individuo o forman parte de nuestro grupo.
1
HALBAWCHS, M. (2004): Los marcos sociales de la memoria, Barcelona, Anthropos.
37
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
PILAR DOMÍNGUEZ PRATS
LA ENTREVISTA ORAL
Entre las diversas formas de comunicación oral que se producen en la vida cotidiana tratare-
mos de la entrevista, por ser la metodología utilizada por los historiadores y otros investiga-
dores sociales que se centran en el tiempo presente. Puede definirse como una forma de in-
teracción lingüística entre dos o más personas. Durante el intercambio oral que se produce
en la entrevista, el entrevistador trata de que ésta se centre en la memoria personal de los
acontecimientos del pasado, lo que conocemos como memoria episódica; así el sujeto puede
crear una narración oral actualizando sus recuerdos. Este tipo de autobiografía suele deno-
minarse “relato o historia de vida”. Su valor principal reside en que el acontecimiento histó-
rico se cuenta “desde dentro”, desde la subjetividad personal.
Es muy interesante estudiar las formas de auto-representación del sujeto que aparecen
en el relato oral. Estas representaciones del yo fueron analizadas hace tiempo por Luisa Pas-
serini como una galería de autorretratos en su interesante obra sobre la clase obrera turinesa
durante el fascismo. Son, en palabras suyas, “lugares en los que la memoria personal se en-
cuentra con la memoria colectiva y la mitología individual se convierte en una tradición
compartida por una familia, un círculo de amigos o un grupo político”4. Yo las estudié en el
colectivo de mujeres españolas exiliadas en México a partir de la guerra civil y he observa-
do cómo en sus entrevistas algunas de ellas se retrataban como “socialistas” o “luchadoras”
de toda la vida”, casi predestinadas a la lucha política por herencia familiar, generalmente
paterna5.
Junto a las narraciones subjetivas y emotivas, relacionadas a menudo con las vivencias
de la infancia y la juventud, a lo largo de la entrevista nos encontramos con diferentes tipos
de relato, como son las argumentaciones, las descripciones o las narraciones más objetivas.
Todas ellas aparecen en una historia de vida contada oralmente, igual que sucede en un dis-
curso escrito. Sin embargo el discurso oral tiene unas peculiaridades que lo distinguen de lo
escrito; por ello es interesante la grabación de la entrevista en video. La imagen resalta la
importancia de la entonación y de los gestos. Las reiteraciones, la posibilidad de rectifica-
ción o de interrupción, son otros rasgos propios del lenguaje oral, siempre más caótico y
desordenado que el lenguaje escrito. Los sobreentendidos que se producen a lo largo del
2
PORTELLI, A. (1999): L’ordine è già stato eseguito. Roma, le Fosse Ardeatine, la memoria. Roma, Donzelli.
3
WENGRAF, T. CHAMBERLAYNE, P. (2006): Interviewing for life histories, lived situations and personal experience: the
Biographic-narrative-interpretive method (BNIM). Short Guide to BNIM interviewing and interpretation. London.
4
PASSERINI, L. (1984): Torino operaia e fascismo. Roma, Laterza.
5
DOMINGUEZ, P. (2009): De ciudadanas a exiliadas. Un estudio sobre las republicanas españolas en México. Madrid, Ed. Cinca.
38
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
COMUNICACIÓN ORAL, MEMORIA E HISTORIA
La memoria oral ha sido utilizada como fuente para construir la Historia desde la antigüedad.
Los primeros historiadores griegos y romanos, Tucídides o Herodoto y luego los llamados
“cronistas de Indias” como Bernal Díaz del Castillo en su Historia de la Nueva España, ba-
saban su discurso histórico en testimonios orales. Algunos libros de historia del siglo XIX
siguieron usando las fuentes orales pese a la influencia cada vez mayor del positivismo que
privilegiaba el documento escrito. En este sentido Paul Thompson decía que la historia oral
es la forma más vieja y más nueva de hacer historia6.
Asi, la historia se ha ocupado de recuperar las experiencias del pasado de las mayorías
invisibles para la disciplina académica, las clases populares, las mujeres, la infancia, los in-
migrantes, los marginados, etc. Además de estudiar a las mayorías, se ha indagado la rela-
ción entre el sujeto individual y el sujeto colectivo en los hechos históricos que estudiamos.
La historia se presenta ahora como un campo abierto a varias posibilidades, “un lugar de
ejercicio de la libertad parcial del sujeto”8. De esta manera penetra en el estudio de la activi-
dad del individuo y la subjetividad, algo siempre complicado para la investigación, pues en
la jerarquía de valores implícitos en las ciencias sociales el colectivo suele ser considerado
más importante que el individuo. La puesta en valor del punto de vista del sujeto se relaciona
también con el llamado “giro cultural” que ha dado la disciplina histórica, al considerar “que
no sólo existe un solo sentido del pasado, sino que el significado histórico se construye a
partir de diferentes sentidos”9. El enfoque biográfico, centrado en el sujeto, ayuda a cons-
truir esta historia poliédrica a la cual han contribuido mucho los estudios de género desarro-
llados desde las últimas décadas del siglo pasado, abriendo el campo de investigación de las
relaciones y las identidades de género femeninas y masculinas.
6
THOMPSOM, P. (1988): La voz del pasado. La Historia Oral. Valencia, Alfons El Magnanim.
7
THOMPSOM, P. (1988): Ibidem.
8
PASSERINI, L.:”Soggettività e intersoggettività in sperimentazioni universitarie di didattica e di formazione”; en CIRIO, P.
(1991): Individui, soggetti e storia”. Roma, Mondadori, pp.111-121.
9
LLONA, M. “Archivar la memoria, escribir la historia. Reflexiones en torno a la creación de un archivo de historia oral,
AHOA; en BENADIBA, L. (2010): Historia oral, fundamentos metodológicos para reconstruir el pasado desde la diversidad.
Rosario, pp. 199.
39
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
PILAR DOMÍNGUEZ PRATS
Progresivamente los investigadores sociales vieron en este proceso cómo los relatos
orales son una fuente especialmente útil para observar e interpretar el papel del individuo en
la historia y en el presente y lo incorporaron a su metodología; es lo que se ha llamado en
sociología el “método biográfico” y la “historia oral” en el campo de la historia. Esta puede
definirse, siguiendo a Portelli, como “una modalidad de análisis histórico que se centra en
los aspectos específicos de la comunicación oral y en el tipo de información que este medio
privilegia”.
La entrevista más adecuada a este propósito es la historia de vida, que puede definirse
como una entrevista abierta en la que la persona cuenta su propia vida sin que el investigador
le imponga un orden cronológico; a lo largo de la narración sólo se hacen preguntas para
puntualizar el relato o bien otras inspiradas en un cuestionario abierto. La cuestión del orden
cronológico es importante porque se trata de que los recuerdos fluyan y suelen hacerlo de
forma desordenada, incluso caótica.
10
PORTELLI, A. (o, cit.).
40
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
COMUNICACIÓN ORAL, MEMORIA E HISTORIA
La escuela y la universidad no han sido ajenas a este auge de las fuentes de la memo-
ria y más en concreto de los relatos orales. Sin embargo ha habido cierta confusión, tanto en
la sociedad como en las aulas entre los conceptos de memoria e historia. Hablar de la memo-
ria individual o colectiva no significa que no haya distinción entre los sucesos y las narracio-
nes de los mismos. Sabemos que la historia y el pasado no son sinónimos; el historiador
indaga y construye la historia con toda su instrumentación crítica y en esta recreación del
pasado la utilización de la memoria viva por medio de la entrevista juega un papel funda-
mental, pues contribuye a fomentar el interés por el pasado reciente, ya sea del propio grupo
social al que pertenece el estudiante o de otras colectividades.
Desde el punto de vista didáctico, se trata de ver el pasado no solo como el lugar don-
de se genera el presente, sino formando parte del mismo presente, un objetivo muy necesario
cuando en nuestra sociedad la transmisión de la tradición oral en el ámbito familiar se ha
interrumpido y la memoria ha perdido el valor social que tenía frente a la cultura de la ima-
gen y la información digital. Destacados historiadores han subrayado este mismo propósito.
Paul Thompson, hace ya tiempo, al hablar de la idea de desarrollar una historia común, afir-
maba que “la historia oral puede romper las barreras entre enseñantes y estudiantes, entre las
generaciones, las instituciones educativas y el mundo de fuera”14.
11
AGUILAR, P. (2006): “Evocación de la guerra y el franquismo en la política, la cultura y la sociedad españolas”, en JULIÁ,
S. (ed.). Memoria de la guerra y el franquismo. Madrid, Taurus, p. 315 y ss.
12
El debate se desarrolló en el diario “El País” entre Santos Juliá y Francisco Espinosa, desde el año 2006 y sigue abierto en la
actualidad. La posición de Santos Juliá queda explicitada también en la obra citada de Santos Juliá (ed.). p. 17.
13
“Ley 52/2007, de 26 de diciembre, BOE, nº 310, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en
favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”, art. 1.
14
THOMPSOM, P. (1988): La voz del pasado. La Historia Oral. Valencia, Alfons El Magnanim.
41
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
PILAR DOMÍNGUEZ PRATS
enseñanza. En la mayoría de los casos se centran en recoger el testimonio popular más pro-
pio de la historia oral, que nació con la vocación de documentar las memorias “populares” o
de colectivos marginados que la disciplina académica no recogía. Tenemos como ejemplo las
entrevistas a mujeres vascas del Archivo de la Memoria AHOA, del País Vasco o el impor-
tante fondo de entrevistas- más de 1500- que pertenecen al proyecto Historga de la Universi-
dad de Santiago de Compostela15.
Hace poco tiempo, el historiador Giovanni Levi le daba un sentido más crítico y polí-
tico a esta metodología al decir que «el uso de la historia oral en las escuelas recupera para
las nuevas generaciones el sentido del pasado que tanto la ideología neoliberal como el bom-
bardeo de imágenes pretenden suprimir»16.
Sería deseable que este objetivo de la historia oral se aplicara a toda la sociedad, no
solo al aula de historia.
15
Ver ambos fondos en la red: AHOA /www.ahoaweb.org/ HISTORGA/www.usc.es/hcdep/fondos_documentais/historga
16
Entrevista a Giovanni Levi realizada por Laura Benadiba, Tarragona, 2010.
42
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
El documento escrito:
administración, información y memoria
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
Abstract: The act of writing answers to the human need to communicate and establish a lasting
support agreements and treaties between individuals and peoples. The result is the written docu-
ment, which becomes a functional tool of management. The legislation requires that all relations
between governments and citizens are made by letters for the record, be a guarantee of the cor-
rectness of the actions of the administration to testify to the rights acquires and demonstrate the
duties fulfilled. Later these same documents constitute the memory of peoples.
To ensure its sustainability over time and improve the dissemination of information,
since the invention of printing to the developments of computer technology have been put to use
in the protection of documents what is causing the shift from tangible documents to the other
intangible media to spread more easily via the Internet.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
El documento escrito:
administración, información y memoria
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
Archivero del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria)
E n el transcurso de la Historia se han empleado diversas maneras de plasmar las ideas y dife-
rentes medios para transmitir la información. Ya se ha hablado en este curso de la escritura
expuesta, la epigrafía. También se ha hablado sobre la transmisión oral, tan importante du-
rante milenios. No en vano, en la Grecia clásica existió una figura que debía procurar la per-
vivencia de la memoria de los asuntos más relevantes. Se le conocía con el nombre de
Mnêmon, y era la persona encargada de memorizar todas las sentencias judiciales, por lo que
su función resultaba esencial a la hora de hacer ejecutar o recordar una sentencia. Su memo-
ria debía ser prodigiosa, además de precisar del empleo de fórmulas mnemotécnicas1 como
técnica que le ayudara a perpetuar la retentiva de información.
Pero, por mucho esfuerzo que se haga y empeño que se ponga, la memoria tiene sus
fallos, e incluso con el tiempo se va perdiendo. En el inicio de Memorias de un desmemoria-
do, Benito Pérez Galdós lo describe con acierto cuando narra que un amigo suyo, en la an-
cianidad, se dio a cultivar “el huerto frondoso de sus recuerdos; más en esta labor – nos dice
el escritor grancanario – no le ayuda con la debida continuidad su memoria, que a las veces
ilumina con vivísimo esplendor los días pasados y luego se eclipsa y los deja sumergidos en
noche tenebrosa”2. Esta labor es característica del común de los mortales, dado que todos,
unos más y otros menos, gustamos de evocar nuestras vivencias.
La Historia nos muestra que desde la noche de los tiempos el hombre ha sentido la ne-
cesidad de transmitir sus recuerdos y experiencias, generalmente contándolos a las nuevas
generaciones mediante transmisión oral, aunque con el tiempo, como decimos, esos recuer-
dos se tergiversan, se adulteran o se pierden. Esto hizo que desde muy pronto y en diferentes
regiones del mundo se buscara una técnica que permitiera que el recuerdo de las actuaciones,
tanto administrativas como personales, perviviera sin peligro a lo largo de los siglos con la
firme intención de no tener que recurrir permanentemente a los recuerdos de una persona.
1
El Diccionario de uso del español de María Moliner define mnemotecnia como el arte de aumentar la capacidad de retención
de la memoria por medio de ciertas combinaciones o artificios.
2
PÉREZ GALDÓS, Benito (2004): Memorias de un desmemoriado. Visor Libros. Madrid: pág. 25.
45
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
Los incas encontraron una solución a la que llamaron quipus: una serie de cuerdecitas
de colores que se anudaban de una manera u otra en función de lo que quisieran recordar. Al
que interpretaba la forma como se disponían los nudos lo llamaron quipu-camayoc, cuya
tarea tampoco debía ser fácil. Es posible que otros pueblos idearan sus propias técnicas, mas
de haberse producido, su conocimiento no ha llegado hasta nosotros.
Algo similar debieron sentir los palestinos de la ciudad de Ramala cuando en el año
2002 fueron asediados por los israelitas. En una zona geográfica donde la lucha está mediati-
zada por la posesión del territorio, lo primero que ardió fue el registro de la propiedad. Es
evidente que éste no fue un suceso fortuito, sino bien premeditado.
46
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
La actuación de los israelitas, que tantos pueblos practicaron con anterioridad3, ya nos está
dando unas claves sobre la importancia que los documentos tienen para cualquier sociedad, en
cualquier parte del mundo o en cualquier tiempo histórico, por lo que deben ser custodiados y
conservados con garantías de perdurabilidad. En esencia, podemos agrupar dichas claves en dos:
1. En primer lugar, que sea obligatorio emitir documentos en cualquier acción o transacción
administrativa.
2. En segundo lugar, la destrucción luctuosa y malintencionada que se hace de ellos cada día.
Ambas son evidencia suficiente de esta importancia, por eso no haré más hincapié en
este asunto a lo largo de la conferencia, porque todos, unos más y otros menos, somos cons-
cientes de la valía de lo que se recoge por escrito4, pues nos rodean a lo largo de toda nuestra
existencia: nacemos con un documento debajo del brazo (la partida de nacimiento) y mori-
mos con otro (partida de defunción), por lo que el documento escrito es principio y fin de
nuestras vidas. Además, durante toda nuestra existencia están presentes: recogemos apuntes,
ideas y recuerdos por escrito, tanto para transmitírselo a otros como para nosotros mismos,
firmamos contratos de trabajo, firmamos escrituras de compra-venta, hipotecas, etc.
EL ACTO DE ESCRIBIR
Llegados a este punto, y para ir entrando en materia, lo primero que cabe preguntarse es qué
es eso de escribir, qué significa:
Podemos preguntarnos también cuál fue el motivo que originó la invención de la escritura.
