Tema 20: Jesús me enseña a Amar
Objetivos
Descubrir el verdadero amor analizando la diferencia entre el amor del mundo y el
amor de Jesús, con el fin de aprender a amar al prójimo como lo hizo Cristo
Ideas centrales
● Cómo es el amor de Jesús
● Método de Jesús para amar
● Cómo aplicar la enseñanza del amor
I. Introducción
Necesitamos el amor de Dios
Dios ama a todos los hombres, pero también ama a cada uno de una manera
personal, como cada uno necesita ser amado. Dios reconoce nuestra necesidad de
ser amado.
Nos ama como si fuéramos sus únicos y preferidos hijos, que se alegra con
nuestras alegrías y se compadece con nuestras penas.
II. Profundización
1. ¿Qué cosas son clave para ayudarnos a vivir? ¿Cuáles son nuestras
necesidades básicas?
Hubo un hombre llamado Maslow que creó esta gran herramienta que nos muestra
la importancia del amor: La pirámide
de Maslow.
Como podemos ver en este diagrama, todos
tenemos una necesidad básica de cosas como comida, agua, calor, descanso, etc.
Esas son todas las necesidades básicas que compartimos. A medida que avanza en
el diagrama, hay otras necesidades que requerimos una vez que se satisfacen
nuestras necesidades básicas. El siguiente conjunto de necesidades es seguridad y
protección, luego un sentido de "pertenencia, afiliación y amor". Todos necesitamos
amor. Tengamos en cuenta que es una necesidad real... justo después de la
comida, el agua, el refugio, la seguridad y la protección (que son todos muy
básicos).
2. ¿Cómo es el amor de Dios?
El amor de Dios es infinito, verdadero y misericordioso
Infinito: Solemos decir que la esperanza es lo último que se pierde, en realidad, es
el amor. Pues la esperanza se verá saciada y terminará cuando nos encontremos
con Jesús al final de los tiempos. Pero el amor nunca termina, es más, cuando nos
encontremos junto a Dios en el paraíso se multiplicará ese amor. (Isaías 54,10)
Verdadero: El verdadero amor siempre es sacrificial, misericordioso, compasivo,
comprensivo, amable, generoso y paciente. La evidencia de su amor es la Cruz y
resurrección de Jesucristo, es decir, no es un amor que debemos imaginarnos, es
real porque Jesús vive y no hay amor más grande, que el amor de quien da la vida
por sus amigos. (Jn 13,1)
Misericordioso: Otra característica que resalta el amor de Jesús es su capacidad
para perdonar. El perdón de Dios es gratis, incondicional y para todos. Jesús lo
demuestra cuando se encuentra con la mujer adúltera y le dice: “Yo tampoco te
condeno” (Jn 8, 3-11). También, cuando hablaba sobre el Hijo pródigo y contaba
que en la parábola, el padre recibió a su hijo con mucha alegría (Lc 15, 11-24). O
cuando le prometió al buen ladrón que estaría en el Reino de los Cielos junto a Él.
3. Permanecer en el amor de Jesús
Lectura: Jn 15, 9-11
"Como el Padre me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor.
[Link] cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido
los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. [Link] he dicho todas
estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.”
Se trata de que todo nuestro ser, entendimiento y voluntad se unan tan plenamente
a Dios como sea posible, de forma gozosa, estable y creciente. Estamos llamados a
que cada fibra de nuestro ser sea “imagen y semejanza” de aquel a quien felizmente
pertenecemos porque nos ha creado y salvado. Si permanecemos en su amor
viviremos con alegría.
4. ¿Cómo se practica el amor?
Lectura: Jn 15, 12-14
“Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. [Link]
hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, 14.y son ustedes mis amigos,
si cumplen lo que les mando."
Jesús nos enseña la clave del “amar”. No se trata de amar como yo amo, sino
de amar como Él ama.
El Papa Francisco nos dice:
«Si tú tienes el corazón endurecido tu no puedes amar y piensas que el amor es
eso de imaginarse cosas. No, el amor es concreto. Y esta concreción, se funda
sobre dos criterios: Primer criterio: amar con las obras, no con las palabras. ¡Las
palabras se las llevó el viento!. Hoy están, mañana no están. Segundo criterio de
concreción es: en el amor es más importante el dar que el recibir. El que ama da,
da…Da cosas, da vida, da sí mismo a Dios y a los demás. Sin embargo, quien no
ama, quien es egoísta, siempre busca recibir, siempre buscar tener cosas, tener
ventajas. Permanecer con el corazón abierto, no como estaba el de los discípulos,
cerrado, que no entendían nada: permanecer en Dios y Dios en nosotros;
permanecer en el amor».
1. El amor es donarme
2. El amor es trabajar en mis defectos y fijarme menos en los de los demás
3. El amor es tener la valentía de ser el primero en pedir perdón
4. El amor es orar por el otro todos los días
5. El amor es actuar con bondad y ternura aún cuando estés molesto
6. El amor es desear la santidad para el otro
7. El amor es mantener la unidad, aunque lleguen tormentas
8. El amor es descubrir a Dios con los demás
5. Compartir el amor de Dios en nuestro entorno
La presencia cristiana católica en Internet es fundamental hoy en día. El Papa
Benedicto XVI, hablando sobre las comunicaciones sociales en 2009, exhortaba a
los jóvenes con estas palabras: «Amigos, sentíos comprometidos a sembrar en la
cultura de este nuevo ambiente comunicativo e informativo los valores sobre los que
se apoya vuestra vida».
