Curso de Patrística de La UCO Rionegro Antioquia
Curso de Patrística de La UCO Rionegro Antioquia
a. Situación sociopolítica1
b. La vida de la Iglesia
• «Los cristianos no nacen, se hacen», escribió Tertuliano, esto puede significar que los
primeros cristianos no eran de padres cristianos. También indica la importancia que le
daban los primeros cristianos al bautismo, comienza a establecerse el catecumenado.
• Comienza organización de diócesis y patriarcados; provincias eclesiásticas, parroquias.
• A mediados del S. III se da los inicios de la vida eremítica. Luego, San Antonio parte al
desierto.
• 256: En Cartago, el Sínodo sobre el bautismo de los herejes.
• Padres apologistas: La teología del logos.
• Literatura antiherética.
• Las escuelas, especialmente la de Alejandría.
• Se da también, en este siglo, el inicio de la literatura latina.
Con el nombre de herejías y herejes los cristianos indicaron, desde los inicios de siglo II,
las deformaciones doctrinales que eran incompatibles con la recta fe y aquellos que las
profesaban, si seguían perseverando en el error, eran expulsados de la comunidad. El
griego airesis, elección, no tenía un significado negativo. Pero los cristianos, tratando de
conservar la unidad de la fe, vieron toda división como un error o desviación que se debía
rechazar, por lo tanto, el término tomó un significado negativo. Solo a finales del siglo II
se puede comenzar a hablar de una doctrina ortodoxa ya constituida en sus líneas
esenciales.
c.1. Mileranismo: Próximo retorno inminente de Cristo. A los mil años juicio universal.
Influye en algunos Padres.
Hasta hace algunos años conocíamos del gnosticismo sólo a través de las obras polémicas
de los católicos. Hoy conocemos mucho más del gnosticismo gracias al descubrimiento de
Nag Hammadi en el alto Egipto, de una serie de 13 códigos de papiro que contienen más
de 40 obras, antes desconocidas. Más allá de las diferencias de forma y de doctrina y no
obstante las premisas de naturaleza pesimista de la experiencia gnóstica, el sentimiento
principal que aparece globalmente en todos aquellos escritos es la alegría y acción de
gracias a Dios por el privilegio de hacer parte del restringido grupo de los elegidos, los
espirituales. En los comentarios a la escritura, por parte de los gnósticos, predomina la
interpretación de tipo alegórica, tiene como finalidad demostrar, a través del relato
evangélico
Dios: El gnosticismo concibe a Dios como una pluralidad de hipóstasis, de seres divinos,
que juntos forman el pléroma (= plenitud). Las hipóstasis son también llamadas eones
(del griego aión = tiempo, siglo, duración, y por lo tanto “ser eterno”) que están entre ellos
en una relación de emanación o generación. En el vértice está el Primer Padre, llamado
también Abismo o Silencio, indivisible e incognoscible inclusive para los mismos eones.
Sagrada Escritura: Distinción entre el Dios superior del Nuevo Testamento y un dios
menor (Demiurgo) del Antiguo Testamento que se caracteriza por tener las
manifestaciones propias de la psique: ira, celos, venganza, deseo de castigar, entre otras.
El Dios amor del Nuevo Testamento no puede ser el Dios que aparece en algunas páginas
del Antiguo Testamento.
Antropología, Cristo e Iglesia: Entre los hombres hay una distinción natural en
espirituales, psíquicos e hílicos (materiales). En la gran masa de los hombres materiales
están dispersos algunos espirituales (pneumatikói), precisamente los gnósticos, hombres
dotados desde el momento de su nacimiento de un principio divino, soplo de pléroma
divino. Sin embargo, el hombre duerme y ha olvidado su origen, está encerrado como el
oro en el barro, está degradado y encarcelado en el cuerpo material. Urge que sea
despertado, para separarse del cuerpo y alcanzar el original mundo divino: la liberación
acontece gracias a la revelación sobrenatural que tiene su fuente en Cristo, el Hijo del Dios
supremo. La misión de Cristo fue enseñar la “gnosis”, el conocimiento de la verdadera
salvación. Sólo los discípulos (pneumaticos) pueden conocer esta enseñanza. Para los
otros (psíquicos, hílicos) Jesús hablaba en parábolas. La enseñanza secreta, esotérica, de
Jesús (gnosis) se encuentra sólo en los gnósticos; la Iglesia oficial solo posee la tradición
de la enseñanza más áspera y elemental (pistis = fe), dada a las multitudes. Los gnósticos,
de formación cultural medianamente superior a la de los otros cristianos, tenían la
pretensión de representar una élite de privilegiados en el ámbito de la comunidad eclesial:
de hecho, nutrieron evidentes ambiciones y exégesis intelectuales y prepararon una
reflexión de carácter teológico (relación entre Dios y Cristo, logos divino), y exegético, que
fue de un significado fundamental para el desarrollo doctrinal, y cultural en general, de la
sociedad cristiana.
Moral: El gnosticismo tuvo éxito porque se debate con los eternos problemas que
atormentan la existencia humana: ¿Por qué el dolor y el mal? ¿Por qué tanta desigualdad
entre los hombres? ¿Qué es la libertad? ¿Cómo se alcanza la salvación? Preguntas que
llevan a preguntarse sobre el propio destino: ¿Quiénes éramos? ¿Dónde hemos sido
arrojados? ¿Cuál es el fin hacia dónde corremos? ¿Cómo somos rescatados? La respuesta
a estas preguntas tiene en el gnosticismo el carácter de certeza y de la predestinación
infalible. El mal encuentra una explicación teológica: Cuando “Sophía” fue explusada del
pléroma quedó sola, sujeta a toda clase de pasión; tristeza, temor, desesperación e
ignorancia, raíz esta última de todo mal. El hombre está alienado en la materia y, por eso,
la salvación consiste en una fuga del mundo, de la individualidad de la persona, que es
reabsorbida en el todo divino. Como las tres categorías de hombre son predeterminadas
no hay espacio para el ejercicio de la libertad y la responsabilidad humana en vista de la
salvación.
Otros grupos gnósticos: En los gnósticos encontramos, como dice San Ireneo,
muchas sectas, entre ellas:
• Los cainitas: Los cainitas eran una rama de los “ofitas”4, situada también en el siglo
II. Los cainitas se llaman así porque veneran a Caín como un ser de origen celestial,
en tanto que desprecian a su hermano Abel por su debilidad. Manifiestan su
admiración, en general, por todos aquellos que en el Antiguo Testamento aparecen
enfrentados al Dios creador, el que para ellos no es el verdadero Dios, sino un
personaje angélico de jerarquía inferior.
• El encratismo (Del griego enkráteia = continencia): Es una tendencia ascética
rigorista que exalta la virginidad y la continencia hasta el punto de hacerla obligatoria
para los verdaderos cristianos; el matrimonio es condenado como incompatible con
la vida cristiana.
4 Denominaciones genéricas para varias sectas gnósticas que se desarrollaron alrededor del año 100 en Siria
y Egipto. Su nombre se deriva del griego ὄφις (ophis, "serpiente"). Común a estas sectas era la gran
importancia que daban a la serpiente del Génesis, por su conexión con el árbol del conocimiento del bien y
del mal, y la de éste con la gnosis ("conocimiento"). Contrariamente a la interpretación cristiana ortodoxa
de la serpiente como Satanás, los ofitas veían en la serpiente una figura positiva, heroica; mientras que al
Dios del Antiguo Testamento lo identificaban con una figura negativa, malvada (un demiurgo al que
denominan Yaldabaoth el leontoeides -"rostro de león"-) (Cf. HIPÓLITO DE ROMA, Philosophumena).