Existen diversas teorías sobre su surgimiento. Para unos pudo ser la consecuencia del in-
terés de un hombre por dejar reflejados sus pensamientos de forma imperecedera, como se
proponía el amigo de Galdós; mientras que para otros es consecuencia de una necesidad admi-
nistrativa, una respuesta a la obligatoriedad de poner en orden lo acordado entre personas, fa-
milias o pueblos para evitar conflictos. Tanto una hipótesis como otra, son igualmente válidas.
Esclarecer la causa, o decantarnos por cualquiera de ellas, obedecerá al modo en que se afronte
el problema: si partimos de la base de que el mundo lo mueven las ideas, el origen de la escri-
tura lo podríamos buscar en la intención humana de procurarse satisfacción personal y de
3
“Se ha convertido ya en una práctica usual que los ejércitos vencedores destruyan los archivos de los vencidos o bien que se
incauten los documentos para ejercer así más documentadamente su posterior política de represión”: ALBERCH I FUGUE-
RAS, Ramón y CRUZ MUNDET, José Ramón (1999): ¡Archívese! Los documentos del poder. El poder de los documentos.
Alianza editorial. Madrid. Sobre la destrucción de documentos y libros, puede verse también ROMERO TALLAFIGO, Manuel
(2008): De libros, archivos y bibliotecas. Venturas y desventuras de la escritura. Gobierno de Canarias, UNED (Centro Aso-
ciado de Las Palmas de Gran Canaria), Fundación de Enseñanza Superior a Distancia de Las Palmas de Gran Canaria. Las
Palmas de Gran Canaria.
4
Sobre la importancia y el valor de los documentos, ver: PÉREZ HERRERO, Enrique (1995): “La importancia de los docu-
mentos y la necesidad de conservación del patrimonio documental canario”. En VI Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y
Fuerteventura. Servicio de Publicaciones del Excmo. Cabildo Insular de Lanzarote. Arrecife: 721-751.
47
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
transmitir sus experiencias e inquietudes; mientras que si nuestro estudio arranca de una premi-
sa materialista, según la cual son los asuntos económicos los que mediatizan el avance del
mundo, el documento habrá surgido como respuesta a una necesidad económica. Sea como
fuere, los documentos más antiguos que se conservan son contables, de ahí que me decante
aquí por la segunda opción, aunque pronto debió ser utilizada la escritura para otros ámbitos de
la administración. Por ejemplo, en el paso del derecho consuetudinario basado en la transmi-
sión oral al derecho plasmado en documentos jurídicos, como es el caso de las tablas de la ley.
Hemos de recordar que la mayoría de los inventos, sobre todo los referentes a las
técnicas de transmisión de la información, surgen por una necesidad práctica5, por lo que no
es extraño que la escritura surgiera para garantizar las transacciones entre templos y palacios
de la Antigüedad y para dejar reflejo y seguridad de los negocios que se realizaban, ya fue-
sen actividades comerciales, pactos, acuerdos, o convenios de cualquier tipo. La escritura
fue, consecuentemente, la respuesta a una necesidad tanto para canalizar la comunicación
como para fijar sus contenidos y hacerlos perdurables en el tiempo6.
Probablemente fue más tarde cuando se empleó por devoción y para hacer pervivir la
experiencia de los pueblos y las hazañas de los grandes hombres que debían servir para ins-
truir e inspirar a las nuevas generaciones, algo muy loable y que ha sido la motivación de
muchos de los que escribieron desde antiguo. Señalaba Salustio que “tanto los que actuaron
como los que escribieron las acciones de otros reciben un gran alabanza… aunque de ningún
modo sigue una gloria igual al escritor que al autor de las cosas”7. A lo que añadió: “Cuando
mi espíritu descansó de las muchas miserias y peligros y decidí que debía mantener el resto
de mi vida lejos de la política, no me propuse gastar un ocio valiosísimo en la indolencia y la
desidia, ni por supuesto pasar la vida cultivando el campo o cazando, entregado a tareas ser-
viles, sino que volviendo al proyecto y empeño de los que una funesta ambición me había
apartado, determiné escribir por episodios las hazañas del pueblo romano…”8.
Escribir puede ser un ejercicio de exaltación tanto de los valores propios como de los
ajenos, así como los de un colectivo. Escribir libera el espíritu e instruye al que lee. Pero ésta
que estamos describiendo es la escritura voluntaria. Si volvemos al documento escrito desde un
punto de vista jurídico, administrativo o económico, su repercusión en el colectivo o en el indi-
viduo será bien distinta, pues lo escrito con estas finalidades nos puede atenazar, sujetarnos al
imperio y voluntad de otros. Como tal, el documento escrito es plasmación del poder, y está
por encima de los hombres, porque es una palabra descendiente de una autoridad mayor desde
las tablas de la ley hasta los nombramientos de cargos y funcionarios. Quizá por este motivo
Juan Ramón Jiménez decía: “Si te dan un papel pautado, escribe por el otro lado”.
La metáfora del poeta onubense es muy acertada para ciertos aspectos de la vida, pero
hoy y aquí, no la tendremos en cuenta pues lo que nos interesa en este momento es hablar del
papel pautado. Eso es el documento escrito al que se refiere esta conferencia, el documento
que custodiamos en su gran mayoría en lo archivos, el que nos obliga a una génesis de forma
pautada, legislada y, en principio, cerrada a la libre interpretación. Aunque sí tiene alguna
similitud con los documentos escritos por la voluntad del hombre, y no es otra que su perte-
nencia compartida: el documento no es sólo de la administración que lo produce sino tam-
bién de la persona que impulsó su creación y, con el tiempo, en mucho casos, de la sociedad
entera por formar parte de su patrimonio cultural. Su valía es tanta que el pensador alemán
5
Hay autores que postulan que la aparición de Internet, cuyo origen está en la red ARPANET se debe a la intención de los
Estados Unidos de no perder información en caso de ataque bélico en el periodo de la Guerra Fría, por lo que crearon una red
que interconectaba varios ordenadores repartidos por la geografía estadounidense que compartían la información.
6
NAVARRO BONILLA, Diego (2003): “Todo por escrito: prácticas administrativas y conciencia documental en la España
moderna”. Boletín ANABAD, LIII, nº 1: 94-95.
7
SALUSTIO (2008): La conjuración de Catilina. Alianza editorial. Madrid. Pág. 37
8
Idem supra: pág. 38
48
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
Max Weber en sus reflexiones sobre la burocracia necesaria en la naciente Alemania de pos-
guerra, dijo: “Hoy ya no son los golpes de espada los ejecutores físicos de las acciones diri-
gentes (políticas y ¡militares!), sino las prosaicas ondas sonoras y las gotas de tinta: las pala-
bras habladas y escritas”9.
CONCEPTO DE DOCUMENTO
Etimológicamente el concepto documento proviene del latín documentum, que a su vez deri-
va del verbo doceo, cuyo significado es enseñar o instruir. Si a éste se añade el sufijo –
mentum designa en latín clásico el medio empleado para desarrollar la acción de enseñar.
Sería, por tanto, el medio que es utilizado para la transmisión de conocimientos11, y su obje-
tivo fundamental es mantener viva la evidencia ya sea para uso administrativo o como me-
moria histórica.
Sobre el documento escrito existen numerosísimas definiciones que han sido analiza-
das por otros tantos autores desde tres perspectivas: la legislación, los diccionarios lingüísti-
cos y la teoría archivística13. Pero para no ser demasiado prolijo y complicar el discurso de
esta conferencia, aquí haremos alusión únicamente a algunos ejemplos que pueden resultar
significativos y aclaratorios.
9
WEBER, Max: Parlamento y Gobierno en una Alemania organizada (1917-1918): 148-149.
10
Algunos ejemplos que sintetizan otras publicaciones son: GARCÍA RUIPÉREZ, Mariano (2007): Tipología. Series documen-
tales. Cuadros de clasificación. Cuestiones metodológicas y prácticas. ASARCA FORMA, 2. ASARCA, Anroart ediciones.
Las Palmas de Gran Canaria. GALENDE DÍAZ, Juan Carlos y GARCÍA RUIPÉREZ, Mariano (2003): “El concepto de docu-
mento desde una perspectiva interdisciplinar: de la Diplomática a la Archivística”. Revista General de Información y Documen-
tación, 13: págs. 7-35. RODRÍGUEZ BRAVO, Blanca (2002): El documento. Entre la tradición y la renovación. Ediciones
Trea, S.L. Gijón.
11
RODRÍGUEZ BRAVO, Blanca (2002): Opus cit.: pág. 77. La autora plantea en las páginas sucesivas la evolución conceptual
del término.
12
GARCÍA RUIPÉREZ, Mariano (2007): Opus cit.: pág. 13.
13
Una aproximación sobre estos estudios puede verse en GARCÍA RUIPÉREZ, Mariano (2007): Opus cit.: págs. 13-28.
14
Citado en ROMERO TALLFIGO, Manuel (2002): Historia del documento en la edad contemporánea. La comunicación y la
representación del poder central de la Nación. S&C Ediciones, Carmona: pag. 32, nota 2.
49
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
La conclusión a la que llegamos con esto es que el documento escrito es una infor-
mación registrada en un objeto móvil que facilita la comunicación a largas distancias y a
través del tiempo, al que, como valor añadido, y para que no sea sólo un elemento comuni-
cador, se le ha aderezado con una serie de componentes (firmas, sellos, etc.) y fórmulas pre-
establecidas para convertirlo en un documento jurídico-administrativo con valor demostrati-
vo ante las administraciones y la justicia. Por este motivo es digno de conservarse por conte-
ner derechos adquiridos, ser demostrativo de deberes cumplidos, tanto por las administracio-
nes como por las personas físicas y jurídicas, constituir prueba del cumplimiento y desarrollo
correctos de las funciones atribuidas a un organismo y memoria de los mismos, lo que puede
desembocar en que constituyan fuente de conocimiento histórico y cultural.
15
Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español.
16
LOPEZ YEPES, José (ed.) (2004): Diccionario enciclopédico de Ciencias de la documentación. Editorial Síntesis. Madrid.
50
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
El gran aumento de producción de documentos parece que tiene como causa principal
el surgimiento del expediente en el siglo XV, lo que viene a significar que la resolución,
cédula, carta o provisión que se emitía con anterioridad, se acompaña de la tramitación, lo
que da lugar a un aumento cuantitativo de los documentos producidos. Es la llamada revolu-
ción administrativa20, que con la complejidad que adquirió la administración con el avance
de los siglos, dio lugar a la génesis de un volumen de documentos cada vez mayor que sigue
produciéndose hoy, a pesar de que desde hace años se está hablando de la oficina sin pape-
les, una situación que se dará con el desarrollo de la administración electrónica.
17
Wikipedia. Consulta realizada el 22/11/2010.
18
FUSTER RUIZ, Francisco (1999): “Archivística, Archivo, Documento de Archivo…” Anales de documentación. Vol 2.
19
Las Partidas III, título XVIII: “El antigüedad de los tiempos es cosa que faze a los omes olvidar los fechos pasados. E por
ende fue menester que fuese fallada escritura, porque lo que antes fuera fecho non se olvidase, e supiesen los omes por ellas las
cosas que eran establecidas bien, como si de nuevo fuesen fechas. E pues que de las escrituras tanto bien viene, que en todos los
tiempos tiene pro, que faze membrar lo olvidado e afirmar lo que es de nuevo fecho, e muestra carreras por do endereçar lo que
ha de ser”.
20
RODRÍGUEZ DE DIEGO, José Luís (1998): “Archivos del poder, archivos de la administración, archivos de la historia
(siglos XVI – XVII). En GENERELO, Juan José y MORENO LÓPEZ, Ángeles (Coord.): Historia de los Archivos y de la
Archivística en España. ACAL. Universidad de Valladolid. Valladolid: págs. 35-36.
51
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
Por todos estos motivos, los Reyes Católicos, cuya legislación ya comienza a afectar a las
administraciones canarias por la incorporación de las Islas a la Corona de Castilla bajo su reina-
do, dictaron normas sobre el funcionamiento de la administración y, a su vez, para someter a una
autoridad concreta a los ciudadanos. Con estas premisas, el documento escrito también es símbo-
lo de poder y jerarquía21, y, en consecuencia, mediante las normas administrativas, no sólo se
regula su necesaria producción sino también la obligatoriedad de conservación22.
Como decimos, el documento sigue siendo símbolo del poder, aunque por el contenido
jurídico que poseen, también sirven para que los ciudadanos hagan valer sus derechos, para
atestiguar sus posesiones y no sucumbir a las pretensiones señoriales.
El documento administrativo
El acto administrativo se puede definir como una decisión unilateral ejecutoria de la adminis-
tración en la que se concreta el ejercicio de una potestad administrativa, que persigue satisfa-
cer intereses públicos concretos24. Para que estos actos sean válidos, deben ser recogidos por
escrito, tal y como lo expone la Ley de procedimiento administrativo actual, al exigir que los
actos administrativos se produzcan de esa manera a menos que su naturaleza exija o permita
otra forma de expresión o constancia25; y otro tanto ocurre en los actos jurídicos: por ejem-
plo, en casos que son competencia del Tribunal Contencioso – Administrativo, podemos
encontrar dos tipos de juicio, el abreviado, cuya vista es oral, y el ordinario, en el que todo
debe ser presentado por escrito.
21
En las actas de pleno del Cabildo de Lanzarote de 1618, se refleja un rito practicado por los regidores, alcalde y gobernador,
que es muestra del documento como símbolo de poder. En el momento de tomar posesión el Gobernador Diego de Brito y
Lugo, presentó una merced y título de los marqueses por el que lo nombraban gobernador lugarteniente de la Isla, y en señal de
acatamiento los presentes en el Cabildo tuvieron que colocar dicho título sobre sus cabezas como voluntad de su señor, además
de prometer su cumplimiento, simbolizando con este acto que estaban supeditados a él y al poder firmante. BELLO JIMÉNEZ,
Víctor M. (2008): Cabildos y nombramientos. Las actas del Cabildo de Lanzarote de 1618. Edición facsímil, transcripción y
descripción archivística. Ayuntamiento de la Villa de Teguise. Valencia: pág. 29.
22
Así lo plasman, por ejemplo, las Partidas de Alfonso X, como ya se vio, y la reales pragmáticas de 1500 y 1501 dadas por los
Reyes Católicos. Novísima recopilación de Leyes de España. Libro VII. Título II.
23
ROMERO TALLAFIGO, Manuel (2002): Opus cit.: pág. 52.
24
COSCULLUELA MONTANER, Luís (2003): Manuel de derecho administrativo: Editorial Cívitas. Madrid: pág. 341.
25
Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Común. Art. 55
52
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
Además de cumplir estas dos funciones primordiales, los documentos escritos produ-
cidos por la administración, tienen una serie de características que los definen, acotan y dife-
rencian de otras fuentes de información, que son: el carácter seriado, dado que su génesis es
de ese modo; su génesis natural, como respuesta a las funciones atribuidas a los organismos;
la exclusividad de la información que contienen, pues ésta no se encuentra con la misma
calidad y extensión en otros documentos; y la interrelación de unos documentos con otros
dentro de un expediente y de estos dentro de una misma serie documental27.
La unión de los elementos descritos más arriba con las características y requisitos des-
critos, es la que da valor a los documentos escritos. Este valor va a definir las dimensiones de
los documentos como administración, información y memoria. Son dos, esencialmente: el
valor primario y el secundario.
En cuanto al valor secundario, puede ser tanto informativo como de memoria históri-
ca, que son las dimensiones que trataremos después.
26
Manual de documentos administrativos. Ministerio de las Administraciones Públicas. Editorial Tecnos, S.A. Madrid, 1995.
27
SHELLENBERG, Theodore R. (1987): Archivos modernos. Principios y técnicas. Archivo General de la Nación. Dirección de
Administración de Documentos del Gobierno Federal. México.
