Temas para Casa Catolica
Temas para Casa Catolica
SUBSIDIO PARA LA
CASA CATÓLICA
Curia Arzobispal
Carrera 4 # 7 - 17, Cali - Colombia 889
0562 ext. 1050
comunicaciones@[Link]
ÍNDICE
SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
INTRODUCCIÓN
El pasado 12 de noviembre en la Arquidiócesis de Cali nos declaramos en Misión permanente.
Un compromiso de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo en las periferias de nuestras
parroquias. A partir de esa fecha, hemos sentido toda la fuerza evangelizadora de las
comunidades que, de casa en casa, en los sitios de agregación, en las familias y sectores, llevan
a la persona adorable de nuestro Señor Jesucristo como un tesoro que se comparte para que
todos en El tengan vida abundante (Jn 10,10).
Fruto de esta misión permanente es la Casa católica, espacio de iniciación y crecimiento donde
los vecinos de cada sector centrados en la Palabra tienen un lugar de encuentro con Jesús
Maestro y con los hermanos con los cuales compartimos alegrías y esperanzas de un futuro
mejor. La casa católica se ha convertido en un pulmón espiritual para tantos que expresan su
fe en comunidad, regresan y se reconcilian con la Iglesia, pero de manera especial encuentran
un espacio de espiritualidad que les da sentido a sus vidas.
Con una metodología sencilla pero profunda, de Lectio Divina, poniendo en el centro la persona
de Jesús, la casa católica es continuación de la acción misionera que se ha desarrollado por
los sectores. Agradecemos a los Laicos comprometidos ese espíritu misionero y esas ganas de
llevarlo más allá de las paredes del templo. Todos sabemos que no es tiempo de esperar, es
necesario, salir, ser propositivos y creativos, es tiempo de una nueva evangelización.
El material que les entregamos a continuación busca poner las bases de la casa católica,
desarrolla una estructura teórica y propone estrategias para las reuniones, así como 18 temas
de base Kerigmática desarrollados para encuentros de 90 minutos. No pretendemos que sea
una camisa de fuerza, cada comunidad de acuerdo con sus posibilidades podrá adaptar los
contenidos sin perder el objetivo: una casa de encuentro con Cristo y con los hermanos.
El material aquí desarrollado se puede ampliar en sus fuentes, especialmente de los libros “Los
grupos de Jesús” “Ven y Verás” y “Jesús signo de libertad”. Esperamos que sea de provecho y
contamos con tu esfuerzo, sugerencias y tenacidad para seguir llevando el mensaje de vida a
todos los pueblos.
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I. JESÙS Y LA SAMARITANA
Ambientación
Conviene que el ambiente sea de recogimiento: luz tenue, una cruz en un lugar central, una
mesita con una Biblia y algunos cirios. No olvidar la imagen de la Virgen María.
Preparar las hojas de canto y el cd para acompañar las canciones.
Pequeño ritual de inicio
En el momento en el que se decide empezar, se disminuye la intensidad de la luz. Empieza a
sonar de fondo una música de inicio. Se encienden algunos cirios.
Bienvenida
Animador:
Buenas noches. Sean bienvenidos todos los que han querido asistir a este encuentro. Están
aquí porque alguien los ha invitado y han escuchado de Jesucristo. Gracias por estar aquí.
Es probable que tengan sentimientos contrapuestos en tu interior: curiosidad, expectativa,
recelo, miedo... Alguien quizá ha dudado mucho antes de entrar. Bienvenidos de todas formas,
y sepan que otros antes que ustedes hemos pasado también por esta situación.
Lo que ofrecemos es gratis y sin compromiso. Si no les interesa, o no se encuentran a gusto,
no se angustien, lo entenderemos y no les pediremos ninguna explicación. Forma parte del
trato.
Les pedimos solo un poco de buena voluntad, un poco de empatía y de confianza.
Tiempo para entrar en una actitud receptiva
Animador.
Empezaremos con unos minutos en los que, acompañados de los cantos, cada uno puede intentar
entrar en una actitud receptiva.
Intentar desconectar del bullicio del día. Intentar situarse al nivel del «corazón», del yo interior, de aquel
órgano interior que a veces nos habla con una autenticidad total y que no se identifica con la inteligencia
crítica.
Ahora algunos de los que estamos aquí y hemos preparado esta sesión, invocaremos al Espíritu
Santo. Tranquilos. No hace falta que tengan claro quién es el Espíritu Santo para que puedan
estar receptivos a su presencia. Es suficiente que confíes en que es un Espíritu bueno, el
Espíritu que viene del Padre y del Hijo.
Este Espíritu es el que creemos que inspiró el texto del Evangelio que a continuación
escucharemos y por eso lo invocamos para que nos ayude a entender y sentir lo que Él inspiró.
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
-El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca
más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que
salta hasta la vida eterna. La mujer le dice: Señor, dame esa agua.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado.
■ En el siglo primero en la tierra de Israel no era normal que un hombre hablara en público con
una mujer, y menos todavía si ella era samaritana (judíos y samaritanos no se trataban). Por
eso debe saberse que Jesús al dirigirse a aquella mujer cerca del pozo rompe muchos tabúes
y lo hace desde una postura de debilidad.
• Como judío pide de beber a una persona de una raza enemiga: los Samaritanos.
• Como hombre se muestra débil y necesitado ante una mujer.
Pide de beber sin tener un cubo para sacar el agua del pozo.
De igual manera esta noche (tarde) el propio Jesús que pidió de beber cerca del pozo, ahora, a
través de la proclamación de esta lectura te pide a Ti que le dediques un poco de tiempo:
• «¡Dame un poco de Tu tiempo!»
• «¡Préstame un poco de atención!»
• «¡Dame un poco del agua de tu atención!»
Esto es lo que proponemos esta noche (tarde): dedicar un poco de tiempo a Jesús para intentar
un encuentro personal con Él.
Todos tenemos sed de algo: de afecto, de reconocimiento, de éxito.
Incluso, tal vez en algunos momentos no sabemos muy bien de qué tenemos sed. A veces solo
tenemos sed de nosotros mismos... Y cabe decir que no hay peor deseo que el deseo de sí
mismo... narcisismo encerrado en sí mismo.
Todos estaríamos dispuestos a hacer lo que hiciera falta, a ir donde fuera, para calmar nuestra
sed. Hay quien lo hace con motivo de alguna enfermedad o de una incertidumbre: ir a probar
suerte con algún curandero, algún adivino o alguna echadora de cartas.
Hoy, aquí, no se propone nada raro (como participar en un ritual de espiritismo, o repetir
determinadas fórmulas mágicas), solo proponemos que intenten entrar en contacto con una
Persona, dirigiéndose a ella desde el interior, desde el corazón. A quienes les presentamos es
a: Jesús.
Las personas nos relacionamos entre nosotros de forma habitual a base de hablarnos unos a
otros. Por eso invitamos a dirigir la palabra interior a Él.
Pero podemos decir: «¿Cómo puedo hablar a alguien que no conozco?»
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Pero también, es verdad que si tuvieras a alguien de la familia muy enfermo y hablaran de un
doctor que tiene fama de curarlo todo, seguro sin conocerlo irían directamente a buscarlo.
Acabas de oír la voz de Jesús que ha dicho: «Dame de beber». Y aún más: «Si conocieras el
don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
Y también ha dicho: «El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que
yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
Acojamos estas palabras de Jesús como realmente dirigidas a nosotros ahora y aquí. Y
dejemos que nazca de nuestro interior, de manera natural, una respuesta. Proponemos
dirigirnos libremente a Jesús y pedirle esta Agua especial que Él tiene.
Resonancia personal guiada
Animador.
Ahora tendremos unos instantes con música de fondo, Iremos planteando unas preguntas que
cada uno puede dejar resonar interiormente si quiere: dejen que estas preguntas «trabajen» en
el interior.
Se disminuye la intensidad de la luz.
Música de fondo.
Animador.
Preguntémonos en primer lugar: ¿De qué tengo sed yo?
Ahora dando un paso más nos podemos plantear: ¿Dónde intento saciar esta sed?
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Y también:
+ «Si, tan cansado o desengañado estoy que ya no tengo ni sed. Jesús, ¡despierta en mí
una sed muy viva!»
(Conviene repetir las dos invocaciones muy claramente).
Dejaremos un rato más largo para que puedan hacer la oración.
[2 minutos con música de fondo].
Canto
Animador.
■ Nos puede ayudar a dirigirnos a Jesús el canto que ahora oiremos. Se pide a Jesús el agua
viva.
Canción, Tu eres el agua viva de la hermana Glenda. Tiempo
para comentarios y reacciones de los asistentes
Se incrementa la intensidad de la luz.
Animador.
■ Con este canto ha terminado nuestra propuesta por hoy. Esperamos que se hayan encontrado
a gusto y haya sido de su interés. Gracias por su atención, y por su esfuerzo de empatía y
confianza. Ahora nos quedan unos minutos durante los cuales quien quiera puede expresar:
Cómo se ha sentido. Qué le ha gustado. Qué le ha supuesto una dificultad especial.
Avisos finales. Animador: Recuerda el día y hora de la próxima semana.
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Bienvenida
Animador.
Saluda especialmente a los nuevos asistentes, recuerda los rasgos esenciales de este tipo de
encuentro. (Una invitación a la relación personal con Jesús sin más pretensiones ni exigencias,
su carácter libre, etc.).
Tiempo para entrar en una actitud receptiva
Animador.
Ayuda a crear un clima de silencio y de recogimiento siguiendo las indicaciones del primer
encuentro u otras expresiones equivalentes como estas:
Cierro los ojos. Respiro profundamente. Dejo que la música recorra mi interior.
Me digo a mí mismo: «Soy un espacio interior, soy una casa habitable...».
Música.
Invocación al Espíritu Santo
Animador.
Puede utilizar elementos del primer encuentro o ir variando con expresiones como las
siguientes:
Ahora algunos de los que estamos aquí y hemos preparado esta reunión invocaremos al Espíritu
Santo. Tal vez no todos tengan claro quién es el Espíritu Santo. No pasa nada. Ello no impide,
sin embargo, que lo puedan empezar a invocar.
El Espíritu Santo es más que un ambiente, una decoración, unas velas y unas canciones
agradables. Es aquel que hace que el texto que escucharemos a continuación nos pueda
resonar de una manera viva y actual.
Te pedimos que hagas un acto de confianza: nosotros invocaremos al Espíritu Santo en nombre
de todos, y ustedes pueden unir a la invocación si quieren y cuando quieran.
Canto: Ven, ven, ven Espíritu Divino. Ven, ven, ven, acércate a Mí. (Bis).
Apodérate, apodérate, apodérate de todo mi ser. (Bis).
Aquí se siente la presencia de Dios. (Bis).