5 Cf. M. SIMONETTI – E. PRINZIVALLI, Letteratura Cristiana Antica, cap. 1.
6 Cf. M. SIMONETTI – E. PRINZIVALLI, Letteratura Cristiana Antica, cap. 1.
7 Recuperado de: [Link] (Visitada el 20 de mayo de 2015).
5 – Patrología: Capítulo 3
primeros del siglo III, contra los que escribieron Tertuliano (Adversus Praxeam) e
Hipólito romano (Contra Noetum); otros defensores de la herejía fueron, en Roma,
Epígono, Cleomenes y Sabelio; del nombre de este último se llamó sabeliana a la secta
modalista y duró hasta el siglo V combatida por Eusebio de Cesarea (Contra Marcellum y
De ecclesiastica theologia) y por san Hilario de Poitiers (De Trinitate). El Papa Ceferino
(198-217) rechazó el patripasianismo y el Papa San Dionisio (259-268) condenó a Sabelio.
En esta época los cristianos son todavía de estrato social medio bajo, pero hay ya también
un núcleo no indiferente de personas cultas y a veces literariamente dotadas. Ellos son
llamados a dar su contribución en la defensa de la comunidad contra los peligros de
dentro y de fuera. Entre ellos algunos tenían la influencia de la cultura griega 11, respecto
de esta se dieron dos posiciones:
• Algunos tuvieron un comportamiento de condena y rechazo hacia la cultura griega,
especialmente a la filosofía y a la retórica (Taciano, Teófilo).
• Otros en cambio, vieron la posibilidad de contacto entre la filosofía griega y la fe
cristiana en la doctrina del logos y en la de la unidad de Dios (Justino, Atenágoras).
El nombre de apologistas deriva de haber escrito, entre otros, algunas apologías, es decir
defensas (apologhía, en griego, significa precisamente “defensa”) de la religión cristiana
Tertuliano (estos dos pueden verse en la parte de inicios de la literatura latina) y Lactancio (de este se trata
en el próximo capítulo en la literatura historiográfica).
6 – Patrología: Capítulo 3
dirigidas a los paganos, a veces directamente a los emperadores. Los apologistas buscan
dos finalidades12:
• (1) Una estrictamente apologética, o sea, defender el cristianismo naciente. La
defensa tiene en cuenta:
En primer lugar, defenderse de la posición oficial asumida de las autoridades hacia
los cristianos: la de ellos es una religión prohibida. Contra esta afirmación basta
reafirmar la moralidad y la santidad de vida de los cristianos, reconocida y admitida
de tantos paganos; contra la acusación oficial se presenta la inocencia de los
cristianos, condenados solamente por el nombre y no por crímenes concretos.
En segundo lugar, los apologistas atacan el politeísmo tradicional, ya
abundantemente en crisis dentro de los paganos cultos. Buscan en cambio el contacto
con la religión de los filósofos. La concepción platónica que afirmaba la existencia de
una o más divinidades menores intermedias entre el Dios supremo y trascendente y
el mundo, era conciliable con la cristiana, que veía en Cristo una entidad de naturaleza
divina entre Dios y los hombres. Los puntos firmes de desacuerdo eran en otros
puntos: La concepción de un Dios encarnado y muerto en la cruz, en la creencia de la
resurrección de los muertos y en los conceptos de filantropía divina.
La apología más antigua de la que tenemos noticia es la que Cuadrato hizo llegar al
emperador Adriano en una visita que este realizó a Asia menor (123/124 o 129) o a Atenas
(125/126 o 129)13. Al emperador Marco Aurelio (161-180) y a su co-regente Lucio Vero
(161-169) dirigieron apologías el retórico Milciades, de Asia Menor, Apolinar de
Hierápolis y Melitón de Sardes. Pero todos estos escritos se han perdido14.
La polémica que tuvieron los cristianos al inicio con los judíos (que nada tiene que ver con
antisemitismo, puesto que no se trata de la raza sino de la fe), si bien ya no era de gran
actualidad, se manifiesta en el diálogo con Trifón de Justino. Sabemos también que
Aristón de Pella escribió con destino a los judíos una apología del cristianismo: la
Discusión entre Jasón y Papisco sobre Cristo, esta obra se ha perdido. Con la religión
pagana el diálogo era imposible para los cristianos, en cambio con los judíos había mucho
en común. En este campo los cristianos persiguen un doble objetivo15:
• Deslindar el cristianismo respecto del judaísmo en el que nace. Se encuadra aquí, ante
todo, el reconocimiento de Jesús como el Mesías, y la interpretación del Antiguo
Testamento como su anuncio, por eso, debe ser interpretado a la luz de la nueva
alianza. Con ello la apologética cristiana pone argumentos en la confrontación con los
judíos y previene de las tendencias judaizantes en el cristianismo.
• Quiere convertir a los judíos convenciéndoles de que el Antiguo Testamento mismo
afirma la validez de la fe en el Mesías.
El escrito, dirigido a un tal Diogneto, del que nada sabemos, se llamó desde su editio
prínceps por Henri Estienne en el 1592 “epistola a Diogneto”. Se descubrió casualmente,
en la primera mitad del siglo XV, en una pescadería de Constantinopla como papel de
envolver.
La introducción a la apología (cap. 1) menciona tres cuestiones sobre las que Diogneto
desea tener información más precisa:
• (1) Quién es el Dios de los cristianos, por qué menosprecian la muerte, y por qué ellos
no observan el culto griego ni el judío.
• (2) Qué importancia tiene el amor de ellos al prójimo.
• (3) Por qué la fe de ellos ha sido dada a conocer ahora y no ya en tiempos anteriores.
Este filósofo cristiano dirigió una apología al emperador Adriano (117-130) o a Antonio
Pío (138-161). Manifiesta que sólo los cristianos poseen la verdadera filosofía porque han
hallado la verdad acerca de Dios en mayor medida y ofrecen un adecuado testimonio de
la verdad en que creen.
Filósofo y mártir, el más importante de los Padres apologistas del siglo II. Nació, alrededor
del año 100, en la antigua Siquem, en Samaría, en Tierra Santa; durante mucho tiempo
16 Cf. HUBERTUS R. DROBNER, Manual de patrología, Herder, Barcelona 20012, pág. 98-100.
17 Cf. COSTANTINO VONA, Sant'Aristide, Bibliotheca Sanctorum, I, 1998.
18 Cf. E. CATTANERO, G. DE SIMONE, C. DELL’OSSO Y L. LONGOBARDO, Patres ecclesiae, Il pozzo di
buscó la verdad, peregrinando por las diferentes escuelas de la tradición filosófica griega.
Por último, como él mismo cuenta en los primeros capítulos de su Diálogo con Trifón, un
misterioso personaje, un anciano con el que se encontró en la playa del mar, primero lo
confundió, demostrándole la incapacidad del hombre para satisfacer únicamente con sus
fuerzas la aspiración a lo divino. Después, le explicó que tenía que acudir a los antiguos
profetas para encontrar el camino de Dios y la “verdadera filosofía”. Al despedirse, el
anciano lo exhortó a la oración, para que se le abrieran las puertas de la luz: “Tú reza ante
todo para que se te abran las puertas de la luz, pues nadie puede comprender, si Dios y
su Cristo no le conceden comprender”.