28
CRUZ MUNDET, José Ramón (2006): La gestión de documentos en las organizaciones. Editorial pirámide. Madrid: pág. 112
29
Norma ISO 15489 (2001): Información y documentación.
53
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
Lo que parece tener cada vez menos sentido es diferenciar los documentos entre ad-
ministrativos e históricos, pues los primeros pueden dar lugar a los segundos y los segundos
conservan la posibilidad de recuperar los valores administrativos, como plantea el paradigma
del record continuum31. Así que todos serán documentos escritos sin adjetivos calificativos
según su edad.
30
PÉREZ HERRERO, Enrique (1997): El Archivo y el Archivero. Sus técnicas y utilidad para el Patrimonio documental
canario. Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias. La Laguna: pág. 60.
31
Sobre los diversos paradigmas o modelos de gestión de documentos véanse: LLANSÓ SANJUAN. Joaquim (1993): Gestión
de documentos: definición y análisis de modelos. Bergara. Departamento de Cultura del Gobierno Vasco. LLANSÓ SAN-
JUAN, Joaquim (2009): Gestión de documentos electrónicos. La importancia de los sistemas de gestión de documentos. Nocio-
nes generales. ASARCA FORMA, 6. ASARCA. Anroart ediciones. Las Palmas de Gran Canaria. CRUZ MUNDET, José
Ramón (2006): Opus cit.
54
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
Y todo esto la diferencia de la información con la que trabajan otras disciplinas, que
son el resultado de actividades voluntarias y científicas o creativas, y su regulación no va
más allá de la defensa de la propiedad intelectual32.
Por todas estas cuestiones, los documentos escritos pasan a convertirse con el tiempo
en fuentes de primera mano para conocer los hechos pasados, tanto los más remotos como
los más cercanos, constituyendo no sólo la memoria de un país o un pueblo, sino también la
memoria de una institución.
La concepción del documento como testimonio histórico surge en el siglo XIX bajo
los postulados de la escuela positivista que casi venera al documento escrito como fuente de
estudio del pasado35. Aunque en Canarias, al menos desde la Ilustración, con Viera y Clavijo
y Pedro Agustín del Castillo, se propugna el uso de los documentos para la confección de la
historia de las Islas, no excluye que el auge se produjera en el siglo XIX bajo el postulado de
Lefebvre que asegura que no hay historia sin documento. Esta misma idea defendió Elías
Serra Rafols cuando llegó a la Universidad de La Laguna a impartir docencia. En aquellos
años, muchos investigadores se afanaban en encontrar una crónica poco conocida en la que
basar sus investigaciones históricas, hasta que el profesor mallorquín propuso el rescate de
los documentos que se encontraban desperdigados por los archivos, por lo que estos comen-
zaron a tener especial relevancia y se inició su recuperación.
32
CRUZ MUNDET, José Ramón (2006): Opus cit.: pág. 119.
33
POLIBIO (2000): Historias. Libros I – IV. Biblioteca Básica Gredos. Madrid: pág. 3.
34
POLIBIO (2000): Historias. Libros I – IV. Biblioteca Básica Gredos. Madrid: págs. 254-255.
35
Como señala Terry Cook, en el siglo XIX, los archivos y los documentos que custodiaban no eran filtros mediatizados (un
concepto posmoderno), sino ventanas transparentes y limpias para ver el pasado como realmente fue: COOK, Terry (2010):
“Panoramas del pasado: archiveros, historiadores y combates por la memoria”. Tábula, nº 13: pág. 156.
55
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
Romero Tallafigo, dice que la rentabilidad del archivo no se mide por la amplitud de
su difusión, como puede ocurrir con el libro, sino por tenerlo en un momento dado asequible
para instrumentalizar una actividad práctica de la cual el mismo documento forma parte.
Además, el creador del documento de archivo no es consciente normalmente de su capacidad
para fundar evidencias históricas o culturales36. Aunque cada vez se es más consciente, y en
esto hace mucho hincapié la archivística posmoderna de ahí que la valoración sea algo fun-
damental37.
Sea cual sea la interpretación y el nivel de verdad que se otorgue al documento, lo que
sí constituye una certeza es que la demanda de información es cada día mayor, por lo que la
capacidad de ofrecerla es un reto para los profesionales que trabajan en su gestión, ya sean
archiveros, documentalistas, bibliotecarios e incluso científicos. Y es esta atención, que se
asemeja a la ley de la oferta y la demanda, la que ha propiciado el desarrollo de la Sociedad
de la Información y la Comunicación, un resultado que no ha sido cosa de un día, sino la
derivación final de una evolución de siglos en la tecnología aplicada a la producción de do-
cumentos e información.
36
ROMERO TALLEFIGO, Manuel: Archivística y Archivos. Soportes, edificio y organización. Biblioteca Archivística. S&C
ediciones. Carmona, 1997: pág. 128.
37
Sobre la concepción archivística posmoderna, véanse: COOK, Terry: Opus cit. HERNÁNDEZ OLIVERA, Luís y COOK,
Terry (ed.) (2007): Combates por la memoria. Archivística de la posmodernidad. Tábula, nº 10, donde se recogen diversos
artículos sobre esta corriente de pensamiento.
38
Para Alejandro Delgado, entre otros, los documentos no son fieles reflejos y precisos de un acto, sino “más bien representa-
ción de lo que el sistema de poder considera de interés defender ante un potencial oponente”. DELGADO GÓMEZ, Alejandro
(2010): “Documentos y poder: órdenes del discurso”. Anales de Documentación, vol. 13: pág. 119.
39
“La memoria es también una estatua de arcilla. El viento pasa y le arranca, poco a poco, partículas, granos, cristales. La lluvia
ablanda las facciones, hace decaer los miembros, reduce el cuello. Cada minuto lo que era dejó de ser, y de la estatua no restaría
más que un bulto informe, una pasta primaria, si también cada minuto no fuésemos restaurando, de memoria, la memoria”. José
Saramago: Cuadernos de Lanzarote. Alfaguara.
56
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
Un repaso breve por los diferentes soportes escriturarios y las técnicas empleadas nos
dará un fiel reflejo del panorama descrito más arriba.
Es una evidencia probada que nos entretenemos cada vez más en la nube. El viejo di-
cho de “estar en las nubes” es hoy una realidad: vemos películas on line, escuchamos música
en spotify, y ahora, una empresa española prepara el “spotify de los libros”42. Y poco a poco,
los documentos también lo estarán. Parece que mediante el uso de las técnicas informáticas
nos acercamos a la idea platoniana del mundo de las ideas situado en el éter.
40
LODOLINI, Elio (1993): Archivística. Principios y problemas. Colección de Manuales ANABAD. Madrid: pág. 23.
41
Sobre el Cloud computing: GARCÍA HERNÁNDEZ, Pablo (2010a): “Con la cabeza en la nube. Oportunidades e inconve-
nientes del Cloud computing”. Boletín Archivamos, 76: págs.. 18-19; y GARCÍA HERNÁNDEZ, Pablo (2010b): “Vértigo en la
nube. Cloud computing y sector público”. Boletín Archivamos, 77: págs. 13-14.
42
Diario El País, 14-11-2010.
57
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
Los nuevos documentos también son más limpios, dado que en ellos no encontramos
ni tachaduras ni el conocido “va testado” del final de los documentos protocolizados de si-
glos pasados para hacer alusión a la corrección de errores. Es como si el documento hubiese
sido redactado en una sola y perfecta actio, cuando en realidad las minutas y borradores se
han hecho desaparecer. Pero esto no significa que nos tengamos que resistir a los avances.
Las tecnologías introducidas durante los siglos XIX y XX eliminaron tareas, gastos y fatigas
porque facilitaron hasta extremos insospechados los trabajos de escritura46. Y con el desarro-
llo de la administración electrónica en la que nos encontramos inmersos se facilita aún más,
pues un documento, o más aún, un único dato, pueden formar parte de varios expedientes.
58
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
Con la invención de la imprenta, pronto se tuvo claro que el arte tipográfico debía ser em-
pleado para publicar todo lo que la corona consideraba fruto de su labor institucional, y mediante
reproducción mecánica hacerlos llegar a todos los extremos de sus posesiones. A través de esta
vía, los Reyes Católicos difundieron y fijaron en sus reinos las leyes y normas que se iban elabo-
rando según se iba desarrollado su acción política. Pero este es el momento del “traslado” como
medio de autenticación de un escrito, por lo que los fedatarios públicos continuaron reproducien-
do las fórmulas tradicionales y la misma praxis en la producción documental, aunque ya se con-
sideraba obsoleta; e incluso alguno llegó más lejos al enmarcar el ejemplar de molde con unas
cláusulas inicial y final del notario, escritas a mano y, además, para dar validez a la copia elabo-
rada de manera mecánica firmaba de su puño y letra47.
El uso de la máquina de escribir desde el año 190048 también trajo suspicacias sobre
la autenticidad de los documentos que se generasen con ese medio, dado que la prueba peri-
cial de la caligrafía para demostrar la autenticidad ya no podría ser usada como antes. Aún
así, el documento mecanografiado acabó por imponerse al documento manuscrito.
La obsolescencia de la tecnología.
47
RUIZ GARCIA, Elisa (2004): “El documento incunable: el gran desconocido”. Documenta & Instrumenta, 2: 58-63
48
La Real Orden de 19 de febrero de 1900 permitió la admisión de documentos escritos a máquina en las oficinas del Estado,
provincias y municipios, y tendrían los mismos efectos de los escritos o copiados a mano.
59
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
49
Las Administraciones Públicas impulsarán el empleo y aplicación de las técnicas y medios electrónicos, informáticos y
telemáticos, para el desarrollo de su actividad y el ejercicio de sus competencias. Los documentos emitidos, cualquiera que sea
su soporte, por medios electrónicos, informáticos o telemáticos por las Administraciones Públicas, o los que éstas emitan como
copias de originales almacenados por estos mismos medios, gozarán de la validez y eficacia de documento original siempre que
quede garantizada su autenticidad, integridad y conservación y, en su caso, la recepción por el interesado, así como el cumpli-
miento de las garantías y requisitos exigidos por ésta u otras Leyes.
60
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
En la descripción del objeto de la ley queda claro, por cuanto reconoce el derecho de
los ciudadanos a relacionarse con las Administraciones Públicas por medios electrónicos y
regula los aspectos básicos de la utilización de las tecnologías de la información en la activi-
dad administrativa, en las relaciones entre las Administraciones Públicas, así como en las
relaciones de los ciudadanos con las mismas con la finalidad de garantizar sus derechos, un
tratamiento común ante ellas y la validez y eficacia de la actividad administrativa en condi-
ciones de seguridad jurídica.
61
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
El Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, Roge-
lio Blanco, expresó recientemente la necesidad de digitalizar con urgencia los diversos ar-
chivos que hay en España50. Hoy más que nunca se insiste en la reproducción de documentos
escritos. Un hecho que tampoco es nuevo en la historia. Ya lo pedía Juana de Castilla en
1511, cuando requería la necesidad de realizar lo que podríamos denominar como una copia
de seguridad de los documentos del Cabildo de Tenerife para que fuese custodiada en el
monasterio de San Francisco51. Las diferencias básicas entre un tiempo y otro son dos fun-
damentalmente: antes se hacía para tener una copia de seguridad y se realizaba mediante
traslados52; y ahora se hace con medios digitales, no únicamente con la finalidad de tener una
copia de seguridad, sino para fomentar la propagación y difusión de la información mediante
el cambio de soporte. Y esto es así porque el acceso a Internet marcha a grandes zancadas, lo
mismo que la demanda de información53.
Digitalización de documentos.
50
Diario Público, 13 de noviembre de 2010.
51
BELLO JIMÉNEZ, Víctor M. (2009): “Los Archivos municipales canarios”. En PÉREZ HERRERO, Enrique (ed.): Historia
de los archivos de Canarias. Tomo I. Gobierno de Canarias. Anroart ediciones. Las Palmas de Gran Canaria: pág. 151.
52
Mediante Real Cédula la Reina Juana encomienda al juez de residencia de Tenerife que reclame al gobernador Alonso de
Lugo los Libros de Repartimientos, que “se trasladen e se ponga traslado de ellos en el monasterio de San Francisco de la dicha
isla de Tenerife en otra arca donde estén a buen recaudo”. Dicha real cédula está recogida en VIÑA BRITO, Ana, et alii: Reales
cédulas, provisiones y privilegios de la isla de Tenerife (1496-1531). Excmo. Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna;
Oristán y Graciano; Gobierno de Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 2006.
53
Según un informe oficial del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la sociedad de la Información (ONTSI), la
mitad de los hogares españoles ya tienen internet.
62
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL DOCUMENTO ESCRITO: ADMINISTRACIÓN, INFORMACIÓN Y MEMORIA
la conservación del documento imagen, de lo que se dejará constancia. Esta obtención podrá
hacerse de forma automatizada, mediante el correspondiente sello electrónico. Por lo demás,
las copias realizadas en soporte papel de documentos públicos administrativos emitidos por
medios electrónicos y firmados electrónicamente tendrán la consideración de copias auténti-
cas siempre que incluyan la impresión de un código generado electrónicamente u otros sis-
temas de verificación que permitan contrastar su autenticidad mediante el acceso a los archi-
vos electrónicos de la Administración Pública, órgano o entidad emisora.
Una somera evolución de la forma de hacer reproducciones nos demuestra que el do-
cumento sigue siendo el mismo, únicamente varía el soporte sustentante: de los traslados y
copias literales se pasó a la fotocopia compulsada, siempre usando el mismo soporte, y en
esta nueva etapa evolutiva de la Sociedad de la Información y la Comunicación, se reproduce
cambiando el soporte. Los cambios afectan más a los diplomatistas que a los archiveros,
pues modifican los caracteres intrínsecos y extrínsecos del documento, pero no la forma de
clasificarlos, ordenarlos y describirlos, aunque sí la instalación.
Las preocupaciones con el nuevo soporte se centran en dos puntos: la admisión legal
del documento (cosa que ya sucedió con la imprenta) y la conservación (lo mismo sucedió
con las máquinas de escribir). Para la admisión legal, en España abre las puertas la Ley
11/2007. En cuanto a la conservación, existen proyectos internacionales como InterPares, y
ante la necesidad de convertir los documentos de un formato a otro para conservar la accesi-
bilidad, la respuesta está en el PDF a través de la norma ISO 1900554.
CONCLUSIONES
Negro sobre blanco, cálamos, plumas, cintas tintadoras, códigos binarios, tanto unos como
otros el resultado que producen es un documento escrito, que es un arma que otorga poder,
que concede privilegios, que otorga licencias, que restringe libertades, que sujeta al pueblo,
pero también al señor. Por estos motivos, mientras unos se empeñan en conservarlos, otros se
ocupan en hacerlos desaparecer. La escritura electrónica, quizá, podría permitirnos un mayor
control sobre el poder mediante un registro más controlado y copias de seguridad remotas
54
La norma ISO 32000 describe por completo el PDF y lo convierte en un formato de dominio público, de manera que será un
estándar abierto, además se podrán crear archivos PDF desde un gran número de fuentes, con exactitud o interpretación garanti-
zadas y sin obsolescencia, dado que se ha acordado que tanto ISO 19005 como ISO 32000 se no revisen nunca, asegurando la
longevidad del formato. Ver SHIPMAN, Alan (2008): “Documento electrónicos y reproducciones digitales”. Tábula 11. Aho-
gados en un mar de siglas. Estándares para la gestión, descripción y acceso a los recursos electrónicos: págs. 271-276.
55
LLANEZA, Paloma y LÁZARO, Francisco (2009): “El valor probatorio de los archivos electrónicos” Tábula, 12: Archivos
híbridos. Las transformaciones en materiales, procesos y productos: pág. 51.
