cimborrio o cimborio se denomina al cuerpo cilíndrico u octogonal que sirve de
base a la cúpula. No es un elemento exclusivo de la Arquitectura religiosa, aunque
es en los templos donde se alcanza su máxima utilización. En efecto, en
las iglesias de planta en forma de cruz, bien sea latina o bien griega, se produce un
espacio de encuentro entre la nave principal y la que la corta ortogonalmente
o transepto que recibe el nombre de crucero. Es habitual que este ámbito se cubra
mediante una cúpula elevada sobre un cimborrio. Según que la anchura del
transepto sea o no igual a la de la nave, el crucero es un cuadrado perfecto o un
rectángulo; en todo caso, sus cuatro lados van constituidos por sendos arcos torales
sobre los que se alza el cimborrio. Toda vez que éste es de planta circular u
octogonal, mientras que el crucero es un cuadrilátero, para realizar el debido asiento
se disponen en los cuatro vértices de éste último otras tantas piezas estructurales
abovedadas, ya sea en forma de triángulos esféricos, en cuyo caso se
denominan pechinas, o de voladizos fuera del muro, en el que se designan
como trompas. El cimborrio suele ir calado por huecos o lucernarios que alivian su
pesantez y propician la iluminación superior.
El contrafuerte es un soporte exterior, generalmente de mampostería,
que se proyecta desde la pared y sirve para reforzarlo o para resistir el
empuje lateral creado por la carga sobre un arco o un techo. Además de
sus funciones prácticas, los contrafuertes pueden ser decorativos, tanto
por sí mismos como por los diseños tallados o construidos en ellos.
Aunque se ha utilizado en todas las formas de construcción desde la
antigüedad, el contrafuerte está especialmente asociado a la época gótica,
cuando los soportes de mampostería más simples y ocultos se convirtieron
en lo que se conoce como el contrafuerte volador. Este muelle adosado y
curvo se conecta con un arco a una pared y se extiende al suelo o a un
muelle a cierta distancia. Este diseño aumentó el poder de soporte del
contrafuerte y permitió la creación en mampostería de las iglesias de techo
alto y paredes pesadas típicas del estilo gótico
Tipos de planos arquitectónicos
Algunos de los diferentes tipos de planos arquitectónicos son los siguientes:
Plano topográfico
Aporta información para comprender el relieve de un terreno. Son mayormente
necesarios cuando el terreno donde se va a construir no es homogéneo.
Plano de cimentación
Es uno de los planos más importantes en un proyecto arquitectónico. Contiene los
detalles de los pilares y de los muros que van a soportar la estructura. También
señala las profundidades de los cimientos y las proporciones de la mezcla de
hormigón necesarias para el levantamiento de una estructura.
Plano de instalaciones
Pueden ser de diferentes tipos, algunos de estos son:
• Instalaciones eléctricas: son los planos que tienen la disposición
de los cables, la iluminación y cajas para interruptores o
tomacorrientes
• Instalación de agua potable: en estos planos está especificada
tanto la distribución de las cañerías (de agua fría y caliente), como
la de la grifería, sanitarios y lavabos del proyecto.
• Instalación de gas: hace referencia a la localización de los caños
de gas y sus puntos de conexión.
• Instalación de desagües: aquí, se muestra la ubicación de las
cañerías de desagüe de aguas residuales y también la disposición
de sanitarios y bocas de desagües.
Plano de plantas
Es la representación de la sección horizontal de un edificio, donde se ven las
disposiciones de los muros, puertas y ventanas. Si la obra tiene diferentes niveles,
se suele hacer un plano de plantas de cada uno.
Plano de fachadas
Se caracteriza por ser casi la única representación del proyecto visto desde el
exterior. La perspectiva puede ser tanto frontal como lateral de la obra.
Plano de detalles y acabados
Estos planos se encargan de especificar los tipos de materiales con los que están
construidos todos los elementos de la obra, como pueden ser los pisos, paredes,
marcos y techos.
El arco en arquitectura
En arquitectura, el arco es una construcción de forma curva que
sirve para salvar un espacio abierto apoyándose en dos extremos
fijos. Generalmente consiste en varias piezas de piedra
labrada en forma de cuña colocadas de modo que ajusten unas
con otras y se soporten mutuamente por presión.
Estas piezas se llaman dovelas. Las primeras dovelas son
los arranques y la central, en la parte más alta del arco (El ápice),
la clave; el lado exterior o cóncavo se llama intradós, y el exterior
o convexo trasdós, siendo la luz la distancia entre los dos puntos
mas bajos del arco, y la flecha la altura desde los arranques al
ápice. A causa de su forma y la de las dovelas, en el arco se
producen dos tipos de presión: una hacia abajo, por el peso de las
piezas, y un empuje lateral hacia afuera, por la tendencia del arco
a aplanarse. Para contrarrestar este empuje se emplean varios
Los arcos reciben distintas denominaciones, según su forma. El
mas usual en puertas y arcadas es el de medio punto, constituido
por una semicircunferencia; el menor que este pero de igual radio,
es el escarzano; el de herradura, llamado también arabio por ser
característico del estilo árabe, es mayor que una
semicircunferencia; el ojival, que tuvo un gran desarrollo artístico
en las catedrales góticas, esta formado por dos arcos de
circunferencia unidos en ángulos agudos; una variante de este es
el lanceolado que consta de un ojival cuyas dos curvas se
prolongan por la base.
El ábside en arquitectura originalmente era un hueco semicircular con
una media cúpula como techo. Otra definición de ábside es: un hueco o
proyección abovedada en un edificio, especialmente en el extremo este de
una iglesia; generalmente contiene el altar. Interior y la iconografía
El ábside es el lugar apoteótico en el interior de la iglesia, donde toda la
decoración converge en una profusión iconográfica de mosaicos,
esculturas y pintura y donde la mirada del fiel es indiscutiblemente
dirigida y que fue un elemento arquitectónico de destaque ya en la
arquitectura religiosa bizantina, románica y gótica.
En el románico, además de la imagen de Cristo, surgen escenas y
relatos en frescos, mosaicos y tumbas decoradas. También se
encuentran representaciones alegóricas en algunos edificios de Austria,
Francia e Italia.