Este relato constituye el episodio crucial de la vida de san Justino: al final de un largo
camino filosófico de búsqueda de la verdad, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en
Roma, donde iniciaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, que consideraba
como la verdadera filosofía, pues en ella había encontrado la verdad y, por tanto, el arte
de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y decapitado en torno al año
165, en el reinado de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien san Justino había
dirigido una de sus Apologías. Las dos Apologías y el Diálogo con el judío Trifón son las
únicas obras que nos quedan de él. Sus principales enseñanzas son:
Dios19: Dios no tiene principio. De donde se sigue la conclusión: Dios es inefable, sin
nombre. Los nombres de Padre, Dios, Creador, Señor, Dueño, no son propiamente
nombres, sino denominaciones tomadas de sus beneficios y de sus obras... La
denominación “Dios” no es nombre, sino una concepción ingénita en la naturaleza
humana de una realidad inexplicable. El nombre que mejor le cuadra es el de Padre;
siendo Creador, es realmente el Padre de todas las cosas (πατήρ των όλων, ó πάντων
πατήρ). Justino niega la omnipresencia substancial de Dios. Dios Padre vive, según él, en
las regiones situadas encima del cielo. No puede abandonar su morada, y
consiguientemente no puede aparecer en el mundo. Por eso, es necesario salvar el abismo
entre Dios y el hombre, esta fue la obra del Logos, el mediador entre Dios Padre y el
mundo. Esta enseñanza muestra que Justino es de tendencia subordinacionista.
Doctrina del Logos: Justino ilustra ante todo el proyecto divino de la creación y de la
salvación que se cumple en Jesucristo. Su enseñanza sobre el logos se puede resumir así:
• El logos es eterno: El logos estaba con Dios, es el verbo eterno.
• El logos es creador: Para ser mediador entre Dios y el mundo es proferido de Dios,
por medio de Él todo fue creado.
• El logos es universal: Los hombres llevan en su corazón las semillas del verbo: Lógoi
Spermatikoí20 (De spe,rma = semilla). Con esta enseñanza hace un puente entre la fe y
la filosofía griega, de hecho, los filósofos paganos han llegado a la verdad, si bien de
forma parcial, por dos vías: La primera es la vía de la razón iluminada por el logos,
Justino no tiene reparos en llamar “cristianos” a aquellos que han vivido de este
modo 21 y que “todo lo bello que ha sido expresado por cualquier persona, nos
pertenece a nosotros, los cristianos”22. La segunda vía es la del plagio, si los filósofos
han dicho alguna cosa es porque las han leídas en las escrituras de los hebreos, sin
Cristo nació de la Virgen María como hombre, a fin de que por el mismo camino que tuvo principio
la desobediencia de la serpiente, por ese también fuera destruida. Porque Eva, cuando aún era virgen
e incorrupta, habiendo concebido la palabra que le dijo la serpiente, dio a luz la desobediencia y la
muerte; más la virgen María concibió fe y alegría cuando el ángel Gabriel le dio la buena noticia de
que el Espíritu del Señor vendría sobre ella y la fuerza del Altísimo la sombrearía, por lo cual lo nacido
en ella, santo, sería Hijo de Dios; a lo que respondió ella: “Hágase en mí según tu palabra.” Y de la
virgen nació Jesús, al que hemos demostrado se refieren tantas Escrituras, por quien Dios destruye
la serpiente y a los ángeles y hombres que a ella se asemejan23.
Antropología: Afirma que cada uno tiene un alma individual, tiene dificultad para
afirmar la inmortalidad del alma. Dice que el alma tiene vida cuando persevera en el bien,
el alma que se va hacia el mal queda eliminada.
Hay tres apologías, Cohortatio ad Grecos, De monarchia y Oratio ad Graecos, que fueron
incorporadas en el Corpus Iustini, pero los estudiosos sostienen que no son de Justino
sino de autores desconocidos del siglo III.
Antropología: Visión tripartita del hombre, dice que ninguna cosa creada es inmortal,
lo que hace inmortal al hombre es el espíritu, que por ser imagen y semejanza es superior
al alma. Dios resucita el alma junto con el cuerpo.
23 SAN JUSTINO, Diálogo 100,4,6, citado por J. QUASTEN, Patrología I, pág. 211.
24 Cf. J. QUASTEN, Patrología I. BAC, Madrid 19955, pág. 213-217.
25 E. CATTANERO, G. DE SIMONE, C. DELL’OSSO Y L. LONGOBARDO, Patres ecclesiae, Il pozzo di Giacobbe, 94.
10 – Patrología: Capítulo 3
a.5. Atenágoras
Escribió una Súplica por los cristianos (segunda mitad del siglo II). Refuta las
acusaciones por ateísmo y explica la noción de Trinidad:
Así, pues, suficientemente queda demostrado que no somos ateos, pues admitimos a un solo Dios...
¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes admiten a un Dios Padre y a un Dios
Hijo y un Espíritu Santo, que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el poder? (Súplica,
X).
Escribió tres libros a Autólico (poco después del año 180), donde se trata de mostrar a su
amigo el profundo sentido del cristianismo26. El alma debe ser pura como un espejo para
poder ver a Dios, una parte del diálogo dice:
a.7. Hermias
Según se cree, vivió a fines del siglo II y en el siglo III28. Nada se sabe de su vida fuera de
su nombre. Escribió una obra llamada Escarnio de los filósofos paganos o también
llamada Sátira sobre los filósofos, una parodia de 10 capítulos donde alude irónicamente
a temas de la filosofía griega haciendo ver las contradicciones en que incurren las teorías
filosóficas paganas y la creencia de los paganos en los dioses. Por medio de esta obra, a
Hermias se le ha honrado con el título de filósofo29, sin embargo, sus conocimientos de
filosofía son tomados de los manuales de filosofía y no de un estudio profundo de los
antiguos filósofos.
San Ireneo nació con gran probabilidad, entre los años 135 y 140, en Esmirna (hoy Izmir,
en Turquía), donde en su juventud fue alumno del obispo san Policarpo, quien a su vez
fue discípulo del apóstol san Juan. No sabemos cuándo se trasladó de Asia Menor a la
Galia. A la muerte del obispo de Lyon, Potino, san Ireneo fue elegido obispo de la ciudad.
El nuevo pastor se dedicó totalmente al ministerio episcopal, que se concluyó hacia el año
202-203, quizá con el martirio.
Dios31: La “regula fidei” afirma que hay un solo Dios, Padre y creador, a diferencia de los
gnósticos que distinguían entre Dios Padre y el dios creador (Demiurgo). No hay otro
Dios, fuera del que nos ha creado y modelado, no hay, por tanto, salvación fuera de Él y
de las “dos manos”, que son el Hijo y el Espíritu Santo. Ireneo afirma la unidad de Dios
más allá de las distinciones personales. Da una gran importancia a la confesión de fe
bautismal: Por ella somos cristianos, de manera que no podemos orar sino creemos, y no
podemos creer sino como hemos sido bautizados. Creemos en Dios Padre, pero también
en el Hijo y en Espíritu Santo, porque entre el Padre y el bautizado median aquellos en
cuyo signo transcurre la existencia humana para convertirla en historia salvífica desde la
creación hasta la parusía.
Dentro de la historia de la salvación juega un papel el hecho de que el mismo Logos divino,
recapitulando (Ef. 1,10) (avnakefalai,wsij) en si toda la humanidad, ha querido ser hijo
del hombre, humillándose hasta la muerte en la cruz, para que el hombre pudiera llegar a
ser hijo de Dios, en pocas palabras, Cristo resume todas las cosas desde el principi0, Él es
el “nuevo Adán”:
Dios recapituló en él esta carne del hombre modelada por él desde un principio, a fin de dar muerte
al pecado, aniquilar la muerte y vivificar al hombre» (3,18,7). «¿Qué trajo, pues, el Señor cuando
vino? Sabed que trajo toda novedad cuando se trajo a sí mismo, que había sido anunciado. Porque
estaba anunciado que vendría una novedad a renovar al ser humano y darle vida». (4,31,1).
