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La Biblia: Una Biblioteca Sagrada

El documento explica que la Biblia no es un libro sino una biblioteca formada por varios libros sagrados. Se compone del Antiguo Testamento, que incluye la Tanaj judía, y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento contiene libros como el Génesis y los profetas, mientras que el Nuevo Testamento incluye los Evangelios, las cartas de Pablo y otros escritos.

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La Biblia: Una Biblioteca Sagrada

El documento explica que la Biblia no es un libro sino una biblioteca formada por varios libros sagrados. Se compone del Antiguo Testamento, que incluye la Tanaj judía, y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento contiene libros como el Génesis y los profetas, mientras que el Nuevo Testamento incluye los Evangelios, las cartas de Pablo y otros escritos.

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Por qué La Biblia no es un libro y quiénes fueron sus verdaderos autores

El Antiguo y el Nuevo Testamento reúnen todo lo que sabemos acerca de Jesús, los apóstoles, los
profetas, la creación del Universo y su final. Qué significa cada una de sus partes y los distintos
capítulos que comparte con el Tanaj, el compendio similar de la religión judía

Por

Gerardo Di Fazio

17 de Abril de 2021
La Biblia es el texto sagrado para los Cristianos. Pero no es un libro, sino una Biblioteca (Pexels)

Todo lo que conocemos sobre la vida y la obra de Jesús y su entorno proviene de una sola fuente:
los Evangelios, que forman parte de la Biblia.

Pero, la Biblia ¿es un libro? Respuesta: No, no lo es.

La palabra Biblia del latín biblĭa, y este del griego βιβλία: biblía «libros» es un conjunto de libros
que el judaísmo y el cristianismo consideran sagrados y de inspiración divina. Ellos registran la
relación entre Dios y la humanidad. Es decir que la Biblia es una “biblioteca” y no un solo
libro. Mucha atención al término “inspiración”: significa que no fue escrita por la mano directa de
Dios, sino que fue inspirada por Dios a hombres como nosotros. Es decir, ante determinados
hechos de la historia, ciertas personas debieron dar una respuesta teológica para comprender
esos eventos y el papel que Dios jugó en ellos.

Para los cristianos posee dos cuerpos: El antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. También se
utiliza el término antigua Alianza y nueva Alianza ¿y porque no “testamento” como escuchamos
siempre? Porque el término alianza hace referencia a un convenio que se establece entre dos o
más partes para lograr un determinado propósito o fin, y pone uno frente al otro para realizar
dicho acuerdo. En cambio el “Testamento “es alguien que otorga y otro que recibe,
permaneciendo el receptor en un acto pasivo.

Son varias las alianzas que Dios hará con el Israel. Por ejemplo, con Noé tras el diluvio, que leemos
en Génesis 9:33; la alianza con Abrahán, en Génesis 17:5; y la más importante en el libro del Éxodo
(cap. 20) donde Dios entregará los mandamientos. En Génesis 34:10, además señala: “Yahvé dijo:
ahora mismo quiero firmar una alianza: voy a realizar, delante de todo este pueblo, prodigios
como no los hubo jamás en ningún país y para ningún pueblo. Y todo este pueblo que te rodea
verá las obras de Yahvé, pues serán cosas asombrosas las que haré contigo”.
Un antiguo ejemplar de la Torah, uno de los libros que componen el Tanaj hebreo y contiene
varios capítulos del Antiguo Testamento cristiano

La Tanaj o el Antiguo Testamento

Para el judaísmo, los libros sagrados se unen en la Tanaj, que está formada por 24 libros y se
divide en tres grandes grupos: la Torah (Pentateuco), los Nevi´im (Profetas) y los Ketuvim
(Escritos). Estos textos y otros conformarán el Antiguo Testamento de los cristianos.

La Torah está compuesta por los libros del Génesis, Éxodo, Levítico, Números y el
Deuteronomio. Los Nevi’im está compuesto por los libros de Josué, Jueces, Samuel (I Samuel y II
Samuel) , Reyes (I Reyes y II Reyes), Isaías, Jeremías, Ezequiel y El libro de los 12 profetas menores,
los cuales son Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo,
Zacarías y Malaquías. Y los Ketuvin: Salmos, Proverbios, Job, El Cantar de los Cantares, Rut,
Lamentaciones, Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras- Nehemías (forman un solo libro) y Crónicas (I
Crónicas y II Crónicas).

