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Módulo 4

Este documento trata sobre los Santos Padres de la Iglesia. Brevemente describe que los Santos Padres sistematizaron la doctrina cristiana apoyándose en las Escrituras, los Padres Apostólicos y los concilios de la Iglesia. Explica que la Patrística abarca desde finales del siglo I hasta mediados del siglo VIII y cubre temas como la relación entre fe y razón. Finalmente, establece los requisitos para que un autor sea considerado un Padre de la Iglesia.

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Este documento trata sobre los Santos Padres de la Iglesia. Brevemente describe que los Santos Padres sistematizaron la doctrina cristiana apoyándose en las Escrituras, los Padres Apostólicos y los concilios de la Iglesia. Explica que la Patrística abarca desde finales del siglo I hasta mediados del siglo VIII y cubre temas como la relación entre fe y razón. Finalmente, establece los requisitos para que un autor sea considerado un Padre de la Iglesia.

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Facultad de Derecho y Ciencias Políticas

MODULO IV

Los Santos Padres

Teología
Unidad 15I
Martillero y corredor de comercio

Módulo IV

Los Santos Padres

Introducción

Las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia (temas que hemos


visto en el Módulo anterior) han sido cuestiones urgentes en la historia del pensamiento
cristiano de occidente y oriente. Atentos a mantener los preámbulo fidei fueron grandes
defensores de la fe, frente a la herejías que se han dado fuera y en el seno de la Iglesia,
partícipes necesarios de toda quaestio teológica, filosófica y más también.

Y en esta apologética cabe resaltar el pensamiento de los Santos Padres, más


conocidos como: los Padres de la Iglesia. Movidos por su fe, su pensamiento y su
testimonio, sus escritos forman parte desde siempre de un valor perenne no solo por su
teología, sino además por su filosofía iluminada por la fe.

Los cuatro padres de la Iglesia Latina: San Agustín, San Gregorio Magno,
San Ambrosio y San Jerónimo.

El fruto de los Padres tanto de occidente como de oriente fue sistematizar la


doctrina cristiana apoyados en los textos bíblicos, en los padres Apostólicos, en las
máximas eclesiásticas y los concilios; a todo ello le sumaron su gran talento especulativo,
su exposición diáfana y la defensa de los principales dogmas de la Iglesia.

Así las cosas, veremos en este Módulo IV lo referente a los Padres de la Iglesia: su
período histórico, sus estudios sobre el evangelio y el filosofar desde la fe.
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Teología
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Objetivos

- Saber a quienes se les llama Padres de la Iglesia

- Ubicar a los Padres en su contexto histórico

- Conocer las características generales de la patrística griega y latina

- Relacionar los cuatro Concilios con la patrística.

Bibliografía consultada

- Guillermo H. Witemburg y otros, Introducción a la teología para universitarios.


Editorial UniversidadLibros, Buenos Aires, 20081.
- F. Arduso y otros, Diccionario teológico interdisciplinar, tomo IV. Ediciones SÍGUEME,
Salamanca, 1987.
- Catecismo de la Iglesia Católica.
- Quasten, Johannes. Patrología: Parte I, II. Madrid:Editorial B.A.C. MCMLXXXI.
- Historia de la Iglesia en versión online:
[Link]
- Jedin, Hubert. Manual de historia de la Iglesia, Tomos I, II y II. Barcelona: editorial
Herder, 1966.

Unidad 10. Los padres de la Iglesia “La fe busca, la inteligencia encuentra; por
a. Definición de Padres de la Iglesia eso dice el Profeta: si no creéis, no
comprenderéis...para ver si hay quien
tenga inteligencia, quien busque a Dios.
Por esto, pues, el hombre debe ser
inteligente, para buscar a Dios”. San
Agustín

