0% encontró este documento útil (0 votos)
98 vistas315 páginas

Introsp Etnográf y Exp Ritual - 3 - Marzo2016 ENTREGADO-1

Este documento presenta un resumen de las experiencias de trabajo de campo del autor en comunidades indígenas del noroeste de México a lo largo de dos décadas. Describe un encuentro con una joven durante su primer viaje a la Sierra Tarahumara y reflexiona sobre la necesidad del etnógrafo de mantener una distancia para observar la cultura objetivamente. También discute diferentes enfoques del trabajo de campo antropológico y cómo este ha evolucionado con el tiempo debido a cambios culturales y tecnológicos.

Cargado por

erodriguez101
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
98 vistas315 páginas

Introsp Etnográf y Exp Ritual - 3 - Marzo2016 ENTREGADO-1

Este documento presenta un resumen de las experiencias de trabajo de campo del autor en comunidades indígenas del noroeste de México a lo largo de dos décadas. Describe un encuentro con una joven durante su primer viaje a la Sierra Tarahumara y reflexiona sobre la necesidad del etnógrafo de mantener una distancia para observar la cultura objetivamente. También discute diferentes enfoques del trabajo de campo antropológico y cómo este ha evolucionado con el tiempo debido a cambios culturales y tecnológicos.

Cargado por

erodriguez101
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

INTROSPECCIÓN ETNOGRÁFICA Y EXPERIENCIA RITUAL EN EL NOROESTE

DE MÉXICO

Queriendo ser más humano, el etnógrafo […]

adquiere una suerte de desarraigo crónico:

ya no se sentirá en su casa en ningún lado,

y permanecerá psicológicamente mutilado.1

(Lévi-Strauss, 1955)

Presentación

Este libro trata sobre las experiencias rituales y cotidianas del trabajo de campo antropológico

realizado en algunos pueblos indígenas del noroeste de México y, con algunas excepciones, en

Estados Unidos. El recorrido da inicio con la Sierra Tarahumara debido a que, en términos

cronológicos, fue donde realicé mis primeras experiencias etnográficas de manera sistemática,

resultado de múltiples estancias en los bosques de la Sierra de Chihuahua a lo largo dos décadas.

La intención de presentar estas experiencias de campo tiene varios objetivos y posibilidades de

interpretación. La idea principal es mostrar cómo se sucedieron algunos cambios culturales en

inicialmente en las localidades y rancherías en la Sierra Baja, en el período que va de 1988 al año

2008.

A pesar de contar con un abundante registro de actividades y datos etnográficos presentados

en algunos libros previos, el propósito de este libro es sobre todo, dar cuenta de los cambios en la

1
Traducción propia.
2

percepción del etnógrafo y muy particularmente de mis vivencias en las comunidades de la Sierra

de Chihuahua, en los valles de Sinaloa y Sonora, y posteriormente en los desiertos de Sonora

Arizona y Nuevo México

Introducción

La mirada distante

Después de visitar algunos poblados de la costa del estado de Sinaloa y de dormir en la estación

de autobuses en la ciudad de Los Mochis, tomé el tren rumbo a la Sierra de Chihuahua. Eran las

fiestas decembrinas y lo que más deseaba en aquel momento, era internarme en la Sierra y no

saber nada de la vida urbana.

Era el invierno de 1986 cuando llegué a la estación de tren de San Rafael en el municipio de

Urique; el frío calaba en los huesos y el aire helado se filtraba por todos partes. Bajé del tren y

caminé por las vías rumbo al noreste para tomar la brecha que me llevaría al rancho donde

permanecería durante esta primera estancia. Ya entrado en calor por la intensidad de la caminata,

el frío desapareció y sentí que paso a paso renacía entre lo fresco del bosque. Al final del poblado,

podía ver cómo en las últimas casas dispersas a lo largo de las vías, a veces salían algunas

personas para ver quién se aproximaba.

De repente vi que una jovencita salió de su casa. Apenas llegaba a los 17 años; tenía una

belleza muy especial tanto por sus rasgos físicos como por su mirada, su gestualidad, pero sobre

todo por el balanceo de su cuerpo. Conforme avanzaba por las vías del tren, su imagen se hacía

cada vez más real. Al llegar a la altura de la que supuse era su casa, me miró de una forma que

desde ese entonces no he vuelto a experimentar; caminó unos metros conmigo. Al sentir su
3

presencia detuve el paso y voltee a observarla una vez más. En ese instante la joven dijo: “llévame

contigo”.

Ante esas palabras quedé completamente perplejo, sin saber qué sonido, expresión o palabra

enunciar; me pasaron mil ideas e imágenes por la mente y no pude reaccionar. Con la grata

fascinación e inmovilidad que me provocó su propuesta, recordé las creencias sobre la manera

como Coyote paraliza a sus presas proyectando el bao animal. Más que temor me provocó un

arrobamiento indescriptible. Sin dejar de observarla seguí caminando hasta que la perdí de vista.

Ese es el registro consciente que guardo de ese encuentro. Desde entonces la imagen de esta

muchacha me ha acompañado durante tres décadas, no sólo por su belleza sino por la

representación simbólica de la imagen, tanto en el contexto de la disciplina antropológica, como

en mis posteriores trabajos de campo.

Cualquiera pensaría que pude haber establecido alguna relación con ella o que quizá debí haber

sacado algún provecho de este encuentro, o bien que, en efecto, pude haberla traído conmigo al

rancho en donde me alojé posteriormente. No elegí ninguna de estas posibilidades y, pese a mi

decisión de no llevarla físicamente, siempre ha estado conmigo.

Generalmente el antropólogo no se lleva nada del trabajo de campo, pero también se lleva

todo, es decir, tal como lo señala Lévi-Strauss (1955), el etnógrafo no se sentirá en casa en

ningún lado, pero puede dejar huella en los lugares que visita y, a su vez, la cultura estudiada

también deja huellas en el antropólogo.

Durante muchos años me he preguntado cómo sería mi presente de haber actuado conforme a

la propuesta de la joven. Seguramente mi viaje habría tomado, desde el inicio, un rumbo muy

distinto al que tomó en ese entonces, y el resultado de esa breve estancia del invierno de 1986 no
4

habría sido lo que fue: no habrían continuado mis estancias de investigación en la Sierra

Tarahumara y, muy probablemente, no habría salido de la Sierra ni habría realizado trabajo de

campo antropológico. Al realizar el trabajo etnográfico el investigador debe guardar distancia de

la realidad que pretende conocer. Muchos libros de antropología clásica han mostrado que el

investigador, en su afán de conocer otras culturas y, a pesar de renunciar a su modo de vida

citadino, nunca llegará a ser un indígena o una persona de la realidad estudiada. Sin embargo, esto

no le impide tejer relaciones de amistad, romances o inclusive compadrazgos. La realidad de esta

norma en antropología es análoga a la ley galileana de la caída de los cuerpos. Si bien el

antropólogo guarda relaciones estrechas con los objetos y sujetos de estudio, también establece

límites que le permiten tener una perspectiva óptima para desempeñar su trabajo (Lévi-Strauss,

1983). Como consecuencia de la mirada distante, el antropólogo se ve obligado a asumirse como

un ente ajeno a la comunidad estudiada, aun con los múltiples intentos de fundirse en el contexto

cultural. El asunto es claro: si el antropólogo no guarda distancia no podrá asombrarse ni registrar

la cultura que estudia por más globalizados que estén sus informantes.

Una vez que ha observado de cerca y de lejos, y pese a las intensas relaciones subjetivas que

puede llegar a construir en su recorrido antropológico, el investigador debe regresar a su sociedad

de origen. Los que regresamos hacemos antropología, mientras que los que se quedan, con todo y

sus mejores intenciones, no tienen una perspectiva objetiva para interpretar la cultura ajena

porque ha pasado a ser propia, y la cultura de origen se convierte en la cultura exótica y distante.

El trabajo de campo

Una de las virtudes que la antropología reivindica todavía en el siglo XXI y que representa la

esencia de la identidad procesual de la disciplina, es desde luego el trabajo de campo. Algunos


5

antropólogos lo minimizan haciendo filosofía, otros literatura o historia. Sin embargo éste es la

raíz disciplinar que sostiene el tronco sobre el que se generarán las nuevas ramas de la

antropología y hasta hoy es reconocido como un elemento imprescindible en este oficio.

Por otro lado, también existen aquellos antropólogos que, empeñados en endiosar esta parte de

la antropología, viven obsesivamente durante años en las comunidades indígenas, con la

pretensión de hacer de la disciplina un discurso útil y participativo en las decisiones internas de la

cultura con la que se vinculan, muchas veces con buenos resultados, a través de la representación

y la gestión entre las sociedades indígenas y las instituciones de gobierno.

No obstante lo general de nuestra taxonomía, existe una categoría más: los antropólogos que

están muy ligados al grupo anterior de antropólogos participativos, son aquellos que directamente

elaboran políticas desde las instituciones gubernamentales para entender mejor el “problema

indígena” y lograr que el Estado vincule, “integre” o elabore programas “autogestivos” hacia el

interior de las sociedades indígenas.

Cualquiera que sea el caso, la investigación de campo seguirá siendo la columna vertebral de la

antropología. Sin embargo, cabe aclarar que el trabajo de campo antropológico se reformula

constantemente debido a la naturaleza de su objeto de estudio y éste ha cambiado mucho desde la

época de Malinowski (1989), debido, entre otras cosas, a las nuevas tecnologías que nos han

conducido a vivir esta aparente ubicuidad planetaria. Aunque el etnógrafo posea ciertos

lineamientos sobre los que enfocará su mirada, el proceso de recolección de datos atraviesa por

una infinidad de posibilidades, y casi todos los caminos para obtener información son válidos. El

objetivo es, por lo tanto, obtener la información que le ayude a concretar sus objetivos para poder

llevar a cabo su investigación.


6

En términos metodológicos, en el ambiente antropológico se sabe que deambular por la

realidad estudiada transforma al proyecto de investigación, y que lo que era un postulado inmóvil

de la investigación es susceptible de ser modificado. Esto, lejos de ser una desventaja de la

antropología es uno de sus logros, gracias al bendito trabajo de campo, tal como lo afirma

Llobera: “El trabajo de campo es más que una calificación profesional; es como un estado de

gracia fuera del cual no hay salvación alguna” (1999: 28).

El éxito de la investigación antropológica está relacionado con muchos factores y variables que

inciden en la viabilidad de un proyecto antropológico. A este escenario hay que sumarle las

vicisitudes de la experiencia etnográfica. El trabajo de campo antropológico no es como el de

otras disciplinas, su particularidad no sólo radica en la recolección de datos, sino en que implica

un careo con la alteridad, involucra variables que no se presentan en otras disciplinas, que

efectivamente realizan trabajo de campo con entrevistas, recolección de datos etcétera, pero en

donde no hay un interés explícito por la reflexión y el análisis de las relaciones subjetivas hacia

dentro de la realidad estudiada.2

Con todo, el trabajo de campo etnográfico pude ser muy engañoso pues a menudo los

antropólogos oriundos del lugar no dan cuenta de la realidad estudiada por la enajenación cultural

en la que viven, sin importar si se formaron en universidades regionales o del extranjero. Cuántas

veces hemos oído la frase “yo tengo quince años viviendo en esta comunidad y nunca he visto eso

que usted está preguntando”. Raro sería lo contrario.

2
Los métodos para disfrazar esta situación van desde la entrevista, dirigida o abierta, o las

acuciosas encuestas que pretenden definir políticas de acción gubernamental.


7

De las ansiedades y las transferencias

Si de algo podemos estar seguros los antropólogos es de que nuestros miedos y nuestra capacidad

de socialización se hacen presentes a la hora de ir y permanecer en las comunidades. Por ejemplo,

en muchas de las etnografías o crónicas etnográficas que se publican, el antropólogo habla más de

sí mismo que de la realidad estudiada. También están aquellos antropólogos que tienen la

pretensión y la fantasía de que el objetivismo es la única vía para ser racional y, por consecuencia,

científico, e intentan borrar toda huella de subjetividad de sus investigaciones ansiando que el

sujeto y su subjetividad queden ausentes de la realidad estudiada. Un tercer caso, son aquellos que

buscan representar la realidad estudiada a través de la experiencia del investigador en el campo, y

ésta es mi pretensión.

Sin embargo, ya se trate de un caso u otro, siempre el etnógrafo volcará en las comunidades

sus fantasías académicas, esto significa que tanto el investigador como las personas con las que

interactúa, se convierten en receptáculos de ausencias afectivas y representaciones inconscientes

que surgen en todo el proceso de comunicación durante el tiempo que dure la investigación. La

proyección afectiva inconsciente que establece el antropólogo con sus informantes es la

transferencia de signos pertenecientes al mundo emocional que ha sido velado por su propia

conciencia y que, por alguna razón, surge en el campo frente a los sujetos de estudio y

recíprocamente de éstos sobre el investigador.


8

Los diarios de campo

Como las matemáticas o la música, la etnografía es una de “esas raras vocaciones auténticas que

podemos descubrir, sin que se nos haya enseñado” (Lévi-Strauss, 1955).3

En el abundante mundo literario y antropológico existen muchos diarios o bitácoras de viaje

escritos en momentos álgidos de la experiencia del narrador. Por ejemplo, El diario de Ana

Frank, nos permite conocer, entre otras cosas, la vida y la zozobra vivida por una familia judía

durante la Segunda Guerra Mundial, o el mismo diario de Kafka donde narra el profundo

conflicto con el padre. Pero además de estos tipos de diarios, existen los diarios de campo de la

investigación antropológica en donde se registran tanto los datos de campo como las experiencias,

buenas malas, frustrantes, melancólicas y festivas. En todos los casos el diario de campo es un

amigo inseparable del investigador.

A pesar de que vivimos en una época de auge tecnológico donde existen cámaras digitales de

alta definición, lo mismo que grabadoras de sonido con una calidad excepcional, el diario de

campo sigue siendo la herramienta fundamental para el trabajo etnográfico. Desde luego, las

nuevas tecnologías son herramientas maravillosas pero todas ellas son complementarias al diario

de campo.

Desde que la etnografía dejó de ser patrimonio de la antropología, las observaciones

sistemáticas de múltiples temas culturales y los diarios de campo se multiplicaron, y así como

existieron trabajos de campo antropológicos, también se hicieron investigaciones con diarios de

campo desde otras disciplinas, pero también con otros tipos de etnografía, dando por resultado

3
Traducción propia.
9

diarios de campo antropológicos y no antropológicos. Aunque la idea no es la reivindicación

explicita del diario de campo antropológico, es necesario señalar que, si bien los antropólogos

pueden tener percepciones distintas de un mismo fenómeno cultural, todos coinciden en ser

partícipes de una formación disciplinar.

El diario de campo de los antropólogos

En la historia de la antropología, tenemos bastos ejemplos de diarios de campo que en su

momento causaron gran sensación. Entre éstos se encuentra, desde luego, el diario que

Malinowski (1989) escribió durante su trabajo de campo en Melanesia sin intención de difundirlo

(ni imaginar que sería publicado de manera póstuma). Otro caso ejemplar es el libro Tristes

trópicos de Claude Lévi-Strauss (1955), que en su tiempo fuese rechazado por el premio

Goncourt, pero que posteriormente logró darse a conocer, entre otras cosas, por haber rehusado

la “Plume d’or”. Contrariamente al diario de Malinowski, publicado sin que el autor lo deseara, el

de Lévi-Strauss fue escrito con toda la majestuosidad de una obra intelectual que marcaría la

historia de la antropología en Francia y en el mundo debido a que desde su origen fue

conceptualizada para dar a conocer el testimonio del autor sobre su experiencia antropológica en

Brasil.

Por otro lado El antropólogo inocente de Nigel Barley (2004) nos muestra la cultura de los

dowayo de Camerún, a través de sus desencuentros con la cultura misma y sus pobladores. El

libro se desarrolla entre la descripción étnica y el conjunto de desastres, enfermedades y

hostilidades que aquejaron al antropólogo durante el año que estuvo en África. En ocasiones, el

diario de campo pareciese tratarse de una antropología del fracaso debido a las vicisitudes del

trabajo de campo. Sin embargo, la maestría de Barley hace que la desgracia aparezca como un
10

hecho jocoso que debe ser asimilado y experimentado por el antropólogo para llegar a conocer

una cultura. En términos generales, el diario muestra, por un lado, la subjetividad del autor y, por

otro, la obra científica, cuando debiera tratarse de una unidad.

Qué es un diario de campo y para qué sirve

En un diario de campo el etnógrafo registra la vida cultural y social de una o varias comunidades.

Entre los datos consignados por el etnógrafo están los aspectos típicos de la cultura tales como

formas de producción económica, organización social, sistema de creencias, producción artística,

desarrollo tecnológico, herramientas, vivienda, censo de población, transcripción de música y de

poesía, entre otros. A partir de los datos registrados en el diario de campo, el antropólogo o

investigador genera conocimiento sistematizado sobre la cultura de estudio en los temas más

diversos. La mayoría de los antropólogos y, sobre todo, los estudiantes de antropología, hacen

diarios de campo.

En la enseñanza del oficio antropológico, algunos profesores sugieren que en el diario el autor

separe la parte objetiva de la subjetiva. Comúnmente suele ganar uno de estos aspectos cuando se

presenta el registro de las subjetividades del antropólogo sin mucho sustento etnográfico. No

obstante, en el contexto antropológico es poco común encontrar diarios de campo en los que no

intervenga la sensibilidad etnográfica, debido a que se trata de una herramienta íntima que a pesar

de involucrar a uno o varios informantes de un pueblo, son datos y reflexiones que no

necesariamente deberán ser publicados.

Lo importante y trascendental del diario de campo es que la información registrada

desemboque en investigaciones altamente especializadas a través de la selección y discriminación

de todo aquello que no tenga un nexo directo con el tema de investigación.


11

La información de los diarios de campo puede ser muy vasta o muy concisa. Sin embargo, a

menudo los antropólogos desechamos información que puede ser valiosa para otra investigación

o, como en mi caso, para dar cuenta de nuestra evolución como observadores y cómo esta

cualidad se va trasformando de acuerdo con las posibilidades personales de interpretación.

Por otra parte, en el contexto anglófono surgió hace ya algunos años la denominada

etnobiografía y la autoetnografía, la cual pretende dar cuenta del mundo subjetivo del autor a

través de su trabajo de campo. En esta vertiente es posible ubicar este trabajo, si fuera el caso, sin

embargo yo elegí el concepto introspección etnográfica para denotar el análisis de la subjetividad

bajo una mirada retrospectiva.

Entre los elementos que vinculan la subjetividad en un diario existen varias posibilidades: están

desde luego los diarios de campo de los antropólogos que en su mayoría no se escriben para ser

publicados, pero también los que intentan dar a conocer la cultura estudiada a través de la

experiencia subjetiva del investigador, de la misma manera que las crónicas no antropológicas, las

autobiografías, los relatos de viaje, las memorias y las historias de vida. Estas últimas son

realizadas eventualmente por un investigador externo al sujeto que cuenta su experiencia vivida.

Hasta ahora, muchos de los diarios de campo de las figuras de la antropología han sido publicados

de manera póstuma, sin embargo estos diarios cada vez más son publicados en vida de los

autores, y sobre todo por autores jóvenes, de modo que ya no es un requisito llegar a la alta

senectud para que salgan a la luz.

Si bien reivindicamos la distancia antropológica para escribir y describir una cultura, pareciera

que nos encontramos en un impase al pretender describirnos a nosotros mismos mediante un

diario antropológico. En el ir y venir del texto se cierra el círculo de interpretación con los
12

interlocutores, al tiempo que se abren posibilidades con otras lecturas que bien pudiera estimular.

Así, la distancia antropológica se cumple en el dinamismo del texto y se constata también que ésta

no existiría la antropología. A pesar de esta aseveración, la manera más eficaz de conocernos a

nosotros mismos y dar a conocer nuestro oficio, es mostrar lo que somos y en lo que nos hemos

convertido gracias a nuestras experiencias etnográficas.

El riesgo etnográfico

Como antes señalamos, el diario de campo es un instrumento íntimo en el que plasmamos nuestras

emociones, y en esa medida se convierte también en un compañero inseparable de nuestro

quehacer cotidiano a quien confiamos nuestras experiencias. En este sentido el diario de campo es

receptáculo de nuestros miedos pero también de nuestra representación del riesgo y de los

peligros enfrentados en el estudio de las culturas ajenas a la nuestra.

Si bien a menudo pueden presentarse situaciones altamente peligrosas, en nuestro oficio, la

percepción del riesgo es variable y relativa al contexto del investigador en los escenarios

culturales altamente peligrosos como las etnografías de las mafias, de los caciques del campo

mexicano, del sistema político, o inclusive de los ambientes empresariales. De entrada, no existe

investigación en la que no se manifieste de una u otra forma la inseguridad al interior del contexto

de investigación. No obstante, el etnólogo asume el peligro que corre tanto la investigación, él

mismo, y el pueblo estudiado.

A pesar de que México se ha convertido en un país hostil para muchos oficios, por razones que

tienen que ver con el narcotráfico, la corrupción y la impunidad, el oficio etnográfico es cada vez

más difícil de realizar, no sólo en la ciudad sino en las comunidades más alejadas en donde

también ha llegado el crimen organizado.


13

Aunque existan momentos difíciles en la investigación, la experiencia del etnógrafo siempre

será gratificante y todos los antropólogos hemos gozado de intensas experiencias estéticas

derivadas del ritual y de la vida en común, mismas que pretendo expresar en este libro.

De regreso al campo

Recuperé mi camino al rancho y la noche me tomó por sorpresa a la mitad del camino. Seguí las

instrucciones exactas que me llevarían al lugar que había imaginado durante todo el viaje.

A pesar de que el frío arremetía con fuerza al inicio de este invierno, era muy placentero sudar

con el viento gélido de la temperatura ambiental una vez que el sol se había ocultado por

completo. Cuando llegué, todos en el rancho me miraron con la desconfianza que puede causar un

fuereño, sobre todo si a 10 km a la redonda no hay caserío cercano. Esta desconfianza se vio

disuelta cuando les informé que era invitado por un miembro de la familia. Una vez identificado

no hubo problema alguno.

Después de un tiempo en el rancho, Socorro y yo realizamos una caminata que se prolongó

durante todo el día. Caminamos río abajo hasta llegar al caserío rarámuri de Saquirachi, ahí

saludamos a algunos de sus habitantes quienes nos indicaron el camino hacia el norte para

entrevistarnos con el curandero. Nos dirigimos hacia la pendiente de la montaña que, después nos

enteramos, bordeaba uno de los barrancos. Conforme fuimos ascendiendo, la intensidad del viento

también se incrementaba, y después de caminar durante cuatro horas, vimos una casa en lo alto al

borde del barranco. Allí platicamos con el curandero. Su casa tenía la puerta abierta y la familia

estaba fuera haciendo cestos de paja de pino; el señor, cabeza de familia, sólo observaba. Nunca

nos invitaron a pasar a la casa, todo el tiempo estuvimos afuera conversando a pesar del frío y del

viento. Al cabo de una hora nos despedimos para poder llegar con luz a nuestra morada.
14

Durante todo el recorrido nuestro fiel amigo “El Turco”, nos acompañó sin queja alguna. A

veces se paraba para tomar agua, pero en ningún momento tuvo la intención de ladrar o regresar.

Ya teníamos cinco horas caminando cuando Socorro dijo que conocía un mejor camino, y que en

lugar de regresar por nuestros pasos, ahora iríamos bordeando el valle para que una vez que

llegáramos a la altura del rancho, que se encontraba en la planicie entre las montañas, bajáramos

sin problema alguno. En el trayecto, el camino se desdibujaba cada vez más, y pese a lo agreste de

la brecha, El Turco siempre nos seguía fielmente. Esta situación cambió cuando tuvimos que

escalar por paredes verticales. Uno a uno fuimos pasando y al voltear de reojo detrás de mí, me

sorprendió ya no ver a nuestro fiel amigo. Pregunté a mi acompañante si eso podía tener alguna

consecuencia y comentó que no había problema.

Ya en la parte alta de la montaña, caminamos en medio de una amplia meseta con un camino

de terracería. Sin embargo debido a nuestro mal cálculo, el sol ya había desaparecido y sólo nos

guiábamos por nuestra intuición. Llegó un momento en que la noche se cerró por completo y no

había absolutamente nada de luz. El camino se estrechó al grado de desaparecer y tuvimos que

arrastrar literalmente nuestros pasos para comprobar que pisábamos en firme. De repente nuestros

pasos se encontraron con en el vacío y nos dimos cuenta de que habíamos llegado al desfiladero.

Sabíamos que el rancho se encontraba exactamente frente a nosotros, pero nos llevó un par de

horas volver a dar con una brecha. Ya muy avanzada la noche, fuimos tocando el suelo con las

manos para verificar que íbamos por buen camino. En varias ocasiones quisimos caminar por

despeñaderos y retrocedimos. En una ocasión los ladridos de una jauría de coyotes nos hicieron

recapacitar sobre el camino que debíamos tomar. Ignoro cuánto tiempo habría pasado desde que

anocheció hasta el momento en que escuchamos los ladrillos de los coyotes. Socorro gritaba para
15

ver si algún rarámuri experimentado pudiese auxiliarnos, pero todo fue en vano. Con el viento y

lo denso del bosque, las palabras y las voces se diluían, y los gritos apenas se escuchaban a un par

de metros. Finalmente descendimos poco a poco y encontramos un camino por donde bajar; una

vez que nuestros zapatos tocaron tierra firme nos sentimos aliviados de poder descansar en un

espacio cubierto y no a la mitad del bosque.

Conforme avanzamos vimos que las luces a lo lejos se hacían cada vez más presentes. Ya

estando muy cerca, escuchamos unos ladridos y nos percatamos que nuestro amigo El Turco

había llegado antes que nosotros: precavido a causa de su agudo instinto, no nos siguió por las

peligrosas pendientes.

Al final de mi estancia, bajé de la sierra con más cosas de las que había llevado. Mis anfitriones

además de ser de las personas más hospitalarias que he conocido, me surtieron de pan, de una

botella de vino y otra de tesgüino, a la cual pusieron una tapa con orificios previendo su

fermentación. Además de los regalos, mi mochila engrosó con algunos cestos y una faja que había

comprado a los rarámuris de las cabañas; por si eso fuera poco, también aproveché para llevar un

fémur y un omoplato al laboratorio de osteología, en donde espero que aún se encuentren.


16

Fotografía 1. Cocinera en Papagichi

Fuente: Fotografía de Miguel Olmos, 1996, Guachochi, Chihuahua.

Llegué a Topolobampo alrededor de las nueve de la noche y tomé el primer autobús con

rumbo al sur. Apenas teníamos una hora de haber partido y la persona de lentes oscuros que

llevaba a mi lado se levantó intempestivamente con una pistola, anunciando él y otros dos

hombres que querían todas nuestras pertenencias. En ese momento uno de los choferes quiso

resistirse al asalto, y en una acción de complicidad colectiva, los pasajeros le recriminamos su

actitud de hacerse pasar por héroe. Solo encañonaron a algunos de los hombres y yo me cuento

entre ellos. Los ladrones cubrieron su rostro con un paliacate al estilo del viejo oeste. Conforme

avanzaban en el autobús ordenaban a cada uno de los pasajeros ponerse de pie para quitarle sus
17

pertenencias. A algunos les robaron su dinero, pero lo que más querían eran joyas. Cuando

llegaron conmigo me indicaron que me quitara un anillo de plata, que a pesar de haberlo guardarlo

con mucho cariño, tuve que despedirme de él irremediablemente. Para aligerar el momento, les

dije que podían tomar de mi mochila una botella de vino. Lo cual les dio mucho gusto. Buscaron

mi mochila, pero como les confirmé haberla dejado en la parte trasera, uno de ellos tuvo que ir a

registrarla. Al momento de abrirla vio los huesos, e inmediatamente me cuestionó sobre éstos y el

uso que les daría. Yo respondí que era antropólogo y que los estudiaba. No hubo más preguntas,

y los tres hombres descendieron del autobús después de haber despojado a todos los pasajeros de

sus objetos de valor.


18

EL ETNÓGRAFO EN ESCENA: VIAJE A LA TARAHUMARA

“El presente informe comprende mi estancia en la Baja Tarahumara por el período que va del 1 de

marzo al 30 de noviembre de 1988”. Así comenzaba uno los informes antropológicos que hice

sobre mi estancia en la Sierra Madre Occidental a finales de los años ochenta. Dicho trabajo de

campo fue el segundo de otros tantos que realicé durante varios años en la Sierra de Chihuahua

con fines de investigación. Mi primera estancia la llevé a cabo en diciembre de 1986 y después se

sucedieron otros tantos viajes durante la década de los años ochenta, después en los noventa y

finalmente algunas idas esporádicas en los últimos años de la primera década del siglo XXI.

En las últimas décadas del siglo XX el narcotráfico y la producción de droga estuvieron muy

presentes en diversas partes de la Tarahumara. Sin embargo en los últimos 10 años, la Sierra se

volvió un lugar inaccesible para el trabajo antropológico, entre otras cosas, por el territorio

ganado por organizaciones dedicadas al trasiego y producción de droga, fenómeno que trajo

consigo no solamente dinero y cultura urbana a la Sierra, sino una violencia generalizada, adicción

y muerte para su población. Esta situación que se venía gestando desde principios de la década de

los años ochenta, imperó en prácticamente toda la región y continúa desarrollándose hoy en día.

Pese a la continuidad de mis estancias, este viaje realizado de la primavera al otoño de 1988, sería

por mucho, el determinante en mi formación antropológica.

En ese entonces me dirigí a aquellos lugares con la misma incertidumbre y ansiedad del

iniciado al que le impresionan cada una de las imágenes, los sabores y, sobre todo, los sonidos que

va percibiendo en su andar etnográfico.

A mediados de los años ochenta estuve solo unas semanas, así que en esta ocasión continuaría

mis primeras impresiones en tierras rarámuris. En aquel tiempo, fui invitado por Socorro a
19

Arecaina, un rancho ubicado aproximadamente a ocho kilómetros de la estación del tren de San

Rafael. Además de haber estudiado antropología, Socorro era oriundo de este lugar en donde los

habitantes están claramente delimitados entre rarámuris y mestizos; él es mestizo chabochi.

La primera vez que estuve en la Sierra Tarahumara fue cuando tenía alrededor de seis años. En

aquel tiempo viajé con amigos de mis padres y algunos miembros de la familia. Desde entonces

hubo varias cosas que marcaron mis recuerdos de infancia. Una de ellas fue la llegada a Creel, un

lugar frío e inhóspito –muy distinto a Sinaloa– pero con fuerte presencia de gringos. Lo que

recuerdo claramente fue ese turismo comunitario, donde uno comparte la mesa, el azúcar, la leche

y los alimentos en general con gente desconocida; todo eso para mí era algo completamente

nuevo. Desde principios de los años setenta, ya estaban bien enraizados algunos albergues en el

naciente turismo de Creel. Otra de mis mayores impresiones fue el recorrido del tren saliendo de

la ciudad de los Mochis, y todo el ambiente del turismo exótico, 4 que se podía ver en esos años

durante el trayecto del Pacífico a la Sierra.

Volví a la Sierra en el invierno de 1986 y ese mismo año, cuando iba de regreso a la ciudad de

México, fui asaltado en un autobús de pasajeros que circulaba de los Mochis a la ciudad de

4
En realidad todo el turismo tiene algo de exotismo, sin embargo está aquel que promueve la

búsqueda de lo más extraño como parte del atractivo turístico. Dicho turismo tiene como objetivo

crear un imaginario que pese a no existir más que en la cabeza de los iniciados, en este caso los

turistas, puede llegar a un intenso goce de lo extraño y de la escena creada para el deleite de los

turistas. Ejemplos de esto es Disneyland o parques turísticos en donde se hace pasar al turista

como partícipe de una cultura o una aventura cultural extraña.


20

Culiacán. Al parecer los asaltantes robaban en este trayecto de manera cotidiana. Nunca olvidaré

cuando uno de ellos abrió mi mochila y encontró un fémur humano. Esto le causó tal impresión

que me salvó de ser asaltado por completo.

La intención de este libro no es reducir una serie de datos las experiencias vividas en la sierra,

puesto que mi interacción con el medio, incluyendo obviamente toda la naturaleza y los “sujetos”

de conocimiento, queda plasmada en estas líneas como una aproximación a la realidad. En este

sentido, la impresión que recibo de la realidad estudiada como “sujeto investigador” es un paso

imprescindible para comprender los fenómenos culturales, que no siempre son agradables pero sí

necesarios de estudiar y enriquecedores de la experiencia del investigador.

México, D. F., 29 de marzo de 1988

Viaje a la Sierra Tarahumara

Por fin, entre esperas e inquietudes salí con destino a la Sierra Tarahumara (17:30 h). Los planes

se alteraron un poco; mi amigo Héctor me llamó el fin de semana y me propuso pasar un día en

Torreón y después continuar mi camino a la Tarahumara.

Mis emociones al salir eran muy particulares, tenía un ligero temor al pensar que era una ruta

desconocida hacia Chihuahua –anteriormente había llegado por Sinaloa–. Sin embargo, el hecho

de imaginar lo que sería estar en aquellos parajes de la sierra y sentir las ansias de seguir

conociendo nuevas culturas, me impulsaban a moverme hacia la sierra, sin importar cómo ni con

qué medios.

En cuanto al equipaje, hice una lista para llevar lo menos posible, pero ésta se fue agrandando

hasta llevar, como de costumbre, más de lo necesario. No sé si todo ese día fue especial o será
21

que nunca había salido tan organizado y de manera tan sistemática. Esta vez me despedí o, por lo

menos, intenté despedirme de toda mi gente –cosa que no acostumbro– y entre prisas y el tiempo

calculado casi en segundos llegué a la central camionera cinco minutos antes de la hora señalada

para tomar el camión con rumbo a Torreón. Las condiciones del tiempo eran también muy

especiales. Cuando salí de mi casa, situada al sur de la ciudad de México, comenzó a llover, pero

en cuanto partió el camión se despejó el cielo y nuevamente apareció la luz del sol como presagio

de un viaje maravilloso.

Desperté en el autobús a las siete de la mañana con un espléndido amanecer. La vegetación

que se observa en los cerros antes de llegar a Torreón es más seca que en Sinaloa. Existen parajes

verdes del río o hechos por la mano del hombre. También hay extensiones sembradas muy verdes.

En las partes áridas sólo se ven arbustos secos esparcidos a distancias de tres o cuatro metros.

Jueves 31 de marzo

Llegada a Chihuahua

La noche anterior había salido de Torreón a las 22:30. Llegué a Chihuahua a las 4:30 h. Todavía

no amanecía y esperé una hora en la central. A las seis de la mañana, cuando amanecía, recorrí

parte del centro de la ciudad para ubicarme y pude ver dos hoteles, los más grandes de la ciudad.

Cerca de la Central de Autobuses se encuentra un mercado. Me entretuve viendo cómo

descargaban verduras y otros productos del mercado. También me percaté de que en la ciudad de

Chihuahua existen muchos desniveles en las calles. Enfrente de la iglesia –que después supe era la

catedral– hay una plaza muy grande y un kiosco que es clásico en las poblaciones del país, pero

sobre todo de influencia mesoamericana.


22

Regresé a la central a las 7:00 h, recogí mi mochila y tomé un carro hacia la casa de la hermana

de Socorro –quienes me recibirían en el rancho de la sierra–. Llegué a la casa y no encontré a

nadie a pesar de que me habían confirmado que sería bienvenido y esperado. Caminé un poco

alrededor de la casa, en el trayecto encontré un parque y se me hizo un buen lugar para escribir y

descansar (8:30 h). Les llamé otra vez por teléfono y finalmente me dijeron que fuera a su casa.

Me dirigí hacia las afueras de la ciudad, que en este momento me costaría mucho trabajo ubicar

porque en ese entonces era un lugar completamente deshabitado y con servicios públicos muy

limitados. El lugar estaba en una parte muy alta y desde ahí podía ver toda la ciudad. En ese

tiempo soplaba un viento implacable propio de la época de Semana Santa. De una casa me

llevaron a otra de uno de los hermanos de Socorro. La primera casa era muy pequeña y por eso

me indicaron que me quedara en la casa del hermano que está enfrente y es más grande. Ahí pude

comer y descansar gracias a la gentileza de mis anfitrionas.

Salí en la tarde a la iglesia invitado por Elena y Viviana, ambas hermanas de Socorro. Estuve

media hora en la iglesia y después fui a caminar a una especie de periférico; la luna estaba

completamente llena y pensaba cómo se vería posteriormente en el rancho.

El viaje en tren

Muy de mañana tomé un camión a ciudad Cuauhtémoc y de allí tomé el tren que me llevaría a San

Rafael. Cuando entramos a la sierra todo se transformó. El cielo es de un azul profundo que

envidiarían en cualquier otra región del país. En el tren hice varios amigos, ahí conocí a un señor

de apellido Coos y a una muchacha que iba a San Rafael. Además de ir al mismo lugar, resultaron

ser muy simpáticos y grandes conversadores. La temperatura era fresca, sobre todo por el viento,
23

pero sin llegar a ser tan inclemente como en invierno (que alcanza temperaturas de menos de cero

grados).

La sonoridad en el tren es de lo más cosmopolita, hay exposición y competencias de

grabadoras. En una se oía música norteña, en otra, cumbias, en otra más allá, música clásica y

también música comercial en inglés. La mayoría de los pasajeros eran mexicanos, hay uno que

otro gringo y dos o tres rarámuris o tarahumaras que se distinguen por sus vestimentas.

El paisaje siempre es impresionante, desde que uno sale de la ciudad de Cuauhtémoc, las

praderas son muy extensas. En éstas se siembra pero la gran mayoría son pastizales para el

ganado. Ya subiendo un poco más, en Treviño –un poblado ubicado a 2 400 metros sobre el nivel

del mar– la vegetación cambia y se vislumbran los parajes de la montaña alta. De no ser por la

estruendosa música de todas las grabadoras sonando al mismo tiempo, hubiera podido disfrutar y

concentrarme plenamente en el agradable paisaje.

Existen dos o tres aserraderos en el camino: uno de ellos se ubica en Cuesta Prieta y su nombre es

“Proveedora Industrial”, mismo que retuve durante largo tiempo gracias a que conocí su

administración y a algunas personas que participaban en dicha empresa.

Viernes 1 de abril

Llegada a San Rafael y camino al rancho

Llegué a la estación de San Rafael en la tarde como a las 5:30, después de hacer una parada de 15

minutos en Divisadero. Como es usual, los rarámuris vendían sus productos: huaris, violines de

formas convencionales o ligeramente pequeños y otros con formas de balalaicas rusas en cuyas
24

tapas superiores tenían formas de caras con ojos, nariz y boca (que en ese entonces eran poco

frecuentes).

Al llegar a San Rafael, mi compañera de tren y el señor Coos, que iban al mismo lugar, se

despidieron. Enseguida vi a una persona que se parecía a la familia que me había hospedado unos

años antes y traía una yegua; le pregunté si era familiar de Socorro y respondió que era su

hermano Alejandro. Nos subimos a la yegua y pasamos a comer a la casa de su primo antes de

salir. El paisaje rumbo al rancho siempre es muy relajante, en esta ocasión casi no corría agua por

el arroyo pero aproveché para disfrutar el espectáculo natural de la primavera. Después de dos

horas y media de camino, llegamos al oscurecer. Entrando al rancho y se veía una luna

completamente llena que colgaba de los árboles como dándome la bienvenida.

El rancho

Anduvimos de un lado a otro del río, atravesándolo constantemente para seguir el sendero. En la

parte final avanzamos al pequeño valle donde había huertos de manzana y diversos árboles

frutales; el viento soplaba tranquilamente.

Arecaina es una explanada que se encuentra entre las cordilleras de las montañas. En esta parte

del terreno se abren los cerros para dejar a la vista un plano que amplifica la sensación de haber

llegado a algún sitio.

Al tocar la puerta con un poco de sorpresa pregunté si me recordaban, Malena respondió

inmediatamente: “Pásale Miguel”. Saludé a doña Nicolasa, la matriarca de la familia, y a otras de

sus hijas que antes había conocido. Me dio gusto verlas otra vez. Sin querer pensé en la

importancia de ser bienvenido.

En el rancho había dos casas juntas. En la más antigua es donde se cocina y donde se reúne la
25

familia. Alejandro dijo que la otra todavía no está terminada pero que era perfectamente habitable;

allí fue donde pasé la noche. Ambas casas se encontraban en el plano ligeramente cargado del lado

sur, por donde sale el sol. Esta ubicación le otorgaba una majestuosidad natural; poco después

supe que es un patrón común de asentamiento en la sierra baja.

En los huertos crecía sobre todo manzana, durazno, ciruela y membrillo en menor proporción y

se sembraban pequeñas hortalizas en extensiones de tierra de tres por cuatro metros. En el rancho

también habitaban dos yeguas, un potrillo, una vaca, 25 gallinas, dos marranos en engorda, más

otros cinco que vivían sueltos y dos perros: El Turco y La Golondrina.

La construcción más antigua tenía tres cuartos con dos separaciones de madera. El cuarto de la

entrada es la cocina, donde por lo general se reunía la familia. Allí se encontraba la estufa de leña

que produce el calor imprescindible en los nevados días del invierno. Cuando las temperaturas

bajan a cero grados centígrados este lugar se convierte en el espacio más acogedor de todo el

rancho. El agua para beber provenía de un manantial que surtía el fregadero de la cocina y el baño

de la otra casa.

Por su parte, la otra construcción tenía cuatro cuartos; el de la entrada era el más grande, tenía

un baño pequeño que acababan de instalar. Frente a la casa se encuentra un pequeño corral donde

se guardan los animales.

La idea del indio

Después de unos días de haberme instalado conversé con la familia y en especial con Alejandro

sobre los rarámuris. Él decía que son unos indios que no quieren trabajar y que el Instituto

Nacional Indigenista (INI) y el gobierno les surten todo lo necesario para que siembren. No
26

obstante, además de las facilidades que el gobierno les otorga, entre ellos mismos suelen robarse

los productos que han sido destinados para todos los del pueblo.

Doña Nicolasa, que es la mujer más anciana, madre de mi amigo y abuela de todos los niños

presentes, al parecer tiene juicios encontrados sobre los indígenas. Esto se debe a múltiples

experiencias que, como mestiza, ha tenido durante su larga vida de más de siete décadas. Una vez

me contó que en una ocasión se dirigía arroyo abajo con una familia para aconsejarles que

llamaran al doctor para sus niños enfermos, sin embargo me comentó que los niños murieron por

la apatía de los rarámuris.

Otro tema que me platicó doña Nicolasa es el problema del alcoholismo, y en esto sí quiero

hacer una pausa. El tesgüino actualmente es la bebida sagrada de los tarahumaras. Sin embargo el

alcohol es un elemento casi permanente entre los rarámuris de este lugar.

Por otro lado, hablamos también de la actividad del INI, e inmediatamente surgieron las

críticas. Me comentó que esta institución no sólo ha hecho mal a la familia sino a la población en

general; se manifestó en contra de la actividad de esta institución mencionando el paternalismo y

favoritismo que mantienen con los indígenas haciéndolos completamente dependientes.

El ejido

En la Baja Tarahumara existen algunas extensiones de terreno como pequeña propiedad, pero en

este lugar la tenencia de la tierra es el ejido. La junta de ejidatarios es dirigida por un comisario.

Los mestizos y los rarámuris se quejan que algunos ejidatarios crean problemas por haber inscrito

en el ejido de Areponapuchi a personas ajenas a los ejidatarios originarios. En una junta reciente

se comentó que habían inscrito a 30 personas como nuevos ejidatarios. Al parecer el finado

esposo de doña Nicolasa fue uno de los fundadores del ejido.


27

3 de abril de 1988

El fracaaso

Desperté con un ligero malestar corporal. Doña Nicolasa me enseñó sus plantas y sus siembras.

En la hortaliza tiene yerbabuena y está preparando la tierra para sembrar en las próximas semanas.

Al finalizar el recorrido de sus plantas desayunamos espléndidamente y quedé más que satisfecho.

Reposé el desayuno durante más de una hora, después saqué de mi mochila una quena que

utilizaba como instrumento de trabajo para transcribir algunas melodías. Los niños me rodearon

mirándome con aquel extraño instrumento.

Durante la tarde ocurrió lo que temí desde que comencé mis estudios de antropología, y que,

de alguna manera, ya esperaba. Estaba consciente que había llegado tarde a la Sierra para

describir toda la fiesta de Semana Santa, pero no me fue posible llegar antes. Quería aprovechar

los últimos días santos para hacer algunas grabaciones y para poner en práctica una vez más los

conocimientos aprendidos en las aulas. Alejandro y Mauricio, ambos hermanos de Socorro, para

ese entonces ya habían llegado con sus esposas e hijos junto con Conis, otra hermana de ellos.

En Saquirachi acababan de terminarla construcción de la iglesia y, según información de la

familia Loya, se iba a realizarla fiesta de Semana Santa para bendecirla. En ese momento intenté

convencer a Alejandro para que me acompañara a San Alonso o a Saquirachi después hice lo

mismo con Mauricio. Preparé todas mis cosas –la grabadora, los casetes y la quena–.Ensillaron

los dos caballos y salimos hacia a Saquirachi con rumbo noreste. Yo monté la yegua y ellos el

caballo. Después de andar poco más de una hora por un camino muy accidentado, llegamos por

fin a Saquirachi.

Había unas veinte personas entre mujeres y hombres; me identifiqué con el gobernador y él
28

también conmigo. Le mencioné mi propósito de realizar algunas entrevistas y grabaciones, pero

me dijo que su fiesta ya estaba terminando –a pesar de que en otros lugares terminaba hasta el

domingo–. La gente se acercó para saludarme y fue muy agradable. Sin embargo, lo malo vino

cuando me preguntaron si la grabación que iba a efectuar la iban a pasar en radio XETAR del

desaparecido INI y les respondí que no, que yo venía de otro lado y que tenía otros intereses,

pero que iba a hacer lo posible para hacer llegar la grabación a la radio. Al gobernador de

Saquirachi no le gustó la idea de la grabación y dijo que había gente que se enriquecía con estos

materiales. Adoptó una actitud recelosa y de extrema desconfianza y eso contagió a todos los de

la comunidad. Para ese momento, ya llevaban tomando tesgüino por lo menos dos días continuos.

De repente busqué a mis compañeros pero ya no los vi. Por alguna razón me habían dejado

solo con el exgobernador Miguel Torres y con el actual gobernador Lupe Cansio. No sirvieron de

mucho mis cartas del INAH ni mis argumentos para demostrarles que iba de buena fe; ellos

permanecían inmutables. Traté de convencerlos tocando la quena y diciéndoles que yo también

era músico y me interesaba oír su música. Pensé que si les obsequiaba la quena con la que

interpreté alguna pieza andina me darían oportunidad de realizar al menos una grabación, pero

seguían sin aceptar.

En medio de su estado de ebriedad me preguntaban mi opinión en torno a la construcción del

templo, no entendía muy bien su lógica a pesar de que hablaban español. Una señora que se

expresaba muy bien en castellano habló para apoyarme, les dijo que me dejaran grabar. Cada vez

que ella hablaba el gobernador la callaba y todos, de una u otra forma le cedían siempre la palabra

y el poder a la autoridad. Finalmente conseguí que me dejaran grabar un fragmento debido a que

mis acompañantes, que ya habían reaparecido, se pusieron a bailar pascola acompañados por los
29

músicos rarámuris.

Seguramente pasamos varias horas en la discusión porque ya empezaba a oscurecer. Después

de intentar entrar infructuosamente en la lógica del indígena y, en un momento climático de la

ebriedad colectiva, no tuve otra opción que despedirme de la comunidad. Le dije al gobernador

que regresaría el próximo martes a una fiesta que realizarían con motivo de la bendición del nuevo

templo, donde se aprovecharía la presencia del padre que en esta Semana Santa no había podido

estar con ellos en Saquirachi.

De regreso al rancho, a unos cinco kilómetros de distancia de nuestro destino, me encontré a

Rosenda, la señora que había intercedido por mí durante la discusión en la fiesta. Nos dijo que no

estaba de acuerdo con la forma en que el gobernador había organizado la fiesta. Se quejaba de

que a los animales los habían matado en viernes santo y que ese mismo día se los habían comido.

Inmediatamente me percaté de las pugnas que tenían entre los ellos mismos. También señaló que

habían castigado a su hijo frente a la iglesia por bailar enfrente de ésta. Entre el antiguo

gobernador y el actual también existían disputas ya que la actual autoridad no había repartido de

manera equitativa unos costales de papas que habían llegado a la comunidad. Con esto nos

despedimos y continuamos el camino de regreso. No podía dejar de pensar en la impresión que

me había dejado aquella discusión y en el trabajo que iba a costar relacionarme con dichas

personas.

4 de abril de 1988

La vida en el rancho
30

Aquí en el rancho la vida continúa en gran calma. Socorro todavía no llega y ayer salió Alejandro

rumbo a Chihuahua. Todo está en paz. Llegaron un par de muchachas muy simpáticas, son nietas

de doña Nicolasa; una de ellas estudió un año en el D. F.

Escalé la montaña que se encuentra en la parte sur de la casa. Hace un año la subí por primera

vez y entonces fue muy grato. Al llegar a la cima tuve una sensación que pocas veces había

experimentado. Para divisar buena parte de los alrededores del rancho, era necesario escalarla,

aunque no había camino y aunque el tramo final tenía una inclinación de casi 90 grados. La otra

opción era recorrerla en círculo pero ese camino me hubiera tomado más de hora y media más. El

camino es muy pesado, pero descubrí nuevas rutas tanto para ascender como al descender. Al

regresar al rancho, Emma me dio de comer un caldo hecho de ejotes con flor de calabaza, cebolla

y queso, su sabor era delicioso, es de los recuerdos más gratos que guardo de mi estancia en

Arecaina.

Fotografía 2. Hombres en ritual

Fuente: Fotografía de Erylen López, 2014, Alta Tarahumara, Chihuahua.


31

Después de caminar un poco en la tarde con Viviana y Malena, me puse a tocar la flauta, hacía

mucho tiempo que no la tocaba y a ellas les agradó. Por la noche platicamos y nos reímos mucho

tiempo contando chistes, hasta que comenzamos a hablar de políticas, en particular la

manipulación que hace el gobierno en favor del PRI para que obtenga votos en sus campañas.

También comentamos sobre la censura de la información en las campañas presidenciales.

Viviana, nieta de la señora Nicolasa, me contó sobre sus experiencias escolares en Cuiteco,

particularmente de los maestros autoritarios y bestiales que gozan maltratando a los niños de la

escuela. La plática se entrecortaba constantemente. Yo concluí contándoles de los movimientos

estudiantiles y de las probables agresiones que podría sufrir la educación durante el próximo

sexenio. Me dirigí a mi habitación y me dormí profundamente hasta el otro día.

Martes 5 de abril de 1988

Primera entrevista con Rosenda

Amaneció nublado pero se despejó y el sol entró en el valle. Todavía recostado en mi cama,

escuché las melodiosas voces de los niños que iniciaban su fantasía matutina; eran las ocho de la

mañana, hora de levantarse.

Salí a caminar y me encontré a Rosenda Osorio Campos, la señora que quería que yo grabara

durante la Semana Santa en Saquirachi. Me habló sobre los gobernadores, por ejemplo, que el

actual es Lupe, que el anterior fue Miguel Torres y su antecesor fue su padre, Celso Torres. El

gobernador habla a la gente para ver si están contentos. Las mujeres hacen tortillas y tres hombres

organizan la fiesta. “Muchas veces las mujeres no duermen por estar haciendo las tortillas”, me

comentó Rosenda.
32

Entre otras cosas, Rosenda me habló sobre la forma como se elige al gobernador. Me dijo que

lo eligen por medio de firmas y que las mujeres no pueden ocupar ese puesto. Sobre las

actividades de la agricultura, Rosenda dice que las realizan todos los de la familia. El hijo de

Rosenda se llama Manuel y es quien toca la guitarra.

Preguntas

Tratando de ser un poco sistemático formulé una serie de preguntas a Rosenda para obtener

información sobre la fiesta y la manera de realizarla. ¿Cómo se organiza la fiesta? ¿Qué hacen en

la fiesta el jueves, el viernes y el sábado? ¿Por qué alteraron los días de la fiesta? ¿Por qué no

quieren que vaya a grabar? ¿Qué hace usted en su casa? ¿Los niños van a la escuela? ¿Usted fue a

la escuela? ¿Cómo se organiza su familia para la fiesta y para realizar las labores del hogar?

También le pregunté sobre los días santos en los que no estuve presente.

Rosenda me explicó que algunas mujeres cantan, otras tocan la armónica y hasta la guitarra.

También me habló de las danzas rarámuris que ellos interpretan. Por ejemplo, me dijo que la

danza del yúmare es un tipo de danza y me habló también sobre los matachines y los pascoleros.

Rosenda dice que el yúmare es para pedir a Dios, dándole comida y que se puede bailar en

Semana Santa, en año nuevo o el día de la virgen de Guadalupe. El pascol también se baila en

fiestas, mientras que los matachines, el 15 de mayo, día de San Isidro. Este santo es el que han

escogido los indígenas de Saquirachi como patrón de su poblado.

El inicio de la fiesta en Saquirachi

Después de caminar durante cuatro horas entre abetos, encinos y atravesando el arroyo en varias

ocasiones, por fin llegué a Saquirachi. El arroyo que atraviesa el valle de norte a sur, lleva la
33

corriente hacia el norte rumbo a un gran barranco que se encuentra a una hora de distancia, y que

representa una de las ramas que conecta con el gran cañón del cobre. El caserío de Saquirachi,

que se encuentra en la Baja Tarahumara a unos 18 km de San Rafael o de Areponapuchi, tiene dos o

tres casas dispersas. Es un pequeño valle en medio de las montañas, al igual que Arecaina. En la

parte alta del valle se divisa una pequeña explanada donde se localiza el templo. Este consta de cuatro

muros hechos de adobe; la madera utilizada tanto en la puerta, el zaguán, las vigas y las tablas del

tapanco fue trabajada por los hombres de la comunidad. En la parte inferior derecha se encuentra un

arreglo festivo similar al que se observa en la parte exterior del templo. Lo mismo que las casas

habitación, el templo consta de dos pequeñas ventanas, una en el muro norte y otra en el muro sur, y

ambas están colocadas en la parte superior. Ahí encontramos al gobernador junto con cuatro

hombres, entre ellos, Fernando Valenzuela y Eutimio. Platiqué con Lupe cerca de dos horas sobre

el origen de este nuevo caserío, cómo llegaron a este paraje y cómo fue que decidieron formar un

poblado. Lupe comentó que mucha gente que ahora está radicando en Saquirachi antes vivía en

Cuiteco y sus alrededores (mientras señalaba hacia el suroeste). En Saquirachi, la gente no habla

castellano, los gobernadores lo hablan un poco, pero nunca se comunican con la gente en español.

Los niños van a la escuela en San Rafael. Originalmente se intentó hacer una escuela en este lugar

pero no hubo suficientes niños que asistieran, así que decidieron llevarlos a San Rafael.

Mientras platicaba con Lupe, me mostró un decreto presidencial sobre temas de gobierno

indígena y también estuvimos oyendo pascolas y matachines en su grabadora. Con orgullo me

informó que en la iglesia se utilizaron más o menos 1 000 adobes. En este templo, lo mismo que

en muchos poblados mesoamericanos, la entrada está orientada de este a oeste, quedando la

entrada del oriente y la penumbra de la tarde en el poniente.


34

Eran alrededor de las seis de la tarde cuando algunas de mis acompañantes decidieron regresar

al rancho; yo me instalé en el lugar y me puse a hablar con el sacerdote y su tía, quienes llegaban

en ese momento. Celestino Villa es el sacerdote encargado del templo de la estación de tren de San

Rafael y será quien oficie la misa para la inauguración del templo. Me llamó la atención que el

gobernador fue a ponerse un saco de vestir a manera de ropa de gala; poco tiempo después supe

que es una práctica muy común entre los rarámuris el uso de esta vestimenta. Las mujeres lucen

sus mejores enaguas con colores azul claro, rojo y amarillo. En ese momento comenzó a caer una

lluvia muy intensa que se fue pocos minutos después dejando salir el sol que se reflejaba frente a

las montañas.

Ubicados en una hondonada, los trabajos de organización de la fiesta dan inicio con la caída del

sol entre las montañas, aprovechando las últimas dos horas de luz antes de quedar completamente

a oscuras. Todos estábamos expectantes a que comenzara la misa, sin embargo el padre Celestino

nos dijo en tono muy alegre y muy enérgico que la misa empezaría más tarde. Los cuatro hombres

que se encontraban al principio se quitaron el sombrero, y lo pusieron a un lado de la puerta del

templo; todos se arreglaron para saludar al sacerdote.

La preparación de la fiesta se realizó de acuerdo con la tradicional división sexual del trabajo:

los hombres acarrean la leña para el fuego que arderá toda la noche para atenuar el frío, y las

mujeres hacen las tortillas y preparan el tesgüino.5 Se observa que algunos hombres terminan de

5
El tesgüino es la bebida alcohólica del grupo rarámuri, se prepara a base de maíz. El

procedimiento de producción es el siguiente: se pone el maíz a germinar durante dos semanas

aproximadamente, una vez que nace se muele y se calienta en ollas tesgüineras que ya contienen
35

hacer bolas de madera con las que, posteriormente, se jugará la carrera de bola. Estas bolas las

hacen de encino o de madroño, ambos recién cortados, lo cual permite trabajar y darle forma a la

madera.

Esta celebración se hizo en estas fechas porque el sacerdote no pudo asistir al poblado durante

la Semana Santa y fue hasta ahora estuvo en posibilidad de cumplir con el compromiso de

celebrarla misa y leer el evangelio.

Como parte de los preparativos, llegó la hora de matar al animal. Se trata de un chivo negro

que se sacrifica frente a la iglesia como señal de ofrenda. Frente al templo en dirección oriente se

encuentra una cruz de madera adornada con paja de pino, esta cruz está enmarcada con un arco

adornado de flores blancas, hechas con la base de pequeñas pencas de maguey. Al correr la sangre

del chivo, ésta es esperada por una bandeja; el animal es previamente amarrado y sujeto del

hocico para evitar los chillidos. Finalmente, para poder desollarlo, cuelgan el cuerpo del chivo en

una cuerda que se encuentra al costado de la casa de Eutimio. De manera coordinada desuellan el

cuerpo del chivo, y lo bajan para destazarlo. Esto produce gran expectación en la gente que se

levadura para fermentarse, se deja reposar hasta alcanzar diversos grados de alcohol. El tesgüino

es una bebida, muy importante en la cultura rarámuri puesto que tiene, entre otras funciones, la

redistribución de la riqueza mediante la fiesta, además de establecer fuertes lazos de reciprocidad

mediante las tesgüinadas en donde los hombres de una comunidad trabajan comunalmente en el

sembrado del maíz, la construcción de una casa o alguna otra tarea colectiva. Se piensa que el

tesgüino y su función de reciprocidad económica ya existía desde tiempos anteriores a la

conquista española.
36

divierte cortando cada parte del chivo que tendrá como fin el tónare6. Dado por las risas y la

diversión que impera en el ambiente masculino, se podría decir que esta es una actividad sacrificial

enteramente lúdica y sagrada.

El sacerdote de la iglesia de San Rafael trajo consigo cuatro costales de papa y dos de maíz.

Estos alimentos fueron donados por agricultores de los valles de Sinaloa y llevados por tren hasta

la estación San Rafael. Estas papas además de que se comen durante toda la noche calentándolas

únicamente en la fogata, también serán empleadas en la preparación de la comida ritual.

Orientación de actividades, el templo y la primera misa

La primera oración que el padre dirigió a los indígenas fue a las 12 horas. Les habló sobre la

necesidad de rezar el rosario. Los hombres y las mujeres escuchaban respetuosos la voz y los

consejos del sacerdote. Cuando el sacerdote preguntaba algo sobre la vida de Jesús o sobre el

catolicismo en general, el gobernador siempre se adelantaba a contestar, de igual forma lo hacía

con algún rezo; cuando tenían que responder él era el primero.

El templo tenía la entrada hacia el oriente, del lado por donde sale el sol. Frente al templo,

sobre el lado derecho se encontraba la fogata ardiendo con la leña que los hombres recogieron

previamente. La casa donde se hacen los preparativos de comida se sitúa a cinco metros hacia el

norte de la fogata. Las mujeres son las encargadas de moler el maíz para las tortillas y de cocinar

el tónare en la olla que hierve sobre el fuego.

6
El tónare es la comida ritual de los rarámuris. Ésta consiste en un caldo hecho con carne de chivo

o borrego, granos de maíz grande y ocasionalmente lleva también papa; se acompaña con tortillas

de maíz hechas a mano o con prensa, teniendo invariablemente un grosor de medio centímetro.
37

La fogata

Permanecíamos alrededor de la fogata durante toda la noche. Los hombres descansaban alrededor

del fuego mientras las mujeres trabajaban haciendo las tortillas, moliendo maíz y moviendo la olla

de la barbacoa.

El gobernador prestó una casa al sacerdote y a su tía para descansar, a pesar de que la tía me

ofreció pasar con ellos preferí quedarme en la fogata observando las actividades rituales. Desde su

perspectiva de confort, el sacerdote y su tía comentaron que a la casa no le hacía falta nada y que

estaba muy cómoda.

Todos los hombres nos pusimos alrededor de la fogata, uno de los rarámuris me preguntó de

dónde venía, les dije que de Chihuahua pero que estudiaba en México, al mismo tiempo preguntó

otro de ellos:

—¿Qué estudias?

—Antropología —respondí.

—¿Y ya casi terminas?

—Sí, estoy en mi último año.

En el fuego y en lo obscuro de la noche transcurrieron muy rápido cerca de dos horas. Durante

ese lapso, los hombres permanecieron alrededor de la fogata la mayor parte del tiempo. Los

rarámuris se reían a carcajadas hasta revolcarse en el suelo; entre ellos se encontraba un

muchacho como de doce años aproximadamente de nombre Juan. Este jovencito, de cara muy

vivaz e inteligente, se reía con tales ganas que cuando otra persona lo veía, soltaba de inmediato

la carcajada. Nunca pude saber el motivo de su risa, no obstante supuse que el hecho de no

entender su lengua, era un motivo que no podían desaprovechar para divertirse entre los hombres
38

que permanecían alrededor del fuego. Cambiábamos constantemente de lugar a consecuencia del

humo que despedía la fogata. Muchos de ellos durmieron dos o tres horas, inclusive el sacerdote

también durmió en el interior de la casa y el gobernador descansó alrededor de la lumbre.

Algunos rarámuris sí hablan español, sin embargo, no me dirigían la palabra, y yo preferí no

intervenir ni hacer plática, por temor a sus constantes evasivas. A las tres de la mañana dieron la

primera llamada para misa –sin embargo, la gente de los alrededores no bajó debido al clima tan

cambiante– llovía por 10 minutos y otra media hora no, así se mantuvo hasta el amanecer.

Posteriormente dieron otras dos llamadas con otra campanita que, no obstante su diámetro de

apenas 10 cm, se escuchaba en todo el paraje, tomando en cuenta que cada casa está en promedio

a medio kilómetro de distancia.


39

Figura 1. Disposición geográfica del espacio ritual en Saquirachi, Urique, Chihuahua

Fuente: Elaboración propia.

Segunda misa

La misa dio inicio a las 4 de la madrugada. Durante la segunda misa el sacerdote habló sobre la

importancia de la unión entre la gente, para lo cual existía la Iglesia y la Virgen María. Exhortó a

la comunidad a rezar el rosario para no cargar con una cruz como la que cargo Jesús; así mismo
40

hizo un llamado a la ayuda mutua. Entre la concurrencia solamente se escuchaba a la tía del

sacerdote que bien conocía los cantos litúrgicos que se entonaban para esta ocasión.

A la hora de comulgar pasaron seis hombres en primer lugar, y posteriormente otros tres.

Después el gobernador se dirigió a las mujeres en su lengua, y de las ocho que estaban presentes

solo pasaron tres, las otras se resistieron y no hicieron mayor movimiento; al final pasaron

también dos hombres más.

En el interior del templo también los sexos estaban divididos, las mujeres se encontraban de pie

del lado derecho y los hombres del lado izquierdo.

El sacerdote repartió unos rosarios que fueron construidos por los mismos rarámuris de otra

comunidad; les tocó uno por familia. En un principio el padre había dicho que los rosarios serían

repartidos por el gobernador, pero al final él mismo fue quien los repartió. Concluyó la misa y el

padre –siempre tratando de ayudarme– les dijo que si ya iban a bailar los matachines o que la

fiesta continuara con lo que mejor les pareciera.