63
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
VÍCTOR M. BELLO JIMÉNEZ
Por otro lado, lo escrito tiene una gran ventaja, y es que siempre nos espera donde lo
dejamos plasmado. Eternamente podemos volver a su consulta. Podemos entrar y salir del
documento escrito con absoluta facilidad y fidelidad. Y nos instruye, nos sirve de anteceden-
te y nos permite la continuidad del hilo histórico de los hechos, tanto los grandes como más
nimios o mundanos. Un hilo de Ariadna que nos evita el repetir los actos y nos ayuda a su-
perar la dolencia del Sísifo de tener que comenzar todo de nuevo cada mañana.
El papel, tan inocente en apariencia cuando luce tan blanco, se puede volver un arma
perjudicial en el momento en que sobre él se derrama la tinta para convertirlo en un docu-
mento. Entonces asusta lo que pueda transmitir y produce temor en aquellos que se empeñan
en evitar que las ideas sean transmitidas; y, aún más allá, que los derechos queden plasma-
dos, visualizables y se vuelvan efectivos. Por eso se empeñan en pasarlos por el fuego y las
trituradoras de papel para reconvertirlos de nuevo en una pasta blanca e inocente.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
El lenguaje
silbado en Canarias
65
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
Resumen: El lenguaje silbado que aún pervive en la isla canaria de La Gomera procede, con
toda seguridad, de los primeros pobladores de las Islas Canarias, aborígenes conocidos con el
nombre genérico de guanches. Su supervivencia en esta isla se debe a lo escarpada de su
orografía, su aislamiento histórico y la cantidad de población aborigen que sobrevivió a la
conquista europea. Aún está por comprobar, aunque parece lo lógico, que trajeron este curio-
so sistema de comunicación de su lugar de origen, el norte de África, donde habitaban y aún
lo hacen las etnias bereberes de las que procedían. Aparte de en La Gomera, el lenguaje sil-
bado se utilizaba con certeza documentada en las islas de El Hierro (donde aún hoy es posi-
ble encontrar silbadores), Tenerife y Gran Canaria, siendo muy probable su uso también en
La Palma. No se descarta su antigua utilización en Fuerteventura y Lanzarote, pero no se
dispone aún de datos contrastables que permitan afirmarlo. Por tanto, defendemos que para
referirnos a esta manifestación cultural se use la denominación "silbo canario", más correcta
que "silbo gomero".
Palabras clave: Lenguaje, Silbado, Silbo, Islas, Canarias, Gomera, Comunicación, Distan-
cia, Guanche, Fonética.
Abstract: It is from the first inhabitants in the Canary Islands (generally known as
Guanches) that a type of language based on whistling derives and still persists in La Gomera.
The survival of whistle in this particular spot is due to its precipitous steep orography as well
as to the fact that the aboriginal population in La Gomera outlived the European conquest
and the island was set aside from outside influences over the centuries. Although thorough
research has been carried out, no definitive evidence can confirm that the cradle for this lan-
guage could be found in the north of Africa, where both these ancient tribes and current Ber-
ber ethnic groups have their original home. Reliable reports also substantiate the existence of
this kind of language in the islands of El Hierro (where whistlers can be found still today),
Tenerife and Gran Canaria, and it was also probably present on La Palma. As for Fuerteven-
tura and Lanzarote, although no clear facts allow further confirmation, the presence of this
kind of language there shouldn’t be dismissed. Therefore it is our contention that when refer-
ring to this cultural expression, the term “Canarian whistle” should prevail over that of “Go-
meran whistle”.
66
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
El lenguaje
silbado en Canarias
DAVID DÍAZ REYES
Profesor de Educación Secundaria
Es una maravilla que incluso en nuestros días podemos escuchar a dos interlocutores comu-
nicándose a gran distancia por medio del silbo. Todas las indicaciones muestran que se trata
de una manifestación cultural que procede de la población aborigen canaria, como el lector
tendrá la oportunidad de comprobar. Los guanches, usando esta generalización para el anti-
guo habitante de todas las Islas, utilizaban la técnica del silbo partiendo de su lengua, de
origen bereber, ya desde antes de la llegada de los europeos. Esta primitiva población,
prácticamente neolítica, se mantuvo culturalmente casi intacta desde su arribada a las Islas
hasta fechas muy recientes, históricamente hablando (siglo XV, con continuación en el XVI).
La población actual de las Islas Canarias desciende, en buena parte, de estos antiguos cana-
rios, como nos demuestran algunas realidades culturales, pero sobre todo, genéticas y antro-
pológicas. Es obvio pensar que la cultura de los conquistadores, dominante, se impondría a la
de los conquistados, pero lo es aún más pensar que el nativo estaba mejor adaptado al medio,
por lo que la población mestiza resultante también tomó rasgos culturales de los aborígenes.
Entre ellos el silbo, que es un fenomenal vehículo de comunicación a distancia en zonas
escarpadas, muy comunes en las Islas, sobre todo en las centrales y las occidentales.
El sonido silbado, que es aire en vibración, posee una amplitud de onda mayor que la
producida por el sonido de las cuerdas vocales, aunque se esté gritando, por lo que se oye
con mayor intensidad sonora, más fuerte, y por tanto, a mayor distancia que la voz. Esto es
así ya que en la física de la música, con la que el silbo está íntimamente relacionada, se co-
noce que los instrumentos pertenecientes a la familia de viento alcanzan mayor intensidad
sonora que los de la familia de cuerda. Por supuesto es también el caso de las cuerdas voca-
les humanas, aunque sean accionadas por una columna de aire procedente de los pulmones.
67
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
El uso del silbo en el pasado estaba mucho más extendido que actualmente, debido a
su mayor utilidad y al mayor asilamiento de la población insular. Por ejemplo, no es sino
hasta 1960 cuando se inaugura el principal puerto de la Isla de El Hierro, el de La Estaca, y
su aeropuerto es aún posterior. El silbo se utilizaba para comunicar cualquier tipo de mensa-
je, público o privado y sin limitación alguna, aunque muy preferentemente en el medio rural
del Archipiélago. Sin embargo, a pesar de la introducción de mejoras en la comunicación
como son las carreteras, los coches, el teléfono, el móvil, internet, intranet, las videoconfe-
rencias o la comunicación vía satélite, el lenguaje silbado ha sobrevivido, aunque hasta hace
poco se temió por su desaparición.
Recientemente se han leído unas palabras muy inspiradas y acertadas de don Álvaro
Arvelo Hernández, director general de CajaCanarias, publicadas en el periódico tinerfeño
Diario de Avisos, el 2 de mayo de 2007. Parafraseando el contenido del breve artículo titula-
do “El silbo gomero”, el autor nos convence de que la palabra nunca debió dejar de ser el
“último reducto de la libertad”. En un medio físico que encierra al hombre en una orografía
imposible, tremendamente montañosa, el isleño se ve en la necesidad de buscar en su propia
fisiología una extensión para la palabra. Nos recuerda que “vivimos entrados en el siglo de
las comunicaciones, reales o virtuales, en donde los canales para llegar al otro se multiplican,
donde la información fluye vertiginosamente, sin tiempo a desgranarla”. “El silbo en la era
del teléfono móvil reclama aquello que le ha sido robado a la palabra: el tiempo y el espacio.
El tiempo para comunicar en la más absoluta complicidad; y el espacio, entendido como
espacio del hombre, la vuelta al medio natural que le ha sido usurpado por el ruido y la furia
del progreso”. Compartimos con el autor que preservar aquello que la tecnología recluye “en
el rincón exótico de las rarezas”, como nuestro silbo, no nos obliga a cuidar un patrimonio
lingüístico como pieza inmóvil en los museos, o como atracción turística de feriantes. Dice
que más bien se trata de “atesorar nuestra huella, siendo plenamente conscientes de que cada
pérdida desdibuja lo que somos”.
El uso cotidiano del lenguaje silbado de Canarias, ya escaso, se localiza salvo raras
excepciones en las zonas escarpadas de La Gomera y entre personas mayores que principal-
mente se dedican a la agricultura o la ganadería. Preferentemente se usa para transmitir men-
sajes cortos de tipo funcional. Sin embargo, no es extraña su utilización en algún restaurante
o en exhibiciones con fines turísticos. Es muy pequeña la cantidad de personas de fuera de la
Isla que se haya interesado en aprender, a pesar de que se le tiene gran consideración. Algu-
nos lo han intentado, pero la dificultad en personas adultas es notoria y desisten rápidamente.
No obstante, lo más relevante en cuanto al presente del silbo es que desde hace ya unos años,
concretamente desde el curso escolar 1999-2000, se imparte en todos los centros escolares de
la Isla de La Gomera como materia obligatoria hasta 2º de Enseñanza Secundaria Obligatoria
(E.S.O.). Tres maestros silbadores se encargan de tal misión, y es fácil hoy en día ver a niños
y jóvenes dominar este peculiar sistema de comunicación. Otro aspecto relevante es el em-
peño insistente por parte de la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural del
Gobierno de Canarias por elevar al silbo a la calificación de Obra Maestra del Patrimonio
Oral e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, para lo cual ya había sido presentada la
candidatura en el momento de realización de nuestro trabajo de campo. En septiembre de
2009, por fin, el silbo gomero obtuvo dicha declaración de la UNESCO, de lo cual nos ale-
gramos profundamente.
68
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
69
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
Por lo que ya sabemos con certeza, la primera mención sobre el lenguaje silbado en Canarias data
de 1403 ó 1404, cuando los cronistas franceses de la primera fase de la conquista de las islas escri-
ben Le Canarien, y describen así a la Isla de La Gomera: “(…) está habitada por mucha gente, que
habla el más extraño lenguaje de todas las regiones de esta parte, pues hablan con los bezos (los
labios), como si no tuvieran lengua (…)”. Cronistas antiguos veían aquí la pista que relacionaba a
los antiguos canarios con los conocidos como “lenguas cortadas”, condenados por reyes de la
vecina África a los que así se mutiló y que habrían sido deportados a las Islas Canarias. Se espe-
culó que al no poseer lengua, se comunicarían con el lenguaje silbado, de ahí su origen. Lo cierto
es que esta teoría no se sostiene de ningún modo, ya que para articular el silbo como lenguaje, la
lengua se hace imprescindible. También para la Isla de La Gomera, el historiador grancanario del
siglo XVII Tomás Arias Marín de Cubas, hace referencia de manera expresa a la utilización del
silbo al comentar el episodio de la rebelión de los gomeros en tiempos de Hernán Peraza el Joven.
Ya a finales del siglo XIX, el etnógrafo francés René Verneau hace una interesantísima descrip-
ción del silbo en La Gomera, a la vez que asegura su origen prehispánico.
Se conoce para la Isla de Gran Canaria el uso del lenguaje silbado en la época de la
conquista de la Isla. Uno de los cronistas de los Reyes Católicos, don Alonso de Palencia,
escribió en 1490 que “los canarios acudieron desde diversos lugares cuando desde las atala-
yas, en rocas inaccesibles, los viejos les indicaron con un silbido, que utilizan como las seña-
les de un cuerno o una trompeta, que ya podían y debían atacar al enemigo”. Sabemos, por
transmisión oral y también gracias al relevante etnógrafo palmero Talio Noda Gómez (por
experiencia propia en el año 1990), que los pastores del centro y oeste de la Isla con certeza
utilizaron hasta hace muy poco el lenguaje silbado. Está por investigar en profundidad de
qué modo y cuáles fueron (o son) sus características.
70
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
En 1474, en una expedición de Guillén Peraza a La Palma, se escribió que los aborí-
genes de la Isla, “(…) apellidando la tierra, vino en su ayuda (…)”. Este término, apellidar,
era utilizado en la época con la acepción de llamar, congregar, juntar, y había sido utilizado
también en Gran Canaria al hacer referencia a las funciones del silbo. Cree el capacitado
profesor Antonio Tejera Gaspar que tras este término se puede estar escondiendo también el
uso del silbo en esta Isla. Información oral reciente, y en fase de investigación, parece con-
firmar que fuera así.
Fuerteventura y Lanzarote son islas mucho menos montañosas que las otras cinco. Es
posible que la incidencia del silbo fuese, ya en la época de la conquista, mucho menor, o tal
vez que ya ni siquiera se utilizase. Varias fuentes nos han comentado sobre el uso de lengua-
je silbado entre pastores de Fuerteventura, tanto al norte de la Isla (en La Oliva) como en el
sur (Jandía), pero no hemos podido verificarlo. En la zona montañosa del norte de Lanzarote
existe un topónimo: la Peña del Silbo. Preguntando por su origen, entre otras opciones rela-
cionadas con el efecto sonoro del viento, nos comentaron del uso del lenguaje silbado por los
primeros pobladores, “hablaban con el silbo, como hacen los gomeros” (información de
María de los Ángeles Perdomo Perdomo, Ye, Haría). Persiste en la memoria entre los mayo-
res del pueblo de Femés, en el macizo lanzaroteño de los Ajaches, una cultura del silbo, en la
que este fenómeno formaba parte de sus andanzas cotidianas, quehaceres y música. Nos co-
mentan que posiblemente haya existido un lenguaje silbado, ya que recuerdan haber oído
llamar por el nombre silbado a sus mayores. No podemos comentar más, pues no hemos
encontrado aún algo nuevo al respecto.
71
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
a que su geografía es muy escarpada y de muy difícil acceso, lo que hace continuamente
necesaria esta particular forma de comunicación. La carretera de San Sebastián a Hermigua,
por ejemplo, dos de las principales poblaciones de la Isla, data de los años 30 del siglo XX.
Y el aeropuerto insular, como diría el otro, “de ayer mismo es”.
Por el momento, los trabajos realizados sobre el silbo en La Gomera no dan una buena mues-
tra de lo que supone este fenómeno. Exceptuamos, sin embargo, el trabajo del Dr. Ramón
Trujillo El silbo gomero. Análisis lingüístico, 1978, que es el que mejor describe este pecu-
liar sistema de comunicación, al menos en su vertiente fonológica. Posteriormente, la Direc-
tora de Investigación del Departamento de Fonética y Fonología de la Universidad de La
Sorbona (Francia), y especialista en lenguajes silbados Annie Rialland, publicó en 2005 un
interesante trabajo analítico sobre estos particulares medios de comunicación. El mismo
profesor Trujillo publica en 2006 una segunda edición de su libro anteriormente citado, ac-
tualizada y algo mejor explicada. Los trabajos anteriores a estos, por ejemplo los de A. Clas-
se en 1957 y 1963, el de A. Classe y R.G. Busnel en 1976 y, sobre todo, el de M. Queden-
feldt en 1887, carecen del rigor científico necesario y son demasiado imperfectos o no pro-
fundizan en el tema. Este último también es autor de un más que impreciso acercamiento al
pentagrama del lenguaje silbado.
Exclusivamente sobre el uso del silbo en otras Islas del Archipiélago Canario no hay ni
siquiera una publicación, tan solo hay breves referencias del pasado o comentarios recientes,
pero poco consistentes y nada descriptivos. Supimos desde hace unos años por el profesor
Maximiano Trapero (por un breve artículo en el diario La Provincia), que al menos hasta 1991
la costumbre de silbar pervivía de manera muy residual entre algunos viejos pastores de La
Dehesa, zona pastoril comunal en El Hierro. Igual que ya había hecho el citado Joseph Lajard
un siglo antes, Trapero observó similitudes entre el silbo en La Gomera y en El Hierro. La
existencia de este fenómeno también en la Isla del Meridiano fue registrada igualmente por
Robert Ricard en 1932 (“A propos du langage sifflé des Canaries”), por Buenaventura Bonnet
y Luis Álvarez Cruz en 1953 (El lenguaje silbado en La Gomera, pp. 19-24 y 35-40) y por la
profesora María de la Cruz Jiménez en 1993 (El Hierro y los Bimbaches, pág. 109).