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Lector:
Lectura del Evangelio según san Juan (3,1-8)
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: Rabí,
sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos
que tú haces si Dios no está con él.
Jesús le contestó:
-Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.
Nicodemo le pregunta: ¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por
segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?
Jesús le contestó:
-Te lo aseguro, el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo
que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu. No te extrañes de que te
haya dicho: «Tienes que nacer de nuevo»; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero
no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado.
Nicodemo fue a ver a Jesús de noche, tal vez por miedo a ser visto por las autoridades judías,
por miedo a ser criticado o a recibir represalias.
También ahora es de noche (o por la tarde, al anochecer) y tal vez algunos están aquí con un
cierto aire de clandestinidad, sin ganas que otros los vean.
Testimonio [optativo]
Pero antes de seguir con esta propuesta, queremos dar la voz a alguien que una noche también
quiso ir a ver a Jesús.
Persona que da su testimonio: (uno de los animadores cuenta como también tuvo temor o pena
de ser reconocido como creyente. Max 5 min.).
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Animador.
Repite la invitación a entrar en relación personal con Jesucristo haciendo alguna conexión con
el testimonio que se acaba de escuchar.
Vemos en Nicodemo un deseo de buscar la verdad como también tenemos nosotros, los que
estamos aquí. Nicodemo va de noche. También puede ser de noche en nuestro espíritu.
La noche de algún problema del entorno familiar: enfermedad, inestabilidad laboral, dificultades
de algún hijo o familiar. La noche de algún problema personal: rupturas emocionales,
insatisfacción, problemas económicos. Noche en la sociedad, noche en la Iglesia. Noche del
desengaño de la política.
Jesús dice que, para encontrar la verdad, para superar la noche, hay que nacer de nuevo, esto
significará algún tipo de ruptura y tal vez algunos dolores de parto... como las mujeres cuando
dan a luz.
Nacer de nuevo significa también nacer de lo alto, es decir: nacer de una fuerza que viene de
«fuera» de la persona. Nacer por una fuerza que viene de otro ámbito que no es humano...
Nacer de lo alto, nacer del cielo, nacer, en definitiva, de Dios, de un Dios personal que nos ama.
Jesús le dice a Nicodemo y lo dice a cada uno de ustedes: «Para superar tu noche tienes que
nacer de nuevo, tienes que nacer de lo alto». «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo?»,
le pregunta Nicodemo a Jesús.
Tal vez nos sentimos identificados con esta pregunta de Nicodemo, y nos preguntamos: ¿Qué
hago yo aquí a estas alturas de mi vida? ¿quieres he de decir que se puede volver a creer?
Nunca se es viejo para iniciar o reiniciar una amistad con Jesús, y para conseguirlo, es
necesario, entre otras cosas, romper con tus perezas, tus miedos, tus egoísmos, tus inercias...
Esto es lo que nos dice Jesús. Y, por otra parte, no podemos «auto provocarnos» este nuevo
nacimiento; no lo podemos hacer por nosotros mismos solos; necesitamos un empujón que
venga de fuera, que venga de lo alto, que venga de Dios, de un Dios personal que nos ama. Es
Dios mismo quien lo hace posible.
Nacer de nuevo significa también «ruptura», que puede producir sentimientos dolorosos, como
dolores de parto. Lo saben (sabemos) muy bien las mujeres, que han (hemos) sido madres.
También es posible que en estos encuentros a alguien se le remueva alguna cosa por dentro.
Tranquilos, esto puede pasar. Este cambio, este nacer de nuevo, es necesario quererlo, no se
impone ni es automático, debe desearse, debe implorarse... con aquella plegaria más elemental:
«Jesús, si Tú eres el camino para nacer de nuevo, ayúdame...»
Animador.
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Ahora tendremos unos momentos con música de fondo, e iremos planteando unas preguntas
que cada uno puede dejar resonar interiormente si quiere. Deja que las preguntas «trabajen»
interiormente.
Música de fondo
Se disminuye la intensidad de la luz.
Animador.
En primer lugar: ¿Tengo ganas de nacer de nuevo? ¿Me gustaría, como mínimo, tener ganas
de nacer de nuevo?
Deja que estas preguntas «trabajen» interiormente.
Permite que resuene en tu interior.
No las respondas con la cabeza (cerebralmente), sino desde el interior, desde el corazón.
1-2 minutos.
Ahora, dando un paso más, nos podemos plantear: ¿Estoy dispuesto a nacer «de lo alto»?
1-2 minutos.
Ahora, si lo deseas, puedes dirigirte directamente a Jesús diciendo desde tu interior:
+ Jesús, ayúdame a nacer de nuevo, ayúdame a nacer «de lo alto», ayúdame a nacer de
Tu Espíritu Santo.
Dejaremos un rato más largo para que puedas hacer un poco más de oración.
Canto
Animador.
Nos puede ayudar a dirigirnos a Jesús el canto que ahora escucharemos. Quien quiera,
libremente, puede cantarlo también. Que nadie se sienta obligado a cantar.
La letra dice así:
Gracias quiero darte por amarme,
gracias quiero darte yo a ti señor,
hoy soy feliz porque te conocí,
gracias por amarme a mí también.
Yo quiero ser señor amado,
como el barro en manos del alfarero,
toma mi vida hazla de nuevo,
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Oración
Cerremos agradecidos con Dios orando con el Padre Nuestro….
Avisos finales
Animador.
Recordar el día y hora del próximo encuentro. Animar a que los participantes inviten a otras
personas. Hay que indicar que algunos del equipo se quedan a continuación por si alguien
quiere hacer alguna consulta en privado.
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Animador.
Hoy queremos ofrecer una posibilidad nueva en esta experiencia. Se trata de la posibilidad,
para quien así lo desee, de hacer su propia oración en voz alta. Ya sabemos que normalmente
nos resulta difícil exteriorizar sentimientos en público o dirigir oraciones espontáneas a Dios.
Que nadie se sienta obligado a hacerlo; pero merece la pena saber que, si este tipo de
invocación se hace con humildad y desde el corazón, ayuda a hacer más real nuestra relación
con Dios. Podemos hacerlo simplemente diciendo una breve expresión, como por ejemplo
«Ven, Espíritu Santo, lléname de tu luz». No importa que varias personas digan la misma
expresión. Lo fundamental es la participación personal.
[Tiempo prudencial para las invocaciones libres al Espíritu Santo].
No es el momento de orar por los enfermos o por la paz del mundo (esto lo introduciremos más
adelante). Ahora solo se trata, quien quiera, de pedir humildemente la ayuda del Espíritu Santo
para la comprensión del Evangelio que será proclamado.
Pauta para el equipo animador
• Estos instantes en los que se abre la posibilidad de que la gente se exprese libremente
deben vivirse en paz y sin tensión.
• No pasa nada si nadie abre la boca.
• Debe saberse «aguantar» los silencios y también dosificarlos. esto se aprende con la
práctica.
• Los miembros del equipo pueden hacer alguna invocación breve, pero solo unas pocas.
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• Debe avisarse a los católicos de toda la vida que se suman a estos encuentros que sean
muy discretos y breves si quieren intervenir. De otro modo se desvirtúa el carácter de
iniciación de estos encuentros y los más alejados se inhiben al escuchar largas y
complejas oraciones.
Proclamación del Evangelio
Lector:
Lectura del Evangelio según san Mateo (10,46-52)
Al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, estaba sentado
al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
-Hijo de David, ten compasión de mí.
Muchos le regañaban para que se callara, "pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión
de mí. ’Jesús se detuvo. Llamaron al ciego diciéndole: Ánimo, levántate, que te llama. Soltó el
manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego
le contestó: Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: vete, tu fe te ha curado. Y al momento recobró
la vista y lo seguía por el camino.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado.
• [Historia de John Newman].
En el siglo XVIII John Newman, un empresario sin escrúpulos que se había dedicado al tráfico
de esclavos, después de haber transportado de una parte a otra del Atlántico más de 20.000
esclavos, con ocasión de un dramático temporal tuvo una conversión repentina: se dio cuenta
de los terribles males que había causado a tantos hombres, mujeres y niños transportados de
forma inhumana en su barco, e inicio un proceso de arrepentimiento que quedó expresado en
una de las más bellas melodías del repertorio anglosajón y de la cual se han hecho múltiples
versiones por grandes solistas o por famosos coros, de Góspel: «Amazing grace» (Amor
precioso). El verso final dice: «. era ciego, pero ahora veo la luz».
En la experiencia del encuentro personal con Jesús como salvador, e paso de la ceguera a la
luz es una característica decisiva.
Bartimeo era ciego y estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Su vida estaba
marcada por el ritmo rutinario de los días, una vida al borde del camino, una vida sin sentido...
a merced de quien quisiera darle limosna.
Un día, oye pasar a Jesús ha oído hablar de su fuerte personalidad y de su capacidad para
curar todo tipo de enfermedades y sobreponiéndose al miedo a hacer el ridículo se pone a gritar
con todas sus fuerzas: «Hijo de David, ten compasión de mí».
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Dice el Evangelio que muchos le regañaban para que se callara. Pero el gritaba más: «Hijo de
David, ten compasión de mí».
¿Seríamos capaces nosotros de gritar en medio de la calle si viésemos pasar a una persona
importante sabiendo que tiene el poder de curar nuestros males? ¿Llamaríamos su atención en
medio de la multitud que lo estaría rodeando? ¿O tal vez preferiríamos más volver a casa con
nuestro mal por miedo a hacer el ridículo?
También hoy como ayer podemos acercarnos a Jesús, pedir su ayuda y superar el miedo a
hacer el ridículo.
Y alguien pensará: Si Jesús es Dios y Él sabe mis males, ¿por qué lo tengo que invocar? ¿Por
qué tengo que explicarle mis males y pedirle que me ayude?
Hay cosas de la fe que no son fáciles, y que no pretendemos responder ahora, pero hay una
buena respuesta a esta duda. Jesús respeta escrupulosamente nuestra libertad y no nos quiere
imponer su curación, a no ser que nosotros la queramos y demos el consentimiento muy
libremente. Nuestra manera de expresar nuestro deseo libre es pedírselo.
Jesús pasa a nuestro lado: ¡sintamos su presencia! Ahora se trata de que, desde el fondo de
nuestro corazón, si queremos, también gritemos: Hijo de David, ten compasión de mí.
«Ten compasión de mí que soy un pobre pecador, ten compasión de mí que me cuesta
perdonar, que soy orgulloso, ten compasión de mi poca esperanza, de mi afán por destacar, del
deseo de que se me valore... Hijo de David, ten compasión de mí».