Regreso a la fogata y almuerzo

Al salir de la iglesia, como la lluvia continuó durante toda la misa, en la fogata el fuego se había

reducido. Creí que seguirían con la danza de matachines, pero nos acercamos a la fogata y la

volvieron a encender. En este lugar nos concentramos los hombres nuevamente. No

permanecimos ni media hora cuando empezó a repuntar el alba. En este instante llamaron a almorzar

al sacerdote y a su tía, y finalmente a mí. Me emocioné con la llamada a desayunar y aunque sólo

pensaba en la hora que me tocaría comer, preferí esperar dormitando en la fogata. Estaba

empezando a dormirme cuando el gobernador me llamó. Él mismo me pidió que pasara a donde se

encontraba la comida y las mujeres que la preparaban.


41

Fuimos en grupo al lugar donde se preparaba la barbacoa, esperé a que me dieran un plato.

Sirvieron primero al padre, después a la tía pero ésta no acepto, entonces Lupe ordenó que su

plato me lo dieran a mí. Como no había probado bocado desde el día anterior, estaba ansioso por

probarla. Con tanta hambre casino puse atención en el extraño sabor de aquel platillo. La

barbacoa o el tónare, desprendía un sabor entre ácido y amargo –no la preparan con sal ni con

sazonador–. Me dieron la carne sola después de cocerla en agua solamente, parecía algún marisco

extraño y tenía un sabor ligeramente salado (esto se lo adjudiqué a la cocción prolongada y a las

sales que desprendió el agua durante toda la noche). El caldo tenía un color obscuro, al parecer sólo

le ponen la carne y el maíz. El tónare se acompaña con tortillas que elaboran las mujeres, cuyo grado

de cocción suele ser muy variado, unas muy quemadas y otras un poco crudas.

Los matachines

Por fin, alrededor de las siete de la mañana, dio inicio la danza de matachines. Había esperado este

momento durante toda la noche y no pretendía perderme un solo detalle. Los músicos al principio

tenían problemas para ponerse de acuerdo. Eutimio daba el violín a un señor que después me

enteré que se llamaba Miguel Rivas. Lupe Cansio y Manuel Torres, quienes habían tocado el

sábado anterior, no lo hicieron en esta ocasión. La guitarra la tocó otra persona. Yo permanecía

con la incertidumbre y el temor de que no me permitieran grabar los sones de la danza. Eutimio se

metió en la iglesia a preparar la danza y el vestuario de los matachines, yo fui tras él y estando en

la iglesia le pregunté: “Oiga Eutimio, ¿ahora sí lo puedo grabar?”. Respondió hablando entre

dientes y lo único que le entendí fue que la grabadora estaba chiquita. Salí a la fogata y me senté

con mi grabadora en la mano.


42

Eutimio quien funge como Chapeyoko7 de los matachines, y es uno de los principales

organizadores, le dio el violín a Miguel Rivas para que interpretara la música. Los monarcas 8

también se preparaban para entrar en acción en la danza. La organización de la danza parecía estar

recreada con algunas dificultades; la mayoría de los matachines eran muchachos muy jóvenes.

Vi cuando Eutimio salió del templo para hablar con Lupe y escuché la palabra “grabadora”.

Permanecí sentado hasta que decidí preguntarle al gobernador si me permitía grabar, él asintió y

me preguntó cuánto quería grabar, le contesté que por lo menos la mitad del casete, y me

respondió que grabara sólo un ciclo debido a que la música siempre era la misma y solo se repetía.

Todos entramos a la iglesia. Los músicos se situaron en el altar mientras los danzantes se

colocaron en los extremos. El gobernador me pidió que me sentara adelante, frente a la danza.

Coloqué la grabadora enfrente de los músicos y me senté a un lado de ellos.

La danza inició con la formación de dos filas que sumaban 14 matachines9 quienes corrían de

7
Organizador de la danza de matachines. Su trabajo consiste en convocar, cuidar y mandar a los

danzantes para que éstos puedan asistir a la fiesta. También es el danzante principal que muestra

los pasos a seguir en la coreografía.


8
Son los encargados de dirigir la danza cuando ésta se realiza y demarcar los pasos coreográficos

a seguir (giros, vueltas, cruces, etc.). Su colocación es siempre al frente y detrás de cada fila. A su

vez el monarca es el matachín de más alta jerarquía. En el caso de Saquirachi, el monarca lleva la

tarea en su apellido puesto que es parte de un linaje y sus descendientes se seguirán encargando

de dicha tarea.
9
El número de danzantes es muy variable, en algunos lugares de la Alta Tarahumara llegan a ser
43

adelante hacia atrás y luego entrecruzando sus formaciones una con otra. La música y las danzas se

repitieron seis veces. Pude grabar tres repeticiones de aproximadamente cinco minutos, pues era

el tiempo que podía capturar en medio casete. Durante la danza el sueño estuvo a punto de

vencerme.

Salimos del templo y los matachines también danzaron en el exterior. Eutimio, ahora sí muy

atentamente, me informó sobre los nombres de los músicos y sobre las veces que se repite la

música. Me dijo que se repite nueve veces y en algunas ocasiones 12, siempre de acuerdo con los

rezos. Supe que el violinero se llamaba Miguel Rivas y que el guitarrero principal se llamaba

Vicente Ortega.

Vestuario

En los pies, los matachines llevan zapatos o botas, de las cuales penden unos cascabeles de metal.

En la cabeza colocan un paliacate y sobre éste, una corona hecha con armazón de madera que

adornan con papel de color amarillo, verde limón y rojo. En la parte superior de la cintura, llevan

una capa blanca; en la mano derecha portan una sonaja hecha de bule que guarda en su interior

pequeñas piedrecillas que al moverlas constantemente le dan la sonoridad requerida para la danza

ritual, mientras que en la mano izquierda, portan lo que llaman la palma. 10 En la cintura se enredan

hasta 20 matachines por fila. Generalmente, los danzantes son hombres pero ocasionalmente

también bailan mujeres.


10
Es un trozo de madera del que sobresalen tres palos más delgados con pequeñas motas de

diversos colores.
44

dos o tres paliacates rojos. Las fechas en que se realiza esta danza son las fiestas patronales, las

fiestas de fin de año o en celebraciones cívico religiosas, como ésta.

La música

Al momento de la danza los músicos permanecen siempre frente a los danzantes en el atrio del

templo. Los instrumentos utilizados para tocar los sones de matachines son una guitarra sexta y

un violín, no obstante el número de violines puede variar de acuerdo con las comunidades que

participen, su número puede llegar hasta seis u ocho en algunos casos. La forma de ejecución del

violín es de la siguiente manera: el instrumento no se coloca en el cuello y la barbilla, como se

hace en la música de europea o de concierto, sino que se apoya sobre el pecho. La afinación del

violín puede variar, pero una de las afinaciones consiste en tensar la cuerda más grave hasta llegar

a la nota de sol, luego re, sol y re en la cuerda más aguda. La afinación de la guitarra también

puede cambiar; se afina tradicionalmente de grave a aguda: mi, la, re, sol, si, mi o en algunas

excepciones re, sol, re sol, si, mi.

El ritmo de los sones puede ser binario o ternario; los matachines marcan el ritmo del son,

tanto con los cascabeles que cargan en los pies como con la sonaja. En este caso se apreciaba

claramente el ritmo ternario que se acentúa en los tiempos tres y uno, mientras que la sonaja

acentúa el tiempo uno y dos, tocando ocasionalmente algún redoble.

Según información de Eutimio, la música se repite nueve veces y en ocasiones doce. En esta

ocasión sólo se repitió seis veces en el transcurso de las dos horas que estuvimos dentro de la

iglesia. La lógica de ejecución siempre es la siguiente: el violín y la guitarra inician con tres

minuetes o misas, como ellos suelen llamarles, y éstos marcan el momento de inicio de la danza de

matachines.
45

Como ya se acercaba la hora de la despedida recogí mis cosas. El sacerdote y su tía hicieron lo

mismo y emprendimos la marcha de regreso. Nos despedimos de la gente y continuamos

caminando. Sin embargo, los matachines comenzaron a bailar fuera de la iglesia para despedirnos,

y siguieron bailando otros 15 minutos detrás de nosotros hasta que llegamos al arroyo. ¡Fue una

gran despedida! Les agradecimos el buen gesto y avanzamos mientras ellos continuaron tocando y

bailando. Al verlos a la distancia, pensé que aunque este gesto se debió en buena medida a la

presencia del sacerdote, también los antropólogos influimos en la escena ritual desde el momento

en que ponemos un pie en el poblado y hasta que nos vamos.

Caminamos alrededor de una hora hasta llegar a la camioneta del sacerdote Celestino que

estaba antes del camino impenetrable para el vehículo. Cuando llegamos a Arecaina, yo

ingenuamente me despedí del padre Celestino como si fuera mi compañero de trabajo, pero él,

conociendo las relaciones que se tejen en la Sierra, esperó a que saliera doña Nicolasa, quien lo

invitó a desayunar antes de emprender su camino de regreso. Al terminar el desayuno, me despedí

de él y pensé en lo difícil que hubiera sido estar en esta celebración sin su determinante

colaboración.

Jueves 7 de abril La piñata

Este día fue muy especial porque, después de permanecer en el rancho durante varias semanas,

salí a San Rafael a comprar provisiones acompañado de Viviana y Bertha. Conversamos durante

el viaje y me pude dar cuenta de que Viviana se esfuerza, casi de manera obsesiva, en ser adulta,

mientras que Bertha no es tan citadina como su hermana, por lo cual su compañía me resultaba

más agradable. Después de las compras, regresé solo caminando durante casi cuatro horas y no
46

me di cuenta del cansancio hasta que llegué al rancho; en ese momento noté que Elena (otra hija

de doña Nicolasa) y su familia iban llegando en una camioneta.

Nos presentaron y supe que el yerno de doña Nicolasa era policía judicial lo cual me hizo sentir

ligeramente incómodo, pero una vez superados mis prejuicios me di cuenta que tenía una

personalidad muy divertida.

Por la tarde fui testigo de una fiesta mestiza con motivo del festejo de Nayeli, hija de Alejandro

y nieta de doña Nicolasa. Los niños rompieron varias piñatas. Germán, hijo de Emma, recibió un

golpe con el palo que le abrió la ceja cuando se abalanzaba por los dulces. Sin darle mayor

importancia al evento, lo curaron. Toda la gente estaba muy contenta y, con la ayuda de una

grabadora, aprovechamos para bailar y cantar música de los Bukis, los Caminantes, los Tigres del

Norte, José Alfredo Jiménez y Beatriz Adriana, entre otros.

Por la noche, después de la cena, en la plática por alguna razón se abordó el tema del Sida, al

que todos estuvieron muy atentos y mostrando gran curiosidad, incluida doña Nicolasa. Entre la

cuñada de Alejandro, una muchacha que es química y yo explicamos lo que en ese tiempo se sabía

sobre la enfermedad. En la plática surgieron también otros temas sobre varios problemas sociales

y sobre la homosexualidad, así como el rompimiento de los cánones de belleza, y una crítica a la

pureza y a la ortodoxia católica. Criticamos a la iglesia, a los curas y a las monjas; cada quien

hablaba de lo que sabía sobre el sida y la estigmatización de la población homosexual que, en ese

tiempo, era una explicación propia de la época. Al final de la discusión cada se retiró a dormir;

como había tanta gente en la casa, pasé la noche en otra habitación.


47

Viernes 8 de abril Segunda entrevista con Rosenda

Una mañana decidí visitar a la señora Rosenda Osorio con quien, además de haber tenido un trato

cordial, llegó a convertirse en una de mis informantes más importantes sobre la cultura rarámuri

de esta región. Recuerdo que de las primeras cosas que me contó fue sobre la migración regional

de los rarámuris que habitan en la Baja Tarahumara y sobre su sistema de creencias. Sin embargo,

lo que más me apasionó de su plática y personalidad, fue el relato sobre una extraña enfermedad

que padeció, para la cual hubo necesidad de realizar varios rituales con intervenciones musicales.

Cuando entrevisté a Rosenda, era una mujer de 60 años aproximadamente. La enfermedad que

tuvo consistía en no querer salir de su casa por ningún motivo y su encierro se prolongó por siete

años.

Rosenda me explicó que esta enfermedad se la había transmitido el arco iris y el torbellino,

ambos con simbolismos muy particulares en la cultura rarámuri. Sus principales síntomas

radicaban en la molestia a la luz, al agua, junto con diversas fobias y ansiedades. Muchos médicos

alópatas y curanderos tradicionales intentaron curarla. Un médico tradicional le dijo que debía

lavar todas sus cosas de adentro de su casa porque en el cuarto donde dormía habitaba el

demonio. El hecho de limpiar toda su casa, aunado a la participación de los danzantes de

matachines y de yúmare durante su enfermedad, fueron determinantes para su curación. Rosenda

me contó pausadamente las causas de su enfermedad y de su consecuente tratamiento con distintos

curanderos. Al final narró minuciosamente que durante el tiempo de reclusión, sólo soñaba que le

aventaban agua terrosa en la cara. Las curaciones referidas por Rosenda incluyen varias tesgüinadas,

con baile de matachines, yúmare, rezos y raspa de bacánohua, una planta a la que se le adjudican

elementos mágicos de curación. En su narración, Rosenda refiere también poderosos simbolismos


48

culturales como mitos, creencias y actividad musical que en conjunto articulan significados de sanación

en el proceso curativo.11 Por otro lado, si bien Rosenda adjudica al arcoíris la enfermedad, también

mencionó al torbellino como detonante de su perturbación mental.

Rosenda siempre estaba dispuesta a platicar. El hecho de que ella hubiese vivido con población

mestiza, le daba deseos de hablar y pensar en español. Considerando que su casa se encontraba en la

Sierra a escasos dos kilómetros del rancho dónde yo vivía, aproveché para abordarla y hablar con ella.

Al llegar a su casa me invitó a pasar e inmediatamente entré en un cuarto que estaba al lado derecho de

la entrada. La saludé y le plantee directamente la pregunta sobre cómo contrajo su enfermedad.

Rosenda me instaló en su casa y no tuvo ninguna reserva para iniciar su relato. Sus hijos y esposo se

juntaron poco a poco en el cuarto en donde nos encontrábamos:

—Es que estaba yo allá arriba, era el tiempo de las aguas y estaba medio nublado; yo estaba

cuidando vacas y estaba lloviznando así poquito, así, así. Entonces yo me fui para arriba corriendo

hasta entrar en una huerta, mientras que pasaba el agua; las vacas ahí estaban comiendo zacate.

¡Luego lo vi yo primero! Allá arriba estaba ese arcoíris, luego al ratito vi que ya se había movido a

donde estaban las vacas; al rato, vi que ya venía para acá donde yo estaba así caminando.

11
Llama la atención que aquellos que sufrieron un cambio de conciencia en el ritual de curación

fueron principalmente los danzantes y ella de manera indirecta. Dicho efecto es similar a lo que

describe Claude Lévi-Strauss sobre la eficacia simbólica, en donde una mujer parturienta participa

en el rito de curación, pero ella cumple la parte inmóvil y de expectación, mientras que el

curandero es el que maneja la dinámica de cantos y discursos para que sane el enfermo (Olmos,

2011b).
49

Entonces yo de ahí me arranqué y me hice para acá, y donde está la cueva me metí. Pensaba yo

que yéndome para allá, ya no iba a venir. Pero a donde yo iba caminando, el arcoíris me seguía.

La lluvia continuaba cayendo y arranqué para este lado; como mi señor estaba allá arriba

limpiando un poquito trigo, ahí mismo llegué corriendo. ¿Usted qué tiene?, me dijo. Entonces ahí

mismo se paró ya, ese arcoíris ya no siguió caminando hacia donde yo estaba. Después ya vine

para mi casa y tomé un vaso de palomario, que dicen que es muy bueno para el susto, eso tomé

yo nada más para el susto; porque ansina me estaba haciendo el susto yo creo. ¡Ah! y luego allá

en el arroyo estaba yo lavando. Entonces de allá vino también un torbellino grande, así entonces

pasó por ahí cerquita. Agarró tierra y como que me la aventaba en la cara. ¡Así sentí yo!, ¿por qué

será?, así me dije. Luego se fue para arriba y desapareció ese torbellino. ¡Muy claro sentí que me

aventaban tierra! Así como si una persona hiciera eso, así fue como me pasó.

—¿Y entonces, cómo fue que te curaste? —pregunté.

—Sí, la gente decía que tenía eso y pues está bueno decía yo. Y luego cuando me hicieron

danza iban en la tercera música fumaban cuando no estaban tocando. Ellos me decían que me

tocaban música para pedirle a Dios, “para que quedes bien”. Al final tratan de oír a Dios, y luego

ponen una cruz con unos santos también, “parque Dios te ayude, para que ya no estés enferma”,

todo eso me decían. “Dios te va ayudar mucho, por eso vamos a tocar aquí este violín, solamente

para pedirle a Dios”. Tocaban violín y guitarra sólo pidiendo a Dios. Después bailaban cuando ya

pasaba la curación. “Ahora que ya estás bien, ahora sí ya pueden bailar”, decían. Después, toda la

gente tenía que pasar a tomar tesgüino, “cada quien una weja”,12 decían, “porque ya estás bien y

12
La weja es un recipiente hecho del fruto de un árbol que da el bule o weja. Existen distintas
50

tú ya te sientes bien porque ya te hice la curación”, eso me decían. ¡Después tocaban ya como

tres, cuatro veces y terminaba!

—¿Cuánto tiempo tocaban?

—Tocaban una vez, después otra vez, hasta que terminaban cuatro veces, entonces sí ya

terminaban. Más tarde tocaron matachines y bailaban. La primera vez, cuando te hincas, la gente

toca muy quedito ¡Muy quedito tenían que estar toda la gente sin decir nada! Sin platicar, nada

más oyendo. Cuando ya pasaba ese momento, entonces ya hablaban, y tomaba cada quien de una

weja de tesgüino. Y así les tocaba bebida a todos, a todos les daban, y después seguían tocando.

¡Tomaban una weja de tesgüino! Así como quién e toma un vaso de agua. Primero les dan a los

músicos, y al que te cura también… ya después él mismo avisa para que le den también a toda la

demás gente, “para que tomen también”, decía. Una weja nomás para todos los que vinieron. ¿Y

los de aquí? “También ustedes pueden tomarle”, le decían así a mi señor, a mí no me daban,

porque yo estaba enferma.

—¿Qué pieza era la que tocaban? —pregunté a Rosenda.

—Pues yo oía que ellos mismos decían que puras canciones para pedirle a Dios.

—¿Sabes cómo se llaman esos sones?

—No, no sé eso, no sé cómo se llama, yo estaba quedito… oyendo ahí, yo estaba muy

variedades de bule y en muchos grupos indígenas del país se utilizan como recipientes según el

corte que se le haga a éste, dado que su forma se asemeja a la de una pera. Se pueden hacer

cucharas, jícaras, recipientes pequeños y grandes, platos, o usarse también para almacenar agua si

se corta únicamente el extremo más angosto.


51

enferma, yo escuchaba muy quedito. Después bailó otro hombre que vino con ellos, también

bailaba muy quedo, después ya seguía tomando. El que bailaba era Chon Cruz, acá en la otra

banda vive, ese también vino. Ya adentro bailaban todos y tomaban también las mujeres. Bailaron

hasta que se acabó el tesgüino. Entonces ya no oía nada… a todos les dábamos comida y después

se iban todos para su casa. Se quedaban todo el día y se amanecían. Llegaban como en la tarde

cuando empezaba a meterse el sol. Estaban aquí toda la noche y se iban hasta otro día, como a las

12 todavía no se iba ninguna persona. Toda la noche estaban aquí, y así hasta el otro día, hasta

que amanecía, ya en tarde se iban.

—¿Qué te decían los señores sobre tu enfermedad?—volví a preguntar.

—Pues decían que la gente me estaba haciendo mal, que por eso me pasaba esto, que por eso

estaba yo así, pero que no me iba pasar nada, que de todos modos yo me iba a aliviar, que no me

iba a pasar nada, nomás que no tuviera yo miedo a nada, “a ninguna persona tengas miedo” dijo.

Con mucho esfuerzo me vinieron a curar.

Pese a que Rosenda entrecortaba las frases y solía cometer errores en castellano, su acento

pausado era tal, que todas las frases las acentuaba como si se tratara de algo grandioso. Una frase

rápida abierta con algún intervalo tonal abierto, mientras que la conclusión de su frase era rotunda

y con gran elocuencia.

—¿Quién más te vino a curar? —pregunté.

—Pues ese Ismael. Él me dio ajo cocido porque decía que yo estaba muy asustada. Me dijo

que lo tomara en la mañana y luego en la tarde otra vez, así tres veces, “tres veces” me dijo.

Luego me sobó aquí, nada más aquí. —Rosenda se señalaba el pecho—. Me dijo que por aquí yo

tenía, como... ¡una espina! Luego al final me sobó aquí otra persona que me decía, tú debes de
52

tener ahí una weja de agua para cuando salga la enfermedad. “Si yo la tomo”, me decía, “me pega

una borrachera porque es muy fuerte la enfermedad esa”. Y así, me sobaba y me sobaba, luego

así, luego por acá… Así sacó con la boca una espinita de ese mal, así sentía yo muy feo. Ya

después que me dejó, ¡ya nada! Yo ya me sentía rete bien, y luego él se ponía como atarantado,

cuando ya sacaba esa espina; tenía que tomar bien pronto un vaso de agua, se enjuagaba la boca.

Eso lo vi solamente una vez, ya después no. Este señor vino como tres veces. Después yo ya

estaba mejor, y él nomás venía a verme a ver cómo seguía yo. Después de que me sacó la espina,

me dijo ya estás bien. Entonces él ya me veía andar ahí haciendo comida, y yo le daba comida.

“Porque usted vino y me alivió mucho”, le decía yo. Cuando ya se iba, le hacía lonche para que

llevara allá en su casa y coma. Mis hijos lo encaminaban hasta allá arriba de la montaña.

—¿Y vino a curarte Chon López?

—Ese también me curó mucho aquí. También me decía ansina, que la gente me hacía mal aquí,

que por eso estaba yo así. “Pero no te va a pasar nada”, me decía. Así me dijo, él ya se murió.

—¿Ya murieron todos?

—Sí, mi mamá y yo todavía estamos —ríe con un poco de vergüenza— y yo todavía estoy.

—¿Murieron todos los que te curaron y tú sigues viva?

—¡Sí! yo todavía estoy viva, ando todavía, a veces un poquito enferma, nomás cuando

empieza a dolerme...

—¿Qué otra persona vino que te haya sacado algo o te haya pasado algo para curarte?

—Son tres, pues ese Jesús, es uno, y luego ese Chon López son dos, y ese Nazareno Rivas son

tres, Ismael son cuatro: cuatro personas.

—¿Y quién fue el que te curó? ¿Ismael?


53

—Sí, con ese me sentí mejor...¡Ah¡ la señora esa Teodora que vive allá en Choix, esa también,

me dejó mejor, porque ya en todos lados yo podía comer mejor, ya podía andar, yo nomás

quedito.

—¿Para curarte dices que estabas en la otra parte de la casa?

—Sí allá adentro en otro cuarto. Allí me estaba yo, ahí sentada por ahí.

—¿Y ahí había algo que te enfermaba?

—Pues no sé si estaría, no sé…

—¿Tú por qué crees que te enfermaste?

—No sé por qué me enfermaría, yo digo que por algo, pues como se va a enfermar uno así

nomás porque sí. Tanta gente que me curaba y no se me quitaba.

—¿Y qué comías?

—Pues yo nomás comía a fuerzas. Me daban nomás puro atole, no tenía nada de comer, puro

atole me daban en un vaso, nomás atole tomaba. Lo que me daban tomado pronto me lo acababa,

pero si me daban tortilla no podía yo comérmela.

—¿Te costaba trabajo pasarla?

—Sí, como que masticaba y mejor quería echar todo para afuera, así me pasaba. Un pedacito

chiquito así nomás comía yo tortilla, y con un vaso de atole para que se me pasara. Me decían:

“Tienes que comer a fuerza. ¿Cómo vas a estar así, si no tienes comida en el estómago? Así nunca

te vas componer”. Hasta que por fin ese doctor mandó un alimento en un bote, quién sabe qué era

eso que me dieron así batido como leche.

—¿De dónde era ese doctor?

—Era de allá de debajo del Fuerte, de allá del Fuerte de allá para Sinaloa. Ese también vino a
54

trabajar aquí con el INI. Ese estuvo mucho tiempo ahí trabajando ese doctor ahí. Él vino para acá

porque lo mandaron llamar. Le dijeron que aquí estaba una enferma, que no se le quitaba un mal.

En la noche llegó y estuvimos buen rato aquí; el carro allá arriba lo dejó, y al final se fue otra vez

de vuelta. Nomás una vez vino aquí, pero después me mandaba medicina. Ese sí me alivió, ese fue

el que me levantó, me mandó muchas cosas, muchas medicinas, muchas inyecciones.

—Ahora platícanos sobre la creencia del día de muertos en Cuiteco. ¿Por qué hay que llevar

comida a las tumbas?

—Porque dicen que quieren mucho a los muertos, y que ellos tiene mucha hambre, que cada

año Dios los sacó para que salgan y les den comida. Cada año hay que hacer eso. Así como

nosotros andamos aquí vivos comiendo pinole, tortilla, naranjas, tomamos un vaso de agua,

tomamos soda, tomamos tesgüino. Así ellos también andan pidiendo, por eso le ponen ahí

comida. Porque cuando vienen y están comiendo, ellos se sienten muy a gusto. Ya cuando comen,

agradecen que uno les haya traído comida: “usted si me trajo comida, si te acordaste de mí” ¡Así

dicen! Allá en Cuiteco tengo yo mi mamá, y mi papá, ellos también ahí están. Yo siempre veo a

toda la gente ahí poniendo comida, ya que terminan de rezar, entonces dejan la comida y aparte

traen comida ellos para comer allá. ¡Hasta se ponen debajo de los árboles y ahí comen ellos!

—¿Por qué cuando muere un niño o una persona a veces ponen lumbre con táscate en el

arroyo con cosas que hacen mucho humo?

—Después de que lo entierran, hay que pasar así en la lumbre las manos, así, porque ya ella ya

no va a vivir. Ya nosotros vamos pasando, vamos cambiando, entonces así ya no corre la

enfermedad a los vivos, a los que se van a quedar. Eso se hace para que ya se vaya, y para que ya

no se ande enfermando la demás gente. Cuando lo entierran, ahí van a poner lumbre, para hacerlo
55

de esta forma.

—¿Y en los panteones o en la cuevas donde están los restos de la gente qué sucede si ustedes

los sacan o los tocan?

—Pues nosotros vemos muchas cosas. Vemos los huesos así, pero nosotros no andamos ni

agarrando ni tentando eso, porque luego le hacen mal a uno. A los chabochis no les hacen nada.

Dicen que porque es sangre diferente. Nosotros nunca andamos agarrando eso, porque nos da

miedo.

—¿Y tú crees en los espíritus que hay en el monte como el del arcoíris que te enfermó?

—Pues ese también ya ves. Pues nomas esos, sé que sí hay muchos espíritus, se muere gente y

después lo asustan a uno. ¡Ahora recuerdo, yo sí vi una vez uno! Me acordé ahora que está

diciendo, una vez se murió un hermanito mío. ¡Yo lo quería mucho! ¡Jugaba yo mucho con ese!

Todo el tiempo estábamos jugando. Allá donde se murió, fue en Bauichivo. Mi hermanito era

chiquito, yo ya era grande, y todo el tiempo andábamos juntos, después se murió. Luego fuimos a

vivir en otra casa, ahí vivía mi abuelito, allí vivía una tía mía, nos mandaron para allá. Quién sabe a

qué me mandó mi mamá, yo fui con una hermana. Mis papás estaban adentro platicando y yo

andaba allá afuera. Luego allá arriba vi una cruz, siempre estaba esa cruz muy grande. ¡Ahí,

jugábamos yo y él dando vueltas así, así jugábamos. ¡Y ahí lo vi, igualito lo vi! ¡Así como era mi

hermanito lo vi! ¡Luego me asusté mucho! Entonces me dije “tengo que irme de este lugar, ¿pero

por qué lo vi si ese ya no vive?”, y arranqué pronto para adentro. Ahí no podía hablar ni decir

nada. “¿Que tienes?”, me decían. ¡Como que una se queda calladita! ¡Así nomás, estaba yo sin

decir nada de lo que vi! No sé por qué lo vi, nomás eso vi. No sé por qué lo vería yo así.

—¿Hay algún espíritu en el monte que te haga bien?


56

—Pues, yo creo que sí hay también algunos que haga bien también.

—¿Y cómo son tus sueños? ¿Qué o quiénes aparecen en tus sueños?

—Si eso sí. Cuando uno está acostado sueña uno con mucho susto. Como que viene mucha

gente, así ve uno, como que uno ya mero se cae en el agua, como que apenas anda, y está en una

piedra, está en la orilla, uno como que ya se va a caer, así cuando uno ya mero se cae, y luego uno

despierta. Ahí luego despierta uno asustado, pero bien. Yo no sé y porqué soñará uno así.

—¿Esos sueños los tenías cuando estabas enferma?

—Sí, esos sueños los tenía cuando estaba yo muy mala. Como que venía mucha gente; luego

que yo traía mucha ropa, a veces aquí en la cabeza, como que me iba a ir al arroyo a lavar,

todo eso soñaba yo. Yo creo que por eso tenía la cabeza atarantada. ¿Por qué tendría tantas

cosas la cabeza? Digo yo. No sé.

—¿Y qué otros sueños tenías cuando estabas enferma?

—Pues soñaba yo muchas cosas. Yo soñaba que venía mucha gente tras de mí, como que me

quería agarrar, y que yo arrancaba de miedo. Así soñaba yo, y luego al ratito, cuando ya de a

de veras me querían agarrar, pues luego despertaba. Y nada, que era sueño. ¿Sería porque me

iba a enfermar? No sé qué cosa sería eso —Ríe a carcajadas al recordar su sueño.

—¿Qué otro sueño recuerdas?

—Cuando estaba bien mala soñaba mucho, con muchos animales. Mucho, mucho animal,

como que veía mucho animal que estaban ahí. Yo andaba por ahí, y no podía pasar porque se

amontonaban. Cuando aparecían de a de veras otra vez, entonces yo ya no podía pasar, y

entonces despertaba yo. Así soñaba yo. ¡Otras veces soñaba con mucha agua que iba corriendo

así como en tiempos de las aguas, que ya crece mucho el agua! Así soñaba yo a veces.
57

—¿Sabes qué quiere decir cuando se sueña agua revuelta?

—¡Pues, yo también soñaba con eso! Dicen que es pura enfermedad el agua así bien fea; uno

no puede pisar porque es pura enfermedad. Yo así soñaba. También soñaba que la casa ya no

era igual; como que ya se quería caer; y estaba yo… al despertar... y estaba bien.

Sábado 9 de abril

El día amaneció maravilloso, muy soleado. Como a las 12 horas las muchachas insistieron en lavar

mi ropa, a lo cual puse muy poca resistencia y les agradecí que me hicieran ese gran servicio. Los

niños pasearon a caballo y había gran tranquilidad a pesar de que a lo lejos en una grabadora

sonaba trova cubana y en otra, al mismo tiempo, música ranchera.

Germán, el nieto de doña Nicolasa e hijo de Ema, tiene 7 años y ya cabalga con la maestría de

un jinete. Lleva siempre el ritmo del caballo y éste le respeta. Al contemplarlo sentí nostalgia de la

niñez, y pensé en la manera como los niños se apropian de su entorno y disfrutan de este espacio a

través de sus sentidos.

Ya en la noche, las mujeres de la casa me mostraron su curiosidad de escuchar la entrevista

que hice a Rosenda. Aunque yo consideraba en ese momento que dicha información era

absolutamente confidencial, sentí la necesidad de dar cuentas de mi trabajo a la familia que me

hospedaba en ese momento. Por fin hice sonar en la grabadora medio casete y les causó gracia

escuchar las expresiones utilizadas por Rosenda, que en ciertas partes de la narración confundía

palabras dándoles un doble sentido, lo cual evidenciaba que el español no era su lengua materna.

Al terminar de escuchar, todos dieron fe de la información que Rosenda me proporcionó.

Lunes 11 de abril
58

Visita a Areponapuchi

El domingo anterior varias familias que nos acompañaban en el rancho salieron de regreso a sus

lugares de residencia. Fuimos a dejarlos a la estación del tren de posada Barrancas en

Areponapuchi. También se fueron cuatro muchachas a quienes acompañé junto con Bertha, nieta

de doña Nicolasa, y Malena, su hija, junto con sus dos inquietos niños, Ceci y Lupito. Noté cierta

tristeza en doña Nicolasa y en Alejandro al sentir estas ausencias a pesar de que en el rancho

todavía quedábamos 15 personas incluyendo a los niños.

Cuando pasamos por la casa de Conis, hermana de Malena, supe ella vendía huaris o cestos

pequeños hechos por los indígenas. Conis vendía además huaritos, tambores y collares entre otras

cosas. Nos dirigimos a su casa y en ese momento llegó también Miguel Rivas, el violinero de la

fiesta de Saquirachi. Me dijeron que él era el surtidor oficial de productos indígenas de su tienda.

El señor se los vende a Conis y ésta, a su vez, los revende a los turistas.

Me mostraron un violincito que había fabricado Miguel, lo revisé y pude darme cuenta de la

calidad del trabajo. La madera utilizada era de táscate y sabino, mientras que las cerdas del arco

son de cola de caballo. Miguel, muy amablemente, interpretó una pieza que le pedí de matachines:

el son de conejo y el son de venado. También tocó la melodía que había tocado en la fiesta. Le

comenté que yo quería comprar unos huaris y un tambor, y que estaba por decidirme a comprar el

violín. Él me preguntó:

—¿Cuántos vas a querer?

—Por lo pronto uno de cada uno.

—¿Dónde vive usted?

—Para allá bajo. —Le respondí.


59

En ese momento aproveché para plantearle una pregunta más:

—¿Cómo se llama la música que tocó en la fiesta?

—No sé cómo se llama —respondió.

Seguimos por el camino hacia la estación de Posadas y prometimos pasar de regreso para

pagar el violín y los haris.

Estuvimos casi tres horas en la estación. Antes de llegar al tren me acerqué a las indígenas del

hotel Posadas que tenían sus puestos donde vendían artículos diversos. En el primero vendían

collares con tambor que costaban 3 000 pesos o 2 000 sin tambor. Los huaris sencillos costaban 1

000, 5 000 y 10 000; uno más grande costaba 20 000 pesos. También vendían figuras de palo

fierro (que pertenecen originalmente a la cultura comcáac); las bolas de madera para la carrera, en

un puesto costaban 1 000 pesos y 500 en otro. Les pregunté a las mujeres en dónde habían

pasado la Semana Santa y una de ellas, de nombre Rosa, contestó que en San Alonso. Al frente de

otro puesto estaba una niña que tenía un tambor como de 50 cm de diámetro que fue hecho por

su tío; era la única niña blanca que tenía un puesto.

Una mujer rarámuri, de nombre Genoveva, accedió a responder algunas preguntas aunque de

manera pausada. Le pregunté sobre los huaris, sobre su precio y cómo los hacen, entre otras

cosas. A su lado había otra mujer que le hablaba en tono muy bajo, quien por cierto no respondió

nada de lo que le pregunté. En un momento Genoveva me preguntó:

—¿Para qué quiere el huaris?

—Para una muchacha, ¿crees que le guste?

—Quien sabe—dijo riéndose entre dientes, agachando la cabeza y tapándose la boca.

Poco tiempo después caminamos hasta la estación que estaba a unos 50 metros del hotel. Las
60

muchachas tomaron el tren y al final regresé con Malena y Bertha al mirador del hotel, desde

donde se aprecia la majestuosidad de las barrancas del cobre. El lugar es estupendo e ideal para

los turistas que van a disfrutar de este paisaje maravilloso. El mirador se encuentra decorado con

objetos tarahumaras.

Bajamos más tarde a la Cueva del Chino que, dicho sea de paso, es parte de los recorridos

turísticos de los hoteles que se encuentran en esta parte de la sierra, en donde pagan a una familia

para que permanezcan en el lugar la mayor parte del tiempo, para mejor apreciación de los turistas

amantes del exotismo rarámuri.

En la cueva había una familia rarámuri. El padre estaba terminando de hacer un violín y le

pregunté el precio de otro, y, sin dar más información, respondió que costaba 35 mil pesos. El

violín que estaba terminando lo iba a dar más caro por ser exclusivamente para turistas. Parecía

estar acostumbrado a platicar con ellos porque a esta altura de la conversación el señor ya

contestaba más ampliamente. La esposa no hablaba español más que para dar los precios: los

collares y las flautas costaban 1 000. El señor me informó que también había pasado la Semana

Santa en San Alonso.

El camino a la cueva está lleno de letreros para que los turistas puedan llegar sin

contratiempos. Los objetos de la familia rarámuri también son parte de la exposición para los

turistas así como todo lo que rodeaba la cueva, senderos, letreros, objetos, entre otros elementos.

Regresamos al rancho después de comer en casa de Conis. En el camino nos encontramos a un

grupo de cinco muchachos que estaban fumando mariguana. Nos hicieron un poco de plática y

después continuamos el camino. Salimos de la casa de Conis 25 minutos antes de las 8 y llegamos

al rancho cerca de las 10 de la noche.


61

Todo estaba muy serio, no sé si porque nos tardamos o porque ya se había ido mucha gente.

De alguna forma yo preferí estar con menos gente de la que había hasta hace algunas horas.

Regresé a mi aposento original y finalmente logré conciliar el sueño.

Siembra de la papa

Ese día se sembró papa en el rancho. En el trabajo participó doña Nicolasa, su hija Emma, su

yerno Chon y Alejandro. Chon hacía el surco con la yunta y las mujeres sembraban cada papa a

un metro de distancia. La papa que tenían era de Sinaloa y como venía de clima caliente temían

que no se diera, pero no pudieron conseguir de otro tipo. Una vez que estaba sembrada, le

pasaron la yunta nuevamente para cubrirla. Cada papa quedó a unos 15 cm de profundidad. El

proceso terminó pasando una rama para emparejar el suelo. La siembra tardó tres horas y se

realizó cuando la luna estaba en cuarto menguante.

En un momento del día les dije a Chon y a Alejandro que quería hacerme unos huaraches pues

el talón de mi bota ya se había vencido por completo. Alejandro se encargó de hacerme la forma,

sólo faltaban las correas para lograr caminar con la comodidad que lo hacen los rarámuris.

Martes 12 de abril

La sonoridad del rancho

Aparentemente la música se fue junto con toda la gente. Nadie se preocupó por poner un casete o

buscar algo en la radio. Bertha a veces trataba inútilmente de encontrar una estación, pero la

recepción era muy mala. La única que se podía sintonizar era la radio indigenista XETAR “La voz

de la Sierra Tarahumara” (que pertenece al INI) debido a que el rancho se encuentra en medio de

las montañas. La música que se oye esporádicamente son los cantos de Bertha con alguna canción
62

norteña, mis cantos o la reproducción de algún casete a velocidad muy baja por el fuerte deterioro

de las baterías.

En este ambiente de completa serenidad sólo una persona mostró ciertas preocupaciones. El

día anterior dijo que le dolía la cabeza y supusimos que tenía alguna tensión. Yo no podía dejar de

pensar en lo absurdo de aferrarse a cualquier neurosis estando en medio de esta naturaleza

majestuosa. En fin, ella es oriunda de aquí a pesar de vivir en Chihuahua y yo no.

La noche anterior, Alejandro regresó de San Rafael y me contó sobre la tenencia de la tierra.

El ejido en esta parte de la sierra cuenta con 68 miembros, de los cuales 30 son chabóchis o

blancos. Este ejido es muy joven, a finales de los años ochenta tenía alrededor de 15 años y sus

miembros tienen diferencias culturales y económicas muy evidentes las cuales inciden en su mala

organización. Alejandro me invitó a una junta de ejidatarios para la semana siguiente y yo asentí.

Entre la información que me dio sobre el ejido me habló de una motosierra con que contaban y

que en ese momento estaba en manos de algunas personas aunque era propiedad de todo el ejido.

“Ya no la van a regresar”, precisó. Finalmente concluimos la plática comentando sobre la

homosexualidad practicada entre algunas personas del lugar; sobre este tema las mujeres

mostraron cierto asombro y curiosidad. Al final del día contamos chistes y luego nos fuimos a

descansar. Estando en mi cuarto, me hice consciente del silencio absoluto que hay en la Sierra, el

cual sólo solía ser interrumpido por el Turco, el perro de la familia, que ocasionalmente perseguía

a los coyotes que osaban pasar cerca del rancho.

Miércoles 13 abril de 1988

Los asesores del INI


63

El día anterior tuvimos una jornada muy intensa. Eran aproximadamente las 12 del día cuando

pasó una camioneta con cinco personas: un hombre manejando, dos mujeres sentadas adelante y

otros dos hombres en la parte de atrás. Alejandro se adelantó para detenerlos y les preguntó si le

iban a dar fertilizante; el hombre que venía manejando contestó que no. Las muchachas y los

hombres de atrás venían a dar capacitación a los indígenas sobre el cuidado de la manzana y el

chofer era un veterinario que venía a vacunar a los perros contra la rabia. Nos invitaron a subir a

Alejandro y a mí y llevamos unas pinzas para podar los árboles frutales que nos habían solicitado

los agrónomos. Nos dirigimos a la casa de Miguel Osorio –arroyo abajo a 2.5 km– donde ya

estaban congregados los rarámuris de Arecaina y Saquirachi. En el camino nos informaron que

trabajaban en el INI y que venían de Chihuahua. El chofer era el veterinario oficial del INI.

Llegamos a casa de Miguel Osorio donde había como 20 hombres, saludamos a todos y entre

ellos a Lupe gobernador de Saquirachi. El veterinario fue el primero en tomar la palabra. Hablo

sobre el quehacer de los muchachos que le acompañaban. “Ellos les hablarán sobre el cuidado que

deben tener con los manzanos”, agregó.

Uno de los muchachos, que parecía ser el más joven y el más experto, fue el primero en

exponer. Se dirigió a uno de los árboles de manzano y comenzó a explicar las técnicas para la

poda anual. Los demás muchachos fueron tomando turnos para hablar y al último les tocó a las

muchachas. Lupe les hizo un chiste a las muchachas en forma de burla viendo su inexperiencia y

las personas se rieron a carcajadas. Alejandro dijo:

—El problema es que no tienen pinzas para podar. Todos saben podar los manzanos pero no

tienen las herramientas.

Hubo otros comentarios aislados. Frente a mí y frente a uno de los muchachos, Alejandro
64

señaló también que eran muy pocos los hombres que tenían huertos debido a que era mínima la

capacitación. Mientras tanto, el capacitador dio consejos de cómo aplicar los fertilizantes y al

terminar apuntaron el nombre de los indígenas presentes y el número de árboles que poseían con

el fin de pedir fertilizante suficiente para todos. En ese momento las personas inconformes

preguntaron que por qué solamente a los indígenas presentes se les iba a enviar fertilizante y uno

de los muchachos dijo que el Conafrut de Chihuahua ya tenía las listas actualizadas. Sin embargo,

se planteó la pregunta de por qué la comitiva que venía de Chihuahua había levantado otro tipo de

listas de los fruticultores de la región en dónde había excluido a algunos ejidatarios mestizos.

Conversé un momento con las muchachas, quienes expresaron curiosidad sobre mi origen y

sobre mis estudios. Ellas tenían la impresión de que yo era hijo del señor Loya y les expliqué que

él había muerto y que yo estaba ahí por invitación de una de sus hijas por ser compañeros de

carrera. Ellas comentaron que iban a permanecer seis meses en San Rafael y me di cuenta de que

sus ropas no eran adecuadas para el tipo de terreno y de región, así que me permití aconsejarles

que cambiaran de zapatos y que usaran sombrero.

El veterinario, por su parte, vacunó a todos los perros que encontró en su camino, que en total

fueron 20, incluyendo a nuestros compañeros del rancho: El Turco y La Golondrina.

Después de llegar al rancho, como a las dos de la tarde, nos fuimos inmediatamente a San

Rafael por provisiones y fuimos a vacunar a Nayeli, la hija de Alejandro. En el camino platicamos

y casi entramos en discusión sobre el problema de los indígenas tarahumaras o rarámuris porque

para mis acompañantes se trata de unos indios huevones y borrachos; para mí, en cambio, existen

muchas más implicaciones en el problema de la pobreza y cultura de los indígenas de las Sierra.

En el viaje hacia San Rafael, íbamos Chon y yo en la parte trasera de la doble rodada, y en
65

varias ocasiones atravesamos las vías del tren. Sin embargo, una de las veces Alejandro no se dio

cuenta de que el tren se aproximaba justo en el momento en que íbamos a cruzar las vías, así que

Chon gritó muy fuerte “Apúrate que ahí viene el tren”, pero Alejandro no se dio por enterado. En

ese instante Chon y yo ya estábamos escalando la rejas de la caja para saltar hacia afuera de la

camioneta. En fracción de segundos le volvió a gritar: “¡Ahí viene el tren!” y esta vez sí lo pudo

escuchar y Alejandro reaccionó acelerando al tiempo que el tren se aproximaba. Por escasos

segundos logramos ganarle al tren y continuamos nuestro camino.

Hice una visita al INI y platiqué con su director, Manuel Rodríguez, entre otras cosas le

pregunté en dónde había estudiado y me respondió que en Veracruz. Platicamos cerca de 15

minutos sobre la zona en general, sobre los tres aserraderos en San Rafael y también sobre la

música. Me recomendó una revista de México indígena sobre violines de la Sierra Tarahumara.

También me dijo que Lupe, el gobernador de Saquirachi, es uno de los dos músicos más

importantes de toda la Sierra Tarahumara que interpretan el “chapareque” o arco de boca,

supuesto instrumento de origen prehispánico. También comentamos sobre la situación de la

antropología y de su enseñanza en México.

El director vive solo en una de las casas del centro coordinador en donde se ubican también las

oficinas administrativas. Las instalaciones del INI son buenas en general. Todas las casas son

iguales, en éstas viven el economista, el doctor, el abogado, el odontólogo, el veterinario y el

agrónomo. Además tiene tres construcciones para la administración; en una de ellas hay un

auditorio donde caben unas 300 personas.

En la casa de visitas del INI me encontré a las muchachas fruticultoras que habían ido a

Arecaina. Platiqué con ellas unos minutos, intercambiamos direcciones y nos despedimos. Regresé
66

caminando al centro de San Rafael y ahí encontré a Alejandro, su mujer, su niña y a Bertha.

Después compramos víveres, comimos en casa de Elena y fuimos a visitar a Silvano, el hermano

de doña Nicolasa. Silvano era un anciano que estaba enfermo y vivía en condiciones muy

insalubres.

De regreso a Arecaina, viajé de nuevo con Chon en la parte trasera de la troca. Le pregunté

sobre su rancho “El Muerto”, él me dijo que la comunidad de “El Roble” estaba muy cerca de ahí.

Me dijo que el terreno es más plano y que hace más frío que en Arecaina. También le pregunté

sobre el barranco al cual irían al día siguiente en comitiva para vender alimentos. Me platicó que

también allá estaba muy bonito y que han sacado oro y calcita de aquel lugar. “Este sitio se

encuentra cerca de Álamos, Sonora”, comentó. Se llega hasta la parte alta del barranco y después

se desciende. Este viaje lo hacen para traer naranja, toronja, limón, aguacate, pieles de animales y

animales; todo esto se consume y también se revende. Llegando al rancho cenamos y luego

fuimos a dormir.

El miércoles Chon y Alejandro se levantaron muy temprano para cortar leña, los oí desde mi

cuarto. Cuando me levanté iban llegando con la camioneta llena de madera. Después cortaron la

leña con la motosierra. Por mi parte también colaboré cortando leña buena parte del día. Poco

después de organizar la leña Alejandro, Ema y su hijo Germán salieron al barranco; éste último

tuvo que faltar a la escuela para acompañarlos en el viaje. También se fue Chayo con su hija Irma.

Nos quedamos doña Nicolasa, dos de sus hijos, Bertha y yo. Había más tranquilidad en el rancho.

Me puse a escribir como a las ocho de la noche, mientras escuchaba Radiorama y Radio Cañón.

Ambas estaciones transmiten música norteña y cumbia norteña, y en ese momento sonaba la pieza

“Y ándale” en la voz de Linda Ronstadt.


67

La siguiente mañana aproveché la calma para visitar a algunas personas, entre ellos a Miguel

Osorio y a Eulalio Torres, quién es el curandero de Saquirachi. No obstante el trabajo, tengo un

aliciente fundamental para estar aquí.

Doña Nicolasa jugaba a la baraja con Bertha y Delia estaba acostada con sus niños en el cuarto

contiguo. Dejé de esperar a Socorro, quien llegó a las 8:30. El lugar se me hizo cada día más

agradable. Como a las 10:30 en el radio sonó la canción de la Ruca, original del grupo Flama

Azul.

El chapareque de Miguel Osorio

Caminé unos kilómetros sobre el arroyo y llegué a casa de Miguel Osorio con quien hablé sobre

varios temas. Miguel vive tres casas abajo del rancho en Arecaina, se encuentra a 3 km. Al llegar

inmediatamente me mostró un chapareque que había sido fabricado el año anterior. Me dijo que el

instrumento costaba 8 000 pesos y que su mercado seguro era el INI.

El chapareque es un arco musical hecho de quiote de un agave pequeño que crece en la Sierra,

al que se le pone un pequeño puente de madera en un extremo; del otro lado se le encajan tres

clavijas que tensan tres cuerdas de metal que traviesan de un extremo a otro el quiote. Para

tocarlo hay que sostener el extremo de las clavijas con la mano izquierda, mientras que el otro

extremo del puente en donde tiran las cuerdas, se sostiene con la boca, misma que funciona como

caja de resonancia al enviar con la lengua los armónicos hacia el exterior al momento de rasguear

el instrumento. La clavija es de pino y mide 13.5 cm aproximadamente, siendo un extremo más

delgado que el otro. El instrumento mide 90 cm de largo, su diámetro en la parte más ancha –del

lado de las clavijas–es de cinco cm y de cuatro cm el más angosto del lado del puente. La parte

superior del quiote en donde entran las clavijas, tiene 4 cm de largo y dos de ancho en la parte
68

inferior. El diámetro de las clavijas es de 8.9 mm. Las tres cuerdas son afinadas como la 1ª, 2ª y 3ª

(sol, si, mi) cuerdas agudas de la guitarra, mismas que reposan en un puente de madera de dos cm

de largo.

Mientras Miguel Osorio tocaba el instrumento, su hijo Víctor Manuel se me acercó para

escuchar de cerca la música del instrumento, pero también para ver de qué manera me las

arreglaba para interpretarlo. Miguel Osorio también me mostró una guitarra hecha por un

rarámuri. El instrumento tenía las clavijas de cabeza ancha y diapasón hechos de capulín, esta

madera es más dura que el táscate o pino de la sierra. El puente es también de táscate; todas las

cuerdas son de metal, lo mismo que la guitarra que usaron en la fiesta de Saquirachi. Miguel dice

que con esa guitarra se pueden interpretar lo que él llamó los corridos que en realidad son sones

de tecolote, la ardilla, el zopilote, el conejo, el venado.

En ese momento yo estaba particularmente interesado en la formación histórica del

[Link]é con Miguel Osorio durante varias horas. Me informó con precisión los nombres de

todos los ejidatarios y los comisariados ejidales que han tenido. Esto coincidía con la información

que me había dado Alejandro, en cuanto a que la proporción de indígenas es mayor a la de los

mestizos en la configuración del ejido. “Los mestizos ejidatarios son de Areponapuchi y el ejido

tiene entre 15 o 20 años de historia”, comentó.

Tal como yo esperaba, la visión del rarámuri sobre la familia Loya es recíproca debido a que

existe un sentimiento igual. Miguel Osorio me dijo que el señor Loya tenía varios negocios, entre

éstos el de alcohol, y que gracias a sus negocios había conseguido la tierra del rancho.

En cuanto al ejido, varios rarámuris mencionaron tener un fuerte problema con el comisariado

ejidal electo, pues consideraban que se debió a un favoritismo por parte del delegado de
69

Chihuahua. Los indígenas no lo aceptaron y, a pesar de que ellos son más de la mitad que los

ejidatarios, este comisariado chabochi terminó por imponerse. Ante esta situación los indígenas se

organizaron y el INI les ayudó a redactar un escrito donde impugnaban este proceso. Dicho

escrito fue avalado con firmas de los interesados y se mandó a Chihuahua.

Miguel Osorio ha sido una de las personas indígenas con las que he platicado más a gusto,

probablemente porque se siente con responsabilidad por ser el segundo del gobernador.

La plática continuó. Entre otras muchas otras cosas, hablamos también de los espíritus que

viven en las cuevas y que enferman a la gente cuando se les ocurre agarrarlos, excluyendo desde

luego a los chabochis porque ellos tienen otra sangre. Los indígenas tienen que ofrecer tesgüino a

los espíritus para que no les pase nada. También me dijo que éstos y otros espíritus se ven en los

sueños. Miguel calcula que los huesos de las cuevas son de gente que vivió a principios del siglo

XX, y que esta gente murió en estas cuevas por el frío y no por las tumbas hechas por indígenas

en tiempos muy antiguos. Sobre el espíritu del bosque del que me habló Lupe, él no sabía nada.

Le pregunté sobre los mitos pero respondió que él no sabía, “quizá Chente conoce mejor esas

historias”, respondió.

Mientras platicábamos realizaba sus tareas cotidianas: barbechaba la tierra, platicaba un rato y

después continuaba. Después le plantee el problema ejidal, y seguía hablando a la vez que entraba

y salía de su casa constantemente, hasta que nos despedimos.

Regresé al rancho con un ligero malestar de cabeza, quizá por el sol. En el rancho me

comentaron, sin que yo diera pauta para ello, que a nadie obligaban a comprar alcohol.
70

Fotografía 3. La sierra baja

Fuente: Fotografía de Miguel Olmos, 1996, Baja Tarahumara.

Viernes 15 de abril de 1988

Junta en Areponapuchi

Esa mañana me levanté, desayuné y tomé el camino rumbo a Areponapuchi hacia las 10:30 horas.

La junta ejidal comenzó como a las 12:30, yo llegué un poco después de las 13 horas. Al entrar en

el salón de la escuela me percaté de la evidente desorganización. Aunque estaba por llegar el

delegado forestal de un momento a otro, las personas de origen indígena abandonaron la junta; yo
71

también salí y saludé a Miguel Rivas, a Eulalio, a Lupe, a Miguel Osorio y a Lalo, el esposo de

Conis. En una de las bardas del salón se sentaron los indígenas y yo platiqué con Miguel Osorio.

Al poco tiempo me enteré que los querían hacer firmar un documento de la Reforma Agraria,

debido a que una persona había rentado sus tierras ejidales con el fin de explotar la madera del

bosque. Sin embargo el delegado explicó que esto no era válido. Se me acercó un señor y me

pidió que me identificara. Al parecer conoce bien a la familia Loya. Regresé al salón de la escuela

donde se estaba efectuando la junta después de que volvieron las personas. Nuevamente

insistieron sobre la invalidez de la junta. Yo me identifiqué con el delegado y me dijo que pidiera

permiso al comisariado y a él me dirigí. Él estaba ocupado tratando de organizar a la gente para

que entrara a la junta. Entonces me senté en una banca y comencé a escribir con Miguel Osorio al

mi lado.

En ese momento se leyó un acta en donde se señalaba que se ampliaban las hectáreas en el

ejido Areponapuchi. Entre 54 y 59 hectáreas del señor Osuna se afectaron por encontrarse sin

explotación en el predio El Madroño. Esta información apareció en el Diario Oficial de

Chihuahua y el Diario Oficial de la Federación. La ubicación señala noreste-derecha San

Alonso, Izquierda Mojonera número 1, Predio el Madroño, suroeste 1 420 metros. En ese

momento se dio posesión de los terrenos por un representante de la Reforma Agraria en 1984.

La mesa llamó a una segunda convocatoria para la junta por no haber más de la mitad de los

ejidatarios. Lalo se salió y yo fui detrás de él cuando dijeron que no nos fuéramos. La mesa

continuó con otros asuntos referentes a las utilidades generadas durante ese año.

Un señor volvió a tocar el tema de la venta de las tierras ejidales. En la mesa se encontraba el

delegado forestal quien dijo: “los terrenos ejidales no se venden legalmente así estén de acuerdo
72

todos los ejidatarios. Es posible pedir una cuota, pero tiene que haber un acuerdo porque no se

puede vender, aunque traiga papeles de compra-venta, y aunque se le haya vendido al gobernador,

presidente o quien sea”.

Hubo comentarios sobre las tierras que están ocupando los hoteles de la región incluyendo el

Posada Barrancas y El Divisadero. La mesa dijo que el dueño del hotel debería venir porque a él

le interesa estar bien con la gente del ejido.

Hablaron también sobre los materiales de construcción, como la piedra que se traía desde San

Alonso y con lo cual se está afectando al ejido de Areponapuchi, entre otros.

Regresé con Conis, comimos y le compré un violín hecho por Miguel Rivas. Al terminar de

comer fui a ver el pozo donde el hotel se provee de agua y vi que es un pantano donde hay pura

podredumbre; no obstante lo dueños del Hotel Posadas hicieron una pequeña presa. Remigio, el

hijo de Lalo aprovechó para llevar unos botes llenos de agua al mirador del Hotel Posadas. En

este lugar pude constatar la transferencia de “poder” que tienen los dueños del hotel hacia sus

trabajadores. En casa de Conis, Lalo me insistió que no olvidara escribir que el comisariado ejidal

se hizo de la huerta que tiene en el ejido estafando a un rarámuri.

De regreso a Arecaina mi plácido recorrido fue interrumpido por unos tremendos perros que

estuvieron a punto de morderme, sino es porque el dueño salió a espantarlos justo cuando los

tenía a escasos centímetros de mis piernas. El señor me dijo que su nombre era Antonio Ortega

Monarca; me recibió muy bien y me dio mucho gusto. Al despedirme los perros hicieron lo mismo

que al principio y tuve que correr hasta que dejé de escuchar sus ladridos.

Regresé como a las 8 de la noche al rancho, Bertha me recibió con una limonada. Doña

Nicolasa estaba dormida y al oírme se levantó. Llegué contando mis experiencias y salió a la
73

plática el comisariado ejidal y la forma en que se hizo ejidatario. Doña Nicolasa me dijo que hace

muchos años este señor estaba en esa tierra, y que por lo tanto ya era de ahí. Según me

informaron, el comisariado llegó hace 30 años, compró el rancho al señor Antonio Ortega por dos

vacas, el mismo que minutos antes me había recibido muy amable en su casa, no así sus perros.

Doña Nicolasa platicó del tiempo cuando Mauricio fue comisariado. Estuvimos discutiendo

entre todos los que en ese momento estábamos en el rancho. La conclusión la dijo doña Nicolasa:

todos tenemos cola que nos pisen, por eso este ejido no puede progresar. Mauricio abandonó el

puesto de comisario por tener problemas con los ejidatarios, debido a que éste quería que

trabajaran cortando árboles con las herramientas que en ese momento poseían. No dio mayor

información al respecto.

Sábado 16 de abril de 1988

Intento fallido de entrevista

Esa la mañana doña Nicolasa me platicó ampliamente sobre los indígenas y sus experiencias con

un curandero que los había estafado tratando de curar a su esposo. Me contó también la

experiencia de Rosenda quien estuvo en su casa encerrada por siete años creyendo que estaba

hechizada. Mauricio y Emma le llevaban la comida. Celso y otros señores le bailaban y le tocaban

para aliviarla, pero ésta no se curó hasta que un tío de Chon le dijo que el diablo estaba adentro

de su casa, y hasta que no lavara bien todo lo que había dentro y a ella misma, el diablo no iba a

salir.

Durante la mañana intenté entrevistar a Bertha, la sobrina de Socorro. Ya tenía todo listo para

conocer sus preferencias musicales y la importancia de la música en su vida cotidiana. Había


74

formulado la siguiente guía de entrevistas: ¿Qué música escuchas actualmente?¿Qué música

escuchas en Cuiteco?¿Qué música escuchas en Chihuahua?¿Qué música te gusta más?¿Qué

sentimiento experimentas con la música: soledad, tristeza, alegría, etc.?¿Qué sentimientos buscas

con la música?

Después de varios intentos, Bertha no accedió a responder una sola de mis preguntas. Traté de

explicarme lo sucedido pero la frustración me invadió y preferí hacer cualquier otra cosa cotidiana

en el rancho.

Domingo 17 de abril de 1988

Entrevista con Bertha

Esa mañana hice una relación de los músicos que viven en la región incluyendo a Miguel Rivas,

Lupe Cansio, y Agustín Cruz como “violineros” y de “curanderos” entre los que puse a Ismael

Quezada y Chon López. Bertha se enfermó y, a pesar de su malestar, ese día por fin me concedió

la entrevista que había venido postergado desde que llegué a este lugar. Al principio, no se privó

de expresarme una gran cantidad de reproches y burlas insoportables. Por fortuna, todo eso fue

desapareciendo y se fue tranquilizando. Las respuestas que obtuve de ella fueron:

La música que más me gusta es la corrida: ranchera, norteña, música de baile; según a donde

hay que bailar. A mí me gusta la música para bailar y para escuchar a los Yonic’s; la música de

los Bukis también se pueden bailar; la música que escucho es la que bailo. Igual que aquí en

Cuiteco no se escucha el radio pero pongo casetes. Me gusta el rock en español, la música

romántica en inglés, rock tranquilo en inglés, country, un poco de todo. En Chihuahua escucho

más música porque tengo más tiempo, tengo el radio prendido hasta las dos de la mañana.
75

Según el estado de ánimo que tenga cambio de estación hasta que me encuentre una canción

que se adapte a mi sentimiento.

Al final de sus breves respuestas no dejó de comentar: “Cuando se le ofrezca otra entrevista

estoy a sus órdenes en Arecaina”.

Lunes 18 de abril de 1988

Entrevista con Lupe y asamblea en San Rafael

Después de montar durante dos horas, llegué a San Rafael. Por el camino encontramos a Lupe

Torres, Vicente Ortega y a Miguel Osorio, y con ellos me fui al centro coordinador del INI.

Llegamos alrededor de las 10 horas a las instalaciones. Entré a una reunión que creí que iba a ser

con indígenas, pero resultó ser con directores de albergue, de cualquier manera registré

información muy valiosa sobre la organización de estos sitios. En el centro coordinador se

reunieron los pobladores de Arecaina y Saquirachi para recibir ayuda en semilla y fertilizante.

Antes de comenzar la asamblea en donde se discutió la ayuda que recibirían los indígenas,

platiqué con Lupe Cansio sobre la música de curación y sobre la tradición del día de muertos. Él

me dijo que conocía algunas piezas y que también las ha tocado para sanara la gente. Comentó

que también se puede curar por medio de piezas musicales pero que él sólo sabía unas cuantas

piezas. Eulalio le ha pedido tocar para sanar y me comentó que Celso también curaba. Al final me

confió que sabía curar el espanto con ajo y que sanaba también con el agua del bacánohua. En ese

momento recordé que en la versión de doña Nicolasa, cuando el curandero ve a alguien enfermo,

ya sabe lo que necesita. De acuerdo con Celso Torres, el ajo se aplica con oraciones y con música.

—¿Sabes llamar a los muertos? —pregunté a Lupe.


76

—Eso sí no sé, los muertos vienen tres días después que mueren gracias a la ayuda del

curandero [Eulalio] y también el día de su santo se aparecen como el viento.

Le comenté que me interesaba saber cómo es que Eulalio curaba y Lupe me respondió que no

sabía si él estaría dispuesto a enseñarme. Nuestra plática concluyó a las 11:30 horas. En ese

momento tomó la palabra un representante del INI para dar un informe sobre la agenda del día de

la asamblea, incluyendo la semilla que se iba va a otorgar. Comentó que la cantidad de semilla

sería muy inferior a la del bimestre anterior debido a una deuda de 10 000 000 pesos que se tenía

con la Conasupo.

La gente se congregó frente al centro coordinador para que les dieran fertilizante y semilla,

según me informaron Miguel Osorio y Lupe Torres. La cancha de básquetbol se llenó de gente

que permaneció sentada esperando la repartición. En otro lugar se encontraban las mujeres con

los niños. Las mujeres vestían sus enaguas de vistosos colores, con una mascada en la cabeza.

En el centro coordinador encontré a varias personas de Saquirachi vendiendo sus artesanías y

cuando me disponía a preguntar los precios me detuve al ver la cantidad de productos e

instrumentos que traían: huaris, tambores y otros más que habían sido fabricados por Eulalio

Torres, Guadalupe Valenzuela, Juan Torres Cruz, Guadalupe Cansio, Celso Torres, Anita Cruz,

Candelario Gutiérrez Cruz.

