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Teología Trinitaria y Revelación Divina

Este documento presenta un examen final sobre la teología trinitaria. Resume los conceptos clave de perichoresis, communio, hipostasis y processio y articula una breve teología trinitaria. Explica que la Trinidad económica revela a la Trinidad inmanente y viceversa aunque no son exactamente lo mismo. Finalmente, argumenta que el punto de partida para conocer la Trinidad inmanente es la revelación histórica de Jesucristo según el Concilio Vaticano II.
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Teología Trinitaria y Revelación Divina

Este documento presenta un examen final sobre la teología trinitaria. Resume los conceptos clave de perichoresis, communio, hipostasis y processio y articula una breve teología trinitaria. Explica que la Trinidad económica revela a la Trinidad inmanente y viceversa aunque no son exactamente lo mismo. Finalmente, argumenta que el punto de partida para conocer la Trinidad inmanente es la revelación histórica de Jesucristo según el Concilio Vaticano II.
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UCAB-ITER

PROGRAMA DE ESTUDIOS AVANZADOS EN TEOLOGIA


MISTERIO DE DIOS
Prof. Rafael Luciani
ALUMNO: José Ramón Díaz Tovar. C.I. V-09.687.659

EXAMEN FINAL

Desarrolle de forma breve, articulada y sistemática los dos (2) temas que, a continuación,
se le indican, tomando en cuenta la Bibliografía leída a lo largo del curso, la propia
reflexión personal y los argumentos expuestos en cada encuentro por el profesor.

1. Tomando en cuenta los conceptos estudiados de perichoresis, communio, hipostasis


y processio, articule coherente y sistemáticamente una breve teología trinitaria.

Es en la Trinidad que cada uno tiene en si la totalidad en sí mismo, pero habita en forma
distinta en cada uno de ellos. Cada uno posee completa la divinidad, y se da de forma
personal en cada uno, al modo de cada uno. Dios es pues tres modos de auto comunicación
subsistente en donde el modo se tiene de manera propia. El Padre es Padre porque tiene el
Hijo, por consiguiente, el ser de si mismo lo es de cara al otro no hacia sí mismo. De allí
que la relación es constitutiva. Es en el Hijo, en cuanto lo otro en el Padre, donde la
creación encuentra su lugar de semejanza y tarea, por cuanto todo ha sido creado en el Hijo,
y esta presencia se ha dado desde siempre, al igual que la del Espíritu. En Dios existe la
unidad de la esencia y la distinción de cada una de ellas, es el Padre es en el Hijo y este es
en el Padre, así como, el Padre es en el Espíritu como el Espíritu es en el Padre y
simultáneamente el Hijo es el Espíritu como el Espíritu es en el Hijo, así pues, la esencia es
común a las tres personas, que se distinguen entre sí por ser de diferentes caracterizaciones
de Dios que en esencia es uno. En definitiva, Dios es Padre en cuanto Padre porque genera
al Hijo y el Hijo es así mismo, porque es generado por el Padre; igualmente el Espíritu es
expiración del Padre en cuanto procede del Padre y es vinculo de amor para con el Padre y
El hijo. El Padre es el amante del hijo, en cuanto el Hijo es el amado, esencialmente
vinculados entre sí por el amor que es el Espíritu.

2. ¿En qué sentido la Trinidad económica revela a la Trinidad inmanente y viceversa?


¿En qué sentido se puede comprender que el punto de partido para conocer a la
Trinidad inmanente es la revelación histórica acontecida en la vida de Jesús de
Nazaret, mediador y plenitud de la Revelación, como atestigua el Concilio Vaticano
II en la Dei Verbum?

La expresión Trinidad "inmanente" se refiere a la Trinidad en sí misma considerada y la


expresión Trinidad "económica" se refiere a la Trinidad en cuanto manifestada en la
historia (mediante las misiones divinas). Una misión de una Persona divina es su envío al
mundo por aquella Persona de la que procede eternamente para comenzar a tener una
presencia distinta de la que ya tenía en cuanto Dios. Las misiones divinas son temporales;
es el envío en el tiempo de Hijo y del Espíritu Santo.
Se observa, por tanto, que hay una profunda unidad entre la Trinidad "inmanente" y la
Trinidad "económica". Ahora bien, esta perfecta unidad y el hecho de que el Dios
inmanente es el mismo que se ha revelado, no nos puede llevar a afirmar como cierto el
famoso axioma de K. Rahner que dice: "La Trinidad "económica" es la Trinidad
"inmanente" y a la inversa".

Sobre este axioma hay que decir que la primera parte ("La Trinidad "económica es la
Trinidad "inmanente") es cierta, es una verdad de fe. Conocemos a Dios en cuanto se ha
manifestado en la historia.

El problema es la segunda parte que afirma que "la Trinidad inmanente" es la Trinidad
"económica". Esto no pertenece a la fe, nunca ha sido enseñado por la Iglesia. Implicaría
que la manifestación de Dios en el mundo sería por necesidad, cosa que
está en contra de lo expresado por la Iglesia (IV Letrán, CV I, etc.). También hay que
añadir que el Verbo eterno viene a la tierra en un estado de "kénosis" (Kenosis) o
"abajamiento" e incluso muere. Hay algo en la Trinidad "económica" que no es
exactamente lo que abría sin la revelación en la historia.