Dice el texto: Jesús se detuvo y dijo: Llámenlo. Llamaron al ciego diciéndole: Ánimo, levántate,
que te llama. Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Ojalá esta noche (tarde) seamos
capaces como aquel ciego de dar un salto interior y acercarnos a Jesús. Él hoy también nos
pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti? ¿Tendremos la humildad y el atrevimiento de decir
también como el ciego: ¿Maestro, que pueda ver? Ojalá, al hacerlo, podamos sentir también
de alguna manera la voz de Jesús que nos dice: Anda, tu fe te ha curado.
Resonancia personal guiada
Se apagan todas las luces.
Animador.
Dejamos ahora un espacio de meditación, con música de fondo, para que cada uno a su ritmo
y por dentro se dirija, si quiere, a Jesús diciéndole sin miedo a hacer el ridículo:
+ ¡Jesús, fíjate en mí!
+ ¡Jesús, que vea!
Basta con repetir alguna de estas frases poco a poco y con mucha paz.
Música de fondo [3 minutos].
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Canto
Tiempo para comentarios y reacciones de los asistentes.
Se incrementa la intensidad de la luz.
Avisos finales
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Se encienden las velas. Atención, en la cruz que hemos puesto se debe amarrar un pañuelo
blanco.
Bienvenida
Animador.
Saludo adaptado, recordando el sentido del encuentro, si hay caras nuevas en el grupo y alguna
observación. Crear ambiente familiar.
Tiempo para entrar en una actitud receptiva.
Canto
Invocación al Espíritu Santo
Animador.
Motivar la necesidad de invocar al Espíritu Santo: es Él quien nos tiene que ayudar a vivir el
encuentro aquí y ahora con Jesús a partir de la página del Evangelio proclamada.
Animador.
Recordar la novedad introducida el último día, la posibilidad de dirigir la invocación personal al
Espíritu Santo en voz alta. Puede empezar el propio animador siempre utilizando un tono natural
y discreto:
Ven, Espíritu Santo, llénanos de tu amor. Ábrenos la mente y el corazón. (Repetir 3 veces).
Invita a los presentes a hacer su propia invocación si lo desean.
[Tiempo prudencial para las invocaciones libres al Espíritu Santo].
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Entra en mi corazón, dame el agua viva del Espíritu Santo, perdona mi resistencia a Ti y mi
complicidad con el mal; déjame sentir el abrazo del Padre y el Amor y la Paz que tanto deseo;
pon orden en todas las áreas de mi vida, y ayúdame a seguir con coherencia y fidelidad este
camino de amistad contigo que ahora (re)inicio.
Amén.
Tiempo para hacer propia la oración de aceptación de Jesús
Animador.
Ahora dejaremos unos instantes con música de fondo para que reflexionemos sobre esta
oración que hemos compartido.
Se disminuye la intensidad de la luz. Música suave (3 minutos aproximadamente).
Animador.
Ahora, proponemos una forma más de aproximación a Jesús. Quien quiera puede decir en voz
alta una frase de esta oración dirigiéndola con fe a Jesús. Hay una fuerza especial cuando nos
dirigimos a Dios con la propia voz, con humildad. Es la fuerza de la palabra que sale del corazón.
Canto
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V. JESÚS Y LÁZARO
Bienvenida
Cantos
Invocación al Espíritu Santo
Animador.
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el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro,
mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
Mt. -Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo
lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. N. Jesús le dijo:
J. -Tu hermano resucitará.
N. Marta respondió:
Mt.-Sé que resucitará en la resurrección del último día. N.
Jesús le dice:
J. -Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está
vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? N. Ella le contestó:
Mt.-Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías. el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
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J. -Quiten la losa.
N. Marta, la hermana del muerto, le dice:
Mt. -Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. N.
Jesús le dice:
J. -¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?
N. Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
J. - Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que Tú me escuchas siempre; pero
lo digo por la gente que me rodea, para que crean que Tú me has enviado. N. Y dicho esto,
gritó con voz potente:
J. -Lázaro, ven afuera.
N. El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo:
J. - Desátenlo y déjenlo andar.
N. Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús,
creyeron en Él.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado.
Sara Bosch, una psicóloga clínica, después de doce años de atender a víctimas del terrorismo,
decía en una conversación.
¿Qué le dice a una madre a la que acaban de matarle a un hijo en una masacre?
Si necesita que yo llore con ella, lloro con ella, si necesita apartarse con los suyos, procuro que
pueda hacerlo... la clave es que pueda expresar lo que piensa y lo que siente.
Si tengo un amigo que ha perdido a alguien en el atentado, ¿cómo puedo ayudarle?
Escúchele. Que le hable, que le explique los hechos -lo que vio-, lo que pensó y piensa, y lo
que sintió y siente. Lo más útil para él es verbalizar todo esto. Al verbalizar, está creando una
película en la que codifica su dolor. Eso le ayudará.
La humanidad, a lo largo de su historia, ha acumulado muchas experiencias traumáticas de
rivalidades, de humillaciones, de crueldad y violencia. De alguna manera todos llevamos en el
ADN de nuestra alma el impacto de estos traumas. Y, además, en nuestra propia vida hemos
experimentado traumas propios de variada categoría.
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¿Quién podrá escuchar tantas historias de dolor? ¿Qué gran psicólogo clínico de la humanidad
podrá prestar la debida atención a los millones de historias que necesitan ser verbalizadas para
que su codificación permita pasar de una memoria traumática a una memoria esperanzada?
Indudablemente haría falta alguien que pudiera llorar con los que lloran, estar en silencio con
los que quieren estarlo, compartir el dolor callado de tantos con una empatía extraordinaria.
El evangelio de esta noche (tarde) nos habla de alguien que se conmueve ante el dolor de dos
hermanas que acaban de perder a su hermano: Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los
judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido... Y todavía añade por segunda vez:
Jesús se puso a llorar.
La palabra que utiliza el Evangelio para describir el llanto de Jesús hace referencia a un llanto
sereno, contenido; no es el llanto convulsivo de María, ni el llanto histérico de las plañideras de
oficio. El llanto de Jesús era un llanto profundo y sentido que conmovió a los que lo
presenciaron:
Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!
El llanto de Jesús es un llanto humano, solidario, un llanto por nuestra limitada condición
humana. Jesús no llora de impotencia como nosotros ante la muerte de un ser querido; no llora
por sentirse derrotado por la muerte. El suyo es un llanto de fraternidad.
Es el llanto de un Dios que se emociona humanamente, que viene a compartir el dolor humano
para ayudar a superarlo e introducir como una pequeña experiencia del triunfo final de la vida
para siempre.
Jesús -para quien quiera y pueda creerlo- es Dios que ha venido a ayudar a verbalizar el dolor
humano y con esto no solo a situarlo en una película ordenada de los hechos, sino, incluso, a
hacerlo entrar en un horizonte de vida por siempre más allá de la muerte.
Jesús, seguro de sí mismo, da la orden: Quiten la losa. Marta, la hermana del muerto, le dice:
Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. Jesús le dice: ¿No te he dicho que si crees verás
la gloria de Dios?
De este signo de la resurrección de Lázaro es de admirar la personalidad de Jesús: tan humano
que llora por su amigo, tan filial que actúa con la absoluta seguridad de que el Padre lo
escuchará y tan divino que tiene poder absoluto sobre la muerte. ¡Fascinante!
Hemos escuchado esta noche (tarde) este relato del Evangelio de Juan en su capítulo 11, un
relato detallado, codificado, que nos ha sido transmitido a lo largo de los siglos, para que
nosotros al oírlo podamos entrar en él, de manera que nos libere del caos, que ponga orden en
nuestra vida, que nos permita codificar nuestras experiencias traumáticas y, sobre todo, vivir
una inicial resurrección ya en esta vida.
La opción es de cada uno de los que estamos aquí:
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
O Jesús es un farsante y un iluminado, y sus seguidores montaron una gran estafa para toda la
humanidad que dura hasta el día de hoy. O Jesús es Dios en persona que viene a asistirnos en
nuestra soledad. Él es mucho más que un psicólogo que asiste a las familias de las víctimas y
ayuda a las propias víctimas a verbalizar su perplejidad. Él viene a ofrecernos ni más ni menos
que la vida en plenitud ya ahora y después de la muerte por siempre.
¿Qué sentimos esta noche (tarde)? No reprimamos nuestros sentimientos y vivencias... Nos
podría hacer daño guardarlas dentro por miedo a un dolor momentáneo o por miedo a hacer el
ridículo. ¿La soledad? ¿La añoranza de un Dios personal de verdad? ¿El dolor porque se nos
negó el amor cuando más lo necesitábamos? ¿El peso de la responsabilidad por haber tomado
una opción que el tiempo demostró errónea?
Dejemos, de todos modos, que las palabras de Jesús resuenen claras ahora mismo:
- Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está
vivo y cree en mí, no morirá para siempre.
Es como si dijera: Yo lloro contigo... Yo te ofrezco la curación de tu caos, yo te ofrezco la
liberación de la losa y de las vendas que te tienen atrapado y atado: el escepticismo, el bloqueo
intelectual o afectivo, la pereza, la indecisión... Yo soy tan humano como solo Dios puede serlo...
¿Por qué te niegas a aceptar lo que tu corazón pide a gritos: ¿un Dios amor atento contigo?
Y finalmente la pregunta que Jesús nos hace a cada uno esta noche (tarde): ¿Crees esto?
Resonancia personal guiada
Animador.
Ahora tendremos unos instantes con música de fondo, e iremos planteando unas preguntas
que cada uno puede dejar resonar interiormente si quiere: dejen que estas preguntas «trabajen»
en el interior.
Se disminuye la intensidad de la luz.
Música de fondo.
¿Cuál es el principal obstáculo que me está impidiendo ahora mismo acercarme a Jesús de una
manera libre y total? El miedo a hacer el ridículo. La vergüenza. Las dudas. El peso del pasado.
Los escándalos de la gente de Iglesia. ¿El exceso de racionalismo?
[3 minutos].
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
Animador.
Ahora quien quiera podrá repetir en voz alta una de las frases que ha dicho interiormente a
Jesús. Que nadie se sienta obligado a hacerlo, pero que tampoco se reprima si siente el impulso
de decirlo.
[Tiempo para la verbalización de los asistentes].
Canto
Tiempo para comentarios y reacciones de los asistentes.
Se incrementa la intensidad de la luz.
Avisos finales
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
Bienvenida
Tiempo para entrar en una actitud receptiva
Música suave (2 minutos aproximadamente).
Invocación al Espíritu Santo
Proclamación del Evangelio
Se incrementa la intensidad de la luz.
Lectura del Evangelio según san Juan.
María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno
a la cabecera y el otro a los pies. Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque
se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús
allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién
buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado,
dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.» Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le
dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro». Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido
al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a
mi Dios, que es Dios de ustedes.» María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al
Señor y me ha dicho esto.»
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado.
La muerte cruenta y humillante de Jesús en la cruz fue un golpe muy duro para sus discípulos.