Por lo cual Lucas empezó la genealogía con el Señor remontando hasta Adán, indicando de esta
manera que no le engendraron ellos a él, sino que él fue quien los regeneró al evangelio de vida. Y
de la misma manera sucedió que el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia
de María. Porque lo que la virgen Eva había fuertemente ligado con su incredulidad, la Virgen
María lo libertó con su fe (3,22,4).
Antropología: Por hombre, Ireneo entiende, todos los hombres, no solo los
espirituales, como querían los gnósticos, y el hombre entero, alma y cuerpo (salus
carnis) y no sólo el espíritu divino presente en él, como ellos pretendían. Ireneo se arraiga
en la doctrina bíblica de la creación rechazando el dualismo gnóstico. El hombre es
imagen y semejanza de Dios porque ha sido modelado inclusive en su cuerpo a imagen
del Hijo “que debía nacer”, por lo tanto, la encarnación es un fundamento cristiano de
la bondad de la corporeidad. El hombre no es un espíritu caído en un cuerpo, sino un
cuerpo “pnuematizado”, habitado por el Espíritu. En esta óptica, la resurrección final
de los cuerpos, negada por los adversarios, representará la coronación final de la
grandiosa obra realizada por el Logos. Nuestra carne recibe la incorruptibilidad, gracias a
la cual podremos ver a Dios “cara a cara” y tener así a la vida eterna: “La gloria de Dios,
en efecto, es el hombre viviente, pero la vida del hombre es la visión de Dios” (Ad. Haer.
13 – Patrología: Capítulo 3
Si, pues, el cáliz con mezcla de agua y el pan elaborado reciben al Verbo de Dios (επιδέχεται τον
λόγον του Θεου) y se hacen Eucaristía, cuerpo de Cristo, con los cuales la substancia de nuestra
carne se aumenta y se va constituyendo, ¿cómo es posible que algunos afirmen que la carne no es
capaz del don de Dios que es la vida eterna, la carne alimentada con el cuerpo y sangre del Señor,
y hecho miembro de Él?
Eclesiología: Los gnósticos enseñaban que la fe enseñada por la Iglesia no era más que
un simbolismo para los sencillos, mientras que había una enseñanza más profunda para
cristianos cultos: la “gnosis”. Ireneo enseña que en la Iglesia Dios no sólo resume el
pasado, sino también el futuro. Ireneo les refuta desde tres pilares:
• (1) La regla de la fe: En la Iglesia, la doctrina de los apóstoles sigue manteniéndose
sin alteración: La «regla de la fe» coincide con el credo de los apóstoles, no hay
doctrina secreta detrás del credo común de la Iglesia.
• (2) La sucesión: Sólo las Iglesias fundadas por los apóstoles pueden servir de apoyo
para la enseñanza de la auténtica fe, la sucesión ininterrumpida de los obispos en
estas Iglesias garantiza la verdad de su doctrina. Tienen que considerar
específicamente la doctrina de la Iglesia de Roma, preeminente y antiquísima.
• (3) La Tradición: Ilustra el concepto genuino de Tradición apostólica, que podemos
resumir en tres puntos: (a) La Tradición apostólica es «pública», no privada o
secreta. (b) La Tradición apostólica es «única». Mientras el gnosticismo se divide en
numerosas sectas, la Tradición de la Iglesia es única en sus contenidos fundamentales.
(c) Por último, la Tradición apostólica es como él dice en griego, la lengua en la que
escribió su libro, «pneumática», es decir, espiritual, guiada por el Espíritu Santo:
en griego, se dice «pneuma». No se trata de una transmisión confiada a la capacidad
de los hombres más o menos instruidos, sino al Espíritu de Dios, que garantiza la
fidelidad de la transmisión de la fe: «Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de
Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia» (3, 24, 1).
Moral: Para explicar el mal en el mundo, la gnosis afirmaba que junto al Dios bueno
existía un principio negativo que habría introducido el mal. Ireneo explica que Dios todo
lo ha creado bueno; sin embargo, algunos ángeles han sido transgresores y los hombres
han sido desobedientes. Dios, en Cristo, ha usado misericordia con todos (cf. Rm. 11,32),
el pecado puede contrarrestar, pero no entorpecer, el designio de Dios.
San Hipólito vivió en Roma en los pontificados del obispo Víctor hasta el de Ponciano
(189-235) primero como presbítero y luego, según el mismo afirma, tras la muerte del
Obispo Calixto (222) como obispo. Si se acepta como atinada esa noticia, él debió de haber
14 – Patrología: Capítulo 3
Exégeta 33 : En sus comentarios, que tienen por objeto partes, inclusive de notable
extensión, de algunos libros del Antiguo Testamento (Cantar de los Cantares, Daniel), la
interpretación, muchas veces literal, pero más frecuentemente alegorizante, que asume
hechos y personajes del Antiguo Testamento como figuras de Cristo y de la Iglesia.
Inaugura el comentario escriturístico como género autónomo en el ámbito de las
letras cristianas.
Antiherético34: En el Asia había comenzado, al final del segundo siglo, una polémica,
originada por el subordinacionismo de algunos apologistas, destinada a prolongarse, por
muchos siglos. Hipólito reacciona (Contra Noeto), proponiendo una articulación
trinitaria personalizante al interno del único Dios. Escribió también una
“Refutación de todas las herejías” (Refutatio omnium haeresiarum) en diez libros,
siguiendo el Adversus haereses tiene por objetivo desmostrar que los gnósticos nos son
otra cosa que plagiadores de la filosofía y de la mitología griegas, con lo que nada tendría
que ver el depósito de la fe cristiana.
33.
35 HUBERTUS R. DROBNER, Manual de patrología, Herder, Barcelona 20012, p. 156.
15 – Patrología: Capítulo 3
Si bien para Celso los cristianos pasaban el tiempo peleando entre ellos, en realidad, la
entera vida comunitaria se centraba en la liturgia, sobre todo en la Eucarística, descrita
por San Justino (1 Apol. 65-67). Esto originó poesías con trasfondo judío por ejemplo
“odas de Salomón”. De la antigua liturgia nos han llegado dos homilías muy
características sea en forma y contenido, un de Melitón de Sardes, la otra anónima (In
Sanctum Pascha).
d.1. Melitón de Sardes36: Melitón, obispo de Sardes, en Lidia, es una de las figuras más
venerables del siglo II. En su carta al papa Víctor (189-199), Polícrates de Efeso le nombra
entre los “grandes luminares” del Asia que gozan ya del descanso eterno. Le llama
“Melitón, el eunuco (célibe), que vivió enteramente en el Espíritu Santo, que yace en
Sardes, aguardando la visita del cielo cuando resucite de entre los muertos” (Eusebio,
Hist. eccl. 5,24,5).
Apologeta: Hacia el año 170 dirigió una apología en favor de los cristianos al emperador
Marco Aurelio. Subsisten tan sólo unos pocos fragmentos conservados por Eusebio y en
el Chronicon Paschale. Es el primero en abogar en favor de la solidaridad del cristianismo
con el Imperio. El imperio universal y la religión cristiana son hermanos de leche; forman,
si vale la frase, como una pareja. Además, la religión cristiana representa para el Imperio
una bendición y prosperidad.
Predicador: Melitón alcanzó fama cuando Campbell Bonner editó del texto casi
completo de su recién descubierta Homilía sobre la Pasión, aunque Eusebio no la
mencione en su catálogo, se conocía el título de esta homilía, citado por Anastasio el
Sinaíta en el siglo VII. Existían fragmentos sin identificar en siríaco, copto y griego. La
homilía ofrece un ejemplo de retórica asiática de pulida brillantez ya en el siglo II.