Hasta hace poco, la teología católica hablaba solamente de la Trinidad en cuanto existe en
Dios mismo, o sea, de la Trinidad inmanente. Se olvidaba la Trinidad en su acción
salvífica, o sea, la Trinidad económica. Rahner mostró la unidad de ambos conceptos
Ambos presuponen la esencia única de Dios. La Trinidad inmanente abarca las relaciones
entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, en cuanto se hallan en el interior de su única esencia, o
sea, en cuanto inmanentes en Dios (es decir, no inmanentes al mundo).

La Trinidad salvífico-económica abarca las relaciones entre las tres personas en su obra y
presencia respecto al mundo, o sea, en la economía de salvación. La Trinidad inmanente se
realiza a sí misma, en las procesiones del Hijo y del Espíritu respecto del Padre (o sea, que
el Hijo y el Espíritu proceden del Padre); la Trinidad económica, en el envío del Hijo y del
Espíritu al mundo.

De la afirmación plenamente consciente de lo acontecido en la historia de la salvación, se


deriva el principio de su teología trinitaria: La Trinidad económica es la Trinidad
inmanente y viceversa. Se subraya así todo el significado de la Revelación en Cristo y, al
mismo tiempo, el de la Trinidad inmanente. Lo que acontece en Cristo es la manifestación
y el don al hombre de lo que Dios es en su ser más propio, la presencia y la apertura del ser
eterno e inmanente de Dios.

Dios se revela verdaderamente en la Economía; sería un error grave afirmar la Trinidad


económica y, al mismo tiempo, hablar del Dios eterno a partir de la imagen deísta del Dios
inmutable y no como Misterio personal de amor.

La teología después del concilio va a esforzarse en alcanzar una comprensión del Dios
trinitario desde la Economía. La realización inimaginable y gratuita de la economía de la
salvación habría de ser entendida, por tanto, como la manifestación en el tiempo de la
verdad y la profundidad infinita de las Relaciones eternas, destacándose la coincidencia de
persona y misión en Jesucristo. Desde este punto de vista, puede comprenderse la
existencia de una Creación verdadera, en su alteridad para con Dios, expresada
principalmente en la existencia de un hombre dotado de libertad real, aunque finita; pues el
Padre y el Hijo son ya eternamente Uno y Otro en la unidad de un mismo Espíritu. Todas
las facetas de la respuesta libre del hombre a Dios, incluida la distancia que puede generar
la negación y el pecado, son incomparables con las dimensiones del Amor eterno, con la
riqueza de vida de las Personas divinas. En este horizonte, todo el camino de la
Encarnación, culminando en la experiencia del abandono de la cruz, es igualmente
manifestación en el tiempo de Aquel que proviene eternamente del Padre y le responde con
una entrega igualmente eterna e ilimitada de Sí, en la unidad de un mismo Espíritu.

En conclusión, puede decirse que el camino teológico después del concilio, ha mostrado
que la comprensión del cristianismo como acontecimiento histórico salvífico conduce
inevitablemente a situar en el centro de la reflexión el misterio de la Trinidad, partiendo de
su manifestación económica, para poder comprender los datos fundamentales de todo el
dogma católico: la creación del mundo y del hombre, el acontecimiento de la Encarnación y
salvación en Cristo, así como también el sacramento fundamental que lo testimonia en la
historia, la Iglesia, que el concilio Vaticano II fundamenta y presenta trinitariamente.

Según la constitución Dei Verbum, esta realidad se lleva a cabo con las palabras y las
obras, especialmente con las de Jesús, “… con el hecho mismo de su presencia y con la
manifestación que lleva a cabo de sí mismo con las palabras y las obras, son los signos y
con los milagros, y especialmente con su muerte y resurrección de entre los muertos, y,
finalmente, con el envío del Espíritu Santo, cumple y completa la revelación…” (DV 4).

Este horizonte muestra luego su fecundidad fortaleciendo e iluminando a la razón en su


trabajo de penetración en la realidad, de comprensión del ser creado y de la naturaleza
humana, abriendo perspectivas nuevas allí donde muchas veces el pensamiento del hombre
encontraba profundas tensiones y paradojas. Este camino está siendo recorrido
conscientemente por la teología católica postconciliar, que ha llegado ya a proponer
verdaderas presentaciones sintéticas de la dogmática desde un punto de vista formalmente
trinitario.

Por estas vías, la teología trinitaria está llamada a ofrecer una gran ayuda a la vida de la fe.
Pues no sólo presenta al Dios verdadero, uno y trino, como un Misterio inalcanzable para
las fuerzas de la razón y sin embargo, a pesar de las apariencias, no contradictorio con sus
leyes; sino que, introduciendo al creyente a las perspectivas trinitarias, le permite alcanzar
una percepción adecuada de la economía salvífica, de la entrega del Hijo y el Don del
Espíritu, de forma que su fe se consolide con la convicción que proviene de la comprensión
y crezca en un afecto verdadero por el Dios que le ha venido al encuentro en un gesto
inimaginable de amor.

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