En la asamblea no se ponían de acuerdo para realizar el reparto y había muchas protestas e

inconformidad. En la mesa un indígena perdió los estribos porque otro rarámuri comentó que si

no había herramientas suficientes para todos que mejor que no se repartieran. Alguien de la mesa

respondió: “yo les trasmito el sentir del gobierno del estado: No podemos dar herramientas a

todos, es decir, a las 120 comunidades del municipio de Urique”.


77

Además, varias personas en estado de ebriedad asistieron a la junta y mostraron

vehementemente su desacuerdo. La mesa continuó interviniendo: “es la primera comunidad donde

no quieren la ayuda”. Las herramientas son prestadas por el gobernador pero se tienen que

regresar en los siguientes 15 días. Se dio ayuda con semilla de frijol y seis u ocho sacos de

fertilizante a crédito por 130 000 pesos a pagar en octubre y noviembre.

Un rarámuri intervino aclarando en su lengua nativa: “pero no toda la gente siembra”. Hubo

que traer un traductor para las intervenciones en lengua tarahumara. Fue el gobernador, a quien le

falta una pierna y tiene apariencia mestiza, quien hizo la traducción. Lupe también tradujo una

parte, señalando: “los fertilizantes son para todos, sean indígenas o no”.

En ese momento se acercó una persona a la mesa para preguntar qué podía hacer para pagar en

caso de no levantar cosecha. Alguien de la mesa respondió tajantemente: “Si no levantan nada en

la cosecha no pagan”. Posteriormente se hizo la entrega de la semilla a las distintos representantes

de las familias, entre ellos: Vicente Ortega, Miguel Rivas, Antonio Ortega, Ernesto Ortega,

Gabriel Rivas Mendoza, Guadalupe Torres Cruz, Manuel Torres Osorio, Francisco Páez, Miguel

Ortega, Porfirio Torres Osorio, Eulalio Torres Lara, Juan Torres Cruz, Eutimio Cruz, Miguel

Osorio Torres, Virginia Cruz Cansio, Lupe Estrada Cansio, Fernando Valenzuela, Lupe

Valenzuela, Antonio Cruz Rosas, Antonio Cruz Cansio, Crucita Torres Osorio, Celso Torres

Cansio.

Se entregaron además 10 picos, cinco palas, cinco azadones, entre otras herramientas. Una

persona de la mesa se me acercó para saludarme y aproveché para preguntarle sobre el origen de

la ayuda, me respondió que provenía del gobierno del estado, de la Coordinadora Estatal de la

Tarahumara. “El maíz que les dieron fue comprado con presupuesto del Estado. La segunda etapa
78

del proyecto de la Coordinadora va a ser financiado con las aportaciones ciudadanas que se

promueven en las ciudades de Chihuahua”. El personal del INI está formado por un economista,

un odontólogo, un ingeniero, un agrónomo, un veterinario y un antropólogo.

Martes 19 de abril de 1988

Miguel y Rosenda Osorio,la objetividad fracasada

Estaban por cumplirse los ocho días desde que Emma y Alejandro salieron a Chínipas para vender

productos en tierras del barranco. Todo en el rancho estaba en calma. Por la mañana visité a

Rosenda, y como me quedaba de camino la casa de Miguel Osorio, pasé a saludarlo pero no

estaba. Su señora, quien estaba haciendo huaritos con paja de pino, me dijo que lo buscara más

abajo. Lo encontré barbechando el terreno y lo esperé de un extremo de la siembra a la que tenía

que llegar la yunta. Lo saludé y empezó la plática así sin querer.

—¿Qué vas a sembrar aquí?

—Papa —me respondió.

—¿Y el maíz?

—Ese allá arriba —contestó.

Salió a la plática el tema del peyote. Comentó que Eulalio tiene una planta que sólo él siembra.

Esta planta la usa para alejar y afectar a sus enemigos.

Sobre el peyote me dijo:

—No hay por aquí, sólo el bacánohua y la usamos para curar. Pero no se come sino que se

remoja y es el agua la que se bebe. Además se pone en la casa y aleja a la gente mala. El que ve

esta planta se vuelve loco.


79

—¿Tú has comido peyote o bacánohua? —le pregunté a Miguel.

—No, los viejos yo creo que sí. A ellos les traen del barranco o lo compran.

—¿En este barranco habrá?

—No, ya no existe

—¿Quién tendrá? ¿Eulalio? ¿Celso?

—Sí, a lo mejor ellos tienen. Bueno estoy perdiendo el tiempo y tengo mucho que sembrar —

así concluyó nuestra plática.

Minutos más tarde llegué a la casa de Rosenda, tía de Miguel, temiendo siempre a los perros

alcancé a ver de lejos a su hija Crucita que llegaba, pero ella no me vio. Vi a Rosenda que salía de

un cuarto y entraba en otro. Candelaria, su otra hija, fue a la primera que saludé. Siempre muy

afable, Rosenda me platicó que había estado enferma desde el día que fuimos a visitarla. Me

enseñó las recetas que le dio un doctor de San Juanito: le recetaron metronidazol para los

parásitos, un medicamento para la presión y también algunas vitaminas. Me mostró también las

pastillas para dormir y otras tres que no especificó para qué eran. Conociendo su historia de

hipocondría, me di cuenta de que su predisposición a la enfermedad persistía aún con los múltiples

rituales a los que se sometió. En alguna parte de la plática le hablé sobre los huicholes y sobre el

peyote. Ella escuchaba con gran atención haciéndome preguntas sobre la manera de vivir de este

pueblo.

Uno de los principales males de Rosenda es la angustia y la consecuente elevación de la

presión por su carencia de alcohol, así como diversas ansiedades. Le dije lo perjudicial que es el

alcohol y le hablé sobre mi úlcera, cómo me la había generado y que afortunadamente hasta ahora

había podido apaciguarla. Ella preguntó que si en México y Sinaloa había gente que tomara
80

mucho alcohol, que si sembraban con tractor o con rueda y otras tantas preguntas que se le

ocurrían en ese momento.

Como corolario de nuestro encuentro le pregunté si tenía alguna guitarra que pudiera

prestarme. Me prestó una guitarra vieja, porque la “buena” no me la podía prestar. Toqué un rato

y canté un par de canciones. Después se me ocurrió preguntarle cómo podía decirle en lengua

tarahumara a una mujer que me gustaba. Todas las mujeres se rieron. Al final tomé un orejón de

manzana, de los muchos que producen en la sierra, y me lo comí. Me dieron otros pocos y me

retiré. Pasé a saludar a Miguel Osorio quien se encontraba comiendo. Por curiosidad le pregunté

que si iba a trabajar esa tarde y aunque él no me dio una respuesta concreta fue interesante

observar que su mujer estuvo prestando una atención especial a nuestro diálogo, así que pronto

me despedí y me fui.

Al llegar al rancho pensé en Bertha y sentí un vacío inmenso. No supe si fue debido a la plática

que tuvimos la noche anterior y no pude evitar sentirme agraviado. Estaba claro que nuestros

parámetros culturales eran completamente diferentes. Mi crisis en este sentido no fue menor pero

tampoco me sentí arrepentido de lo que hago. En ese momento pude constatar que el deslinde

sujeto-objeto tan estudiado en las aulas era una absurda ingenuidad. Ella se convirtió en sujeto de

mí mismo. Llegué demarcando muy bien la objetividad de mi estudio y a esas alturas, para bien y

para mal, había perdido la distancia requerida.

Jueves 21 de abril de 1988

Reparación de guitarra y llegada de Socorro


81

El día anterior, después de hacer todo un ritual de laudería, pude resucitar y reparar la guitarra

que me prestó Rosenda. Hasta entonces pude empezar a estudiar. La pegué por todos lados, hice

una mezcla con aserrín y pegamento blanco para remendar algunos de los huecos que parecían

insalvables. Después de haberla dejado secar todo el día le limpié todas las manchas, le puse un

poco de aceite diluido y cuerdas nuevas. En cuanto quedó lista me puse a cantar con las

muchachas durante buen rato hasta que poco a poco me inspiré y logré que cantáramos todos a la

vez. Más tarde Bertha me dijo que Socorro venía entrando y yo no le creí. Salí de la cocina y la vi

aproximarse, venía con una gran mochila roja. Me dio gusto verla para compartir con ella mis

jornadas de trabajo y para que me contara lo que había realizado en otras comunidades. Más tarde

llegó Alejandro, Emma, Chon y su hijo Germán. La casa se volvió a llenar.

Socorro platicó algunas de sus aventuras y sus penurias en la región de la Mesa de Munerachi

y Batopilas. La visión que dio en general era que los procesos sociales comunitarios se podían

registrar con mayor claridad. Todos lo escuchamos muy atentos, estamos felices con su llegada.

Viernes 22 de abril de 1988

Asamblea con las compañías madereras

Socorro y yo desayunamos muy de mañana y caminamos hacia Areponapuchi a otra junta ejidal.

Independientemente de la importancia de la información ejidal y de los apremiantes reclamos de

los miembros de la comunidad indígena, es imprescindible visitar estos espacios para conocer las

necesidades de la gente y para saber cuál ha sido la reacción de las instituciones frente a dichas

necesidades. En el camino pasamos un rato a la casa de Conis, mientras llegaba el delegado de

Chihuahua. A la junta solamente asistieron 17 personas. Había dos delegadas de la Reforma


82

Agraria y seis mujeres entre las personas asistentes. Se dio lectura a la lista de asistencia de los

ejidatarios. Afuera había cuatro hombres no identificados y de procedencia desconocida. Socorro

salió del salón junto con Lalo, el esposo de Conis, y se dirigieron hacia donde se encontraban

estas personas. Después supe que eran representantes de la compañía maderera de Chihuahua,

Proveedora Industrial de Chihuahua, alias La Ponderosa. Esta compañía es una de las más fuertes

de su ramo en Chihuahua, junto con Maderas Selectas y Molduras. En la reunión, el delegado

leyó el acta de presentación. En total había 15 ejidatarios. En ese momento el presidente ejidal

Cuco Orduño nos pidió que nos identificáramos, ante lo cual no tuvimos problema.

Se realizó la segunda convocatoria para asamblea, considerando que la junta tenía un carácter

resolutivo, pero en ese momento sólo estaban presentes 20 personas. Los objetivos de la reunión

eran: a) informar sobre la ampliación de los ejidatarios, b) hablar sobre la comercialización de la

madera y c) presentar un informe de las utilidades del último año. Para este último punto el

ingeniero representante de La Ponderosa tomó la palabra y habló en términos técnicos sobre el

presupuesto, el sueldo del administrador, el arrastre, el servicio técnico, la carretera, el peso en

toneladas, el precio del millar y presentó las cuentas de la administración anterior, entre otros

detalles. Habló de 1 000 toneladas, 34 millones de pino verde, 500 toneladas, 17 millones,

trabajando al máximo rendimiento. Pero ante estas cifras y datos, los rarámuris se veían entre sí

estupefactos e incrédulos.

A pesar de que se discutió abiertamente una licitación maderera, solamente expuso el agente de

una de las dos compañías madereras presentes; otro no expuso nada y esto no fue exactamente

una decisión hecha al azar. Fue en ese momento cuando decidí poner mi grabadora para registrar

el contenido de la asamblea. Dos o tres personas participaron en favor de la explotación forestal,


83

pero después un señor respondió en contra del agente de la maderera por no haber presentado los

beneficios, las utilidades ni un informe de la producción ni de las ventas. Esta misma persona

mencionó que a los indígenas no les pagaron por hacer el camino pero que el logro se lo

adjudicaron a la administración del comisariado ejidal.

Cuco Orduño sólo presentó las cuentas de 1984 que le fueron legadas por el antiguo

comisariado. Finalmente se llegó a un “consenso por explotar el ejido” y la compañía La

Ponderosa se llevó la concesión para explotar la madera del ejido durante un año.

Sábado 23 de abril de 1988

El aserradero, visitas a San Rafael y boda

Salimos del rancho rumbo a San Rafael. Bertha y Malena ya estaban allá. Hicimos visitas a

diferentes personas, entre ellas a Rina, a Miguel Merino, al padre Celestino Villa y al

representante del aserradero. Aunque estos personajes no estaban en los intereses específicos de

mi investigación, visitamos a los tres primeros para conocer de cerca la organización de la

explotación maderera. Si en algo coincidieron todos aes en los problemas de reparto de utilidades

y en la poca comprensión por parte de los indígenas hacia el tema de la explotación de la madera.

Al final pasamos a ver al padre Celestino y hablamos someramente sobre las implicaciones de

ayudar a la gente y de llevar la ideología católica a la Sierra, considerando todo lo que representa

el proceso de adaptar “nuevas” creencias religiosas a las ya arraigadas entre la población indígena.

La primera visita que realizamos fue a casa de Rina, amiga de Socorro desde la adolescencia;

tenía alrededor de 33 años, y había trabajado en la empresa forestal del ejido San Rafael como

secretaria, pero tuvo que dejar su trabajo junto con el administrador y todo su equipo debido a
84

que hubo un manejo inconveniente. Socorro le preguntó sobre el paradero del archivo de la

empresa y ella respondió que lo habían enviado a Chihuahua.

Posteriormente encontramos al administrador en un taller del aserradero. Sólo intercambiamos

algunas palabras sobre el archivo pero él desmintió que el archivo completo estuviera en

Chihuahua aclarando que solamente se habían llevado los expedientes de 1987, los demás no.

Después nos dirigimos a casa del señor Merino, un hombre al que conocí en la junta de los

albergues y que me preguntó sobre los motivos de mi presencia en esa reunión. Fuimos a su casa

y lo encontramos juntando la leña que estaba esparcida en pedazos. Nos saludó fríamente, muy al

estilo tarahumara. Poco antes de llegar a ese sitio, Socorro me había contado que en la primavera

anterior hablaron de grandes proyectos para favorecer a los pueblos indígenas. En la conversación

con Merino, surgieron varios temas; hablamos sobre los antropólogos, sobre el viaje a Munerachi

y sobre la información que había circulado sobre un supuesto movimiento en el INI de San Rafael

que él mismo habría dirigido. Como político nos comentó que el INI fue hecho para los indígenas

y no para él. Respondía a la vez que recogía leña. Al principio se expresaba de manera muy

reservada y escueta, en contraste con la manera correcta y elocuente con que se habló en la

reunión de los albergues.

Le preguntamos a Merino sobre la fiesta anual de Cuiteco y nos dijo que en la siguiente iba a

estar presente la policía sindical del estado porque había mucha gente que creaba desorden, entre

ellos los mestizos. Empezó a generar polémica el hecho de que una fiesta indígena se realice en un

pueblo mestizo y justo y en ese momento entró un maestro bilingüe del albergue que venía

chorreando alcohol por todos lados, se tiró en el suelo y vomitó todo lo que había ingerido.

Merino lo encerró en un cuarto y, sin mayor recato, limpió el vómito derramado en el suelo.
85

Continuamos nuestro camino hacia la iglesia para conversar con el padre Celestino.

Entablamos una buena plática a pesar de que él se encontraba ocupado con una gran cantidad de

muchachos. Hablamos sobre el aserradero y sobre la explotación indígena. El sacerdote

argumentaba que los caminos a la fraternidad humana son múltiples y que uno no tiene la verdad

absoluta. Cuando habló sobre el cambio en la conciencia, me introduje a la conversación para

cuestionar el manejo que tiene la iglesia sobre las conciencias del pueblo. La plática estaba

subiendo de tono cuando llegó una visita y tuvimos que despedirnos. Antes de irnos le pregunté si

podíamos quedarnos en su casa al regresar de la boda o cuando fuésemos a San Alonso y el padre

accedió sin problema.

Poco tiempo después, en San Rafael se celebró una gran boda en donde al parecer todo el

pueblo estaba invitado debido a que la novia era nativa de ahí. La novia transmitía cierta simpatía

con su marcado estrabismo; el novio era un joven que no pasaba de los 20 años. Nos introdujimos

en el salón y como era muy evidente que éramos fuereños, la gente nos veía con cierto recelo y

curiosidad. Había muchas muchachas muy bonitas luciendo sus mejores vestidos. La vestimenta

de los hombres era de tipo vaquero. Las parejas empezaron a bailar y yo encontraba cierta

fascinación al oír la música y ver los cadenciosos movimientos de la multitud. Poco a poco el

salón se llenó. Después vino la música en vivo. Inicialmente había música de mariachi y después

pusieron discos o “disco-móvil”, como le llamaba en ese entonces.

El mariachi llevaba tres trompetas, un violín, un acordeón, dos guitarras y un guitarrón.

Tocaron valses y algunas rancheras del norte. En el disco móvil se escucharon los éxitos del

momento, el ritmo variaba constantemente: ranchera, cumbia, norteña, corrido, y una que otra del

repertorio en inglés que estaba de moda a mediados de los años ochenta. Había muy poca gente
86

indígena. Solamente se veían algunas mujeres que buscaban vincularse con el mundo mestizo, al

punto de que una de ellas permitió sin reserva que un mestizo le tocara los senos al mismo tiempo

que platicaba con otra persona.

Había tres muchachas del INI y decidí sacar a bailar a una de ellas; su nombre era Flor y tenía

unos hermosos ojos verdes, me pareció muy simpática. Sólo bailé con ella unos minutos. Algunas

personas reconocieron a mi acompañante de hace muchos años y se acercaron con nosotros para

conversar. El mariachi sólo tocó dos tandas y el disco móvil lo dejaron para el final. Salimos de la

boda cerca de las tres de la mañana y regresamos a casa de Malena. No pude informar al

sacerdote que no regresaríamos a dormir a su casa y cuando fuimos a avisarle ya no lo

encontramos.

Domingo 24 de abril de 1988

Preliminares de fiesta de Cuiteco

Al finalizar la década de los años ochenta, se realizó un extraordinario festival regional de música

y danza indígena en el poblado de Cuiteco al que tuve la fortuna de asistir. Fue un festival en

donde, si bien había una fuerte presencia indígena, era organizado por instituciones de gobierno,

en especial por el gobierno del Estado de Chihuahua.

Previo al festival, supe que habría una reunión en San Rafael con los involucrados en las

cuestiones logísticas y decidí asistir para conocer los pormenores de dicha organización. Por la

mañana se reunieron diversas autoridades para organizar la fiesta de Cuiteco. El señor Merino

estaba en la mesa de la junta formando parte de la organización. Había aproximadamente 15

gobernadores indígenas representantes de comunidades y entre los que se cuenta Don Lupe
87

Cansio, gobernador de Saquirachi. Aunque ya se planteó que la fiesta no es “institucional”, el

gobernador del estado estará presente. La organización se realizó con gran habilidad política por

parte de Merino, quien pretendía cohesionar al grupo por medio de la “fiesta de todos”. “Los

gobernadores primeros llegarán un día antes, los gobernadores segundos un día después con toda

la gente del pueblo”, señala. “Cada quien llevará su cobija, su plato y un balde”.

Merino habló sobre un pasado indígena en términos un tanto idílicos y románticos, así como de

sus sentimientos hacia el pueblo tarahumara con gran eficacia y elocuencia: “Cada pueblo llevará

20 matachineros incluyendo a los músicos”. También tocaron el tema de los tiempos: “El viernes

será la inauguración por las autoridades, trabajo de dos gobernadores indígenas. Estará con

nosotros el señor Fabián Lara, representante de la Baja Tarahumara. En la noche habrá yúmare; a

la media noche tendremos danza de matachines, lo mismo que de pascoleros”.

La fiesta se realizaría los días 27, 28 y 29 de mayo. En la junta estuvo presente un delegado

indigenista del PRI. Nico, uno de los gobernadores, habló con una demagogia demasiado trillada,

todo para hacer notar su presencia política. Lamentó los problemas de Ocobachi y la destitución

del administrador del aserradero, lo cual le costó al INI la toma de sus instalaciones durante

cuatro días. Por eso mismo llamó a la unión de los representantes indígenas.

En una misiva fechada el 14 de abril, Fabián Lara Quintero recibió repuesta del INI sobre las

toma de las instalaciones por parte del su director Miguel Limón, en donde prometió considerar el

problema y dar una solución para dar respuesta a sus demandas.

Nico le habló a los gobernadores para exhortarlos a trabajar: “Parece curioso hablar a los

indígenas sobre la destitución del administrador del aserradero, mientras hubo una reunión de él

con gentes de su misma administración”, concluyó.


88

Algunos otros tomaron la palabra. Habló el señor al que le falta una pierna y realizó una

intervención en lengua tarahumara. Un representante institucional de nombre José Aguilar

comentó que se ponía a disposición de la gente y concluyó su intervención abordando el problema

del fertilizante. Dijo que tanto los indígenas como los mestizos deberían tener acceso a este

recurso, pues las instituciones de gobierno favorecían principalmente a la población indígena, que

poco practican la siembra y la fruticultura, dejando de lado a los rancheros mestizos que tienen

una amplia experiencia en los cultivos.

Después de la junta comimos en una fonda de San Rafael, en donde vi a una de las muchachas

del INI. Después salimos directo a San Alonso, en donde se llevó a cabo una carrera de bola.

Lunes 25 de abril de 1988

La carrera de bola

Llegamos a San Alonso y saludamos a los cabecillas de cada grupo que participaría en la carrera

de bola. Vi a dos diferentes grupos de corredores. Después me enteré que unos pertenecían al

ejido de Areponapuchi y los otros al ejido de San Alonso. Cada grupo llevaba un cabecilla quien

se encargaba de organizar las apuestas con el cabecilla del otro grupo.


89

Fotografía 4. Semana Santa

Fuente: Fotografía de Miguel Olmos, 1996, Tatawichi, Guachochi, Chihuahua

Con el fin de medir las apuestas y el valor equivalente de cada objeto apostado, ambos equipos

se colocan en medio del campo, representados por sus respectivos directores o jefes. Las apuestas

se hacen generalmente intercambiando productos como ropa, animales o algún otro objeto

doméstico. También se podía apostar dinero, pero esto pasaba con menos frecuencia. Al final de

la carrera, el ganador recibe un objeto con un valor de cambio similar al objeto que ofreció

originalmente. Los contrincantes se colocan en medio del llano y miden sus apuestas.

Cada equipo tiene tres bolas y tres palos que se usan para limpiar la bola y el camino sobre el

que correrán los equipos durante toda la competencia. Salen seis personas en total, tres de San

Alonso y tres de Areponapuchi, los tres de San Alonso usan pantalón corto.

Entre los asistentes se encuentran Benigno Moreno que es violinero, Laureano Morales Torres,

Isidro García Moreno y Miguel Ángel Quintana Gutiérrez. Este último es una persona que a todas

luces pretende hacerse pasar por mestizo, al grado de fingir toda su persona, incluso el tono con

el que se expresa. Obtuve estos nombres al presentarme oficialmente con el gobernador, que se
90

encontraba a un lado de la iglesia. En medio de ella hay unas aulas antiguas que alguna vez

sirvieron de escuela. Al abordarlo, se sintió agredido inmediatamente e interpuso una gran

barrera, pues no sabía qué haría yo en ese lugar, aun leyéndole la carta de presentación

institucional. Me preguntaron si era un maestro. Yo trataba de explicar que iba a observar los

problemas de la gente indígena y su forma de vida. Al final de la plática se conformaron. Un señor

de nombre Isidro García, que forma parte del consejo de vigilancia, mencionó que durante los

años treinta en ese lugar usaban la vestimenta tradicional rarámuri, zapeta y ropa de manta.

También me habló sobre el chapareque y de que los pobladores antiguos del poblado le ponían

tripas de zorrillo al instrumento en lugar de cuerdas comerciales. Se ofreció muy amablemente a

realizar una fiesta cuando yo se lo solicitara para que pudiera escuchar y ver bailar a los

matachines y pascoleros. No me recomendó las fiestas de Semana Santa porque hay mucho

desorden y los mestizos no respetan las leyes. En esos momentos, el gobernador Crisanto entró a

los cuartos de la antigua escuela, y parece que les comentaba a otras personas sobre mi

identificación. El señor Isidro se despidió y el gobernador se hizo el occiso. Nos quedamos

comentando sobre el rarámuri amestizado que había participado en la plática.

La carrera inició a las cuatro de la tarde, en este momento los cabecillas cerraron las apuestas y

todas las prendas y objetos fueron envueltos en una sábana grande, quedando así dos montones:

uno de San Alonso y otro de Areponapuchi. En este instante uno de los cabecillas lanzó la bola

hacia el oriente y posteriormente el corredor principal de su equipo continuó impulsando la bola

con el empeine. De esta forma el grupo llevó la bola hasta el extremo oriente; al final del campo el

otro equipo retomó la bola para llevarla hacia el lado contrario.

El bando que tiene la bola debe llevarla hasta el lado opuesto, ambos bandos corren
91

paralelamente pero solamente uno puede impulsar la bola. Al final gana el bando que hace más

vueltas al campo y por lo tanto pierde el equipo que se queda con menos jugadores, así como el

que finalmente se agota y no puede seguir corriendo. Al inicio son muchos los corredores que se

juntan con el equipo simpatizante y de repente corren hasta 15 o 20 personas al mismo tiempo. La

carrera iba ya en su 3ª o 4a vuelta y el sol se había ocultado por completo en las montañas de los

alrededores. Sin embargo, todavía quedaba suficiente luz en el lugar porque se ubica

geológicamente igual que Arecaina y Saquirachi, en medio de los cerros por donde corre un

arroyo. El valle cuenta con una extensión de tres kilómetros aproximadamente y unos 400 metros

de ancho.

La iglesia se encuentra casi en medio del vallecito, con dirección hacia el oriente, con ligera

inclinación hacia el noroeste. Hay como seis o siete casas; una de ellas tiene muchas chivas, una

extensión de área verde, huertos y es la última del arroyo abajo; generalmente la tierra es

cultivable.

En una de las casas que se encuentra en el extremo poniente de la comunidad y en donde se

concentra la gente, se preparan para una fiesta o tesgüinada. En esta casa vive un hijo del

gobernador. Al momento de llegar a la casa me di cuenta de que la gente tomaba tesgüino de una

gran olla. En cuanto me acerqué me ofrecieron una weja de tesgüino el cual me tomé muy

despacio, no obstante más tarde entendí que fue un error no tomarla de uno o dos tragos. En

cuanto me avisaron bebí el tesgüino rápidamente, pero el que me lo ofreció tenía cara de molestia

cuando le entregué la weja.13

13
La razón de beber rápidamente el tesgüino más allá de cualquier protocolo ritual, se debe a que
92

En la parte de enfrente alguien bailaba pascol acompañado de un violín y una guitarra. El

violinero es un rarámuri con fuertes rasgos de mestizo que se manifestaban en su forzado tono

del habla; él nos había recibido anteriormente. La música es de carácter un tanto informal y

aunque parecía improvisada cumplía con la sacralidad del acontecimiento. Cuando llegamos a la

casa rarámuri tocaba el violín con fuerte influencia mestiza y un señor llamado Cruz Vega tocaba

la guitarra. Otro señor presente también bailó pascola. Platicamos con un señor de nombre Beto

Palma y con el pascolero.

La carrera llevaba cinco vueltas cuando me acerqué a una lumbre ubicada al otro lado del

campo en el extremo izquierdo, cerca de donde pasa el arroyo. Toda la gente se juntó en torno a

la fogata. Nos agrupamos cerca de 10 o 15 personas, en su mayoría hombres. Muchos señores me

convidaban a acercarme al fuego, entre ellos el señor Luis Vega. Tuve una extraña sensación de

temor al introducirme abruptamente en la reunión. Acto seguido, un hombre sacó una bolsita que

contenía yerba seca, que he de suponer se trataba de tabaco de coyote o macuche. Forjó unos

cigarrillos muy cuidadosamente, juntando el tabaco en el papel para que el cigarro quedara bien

apretado. Después lo encendió con una rama de la fogata y aspiro plácidamente su humo, lo

mismo hicieron las demás personas cuando les tocaba su turno. Al final me pasaron el cigarro y lo

aspiré plácidamente. Nunca supe qué era lo que realmente estaba fumando, al parecer le

importaba poco a la gente que permanecía tranquilamente alrededor de la fogata esperando las

luces que desprendían los ocotes llevados por los corredores, mismos que se alejaban y

los recipientes son pocos y en necesario hacerlos circular entre todos los asistentes para que toda

la gente tenga acceso a la bebida.


93

regresaban periódicamente, como si el fuego tuviese movilidad propia entre lo oscuro del llano.

Cuando llegaban los corredores a la fogata se les daban ocotes prendidos y las mujeres les

daban a beber tesgüino. Un owirúame o curandero se acercó a uno de los competidores –al más

importante del equipo– y comenzó a sobarle con agua o algún líquido las piernas, los brazos y los

extremos de la espalda, dejando al último la cabeza. Después hizo algunas señales con las manos

alrededor de su cuerpo, iniciando por todo el tronco del corredor sin tocarlo, al tiempo que le

soplaba el humo de los cigarros que se habían forjado un momento antes. Al término de esto y sin

tomar más de dos minutos, levantaron al corredor apretándolo con un abrazo por detrás y

sacudiéndolo tres veces. Al soltarlo, el corredor continuó su camino reincorporándose a su equipo

que ya venía de regreso para seguir dando vueltas al valle.

Cuando vi que los ocotes se acercaban cada vez más, me percaté de que corrían dos mujeres

en el equipo de San Alonso junto con los hombres que habían iniciado la carrera. Muchos de los

que se acercaban a correr sólo daban dos o tres vueltas junto con su equipo para animar a los

corredores principales.
94

Figura 2. Disposición espacial de la carrera de bola en San Alonso Urique, Chihuahua

Fuente: Elaboración propia.

Después de siete horas de haber iniciado la carrera, los corredores del equipo de Areponapuchi

fueron disminuyendo paulatinamente hasta quedar solamente uno que prefirió retirarse por

cansancio o por falta de apoyo. Como Areponapuchi se retiró de la carrera, San Alonso fue el

ganador.

Al término de la carrera, los montones de las apuestas se bendijeron y se colocaron a un lado

de la fogata. Posteriormente, el owirúame corrió en forma de ochos, las apuestas quedaron a un


95

lado del círculo y en el otro la fogata. Una vez terminado esto, él mismo levantó el montón sobre

la lumbre y lo movió de arriba hacia abajo apuntando la espalda hacia el poniente; esta

purificación se realizó en el lugar en donde dio inicio la carrera. Finalmente se repartieron los

objetos apostados, el dinero y los animales.

En ese momento había mucha gente que había llegado a la comunidad. Entre los visitantes

había un muchacho de Témoris que llegó bailando pascola a ritmo de rock. Antes de terminar la

carrera llegaron dos personas junto con Juan Torres, hijo de Eulalio de Saquirachi. Cuando lo vi

llegar pensé en los 25 km que caminaron en el agreste camino montañoso para llegar a este lugar.

Juan al verme corrió hacia mí y me saludó con una gran sonrisa. A ambos nos dio mucho gusto

vernos en una localidad tan alejada de donde nos habíamos conocido originalmente.

La carrera concluyó y nos fuimos a la casa de arriba, en donde poco antes estuvimos tomando

tesgüino. La casa del anfitrión ya se encontraba lista para dar inicio al festejo con motivo del

triunfo de San Alonso y por consiguiente a los excesos propios de la fiesta. La casa pertenece al

padre de muchacho que iba a la cabeza del equipo de San Alonso y a quien habían "sobado" el

cuerpo durante la carrera; este corredor no pasaba de los 25 años y era nieto del gobernador

indígena de esta comunidad.

Entre invitados y advenedizos éramos aproximadamente 60 personas. La mayoría eran de San Alonso.

De la cocina de la casa salía humo del fogón, donde las mujeres cocían las tortillas en un gran comal

que acompañarían más tarde el tónare. Eran cerca de las 12 de la noche y las cocineras se preparaban

para servir a los corredores y a la gente que asistió al evento. El tesgüino se servía con más

generosidad que hace unas horas y las wejas se llenaban continuamente, metiéndolas a una olla muy
96

grande. Al mismo tiempo, otro grupo de personas se servía tesgüino de un garrafón de hule, agotaron

su contenido en cuestión de minutos.

La música y la danza en la carrera de bola

El universo sonoro que se percibía era de lo más diverso, al mismo tiempo que se escuchaba el

violín, la guitarra y los capullos de mariposa del pascolero, también se oía una grabadora con

algún corrido de narcotráfico de los tan sonados entre la población mestiza.

Los músicos interpretaban distintos sones de pascola. Según me dijeron, la mayoría de los

sones no tienen nombre. La guitarra con sus cuerdas de metal hacía acordes de re mayor con

cuarto grado. Es decir, re, fa, sol o el acorde de sol mayor con novena, posteriormente pasa al

acorde de la mayor con séptima y rápidamente a sol mayor, para regresar a re mayor con cuarta,

no obstante se observa una clara tendencia a la tonalidad de sol mayor. El ritmo que lleva la

guitarra en una unidad de tiempo de cuatro cuartos se representaría de la siguiente manera: 

  . Generalmente se escucha la repetición de dos octavos y dos dieciseisavos en tres

tiempos, para después caer en el tiempo cuatro con dos octavos. Ocasionalmente el ritmo varía

con tresillos en lugar del octavo con dos dieciseisavos.

La ejecución de la guitarra se hace en forma rasgueada y tocando siempre las seis cuerdas a la

vez. Lo mismo para el chapareque, las cuerdas que se usaban antiguamente para el violín o rabel14

y eran hechas con tripa de zorrillo. La madera con que se construye el violín es táscate sabino –

14
Violín en tarahumara, aunque es bien sabido que esta palabra denota al violín renacentista en la

historia de la música europea, que es de tamaño más pequeño.


97

una variedad de conífera de poco crecimiento, cuyo color del follaje es de un verde pálido–. Esta

madera constituye la tapa superior e inferior del instrumento, mientras que las costillas del

instrumento están hechas de capulín. En cuanto al arco con que se frotan las cuerdas, está

construido también de madera de táscate y las cerdas son de crin de caballo. Organológicamente

los instrumentos utilizados son el violín: cordófono compuesto de frotación directa, guitarra:

cordófono compuesto cuya ejecución se hace rasgueando las cuerdas y finalmente los cascabeles

o capullos de mariposa con piedrecillas que se clasifica como idiófonos de sacudimiento de golpe

indirecto.

La danza de Pascol

El pascolero, como se le denomina al danzante de pascol, baila frente a los músicos que

interpretan el violín y la guitarra. El danzante lleva ropa de uso cotidiano, camisa a cuadros con

pantalón de algodón. En la parte inferior de las pantorrillas se colocan los cascabeles o sartales de

capullos de mariposa con los que bailan al compás de los instrumentos de música. Dichos

cascabeles (mejor conocidos como chayéguaris) están hechos de los capullos de mariposa y en su

parte interior tienen pequeñas piedrecillas. Dichos capullos, al igual que los ténoboim cahitas, son

unidos en pares por un cordón que los agrupa en hileras. Finalmente éstos se enredan en el

extremo inferior de las piernas, entre el tobillo y las pantorrillas. Los sartales de capullos de

mariposa son colocados sobre la piel de la pierna del danzante previo levantamiento del pantalón.

Los movimientos del pascolero son efectuados principalmente por los pies con los que golpea

el suelo constantemente. Con estos movimientos los cascabeles se oyen con mayor intensidad.

Los golpes se realizan con toda la planta del pie, el cuerpo mantiene una posición ligeramente

encorvada, las piernas están semiflexionadas, los brazos cuelgan paralelos al tronco y la cabeza se
98

mantiene también ligeramente agachada hacia el frente. Con excepción de los pascoleros, o de

algún rarámuri espontáneo mestizo que baila pascol o a ritmo de rock, en general la gente no

baila y menos aún las mujeres.

A estas alturas se percibe el aumento del clímax festivo, nadie se preocupa de las reglas

maritales y en general las normas culturales se relajan. Toda la gente se embriaga con tesgüino,

algunos hombres se tocan las nalgas sin ningún pudor. Alcancé a ver dos muchachos que se

perdieron en desnivel, supongo para poder estar solos. Una mujer también salió de la escena ritual

detrás de un hombre. La energía sexual se libera súbitamente y la gente rompe con todo tipo de

tapujos, reivindicando en esos momentos la búsqueda de placer intenso de cara a su realidad

cultural alienante.

En este momento me siento completamente integrado. Hasta hace unos minutos estuve como

piedra a la expectativa. Comienzan a repartir el tónare o comida ritual. Me acerqué al lugar en

donde lo repartían y comí con mucha hambre. Al igual que el tesgüino, la weja para comer se

tenía que seguir utilizando. Por esta razón era necesario comer rápidamente. En un principio nos

insistieron mucho quedarnos en tesgüinada. Después, de comer y echarme otro trago de tesgüino,

me sentí tan bien que me dieron ganas de quedarme más tiempo.

A esta altura de la madrugada toda la gente conversaba con su compañero de al lado. Cuando

comencé a comer, vi la bola con la que corrieron debajo de la banca en donde me senté. La tomé

entre mis manos y la lancé entre mis manos durante unos segundos. Antes de esto la había ido a

buscar porque vi que la traían a un lado de la fogata, pero no la encontré. El corredor del equipo

de San Alonso, al ver que traía la bola y la tomaba con mucho interés, se acercó y me dijo: “si

quieres puedes quedarte con ella”. Me sentí el hombre más afortunado. Me dijo que se llamaba
99

Alberto Morales, le di la mano y las gracias, guardé la bola debajo de mi banca.

Los músicos seguían tocando completamente ebrios y los espontáneos brincaban frente a ellos

simulando ser un danzante de pascol, quien por cierto ya no se encontraba. Las mujeres (eran 10

aproximadamente) se encontraban sentadas todas juntas a la entrada de la casa. Beto Palma

empezó hacer plática con una de ellas cuando nos despedimos, también me despedí de un señor

que me habló de muy buena manera, le dije que regresaría en septiembre. La camioneta del

comerciante de San Rafael que nos vendió las sodas a 1000 pesos se fue al mismo tiempo según el

motor que oímos, pero no quisimos irnos con él porque en vehículo se hace más tiempo que

caminando.

Regresamos bajo la iluminación de una luna espléndida, sentí que algo se me quedaba en San

Alonso, mi acompañante me preguntó si regresábamos, pero ya estábamos sobre las montañas de

donde veíamos solo las luces de la tesgüinada muy a lo lejos. Preferimos continuar nuestro camino

y atravesamos los cerros, teniendo como única fuente de luz la luna que nos acompañaba. Ya bien

avanzada la madrugada llegamos a un punto en donde podíamos ver desde lo alto las luces de la

estación de tren de San Rafael y nos sentamos en unas rocas para a admirar el pueblo en su

totalidad.

Martes 26 de abril de 1988

El día anterior llegué al rancho después de dormir en casa de Malena. Cuando entré a la cocina

del rancho saludé a Bibiana, quien había llegado el sábado anterior. Le pregunté que por qué no

habían ido al baile, respondió que no tuvo tiempo de ir a San Rafael. Después me enteré de que

tanto ella como Bertha se irían a Chihuahua cerca de las 11:30 horas, ambas se despidieron y me

quedé con una extraña sensación de vacío y para aminorarla me puse a construir un chapareque;
100

corté a la medida el corazón del maguey para comenzar. Mientras hacía esto no pensaba en nada;

al limpiar el quite también limpiaba mis ideas y me olvidaba de las cosas. Conforme me relajaba,

comencé a sentir la fatiga acumulada durante varias semanas. Todo el día fue de intensa pasividad

y de un silencio sepulcral.

Miércoles 27

Me desperté en muy buenas condiciones, será porque dormí más de lo habitual. Limpiamos la

bodega de la casa de Alejandro, sacamos todas las cosas e hicimos un soporte para el colchón,

terminamos una base de la cama y reparábamos otra. Como no alcanzó la madera, tuvimos que

traerla de una pequeña casa que se encuentra en el otro extremo del arroyo.

La luna está creciendo y la falta un cuarto para estar totalmente llena. Después de trabajar

aproveché para tocar la guitara y cantar un momento durante la tarde. Durante la cena Alejandro

habló una vez más sobre el ejido. Primeramente nos precisó sus límites sobre un mapa que llevaba

Socorro consigo. Habló también de los engaños a los ejidatarios, asunto que he escuchado desde

que llegué a este lugar. Después me fui a dormir profundamente cansado.

Jueves 28 de abril: Llegaron las golondrinas

El día anterior terminamos de hacer las bases para las camas. Se ven muy bien en el cuarto donde

era la bodega, ahora que ya está limpio. Eran aproximadamente las seis de la tarde cuando una

señora de nombre Micaela llegó junto con su hija; sólo estuvieron en la noche y se fueron en la

mañana. Ahora que he trabajado en el rancho, el trabajo intelectual ha tenido un breve receso, no

obstante he tratado seguir con el registro de la vida cotidiana de este lugar. También llegaron las

primeras golondrinas, puse unas tablas en las vigas para ver si hacían su nido sobre éstas. Su
101

llegada es la prueba fehaciente de que el clima va cambiando. Sin embargo, cada día el ambiente

también es más inestable; el viento sopla fuertemente en algunas horas, generalmente de las una o

dos de la tarde y a veces no se mueve ni una hoja.

Mi espíritu ha sido intensamente gratificado por este lugar, continúo mi estancia de manera

muy placentera. Socorro y yo hicimos unos hoyos en la tierra para sembrar calabazas; una vez

hechos los llenamos de la mejor tierra que pudimos encontrar porque en general es muy dura,

similar a los que en el centro del país se le llama tepetate. Esto hace que sea un reto sembrar en

estos lugares debido a la esterilidad de sus terrenos. Cernimos la tierra que escogimos y la

mezclamos con astillas que se encuentran dispersas en el lugar donde se corta la leña. De esta

manera logramos que la tierra se enriquezca con materia orgánica ya seca, producto de la medra

que va quedando en el corte de la leña. Al parecer quieren sembrar también repollo y tomate, pero

los mantendrán en la cocina en un recipiente para que no se hiele con el frío del invierno.

Viernes 29 de abril: Anuncian enfermedad del tío Silviano

A dos meses de haber salido del México, D. F. el tiempo parecía no pasar, o será que no me

interesaba su medición. Lo percibía diferente, como si fuera el tiempo de la música que se sabe

que avanza pero no se mide ni se le adelanta para ganar algo. El tiempo cae exactamente en donde

tiene que caer para que haya continuidad, igual que la música permanece inmanente en el ciclo de

creación, es un tiempo que siempre ha estado ahí.

Al terminar de comer llegó un niño –parece que era hermano de otro que había venido

recientemente–, traía un mensaje para doña Nicolasa donde le informaban que necesitaba irse a

San Rafael porque su hermano Silviano estaba muy grave, así se lo confirmó su sobrino, el papá

del niño. Enseguida salieron ella y Socorro a San Rafael, más tarde salieron Chon y Emma. Yo me
102

quedé con Delia y sus niños porque Alejandro se había ido a Areponapuchi a entregar una

vaquilla. Él llegó en la noche, trajo puerco para comer y preguntó en dónde estaba toda la gente,

Delia le contestó que en San Rafael por el aviso que recibieron. Alejandro se quedó muy

pensativo y sólo intercambiaba una que otra palabra. Al parecer ayudaban al señor de vez en

cuando debido a su avanzada edad. La ocasión que me tocó conocerlo había ido a San Rafael a

ver al director del INI. Cuando íbamos a entrar a verlo, Alejandro no quiso entrar y se quedó

abajo en la camioneta. Seguramente el señor murió porque hasta las 11 de la mañana no habíamos

recibido noticias.

Sábado 30 de abril de 1988: Sueños de transferencia y la piedra volada

Me levanté más tarde que de costumbre, durante la noche me desperté repentinamente. ¡Al volver

a conciliar el sueño se me vino una avalancha de sueños que culminaron en una sucesión constante

de personajes de la farándula.

A pesar de mi retraso en la mañana, me levanté muy a gusto. El sol todavía no pegaba en la

casa, en mi sueño recuerdo una cara muy hermosa, una mujer de cabellos negros y cortos con

cara muy viva y pícara, no sé de donde salió, jamás la había visto pero mi inconsciente la sacó en

un contexto extremadamente real. Aparecieron personajes emparentados con mis anfitriones, sin

embargo esta mujer siempre era el centro de atracción de la reunión. Fueron imágenes muy

relajantes, después de todo el sueño y las fantasías son de las pocas cosas “libres” en nuestra

cabeza que nos colman de satisfacciones inconscientes.

El día anterior Alejandro finalmente fue a ver al tío Silviano a San Rafael mientras yo me quedé

con Delia y los niños. En la mañana partí la leña que quedaba. Después del medio día Socorro

llegó y le pregunté sobre el estado de salud de su tío, respondió que estaba vivito y coleando. Tal
103

como ya me lo esperaba, fue una falsa alarma.

Como hoy llegarían los amigos de Socorro, entre ellos un doctor y otros amigos de la

universidad. El plan era recibirlos a la estación del tren, así que salimos a San Rafael siendo

aproximadamente las 10:30 horas Socorro aprovechó para llevarle ropa a su mamá doña Nicolasa,

quien se había quedado con su hermana Malena para estar cerca del tío Silviano.

Para recibir a las visitas, Lico (hijo de Lalo) nos llevó al hotel posadas y de ahí caminamos 30

minutos hasta El Divisadero. Los esperábamos en el primer tren, pero no llegaron hasta el

segundo. Vimos cómo Vicente bajaba del tren, es un hombre bajo de estatura y moreno con un

espeso bigote; traía el pantalón metido dentro de las botas y una cachucha. Comimos un caldo en

el divisadero y después fuimos a la piedra volada, fue impresionante ver el barranco desde ese

ángulo. La piedra está situada en una saliente de la montaña que tiene cinco metros de largo con

un ancho de un metro y medio en promedio. La piedra está en la punta del desfiladero que tiene

una superficie de un metro aproximadamente y que descansa sobre una superficie inestable que

hace que se mueva con el peso de la persona que se sube en ella. Si alguien se recarga en algún

extremo, corre el riesgo de caer irremediablemente al vacío del barranco. La contemplé desde un

lugar seguro y en ningún momento tuve la intención de subirme ni de experimentar. Continuamos

el recorrido, pasando por una pista de aterrizaje, muy cerca del mirador del Hotel Posadas, hasta

que llegamos al rancho.

Cuando estábamos cenando platicaron del tío Silviano y de la mujer que lo “cuida” en forma

muy chistosa. Cuando ya estábamos todos dormidos tocaron la ventana de repente, era Alejandro

que llamaba a Socorro con un tono de voz demasiado alerta para esas horas de la madrugada:

“Levántate Socorro, se murió mi tío Silviano”, dijo. Socorro le contestó somnoliento que iría por
104

la mañana.

Domingo 1 de mayo: Muerte del tío Silviano

Este día fue muy especial porque fui testigo de un ritual universal: los funerales del tío Silviano.

Cuando llegué a su casa Alejandro estaba afuera, me senté a su lado y permanecimos unos

minutos en ese lugar, por fin entré a la casa y saludé a doña Nicolasa con un beso y un abrazo,

después me senté en el portal en la parte interna de la casa, ahí estaban Socorro, Vicente, Malena,

Ceci, Bertha y Bibiana. La familia que faltaba de Chihuahua iba a llegar más tarde en el tren.

Según me dijo Socorro, los gastos del funeral los hacen generalmente los amigos, también la

excavación de la fosa donde se enterrará al difunto.

Fuimos a recoger el féretro a la estación y después nos dirigimos a la casa del difunto Silviano

para recogerlo y meterlo en la caja. Encima de su cuerpo pusimos toda su ropa incluyendo sus

botas, hubo polémica porque una persona no quería que le pusieran las botas adentro de la caja,

argumentando que éstas le estorbarían para caminar. Sin embargo, doña Nicolasa quería juntar

toda la ropa, se hizo con algunas cosas pero no con las botas. Cargamos la caja y la colocamos en

una camioneta. Previamente habíamos visto al sacerdote en la estación y prometió hacer una misa

para don Silviano.

Lo llevamos a una pequeña capilla, pero el sacerdote no había llegado todavía; los nervios de la

familia estaban muy alterados y enviaron a buscar al sacerdote inmediatamente. Salimos con la

caja al panteón del pueblo para enterrar a don Silviano en Areponapuchi. En el trayecto, un

camión conducido por unos borracho golpeó a una camioneta que venía detrás de mí. Al principio

no se le dio importancia, pero después la camioneta que fue golpeada se le adelantó a la que la

había agredido. Vimos que se emparejaron y se pararon. Nosotros íbamos en otro vehículo y
105

preguntamos si había algún problema, un señor comentó que se conocían entre ellos.

En el panteón todos ayudamos a enterrar a don Silviano. Una persona que estaba en el entierro

entró en estado de shock mientras echaba las paladas al sepulcro. Eso no fue lo único, otro

hombre se desmayó en el instante mismo cuando nos retirábamos del entierro.

Todo concluyó, doña Nicolasa se fue con Malena para salir la mañana siguiente a Chihuahua y

yo me regresé al rancho junto con Vicente, Socorro y Emma. Toda la familia se despidió. En el

camino al rancho nos paramos a descansar sobre unas piedras grandes y muy planas; nos

recostamos encima de estas y esperamos a que saliera la luna llena para que nos alumbrara,

estuvimos acostados ahí cerca de una hora. Las estrellas se veían más hermosas que nunca y a

pesar de este maravilloso espectáculo tuvimos que continuar el camino. En el camino hubo varios

tropiezos y caídas, pero por fin llegamos. Cenamos rápidamente y descansamos para salir a

Saquirachi al día siguiente, donde nos habíamos comprometido con el gobernador Lupe en llevar

a un médico a la comunidad.

Lunes 2 de mayo: Médico en Saquirachi

Este día fue muy importante debido, entre otras cosas, a la interacción establecida con la

comunidad indígena a través de un médico. Salimos a Saquirachi como a la 13:30 horas, nos

fuimos más rápido por el sendero que por el arroyo. Me detuve un momento afuera de la casa de

Rosenda para dejarle la guitarra que me había prestado unas semanas antes. Me recibió Lupe, su

esposo. Le mostré la guitarra reparada con cuerdas nuevas; él quiso darme un pago pero no

acepté y sólo le agradecí por habérmela prestado. Vicente le hizo algunas preguntas a Rosenda

sobre su salud y tuve oportunidad de platicarle el caso. Vicente le dijo a Rosenda que de regreso

la visitaría.
106

Al llegar a Saquirachi el gobernador Lupe Cansio ya había congregado a unos 15 hombres para

una consulta colectiva. Todos eran conocidos excepto dos personas. Lupe les dirigió la palabra

inicialmente para hablarles de la necesidad de hacer una puerta para la iglesia. También cuando

arribamos los rarámuris me hicieron recordar la primera vez que había llegado por su recelo y a

su frialdad, entre otras cosas.

Me dirigí con el gobernador Lupe y le dije que Vicente era el médico que le habíamos

comentado que llevaríamos. Después fui a la entrada de la iglesia a ver qué hacía Manuel, hijo de

Rosenda, pues escribía algo que me daba curiosidad. Era la lista de donaciones para comprar un

sello que certificara escritos del gobernador y su población.

Hablé con Lupe sobre las enfermedades de la población, después Vicente continuó la plática.

Hubo el caso de una persona que murió de tos, según supimos fue tuberculosis, también una niña

murió de diarrea. Poco tiempo después supimos que la tuberculosis estaba muy expandida en toda

la sierra y era muy común ver a la gente indígena viviendo con esta enfermedad. Vicente tomó la

palabra y les habló primero sobre la importancia de practicar ciertas medidas higiénicas, como

hervir el agua, defecar en lugares retirados de las casas, etc.

Después de entrevistar a cada una de las personas, les dio medicinas para diferentes

enfermedades. Tal fue la influencia del médico que hasta el curandero le pidió medicina para dolor

de espalda; otros más solicitaron medicina para el dolor de piernas etc. Al final Vicente dejó cajas

de medicina con Lupe Cansio, dando instrucciones precisas por escrito de cómo usarlas con cada

uno de los pacientes ya medicados.

Al parecer les dio mucho gusto que fuera un doctor. Al terminar la consulta pública nos

despedimos y le dije a Lupe que iría a otros pueblos en la sierra. Él me preguntó que cuándo
107

regresaría y le respondí que en septiembre. Me despedí de cada uno de los habitantes de

Saquirachi, incluyendo a las mujeres, y regresamos al rancho para preparar el viaje a Ocobiachi al

día siguiente. Dicho viaje nos hizo que detuviésemos momentáneamente el itinerario de trabajo.

Martes 3 de mayo: El accidente en Ocobiachi

Me despedí de toda la que fue mi familia de la sierra: Emma, Chon, Delia y su niña Nayeli.

Después de la muerte del tío Silviano los otros se fueron para Chihuahua o se ausentaron en casa

de otros parientes. Para no prolongar la despedida Socorro, Vicente y yo salimos rápidamente

rumbo a Ocobiachi, en el municipio de Uruachi por la ruta de la mesa una vez que subimos el ala

noroeste del pequeño valle de Arecaina. Escalamos por la montaña del lado noroeste y

encontramos una meseta que nos llevaba directamente al camino de terracería rumbo al municipio

de Guazapares. Como veíamos que ningún vehículo pasaba, decidimos caminar por la brecha

durante buena parte de la mañana. Caminamos cerca de cuatro horas y finalmente nos levantó un

camión que nos dejó a dos horas de Ocobiachi. Llegamos exhaustos a El Alamito, que es la parte

alta de la meseta de Ocobiachi. Aquí nos sentamos a comer el extraordinario almuerzo que Emma

nos había preparado. Bajamos al poblado después de otra hora de camino. Preguntamos por

Mingo, que en ese entonces era el comisariado ejidal. Una persona, que después nos enteramos

era su hermano, nos condujo a su casa. Cuando llegamos Mingo corrió de una casa a la suya para

recibirnos y nos dio un fuerte abrazo. Al saludarlo percibí inmediatamente su aliento

extraordinariamente alcohólico y a él totalmente ebrio.

Platicamos sobre el ejido, nos comentó cómo pudo resolver los problemas que tienen con los

caciques Camerino, quién era el anterior comisariado ejidal, lugar que ahora ocupa Mingo. Según

nos contó, el antiguo comisariado decidió en una junta ejidal vender la hectárea a cien mil pesos,
108

cuando el precio que dieron en Areponapuchi es de medio millón. Así estuvimos escuchando

durante una hora solamente algunas frases coherentes.

Poco tiempo después nos dirigimos a la fiesta a donde encontramos a Mingo al llegar a la

comunidad. Cuando entramos al lugar nos presentó a todos los asistentes, que estaban tan ebrios

como nuestro anfitrión o peor que él. En el lugar Mingo nos ofreció tesgüino, pero ya se lo habían

terminado por completo. En estas condiciones decidió que debíamos trasladarnos a otro lugar en

un camión maderero donde cargan los troncos del aserradero. Como nos habíamos presentado

como maestros, los rarámuris, quienes apenas articulaban algunas palabras, nos dieron el lugar de

la cabina del camión. Con el honor que nos hacían los tres subimos muy airosos al camión. En la

parte de atrás iban todos los demás hombres, que estaban originalmente en la fiesta. Al principio

no sabíamos a dónde íbamos, pero después nos informaron que nos trasladábamos a una casa en

donde seguramente tenían alcohol o tesgüino. El camión era enorme y los caminos totalmente

accidentados, sin una planicie que mantuviera un movimiento firme en el recorrido.

En el camino ocurrió algo que cambió completamente nuestros planes. En una parte

escuchamos gritos en lengua trahumara y después dijeron: “¡Párate, párate! ¡Se cayó uno!” Un

hombre rarámuri completamente ebrio, cayó del camión maderero y una llanta le pasó por

encima. Hubo un momento de confusión e indecisión por no tener información ni apoyo por parte

de los hombres que presenciaron los hechos, debido a su completo estado de ebriedad. Solamente

escuchamos unos gritos y entonces Mingo paró el camión. Al bajar vimos a un hombre en el suelo

gritando y quejándose de dolor. Vicente lo revisó y no alcanzó a diagnosticar lo grave del

accidente. Mingo decía que lo llevaría a un lugar en donde lo pudieran curar. Lo subimos de

nuevo lentamente al camión y nos dirigimos al lugar que Mingo había anunciado previamente.
109

Tras unos minutos en el camino, nos dimos cuenta que Mingo y los demás hombres en realdad

querían dejarlo en su casa. El hombre herido, al mismo tiempo que se quejaba de dolor abdominal,

también pedía tesgüino o pisto, como le dicen los mestizos al alcohol. Sin pensarlo dos veces,

dijimos a Mingo que era necesario llevarlo a un médico que pudiera diagnosticar la gravedad de

sus fracturas. En San Rafael había uno que podía revisarlo. Después de esto, cambiamos

radicalmente nuestros objetivos del viaje. Mingo todavía estuvo renuente a llevarlo y dijo que se

curaría solo si lo dejábamos en su casa. Todos reaccionamos molestos, nuestro amigo médico le

dijo que si no veía un médico podía morir en la próximas horas porque conforme pasara más

tiempo su respiración se haría cada vez más difícil. Tardamos alrededor de dos horas en llegar a

San Rafael. En el camino de terracería de la sierra el hombre se quejó amargamente del el

zangoloteo del camión. No obstante la gravedad de su estado, continuaba pidiendo alcohol y

decía que con eso era suficiente para curarse. En San Rafael lo bajamos con mucho cuidado y lo

trasladamos a una pequeña clínica. Después de revisarlo, el médico dijo que tenía varias costillas

rotas, y que una de ellas había perforado uno de los pulmones. Lo dejamos en la clínica y al otro

día regresamos para ver su evolución.

Miércoles 4 de mayo: Salida de San Rafael

Despertamos muy temprano y nos trasladamos a la clínica para para ver el estado de salud del

herido de Ocobiachi, pero al verlo ahí nos sorprendimos porque casi 12 horas después del

accidente, todavía no se le había trasladado a otro lugar a pesar de la gravedad de su estado.

Volvieron a confirmarnos el diagnóstico: tenía costillas rotas, un brazo roto y respiraba con

dificultad por tener el pulmón perforado. A pesar de su gravedad, no había manera de trasladarlo

a otro lugar. Discutimos con el médico por no haberlo enviado de inmediato a Chihuahua.
110

Tuvimos que esperar el tren que pasaba a las dos de la tarde rumbo a San Juanito, donde había

una clínica y lo podrían intervenir. Lo llevamos a la estación y entre un montón de espectadores lo

subimos al tren con ayuda del doctor de San Rafael, quien tuvo el acierto de acompañarlo a San

Juanito en todo el trayecto.

Esa fue la última vez que vi a mis compañeros antes de tomar el tren con rumbo a la costa del

pacífico. Me despedí de ambos y me quedó un grato sabor de boca por vivir nuevas experiencias y

haber conocido tanta gente maravillosa.

Junio de 1988: Festival de música y danza en Cuiteco

Después de permanecer en Sinaloa durante varias semanas, regresé a la Sierra para continuar con

mi investigación sobre música y danza, y aspectos míticos y religiosos de la cultura rarámuri.

Cuando estuve en Arecaina pude enterarme en una reunión en San Rafael, sobre este encuentro

de música y danza que se realizaría en el pueblo de Cuiteco. Dicho festival sería organizado por

autoridades tradicionales, instituciones indigenistas y el gobierno del Estado de Chihuahua. Más

que una fiesta tradicional, el encuentro era una forma de legitimar la presencia institucional en la

Sierra Tarahumara. Sin embargo, todos los participantes lograban sacar provecho de esta reunión

que congregaba a todos los gobernadores y pueblos de la Baja Tarahumara. Las autoridades

tradicionales mostraban su organización comunitaria, las institucionales se vanagloriaban de

ayudar a la población indígena celebrando un macro festival regional, mientras que la población

rarámuri podía vender sus objetos artísticos y mostrar a la población mestiza (y también a la

población académica) una de las partes más importantes de su cultura: la música y la danza.

Cuiteco se encuentra en el municipio de Urique y es una de las estaciones de paso del

ferrocarril que hace el recorrido de Chihuahua al Pacífico. En esos años, a finales de los ochenta,
111

el recorrido para llegar al pueblo de Cuiteco se hacía entre ocho y diez horas saliendo de la ciudad

de Los Mochis. Cuiteco es propiamente la Baja Tarahumara y se encuentra un poco antes de la

mitad del recorrido saliendo entre Los Mochis y la ciudad de Chihuahua.

El 27 de mayo además del festival, también se realizó el encuentro de gobernadores

tradicionales de la Baja Tarahumara. Dicha reunión fue convocada por la Procuraduría de

Asuntos Indígenas y el Departamento de Educación Indígena. Al llegar a Cuiteco vi mucha gente

del municipio de Guazapares, Uruachi, Chínipas y Mahuarichi, todos llegaron en el tren. También

muchísimas personas de la Baja Tarahumara, al final del día entre rarámuris y chabóchis, ya

éramos varios cientos. Cuando llegamos a la iglesia nos dimos cuenta de que la gente ya

preparaba el espacio ritual del encuentro alrededor de la iglesia, donde se realizaría la

inauguración del evento por parte de las autoridades y de los gobernadores.

El señor Gabriel Cadena Salmerón abrió la sesión con unas palabras de bienvenida en rarámuri

y en español. Muy al estilo de los sermones rarámuris, el señor Cadena invitó a los asistentes a la

fiesta a convivir con respeto y no meterse en problemas durante la celebración. También convidó

a la gente a participar en los juegos tradicionales y conservar la unidad entre las comunidades de

la Baja Tarahumara.

Por otra parte Alfredo Loya, Presidente de sección de Cuiteco dio la bienvenida e hizo la

declaración inaugural del evento que contó con la participación de matachines y pascoleros de

Cuiteco y Mesa de San Pablo. Por su parte, la señora Nieves Salmerón Frías, del albergue de San

Rafael y coordinadora femenil de la fiesta y del juego de ariweta dirigió al público rarámuri un

importante mensaje sobre la preservación de su cultura. Más tarde se inició formalmente la

reunión de gobernadores indígenas y al anochecer la fiesta dio inicio con un yúmare de Ocobiachi,
112

del municipio de Guazapares.

Después de la inauguración todos los gobernadores se pusieron de acuerdo para elegir el lugar

en donde se prepararía la comida y el tónare, así como el lugar idóneo para moler el nixtamal y

también dieron información sobre la hora a la que comenzaría la fiesta en la noche, al igual que los

horarios para la comida, la ubicación de los grupos, entre otras cosas. Algunas personas se

colocaron en los árboles haciendo la comida, otros más se situaron al lado de la iglesia, para hacer

el nixtamal y molerlo en su propio molino. Hubo varias personas que tuvieron la misma iniciativa

de situarse al lado de la iglesia para cocinar. Toda la gente participaba de alguna manera para

hacer la comida, cocer frijoles y el preparar el tónare.

Eran como las nueve de la noche cuando dio inicio la música de la fiesta en donde intervinieron

músicos de varios municipios, entre ellos del municipio de Mahuarichi, Urique y Guazapares.

Algunos músicos prefirieron tocar adentro de la iglesia, mientras que otros en el patio, justo

donde colocaron el altar con tres cruces.

En la iglesia empezaron a tocar y después de tocar algunos minutos, iniciaron con unos

minuetes para introducir la danza de matachines. Los danzantes salieron para saludar la cruz que

ahí tenían, los que empezaban fuera de la iglesia se movían a su interior para saludar a la Virgen.

Mientras los matachines avanzaban de adentro y afuera de la iglesia, los músicos hacían lo propio

pero tocando sus violines.

Cuando inició la música sacrificaron una res junto al altar. Después de matar a la vaca la
113

desollaron y el maynate15 aventó la sangre del animal hacia el cielo para darle gracias a Dios. Al

mismo tiempo encendió el incienso y dio las gracias a los cuatro puntos cardinales. Después, el

maynate empezó a cantar y a bailar. En el yúmare participaron hombres y mujeres. Por su parte,

los matachines también bailaban en ese momento. El yúmare se baila por espacio de tiempos,

primero bailan y después descansan un rato antes de reiniciar la danza. Según las investigaciones

de Lumholtz, el yúmare era para recibir el sol. Así, la danza duró durante toda la noche hasta el

día siguiente y terminó alrededor de las 12 del día.

Por otra parte, en la cocina las mujeres estuvieron todo el tiempo haciendo la comida, mientras

que la gente se dedicaba a realizar otros tipos de actividades. La música continuó en el patio de la

iglesia, interpretada por diversas comunidades provenientes de diferentes municipios. Una vez que

terminaron tomaron un descanso para reiniciar y comenzó la carrera de bola, los juegos de palillo

y de arihueta.

Alrededor de las 2:30 de la tarde empezó el juego del palillo y terminó como a las 5:30. Este

juego es una especie de hockey pero, al igual que en la carrera de bola, no hay un terreno

establecido y la bola puede lanzarse casi en cualquier dirección. Finalmente ganó el municipio de

Guazapares. En las carreras de mujeres con arihueta también ganaron los de Guazapares. La

arihueta es un aro hecho de madera y tela, que se impulsa con un palo de madera, en el trayecto

pueden recorrer decenas de kilómetros. En cuanto a la carrera de bola, que antes habíamos

comentado para el caso de San Alonso, fue ganada por la gente del municipio de Urique. En la

11
El maynate designa al cantor de tutuburi ya integrado actualmente a un mismo género de música

vocal llamado yúmare.