Para él Cristo es Dios y preexistente: “Porque, nacido como Hijo, conducido como
cordero, sacrificado como una oveja, enterrado como un hombre, resucitó de los muertos
como Dios, siendo por naturaleza Dios y hombre. Él es todo: por cuanto juzga, es Ley; en
cuanto enseña, Verbo; en cuanto salva, Gracia; en cuanto que engendra, Padre; en cuanto
que es engendrado, Hijo; en cuanto que sufre, oveja sacrificial; en cuanto que es
sepultado, Hombre; en cuanto que resucita, Dios. Este es Jesucristo, a quien sea dada la
gloria por los siglos de los siglos (8-10)”. Quizá la completa identificación de Cristo con la
misma divinidad (de hecho, le da el título de Padre) podría interpretarse a favor del
modalismo monarquiano de un periodo posterior. De ser ese el caso, se explicaría mejor
el olvido y la desaparición ulterior de las obras de Melitón. Habla de la encarnación de
Cristo: “Se hizo carne en una virgen”. La misión de Cristo fue rescatar al ser humano del
pecado (54.103), de la muerte (102.103) y del diablo (67.68.102). Habla del descenso de
Cristo al Hades. Melitón expresa claramente del pecado original: “El pecado imprime
su sello en cada alma y a todas por igual las destina a la muerte. Deben morir. Toda carne
cayó bajo el poder del pecado, todos bajo el poder de la muerte” (54-55). A la Iglesia la
llama “el depósito de la verdad,” άποδοχεϊον (40).
d.2. Homilía sobre la pascua (In Sanctum Pascha)38: Según algunos estudiosos,
la homilía la Santa Pascua, proviene del Asia Menor y fue pronunciada en la segunda
mitad del siglo II. Al igual que Melitón, sigue la tradición de celebrar la pascual el 14 de
nisán. La homilía consta de una introducción, dos partes y un epílogo. En la introducción,
el autor proclama la belleza de la Pascua y anuncia los motivos fundamentales que tratará
en el cuerpo del escrito: la ley de moisés y la salvación que el Señor nos alcanzó al
inmolarse en la cruz.
Como Melitón de Sardes, el autor de esta homilía atribuye a la pascua el sentido del
misterio, distinguiendo tres fases en su desarrollo: los hechos ocurridos en Egipto, que
son figuras de la Pascua cristiana; la celebración judaica, querida por Dios para anunciar
su plan de salvación, y el auténtico y perfecto misterio pascual de los cristianos, en el que
nos introduce el sacramento de la eucaristía.
d.3. Odas de Salomón 39: Esta recopilación de cuarenta y dos odas fue falsamente
atribuida al rey Salomón. Es una obra indudablemente cristiana, pero no va más allá de
un escrito judío-cristiano. Tenemos aquí la primera composición lírica de la Iglesia,
dentro del movimiento del pensamiento y de la poética semítica (que emplea por ejemplo
el procedimiento del paralelismo). En ella, dentro de una teología arcaica, se tratan temas
como la epopeya de Cristo victorioso, el descenso a los infiernos, la maternidad virginal
de María, la evocación del agua bautismal, el retorno al paraíso. Además, la vida cristiana
está concebida como una unión nupcial.
El ambiente: Los escritores cristianos que hemos visto actuar en este período fueron en
gran parte de origen y formación asiática. En el transcurso del siglo III se conoce, sobre
todo en oriente, un progresivo impresionante aumento, comienza a resurgir
culturalmente el ambiente cristiano de Alejandría. Aquí existía una comunidad judía
importante que intentaba el diálogo con la cultura griega, expresión de esto es la
interpretación del Antiguo Testamento por parte de Filón (S. I d.C). Su estilo es
alegórico y tuvo gran influencia en la comunidad cristiana de Alejandría, sobre todo en
ámbito exegético.
JOSÉ ANTONIO LOARTE, El tesoro de los padres, ed. Rialp, Madrid 1998, pág. 75-77.
38
ADALBERT-G. HAMMAN, Para leer los padres de la Iglesia, Nueva edición revisada y aumentada por
39
En la mitad del siglo II vemos que esta comunidad está culturalmente dominada por los
gnósticos (Basilides, Valentino, Tolomeo, Heraclio). Los gnósticos se proponían como
depositarios de una revelación religiosa de nivel superior respecto a aquella de los
cristianos simples.
Para responder a los gnósticos, cristianos cultos, Clemente y Orígenes son muy abiertos
a la filosofía griega, sobre todo platónica.
En el año 202 Septimio Severo (193-211) desata una persecución y la escuela tiene que
cerrarse; Clemente, quien la dirigía, huye a Capadocia y allí muere.
Dios y la creación: Platón habla del Uno, lo supremo, después viene el Demiurgo el
cual se fija en el mundo de las ideas, de este viene la Chora (materia). Luego, aparece la
Ikona (imagen), el Demiurgo plasma en la materia una imagen de las ideas, por eso, para
Platón toda imagen es degradación de lo que es.
Filón retoma la postura de Platón y habla del Logos (en Dios, en sí, y proferido). Hace la
diferencia entre hacer y crear. Platón siempre utiliza el verbo hacer, Filón utiliza el crear,
no a partir de algo preexistente sino desde la nada. El logos, no está sólo en Dios, también
está fuera de Dios. Filón introduce una diferencia: una cosa es el creador y otra cosa es la
criatura.
Dios se convierte en el centro de todo. Una cosa es la sustancia (ousia) de Dios y otra lo
que Dios hace (dynamis). El logos es hijo de Dios y es consustancial a Dios, pero las obras
del Logos no son consustanciales a Él. Platón introducía un dualismo entre la materia y
las ideas; En Filón esto no existe puesto que el ser de Dios es diferente del ser del mundo.
Hay una coincidencia entre la Ousia de Dios y su dynamis. El hecho de que Dios salga
40A. FYRIGOS, apuntes de clase del curso: “Filosofía patrística e Bizantina”, PUG, Roma 2005.
Por ejemplo las dos mujeres de Jacob, Lía y Raquel, representan las dos facultades del alma; el éxodo de
41
Aportes:
• Hace la relación entre fe y razón. Une el pensamiento de la Biblia con el pensamiento
griego.
• En su enseñanza acerca del mal introduce el concepto de libertad.
• Desde el punto de vista filosófico, dice Wolfson, su gran aporte fue que les dio la
solución a las ideas platónicas.
• Desarrolla la doctrina de la creación: Dios crea libremente, todo lo creado es bueno,
hay una diferencia esencial entre el creador y la creatura y todo fue creado de la nada,
ex nihilo, este concepto, para G. Reale, es fundamental.
• Con Filón el mundo hebreo está en la base de la cultura europea.
42 Cf. M. SIMONETTI – E. PRINZIVALLI, Letteratura Cristiana Antica, PIEMME, Casale Monferrato, 2003,
pág. 36-38. A. FYRIGOS, apuntes de clase del curso: “Filosofía patrística e Bizantina”, PUG, Roma 2005.
43 Cf. E. CATTANERO, G. DE SIMONE, C. DELL’OSSO Y L. LONGOBARDO, Patres ecclesiae, Il pozzo di Giacobbe,
133.