Los Padres de la Iglesia han tenido el mérito de buscar un diálogo entre la fe y la


razón como dice la cita de San Agustín que culminará con la síntesis en el período
escolástico y continuará hasta nuestros días.
Previo a abordar el tema de la Patrística mencionaremos dos sucesos históricos
que se relacionan con el nacimiento de la misma. Uno, el final de la filosofía antigua
pagana suele señalarse con una fecha: el año 529 d.C., cuando Justiniano prohibió todo
tipo de enseñanza considerado un cargo público. Sin embargo, toda fecha que culmina y
al mismo tiempo inicia otra, es la ratificación de una realidad que ya existía, es decir, en
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este caso se establece el final de una época histórica que llegaba inexorablemente a su
final.
El otro hecho histórico significativo sucede en Alejandría. Si bien la gran ciudad de
la cultura y la ciencia fue perdiendo su gran esplendor, sin embargo continuó siendo un
centro filosófico importante. Es en Alejandría el primer intento entre la filosofía griega y
el mensaje evangélico, con Filón el judío y sobre todo, con la escuela catequética a finales
del siglo II d.C. Así nació la Patrística cuna de la civilización medieval y europea.
Ahora bien, lo primero que debemos saber es a quienes se les llama “Padres de
Iglesia”: a) El conjunto de conocimientos teológicos (más el aporte de la filosofía) que se
atribuyen a los padres de la Iglesia, esto es, a pensadores de alta intelectualidad dentro
del cristianismo, pertenecientes en general a la jerarquía eclesiástica, a quienes se les
concede este título de distinción por su vida y sus escritos, y que ejercieron sus
enseñanzas durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia cristiana; b) Una
profunda especulación que se destaca fundamentalmente por una síntesis entre fe y
razón. En esto, son los llamados Padres de la Iglesia que sistematizan el dogma buscando
una unidad entre la fe cristiana y la filosofía, que tiene en san Agustín su máximo
exponente. Este primer período dará lugar a un segundo llamado escolástica entre los
siglos XI y XV; c)
La Iglesia católica denomina Patrística, a los teólogos y autores que establecieron
la doctrina cristiana con anterioridad al siglo VII. Los escritos de los padres, se
fundamentan en los textos bíblicos, en especial los Evangelios, en los escritos de los padres
Apostólicos, en las máximas eclesiásticas y en las decisiones de los concilios de la Iglesia.
Así mismo, la Iglesia estableció cuatro requisitos para otorgar el título de Padre de
la Iglesia a los primeros autores: haber vivido durante el primer periodo de la historia de
la Iglesia; haber llevado una vida santa; sus escritos debían estar libres de errores
doctrinales y tenían que proponer una defensa o explicación destacada de la doctrina
cristiana; y sus escritos tendrían que haber sido aprobados por la Iglesia.
Lo segundo es establecer las generalidades de la misma: Generalidades de la
Patrística: a) Abarca desde finales del s. I hasta mediados del s. VIII, se exceptúan los
escritos canónicos, o libros que constituyen los libros sagrados del Antiguo y del Nuevo
Testamento, aunque se incluyen los escritos de los padres apostólicos y de los
apologistas; b) Se la puede dividir en tres etapas fundamentales, la Primera Patrística
(siglos. II y III); la Alta Patrística (siglos. IV y V); y finalmente la Patrística Tardía (siglos. VI y
VII); c) Temas principales de la patrística fueron: la relación entre la fe y la razón; la
cuestión acerca de la existencia de Dios; la doctrina del logos y la sabiduría divina; la
libertad del hombre y el alma; la conciencia moral.
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Lo fundamental sobre la patrística es saber que es, por llamarlo de algún modo, el
movimiento, tanto literario y filosófico como cultural, que imperó en la Edad Media. Es el
movimiento de asentamiento del cristianismo en la sociedad desbancando a las otras
religiones paganas añadiendo que la religión cristiana era la única y verdadera porque era
la “Palabra de Dios”.

Hoy día hemos de considerar como “Padres de la Iglesia” solamente a los que reúnen estas cuatro
condiciones necesarias: ortodoxia de doctrina, santidad de vida, aprobación eclesiástica y antigüedad.
Todos los demás escritores son conocidos con el nombre de ecclesiae scriptores o scriptores ecclesiastici,
expresión acuñada por San Jerónimo (De vir. ill., pról.; Ep. 112,3).