114

noche un grupo de hombres estuvieron ayudando a los corredores dándoles pinole y ayudando a

alumbrar con ocote a los corredores durante toda la noche.

En la carrera de arihueta las mujeres empezaron a correr a las cinco de la tarde y terminaron a

las ocho de la noche. A las siete de la noche empezó la carrera de los hombres y termino al día

siguiente a las ocho de la mañana. Originalmente eran treinta vueltas pero no pudieron terminar y

solamente hicieron quince vueltas debido al agotamiento. Durante la noche y el tiempo que duró

la carrera, los músicos tocaron en la iglesia sones para que bailaran los matachines y pascolas.

Al final de las carreras, cuando terminaron de repartir las apuestas, los gobernadores se

reunieron para ponerse de acuerdo a qué hora se realizaría el cierre de la fiesta. Era alrededor de

medio día, cuando a un lado de la iglesia se llevó la clausura oficial de la fiesta, justo en el mismo

lugar en donde se había realizado su inauguración.

Los niños de las escuela albergue de Cuiteco despidieron el evento cargando una bandera.

Como suelen terminar muchos rituales de carácter civil, fueron los pascoleros los últimos en bailar

y cerrar el evento. Al terminar toda la gente regresó a sus comunidades. La mayoría de las

personas tomaron el tren, unos Otros tantos se quedaron en la comunidad para salir al otro día.

Los que se permanecieron en Cuiteco compartieron el tesgüino. El gobernador Fabián Lara

Quintero ofreció tesgüino a la poca población que se quedó después del encuentro.

29 de septiembre de 1988

Fiesta tradicional de Cuiteco

Esta fecha, día de San Miguel, coincide con la ceremonia de la cosecha en el pueblo de Cuiteco, a

donde decidí hacer una escala antes de continuar hacia otras comunidades. Como llegué poco

después de mediodía, me dirigí a una tienda en donde pude comprar algo para tomar. Pese a que
115

estuve conversando durante buen rato con la señora de la tienda, no me reconoció hasta que le

pregunté por algunos conocidos. La mujer mencionó no haber visto a mis amigos ni a ninguno de

sus hermanos. Enseguida busqué la casa en donde me iba a hospedar y dejé mis cosas encargadas

en la tienda. Un señor rarámuri también iba con rumbo al pueblo, así que en el trayecto

aproveché para ir comentando las últimas novedades del pueblo.

La casa a donde fui se encuentra en la parte alta y puede verse desde la vía del tren.

Efectivamente no encontré a nadie de la familia, pero conocí a otras personas que gentilmente me

ayudaron en algunas cosas que necesitaba. Descansé un momento en la casa y después salí con

rumbo a la iglesia que se encuentra a 200 metros de la casa donde pasé la noche.

Final de la fiesta

Según información de uno de los muchachos que me acompañó a la iglesia, la fiesta estaba

terminando porque la velación empezó desde la madrugada del día 28 de septiembre. En la iglesia

había unas 50 personas, en su mayoría rarámuri, pero también había mestizos. Se organizaron

para hacer una procesión alrededor de la iglesia, que era encabezada por la figura de San Miguel,

a quienes cargaban por delante. Una señora también cargaba un recipiente con carbón en el que

encendían algún tipo de incienso. Antes de salir en procesión, hubo una pequeña danza de

matachines que duró una media hora. Los músicos se acompañaban con guitarra y violín. Al

terminar la danza, comenzaron a caminar; se detuvieron 10 metros adelante y la gente empezó a

rezar ave marías. En ese momento, la señora que llevaba el incienso hacía señales frente a la figura

de San Miguel en forma de cruz. La procesión continuó y la música de violín y guitarra se volvió

a escuchar. Unas personas más rezaban y otras cantaban alternándose en el recorrido. De esta

manera se desarrolló todo el trayecto hasta llegar a la puerta de la iglesia, en donde se bendijeron
116

las primicias de las cosechas de maíz, ejote y papa. Esto duró aproximadamente 15 minutos.

Posteriormente la gente salió de la iglesia y unas personas repartieron galletas y dulces. El

gobernador o Siríame dirigió en tarahumara un sermón o nawésari para los muchachos presentes.

Al final, toda la gente tomó tesgüino y comió del tónare que ya estaba listo. En las casas cercanas

se repartieron los mismos elotes y papas que se habían bendecido previamente en la iglesia.

Ocobiachi, 8 octubre de 1988: Inauguración del aserradero

En 1988 aproveché para realizar múltiples estancias en la Sierra Tarahumara en diferentes

poblados. Antes de subir a la Alta Tarahumara, visité algunas rancherías de la Baja Tarahumara,

en donde había vivido la mayor parte del tiempo cuando estuve realizando investigación para mi

tesis de etnología.

A finales de 1988 estuve en la Alta Tarahumara, pero regresé a la Baja con la ayuda de mis

amigos que trabajaban en la estación de radio XETAR, la voz de la Sierra Tarahumara en

Guachochi. Ellos me ayudaron en una de mis primeras incursiones en la Alta Tarahumara que se

prolongó durante varias semanas, y en donde tuve la oportunidad de conocer el extraordinario

trabajo radiofónico indigenista.

En una ocasión fuimos a la Baja Tarahumara, en la comunidad de Ocobiachi, donde se

realizaría una fiesta de carácter civil. En esta ocasión tuvimos que atravesar toda la sierra desde

Guachochi hasta Creel, después San Rafael y finalmente llegamos a Ocobiachi ya en la noche.

Antes de llegar, me vino a la mente la imagen del hombre accidentado por el camión maderero, su

traslado y sus quejidos de dolor. Aunque no tenía muy buenos recuerdos de este lugar, era una

buena oportunidad para saber cómo había terminado esa historia.

Al igual que muchas comunidades rarámuris de la tarahumara, Ocobiachi es un caserío


117

disperso. A primera vista no tiene muchos habitantes, pero ya conociendo los alrededores se

puede constatar que este caserío se conecta con otros que se encuentran dispersos a su alrededor

y estos con otros más, siendo ésta es la lógica de poblamiento en toda la Sierra.

Ocobiachi se encuentra en el municipio de Guazapares, y es un ejido principalmente. Es un

lugar de clima frío, como casi toda las sierra en las partes altas, con vegetación de coníferas

alrededor del pueblo. Cuando hace mucho frío en invierno mucha gente baja a al barranco donde

no sopla tanto el viento, o se refugian en alguna cueva durante algún tiempo mientras pasa el

temporal.

En esta comunidad es muy escasa el agua durante el tiempo de sequía, debido a que hay muy

pocos ojos de agua. Sin embargo, las casas que se encuentran a las orillas del llano se proveen del

vital líquido para poder subsistir. El pueblo posee un terreno muy amplio para la agricultura; la

gente siembra maíz, papa, frijoles, trigo y chícharo. El llano de ese pueblo es muy extenso y hay

unas 35 casas. Tiene una iglesia muy antigua, en donde se festeja Semana Santa, que es su fiesta

principal, pero también tiene celebraciones el 21 de junio, 13 de junio, 15 de mayo, 24 de

diciembre, 29 de diciembre y 12 de noviembre.

En este ejido existen 176 ejidatarios y tiene un aserradero, así como un camión para cargar

troncos de árboles, y una camioneta para el comisariado ejidal. El aserradero fue recuperado y

expropiado a un cacique con muchos sacrificios. Anteriormente, un señor Torres era el dueño de

muchos árboles y también tenía un aserradero que él mismo administraba. Por muchos años

estuvo allí destruyendo los bosques de los rarámuris ejidatarios de esa comunidad. Contaba la

gente que este usurpador hacía trabajar a las indígenas con sueldos muy bajos y a través de

engaños. Tenía fama de haber robado la madera del ejido a los rarámuris durante mucho tiempo.
118

Sin embargo, la gente ya no soportó y con la organización de todos pudieron quitarle este

privilegio. Ahora ellos mismos son los administradores del aserradero.

Contraria a las celebraciones religiosas, esta ocasión se trataba de una de carácter civil a la que

el comisariado ejidal Domingo y los ejidatarios habían convocado y se conmemoraba la

inauguración del aserradero que finalmente habían podido recuperar del cacique. Para la fiesta

bajaron músicos de varias comunidades, el violín fue interpretado por el Siríame Eligio Rivas

Pinto, quién vivía en el rancho de Bacuséachi, municipio de Maguarichi, mientras que la guitarra

fue interpretada por Seferino Cansio que vive en el rancho Bacayepuchi del mismo municipio de

Guzapares. Eligio Rivas Pinto es muy buen músico y era invitado a muchas fiestas de la región

para que tocara el violín. También tiene el conocimiento para realizar yúmares, toca sonaja y

canta. Este señor, al igual que muchos rarámuris, aprendió a tocar desde que era muy joven y

ahora enseña a las nuevas generaciones para que cuando él ya no esté los rarámuris puedan seguir

tocando la música de su pueblo. Eligio nació en Ocobiachi hace muchos años y tiene alrededor de

80 años. Aprendió desde muy joven a tocar violín, le enseñaron sus amigos. Alguna vez comentó

que él inventó y nombró las piezas de pascol que interpreta, imaginándose como podían llamarse

de acuerdo con el tono de la música. Mencionó por ejemplo la música del abuelo coyote que está

sentado cantando, el oso que canta, el tecolote que también canta, todas estas piezas las inventó

don Eligio. Como otros músicos, Eligio interpreta también la música de otros músicos de otras

regiones y piezas que siempre se han tocado y no se sabe quiénes fueron sus compositores. En

esta ocasión los músicos tocaron sones de pascol en la casa del Adolfo Frías, quién había ofrecido

tesgüino a algunos miembros de la comunidad.

Cuando hay fiesta en Ocobiachi vienen muchas personas de otros pueblos. En estas fiestas y
119

ceremonias se reúnen diversas comunidades como Bacuseachi, Machuchi, Richuchí, Monterde,

Guagüichi y Porochi. Contrario a lo que sucede en otras partes de la sierra donde sacrifican a las

vacas, en las fiestas de Ocobiachi matan chivos para hacer el tónare. Por otra parte, la fiesta más

grande que se hace en Ocobiachi es la de Semana Santa. En caso de que las personas de la

comunidad tengan visitas, deben de convidar su comida el tiempo que permanezcan los

huéspedes.

En Ocobiachi, como en varias mesetas de la Sierra, existen pistas de aterrizaje que

originalmente transportaban gente y algunos productos de las Sierra a la ciudad y viceversa.

Actualmente, con la ampliación de las carreteras, poca gente viaja en avioneta. Sin embargo, es

bien conocido que estas pistas son utilizadas constantemente para el tráfico de droga. Por

ejemplo, en Ocobiachi había una pista que fue cerrada porque, a decir de las autoridades, no

estaba registrada. Cuentan que por 1986 el ejército destruyó el “campo de aviación”.

Aunque el final de la fiesta fue a las tres de la mañana para los externos, no había muchos

lugares donde podíamos pernoctar y no traíamos más protección que nuestras propias ropas. Sin

embargo, el comisariado ejidal tuvo a bien invitarnos a pasar la noche en su casa al lado del fogón,

lo cual es todavía más meritorio. En ese instante, antes de dormir, aproveché para preguntar sobre

el muchacho que habíamos llevado al hospital meses atrás, a lo cual Mingo respondió que ahí

andaba ya otra vez tomando tesgüino.

En contraste con nuestro desvelo, uno de nuestro compañeros rarámuris de la radio

indigenista se veía completamente fresco y tal como lo dejamos grabando con su grabadora de

marca Uher, así lo encontramos al día siguiente. Cerca de medio día tomamos el camino de

regreso s Guachochi, a donde llegamos bien avanzada la noche después de hacer una escala en
120

Arecaina.

Norogachi 12 octubre de 1988: Fiesta de la Virgen del Pilar

En estos viajes con gente de la radio tuve la oportunidad de conocer la Alta Tarahumara. Región

que en para mí entonces era totalmente desconocida. Recuerdo haber subido en alguna ocasión

por Sinaloa, pasé por varios poblados de la sierra antes de subir por el ferrocarril. Muy poco

tiempo después de regresar de Ocobiachi, fuimos a la fiesta de Norogachi en la Alta Tarahumara,

región muy distinta a la Baja Tarahumara en donde había conocido la cultura rarámuri de

occidente.

Norogachi y Guachochi son quizá unas de las capitales de la Alta Tarahumara, tanto como

Cuiteco o Divisadero lo son para la Baja Tarahumara. A Norogachi va gente de todo el mundo

cada año para ver sus fiestas y pese a tener una buena parte de población mestiza, la población

indígena no ha dejado de tener una presencia predominante en el escenario cultural, y sobre todo

ritual de esta localidad. Norogachi es conocido, entre otras cosas, por ser sede de varias misiones

religiosas que han escogido este lugar para difundir su trabajo evangélico 16. El día anterior

llegamos de Ocobiachi y en la mañana salimos a hacia Munerachi a las 10:30 de la mañana. Antes

de salir, aproveché para plantear algunas preguntas sobre la afinación y los ritmos de la guitarra y

16
Los jesuitas regresaron a la sierra a principios del siglo XX, después de haber dejado el territorio

durante el siglo XVIII y haberse ausentado de la sierra durante 130 años. Sin embargo, los

franciscanos tuvieron una posición importante durante el siglo XIX, abandonando la región

después. Actualmente la misión jesuita sigue teniendo un papel preponderante en el trabajo

sociocultural de la Sierra.
121

del violín.17

La fiesta

La Virgen del Pilar es la patrona del pueblo de Norogachi, que se encuentra a 65 km de la

localidad de Guachochi. En este poblado se celebra la fiesta los días 11 y 12 de octubre en honor

a la Virgen del Pilar. El templo data de 1690 y fue construido por los jesuitas desde sus primeras

incursiones en la Sierra. Desde entonces, ha sido una de las iglesias más importantes de toda la

Alta Tarahumara (León, 1992).

El clima del inicio del otoño es muy agradable, no hace ni frío ni calor. Al llegar a Norogachiví

sobresalen primeramente tres grandes construcciones en el centro del pueblo. Una de ellas es el

internado dirigido por monjas, otra es la casa de los padres jesuitas y otra más es la clínica. Las

construcciones de las congregaciones religiosas están muy bien condicionadas. Esa misma tarde

comimos en casa de Valvina Torres y posteriormente nos trasladamos a la casa de los jesuitas.

Los padres han tenido un papel muy importante en la organización y preparativos de la fiesta.

Muchos de ellos serán matachines y bailarán durante toda la noche en el interior de la iglesia. 18

17
Llegamos a Munerachi a las 3:30 de la tarde. El lugar es un valle pequeño con varios desniveles.

Tiene el valle 2 km de ancho por 4 de largo. La comunidad es accesible por el lado sur. Al llegar

se encuentra un cerro pedregoso en donde hay una cruz blanca en la parte de arriba, hacia el

oriente. El camino tiene cercos en ambos lados que delimitan el final del terreno. A la comunidad

de Munerachi la atraviesa un río que al parecer lleva su nombre. Este río se ve grande a pesar de

llevar poca agua en estas fechas, de una orilla a otra son 100 metros aproximadamente.
18
El hecho de que los jesuitas se hayan introducido a la comunidad rarámuris tiene varias
122

Cuando fui a visitar a la gente de la misión jesuita pude conocer de cerca su casa de la Misión.

Los sacerdotes (siempre de manera muy gentil) nos ofrecieron café con galletas. Además de la

presencia de Jesuitas y de otros grupos, también hay sacerdotes diocesanos, es decir aquellos que

se rigen directamente por la jerarquía eclesiástica de la diócesis. Por otro lado, están las hermanas

religiosas que pertenecen a la congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los

pobres. En cuanto a las monjas que trabajaban en el hospital, éstas pertenecen a la congregación

de San Carlos Borromeo. La escuela se encuentra en un piso del gran edificio, ya que la parte de

arriba es el internado.

En la tarde de ese día, ya se sentía perfectamente el ambiente festivo y podía verse a la gente

haciendo la comida, preparando pan y tamales para vender. Durante toda la tarde estuvo llegando

gente proveniente de diversas rancherías, como Romíchi Santa Cruz, Simuchíchi, Kuechi,

Tucheachi, Gomárachi, Sikiríchi, Rikusáchi, Tatawichi entre otras. Como ya es costumbre, las

mujeres estrenaron hoy sus hermosos vestidos, muy elegantes con vivos y vistosos colores

estampados, especialmente el color rojo y el blanco.

En cuanto a la organización de la danza, unos días antes los gobernadores y los chapeyó de la

localidad recuerdan a los matachines que tienen la obligación de bailar ese día para la Virgen del

implicaciones. Por un lado, tienen una influencia ideológica muy fuerte entre los creyentes, siendo

y éste es el aspecto más importante. Mientras que por otro lado también participan en un proyecto

social por medio de los vínculos reales y afectivos que tienen con la población indígena. Los

sacerdotes que participaron en esta occasion, eran Ramón Mijarez, Carlos Vallejo, Ricardo

Robles y Jaime Laines, entre otros.


123

Pilar. En esta situación, los chapeyó deben juntar a los matachines que bailarán toda la noche,

como lo hacen año con año en ese mismo día, y recordarles su obligación para bailar en las fiestas

patronales. Su trabajo consiste en organizarlos e ir de casa en casa, para recordarles que deben

estar listos el día de la víspera de la fiesta, así como preparase para trasladarse al pueblo en donde

tienen programada su participación. Entre las obligaciones de los chapeyó está el dar de comer a

los matachines durante toda la fiesta y cuidar y mantener junta a toda su gente para que no se

dispersen. De este modo, son ellos mismos los que ordenan quiénes serán las personas que deban

dirigir la danza, puesto que cada monarca tiene derecho de dirigir la danza de matachines en tres

piezas de música. Una vez completando las tres piezas, nombran a otro monarca para que dirija la

danza.

La fiesta de la Virgen del Pilar se lleva a cabo de manera un poco diferente en relación a otras

celebraciones donde participan los matachines. En ésta ocasión, tanto los chapeyó como los

monarcas no tienen la obligación de preparar tesgüino, solamente llevan a los danzantes a la

localidad y después regresan con ellos a sus ranchos para tomarlo directamente con todos los

miembros de las rancherías, en especial las mujeres que llevan el nombre de Pilar o del Santo que

es celebrado. En cambio, los días 12, 24 y 25 de diciembre y 6 de enero, al igual que el final de las

fiestas de diciembre, los chapeyó sí tienen la obligación de hacer tesgüino para toda la comunidad

y en particular para los matachines, siendo ellos mismos los que preparan el tesgüino. El puesto

de chapeyó dura 3 años, en este lapso de tiempo, tienen que dar de comer a los matachines

durante toda la fiesta. Estas autoridades festivas son elegidas por los mismos danzantes de

matachines en una ceremonia de nombramiento organizada por los gobernadores del pueblo.

Eran aproximadamente las 8:00 de la noche cuando inició la danza de matachines por parte de
124

los muchachos de la escuela "Gabriela Mistral". La edad del grupo de niños oscilaba entre los 5 y

10 años. Cada hilera se componía de 12 y 13 niños. Este grupo fue acompañado por un violín y

una guitarra. Al inicio sólo había un solo violín tocado por Nicolás Moreno, quien acompañó a los

danzantes junto con la guitarra del joven Hermilo García. Sin embargo, a las 9:00 de la noche

empezaron a bailar otras personas adultas, formando entre todos un grupo grande y numeroso en

donde también participaban los sacerdotes. En este grupo ya había seis violinistas, pero una hora

después llegó un séptimo violín. Los músicos de violín que participaron en ese momento eran

Teodoro Koperachi, Felizardo Olivas, Silverio Castro, Calistro Chaparro, Guadalupe Loya e

Ignacio Nevares.

¡La energía que trasmitía esta danza al ritmo de la sonaja y el golpeteo en el piso era, por decir

lo menos, indescriptible! La escena ritual no sólo cautivaba por el sonido de los violines, tan

grandes como violas, sino por la atmósfera en su conjunto en donde intervenían la luz tenue, el

olor a incienso y las figuras de la danza que imponían ritmo al poderoso tiempo ritual que

vivíamos en ese momento. Al principio había seis danzantes con espejo en la cabeza. Cada tanda

de música se componía de seis piezas. En cada tanda se realizaba el cambio de monarca, quien

portaba la corona y se la pasaba al siguiente al terminar su tanda. Entre los matachines se

encontraban unos sacerdotes de diferentes comunidades que, a pesar de evidenciar su origen

chabochi, se habían introducido desde hace muchos años a la cultura rarámuri.

Mientras que los matachines bailaban en medio de la iglesia, las mujeres permanecían sentadas

con sus niños al lado derecho, frente al altar, mientras que en el lado izquierdo se situaban los

hombres rarámuri junto con algunos mestizos que se dejaron ver únicamente durante la hora de la
125

misa.19

Los matachines bailaron sin descansar hasta las 12 de la noche, hora en que inició la

celebración de la misa, tanto en lengua rarámuri como en español. En la misa participaron los

mismos sacerdotes que posteriormente se incorporaron a la danza: Ramón Mijares, Carlos

Vallejo, Ricardo Robles y Jaime Laines. En la misa también participaron los muchachos que

formaban parte del coro del internado, y el grupo juvenil de la iglesia, que iban acompañados de

un órgano y dos guitarras. El coro de niñas indígenas se escuchaba de manera majestuosa. De

repente entonaron una melodía con de una belleza extraordinaria y cuya letra decía: “Habrá un día

en que todos / al levantar la vista, / veremos una tierra, / [de paz] y libertad”.

Al escuchar esta melodía quedé pasmado por su fuerza melódica y me sorprendió la manera en

que el compositor zaragozano, José Antonio Labordeta, habría llegado a esta pieza. Si bien había

dos palabras que se le cambiaban en la última línea del estribillo, que en lugar de decir “que ponga

libertad” como aparece en la letra original, se le sustituía por “de paz y libertad”, la música era

exactamente la misma.20 La interpretación de esta pieza en la versión rarámuri era más ligera y

dinámica que la versión cantada en España, aun manteniendo su original ritmo en 2/4, que tiene la

19
No obstante, como ocurre en muchas comunidades, el sentido final que tiene la fiesta para los

jóvenes mestizos es la embriaguez, escuchando música a todo volumen de sus grabadoras o de sus

aparatos de sonido de sus propios autos o camionetas. Y como también suele suceder, el

resultado de estos excesos fue un herido que fue atendido en la clínica IMSS Coplamar.
20
Esta pieza se convertiría en el himno de la provincia de Aragón, España, 22 años después, en

2010.
126

intención de marcha militar concebida originalmente por el autor.

Al concluir la misa, los tres siríames o gobernadores tradicionales dieron su acostumbrado

sermón. Entre éstos estaba Luciano Caro, Moreno Koperachi y Guadalupe Espino. Los tres

gobernadores dijeron que era muy importante la fiesta de la Virgen del Pilar, porque les ayudaba

mucho en los problemas que la gente tenía para sembrar y también en los problemas de salud. Al

terminar el sermón, pidieron el buen comportamiento de la gente, tanto en la fiesta como en las

tesgüinadas que se realizarían al otro día.

Una vez que los danzantes y los asistentes escucharon y asumieron los sermones de los

gobernadores, reiniciaron la danza matachines las mujeres con 13 personas muchachas por cada

fila, acompañadas por un solo violín. Después de cuatro o cinco tandas entró un guitarrero y un

violinero. Los matachines adultos retomaron la danza de las dos a las nueve de la mañana. La

danza hipnótica de matachines continuó durante toda la noche con varios descansos. A esta hora

de la noche del clímax festivo, ya había 15 matachines por fila, siete violines y cinco chapechoyo

situados en la parte de adelante en el interior de las filas, cuidando la coreografía y mandando a

los danzantes a sus filas.

Al iniciar el primer ciclo, que duró desde las 20:30 horas hasta las 12 de la noche, fueron ocho

tandas. Cada tanda se componía de seis piezas de matachines. Cada son poseía características

particulares sobre su acentuación rítmica: Algunos eran de carácter ternario y otros más, en

menor medida de tiempo binario.

Ternario-ternario-ternario-binario-binario (en este tiempo ya había 10 personas con coronas;

los matachines se incorporan durante la danza)-ternario-ternario-ternario-binario y ternario-

binario-ternario (muy claros los tiempos y acentos de sonaja y pie). El ritmo ternario en los pies se
127

acentúa en el tiempo 3 y 1, mientras que la sonaja se acentúa en el tiempo 1 y 2, ocasionalmente

hace algún redoble. Pies 6/8  Ad. libitum. Sonaja 6/8  Ad.

libitum

Según mis anotaciones, durante toda la noche y hasta la culminación de la danza por la

mañana, hubo tres intermedios. Los matachines dieron ocho tandas y según información referida

por uno de los danzantes, se componía también de seis piezas de matachines cada una. A la mitad

de cada tanda o al finalizarla, el monarca lanza un grito en falsete como indicando el final del

ciclo, o como cambio en los pasos de la coreografía.

Por otro lado, en la noche se escuchaban grabadoras con música norteña en el exterior de la

iglesia, que pertenecían al sector chabochi de la población. En esta parte de la fiesta mestiza

abundó el pleito y el desorden, debido, como antes comentamos, a la incompatibilidad entre la

percepción del tiempo festivo rarámuri con el tiempo festivo para el mestizo, que no comprende

las implicaciones sagradas en la fiesta y no confiere mayor importancia a la sacralidad festiva,

confundiendo los tiempos de sacralidad solemne con las sacralidad de la ebriedad colectiva en la

tesgüinada, programada para el día siguiente.

La última tanda de sones se realizó de las siete a las nueve de la mañana, pero ya con menos

gente. Como a las seis de la mañana la mayoría de la personas se dispersaron de regreso a sus

rancherías para seguir con las tesgüinadas. La fiesta en el pueblo había terminado pero continuaría

en las casas de algunos de los participantes.

Por otra parte, en la casa de los sacerdotes se había dado posada a muchos rarámuris y a los

invitados de otras parroquias y comunidades que asistieron a la fiesta. La gente provenía, entre
128

otras, de comunidades como Ba'winokachi Sonogóchi, Raramúchi, Guachochi y Rowérachi.

Como parte de las alianzas con la comunidad indígena, los sacerdotes ofrecieron tesgüino y

comida a los visitantes, de los cuales nosotros también disfrutamos.

Miércoles 13 de junio 2001: Llegada a Chihuahua rumbo a Casas Grandes

Hace siete días llegue a Chihuahua, aunque he visitado algunos lugares que antes ya había

conocido, éstos siempre me tienen sorpresas y novedades. La última vez que estuve en la sierra

fue en 1996 en una semana santa Tarahumara en la comunidad de Tatawichi, pero ahora es

diferente, muy diferente. En aquel año me encontraba haciendo mis estudios en el extranjero,

ahora vivo en la frontera y trabajo como profesor investigador en una institución fronteriza.

El objetivo del proyecto de investigación que propuse al Conacyt se trata analizar las

relaciones binacionales del arte de los indígenas del noroeste de México y en particular los que

habitan en ambos lados de la línea fronteriza. En esta ocasión la idea original era ir nuevamente a

la Baja Tarahumara, sin embargo, los planes han cambiado.

El primer día que llegué a Chihuahua quedé muy impresionado al recordar, ahora a la distancia.

Esas experiencias que viví hace algunos años me regresaron a ese momento de reconfortante

alteridad y recalco reconfortante porque los procesos y experiencias de alteridad a menudo tienen

un desenlace no siempre reconfortante. Es curioso, en aquel entonces la distancia cultural que

tenía con la realidad de mi país radicando en el extranjero, me mantenía como un espectador ideal

para observar a la distancia los hábitos de la cultura, no sólo indígena, sino la cultura mestiza y lo

que se vende en el extranjero como cultura nacional.

Después de mi regreso a México, D. F. y mi establecimiento en Tijuana, he reaprendido

muchos hábitos culturales de la “mexicanidad norteña”, que creía ya conocer perfectamente y que
129

ahora me fascinan tanto como me repugnan. 21 Después de estar una semana Chihuahua he

aprendido mucho de la cultura del norte. El primer día fue de reconocimiento, aunque ya realizaba

algunas llamadas a algunos amigos para establecer proyectos. Al día siguiente de mi llegada

saludé a otros amigos y conocí a varios antropólogos de la ENAH Chihuahua. En la noche fuimos

a la fiesta de graduación de una de las promociones de estudiantes de la ENAH, que se realizó en

una granja muy agradable en las afueras de la ciudad.

Jueves 14 de junio de 2001: Paquimé, el arte cerámico de Mata Ortíz, y la colonia Juárez

Al otro día de la reunión con los estudiantes de antropología me trasladé a la ciudad de Casas

grandes. El trayecto de Chihuahua a Casas Grandes tiene una vista espectacular de llanos

inmensos y de ese azul del cielo tan penetrante. En este lugar tuve la fortuna de conocer a Blanca

Chinolla, quien me ofreció gentilmente hospedarme en su casa a un precio muy cómodo. Durante

el día me instalé en una habitación y me propuse visitar el museo de Paquimé antes de su cierre.

Di una visita rápida a las vitrinas del museo y me percate de la hermosa museografía y de la

organización de las salas: la fauna del pleistoceno, los sitios arqueológicos de la región norte de

México y del sur de E. U. en donde se exhibían videos que acompañaban al visitante a lo largo del

recorrido. Una gran maqueta de Paquimé se encontraba en medio de la sala, otra del sitio Mesa

Verde se observa en un costado; diferentes tipos de cerámica Paquimé con líneas geométricas y

21
Aun siendo mi objetivo el estudio de la cultura indígena, la cultura mestiza continúa

llamando mi atención de manera importante y es quizá en el conflicto con esta población el

origen de mi vocación antropológica..


130

las características guacamayas estilizadas. Entre los objetos musicales del museo se encuentra la

utilización de tambores, y raspadores que en el texto museográfico aparecen erradamente como

“huiros”. También se muestra una flauta de hueso que se encuentra imposibilitada para hacerla

sonar, debido al grado de destrucción que tiene.

De regreso Blanca me invitó a charlar con otras personas que se encontraban en el restaurant que

ella atiende a la entrada de Casas Grandes. En una mesa redonda se encontraban dos mujeres de

edad madura junto con un hombre poco más viejo que ellas. Blanca me presentó amablemente, yo

un poco nervioso saludé a cada uno, y tomando un vaso con agua me dispuse a entrar en

conversación. Paulatinamente me interrogaron para saber que me traía por esos lugares. Expliqué

que iba a visitar el museo y que me interesaba la iconografía cerámica asociada con las

manifestaciones musicales, lo cual dudo hayan entendido. Cada quien sacó su plática: primero la

anfitriona habló de la pluriculturalidad de la región: mormones, chinos, menonitas, tarahumaras y

mestizos. Otro más sacó a colación el peyote, una señora habló sobre los extraterrestres, etc. Me

fui a dormir con ganas de despertar temprano el día siguiente. Durante la noche desconocí el lugar

y no concilie el sueño fácilmente, pensaba en Chihuahua, mi regreso, mi objetivo.

Al despertar a la mañana siguiente, desayuné fruta y café e inmediatamente después me dirigí

hacia el museo. Ahí conocí al director en ese entonces, José Luis, quien me enseñó buena parte de

sus colecciones y desde luego la bodega. Ahí había piezas de Paquimé y otros objetos que habían

quitado a algunos saqueadores. Regresé a la casa y Blanca y yo nos trasladamos hacia la colonia

mormona, mejor conocida como La iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días. La

colonia Juárez está a 15 km del viejo Casas Grandes, y a su lado se encuentra la colonia Dublán.

Blanca me explicó que estas colonias fueron fundadas por mormones migrantes que llegaron a
131

Chihuahua a finales del siglo XIX. Al llegar fundaron a la colonia mormona hicieron sus granjas,

construyeron sus casas, y una escuela donde estudiaron sus hijos y los niños pudientes de la

región convertidos a la religión Mormona. Este tipo de conglomerados sociales funcionaron

inicialmente, al igual que los menonitas, bajo la lógica endógama de esta religión. No obstante, la

poligamia como parte original de su organización social, despareció en estas colonias pero siguió

practicándose por una escisión de lo colonia que ahora vive en Nueva Casas Grandes y se

denominan la colonia Le Barón en donde todavía es común ver a los líderes tener varias esposas.

La colonia Juárez, fundada en 1886, parece una ironía de la historia, pues siendo el mismo

Benito Juárez quien dividió la política de los valores religiosos, reivindicando el estado laico y

confiscando los bienes religiosos, esta colonia de alrededor de 1000 habitantes, creada por la

religión mormona de E. U. y que no tiene igual en todo el país lleva su nombre.

La pequeña ciudad posee una infraestructura urbana que se asemeja mucho los poblados de E.

U., sólo que ahora enclavada en territorio mexicano. Tanto las casas como los lujosos templos y

la escuela llaman la atención por su ordenamiento y su trazo preciso, cuidando hasta el más

mínimo detalle en su construcción. Cada calle también está concebida bajo la misma lógica. Hasta

1990 ambas colonias mormonas tenían un gobierno independiente, pero fueron anexadas

administrativamente al municipio de Casas Grandes. Después de recorrer la colonia Juárez y ver

sus atractivos monumentos religiosos, nos trasladamos al pueblo de Mata Ortiz, en donde se

presenta un fenómeno muy interesante de producción de cerámica que comenzó haciéndose de

manera muy artesanal, pero ahora la producción, si bien sigue siendo artesanal, fue introducida al

mercado por obra del artista Juan Quezada.

La población de Mata Ortiz se localiza a 60 km aproximadamente, del viejo Casas Grandes en


132

el norte de Chihuahua. Para llegar a ella se toma un comino de terracería. En el trayecto se

aprecia el casco de una hacienda abandonada que data de 1902 y que perteneció a la familia

Terrazas. En la cornisa central del casco de la hacienda aparece el nombre de Hacienda de San

Diego y abajo las letras LT de Luis Terrazas, ahora se encuentra destruida. Su estilo de

construcción se asemeja a algunos cascos de hacienda mesoamericanos de construcciones de

piedra y ladrillo, con grandes arcos en la entrada. Este caso no llamaría tanto la atención si tuviese

construcciones aledañas. Sin embargo, destaca porque en medio del desierto no hay nada más que

esta construcción, pues por alguna razón llegó a la decadencia y ahora sólo se observa su fachada

y sus ruinas.

Al llegar al caserío nos dirigimos a la casa de Juan Quezada, quien es un artesano de origen

mestizo, al igual que buena parte de la población que vive alrededor de las ciudades de la sierra y

de los valles de Chihuahua. En 1999 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes por su obra

cerámica, cuyas piezas a menudo alcanzan varios miles de dólares. De acuerdo con algunos

lugareños de Casas Grandes la historia comenzó en los años 60 cuando Quezada se interesó en la

cerámica de Casas Grandes estilo Paquimé. Se tiene información que el artesano tenía particular

maestría para copiar cada uno de los motivos cerámicos de las piezas de las antiguas culturas del

desierto. Todos los detalles eran registrados, material, colores, iconografía, diseño, etc. Un buen

día un gringo, al ver la calidad contemporánea de dichas reproducciones, siguió la ruta de estas

obras cerámicas, hasta que encontró finalmente la obra de Juan Quezada en el poblado de Mata

Ortiz.

No se sabe exactamente cuál era el objeto de las reproducciones, pero se cuenta que poseía

una maestría tal, tanto para la imitación como para la creación, que proliferó posteriormente. Su
133

talento llegó a ser conocido por un público muy amplio gracias a este gringo que sirvió de

intermediario entre Quezada y las galerías y museos de Arizona y Nuevo México. Juan Quezada y

su familia han sido objeto de múltiples publicaciones en donde se hace la narración de su vida, de

su obra y cómo fue introduciéndose paulatinamente en el negocio del arte de la cerámica. Cuando

lo visitamos en Mata Ortiz nos dimos cuenta que hay varias familias que se dedican al arte de la

cerámica, sin embargo reconocen que es gracias a Juan Quezada que se sabe del trabajo de la

cerámica de todo el pueblo. Actualmente, todo el pequeño poblado se dedica a esta actividad

artística y se ve beneficiado por este boom artesanal que ha encontrado un lugar privilegiado en el

mercado del arte. Juan nos dijo que muchas veces ya estaba cansado de tanta visita que se le hacía

en su pueblo, sobre todo porque hay muchas personas que van con las intenciones más disimiles y

con una educación igual de variable. Sin embargo en nuestra visita fue muy amable, aunque muy

reservado para hablar de su trabajo y hasta modesto al reconocer que sus obras de arte han

ganado son familiares de Juan, pero otros que han encontrado en su obra un foco de inspiración

para acariciar la esperanza de colocar su trabajo en los grandes mercados. Al finalizar nuestro

recorrido regresamos a Casas Grandes.

Un día después me propuse realizar el registro de los petroglifos del arroyo de los monos, que

se encuentran en situación lamentable debido a las representaciones petroglíficas de los “cholos”

contemporáneos. A decir verdad ya no se sabe bien a bien cuáles son los motivos antiguos y

cuales los contemporáneos debido a la mezcla de dibujos entre todos los artistas de las piedras

que han visitado esta región.


134

El regreso a Chihuahua y mi salida a Creel

Al día siguiente mi anfitriona me dejó en la central de autobuses y regresé a Chihuahua, en donde

tuve el placer de visitar a Francisco Mendiola, buen amigo y excelente investigador del arte

rupestre. Llegué cayendo la tarde, me hospedé y comencé a llamar a todos aquellos que

recordaba. En la mañana me desperté temprano y fui al INAH a buscar a varios colegas para

ponerme al tanto de sus investigaciones y de sus publicaciones.

Después contacté a Esperanza, le hablé sobre mis proyectos, mis objetivos de viaje y mis

experiencias en Casas Grandes. Acordando con ella encontrarla más tarde para ir a comer, caminé

hacia la ENAH. En la escuela vi a Eugenio, a quien también tuve el gusto de saludar y poder

conversar durante largo rato, tanto así que olvidaba mi cita con Esperanza. Regresé al INAH, en

donde Esperanza ya me esperaba para ir a comer. Fuimos a comer a un restaurante muy

agradable, nos despedimos después de una comida de 4 horas y al final quedamos de seguir

comunicándonos.

En la noche me di cita con Francisco Mendiola y acabamos precisando nuestras posiciones

teóricas sobre el arte del norte, sus interpretaciones rupestres, su estancia en Los Mochis, etc. Le

pregunté nuevamente sobre los objetos encontrados en Mochicahui, me comentó que debían de

estar en la alcaldía, también me informó que Jesús Ángel Ochoa Zazueta se encontraba viviendo

actualmente en los Mochis. Amablemente Francisco y su esposa me condujeron a mi hotel donde

pasé una noche pausada pero rápida, así como son las noches en Chihuahua.

En la mañana del viernes salí de Chihuahua con rumbo a Creel. Tomé el autobús hacia las 10

de la mañana y llegué a Creel alrededor de las tres de la tarde. Desde esa hora traté de aprovechar

el tiempo al máximo. Al llegar inmediatamente me trasladé a la clínica Sta. Teresita. Ahí esperé a
135

que llegara la persona que me daría la llave de la cabaña de Guillermo Ortiz. Durante la espera

hablé con uno de los médicos y le pregunte sobre la curación, la música y las enfermedades

mentales, el médico no tenía idea, pero me dijo que debía hablar con un doctor de la clínica.

Inmediatamente después un niño rarámuri me acompañó a la cabaña de mi compinche Memo

Ortiz, en donde me alojé hace algunos años. Ahí encontré a Roberto su cuñado, a quien me dio

gran gusto saludar. Siempre muy amable, se esmeró profundamente en ofrecerme de comer,

después hablamos de la familia y de Creel.

Por la tarde fui al café La troje. Ahí conocí a algunas personas, después nos trasladamos a casa

de una de las amigas que había conocido hace ya algunos años. Ahí llegaron varios conocidos,

entre ellos Ernestina y un sacerdote jesuita.

El sábado en la mañana fui a dar un paseo en Creel, después regresé casa. Roberto me dejó en

la plaza con unas muchachas voluntarias, todas muy simpáticas y dentro de sus simpatías estaba la

generosidad así que me quedé a comer con ellas. Una chica venía de Guadalajara y la otra de

Mérida. Esta última es voluntaria de la misión jesuita. Comimos pastas y pizza. En la comida

estaba Cristina, miembro de las hermanas de la santísima virgen María, un jesuita joven y otro

joven de nombre Víctor Ojeda. Él me comento con lujo de detalle que el cantador de yúmare llega

mucho tiempo antes de la ceremonia y canta solo durante horas, antes de comenzar en la mañana

y si es en la mañana canta durante toda la noche. Al final me despedí y quede con Víctor de

reencontrarlo posteriormente.

En punto de las 17:30 conversé con Javier, un sacerdote jesuita, sobre mis proyectos, él me

habló de muchas cosas que me servirían posteriormente. De entrada, dijo que en el canto del

yúmare existe una alusión a la trinidad muy importante. También comentó que existe un personaje
136

curandero muy famoso en la comunidad de Bauinocachi llamado Herculano, también afirmó que

es común que la enfermedad en el mundo rarámuri sea obra de un sukuruame, o sea un

hechicero: “Dentro de los fenómenos que enferman está el arcoíris, el remolino, y el eclipse”,

señaló. Sobre la música, Javier dijo que en Cusárare existe un señor que canta muy bien un canto

responsorial, los hace con una señora desde la entrada del templo.

También habló de los matachines y de lo entonado de los niños de Norogachi. Intercambiamos

nuestros datos y me despedí. Inmediatamente después, me trasladé al centro de salud para hablar

con el medico José. Estuve preguntado de manera reiterada sobre las enfermedades mentales de

los rarámuris, al final concluyó que las enfermedades de éstos no son curadas por la medicina

institucional. Este médico confirmó la hipótesis y las informaciones precedentes, en cuanto a que

el dolor y la enfermedad entre los rarámuris son producidas por un mal hecho por otra persona.

También comentó que para el susto se utiliza el té de poleo y que el empacho generalmente se

trata de una infección gastrointestinal. Sin embargo, el médico trató de hacer traducción literal de

las enfermedades rarámuris al código de la medicina alópata, esto no siempre es posible. Un

aspecto interesante que destacó fue cuando afirmó categóricamente que la histeria femenina solo

se presentaba en la población mestiza y no en la rarámuri. No dio más datos al respecto. Me

despedí y me dirigí a la plaza en donde escuchaba música ranchera a un volumen muy alto. Ahí

hacían campaña los candidatos del PAN a la presidencia Municipal de Bocoyna. Durante este

evento hice dos o tres tomas del acto político que era acompañado por música de cuerda de

Cusárare.
137

Martes 19 de junio de 2001 Creel y sus alrededores

He estado en Creel desde hace cinco días, aquí he conversado con algunas personas sobre los

trastornos mentales de los rarámuris. Algunos médicos alópatas le llaman demencia, otros locura,

otros más trastornos de la conducta, etcétera. Los doctores de las instituciones me han señalado

su incapacidad para tratar los trastornos psíquicos de los indígenas, y ninguno siquiera se acerca

siquiera a la especialidad psiquiátrica. Sin embargo, un doctor de la clínica de Creel me

recomendó hablar con Juan, a quien conocí en alguna ocasión en Norogachi bailando matachines.

Un día después me dispuse a visitar a Juan para hablar largo y tendido sobre los padecimientos

mentales de los rarámuris. Al llegar a su casa me saludó muy amable y antes de entrar

directamente en el tema me preguntó por qué me interesaba tanto el tema de la locura. Le

respondí que había tenido contacto con Rosenda de Arecaina, quien había caído enferma por el

arcoíris. Entre preguntas y respuestas sobre varios temas, finalmente en tono serio me dijo que la

locura tiene varias causas, una de ellas es haber transgredido algo o haber producido una falta a

algún ser de la naturaleza, que podía ser el peyote o el bacanohua.

Entre otras cosas, comentó que los niños podían perder el alma por el arcoíris, el remolino o el

vuelo del águila, el rayo o por los hombres pequeños llamados Árires o Naquimo, quienes forman

parte del mundo imaginario rarámuri. Estos personajes solamente poseen la boca como una

cavidad en el cuerpo; son figuras lisas y se caracterizan principalmente por no tener ano. Sobre

estos personajes Juan también comentó que en alguna de las danzas rarámuris de la Baja

Tarahumara existe un animal llamado Golo (garza) y en ella los danzantes pretenden picotear a las

mujeres en la parte de atrás o en las nalgas, creyendo que picotean a los Árires, que son estos

hombres pequeños sin ano. Eventualmente los hombres pequeños pueden robar el alma de los
138

niños enfermos y transportarlos a otra dimensión. 22

También platiqué con Juan de la pérdida el alma en el arroyo y precisó que debido a que el

alma de los niños rarámuris es todavía muy frágil puede perderse en los arroyos, trayendo como

consecuencia enfermedades que acechan a los niños. Para restituir el alma a los niños es necesario

pedirles perdón a los arroyos para que les devuelva el alma. Entre la información que Juan

proporcionó estaba la influencia del rayo, del vuelo del águila, del arcoíris o del remolino,

recalcando que se trata de espíritus de la naturaleza que son muy fuertes, y por eso tienen la

capacidad de enfermar, aun cuando estos seres no sean aliados del “diablo” (el que vive abajo).

“Todos los trastornos de carácter psíquico entre los rarámuris se deben a pérdidas del alma o

alguna de las tres almas para los hombres, o las cuatro almas para las mujeres”, puntualizó. A

diferencia de la medicina alópata o convencional, que indica que existen trastornos orgánicos del

cuerpo y otros de la mente, para los rarámuris la enfermedad se encuentra íntimamente ligada a la

pérdida de las almas y ésta puede producir enfermedades de carácter psíquico como el susto, u

orgánico como dolor en alguna parte del cuerpo. Aunque yo intuía esta información por algunos

comentarios que me habían hecho previamente, el escuchar la información de esta manera no dejó

de impresionarme, al constatar que las hipótesis con las que había trabajado el tema desde hace

tiempo se comprobaban con esta información.

Para curar a la gente que tuvo alguna falta con el bacanohua o el peyote, los rarámuris hacen

22
En alguna ocasión en Arecaina un niño lloraba estando dormido, después de haberlo llevado al

arroyo. La madre regresó con él para asegurarse que el arroyo le devolviera el alma que le había

robado.
139

hasta tres fiestas donde bailan y cantan. Después de estas fiestas es posible restituir el alma. Un

factor más de locura, son los hechizos realizados por un sucurúame. La tristeza otra de las

enfermedades tratadas por los owirúames, o médicos del alma, mejor conocidos como chamanes

en otras partes del mundo.

Según Juan, cuando en San Ignacio se bailan los matachines de manera chusca, la gente rompe

filas hacia los lados al igual que el goro picotea a los naquimo. Pese a que en las culturas cahítas:

yaquis y mayos, los bailes de matachines son solemnes, para el caso de la región tarahumara existe

la versión de éstos en forma más bien divertida. Sobre la danza de pascol se comenta que ésta no

fue una introducción misional, puesto que se baila incluso en los lugares donde no hubo misiones.

30 de junio de 2001 Arareco

Sigo viviendo en la cabaña de Memo y pese a su estancia en E. U., me las he arreglado bastante

bien. A veces siento cierta ansiedad y me preocupa no concluir mis objetivos de trabajo, sin

embargo también aprovecho para descansar de mi fatigante entorno cotidiano. Creo que a pesar

de mi deseo de salir de Tijuana, mis objetivos de investigación también se están cumpliendo. Debo

confesar que múltiples malestares y ansiedades me asechan constantemente, pero no pierdo la

confianza porque creo que la gente de aquí me estima.

Este día fue tremendamente productivo para mis objetivos. Tanis, un niño rarámuri que vive con

la hermana de Memo me hizo rentar una bicicleta y tuve la oportunidad de visitar el criadero de

avestruces en Creel. La subida hacia el lugar me valió un buen esfuerzo, pero esto fue sólo el

inicio. Después nos trasladamos a Arareco por el camino agreste de la montaña, en la parte sur de

Creel. Al final de la pendiente tomamos un camino hacia San Ignacio de Arareco. Ahí fuimos a

visitar a algunas personas y al término de nuestra plática le dimos la vuelta al lago de Arareco.
140

Entre las enseñanzas de Tanis, como le llaman de cariño, está que el camaleón es utilizado para

curar el susto. Colocan a este reptil sobre el corazón y ayuda a la gente a mejorar su mentalidad,

teniendo siempre el propósito de pensar en cosas buenas. Al llegar al lago de Arareco, previo

regocijo de mi parte por los hermosos lugares por los que pasamos, Tanis me ilustró sobre lo que

ha llamado mi atención en la última década: los trastornos psíquicos de los rarámuris y su

curación.

Según Tanis, un rarámuri puede enfermar tal y como me lo hizo conocer Juan, por ejemplo al

pisar o manipular una olla con los restos óseos de los antiguos o con una olla en con la que se

hacía el híkuri o peyote. Al parecer, una de sus hermanas enfermó de locura y susto porque de

pequeña pisó esta olla. Con el tiempo, a los 20 años, tuvo una crisis de susto; se echaba a correr

sin motivo aparente, tirando todo lo que trajera consigo. Ante esta situación sus padres tomaron

la decisión de llamar al owiurame para curarla. El curandero les dijo que tenían que hacer tres

fiestas con teshuino y ofrecer en un ritual el sacrificio de unas chivas y una vaca. Cuando el

owiurame le preguntó sobre sus síntomas y el lugar en donde había enfermado, el curandero soñó

lo que pasó y su posible curación al día siguiente. Entonces habló con los padres de la muchacha

para señalarles las formas de curar y las obligaciones para poder restablecer la salud de la

paciente.

En uno rituales de curación que se le practicaron, el owiurame le pasó un ocote por todo el

cuerpo y rompió un huevo en el agua. Posteriormente lo enterró para que nadie pudiera

encontrarlo, ni siquiera los perros. Durante la curación, el owiurame también le canta y le baila

matachines. Para ser owiurame es necesario que el don sea trasmitido de un individuo a otro por

vía familiar cuando el curandero ya está viejo. Cuenta Tanis que su abuelo era owiurame; cuando
141

iba a cazar venados antes lo soñaba. Al despertarse al otro día, inmediatamente cazaba su venado

y lo traía a cuestas a la casa de su familia. Otro hermano de Tanis también cayó enfermo de susto

y están por hacerle su tercera fiesta.

21 de julio: Creel y Areponapuchi

Poco antes de que Tanis me hablara de las enfermedades como el susto y los trastornos del alma,

nos dirigimos a un rancho de una familia que había preparado tesgüino. Un día antes me estuvo

insistiendo para que fuéramos a este rancho donde se iba a celebrar una fiesta y quería que viera

como hacían el tesgüino y con suerte hasta nos tocaba tomar un poco.

Caminamos alrededor de una hora al noroeste de Creel y llegamos a un rancho situado en una

meseta. Ahí se encontraba un hombre y su esposa de nombre María Luisa junto con seis invitados,

entre ellos un mestizo; también había otras dos mujeres y tres niños. La señora María Luisa ya

pasaba de los sesenta años y su marido también, los otros hombres tenían alrededor de 50 años.

Cuando entramos a la casa vi que ya tenían listo el tesgüino en un recipiente de plástico donde

cabían cerca de 30 litros. Tanis los saludó y acto seguido yo hice lo mismo que él. En esta ocasión

pude sacar la cámara de video para hacer el registro del paisaje, de la casa y desde luego del

tesgüino. Después me enteré que María Luisa celebraba su cumpleaños y que, por alguna razón

que no mencionó, también conocía a Rosenda Osorio Campos de Arecaina, con quien yo había

conversado mucho tiempo sobre varios temas de los rarámuri incluyendo su enfermedad

provocada por del arcoíris y el remolino.

Algunos de los señores que se encontraban en la casa estaban desayunando y tomando

tesgüino. A todo les sirvieron en un vaso muy grande de más de medio litro. En un recipiente de

igual tamaño me sirvieron a mí, para no romper con el protocolo que antes había aprendido en
142

San Alonso, intenté tomármelo de un solo jalón. La señora que estaba en la casa y que había

preparado el tesgüino me miraba con cierta suspicacia. Sin mayor incomodidad me empiné la

bebida y disfruté muchísimo de su sabor y sobre todo la tranquilidad que me trajo a los pocos

minutos. Todo sucedió como si ya me estuvieran esperando sólo para que probara este tesgüino.

Para animar la conversación, pregunté a la señora si quería que le diera algún mensaje a Rosenda

de Arecaina, en caso de que la viera cuando bajara a Arecaina. Ella respondió que la saludara y

que le mencionara que María Luisa, de la mesa, festejó su cumpleaños con tesgüino. Después

agregó: “ella ya me conoce”. También señaló que en casa de Rosenda todas sus hijas la conocían.

Al tiempo que comentábamos sobre Rosenda, los rarámuris que estaban en la casa

conversaban con el mestizo en español sobre temas del campo y sobre un supuesto robo que

sufrió alguno de ellos. En un momento de la plática pregunté a uno de los señores rarámuris que

observaba muy atento, si quería ver lo que estaba grabando con la cámara. Al ver a su compadre y

a los presentes reflejados en la pantalla de la cámara el señor rarámuri estalló de risa. Todo

terminó muy rápidamente. Nos despedimos y emprendimos el camino de regreso.

22 de julio: Camino a Areponapuchi

Me despedí de todos los amigos y continué mi viaje hacia la Baja Tarahumara. Aunque iba para

Areponapuchi, decidí bajarme en el Divisadero. Ahí pregunté a un taxista por la familia Loya e

inmediatamente me llevaron a unas cabañas. Hasta hace algunos años, cuando la carretera no

llegaba a este poblado, era impensable encontrar un taxi, pero ahora con el desarrollo de las

carreteras encontrar un auto me caía bastante bien. El taxista que azarosamente formaba parte de

la familia Loya, me llevó directamente a Areponapuchi en cuestión de minutos. Yo ignoraba que


143

toda la familia había dejado el rancho en Arecaina y se habían trasladado todos a vivir a

Areponapuchi.

Me sorprendió ver a Doña Nicolasa y a Ema, después ellas me explicaron la necesidad que

tuvieron para trasladarse a Areponapuchi. Ahora hospedan gente en sus cabañas y Alejandro ha

levantado tres muy grandes. Me indicaron que metiera mis cosas en una de las cabañas, con lo

cual me di por bienvenido e inmediatamente me ofrecieron de comer. Me dio mucho gusto ver a

Doña Nicolasa y a toda la familia. Sentí como si el tiempo no hubiera pasado y nunca me hubiera

movido de estos lugares. A pesar de que ya no estaban en el rancho me sentí tan bien recibido,

igual que la primera vez.

23 de julio: Doña Nicolasa me protege en Areponapuchi

Tengo una sensación extraña. El hecho de estar en poblado casi mestizo y tener la vía del tren a

unos cientos de metros me pone a pensar en lo bueno y lo no tan bueno que trae el tren. A pesar

de mis temores, la comida que me ofrecieron me supo exquisita, Ema había preparado una especie

de sopa de flor de calabaza y además tenía pan recién horneado para la casa, que también

aprovechan para vender. En este escenario, mientras comía, pensé que podía temer cualquier tipo

de situaciones menos sucumbir de hambre.

Antes de tomar el camino a Arecaina, ya anunciado por Alejandro como parte de los sitios que

quería mostrarme, vi circular frente a la casa una camioneta oscura con vidrios polarizados a gran

velocidad. Los tres hombres que iban dentro del vehículo vestían ropa normal pero con sombrero

y lentes oscuros. Esta imagen me dio una sensación extraña, sobre todo porque el andar de ellos

no era del todo coordinado y menos su mirada. En cierta ocasión bajaron del vehículo y me

preguntaron por mi identidad y mi oficio, honestamente así como ellos denotaban su oficio franco,
144

y claro, desarrollado en la sierra desde hace años, yo tampoco escondía mucho mi oficio de

maestro o de intelectual, inclusive para la gente de esta zona. Pese a mi evidente apariencia, ellos

tuvieron sus dudas y me encararon. Yo respondí por mi nombre y dije que era maestro. Esta

explicación no les satisfizo. Al día siguiente me comentaron que querían hospedarse en la casa a

un lado de mi habitación, pero por fortuna Doña Nicolasa les negó el acceso a las cabañas,

dándoles algún pretexto del que no me enteré. Está situación constató mis sospechas sobre el

origen de tan “excelentes caballeros” y aunque me sentí observado todo el tiempo, me alivió saber

que no los tendría a un lado de mi habitación. En los días siguientes estas personas estuvieron

pasando constantemente frente a las cabañas, pero en ningún momento se detuvieron.

Los entierros de Arecaina

No tardamos mucho tiempo en retomar el camino a Arecaina y caminamos por el sendero que ya

conocía de memoria después de haberlo recorrido en tantas ocasiones desde hace por lo menos 10

años. Tomé mi cámara con la confianza de que iba a registrar lo que hace diez años no me había

sido posible. Alejandro me informó que íbamos a unas cuevas con restos humanos y pinturas

rupestres, que por alguna razón no me habían mostrado desde la primera vez que conocí el

rancho. Los rarámuris que conocí tampoco mencionaron el sito por razones evidentes, ya que

estos lugares son tan sagrados que tienen completamente prohibido tener contacto con ellos, pues

es en donde se encuentra enterrada la gente de antes, so pena de caer enfermos por el contacto.

Llegamos al rancho y estaba completamente abandonado, con el desdén de no querer seguir en

estas condiciones para no regresar más. No obstante, después me enteré que este espacio formaba

también parte de los proyectos turísticos de la familia. Llamó particularmente mi atención la

cantidad de ratas que se habían apoderado de los espacios que antes pertenecían a la familia.
145

Continuamos arroyo abajo por otros 8 km, después subimos por una franja hacia el sur. En este

terreno ya no había camino evidente y menos aún alguna meseta como parte de la montaña baja;

todo era terreno en pendiente. Subimos todavía 3 km y ahí apareció una gran oquedad. En el

interior había huesos humanos esparcidos por todos lados, húmeros tibias, fémures y uno que otro

cráneo humano. También había objetos a manera de ofrenda, olotes de maíz, algunos tipos de

wejas y tejidos de palma. Entre los resquicios de la cueva aparecieron un arco y algunas flechas,

que por lo rojo de la punta de madera parecía sangre probablemente de los sacrificados. El color

rojo no impregnaba solamente la punta sino que entraba unos 20 centímetros de toda la flecha,

cuya punta era de la misma madera. Traté de no mover nada, pero lamentablemente ningún objeto

estaba en su lugar original, todo había sido saqueado y revuelto. Ignoro cuantas veces habrían

revuelto todos los objetos, pero en esas condiciones los arqueólogos poco pueden hacer para

realizar un estudio pormenorizado de estas importantes ofrendas.

No encontramos el abrigo rocoso en donde se encontraban las pinturas rupestres a primera

instancia, lo que sí encontramos fue una víbora de cascabel que dejó de moverse gracias a los

disparos que le propinó Alejandro. Bajamos un poco y nos movimos más al fondo de la cañada en

la misma orientación. En este espacio no hay solo un abrigo rocoso, sino en realidad existen un

conjunto de cuevas que seguramente en tiempos muy antiguos tuvieron una función ritual, y

posteriormente se convirtieron en espacios funerarios de sus mismos habitantes.

Una vez ya instalado y viendo la riqueza pictórica de las pinturas, me dediqué a registrar tanto

los objetos de la cueva de entierros, como la otra cueva con motivos pictóricos inscritos en las

rocas. A pesar de que en el primer caso solo había objetos funerarios, en la otra, además de haber

objetos funerarios también había osamentas humanas y restos de pictografías en el techo del
146

abrigo rocoso. Entre los personajes que se representaron estaba el clásico hombre (chamán)

abierto de brazos, aunque llamó mi atención una pintura, quizá de igual antigüedad que las otras,

en donde aparecía un personaje con una especie de sombrero, lo cual muestra que algunos quizá

fueron hechos en tiempos posteriores a la llegada de los europeos. También había representada

una carrera de bola con hombres en franca posición de corredores, con las pantorrillas levantadas.

Además de los personajes y motivos representados con una figura, había también motivos

abstractos de difícil descripción.

Fotografía 5. Charro

Fuente: Fotografía de Miguel Olmos, pintura rupestre, Cañada de Saquirachi, Urique, Chihuahua

2001.
147

Fotografía 6. Corredor

Fuente: Fotografía de Miguel Olmos, pintura rupestre, Cañada de Saquirachi, Urique, Chihuahua

2001.

Fotografía 7. Hombres corriendo


148

Fuente: Fotografía de Miguel Olmos, pintura rupestre, Cañada de Saquirachi, Urique, Chihuahua,

2001.

Fotografía 8. Motivo de hombres

Fuente: Fotografía de Miguel Olmos, pintura rupestre, Cañada de Saquirachi, Urique, Chihuahua,

2001.
149

Fotografía 9. Motivo abstracto

Fuente: Fotografía de Miguel Olmos, pintura rupestre, Cañada de Saquirachi, Urique, Chihuahua,

2001.

Regresamos a Arecaina y después llegamos a Areponapuchi, donde comimos y descansamos

para seguir la jornada al día siguiente.

24 de julio: El descenso al río Urique

Varias veces he estado en Areponapuchi, San Rafael y sus alrededores, pero nunca había podido

bajar directamente al río Urique por esta parte. Al despertar muy temprano, esta idea fue una de

las primeras que ocupó mi mente. No me apuré demasiado, desayuné, conversé un poco con mis

amigos y sin decirles mi objetivo, me fui aproximando poco a poco hacia el barranco. Serían

aproximadamente las 11:30 cuando inicié el descenso. El río se veía a lo lejos como sólo una

pequeña tira de agua. Con la cámara de video, intenté acercar el fondo para tomar en cuenta el

tiempo que me llevaría y calculé de dos a tres horas. Muchas personas ya me habían contado que

constantemente se organizan descensos al río ya sea pie, en mula o a caballo. Recuerdo que me
150

contaron que un señor de más de 80 años bajó a pie y subió a caballo sin mayor problema. Todos

esos pensamientos me animaban a seguir. Sabía que no era muy temprano y que era muy probable

que me tomara la noche en el camino de regreso, así que compré una botella de agua, y emprendí

la bajada. Al principio iba con paso muy rápido pero conforme fui bajando avanzaba con mayor

velocidad y terminé corriendo y así continué durante todo el descenso. En el camino vi lo

grandiosos del barranco, el azul de cielo y el trinar de las aves, que conforme bajaba sus trinos

también iban cambiando. Para tomar aire y realizar algunas tomas con la cámara hice tres paradas

en todo el camino. Bajé tan rápido como pude, corriendo y tratando de no tropezar. Conforme

más avanzaba, más alto estaba el sol; había salido a las 11 de la mañana y a las 11:30 ya estaba

bajando. Atravesé varios cerros, vi montones de piedras y corrales en varios de ellos, que por

momentos imaginé que también eran tumbas similares a las que había fotografiado el día anterior.

Sin embargo, ayer estaba en un bosque de coníferas a una altitud de 1 870 mnsm, y ahora sólo se

ven pequeños arbustos que van desapareciendo conforme se hace más caliente el ambiente al

llegar casi al fondo del barranco. Hice un pequeño descanso, minutos antes de llegar al fondo,

sólo para calcular el tiempo y saber que ya estaba llegando al río. No podía dejar de pensar que al

llegar abajo, no sólo llevaría la mitad del camino, sino que la mitad que me faltaba era pendiente

directa y que me tomaría varias horas más caminar de regreso. Aun cuando tenía todavía un poco

de agua, me sentía completamente deshidratado y empezaba a respirar con dificultad. Mi cuerpo

además de haberse calentado por el esfuerzo físico, el calor del clima del barranco hacía que

sintiera la temperatura con mayor intensidad. En la parte baja me esperaba una temperatura de

casi 40 grados centígrados, mientras que en la parte alta de la montaña estaba muy fresco, con

como temperatura máxima 18 o 20 grados en el día. Eran las 13:30 horas y estaba muy próximo a
151

llegar a la parte baja del río. Cuando llegué vi el enorme y majestuoso río y sin pensarlo dos veces

me lancé directamente para refrescarme y hacer bajar mi temperatura corporal, olvidando que

traía una cámara conmigo, situación que pensé inmediatamente al lanzarme pero lamentablemente

ya era demasiado tarde.

Salí del río tratando de sacar toda el agua de la cámara pero ya no tuvo remedio. Descansé

durante una hora y comí el pequeño almuerzo que llevaba. El temor de que la noche me alcanzara

a medio camino durante el ascenso, me hizo reaccionar y ponerme de pie para emprender la

marcha de regreso. Saqué fuerzas de mi almuerzo como pude y empecé a caminar. El camino de

regreso no era en absoluto similar a la bajada que, por más pesada que estuviera, nunca se

comparaba con el esfuerzo que hacía para subir la cuesta. Caminé concentrado en el esfuerzo

durante la primera hora, pero supe poco a poco que este camino requería un esfuerzo adicional

que nunca antes había realizado. Eran alrededor de las 3:30 de la tarde y no llevaba ni una tercera

parte del camino. Así continué una hora, dos horas más con pausas muy breves.

