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El Carisma Marista

Este documento describe diferentes formas de vivir en comunidad el carisma marista desde una perspectiva religiosa y laical. Explica que vivir juntos en comunidad permite desarrollar las personas a través de las relaciones y la fe compartida. Luego describe diversas expresiones comunitarias maristas como familias, comunidades religiosas de hermanos, comunidades mixtas de hermanos y laicos, y comunidades laicales, destacando que todas buscan vivir los valores maristas de fraternidad, servicio y misión educativa.

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El Carisma Marista

Este documento describe diferentes formas de vivir en comunidad el carisma marista desde una perspectiva religiosa y laical. Explica que vivir juntos en comunidad permite desarrollar las personas a través de las relaciones y la fe compartida. Luego describe diversas expresiones comunitarias maristas como familias, comunidades religiosas de hermanos, comunidades mixtas de hermanos y laicos, y comunidades laicales, destacando que todas buscan vivir los valores maristas de fraternidad, servicio y misión educativa.

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EL CARISMA MARISTA

VIVIR CON OTROS EL CARISMA MARISTA:

Vivir con otros el carisma marista es una manera de entender la nueva relación. Es el Espíritu quien está
invitando a multiplicar en la Iglesia distintas formas de vivir la comunión y el mutuo enriquecimiento entre
religiosos, laicos y laicas. En el fondo, estas expresiones comunitarias ponen en evidencia una nueva
manera de vivir como Iglesia.

Dentro del carisma marista, las distintas formas de vivir como iglesia en comunidad son:

1. VIVIR CON OTROS: SENTIDO DE LA PERSONA

El ser humano es un ser social que se realiza viviendo en relación con otros. La amistad, como el
amor, es imprescindible para la plenitud y realización de la persona. Sin amistad verdadera no puede
darse plenitud de vida. El “otro” me hace existir. Descubro a los otros como sentido de mi vida. Aprecio la
diferencia y la complementariedad. Soy aquello que doy, porque sólo se tiene aquello que se da. No
hay solidez humana sin amor. Surge de aquí el compromiso común por hacer la creación y la historia más
humana y fraterna. Compromete a hacer que el mundo sea un poco más habitable.

2. VIVIR CON OTROS LA FE: EXIGENCIA EVANGELICA:

Compartir la misma fe nos hace sentirnos enviados al mundo a construir el Reino de comunión universal.
Vivir con otros la fe es vivir con el primado del amor, la experiencia viva de ser amado por Dios mismo. El amor
es comunión de vida, ya que él mismo es vida, y la vida es comunión. Comunión con Dios y con los
hombres. No hay dos amores, el de Dios y el del prójimo, sino un mismo Espíritu que une el cielo y la tierra en
el corazón de Dios. Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tú fe sirva igualmente de apoyo para
la de otros. La comunidad es necesaria para vivir la fe: quienes nos reunimos en la Eucaristía no estamos allí
por ser simplemente conciudadanos, sino por y para ser hermanos.

3. VIVIR CON OTROS EN COMUNIDAD:

La comunidad es el lugar de intercomunión de las personas. La comunidad engendra las personas y las personas
engendran la comunidad. No se da la una sin la otra. Para tener calidad de vida necesitamos los seres
humanos una comunidad sana y saludable, una convivencia armoniosa, una comunicación que nos libre de
nuestras soledades "deshabitadas". Estamo s llam ados a trabajar junto s de una m anera radical para an
unciar el Reino de D io s a todo s lo s niño s y jó venes, especialmente a los m ás po bres,
creando espacio s para: co m partir la v ida y para desarrollar diferentes form as de v ida com
unitaria, crear comunidades maristas de vida que visible y significativamente evangelicen por su espíritu de
familia y compromiso con la misión, con los rasgos genéticos de las primeras comunidades cristianas (Hechos de
los Apóstoles).

4. VIVIR CON OTROS EL CARISMA MARISTA:


La vocación marista se la comparte entre hermanos y laicos. El don del carisma marista se convierte en alianza
con Dios pero también con los que comparten el mismo don.
Vivir con otros el carisma marista es vivir una experiencia de comunión. Y aquí se introduce la
dimensión comunitaria., como asociación de personas que tejen entre sí lazos fraternales, a partir de una idéntica
experiencia: la de haber sido atrapados por Dios en el seguimiento de Jesús, con el espíritu de Champagnat. Esta
dimensión comunitaria es eje de la experiencia carismática y permite hacer la síntesis personal de los elementos
constitutivos de nuestra vocación., como son la espiritualidad, la misión y la fraternidad maristas.
Vivir hoy el carisma marista significa abrirnos, como en círculos concéntricos, a todas las personas que
comparten con nosotros el espíritu marista.
Al vivir el carisma marista se descubre la comunidad, experimentada en muy diversas formas y estilos: Como
lugar teológico, donde se puede alcanzar la plenitud en nuestra relación con Dios. Como lugar que humaniza,
donde nos sentimos personas. Como ocasión de ofrecer el testimonio al mundo, siendo profetas de la
fraternidad. El estilo de una comunidad marista viene configurado por el estilo de María, atenta a los
detalles, sencilla y cercana, que promueve espíritu de familia, y sabe de sonrisa y pan caliente, de acogida y de
casa abierta.