Toda su esperanza se derrumbaba. Se quedaban sin futuro.
Por eso, la alegría que comportó la experiencia de su resurrección fue tan turbadora y es tan
difícil de plasmar en los textos del Evangelio. A pesar de ello el evangelista Juan lo intenta y lo
consigue bastante bien como en el relato que acabamos de escuchar, una página vibrante
repleta de emoción y de delicadeza humana y divina.
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
María Magdalena, una mujer, fue elegida por Jesús para ser el primer testigo de su resurrección.
Y eso que en aquel tiempo las mujeres no podían ser testigos en un juicio. La escena que hemos
escuchado narrada con una extrema delicadeza tiene la virtualidad de poder ser reproducida
en cada uno de nosotros aquí y ahora si abrimos el corazón de par en par y con fe y confianza.
¡Manos a la obra!
Testimonio [optativo]
Animador.
Pero antes de seguir con esta propuesta, queremos dar la voz a alguien que también lloraba
sus pérdidas y que un día oyó como Jesús lo llamaba por su nombre.
Persona que da su testimonio.
Animador.
Una vez escuchado este testimonio, nos toca a cada uno de nosotros, si queremos, vivir de la
experiencia del encuentro personal con Jesús resucitado y en concreto de oír su voz que nos
pregunta:
• ¿Por qué lloras?
• ¿Qué buscas?
• ¿Qué busco yo en este momento?
• Seguridad. • Venganza. • Placer.
• Afecto. • Paz. • Evasión.
• Dinero. • Felicidad.
• Éxito. • Futuro laboral.
Resonancia personal guiada
Animador.
Ahora tendremos unos instantes con música de fondo, e iremos planteando unas preguntas que
cada uno puede dejar resonar interiormente si quiere: dejen que estas preguntas «trabajen» en
su interior.
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
• No reprimas la expresión de tus deseos (si son «malos» Él los purificará, si son buenos
hay que sacarlos a la luz).
• Deja que emerja lo más profundo que llevas en el corazón.
■ Ahora quédate en silencio, dispuesto a escuchar la voz de Jesús que dice tu nombre.
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
■ Esta noche, amigos y amigas, les proponemos una visualización. Ponte cómodo, relájate,
déjate llevar por la imaginación, respira profundamente y sigue las pautas que te iremos dando.
Si a alguien de los presentes le resulta difícil visualizar, que no se preocupe. Puede limitarse a
escuchar lo que iremos diciendo como si fuera un programa de radio, y puede también si quiere
ir repitiendo interiormente: Jesús, entra en mi corazón.
Se disminuye la intensidad de la luz.
Música de fondo durante todo el período de la visualización.
Animador o miembro del equipo preparado.
Para Facilitar que los oyentes puedan irlo visualizando es necesario leer poco a poco con voz
sugerente teniendo en cuenta las pausas:
En cada coma una pequeña pausa. Cuando hay puntos suspensivos, una pausa un poco más
larga. Y cuando acaba un párrafo, una pausa todavía más larga.
Imagínate que estás en tu habitación. Ves tu cama, la mesa, el armario, la estantería con los
libros, los pósteres que tienes colgados en las paredes, la cadena de alta fidelidad... Te ves a ti
mismo escuchando música...
(Pausa)
Y ahora imaginas que por el camino de tu casa caminando tranquilamente viene... Jesús... sí,
Jesús. Imagínatelo:
Con su barba, su cabello largo, la mirada serena... Imagínatelo con túnica y sandalias, como
quieras... pero haz el pequeño esfuerzo de imaginártelo en este momento en tu mente... Déjate
guiar por el Espíritu.
Y ahora ves a Jesús que llega al portal de la casa y empieza a subir las escaleras, lenta pero
decididamente... ves un primer plano de sus pies subiendo los escalones de la escalera, y su
mano cogiéndose a la barandilla... Su robusta mano de carpintero experto... ves cómo Jesús
sube lentamente la escalera y se acerca a tu piso.
Ahora ya está ante la puerta de tu casa.
«Estoy a la puerta».
Jesús hace rato que está ante la puerta de tu casa.
Y espera... espera.
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
¿Oyes su voz? ¿Quieres oír su voz, hoy, ahora mismo...? Él te llama por tu nombre con la
fuerza del Espíritu.
Haz silencio en tu interior ahora. Respira lentamente... no tengas miedo.
La puerta se abre por dentro y depende de ti. Jesús no te quiere forzar, Él respeta tu libertad...
¿Quieres abrir la puerta de tu corazón a Jesús? ¿Quieres darle permiso para que entre?
¿Qué te pasa?
• ¿Dudas? ¿Tienes miedo? ¿Miedo a tener una decepción? ¿A abrir y no encontrar a
nadie? ¿Miedo a que Jesús te recrimine algo de tu pasado?
¡Vamos, decídete!
Te abrazará.
«Entraré y comeremos juntos»
Él te pone la mano en el hombro, te mira con ternura y te dice: «¡Cuánto tiempo he esperado
este momento!».
Tiempo para saborear personalmente la visualización
Animador.
La música sigue.
Ahora dejaremos unos instantes, con música de fondo, para que cada uno saboree esta
visualización y retenga el momento más interesante.
La imagen más impactante o consoladora.
Música suave (3-4 minutos aproximadamente).
Tiempo para verbalizar
Invitación o verbalizar alguna frase o expresión que haya sugerido la visualización.
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
Animador.
Quien quiera, con total libertad, puede hacer todavía más real la acogida de Jesús diciéndole
ahora en voz alta: «Jesús, entra en mi casa».
[Tiempo para la verbalización de los asistentes].
Pauta para el equipo animador.
Estos espacios en los que se abre la posibilidad de que la gente se exprese libremente, hay
que vivirlos con paz y sin tensión.
No pasa nada si nadie abre la boca.
Hay que saber «aguantar» los silencios y también dosificarlos. esto se aprende con la práctica.
Los miembros del equipo pueden hacer alguna invocación breve, pero solo algunos. Y de Forma
breve. oraciones.
Canto
Tiempo para comentarios y reacciones de los asistentes
Se incrementa la intensidad de la luz.
Ver las indicaciones del primer encuentro.
Avisos finales
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
HP. - Padre, he pecado contra el cielo y contra Ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. N.
Pero el padre dijo a sus criados:
P. -Saquen en seguida el mejor traje, y vístanlo; pónganle un anillo en la mano y sandalias en
los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo; celebremos un banquete; porque este hijo mío
estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado.
N. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba
a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Este le contestó:
- Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con
salud.
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su
padre.
HM. - Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca
me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo
tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres le matas el ternero cebado. N. El padre le
dijo:
P. - Hijo, tú está siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este
hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado:
■ Hay un precioso libro, escrito por un sacerdote holandés que se llamaba Henri Nouwen, sobre
el cuadro que Rembrandt dedicó al Hijo pródigo.
El libro nos dice que todos tenemos algo de cada personaje de esta parábola:
• Todos somos o hemos sido en algún momento de nuestra vida hijos pródigos. Todos
somos o hemos sido hermanos mayores a los que cuesta acoger al hermano que regresa. Y
todos somos o hemos sido o debemos ser padres amorosos que tenemos que saber acoger y
perdonar.
• Esta noche (tarde) ¿por qué no probamos de ver con qué personaje o personajes nos
identificamos más en este momento de nuestra vida?
A) El hijo pródigo
Algunos quizá nos identificamos con el hermano menor. Tal vez, en un momento de nuestra
vida nos alejamos de la matriz familiar, o de la parroquia, colegio o movimiento en el que
recibimos una primera formación y apertura a la vida. Tanto si en estos momentos te encuentras
en esta situación como si ahora te acuerdas de haberla pasado en momentos anteriores de tu
vida puedes tomar conciencia de la situación de indigencia espiritual que esta situación supone.
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
• ¿A dónde he huido yo? ¿Qué portazos he dado en mi vida? ¿De qué huyo ahora mismo?
¿A qué situación de hambre me ha llevado esta huida o separación?
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
Ahora dando un paso más nos podemos plantear: ¿Con qué tipo de algarrobas he intentado o
intento saciar mi hambre?
• ¿Búsqueda desenfrenada de dinero? ¿Éxito y prestigio social? ¿Consumo compulsivo
de televisión o internet? ¿Bebida y/o estimulantes? ¿Adicción al trabajo?
• ¿Reconozco mis errores y malas decisiones en este campo?
• ¿De qué me arrepiento sinceramente? [1-2 minutos].
• Ahora, dando un paso más, puedes dirigirte directamente a Dios
diciéndole:
+ Padre, he pecado contra el cielo y contra Ti.
+ Ahora vengo a Ti y quiero dejarme abrazar y perdonar por Ti.
2 minutos.
B) El hermano mayor
También podemos dedicar unos momentos a pensar hasta qué punto tenemos algún rasgo del
hermano mayor: ¿Hay en mí algún tipo de resentimiento o de amargura por el hecho de no ver
reconocido o premiado mi esfuerzo por ser buena persona?
[1-2 minutos].
Y aún nos podemos plantear: ¿Miro con recelo o prevención a los que vuelven a la fe o se
reincorporan a la Iglesia o incluso a mi comunidad cristiana?
[1-2 minutos].
Y finalmente puedes dirigirte directamente a Dios diciéndole:
+ Padre, perdóname porque, estando tan cerca de Ti, no he sabido vivir y gozar de tu
amor y de la libertad que Tú me das.
2 minutos.
Invitación a verbalizar la oración personal y a apoyarla con la respuesta colectiva
Animador.
■ Ahora es el momento en que quien quiera puede expresar de viva voz su oración dirigida al
Padre.
Tiempo para las intervenciones personales.
9. Canto
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
■ Hoy, para terminar, queremos introducir una práctica muy propia de la oración cristiana pero
que hemos reservado para este momento de nuestro proceso. Se trata de orar también por los
demás.
■ Es lo que se llama oración de los fieles. No es ahora el momento de explicar todo el
fundamento teológico de este tipo de oración, pero sí que abrimos un espacio para que quien
quiera dirija en voz alta a Dios, una oración por personas, grupos o situaciones diversas.
■ Nos uniremos a cada petición diciendo: Te lo pedimos, Señor. [Tiempo prudencial para las
intervenciones personales].
11. Canto final
13. Avisos
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
Un día, Jesús desnudó su corazón y descubrió lo que sentía en su interior al ver lo que estaba
ocurriendo. Lleno de alegría alabó así a Dios delante de todos: «Te doy gracias, Padre, Señor
del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has
dado a conocer a los sencillos». A Jesús se le ve contento, pues añade: «Sí, Padre, así te ha
parecido mejor». Esa es la forma que tiene Dios de revelar sus «cosas».