Siempre recordaré este esfuerzo físico como una de las experiencias en las que rebasé por

mucho mi umbral de resistencia y de energía, que nunca creí poder superar. Por fortuna el sol ya

no pegaba de frente, la montaña orientada hacia el sureste había hecho que los rayos del sol

pasaran del otro lado después de las cinco de la tarde. Como quiera que fuese, a pesar de que

todavía quedaba mucha luz, el calor provocado por el esfuerzo físico me hacía sentir que el sol

todavía estaba ahí presente. Podía sentir el ritmo cardiaco en cada una de mis sienes como

tambores que retumbaban, pero que también me animaban para continuar mi camino. A pesar de

mis descansos, cada vez más frecuentes, mi cuerpo no bajaba el ritmo cardiaco. Así caminé un par

de horas más. Conforme llegaba a la parte alta del barranco, podía sentir con mayor intensidad el
152

fresco de los bosques de la montaña que me anunciaba, que la imprudencia de bajar y subir en un

solo día estaba por concluir. Al llegar a la meseta pensé que no había habido problema alguno y

que todo estaba normal. Mi percepción de la situación cambió cuando llegué a una tienda que por

suerte estaba en mi camino de regreso. Pedí una soda, después otra, y otra más, hasta completar

un total de cinco botellas. En ese momento me di cuenta de lo trágicamente deshidratado que

estaba mi cuerpo. Descansé unos diez minutos y continué, la señora de la tienda no dejó

observarme, pero no le comenté nada sobre el porqué de mi estado. Al llegar a la cabaña uno de

los nietos de doña Nicolasa me preguntó hasta donde había llegado. A lo cual respondí: “hasta el

fondo del río Urique”. Nunca olvidaré el gesto que hizo al escuchar mis palabras.

Al llegar a mi cabaña me di un baño, pero me di cuenta de que algo no andaba bien, un

escalofrío me recorrió todo el cuerpo y a pesar de haber cenado un poco e intentado hacer algo de

plática, todos me recomendaron irme a descansar. Toda la noche estuve con fiebre y sueños

obsesivos que me asaltaron hasta que salió el sol. Al otro día estuve acostado buena parte del día,

tratando de realizar el menor esfuerzo posible.

Epílogo: Mi partida de la sierra y llegada a El Fuerte

Mis días en Arepo estaban por terminar, en este lapso de tiempo no hice grandes avances en la

investigación pero estuve contento con las experiencias vividas. En una ocasión fui a San Rafael y

me encontré a las hijas de Rosenda, mismas que me reconocieron inmediatamente, más rápido de

lo que yo pude reconocerlas a ellas. Me dijeron que su mamá andaba por Choix y que todos se

acordaban de mí en su casa.

Al regresar a Arepo, en las cabañas nos tocó festejar el cumpleaños de uno de los nietos de

Doña Nicolasa, quien pese a la lluvia que caía en ese entonces, pasó su cumpleaños prendiendo
153

fuego y asando carne para que el día no pasara inadvertido. Al día siguiente mis anfitriones me

acompañaron a la estación de Posada Barrancas. Ahí me despedí y tomé el tren con rumbo a los

Mochis. Al subirme al tren, tuve esa sensación que había dejado de experimentar después de cada

despedida. Con un nudo en la garganta dije adiós a mis amigos y me instalé en uno de los asientos

del tren. No pensaba en nada, solo veía a veces el paisaje, pero sobre todo los objetos que

llegaban a mi vista irremediablemente desaparecían. Recordé mis primeros viajes a la sierra y

pensé también que era muy afortunado por haber llegado a conocer estos hermosos parajes y a

esta gente extraordinaria.

Cuando se acercó el billetero compré un boleto con destino a Los Mochis ya por la noche,

poco antes de llegar a El Fuerte, decidí bajarme del tren para reconocer este lugar, en donde había

estado siendo muy niño y que desde ese entonces no había vuelto a visitar. A la salida de la

estación, un autobús me llevó directamente a El Fuerte. Pregunté por un hotel barato y ahí me

quedé unos días tratando de reconocer este lugar del que no recordaba absolutamente nada y del

cual guardaba sólo el recuerdo de los comentarios de familiares y de los conocidos cuando vivía

en Ahome.

Una noche tuve aún la esperanza de que mi cámara funcionara, pero todo fue en vano. Como

no había secado por completo, solo lanzó una chispa que me confirmó el corto circuito que habría

quemado algunos de los componentes. Para continuar mi trayecto, tuve la curiosidad de pasar a

Mochicahui para saludar a Jesús Ángel Ochoa Zazueta, un viejo y experimentado antropólogo

que como yo, había vivido en Baja California y también conocía las culturas yoremes, en

particular los pueblos de los bordes del Río Fuerte.

A la mañana siguiente, considerando que había carretera pavimentada a Mochicahui, tomé el


154

autobús que me llevó directamente. Minutos antes de salir, intenté llamar a Jesús Ángel para

avisar que iba para allá y que quería hablar con él. Alguien de la administración de la escuela

indígena tomó mi llamada y me dijo que el antropólogo estaría esperándome.

Llegué a Mochicahui cerca de medio día y una persona de la escuela me dijo que caminara

hasta un edificio en donde encontraría al antropólogo. Ahí estaba él muy activo, armando camas

para el internado. Me saludó verbalmente sin dejar en ningún momento de realizar su trabajo.

Después nos trasladamos a su oficina y me contó con lujo de detalles sobre el proyecto de la

Universidad Indígena, que él mismo había formado, de los obstáculos que hubo, y de los

problemas que tuvo antes de salir a trabajar a Baja California en donde vivió durante muchos

años. Me llamó mucho la atención la manera como los estudiantes se relacionaban con él. Lo

veían más como un guía espiritual paternal, que como un maestro. Dentro de las dinámicas que

había instaurado en esta universidad estaba tomar las clases en una ramada, muy similar al espacio

ritual donde se llevan a cabo las ceremonias yoremes. Otra modalidad era que no había

profesores, sino sólo guías y en realidad la clase la daban entre todos los estudiantes y un asesor.

Las carreras que había eran etnopiscología y alguna en turismo, pero nunca abrió en ese entonces

una carrera de antropología. Hablamos de muchas cosas, de los cucapá, de los yoremes, de sus

experiencias en Baja California y en Sinaloa, también comentamos sobre su vida, en esa parte de

la plática me confesó ser originario de esta región del norte de Sinaloa. En un momento, al final

de la conversación, señaló que en Tijuana teníamos a algunos conocidos mutuos, en particular de

El Colef. Hablamos cerca de cinco o seis horas. Algo que le he agradecido desde ese entonces fue

su buena disposición para estar comunicados y sobre todo su perspicacia cuando me dijo al

término de nuestra charla: “Llámame cuando quieras, no importa que sea por cobrar, yo conozco
155

bien a esas pinches instituciones”.


156

RITUALES YOREMES MAYO

29 de septiembre de 1989: La fiesta de San Miguel Zapotitlán, Sinaloa.

Llegué a la fiesta San Miguel Zapotitlán con mucho tiempo de anticipación. Fuimos recibidos por

la señora Rosalía Valenzuela, una de las fiesteras principales, quien se encontraba cargando leña y

comida como parte de los preparativos para la fiesta. Poco después tuve oportunidad de hablar

con algunas personas sobre lo que nos esperaba esa noche de fiesta. Uno de los señores con los

que pude hablar se refería constantemente a los mayos en tercera persona. Por un momento creí

que era yori o mestizo, hasta que pude escuchar que se expresaba perfectamente en lengua mayo.

Esta situación me hizo suponer que tal como ocurre en distintas partes del país, en ese momento

el señor mayo pertenecía tanto al mundo yoreme o indígena, como al mundo yori o mestizo. Sin

embargo, la gran diferencia era que a pesar de que me trataba en este momento como yori, en la

fiesta él participaría activamente como yoreme al gritar y gozar hasta las lágrimas debido a las

ocurrencias de los danzantes pascolas. Con lo cual demostraba conocer perfectamente, al igual

que muchos yoremes, tanto el mundo indígena como el mundo mestizo, pero se movía en uno y

otro dependiendo de los intereses de su interlocutor.

San Miguel se encuentra ubicado al norte de la ciudad de los Mochis a una distancia de 22 km

aproximadamente sobre la carretera que va a Navojoa, Sonora. Es un poblado pequeño de

alrededor de 9 000 habitantes, mayoritariamente mestizos, a excepción de la gente indígena que

habita en los alrededores. El poblado tiene calles bien trazadas, cuenta con luz eléctrica y servicio

de agua potable. En el centro del lugar existe un jardín y dos templos católicos, uno de

construcción reciente que la gente identifica como “la iglesia de los ricos”, y el otro, que es más
157

antiguo, es conocido como “el templo de los yoremes”. Este último, fue edificado en el cerro que

se ubica hacia el noroeste y su entrada está orientada hacia el sureste. Frente a la fachada, se

encuentran cuatro campanas: la más grande al centro y las otras pequeñas se encuentran a los

lados.23 El templo de los mestizos se ubica en la calle principal de San Miguel que va de este a

oeste y es la entrada al pueblo desde la carretera. Este sitio bien se podría decir que es el centro

del poblado.

Las viviendas de esta villa fueron construidas en su mayoría de concreto y tabique, sin

embargo, ocasionalmente se ve alguna construcción rustica hecha por horcones y ramas en el

techo, y por esa razón entre los pobladores de este sitio se le conoce como “la enramada”.

Cruzando la calle principal, frente a la iglesia mestiza se observan las enramadas24 en donde los

yoremes realizan en buena medida las actividades para la fiesta.

Víspera de la fiesta

La organización de la fiesta corre por cuenta de 12 fiesteros encargados de preparar el altar y

decorar la enramada principal desde el día 28. La persona que se encarga de la organización

general lleva por nombre alawasin. Los fiesteros elaboran flores de papel de china que los

23
Según información de los habitantes, anteriormente existían cinco campanas en total.
24
La enramada principal es construida en este lugar únicamente para las actividades festivas,

aunque también pueden encontrarse otras enramadas que funcionan como puestos para la venta

de comida o como anuncios. Su construcción no lleva muros alrededor, pero sí cuatro troncos

que sostienen el techo hecho con ramas. En adelante se nombrará a la ramada y a la enramada de

manera indistinta.
158

músicos portan en el sombrero, también adornan la iglesia y preparan la comida que ofrecen a los

músicos y a los danzantes; además son quienes siempre acompañan al santo y le rezan. Todos los

gastos erogados de la fiesta son cubiertos por ellos mismos.

Existen algunos fiesteros que asumieron el compromiso de organizar la fiesta por diez años

gracias a una manda o promesa25 y trabajan para conseguir el animal para la comida, cocinan,

arreglan la iglesia y esperan a que se reúnan los músicos y los danzantes para poder dar inicio.

La población indígena que asiste a la fiesta patronal viene de distintas localidades circunvecinas

a San Miguel, por ejemplo de poblados como Las Higueras, El añil, La Fortuna, Vinorama,

Camayeca, La Bajada, Zapotillo, El Porvenir, Camajoa, El Téroque, y La Palma. Ocasionalmente

los mayos de Sonora visitan también este tipo de fiestas. La poca gente mestiza que asiste a la

fiesta de San Miguel proviene de los Mochis, Culiacán y ocasionalmente de la ciudad de México.

Todas las personas se reúnen en torno de la enramada que previamente fue arreglada por los

fiesteros con flores y lienzos de papel blanco, rojo y verde; también se observa un lienzo de papel

que atraviesa el frente de la enramada en forma de arco. 26 Así mismo ponen cobijas a modo de

cortinas para adornar el altar en donde será puesto San Miguel. La enramada está del lado oeste

de un terreno baldío que mide aproximadamente treinta metros por lado. Las dimensiones de la

enramada no exceden los seis metros de largo por dos y medio de ancho. Así mismo, colocan

troncos sostenidos en los cuatro pilotes de la enramada en donde se sentarán los músicos y la

25
Como es el caso de doña Rosalía Valenzuela.
26
El frente de la enramada se toma de acuerdo con la posición de los músicos y otros

participantes. Los músicos de violín y arpa se sientan de tal manera que dan la espalda al sureste.
159

gente que los acompañe. Los organizadores cuidan también el alumbrado del lugar colocando

focos en distintos puntos de la enramada para su mejor iluminación. La enramada es el lugar más

importante para la fiesta pues en este lugar inicia el ritual y es donde se vela al santo durante toda

la noche. En este espacio se reúnen los fiesteros, los pascoleros, los músicos de las distintas

danzas y la gente que participará en la fiesta durante toda la noche y parte del día siguiente,

incluyendo a los visitantes y a la gente del poblado.

Existe una segunda enramada que funciona de cocina y vestidor, aquí se hace el café y en una

parte los pascoleros se ponen su atuendo tradicional para iniciar la danza. Dicha enramada se

ubica en el extremo sureste del terreno, es decir en contra esquina de la enramada en donde se

velará al santo.

Procesión en busca del santo

Una vez que están todos reunidos y habiendo puesto las flores en los sombreros a los músicos de

las danzas27 y a los alawasins, parten todos en procesión, entre el estruendo de los cohetes,

rumbo al templo del cerro por la figura de San Miguel. Caminan primeramente los fiesteros,

seguidos de los pascoleros, los músicos y danzantes de venado. El templo está adornado con

papel china color azul, blanco y rosa y el santo listo para ser trasladado a la velación. Cada uno de

los fiesteros se coloca frente a éste con el fin de tocarle la ropa y el rostro mientras le rezan y se

persignan. Posteriormente los músicos y los danzantes se acercan al santo. Después pasan a otra

pequeña capilla que se encuentra a la derecha del altar principal para rezar a otros santos.

27
Los músicos de la danza de venado llevan en la cabeza una flor blanca hecha de papel de china;

los pascolas una flor de color rojo.


160

Al finalizar los rezos de los participantes se ejecuta en el templo la danza de pascola con

acompañamiento de arpa y dos violines, posteriormente bailan nuevamente los pascolas, pero

ahora acompañados de un tambor y una flauta. Inmediatamente después el venado o mazo o

sewailo aparece para danzar acompañado por dos raspadores, un tambor de agua y dos cantantes.

Una vez que terminan las danzas se forman los fiesteros, los músicos y los danzantes para cargar

la imagen de San Miguel y trasladarla a la enramada. En el camino se detienen en tres estaciones

para hacer bailar al santo al ritmo del son de pascola. En todo el camino se reza, se canta 28 y se

tocan los instrumentos siempre acompañados por el estruendo de los cohetes.

28
En la procesión de regreso, el canto es de tipo responsorial y es interpretado por el que cuida la

iglesia, doña Rosalía y otras mujeres fiesteras.


161

JINABAKAWAME (DISCURSO AL INICIO DEL RITUAL)

Aquí bajo la sombra de la casa del señor San Miguel, todas las personas hemos llegado con

bien. El santo ángel al que llamamos alahuasim, se encargó de ir a buscar a los santos oficios, a cada

uno, a sus casas; así pues, él dio pacíficamente muchos pasos hasta llegar a la sombra de la casa del

músico mayor, al que le decimos violinista. Platicando entre ellos, el alahuasim, igual que un clamor,

dio el mensaje de la fiesta del señor San Miguel. Expresó que los sonidos de las alabanzas no debían

apagarse. Así, el pobre ángel músico mayor aceptó las palabras, sin decir nada por encima del

alahuasim, quedando hecho el compromiso, y así tendrá que ser cada año siguiendo el mismo camino

que se ha señalado, ese mismo camino hasta llegar a la sombra de la casa del cantador de venado mayor,

diciéndole: ésta costumbre que nos dejaron en un tiempo nuestros mayores, aquí en el pueblo viejo de

San Miguel, debemos de seguir haciéndola para que no se pierda, y él canta venado mayor a nombre de

sus compañeros y del danzante de venado. Aceptó gustoso.

Así siguió el camino, hasta llegar a la sombra de la casa del santo ángel tampolero mayor, el

cual con su sonido abrirá la santa gloria según dice la tradición, igual que sus demás compañeros. No

dijo palabra alguna por encima de las bonitas palabras que a manera de flores venían en el clamor del

alahuasim, aceptando también la obligación de ir a cumplir a la fiesta, ¡sí señores y señoras! Todo esto

es lo que han hablado. También visitó al santo ángel maestro salvador, que está entre las flores rezando

el Padre Nuestro y el Ave María, solicitando más días a nuestro señor, para todos nosotros. De la misma

manera los fiesteros, que son los pobres discípulos del señor San Miguel, ellos han hecho muchas

acciones para que los sonidos de las alabanzas no se apaguen, han trabajado mucho hasta el día de hoy, y

quizá no alcance, pero señor te pido que les des fortaleza para que esto no lo olviden, de la misma

manera señor San Miguel te pido que a nosotros también nos envíes fuerzas. Señores, nuestras palabras

y trabajo son de dolor, son muy pesados, es como si no tuviéramos descanso, la música que suena hoy,

hace ya un tiempo la han dejado nuestros mayores. Todos nos miramos como compadres, como

comadres, como hermanos, así pues todas las enfermedades malas existentes entre nosotros, las cuales
162

han llegado con el viento desde otros lugares y nos han afectado, te pido que a través del viento te las

vuelvas a llevar a otro lugar, y aquí nadie se quede con afectaciones.

La fiesta, llena de sonidos y alabanzas ha necesitado muchas pláticas, acuerdos, reuniones,

donde han contemplado cómo organizar el curso de la celebración de nuestro señor viejo San Miguel, y

ésta requiere un gran conocimiento para seguirla haciendo. Ahora, señores fiesteros, yo les pido permiso

a ustedes para que nosotros iniciemos la fiesta. En esta santa hora la gloria se ha abierto. Así pues, estas

dos o tres palabras compartidas hoy, las dejo en sus manos. Les agradezco y les doy las gracias en

nombre de dios. 29

Inicio de la fiesta en la enramada

Al llegar a la enramada ya se tiene arreglado el altar a San Miguel, el cual se ubica en la esquina

suroeste. Se compone de una cortina roja o blanca de terciopelo o seda, en la cual prenden flores

naturales; colgando del techo hay cadenas de papel de china de colores, haciendo marco a una

mesa forrada con tela, sobre la cual colocarán al santo patrono.

Al llegar el santo al altar, los pascolas prenden los cohetes uno por uno. Sin embargo uno de

los cohetes que prendió el pascola mayor no subió a los aires sino que se clavó en la tierra y fue

mayor el estruendo a la hora del estallido. En la enramada los rezos los empezó una persona que

cuidaba el templo yoreme quien improvisó unas palabras dando gracias a San Miguel, a San Juan,

a la Virgen María y a otros santos venerados por esta comunidad; paralelamente los músicos y los

danzantes también rezaron.

29
Parte del discurso de Bernardo López Esquer, Pascola Mayor.
163

Disposición espacial de los músicos y los danzantes

Considerando que el frente de la enramada apunta al noroeste y la parte trasera al sureste, los

músicos y danzantes se ubican de la siguiente manera: Los músicos de cuerda al fondo de la

enramada dando la espalda al sureste, de poniente a oriente el arpa junto al santo patrono, luego

el violín primero y posteriormente el violín segundo. El pascolero baila frente a éstos entre el arpa

y el primer violín.

Continuando con el orden musical, sigue el tampolero o tamborilero quien ejecuta la flauta y el

tambor, el cual pareciera no tener un punto de colocación definida por no estar en algún extremo,

no obstante se le ubica en el centro de la enramada siempre recargado en un pilote colocado

ligeramente al oriente aunque este lugar está menos iluminado durante la noche. Mientras tanto el

pascola baila frente al músico siempre de frente al oriente.

Los músicos de venado se colocan casi frente a los músicos de cuerda en el otro extremo de la

enramada, o sea en el extremo norte. Entre el santo y el arpa se coloca el tambor de agua o

bajiponia; a su derecha, en dirección oriente, el primer raspador, y finalmente el segundo raspador

o jiruquia. El venado se mueve hacia todos lados pero generalmente da la espalda a los músicos

que lo acompañan.
164

Figura 3. Disposición geográfica del espacio festivo

Fuente: Elaboración propia.

Inicio de la música con el son canario

La fiesta inicia con el son del canario que es una pieza de apertura de los rituales. 30 Los danzantes

de pascola avanzan en fila a un mismo tiempo, acto seguido, el pascola mayor deshace la fila e

inicia su participación una vez que le ha rezado al santo. Repentinamente dirige unas palabras a

30
Cabe resaltar que no sólo los mayos del estado de Sinaloa abren sus fiestas patronales con este

son, también es utilizado por otros grupos como los guarijíos, los yaquis y los mismos mayos pero

del estado de Sonora.


165

todos los concurrentes en lengua mayo, al mismo tiempo que introduce una vara al orificio del

arpa. La gente que participa en el ritual cuenta que el discurso es pícaro, lo cual es claro por la

explosión de risa sin límites que el danzante pascolero provoca en los presentes, además de las

señas explícitamente sexuales que éste realiza. Según Vidal Montenegro, un yoreme habitante del

poblado, en el arpa están presentes varios animales debido a que la madera del árbol con que se

construyó, los agarró cuando éste fue cortado. Al meter el palo a la boca del arpa, el pascola

explica que ha encontrado a uno de esos animales y que está sujetando una de sus partes, y así,

poco a poco, va sacando a todos los animales del arpa, en donde además están concentradas las

culpas de todos los presentes y es el danzante quien se encarga de enfrentarlas y purificarlas. 31

31
A continuación se presenta la traducción de un discurso del pascola mayor recopilado por María

Ángela Rodríguez y Juan Manuel Gómez, en Mayo máscaras, monografías (1983):

Sermón al comenzar la fiesta de Semana Santa por el pascola mayor:

Siete semanas antes, el mandón mayor, el segundo y el tercero: el primero con 50 judíos, el

segundo con 60 y el tercero con cuarenta. De ahí empezaron la campaña para recoger la

limosna para hacer la fiesta de Semana Santa.

Entonces se reunieron los tres mandones en el pueblo para conquistar y comprometer a

los músicos, los cuales deberían de juntar seis de éstos, cuatro pascolas y el venado junto

con el tamborilero. Ahí es donde tienen que cooperar los mandones pues nos tienen que dar

las cajas de cigarros o dinero cuando se tenga.

Dios nuestro señor nos dice que es el principio de la Guaresma (en lengua mayo)

[acotación original].
166

Reunidos todos aquí a esta hora empezó el canario en presencia de Dios nuestro señor

Jesucristo y que el principio del canario es porque empieza la fiesta y le pedimos a nuestro

señor, Dios que no tengamos ninguna contingencia, que salgamos todos los que estamos

juntos, bien en la fiesta. Y como a estas horas comenzó el canario, le vamos a dar gracias al

señor que salimos bien en esta promesa, mañana a estas horas se terminará este compromiso

por indicaciones de Nuestro señor Jesucristo para luego descansar todos. Cuando estoy con

la vara en la mano, digo: está presente el arpero, el tamborero con todo el ajuar, los demás

músicos y canta venados. El arpero es un chalecudo (especie de lagartija) y nos dice que ya

encontró a todos los participantes de la fiesta. Ya con la vara empiezo a moverla dentro del

hoyo del arpa y le digo al hermano pascola que está a un lado que lo voy a sacar y se la doy

para que la vea y la huela. Él me dice que tiene miel y que es pura vitamina con sus

ingredientes. Otro me dice que huele a pescado con pan, pero el hoyo que estoy picando es

el mayor de las mujeres. Yo vuelvo a meter la vara y la saco y se la doy a otro pascola y

dice que la mujer que estoy picando está muy nalgona y que entre más la meto más blandito.

Cuando la picamos está llorando porque le dolió; pero así son ellas, les gusta todo esto.

Otros dirán que huele a flores de campo o a comida mala que hacen las mujeres flojas.

Otros que, a los yoremes no les quieren sus mujeres porque son cochinos, así, muchas

cosas.

Después me despido así:

Gracias a Nuestro señor Jesucristo de habernos dado en voluntad de estar juntos aquí en

presencia de él y le pedimos perdón por todo lo que dijimos y si en algo lo ofendimos le


167

Entrevista con Vidal

—[El pascola es] netamente católico, netamente espiritual. Pues luego enseguida lleva su otro

ritual —comenta Vidal, siendo las 4:30 a. m.

—¿Son importantes los animales para la danza?

—Así es. Es el principio, el pascola mayor tiene que hacer sus rituales cuando dice su sermón;

según a como llegó el contratista para con él; y quiénes y cuánta gente, y cuántos fueron los que

lo solicitaron, entonces tiene que ir, y al término, también les va a dar las gracias a todos.

—¿Qué hace el pascolero?

—El pascolero lo único que tiene que hacer es una promesa –vuelvo a recalcarle– que tenga

una promesa, o sea que el que la haya recibido, también [reza] por decirlo. Al empezar la fiesta, la

gente ya no tiene pecados, aquellos ya no tienen nada. Todo recae en estas personas, los pascolas,

porque él decidió, y él debe de recibir la fiesta en este momento: El pascola mayor juntamente con

su equipo, de músicos mayores y sus colaboradores, cantadores de venado, y sus colaboradores,

el de la flauta y él como pascola con sus ayudantes. Ahorita lo más pesado para una fiesta es para

él. Los otros nomás están para darle café, es como si te sirvieran.

—Y ahorita tiene una deuda muy grande hasta que se termina la fiesta. ¿Entonces quiere decir

que él le va a quitar el peso que recibió?

—Es una responsabilidad —dice el pascolero.

pedimos perdón todos juntos.

Ya arreglado todo esto, ahora vamos a bendecir haciendo la señal de la cruz con la vara

en el suelo a los cuatro lados para bendecir a todos.


168

—Este señor hizo algo en un principio y ahorita está comprometidísimo, ahora no tiene salida

para ninguna parte, hasta que termine la fiesta. Éste que está aquí, el fiestero o alawasin, es el que

abrazó el pecado junto con el pascola; la pena más grande la abrazó junto con el pascola mayor.

Porque él fue y lo llevó donde estaba, donde ¿sabes qué…?, donde estaba un animalero, todos

distintos.

—¿Es cuando está con el arpa?

—Es cuando él mete el palo y le dice “quítate 'imi eawe intay” o sea lo llevó al tesoro. ¡Es el

tesoro para hablarle en plata! Como los de ayer, ayer qué esperanzas que Dios tata peo montara

por todas partes si este hombre es el más pecador que se llevó los pecados. Es el que está

cuidando el tesoro de todos, de un entierro, y los llevó a éste para que lo descubriera, para que

saque a los animales de ahí y entonces los saca y lo entamba.

—¿Entonces los safa?

—Él se los llevó ¿sabes por qué? Porque toda esa gente tienen un tesoro y él lo está cuidando,

y como está cansado de tanto cuidarlo entonces se lleva este grupo. Estas gentes que están

cocinando aquí tienen muchos pecados y ahorita que ellos ya no los tienen, es él quien la recibió;

él es el jodido; éste al principio; al principiar la fiesta, éste abrazó todas las ruinas y riquezas, y

todo (Olmos, 2011:397).

—¿Hasta las mías las habrá agarrado?

—¡Todas!

—Ahí van ustedes también —dice el pascolero mayor.

—Todos —responde Vidal.

—Todos los visitantes que llegan y platican con los pascolas no se deben de ir, los que platican
169

con él –que le gritan– esos no se deben de ir, ahí es donde tienen que pagar la causa y él los va a

sacar de lo hondo, de quicio, de las penas, por medio de la oración de nuestro señor Jesucristo, de

nuestra Virgen purísima, de nuestra Virgen de Guadalupe, de nuestro señor San Miguel; porque él

decidió que ahora fuera el día de él.

—Yo por eso le digo... yo porque sé no porque alguien me está guiando, me está orando.

—Oiga, y cómo nació la danza de pascola, ¿cómo aprende el pascola a bailar?

—Bueno mira, ayer, por decirlo así, ayer el cuento del pascola, como el indio se vio

desorientado de todo, sin comunicación pues se empezaron a juntar dos, tres o cuatro y no traían

más ilusión [conviditas y cal] pero entre los indios yo puedo ver, había y ha habido todavía gente

con muy buena utilización espiritual, sentimental y mental. Desde allí, como inventaron un violín

de un palo labrándolo, agarraron un palito y le pusieron una cuerdita, y empezaron a tocar, es el

primer músico en la historia. Sucesivamente, uno vio, dijo a ver cómo suena con esta otra cuerda

encima, pero hizo otro mismo arquito y le empezó a tocar con una cuerdita y una cuerdita.

Bueno, pero ya está más modernizado, ahorita hay cuerdas de plástico, antes no se utilizaba; los

indígenas antes usaban cuerdas de tripa de zorrillo.

¿Sabes cómo empezaron? Con un palito le pusieron un dorretito, y así empezaron a hacer hilo

con un palito. Tanto en lana de borrego como en algodón, el algodón hace poco que resucitó, en

cuevas en lana de borrego, y sucesivamente así empezó todo. Yo tuve un tío que fue músico

violinista, labró un palo y mi mamá hacía hilo con un palito y una ruedita de malacate de mano; y

el bule hacia mi mamá. ¿Sabes lo que hacía? Hacía este hilo para hacer costura. Con las hilachitas

que ayer había en las mantas, porque lo primero que conocimos aquí fue la manta… o que

conocieron... El que traía una camisola de manta era grande antes el que traía un pantalón de
170

manta era grande. Jícuria capeta le decían jícuria capeteta era el que le daba vueltas, a sea el que

le daba cuerda y después ya hasta se hizo hasta el ese.... chintegüa... Ya para torcer así, este yo lo

trabajé también con mis padres ¡taravía! En una taravía tú puedes del cabello de cualquier animal

sacar una cerda y hacer un cabeto y ningún animal te lo troce y con la taravía lo vas a ir

deteniendo. Mi papá era vaquero también fue del monte. Aquí está este señor, mire, si no crea que

viene llegando así es éste. Y ahí hay de todo es un tesoro “empautado” 32 que está empautado que

ahí hay de todo es, es muy interesante tu pregunta. Pero ya voy a irme. Yo no me canso, pero yo

lo conozco porque mis antepasados nos van dejando al correr de los años por eso yo ando aquí

pero yo sé con quienes estoy, con quien estoy conviviendo; no para todos tampoco.

El amanecer festivo

Desde el inicio de la fiesta el ciclo de danzas se ejecuta periódicamente hasta el final. Comienzan a

danzar pascola con instrumentos de cuerda, después pascola con tambor y flauta, para concluir el

ciclo con la danza del venado. Durante toda la noche bailan intercalando una danza y otra.

A las 6:00 am se reúnen todos los asistentes para salir nuevamente al templo. En este

momento, el camino que va desde las campanas hasta la entrada, se adorna con papeles de

diferentes colores. Las campanas del templo no dejan de repicar animando y purificando todo el

ambiente. En las escalinatas de la iglesia ya está instalado un conjunto musical contratado por el

ejido para cantar las mañanitas a San Miguel. Cargan la imagen, le cantan y la llevan al templo

para depositarla; los cohetes, las campanas, los rezos, los cantos y la música forman parte del

ambiente sonoro del momento.

32
Se desconoce el sentido de la palabra.
171

Al igual que la noche anterior, cuando bajaron al santo, también en esta ocasión lo hacen bailar

al son de la música de pascola, mediante movimientos hacia arriba y hacia abajo que efectúa la

gente que lo carga. El conjunto musical después de tocar la canción “En tu día” 33, continúa hasta

las 8:00 am interpretando música ranchera, corridos y sones mestizos no precisamente originarios

de esta región, sino de Jalisco y de Michoacán.

En la mañana del 29, los fiesteros dan de almorzar a los participantes de la fiesta entre los que

se encuentran los músicos, el tampolero, los danzantes y la gente que estuvo en la fiesta durante

toda la noche. La comida que reparten es un caldo de pescado apenas condimentado y

enriquecido con perejil y otras verduras. En esta fiesta, debido a la carencia de medios para

conseguir la res, no sirvieron el tradicional guacabaqui34, pero la gente lo comió muy

apetitosamente después de tomar café durante toda la noche.

Final de la fiesta

Los danzantes continúan intercalando una y otra danza. Toda la mañana bailan en la enramada, y

es en este momento cuando el alcohol circula mayormente y los músicos, los pascoleros y los

organizadores, calman su sed con cerveza, tequila o aguardiente comercial.

Durante la mañana la danza se desarrolla alternativamente en el templo yoreme y en la

enramada donde se bailó toda la noche. Llama la atención una mujer danzante de venado que

33
Canción popular mexicana interpretada en los aniversarios.
34
Comida tradicional entre los mayos que consiste en cocer carne de res con verduras y garbanzo

–aunque existe otra versión donde se menciona que se hace con frijol, carne de res y hueso secado

previamente con lo cual se sazona.


172

participa en el momento que le corresponde, de la misma manera que los otros danzantes. 35 El

hombre que danzó venado toda la noche le había cedido su lugar para que ella participara en la

fiesta. Sin embargo, el ritual no concluyó con la participación de esta danzante, sino con el venado

hombre.

El ciclo del venado no se altera, los pascolas bailan como toda la noche en el orden antes

mencionado, sólo que en uno de los ciclos se colocan la máscara frente a la cara, a diferencia de

como lo habían realizado la noche anterior: con la máscara colocada en el lado izquierdo de la

cabeza o en la parte posterior. Una vez que terminan de bailar en el templo yoreme, bajan a la

enramada.

En este momento ya se había congregado mucha más gente que al principio. Algunos

comerciantes y vendedores aprovechaban el momento para vender sus productos como aguas,

raspados, paletas, etcétera. Fue ahí cuando quise aprovechar para descasar en el albergue indígena

que estaba a la orilla de la carretera. Al llegar al albergue contrastaba el silencio de la carretera

donde se escuchaba solo el paso de los autos, con la sonoridad festiva de la fiesta yoreme.

Descansé durante unas tres horas y el calor me hizo despertar. Regresé al espacio festivo en

donde el fin de la celebración estaba próximo y lamenté no haber estado presente cuando

aparecieron los espontáneos.

35
Primer caso en donde se registra este hecho. La mujer venado lleva por nombre Esperanza

Bernal y en ese entonces contaba con veinte años aproximadamente; es originaria de San Miguel

pero sus estudios los realiza en la ciudad de Culiacán. Según información de la gente del lugar,

ella participa bailando en la fiesta cada año.


173

En el camino pensé que al final de la fiesta estaba permitido tomar cerveza y decidí comprar

tres caguamas para compartir con la gente que había permanecido toda la noche. Al aproximarme

a la ramada unos amigos yoremes se acercaron y les dije que traía unas cervezas. Uno de ellos

intentó abrir la cerveza con una piedra pero al hacerlo se estrelló el cuello de la botella. Yo les dije

que había que tirar esa botella pero uno de ellos inclinó la botella para beberla ante la impresión

que me causaba ver esa escena.

Al terminar la cerveza nos acercamos a la ramada y vi como los asistentes se ponían a tocar

distintos instrumentos de las danzas. Ahí nuevamente participaron los espontáneos. A las 3:00

pm, la multitud bajó por última vez a la enramada para dar fin a la fiesta con el son canario en una

versión diferente a la que marcó el inicio de la fiesta. Los danzantes y los músicos finalizaron sus

deberes rezando, al mismo tiempo que formaban una hilera en la enramada. Juntos pasaron al altar

donde ya hincados los esperaban los fiesteros donde los hicieron pasar uno por uno.

Así, todos los actores rituales rezaron en el lugar donde permaneció San Miguel durante toda

la noche. Cada uno de los danzantes encendió un cohete y lo aventó a los aires en un pequeño

patio de concreto, frente a la enramada donde está la cruz adornada. El sonido de estos cohetes

dio por terminada la fiesta, así como la participación de los concurrentes.

Este momento marcó la culminación formal de la fiesta aunque en la realidad los espontáneos

continuaron tanto en la danza como en la música, enfatizando el carácter participativo de la gente

que anteriormente ha tocado o danzado en otras fiestas patronales. En el lugar permanecen

algunas personas durante dos o tres horas. Los organizadores y los danzantes ya se habían

retirado a sus casas.


174

La música

Sobre la instrumentación es claro que intervienen instrumentos de cuerda obviamente de

influencia europea e instrumentos sonoros de reminiscencia prehispánica. En el repertorio que

interpretan los músicos, los animales ocupan un lugar preponderante en el nombre de los sones.

Además, el ejecutante de violín y el flautero deben buscar la imitación de los sonidos de los

animales por medio de su instrumento, de tal manera que al interpretar el son de algún animal, los

violines imiten el sonido de este personaje. Las tonalidades en que tocan los músicos son G, D, A

y C. La tonalidad inicial la impone el arpero y los cantantes de venado; el flautero deben continuar

y ajustarse a la tonalidad inicial.

Los sones que interpretan los músicos de pascola no son los mismos que interpreta el

tampolero –aunque puede también tocarlos–. Los sones del tampolero son generalmente más

antiguos. Igualmente los sones más importantes en todo el ciclo musical, son los que están

relacionados con el desarrollo de la noche. Los sones de la media noche son el coyote

(suspalibuita), el gato montés (pochi) y los sones al salir el sol: el gallito, al amanecer, la cuichi, la

codorniz (suvau), entre otros tantos.

Danza

El vestuario de venado mazayilero está hecho de varias prendas y “objetos”. En su cabeza se

envuelve un paliacate rojo con el fin de colocar una cabeza de venado disecada –mazacoba– que

previamente es adornada con listones rojos en las astas así como con flores blancas con entorno

verde; éstos son colocados en cada una de las astas del venado.

El vestuario del venado es de color blanco: usa un calzón blanco de manta zaahuera; ésta se

ata a las pantorrillas con cintas. Su camisa es también de manta, pudiendo ser abierta o cerrada.
175

En la cintura lleva una manta (mazohuajim o zapeta de venado). Ésta se coloca en forma de

faldilla, que cae sobre los muslos del venado; sus medidas aproximadas son de 1.50 metros. La

huicosa36 o faja negra con franjas de colores se utiliza para sostener la zaahuera.

Sobre todas sus ropas se coloca un cinturón de pezuñas de venado llamado grujurtia. Las

pezuñas de venado son sostenidas por tiras de gamuza de seis centímetros aproximadamente. En

las pantorrillas –y enrollados hasta los tobillos– son colocados los sartales de capullos de

mariposa o ténabaris. El venado danza siempre con los pies descalzos, dando movimientos

repentinos que asemejan la actitud del venado cuando se siente alerta.

Vestuario de pascola

El vestuario del pascola está constituido por pantalón blanco, camisa blanca, la huicoza o faja, y la

mazohuaji o faldilla de manta la cual se coloca a manera de pañal y va sujeta por una faja de lana

en la cual se introduce otra faja (en la parte anterior del cuerpo), cuyos extremos se atan arriba de

la rodilla. De la misma forma que en el traje de venado, la huicosa sostiene la zaahuera. En el

cuello se enreda un paliacate rojo y en la cabeza también una flor roja. Las pantorrillas, al igual

que las del venado, son cubiertas con los ténabaris. En la cintura lleva amarrado el cinturón de

cascabeles o coyolis. En la cabeza se pone una máscara hecha de raíz de álamo pintada

generalmente de negro; de las cejas y de la barba de la máscara cuelga crin de caballo. Otros

colores incluidos en la máscara son el blanco y el rojo; algunas llevan en la periferia de la cara una

línea blanca con puntos blancos y rojos mientras que las mejillas también suelen pintarse con

36
Esta faja tiene una longitud de 1.50 a 2 metros aproximadamente y es confeccionada con lana;

ocasionalmente se hace de colores, pero generalmente se usa de color negro u obscuro.


176

entornos rojos y con el interior blanco. Un rasgo característico en algunas máscaras es la lengua

roja que saca la cara simulando una burla constante. La máscara cambia su posición de acuerdo

con los instrumentos que le acompañan. Si es con violines, va al lado izquierdo 37 y si es con flauta

y tambor se coloca sobre a la cara. También, tanto al inicio de la fiesta como al final, se coloca la

máscara sobre la cara del danzante (Olmos, 1998).

Ciclo dancístico y musical

El ritual articula múltiples elementos y éstos concatenan el todo. Cada color, cada sonido tiene

una razón de ser. La música enlaza la danza y la danza los sonidos del venado y del pascola.

Racionalmente se nos ha enseñado a desmenuzar la realidad para aprenderla, pero ésta se presenta

completamente articulada en un sistema que, pese a separar fenómenos como la música y la

danza, en la realidad ambas manifestaciones se encuentran íntimamente ligadas. Por ejemplo, los

instrumentos sonoros del cuerpo utilizados en la danza son paralelamente instrumentos musicales

e instrumentos dancísticos.

Lo anterior se presenta especialmente en la danza del venado, pero también en la del pascola

con los ténabaris y los cascabeles o coyolim y el sistro o sena’aso.

Como se señaló antes, el ciclo dancístico inicia con la danza del pascola con instrumentos de

cuerda. Los violines y el arpa comienzan su ejecución y el pascola se prepara para ejecutar su

danza. En la cintura se pone el cinturón de coyolim o cascabeles, y una vez que éste está sujeto,

comienza a mover sus pies percutiéndolos sobre el piso rápidamente sin alzarlos más de dos

centímetros. Transcurren de diez a quince minutos y el cinturón es pasado a otro pascolero, y así

37
En ocasiones, como sucedió en esta fiesta, la máscara también se voltea para atrás.
177

sucesivamente hasta que se le pasa al pascolero más pequeño, un niño de 8 o 9 años. Después el

tampolero prosigue con tambor y flauta, aunque es posible que la música de estos instrumentos

inicie incluso antes de que terminen de tocar los violines. En esta fase de la danza, el pascola toca

el sena’aso o sistro con la mano derecha y lo golpea sobre su mano izquierda. A diferencia de la

ejecución anterior, lo hace con música de cuerda donde el instrumento es colocado en la parte

trasera de la cintura e insertado en la faja del pascolero. Al igual que en la participación anterior,

los pascolas se intercambian el cinturón conforme pasan a bailar uno por uno. Los sonidos de la

danza de venado pueden dar inicio al mismo tiempo que inicia el músico de flauta y tambor, es

decir, antes de que termine la danza anterior. Algunas veces sucede que tocan todos al mismo

tiempo. De la misma manera, en algunas ocasiones se puede observar a los pascolas bailando al

mismo tiempo que el venado.

En esta danza, el venado da la señal de inicio al sacudir los ayales con movimientos circulares

hacia adentro. En ese momento los raspadores empiezan su interpretación junto con el tambor de

agua que comienza a contratiempo con los raspadores en sus primeros toques, para lentamente

sincronizarse con éstos haciendo cuartos y después octavos. Por su parte, los raspadores arrancan

lentamente haciendo figuras rítmicas de un cuarto, luego octavos y, finalmente, octavo dos

dieciseisavos. La melodía no tiene relación con el ostinato rítmico. Generalmente los cantos

terminan dos veces en tónica y una en dominante para volver a terminar en tónica, es decir el

esquema general sería A-A-B-A. La mención de dominante y subdominante en el contexto de la

danza de venado es meramente referencial, ya que el origen de estos cantos no tiene nada que ver

con el sistema musical temperado. Esta estructura se repite tres veces acabándose a la señal del
178

venado.38

Los instrumentos musicales para la danza de venado son: tambor de agua (huizari), (baa-

wehai para los yoremes yaquis), raspador (jucha-co), vara para el raspador (jiruquiam), sonajas

(sayales), cinturón de pezuñas de venado, sartales de capullos de mariposa o ténabaris. Para la

danza de pascola: cinturón de cascabeles de metal o coyolim, sartales de capullos de mariposa o

ténabaris, flauta de carrizo, tambor de doble parche, arpa, dos violines, sistro o sena’aso.

Salida a la fiesta de Navidad en San Miguel Zapotitlán

Gobernador: José María Velázquez Álvarez.

Capitán de la danza o monarca: Lencho Velázquez.

Monarcas auxiliares: Ezequiel Murillo y Vicente Velázquez Valenzuela.

Instrumentos musicales:

A) Guitarra: Gregorio Álvarez.

B) Dos violines: Ernesto Leyva y Porfirio Vacacehua Torres.

Instrumentos de la danza:

A) Cascabeles de metal.

B) Sonajas.

Inicio de la danza y procesión del niño Dios hacia el templo

Martes 25 de diciembre de 1990, Culiacán, Sinaloa, México

El día 24 de diciembre me propuse celebrar la Navidad en tierras sinaloenses. El lugar al que me

38
Los cantos del venado hacen referencia a la forma de vida del animal en el monte.
179

dirigí fue una vez más San Miguel Zapotitlán en el municipio de Ahome. Este lugar ya lo había

visitado con anterioridad el 29 de septiembre del año 1989, para la fiesta de San Miguel Arcángel.

Primeramente llegué a Culiacán el 23 de diciembre en la madrugada y después de descansar hasta

las 12 h salimos Juan J. y yo hacia San Miguel a las 4:30 pm.

Por un momento creí que el autobús estaba en tan malas condiciones como en el que llegué de

la ciudad de México, pero por el contrario, nuestro autobús se encontraba sin ningún desperfecto

y además traía servicio de televisión. El alcohol que acabábamos de ingerir comenzaba a

desaparecer de nuestros cuerpos, y sirvió como un soporífero más para relajarnos y poder

descansar en el lapso de tres horas que tardamos en llegar a la ciudad de Los Mochis.

El camino es siempre apacible por los secos y polvorientos cerros en donde algún cactus se

aparece de repente dentro de algún arbusto como cuidando el monte. Arribamos a Mochis a las

7:40 pm. Inmediatamente Juan y yo nos trasladamos a la terminal donde salen los camiones con

rumbo a San Miguel. Después de una breve espera, por fortuna encontramos el último camión que

partió a las 8 pm. Según lo calculado, la danza de matachines, cuyo registro era el objetivo

principal de este viaje, daría comienzo a las 9 pm. Por lo tanto nuestro tiempo de viaje desde la

salida de la ciudad de México a Culiacán, atravesando por Los Mochis y luego a San Miguel era

exacto para llegar a nuestro destino.

Esperaba llegar a las 8:30 pero el camino se hizo un poco más tardado de lo previsto. Nuestro

autobús no tenía mayor conflicto de cupo y sólo se apreciaban ocupados la mitad de los asientos.

En una de las paradas del autobús subieron varias mujeres hermosas, con quienes el chofer platicó

antes de cobrarles el boleto. En el autobús se contagió el aire de la Navidad y toda la gente subía

y bajaba muy contenta con la esperanza de pasarla en compañía de la familia o de los amigos. Por
180

todas partes se respira el espíritu navideño.

Hicimos 15 minutos más de lo esperado y llegamos a las 8:45. El camión, que generalmente

entra por la calle principal, en esta ocasión entró por una calle paralela. Al parecer le fue

imposible debido a que esta calle central estaba siendo pavimentada. Me dirigí hacia el templo de

los yoremes; pasé por la enramada donde bailaron el día 29 de septiembre pasado. Al pasar por la

iglesia mestiza confirmé que la orientación de su templo es de norte volteando hacia el sur. El

templo de los yoremes tiene la misma orientación. Llegamos al templo yoreme pero no había

nadie. Le preguntamos sobre la danza a un hombre que encontramos y éste nos indicó que ésta se

realizaba en la casa de la persona que esa noche tenía al niño Dios, y que éste sería llevado a las

12 pm de ahí hacia al templo.

Juan y yo caminamos por una calle que salía por un lado del templo en su lado este.

Continuamos unos 500 metros hasta que el sonido de las maracas de los matachines nos llamó la

atención. Aunque sabíamos que la fiesta estaba iniciando en este lugar caminamos de frente

todavía unos 200 metros para conocer más el lugar. Posteriormente regresamos y entramos en el

solar de la casa donde los matachines se disponían a comenzar a danzar.

Al llegar saludamos a pequeños grupos de tres o cuatro personas reunidas, de las cuales sólo

algunas respondieron al saludo. El altar estaba al lado de la entrada este de la pequeña casa; en

éste se encontraba el niño Dios en una mesa a un lado de una imagen de la Virgen María.

Los preparativos para la fiesta y la danza de matachines dan inicio en una casa particular en

donde se reúnen los danzantes de matachines, los organizadores, las autoridades, la imagen del

niño Dios, y la de la Virgen María. La casa donde se concentra la gente, se encuentra a quinientos

metros del templo yoreme en dirección norte.


181

En el patio de la casa se observan alrededor de cincuenta personas, incluyendo matachines,

observadores, y otras quince personas que se ubican en la parte interna de patio junto a la casa;

dichas personas son las que se dedican a repartir el café.

En la parte exterior de uno de los muros de la casa, esta un pequeño altar dedicado al niño

Dios y a la Virgen María, el cual tiene múltiples adornos de papel de distintos colores. Su

orientación es la siguiente: el frente se proyecta hacia el oriente, la Virgen María mira de frente al

sur. Abajo de la Virgen que es cargada por los fiesteros, se encuentran los músicos de la danza,

guitarra y dos violines; a cada lado del niño Dios permanece un niño vestido de matachín pero con

una corona, rasgo que lo identifica como malinche, a diferencia de los otros danzantes de

matachines.

Frente al altar se forman las dos filas de danzantes, cada fila consta de trece individuos en su

mayoría niños, y adolescentes. La parte de adelante es ocupada por personas adultas, en medio

están los adolescentes, hasta llegar finalmente a los niños.

En medio de ambas filas se coloca el matachín mayor o Monarca, que marca los pasos, los

giros y la coreografía de la danza en general.

Los matachines comandados por el capitán, segundo de derecha a izquierda de los cuatro que

ahora permanecen al frente, comienzan a bailar a las 21:30 horas. Enfrente se ubican los cuatro

hombres principales de la danza llamados tenenchis39 que a su vez se desempeñan como monarcas

auxiliares, y que guardan una jerarquía inferior respecto del monarca mayor. Los tenenchis

pueden relevarse en el transcurso de la danza. Detrás de ellos en los extremos de las filas, se

39
Significa “ayudante” en lengua mayo.
182

forman los aprendices ordenados jerárquicamente de acuerdo con sus habilidades en la danza.

También existen unos personajes a los que se les llama “Los chicoteros” 40 cuyo trabajo principal

radica en cuidar que la danza se lleve a cabo sin problemas de organización, así como de guardar

el orden y hacer respetar a los danzantes, pero en esta ocasión brillaron por su ausencia, puesto

que la danza fue transgredida constantemente por parte de los mestizos o yoris que bailaban en la

fila de los matachines en forma desordenada.41 Sin embargo, hay que resaltar que en la danza

cualquier persona puede participar siempre y cuando se coloque una pañoleta en la cabeza.

En las dos filas principales, se encuentran las mujeres colocadas en el extremo de la formación

junto a los niños.

Como parte complementaria de la danza, bailan las malinches, quienes se ubicaban en las filas

horizontales de frente a la danza y detrás de los niños que se iniciaban como matachines. En el

extremo superior izquierdo se encuentran los músicos que acompañaban a la danza, ordenados

paralelamente en la parte frontal en dirección sur de la siguiente manera: primero la guitarra y

después el violín primero y después el violín segundo.

Partida

De acuerdo con el cronograma hipotético, la procesión en la que se carga al niño Dios rumbo al

templo se realiza a las doce de la noche, sin embargo el movimiento de salida al templo se inició

desde las 22 horas con el estruendo de los cohetes al momento de mover al niño Dios. La imagen

40
El primer chicotero es quien se encarga de recoger los donativos y de distribuir los cargos

dentro de la danza.
41
Dichas interrupciones no se manifestaron hasta después de la media noche.
183

fue tomada por las mujeres, y a cuatro metros frente al lugar original se hizo el primer alto, en

donde el niño fue rodeado por los organizadores principales y por los danzantes. Paralelamente el

capitán de la danza hizo una plegaria que se prolongó durante cinco minutos; los cohetes

anunciaron la continuación del recorrido y de la fiesta. Los músicos se colocaron al lado izquierdo

en el mismo lugar que tenían cuando estaban sentados en al altar, y dieron comienzo a la música

con el “son del niño Dios”. Los matachines continuaron en su misma posición respecto del altar,

pero caminaron y bailaron hacia el frente, en donde se encontraba una cruz a cincuenta metros del

lugar original.

Llegando a la cruz la rodearon en dirección oriente (hacia el lado derecho del altar), hasta la

salida. En el solar de la casa se realizó un alto en otra cruz que se encontraba más adelante, hasta

que finalmente doblamos a mano derecha en dirección poniente hacia el templo.

Al reiniciar la procesión, el baile y la música continuaron, pero se suspendieron casi llegando al

templo. Al arribar al cerro del templo, la procesión era esperada por la muchedumbre que ya se

había dado cita para participar en esta fiesta religiosa. Antes de entrar al templo, hicieron un

último alto; en este instante se reinició nuevamente la música y sonó el tambor junto con las

campanas que se encuentran afuera del templo. Por otra parte, los cohetes continuaban

anunciando el arribo del niño Dios propio de la fiesta de Navidad.

Entre la algarabía y la densidad sonora, los participantes se introdujeron al templo:

primeramente los matachines con su inconfundible sonido de las sonajas, después los músicos y,

posteriormente, la Virgen María y el niño Dios cargado en ese momento todavía por las mujeres.

Al colocar al niño el altar junto con San Juan, la Virgen y otros santos, los músicos no tocaron ni

los danzantes bailaron.


184

Los matachines entraron y se dirigieron inmediatamente hacia el altar y saludaron a los santos

persignándose y tocándolos con reverencias. El saludo lo hicieron primeramente los monarcas,

después los capitanes, lo chicoteros, los danzantes propiamente hasta llegar al más pequeño de los

matachines.

Por otro lado se escucharon dos tambores, uno haciendo un llamado para congregar a los

matachines y el otro fue tocado por un tamborilero; el primero se escuchó desde el momento en

que salimos de la casa original en donde se velaba al niño Dios; no se supo nada del tambor que

servía para convocar a los danzantes hasta pasada la media noche.

Este primer tambor que indicaba la congregación de los músicos era independiente del otro

tamborilero con flauta, pues este último apareció cuando la procesión iba en la segunda cruz.

Cuando llegaron los matachines al templo, entraron juntos pero luego regresaron a la puerta de

entrada y se introdujeron bailando nuevamente, pero ahora con el acompañamiento de la música.

La danza continuó por espacio de una hora entre son y son hasta que llegó la media noche, hora

en que los matachines se formaron nuevamente para recibir al niño Dios.

La danza y el recibimiento del niño Dios

Faltando unos minutos para la media noche, los danzantes se formaron de tal manera que crearon

una cruz con sus palmas, compuestas de plumas, que llevaban en la mano izquierda. Con la mano

derecha sacudían la sonaja y con los pies marcaban el ritmo de la música, mientras que su cabeza

estaba cubierta por un paliacate rojo. De esta manera la música continuó y los danzantes siguieron

bailando dirigidos por un niño que se ubicaba frente al altar.

En el fondo del templo, muy cerca del altar, se encontraban las malinches, que son dos niños
185

más que portaban su atuendo con corona de matachín, collares y paliacate. 42 Los matachines

bailaron así hasta la media noche; posteriormente uno de ellos levantó a uno de los niños y lo

colocó sobre sus hombros, la danza prosiguió con el niño a cuestas en señal del nacimiento del

niño Jesús.

La fiesta

Los danzantes prosiguieron hasta bien avanzada la noche. No obstante, tuvieron que suspender la

danza debido a las constantes provocaciones de los mestizos, que entorpecían y acosaban a los

danzantes tratando de bailar igual que ellos. Por otra parte, la población ya se había delimitado

perfectamente, los indígenas permanecían en el altar de la construcción antigua, y en un cuarto

contiguo a éste, los mestizos, quienes en su mayoría se encontraban embriagándose, estaban

sentados en las bancas del templo.43 Cabe precisar que muchos indígenas se encontraban haciendo

esa misma actividad.

A la seis de la mañana del día veinticinco, la danza continuó con otros matachines. Los

músicos se levantaron quejándose del desorden de la madrugada pero así reiniciaron la música con

el “son del coyote”. Durante la noche los últimos matachines que danzaron eran en su mayoría

adultos, no así en esta ocasión. En ese momento los que giraban y golpeaban el suelo en las filas

eran niños y jovencitos de escasos 15 años; el monarca mayor era un jovencito de 16 años; como

siempre los hombres en el frente y las mujeres y los niños atrás. Este momento se prolongó

durante dos horas, posteriormente los danzantes salieron a hacer campaña a otras casas en donde

42
Según información del gobernador, “estos niños son los que protegen al niñito Dios”.
43
Cuyo espacio y ampliación se debe al techo de reciente construcción.
186

prosiguieron con la danza.

Entrevista al gobernador44

Los matachines sufren mucho porque durante ocho días y ocho noches son ellos los que velan al

niño Dios. Durante las mañanas salen a campaña para conseguir dónde velarlo y allí le bailan otra

vez; a las doce de la noche descansan para seguir al día siguiente y al otro siguen con la campaña

para buscar otra vivienda en donde una persona haya hecho la promesa de prestar el espacio a

cambio de que el niño Dios interceda por algún infortunio familiar. Entonces al dueño de la casa le

piden un favor a cambio de la promesa. Los matachines continúan en las casas pidiendo, bailando

y haciendo su ceremonia. Cuando llegan las seis de la tarde, van a otra casa donde lo van a velar.

Siguen bailando hasta las doce de la noche.

—¿Se paran cuando caminan igual que en esta ocasión?

—Sí, es que son las estaciones que dan ellos, cada diez metros, cada veinte metros ellos hacen

una estación, entonces allí van haciendo su ceremonia... le van bailando al niñito Dios allí.

—¿Qué es una estación para ellos?

—La estación viene siendo el alto porque así viene en La Biblia, ¿no?; cada veinte metros le

van haciendo esas paradas que son las estaciones. Entonces ahí le van bailando, le rezan y todo,

hacen la ceremonia; y ahí siguen. Entonces ya el jefe mayor que es el monarca –ese es el que los

va a dirigiendo– van, hacen la ceremonia y así hasta que llegan aquí al altar, así como lo vio

ahorita que lo traían de allá. Vienen siendo como veinte personas las que andan acompañando al

niño Dios.

44
Entrevista realizada con la participación de Juan José López en la grabación.
187

—¿Hay un orden?

—Sí hay un orden, así es. Ahí andan veinte personas, éstos que son los auxiliares de ellos –los

monarcas– para que la cosa salga bien, que todo salga bien, que salga en orden todo, y que son

los que traían los chicotes; con eso ellos ya les hablan para que salga bien toda la ceremonia. Todo

hasta que se termina el año, entonces ellos cuando ya lo entregan –que ese es el año nuevo–

entonces ya a las seis de la mañana ya entregan todo. Y ahí sigue adelante, a los seis días salen

esas que son las colgasones45 que les dicen; también vuelven a bailar otra vez, a hacerle la

ceremonia aquí al niñito Dios, y así... Entonces cuando ya a los quince días, ahí se entregan ellos

cosas de comida, de pan y toda la fruta entregan ellos ahí para la fiesta. Entonces hacen unas

soguillas que se le entregan a la Virgen, y ya se las ponen ahí para que ya esas personas, el que

quiera ya recibir eso, entonces ya le pone una soguilla, y ese ya va cumplir lo que le estén

pidiendo. Y así, así sigue la misma, la de los quince días sigue hasta que ya le entrega todo eso, se

devuelven como los primeros le devolvieron; le dieron a los que recibieron entonces a los quince

días vuelven a darle lo que le devolvieron las otras personas primero.

Según otra información46 los matachines comienzan a bailar siete domingos antes de navidad

en las casas en donde hicieron la promesa de cuidarlo toda la noche, pues la imagen del niño Dios

será trasladada de una casa a otra, y es en estas velaciones cuando bailan los matachines desde el

primer día domingo hasta el seis de enero casi sin interrupción.

Los grupos de los diferentes matachines se van rotando, no son siempre los mismos danzantes.

45
Se desconoce el sentido de esta palabra.
46
Entrevista con Esperanza Bernal.
188

Los matachines recorren las casas de San Miguel bailando y recibiendo los regalos que la gente les

otorga voluntariamente, finalmente llegan a la casa en donde se velará la imagen, y aquí continúa

la danza toda la noche hasta el siguiente día.47

Vestuario de matachines

El danzante de matachín viste el pantalón y la camisa de uso cotidiano, en la cabeza se amarra un

paliacate rojo para cubrir el cabello. En la mano derecha carga una sonaja 48 hecha de bule, pintada

de color rojo generalmente, aunque también puede ser de color verde, la superficie de la sonaja

lleva orificios pequeños; los listones de la sonaja son de su mismo color.

Con la mano izquierda sostienen una tableta de madera de color rojo o verde y a ésta le llaman

“Palma” cuyo material es raíz de álamo. En la punta posee dos espigas de palma o alambre, 49 a su

vez tiene tres pares de motas de plumas con diferentes colores repartidas equidistantemente en la

vara, es decir, una en la parte inferior otra en medio, y la superior en la punta. Los motas

superiores son de color rojo, las de en medio, amarillo y otra vez las inferiores de color rojo. Las

motas están hechas con plumas de gallina o de gallo. La vara es amarilla y la otra puede ser verde,

aunque también las hay de color blanco y rojo. Éstas se ordenan en forma ascendente simulando el

brote de una flor.

La tableta de madera es generalmente de color rojo; en el centro se aprecian tres huecos en

47
Según algunos comentarios, un día después también se bailaría pascola y venado en una casa de

cerca del río pero esta información no se pudo corroborar.


48
Llamada también ayal.
49
También se les denomina aguaros en lengua indígena.
189

forma de rectángulos, pero puede tener solamente uno; abajo de los huecos también trae una

figura en forma de cruz, colgando del mango dos listones de color rojo.

La malinche

Los niños llamados malinches son los únicos que cargan la corona o cupia a diferencia de los

demás matachines.

Las malinches usan vestido largo color azul, rosa o blanco, la cupia, el ayal y un velo que cae

sobre la espalda; los zapatos pueden ser los del uso diario; a algunos niños también se les viste

como a las malinches.

La corona

En el centro de la corona se deslizan tres soportes de diferentes colores que descansan sobre un

aro base. En el frente superior se localiza un espejo y en la parte trasera otro. Es en esta última

parte donde penden diez listones de diferentes colores de medio centímetro de ancho por unos

treinta de largo. La corona descansa en la cabeza del niño que a su vez es cubierta por un

paliacate. Del aro inferior base también penden una serie de collares que pasan frente a la cara del

niño.

La música

La danza es acompañada por una guitarra –que puede ser desplazada por un arpa– y dos violines.

Todos los instrumentos son comprados a excepción del arpa que es elaborada “artesanalmente”.

Los sones que suelen interpretar son de carácter religioso –el son del niño Dios– pero también los

hay de nombres de animales tales como el toro, el gallito, el coyote, el caballo ensillado, etcétera.
190

Muchos sones se improvisan según la habilidad de los músicos para componerlos en el acto. La

música de la guitarra y los violines se escucha durante toda la noche, pero en este caso existió una

interrupción a causa del desorden yori.


191

RITUALES YOREME YAQUI

Rumbo a la tierra de los yaquis

Con el sabor amargo que deja la muerte y una dulce melancolía, me dirigí a Sonora después de

haber presenciado un sepelio en el estado de Michoacán.

Sin ninguna programación previa, viví, por un lado, el ritual de muerte entre los mestizos de

Michoacán, y por otro, la muerte y resurrección de Jesús durante la Semana Santa de los yoremes

yaquis en Sonora. El sepelio se desarrolló en una atmosfera indescriptible. Lo que pude asir de ese

momento, fue la purificación catártica y solidaria de la familia que se resignaba a la pérdida de un

ser querido, quien había elegido su recorrido por esta vida y la conclusión de su propio destino.

A finales de los años ochenta trabajaba en El Colegio de México, cuando repentinamente recibí

la impactante noticia de la muerte de Héctor. En ese momento pedí permiso en mi centro de

trabajo para poder ausentarme durante varias semanas. Con la idea de llegar hasta Sonora después

de este evento, antes de salir preparé todos los aparatos de investigación, entre éstos la grabadora

y la cámara que me permitirían registrar el ritual la Semana Santa en la tierra de los yaquis del sur

de Sonora.

Cuando llegué al pueblo de Michoacán toda la gente comentaba la noticia. No supe si fue la

intensidad del ritual funerario, las relaciones que había tejido con esa familia, o todo en su

conjunto, lo que haría que esta experiencia me acompañara durante el resto de mi vida. En el

ritual funerario no faltó la música y la danza en la que participé extirpando en colectivo el dolor y

la experiencia del momento.