Cuando un católico está en Internet, es importante…
1. Dar testimonio de nuestra fe: El propio testimonio de fe comunicado a los
demás irradiará luz. Y para ser luz, hay que recibir esa luz y reflejarla con toda la
alegría posible. Si la luz que recibimos es la luz de Cristo, claramente reflejaremos a
Cristo, pero si nuestra luz proviene del mundo, reflejaremos al mundo. Y donde se
ve ese reflejo? Pues, en todo lo que hacemos, incluyendo nuestras redes sociales,
ya que en ellas compartimos parte de lo que somos. Nadie sigue algo que no le
gusta, ni comparte algo con lo que no está de acuerdo, así que una buena
herramienta para hacer introspección sería prestarle atención a mis redes sociales y
tratar de ver qie dicen ellas de mi.
Nuestro testimonio auténtico de vida llevará a otros a contagiarse de ese “no sé
qué” que el cristiano tiene, y que es Jesucristo. ¡No tengas miedo a hablar de Dios
en las redes sociales, antes bien, anímate a compartir tu fe con los demás!
2. Edificar con sus palabras: No siempre cae bien nuestro mensaje. A veces se
nos “ataca”, pero podemos transformar estos ataques en oportunidades. Sí, cada
ataque u ofensa es una oportunidad para demostrar lo que somos, para decirle al
otro que le amamos, para ser auténticamente cristianos y así estamos edificando
con nuestras palabras. Necesitamos detenernos y pensar bien las cosas, valorarlas,
recordar el ejemplo de Cristo y luego actuar. Que el amar me lleve al edificar.
3. Alentar a los desanimados: Lamentablemente muchos de los mensajes que
recibimos en rede sociales comunican desánimo y cansancio de la vida. ¿Qué
podemos hacer? San Francisco de Asís decía: «Oh, maestro, que no empeñe tanto
en ser consolado sino en consolar, en ser comprendido sino en comprender, en ser
amado sino en amar…». Poner la mirada en el otro es la actitud cristiana,
preocuparnos por los demás, sembrar la esperanza, el amor, la concordia, unir…
siempre unir.
4. Evitar discusiones absurdas: Un signo de humildad y respeto es escuchar
cuando el otro habla y callar cuando no se sabe. Ser católico no significa tener la
respuesta de todo, hay veces en que la mejor defensa de la fe es el silencio. Eso sí,
hay que hacer el esfuerzo por profundizar nuestra fe e informarnos para que no nos
encuentren desprevenidos. Decir: “lo desconozco”, “no sé”, “la verdad es que no
tengo bien claro el tema” será siempre un signo de humildad. La mejor arma que
tenemos los católicos es el amor, y amando es como vencerás.
5. Compartir nuestro tesoro: Jesús: Dice la parábola de Jesús en el Evangelio:
«El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que
lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que
tiene y compra ese campo» (Mateo 13, 44). Él es el verdadero tesoro de nuestra
vida. Un tesoro que podemos guardarlo para nosotros mismos, un tesoro que se
comparte. A veces sin palabras somos portadores del mensaje de amor. «Nosotros
somos el buen olor de Cristo» (2 Corintios 2, 15).
6. Tener una sola vida, no doble: Creemos unas veces y otras lo abandonamos;
decimos sí, y luego lo negamos. Hoy en día somos personajes públicos, más aún
los cristianos (que estamos en la mira casi siempre). Si te ven en las redes sociales
como una persona piadosa y comprometida con Dios y en la vida real te ven
emborrachándote y “viviendo la vida” como si no hubiera mañana… hay algo que no
va bien (también puede ser al revés). Vivir una doble vida tarde o temprano
terminará alejando a más de uno de la fe… ser un testimonio de Jesús es ser
auténtico, vivir una sola vida siempre.
III. Oración Final
Señor, hoy vengo ante Ti, me rindo a tus pies para que guíes mis pasos. Enséñame
a recorrer tus caminos, no quiero vivir lejos de Ti, de tu amor, de tu abrazo
consolador. Ven y cambia mi corazón, reconozco que en mucho te he fallado, pero
tu amor puede levantarme, puede sanarme y puede transformarme. Ven y
enséñame a amar, a entender que sólo en Ti, encontraré verdadera felicidad, que
sólo Tú puedes cambiar mi vida y mostrarme lo que mejor me conviene. Deseo abrir
la puerta de mi corazón a tu presencia renovadora, al manantial de gracias que
derramas a través de tus sacramentos. Concédeme el don de la alegría. Sana las
heridas de mi corazón que han sembrado miedo y dolor, para poder así actuar con
todas las capacidades que me has regalado. Confío en tu amor. Tú eres el dueño de
mi vida.
Amen.