19 – Patrología: Capítulo 3
Vida (Antropología): El fin último del hombre consiste en ser semejante a Dios,
hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, esto es un desafío un camino. Clemente
muestra dos niveles de la vida cristiana. En el primer nivel están los cristianos creyentes
que viven la fe de una manera común, aunque esté siempre abierta a los horizontes de la
santidad. Luego, está el segundo nivel, los «gnósticos», es decir, los que ya llevan una vida
de perfección espiritual: “Tres características distinguen al verdadero gnóstico: en
primer lugar, la contemplación, luego el cumplimiento de los preceptos, finalmente la
instrucción de los buenos. Cuando se encuentran estas tres cualidades en un hombre, él
es un gnóstico perfecto”44. En todo caso el cristiano tiene que comenzar por la base común
de la fe y, a través de un camino de búsqueda, debe dejarse guiar por Cristo y de este modo
llegar al conocimiento de la verdad y de las verdades que conforman el contenido de la fe.
Este conocimiento, nos dice Clemente, se convierte para el alma en una realidad viva: no
es sólo una teoría, es una fuerza de vida, es una unión de amor transformante. El
conocimiento de Cristo no es sólo pensamiento, sino que es amor que abre los ojos,
transforma al hombre y crea comunión con el «Logos», con el Verbo divino que es verdad
y vida. En esta comunión, que es el perfecto conocimiento y es amor, el perfecto cristiano
alcanza la contemplación, la unificación con Dios. El hombre no puede alcanzar a Dios
sólo por medio de la razón, sino que son necesarias también las virtudes, especialmente
la libertad frente a las pasiones y el amor.
44 Stramata II,10,46.
20 – Patrología: Capítulo 3
c. Orígenes (185-254) 45
Nació hacia el 185 en el seno de una familia cristiana, Orígenes señaló inmediatamente su
fervor religioso, expresado con el deseo del martirio, su padre fue víctima de la
persecución de Septimio Severo en el 202/203. Siendo muy joven, recibió del obispo
Demetrio el encargo de guiar la escuela para los catecúmenos, dado que la persecución
había ya quitado del medio los catequistas que habían sido obligados a huir. Para Orígenes
fue la ocasión de lanzarse apasionadamente en el estudio de la sagrada escritura y de la
filosofía. Después de unos diez años de enseñanza el éxito fue tal que Él debió dividir el
curso en dos ciclos: uno elemental para los principiantes, confiado a su asistente Heracla,
el otro superior, dado por Él mismo. Fue ordenado presbítero, pero sin el permiso de su
obispo, lo cual hizo que lo suspendieran en la enseñanza y Demetrio le prohibió ir a
Alejandría. Se tuvo también como motivo el hecho de su mutilación sexual llevada unos
años antes. Se estableció en Cesarea de Palestina, donde abrió un estudio estilo
alejandrino. Durante la persecución de Decio (294/251) fue hecho prisionero y torturado
a causa de la fe. No sobrevivió mucho a esta prueba, murió en el 253. Su obra e influencia
en la cristiandad son notables, tiene la suerte de ser, en palabras de A. Trapé: “Un santo
nunca declarado santo, un mártir nunca declarado mártir, un gran doctor nunca
declarado doctor”, y podemos agregar: “patrono de los estudios bíblicos nunca declarado
patrono y fundador de la mística cristiana nunca reconocido”.
Su principio exegético es que la escritura se interpreta con la misma escritura, tal unidad
se debe a la única inspiración divina. Se preocupa por descubrir el sentido espiritual
de la escritura, progresar de la realidad material a la espiritual, no sólo conocer el Cristo
encarnado sino ascender con el intelecto a un segundo nivel de la realidad, descubrir la
divinidad del Logos Hijo de Dios. Esto comportaba la adopción del método de
procedimiento alegórico que consiente de llevar a la luz el significado más profundo y
verdadero de la Escritura, escondido bajo el velo de la letra (cf. 2 co. 3,6 [ἀλλὰ πνεύματος]).
En esta búsqueda hermenéutica Orígenes pone al lado de la tipología, tradición
comunitaria, un tipo de interpretación individual que tiene por objetivo la relación
que el Logos ha establecido individualmente, más allá de la mediación de la Iglesia, con
toda alma: Por ejm. los dos protagonistas del Cantar de los Cantares, a nivel literal el rey
y su esposa, espiritualmente significan sea a nivel comunitario, Cristo y la Iglesia, sea, a
nivel individual, el Logos y el alma que aspira a la perfección de la unión mística con su
divina pareja, y la alcanza despojándose progresivamente de toda escoria material.
Todo esto manifiesta la exigencia de hacer siempre más claro un texto que, en cuanto de
inspiración divina, es insaciable es sus significados y abre parcialmente sus
tesoros a la búsqueda apasionada y paciente: «Dedícate a la lectio de las divinas
Escrituras; aplícate a esto con perseverancia. Esfuérzate en la lectio con la intención de
creer y de agradar a Dios. Si durante la lectio te encuentras ante una puerta cerrada, llama
y te abrirá el guardián, del que Jesús ha dicho: “El guardián se la abrirá”. Aplicándote así
a la lectio divina, busca con lealtad y confianza inquebrantable en Dios el sentido de las
divinas Escrituras, que se encierra en ellas con abundancia. Pero no has de contentarte
con llamar y buscar. Para comprender las cosas de Dios te es absolutamente necesaria
la oratio. Precisamente para exhortarnos a ella, el Salvador no solamente nos ha dicho:
“Buscad y hallaréis”, “llamad y se os abrirá”, sino que ha añadido: “Pedid y recibiréis”»
(Epistola ad Gregorium, 3: PG 11, 92)46.
Orígenes hizo comentarios, Scholi (breves notas), y homilías de casi toda la biblia y en
particular de Génesis, Éxodo, Levítico, Salmos, Cantar de los Cantares, Mateo y Juan.
La mayor parte de estas obras se han perdido; nos quedan fragmentos más o menos
amplios, y traducciones libres latinas de los siglos IV-V.
46 Citado por BENEDICTO XVI, Exhortación postsinodal Verbum Domini, Roma 2010, n. 86.
47 Citado por BENEDICTO XVI, Exhortación postsinodal Verbum Domini, Roma 2010, n. 12.
22 – Patrología: Capítulo 3
a. En Roma48:
El único representante significativo en la Roma cristiana de la segunda mitad del siglo III
fue Novaciano, vivía retirado, quizá como eremita, hasta que estalló la persecución de
Decio. Al morir el papa Fabián, en el verano de 250, tomó bajo su responsabilidad la
comunidad de Roma. Se hizo elegir obispo de Roma (antipapa). Heredero del Pseudo-
Hipólito en la doctrina cristológica, que profesaba la divinidad de Cristo entendido
como Logos de Dios personalmente distinto del Padre y a él subordinado (de trinitate)
y en el rigorismo disciplinar, y como tal destinado también él a la marginación. Introduce
en el latín cristiano expresiones como encarnación y predestinación. La gran novedad de
carácter literario de Novaciano, respecto a lo Pseudo-Hipólito, fue la adopción del latín
al puesto del griego.
Minucio Félix: De origen africano, vive como abogado en Roma. Escribió el Octavius
en latín, una obra de carácter apologético, a fines del siglo II. Es un diálogo de Minucio
con Octavio (cristiano) y Cecilio (pagano), ambientada en Ostia. Cecilio habla del
escepticismo y ataca el cristianismo, Octavio refuta amablemente todas las afirmaciones
de Cecilio. Se menciona la existencia de un Dios único, la inmortalidad del alma y la
providencia divina.
b. En África:
Acá la latinización de la Iglesia era más solícita. Hacia el final del siglo II la lengua oficial
de la comunidad era el latín. Entre las varias regiones de occidente, África fue aquella
donde los cristianos se difundieron con mayor rapidez, con éxito literario significativo:
Minucio Felix (africano que viajó a Roma), Tertuliano, Cipriano y Arnobio.