A pesar de que este evento mortuorio fue muy impresionante, y trascendió en otras esferas de
192

mi experiencia, lejos de paralizarme me catapultó para continuar, sin ninguna reserva, hacia el

trabajo de campo en Sonora, donde confirmaría una vez más haber encontrado el oficio y la

pasión de ser etnógrafo.

Me despedí de mi familia miochoacana y tomé el primer autobús que pasó por el pueblo maderero

enclavado en la sierra. Al ver el camión aproximarse, subí tan rápido como pude sin preguntar si era

directo o vía larga. Pronto cayó la noche y llegué a Guadalajara muy de mañana; continué mi camino al

norte por toda la costa. Me dirigí a Culiacán, Los Mochis, Ciudad Obregón y finalmente llegué al

territorio yaqui en Pótam, Sonora.

No fue casual llegar a este lugar; Alejandro, hermano de Gerardo, fue quien me despejó el

camino para que pudiese realizar mi primera estancia en territorio yaqui. Con el calor intenso del

mes de abril tomé el autobús que sale de Ciudad Obregón con rumbo a Pótam. En el pueblo ya me

esperaba Ismael y su esposa. Mis amigos de Ciudad Obregón me dirigieron expresamente con

Ismael, alias El Charo, sabiendo de antemano que mis intereses se centraban sobre todo en la

música de los yaquis. Ismael es un hombre moreno, no muy alto de estatura (como otros

yoremes), y más bien poco robusto. Nunca me imaginé que mi amistad con él se prolongaría

durante varias décadas y hasta el día de hoy puedo decir que es uno de mis amigos yoremes que

más ha influido en mi trabajo.

Partiendo de mi experiencia de la Semana Santa rarámuri en años anteriores en donde cometí

el error de llegar cuando el proceso ritual ya había iniciado, en esta ocasión no estaba dispuesto a

perderme cada detalle de la fiesta, poder registrar a sus participantes, su organización festiva y,

sobre todo, la maravillosa música de la danza de venado y de pascola. Me fui con mucho tiempo

de anticipación y aproveché para conocer el pueblo, la iglesia, el cementerio, el atrio, a los


193

organizadores y participantes, quienes ya se estaban presentando desde varias semanas antes de la

Semana Mayor, cada viernes durante la Cuaresma.

Al principio de los años noventa los yaquis para mí sólo eran referentes bibliográficos, sin

embargo, ahora tenía la estupenda oportunidad de vivir en carne propia el ritual de Semana Santa.

Esperaba con tal expectación cada evento que mis noches y mis días se hacían cada vez más

largos y no podía esperar para conocer los pormenores rituales.

El pueblo de Pótam

Pótam, que significa “topo escarbando”, es uno de los ocho pueblos yaquis formados en el siglo

XVI por el jesuita Andrés Pérez de Rivas. Pertenece al municipio de Guaymas y su población en

los años ochenta no llegaba a los 5,000 habitantes. Como el territorio yaqui es el único en el país

que posee autonomía política y territorial, ni el municipio ni el estado ni la federación han metido

las manos directamente para llevar servicios eficientes de drenaje o pavimento. Excepto la calle

principal que conecta con la carretera, todos los demás accesos y calles de Pótam son de tierra y

el polvo cubre prácticamente todo lo que se encuentra a su camino.

Durante la Cuaresma, y sobre todo durante Semana Santa, los mestizos tienen la costumbre de

trasladarse a las diversas playas. No obstante para los yoremes de toda la región cahita, es un

tiempo ritual fundamental y lo dedican a la representación de la vida de Jesús con su

interpretación muy particular en cada comunidad.

El miércoles de ceniza y primer viernes

Los festejos de la Semana Santa inician desde el miércoles de ceniza. Este día comienza

formalmente la Cuaresma, período que obliga a cumplir con algunas prohibiciones a la población
194

indígena y mestiza, en particular a aquellos que participarán como chapayeca o judío en la

representación de Jesús. Sin embargo todos los participantes se ven de alguna manera

involucrados en dichas prohibiciones. Este miércoles que marca el inicio de la Cuaresma, tanto los

sacerdotes católicos como los maestros rezanderos de la iglesia yoreme marcan con una cruz de

ceniza la frente de los creyentes de la religión católica.50

El primer viernes de la Cuaresma en el primer conti o procesión, aparece un chapayeca51 con

su máscara característica. La procesión se realiza alrededor del templo a las tres de la tarde. En

esta procesión los organizadores del ritual, en especial los encargados del templo, sacan la figura

del Nazareno o Jesús crucificado, y después a su madre, la Virgen María. En el conti salen del

templo en dirección norte y doblan hacia la izquierda hasta dar la vuelta completa al templo y

persignándose en cada una de las estaciones que se encuentran alrededor, en un perímetro de un

kilómetro aproximadamente.

Los chapayecas o judíos ocupan un lugar preponderante en el desarrollo de las actividades que

se llevan a cabo durante la Semana Santa. Dentro de sus obligaciones está seguir algunas reglas,

50
La religión católica es la que mayor número de adeptos tiene en esta región, y en todo el estado

de Sonora. Sin embargo, como se verá más adelante, la religión yoreme, si bien rescata muchos

elementos de la religión católica, es un sistema de creencias independiente.


51
Personaje que representa a los judíos que, junto con los romanos, crucificaron a Jesús. La gente

reconoce a los chapayecas como sinónimo de judío y fariseo. En esta sección se utilizarán como

sinónimos chapayecas y judíos. Sobre la palabra chapayeca existen algunas versiones que indican

que significa “nariz afilada”.


195

entre ellas, obedecer a sus superiores, no tener relaciones sexuales y padecer una serie de

penitencias y sacrificios que forman parte de su promesa como judíos o fariseos. En el conti

también participan los hombres –chapayecas– que usarán su vestuario, pero al principio no todos

lo llevan puesto. En este tiempo se suman los cabos mayores y menores,52 los capitanes, los

caballeros, las cantoras, los rezadores y la gente del pueblo que participa en la tradición.

Segundo y tercer viernes de Cuaresma

Para el segundo viernes, otro chapayeca se incorpora al conti vestido con su atuendo

característico y con su inconfundible máscara. Para el tercer viernes aparecen los demás

chapayecas que relizaron sus promesas para participar en el ritual; todos llevan máscara y su

vestimenta ritual. Al mismo tiempo que hacen su aparición los chapayecas también se integran los

cabos mayores, los cabos menores, los capitanes y los caballeros.

En esta semana y a partir del tercer viernes hacen la pasión del niño, la cual consiste en sacar al

niñito Jesús y pedir limosna y posada en todas las casas; la gente les da dinero o cualquier otra

cosa que puedan sacrificar como prevención contra el infortunio.53 El sábado del tercer viernes

sale la imagen de Jesús a visitar las casas para curar enfermedades que sólo serán sanadas con la

fe de la gente. En cada casa donde se le mande traer, se le hará una fiesta. Esta actividad se

52
Autoridades de los chapayecas, sin su atuendo especial.
53
El sacrificio podemos entenderlo por un lado como una acción de sí mismo y otra para sí mismo.

Esta última se entiende como el hecho de abandonar algo para los dioses, con el fin de obtener un

beneficio. Por su parte, el sacrificio de sí mismo o autosacrificio, es el que implica darse a los

dioses mediante el sufrimiento, la laceración o la fatiga corporal.


196

mantiene cada día de la semana hasta llegar al cuarto viernes.

Cuarto viernes

Para el cuarto viernes posterior a la Cuaresma, sale la Virgen María detrás de Jesús en el conti. En

la décima estación se representa el chapayeca, quien establece formas de comunicación especiales

con su entorno a través de señas dado que no les está permitido hablar. Mediante este lenguaje y

golpes en su bastón el chapayeca pregunta a la Virgen sobre el lugar donde se encuentra su hijo.

Los chapayecas, para comunicarse entre ellos, realizan una serie de señas mediante el manejo de

golpes con su cuchillo y su bastón de manera que cada movimiento y toque tiene varios

significados. El sistema de señales es muy variado y puede incluir significados lingüísticos o

señales para expresar afirmación, negación, agradecimiento, adelante, alto, agua, alimento,

peligro, ataquen, entre otros.

Para este viernes, todos los chapayecas salen con su vistoso vestuario que cargarán durante

toda la Cuaresma, los viernes santos y la Semana Santa.

Vestuario

El vestuario de los chapayecas se compone de una máscara o sewa54 hecha de piel de chivo, que

es introducida completamente en la cabeza del fariseo.

En la parte de la cara, el pelo del animal es retirado; ésta, por lo general, es pintada de color

54
Significa “flor” en la lengua yaqui. Sin embargo sewa es la metáfora sagrada para designar

múltiples cosas sagradas. La traducción directa de máscara es chomo o cabeza, pero es demasiado

vulgar como para ser utilizado en un objeto colmado de sacralidad religiosa.


197

rosa, la nariz es recta y muy grande, la boca sobrepuesta en la máscara es también notoriamente

más grande proporcionalmente con el tamaño de la cara.55 Las orejas son lo más característico de

estas máscaras ya que destacan por su tamaño; pueden ser parte de la cara o cueros

independientes, su color es blanco aunque también puede ser rosa al igual que la cara. Por la parte

frontal de las orejas se observan flores pintadas de color rojo; por dentro su entorno está pintado

de color blanco. En algunos tipos de máscaras las orejas son las alas de un águila o una mariposa

cuyo cuerpo viene a desarrollarse en la cara. Existen otras máscaras de este mismo tipo que

cargan además una corona o un sombrero por encima. Por otra parte, también se aprecian otros

modelos de máscaras, por ejemplo las de apaches que llevan un gran penacho de plumas en el

extremo superior de la máscara. Igualmente existen las máscaras de caras de payasos, otras de

caras de madera pintadas de verde o de color café oscuro con los rasgos de la cara abultados en

forma caricaturesca. Por otro lado, se observan máscaras de caras de negritos y, entre los diversos

personajes, se alcanza a ver excepcionalmente la máscara de un chino, así como la de algunos

payasos con su nariz roja y redonda. En la cintura llevan un cinturón de pezuñas de venado, en los

pies sólo algunos se enredan los ténabaris o sartales de capullos de mariposas que contienen

piedrecillas por dentro; a su vez, en la pantorrilla llevan la parte superior de las botas o

simplemente hules en donde se golpean periódicamente con el cuchillo. Otra excepción más es la

capa unos cuantos amarran al cuello y les cuelga en la espalda. En la mano derecha cargan un

bastón delgado de apenas un centímetro de diámetro por un metro de largo, en el que resaltan los

55
Los colores originales fueron el rojo, el negro y el blanco. Actualmente existen distintos tipos de

máscaras pero al parecer la de color rosa es la más común.


198

colores: rojo abajo, luego blanco después rojo, rosa, rojo, verde, rosa y hasta arriba el color en

bruto de la madera. En la mano izquierda llevan un cuchillo de madera que utilizan, como se

mencionó antes, para comunicarse por medio de señas.

Durante la Cuaresma los cabos no usan su capa negra. Ésta será incluida en su vestuario a

partir del Jueves Santo. No obstante, portan su espada de madera pintada de blanco con

fragmentos de color verde rojo o rosa, de un metro aproximadamente de largo. Además, cargan

su sombrero y el paño o paliacate con el que se cubrirán la cara para dejar sólo los ojos al

descubierto.

Quinto viernes de San Lázaro

Para el quinto viernes, además de los chapayecas y cabos que participan activamente en el conti o

procesión, también aparecen también los Pilatos en sus caballos, quienes también tienen mando

sobre los fariseos o chapayecas. En este día, conocido también como viernes de San Lázaro, es

cuando amarran y azotan a Jesús dentro del templo con una vara de mezquite durante tres

espacios de tiempo; posteriormente le amarran las manos y se lo llevan.56

Este viernes entre los yaquis es dedicado a los perros, a quienes se les coloca un un listón rojo

como distinción familiar del día dedicado a este animal. Aunque los otros días del año se les puede

maltratar, este día está dedicado enteramente a los perros de cada familia yoreme. Antes de que la

56
Jesús o el Nazareno es la imagen del templo, cuando la gente dice Jesús o el Nazareno no se

refiere a la imagen sino al personaje que encarna la figura del santo. A veces se presenta como el

santísimo, otras como el Nazareno, sobre todo cuando lo persiguen, y como Jesús o niño Jesús

cuando está santificado.


199

familia pruebe los alimentos, se les sirve primeramente a los perros. Su comida puede consistir en

azúcar con piloncillo y pinole o la comida que ha sido preparada por cada familia. Este día el

perro o uu chu’u no sólo tendrá el beneficio de ser tratado como persona sino que es invitado y

celebrado año con año.

Sexto viernes de Dolores

El sexto viernes, llamado también viernes de Dolores, se realiza nuevamente el conti con todos los

participantes: chapayecas, cabos, Pilatos y la Virgen de Dolores. Frente a la ramada57 –ubicada a

trecientos metros delante del templo– la procesión hace alto, con la imagen de Jesús caminan tres

pasos hacia adelante en la segunda estación.

Abril de 1992: Sábado, Domingo de Ramos y lunes

El sábado a las tres de la tarde, sacan a San José del templo y lo trasladan al lugar donde se le

velará durante toda la noche de la fiesta. La velación se realiza en la casa que los capitanes hayan

destinado para ello. El dueño de la casa consigue cuatro hombres y cuatro mujeres para que le

ayuden a organizar la fiesta. La celebración inicia desde el sábado en la noche para amanecer el

domingo. Después de dejar a San José en la casa del fiestero, se hace una procesión en una

57
La ramada es una construcción hecha de carrizo con horcones de mezquite en cada una de las

esquinas. El techo es cubierto de ramas de álamo o de carrizo y sus dimensiones varían entre los 6

por 6 metros. En estas ramadas se realizan las actividades rituales, incluyendo la música y la

danza; otra ramada aparte sirve para cocinar la comida de los participantes durante los últimos

días santos.
200

ramada que se sitúa cerca de la casa, ahí se bendice a los santos y después a los alpés,58 luego se

bendice a los fiesteros, a los fariseos, a los músicos, a los danzantes y al pueblo en general. En la

velación participan los capitanes, los chapayecas, los cabos, las cantoras, los músicos y los

danzantes de venado y de pascola.

Al santo se le reza y se le baila venado y pascola. El pascola, como se dijo antes, es el único

personaje autorizado para hacer chistes y transgredir la normatividad de las fiestas cristianas,

aunque su mayor gracia y burla la realiza en el Sábado de Gloria y en otras fiestas patronales.

Los instrumentos musicales que intervienen en la fiesta son los mismos que utilizan los mayos

para sus rituales: dos o tres raspadores, un tambor de agua para la danza de venado, dos violines y

un arpa para la danza de pascola y, posteriormente, un tamborilero que toca simultáneamente la

flauta de carrizo y el tambor de doble parche de treinta centímetros de diámetro por cinco de

espesor.

En la mañana del Domingo de Ramos, antes de la bendición de todos los participantes en una

cruz que se coloca cerca de la casa del fiestero, se regresa la imagen de San José al templo. Ya en

la iglesia, se encuentran los maestros rezanderos y el sacerdote católico. En este momento se da

misa y se reparten las palmas o ramos a toda la gente; finalmente se realiza un conti que da por

terminadas las actividades de ese día.

El lunes en la mañana alrededor de las diez, se lleva a cabo un conti en el que intervienen

nuevamente todos los participantes antes mencionados.

58
O bandereros, refiriéndose probablemente al alférez.
201

Figura 4. Ubicación geográfica del templo y otros sitios donde se desarrollaron las actividades de

Semana Santa

Fuente: Elaboración propia. Pótam, Sonora, 1993.

Semana mayor: Miércoles de tinieblas

Poco antes del mediodía salí al templo para ver cómo iban los preparativos para la noche. Me

sorprendí de ver que la iglesia estaba casi vacía. En el interior había solamente un señor de

nombre Silvestre Aguilera quien me preguntó qué andaba haciendo. Le comenté que por la noche

estaría presenciando el ritual de tinieblas y que también iría a ver como azotaban a la gente. El

señor me preguntó si también me haría azotar por los chapayecas, le respondí que no sabía

todavía y él soltó una sonrisa enigmática. Seguimos conversando sobre mi interés de ver las
202

danzas y escuchar la música para la danza de pascola y venado. Me preguntó si sabía la historia

del nacimiento del pascola y le confesé mi completa ignorancia. Sin perder el tiempo comenzó a

contarme sobre el pascola y su padre el Diablo, y que la Virgen tenía un baile muy bonito en el

oriente y que el demonio otro al norte, entonces fueron a buscar a los pascolas, hijos del demonio

y al bailar para las vírgenes y colgarles su rosario ya no pudieron regresar con su padre Satán.

Estaba completamente embelesado escuchando la historia y de repente quise sacar mi grabadora

para no perder un solo detalle, pero él me detuvo diciendo que ese tipo de aparatos estaban

prohibidos en la iglesia y aún más durante la Semana Santa. No tuve más remedio que guardar mi

grabadora y apuntar en mi cuaderno todo lo que me decía. Al final el señor se fue de la iglesia y

nos despedimos para luego vernos durante la noche. Posteriormente me dirigí a las ramadas de los

huiriveños y el moro, que es el fiestero, me dijo que podía grabar todo lo que quisiera, siempre y

cuando no fuera antes del Sábado de Gloria. Me dio gusto saber que ya tenía el consentimiento de

una autoridad para poder llevar a cabo el registro sonoro del ritual.

Antes de describir las actividades de este día es necesario dar los pormenores de la ubicación

del templo de Pótam, así como de las enramadas y las actividades que se desarrollan en el

transcurso de la Semana Santa. Durante el tiempo que recorrí el pueblo antes de las actividades

rituales de la Semana Mayor, pude percatarme de la disposición geográfica de los lugares más

importantes para las actividades rituales, así como de la disposición de los santos al interior de la

iglesia, y solicité también un cronograma hipotético de las actividades al interior de las ramadas.

La orientación del templo es muy peculiar ya que, a diferencia de otros que se encuentran en el
203

sur del país cuya entrada aparece generalmente en dirección oriente,59 el templo de Pótam tiene la

entrada con dirección norte, inclinada ligeramente hacia el oriente. Frente a la entrada se ubica el

panteón que abarca tanto el frente como el ala poniente. Las cruces que descansan sobre las

tumbas se orientan igualmente hacia el norte, excepto algunas que miran hacia el oriente y que

muy probablemente sean de familias católicas.

Todo el templo está construido de ladrillo y cemento.60 Según información de la gente del

lugar la construcción quedó inconclusa, puesto que se habían proyectado dos torres al frente

siendo la del lado oriente la incompleta. El interior del templo era de color rosa y los santos

estaban situados de la manera siguiente: La imagen del niño Dios, mejor conocida como el

Santísimo, colocada en medio del templo y cubierta por trébol, dejando a la vista solamente el

cuello y la cabeza. En el lado izquierdo se observan dos cristos que la gente nombra como los

nazarenos; en el ala izquierda del templo, se encontraba San José con un niño en los brazos. En

este mismo corredor permanecían San Rafael, San Antonio y San Juan. En el mismo sentido, en el

corredor derecho se encontraban la Virgen María, la Virgen de la Soledad y la Virgen de Dolores.

Como mencioné antes, el Santísimo estaba puesto en medio del templo mirando hacia la

entrada y frente a él había una figura en forma de triángulo isósceles de color negro, sostenida por

otro palo de madera que descansaba finalmente sobre un tripié hecho también de madera. El

59
Tal como se encuentran en la comunidad tarahumara de Saquirachi, y la comunidad mayo de

San Miguel al suroriente.


60
Este templo cuenta con una antigüedad no mayor a los cien años y se construyó en donde existía

antiguamente una ramada.


204

triángulo sostenía doce velas en dos maderos del mismo tamaño, es decir uno del lado derecho y

otro del lado izquierdo.

Figura 5. Disposición espacial de los santos en el templo de Pótam

Fuente: Elaboración propia. Semana Santa yaqui.

Los arreglos de los nazarenos, así como toda la ropa de los santos es conseguida por las
205

tenanchis, quienes son las encargadas de cuidar, por promesa, sus vestidos.

En punto de las doce de la noche, los chapayecas hacen una llamada con una tabla de cincuenta

centímetros de largo por veinte de ancho, la cual posee una manija que, al girarla, se azota de un

lado a otro produciendo el estruendoso sonido que resulta de la percusión del metal con la

madera.

A pesar de que los chapayecas están presentes desde varias horas antes de la llamada, la

actividad propiamente dicha da inicio a partir de las doce de la noche. El chapayeca da tres

llamadas consecutivas y todos parten en formación junto con los cabos, desde su lugar de

descanso hasta adentro del templo demarcando un circuito que se repetirá en cada llamada. En

total hay doscientos judíos entre chapayecas y cabos, tanto del grupo los huiriveños como de los

poteños, que participan en esta ocasión.61 Cada rezador se coloca frente al Santísimo y da inicio a

61
En el pueblo de Pótam hay varios barrios y bandos que pueden coincidir en un mismo espacio

ritual. En esta ocasión los bandos participantes eran los poteños y los huiriveños. Es así como

están divididos en la fiesta y en el pueblo de acuerdo con la historia contada por los yoremes. Por

un lado el bando de los que se dicen originarios de Pótam, y por el otro los que provinieron

antiguamente de Huírivis, que es un poblado yaqui ubicado al norte de Pótam, de donde salieron

algunos de sus pobladores desde tiempos de la revolución por motivos religiosos. Algunas

personas narran que durante los constantes enfrentamientos armados que hubo a principios del

siglo XX, los santos de Pótam fueron destruidos en el interior del templo, por lo que hubo

necesidad de traer santos de la comunidad de Huírivis. Esto hizo que algunos pobladores de esa

comunidad migraran a Pótam y constituyeran uno de su barrios.


206

los cantos y rezos en latín, los cuales son leídos de un pequeño libro heredado de sus antecesores.

Los cabos y chapayecas se colocan en formación dentro del templo, los primeros van por fuera y los

segundos por dentro, es decir, se hacen cuatro filas, dos del lado derecho y otras dos del lado

izquierdo. Los chapayecas no dejan de sonar sus bastones con el cuchillo; por cada paso que dan

golpean el bastón dos veces consecutivamente. El golpeteo del cuchillo sobre el bastón de los

chapayecas, así como los pasos de ellos mismos crean junto con el sonido de las campanas y los

cohetes, entre otros tantos sonidos, una atmosfera hipnótica que prepara a todos los participantes para

los azotes de los fariseos como el momento culminante del ritual.

Al terminar cada ciclo de rezos y movimientos de los chapayecas, éstos salen del templo en

filas y regresan marchando hacia la imagen del Santísimo y se apaga una de las doce velas que

compone el triángulo que permanece frente a la imagen; paralelamente, el chapayeca mayor

ubicado al frente de la formación, indica con su toque de tambor a los otros que permanecen

afuera, la necesidad de quitarse de encima las palabras santas y los rezos que se escuchan al

interior del templo. Para tal efecto, mueven la cintura de un lado a otro sacudiéndose y sonando el

cinturón de pezuñas de venado que portan en la cintura; inmediatamente después levantan la

pantorrilla hacia adentro golpeando sobre sus hules o cueros que las cubren; todo con el fin de

soltar lo que se les haya podido impregnar de lo que se dijo dentro del templo.62

Los ciclos de las entradas y las salidas de las filas de los chapayecas se mantienen durante hora

62
A pesar de que el chapayeca representa la maldad hacia Jesucristo y por lo tanto la irreverencia

hacia él, no es pensamiento real de éste, puesto que siempre se mantiene rezando interiormente y

pidiendo perdón a Dios.


207

y media aproximadamente. En este lapso, se fueron apagando cada una de las velas del triángulo

que representan cada uno de los misterios. Este triángulo se encuentra entre “El Santísimo” y las

formaciones de los chapayecas. Conforme avanzaba el tiempo y se apagaban las velas, crecía la

expectación para entregarse a los azotes que los chapayecas darían a la gente que así lo solicitó

como parte de la ortodoxia ritual. El golpeteo de los pies de los soldados chapayecas hacía

percutir las piedrecillas de los ténabaris; al mismo tiempo se escuchaba el sonido de los cuchillos

y del cinturón de pezuñas, que junto con el universo sonoro generalizado, incrementaban los

ciclos de concentración ritual. De repente, se apagó la última vela y se escuchó el sonido de una

campanita y se apagaron los focos que iluminaban el templo. Los gritos no se hicieron esperar.

Inmediatamente los chapayecas se golpearon unos a otros con un látigo: uno se hinca y otro lo

azota tres veces en la espalda para que se salgan los malos pensamientos. En realidad el látigo

estaba enrollado, y con este se golpeaba a la espalda de la persona, por lo que los golpes no son

tan fuertes, salvo que así lo hubiera pedido el penitente. Una vez que terminan de azotarse entre

ellos, continúan con la gente de la comunidad que así lo deseé. Posteriormente suena nuevamente

la campanita y se vuelven a encender las luces que muestra que los chapayecas salen en formación

hasta su lugar de descanso en el lado izquierdo del templo bajo un árbol sagrado.

Desde que se apagó la luz hasta que concluyeron los azotes con la salida de los chapayecas,

transcurrieron alrededor de 20 a 30 minutos, acabando todo a las dos de la mañana.

Jueves Santo, última cena y aprehensión de Jesús

En este día las actividades iniciaron a la una de la tarde con un conti. El chapayeca da la

llamada de costumbre con su tabla sonora, y los otros chapayecas y cabos se reúnen frente al

templo para apresurarse a salir en procesión. Toda la gente espera el conti; los hombres cargan a
208

los Santos, y las mujeres a las vírgenes. En un instante salen los santos y comienza la procesión

con los sacristanes por delante. Primero sale San José y San Juan, luego San Rafael y los dos

nazarenos,63 en su respectiva cruz de color negro con listones blancos que la atraviesan

horizontalmente por la parte superior. Los capitanes principales son los que cargan y los

acompañan.

Atrás de la procesión, en un espacio de veinte metros de los santos, marchan a caballo los alpés

con una pequeña banderilla roja, estos personajes tienen sombrero de color negro. Las vírgenes

caminan más atrás: primero la Virgen María, después la Virgen de Dolores y finalmente la Virgen

de la Soledad. Paralelamente con éstas aparecen los rezadores, rezadoras, que cantan y rezan en

todo el trayecto del conti, y, finalmente, el flautero y el tampaleo que lo acompaña.64 Este último

acompaña a la flauta cuyos sonidos simulan el llanto de la Virgen.

Atrás de los santos, caminan los cabos, quienes inician a los costados de la procesión, a la

altura de las mujeres haciéndoles valla, y terminan atrás de éstas junto con los chapayecas,

avanzando estos últimos por dentro.

En cada cruz que la procesión encuentra alrededor del templo, los santos se detienen y hacen

una reverencia al agacharse las personas que los cargan. Cada alto se aprovecha para que la

persona encargada de sostener el incienso esparza el humo al balancear el sahumerio de un lado a

otro. Mientras se realiza el conti fuera del templo, en su interior, frente al altar, se encuentran dos

63
Uno de los huiriveños y otro de los poteños.
64
En este caso un hombre ejecuta el tambor y otro la flauta.
209

caballeros,65 cada uno cruza con otro su respectivo rifle formando una equis delante del

Santísimo. Cada caballero se mantiene alrededor de dos horas con el rifle apuntando hacia abajo y

apoyándose del lado de la culata, hasta que estos guardianes son relevados por otros.

Al llegar el conti frente al templo entran los santos rápidamente; los sacristanes se colocan en

fila, los hombres en el ala de los santos y las mujeres del lado de las vírgenes. Los chapayecas dan

tres ciclos de movimientos y regresan a su lugar de descanso donde se quitan la máscara y se

ponen un paliacate en la cabeza, dejando apenas los ojos al descubierto. Solamente en estos

espacios de descanso los chapayecas pueden hablar un poco entre ellos.

Al terminar este conti se relaja el ambiente y las cocineras dan de comer a todos los asistentes

en sus respectivas ramadas de acuerdo con cada bando, ya sea el de los huiriveños, el de los

poteños o en la de los gobernadores de la comunidad.

La comida de los huiriveños fue arroz en caldo con almejas, tortillas de harina de trigo y

capirotada.66

Al filo de las tres de la tarde se representó la “Última cena” en el extremo oriente del templo.

Los doce apóstoles eran doce niños que llevaban en la cabeza una corona de ramas de mezquite.

Un hombre lavó los pies a cada uno de los niños, quienes, después de esta actividad, se sentaron

en torno a la mesa que ya se había dispuesto para la representación. Todos los caballeros hicieron

65Se le denomina caballero a la autoridad dependiente directamente de la iglesia, su atuendo

puede ser de civil pero su símbolo de mando es una espada de metal muy parecida al florete.
66
Comida dulce elaborada con pedazos de pan, cacahuate, pasas y humedecida con miel de

piloncillo.
210

una cadena humana para servir la comida. Los platillos que se sirvieron a los apóstoles se

retiraron desde la cocina, la cual estaba ubicada en el extremo oriente de una construcción antigua

situada igualmente al extremo oriente del templo. En el momento de pasar los platos, cada uno de

los caballeros olió uno a uno de los platillos que se les servirán a los apóstoles con el fin de que

éstos no tuvieran alguna impureza. Mientras los apóstoles comían, los rezadores, ubicados al

extremo poniente de la mesa, también consumieron sus alimentos y al terminar,continuaron con

sus rezos.

Eran las cinco de la tarde cuando los chapayecas, los cabos, los capitanes, los rezadores y los

caballeros salieron nuevamente en formación desde el lugar en donde se llevó a cabo la última

cena hasta el templo. Se colocaron en la formación acostumbrada y efectuaron movimientos

entrando y saliendo del templo en tres ciclos consecutivos. En ese momento los golpes del bastón

con el cuchillo eran iguales que los que se produjeron al comienzo de la Semana Santa y éstos

coincidían con los pasos de los chapayecas en lo que parecía ser una marcha militar. Cada paso

dado por el chapayeca correspondía a una percusión de bastón, es decir, siendo un golpe por cada

unidad de tiempo. Por su parte los caballeros continuaron vigilando al Santísimo. En el ir y venir

de los soldados chapayecas, finalmente éstos se detuvieron junto con los cabos frente al altar y

preguntaron:

—Buscamos a un hombre

—Ese hombre no está aquí –respondió uno de los caballeros.

La pregunta se planteó en tres ocasiones y posteriormente los chapayecas salieron del templo.

Faltando algunos minutos para que se ocultara el sol, se realizó “La corrida de El viejito”. Este

papel fue desempeñado por un niño pero se le llama así porque es un viejo quien lo representa
211

generalmente y es la personificación misma del Dios yoreme.

A las seis de la tarde los chapayecas junto con los cabos llevaron al niño vestido con unas

sábanas blancas a doscientos metros frente al templo muy cerca de las ramadas. La gente hacía

todo lo posible por observar la representación del viejito pero estaba prohibido acercarse

demasiado y debía observarse a una distancia aproximada de cien metros.

El viejito corría delante de los judíos o chapayecas y en cada estación éstos se acostaban

transversalmente a la dirección que lleva el recorrido alrededor del templo, iniciando en el

poniente hasta cerrar el círculo en el oriente. En el preciso momento en que los chapayecas se

acostaban, el viejito los golpeaba con un látigo, y así repetían esta misma acción en todo el

círculo. Al dar la vuelta completa, los judíos tomaron envuelto al viejito y lo colocaron al pie de la

cruz que se encontraba frente al templo, al final del camino entre el templo y ésta, separando el ala

sudeste y noroeste del cementerio. En este lugar unas mujeres lo recogieron envuelto totalmente

en una sábana. Frente a él, viendo hacia la entrada del templo, se colocó una charola en donde la

gente dejaba dinero, principalmente en monedas, persignándose previamente. Al lado opuesto, se

encontraba, de la misma manera, un chapayeca con un recipiente donde la gente también echaba

dinero después de haber depositado una moneda en la charola del viejito. Inmediatamente después

se levantaron las charolas de metal y se contó el dinero. El monto de dinero que se logra recabar

es exclusivamente para el niño que representó al viejito.67

67
Desde 1992 hasta la fecha he realizado múltiples observaciones de la Semana Santa en Pótam, y

en cada una siempre me han escogido para contar la colecta que se le ofrece al viejito. Al parecer

el conteo del dinero debe de realizarlo solamente un yori debido, entre otras cosas, a su naturaleza
212

Ya casi cayendo el sol se efectúo un conti encabezado por las figuras de San José, San Juan,

San Rafael, los dos nazarenos, los Pilatos en caballos, las vírgenes, empezando por la Virgen

María, luego la Virgen de Dolores y finalmente la Virgen de la Soledad. Al igual que los conti

anteriores, éste también inició por el poniente. Durante el trayecto y al llegar al extremo oriente

del templo, había un círculo hecho de ramas de mezquite que es donde se dejan las imágenes de

los dos cristos o nazarenos; dicho círculo representa el Monte de los Olivos. Como en los conti

anteriores, los otros santos regresaron al templo, fueron instalados en el interior del templo en su

lugar habitual y posteriormente se les rezó; la formación de los chapayecas, igual que en los otros

conti, permaneció en el mismo lugar a la entrada del templo. Terminando esta actividad, al filo de

las siete de la tarde, el sacerdote católico realizó una misa que no contó con la asistencia de las

personas indígenas que presenciaron los eventos anteriores. En este momento la gente se disgregó

y retiró a sus hogares para regresar a las actividades rituales durante la noche.

Cerca de la media noche se colocaron en formación los chapayecas, los cabos, y los maestros

rezanderos frente a los nazarenos que descansan en el Monte de los Olivos mirando hacia donde

se metió el sol. Repitieron los movimientos y recorridos que hicieron en el templo: inicialmente

hacia atrás y después hacia adelante. En la tercera repetición un caballero detuvo a los Pilatos y a

los judíos y les preguntó:

—¿Qué es lo que quieren?

—Buscamos a un hombre –respondieron el Pilato y los chapayecas.

Finalmente los chapayecas, los cabos y los caballeros llevaron al templo las imágenes de los

impura.
213

nazarenos apresadas, una de ellas lazada por el cuello. Tras el recorrido desde el Monte de los

Olivos, los nazarenos fueron colocados en el templo.

Chapayecas y cabos se formaron a lo largo del templo como al final de los conti, sin embargo,

el toque de los cuchillos contra el bastón ahora era distinto, los chapayecas se burlaban y

festejaban por haber agarrado a Jesús e imitaban con la percusión el toque de la danza guerrera de

los coyotes.68

Al salir los chapayecas a su lugar de descanso, las rezadoras permanecieron en el templo

rezándole al Santísimo, En este momento se cambiaron los atuendos y los papeles: los caballeros

pertenecientes a la iglesia son sustituidos por dos coyotes con arco y jaras en lugar de rifles69,

quienes al igual que los anteriores, custodian celosamente al Santísimo.

Los chapayecas realizan una danza de coyote muy a su manera, utilizando máscaras; el

tamborero se coloca en el poste izquierdo de la ramada con vista hacia el oriente. La danza se

desarrolla de las doce de la noche a la una de la mañana, aproximadamente.

Los chapayecas y los maestros rezanderos permanecieron en su respectivo lugar con el fin de velar

al Nazareno. Los primeros en sus lugares de descanso al oriente del templo en el tronco donde

descansan los chapayecas y sus autoridades, y, por otro lado los rezadores, velando en el interior del

68
Dando aproximadamente los valores de dos octavos un silencio de octavo en una unidad de

tiempo de un cuarto, después hacen dos octavos consecutivos en esa misma unidad.
69
Se les llama coyotes a los hombres que ejecutan la danza de coyote; visten ropa cotidiana pero

en la cabeza, rodeando la frente, se ponen un pedazo de piel de coyote inserto con una hilera de

plumas de águila que caen por la espalda, además cargan las flechas y el arco.
214

templo.

Viernes Santo: Crucifixión de Jesús

Después de no dormir o de dormir muy poco en la última semana, para el Viernes Santo, no sólo

estaba listo todo para la muerte de Jesús sino para morir yo con él.

Me levantaba muy temprano y desayunaba en la casa del Charo o a veces me iba a la iglesia sin

desayunar. El Charo casi siempre estuvo conmigo. Me explicaba pacientemente paso a paso los

significados del ritual y me hacía ver los simbolismos que creía haber descifrado ingenuamente en

algún fenómeno misterioso que finalmente se trataba de una actividad trivial. Con el cansancio

encima yo registraba todo lo que veía, todo lo que se movía, preguntaba y preguntaba, siempre

preguntaba cada detalle, cada movimiento, la hora, los participantes, la comida, el cronograma

hipotético del día que sería registrado, entre otras tantas cosas.

Las actividades de este día comenzaron temprano en comparación al día anterior. Previa

llamada con la tabla que se convoca a los chapayecas, a las diez de la mañana partió el primer

conti. En esta ocasión, además de incorporarse los sacristanes al frente de la procesión, éstos

fueron acompañados por los angelitos, representados por niños y niñas vestidos con un vestido

blanco de encaje y con una corona de ramas sobre el cabello. Algunos niños llevan el cabello largo

como promesa que han hecho los padres para ofrendarlo al Nazareno.

El segundo conti se realizó con todos los pormenores con que se efectuaron las procesiones

del día anterior: salieron por el poniente del templo y regresaron por el oriente.

En el tercer conti el grupo se dividió en dos, del lado poniente estaban los hombres con San

José, San Juan y los dos nazarenos y por el oriente, las mujeres con sus respectivas vírgenes.

Ambos grupos confluyen exactamente detrás del templo. Los chapayecas y cabos continuaron
215

marchando con ambos bandos, los cuales, al encontrarse, se persignaron unos frente a los otros y

continuaron su recorrido hasta culminar la vuelta en el sentido opuesto al bando contrario. Los

hombres entraron al templo seguidos de las mujeres, permanecieron un momento cargando a los

santos y posteriormente los colocaron nuevamente en su lugar.

Alrededor de las tres y media de la tarde los chapayecas fueron por dos urnas o cavidades

hechas de ramas cubiertas de listones y telas blancas y azul claro. Las urnas son para meter a los

cristos y velarlos durante toda la noche. Éstas fueron colocadas a cien metros al oriente del

templo, en medio del círculo que representa el Monte de los Olivos, y que a su vez es protegido

por una pequeña barda de un metro de alto hecha con ramas de mezquite, que resguardarán a los

nazarenos hasta que mueran.

Finalmente llega la hora esperada, se crucificó “al Señor” y se le trasladó al lugar en donde se

encontraba la urna con el fin de meter a los dos nazarenos: al de los poteños por un lado y al de

los huiriveños por otro. En ese momento comenzaba a caer la tarde y se realizó otro conti, pero

en esta ocasión con las cruces vacías. En la procesión participaron activamente las personas que

llevaban el incienso agitando el sahumerio en cada estación. El conti se hizo cada vez más

numeroso en relación con los de días anteriores. La cantidad de participantes se triplicó en los

últimos conti de la Semana Santa. Ese día los chapayecas y los cabos marcharon exclusivamente

del lado izquierdo haciendo dos filas, y no por ambos lados como en los conti anteriores.

Al final de esta procesión, los nazarenos fueron depositados dentro de las urnas que se

encontraban en el círculo que representaba al Monte de los Olivos y llevados al templo, puesto

que aquí se velaría en la tarde y parte de la noche.

Al mismo tiempo que se efectúa el cuarto conti, en el templo los santos fueron vestidos y
216

cubiertos con lienzos negros en señal de duelo por la muerte del Nazareno.

Las urnas se dividieron en el templo: al entrar estaba la de los huiriveños y más adelante la de

los poteños, cada cual con sus respectivas cantoras en el extremo derecho u oriente de Jesús. Los

cuerpos de los nazarenos estaban dispuestos con la cabeza del lado sur y los pies del lado norte.

En el lado poniente en una banca dispuesta en sentido horizontal respecto al sepulcro, estaban

ubicados el flautero junto con el tamborero quienes tocaron durante todo la tarde y noche,

representando este último, como antes comenté, el llanto de María con intervalos que suben la

melodía intempestivamente tal como lo hacen las voces de las cantoras.

Los chapayecas huiriveños rezaron todo el tiempo de pie a su Nazareno, haciendo guardia

detrás de su cabeza. Antes de que los chapayecas permanecieran inmóviles para rezar cada a uno

junto a su Nazareno, enredaron un rosario entre el cuchillo y el bastón, el cual tomaban con las

dos manos, después agachaban la cabeza con la máscara sobre puesta volteada hacia atrás. Así

permanecían en alrededor de media hora, hasta que eran relevados por otro chapayeca, quien

iniciaba sus rezos y pedía perdón por sus pecados personales y sus culpas de haber dado muerte a

Jesús durante la Semana Santa.

En los pies del Nazareno se colocó un cabo sentado cuya espada tomaba fuertemente con las

dos manos. En la urna donde los poteños guardaron el cuerpo de Jesús o del Nazareno, también

se encontraba un cabo, pero éste en el extremo del sitio en el que los huiriveños sentaron al suyo;

el chapayeca no rezaba sino que fingía burlonamente espantar las moscas que rodeaban el cuerpo

del Nazareno en la urna con un palo agarrado por tiras de lienzos de tela. Al igual que los

huiriveños, los chapayecas se turnaron sólo para espantar las moscas del cuerpo del Nazareno.

En ambas urnas se colocó del lado izquierdo arena retenida por tablas. En este espacio la gente
217

hizo una fila y cada persona clavaba velas blancas de diferentes tamaños, antes de depositar una

moneda o un billete en una charola situada del lado derecho del Nazareno en ambas urnas. Esta

actividad se efectuó durante varias horas toda la tarde y hasta pasada la media noche. Las velas no

se consumían por completo, apenas escurría la cera durante media hora y los encargados las

quitaban y las guardaban. La organización de los fiesteros no se dejó de sentir en ningún

momento, estaban a cargo de poner las velas, tirar el envoltorio de las mismas y de contar el

dinero una vez que se llenaba la charola.

El flautero de los poteños tocó junto a las urnas en el conti ininterrumpidamente desde que

llegó, en cambio, el de los huiriveños, tocaba esporádicamente. Por su parte las rezadoras

continuaron hasta las ocho de la noche, hora en que se realizó otro conti.

Aunque en esta procesión las cruces salían vacías, éstas iban acompañadas igualmente por

todos los santos, los capitanes, los cabos, las cantoras o rezadoras y por el pueblo que dio la

vuelta al circuito sagrado del templo.

Posteriormente se hizo un conti más cuya procesión fue muy parecida a la que se hizo en la

mañana; los bandos de las mujeres y de los hombres se dividieron, se persignaron los santos en

cada estación y al momento de encontrarse las dos partes en el sitio posterior del templo, los

chapayecas, quienes caminaron por la parte de adentro de ambas formaciones, rompieron sus filas

y aparentaron pelear unos contra otros, corriendo desorientados y simulando confundir a su

prisionero; también otros se dedicaron a hacer burlas, moviéndose constantemente entre ellos. Las

vírgenes y los santos, cada cual en su bando, se persignaron frente a frente y continuaron su

camino rumbo al templo unidos a los chapayecas, quienes, para ese entonces, ya marchaban en

línea en un bando y otro como si nada hubiese sucedido.


218

Al llegar al templo, dejaron las cruces en su lugar al igual que a las vírgenes. Aquí la gente ya

había terminado de dejar dinero en las charolas y eventualmente se acercaba alguien para dejar

una última moneda. En punto de las doce de la noche se llevó a cabo el último conti del día.

Sábado de Gloria: La madrugada

A las tres de la madrugada se escucharon los cohetes que anunciaban el inicio de una nueva etapa

en la Semana Mayor. Primeramente las detonaciones eran de mayor intensidad y, posteriormente,

aminoraron con dos o tres cohetes de menor potencia. En ese momento los chapayecas

comenzaron a tocar en la iglesia con un acordeón, una guitarra, un guitarrón, un violín y una

vihuela.

El Pilato mandó revisar la urnas donde descansaban los restos de los nazarenos, pero éstas ya

estaban vacías, los cristos han sido puestos nuevamente en su cruz y en las urnas sólo aparece un

muñeco.

La música continuó y unos minutos más tarde el Pilato ordenó que llevaran al Nazareno a su

presencia. Los chapayecas bromearon y le llevaron a un chapayeca en lugar del Nazareno y al

verlo el Pilato, molesto, dijo que ese no era y entonces lo tiraron “el Nazareno ha resucitado”. Los

chapayecas bailaron y cantaron un repertorio de música mestiza de mariachi en su lugar de

descanso hasta el amanecer.

La despedida de Judas

Desde la madrugada del sábado, el ambiente festivo llegó la con primera disolución de

penitencias, sacrificios y autoridad de los chapayecas. En este día ya se les permitió bañarse; esta
219

prohibición abarcó todos los días Santos y, quien lo hiciera, sobre todo si tenía algún cargo, podía

ser arrestado y castigado.

Hasta este Sábado de Gloria me fue permitido grabar la música en el templo, debido al carácter

sagrado de los rezos.

A diferencia de las autoridades y fiesteros relacionados directamente con los cargos, los

pascoleros están exentos de algunas penitencias, como bañarse en los días santos.

Aproximadamente a las ocho de la mañana el templo estaba completamente vacío; la basura de

los que velaron durante toda la noche fue recogida. Ya no había personas con cobijas o

durmiendo a un lado del altar o en los corredores. A la altura del altar una cortina negra impedía

ver las imágenes de los santos, los cuales ya se habían librado de los lienzos negros que señalaban

su luto. Sin embargo, en este lapso de tiempo estuvo vedado transitar por este lugar.

A las nueve de la mañana se concentraron los chapayecas del lado izquierdo de la cruz que está

frente al templo. En ese lugar yacía la figura de un muñeco de paja vestido de chapayeca. Su

tamaño era ligeramente más grande que el de un hombre normal. Este muñeco representaba a

Judas que sería quemado; su vestuario era exactamente el de un chapayeca con máscara y con

todo el atuendo tradicional.

Los judíos se formaron en dirección poniente y en ese momento se acercaron los músicos poco

a poco con vihuela, acordeón y guitarrón. Estos chapayecas se burlaban de Judas tocándole “Las

golondrinas” para ofrecerle el último adiós. Todos los judíos acompañaban la melodía con el

acordeón percutiendo su cuchillo contra su bastón a ritmo de bolero ranchero, marcando dos

octavos. Paralelamente la gente de la comunidad hizo un pequeño círculo para observar las

últimas gracias de los chapayecas y divertirse en esta parte de la fiesta. Cada uno de los judíos se
220

despidió de Judas haciéndole gracias y una aparente reverencia, mientras las golondrinas sonaban

durante un lapso aproximado de media hora. La gente reía al observar los gestos inmutables de la

máscara, la cual es sólo un elemento de la infinidad que comprende el complejo comunicativo del

chapayeca que se mueve al ritmo de la música sin dejar de percutir su cuchillo.

Posteriormente, el escenario se trasladó frente al templo, del lado derecho de la cruz, en donde

se interpretó la música, se hicieron chistes y gracias. Los chapayecas y la gente que a esa hora se

congregó en el lugar, hicieron un círculo con un perímetro de 10 metros, más amplio que el

anterior. Luego los músicos tocaron para la danza de apaches. Ésta fue representada por los

judíos quienes colocaron plumas a manera de penacho en la parte superior de sus máscaras. Los

chapayecas hicieron sus mejores gracias imitando a payasos, también bailaron sones de pascola

interpretados por los músicos que tocaban acorde con lo representado por sus compañeros en el

escenario, como si estos últimos siguieran la pauta de los chapayecas y no a la inversa. Llamó mi

atención escuchar también música de mariachi, sones michoacanos, jaliscienses y música popular

ranchera de carácter mestizo.

Entre sus múltiples actuaciones los chapayecas hicieron la representación de una corrida de

toros, en la que uno de ellos hacía las veces de torero y otro del toro. Igual que en las corridas, en

esta representación simularon cortar una oreja a la máscara, que fue arreglada previamente para

despedir un líquido rojo como si fuera su misma sangre. Todo esto provocó risas entre la multitud

que disfrutó la actuación de los judíos. Además, un chapayeca con máscara de negrito fue azotado

chuscamente por otro de sus compañeros; así, dependiendo del tipo de máscara que porta el

chapayeca, es la actitud que éste asume para representar a su singular personaje.

Después de poco más de dos horas, el círculo se disolvió y los chapayecas regresaron a su
221

lugar de reposo. Después, algunos judíos fueron invitados a las casas de sus padrinos para

ofrecerles un desayuno que les ayudara a soportar el hambre y el cansancio de la noche anterior.

La Gloria

Cuando el sol señaló la mitad del día, los músicos y los danzantes se colocaron frente al templo

de un lado y de otro e interpretaron sones de venado y pascola. En el lado poniente se ubicó la

música de cuerda para pascola (violín y arpa) y del lado oriente los músicos de venado y el

flautero que acompañaron al pascola en su segunda parte; primero el pascola baila con

instrumentos de cuerda, después con el tampaleo, quien frente al templo ejecuta al mismo tiempo

un tambor de doble parche. Antes de terminar el pascola con el tampaleo, el venado hizo su

aparición.

Para ese entonces la multitud se había aglutinado en torno de los músicos y danzantes con el

fin de apreciar mejor el ambiente sonoro y festivo. Entre los asistentes no sólo se veían los

oriundos de la comunidad sino gente mestiza de otras ciudades que también observaba estupefacta

la algarabía festiva de “La Gloria”.70

Una vez más uno de los chapayecas hizo el llamado con su instrumento de tabla y los judíos y cabos

se pusieron en formación frente al templo junto con los capitanes. En esta ocasión los chapayecas

también fueron acompañados por sus padrinos, los angelitos, el flautero, los maestros rezanderos y las

cantoras. Las filas se movieron cuarenta metros hacia atrás hasta llegar a la cruz que está frente al

70
Los bandos de los músicos se situaron de la siguiente manera: los poteños de pascola y de

venado se ubicaron junto a la entrada del templo, mientras que los huiriveños se situaron frente a

éstos en dirección norte.


222

templo, después caminaron rápidamente hacia adelante. En la formación quedaron únicamente los

judíos, los capitanes y los cabos. Las rezadoras, quienes no habían dejado de interpretar sus cantos y

sus rezos, pasaron a ocupar el coro situado en la parte alta del templo justo en la entrada del templo.

Para entonces la atmósfera sonora se había tornado cada vez más densa que en otros días de la Semana

Mayor. Retumbaban todos los sonidos, sobresalía la plegaria de los maestros rezadores y de las

cantoras quienes simulaban fuertes lamentos, arrastrando y glisando sus melodías y rezos en cada

interpretación. También se escuchaba el sonido largo y pausado de la flauta con el mismo carácter de

lamentación. Por otro lado se escuchaba el tambor del chapayeca de enfrente, pero sobre todo el

sonido del atuendo de los chapayecas, que percutían su cuchillo a ritmo de marcha, y cada vez que el

tambor sonaba, movían la cintura haciendo sacudiendo y haciendo resonar los ténabaris... “la gloria

está cercana”.
223

Figura 6. Músicos y danzantes frente al templo en el Sábado de Gloria

Fuente: Elaboración propia. Semana Santa yaqui.

Las filas entraron por tercera vez al templo; en el altar la cortina negra aún cubría el área

donde se encontraban los niños vestidos de angelitos. La gente se agrupó en los extremos al

interior del templo, dando pie para que los chapayecas y los cabos pudieran ir y venir a lo largo

del templo. Al formarse de nuevo las filas después de una de las corridas, algunos judíos que

estaban en la parte exterior jugueteaban con los venados y los pascolas.

Durante tres ocasiones los judíos corrieron hacia el exterior del templo acompañados por sus

padrinos. La tercera vez que sonaron las campanas, los chapayecas salieron corriendo y tiraron
224

sus máscaras. Entre los gritos y la expectación de la gente los padrinos cubrieron su cabeza con

un pañuelo y los persignaron, al tiempo que les quitaban sus atuendos dejándolos solamente con

su pantalón y camisa blanca. Esta vez se colocaron la máscara sobre el sombrero. La gente se

dispersó y el muñeco de Judas fue quemado en las afueras de templo entre el asombro de la gente;

el tiempo se había renovado y purificado.

Los matachines empezaron a bailar en el interior del templo acompañados por sus músicos, los

cuales se colocaron en una banca del lado poniente, junto a la puerta que se abrió por completo

ese mismo día durante la corrida de los judíos. Por otra parte, los músicos y los danzantes de

venado y pascola permanecieron afuera en donde continuaron tocando y bailando durante un

pequeño lapso de tiempo, como al inicio.

La formación se volvió a crear y los chapayecas y los participantes se dirigieron rumbo a la

ramada a quinientos metros frente al templo. En esta ocasión se le sumaron los músicos de

venado, pascola y matachines. En el camino, el incienso hizo más denso el ambiente durante la

danza de pascola y venado, cuya interpretación duraría hasta otro día en las ramadas.

Al llegar a la ramada,71 entraron los venados y pascolas junto con los angelitos. Los matachines

se quedaron afuera bailando durante quince minutos, los chapayecas también permanecieron

afuera de las enramadas en un lugar que les fue destinado para descansar; fue en este sitio en

donde dejaron las máscaras y alrededor de ellas se congregaron.

Posteriormente, los matachines regresaron al templo y bailaron en intervalos de dos horas

71
La dirección que tomaron fue hacia la ramada del lado derecho, es decir la del lado oriente, en

donde se establecieron durante toda la noche.


225

acompañados por un violín y una guitarra.

La ramada se estremecía ante cada golpe que el pascolero daba en el suelo. Primero con arpa y

violín, después con flauta y tambor, y al final aparecía el venado. El público se repartió en torno

de la enramada y sólo las autoridades permanecieron al interior de ésta. Generalmente la gente no

accede al interior de la ramada, no obstante, poco a poco se van acercando para mirar las danzas a

corta distancia.

Eran las cuatro de la tarde cuando las cocineras dieron de comer a la gente que permanecía al

interior de la ramada, los platos corrían de un lado a otro de persona a persona, hasta que todos

alcanzaban a comer. En el interior de una de las ramadas permanecían las rezadoras y los maestros

rezadores, los angelitos, los cabos mayores, los capitanes, los músicos y los danzantes.

La fiesta tomó otro giro, la muchedumbre ya podía tomar alcohol, principalmente cerveza.72 Por lo

contrario, algunos pascolas empezaron a beber a las dos de la tarde desde que iniciaron la danza en el

templo y, por supuesto, a las seis de la tarde ya se resentían los efectos en algunos participantes. En

medio de la ramada había una cubeta con agua que la gente bebía constantemente para calmar su sed.

Como en toda normatividad, siempre hay quien la reviva y haga sentir a través de su

rompimiento. Hubo dos reprimendas por no seguir las normas de la Semana Santa. La primera fue

a un judío sin atuendo que comenzó a beber ese día sin haberse presentado a su mando ningún día

de la Semana Mayor, lo cual motivó persecución, arresto y que lo amarraran a un poste frente a la

ramada bajo los inclementes rayos del sol. El otro caso fue a un hombre completamente ebrio que

72
A pesar de que la gente puede tomar, los chapayecas y capitanes, aunque con un poco más

libertad en ese día, aún no lo hacen.


226

entró en el espacio que el venado tenía destinado para su danza. Mientras el venado bailaba esta

persona irrumpió constantemente su lugar. De repente un músico de venado, haciendo justicia por

la autoridad que le confiere su actividad en este tipo de fiestas, levantó y azotó al inoportuno

contra el suelo, para posteriormente arrastrarlo cincuenta metros hasta el poste en donde se

encontraba amarrado el otro transgresor. Ante tales actos la gente se replegó y los participantes

confirmaron su cargo y actividad, acrecentando con esto la carga emotiva del ritual.

En ese momento, y faltando un cuarto de hora para las siete de la noche, salieron los

chapayecas y los cabos en dirección al templo para ir por los nazarenos y trasladarlos a la ramada

con el objetivo de que éstos permanecieran allí durante toda la noche.

Todo el contingente entró al templo, cargaron a los nazarenos y, al salir, repicaron fuertemente

las campanas. Primeramente salieron los sacristanes junto con el sacerdote católico de la iglesia,73

luego siguieron los matachines con sus músicos, después los pascolas y los venados, seguidos por

la imagen de los dos nazarenos, el flautero, los cabos y los chapayecas, quienes iban enfilados en

ambos extremos como resguardando a todo el grupo. Por el lado derecho con dirección a la

ramada, los chapayecas iban por dentro y los cabos por fuera, mientras que por el lado izquierdo

los cabos iban por dentro y los chapayecas por fuera. En en ese momento se sumaron los cohetes

y el ambiente sonoro se hizo cada vez más intenso. Los cristos fueron colocados en el extremo

poniente de los músicos que ya se encontraban en la ramada del lado derecho. Frente a ellos se

instalaron las cantoras quienes continuaron con sus rezos y cantos durante toda la noche. Su

73
Este sacerdote de la iglesia católica sólo participó en la procesión del templo a la ramada y una

vez que dejó las imágenes se retiró del lugar.


227

participación se restringió a cuatro intervenciones. Sin embargo, era evidente que la fiesta era

principalmente de los venados y de los pascolas quienes divertían a la gente con sus burlas y sus

picardías.

En este ritual de Semana Santa participaron muchas personas que actualmente ya no viven y

muchas otras se siguen desempeñando como autoridades, danzantes y músicos, como es el caso

de Ismael. El gobernador, que en 1992 estaba a cargo, era Viviano Valenzuela, mientras que el

capitán era Milano Onamea, quien a su vez era arpero de los poteños. El monarca de la danza de

matachines se llamaba Blas Valenzuela. El violinero se llamaba Abel Onamea. Los tocadores de

venado eran Miguel Molina Flores, tocador de raspador y cantor; Cresencio Molina Maldonado

era el raspador segundo; el tercer raspador era Ramón Molina Maldonado, mientras que en el

tambor de agua o baa-wehai estaba Jerónimo Molina Maldonado. En cuanto a los huiriveños, el

violín primero era y es tocado todavía por Ismael Castillo Rendón, el arpero era Felipe de Jesús

Vacasewa Molina, y el tampaleo era Alejandro Baltasar.

Durante el Sábado de Gloria sucedieron muchas cosas que inicialmente no registré. Debo decir

que paralelamente con la observación del escenario ritual, también tuve la oportunidad de grabar

12 horas del ambiente sonoro del conjunto ritual, lo cual incluyó música para las danzas,

instrumentos, rezos, campanas, gritos y todo lo que normalmente forma parte de la escena ritual.

Antes de que iniciara la música ritual de los huiriveños, El Charo y yo anduvimos caminando

por el poblado de Pótam. Me dijo que tenía que regresar a su casa y para allá nos encaminamos.

Una vez que estuvimos en la casa se cambió de ropa y sacó una caja con una trompeta. Me dijo

que tenía un compromiso y que si quería podía acompañarlo. Me sorprendí al saber que además

de tocar la música tradicional también tocara música comercial. Como ya estábamos al final de la
228

Semana Santa y el ciclo de Cuaresma, el alcohol había circulado entre la gente, ya no se vivía un

tiempo de penitencia sino de algarabía y festejo. Inclusive la poca población mestiza de Pótam que

no participaba activamente en las actividades rituales indígenas, se había contagiado de la

normatividad ritual y conocía perfectamente los tiempos y espacios rituales permisibles, así como

las normas que rigen a la población yoreme y que de alguna manera también involucra a los

mestizos.

Este día se vive como un tiempo de liberación, si bien la población yoreme tomó el poder de

los espacios católicos como es la costumbre, los mestizos poseen otros espacios festivos que, pese

a no estar en el círculo sagrado indígena, se encuentran en el primer cuadro del poblado. Los

bailes mestizos se realizan en espacios amplios y abiertos como la cancha y precisamente a este

espacio nos dirigimos El Charo y yo.

Cuando llegamos al baile ya estaba tocando un grupo de música comercial y circulaba la

cerveza como si fuera a terminarse toda la producción regional. Había muchas parejas bailando y

aunque pensé en la posibilidad de sacar a alguien a bailar, preferí seguir al lado de los músicos. Le

llegó la hora de tocar el grupo del Charo y pude escuchar su talento bimusical en el terreno

mestizo comercial. Después de cada tanda de música, venía una pausa y luego tocaba otro grupo.

En ese tiempo aprovechábamos para tomar algo y caminar en la cancha donde se realizaba el

baile.

Alrededor de la una de la mañana regresamos al espacio yoreme para seguir con el ritual y la

música indígena, que para ese entonces ya estaba bien animada; los dos grupos de fiesteros

indígenas, huiriveños y poteños, tocaban en sus respectivas ramadas.

El Charo se incorporó al conjunto de pascola de los huiriveños y, después de verme grabando


229

de pie durante un rato, me dio indicaciones para sentarme en la misma banca que los violineros.

Aproveché la ocasión para continuar grabando todos los ciclos de pascola y venado, colgando el

micrófono de uno de los palos centrales de la enramada. De esta manera podría captar todo el

ambiente ritual y musical sin destacar algún instrumento en particular.

Desde que saqué la grabadora al medio día a la gente le llamó mucho la atención. Como ya la

noche estaba muy avanzada, algunas veces salí de la ramada y se me acercaban algunos yoremes

para preguntarme sobre las grabaciones que estaba haciendo y sobre el objetivo de estos

materiales. Me interesó el comentario de un yoreme que se preguntaba cómo fue que me dieron

permiso de grabar cuando normalmente las autoridades no accedían a este tipo de peticiones. Le

expliqué que había llegado con mucha anterioridad y había solicitado previamente el permiso;

también les comenté que ya me había presentado con los moros o fiesteros, en particular de los

huiriveños con quienes tocaba El Charo. Con esta explicación y al escuchar el nombre del Charo

todos se quedaron tranquilos.

Durante la noche, los danzantes y los músicos iban a hacer sus necesidades fisiológicas detrás

del templo. Algunos sólo se alejaban pocos metros mientras que otros francamente se internaban

en el monte. Me pareció curioso que cuando el danzante de venado tuvo necesidad de ir al monte,

fue acompañado por dos hombres que lo protegían y lo cuidaban como una alta autoridad por

tratarse del venado. Al principio pensé que era una coincidencia, pero durante la noche corroboré

que el venado no se mueve en toda la noche sin compañía ni protección. En este caso la autoridad

del venado estaba fundamentada en lo sagrado y en su investidura ritual, más que en la necesidad

de cuidar al danzante, lo cual me demostró la importancia que se le otorga a la representación del

personaje.
230

Domingo de resurrección: La madrugada

Los pascolas imitan al venado y éste intenta cornarlos con las astas; la gente ríe sin parar ante las

ocurrencias de los pascolas que entre otras cosas simulan fornicar uno con otro poniéndose el

sena'aso –o sonaja de platillos con la que bailan– en forma de pene y persiguiendo a sus mismos

compañeros. El venado, a pesar de su seriedad y rigidez, también participaba de las travesuras de

los pascolas que no dejaban de aullar y ladrar como coyotes; estos sonidos alertaban al venado y

lo hacían caminar sigilosamente para atacar al agresor. Los pascolas no agredían directamente al

venado pero sí lo burlaban constantemente, mientras el público disfrutaba a carcajadas las

maldades de los pascolas. En raras ocasiones éstos hostilizan o molestan a las personas; al inicio

no hacen participar a la gente pero después se le amontonan a alguien que empieza a dormirse o

empujan a la gente que está a su alrededor. Casi siempre son los hombres del público quienes

intervienen en las bromas de los pascolas, ya que soportan las más pesadas sin reprenderlos. Las

mujeres también disfrutan las picardías de los pascoleros que a media noche ya han mantenido la

atención del público por varias horas. Paralelamente con las picardías de los pascolas, las

rezadoras y maestros rezadores siguen orando frente a las imágenes de los nazarenos. En uno de

tantos chistes el pascola menciona a los santos, lo cual molesta a algunas rezadoras pero la gente

que les observa no le da importancia y mucho menos al pascola que no para de divertir y

divertirse.

La participación de los músicos no se realizó de manera continua, en algunos ciclos tocaron

más los músicos de venado poteños que los huiriveños, pues uno de sus cantadores estaba

totalmente borracho, lo mismo sucedió con el tampaleo de los poteños, el cual no pudo tocar en

toda la noche. En los descansos de cada grupo los músicos tienen la oportunidad de tomar café y
231

un pedazo del pan que ofrecen las cocineras.

Al iniciar las danzas en la ramada, los músicos y danzantes huiriveños y poteños tocaron y

bailaron al mismo tiempo, los dos venados y pascolas de un bando y otro, no obstante, a estas

alturas de la madrugada sólo tocan unos u otros músicos, siempre pascolas con instrumentos de

cuerda o los músicos de venado con sus cantos, raspadores y percusión. La participación del

tampaleo aminoró. Los pascolas regalaban a los asistentes cigarros que previamente habían sido

depositados por cada bando en pequeñas vasijas de barro que frente al arpa y al violín.

Figura 7. Disposición de los músicos y danzantes en la enramada

Fuente: Elaboración propia. Pótam, Sonora, 1993.