También hemos sabido algo más recientemente, como antes comentábamos, que aún
es posible encontrar restos del lenguaje silbado entre los pastores del centro y oeste de Gran
Canaria, pero nada de esto hay publicado ni verdaderamente investigado. Y, por las referen-
cias de numerosos cronistas, también en diversas zonas de Tenerife se usó el comunicarse
72
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
por silbos en un pasado reciente, no superior a 70 años. Para ambas islas, el mentado doctor
Maximiano Trapero, profesor de la ULPGC, realizó a principios de la década de 1990 algu-
nas entrevistas y grabaciones que atestiguan lo que afirmamos, y que pueden ser escuchadas
en la sección de audio de nuestra web www.silbocanario.com. No obstante, se echa de me-
nos un verdadero análisis antropológico o algún otro estudio monográfico sobre el tema.
Para llevar a cabo una investigación de este tipo es necesaria una formación muy específica.
Por un lado, es preciso conocer en profundidad el lenguaje silbado de La Gomera, mejor
conservado y estudiado. Cuando se es silbador, como llegó a ser parcialmente el caso del
citado investigador francés Joseph Lajard, se comprenden mejor los matices del fenómeno y
la perspectiva del informante. Así es como se pueden hacer mejores comparaciones entre los
silbos de La Gomera y El Hierro, y conocer el grado de desuso y falta de práctica de la que
tanto nos hablaron los entrevistados. Desde enero de 2003, fecha en la que tuvimos nuestro
primer contacto serio con el silbo gomero con el maestro Rogelio Botanz, responsable en
aquel entonces del Programa de Contenidos Canarios de la Consejería de Educación, Cultura
y Deportes del Gobierno de Canarias, hemos iniciado un aprendizaje del fenómeno. En abril
del mismo año, con escaso conocimiento aún, asistimos al I Congreso Internacional de Len-
guajes Silbados, donde tuvimos contacto con los mayores expertos en este tema. Principal-
mente con los maestros silbadores gomeros, Isidro Ortiz Mendoza (del que aprendimos a
emitir el sonido más correcto), Eugenio Darias Darias (que nos enriqueció desde el punto de
vista más teórico) y Lino Rodríguez Martín. Este último muy especialmente, pues lo consi-
deramos el mejor silbador que conocemos. Con Lino aprendimos la técnica en sí, gracias a
los fines de semana y otros días que nos pudimos escapar desde la cercana Isla de Tenerife.
Durante el curso escolar 2003-2004 perfeccionamos el sonido y la comprensión gracias a él
y al frecuente contacto con otros silbadores, principalmente con la grancanaria Dácil Pérez
Rodríguez, aventajada discípula de Lino Rodríguez por aquel entonces. Actualmente segui-
mos practicando y, a la vez, enseñando a algunas personas interesadas en el tema.
73
LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
1. ¿Qué es lo más antiguo que recuerda usted oír hablar sobre la comunicación con el silbo?
2. a) ¿Cuál cree usted que es su origen? b) ¿Cree que tiene que ver con el gomero?
3. ¿Para qué piensa que puede ser útil? ¿Cuándo se usaba? ¿Qué importancia le concede usted a
su conocimiento?
4. ¿Qué experiencias o recuerdos tiene usted con la comunicación por el silbo (anécdotas)?
5. ¿Qué silbadores conoce usted, y quiénes de ellos eran o son los mejores?
6. ¿A qué se dedicaban las personas que más lo utilizaban? ¿Lo usaban por igual hombres y
mujeres?
10. Silbe: “Vete a comer” “Sube pa´rriba” “Quítale el pito” “Ven aquí”. (U otros mensajes, pero
preferiblemente lo que se silbaba con más frecuencia).
11. Silbe: Hoyo, mato, bebo, pico, mona, pasa, seda, siga, corre, feo, giro, lima, pollo, etime,
bichito, pañales, bulto, plano, integral, quesadillas, tecla, máximo, bernegal, resumen, árboles.
12. ¿Considera que existe diferencia entre el modo de silbar en un pueblo u otro de El Hierro?
13. ¿En qué zonas de la Isla se emplea o se empleó más el lenguaje silbado?
En ninguna de las entrevistas el informante contestaba las preguntas una por una, to-
das seguidas. Más bien iba contándonos sus experiencias al respecto, y así respondiendo a la
mayoría de ellas, y de eso se trataba. Cuando alguna de ellas parecía que no iba a ser contes-
tada, nos las ingeniábamos para volver al tema y luego preguntábamos directamente. Como
hemos dicho, la entrevista no consistía sólo en responder las cuestiones de este modelo; tam-
bién incluía la observación y la escucha de todo lo que se estaba produciendo. El silbo es un
aspecto integrado en una cultura, en una forma de vida.
Puede observarse que las preguntas están formuladas para que se contesten desde el
punto de vista del entrevistado. Lo interesante es su opinión, su valoración y sus juicios.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Nos acercamos al origen del silbo en El Hierro y a sus experiencias más lejanas en
el tiempo. Nos interesamos por los sujetos silbadores, por sus experiencias y anécdotas.
También nos interesa saber qué papel desempeñó o desempeña el silbo en la sociedad, y
hasta qué punto llega su utilidad. Queremos saber el contexto de su utilización, y en qué
momentos se hacía imprescindible. Y por supuesto, pretendemos saber cómo era el silbo: la
manera de producir el sonido, cómo se descodifican los mensajes, la distancia alcanzada…
Pero sobre todo nos interesa escuchar el silbo, para conocer sus características, para
buscar sus semejanzas y diferencias con el silbo gomero y para realizar un análisis fonológi-
co del mismo. Nótese cómo al informante que sea silbador se le pide que silbe primero lo
que le apetezca. El individuo toma confianza y muestra sus expresiones más comunes. Luego
se le pide que silbe expresiones sencillas y cotidianas, propias del habla habitual. Por último,
y dependiendo mucho de las condiciones, se le solicita que silbe ciertas frases o palabras
sueltas. Como puede observarse en la propuesta, están presentes todos los fonemas del caste-
llano y todas las situaciones posibles de combinación vocal-consonante. Evidentemente,
estas preguntas fueron siempre grabadas, excepto en un caso que veremos más adelante en el
que no fue posible.
Por último preguntamos por la posible diferencia de estilos al silbar la lengua según
zonas de la Isla, y por aquellos lugares de la Isla donde el silbo pudiera ser más utilizado.
Aunque no preguntados, muchas veces los informantes nos aportaban otros datos de
interés. Entonces los escribíamos en las observaciones del final, o los grabábamos. Hicimos
lo mismo con toda aquella información paralela que colocase al silbo dentro de su cultura,
como por ejemplo, con los toques de flauta (pito, en El Hierro) y de chácaras, los cantos de
trabajo, la literatura de tradición oral, los juegos tradicionales, la agricultura o las actividades
pastoriles. En casi todas las entrevistas estuvo presente una grabadora digital, de la que to-
mamos muchos datos que no pudieron ser escritos al tiempo que hablaba el informante.
Para comprender mejor el trabajo de investigación que hemos realizado en El Hierro, y que
aún estamos realizando en otras Islas, es importante conocer el significado de algunos térmi-
nos propios de la Antropología, que ejemplifican a la perfección la metodología empleada.
Consideramos clave que el lector conozca de antemano qué perspectiva se ha querido dar al
trabajo, y que conozca el significado de los principales fundamentos en los que se basó el
proyecto inicial. Los resultados de la investigación pueden ser consultados en el capítulo
denominado Síntesis de las conclusiones, al final de este artículo, donde se describen de
manera escueta y se ordenan según se plantearon las cuestiones en el modelo de entrevista
que acabamos de exponer.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Antonio Gutiérrez Padilla fue la única persona que oímos silbar en El Hierro sin que
tuviese que ver con nuestra investigación, sin que se lo hayamos pedido. Aún cuando igno-
raba nuestra existencia y motivo de visita, llamó a su hijo Maxi y le dijo que fuese a su casa,
todo por medio del silbo. Y nosotros lo escuchamos, atónitos y emocionados. Luego acudi-
mos a entrevistarlo.
Antonio tenía 81 años. Y decimos tenía porque mientras redactábamos los resultados
de esta investigación, don Antonio, conocido por todos como Antonio el de Julia, fallecía
tras una larga enfermedad. Sentimos mucho la pérdida de esta gran persona.
Antonio era natural de Valverde, donde nació y se crió. Allí vivió hasta los 20 años,
cuando se trasladó a El Mocanal. Trabajó con animales, de latonero, en obras de construc-
ción, en el Bar La Penúltima, formó la cooperativa de transportes de El Hierro y reciente-
mente trabajaba en el campo y atendiendo unas cabritas que tenía. Antiguamente ponía las
inyecciones en el pueblo e incluso llegó a poner puntos de sutura. Como él mismo nos co-
mentó, era conocido como practicante, y alguna que otra vez también llegó a ejercer de
médico. Nos contó varias de sus experiencias como “médico”, ya que curó numerosas afec-
ciones a sus vecinos, tanto en El Hierro como en Fuerteventura. Esta aptitud la aprendió de
un doctor durante su servicio militar, en Gran Canaria. El informante vivió 12 años en Vene-
zuela. Antonio el de Julia era una persona extremadamente amable, y también lo es su mujer,
a quien debe su sobrenombre, doña Julia Sánchez González. Ella es ama de casa actualmen-
te, aunque también ha trabajado “de todo”. Tiene 78 años de edad. A ambos se les entrevistó
en su casa de El Mocanal, que se encuentra justo encima del citado Bar La Penúltima. Como
en el caso de Juan el de Víctor, Antonio fue en su momento entrevistado por el profesor
Maximiano Trapero, del que tiene buen recuerdo. Trapero guarda una estrecha relación con
la Isla de El Hierro, por motivos personales y por haber realizado investigaciones lingüísticas
de gran calidad.
Sobre el lenguaje silbado tiene Antonio muchas cosas interesantes que decir. Lo
aprendió por enculturación, de su padre y otros mayores de la Isla. Él recuerda que “desde
pequeñito ya silbaba, a mi casa desde la montaña de Ajares a Tesine (en Valverde)”. Pregun-
tado por su opinión sobre el origen de la comunicación con el silbo, nos dice textualmente:
“Los bimbaches silbaban. Yo creo que eso viene de ahí”. Y sigue comentando: “Sólo hace
10 ó 15 ó 20 años que oí hablar del silbo gomero, pero yo desde chico silbaba. Cuando yo
oigo decir del silbo de los gomeros pienso: “yo silbo igual o lo mismo que ellos”.
Pausadamente, pero con emoción y cariño, el informante relata algunas de sus expe-
riencias y anécdotas en torno al lenguaje silbado. Nos comentó que el único teléfono que
había en el pueblo estaba en su casa. Así, cuando llamaban a alguien, Antonio salía a la calle
y silbaba por la persona requerida. También recuerda cómo un doctor, el conocido por José
Fernández el médico, y que procedía de El Pinar, le silbaba desde la carretera para que abrie-
ra el bar: “Me silbaba “¡Antonio, levántate a echarnos una copa!””
“Y recuerdo que con 12 años silbaba a mi casa desde la montaña de Ajares a Tesine”.
–Don Antonio, dígame alguna experiencia que recuerde que tenga que ver con el silbo- re-
querimos. “Un día me quedé cerrado entre dos barrancos en Arema, porque estaba lloviendo
mucho. Le silbé a mi hermano que yo bajaba por La Fuente, que él me esperaba por otro
sitio. El barranco de El Consejo estuvo corriendo seis días con seis noches”.
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Preguntado por los silbadores que conocía, nos sorprende con la siguiente respuesta:
“En mi casa éramos 13 ó 14 hermanos, y todos silbábamos. Mi hermana Pilar silbaba igual
que nosotros. Mi padre nos silbaba allá en La Villa (Valverde) a todos nosotros”. En cuanto
a quiénes eran los mejores silbadores, Antonio nos matiza que unos eran “más finos que
otros silbando”, en referencia a la claridad del mensaje emitido.
Antonio nos asegura que el silbo puede oírse a varios kilómetros, sobre todo en ausen-
cia de ruidos. Nos puso el ejemplo de la ocasión en la que silbó a su hijo Carlos desde el
mirador de La Peña hasta Las Puntas, “un par de kilómetros puede haber”. La recepción del
silbo depende de varios factores, como veremos más adelante.
Entonces pedimos que nos silbara algo. “Ya yo no silbo igual, tengo una dentadura
postiza. Se me va el aire y no silbo tan claro”. Antonio silbó entonces, y en su cara se reflejó
que estaba descontento. No hay que olvidar que era conocido como buen silbador, por su
potencia de emisión y por la frecuencia con que lo utilizaba. De hecho, es el único informan-
te al que oímos silbar sin que se le hubiera pedido, o por el hecho de saber en qué consistía
nuestra investigación (como fue el caso de su hijo Carlos en otra ocasión que comentaremos
a continuación. El sonido le salió con demasiado aire, pero aún podía considerarse compren-
sible. Silbó: “Vete pa´l coño de tu madre”, y también: “Vete al carajo”, con un chiflido muy
potente. Amadeo Quintero Padrón, nuestro padrino y primer informante, que se encontraba
presente, entendió los mensajes y también intervino. Entre ellos era bastante frecuente este
tipo de mensajes “amistosos” para despedirse. Cuando silbamos nosotros, del modo que
aprendimos en La Gomera, el sonido lo consideraron claro. Antonio nos entendió su nombre
cuando silbamos un mensaje inesperado: “Antonio, voy a comer a La Villa”. Amadeo Quin-
tero nos comprendió el mensaje completo.
“En todos los sitios de El Hierro se usaba el silbo. Los pastores eran los que más, cla-
ro, y la gente del campo”. Y preguntado por las posibles diferencias de silbos, nos comenta:
“yo entendía a todos, el silbo era igual en todos lados. En La Villa, aquí (El Mocanal), en
todos lados”.
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EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Fig. 1. Don Antonio Gutiérrez Padilla, en su casa de El Mocanal, donde nos recibió.
Esta interesante entrevista estuvo en todo momento impregnada del contexto cultural
que rodea al silbo. Antonio y su mujer Julia nos regalaron muchas experiencias y anécdotas
que nos ofrecieron una imagen del estilo de vida que existía en los mejores momentos del
uso del lenguaje silbado en la Isla. Poemas, canciones, trabajos, malgareos… en definitiva,
estampas de su vida que enriquecen lo se puede decir de un fenómeno cultural como es la
comunicación por medio del silbo. Por esta razón, las más de tres horas de entrevista se nos
pasaron volando.
La fase de las entrevistas se extendió a lo largo de un año y dos meses. Con ellas, con
todos los documentos (libros, artículos, vídeos, grabaciones, etc) y con las demás fuentes de
información que aportaron conocimiento sobre este tema, pasamos a otra fase de este trabajo
de investigación: el análisis fonológico del silbo herreño. Para efectuarla fue imprescindible
el uso de las nuevas tecnologías: grabadoras, ordenador y un programa informático de análi-
sis sonoro que incluyera un espectrógrafo, en aquel caso el Audacity 1.2.6, aunque ya existen
versiones mejoradas.
El silbo de la Isla de El Hierro es un lenguaje sustitutivo del hablado, en este caso, del espa-
ñol hablado en la Isla, del que posee su estructura básica. Tiene, como veremos, un sistema
fonológico propio, independiente del que está sustituyendo. Está doblemente articulado, lo
que quiere decir que existe una primera articulación en palabras (unidades con significado),
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
y una segunda articulación en unidades indivisibles mínimas sonoras, los fonemas. O sea,
posee vocales modificadas por consonantes que a su vez forman palabras dotadas de signifi-
cado. El silbo herreño es un sistema tonal, ya que el significado de lo silbado varía en fun-
ción de la altura o tono del sonido emitido.