Los «sabios y entendidos» creen saberlo todo, pero no entienden nada. La actitud de la gente
sencilla es diferente. No tienen acceso a grandes conocimientos religiosos, no asisten a las
escuelas de los grandes maestros de la ley, tampoco cuentan mucho en la religión del templo.
Su manera de entender y de vivirla vida es más sencilla. Ellos van a lo esencial. Saben lo que
es sufrir, sentirse mal y vivir sin seguridad. Por eso se abren con más facilidad y confianza al
Dios que les anuncia Jesús. ¿No es esta la actitud que hemos de despertar en nosotros?
Estamos aquí atraídos por el Padre y buscados por Jesús. El Padre quiere revelar sus «cosas»
a los sencillos, y su Hijo Jesús se alegra en sintonía total con su Padre. También Él quiere
revelar a los sencillos su experiencia de Dios, lo que contempla en su corazón de Padre, el
proyecto que le apasiona, lo que busca para sus hijos e hijas. ¿No nos lo revelará a nosotros?
«Vengan a Mí todos los que están cansados y agobiados». Es la primera llamada. Está dirigida
a todos los que viven la religión como un peso, los que se sienten agobiados por doctrinas
complicadas que les impiden captar la alegría de un Dios Amigo y Salvador. Si se encuentran
vitalmente con la persona de Jesús, experimentarán un respiro: «Yo los aliviaré».
«Carguen con mi yugo... porque es llevadero y mi carga, ligera». Es la segunda llamada. Hay
que cambiar de yugo. Hemos de abandonar el yugo de «los sabios y entendidos», pues es
abrumador y lleva a una moral sin alegría, y cargar con el de Jesús, que hace la vida más
llevadera. No porque Jesús exige menos, sino porque propone lo esencial: el amor que libera a
las personas y despierta en el corazón humano el deseo de hacer el bien y el gozo de la alegría
fraterna.
«Aprendan de Mí, que soy sencillo y humilde de corazón». Es la tercera llamada. Hemos de
aprender a cumplir la ley y vivir la religión como lo hacía Jesús, con su mismo Espíritu. Jesús
no «complica» la vida, la hace más clara, más sencilla y humilde. No agobia a nadie. Al contrario,
libera lo mejor que hay en nosotros y nos enseña a vivir de manera más digna y humana.
Esta es la promesa de Jesús: si vienes a Mí... sí cargan con mi yugo... Sí aprenden de Mí a vivir
de manera diferente, «encontrarán descanso para sus vidas». Jesús libera de agobios, no los
introduce; hace crecer la libertad, no las servidumbres; atrae hacia el amor, no hacia las leyes;
despierta la alegría, nunca la tristeza. ¿Sabremos encontrar en Jesús nuestro descanso?
Resonancia personal guiada
• ¿Me resulta un peso la religión y la moral tal como se viven entre nosotros?
• ¿Hay algo que me hace sufrir de manera especial? ¿Qué puedo hacer para vivir con
más paz?
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
• Cuando me encuentro agobiado por los problemas, cansado de seguir luchando, harto
de ciertas personas, ¿suelo ir a Jesús para encontrar respiro, descanso y aliento nuevo?
¿No necesito aprender a relacionarme con Él de otra manera? ¿Cómo?
• Conversación con Jesús. Háblale de tus cansancios y agobios. Él te entiende y te alivia.
Invitación a verbalizar la oración personal
Animador.
■ Ahora es el momento en que quien quiera puede expresar de viva voz su oración dirigida al
Padre.
■ Podemos unirnos a ella, según cual sea la verbalización, diciendo: Dios de amor
escúchanos.
Tiempo para las intervenciones personales.
Oración
En un clima de silencio y recogimiento sintonizamos con la alegría de Jesús y damos gracias a
Dios por ser tan bueno con la gente más sencilla y modesta. Todos juntos pronunciamos las
palabras de Jesús: «Te damos gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has dado a conocer a los sencillos. Sí,
Padre, así te ha parecido mejor». Luego podemos cada uno dar gracias en voz alta o en silencio
por personas sencillas cuya fe nos hace bien.
Podemos orar juntos esta oración:
Hoy queremos expresarte, Padre, nuestra ilusión y nuestra alegría, porque tu aliento nos anima
y guía, tus manos nos alzan y sostienen, y en tu regazo encontramos ternura y descanso. Con
el corazón encogido por tanto don recibido y tanto horizonte abierto, nos brota con facilidad la
alabanza. Desbordados por tu amor y llenos de gozo te ensalzamos. Lleva a buen término lo
que has comenzado.
Canto final
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
X. ¡ÁBRETE!
Ambientación
Como de costumbre.
Podemos decorar con unas llaves grandes y unos candados, no se olviden de las velas y un
cartel grande que diga en mayúscula ÁBRETE.
Pequeño ritual de inicio
Se disminuye la intensidad de la luz.
Empieza a sonar de fondo una música de inicio. Se encienden algunas velas.
Bienvenida
Tiempo para entrar en una actitud receptiva
Música suave (2 minutos aproximadamente).
Invocación al Espíritu Santo
Proclamación del Evangelio
MARCOS 7,31-37
Dejó [Jesús] el territorio de Tiro y marchó de nuevo, por Sidón, hacia el lago de Galilea,
atravesando el territorio de la Decápolis. Le llevaron un hombre que era sordo, y además apenas
podía hablar; y le suplicaban que le impusiera la mano. Jesús lo apartó de la gente y, a solas
con él, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Luego, levantando los ojos
al cielo, suspiró y le dijo: —Effetá (que significa: «Ábrete»).
Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar sin
dificultad. Él les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, más lo
pregonaban. Y en el colmo de la admiración decían: —Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los
sordos y hablar a los mudos.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado:
Para vivir escuchando a Jesús hemos de dar un paso decisivo: abrir nuestro corazón, nuestra
mente y la vida entera al trabajo que Jesús está haciendo ya en nosotros. Si nos reunimos con
el corazón bloqueado, «sordos» a sus llamadas y sin una comunicación abierta entre nosotros,
esta es la palabra que necesitamos oír de Jesús: «¡Ábrete!».
El evangelista Marcos sitúa el episodio en la orilla oriental del lago de Galilea, en una región
habitada mayoritariamente por paganos. Su objetivo no es solo recoger los recuerdos que se
conservan entre los seguidores de Jesús sobre la curación de un sordomudo. El relato sugiere
algo más.
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
La curación del sordomudo narrada por Marcos sugiere que Jesús es capaz de «abrir los oídos»
para que los «sordos» puedan escuchar y entender la Buena Noticia de Dios. Por eso mismo,
el relato se convierte en una llamada a abrirnos a Jesús para dejarnos trabajar por Él. ¿No es
eso precisamente lo que necesitamos?
Según el relato, la situación del sordomudo es lamentable. Vive como ajeno a todo. No parece
ser consciente de su estado. No hace nada por acercarse a Jesús. Nunca saldría por sus
propias fuerzas de su aislamiento. Por suerte para el enfermo, unos desconocidos se interesan
por él y «lo llevan» a Jesús. Solo les mueve un deseo: suplican a Jesús que «imponga su mano
sobre él» para transmitirle su fuerza curadora.
La desgracia del sordo consiste en que solo se oye a sí mismo. No puede escuchar a sus
familiares y vecinos. No puede conversar con sus amigos y amigas. Tampoco escucha las
parábolas de Jesús ni entiende su mensaje. Vive aislado en su propia soledad. Su situación se
agrava todavía más cuando, al no poder ir, se atrofia su capacidad de hablar. El sordo de
nuestro relato apenas puede hablar de manera inteligible y clara. Así transcurre su vida: sin
escuchar el mensaje de los demás y sin poder comunicarles el suyo propio.
El sordo sale de su aislamiento. Se deja trabajar por Jesús. Y en el momento en que Jesús y el
enfermo se funden en una misma fe y se abren a la acción de Dios, amigo de la vida, la curación
se hace realidad. Por primera vez, aquel pobre enfermo empieza a conocer lo que es vivir
escuchando a los demás y conversando abiertamente con todos. Ha escuchado la orden de
Jesús, se ha abierto y ahora es capaz de vivir escuchando su Buena Noticia y comunicándola
a otros. ¿No es esta la experiencia que necesitamos vivir nosotros?
Hemos de dejarnos trabajar por Él para ser sus discípulos y seguidores. Si vivimos sordos a su
mensaje, si no entendemos bien su proyecto ni captamos su amor a los que sufren, no
escucharemos la vida como la escuchaba Él, ni llegará hasta nosotros el clamor de los que
sufren como llegaba hasta el fondo de su corazón. Pero entonces no seremos capaces de
anunciar su Buena Noticia, pues deformaremos su mensaje. No hemos de olvidarlo en nuestro
recorrido. Si nos mantenemos «sordos» a las palabras de Jesús, seremos como «tartamudos»
al anunciar su Buena Noticia. A muchos se les hará difícil entender nuestro «evangelio».
Resonancia personal guiada
• ¿Tengo la impresión de vivir sin escuchar desde el fondo de mi ser la voz de Jesús?
¿Qué es lo que más me impide estar abierto a su Evangelio y a su Espíritu?
• ¿Sé confesar mi fe en Jesucristo con mi palabra y con mi estilo de vivir o soy un cristiano
mudo? ¿Callo y oculto a veces mi identidad cristiana? ¿Por qué? ¿Por respeto, por
cobardía, por temor al rechazo...? ¿Puedo colaborar?
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
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SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
Ambientación
Podemos decorar con unos panes, monedas, y algún signo de poder para ayudar a entrar en
ambiente de escucha atenta.
Pequeño ritual de inicio
Se disminuye la intensidad de la luz.
Empieza a sonar de fondo una música de inicio. Se encienden algunas velas.
Bienvenida
Tiempo para entrar en una actitud receptiva
Música suave (2 minutos aproximadamente).
Invocación al Espíritu Santo
Proclamación del Evangelio
MATEO 4,1-11
Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, para que el diablo lo pusiera a prueba. Después de
ayunar cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre. El tentador se acercó y le dijo: —Si eres
Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes. Jesús le respondió:
—Está escrito: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Después el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: —Si eres
Hijo de Dios, tírate abajo; porque está escrito: Dará órdenes a sus ángeles para que cuiden de
Ti y te lleven en brazos, de modo que tu pie no tropiece en piedra alguna. Jesús le dijo: —
También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
De nuevo lo llevó consigo el diablo a un monte muy alto, le mostró todos los reinos del mundo
con su gloria y le dijo: —Todo esto te daré si te postras y me adoras. Entonces Jesús le dijo: —
Vete, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y solo a Él le darás culto.
Entonces el diablo se alejó de Él y unos ángeles se acercaron y le servían.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado:
Jesús vive movido por el Espíritu de Dios, que dirige toda su vida. Pero su fidelidad al Padre no
siempre será fácil, pues estará atravesada por pruebas, tentaciones y conflictos. Vamos a tomar
conciencia de los caminos equivocados que hubiera podido seguir Jesús pervirtiendo su misión.