Grabé durante varias horas, y cuando iniciaban los espontáneos el sueño me venció y me quedé
232

dormido en la banca de los violineros. Desperté con el amanecer. Al tomar conciencia

nuevamente, me percaté de que los materiales grabados y mi grabadora habían desaparecido.

Entré en pánico porque no estaban en el lugar donde los había dejado. Por un momento pensé que

quizá los había olvidado en el baile, después caí en cuenta que también había grabado en la

ramada. Inmediatamente me convencí que alguien los había tomado y pensé: ¡Cuál sería el

objetivo para que alguien los tomara! Por un momento me pasó la idea que probablemente los

tomó alguna persona que no estaba de acuerdo con el trabajo que estaba realizando. Los yoremes

al darse cuenta de mi desconcierto hablaron entre ellos de manera muy pausada y se referían a mi

grabadora. Apenas entendí que se referían a alguna persona que había tomado los casetes. Un

apersona me dijo que la grabadora estaba en una bolsa en el otro extremo de la banca, pero los

casetes no estaban ahí. El Charo, al ver mi desconcierto, me dijo que no me preocupara, que ya

sabían quién era la persona que los había tomado y que en un momento iríamos a buscarlo. Sin

embargo, trataba de interpretar por qué el cleptómano había actuado con el consentimiento y

beneplácito de los demás yoremes, que sin lugar a dudas se habían percatado del hurto. En este

contexto me imaginé una escena de conflicto tratando de quitarle las grabaciones a esa persona, y

me entró el temor de provocar una escena de violencia ritual en el contexto de la Semana Santa.

Un poco más tranquilo acepté la situación, y olvidé por un momento el incidente con el

delicioso estímulo del desayuno. Plácidamente comí un plato de guacabaqui con tortillas de

harina de trigo.74 Al terminar el desayuno sabía que tendría que enfrentar tarde o temprano una

74
El guacabaqui es el cocido de res con hueso y representa la comida ritual yoreme por

excelencia.
233

situación incómoda para recuperar los casetes que tanto trabajo me había costado grabar. Los

viejos, al verme inquieto, le dijeron al Charo que me llevara con esta persona, pero que no me

preocupara.

Caminamos de diez a quince minutos por las calles de Pótam hacia el noreste y después nos

dirigimos hacia el norte. Para ese entonces ya había aumentado la temperatura y tanto El Charo

como yo sudábamos la cerveza que habíamos ingerido durante el baile. De repente escuché una

música de pascola que llamó mi atención. Al llegar, entramos al solar que estaba lleno de tierra

seca y vimos a un joven bailando pascola completamente ebrio. Al instante reconocí la música

reproducida en su grabadora, me di cuenta que en realidad la música que ahora bailaba yo la había

grabado la noche anterior. El darme cuenta del objetivo del supuesto ladrón casi suelto la

carcajada; ¡al parecer su objetivo era escuchar la música en su casa y bailarla! Le hablé de mi

necesidad de tener esos materiales y le ofrecí darle una copia. Él aceptó sin objeción alguna en

dármelos y me dio las gracias, estaba tan ebrio que apenas pude entender lo que decía. Con la

alegría de haber recuperado mi trabajo de varios días, nos dirigimos nuevamente hacia la ramada.

En el camino pensé en la gran diferencia cultural que existe entre la interpretación que yo le di al

incidente sin conocer la realidad de la situación, y el hecho de que para la comunidad no tenía

ninguna trascendencia, pues se daba por sentado que no había ningún inconveniente en que los

casetes fueran utilizados por otra persona.

Domingo de resurrección: Conclusión

Durante el ritual de la Semana Santa nunca se manifiesta una ruptura de las actividades. Sin

embargo, en este día se perciben varios momentos de cierre dispersos que indican que el fin del

ritual está cercano.


234

Existe un tiempo al final de la noche, que se presenta alrededor de las cinco de la mañana,

cuando comienzan a aparecer los danzantes espontáneos. Al llegar el amanecer sacan las imágenes

de los santos frente a la ramada y ahora sí, la gente que quiera bailar y tocar algún instrumento

puede hacerlo. Los espontáneos que desean tocar y bailar no se hacen esperar, y aprovechan este

espacio único para poder expresar sus habilidades y su gusto por la música y la danza.75

Cuando el día ilumina toda la explanada, los asistentes nos acercamos a la cocina y ahí

recibimos el plato de guacabaqui; mientras unos desayunan, otros continúan bailando venado y

pascola frente a la ramada.

Ya avanzada la mañana del domingo de aleluyas o de resurrección, se toca un son de venado y

éste hace una cruz frente a la ramada donde se encuentran los nazarenos. A su vez, los chapayecas

hacen una valla desde el templo hasta la cruz. En ese momento la Virgen de la Magdalena es

cargada y salen corriendo con ella hacia la cruz que se ubica frente al templo. Posteriormente

regresan al punto de origen. Más tarde cargan de nuevo a la virgen y la llevan hasta la mitad de la

distancia que separa la ramada del templo. En un recorrido más, la virgen llega por fin a la ramada

y regresa al altar.

Después le ocurre lo mismo a San Juan: primero llega hasta la cruz, luego a la mitad y

finalmente regresa al templo desde la ramada. Acto seguido salen los dos juntos y se paran en la

75
Como lo hemos comentado (Olmos, El sabio de la fiesta 1998), los temas de los sones se

presentan de acuerdo con la hora de la noche, es decir, de acuerdo con la posición del sol que

evoca al mismo tiempo la aparición de ciertas dimensiones de conocimiento rememoradas en cada

uno de los períodos rituales.


235

puerta del templo; mientras en la ramada que se ubica en el otro lado, los músicos y danzantes de

pascola y venado tocan y bailan acompañando a los nazarenos que ya se trasladan al templo junto

con los angelitos y las cantoras. A la mitad del camino se encuentran los dos nazarenos con la

Virgen de la Magdalena y San Juan. Al estar frente a frente, la virgen limpia el rostro a Jesús en

señal de la resurrección, después los santos y los participantes regresan al templo donde los

matachines continuarán con la danza durante toda la mañana.

Figura 8. Disposición del encuentro entre la Virgen de la Magdalena y San Juan

Fuente: Elaboración propia. Semana Santa Yaqui. Abril de 1992.


236

Los chapayecas y cabos dejan sus máscaras, bastones y cuchillos en el mismo lugar donde se

quemó al Judas, es decir al lado poniente de la cruz que se encuentra frente al templo. En este

lugar queman todo el atuendo de los fariseos o chapayecas incluyendo las espadas de los cabos.

Antes de reunir las máscaras y atuendos para quemarlos, los capitanes guardan tres máscaras

con el fin de conservarlas para que en caso de muerte de alguna persona que haya participado o

continúe participando como chapayeca, se le ponga la máscara y se le entierre de acuerdo al cargo

que representó en vida.76

Una vez que se hace la quema de máscaras se da permiso para persignar a los fariseos. Los

padrinos o madrinas los persignan tres veces y finalmente les ponen un rosario. Los chapayecas ya

persignados agradecen en voz alta a sus padrinos por haber aceptado tal responsabilidad. Algunos

chapayecas son persignados aparte y se comprometen voluntariamente a cumplir durante toda su

vida este papel; sólo algunas personas toman esa decisión puesto que generalmente los

chapayecas sólo lo hacen durante tres años.

Ya persignados, y llegando al final de su compromiso, los chapayecas, cabos y capitanes se

reúnen en distintas casas para embriagarse después de haber estado sin una gota de alcohol

durante toda la Cuaresma. La borrachera puede durar hasta una semana entera. Las personas

indígenas allegadas a las costumbres mestizas participan del baile popular de la comunidad, donde

los conjuntos tocan música moderna de géneros tropicales, rancheros, norteño o baladas con

instrumentos electrónicos.

Algunos de los chapayecas que participaron en la Semana Santa son músicos amigos del

76
Tal como se realiza en éstos días de Cuaresma y de Semana Santa.
237

Charo. En todos los rituales de Semana Santa invariablemente al final del domingo de

resurrección se juntan los músicos a tocar en alguna casa del pueblo. La cerveza circula por todos

lados y todo mundo toma de la misma botella. En un lapso de dos horas circularon varias botellas

de un litro. Estuvimos tocando y cantando durante buen rato. Recuerdo que en ese entonces pedí

una máscara de chapayeca a un artesano yoreme, conocido como chico, y me dio un precio, le di

el dinero para su fabricación pero nunca la hizo. Después me enteré que no la hizo por temor a

despertar los malos espíritus que encarna la máscara del chapayeca, quien en todo el período ritual

aparece como un personaje malo, hasta ser convertido por completo el Sábado de Gloria.

Tuve que salir sin llamar la atención, muy al estilo yoreme, sin despedirme. Después me di

cuenta que, inclusive, es mal visto cuando uno se despide en medio de un acto festivo.

7 de abril de 1995: De regreso a Pótam.

Tuve dificultad para empezar este diario de campo debido al tiempo que había pasado sin escribir.

El día sábado 8 de abril tuve la oportunidad de asistir a la ceremonia de velación del Sábado de

Pasión, la cual, se realizó en la casa de una persona que se comprometió a realizarla previa al

Domingo de Ramos.

Llegué alrededor de las dos de la tarde. Hacía ya tres años que no veía al Charo. Nos vimos a

lo lejos y me dijo que no me reconocía con mis lentes pues antes no los había llevado. Me dijo que

parecía gringo lo cual me hizo pensar en muchas cosas y hacer interpretaciones que no me

satisfacían. Me parce que estoy muy lejos del fenotipo anglo –pensé. Quizá lo decía por mi

extranjería o por haber estado ausente de la cultura mexicana por algunos años, en fin, no le quise

dar mayor importancia.

Además de volver a ver la Semana Santa y registrar algunas cosas que posiblemente había
238

dejado pasar en mi estancia anterior, tenía pensado hablar con El Charo por dudas muy específicas

y aprovechar para aclarar algunas situaciones en las que se vio involucrado de manera

involuntaria. Cuando encontré a Ismael, me preguntó por qué había una persona sentida conmigo.

Le respondí que este tipo de cosas pasan cuando se vive en pareja. Creo que pudo comprender lo

que dije; me recibió normalmente en su casa y ya no volvió a plantear ninguna pregunta.

Dejé mis cosas en casa del Charo y llegué a la ramada en punto de las 2:30; ahí volví a ver al

Charo quien me presentó a Raúl, un yoreme que vivía en Guadalupe, una de las colonias yaquis

que formaron los yoremes exiliados durante las guerras de exterminio a principios del siglo XX

durante el gobierno de Porfirio Díaz. Raúl me contó ampliamente sobre la guerra de los yaquis y

cómo huyeron a refugiarse a la Sierra del Bacatete, en donde se realizaron varias batallas y hay un

cementerio como testimonio. El Charo y yo lo escuchábamos con mucha atención. Cuando Raúl

terminó su historia, el Charo le dijo en tono claro “él ya conoce, mucha gente le habló sobre eso”.

Raúl se decepcionó un poco de que lo habíamos dejado hablar, sin embargo al final me mostró su

satisfacción al saber que conocía esa información y podía entender otras cosas de la cultura

yoreme.

En la ramada empezaron a tocar sones de pascola a pesar de que no había llegado el violín,

pero éste fue sustituido momentáneamente por una armónica. Desde luego no se trataba de una

presentación formal, sino para hacer un poco de tiempo. Posteriormente llegó un violinero de

Pótam y comenzó la jornada musical como de costumbre.77

77
Antes de iniciar la danza la persona debía bendecir la ramada diciendo tres veces: “Dios Padre,

Dios Hijo y Espíritu Santo”.


239

Raúl era uno de los pascolas que bailaba durante la ceremonia y estaba empeñado en

informarme sobre cantidad de simbolismos de la ritualidad yaqui. Yo lo escuché con mucha

atención especialmente cuando se refería al yo a'ania, al yo'o joara, al juyaania y a los animales y

entidades que habitan en estas dimensiones.78 La plática surgió a partir de mi pregunta sobre el

senhaso o sistro para la danza de pascola. El instrumento que usaba Raúl era muy distinto al de

los demás pascolas, tenía esculpido una especie de monstruo de Gila. Él comentó que en realidad

se trataba de una entidad de la dimensión a la que los pascolas acceden cuando están bailando a

mitad de la noche. El Charo lo censuró inmediatamente y ya no siguió hablando sobre el tema.

Al Charo le molestaba que yo hiciera tantas preguntas. Me dijo: “cuando será el día que vengas

a la comunidad sin tener que realizar investigación”. Entendí que importunaba con mis dudas y

cambié la plática. Para sacarme un poco de la temática me invitó a ver a algunos de sus amigos

que no tienen cargo y que pueden aprovechar los días de asueto para realizar otras actividades,

como tomar cerveza.

78
En pocas palabras, tanto el yo a'ania, como el yo'o joara, y el juyaania, son dimensiones del

conocimiento ancestral, anteriores a la concepción católica del universo, y constituyen los

conceptos fundamentales para entender la religión yoreme. El primer concepto, yo a'ania, se

refiere literalmente el mundo de los ancestros y se utiliza también para nombrar al mundo de los

sueños. El yo'o joara corresponde a un lugar encantado sagrado específico de los ancestros,

mientras que juyaania es el mundo de las ramas o del monte, opuesto a los lugares habitados

actualmente por los yaquis. Antes de la llegada de los europeos, los yoremes vivían en el juyaania

y fueron desterrados de su territorio original por las misiones religiosas.


240

12 de abril de 1995: Miércoles de Tinieblas

El miércoles, en la Noche de Tinieblas, los chapayecas no salieron constantemente como lo

hicieron tres años antes. Lo que sí coincidió con aquella ocasión fue que los capitanes llevaron

uno por uno a los chapayecas alrededor del altar, apagaron todas las velas y azotaron a los fieles

que se encontraban. Otro acto significativo fue el cambio de poderes de las autoridades

tradicionales a los chapayecas o a sus capitanes, transmitido a través de las varas de mando que

representan dicha autoridad.

Después de ver la corrida del viejito el viernes, me tocó contar el dinero nuevamente

acompañado por el Charo.

En esta ocasión El Charo no quizo participar mucho en el ritual, tampoco tocó mucho tiempo

en la ramada. Decía que muchas de las cosas que se iban a presentar yo ya las había visto. No

quise contradecirlo y nos fuimos a recorrer el pueblo con unos amigos hasta que nos alejamos lo

suficiente y nos paramos en un Álamo. Ellos aprovecharon para tomar cerveza y de repente se

desconcertaron porque no quise tomar. Sin embargo, aunque les preocupó al principio, muy

rápido se les olvidó.

16 de abril de 1995

He tenido la oportunidad de ver nuevamente la Semana Santa en su totalidad y de realizar algunas

grabaciones. El ritual se siguió prácticamente de la misma manera: Llegó el clímax festivo el

Sábado de Gloria y el Domingo de Ramos se presentó la gloria de los angelitos quienes con sus

padrinos hicieron la corrida al igual que los chapayecas.

El domingo aproveché para descansar un poco pero no conseguí reponerme de los trajines

rituales. Al medio día El Charo y yo anduvimos despidiendo el ritual tocando con los otros
241

músicos. Como cada año, los hombres que participaron como chapayecas se reúnen a tomar

cerveza en casa de algunos de ellos. Muchos de ellos me recordaban de cuando estuve hacía tres

años. Me preguntaban la razón por la que no había ido los otros años y me sorprendió que me

llamaran por mi nombre. Yo les respondí que estaba viviendo muy lejos. En esa ocasión tuve

oportunidad de tocar una pieza instrumental en compañía del bajo y la vihuela. Eso me dio mucha

satisfacción. Cuando comencé a tocar el arreglo de Ponce de la pajarera, inmediatamente la

identificaron y se sumaron los demás instrumentos. Por razones de salud tuve que abandonar la

escena ritual y despejarme en los alrededores. Ellos se quedaron tomando cerveza.

Recuerdo haberme subido en la parte de atrás de una camioneta. Al verme lo desmejorado que

estaba, un yoreme me dijo que no me preocupara, que ya en unos días iba a estar durmiendo

como estaba acostumbrado. Eso no lo tomé como un consuelo sino como una constatación de mi

carácter foráneo. En una de las vueltas que dimos por las empolvadas calles de Pótam, de repente

se escucharon unos balazos. La gente empezó a correr y a meterse en sus casas. Los que íbamos

en la camioneta nos quedamos atónitos ante el sonido de los balazos. Después nos dijeron que el

objetivo era una camioneta blanca. Al oír esto el yoreme que me había hecho conversación, se

bajó inmediatamente de la camioneta. El Charo y yo nos tardamos en reaccionar y todavía

avanzamos unas cuadras arriba de la camioneta. Unos metros después también me bajé, fue la

última vez que vi al Charo en esa Semana Santa.

17 de abril de 1999 El Bacatete

Después de haber pasado la Semana Santa en Pótam, fui a la Sierra del Bacatete, o más bien a las

faldas de la sierra. Saúl me había comentado que él conocía un lugar en donde había unos dibujos

y que uno parecía una especie de flauta. Recuerdo que al no tener vehículo para movernos pedí
242

ayuda al de los tacos de Vícam. Después de comentar la importancia que esto revestía para mí, el

hombre estuvo feliz de acompañarnos a cambio de una módica cantidad y de algunas cervezas

para no morir de calor. A su mujer, que se encontraba atendiendo el puesto de tacos, no le hizo

gracia pero el hombre aprovechó una excelente oportunidad para dejar a un lado su trabajo y su

compañía. Entre los gritos de su esposa salimos con rumbo al Bacatete.

Entramos por un cerco casi enfrente de Belem. El señor que cuidaba dijo que no podíamos

pasar pero mi acompañante dijo que ya teníamos permiso. Yo no quise intervenir, pero al final nos

dejaron pasar diciendo que no nos tardaríamos y que tampoco iríamos muy lejos.

Después de caminar unos 40 minutos en el desierto llegamos a un abrigo rocoso. Enseguida

saqué una cámara para fotografiar los pictogramas e inmediatamente una avispa que se

encontraba en el abrigo se fue contra mí como diciéndome que no era bienvenido. A pesar de los

inconvenientes, obtuve las fotos de los pictogramas (Olmos, 2011:113).

1 de julio de 1999: Loma de Bácum. Fiesta de la Virgen del Camino

Llegué a Vícam proveniente Tijuana, habiendo pasado unas horas en trayecto de Hermosillo a

Ciudad Obregón. Mi salida se apresuró de Tijuana, por la inminente realización de la fiesta

yoreme de la Vírgen del Camino en la Loma de Bácum.

La región yaqui no deja de ser agradables y de traerme lo recuerdos más bellos. Antes de llegar

a mi destino descansé en un hotel en Vícam, al que no pensaba llegar pero el cansancio y las altas

horas de la noche me hicieron detener mi recorrido. En la mañana me trasladé a primera hora a la

comunidad yaqui de la Loma de Bacúm. Los olores del monte, el calor y sobre todo la luz tan

particular del territorio yaqui, hacen una suerte de antesala para penetrar en el desierto norteño,

sobre todo para los que vienen del centro del país. El contexto sensorial cargado de olores trajo a
243

mi memoria un cúmulo de imágenes que hicieron mi camino muy placentero provocando una

inmersión inmediata e intensiva en el territorio yoreme.

Cuando llegué a la Loma de Bácum, recorrí el pueblo y creí que la gente estaba preparándose

para la noche. Sin embargo después supe que ya habían pasado la ante víspera y esperábamos la

noche del 1 de julio la víspera de la fiesta.

La fiesta de la Virgen del Camino es una de las celebraciones más importantes para todos los

yoremes yaquis. En el poblado de la Loma de Bácum, por única vez en el año se reúnen las

autoridades de los ocho pueblos yaquis, lo mismo que sus vírgenes y sus danzantes, quienes se

comparten y comulgan en un mismo espacio ritual reconociendo una cultura y un pasado común.

La fiesta empezó desde la ante víspera el día 30 de junio, pasando por la víspera y se prolongó

todo el día 1 y sobre todo el 2 de julio, día de la conclusión ceremonial.

De acuerdo con la información de la gente de la comunidad, la fiesta de la Virgen del Camino,

como se le llama al día de la fiesta que también representa a Santa Isabel, data de tiempos muy

antiguos. Se señala que esta celebración se originó a raíz de que en tiempos de la revolución,

cuando el gobierno federal destruyó todas sus imágenes de culto, entre ellas las vírgenes patronas

de cada uno de los pueblos yaquis, la virgen de la Loma de Bácum fue escondida en la sierra y por

esta razón actualmente se conserva intacta hasta la fecha. El pueblo decidió esconderla en algún

lugar de la Sierra del Bacatete para que nadie la dañara. Es aquí donde surge el mito de la virgen,

pues nadie conoce el lugar o santuario preciso en donde se oculta, salvo cuatro o cinco personas

que son las encargadas de transportarla al pueblo año con año.

El 30 de julio llegó literalmente un ejército de matachines, junto con las cantoras, los pascolas

y venados, lo mismo que las autoridades tradicionales de los ocho poblados yaquis.
244

Posteriormente llegaron las vírgenes de cada uno de los respectivos pueblos yoremes. Para

recibirlas se echó andar un dispositivo a manera de preludio. La primera y más importante en

llegar fue la Virgen del Camino. Para el momento en que llegaron las otras vírgenes, la Virgen del

Camino tenía 24 horas de haber llegado al pueblo y es ella quien recibe simbólicamente a las otras

vírgenes. Para tal efecto, las vírgenes se hacen acompañar de los matachines con toda su

instrumentación musical, que para esta ocasión incluye dos violines, dos guitarras y, actualmente,

un bajo sexto, un guitarrón y una vihuela; las cantoras también acompañan el recibimiento. La

Virgen del Camino sale de la iglesia y es encontrada por la virgen que llega acompañada de su

séquito.

Figura 9. Estructura de la fiesta de la Virgen del Camino acompañada de su séquito

Fuente: Elaboración propia. Loma de Bácum, Sonora. Julio de 1999


245

Figura 10. Disposición festiva del recibimiento de las otras vírgenes

Fuente: Elaboración propia. Loma de Bácum, Sonora. Julio de 1999.

Una vez que llegaron las otras vírgenes, se establecieron en ambos lados frente al templo. Ahí,

la gente se aglutinó para persignarse y pedir perdón a la virgen. En este lugar se celebró la danza

de matachines que duró toda la noche en intervalos determinados. En este espacio las cantoras

interpretaron también alabanzas durante la noche.

En un momento del día se dio paso al encierro de la Virgen del Camino en el templo a donde

nadie podía entrar hasta su salida con el ejército de matachines.

El venado y el pascola bailaron en el interior de la ramada pero su participación fue muy

esporádica. En esa ocasión fueron sólo tres los danzantes de pascola, uno joven y los otros dos de

mayor edad.
246

La disposición espacial de los músicos de la ramada es bajo el esquema referido antes:

Matachines

El día primero de julio en la noche se realizaron las danzas de matachines fuera del templo,

mientras que las danzas de pascola y venado se ejecutaron al mismo tiempo en la ramada más

alejada del templo. Ya avanzada la noche se quemó un castillo y se encendieron fuegos artificiales

que son una verdadera delicia visual.

2 de julio de 1999

El día 2 de julio la gente se despertó a las seis de la mañana y empezó a limpiar el lugar en donde

se bailarían los matachines de los ocho pueblos. En esta ocasión festiva la disposición fue muy

especial por la reunión de todos los pueblos yaquis y por el bautizo de algunos de los danzantes

de matachines.
247

Figura 11. Pascolas y venados

Fuente: Elaboración propia. Loma de Bácum, Sonora. Julio de 1999.


248

Figura 12. Limpieza para el baile de matachines

Fuente: Elaboración propia. Loma de Bácum, Sonora. Julio de 1999.

Cinco grupos de matachines se juntaron frente enfrente de la iglesia. La coreografía también

fue distinta que la llevada a cabo el día anterior. En ese momento todos los danzantes bailaron

primero en fila pero después hicieron un círculo en el que cada uno de los danzantes tomó un

listón con el que tejió una trenza. Los listones eran de diferentes colores y pendían de un palo de

madera central enterrado en el suelo. Los danzantes continuaron bailando por espacio de tres

horas, de las 7 a las 10 de la mañana.

Pasando el medio día la virgen fue recluida en el templo y de repente nadie sabía en donde se

encontraba. La gente lloraba y yo, ingenuamente, lo adjudiqué a la devoción religiosa por las

penas cotidianas que la gente se libra todo ese día. Sin embargo, después comprendí que, si bien la
249

gente lloraba su infortunio, también lo hacía por la ausencia de la figura amorosa que representa la

virgen por ser la intermediaria contra las fuerzas del infortunio y madre de los yoremes, quienes se

sienten protegidos por ella desde hace por lo menos cien años bajo la imagen de Santa Isabel.

Viendo bailar a los matachines no me di cuenta de que la Virgen del Camino ya había sido

trasladada a su refugio en la sierra por su séquito secreto, aun cuando la fiesta seguía en su etapa

final junto con el venado y los pascolas al interior de la ramada.

Como a las ocho de la noche algunos amigos de Pótam tomaron el último camión de regreso a

la fiesta y me dijeron “si no quieres que te pasa nada, no te salgas de la ramada”. Hice lo que ellos

me indicaron y me quedé dormido en el suelo de la ramada de los gobernadores, lugar en donde

tenía garantizado un sueño sereno, sin embargo, mi descanso se convirtió en espacios entre la

vigilia y el sueño a partir de las tres de la mañana. A lo lejos escuchaba la voz de señoras que

decían entre ellas: “es que ahí se quedó dormido”. Después de esa hora estuve dormitando una

hora hasta que comenzaron a bailar los matachines.

Muy de mañana desayuné en la ramada y tomé el autobús rumbo a Ciudad Obregón y a la

Loma de Guamúchil.

Miércoles 4 de julio de 1999

Después de pasar la fiesta de la Loma de Bácum, llegué a Ciudad Obregón, aunque sería más

preciso llamarle Cajeme, como la llaman algunos de sus habitantes.79 Fue la cuarta o quinta vez

79
José María Leyva Cajeme, fue un militar yoreme que se convirtió en líder indígena al levantarse

contra el ejército mexicano que atacó a la población indígena a finales del siglo XIX, no sin antes

haber pertenecido al mismo ejército federal. Por esta razón José María Leyva Cajeme es más un
250

que visité esta población. Es, en cierta manera, muy parecida a Los Mochis, en donde viví buena

parte de mi infancia. Por muy poco objetivas que puedan ser mis apreciaciones, puedo señalar que

en estos lugares habitan las mujeres más hermosas del país.

Ese día tomé la decisión de ir a la comunidad de la Loma de Guamúchil. En este lugar deben

habitar unas 1 000 personas, es un poco más pequeño que la Loma de Bácum. Por ir sumergido

en mis pensamientos, no me percaté que el camión en el que iba dejó atrás la comunidad a pesar

de que ya había prevenido al chofer de que yo era fuereño y no conocía el lugar.

Tuve que tomar otro camión de regreso a la Loma de Guamúchil y en éste me encontré a

Salustriano. Allí vi una serie de videos que él había grabado en diversos festivales indígenas. Al

parecer, Saúl80 ha registrado varias fiestas yaquis, entre ellas una boda y un evento donde

participaron los pápagos o tohono o´odhame, y un encuentro de música yaqui que tenía el formato

de un encuentro de música mestiza. Lo que me llamó la atención de esta música es que casi todos

los ritmos eran en 6/8 tipo son purépecha; este tipo de ritmo es interpretado también por los

chapayecas al final de la Semana Santa.

héroe recuperado por la historia oficial que un líder guardado por la memoria del pueblo yoreme.

Los yaquis lo recuerdan como un líder traidor. En todo caso, Cajeme es el nombre del municipio

de Ciudad. Obregón y anteriormente esta ciudad se llamaba precisamente Cajeme.


80
Saúl, como le decimos los amigos, a finales de la década de 1980 y principios de 1990 formó

parte de un proyecto en donde, el desaparecido INI, a través del archivo etnográfico audiovisual,

creó un programa de transferencia de medios audiovisuales a las comunidades indígenas y él fue

uno de los representantes.


251

Según Saúl, existen muchos sones de pascola que son cantados. También me habló de juegos

que hacen los pascolas durante las danzas, entre los que comentó están los de la rana, el sapo y la

tortuga; también mencionó que tanto los músicos de venado, como los de pascola interpretan

motivos relacionados con cada animal, inclusive la representación de la lluvia y el baile del sapo;

en donde se enciman unos con otros. Otro dato es el sewaka relacionado con la estrella de la

mañana, lo que sería el chulavete entre los coras y mexicaneros. Al final de la entrevista hablamos

de varios proyectos como la traducción de los discursos de los pascolas, las canciones de venado,

entre otros. En este día obtuve información sobre los archivos audiovisuales que existen en el

centro de cultura yaqui, y sobre tres periódicos sobre la cultura yaqui.

El día miércoles fui a casa de Ismael Castillo en donde estuvimos tocando el arpa; me dio un

casete grabado del grupo Zulamay (águila), y otro en donde graba solo sones de pascola. Me

habló sobre la manera de interpretar el arpa con bajos en las octavas haciendo un círculo de Sol,

Do, Re, pasando por La 7a antes de Re. Los bajos pueden darse con las figuras de cada compás en

el mismo orden de las tonalidades.

Figura 13. Ritmo de arpas

Fuente: Elaboración propia.

El día jueves, aproveché para ir con la gente de culturas populares. Hablamos de muchas cosas

interesantes, entre ellas, comentaron sobre la metamorfosis de la zorra y el embrujo del diablo a

través de la sombra de la zorra: si alguien piensa en una muchacha cuando está haciendo alguna
252

actividad agrícola, puede embrujarse cuando ve su sombra en forma de zorra.

Jueves 8 de julio de 1999

Memoria histórica

Ofrecí una plática sobre lo que yo considero que es la tradición oral y la historia escrita entre los

yoremes. Esta plática se llevó a cabo en la población de Vícam. Ahí pude reencontrar a todos los

promotores culturales. Al final de la plática fui con Charo a Pótam, mientras que Saúl prometió

grabarme algunos casetes de video en formato VHS.

10 de julio

Este día presencié dos eventos de importancia para la tribu yaqui. Uno fue el aniversario de San

Maldonado, Tetabiate y, el otro, fue la inauguración de un centro cultural en Pitahaya, antes

Belem en donde habría un encuentro de tradición oral. El primer evento fue realizado en Cd.

Obregón, en donde participó el ayuntamiento de Cajeme, junto con todos los símbolos patrios y

desde luego la bandera mexicana. En el evento también participaron algunos gobernadores yaquis,

quienes por otro lado recordaron las matanzas que han sufrido los yoremes en toda su historia y

en particular en los últimos 100 años de conquista.

Saúl y yo nos dirigimos a Pithaya, tomamos la ruta Obregón-Guaymas y a la salida de Pótam

vimos a un hombre que nos reconoció y nos pidió que lo lleváramos. Era Manual Piña, quien en el

camino nos comentó que sería el locutor del evento y que tenía prisa por llegar y no había podido

tomar el camión.

Cuando llegamos, ya estaba la comitiva esperándonos: gobernadores de algunas comunidades,

diputados y gente importante de los pueblos yaquis. En cuanto llegué me dispuse a registrar el
253

evento y, como éste se desarrolló íntegramente en la lengua yaqui, colgué un micrófono en un

travesaño de la ramada de manera que pudiera abarcar un perímetro más amplio para la grabación.

Encuentro de tradicional oral

Este evento se realizó en Belem con música de la danza de venado y de pascola y tuvo una

duración de tres horas. Se hizo un gran preámbulo en la presentación de los invitados, entre

quienes estaba Jesús Martínez Tadeo, cuya familia de políticos yaquis han sido representantes en

el gobierno estatal por parte del PRI y en otras corporaciones. También participaron algunos

gobernadores de otros pueblos yaquis y representantes de diversos sectores de la sociedad

yoreme. El presentador, Manuel Piña, tomó la palabra y el evento esperado dio inicio.81

Los niños de hoy, donde quiera que se encuentren, deben llevar en su memoria que si el día de

mañana nuestros antepasados nos dejan o fallecen y no aprendimos de ellos, nos quedaremos

sin su conocimiento. Algunos yaquis que están en tierra sonorense y los que viven alrededor lo

han ido perdiendo, pero nosotros no podemos perder esos conocimientos, y pues así se hará y

queda en manos de nuestro señor Dios Padre, Dios Hijo, nuestra santísima virgen y en manos

de ustedes, los que van a llevar la palabra aquí, y que van llevar a cabo la plática van a hacer

que quede en manos de ustedes.

En esta plática se preguntará a las personas presentes cómo fue que el pueblo quedó así; ya

que los que vivieron aquí, los antepasados saben el porqué, y ellos son los que nos van a

81
Las siguientes intervenciones textuales se desarrollaron íntegramente en lengua yaqui durante la

reunión en el pueblo de Pitahaya. Las traducciones al español fueron hechas por Amairani Zavala

e Ismael Castillo.
254

platicar por qué se salieron de este pueblo. Ustedes que son mayores son los que saben la

historia de este pueblo, son los que han vivido todo el tiempo en este pueblo.

Refugio Valencia

Damas y caballeros aquí presentes y pueblos que nos visitan en esta reunión en esta hora, y

aquellos que viven aquí en este pueblo de Belem, yo también les platicaré en dos o tres

palabras lo que yo sé, lo que me han contado, lo que oí de las pláticas de los mayores; yo no lo

miré, yo no lo presencié, más lo que yo oí de los mayores, se los voy a decir así como lo están

pidiendo, pero antes que nada les pido permiso en nombre de nuestro Señor y de nuestra

Virgen.

Bueno señores y señoras con el permiso de ustedes, en aquel tiempo antes de que yo naciera

y después que nací, ya de pequeño, escuché de los mayores en aquellos tiempos, ellos andaban

en la sierra y platicaban que se reunieron en los pueblos Rahum Huirivis y Belem junto con el

pueblo de Pótam. En Pótam hubo un asentamiento de los pueblos Rahum, Huirivis y Belem

cuando se hizo la paz ahí, estando ya reunidos esos pueblos se sentaron a dialogar con la

autoridad y para pedir licencia a las autoridades y a los habitantes del pueblo.

Ahí donde está la “Pitahaya en el agua” quisieron arrimarse o asentarse, pero allá en el

pueblo de Belem no había agua. ¿Qué íbamos a tomar? Era muy trabajoso y así lo platicaron,

lo dijeron aquellos señores. Los que viven en el pueblo de Pótam pidieron permiso al pueblo de

Belem, a las autoridades presentes, para asentarse ahí en lo que ahora es Pitahaya; mandaron

una comisión al pueblo, ahí se quedaron y desmontaron todo donde estaba la “Pitaya en el

agua”. Cuando el general Mori construyó la iglesia yo era muy pequeño, tenía como cinco

años; ya lo demás yo no lo viví, los antepasados así los platicaban, y el comandante Nicho así
255

lo platicó; el desmonte que hicieron también lo platicó mi compadre Carlos Piña, de cómo ellos

participaron del desmonte del pueblo de Pótam, mientras el comandante Nicho hizo el

desmonte en Pitahaya, Carlo Piña hizo el desmonte en Pótam.

Yo no lo he visto pero como me lo han platicado, y como lo he oído, así lo estoy

platicando. Desde entonces empezaron los trabajos para construir la iglesia; yo miré la

construcción de la casa cural que hicieron en el año 1922; todo lo que dije tiene fecha, así

como lo supe, así lo mire y así lo estoy diciendo, y también mis mayores también empezaron a

construir iglesias en Pótam, en Vícam, todo eso a mí me lo platicó mi madre. El que fue mi

padre participó en las excavaciones que empezaron a hacer cuando iban a hacer la iglesia.

Cuando terminó la excavación de pueblo de Pitahaya se fueron al pueblo de Pótam y después

al pueblo de Vícam y ahí terminaron, por eso es que ellos saben lo que sucedió.

Desde entonces le dieron permiso al general Luis Matuz con toda su compañía, es por eso

que así se llama este pueblo Pitahaya, y en aquel lugar donde está el llanito es ahí donde se

encontraba la “Pitahaya parada en el agua”. Algunos mayores no pudieron ver esa planta pero

así lo platicaron los antepasados, los de hoy no lo vieron, pero nos lo platicaron. De aquí a allá

está como a 5 kilómetros en donde está ese lugar, nosotros siempre vamos a ver a nuestras

ánimas que están allá enterradas, a ofrecerles nuestros rezos, así lo sé así ustedes también

deben de conocer este pueblo como “cuesta abajo”, así lo conocen los mayores como Belem

(cuesta abajo). Aquí se llama la pitahaya que está en el agua, y por eso ahora muchos lo

conocemos como Pitahaya, pero más original es donde está “La pitahaya en el agua”, así se

conocía y dicen que así estuvo hace muchos años; así lo platicaron los mayores y así lo supe;

hay más que platicar pero como ya me apuraron, están otros señores que también tienen que
256

platicar, y así lo platiqué para que ustedes lo sepan; así lo tienen que saber niños, jóvenes

adultos y todos los que nos visitan, es todo lo que tengo que platicar, a lo mejor lo dije bien o

lo dije mal pero ustedes me perdonarán, yo no lo miré, pero a mí así me lo platicaron, y así lo

irán a platicar los mayores presentes, lo que yo viví desde 1920, aquí doy por terminada mi

platica, que me disculpe Dios Padre, Dios Hijo y ustedes aquí presente y pueblos que nos

visitan. Queda en sus manos las gracias para Dios para nuestra Virgen y a todo el público

presente muchas gracias.

Participante 3

Damas y caballeros aquí presentes y pueblos. De igual forma pido permiso, y, así como lo

quieren, yo también de igual forma voy a platicarles de cómo se formó este pueblo. Igualmente

yo no lo viví, no sé en qué tiempo, ni sé ni cuándo arribaron, no me acuerdo muy bien, en

aquel tiempo yo también era muy pequeño cuando llegaron a este pueblo; yo soy del año 1925,

no me acuerdo muy bien, pero voy a tratar de recordar en la plática lo que me están

preguntando. El señor Mori mandó construir las iglesias de Pótam, no me acuerdo en qué año

fueron estas construcciones, pero así como dijo mi compadre, así se llama “Pitahaya que está

en el agua”. En aquel tiempo había un bajío bien grande pero ahora ya no existe, y así conocían

ese lugar donde estaba el bajío, y donde estaba la pitahaya en el agua, así lo platicaron los

mayores, y yo no me acuerdo bien, porque yo estaba muy niño, pero es suficiente lo que sé y

es suficiente lo que les digo y lo que yo recuerdo; sobra con dos o tres palabras que he dicho,

queda en sus manos las gracias para Dios, para nuestra Virgen y a todo el público presente.

Participante 4
257

En aquellos tiempos no había escuelas, crecimos sin escuelas, no como hoy. En aquellos

tiempos los mayores no querían que supiéramos leer y escribir, pero ahora sí todos están en la

escuela, todos saben leer y escribir. Querían que fueran todos neófitos, ahora ya están

estudiados; nosotros crecimos sin escuelas. Así quiero que lo sepan, que nosotros no tuvimos

nada de estudios, ahora todos los niños saben leer y escribir y en aquellos tiempos no.

Presentador del evento

Pues así lo platicaron los señores que viven en esta comunidad, cómo es que empezaron a vivir

a aquí. Antes bajaba mucha agua al pueblo de Belem y tuvieron que irse más arriba para hacer

el pueblo de Pitahaya.

Jesús Martínez Tadeo

Señoras y señores aquí presentes: a los que tiene lugar aquí, les voy a decir unas dos o tres

palabras, así como lo platicaron los demás así lo voy a platicar también.

En 1917 cuando era presidente Adolfo de la Huerta, platicó con los ocho pueblos para

llevar a cabo un trabajo que les permitiera vivir bien. Parece que les había dicho lo mejor para

la tribu también. El gobernador del estado vino a platicar con la tribu y les dijo lo mejor que

pudo en ese tiempo, para que se pusiesen a levantar sus pueblos, para que ya no anduvieran

sufriendo, y que empezaran a vivir bien; así hablando con los pueblos le dio la orden al general

Mori, le dio una razón y la orden; hay mucho que platicar de esto… hay algunos escritos de

esto y hay cosas que yo ignoro y que no sé, pero que están escritas, así lo platicaron nuestros

mayores y los antepasados. Hay mucho que platicar de las verdades de lo que pasó, es muy

poquito lo que les platiqué, es todo y con el permiso de ustedes.


258

Presentador del evento

Las personas que tengan algún conocimiento de cantar venado o tocar algún instrumento

deben trasmitirlo a los jóvenes y niños, porque es así como nuestras tradiciones permanecerán.

Así como a nosotros nos enseñaron y nos trasmitieron el conocimiento nuestros antepasados,

así nosotros debemos trasmitirlo a nuestros jóvenes, a nuestros niños, a las nuevas

generaciones.

Si tú eres violinista enseña a tus hijos, si tú eres venado, sabes cantar venado, si eres pascola

o matachín, enseña a tus hijos. Muchas gracias por haber escuchado a estas personas mayores,

todo los que nos transmitieron queda en manos de ustedes: las gracias para Dios para nuestra

Virgen y a todo el público presente.

Al final los asistentes nos sentamos a comer frijol con puerco. De regreso, Saúl me comentó

que su suegra tenía un vivero de cactáceas en el pueblo de Pitahaya y me invitó para ver algunas

plantas. Saúl tenía curiosidad de ver el peyote o híkuri como le llaman los rarámuris. Sin

embargo, revisamos los cactus y no había en la colección de plantas de la señora.

Durante la inauguración del centro de Pitahaya tuve la oportunidad de grabar y las autoridades

estuvieron de acuerdo, siempre y cuando les diera una copia de las grabaciones. Así lo hice,

finalmente grabé dos casetes de 60 minutos y saqué aproximadamente 15 fotografías.

15 de julio de 1999

Presencié el final de la fiesta de la Virgen del Carmen en la Loma de Guamúchil. Esta celebración

comenzó con la prevíspera: el 13 de julio bailan los pascolas y venados, el 14 continúan danzando

para amanecer el 15 y terminan a las 9:30 aproximadamente. Los matachines terminan la fiesta a
259

las 11:30 después de haber vestido los hábitos a los niños que serán bautizados en ese día. Al final

terminan con un conti alrededor del templo.

18 de julio de 1999

Cuando me dirigía hacia Pótam pasé por Saúl a la Loma de Guamúchil.82 En Pótam grabé tres

canciones populares con unos amigos que tocaban en una de sus calles:

Ay Esmeralda

tú eres mi encanto

tú eres el ángel

de mi existencia.

En este mundo

no me queda

más querencia

ay esmeralda

sólo tú mi amor serás…83

Después me dirigí a un bautizo en donde comimos mantarraya con verduras. Al evento se

integró toda la gente de la comunidad, así como el etnomusicólogo; allí seguimos cantando hasta

la tarde. Inmediatamente después fuimos a ver si era posible sacar cita con la María Matus, quien

82
Antes de llegar a Cajeme recordé el tiempo cuando estuve en Pótam algunos años antes. En

aquella ocasión salí casi corriendo de la comunidad después de oír unos tiros y ver correr una

camioneta, por fortuna el incidente no tuvo mayores consecuencias.


83
Fragmento de la canción Esmeralda, composición de Sergio Vela.
260

fue probablemente la curandera más prestigiosa de todo el territorio yaqui. Como no logramos ver

a la curandera fuimos a la sierra y después pasamos a verla. La María Matos vivía a cuatro

kilómetros de Vícam en un poblado que se llama Casas Blancas. Finalmente fuimos a buscarla y

no la encontramos, por lo que regresamos al día siguiente.

Saúl estaba muy curioso de por qué yo quería ir a ver a la María Matos. No sabía cómo

plantearme la pregunta hasta que finalmente lo hizo, puesto que la María Matos podía enfadarse si

yo iba a verla sin motivo de enfermedad. Le respondí de manera muy general que mi espíritu no

tenía paz y al parecer mi respuesta lo satisfizo, ya no preguntó más al respecto y accedió a

acompañarme.

Al llegar con la María Matos tenía a varias personas esperando. Estaba un hombre tendido en

una banca, quien lanzaba algunos quejidos esporádicamente. Pregunté a las personas que le

acompañaban si ya tenían mucho tiempo esperando y respondieron que como una hora.

Decidí esperar pacientemente mi turno para entrar a ver a la María Matos. Cuando por fin me

pasaron a verla le dije dios enchaniabu (buenos días) y ella respondió muy amable. Se dirigió a mí

de manera muy familiar pero la verdad es que yo no entendía todo lo que decía. Sólo alcancé a

entender que le decía a su nieta que no necesitaba traducir porque yo la entendía bien. La nieta se

dio cuenta de que no estaba entendiendo y entonces intervino. Le dije que estaba muy intranquilo

y que a veces no dormía bien. Cuando le comenté que en ese momento me sentía muy bien, la

María Matos me dijo que mi malestar se producía en el lugar en donde estaba yo radicando y me

dio un galón con una solución que tenía algunas propiedades tranquilizantes. Me dijo que lo

tomara hasta que me lo acabara y que me iba sentir mejor. En ese momento aproveché para

plantearle algunas preguntas sobre su vida y su don de sanación. Al terminar le pregunté cuanto le
261

debía y ella contestó que lo que yo le quisiera dar. Saqué un billete de doscientos pesos y se lo

puse en la mano, le agradecí mucho que me hubiera recibido. Al salir, Saúl ya tenía listas una serie

de preguntas sobre la curación, le causó mucha curiosidad el remedio que me había dado y

comentó que la medicina olía como a torote.84

Cuando regresé a Tijuana y terminé el remedio que me había dado la María Matos recordaba la

expectación y curiosidad provocada entre los militares indígenas que revisaron el galón de

medicina una y otra vez en los aeropuertos de Hermosillo y Tijuana.

Loma de Guamúchil, 11 de diciembre de 2000

Regresé a la Loma de Guamúchil después de mi última estancia en estas tierras hacía poco más de

un año. El objetivo que me llevaba nuevamente a la tierra de los yaquis era realizar el registro y

vivir la experiencia de celebración de la fiesta de la Virgen de Guadalupe.

Por fortuna pude conseguir un espacio en la escuela para pasar la noche. Como en ese

momento no estaban los niños, aproveché el espacio como centro de operaciones. Al anochecer

miré al cielo y confirmé lo que suponía, que a pesar de que la fiesta se hace en una fecha fija, el

calendario lunar era determinante para llevar a cabo esta celebración: la luna estaba casi llena y

todo auguraba que tendríamos una fiesta excelente.

Dormí entre lo duro del suelo y el sonido de los grillos. Al amanecer sentía la ansiedad de

querer iniciar conversaciones sobre la fiesta y grabar cuanto fuera posible. Salí de la escuela y

busqué a algunas autoridades que ya se concentraban tanto en la ramada como en la comisaría.

84
Nunca supe qué fue lo que me dio la María Matos. El torote es un arbusto que crece como un

árbol endémico de la región y se utiliza mayormente para las afecciones respiratorias.


262

Antes de que comenzaran las actividades rituales propiamente dichas, aproveché para ver a los

músicos de pascola, quienes, al ver mi interés en la música y con el estímulo de mi atención,

tocaron varios sones que me permitieron grabar sin ningún inconveniente. Sin el sonido corporal

de los danzantes, el registro de los violines acompañados por el arpa fue completamente nítido.

Posterior a esto, hubo un silencio en las actividades. Por la tarde llegaron los matachines y

entraron al templo para iniciar su danza. Alrededor de las siete de la noche, en la entrada del

pueblo donde se encuentran las autoridades tradicionales, ya estaban reunidos seis u ocho

hombres con el fin de poner el cable que iluminaría las ramadas durante toda la noche.

Figura 14. Entrada del pueblo donde se encuentran las autoridades tradicionales

Fuente: Elaboración propia. Loma de Guamúchil, Sonora. Diciembre de 2000.

Acomodaron los cables y, en un momento que tuvieron disponible, interrumpí para


263

presentarme con las autoridades. Seguramente ya me habían ubicado y algunos ya me conocían,

aun así aproveché para hacerlo nuevamente. Recorrí el pueblo una vez más ya caída la noche y la

gente, en particular las muchachas y los jóvenes, paseaba por las calles con el regocijo, el garbo y

el talante que sólo se cultiva entre la gente de estas tierras.

Más tarde regresé a casa de Saúl para convidarlo a ir a la fiesta. Cuando llegué ya estaba con

algunas cervezas encima, cuando según yo lo había dejado descansar. Regresé al pueblo y minutos

más tarde volví a buscarlo. Sin embargo, cuando lo vi de nuevo, parecía como si nada hubiera

pasado. En la casa estaba Beatriz, su mujer, doña Clara, su suegra, dos jovencitas y dos jóvenes

que también estaban tomando cerveza. Al poco tiempo cenamos y comenzó la plática.

En la conversación surgieron varios temas, principalmente sobre los sueños con el chivato del

pascola, y cómo el danzante va adquiriendo el conocimiento paulatinamente mediante el

compromiso, los sueños, el encanto en el monte y, sobre todo, el sacrificio. También se comentó

sobre el yoania cuya referencia a los sueños y al mundo antiguo para mí era clara; a decir de ellos

también evocaba el doble de uno, como si fuera “el otro” igual. Comentaban que el yoania es el

otro, y el compromiso de ser ese otro o de escuchar al otro para cumplir tu compromiso. Para

cumplir con el compromiso y con el sacrifico los pascolas se ayudan de los animales del monte,

del sol y también del mar. También se comentó sobre la importancia de estar atento con los

sueños del chivato viejo y la copula con éste.

En la conversación estaba un hombre llamado Juan Castillo quien comentó que él era pascola y

que tenía el conocimiento. Me confió haber tenido varias revelaciones, todas por medio de

sueños. En uno se le apareció un chivo blanco con una gran barba como un señor. Este chivo le

dijo que tenía que ser pascola. El danzante se sacrifica, sufre y se transforma en otro que nada
264

tiene que ver con su personalidad original y lo hace porque pertenece a otro mundo, al mundo de

las ramas (juya ania), los animales y del sueño. “El pascola ya no es el mismo sino que es el que le

ordenó el chivo”.

En otro sueño Juan Castillo comentó que el chivato le metía el pene por todos los orificios de

su cuerpo y hasta lo atravesaba por los hombros. Esto fue un indicio de iniciación que ahora él

debe cumplir. También comentó que el chivato es el ser original, el primero. Sin embargo,

también lo son el venado y el coyote. Éste último es muy importante porque es un ser guerrero.

Por consiguiente, como no ha habido guerras casi no hay representaciones de la danza. Si hubiera

batalla con muertos, entonces sí existiría la danza.

Según Juan Castillo, la danza se divide entre los animales del mar y los animales del sol. El

pascola se relaciona con animales del mar, mientras que el venado con los del sol. Por otro lado,

los dedos de la mano señalan la identidad de yaqui y a su vez son los ancestros. Según cuentan los

yaquis de Estados Unidos, se ponen una pluma de águila si no conocen la tradición o son

renegados, y si manejan las costumbres se ponen dos.

En la conversación Saúl comentó que cahita quiere decir “confederación” y el significado es

diferente al de palabra cahita que significa literalmente “no hay”. En la noche estuvimos

conversando hasta altas horas sobre la tradición y el conocimiento en la cultura yaqui.

Un día después de que estuvieron bailando pascolas y matachines se sacrificó la res que se

encontraba al lado de la ramada. El sacrificio se realizó con el despunte del alba a las 6:30 de la

mañana. Para destazar al animal se congregaron varios hombres al lado de las vírgenes. Saúl

comentó que una de las vírgenes visita las casas del pueblo durante doce noches. En cada casa se

le vela. Según el itinerario hipotético, la virgen regresó el 11 de diciembre al templo después de


265

haber pernoctado en diversas casas en donde fue recibida por cada fiestero jefe de familia.

12 de diciembre de 2000

Después del sacrificio de la res se realizaron todos los preparativos para la fiesta. Los pascolas

empezaron a bailar en punto de las seis de la tarde y así continuaron por intervalos durante la

noche. El tambor tocó el inicio del tiempo sagrado que convoca a la gente de la comunidad.

Después de la convocatoria del tambor, se le unieron los cohetes lanzados para anunciar el inicio

de la fiesta. Las autoridades junto con el tamborero hicieron dos hileras que iban y venían de unas

cruces ubicadas a 500 metros enfrente de la iglesia. A las doce de la noche los pascolas, los

venados, los fiesteros y la gente de la comunidad en general se unieron a estas filas. Los

matachines que ya se encontraban en la iglesia también formaron parte de la fila que llevaba la

virgen, hasta la ramada. El orden en la iglesia era: virgen, cantoras, pascolas y venados,

matachines y autoridades. Después de rezarle durante un espacio de 45 minutos, salieron todos en

procesión a la enramada.
266

Figura 15. Procesión

Fuente: Elaboración propia. Loma de Guamúchil, Sonora. Diciembre de 2000.

Al llegar al castillo se detuvieron y éste fue encendido desplegando la alegría festiva en cada

uno de sus destellos multicolores.85 El ir y venir del objeto encendido desde la iglesia hacia la

ramada señala la elocuente relación que guarda la religión yaqui con la iglesia católica. El

espectáculo de luces era maravilloso y la gente parecía gozarlo intensamente.

Una vez que colocaron a la virgen en su lugar habitual frente a la ramada, los matachines

comenzaron a bailar, sin embargo durante todo el trayecto también el venado y los pascolas

bailaron al ritmo de los músicos que los acompañaban. Así siguió la fiesta con pascolas,

85
Este espectáculo de fuegos artificiales se unió a las fiestas en las últimas décadas, antes no se

presentaba de esta manera.


267

matachines y venado durante toda la noche, siendo muy esporádicas sus presentaciones.

El día 12 de diciembre desperté temprano y me trasladé a la ramada a ver qué pasaba, pero no

había ningún pascola en ella. Al parecer los pascolas y matachines llevaron a la virgen de nuevo en

la iglesia en punto de las cuatro de la mañana. Aproveché para ver a los matachines en la iglesia;

ahí me encontré a Leno, que a pesar de su origen pascola, bailaba también con los matachines.

Después de que los danzantes tejieron su trenza al exterior del templo, siguieron bailando en el

interior. Posteriormente, todos se fuimos a desayunar deliciosas tortillas de harina y el cocido

tradicional y, al terminar, deambulé por el pueblo y grabé de manera aislada a algunos de los

músicos que a esa hora ya se encontraban dispersos al final de la fiesta.

Semana Santa en la región yaqui: Abril de 2013

A pesar de que ya había observado la Semana Santa en otras comunidades, no sólo yoremes sino

de otros pueblos del noroeste de México y algunas en otros países, quería hacer una comparación

entre diversos rituales llevados a cabo en otros poblados del territorio yaqui.

Desde hace casi treinta años he registrado y participado en los rituales de la Semana Santa en

la región yoreme. Originalmente estuve observando el ritual con los yoremes mayos de Sinaloa en

1987 y después con los yoremes yaquis. Dichos rituales, a pesar de que tienen elementos similares

que bien ameritan un escrito independiente, poseen aspectos muy diferentes. La primera vez que

vi una Semana Santa en el territorio yaqui fue en 1992. A partir de esa fecha he regresado de

manera intermitente hasta el año 2013. Además de Pótam, he presenciado el ritual en poblados

como Vícam, Huirivis, Loma de Guamúchil, Cócorit y Estación Vícam. A lo largo de estos años,

mis intereses han sido desde la organización festiva, los sonidos del bastón como sistema de

señales, hasta el sistema de creencias, la música, la danza y la reinterpretación bíblica.


268

Vícam, abril de 2003: Miércoles de Tinieblas

Si bien cada día de la Semana Santa posee una importancia particular, el Miércoles de Tinieblas

tiene una importancia crucial. Ese día presencié nuevamente el rito de las tinieblas entre los yaquis

de Vícam y de la Loma de Guamúchil. Fue casi tan impresionante como hace 12 años cuando lo

vi por primera vez. Al igual que en Pótam, en Vicam se disponen dos líneas de chapayecas en los

extremos de la iglesia y en medio los alpez y los rezanderos, quienes en conjunto alaban a la figura

del Santísimo.

Figura 16. Toques de tambor en los rituales de chapayecas

Fuente: Elaboración propia. Semana Santa. Sonora, abril de 2003.

Existe una particular coordinación entre la flauta que realiza intervalos que van desde la 5ª

justa a 1ª, o 7ª 1ª siempre descendente, acompañada con los respectivos toques de los chapayecas.

Como antes he descrito, los chapayecas interpretan el sonido de la flauta, o en algunos casos el

sonido del tambor, durante los rezos como una señal sagrada para sacudirse de las impurezas

impregnadas en su cuerpo, puesto que ellos pertenecen al mal. En cada ciclo se apagaban dos

velas hasta que quedó una sola. Cuando se apagaron las 12 velas, sonó la campana y de repente
269

comenzaron a entrar y a salir las filas de los chapayecas, al terminar éstos se hicieron azotar por

los cabos sin la máscara puesta.

En esta ocasión, llama la atención el cambio en los motivos de la máscara o sewa de los

chapayecas.86 En Pótam se veían máscaras de chinos, apaches o payasos, mientras que en Vícam

destaca una gran diversidad de motivos de las máscaras que participan, por ejemplo:

a) Las orejonas

b) Los yoris

c) El apache

d) El Gallo

e) Sadam Husein

f) Gorila

g) Cholo

h) Punk

i) Salinas de Gortari

86
Por su parte en Cócorit solamente se veían las clásicas de orejonas, payasos, negros y gitanos.

En el pueblo de Cócorit se veían numerosos alpez o moros vestidos con sombrero negro y capa

negra.
270

Figura 17. Espacio ritual en Cócorit

Fuente: Elaboración propia. Semana Santa. Cócorit, Sonora, abril de 2003.

Jueves: La corrida del viejito

El jueves también pude observar el ritual en varios pueblos yoremes. La corrida del viejito la

observé inicialmente en Cócorit, donde el viejito es perseguido por los cabos y los caballeros. En

este poblado, a pesar de ser principalmente yori de habitantes blancos o mestizos, también hay
271

yoremes y son éstos los que organizan la fiesta de Semana Santa ayudados, en algunos casos por

algunos yoris. El viejito, interpretado por un joven, hizo su recorrido representando a Jesús, tal

como se lleva a cabo en todos los poblados yaquis y algunos mayos también. Al poco tiempo me

trasladé a la Loma de Guamúchil en donde se desarrollaba la última cena. Al llegar me di cuenta

que los apóstoles eran representados por niños y se servían platillos de vegetales y dulces. Al igual

que en Pótam los caballeros hacen llegar la comida a los apóstoles habiéndola olido previamente

por los fiesteros que se purifican con su esencia, pasándola en forma de cruz sobre su cuerpo,

verificando también que se encuentre en buen estado.

Viernes de crucifixión

A pesar de ser uno de los principales pueblos yoremes, en el pueblo de Pótam también conviven

varios grupos de yoris mestizos. Algunos de los yaquis de este poblado también tienen raíces en

Huirivis, de donde también se trajeron algunos de sus santos. Por esta razón en la Semana Santa

del 92, apareció el grupo de los de poteños y el de los huiriveños. Sin embargo en Pótam, hay por

lo menos un tercer grupo de yoremes que vive en el barrio de Mérida, al noroeste del pueblo. Este

barrio fue fundado por los yaquis que fueron confinados a Yucatán los primeros años de la

revolución a principios del siglo XX. A los adeptos a la vida ritual de este barrio de Pótam,

algunos de los habitantes de Pótam les llaman los toribios, debido a que un señor llamado Toribio

fue el iniciador de la ritualidad en este barrio yaqui.

En la iglesia principal del barrio ya se tenía lista la guardia del Santísimo, que era una imagen

del niño Dios. Afuera de la iglesia la gente echaba monedas y la guardia era representada con dos

rifles, al igual que en algunos poblados mayos. Posteriormente los rifles fueron remplazados por

dos arcos.
272

Por otro lado, en Cócorit la guardia era representada, no con dos rifles sino con dos sogas que

pendían del cuello de la imagen de Cristo y eran los chapayecas los encargados para que éste no

se fugara.

Figura 18. Vigilancia del Cristo con sogas

Fuente: Elaboración propia. Semana Santa, Sonora. Abril de 2003.

Figura 19. Dos jesucristos y un Sagrado Corazón de Jesús


273

Fuente: Elaboración propia. Semana Santa, Sonora. Abril de 2003.

En Pótam, por su parte, las guardias se armaron en el transcurso de la tarde con la imagen de

los dos nazarenos y un Sagrado Corazón de Jesús, en donde se recogía el dinero.

En Cócorit el día viernes se hacen varias procesiones pero, como no pude quedarme hasta altas

horas de la noche, sólo pude observar dos contis alrededor de la iglesia saliendo del lado

izquierdo en sentido opuesto a las manecillas del reloj. Durante esta procesión se realizaron las

estaciones en donde los participantes hicieron una pausa con los nazarenos alrededor de las seis

de la tarde. Entre otros santos que participaron estaba San Juan Bautista. En punto de las tres de

la tarde Jesús muere e inmediatamente las cruces son tiradas al suelo, en un acto llamado “La

caída de las cruces”.

En una de las procesiones que se llevó a cabo en Cócorit, el recorrido se realizó en un circuito

partiendo en sentidos opuestos y encontrándose exactamente atrás del templo en donde salieron.

En este punto se encuentra Santa Isabel con su hijo San Juan el Bautista para anunciar la

resurrección de Jesús, cuyos bandos corriendo en sentidos opuestos. Acto seguido los chapayecas

levantaron cada cruz y empezaron a bailar alrededor de las doce de la noche, indicando que Jesús

había resucitado.

En Cócorit, al final del día y hasta la una de la mañana, se hace una representación burlesca de

la huida de Jesús; los chapayecas simulan emborracharse y hacen bromas sobre la imposibilidad

para que el Nazareno pueda fugarse de la guardia. Se cantan canciones mestizas, entre ellas “Las

Mañanitas” como señal del momento en que el Nazareno ha resucitado. Concluyen la noche

cantando canciones rancheras interpretadas con los acordes de la vihuela y el bajo sexto.
274

Pueblos yaquis

Mapa 1. Ubicación geográfica de los pueblos yaqui

Fuente: Elaborado por la Unidad de Servicios Estadísticos y Geomática (USEG) de El Colegio de

la Frontera Norte, Tijuana, 2015.


275

Pótam

Figura 20. Templo de Pótam

Fuente: Elaboración propia. Semana Santa, Pótam, 2000.


276

Figura 21. Vícam

Fuente: Elaboración propia.


277

Figura 22. Loma de Guamúchil

Fuente: Elaboración propia.

Sábado de Gloria

Este día en todos los pueblos yaquis se levanta la Gloria y se queman las máscaras de los

chapayecas, quienes poseyeron el mal durante toda la Cuaresma y Semana Santa. En algunas

comunidades como Pótam y la Loma de Guamúchil se lleva a cabo desde muy temprano y en

Cócorit se realiza un poco más tarde. Por la mañana se cantaron canciones rancheras y de

mariachi anunciando la llegada de la Gloria.

La campana anunció que los chapayecas debían correr junto con sus madrinas y dejar sus

máscaras para posteriormente quemarlas junto al Judas, con el estruendo de los cohetes que
278

avisaban la llegada de la Gloria. Una parte de las máscaras se guardaron para quemarlas el

domingo. A las 11 de la mañana entra la Gloria y se da por terminada la Cuaresma con la quema

de las máscaras.

En Cócorit todos los grupos se trasladaron a la iglesia, siendo ésta la única vez que se les

permitió la entrada al venado y al pascola. Una vez que estaban todos los participantes en el

templo, se trasladaron rumbo a la ramada en donde se bailó venado y pascola, mientras que los

matachines permanecieron bailando en la iglesia cristiana. Eran aproximadamente las 11 de la

noche cuando salió el conti.

Como es la costumbre, los pascolas y el venado bailan por intervalos durante toda la noche. En

la noche del sábado estuve viendo el ritual en la Loma de Guamúchil y en Cócorit. Tal como

sucede en las comunidades yoremes mayos, la presencia masiva de mestizos hizo que las

actividades de los puestos comerciales sobresalieran acústicamente por encima de los decibeles de

la sonoridad ritual yoreme. A un lado de la ramada se escuchaba con gran estruendo al vendedor

de cobijas cuando gritaba ayudado con la amplificación del micrófono: “¡... y se va llevar una, dos,

tres cobijas, échale otra y otra más, y por si fuera poco, otra más por la cantidad de 500 pesos!”.

Al interior de la iglesia la sonoridad de los matachines apenas era escuchada por los danzantes

y el único sonido que se percibía del exterior eran los ayales o bules que resonaban dentro de la

iglesia.