b. La “ciencia patrística”
Cuando abordamos la teología como ciencia hemos expresado que lo es, en
cuanto la razón iluminada por la fe, se esfuerza mediante la reflexión en comprender lo
que cree (recordar el concepto de ciencia Módulo I, unidad 2), es decir, los misterios
revelados, con sus consecuencias. Y la teología mediante la cual se recopila y organiza
todo lo relacionado a la fe, la moral, dogmas o la disciplina en los escritos de los Padres,
es lo denominado como ciencia patrística, es decir, es la misma teología en los Padres de
la Iglesia que expone y defiende los fundamentos de la fe cristiana, iluminada aquella por
la razón: el primero en usarlo fue Juan Gerhard, quien lo empleó como título de su obra
Patrología, publicada en 1653.
Siguiendo con lo dicho, la ciencia patrística se caracterizó por su defensa racional
del cristianismo frente a los ataques del paganismo filosófico como también el paganismo
religioso; al mismo tiempo se va generando la filosofía cristiana como la denomina E.
Gilson, dado que, el pensamiento de los autores cristianos, ya sea en la filosofía patrística
ya sea en la filosofía escolástica, ha dado una aportación positiva novedosa. Dicha
afirmación de una filosofía cristiana supone la aceptación de una filosofía propia y
original, que según Gilson, se da en las principales nociones cristianas de la filosofía, como
por ejemplo: el concepto de ser, que remite a una relación (de creación) entre Dios y la
criatura, y de ser supremo, en concreto, que identifica con Dios; la noción de causa
derivada del acto de creación; la idea de creación libre, que lleva a la de persona humana,
como sujeto individual responsable y la antropología que de aquí se deduce; la verdad en
relación con la verdad divina y con la orientación realista de la teoría del conocimiento
tomista y escotista; la noción de libertad; la filosofía de la historia.
Podemos entonces mencionar tres rasgos fundamentales de la ciencia patrística:
a) es ciencia en cuanto la razón iluminada por la fe quiere comprender aquello en lo cual
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cree; b) dicha ciencia elabora, expone y sistematiza sus argumentos teológicos y


filosóficos; c) es una ciencia propia y original.
La Teología como ciencia patrística empieza con la “Didajé” y con los Padres
Apostólicos: Clemente Romano, Ignacio de Antioquía, Policarpo de Esmirna, Papías de
Hierápolis, la “Epístola” de Bernabé y el “Pastor” de Hermas. Sigue con los Padres
Apologetas griegos, con Justino, Taciano, Atenágoras y Teófilo de Antioquía, y (ya en el
siglo III) con el grupo de los escritores africanos formado por Tertuliano, Cipriano y
Lactancio. La época de su máximo esplendor se inaugura con Orígenes (f 254) y culmina
en los Padres postnicenos: Basilio, Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Nisa en Oriente,
Hilario, Jerónimo y Agustín (y más tarde León el Magno) en Occidente. Ireneo, que vivió
en pleno siglo n (ca. 140-CYZ.202), con su obra magna Adversus haereses, supone para la
Teología algo así como su solemne y explícita inauguración. Estos fueron los iniciadores
de la ciencia que se dará de forma definitiva el período que a continuación
desarrollaremos.