Tertuliano y Cipriano dedicaron su empeño literario principalmente a las exigencias
internas de la vida de la comunidad, pero no descuidaron la comunicación con el exterior,
es este aspecto los argumentos son casi los mismos de los apologistas griegos. Las
características principales de estos autores son:
• A todos los unifican dos aspectos: El empeño apologético y la elegancia formal.
• En Tertuliano toma importancia la cuestión jurídica.
• Arnobio critica las religiones paganas.
• Minucio y Cipriano exaltan la novedad vivificante de la experiencia cristiana.
• Es común a todos, el fuerte empeño en el campo moral y superioridad en este campo
de los cristianos respecto de los paganos.
48Cf. M. SIMONETTI – E. PRINZIVALLI, Letteratura Cristiana Antica, PIEMME, Casale Monferrato, 2003,
42-44.
24 – Patrología: Capítulo 3
Tertuliano es el más importante y más original autor eclesiástico en lengua latina de los
primeros tres siglos. Nació en Cartago hacia el 160, ejerció en Roma como abogado, se
volvió célebre. Impresionado con el ejemplo de los mártires cristianos, se convirtió al
cristianismo en el año 193, puso inmediatamente su ardiente pluma al servicio de la fe.
Según San Jerónimo fue presbítero, pero Tertuliano mismo nunca dice una palabra de su
ministerio. En el 207 fue atraído por el montanismo, entrando así en ruptura con la Iglesia
oficial, que atacó con vehemencia, sobre todo en los últimos años, a propósito de la
disciplina penitencial. De todos modos, Tertuliano es un autor importantísimo para la
historia del dogma, de la vida y de las instituciones cristianas. San Cipriano lo leía con
placer, considerándolo su maestro. Después del 220 no tenemos más noticias de Él.
Pero Tertuliano, como todo buen apologista, experimenta al mismo tiempo la necesidad
de comunicar positivamente la esencia del cristianismo. Por este motivo, adopta
el método especulativo para ilustrar los fundamentos racionales del dogma cristiano. En
Trinidad da un paso enorme en el desarrollo del dogma trinitario, nos dejó el lenguaje
adecuado en latín para expresar este gran misterio, introduciendo las expresiones de «una
sustancia» y «tres Personas». También desarrolló mucho el lenguaje correcto para
expresar el misterio de Cristo, Hijo de Dios y verdadero Hombre. El autor africano
habla también del Espíritu Santo, demostró su carácter personal y divino: «Creemos
que, según su promesa, Jesucristo envió por medio del Padre al Espíritu Santo, el
Paráclito, el santificador de la fe de quienes creen en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu»
(Apologético, 2,1).
En especial, en aquellos años de persecución, en los que los cristianos parecían una
minoría perdida, el apologista los exhorta a la esperanza, que —según sus escritos— no
es simplemente una virtud, sino un modo de vida que abarca cada uno de los aspectos de
la existencia cristiana. Afirmaba que tenemos la esperanza de que el futuro sea nuestro
porque el futuro es de Dios.
Enseñanza moral: Mirando los modelos de Cicerón y de Séneca ambientó en las letras
cristianas las monografías de argumento moral (de patientia, de cultu feminarum), y
se sirvió también para profundizar el significado de aspectos centrales del culto
cristiano (de baptismo, de oratione).
Nació en Cartago, de familia rica, por un cierto tiempo ejerció como maestro de retórica.
Hacia los 35 años de edad, bajo el influjo del presbítero Cecilio se hizo cristiano y donó
sus bienes a los pobres. Fue presbítero y luego obispo. El primer escrito cristiano de
Cipriano es Ad Donatum, un monólogo dirigido a un amigo, sentado bajo la pérgola de
una cava. Él cuenta cómo, hasta que la gracia de Dios lo iluminó y fortaleció su conversión,
le parecía imposible dominar los vicios en una decadente sociedad romana de la que traza
una pintura entristecedora; ante los espectáculos con gladiadores, el teatro, los tribunales
injustos y la vacuidad del éxito político el único refugio es la templanza, el estudio y la
piadosa vida de los cristianos 52 . Se caracterizó por el equilibrio atento, la medida
meditada, la centralidad sabia, dotes esenciales de un hombre de gobierno como fue él.
Los cristianos del norte de África no habían sufrido la persecución durante muchos años.
En 250 el emperador Decio decretó la supresión de la cristiandad, con lo que dio comienzo
la persecución deciana. Un procónsul enviado por el emperador y cinco comisionados de
cada ciudad administraban el edicto, pero, cuando el procónsul llegó a Cartago, Cipriano
50 En este sentido es significativa esta afirmación: “Ninguna alma puede en algún modo conseguir la
salvación si no ha acogido la fe en el tiempo que la ve unida a la carne: a tal punto la carne es el fundamento
de la salvación (caro salutis est cardo). [...] La carne recibe el lavado, para que se quiten las manchas del
alma, la carne recibe la unción, para que el alma sea consagrada; la carne recibe el sello [bautismal], para
que el alma sea fortificada; la carne recibe la sombra de la imposición de las manos, para que el alma sea
iluminada por el Espíritu Santo; la carne se nutre del cuerpo y de la sangre de Cristo, para que el alma se
sacie de Dios” (La resurrección de los muertos, 8).
51 Cf. E. CATTANERO, G. DE SIMONE, C. DELL’OSSO Y L. LONGOBARDO, Patres ecclesiae, Il pozzo di
2014).
26 – Patrología: Capítulo 3
había huido fuera de la ciudad “para salvar la paz pública de los cristianos” (Carta 20). Al
cesar la persecución regresa como obispo, pero debe enfrentar el problema de los lapsi53
y el cisma de Felicísimo 54 . A finales de 256 se emprendió una nueva persecución de
cristianos en tiempo del emperador Valeriano, y tanto el papa Esteban como su sucesor
Sixto II, fueron martirizados en Roma. En África, Cipriano preparó a los fieles para el
esperado edicto de persecución en su De exhortatione martyrii. El 30 de agosto del
257, ante el procónsul romano Aspasius Paternus se negó a realizar sacrificios a las
deidades paganas y profesó firmemente su fe en Cristo. El cónsul le desterró a Curubios.
El 14 de septiembre de 258 fue apresado por el nuevo procónsul, Galerio. Al día siguiente
fue examinado por última vez y sentenciado a morir por la espada, su única respuesta fue
«¡Gracias a Dios!». La ejecución tuvo lugar cerca de la ciudad. Una gran multitud siguió
a Cipriano en su último día. Se quitó sus prendas sin asistencia, se arrodilló y rezó. Tras
vendarse los ojos fue decapitado55.
Para San Cipriano la unidad es fundamental, de hecho, la obra principal de él, en ámbito
eclesiológico es La unidad de la Iglesia (De unitate ecclesiae). La Iglesia es una, porque
es la circumincesión del obispo y la circumincesión de las Iglesias entre sí. Distingue entre
«Iglesia visible», jerárquica, e «Iglesia invisible», mística y ambas llevan impreso el signo,
la marca de la unidad; por eso, no vacila en llamarla sacramento de unidad (sacramentum
unitatis), queriendo señalar que la realidad total de la Iglesia, cuyo aspecto externo,
humano, visible, es signo y señal eficaz de la unidad ontológica invisible57.