Esta lista o canon de libros de la Tanaj quedó establecida definitivamente para el judaísmo en el
siglo II de la era cristiana por los rabinos que habían fundado una escuela en Jamnia y habían
escapado de la destrucción de Jerusalén en el año 70. Pero dejaron algunos libros fuera de la
lista. A estos libros que no fueron incorporados se los llamó deuterocanónicos, palabra que
proviene del griego y significa: déuteros “segundo” o “posterior”; y kanonikós “perteneciente a
una regla”. Dichos textos habían sido incluidos por un grupo de maestros en la Tanaj en el siglo II
a. C. pero los rabinos de Jamnia no los consideraron inspirados.

Acá abrimos un paréntesis para aclarar un tema. La Iglesia católica y la ortodoxa sí tomarán los
textos deuterocanónicos y serán incorporados en los libros del Antiguo Testamento. Esto
significa que es decir que las biblias católicas y ortodoxas poseen 7 libros más que la Tanaj
hebrea y quedará con 46 libros en lugar de 25, los cuales son: Tobas, Judith, 1 y 2 de Macabeos,
Sabiduría, Eclesiástico y Baruc. Martin Lutero al plantear su reforma, quitará estos 7 libros. Y aquí
una de las diferencias entre las biblias católicas y las biblias de la reforma. Cierro el paréntesis.

Los libros de la Tanaj no fueron escritos desde su comienzo sino que durante siglos las historias
se transmitieron oralmente hasta que se registraron. Los numerosos pergaminos con sus diversas
narrativas individuales se fueron organizando para luego combinarse en varios libros que, con el
paso del tiempo; se juntaron todos en un solo volumen.
Moisés guía al pueblo judío a través de las aguas del río Jordán, una escena del Antiguo
Testamento

El Nuevo Testamento

Con el Nuevo Testamento ocurrió lo mismo que con la Tanaj. Las tradiciones fueron transmitidas
inicialmente a través de relatos orales comentando la vida y obra de Jesús, algunos de los cuales
se pusieron por escrito décadas después. La composición de estos libros se fijó poco a poco en los
primeros siglos del cristianismo y a comienzos del siglo V, la Iglesia de occidente bajo el
pontificado de Inocencio I reconoció un canon bíblico el cual había sido establecido previamente
en varios sínodos regionales como fueron el concilio de Roma en el año 382, el sínodo de Hipona
en el año 393, y los sínodos de Cartago en los años 397 y 419.

Estos libros canónicos quedarán compuestos por cuatro Evangelios canónicos, los Hechos de los
Apóstoles, las cartas de Pablo de Tarso, siete cartas católicas (en el sentido griego de la palabra, es
decir “universal”) de diversas atribuciones y el Apocalipsis.

La palabra “Evangelio” proviene del griego y significa: εὐαγγέλιον = euangelion, que en una
tradición libre se puede leer como “buena noticia”. Estos textos nos relatan la historia de Jesús de
Nazaret, su vida, obras, muerte y resurrección. Son 4: Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Los textos de
los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas están estructurados en gran parte en paralelo y en muchos
pasajes de los textos hay coincidencias literales. Eso nos lleva a pensar que los tres evangelistas
utilizaron como referencia una misma fuente, conocida como “Evangelio Q” de quelle, que en
alemán significa “fuente”. Algunos sostienen que este “Evangelio Q” era solo una colección de
dichos sin conexión, hoy se podría decir una recopilación de “Aforismos de Jesús”. Pero esta teoría
del “Evangelio Q” últimamente se ha puesto en duda por diferentes estudiosos. Debemos tener en
cuenta que el Evangelio de Lucas continuaba con los Hechos de los Apóstoles, siendo un solo libro,
pero al que le fue interpuesto el Evangelio de Juan, que no solo ofrece un esquema diferente sino
que también utiliza otras fuentes. Sólo en la pasión de Jesús los cuatro evangelistas se apoyan en
la misma tradición.

El libro de “Los hechos de los apóstoles” narra la fundación de la Iglesia cristiana y su expansión
por el imperio romano.
San Pablo en la cárcel de Rembrandt Harmenszoon van Rijn. Fue el autor de las "cartas", parte
sustancial de La Biblia

Las cartas de Pablo de Tarso o cartas paulinas son un conjunto de trece cartas escritas o
atribuidas a san Pablo y redactadas en el siglo I. Estas cartas fueron aceptadas por todas las
Iglesias y son para el cristianismo una fuente de pensamiento y de espiritualidad muy importante y
muy esclarecedora de muchos conceptos sobre el cristianismo.