c. El período de la patrística
Las etapas de la patrística que hemos de exponer abarca tres etapas, si bien nos
abocaremos a continuación a los llamados Padres de occidente y oriente. Y son las
siguientes:
1) Abarca desde finales del s. I hasta mediados del s. VIII, se exceptúan los escritos
canónicos, o libros que constituyen los libros sagrados del Antiguo y del Nuevo
Testamento, aunque se incluyen los escritos de los padres apostólicos y de los
apologistas.
2) Se la puede dividir en tres etapas fundamentales, la Primera Patrística (siglos. II
y III); la Alta Patrística (siglos. IV y V); y finalmente la Patrística Tardía (siglos. VI y VII).
3) Temas principales de la patrística fueron: la relación entre la fe y la razón; la
cuestión acerca de la existencia de Dios; la doctrina del logos y la sabiduría divina; la
libertad del hombre y el alma; la conciencia moral.
4) Representantes de la Patrística:
- Los Padres apostólicos, aquellos escritores que alcanzan la generación de los
apóstoles, y cuyos escritos no pasaron al canon bíblico y no necesariamente son
posteriores a los escritos canónicos (s. I y comienzos del II): Clemente de Roma, Ignacio de
Antioquia y Policarpo de Esmirna.
- Los Padres apologetas, en general, los que hicieron una defensa (apología) y
justificación del cristianismo contra los ataques de filósofos paganos (s. II y comienzos del
III). Apologistas que escriben en griego, Cuadrato, Justino, Taciano, Atenágoras, el
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Pseudo-Justino, Teófilo de Antioquia y Hermias. Y entre los que escriben en latín, Minucio
Félix y Tertuliano.
- Los Padres de la Iglesia (desde el s. III hasta el s. VII). Se distingue entre padres de
oriente y padres de occidente.
Padres de oriente son san Atanasio, Dídimo el Ciego, y los padres capadocios:
Basilio de Cesárea, Gregorio de Nysa y Gregorio Nacianceno, que además pertenecen a la
escuela de Alejandría (con esta escuela se relaciona también Orígenes). Pertenecen a la
escuela de Antioquia, Diodoro de Tarso, Teodoro de Mopsuestia, san Juan Crisóstomo,
Teodoreto de Ciro, etc. El siglo de oro, no obstante, de la patrística se extiende desde san
Atanasio († 373) hasta el concilio de Calcedonia (451). A partir del s. VI disminuye la
cantidad de escritores, pero algunos son todavía importantes como el Pseudo-Dionisio
Areopagita, un anónimo escritor hacia el 500, Máximo Confesor, Sofronio de Jerusalén o
Juan Damasceno, el llamado último gran padre de oriente.
Padres de occidente son (a partir del s. III), Tertuliano, san Cipriano, san Hipólito,
Novaciano, Lactancio, etc. Y los más representativos: san Ambrosio (340-397), san
Jerónimo (342-420), autor de la versión de la Biblia llamada Vulgata, san Agustín (354-
430) y el Papa san León Magno (390-461). Otros importantes fueron: Hilario de Poitiers,
Paulino de Nola, Rufino de Aquilea y, ya iniciada la caída del imperio romano, san
Gregorio Magno, Boecio, el filósofo de mayor importancia en este tiempo. En la iglesia
visigótica del s. VI, se destaca, san Isidoro de Sevilla († 636), símbolo del siglo de oro de la
iglesia visigótica, autor de las Etimologías y último gran padre de occidente.
Todo el período mencionado conformo una filosofía cristiana que será la raíz del
pensamiento de occidente, más allá de sus críticas infundadas y sus posturas:
a) El agnosticismo que pretendió subsumir el Cristianismo en la filosofía clásica,
que fue rechazada por la Iglesia.
b) La tesis que plantea la absoluta independencia entre cristianismo y filosofía,
llamada “teoría de las dos verdades”. La Iglesia, al sostener que tanto la fe como la razón
tienen la misma fuente, Dios, ha rechazado tal postura.
c) La opinión de aquellos que, sostiene, la imposibilidad de una filosofía cristiana.
El cristiano, sostienen, no puede hacer filosofía, en tanto que aparece el filósofo,
desaparece la fe.

Frente a estas posturas, lo primero que se debe aclarar es que, el cristianismo es una religión monoteísta
revelada, no es una filosofía. Y tiene como fundador a Jesús de Nazaret, cuya vida y doctrina se contiene en
los cuatro Evangelios y demás libros del Nuevo Testamento. Pero el hecho histórico del cristianismo como
religión, no quita el hecho histórico de una filosofía cristiana, que comienza a formarse en los primeros
siglos, que tiene su apogeo en la Edad Media y que continúa hasta nuestros días. Y lo segundo es que la
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historia de occidente tiene raíces cristianas y es fundamento de muchos de sus valores y de su propia
identidad. Así lo destaca el filósofo polaco, L . Kolakowski, junto con otros, teniendo en cuenta dos nociones
esenciales: la noción de derecho natural, que sirve de base a los derechos humanos, a la noción de persona
y a las teorías contractualistas de la sociedad, y el espíritu de finitud y duda, del que surge la desconfianza
33
ante el conocimiento y de donde nace el racionalismo crítico ( J. Vigil, La filosofía de la religión en Leszek
Kolakowsky, en Filosofía de la religión. Estudios y textos, dir. Por M. Fraijó, Trotta, Madrid, 1994, p. 660).

Por lo tanto, se puede hablar de una filosofía cristiana; tala expresión se empezó a
cultivar cuando, tras la encíclica Aeterni Patris, del Papa León XIII, sobre la filosofía y el
tomismo, con ella se designa el conjunto de corrientes católicas de filosofía que
comprendía tanto la neoescolástica tomista, como la escuela escotista, la escuela
suareziana y otras escuelas filosóficas no basadas propiamente en la filosofía medieval,
sino más bien en la corriente agustiniana, como la centrada en torno al italiano Antonio
Rosmini y, en Francia, la llamada «Philosophie de l'esprit», con Louis Lavelle y René Le
Senne como principales representantes), es decir, el modo de hacer filosofía que durante
siglos domina culturalmente el cristianismo, esto es, a finales de la edad clásica y durante
toda la Edad Media.
La filosofía cristiana es, pues, la filosofía que se cultivó en
aquellas épocas pasadas cristianas y la que se seguía
manteniendo, como continuación de la misma, en el ámbito de la
iglesia católica en tiempos de León XIII y hasta nuestros días.