La unidad está centrada en la autoridad del obispo, pero afirma con fuerza que la Iglesia
es una sola, fundada sobre Pedro. No se cansa de repetir que «quien abandona la cátedra
de Pedro, sobre la que está fundada la Iglesia, se queda en la ilusión de permanecer en la
Iglesia» (La unidad de la Iglesia católica, 4). Cipriano sabe bien, y lo dijo con palabras
fuertes, que «fuera de la Iglesia no hay salvación»58 (Epístola 4,4 y 73,21), y que «no
puede tener a Dios como Padre quien no tiene a la Iglesia como madre» (La unidad de
la Iglesia católica, 6). La unidad es una característica irrenunciable de la Iglesia, por eso
es simbolizada por la túnica de Cristo sin costura (ibídem, 7) y en la paloma, símbolo del
Espíritu Santo. Unidad que, según dice, encuentra su fundamento en Pedro (ibídem, 4) y
su perfecta realización en la Eucaristía (Epístola 63,13), exhorta Cipriano: «Una sola es su
Iglesia, una sola fe, un solo pueblo cristiano, firmemente unido por el cemento de la
concordia: y no puede separarse lo que por naturaleza es uno» (La unidad de la Iglesia
católica, 23).
(b) Respuesta a los lapsi (Los caídos): Para tratar este tema escribe una obra
llamada De lapsis, su posición es la apertura racionalmente comprensiva, pero no
indiscriminada, hacia tantos que habían cedido a la persecución y aspiraban a la
readmisión en la Iglesia (de lapsis). Fundamentalmente hay dos tipos:
- Thuruficati (Sacrificati): Los que sacrificaban incienso ante el riesgo de muerte. Al
inicio, estos sólo eran perdonados en peligro de muerte, más adelante se les permitió
regresar a la comunión, pero después de hacer una rigurosa penitencia.
- Libellatici: Obtenían el documento de que habían sacrificado, pero no lo habían hecho
en realidad. Estos eran admitidos en la comunión de la Iglesia después de hacer
penitencia. Cipriano se opuso a los novacianos que no aceptaba a los lapsi en la
Iglesia.
59 Cf. JOSÉ RICO PAVÉS, Los sacramentos de la iniciación cristiana, Instituto teológico San Ildefonso,
Salamanca, 2006, p. 166. Esteban I, citando el “Tu eres Pedro” afirmaba la primacía del obispo de Roma
sobre los los otros obispos. Cipriano respondió que, de acuerdo a las antiguas enseñanzas de la Iglesia todos
los obispos eran iguales y cada uno de ellos la figura de Pedro, y por tanto cada obispo era sucesor de Pedro
en su diócesis, es independiente y le debe dar cuentas sólo a Dios.
60 Posteriormente los donatistas verán como su maestro a San Cipriano y no aceptarán ningún sacramento
pensemos que estamos ante la mirada de Dios, y él no escucha la voz, sino el corazón (Non
vocis sed cordis auditor est”) (Padrenuestro, 3-4).
2.3. Los siguientes autores son escritores eclesiásticos, pero no son padres de la
Iglesia:
a. El antipapa Hipólito.
b. Cipriano de Cartago.
c. Tertuliano.
d. Orígenes.
Milenarismo
Subordina-
cionismo
Montanismo
31 – Patrología: Capítulo 3
Modalismo
Marcionismo
•
¿Qué es una
apología y qué •
tienen en cuenta,
fundamentalmente,
los Padres
apologetas?
La teología del •
logos en San •
Justino •
•
Respuesta de San •
Ireneo al dualismo •
eclesiológico de los •
gnósticos.
•
•
Respuesta a •
“Noeto” por parte •
de San Hipólito •
•
¿Cómo presenta a •
Jesucristo San
Clemente de •
Alejandría?
•
32 – Patrología: Capítulo 3
En su obra “Contra las herejías” les responde a los gnósticos afirmando: La unidad de
los dos Testamentos, la bondad de la creación, la recapitulación del hombre, la
tradición de la Iglesia y la unidad del ser humano.
En su obra “Contra Noeto” propone una articulación trinitaria personalizante al
interno del único Dios. Inaugura el comentario escriturístico como género autónomo
en el ámbito de las letras cristianas. Insiste en que ha escrito la "Tradición apostólica"
con el fin de hacer ver la necesidad de permanecer fieles a la tradición litúrgica de la
Iglesia.
Sus obras son una presentación de Jesucristo como: 1. El exhortador (Protreptikòs) de
los hombres para que emprendan con decisión el camino hacia la Verdad. 2. El
pedagogo, es decir, el educador de los bautizados. 3. El didáscalo (maestro) de aquellos
que quieren conocerlo de una manera más profunda.
Carta cristiana, de carácter apologético, dirigida a un personaje ilustre del imperio
romano; buscaba mostrar la gran bondad del cristianismo, suya es la famosa frase:
“Los cristianos son para el mundo lo que el alma para el cuerpo”.
Emprendió una gran obra exegética, fruto de esto es su obra “Hexapla”. Su
preocupación es descubrir el sentido espiritual de la escritura. Propone los tres
sentidos de la escritura: literal, moral y espiritual. Con su obra “Los principios” quería
hacer entrar la filosofía cristiana en el gran giro de la cultura de la época.
Tiene una hermosa homilía, en ella ilustra varios pasajes del Antiguo Testamento y el
sentido que adquieren en la Pascua cristiana.
Este autor intenta, por medio de la teología del Logos, un diálogo entre la filosofía y la
teología. Habla de las semillas del verbo, establece el paralelismo entre Eva y María,
describe la manera de celebrar la Eucaristía en el siglo II e insiste en la necesidad de
la conversión para recibir el bautismo.
Poesías cristianas con trasfondo judío.
Su doctrina se puede resumir en los siguientes dualismos: Teológico, cosmológico,
antropológico, moral y escriturístico.
Venían a Cristo, Logos del Padre, como intermediario entre el Padre y la creación,
establecían un cierto orden en la Trinidad, primero el Padre, luego el Hijo y el Espíritu
Santo.
Buscó comentar la escritura privilegiando el dato escriturístico. Es el teólogo de la
unidad de la Iglesia, suya es la obra: “la unidad de la Iglesia”. Con los “lapsi” (caídos)
tiene una apertura racionalmente comprensiva, pero no indiscriminada. Habla de la
responsabilidad hacia quien está fuera de la Iglesia, pero tiene necesidad de la ayuda
fraterna.
Autor de ámbito judío, vivió en Alejandría, es fundamental para la patrología ya que
varios Padres de la Iglesia beben de la filosofía y la teología de este autor. Es
considerado el abuelo del cristianismo. Su aporte es valioso porque muestra que la
Torah y la filosofía helenista no son irreconciliables, la Torah al ser inspirada por Dios
33 – Patrología: Capítulo 3
es una verdadera y propia filosofía. Usa el método de la alegoría. En su obra “De Oficio
Mundi” pone en relación el libro del Génesis con el diálogo del Timeo de Platón.
De origen africano, vive como abogado en Roma. Escribió el Octavius en latín, a fines
del siglo II. Es un diálogo de Minucio con Octavio (cristiano) y Cecilio (pagano),
ambientada en Ostia. Cecilio habla del escepticismo y ataca el cristianismo, Octavio
refuta amablemente todas las afirmaciones de Cecilio. Se menciona la existencia de un
Dios único, la inmortalidad del alma, la providencia divina.
Su obra más conocida es el «Apologético», en esta denuncia el comportamiento injusto
de las autoridades políticas con la Iglesia; explica y defiende las enseñanzas y las
costumbres de los cristianos. Defendió, contra los gnósticos y marcionitas, la unidad
de los dos Testamentos y la dignidad de la corporeidad, suya es la frase: “La carne es
el fundamento de salvación”.
Contra los monarquianos (Sabelianismo y patripasianismo) afirmó la doctrina de
Cristo Logos personal de Dios, en la Trinidad una es la substancia, pero es real la
distinción entre los tres: “Los tres son uno, no unos”. Su excesivo rigorismo moral lo
hizo acabar en la secta montanista.