De esta manera, conoceremos mejor su fidelidad al Padre y podremos estar más atentos a las
tentaciones que nos pueden desviar hoy de su camino.
18
SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
Las tentaciones no son propiamente de orden moral. Su verdadero trasfondo es más profundo.
El tentador pone a prueba la actitud última de Jesús ¿cómo ha de vivir su tarea? ¿Buscando su
propio interés o escuchando reamente su Palabra? ¿Cómo ha de actuar? ¿Dominando a los
demás o poniéndose a su servicio? ¿Cómo ha de orientar su vida? ¿Buscando su propia gloria
o la voluntad de Dios? Las respuestas de Jesús son breves y concisas. Jesús responde
destacando lo único necesario y esencial: la fidelidad a Dios.
La primera tentación acontece en el «desierto», a ras del suelo. Después de un largo ayuno
dedicado a la búsqueda de Dios, Jesús siente hambre. Jesús, desfallecido pero lleno del
Espíritu, reacciona con rapidez: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale
de boca de Dios». Se da cuenta de que el tentador le está sugiriendo actuar pensando en sí
mismo y no en el proyecto de Dios. No seguirá ese camino. No vivirá buscando su propio interés.
No utilizará a su Padre de manera egoísta. Se alimentará de la Palabra de Dios.
La segunda tentación tiene lugar en «el alero del templo». La respuesta de Jesús es
contundente: «No tentarás al Señor, tu Dios». No será un Mesías triunfador. Nunca pondrá a
Dios al servicio de su gloria. No buscará «señales del cielo» para impresionar a las gentes.
Pondrá su poder curador al servicio de los enfermos y los últimos.
Siempre que los seguidores de Jesús ponemos a Dios al servicio de nuestra propia gloria,
buscando nuestro éxito y superioridad sobre los demás, nos estamos desviando de Jesús.
Cuando pretendemos seguir pensando que la práctica de nuestros deberes religiosos nos
dispensa del esfuerzo y el compromiso a por un mundo más humano y justo, nos alejamos de
Él.
Para la tercera tentación, el diablo lleva a Jesús a «un monte muy alto». Allí le muestra «todos
los reinos del mundo con su gloria». Jesús reacciona: «Vete, Satanás. El Padre no lo llama a
dominar la tierra al estilo del emperador de Roma, sino a servir a quienes viven oprimidos por
los que tienen el poder. El reino de Dios no se impone con poder, se ofrece con amor.
Los seguidores de Jesús hemos de ahuyentar cualquier tentación de poder, vanagloria y
dominación, gritando con Jesús: «Vete, Satanás». El poder mundano es siempre una tentación
diabólica. Cuando caemos en ella, nos estamos desviando gravemente de él.
Resonancia personal guiada
¿Conozco bien las tentaciones que me pueden apartar del seguimiento fiel a Jesús?
¿Qué es lo que más me puede alejar del Evangelio en estos momentos?
¿Siento a Jesús cercano en el momento de la tentación? ¿Cómo es mi relación con Él en el
momento de la prueba o de la caída? ¿Es Jesús mi mejor estímulo para cuidar mi fidelidad al
Padre? ¿Me ayuda este grupo a vivir de manera más lúcida y responsable?
8. Invitación a la oración personal
«No solo de pan vive el hombre...». Leemos despacio la primera tentación. Recordamos en
silencio a quienes no tienen pan, trabajo, vivienda, seguridad... Pensamos al mismo tiempo en
19
SUBSIDIO PARA LA CASA CATÓLICA
nuestro bienestar... Escuchamos a Jesús: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra
que sale de boca de Dios» ... Después de meditar en silencio, invocamos a Jesús en silencio o
en voz alta.
• «No tentarás al Señor, tu Dios...». Leemos la segunda tentación. Recordamos nuestra
pretensión de poner a Dios al servicio de nuestros propios intereses, nuestra resistencia
a correr riesgos por el reino de Dios, nuestra falta de compromiso por un mundo mejor...
Escuchamos a Jesús: «No tentarás al Señor, tu Dios» ... Después de meditar en silencio,
invocamos a Jesús en silencio o en voz alta.
• Meditamos en silencio esta plegaria y luego la recitamos todos juntos:
Señor Jesús, suple nuestras deficiencias. Danos capacidad para aceptar a los que siguen otras
sendas, ilumina nuestro camino. Danos luz para descubrir obstáculos, fuerza para superarlos,
apoyar a los que se cansan, esperar a los que caminan lentamente, levantar a los que caen y
comprender a los que se marchan. Amen.
9. Canto
11. Avisos
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heridas y poder perdonar. Nuestra buena noticia: les ofrecemos el Espíritu Santo que trae este
perdón.
■ Hoy les proponemos una oración de perdón.
» Sabemos que es un texto fuerte; quien quiera la puede simplemente escuchar. Quien lo desee
ya la puede ir diciendo y repitiendo por dentro.
Pensemos que pronunciar palabras de perdón en nombre de Jesucristo, aunque humanamente
no tengamos aún sentimientos de perdón respecto a los que nos han hecho daño, es una
manera de abrirnos al perdón de Dios, que así puede entrar más en nosotros mismos e ir
suscitando progresivamente sentimientos reales de perdón y compasión.
Con esta oración, aunque podamos experimentar en algunos pasajes un cierto «dolor», no se
trata de favorecer sentimientos excesivos de vergüenza y de culpa, sino precisamente de
permitir que Jesucristo nos libere de ellos.
Música suave de fondo durante toda la oración.
Oración del perdón
Dos lectores que se van alternando.
► Señor Jesús, te pido la gracia de poder perdonar a todas las personas que me han ofendido
a lo largo de la vida. Confío que me darás la fuerza para perdonar. Te doy gracias porque me
amas más de lo que yo me amo a mí mismo y quieres mi felicidad más de lo que yo mismo la
deseo.
► Señor Jesús, quiero estar liberado de resentimientos y de amarguras hacia todo el mundo, y
también hacia Ti por las veces que he pensado que enviabas enfermedades, desgracias o
muertes a mi familia. Purifícame hoy el corazón y la mente.
► Señor, hoy me perdono a mí mismo, a mí misma, por mis pecados, errores y fracasos; por lo
que hay de malo en mí y por lo que me parece que, en mí, no es lo bastante bueno. Me perdono
por haber buscado la salvación y la felicidad en mi propio esfuerzo, en mis méritos, en el uso
egocéntrico de la inteligencia, la voluntad, la acción o el sentimiento, o en el recurso a cualquier
práctica supersticiosa. Renuncio a todos estos caminos y decido escogerte a Ti solo como
Señor y Salvador de mi vida. Lléname de tu Espíritu Santo.
► Por tomar tu nombre en vano, por no honorarte como es debido; también por haberme
enfrentado a mis padres; por emborracharme, por drogarme; por pecar contra la solidaridad;
por mi complicidad con el racismo y la xenofobia; por los pecados contra la pureza; por el
adulterio, el aborto; por robar; por mentir... por todo. En tu nombre, me perdono sinceramente.
► Perdono de corazón a mi madre. La perdono por las veces que me hirió, que se mostró
resentida, se enfadó conmigo y me castigó. La perdono por las veces que prefirió a mis
hermanos. Con tu amor, Señor, la perdono de todo corazón.
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► Perdono a mi padre por su falta de afecto y de amor; por todas las heridas que su severidad
o su indiferencia hayan causado en mi espíritu. Lo perdono por sus defectos, por sus vicios y
por sus errores; por las peleas con mi madre o con mis hermanos; por sus castigos severos o
por no atreverse a hacer de padre. Hoy, en tu nombre, lo perdono de todo corazón.
► Señor, perdono a mi esposo, a mi esposa, por su falta de amor, de afecto, de comprensión,
de apoyo, de ayuda, de ternura; por sus faltas, errores y debilidades, y por todos sus hechos o
palabras que me hirieron. Lo perdono de todo corazón. Perdono en tu nombre a aquel o aquella
que me abandonó o que me fue infiel.
► Jesús, perdono a mis hijos por su falta de respeto, de obediencia, de amor y de comprensión;
por hablar mal de sus padres, por sus malos hábitos, por su indiferencia religiosa, y por cualquier
palabra o hecho que me haya podido molestar. Los perdono de todo corazón.
► Dios mío, perdono a todas las personas de la familia de mi esposo, de mi esposa, de mis
hijos (suegros, cuñados, yerno, nuera...) por sus críticas, pensamientos, acciones y omisiones
que me han causado dolor. En nombre tuyo, Señor, los perdono.
► Perdono a mis profesores y educadores del pasado y del presente, aquellos que me
castigaron, me humillaron, me trataron injustamente y se burlaron o se desentendieron de mí.
Hoy, de todo corazón, los perdono.
► Perdono también a mis compañeros y compañeras de trabajo; los que me desagradan y los
que me hacen la vida imposible; los que están por encima mío, especialmente los que me han
maltratado. En tu nombre los perdono.
► Señor, perdono a mis amigos; los que hablaron mal de mí o no me defendieron cuando otros
sí lo hacían; los que abusaron de la confianza; los que no me devolvieron el dinero u otras cosas
que les había dejado. En tu nombre los perdono.
► A mis vecinos y vecinas, y a todas las personas con las que hoy me relaciono a diario,
especialmente aquellas con las que he tenido algún problema; hoy, por tu amor, los perdono.
► Gracias, Jesús, porque me liberas del mal de no perdonar. Deja que el Espíritu Santo me
llene de su luz para que sean iluminadas todas las áreas oscuras de mi persona. Amén.
Invitación a verbalizar alguna frase de la oración
Animador:
■ Ahora quien quiera podrá repetir en voz alta alguna de las expresiones de perdón de esta
larga lista que hemos escuchado.
■ Como decimos siempre, que nadie se sienta obligado.
Tiempo para las intervenciones personales
Canto
Oración de intercesión
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Animador:
■ Es el momento de orar también por los demás.
■ Abrimos un espacio para que quien quiera en voz alta dirija a Dios una oración por personas,
grupos o situaciones diversas.
■ Nos uniremos a cada petición diciendo: Te lo pedimos, Señor.
[Tiempo prudencial para las intervenciones personales]
Animador:
■ Recapitulemos todas nuestras oraciones diciendo juntos aquella que nos enseñó el mismo
Jesús y que algunos aprendimos en nuestra tierna infancia: el Padrenuestro.
Tiempo para comentarios y reacciones de los asistentes
Avisos finales
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angustiadas como los soldados romanos crucificaban a su querido Jesús. Han observado
también dónde lo han sepultado, y vienen ahora hasta el sepulcro para tener con Él un último
gesto de cariño y de piedad.