Unidad 11. Los Padres de la Iglesia


a. Los Padres de occidente

San Ambrosio (333-397)


El primero de los grandes Padres occidentales fue, por encima de cualquier otra
consideración, un personaje histórico de gran relieve: San Ambrosio, que desarrolló una
notable actividad literaria de exégesis bíblica y predicación, pero estuvo, además, en el
centro de la actualidad, en una apoca singularmente conflictiva y difícil. Ambrosio fue un
genuino romano, y esa cualidad se deja sentir tanto en su brillante carrera civil como en
su gobierno pastoral de obispo de Milán, a cuya sede fue elevado por aclamación popular,
siendo todavía simple catecúmeno.
Correspondió a San Ambrosio el honor de administrar el bautismo a quien habría
de ser el mayor de los Padres occidentales, San Agustín. Le tocó en suerte también ser
amigo y consejero de tres emperadores y excomulgar a uno de ellos —Teodosio el
Grande— por la matanza de Tesalónica; pero a su muerte hizo de él un impresionante
elogio fúnebre, tan sentido como la oración que pronunciara años antes en memoria de
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su antecesor Valentiniano II. La fama de Ambrosio trascendió a su sede episcopal —


Milán—, cuyo prestigio se acrecentó considerablemente, no sólo en Italia del Norte, sino
también en otras regiones del Occidente latino.
Fue una de las figuras clave de su tiempo, una personalidad eminentemente
occidental en aquellos decenios del despertar general de la teología en Occidente, donde
también sus contemporáneos más jóvenes, Jerónimo y Agustín, con sus personales
interpretaciones y refundiciones de la teología oriental, estaban tratando de superar el
retraso intelectual y asegurar definitivamente el patrimonio de fe ya definido. Fueron
también los decisivos años en que bajo el emperador Teodosio, en el Concilio de
Constantinopla (381), se determinó que el imperio fuera exclusivamente cristiano (sin
paganismo) y que la Iglesia imperial fuera unitariamente “ortodoxa” por la aceptación
general del símbolo niceno.
Su teología tiene como punto de partida la Iglesia y, en ella, su carácter
sacramental. Su concepto de la misa como sacrificio místico es profundísimo y orientador.
Y él fue además quien descubrió la fuerza inherente a la oración cantada por toda la
comunidad en la iglesia. Finalmente, ese obispo figura también entre los grandes modelos
de la Iglesia por haber sido un padre de los pobres, como habrían de serlo después, y cada
vez más, los obispos durante la época de la invasión de los bárbaros: los pobres son el
tesoro de la Iglesia, la cual, a su vez, puede ser totalmente pobre.
El viernes santo del año 397, a la edad de 57 años, murió plácidamente
exclamando: "He tratado de vivir de tal manera que no tenga que sentir miedo al
presentarme ante el Divino Juez".
San Jerónimo (342-420)
El Occidente romano dio también a la historia cristiana su más insigne cultivador
de la Sagrada Escritura y el verdadero rasgo que caracterizó toda su vida: su incesante
aspiración a la cultura; el dálmata Eusebio Jerónimo. Merece la pena destacar que
Jerónimo, como la mayoría de los Padres de la Iglesia, no vivió una existencia recoleta,
consagrada a los estudios y de espaldas a las realidades de su tiempo. Antioquía y
Constantinopla, Tréveris y Roma fueron sucesivas residencias de
San Jerónimo, que terminó por establecerse en Belén, la ciudad
natal de Jesús.
Se convirtió de la actividad secular a la religiosa y en
Aquileya abrazó una especie de vida monástica en comunidad
con algunos amigos. Nunca se cansó de alabar la ascética, que él
practicó durante muchos años, y la virginidad, por la que
entusiasmó a muchos. Había conocido la vida monástica en
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Tréveris, donde Atanasio compuso su Vida de san Antonio. Con su propaganda literaria
dio a conocer el verdadero ideal monástico en Occidente.
Jerónimo fue también algo muy distinto a un erudito intelectual o un puro hombre
de estudio. Polemista apasionado, promovió con entusiasmo el ascetismo en su labor de
dirección espiritual de nobles damas de la aristocracia romana. Su obra como historiador
y exegeta es muy notable; mas su gran legado ha sido la traducción de numerosos libros
de la Biblia, directamente del hebreo o arameo al latín. Esta versión es la célebre Vulgata,
cuya “autenticidad”, declarada por el Concilio de Trento, significa que en materia de fe y
costumbres está exenta de error; siempre hay que aludir a su trabajo bíblico. La fuente y
el modelo de su quehacer científico sobre la Escritura, que él quería traducir a los latinos
desde la “verdad” hebraica y griega, fue sobre todo Orígenes. Jerónimo, de hecho, renovó
la Biblia latina y aclaró de raíz la confusión existente. Desde entonces leemos el texto en
la forma por él elaborada.
El año 392 publicó Jerónimo el primer catálogo de escritores eclesiásticos, con135
nombres.
San Agustín (354-430)
Aurelio Agustín, la figura más importante y
representativa de la filosofía cristiana de la antigüedad nació en
el año 354 en Tagaste (hoy Souk-Arhas, en Argelia), ciudad de
Numidia, en el África proconsular romana. Maestro de
occidente, fue educado en Tagaste y Madaura y estudió retórica
en Cartago.
El principal Padre de la Iglesia y una de las figuras
cumbres de la historia cristiana, y aun de toda la humanidad, fue el africano Aurelio
Agustín. Sus Confesiones (autobiografía espiritual desde la infancia hasta su conversión)
es una obra maestra de la literatura universal, que conserva intacta su modernidad a
través de los siglos e interesa al lector de todos los tiempos.
San Agustín comentó el Antiguo y el Nuevo Testamento y trató los grandes temas
de la Teología, que gracias a su aportación experimentó decisivos avances. Hombre de su
época, Agustín se interroga acerca de los acontecimientos históricos que se sucedían ante
sus ojos, y en especial la ruina del Imperio romano de Occidente, abatido por las
invasiones bárbaras, justamente cuando había llegado a ser un Imperio cristiano. Los
paganos interpretaban estas desgracias de Roma como un castigo de los dioses, por
haber abandonado la vieja religión. Agustín escribió en respuesta La Ciudad de Dios,
ensayo de Teología de la Historia y tratado de Apologética, en el cual se pregunta por el
sentido de los tiempos y el plan de la Providencia divina.
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La obra filosófica de Agustín de Hipona significa el primer esfuerzo importante de