Pero acá ocurre que algunas son auténticas, escritas por Pablo, pero otras son escritas por
personas asociadas a Pablo o a su escuela de pensamiento. Las escritas por él son: Primera carta
a los tesalonicenses, la carta a los filipenses, la primera carta a los corintios, la segunda carta a los
corintios, la carta a los gálatas, la carta a Filemón y la carta a los romanos. Y en las que hay dudas
sobre la autoría de Pablo son: la segunda carta a los tesalonicenses, la carta a los colosenses, la
carta a los efesios, la primera carta a Timoteo, la segunda carta a Timoteo, la carta a Tito. En
referencia a estas últimas podemos citar a uno de los más prestigiosos estudiosos del Nuevo
Testamento, Günther Bornkamm, profesor en la universidad de Gotinga de 1949 a 1971 y
profesor de Nuevo Testamento en la universidad de Heidelberg. En su libro “Pablo de Tarso”
(ediciones Sígueme) leemos:

“Este fenómeno de recurrir a un pseudónimo no puede ser juzgado sin más conforme a los
criterios de la literatura moderna. En la antigüedad no habían aparecido todavía criterios tales
como los de ‘propiedad intelectual’, ‘cualidad de autor’, ‘derechos de autor’ y otros semejantes.
Por tanto hay que tener prudencia ante el concepto peyorativo de ‘falsificación’. Los autores
fingidos son, en la literatura eclesiástica, portadores primarios de una tradición doctrinal
cualificada, sobre todo en la lucha contra la herejía y en el esfuerzo por confirmar la fe y el orden
en la comunidad”.

Las cartas católicas o universales en su mayor parte son dirigidas a todos los cristianos de la Iglesia
primitiva, a diferencia de las cartas de Pablo que eran dirigidas en manera muy específica a
personas o comunidades. Aunque la segunda carta de Juan está dirigida a la “Dama Elegida” -
algunos atribuyen ese título a la Iglesia-, y la tercera carta de Juan está dirigida a “Gayo”. Las
cartas de Pedro se le atribuyen al apóstol Pedro y las cartas de Juan, se atribuyen al apóstol
Juan. Las cartas de Santiago y Judas son tradicionalmente atribuidas a los primos (hermanos) de
Jesús. Las cartas católicas o universales son: carta de Santiago, primera carta de Pedro, segunda
carta de Pedro, primera carta de Juan, segunda carta de Juan, tercera carta de Juan y carta de
Judas.
Antonio Berni, Sin título. De la serie Apocalipsis y Crucifixiones, 1980.(30.5 cm x 46 cm). La
apocalíptica es un género literario que surge en la cultura hebrea y la iglesia primitiva

Sobre el Apocalipsis o libro de las revelaciones la literatura contemporánea ha gastado toneladas


de tinta y papel y actualmente terabytes en libros que nos informan que el Apocalipsis está a la
vuelta de la esquina y el fin no será algo tranquilo: fuego, muerte, pestes, terremotos,
maremotos, horribles hambrunas, meteoritos y demás maravillas deberán soportar los atribulados
mortales, todas enviadas a la tierra por la divinidad. Convengamos es una imagen de Dios
bastante distorsionada que la que presenta Jesús, y del sentido original del libro del Apocalipsis.
Pero esa distorsión vende y mucho.

La apocalíptica es un género literario que surge en la cultura hebrea y en la Iglesia primitiva


durante el período helénico y romano que abarca los siglos II y I a. C. y siglos I hasta mediados del
siglo II y que expresan la situación de sufrimiento del pueblo judío o de la comunidades
cristianas iniciales. Generan esperanza en que pronto todos esos problemas terminarán. Cómo
podemos leer en Apocalipsis 22:1-5: “Luego me mostró el río de agua de vida, brillante como el
cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza, a una y otra margen del
río, hay árboles de vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de
medicina para los gentiles. Y no habrá ya maldición alguna; el trono de Dios y del Cordero estará
en la ciudad y los siervos de Dios le darán culto. Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente.
Noche ya no habrá; no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios
los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos”. Mejor final, imposible.

Este género fue muy popular entre los judíos al regreso del exilio de Babilonia y este estilo
literario lo podemos leer en el libro de Daniel y en varios pasajes en los libros de Ezequiel, Zacarías,
Joel, algunos pasajes en las cartas de Pablo y, por supuesto, en Juan.

Este género es prolífico en imágenes simbólicas y místicas, muy claras para quienes estaban
dirigidos estos escritos y que hoy nos parecen oscuras y misteriosas. Pero siempre nos invitan a no
perder la esperanza en el mañana. Ese es el mensaje de la corriente apocalíptica.

Y así es como llegamos a la Biblia que casi todos tenemos en nuestras casas. Una colección de
libros milenaria, que resume la esperanza de los judeo-cristianos en que podremos construir un
mundo mejor y lleno de vida.

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