No pueden olvidar a Jesús. Lo aman como a nadie. La primera, como siempre, María
Magdalena. En sus corazones se han despertado un proyecto absurdo que solo puede nacer
de su amor apasionado a Jesús. «Compran perfumes para embalsamar» su cadáver. Por el
camino, las mujeres recuerdan que una «piedra» cierra la entrada del sepulcro. Ellas se sienten
impotentes para removerla. ¿Quién la podrá correr? la insistencia del evangelista, señalando
que la piedra era «muy grande», sugiere el poder de la muerte. Ante ella hay que perder toda
esperanza. Las mujeres no podrán nunca liberar a Jesús de la muerte.
La sorpresa y el sobresalto cuando, al entrar en el sepulcro, «ven a un joven sentado a la
derecha, vestido con una túnica blanca». Sin duda es un mensajero enviado por Dios, pero está
descrito con rasgos que hablan de vida y resurrección. Es un «joven», en la flor de la vida. Está
«sentado», irradiando seguridad y autoridad. Está en la parte «derecha», lugar que promete
dicha. Viste una «túnica blanca», color que simboliza la vida gloriosa de Dios. Las mujeres se
asustan, pues donde ellas esperaban encontrar el cadáver de Jesús solo ven signos de vida,
juventud, luz blanca... ¿Estará Jesús vivo, resucitado a la vida de Dios, sentado a la derecha
del Padre?
El joven las tranquiliza: «No se asusten». No hay más saludos ni palabras que puedan distraer
a las mujeres. El enviado de Dios les anuncia directamente su mensaje: «¿Buscan a Jesús de
Nazaret, el crucificado?» Es un error buscarlo en el mundo de la muerte. Jesús no es un difunto
más. No es el momento de rendirle homenajes ni de llorarlo recordando piadosamente su vida
admirable. «No está aquí». No pertenece al reino de la muerte. Está vivo para siempre. El
Crucificado está vivo. El Padre lo ha resucitado.
El joven desea confiar un encargo a las tres mujeres tan fieles a Jesús. Han de salir de aquel
lugar de muerte para comunicar a «los discípulos y a Pedro» algo sumamente importante. El
mensaje es para todos los discípulos, también para Pedro, el discípulo que ha renegado
directamente de Jesús. El mensaje es este: «Él va delante de vosotros a Galilea; allí lo verán,
tal como les dijo». Sin duda, el mensaje encierra un sentido más profundo que el meramente
geográfico. ¿Por qué hay que volver a Galilea?
A orillas del lago de Galilea empezó Jesús a llamar a sus primeros seguidores y seguidoras
para enseñarles a vivir con su estilo de vida y a colaborar con Él en la gran tarea de hacer la
vida más humana. Hoy Jesús sigue llamando. En este grupo escucharemos su llamada a
seguirlo. Él irá también hoy «delante de nosotros», como iba en otros tiempos por los caminos
de Galilea.
Por los caminos de Galilea se fue gestando la primera comunidad de seguidores de Jesús.
Junto a Él vivieron una experiencia única. Con Él fueron aprendiendo a vivir acogiendo,
perdonando, aliviando el sufrimiento, curando la vida y despertando la confianza de todos en el
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es la actitud de los salmistas cuando sienten a Dios lejano: «A ti grito, Señor, inclina el oído
hacia mí, no te quedes lejos, respóndeme, ven en mi ayuda».
Pero Jesús no solo desea despertar estas actitudes en sus discípulos. Quiere sobre todo avivar
su confianza en Dios. No les da explicaciones complicadas. Jesús es «sencillo y de corazón
humilde». Les pone tres comparaciones que rueden entender muy bien los padres y las madres
que hay entre sus seguidores. También en este grupo le podemos entender.
«¿Qué padre o qué madre, cuando el hijo le pide un pan, le da una piedra de forma redondeada,
como las que a veces ven por aquellos caminos? ¿O si le pide un pez le dará una de esas
culebras de agua que, en alguna ocasión, aparecen en las redes de pesca? ¿O si le pide un
huevo le dará un escorpión?»
Una madre o un padre no se burla así de su hijo pequeño, no le engaña, no abusa de él,
precisamente porque es pequeño y no sabe distinguir todavía lo que es bueno de lo que es
malo. Es inconcebible que, cuando su hijo le pide algo bueno para alimentarse, le dé otra cosa
parecida que puede hacerle daño. Al contrario, le dará siempre lo mejor que tenga.
Jesús saca rápidamente una conclusión: «Si ustedes, aun siendo malos, saben dar a sus hijos
cosas buenas, ¡cuánto más el Padre del cielo, en el que no hay sombra de maldad, dará cosas
buenas a sus hijos! ¡Cómo no va a ser Dios mejor que ustedes!».
Lucas nos indica que este fue el recuerdo que quedó de Jesús en los que lo conocieron de
cerca: «Ungido por Dios con Espíritu Santo y poder, pasó haciendo el bien y curando a los
oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con El» (Hch 10,38). Lo más grande que podemos
pedir en este grupo es ese «Espíritu Santo» que Jesús recibe de su Padre y le hace vivir
«haciendo el bien» y «curando a los oprimidos». Ese Espíritu nos va a ir transformando y
convirtiendo. Dios nos lo va a regalar, porque es con nosotros el mejor de los padres y de las
madres. Además, el mismo Jesús lo prometió a sus seguidores: «Ustedes recibirán la fuerza
del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes y serán mis testigos...» (Hch 1,8).
Resonancia personal guiada
• ¿Tengo yo la experiencia de que, cuando pido a Dios, estoy recibiendo algo... que,
cuando busco, estoy encontrando algo en mi interior... que, cuando llamo, ya no estoy tan solo?
¿Se me hace Dios presente en esa oración, aunque mis rezos no sirvan para resolverme mis
problemas concretos?
• ¿He descubierto que necesito pedir a Jesús su Espíritu Santo? ¿Por qué no introduzco
esta costumbre en mi vida? ¿Empiezo a pedir desde ahora el Espíritu de Jesús para mis hijos
e hijas, para mis amigos, para la gente más olvidada, para la Iglesia, para el mundo entero?
¿No es hermoso que haya una voz más pidiendo a Dios su Espíritu alentador y dador de vida?
Invitación a verbalizar la oración personal y a apoyarla con la respuesta colectiva
Animador:
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■ Ahora es el momento en que quien quiera puede expresar de viva voz su oración dirigida al
Padre.
Tiempo para las intervenciones personales.
Sugerencias para la oración
Un miembro del grupo proclama en un clima de silencio las palabras de Jesús: «Pidan y
recibirán. Busquen y encontrarán. Llamen y se les abrirán. Porque todo el que pide, recibe; el
que busca, encuentra; y al que llama, se le abre». Las meditamos en silencio. Luego, quienes
lo deseen, van pidiendo al Padre cosas buenas para sus hijos e hijas más olvidados, recordando
a tantas personas por las que nadie reza. El que preside concluye la oración: «Gracias, Padre
del cielo, porque eres mejor que nosotros con nuestros hijos».
La persona señalada invita al silencio y pronuncia las palabras de Jesús: «Si ustedes, aun
siendo malos, saben dar a sus hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el
Espíritu Santo a los que se lo pidan?». Después, cada uno en silencio, y luego todos juntos a
una sola voz, oramos:
Ven, Espíritu de Dios, luz que penetras el alma, fuente del mayor consuelo...
descanso en nuestro esfuerzo, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Para orar en el silencio del corazón: Jesús, misterio de Dios encarnado, aunque somos frágiles
queremos seguirte por el camino que nos conduce a amar como Tú nos amas.
Oración para decirla a solas o todos juntos: Día tras día, Señor, voy a pedirte lo que Tú sabes:
verte más claramente, amarte más tiernamente, gozarte más alegremente, esperarte más
vivamente y seguirte más fielmente.
Canto final
Tiempo para comentarios y reacciones de los asistentes
Avisos
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■ Fue la acción del Espíritu Santo en María la que hizo posible la encarnación del Hijo de
Dios. Es la acción del Espíritu Santo la que hace posible que veinte siglos después Jesús siga
haciéndose presente en nuestros corazones. Por eso con una motivación renovada
empezamos nuestro encuentro invocando la asistencia del Espíritu Santo.
Proclamación del Evangelio
Lector:
Lectura del Evangelio según san Lucas (1,26-38)
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,
a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se
llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, ¡llena de gracia, el Señor está
contigo. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
-No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a
luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor
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Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino
no tendrá fin. Y María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón? El ángel le
contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra: por
eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar
de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para
Dios nada hay imposible.
María contestó: -Aquí está la esclava del Señor; hágase mí según tu palabra. Y la dejó el ángel.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado:
■ Como María, nosotros también somos receptores, ahora y aquí, de un anuncio que nos
invita a abrir el corazón a Jesús.
Testimonio [optativo]
■ Sin embargo, antes de seguir con esta propuesta, queremos dar la voz a alguien que también
acogió este anuncio que lo condujo a un encuentro personal con Jesucristo. Persona que da su
testimonio
Animador.
■ Esta página del Evangelio es por una parte el recuerdo de un acontecimiento muy especial
en la vida de esta muchacha de Nazaret y por otra una reflexión teológica sobre un hecho muy
importante en la historia de la humanidad. María aparece en este texto como una mujer que no
es una mera figura decorativa, no es una mujer «florero». Ella reacciona pensando con su propia
cabeza. Hemos oído el texto: Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era
aquél. María es una mujer que pregunta, que usa su inteligencia, que aguanta la perplejidad: Y
María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón? Aun así, el mensaje es
insistente: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Y, además, le es confiada
una misión: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será
grande, se llamará Hijo del Altísimo.
Ante la insistencia y la explicación del ángel, María, finalmente, adopta una actitud receptiva,
humilde y de colaboración a la gran tarea que le es propuesta y, en el fondo, de confianza en
Dios. María contestó: Aquí está ¡a esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Aunque
nos parezca que lo que vivió María nos queda un poco lejos, en lo esencial la reacción de María
es un buen modelo para nosotros. El texto que hemos proclamado y esta resonancia que
estamos ofreciendo es el «ángel» que Dios envía. Por cierto, ángel en griego significa
mensajero.
Y, salvando las distancias, también podemos acoger como dirigido a nosotros el Alégrate, llena
de gracia, el Señor está contigo.
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Nos puede sorprender un anuncio tan gratuito: ¡Dios ama incondicionalmente y quiere hacer
camino con cada uno de ustedes!
Indudablemente nuestra misión no es tan importante como la de María, la madre de Jesús, pero
tenemos un punto en común con ella: según cómo reaccionemos, podemos como Ella
convertirnos en portadores de la Palabra de Dios en nuestro interior. Es normal que también
nosotros reaccionemos a estos mensajes que recibimos en estos encuentros diciendo: ¿Cómo
podré creer si tengo tantas dudas? ¿Cómo será eso?