armonizar la fe y la razón, la filosofía y el cristianismo (como hemos visto), que ya había
empezado con los llamados padres de la Iglesia y que culmina con san Agustín, luego,
continuó durante la alta y la baja Edad Media, dando origen a la filosofía escolástica. En
san Agustín, razón y fe es la primera gran síntesis filosófica del cristianismo; con el nace el
filosofar en la fe, anticipada por los Padres griegos, pero en él llega a su perfecta
maduración.
El título de Doctor gratiae con el que es conocido en la historia de la Teología
recuerda especialmente el largo esfuerzo desplegado por él para combatir la doctrina
racionalista de Pelagio sobre la gracia.
Algunas de sus obras son: Sobre el libre arbitrio (388 y 391-395), La verdadera
religión (390); contra los donatistas, cristianos puritanos que hacían depender la validez
de los sacramentos de la intención del ministro: Contra Gaudencio, obispo de los
donatistas; y contra los pelagianos, seguidores de Pelagio, para quien el hombre, al no
tener pecado original, podía él solo, sin la gracia divina, realizar obras buenas: El espíritu y
la letra (412), Sobre las hazañas de Pelagio (417). A esta época pertenecen también otras
grandes obras y tratados: La trinidad (399-419), Confesiones (397), obra literariamente
importante, y su gran obra apologética La ciudad de Dios (413-427). En Retractaciones
(426-427), Agustín revisa algunas doctrinas anteriores.
San Gregorio Magno (540-604)
El otro papa “grande”, Gregorio, es ya un romano proyectado hacia el Medievo.
Mucho había cambiado el mundo en pocos siglos: si el contexto histórico del primer gran
Padre de la Iglesia, Atanasio, fue el Imperio constantiniano, el horizonte vital de Gregorio
Magno (tanto o más que la lejana Constantinopla) era la Italia longobarda, la España
visigoda y la Francia merovingia. Las obras de Gregorio (los “Morales” o los “Diálogos”) las
leerán con avidez los hombres de la Edad Media; y el canto “gregoriano” se conservó vivo
en la Iglesia hasta nuestros días. Gregorio habría merecido perfectamente el apelativo de
Magno con sus realizaciones de política eclesiástica y sus preocupaciones pastorales, pero
no era tan sólo un hombre práctico. También sus cartas daban,
cuando era necesario, no sólo exhortaciones, sino también claras
respuestas a cuestiones teológicas.
Se le debe a Gregorio el estudio de la escritura y sus
sentidos. En sus Moralia in Job, comentario de Job en 35 libros, en
cuyo prólogo se explica teoréticamente la diferencia entre los tres
sentidos de la Escritura; histórico, moral y alegórico. Fue el último
de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina, vivió en un
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tiempo que ni exigía grandes aportaciones intelectuales —no había controversias