Ya muy muy avanzada la noche, una vez que los puestos comerciales cerraron el micrófono,

me acerqué a las cantoras que velaban al Nazareno para pedir permiso de realizar unas

grabaciones. Aunque iba resignado a que me lo negaran, me sorprendió que se me permitiera

realizar este registro. Me instalé en la ramada y de tiempo en tiempo, con pausas de 30 o 40


279

minutos, las cantoras interpretaron sus plañideras interpretaciones de cantos rezos y alabanzas.

Fin de la fiesta en Pótam: Domingo 20 de abril de 2003

Este día me levanté muy temprano para ir a Pótam y ver la conclusión del ritual de Semana Santa.

Antes de tomar la carretera, pasamos a Loma de Guamúchil, pero en este lugar no había mayor

actividad. Continuamos hasta Huirivis, en donde ya estaban las madrinas con los angelitos para

cumplir su promesa. Algunos llevaban cabello para ofrecer a los nazarenos, otros solamente iban

vestidos de blanco con vistas doradas, otro más, traían las alas de los ángeles; todos iban

acompañados de sus padrinos. Al parecer esta “Gloria chiquita”, como le llama la gente, se

diferencia de la Gloria de los chapayecas en que se realiza en los otros poblados yaquis

inmediatamente después del Sábado de Gloria. Sin embargo en Pótam se lleva a cabo el Domingo

de Resurrección. Los niños, igual que los chapayecas, se forman y finalmente salen corriendo con

los padrinos para poder persignarse como angelitos. Además de persignar a estos niños con

atuendo de angelitos, en este día se persignan también algunos chapayecas ya convertidos junto

con algunos cabos, quienes en grupo dan las gracias por haber tenido un año más de vida por y

tener la oportunidad de participar el año próximo.

En Pótam, al final de la Semana Santa, se acostumbra trasladar a una de las vírgenes, junto con

su séquito, a una casa particular en donde se les ofrece comida y bebida. En este convivio ritual de

conclusión participaron los exchapayecas ahora bautizados, así como los invitados foráneos. En

esta casa es donde normalmente se sigue la fiesta, la cual puede durar a hasta varios días.

Después de participar en las actividades finales del ritual, uno de los músicos que tocaba para

la virgen, pidió a los otros músicos, de manera muy personal, el favor de ir a tocar a la tumba de

su madre recién fallecida. Los músicos y yo, sin pensarlo dos veces, nos trasladamos a la parte
280

trasera del templo que forma parte del cementerio yaqui. Uno de los yoremes me dijo que grabara

todas las canciones que quisiera y así lo hice.

Ya eran casi las tres de la tarde cuando fuimos a tocar al panteón. Con lágrimas en los ojos, el

deudo cantaba junto con los músicos, quienes, ya entrados en calor, entonaron varias canciones

muy vinculadas con el dolor y la pérdida de un ser querido. En esa ocasión me indicaron que me

sumara a cantar con ellos y no tuve ningún problema en hacerlo. El clima empezaba a nublarse y

entre los acordes de la vihuela, la guitarra, las notas del guitarrón y el acordeón, sorpresivamente

cayeron unas gotas de lluvia. Entre un canto y otro aproveché para dejar discretamente el lugar y

terminar así mi participación en el evento. Como epílogo de esta estancia, escuché a lo lejos la

repetición de los últimos versos que resonaban entre las tumbas del escenario ritual ahora

completamente desolado: “Si vas al campo donde los muertos reposan ya, / busca mi tumba y ahí

solita la encontrarás. / Llévale flores muchas gardenias y un rosal, que sean gardenias y no me

olvides y nada más.87

87
Canción Cuando dos almas se quieren, música y letra de Fructuoso Gándara Reyes.
281

LA CEREMONIA DEL VENADO BURA ENTRE LOS TOHONO O’ODHAM DE

ARIZONA

Atravesando el desierto de norte a sur

14 de agosto de 1999

Una mañana de verano tomé mi automóvil y bajé hasta el desierto de Sonora. Era la primera

ocasión que tomaba en auto este camino y, a pesar de haber transitado varias veces de noche en

autobús sobre la carretera panamericana que comunica Baja California con en el estado de

Sonora, no dejaba de sentir una ligera aprehensión frente al desierto y mis habilidades de manejo

que había suspendido durante seis años cuando viví fuera del país. Bajé la monumental Rumorosa

de manera abrupta para enfrentar directamente el árido territorio del desierto al entrar a Mexicali.

Más tarde alcancé San Luis Río Colorado sobre una carretera que, por su mal estado, me tomó el

doble de tiempo utilizado normalmente para recorrer estos pocos kilómetros que la separan de

Mexicali.

Al salir de San Luis Río Colorado, las cactáceas y algunos matorrales eran los pilares de una

vista que, pese a tener en apariencia poca vida, le daba un toque de majestuosidad al paisaje.

Quizá lo más impresionante de ver fueron las montañas de la sierra del Pinacate completamente

secas y sin flora aparente que las habitara. Por este desierto pasaron los ancestros y transitan

todavía los seris y los pápagos o tohono o’odham, con quienes me reuniría más tarde en un

poblado de Arizona.

Me enfrenté directamente con el desierto, vi toda su inmensidad y su aparente falta de vida,


282

producto del calor sofocante que envuelve toda la región. Finalmente llegué a la ciudad de

Sonoyta, en donde me había citado con Alejandro para acompañarlo a la reservación.

En Sonoyta, donde viven unas 15 mil personas, se asienta una colonia habitada por algunos

miembros del grupo tohono o’odham. Hay una pequeña capilla que levantaron en honor a San

Francisco quien, como sabemos, es el representante de la misión franciscana que entrara en esta

región a finales del siglo XVII después de la salida de los jesuitas. Uno de los principales

evangelizadores de la región fue el padre Francisco Eusebio Kino, mejor conocido como “El

padre Kino”. Este sacerdote jesuita fundó las principales misiones del norte de Sonora y del sur de

Arizona. Sin embargo, los franciscanos lo retomaron como a San Francisco y lo convirtieron a su

orden religiosa sobre todo por haberse asimilado a la representación de otra deidad pápago más

antigua i’toy o el hermano mayor (Cf Galinier, Bahr y Bahr, 1991).

Después de conocer la capilla, pregunte a un señor sobre la fiesta tradicional de los pápagos

conocida comúnmente como el Víkita, pero me dijo que ya había pasado. Un maestro que conocí

en Sonoyta me trasladó amablemente a un sitio que tiene restos de horadaciones donde

antiguamente se molía la semilla del mezquite y otras simientes como parte de la dieta que

alimentaba a los indígenas. Según nuestro informante, esta semilla era empleada para hacer atole y

otras bebidas. El sitio se encuentra rumbo al sureste de Sonoyta, a unos tres kilómetros.

Poco tiempo después, nos dirigimos al otro lado de la comunidad, en donde se construía una

capilla para otro jesuita que llegó a esta región, después de que el padre Kino estuviera

evangelizando estas tierras; su apellido era Rohen y, de acuerdo con datos de una placa de

cemento encontrada en un montículo, era nacido en Alemania. La capilla, según me informaron,

era realizada con ayuda de una fundación alemana, sin embargo, la gente en Sonoyta a la que le
283

enviaron el presupuesto lo había empleado en otros gastos y no la terminaron de construir. A la

salida de la ciudad, en el lado suroeste, se encuentra un panteón antiguo de los pápagos ubicado

en lo alto de una Loma, de la misma manera que en otros grupos indígenas.

Como tenía toda la tarde libre, decidí visitar a Quitovac. Cuando llegué me informaron que

hacía tiempo una misión arqueológica francesa encontró unos huesos de mamut. Al parecer los

huesos fueron asociados con uno de los seres míticos creadores de la cultura tohono o’odham,

por lo que en ese momento el mito de creación tomó otra dirección. Hubo polémica al decidir si

los vestigios debían guardarse lejos en un museo o quedarse en el territorio originario dada su

posible sacralidad; al poco tiempo éstos fueron llevados a un museo de antropología y más tarde

devueltos al lugar original.88

El paso de la frontera

Pasé la noche en un hotel casi en la entrada de Sonoyta que, a pesar de su ubicación, fue como un

oasis en el desierto donde sacié mi sed de reposo. Al otro día esperé a Alejandro muy cerca de la

garita. Ya me había prevenido que tardaría un poco más de lo acordado debido a que no había

conseguido traer su auto y que vendría en el carro de su padre quien, junto con Maximiliano, nos

acompañaría en nuestro recorrido.

Al intentar pasar la frontera, los oficiales encargados de revisar los documentos me hicieron

gran cantidad de preguntas sobre mi trabajo y sobre mi intención de internarme en el desierto;

finalmente sólo me pidieron unos estados de cuenta del banco. Tal como lo había pensado, por

88
De acuerdo con los informantes, las personas que descubrieron dichos huesos son Óscar

Velasco y Rafael García.


284

más que me esforcé en explicar que iba a ver un maravilloso ritual de los indígenas tohono

o’odham, a ellos y a su docta educación les importó muy poco. Si no mostraba solvencia

económica, por medio de un documento que justificara mi trabajo asalariado, no podría pasar a

Estados Unidos a pesar de que contaba con una visa que dieron en los años noventa y que

garantizaba a su portador múltiples entradas.

Nada valió. Tuve que pedir que me enviaran por fax una copia del banco. Una hora después el

anhelado fax llegó. Mis compañeros vieron frustradas sus intenciones de continuar avanzando sin

mi presencia y dejar que esperar en la garita la llegada del documento. Una vez que mostré mis

magros pero constantes ingresos, me dieron un permiso para internarme en el desierto de Arizona.

Manejamos durante una o dos horas pasando varias intersecciones que hacían aún más confuso

el camino que nos llevaría a una de las reservaciones tohono o’odham.

El preámbulo ceremonial

Los tohono o’odham89, mejor conocidos como pápagos, al igual que otros pueblos nativos

ubicados actualmente en la frontera entre México y Estados Unidos, vieron dividido su territorio

con el establecimiento de la frontera internacional a partir de la firma del tratado de Gadsden en

1854.90 Desde entonces, la frontera ha tenido transformaciones culturales importantes para los

indígenas que habitan el territorio de los estados de Sonora, México, y Arizona, E. U. El régimen

político en Estados Unidos confinó a los indígenas en la llamada Reservación de la Nación

89
Significa “gente del desierto”.
90
México perdió más de la mitad de su territorio y en la última negociación vendió La Mesilla, que

poseía uno de los cauces de agua más importantes en la región.


285

Tohono O’odham que rige su modo de vida y cuyo territorio se ha reducido a un espacio

determinado. Mientras que veinte mil indígenas viven en Estados Unidos, unos quinientos

individuos viven del lado mexicano.

A partir de la separación, en México los tohono O’odham vieron restringido su territorio con

el reparto agrario y una buena parte de la población se ha visto en la necesidad de migrar a E. U. 91

Cuando llegamos al espacio ritual, ya había mucha gente frente a tres bultos de carne que

pendían de unos postes. La ceremonia del venado bura se llevó a cabo del 12 al 14 de agosto en la

reservación tohono O’odham en el estado de Arizona. Esta ceremonia se celebró en diversos

poblados pero a nosotros nos tocó presenciarla en una ranchería que se encuentra a unos metros

de la presa de la angostura.92 La reservación se ubica en la parte desértica de Arizona, a 60 millas

de la ciudad mexicana de Sonoyta, al norte de Sonora.

En esta comunidad, la gente habla la lengua pápago, pero también en inglés; el español es

considerado como una lengua que sólo se habla entre los viejos, ya que como muchos grupos

fronterizos, los más viejos, son los que habitaron algún tiempo en México y conocen la lengua

91
La población tohono o’odham se encontraba asentada originalmente en las riberas de los ríos

Magdalena, Altar, Concepción y Sonoyta en el actual Sonora, mientras que en E. U., se situaba en

los ríos Santa Cruz, Santa Rosa, San Pedro y Gila, en el actual Arizona.
92
El conjunto era compuesto por los Hia’ced O’odham, “gente de la arena” o “areneros”, quienes

habitan en la sierra del Pinacate y en el desierto de Yuma. También existen los Akimel O’odham o

la “gente del río”, nombrados también “pimas gileños”; éstos viven en los bordes del Gila, en las

reservas cerca de Phoenix, Arizona.


286

española, no así las nuevas generaciones. Aunque hay gente que habla español, la lengua que salta

al oído es el inglés. Los tohono O’odham, aun sabiendo poco español, se sienten mejor cuando

hablan en inglés.

Como todas las fiestas indígenas, el preludio ceremonial da inicio varios días antes del evento

culminante. El jueves 12 del mismo mes, varios hombres salen al monte a la caza del venado bura

(Odoqueilus hemionus). Este venado, a diferencia del venado de cola blanca (Odocoileus

virginianus), tiene la característica de tener cuernos de tamaño menor al virginianus. La ceremonia

de la caza del venado se remonta al pasado como parte de múltiples pruebas de supervivencia que

debían realizar los iniciados para demostrar su resistencia física al interior de su cultura. Entre las

experiencias que debían realizar antiguamente los iniciados, estaba ir por la sal hasta la costa de

sonora o de Baja California, a más de trescientos kilómetros, y desde luego cazar al venado bura.

El día 14 llegamos a la comunidad alrededor de las seis de la tarde y, a pesar de que estábamos

a la mitad del verano, el viento y la tarde se entrelazaban para darnos la bienvenida a la comunidad

con un clima placentero. A esta hora ya se encontraba la gente terminando los preparativos del

ritual. Los hombres habían cazado un jabalí y dos venados, uno era adulto y el otro más pequeño,

los desollaron y colgaron las pieles en un árbol situado junto a la enramada principal. Al lado de

las pieles se encontraban las patas de los venados sacrificados junto con las patas secas de otros

animales que habían formado parte de rituales realizados anteriormente.

La disposición genérica del espacio se presentó de la misma manera que en otros grupos

indígenas: las mujeres por un lado y los hombres por el otro. En la parte central, dentro de la

enramada, se encontraban los viejos y las autoridades del grupo. Bajo la sombra de la ramada los

hombres partieron la carne del venado que fue cazado la noche anterior. Del lado sur, a unos
287

treinta metros se ubicaban las señoras y algunos jóvenes quienes cuidaban el fogón en el que horas

después cocerían la carne de los dos venados y del jabalí. La carne fue cocida entre las siete y las

ocho de la noche. Posteriormente, ésta se cortó en pequeños pedazos y se colocó en cuatro

grandes bolsas que descansaban en el lado oriente de la enramada. Dichas bolsas pendían de un

tronco colocado en el centro del espacio ritual; aquí reposaron durante toda la noche para ser

veneradas con cantos y danzas hasta la mañana del día siguiente cuando fueron repartidas por los

organizadores de la ceremonia.

El espacio ceremonial tiene diversas delimitaciones sagradas. Éste se compone por un espacio

cuadrado de 60 metros por lado, aproximadamente, donde se ubicaba la enramada y, frente a ésta,

había un área cuadrada más grande; al norte se ubicaba un semicírculo que era a donde se dirigían

las personas que danzarían y cantarían durante toda la noche. A diferencia de otras comunidades

indígenas, como las cahítas, en este espacio no se encuentra ninguna cruz o símbolo cristiano

evidente.

Según Alejandro, quien lleva visitando esta comunidad desde hace varios años, la danza

comenzaría al caer el sol, pero ésta inició más tarde, alrededor de las nueve de la noche.

Antes de comenzar el ritual, aprovechamos para conocer los alrededores y un amigo pápago

nos acompañó. Tomamos el carro nuevamente y nos dirigimos a una pequeña presa. Ahí

hablamos del cronograma hipotético del ritual y se comentó que nuestra participación sería

importante puesto que no había jóvenes para llevar a cabo la danza. Para ese entonces, el sol ya

había bajado casi por completo y el fresco de la noche se apoderaba de todo el monte. Justo a esa

hora se apreciaban perfectamente los olores del monte y de la tierra. En la plática también se dijo

que las historias o mitos de la creación no debían ser contados en verano, ya que en invierno es el
288

período cuando se cuentan ciertas historias de origen, y que, en caso de infringir esta norma, el

castigo sería el maltrato de algún animal ponzoñoso del monte. Cuando regresamos al espacio

ritual alcanzamos a ver una especie de monstruo de Gila y más adelante una serpiente de varios

colores se atravesó en mi camino.

El pregonero

Mis compañeros y yo regresamos al espacio ritual y nos enteramos nuevamente de los tiempos de

la ceremonia. La danza y la organización del ritual propiamente dicho, comenzaron con los gritos

de un personaje que convocaba a la colectividad a participar. Esta suerte de pregonero es, al

mismo tiempo, quien organiza la danza y los cantos así como los tiempos de participación.

Alrededor de las nueve de la noche nos acercamos a la enramada después de oír sus llamados.

Enfrente de la enramada había una fila de mujeres que estaban listas para la danza; hasta ese

entonces, ningún hombre se había incorporado a ésta. Al ver la falta de hombres, nos invitaron a

participar en la danza. Esta parte es muy importante pues representa los primeros movimientos de

creación, siempre en dirección al norte. Se nos indicó caminar rumbo al extremo norte del

cuadrado, pisando la línea que había sido marcada previamente en el espacio ritual.

El recorrido al semicírculo y el orden por géneros

Al llegar al semicírculo, nos colocamos detrás de las mujeres y posteriormente nos enfilamos

alternadamente hombre y mujer; en la fila nunca hubo dos personas del mismo género juntas.

Todos nos agarramos de las manos. En el orden de la fila, después de la mujer que estaba a mi

izquierda, se ubicaba Alejandro, quien como yo, tomaba la mano de otra mujer a su izquierda, y

después de ella, estaba nuestro compañero Max. Regresamos tomados de las manos para

ubicarnos enfrente de la enramada. En este lugar nos dieron unas varas que son fundamentales en
289

los movimientos de la danza durante toda la noche.

Las varas

Las varas que se nos otorgaron son un instrumento propio de los hombres y se utilizan para llamar

a la lluvia, sin embargo, inicialmente creímos que representaban flechas o lanzas de los cazadores.

Las varas participan directamente en relación con los tiempos sonoros y musicales, con ellas se

marca el ritmo del ritual. Una vez que todos estábamos formados, las varas entraron al mismo

tiempo que el cantador quien, a nuestras espaldas, comenzó a tocar uno de los cuatro raspadores

que estaban colocados enfrente del cantador en un movimiento que se dirige del hombro izquierdo

hacia la “corita”.93 El raspador se ejecuta con un hueso, al estilo de las antiguas danzas ópatas.

El cantador dice la primera frase musical y después hace una variación de ésta y regresa al

tema original. En ese momento los danzantes sostenemos la vara con una mano y debemos

moverla hacia adelante y hacia atrás, al tiempo que el intérprete canta sus frases y variaciones.

Dicho preludio se repite por espacio de un par de minutos. Inmediatamente después de terminar

esta introducción, que a su vez sirve como guía del canto a interpretar, entra toda la gente junto

con los músicos a repetirlo. Las voces se reparten en las tesituras de los participantes, quedando

en general dos voces con una distancia de una quinta justa y, en algunas ocasiones, una sexta

invertida. Por nuestra parte, al momento de “bailar”, nos movíamos únicamente flexionando las

pantorrillas ligeramente al ritmo del raspador. En este momento colocamos la vara en diagonal: un

93
La corita es un cesto con tejido muy cerrado que es utilizado como caja de resonancia al

volearla boca abajo, de la misma manera que los yoremes yaquis y mayos ponen la hueja invertida

para los cantos de venado.


290

extremo tocando el hombro derecho y el otro extremo a la parte izquierda de la cintura. El cantor

realiza la introducción y posteriormente entramos los demás participantes a responder con

movimientos y sonidos, y así consecutivamente.

Los cantos

En lo negro de la noche los movimientos corporales eran una prolongación de los movimientos

sonoros. Cuando el cantor iniciaba su melodía, era el aviso para que los hombres danzantes

subieran la vara estirando los brazos, quedando ésta perpendicular a su cuerpo, y la movieran de

abajo hacia arriba. En esta primera parte, conforme el cantante acentuaba la frase musical, las

varas debían moverse de manera más enérgica. Posteriormente, al iniciar el canto en conjunto, los

movimientos de semiflexión por parte de los hombres con la vara ahora vertical, dirigida en este

momento del hombro derecho hacia la pierna izquierda, permanecía inmóvil. Sin embargo, la

flexión de las piernas daba la impresión energética de un constante caminar y empuje espacial.

Los tiempos sonoros se reducen a dos minutos de introducción, previo al canto por parte del

cantor principal; 30 minutos de canto y danza en conjunto. Este esquema se repite en tres o

cuatro ocasiones. Cada ciclo inicial posee un período de 74 tiempos aproximadamente

repitiéndose ad libitum por parte del que dirige el canto. En otras palabras, en ocasiones se cantan

hasta tres o cuatro canciones que se repiten entre sí, dando en general un ciclo de 30 o 40

minutos.

Durante la intervención y con el paso de la noche, el dolor muscular se resiente particularmente

en las piernas; sin embargo, cuando uno se concentra en el canto y en los movimientos, el dolor

pasa a segundo plano.

Después de pasar el primer ciclo, alrededor de las 10 de la noche, nos retiramos una media
291

hora para descansar. Durante este lapso nos preguntamos si podíamos grabar algunos cantos,

finalmente decidimos no hacerlo por respeto a este primer encuentro.

Al término de la media hora, el pregonero hizo un llamado nuevamente para integrarnos al

grupo y continuar con un ciclo similar al que realizamos antes, pero en esta ocasión con nuevas

canciones. Cada vez que había un descanso, el viejo pregonero nos convocaba con un tono de voz

que parecía animarnos a seguir participando, pero también como dudando si regresaríamos.

Según la versión de uno de los cantores principales, existen canciones que narran las hazañas

de diversos animales, como el águila. También señaló que existen cantos que escenifican la muerte

del animal.94 Tal como sucede en la cultura yuto-nahuatl, en la de los tohono o´odham, los cantos

también representan los últimos momentos de vida del animal. Esto nos revela que en un pasado

remoto, sin lugar a dudas el venado tenía una presencia preponderante tanto en su modo de vida

indígena, como en su sistema de creencias.

El amanecer

El esquema de los ciclos se repite hasta las seis de la mañana. A esa hora la coreografía tiene un

cambio sustancial como parte culminante del evento. Al amanecer, iniciamos la danza tomados

todos de las manos y dando vueltas alrededor de las “bolsas de carne”, viendo hacia el exterior del

círculo. En este momento, se fue uniendo más gente al evento; de las diez personas que inciamos

la danza, se sumaron otras hasta ser treinta las que formábamos el círculo ritual. El círculo se

94
Esto me hizo recordar los cantos de venado de los yoremes yaquis y mayos en donde el animal,

que puede ser un colibrí, un pájaro u otro ser sagrado, se apodera del cantor para personificarse y

poder comunicarse con el venado.


292

movía en un sentido y en otro. Primero de poniente a oriente y después en sentido contrario.

Según unos de los cantadores, este ir y venir son los movimientos de las olas del mar. Después de

tres vueltas de vaivén, todos los que estábamos en la fila nos dirigimos con las altas autoridades

para darles los buenos días después de haber cumplido durante toda la noche con la danza. Acto

seguido, los organizadores sacaron la carne ya cocida de las bolsas que se encontraban al centro

de la escena ritual y dos personas se encargaron de repartir los pedazos de carne entre los

asistentes. Cabe agregar que no todos velaron, sino que algunos permanecieron en sus camionetas

siempre alrededor de la escena ritual. Sin embargo, esto no representaba ningún impedimento para

poder gozar de la carne de venado y jabalí que, para ese entonces, ya había reposado casi doce

horas, el mismo tiempo que dedicamos a danzar y cantar.

Por danzar durante toda la noche, tuvimos el privilegio comer hasta quedar satisfechos. Pocas

veces en mi vida he comido una carne tan deliciosa. Nunca lo puede entender; la carne casi se

terminó y todos nos deleitamos con las viandas que, más que alimento para el cuerpo, estaba

convencido de que era para el espíritu y lo que comíamos era más un acto de comunión y

solidaridad que una comida festiva. No había tortillas, salsa o algo más que acompañara. Uno se

comía la carne directamente así como se la pasaban.

Haber estado en este ritual me dejó una sensación muy particular. Considerando que estos

eventos son extraordinarios, no sólo en la cultura que observo sino en mi oficio etnográfico, el

deseo irrefrenable que me surgía era compartir la experiencia, lo cual hago al compartir estas

líneas. Sin embargo, la experiencia narrada por el etnógrafo llega a un punto donde, por más

placentera que ésta sea, nunca será lo mismo que vivirla con la alteridad, ver los fenómenos con

los propios ojos, y exponerse a ese sinnúmero de sensaciones. Si bien el etnógrafo representa,
293

entre otras cosas, a la cultura ajena, éste muestra otras formas de vida,a su propia cultura, con el

fin de que la gente sepa que existen y que éstas no le envidian nada a la cultura occidental.

Siempre existirá un límite a la representación de la cultura externa.

Terminado el ritual, una compañera de la comunidad, amiga de Alejandro, nos invitó

amablemente a su casa. Pensé que sería solamente un momento para comentar los últimos eventos

del ritual, pero cuando nos sentarnos a la mesa comenzaron a circular una variada cantidad de

platos de lo que es un verdadero breakfast. Sin misericordia alguna empezaron a servirnos café,

hotcakes, tocino y una tremenda ración de huevos. Con esto me di cuenta que ésta era la comida

ritual y no el desayuno.

Terminando el desayuno me despedí de la gente y de mis amigos, quienes se quedaron todavía

deleitando otros manjares que hacen de los tohono o’odham, unos verdaderos luchadores de

sumo. Salí de una casa que parecía más un tráiler park y me dirigía a mi auto para emprender el

camino de regreso. Tenía todo lo requerido: mi cámara, mi grabadora y además carne de venado

que me habían ofrecido para llevar a mi casa, como distinción por haber participado activamente

en el ritual.

Avancé unos metros por terracería y salí a una carretera secundaria. No pensaba en nada, el

cansancio y el calor casi me vencían manejando. Después de avanzar casi 40 millas, el sol

comenzaba a intensificar el calor De repente vi por el retrovisor una patrulla detrás de mí. No le di

mayor importancia hasta que tocó la sirena y entonces me orillé en la carretera. Sin saber cuáles

son los usos y costumbres de estas tierras, me bajé de mi auto para ver qué sucedía. Ante mis

movimientos, el oficial de policía llevó su mano a la pistola y entonces me quedé quieto en el

lugar en donde estaba. Primero me interrogó en inglés pero, al ver mi torpeza en la expresión,
294

empezó a hablarme en español. Me preguntó que de dónde venía y hacia dónde iba. En ese

momento, ignoraba que las placas mexicanas de mi pequeño carro, por estar en plena zona de

intenso tránsito de migración clandestina, debieron haber provocado todo tipo de sospechas.

Respondí que acababa de estar en un ritual con los tohono o’odham, en una pequeña

reservación que se encontraba a unas 30 millas al sur de ese punto sobre la carretera donde nos

encontrábamos. Para animarlo a creerme, le confesé que había danzado toda la noche, que al final

del ritual habían repartido carne de venado y que lo que buscaba en este momento era un lugar

para descansar. El oficial cambió completamente su actitud al hablarme con voz fuerte acento

norteño y, sin dejar de ser formal, me dijo que la carne era muy sabrosa y cualquier otra cosa con

el fin de hacer un poco de conversación. También me dijo que en Estados Unidos, cuando una

patrulla le indica a un auto que se detenga, el conductor debe permanecer al interior hasta la

llegada del oficial. En ese instante comprendí mi falta y el exabrupto del policía. Dijo que

continuara mi camino con cuidado y me indicó cómo regresar. Sin comentar nada más continué

me fui hacia Lukeville, un poblado que se ubica en la frontera con Sonoyta.


295

CEREMONIA NUPCIAL EN UN PUEBLO NAVAJO DE NUEVO MEXICO

En camino para Gallup

Un día primero de junio del año 2001, Alonso y yo salimos rumbo a Tocito, un pueblo navajo

enclavado en la esquina noroeste del agreste territorio de Nuevo México. El objetivo era

participar en la boda de mi primo Dave que vivía en Estados Unidos y que iba a tomar como

esposa a una mujer del pueblo navajo.

Salimos muy temprano de la ciudad de Tijuana para avanzar la mayor distancia posible, llegar a

Nuevo México con luz de día y ubicar más fácilmente el lugar en donde se llevaría a cabo la

celebración.

A pesar de que la línea para cruzar la frontera entre Tijuana y Estados Unidos está siempre

muy cargada, con una espera promedio de hasta 2 horas en la mañana, atravesamos más rápido de

lo que pensábamos pues llegamos a las a las 5:00 de la mañana y a las 5: 30 ya estábamos en la

carretera cruzando la montaña que separa las altas tierras de California con el desierto de Arizona.

En la Route 66

Después de avanzar algunas horas por el desierto, vimos pasar un grupo de migrantes que

atravesaba la carretera 8 que comunica a la ciudad de San Diego con Caléxico. A pesar de que

tuvimos el impulso de ayudarlos, desistimos de nuestro intento debido al paso veloz con el que se

internaron en el monte. Seguimos durante un tiempo cruzando el desierto, hasta que subimos por

una carretera secundaria y llegamos a la ciudad de Phoenix. Después de haber cruzado la ciudad

de Flagstaff, el calor empezó a descender paulatinamente y, conforme subíamos una cadena de


296

montañas, soplaba un viento fresco con otro tipo de vegetación. De repente, entre los pinos

apareció un paisaje color rojo tezontle, producto de la lava volcánica del lugar. Ya en la ruta 66,

los espectaculares anunciaban desde una aventura exótica con pueblos del viejo oeste hasta las

atracciones de un parque con dinosaurios; ninguno de estos motivos fue tan fuerte como para

abandonar nuestro destino a Nuevo México.

Llegamos a Gallup alrededor de las 6 de la tarde, pero consideramos que era muy temprano

para descansar. Entonces decidimos ir en busca de la cantina del lugar, a donde acostumbran ir los

oriundos de estas tierras. Entramos a un lugar que bien podía ser cualquier cantina de México,

con la salvedad de que el espacio era muy grande y la gran mayoría de los asiduos estaban

completamente ebrios. Como buenos antropólogos, Alonso y yo encontramos una mesa y

pedimos una cerveza para ir estableciéndonos en el lugar, siempre con el objetivo de conocer a la

gente de la ciudad. Inmediatamente se nos acercó un lugareño que destilaba alcohol por todas

partes. En un inglés incomprensible nos preguntaba que de dónde veníamos, con dificultad supo

que de México, y que mi nacionalidad no era la misma que la de Alonso. Esto lo confundió

todavía más. El hombre preguntó nuevamente por qué habíamos ido a ese lugar y tuvimos que

explicar que nos dirigíamos a una boda en un pueblo ubicado al norte de Gallup, llamado Tocito.

El hombre reaccionó como si conociera perfectamente el poblado, lo cual nos inspiró para

plantear otras preguntas de tipo lingüístico. Como vimos que la cantina era visitada

principalmente por indígenas del lugar, ya entrados en confianza, preguntamos cómo se decía

“hola” y “buenos días” en lengua navajo. A pesar de que dijo algunas palabras ininteligibles,

anotábamos con precisión fonética cada uno de los sonidos. También le preguntamos cómo decir

“felicidades”. El hombre, con los ojos rojos hinchados de alcohol, balbuceaba algunos sonidos que
297

anotábamos sistemáticamente en nuestras libretas. De repente cayó una botella de cerveza al suelo

rompiéndose en mil pedazos. Este incidente hizo reaccionar a otros indígenas, quienes se

levantaron de sus sillas y se aproximaron a la plática, pensé que lo hacían con la pretensión de

limar alguna aspereza por el incidente o simplemente para conocer a los fuereños. En menos de 40

minutos ya teníamos entre 3 o 4 personas a nuestro alrededor tratando de comunicarse con

nosotros. Pedimos otra cerveza y una más para nuestro amigo, y después de contar sobre nuestro

origen y objetivos, terminamos el día contentos de haber podido registrar de manera exitosa

algunas palabras que nos permitirían comunicarnos con los navajo y por tener la oportunidad de

agradecer la cortesía de habernos invitado a tan especial evento.

Día de la boda

Al día siguiente nos despertamos muy temprano y nos dirigimos a Tocito. Recorrimos una

carretera completamente plana con algunas pendientes en tierra y en piedra que parecían haber

sido construidas a propósito para nuestro viaje. Embelesados con el paisaje, nos olvidamos de

nuestro objetivo. Posteriormente nos detuvimos y entramos por caminos de terracería donde

íbamos preguntando por la boda –the weeding, decía mi compañero–. La gente nos miraba

extrañada al vernos pasar frente a sus casas. En ese momento vimos un par de autos con placas de

California que transitaban por uno de los caminos y decidimos seguirlos. Sin embargo, en el

momento de alcanzarlos, éstos retrocedieron e iniciaron el camino de regreso. Al pasar en sentido

contrario, pude ver que era toda una comitiva familiar que andaba tan perdida como nosotros,

tratando de encontrar el lugar en donde se llevaría a cabo la boda. Al seguir los autos constatamos

que se dirigían a un lugar que después nos enteramos era la casa de la novia. Una vez que

llegamos, nos bajamos del auto y saludamos a la familia, a los novios y a la familia de la novia.
298

En el momento en que nos presentaron a la familia navajo, no esperamos ni un segundo para

poner en práctica nuestro vocabulario aprendido el día anterior. Sin embargo, esto no provocó

nada en nuestros interlocutores. A la tercera ocasión que dijimos “hola, buenos días” –según

nosotros en navajo–, una de las mujeres nos preguntó sobre el tipo de lengua que hablábamos.

Inmediatamente respondimos que se trataban de palabras en navajo que nos habían dicho unas

personas en Gallup, y con las cuales pretendíamos comunicarnos brevemente con la familia

indígena. Apenada, nos confesó que esas palabras en realidad eran en lengua hopi y nadie entendía

lo que nosotros estábamos diciendo. Sin tener otra salida que reconocer nuestro error,

recordamos a nuestros ebrios amigos de la cantina, que con toda la buena intención repetían estas

palabras, pero nunca nos dijeron que se trataba de la lengua hopi y no navajo. Al vernos

ridiculizados no pudimos contener la carcajada, y nos dimos cuenta que nos habían tomado el pelo

los hombres de la cantina.

Pasado este mal trago, vimos que los novios ya se habían cambiado de ropa. Ahora lucían

elegantes trajes blancos con arreglos y grecas indígenas en color rojo y turquesa, al estilo de esas

tierras. Además de los bellos atuendos, también usaban collares en oro y turquesa que realzaban

su presencia como foco principal de este ritual. La novia portaba, al igual que su madre y su

padre, collares de turquesa; los brazaletes sólo eran usados por la novia y su madre. Sin embargo,

a diferencia de los collares del novio y de los usados por el padre María, la novia, llevaba un tipo

de pectorales redondos adornados con turquesas, sobre el que descansaban los collares, así como

largos aretes que llegaban hasta sus hombros. Por su parte, Dave, el novio, sólo llevaba discretos

collares y brazaletes de metal con pequeñas incrustaciones de turquesa.

Poco después del mediodía un fuerte viento se intensificó, como parte de los preparativos
299

nupciales; Dave montó a caballo y se dirigió, junto con otro jinete, al hogan o casa tradicional

navajo, en donde se llevaría a cabo la ceremonia.

La boda y el hogan

De acuerdo con información de David Castillo, la boda del pueblo navajo se realiza cuando una

pareja decide unir sus vidas y comenzar a formar su propia familia. En esta ceremonia se une a la

pareja en presencia de sus familiares y amigos, pero sobre todo en presencia del pueblo santo, que

es la entidad sagrada del pueblo navajo.

Tradicionalmente, la familia de la novia prepara la ceremonia matrimonial y provee la comida.

Cuando todos los preparativos están listos, un miembro de la familia de la novia avisa a la familia

del novio que todo está preparado. El novio y su familia llegan al hogan de la familia de la novia,

entran y caminan en sentido de las manecillas del reloj alrededor de una fogata para tomar sus

lugares ya designados: del lado norte de la fogata esperarán el arribo de la familia de la novia.

Cuando la novia está lista para entrar al hogan, un miembro de su familia avisa al chamán u

“hombre medicina” (sacerdote navajo) para que dirija la ceremonia matrimonial. Este sacerdote

escolta a la novia y a su familia al hogan, llevando un recipiente de agua de lluvia bendecida, un

cucharón y polen de maíz. Usando un rebozo, la novia sigue al sacerdote llevando una canasta

tradicional de boda que contiene una masa de maíz que ella misma ha preparado. Su familia va

detrás de ella y, cuando entran, caminan alrededor del fuego en el sentido de las manecillas del

reloj hasta encontrar sus lugares. La novia toma su lugar junto al novio y su familia se sienta en el

lado sur de la fogata dentro del hogan.

Durante la ceremonia, la novia y el novio beben del agua de lluvia bendecida usando el

cucharon que tiene el sacerdote y se lavan mutuamente las manos, simbolizando así la limpieza de
300

todo su pasado. Entonces los novios comen de la masa de maíz que ha sido bendecida con el

polen por el sacerdote en la canasta de bodas. La pareja come una porción de la masa de maíz

blanco, que han tomado de las cuatro direcciones sagradas, yendo en el sentido de oriente hacia el

norte. Una vez terminado este rito, la familia del novio es invitada a beber del agua y a comer de

la masa, después la canasta es colocada por el sacerdote en dirección poniente.

En este momento, la familia de la novia trae comida y la pone en el piso para que la familia

inmediata del novio la coma. Una vez que la comida se ha terminado, los ancianos y aquellos que

son casados tienen la oportunidad de dar consejos a los recién casados respecto del matrimonio y

las responsabilidades de uno hacia el otro y también hacia su nueva familia. Esto continúa hasta

que todos están satisfechos con lo hablado. Terminados los consejos, los demás invitados son

guiados afuera del hogan para comer y celebrar el comienzo de la nueva vida de esta pareja como

esposo y esposa. La celebración da también la oportunidad a las familias para agradecer al pueblo

santo por unir a esta pareja en matrimonio.

Descripción de un hogan

El hogan es la casa tradicional en la cultura del pueblo navajo. Hoy en día, son usados por las

familias en todas partes de la reservación. Hay dos tipos de hogans: el femenino y el masculino.

Muchas ceremonias se desarrollan en el hogan masculino. El hogan masculino es más pequeño y

su principal propósito es ser el sitio donde las personas confrontan sus enfermedades, dado que

una persona normal no quiere contaminar el espacio que habita diariamente. Después de cualquier

ceremonia este hogan masculino puede ser purificado con fuego intenso que representa el hogan

ceremonial. En contraste, el fuego en el hogan femenino no es tan intenso, es agradable e invita a

estar cómodo, da calor a la familia y en él se cocinan los alimentos. El hogan femenino es el


301

espacio donde la familia vive, donde ésta encuentra amor y compasión, donde come y duerme, es

un lugar saludable y seguro para todos los miembros. Estos atributos pertenecen a la mujer. La

mujer tiene el hogar, los hijos, los animales domésticos y todas las cosas que tienen que ver con la

vida de la familia.

La ceremonia nupcial se realizó en el hogan femenino

Una de las cosas más importantes de esta celebración es el contacto con la tierra, por eso uno

tiene que sentarse en el piso. Para esta ocasión los asistentes usan ropa cómoda, delgada y pueden

llevar un cojín. La vestimenta para los hombres puede ser un pantalón de día de campo y una

camisa, mientras que las mujeres usan conjunto de pantalón y blusa.

Cuando toda la gente descendió de sus carros, Dave ya estaba listo para darnos la bienvenida.

Él junto con María, su futura esposa, daban la bienvenida al espacio ritual. Algunos miembros de

la familia de la novia ya se encontraban dentro del hogan, sin embargo los invitados y miembros

de la familia del novio fueron seleccionados para acceder a la casa tradicional, que ahora sería el

templo en donde se llevaría a cabo la ceremonia nupcial. En un momento Dave decidió quien

entraba primero y quien después. Alonso, quien se había adelantado, estaba ya sentado en el

hogan cuando llegó mi turno de entrar. En realidad nunca entendí el criterio para seleccionar a

uno o a otros, de cualquier manera ninguna persona se quedó fuera, en pocos minutos todos las

asistentes estábamos dentro del hogan y esperábamos con ansias el inicio de la ceremonia. 95

Los pormenores para la boda estaban todos prescritos y sin embargo hubo demasiadas

95
Salvo algunas excepciones, todos los diálogos y presentaciones se hicieron en inglés, aquí se

presentan las versiones traducidas.


302

presentaciones familiares que hicieron que el protocolo se prolongara más de lo programado.

Éramos cerca de 40 personas al interior del hogan. Antes de iniciar el ritual de casamiento

propiamente, hubo muchas intervenciones de los familiares de la novia y del novio. La madre del

novio tomó la palabra y comenzó las presentaciones comentando sobre su hijo: “Quiero decirles

que él ama a Dios yo lo sé muy bien, él ama a sus padres, él ama a su hermana, él ama a su familia

y tiene un padre maravilloso”.

Acto seguido continuó con las presentaciones de la familia: “Tenemos presentes a Samuel

hermano de David padre, que viene de la ciudad de México, nosotros tenemos que ir a la ciudad

de México para conocer el resto de la familia”. En ese momento se dirigió a David, el novio, y

comentó: “De todos modos nos veremos siempre porque ya eres uno de los nuestros”.

Las presentaciones continuaron:

En este lugar tenemos a su tío Jorge y a toda su familia, su esposa María, también está su

sobrino y compañero favorito; tenemos también a Martha y a su esposo Armando, su hijo y su

hija; todos nos juntamos aquí y tenemos amigos; tenemos también a Miguel, él es parte de

nuestra familia, yo no lo conozco muy bien, pero él es un sobrino de la familia de mi marido.

Tenemos otros viejos amigos aquí, tenemos al Dr. Noé López que ha sido un buen amigo de

nosotros, nos dio muy buenos consejos cuando tuvimos a nuestros hijos, nos proporciona

sabiduría para que los tratemos bien, estamos agradecidos con Noé, su esposa Alice y algunos

de sus amigos. También está Ruth y Samuel, ya llegarán a conocerlo,96 yo no me sé los

nombres de todos, si me faltó alguien por favor me disculpan.

96
Todos sonrieron por alguna razón.
303

La familia de Dave y todos los tíos de su lado paterno son protestantes; hasta este momento su

familia no se había expresado explícitamente en términos religiosos, sin embargo, no faltó la

intervención sobre las convicciones religiosas de la familia, que hasta ese momento se mantenía

completamente abierta a la religiosidad navajo de la familia de la novia. La madre del novio

expresó:

Yo sólo tengo dos hijos, David es mi hijo menor, hemos sido una familia muy feliz buscando

siempre la presencia de Dios en nuestra vida, y a veces lo adoramos de distintas formas;

siempre tenemos presente a Dios desde el plano individual pero también desde la pareja y

esperamos que nuestros hijos busquen siempre a Dios y vivan esa experiencia. Dios es muy

importante en nuestra vida cotidiana, si creemos en Dios nada puede salir mal, somos pastores

en nuestras iglesias, estamos muy orgullosos de servir a Dios y ser uno de sus siervos. También

mi marido y el tío Roberto han sido pastores, ellos siempre ponen a Dios por delante. Algunas

veces cometemos errores, pero pedimos perdón y lo tenemos a Él como guía. Así que estamos

en las manos de Dios, Él es parte de nuestra nación.

Después de estas palabras todo quedó en silencio, como si alguien hubiese echado agua fría

sobre los asistentes. Por fortuna inmediatamente el padre de la novia tomó la palabra y

dirigiéndose a su hija le dijo: “Hemos tenido una relación cercana y estoy muy orgulloso de ti,

todos los días de nuestra vida, así que por ahora tú eres mi hija”. En este contexto discursivo no

faltaba quien asaltara la palabra como si hubiera una intensa necesidad de violar el silencio.

En ese momento una mujer también agradeció a los presentes por haberse desplazado desde la

ciudad de México. La mujer no dejaba de expresar su beneplácito y felicidad por estar presente en

ese día maravilloso y señalaba: “Tenemos un día especial, tenemos todo aquí y allá arriba, me
304

siento muy feliz de ver a todos mis sobrinos, mi sobrina, yo les llamo mi hijos, estoy muy feliz. Me

hablan español, trato de hablarlo. Les agradezco a cada uno de ustedes, a toda la familia”.

Entre tantas presentaciones un hombre tomó la palabra: “Antes de seguir, les quiero dar las

gracias por permitirnos estar aquí con David y María, ustedes son parte de nuestra familia, no

vamos a poder ir a la comida, pero nos encanta su presencia y les agradecemos y atesoramos este

momento porque es hermoso, es una de las mejores experiencias de mi vida”.

Una mujer más se dirigió a los novios: “Estoy feliz de asistir a este matrimonio, mi cultura es

muy diferente a su cultura, pero es bueno que ustedes respeten sus diferencias y que, a medida

que avancen, decidirán lo que sea mejor; consideren las diferencias y mejoren sus similitudes”.

Un silencio más se apoderó del hogan, en ese momento el padrino del novio, un maya

originario de Guatemala, tomó la palabra:

Quiero decirles que deseaba estar aquí en el matrimonio y creo que este es un momento muy

importante para mí, es un honor. Gracias, yo sólo quiero agradecer la presencia de todos aquí,

tanto de familiares como de amigos que vinieron de diferentes lugares, de otro país que no es

México y de otras partes para acompañar a David en su matrimonio; es un honor estar aquí.

Quiero decir que me da gusto poder ver similitudes con mi cultura. Yo soy del sur y es

maravilloso ver el respeto que tiene la familia hacia la cultura de aquí.

Posteriormente el padrino intentó traducir lo que anteriormente había dicho en inglés:

Estaba explicando que me alegra mucho estar aquí y que también hay mucha similitud con la

cultura de nosotros del sur, de la presencia de los mayores, eso es muy importante para la

pareja que se está uniendo; estamos aquí presentes todos tanto los más mayores, como los más

pequeños; estamos aquí como testigos de esta unión, de esposo y esposa, y creo que estamos
305

no sólo como testigos hoy, sino también en el futuro los apoyaremos de alguna manera. A

pesar de la distancia, ellos también necesitan el apoyo, pero de parte de la familia y la

comunidad, para seguir adelante y hacer su vida como familia. Yo estoy aquí como testigo

presencial para atestiguar y entender, con el fin de unificar sus vidas, así que creo que tenemos

también el compromiso de apoyarlos en cualquier momento que nos necesiten, y que estemos

disponibles en cualquier momento, porque hay diferentes situaciones en el camino; ellos

también se han comprometido a pasar todas las dificultades, pero tenemos que recordar, y no

sólo pedir apoyo aquí, tenemos que pedir apoyo a los espíritus que son de gran ayuda, pedirles

que los guíen en el matrimonio.

Posteriormente dijo en castellano:

Estamos como testigos, pero para mí están también los espíritus de nuestras abuelas y de

nuestros abuelos, y es muy poderoso y pedir a ellos ese apoyo espiritual, para fortalecer y

proteger su matrimonio como pareja de esposo y esposa, en cualquier necesidad que tengan, y

puedan enfrentar diferentes situaciones y dificultades en el camino, pero creo que si estamos

respaldándolos de alguna forma, es un gran apoyo para ellos. Creo que no estarán solos si

estamos todos apoyándolos. Además hay que pedir al espíritu de las 4 direcciones que

nosotros como buenos indígenas también creemos. Por otro lado, entiendo que, hay dos

culturas aquí, pero espero que no vaya haber ningún conflicto entre éstas, porque en nuestros

pueblos indígenas, nosotros creemos que nos dirigimos a un mismo ser, a un mismo creador, a

un mismo Dios. Tal vez nosotros hacemos nuestra oración aquí, porque creemos que la madre

tierra es sagrada, pero nuestra oración va hacia el mismo Dios. Espero que no haya una mala

interpretación de lo que creemos porque una cultura es tan importante como lo es la otra, es el
306

beneficio para ellos, tanto como lo es para los otros, es como unificar una fuerza, pidiendo a

un mismo Dios para su futuro”. Y continuó con su sermón: “Además de nuestra presencia,

también tenemos a nuestros abuelos espíritus para ayudarlos también, y entendemos que hay

dos culturas, porque los indígenas creen que tal vez oramos en diferentes áreas, como aquí en

nuestro lugar sagrado, porque la madre naturaleza es sagrada para nosotros, pero nuestra

fuerza es la misma fuerza, y va en la misma dirección, y lo entendemos y me gusta, y deseo que

tengan un hermoso matrimonio. Por último, les deseo con todo mi corazón un buen

matrimonio. David es una persona, muy amigo mío, nos conocemos hace muchos años y es

como mi hermano, y he compartido muchas cosas con él sobre lo que nosotros creemos, y

deseo que sea un matrimonio fructífero para siempre. Ya para terminar les deseo que el

creador les guíe por el buen camino, les guíe como dicen nuestros abuelos, que tengan caminos

planos, que les dé entendimiento, que les dé mucha paciencia y ese es mi deseo para ellos dos.

Que el creador los guíe y les dé mucha sabiduría, gracias.

Después de los buenos deseos y palabras de los familiares dio inicio la boda propiamente. El

evento fue dirigido por un hombre navajo que hacía las veces de sacerdote en la religión indígena.

Vestía un pantalón color caqui y una camisa de manga larga color mostaza, tenía su cabello

agarrado con una pequeña cola doblada, y una pañoleta multicolor en donde destacaba el azul

oscuro; su cinturón tenía círculos de turquesa. Esta piedra, emblemática de la región, también

estaba presente en los hermosos brazaletes que salían de su camisa y hacían juego con su collar de

pequeñas cuentas también de turquesa. En dos de sus dedos se veían voluminosos anillos de oro y

turquesa. Este hombre tomó la palabra y dijo:

María, Dave, este es el momento de la verdad, ustedes querían una boda privada. La ley
307

autoriza este tipo de boda; una cierta prescripción de la ley valida este matrimonio y tenemos

testigos. Este es el viaje tomado por el novio, desde el este hacia el norte, para la dirección y

definición.97 Ahora nos fijamos y ponemos esto aquí. David, quiero que bebas un trago de

agua, lávate las manos y vamos a dejar que el agua penetre en la tierra, y tú haz lo mismo,98

lávate las manos. Ahora toma y come una pequeña porción, coman esta pasta. 99

En ese momento la pasta amarga circuló entre los asistentes del hogan y ambas familias

comieron de ella, pero no todos quisieron repetir, en particular la citadina familia del novio.

El hombre que los casó continuó con el sermón:

Ahora, si todavía tienen hambre coman todo lo que puedan [risas] dejen la canasta limpia,

coman y ya que hayan terminado se lo pasan a su mamá y a su papá, y así le siguen hasta que

lo dejen vacío, y mi trabajo habrá ya terminado. Los navajo tradicionalmente llevan al novio a

la casa de la novia, y a la familia de la novia le corresponde hacer la fiesta, le ofrecemos la

comida, pensando que todos ustedes tienen ahora los estómagos vacíos. Ahora pueden pasar la

comida a todos los amigos.

La canasta de pasta continuaba circulando entre los familiares que comían de ella, pero ahora

se le sumaron costillas de venado como manjar preparado para las familias, en particular para la

97
Mientras dice esta oración saca unos polvos de polen de un pequeña bolsita de piel y los

lanza sobre la pasta que es esparcida en un círculo perfecto sobre la canasta con inscripciones en

forma de picos a todo su alrededor y un gran círculo morado en el fondo.


98
Dice dirigiéndose a la novia.
99
Él sigue por el lado este, por el lado oeste, por el lado norte y por el centro
308

familia del novio. Las costillas no tuvieron la misma suerte que la pasta, y en un instante los

asistentes habíamos dejado los puros huesos, entre las risas y carcajadas de algunos asistentes que

no alcanzaron a roer un solo pedazo.

Dave tomó la palabra:

Aquí está la familia de mi padre, vinieron mis tías y mis primos. Por desgracia, la familia de mi

madre no pudo estar aquí; también vinieron algunos amigos, mi padrino, Enrique López que es

un indígena maya de Guatemala, mi coordinador y mano derecha, Ollin Tomas, y tenemos

también a mis primos. Yo pues simplemente les pido que por favor se presenten, y aprovechar

para darles las gracias por guiarnos y darnos palabras y sabiduría, enseñándonos cómo ser

buenos unos con otros. Me gustaría que si ustedes tienen más consejos que darme, adelante y

les presento a mi esposa.

En ese momento se soltaron las risas y los aplausos de todos los asistentes. Por su parte,

María, la novia, comentó:

Quiero presentarles a mi madre Elsa, mi hermano, mi hermana Angeline y mi otra hermana

aquí es Karen, mi tía, mis papás, mi hermana y sus hija, y mi mejor amiga Shannon, ella es de

Chicago, mi abuela María, mi abuela Oliva. Que levante la mano por favor. 100 La que está

escondida allá atrás es mi abuela Carol, mi otra hermana, mi tío y mi primo, mi tía que no está

aquí, mi prima Lidia; allá atrás de camisa roja está mi primo Gabriel, y mis dos tías [risas].

Quiero agradecerles a todos por venir en este día tan especial para Dave y para mí.

En ese momento el papá de la novia dijo algunas palabras en lengua navajo. Cuando inició con

100
Agregó la novia feliz de presentar a su clan.
309

su discurso, las caras de los indígenas navajos se pusieron muy serias y atentas. Al terminar, los

indígenas familiares de la novia soltaron el llanto frente al peso de la lengua indígena ancestral, no

obstante al final todos rieron en colectivo y concluyeron dando las gracias en español: “Muchas,

muchas gracias... compromise, I understand Spanish”—dijo el padre.

Al final la mamá de la novia tomó la palabra y agregó: “Sólo quiero dar las gracias a todos,

agradezco todo lo que hicieron para venir aquí desde Chicago”. Después dijo unas palabras en

navajo: “Para mi marido y para mí ha sido una vida muy dura, y cuando comienza la crianza de los

hijos es más duro todavía, por lo que deben mantenerse en pie, estar el uno para el otro, lo único

que no me gusta aquí, es que ustedes tomarán seguramente otro camino. Si eso llega a suceder,

aunque no me guste; sólo le pido [a Dave] que cuide a mi hija como yo la cuidé”. La madre llora y

una larga pausa se apodera del espacio. Al final continúa entre llantos: “Ella es una gran persona y

hay que tratarla de la misma manera, estoy muy orgullosa de nuestra hija”. Dave terminó

diciendo: “No nos iremos por caminos separados”.

El tiempo que estuvimos dentro del hogan fue exactamente una hora y media. El reloj marcaba

las 15:30 al terminar la boda. Antes de trasladarnos a otro espacio, todos los familiares y amigos

nos tomamos muchas fotos con los novios, en cada foto ellos mostraban el recipiente en el que

habían comido la pasta de maíz, y que era la prueba del enlace matrimonial. Como fondo de las

fotos se observaban las lejanas y secas montañas del desierto. Por un momento alguien llamó la

atención para que no se tomaran imágenes de un cerro que según estaba encantado. No hubo

inconveniente y decidimos fotografiar a los novios con otros paisajes del espacio desértico. Los

novios se tomaron muchas fotos con sus hermosos atuendos blancos, Dave cargando una cobija

sobre su hombro izquierdo y el padre de la novia en el otro extremo de la foto con su cobija sobre
310

el hombro derecho.

Poco tiempo después nos trasladamos a una especie de gimnasio techado, en donde

continuaron los regalos y la comida de la boda. Una vez que los invitados tomamos nuestros

lugares en las mesas, el novio utilizó un altavoz para poder anunciar las actividades que se

llevarían a cabo en este lugar. Primero informó que un niño muy reconocido como danzante en el

medio indígena, bailaría danza lakota. Posteriormente se harían los regalos a la familia, en

particular a la familia del novio.

Como no había músicas se utilizó una grabación en la que se escuchaban cantos y tambores al

estilo lakota y un niño de 9 años aproximadamente, entró en la escena. En su atuendo destacaba

un tocado de plumas colocado en la punta de su cabeza, que resaltaba en su frente pero que

estaba fijada por una cinta de palma bordada alrededor de su cabeza. En la mano izquierda,

llevaba un aro de metal del cual pendían pequeñas plumas; en la misma mano llevaba un objeto

largo, también de metal, de cuya punta colgaban varios hilos delgados de 20 centímetros

aproximadamente. El danzante ejecutó su arte por espacio de una hora, interrumpido algunas

veces por los aplausos de la gente. Llamó mi atención que una danza lakota fuera ejecutada en

territorio navajo. El padre de la novia argumentó que entre los navajos ya existe muy poca danza,

pero que él quiso invitar a este danzante para amenizar esta reunión. No obstante, la explicación

de Dave era que en realidad el danzante había ido a la boda para mostrar su arte y que no había

cobrado nada por hacerlo pues para él danzante se trataba más de una oración que de un acto

comercial.

Al terminar la danza lakota el escenario se concentró en una gran mesa que Dave y sus padres,

arreglaron esmeradamente con regalos. Había dos grandes mesas juntas: en la mesa del lado
311

derecho se sentaron los padres de la novia y en la mesa del lado izquierdo la familia del novio. A

cada uno de los presentes se les llamó para recoger algún obsequio. Todo parecía indicar que

además de tratarse de la dote a la familia de la novia, también era una forma de agradecimiento

por haber estado presentes en la boda. En todo caso, era el propio Dave quien otorgaba los

regalos como agradecimiento por haber ingresado al clan familiar. Unos recibieron objetos

artísticos tradicionales y los que tuvieron mejor suerte recibieron despensas. Cuando llegó mi

turno, recogí una hermosa cobija con estupendos diseños tradicionales navajos en rojo y negro.

Me llenó de alegría recibir este regalo y me hizo reflexionar en la importancia de pertenecer al

clan.

Al terminar la entrega de los regalos, Dave anunció mi participación musical. Para la ceremonia

había decidido cantar unas piezas para los novios. A decir verdad, el haber llevado la guitarra era

más para amenizar la tarde que un compromiso con los novios, en todo caso Dave me anunció

como intérprete de piezas indígenas, lo cual fue una gran responsabilidad, por no decir un

atrevimiento. Los navajos tenían la idea de que yo era indígena de México y como parte de mi

tradición llevaba los cantos de mi cultura. No hice ninguna aclaración al respecto, y me dispuse a

interpretar la xochipitzahuatl de la región huasteca, la male severiana de los purépechas entre

otras. Sin embargo ya entrado en ánimos la gente empezó a pedir canciones; unas típicas de la

tradición antigua mexicana, y otras comerciales. 101 Me solicitaron canciones como Las Mañanitas

o la Delgadina, que es un romance muy antiguo que tuvo su origen, según algunas

101
Es bien sabido que existe una vieja tradición hispana en Nuevo México, pero no imaginé que

fuera propia también de la memoria de los navajos.


312

investigaciones, en la alta edad media en los últimos siglos de la ocupación árabe en el sur de

España. También me pidieron la Bamba. Estuve muy contento que la gente navajo, no sólo

reconociera las piezas mexicanas sino que fueran parte de su memoria musical.

Regresamos a Gallup ya en la noche y nos preparamos para el día siguiente, no sin antes pasar

a un lugar típico de música country.

A pesar de la familia protestante del novio, que en todo momento se mostró respetuosa de la

diferencia religiosa, al otro día se celebró la boda católica. La ceremonia se realizó en Cortez, un

poblado ubicado 70 millas al norte de Tocito en el estado de Colorado, por la carretera 491.

A la entrada de la iglesia católica se leían claramente las letras: Christ the King Catolic

Church. Los novios para esta ocasión iban ataviados de manera distinta para la ceremonia: Dave

con un saco oscuro y una camisa beige y unas cintas que le cerraban el cuello a manera de

corbata. Por su parte María, si bien no iba con vestimenta mestiza, sus atuendos eran muy

similares a los del día anterior, con colores claros y vivos en ocre. La iglesia católica tenía una

apariencia muy similar a las protestantes, muy austera sin cuadros grabados o figuras. La única

figura que resaltaba en un nicho era la de la Virgen María con el niño Jesús en sus brazos.

Colocado sobre la pared de enfrente del lado izquierdo, debajo de la inmensa imagen de Jesús

crucificado, resaltaba un círculo de aproximadamente 60 centímetros, hecho de mazorcas de maíz

rojo y blanco.

En la ceremonia católica hubo dos aspectos que cabe señalar: por un lado, debajo del círculo

de mazorcas se encontraba un sahumerio que despedía humaredas constantes durante toda la

misa. Por otro lado, el sacerdote que los casó solicitó dar la bendición a los novios, primeramente

a los padres de la novia, quienes pasaron al altar y colocaron sus manos sobre las cabezas de los
313

novios, que para entonces ya se encontraban hincados. El padre colocó su mano derecha sobre la

cabeza de su hija, mientras que su esposa colocaba su mano izquierda sobre la de Dave. De esta

manera sus brazos quedaron entrecruzados un instante, mientras los padres bajaban su cabeza

cerrando los ojos en este acto que duró unos cuantos segundos. Después descendieron del altar y

tocó el turno a los padres del novio quienes el sacerdote les solicitó subir al altar. Ambos se

colocaron de la misma manera que los padres de la novia: el padre del lado derecho, la madre del

lado izquierdo, cada cual dando el frente a la novia y al novio, respectivamente. A diferencia de

los padres navajos, los padres de Dave no guardaron silencio. Una vez instalados y habiendo

extendido los brazos sobre la cabeza de los novio, la madre tomó la palabra para darles un sermón

que continuó David padre, una vez que ella terminó.

La ceremonia se desarrolló sin otra novedad, al final tocaron la clásica marcha nupcial de

Mendelson. Terminado el evento católico, posterior y a otra intensa sesión fotográfica, los

asistentes nos trasladamos a un lugar en donde los novios abrirían sus regalos. El salón en donde

se abrieron los regalos estaba adornado con recortes de papel blanco en forma de marco y en

medio una campana blanca de la cual colgaba una palma blanca de cartón. Del lado derecho, había

un letrero con letras blancas cursivas sobre azul, en donde se leía God Bless You.

Entre los regalos llamativos estaba una pieza acoma de cerámica, un atrapasueños, una especie de

nicho y una vajilla tradicional mexicana.


314

Referencias

Augé Marc, 1998, Les formes de l'oubli, Editions Payot, París.

Augé, Marc, 1998, El viaje imposible. El turismo y sus imágenes, Gedisa, España.

Barley, Nigel, 2004, El antropólogo inocente, Anagrama, Barcelona.

Bennett, Wendell C. y Robert M. Zingg, 1986, Los Tarahumaras, México, D. F., Instituto

Nacional Indigenista.

Castaneda, Carlos, 1974, Las enseñanzas de Don Juan, México, D. F., Fondo de Cultura

Económica.

Frank, Ana, 2007, Diario de Ana Frank, México, D. F., Berbera Editores.

Galinier, Jacques; Adelaide Bahr y Donald Bahr, 1991, “From Montezuma to San Francisco: The

Wigita Ritual in Papago (Tohono O'odham) Religion”, Journal of the Southwest, vol. 33,

núm. 4, pp. 486-538.

Geertz, Clifford, 1989, El antropólogo como autor, Barcelona, Paidós.

González Rodríguez, Luis, 1994, Tarahumara. La sierra y el hombre, Chihuahua, Camino.

Kafka, Franz, 1998, Carta al padre, Madrid, Editorial Akal.

Lévi-Strauss, Claude, 1955, Tristes tropiques, París, Plon.

Lévi-Strauss, Claude, 1992, “Cómo se llega a ser etnógrafo”, en Claude Lévi-Strauss, Tristes

trópicos, Barcelona, Paidós Básica.

Lévi-Strauss, Claude, 1995, Antropología estructural, Barcelona, Paidós Ibérica.

Llobera, Josep R., 1990, La identidad de la antropología, Barcelona, Anagrama.

Lumholtz, Carl, 1945, El México desconocido, México D. F., Publicaciones Herrerías.

Malinowski, Bronislaw, 1989, Diario de campo en Melanesia, Madrid, Ediciones Júcar.


315

Olmos Aguilera, Miguel, 1998, El sabio de la fiesta, Música y mitología en la région Cahita-

Tarahumara, México, D. F., INAH.

Olmos Aguilera, Miguel, 2011a, El Chivo Encantado. Estética del arte indígena en el noroeste

de México, México, D. F., Forca/El Colef.

Olmos Aguilera, Miguel, 2011b, “Música, trance y curación: El caso del noroeste de México”, en

Bonfiglioli Carlo, Arturo Gutiérrez, Marie-Areti-Hers y Danna Levin, edits., Las vías del

noroeste III. Genealogías, transversalidades y convergencias, México, D. F., Universidad

Nacional Autónoma de México.

Pintado Cortina, Ana Paula, 2004, Tarahumaras, México, D. F., CDI/PNDU.

Rodríguez, Mariángela y Juan Manuel Gómez, 1983, Mayos Máscaras, monografías, Culiacán,

Gobierno del Estado de Sinaloa/Dirección de Invetigación y Fomento de Cultura Regional.

También podría gustarte