Hay un signo: Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y
ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
Resonancia personal guiada
Animador:
Ahora tendremos unos instantes con música de fondo, y, tal como solemos hacer, iremos
proponiendo unos pasos a la vez que dejamos resonar esta página del Evangelio en nuestro
interior.
Se trata de que cada uno acoja interiormente el mensaje proclamado, imitando la actitud
receptiva de María.
Se disminuye la intensidad de la luz.
Música de fondo.
Animador:
■ Dejemos resonar primero este saludo del ángel: Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo.
• Deja que el saludo se pasee por tu corazón. Déjalo resonar en el interior.
[1-2 minutos].
■ Ahora dejemos que resuenen las palabras: No temas, (pon tu nombre), porque has encontrado
gracia ante Dios.
[1-2 minutos].
■ Y aún, pasado un rato, intentar decir desde el fondo del corazón: Aquí está el/la esclavo/a del
Señor; hágase en mí según tu palabra.
[1-2 minutos].
Invitación a verbalizar la oración personal y a apoyarla con la respuesta colectiva.
Animador:
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■ Como hizo María, podemos también nosotros expresar ahora oralmente nuestra respuesta a
Dios (o nuestros interrogantes).
[Tiempo para las verbalizaciones personales]
Canto
Oración de intercesión
Animador:
■ Como ya hicimos el último día terminemos nuestra oración con la que nos enseñó Jesús.
■ Podemos cogernos de la mano. Padre nuestro...
Canto final
Tiempo para comentarios y reacciones de los asistentes
Se incrementa la intensidad de la luz.
Avisos finales
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■ Ahora, dando un paso más, nos podemos plantear: ¿Estoy dispuesto a dejarme amar por Dios
que, de entrada, me acepta tal como soy con mi pobreza para ayudarme con el tiempo a
mejorar?
■ Después, nos dirigimos a Dios:
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Para facilitar que los oyentes puedan irlo visualizando es necesario leer poco a poco con voz
sugerente teniendo en cuenta las pausas:
- En cada coma, una pequeña pausa.
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Y te imaginas mentalmente que toda esta nubecita de polvo, de suciedad, que surge de tu
cuerpo, de tu historia, va a impactar también contra el pecho, contra la túnica blanca de Jesús.
Contemplas como, efectivamente, tu nubecita de miseria, de suciedad, de polvo acumulado
impacta contra la túnica, la barba, el cabello y la cara de Jesús.
• Ahora te imaginas que de repente se abre el cielo y cae un rayo de luz potentísima sobre el
centro de la piscina, sobre Jesús mismo, cae una luz potente, una luz como un foco blanco...; y
se oye una voz que dice: Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco.
Y vas visualizando cómo este fuego blanco, esta luz potentísima que desciende del cielo sobre
Jesús poco a poco va absorbiendo toda esta suciedad, toda esta materia que había impactado
en la túnica de Jesús, en su barba, en su cabello... El fuego blanco, caliente y luminoso, va
absorbiendo, va desactivando, va eliminando toda esta suciedad volviendo a resplandecer
Cristo con toda su luminosidad. Y ahora ves cómo desde esta túnica otra vez blanca de Jesús,
este fuego blanco, estos rayos de luz purificadora van saliendo desde la persona de Jesús hacia
todas las personas de la piscina dirigiéndose lentamente, firmemente, amorosamente hacia
cada una de ellas.
Ahora te das cuenta de que un rayo de esta luz potente, de este fuego blanco se dirige hacia
ti... lo tienes a dos metros... lo tienes a un metro... lo tienes a treinta centímetros, y ahora, de
nuevo, tienes que decidir si quieres que esta luz, este fuego blanco que viene de Jesús impacte
en tu pecho, en tu persona... De ti depende, Él no te obliga. Puedes visual y mentalmente hacer
esta pequeña oración: Jesús, te doy permiso para que el fuego de tu Espíritu Santo me toque,
me impacte, entre en mi corazón.
Tiempo para saborear personalmente la visualización
Animador.
■ Ahora dejaremos unos instantes, con música de fondo, para que cada uno saboree esta
visualización y retenga el momento más interesante.
■ La imagen más impactante o consoladora.
Música de fondo (2-3 minutos).
Invitación a verbalizar la oración personal y a apoyarla con la respuesta colectiva
Animador:
■ Podemos expresar ahora verbalmente alguna de las reacciones que suscita en nosotros esta
visualización en forma de acción de gracias, de admiración o de entrega a Jesús.
■ Los demás podremos apoyar la verbalización expresada uniéndonos, según cual sea la
verbalización, diciendo:
• Gracias, Señor.
• Te lo pedimos, Señor.
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Bienvenida
Tiempo para entrar en una actitud receptiva
Música suave (2 minutos aproximadamente).
Invocación al Espíritu Santo
Proclamación del Evangelio
Animador:
■ El fragmento del Evangelio que hoy escucharemos nos propone el programa de Jesús.
Vamos a seguirlo con atención.
Lector:
LUCAS 4,14-21
Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la
comarca. Enseñaba en las sinagogas y todo el mundo hablaba bien de Él. Llegó a Nazaret,
donde se había criado. Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para
hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, al desenrollarlo, encontró el pasaje
donde está escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los
pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a libertar
a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor. Después enrolló el libro, se lo dio al
ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga tenían sus ojos clavados en Él.
Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido ante vosotros esta profecía.
Resonancia
Animador o miembro del equipo preparado:
Impulsado por el Espíritu de Dios y buscando siempre ser fiel al Padre, Jesús a comenzar su
actividad por Galilea. Seguiremos sus pasos de cerca. Pero antes, vamos a conocer su
programa. Es el programa de quienes nos sentimos seguidores de Jesús y queremos
«reproducir» hoy su actuación. Juntos vamos a conocer la orientación de fondo de todo lo que
hacía Jesús. El Espíritu lo envió a los pobres y oprimidos.
Antes de comenzar el relato detallado de la actividad de Jesús por las aldeas de Galilea, Lucas
presenta de manera clara cuál es su programa de actuación. Le interesa mucho, pues este es
precisamente el programa que han de tener ante sus ojos los que siguen a Jesús. No está
orientado a adquirir poder, lograr prestigio o ganar dinero. Es un programa suscitado por el
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Espíritu de Dios, que empuja a Jesús hacia los más pobres y desgraciados. ¿Será un día
nuestro programa?
Jesús se mueve en Nazaret como uno más que comparte la fe sencilla de su pueblo. Por eso,
al llegar el sábado, entra en la sinagoga «según su costumbre», para reunirse con todos a
pronunciar las plegarias del día sagrado de descanso y escachar la Palabra de Dios, que
alimenta la fe de aquel pueblo.
«El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido». Jesús se siente lleno del Espíritu de
Dios. «Ungido», es decir, empapado, impregnado por su fuerza y su amor. Por eso, sus
seguidores llamamos a Jesús «el Cristo», es decir, «el Ungido», y por eso nos llamamos
«cristianos», o sea, «ungidos». Aunque con frecuencia lo olvidamos, es una contradicción
llamarnos «cristianos» y vivir sin el Espíritu que anima a Jesús.
El Espíritu me ha enviado «para anunciar a los pobres la Buena Noticia». Esta es la primera
tarea de Jesús: comunicar a los «pobres» la Buena Noticia de que Dios quiere introducir en el
mundo su justicia y su compasión. Los pobres, los más indefensos y abandonados, son los
predilectos de Dios y serán también los predilectos de Jesús. A ellos se dedicará por los caminos
de Galilea. No tenemos escapatoria. Los discípulos de Jesús, o somos de los pobres o dejamos
de ser sus discípulos.
Me ha enviado «a devolver la vista a los ciegos». La expresión sugiere metafóricamente la tarea
de ayudar a las personas a recuperar la visión para volver a ver la luz de la salvación, después
de haber vivido encerrados en toda clase de oscuridades. Es lo que Jesús hacía al liberar a las
gentes de miedos y desconfianzas que no les dejaban ver la salvación de Dios. También sus
discípulos hemos de vivir aportando esa luz salvadora de Dios.
La lectura termina con una frase que tiene un carácter más englobante, enviado «a proclamar
el año de gracia del Señor». Se le llamaba «año de gracia», año jubilar» que se celebraba cada
cuarenta y nueve años en Israel. Ese año de gracia se perdonaban las deudas a quienes se
habían arruinado, se devolvían las tierras a quienes se habían visto obligados a venderlas y se
liberaba a quienes habían vendido como esclavos para pagar sus deudas.
Tiempo para compartir por medio de unas preguntas.
Animador.
• ¿Siento que el Espíritu de Jesús me está empujando hacia los que sufren? ¿Qué lugar
ocupan en mi corazón los necesitados que encuentro en mi camino? ¿Les puedo aportar algo
de lo que Jesús comunicaba?
• Conversación con Jesús. Habla con Él de los pobres. Dile lo que sientes: tus deseos y
tus resistencias. Ten confianza en Él.
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• El Espíritu que descendió sobre Jesús está también en nosotros, moviendo nuestros
corazones y atrayendo nuestras vidas hacia los que sufren. En silencio tomamos conciencia de
su presencia en nosotros. Lleno de gozo damos gracias:
Te bendecimos, Padre, por el don del Espíritu que, por medio de tu Hijo Jesús, haces al mundo
entero.
Te bendecimos por Jesús, tu Ungido, lo mejor que hemos recibido de Ti, el hombre «espiritual»
por excelencia, que vivió evangelizando a los pobres, liberando a los cautivos y oprimidos,
ofreciendo paz y perdón a los caídos.
Que ese Espíritu nos dé fuerza para luchar por la verdad, la justicia y el amor; luz para
comprender y perdonar a todos; corazón para servir y amar; paciencia y fe para esperar.
Pronunciamos todos juntos:
Perdón, Señor, porque somos pesimistas y nos fijamos casi siempre en lo negativo.
Perdón, porque somos cobardes y nos asustamos enseguida.
Perdón, porque somos autosuficientes y confiamos solo en nuestras fuerzas.
Perdón, porque somos escépticos y nos cuesta creer y confiar en Ti. Perdón, porque no miramos
al futuro, ocupados y preocupados solo del presente.
Perdón, porque nos quejamos de todo.
Perdón, porque huimos del esfuerzo y nos cansamos enseguida.
Perdón, porque lo queremos todo ya y no sabemos esperar.
Canto
Oración de intercesión
Animador:
Introduce la oración de intercesión.
[Tiempo prudencial para las intervenciones personales]. Padrenuestro y posible canto final.
Canto final
Tiempo para comentarios y reacciones de los asistentes
Se incrementa la intensidad de la luz.
Avisos
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