teológicas serias —ni las permitía; la preocupación por un resto de tranquilidad y de
orden, y hasta por el pan cotidiano para los pobres, acaparaba con frecuencia toda la
atención del obispo romano.
Gregorio debió reorganizar la administración de todas las posesiones de la Sede romana,
pues hallándose por lo regular en manos del episcopado local, apenas si habían producido
frutos. Se ocupó del debido empleo del dinero: dado que las monedas usuales en el sur
de las Galias no tenían curso en Italia (tenían menos contenido áureo), había que comprar
en los lugares mismos ropas para los pobres de Roma y rescatara jóvenes esclavos
ingleses que sirvieran a Dios en monasterios italianos.
Respondiendo a la pregunta de si fueron redimidos por Cristo todos los que habían
llegado al limbo, no sólo se remite Gregorio a Filastrio y a Agustín, sino que incluso
demuestra por la Biblia que sólo fueron redimidos por Cristo los que podían presentar
buenas obras.

Los Padres de oriente


San Atanasio (295-373)
El más antiguo de los Padres orientales fue San Atanasio,
obispo de Alejandría y principal defensor de la ortodoxia católica
frente a la herejía arriana. Atanasio, siendo aún diácono, participó
en el Concilio de Nicea del año 325, donde desempeñó un papel
relevante. Tres años más tarde fue elegido obispo de Alejandría y
consagró más tarde su vida a la defensa de la fe ortodoxa definida
en Nicea. Su pontificado se prolongó durante 45 años, 17 de los cuales los pasó
desterrado en Tréveris, en Roma, entre los monjes del desierto egipcio.
Fue nombrado obispo de Alejandría en el año 328. Fue el alma de la oposición contra el
arrianismo y de la lucha por el símbolo niceno. En su juventud, bajo la dirección del
ermitaño (= anacoreta) Antonio se había hecho fuerte para las más duras privaciones. Del
mismo modo que trabajó incansablemente (pero con flexibilidad, pacíficamente) en favor
de la verdadera doctrina, así también sufrió por ella, imperturbable e invicto, muchas
incomodidades. Bajo cuatro emperadores tuvo que marchar al destierro cinco veces (dos
a Occidente: Roma y Tréveris; tres veces a Egipto). El destierro desempeñó un
importantísimo papel en las luchas dogmáticas de la época.
En el exilio, Atanasio no fue solamente defensor del Niceno, sino que tanto en
Roma como en Tréveris dio a conocer la nueva gloria de la Iglesia, aún desconocida en el
Occidente: el monacato, nacido en Egipto, que renuncia al mundo. Escribió la vida de
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Antonio el Ermitaño, la cual en su traducción latina ejerció gran influencia en Occidente.


Atanasio es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia griega.
La mayor parte de los escritos de Atanasio estuvieron consagrados a la defensa de
la ortodoxia y a la exposición científica del dogma trinitario y la doctrina del Logos; los
arrianos veían en él a su principal enemigo e hicieron cuanto pudieron para destruirlo; en
esta línea destacamos sus tres Discursos contra los árdanos y arrianos1. Atanasio fue
también autor de varios escritos sobre la virginidad y de una obra hagiográfica que
alcanzó extraordinario éxito: la Vida de San Antonio, que contribuyó poderosamente a la
difusión de la vida ascética en Occidente.
Basilio de Cesárea (330-379)
Sólo a uno de los tres Padres Capadocios se le ha distinguido con el sobrenombre
de Grande: a Basilio. