Y ahí estaba, absorta, inmóvil, con su mirada petrificada cómo si por delate de su
presencia estuviera algo demoniaco, ni las 41 miradas de todos sus compañeros
de clases lograron sacarla de su estado. Era una de las tantas veces que Mayerlis
Torres arribaba tarde nuevamente. Por mucho que el profesor Rafael, le hiciera la
observación con un tono de regaño, ella seguía sumergida en su actitud
misteriosa.
Carmen, preocupada le pidió permiso al profesor Rafael para ayudar a Mayerlis a
sentarse en su puesto de trabajo, en su totalidad los estudiantes del grado 502 no
lograban atender la clase, si no, que disimuladamente estaban atentos al
misterioso comportamiento de su compañera susurrándose entre todos ¿Qué
será lo que sucede? Fueron los 100 minutos de ciencias naturales más duraderos
de toda su vida, todos, al unísono despidieron al profesor cuando la rustica
campana anunció el cambio de clase, que les daría la dicha de una hora libre
puesto que el profesor de lenguaje estaba ocupado en una reunión con el
coordinador.
Sara, la niña sin miedo a enfrentar la situación, no dudó en preguntarle ¿Maye
cuéntanos qué te ha pasado? Cuando de repente sin mediar palabra alguna
Mayerlis comenzó a llorar, Sara le dio un fuerte abrazo del que ambas se aferraron
como si nunca quisieran despegarse, pero este acto generó más incertidumbre en
el salón de clases.
Mayerlis, era la mayor de tres hermanos. Hija de un padre alcohólico, sin trabajo
fijo y su madre tampoco había estudiado y se dedicaba a realizar trabajos
domésticos en algunas casas de la ciudad, era un tanto descuidada con su
apariencia física, aunque no se podía negar que era una de las niñas más
hermosas del colegio, usualmente llegaba tarde puesto que le tocaba ayudar con
sus hermanos y además ocasionalmente lidiar con su mamá cada vez que su
papa borracho la agredía físicamente. Toda esa crisis familiar le afectaba
académicamente a Maye, como todos por cariño la llamaban. Sus calificaciones
eran precarias en todas las asignaturas pero en matemáticas, presentaba
dificultades en las operaciones básicas, le era difícil sumar llevando, restar
prestando, multiplicar y dividir por dos o más cifras ;trabajar con fracciones se le
volvía la cabeza chiquitica, le dolía la panza y se comía las uñas cuando debía
enfrentarse con fraccionarios, puesto que no las entendía, no lograba precisar
quien era el dominador o el denominador, de igual manera, en lenguaje tenía
pésima interpretación de textos, la lectura literal, que es la más fácil le era muy
difícil desarrollarla, ni mencionar la inferencial y la crítica por otro lado, de las
categorías gramaticales, solo lograba distinguir el verbo. Además, como si fuera
poco, en sociales también le iba muy mal.
El reloj marcaba ya casi las 9:30 que sería el tiempo del descanso pero el
incómodo llanto de maye, entre sollozos aún, se lograba escuchar. Marcela en
voz alta y llena de preocupación dijo: - hay que llamar a la profesora Aura, para
que nos ayude en esto. Entonces con suspiros dolorosos, el llanto fue lentamente
desvaneciéndose y Mayerlis temblorosa comenzó a contar su gran tragedia:
¡No llamen a la profe Aura, se lo pido por favor! Y de repente de su alma salió un
profundo suspiro que permitió comenzar a desahogarse como una catarsis de
esas que el alma necesita para poder descansar.
El gato merodeaba por la sala maullando de una manera extraña, como si
anunciara un funesto presagio de una mala hora. Papá aún no había llegado y
Sara, mi hermana menor tocia como un perro, ahogándose con su poca
respiración.
Mamá, muy preocupada esperaba a mi papa a ver si se iban al hospital. La pobre
estaba esperanzada en que él trajera algo de dinero para solventar la situación,
pero corrían las manecillas del reloj y nadie se asomaba por la solitaria calle,
decía mi mamá que permanecía pegada a la ventana.
Maye, hizo una pausa y continuo diciendo: Imagínense que mi mamá desesperada
fue dónde la vecina y estaba hablando con ella y su marido para ver si él podía
llevarla en su moto al hospital y justamente en ese momento llegó un taxi del cual
mi padre se bajó enfurecido, que con una fuerza descomunal cerró la puerta del
vehículo y el taxista comenzó a insultarlo, pero mi papá lo ignoró completamente
porque de inmediato se abalanzó sobre el vecino y le dio en unas fuertes
trompadas que le partieron el rostro. Todo no paró ahí puesto que por la
abundante sangre había que llevar al vecino al hospital porque del golpe se
desmayó y se formó la gritería, mi papa insultaba a mi mamá porque estaba
pensando que ella con el vecino tenían algún romance, mi mama también fue
golpeada, hasta el punto que hubo que llamar a la policía y a una ambulancia;
juntas con las sirenas prendidas acudieron al llamado. De repente a Mayerlis se le
salió una lágrima interminable que recorrió su mejilla izquierda en cámara lenta,
deslizándose por su hombro y en caída libre se estrelló con el suelo, mostrándose
como la última gota que rebosó el vaso.
Y aquí estoy, tarde nuevamente, porque nos acostamos casi de madrugada y lloro
porque estoy cansada de esta vida que me tocó vivir, la peor de todas, que no se
la deseo a nadie. En verdad, quisiera morirme. No sé qué va a pasar con
nosotros, mi mamá y mis hermanos.
Era una confesión muy dura, ninguno de los compañeros de Mayerlis quisieran
estar en sus zapatos y más porque esa situación estaba llevando a Mayerlis a
perder el año escolar, pero la frase “En verdad, quisiera morirme” que era
demasiado profunda que logró despertar la preocupación en todos los
estudiantes.
Marcela, quien era muy cercana a Mayerlis en secreto decidió contarle la
problemática a la profesora Aura, la docente de matemáticas de su grado pero
también era la directora de grupo, quien inmediatamente activó la ruta de atención,
si, la ruta de atención de prevención al suicidio.
En primera instancia fue en busca de Mayerliis, pensando que podría estar en
riesgo, no se apartó de ella ni un segundo, le dio un súper abrazo y le susurraba,
todo va a estar bien, se fueron a la coordinación y la profesora le presto sus oídos
para que ella se desahogara por segunda vez, la profe Aura se dedicó a escuchar,
a no juzgar y demostrarle a Mayerlis que ella no estaba sola, que la institución
educativa estaba de su lado, dispuesta ayudarle en lo que se pudiera. Basada en
su experiencia docente, pudo determinar que Mayerlis no tenía una ideación
suicida, que todo era producto por lo que estaba atravesando en su núcleo
familiar, y más por lo de la noche anterior, pero sin embargo, ella decidió buscar
ayuda de un profesional idóneo de apoyo psicosocial. En este caso, remitió el a la
niña con la doctora Ospino quien se desempeñaba como orientadora escolar pero
su oficina quedaba en la sede del bachillerato, así que el coordinador se sumó a
los colaboradores del caso y se llevó a Mayerlis inmediatamente con la doctora
Ospino.
La jornada escolar estaba culminando y en la sede de secundaria había un
alboroto tremendo puesto que en la cancha de futbol se enfrentaban “Los tesos”
del grado 1102 con “los tigres” del grado 1001 gritos iban gritos venias, y las
porras amenizaban el desorden junto con redoblantes y platillos de la banda de
guerra. En medio de toda esa alegría desbordarte, vieron cruzar a la pequeña
Mayerlis, deseosa de correr a verse el partido pero su cita con la orientadora, era
prioritaria.
La charla comenzó a las 11:00 en punto, a la estudiante le tocó por tercera vez
contar los hechos, que sin darse cuenta le servía de terapia.
La institución educativa había tenido el año anterior, el caso de una estudiante
que intentó suicidarse en el baño, sumándose así a la creciente preocupación
mundial sobre este tema. Y en el peor de los casos todo esto está relacionado
con los problemas familiares y estudiantiles.
La sesión con Mayerlis había llegado a su fin pero continuarían al día siguiente.
La orientadora determinó que en el caso de Mayerlis no había que alertarse
mucho, esa frase “En verdad, quisiera morirme” que la estudiante había
expresado no correspondían potencialmente a un ser que deseaba auto
eliminarse, sino que era la salida momentánea a la situación con su familia. Por
consiguiente se trazó una ruta para poder ayudar a Mayerlis a ganar su año
escolar trabajando la integración social, par esto incluyeron a Mayerlis en un grupo
de porristas que representaría al colegio en un concurso municipal y la motivaron
para que también ingresara al coro de la institución y en función de todos los
estudiantes se continuó con charlas para implementar acciones para promover el
bienestar psicosocial de los estudiantes y mostrar de esta manera un clima
escolar protector.