[Link] EXPRESIONES COMUNITARIAS

a. LA FAMILIA: Para muchos laicos y laicas el matrimonio es parte fundamental de su vocación laical. En su
mutua entrega de esposos transparentan el amor de Dios, siempre fiel, en medio del mundo. La familia es
el primer lugar donde vivir la comunión, esencia de toda expresión comunitaria.
Los laicos maristas hacen de la familia un hogar cristiano, donde el amor y la comprensión son el centro de las
relaciones. Desde ella se integran en la comunidad eclesial y en ella hace vida la fraternidad marista.

b. LA COMUNIDAD RELIGIOSA: Los hermanos se sienten convocados por Dios; su entrega personal la hacen en
el seno de una comunidad. Así la comunidad viene a ser lugar de intercambio y crecimiento. En la
comunidad se aceptan los hermanos como diferentes y complementarios. Cada uno se interesa por la vida y el
trabajo de los demás. La comunidad se convierte en un ámbito de amistad y de intercambio, en el que se
desarrollan las cualidades humanas y los dones espirituales de cada uno. Para los hermanos la comunidad es
una gracia del Espíritu Santo. Forman comunidad sin haberse escogido unos a otros, se aceptan mutuamente
como don del Señor. Por su esfuerzo de reconciliación y de comunión, renovado sin cesar, quieren ser
signo de unidad para quienes les ven.
Las relaciones gratuitas, igualitarias, serviciales, solidarias de los miembros de la comunidad y de ésta
misma con otros grupos, se convierten en el mejor testimonio en un mundo abocado a las
relaciones comerciales, discriminatorias, utilitarias, insolidarias.
La comunidad de los hermanos puede ser un laboratorio de convivencia justa y fraterna para
otros grupos maristas y para toda la sociedad.

c. LA COMUNIDAD MIXTA: En esta experiencia laicos y hermanos viven en una misma casa. Entre otras
referencias citamos a las comunidades de Mulhouse, Hermitage, Giugliano... El proyecto contempla una
apuesta por el carisma marista vivido en el día a día a partir de la complementación vocacional. Se comparte el
trabajo, la oración, la reflexión. Se acuerdan ritmos comunitarios. Se acentúa la comunicación desde la apertura
sincera, el diálogo y la escucha. Se vive el reto de aceptar el pluralismo y construir la convivencia. En las
comunidades mixtas, los hermanos aportan el don de la vocación religiosa, el carisma unido a su caminar
espiritual y la propia experiencia comunitaria, y las laicas y laicos ofrecen sus estilos domésticos y familiares, su
inserción en medio del mundo. Sean éstos últimos, casados o célibes, hay en ellos una vivencia diferente del
carisma que, ciertamente, enriquece a los hermanos. En igualdad de condiciones, hermanos, laicos y
sacerdotes en una comunidad mixta, perfilan el camino espiritual de la experiencia, el estilo comunitario, el
compartir bienes, horarios, la animación comunitaria, la autonomía y el desarrollo de la propia identidad, como
laicos, hermanos o sacerdotes, la misión, la relación con otras comunidades y con la Iglesia.

La comunidad mixta para convertirse en un grupo de personas unidas en un solo corazón y un mismo
espíritu, como lo soñaba Marcelino para sus hermanos, será preciso que sus miembros adopten los métodos
que él proponía para alcanzar ese fin, es decir, el respeto mutuo, la oración, el perdón y la sencillez de vida.

d. COMUNIDAD LAICAL: Son grupos que han decidido que quieren ser y quieren vivir como comunidades.
Son comunidades de laicos. Ordinariamente sin un techo único, pero con el deseo de hacer crecer y
madurar su fe en la relación con el otro, y de proyectar esa fe en proyectos de misión. Los Misioneros
Maristas se iniciaron siendo un pequeño grupo de alumnos del bachillerato marista. Ahora son
exalumnos, maestros y otras personas que, sin tener ningún contacto con lo marista, se han unido.
Sienten que el Espíritu de Dios les ha hecho el regalo de querer vivir la espiritualidad marista, desde la base
laical. Su sueño es poder decirles a todas las personas que Dios las ama mucho, en especial a los niños y
jóvenes, que se encuentran en zonas rurales y periféricas de la ciudad, a través de los rasgos
maristas: espíritu de familia, amor al trabajo, sencillez, presencia amorosa y, sobre todo, la devoción a nuestra
Buena Madre María Santísima.

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