El silbo en Canarias no es una lengua, sino un lenguaje. Pero, todavía más que un
lenguaje, puede definirse como una técnica de comunicación para grandes distancias. Eso
quiere decir que serviría para silbarse en cualquier idioma, ya que puede sustituir todos los
fonemas hablados, pero que cumple exclusivamente funciones prácticas. El número de fo-
nemas posibles se reduce considerablemente con respecto a la lengua hablada, lo que provo-
ca frecuentes casos de ambigüedad en la recepción de los mensajes silbados. Los interlocuto-
res resuelven esto gracias al contexto de la situación o por medio de preguntas aclaratorias.
No se ha realizado ningún otro estudio sobre el silbo de El Hierro aparte de éste. Por ello,
para el análisis fonológico del silbo herreño nos hemos basado en los trabajos que se han
hecho sobre el silbo gomero, ya que comparten características. Sin rechazar del todo los de
André Classe, nos hemos centrado en lo investigado por la profesora francesa Annie Ria-
lland en 2005 y, sobre todo, en las obras del profesor Ramón Trujillo Carreño, de 1978 y
2006. Nada de lo expuesto por Classe ha dejado de ser tratado por Trujillo, desde una pers-
pectiva más científica. El profesor Classe comete frecuentes errores de interpretación sonora
del silbo, y además, errores sobre el habla dialectal gomera. No obstante, sus trabajos sirvie-
ron como punto de partida para Trujillo, quien se encarga de dejar claro en su trabajo en qué
puntos está equivocado Classe.
Cuando observamos las características del silbo en El Hierro, recordamos el primer li-
bro del profesor Trujillo. Este reconocido lingüista canario, en parte gomero, realizó un
magnífico trabajo en 1978. En él mostró al mundo las características sonoras del silbo gome-
ro, basándose también en los imprescindibles espectrogramas. En 2006, Trujillo escribe una
revisión de su obra anterior, denominada El silbo gomero. Nuevo estudio fonológico. Se trata
más bien de una reedición en la que el profesor insiste en sus tesis. No obstante, añade expli-
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
caciones más detalladas de los espectrogramas y desgrana una didáctica continua para que el
lector sepa cuáles son sus principios fonológicos. Para Trujillo, este tipo de lenguaje se basa
más en sílabas silbadas que en palabras o letras. El doctor Trujillo es un gran especialista en
Lingüística, pero no es silbador.
En estas valiosas obras de Trujillo nos basamos principalmente para este análisis fo-
nológico, aunque expresaremos claramente en qué afirmaciones no estamos de acuerdo, e
indicaremos las nuestras propias en su lugar. Creemos, además, que a Ramón Trujillo le faltó
plasmar en la redacción de sus obras y sus conclusiones la imprescindible perspectiva emic,
la que nos aportan los informantes. Tal vez así, como él hizo, se consiga un trabajo más
científico, pero se pierde el contacto con la realidad práctica de los verdaderos protagonistas.
Los expertos citados en el punto anterior coinciden, y nosotros con ellos, en destacar ciertos
aspectos generales del lenguaje silbado de La Gomera, aplicables también al de El Hierro.
Primero, que los silbadores de zonas distintas tienen mayor dificultad en comprenderse que
aquellos otros del mismo lugar. No queremos decir que haya diferentes modos de comunicar
los mensajes, pero sí de recibirlos. Entenderán mejor los mensajes los silbadores que sean
familia o que pasen mucho tiempo juntos, no sólo por reconocer mejor su estilo de silbo,
sino por esperar de antemano lo que la otra persona puede decir. Esto pudimos comprobarlo
en la entrevista a los hermanos Amadeo e Ignacio Quintero Padrón.
El lenguaje silbado de El Hierro y La Gomera (y así también lo fue el de las otras Is-
las) no es un sistema de señales indivisibles, acordadas previamente con fines comunicati-
vos, como sí sucede con otros lenguajes silbados del mundo. Esto quiere decir que no se
silban palabras: no hay un silbo concreto que signifique perro, o baifo. Con nuestro silbo
podemos emitir un número infinito de enunciados, pero, eso sí, es más “limitado en cuanto a
la comprensión, aunque no en cuanto a la emisión” (Trujillo, 1978. Pág. 39). Esto es, se pue-
de silbar cualquier cosa, pero difícilmente se puede entender cualquier cosa. Las palabras se
construyen por medio de cada uno de sus fonemas.
El silbo emite una onda sonora simple, con todos sus armónicos carentes de informa-
ción propia, ya que lo único que hacen es multiplicar periódicamente el tono fundamental.
Estos armónicos, sin embargo, a veces nos permitieron visualizar mejor en los espectrogra-
mas los rasgos diferenciadores de los fonemas en el silbo, ya sean vocálicos o consonánticos.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
Las posibilidades de la boca de los silbadores van desde emitir sus sonidos más agu-
dos, unos 4000 hercios (número de ciclos de la onda sonora por cada segundo) a los más
graves, unos 1000 hercios. Esto equivale a dos octavas musicales, aproximadamente del Do
6 al Do 8. Estos valores no son absolutos ni generales a todos los silbadores, sólo aproxima-
tivos.
Las vocales
Dice Ramón Trujillo (1978, pág. 43) que las posibilidades de la cavidad anterior de la boca
sólo permite variar el volumen (seguramente refiriéndose a la altura del sonido, ya que este
término “volumen” no era aquí el correcto) e interrumpir la emisión. Las vocales, en los
silbos herreño y gomero, se realizan emitiendo sonidos de diferente altura. A pesar de las dos
octavas posibles de altura que permite el silbo, defiende Trujillo en todos sus trabajos que
solamente se distinguen dos alturas: la aguda y la grave, y por tanto, tan sólo dos sonidos
vocálicos. Con estas dos distinciones, según el doctor, se ejecutan las cinco vocales en el
lenguaje silbado.
Con esta propuesta, no habría manera de distinguir una i de una e, con lo que palabras
como vive y bebí no podrían distinguirse entre sí. Tampoco la o de la a y la u, por tanto,
palabras como Paco y poca.
Creemos que no es una propuesta que se ajuste del todo a la realidad. Es cierto que los
principales contrastes son los agudos frente a los graves, pero con matices intermedios. No
hay tonos absolutos para cada vocal, pero sí los hay relativos. La altura de una vocal silbada
no es siempre la misma, no es fija. Depende de los sonidos del contexto y del propio silbador
o silbadora. Un hombre tiene, por lo general, más posibilidades que una mujer para ejecutar
los sonidos más graves, por el mayor tamaño de su cavidad bucal anterior.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Comenta Trujillo que un silbador no puede distinguir harina frente a arena, ni siquiera
si fue él mismo quien silbó ambas palabras con anterioridad. Es posible, pero al oírlas segui-
das, seguramente sabrá cuál es cuál, puesto que distingue al establecer una relación de RE-
LATIVIDAD. Además, los silbadores, ante la posible ambigüedad, se esfuerzan por poner
cada vocal en su registro, acentuando las diferencias. Aún sin que esté presente esa ambi-
güedad, en palabras como miedo se oirá siempre la vocal i más aguda que la e, por tanto,
distinguidas. Y esto no lo hacen sólo los silbadores expertos, lo hacen todos los que dominan
este tipo de lenguaje.
Lo mismo, aunque con algo menos de claridad, sucede con la vocal a (grave) frente a la
o (más grave aún), y también frente a la u (grave como la o). Ante una posible ambigüedad, los
silbadores las distinguirán, como hemos escuchado al ser llamados Antonio y Antonia por don
Fidel Padrón. No son la misma persona, y el silbador hará la terminación de Antonio, la o, más
grave que para Antonia, la a. Es frecuente, como en el caso de los silbadores gomeros Isidro
Ortiz Mendoza y Lino Rodríguez Martín, que las palabras terminadas en a no se lleven tan al
registro grave como las terminadas en o, a pesar de que no haya posibilidad de confusión. No
obstante, también es frecuente que palabras terminadas en a se realicen tan graves como las
terminadas en o, sobre todo cuando no se establecen relaciones de relatividad, una tras la otra.
Referido a esto, hemos oído frecuentemente silbar igual pito y pita, por ejemplo. En muchos
casos, la palabra que se va a silbar viene precedida del artículo, lo que ayuda a precisar su
género, como el perro o la perra. Aquí, aunque las vocales o y a se realizasen igual de graves,
el receptor sabrá el sexo del animal por el artículo: el se silba muy diferente a la, ya que en el
primero se escucha un movimiento ascendente del tono, y en el segundo, uno descendente.
Podemos concluir que se puede generalizar que la realización de la a es menos grave que la de
la o, aunque en muchas ocasiones no se silbe tal distinción. Esto puede depender del silbador y
también de la situación de posible ambigüedad de lo silbado.
Estas distinciones de altura entre las vocales también las comparten con nosotros An-
nie Rialland, que discrimina a-o y también e-i, y parcialmente André Classe, que considera
que se distinguen todas las vocales. Las afirmaciones de este último, no obstante, no parece
que tengan el fundamento suficiente.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
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Esto siempre en funciones de relatividad, de unas vocales con respecto a las otras. Una
palabra como primero será silbada por todos en una escala descendente de tres tonos, i-e-o,
pero que no tienen el mismo valor absoluto en hercios compartido por todos los silbadores.
Es especialmente visible en el caso de las mujeres silbadoras, que generalmente no emiten el
sonido de la o y de la u tan grave como los hombres, a causa del menor tamaño de su cavidad
bucal. Ni siquiera el mismo silbador la silbará siempre de la misma manera, en los mismos
tonos exactos, ya que esto es muy difícil. Lo que sí hará siempre es respetar las diferencias
de relación entre unas vocales y otras, puesto que sí hay valores relativos. Por esto es por lo
que pensamos que en el silbo herreño y gomero, el silbo de Canarias, existe el contraste gra-
ve-agudo, pero con 4 vocales diferenciadas.
Cuando los silbadores gomeros llaman a alguien por su nombre para iniciar una con-
versación, suelen silbar antes Ah, por ejemplo: Ah, Manolo. Es una teoría, pero posiblemente
lo hagan inconscientemente para establecer la frecuencia empleada para esa vocal, aparte de
para llamar la atención de los oyentes antes de pronunciar el nombre del requerido.
Estamos completamente de acuerdo con Trujillo cuando dice que la altura de las voca-
les puede verse modificada en función de las consonantes que las preceden. Como veremos a
continuación, también hay consonantes graves y agudas. Debido a que los silbadores siempre
tratan de que los contrastes sean grandes para mejorar la claridad del mensaje, se suele silbar
las dos vocales más agudas (la i y la e) un poco más graves si están precedidas de consonan-
tes agudas, y algo más agudas si están precedidas de consonantes graves. Lo mismo, aunque
menos acusado, sucede con las tres vocales graves según se vean precedidas por consonantes
agudas o graves. Es poco perceptible al oído, pero puede observarse en los espectrogramas.
LAS CONSONANTES
El caso de las consonantes silbadas es muy particular. Lo que intenta el silbador es imitar los
fonemas del lenguaje hablado, por lo que hará las consonantes semejantes a como suenan.
No obstante, interviniendo sólo la parte anterior de la boca como mecanismo fonador, algu-
nos sonidos son imposibles de realizar y se transforman mucho en el lenguaje silbado.
Dice Ramón Trujillo con mucha razón que “toda consonante silbada consiste sólo en
su punto de arranque, en su cúspide máxima o en su máximo descenso: lo verdaderamente
consonántico es perceptible gracias a esos límites extremos o picos que siempre están por
encima o por debajo, según la clase de consonante, de la altura media de las vocales modifi-
cadas por ellos. (…) Lo que vamos a llamar consonantes o, mejor, consonantes silbadas no
son más que las inflexiones, curvas, transiciones o interrupciones que sufre la “línea silbada”
en que se manifiestan lo que hemos llamado vocales silbadas, que en realidad sólo son líneas
más o menos planas”. Para él, las posibilidades articulatorias de la zona utilizada para emitir
el silbo, la cavidad anterior de la boca, sólo permite hacer dos cosas con el sonido silbado:
variar su altura (agudo o grave) e interrumpir o no su emisión (sonido interrumpido o conti-
nuo). De esta manera, viendo las cuatro combinaciones posibles, tan sólo se podrá silbar
otros tantos sonidos consonánticos, con los que se deben sustituir todas las consonantes del
lenguaje hablado.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Para poder abreviar, Ramón Trujillo emplea en su segundo trabajo, el de 2006, letras mo-
delo para cada uno de los cuatro grupos de consonantes. Así, el grupo de las agudas interrumpi-
das o interruptas es el grupo de la T, el de las agudas continuas es el grupo de la Y, el de las gra-
ves interruptas es el grupo de la P, y el de las graves continuas es el grupo de la B. Lo hizo de
esta manera porque es así como más le sonó esta vez cada una de las agrupaciones.
Los silbadores saben que este movimiento labial acerca algunas consonantes silbadas a su
sonido natural en el lenguaje hablado, comprendiéndose así mejor el mensaje. A este nuevo gru-
po de consonantes lo hemos etiquetado como el de las graves continuas articuladas. Esta articula-
ción también afecta a la p, que Trujillo había catalogado como sonido consonántico grave inte-
rrupto. Para nosotros, esta consonante jamás fue interrupta en el lenguaje silbado, sino continua,
y no presenta posibilidad de confusión con la k, única realmente grave interrupta.
GRAVES
AGUDAS AGUDAS GRAVES GRAVES
CONTINUAS
INTERRUPTAS CONTINUAS INTERRUPTAS CONTINUAS
ARTICULADAS
CH,T,S* R,RR,L,LL,Y,D*,N,Ñ K G,J B,M,P,F
La manera que proponemos para abreviar estos grupos, utilizando consonantes de re-
ferencia, sería de este modo: las agudas interruptas, por una CH. Las agudas continuas po-
demos considerarlas el grupo de la Y. Las graves interruptas, que son tres letras pero un úni-
co fonema silbado, el grupo de la K. Las graves continuas, el grupo de la G. Por último, el
grupo de las graves continuas articuladas, el grupo de la B. Hemos oído en el silbo de ambas
Islas la distinción entre las consonantes del grupo de la B y el de la G, por lo que no cabría
meterlas en el mismo saco. Incluso, añadimos que el grupo de la G es de consonantes graves
“semicontinuas”, si así pudieran llamarse, ya que su ejecución no presenta ni la continuidad
de las del grupo de la B, ni la interrupción que presenta la K. Esto sucede así por el acerca-
miento, sin verdadero contacto, de la lengua a la parte posterior del paladar en las consonan-
tes del grupo de la G.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
DAVID DÍAZ REYES
Como vemos, existe una buena correspondencia entre cómo se pronuncian y cómo se
silban las consonantes. Pero hay dos claras excepciones, de dos consonantes que modifican
su carácter interrupto y continuo al hablar, por continuo e interrupto al silbar, respectivamen-
te. El primer caso es el de p, fonema oclusivo interrupto labial sordo, que pasa a silbarse
como sonido consonántico grave continuo. Esto creemos que se debe a la imposibilidad en el
silbo de interrumpir la emisión del sonido con los labios, y la opción de silbar p como grave
continua articulada (grupo de la B) imita mejor su sonido en la lengua hablada que hacerlo
como grave interrupta (grupo de la K). El segundo caso es el de la s, que es una consonante
continua fricativa aguda, y se ejecuta silbada como una oclusiva interrupta aguda, al igual
que la t y la ch. Según Ramón Trujillo, podría tratarse de una adaptación del fonema bereber
/ts/, que muy probablemente existió tanto en El Hierro como en La Gomera. Es una hipótesis
que compartimos, puesto que es la vía más sencilla y lógica de ejecutar un sonido que de
otro modo se haría ininteligible (una s, por sí sola, no podría silbarse parecida a como se
pronuncia hablando). Por otra parte, el doctor Trujillo nos plantea otra posibilidad: al tratarse
de una de las consonantes más frecuentes del sistema fonológico castellano, y dotada,
además, de funciones específicas tanto para realizar el plural como de conjugación personal,
puede resultar ambiguo su significado si se silbase igual que las otras consonantes agudas
continuas, por lo que se prefirió realizar como el grupo consonántico de las interruptas agu-
das al ser uno de los más reducidos, por tanto, con menor posibilidad de ambigüedad. No
compartimos esta teoría; nos parece rebuscada y poco natural.
Lo que nunca pasa en el lenguaje silbado es que un mismo fonema hablado se pueda
silbar de dos maneras diferentes, o sea, que pertenezca a dos grupos de los cinco que hemos
planteado antes. Esto motivaría tal confusión que haría inútil este sistema de comunicación.
Coincidimos con Trujillo en no considerar relevante lo que Annie Rialland llama gra-
dual decay, debilitamiento progresivo de la línea fundamental del silbo, un posible descenso
de la intensidad en las consonantes nasales al ser silbadas. Esto es algo que no está generali-
zado entre los silbadores y, en casi todos los casos, es imperceptible al oído humano, sobre
todo de lejos, que al fin y al cabo es lo que importa. Lo mismo sucede con la diferenciación
que Rialland denomina sharp, estridente, que afecta a ciertas consonantes agudas (ch, y, ll,
ñ) y las diferenciaría del resto. Aun prestando especial atención a este rasgo, ni lo observa-
mos en la gran mayoría de los silbadores, ni lo consideramos perceptible al oído humano (en
los casos en que este aparece en el espectrograma). No obstante, valoramos del trabajo de la
doctora Rialland el hecho de descubrir unos leves matices que también están presentes en el
lenguaje silbado de Canarias.
Lo que está claro es que nuestro silbo intenta imitar al máximo el lenguaje hablado co-
tidiano. Por esto, muchos silbadores ponen especial cuidado en imitar lo mejor posible todos
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
los fonemas, y de ahí vienen las escasas diferencias que se pueden encontrar. Claro está, si se
utilizan para la investigación silbadores expertos, las posibilidades de matizar las vocales y
consonantes con respecto a sus grupos de referencia son mayores. Sin embargo, esto también
es parte del silbo. Nadie utiliza todo el vocabulario que puede hallarse en el Diccionario de la
Real Academia Española de la Lengua, pero no por esto se habla peor español. Pero quien
domine más la gramática y el vocabulario, podrá expresarse mejor. Los silbadores que hacen
mejores diferenciaciones de los fonemas silbados tienen más posibilidades de ser entendidos.
No hay que despreciar el virtuosismo por ser de unos pocos, sino tomarlo en cuenta como
una referencia de hasta dónde pueden llegar las posibilidades del lenguaje silbado. No olvi-
demos que los sujetos que emplearon tanto Trujillo como Rialland para sus investigaciones
eran gomeros hijos de La Gomera, no productos de laboratorio.
Decía Trujillo que la consonante en posición implosiva, tanto interna en la palabra como
final, es muy rara. Tal vez no cumplió el necesario principio de la representatividad de los
informantes, ya que basó sus estudios en muy pocos silbadores. Nosotros hemos escuchado la
consonante implosiva con bastante frecuencia, y no sólo en silbadores experimentados.
Las sílabas trabadas son aquellas que consisten en consonante + consonante + vocal, tales
como “dro” en Pedro, o “cla” en clave. Y tanto la r como la l son las llamadas consonantes
líquidas. Su realización en el silbo de El Hierro es escasa, si la comparamos con la de La
Gomera, donde lo hace la mayoría de los silbadores. En El Hierro es ya difícil encontrar
silbadores y, de los que hallamos, sólo dos de ellos distinguieron, por ejemplo, los sonidos de
clave y de cabe.
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DAVID DÍAZ REYES
LA POLIFONEMIA: Así llama Ramón Trujillo al hecho de que “una palabra silbada no es
lo mismo que una palabra de la lengua natural, y ni siquiera su sustituto, sino una pieza for-
mal, representativa de un cierto número de elementos léxicos”. Esto no es otra cosa sino que
un mismo silbo puede valer para dos palabras habladas diferentes, caso de Chicho y Tito.
Dice el profesor que la palabra silbada se diferencia de otras por rasgos funcionales signifi-
cativos. Debido a esta mayor posibilidad de ambigüedad en el silbo, los interlocutores a me-
nudo se ven obligados a ser redundantes en su mensaje y a poner en práctica todo su ingenio
y habilidad. Muchas veces el contexto ayuda a la comprensión, resultando imposible una
confusión. Mi caballo se rompió una pata, y la última palabra no puede confundirse nunca
con pasa, ya que no tendría sentido. En otras ocasiones se emplean sinónimos si el oyente no
entendió a la primera:
“Tráeme un abrigo”
“Yo no te entiendo”
“Tráeme una chaqueta”, que es más fácil de comprender.
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Esto es, en definitiva, en lo que se basan y con lo que se construyen los silbos herreño
y gomero. Ramón Trujillo habla de la tremenda pobreza fonológica del silbo gomero. Noso-
tros observamos algo más de riqueza, aunque no tanta como propone Annie Rialland o, sobre
todo, los trabajos de Classe y Classe-Busnel. Cierto es que, con respecto al lenguaje hablado,
el silbo reduce considerablemente el número de fonemas. Pero es justo darle su papel, de
mayor riqueza que el habla referente a su mayor intensidad de sonido. Podemos gritar y ser
entendidos como máximo a 1 kilómetro de distancia, a riesgo de dañar nuestras cuerdas vo-
cales. Y ahí estuvo el silbo, para comunicarnos a una mayor distancia aún, sin ni siquiera
hacerlas vibrar. Aunque subjetiva, y a riesgo de perder el estilo científico del capítulo, tam-
bién señalamos aquí la enorme riqueza estética que presenta. Una propuesta para el lector:
escuchar a dos interlocutores silbándose a gran distancia en cualquier zona montañosa y
silenciosa de las Islas. Es pura magia.
El silbo de El Hierro presenta algunas diferencias con respecto al de La Gomera, que es mu-
cho más conocido y estudiado. Como antes comentamos, se basan en las mismas caracterís-
ticas; de hecho, se puede concluir que son el mismo tipo de lenguaje silbado. Está claro que
las circunstancias históricas, geográficas y culturales de las dos Islas son casi idénticas. La
herreña y la gomera son cada una subculturas dentro de otra más general que sería la cultura
canaria, y que presentan idénticos orígenes. Por eso, no hay muchas diferencias entre sus
lenguajes silbados, y creemos que no las habría con respecto a cualquier otro lenguaje silba-
do que existiese (o exista aún) en otras de las Islas Canarias.
1. Como hemos comentado, el silbo imita el habla. Por esta razón, en el silbo herreño pueden
percibirse los matices de la modalidad dialectal del habla herreña, con su “deje” (entona-
ción) y sus otras características. “Como se habla, se silba”, nos habían dicho. Es fácil, por
tanto, distinguir un silbador herreño de uno gomero. Las tres siguientes características
están relacionadas con este punto.
2. En el silbo herreño se silban siempre las -s finales antes de pausa (ver espectrogramas y oír
ejemplos en el CD), cosa que sucede en el gomero en pocas ocasiones.
3. Su silbo presenta el levantamiento de la consonante en posición implosiva ante pausa más
retrasado que en el silbo gomero, sobre todo si se está preguntando algo. Véase la diferen-
cia en los espectrogramas (por ejemplo, la r en David, ven a comer).
4. Uso generalizado en el silbo herreño del “ustedes” para la segunda persona del plural, fren-
te al frecuente “vosotros” del silbo gomero, que es lo más empleado en su habla popular.
5. Las s- en posición explosiva o principio de sílaba son silbadas algo diferentes al resto de su
grupo de consonantes agudas interruptas, resultando su ejecución en ocasiones un poco
menos interrumpida, algo más cercana a la de las agudas continuas. Esto lo hemos apre-
ciado sobre todo en el informante Fidel Padrón González, y con menos claridad, en los
demás. Muy raramente, pero también lo hemos escuchado a silbadores gomeros. No es
una norma, pero sí que es apreciable. El lector puede extraer su opinión en los ejemplos
silbados del CD.
6. Es menos frecuente en el silbo herreño el distinguir las consonantes líquidas agrupadas en
sílabas trabadas que en el silbo gomero. Sólo dos de los silbadores hace la distinción, el re-
sto omite su interpretación, y silbaría plato igual que pato.
7. En el silbo de El Hierro todas las vocales, pero sobre todo las vocales agudas (la i y la e),
que quedan justo antes de una pausa suelen bajar un poco su tono tras realizarse y alcanzar
su máxima altura correspondiente. Esto, en parte, está relacionado con la entonación del
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
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habla herreña. Véanse como ejemplo el espectrograma de David, ven a comer (la i de Da-
vid) silbado por Fidel Padrón González, o el de Conchi, ábreme la puerta (la i de Conchi)
silbado por Amadeo Quintero Padrón. No sucede así en el silbo gomero, que tiende a man-
tener fija la altura tonal de todas sus vocales.
8. Para iniciar la conversación silbada, lo habitual en El Hierro es llamar a la persona por su
nombre tras haber silbado primero Oye. En La Gomera lo normal es silbar primero Ah, an-
tes del nombre de la persona requerida: Ah, Fulanito. Cuando un mensaje es captado, en
ambas Islas se suele confirmar silbando: “Bueno, bueno”.
9. En El Hierro no hay diferentes tipos de silbo como sí los hay en La Gomera, donde tene-
mos el silbo de la cumbre, algo diferente al de la costa y los valles. Creemos que el silbo
herreño muestra similitudes con los dos tipos de silbo gomero: es agudo y penetrante, co-
mo el de los valles y costas, pero también es pausado, menos preciso y menos elaborado,
como el de la cumbre. Consideramos que con este último comparte más características.
10. En líneas generales, el silbo herreño es ligerísimamente más agudo que el gomero, incluso
tratándose este último del de las costas y los valles. Es raro que el silbo gomero llegue a
los 4000 hercios de frecuencia, pero no es así en el silbo de El Hierro. En cuanto a las fre-
cuencias graves, el silbo gomero parece llegar con más facilidad a los límites inferiores.
No hemos encontrado aún una causa convincente que explique este ligero matiz. Posible-
mente esté relacionada con la orografía de las Islas, más surcada de barrancos en el caso de
La Gomera y, por tanto, con más posibilidades de que el eco actúe como resonador y pro-
longador del sonido. Pero posiblemente se trate también de simple imitación: por costum-
bre se imitan los modelos anteriores y, tal vez, los primeros silbadores herreños tendían a
hacerlo algo más agudo. Eso sí, se respeta siempre la relación de espacio de altura relativa
existente entre los tonos de las vocales.
Para la elaboración de los siguientes espectrogramas hemos utilizado tres tipos de grabadoras
digitales, un ordenador PC y el programa informático Audacity 1.2.6. La frecuencia, que
establece la altura del sonido, es lo representado en las coordenadas verticales. El tiempo es
lo que está representado en las coordenadas horizontales. Como antes indicamos, no conside-
ramos conveniente poner tabla numérica de la frecuencia o del tiempo, ya que lo que impor-
tan son las alturas relativas entre las vocales y las consonantes, junto a los movimientos tona-
les que se realizan. Estas alturas siempre se moverán entre un máximo de 4000 hercios y un
mínimo de 1000.
Hemos usado como modelos a dos de los buenos silbadores herreños que encontra-
mos, don Fidel Padrón González y don Amadeo Quintero Padrón. Para las comparaciones
visuales con el silbo gomero hemos contado con el maestro silbador don Isidro Ortiz Men-
doza, famoso folklorista procedente de Chipude, La Gomera. A don Isidro lo entrevistamos
en su Isla, en el pueblo de Los Aceviños, en julio de 2007. Se prestó amablemente para esta
experiencia, además de silbarnos algunos otros ejemplos y compartir con nosotros sus cono-
cimientos. Y también hemos participado nosotros mismos en la grabación, que aprendimos
el silbo de don Lino Rodríguez Martín, de Agulo, La Gomera. Con estos espectrogramas
podemos ver claramente el sonido del silbo, lo que, junto a otros ejemplos no adjuntados de
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EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
silbadores gomeros y herreños, y a un estudio exhaustivo del sonido grabado, nos ha llevado
a las conclusiones que hemos comentado sobre las características del silbo de El Hierro y sus
diferencias con el de La Gomera. A continuación mostramos dos ejemplos comparativos en
la misma página, el de arriba de silbo herreño y el de debajo de silbo gomero:
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TO-MÁ- S VENA-QUÍ
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EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Se consigue el silbo adecuado utilizando como resonador la cavidad bucal anterior y dejando
la lengua reposada en el suelo de la boca, pero un poco recogida hacia atrás. Los labios de-
ben forrar los dientes. La punta de la lengua nunca debe virarse hacia arriba, ya que así sería
imposible articular las consonantes. La cavidad bucal anterior es la única que hace de reso-
nador, y su tamaño es fundamental para establecer la altura del sonido, esto es, lo grave o
agudo que sale. Este tamaño de la cavidad resonadora se puede y debe modificar utilizando
la mandíbula y los cachetes. La altura del sonido silbado también varía en función de la pre-
sión con la que se suelta el aire: a mayor presión más agudo será el sonido, y viceversa. Co-
mo hemos visto, la ejecución apropiada de las vocales va a depender exclusivamente de la
altura del sonido. La utilización de dedos o no para emitir el silbo es opcional. Dejamos claro
aquí que, al igual que las huellas digitales, cada persona tiene su propia boca, lengua y la-
bios, por lo que estos anteriores consejos sólo deben tomarse como referencia. Cada silbador
puede tener su propio estilo.
Lo que vibra, aunque casi imperceptiblemente y, por tanto, origina el sonido silbado,
es el labio inferior. Para silbar con potencia, que al fin y al cabo es lo fundamental, también
hay que saber cómo expulsar el aire. Lo correcto es expulsarlo con fuerza desde la parte infe-
rior de los pulmones, ayudándonos del diafragma, lo que permite mayor potencia y mensajes
más largos sin interrupción. El aire realiza un circuito de arriba a abajo dentro de la boca.
Los informantes nos contaron que aprendieron el silbo desde niños, que al fin y al ca-
bo es lo lógico. En El Hierro, hasta hace unos 40 años, aprender a silbar era necesario, como
lo fue aprender cualquier labor del campo. Los niños herreños imitaban a los mayores,
aprendiendo a emitir sus primeros sonidos silbados desde muy corta edad, al igual que lo
hicieron los niños gomeros. Para algunos fue más fácil que para otros, como también hemos
comprobado que ocurre con las personas adultas. Cada persona tiene su propia estructura
anatómica, y debe hallar su propia manera de silbar con potencia. Lo cierto es que todo el
que se empeñaba lo conseguía. Lo demás, la articulación de las palabras, se aprendía de un
modo natural, como el que aprende su lengua materna. No se precisaba ningún estudio, ya
que el uso del silbo estaba muy extendido y era fácil ir perfeccionando la técnica para que se
entendiesen mejor los mensajes. Una vez conseguido el sonido apropiado, un silbo correcto,
con el aire bien aprovechado y potente, todo era cuestión de imitar el lenguaje hablado de la
manera más cercana posible. Pero entonces había muchas personas que corregían los posi-
bles errores de los niños que aún estaban aprendiendo.
El aprendizaje actual para adultos no relacionados con el silbo debe seguir unas pautas
parecidas, pero a un ritmo diferente. Lo primero es aprender a emitir el sonido silbado ade-
cuado, como hemos indicado al principio de este apartado, siendo capaces de variar su altura
o tono. Conseguido esto, hay dos maneras de aprender el lenguaje silbado.
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La segunda, que nosotros defendemos, es la manera natural. Con natural queremos de-
cir simplemente que silbar es hablar con el silbo. El silbador intenta imitar de la manera más
precisa el sonido del lenguaje hablado. Aprendido de este modo, se podrán precisar mejor los
matices fonéticos que hacen más comprensible el mensaje silbado. Nosotros creemos que,
según tengamos más o menos abierta la boca para pronunciar las vocales habladas, así será
también el silbo, más o menos agudo, ya que se utiliza la misma abertura que para hablar. Esto
es así porque una boca más pequeña emitirá silbos más agudos, y una boca más grande emitirá
silbos más graves. El tamaño de la cavidad bucal la puede variar el silbador abriendo y cerran-
do la mandíbula, y también con ayuda de los cachetes. Y con las consonantes pasa lo mismo.
Desde luego, la cantidad de fonemas silbados no se corresponde con los presentes en el habla,
ya que son menos y tenderán a agruparse en los cinco grupos consonánticos que propusimos.
Pero esto saldrá involuntariamente: las consonantes agudas son así porque para emitirlas (tanto
hablando como silbando) la lengua se eleva contra el paladar, disminuyendo el tamaño de la
cavidad bucal que está actuando como resonador. Cuanto menor es un instrumento musical,
más agudo sonará; cuanto más pequeña se haga la cavidad bucal, más agudo saldrá el silbo.
Las consonantes graves salen así porque al emitirlas, la lengua se recoge hacia atrás, dejando
más grande la cavidad anterior de la boca. Aparte de esto, la lengua es fundamental para poder
articular los sonidos y para poder interrumpirlos o no. Y el labio inferior puede hacer un hacer
un breve movimiento que modifica la emisión continua de determinadas consonantes graves,
acercando su sonoridad a la del lenguaje hablado.
Hablando frases cortas. Por ejemplo: “Miguel tiene sueño”, “María, ven a comer” o
“Antonio es de Gran Canaria”.
Hablar la misma frase, pero con la postura que utilizamos para silbar con potencia
(con un dedo doblado en la boca, con dos dedos o sin ninguno, pero con los labios
y el soplo iguales que cuando se está silbando).
Susurrar la frase, sin hacer vibrar las cuerdas vocales, con la misma postura que en
el punto anterior. Comprobamos que casi lo estamos silbando.
Poco a poco darle un carácter más silbado a lo hecho anteriormente, hasta que lo
estemos silbando con la máxima potencia. Este punto requiere mucha práctica.
Para seguir el aprendizaje de este modo es importante tener contacto frecuente con
buenos silbadores que corrijan a tiempo posibles fallos, para que estos no se conviertan en
malos vicios. Hay que darle prioridad a la claridad de las vocales, no confundiéndolas unas
con otras, respetando sus diferencias de altura. Cada una de las consonantes pueden lograrse
silbando palabras que las contengan, lo que inconscientemente lleva a un sonido silbado lo
más parecido al hablado posible. Se pueden combinar ambos métodos si, aparte de silbar del
modo natural, estamos atentos a los grupos a los que pertenecen los fonemas, para evitar
posibles disparates que confundan totalmente al oyente. Un buen ejercicio es silbar la conso-
nante modelo de cada uno de los cinco grupos que propusimos con cada una de las vocales:
chi-cho-che-cho-cha-cho-cho-cho-chi-cha-che-cha-cha-cha-cho-cha… yi-yo-ye-yo-ya-yo…
Luego es cuestión de silbar también las consonantes implosivas y las sílabas trabadas del
modo que antes describimos.
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EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Si se conocen bien las características del silbo canario (gomero y herreño), se respe-
tan, se mantienen frecuentes contactos con silbadores experimentados, se tiene gran pacien-
cia y se demuestra fuerza de voluntad, se puede aprender este peculiar y útil sistema de co-
municación. Para un adulto no es nada sencillo, pero tampoco resulta imposible. Es cuestión
de práctica, mucha práctica. Aquí es falso eso de que “loro viejo no aprende a hablar”.
A continuación pasamos a comentar las conclusiones a las que hemos llegado tras el proceso
de investigación en las islas de El Hierro y La Gomera. Aún estamos trabajando la cuestión
del lenguaje silbado en las restantes islas del Archipiélago Canario, y sólo podemos adelan-
tar que comparten las características fonológicas. Aprovechamos para reafirmarnos en la que
consideramos que es la verdadera denominación del objeto de estudio: el silbo canario. Para
la redacción de las conclusiones hemos tenido en cuenta la amplia documentación sobre el
fenómeno y su contexto, el trabajo de campo con los informantes y el posterior análisis de
los datos obtenidos.
La mayoría de los herreños mayores de 55 años conoce a alguien que fue buen silba-
dor, aunque opina que antaño casi todos silbaban. Unos mejor y otros peor, de acuerdo con
sus aptitudes y posibilidades de práctica. Aún así, encontramos unas pocas personas de esa
edad que desconocían su uso, lo que nos habla del nivel de deterioro que ha venido sufriendo
el lenguaje silbado en El Hierro en las últimas generaciones.
Los pastores eran los que más utilizaban el silbo. Esto es debido a las necesidades es-
peciales de su trabajo, muchas veces aislados unos de otros y, en ocasiones, en zonas escar-
padas. Pero no sólo ellos; el silbo fue importante también para aquellos que trabajaron en la
agricultura. Antiguamente casi toda la población de la Isla vivía dependiente del sector pri-
mario, es decir, dependiente de las labores del campo, de la ganadería y la pesca. Al no exis-
tir en El Hierro zonas considerables como urbanas, el uso del silbo estaba bastante generali-
zado. Por eso el silbo fue utilizado tanto por hombres como por mujeres, aunque fueron mu-
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LOS MEDIOS DE TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN
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chos más los primeros, que eran los que más trabajaban fuera de las casas y de los pueblos,
especialmente en el pastoreo. A esto se debe que muchas personas consideraban poco feme-
nino el que una mujer silbase, lo que, a su vez, posiblemente también desanimase a algunas
en cuanto a su utilización. Esto no era visto así por las mujeres silbadoras, que siempre se
mostraron orgullosas de saber hacerlo.
La distancia máxima que puede alcanzar un silbo que pueda ser comprendido es de
unos tres kilómetros, aunque algunos informantes aseguran haberla superado. Para esto es
necesario un silencio que hoy en día es mucho más difícil de conseguir, por los ruidos de los
coches y las casas, y unas circunstancias climatológicas y orográficas apropiadas. Hemos
comprobado que en circunstancias de silencio, viento a favor o en zonas barrancosas, es po-
sible superar ligeramente los citados tres kilómetros.
No existe una postura física apropiada para ejecutar el silbo. La forma de hacerlo de-
pende de cada persona, especialmente de cómo ha sido enseñada, y es la que mantiene du-
rante toda su vida. Hemos visto hacerlo sin usar ningún dedo, con uno solo introducido recto
en la boca, con uno solo doblado, con dos dedos de la misma mano con varias combinacio-
nes, con los dos índices, con los dos corazones y con los dos meñiques. Lo importante era
conseguir potencia y claridad. Aún así, varios de los informantes nos comentaron que todos
intentaban aprender a silbar sin los dedos para evitar tener que meter en la boca los dedos
sucios de estar trabajando en el campo, pero que esta manera de hacerlo, como pudimos
comprobar, resta algo de potencia y claridad al sonido emitido.
El silbo de El Hierro también imita el habla popular de la Isla, al que sustituye. Por
tanto, transmite sus peculiaridades sonoras, como la entonación. Las características del silbo
herreño y sus diferencias con el gomero las hemos descrito en el capítulo dedicado a su aná-
lisis fonológico. El silbo en Canarias, en líneas generales, consiste en hablar silbando (tanto
vocales como consonantes, si exceptuamos, en parte, el caso ya citado de la s- inicial), por lo
que se podía aprender desde pequeño. Según se aprende a hablar, poco a poco se puede
aprender a silbar y a articular las palabras con ese silbo.
El silbo se usaba en todas las zonas de El Hierro. Sin embargo, en el norte de la Isla,
en El Mocanal y sus alrededores, fue donde encontramos más informantes y donde más nos
hablaron del lenguaje silbado. Cierto es que se trata de la zona de procedencia del “padrino”
que nos introdujo cuando iniciamos el trabajo de campo, y que es la que más conocíamos
nosotros desde el principio, pero también la que parece ser que, en proporción, mejor con-
serva y donde más extendido estuvo el uso del lenguaje silbado herreño en las últimas gene-
raciones. Una posible causa puede ser que en épocas de hambruna o escasez, el norte fue
receptor de población del resto de la Isla, donde al menos había qué comer (principalmente
habas). En los años 50 y 60 del siglo pasado fue la última vez que se dio este proceso migra-
torio interior.
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EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
El hablar con silbos empezó a caer en desuso en El Hierro hace unos 40 años, alrede-
dor de 1965. Desde entonces, siguió perviviendo algo más de tiempo de manera cada vez
más residual. Todavía en noviembre de 2006 escuchamos silbar en El Hierro, sin que tuviese
que ver con nuestra investigación, al tristemente fallecido en abril de 2007 Antonio Gutiérrez
Padilla. No obstante, todavía son muchos los que lo recuerdan, y unos pocos aún son capaces
de silbar con claridad.
En El Hierro existe un problema serio con la dentición. Estamos seguros de que se de-
teriora en sus habitantes a menor edad media que en las otras Islas. Esto nos perjudicó a la
hora de encontrar actualmente personas que pudiesen silbar, ya que muchos no siguieron
utilizando el silbo después de perder sus dientes o de que se les pusiera dentadura postiza, y
no eran capaces de emitir el sonido tal y como estuvieron acostumbrados. Estaría bien com-
probar si, aparte de la carencia histórica de médicos especialistas en estomatología en la Isla,
existe un componente genético o ambiental que determine esta situación.
Como hemos podido investigar, la comunicación por medio del silbo en El Hierro tiene una
gran antigüedad, como la tiene en La Gomera, y la tiene, aunque ya no esté en uso, también
en otras Islas. Hemos podido ver en las anteriores conclusiones las circunstancias y caracterís-
ticas que lo definen actualmente. Si privamos a la población herreña de esta particular mani-
festación cultural, estaremos cometiendo una gran injusticia. De todos es sabido que cuando
el silbo gomero se introdujo en las aulas, su utilización era muy escasa y muy pocos jóvenes
hacían uso de él. Podemos asegurar que estaba a punto de desaparecer, y que se salvó gracias
a su aplicación en la escuela. El caso del silbo herreño hoy día es similar, pero se encuentra
aún peor conservado. Hasta hace unos cuarenta años no era así, y su vitalidad era bastante
patente, pero desde entonces, el teléfono y las carreteras lo han relegado al recuerdo de los
mayores de la Isla. Aún así, tenemos suerte. Tenemos suerte de que vivan personas como
Amadeo Quintero Padrón y Fidel Padrón González, informantes de calidad, gran memoria, y
todavía buenos silbadores. A cualquier silbador gomero no se le escapará, al oírlos silbar, que
la técnica es prácticamente la misma, y los reconocerá como buenos silbadores. Al preguntár-
seles, nuestros informantes manifestaron estar de acuerdo con que el silbo de El Hierro tam-
bién se enseñe en las escuelas, como se hace en La Gomera. Estamos todavía a tiempo de
rescatar del olvido el lenguaje silbado en la Isla de El Hierro.
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Es un deber histórico con nuestros antepasados. Hemos heredado de ellos muchos va-
lores culturales que, en mayor o menor medida, nuestros gobernantes han tratado de rescatar
y difundir, como símbolos de nuestra identidad. El lenguaje silbado es herencia de nuestros
aborígenes, y desde entonces, el pueblo canario lo ha utilizado para su mejor adaptación al
medio. La población mestiza resultante de la conquista toma lo que le es útil de cada fuente,
como pudo ser el uso de las guatacas o azadas de los colonos y la comunicación a gran dis-
tancia por medio del silbo de los nativos. El lenguaje silbado aún existe, y se le puede dar ese
empujón que necesita. No olvidemos que es una de las manifestaciones culturales más pecu-
liares de Canarias, y del mundo.
Para el desconocedor del silbo, ver cómo dos interlocutores se entienden de esta forma
podría parecer arte de magia. Con unos sonidos de distintos tonos fácilmente confundibles
con el canto de los mirlos pueden estarse burlando de la cara de sorprendidos con la que
estamos observando este fenómeno. Sin tener que acercarse al interlocutor y sin tener que
depender del móvil, por tanto, de la cobertura, la batería o el saldo del que dispongamos, los
silbadores pueden comunicarse mensajes a larga distancia. Es un medio de comunicación
limpio, cómodo y gratuito. El visitante queda maravillado, es un atractivo turístico más que
añadir a nuestras Islas, aumentando así la oferta cultural. Esto último es esencial en una so-
ciedad tan globalizada como la que tenemos actualmente.
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EL LENGUAJE SILBADO EN CANARIAS
Vázquez Figueroa o los poemas de Pedro García Cabrera. Además, se ha experimentado con
él como inspirador de recursos plásticos, cinematográficos y fotográficos, llegando a la con-
clusión de que estimula la creatividad artística en general. Ha sido instalada en el Mirador de
Igualero, La Gomera, una escultura dedicada al silbo, obra de José Darias.
El uso del lenguaje por medio del silbo como sistema de comunicación para personas
que tienen dañadas sus cuerdas vocales es otra de sus aplicaciones. Esto lo escuchamos por
primera vez en boca del maestro Rogelio Botanz, en el I Congreso Internacional de Lengua-
jes Silbados. El silbo no precisa vibración de las cuerdas vocales para producirse, ya que sólo
usa la parte anterior de la boca. Por tanto, será de gran utilidad para personas que han pade-
cido cáncer de laringe, laringectomizadas y otras mutiladas de la voz en general.
Por todas estas razones es por lo que solicitamos a los responsables de la Consejería
de Educación, Universidades, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias que el lenguaje
silbado sea materia impartida en todos los centros escolares no sólo de El Hierro, sino de
toda Canarias, en el uso de sus competencias en materia de Educación y el desarrollo del
Programa de Contenidos Canarios. Está probada su existencia histórica al menos en cuatro
de las Islas, pervive en La Gomera y, en menor medida, en El Hierro. Sus características
sonoras son similares en ambas Islas (y aseguramos también que lo fueron en las restantes
Islas, al menos en Tenerife y Gran Canaria, quedando por concretar su expansión en el pasa-
do), sus ventajas están claras y sus inconvenientes no existen. Su enseñanza puede impartirse
por separado, junto al área de Lengua o incluida en una materia dedicada exclusivamente a la
Cultura Tradicional Canaria. Afortunadamente se dispone de la experiencia previa, muy
reciente y exitosa, de la implantación del lenguaje silbado como materia de obligado estudio
en los centros educativos de la Isla de La Gomera, lo cual facilitará el proceso. Considera-
mos que actualmente, debido a los cambios sociales que la Canarias de hoy está experimen-
tando, lo que no se incluye en los programas de estudio escolares está condenado a desapare-
cer. Su implantación en el Currículo Autonómico puede realizarse por fases, y su carácter
obligatorio u optativo dependería de varios factores, como la disponibilidad de profesorado
para impartirlo. Por esto último es importante, y así lo pedimos, que se expida un reconoci-
miento oficial, una certificación, para todos aquellos escolares y adultos que superen deter-
minadas pruebas sobre el conocimiento del lenguaje silbado de Canarias. Creemos que puede
ser conveniente empezar por impartir clases de silbo a futuros maestros durante alguno de
los tres años de formación que tienen en las Escuelas de Magisterio de las dos Universidades
canarias. Nosotros defendemos que, a la larga, el silbo se convierta en materia de obligado
estudio para todo el alumnado de los colegios de las Islas Canarias.
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DAVID DÍAZ REYES
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el día trece de julio de dos mil once,
advocación de San Enrique, Emperador
del Sacrosanto Imperio Romano Germánico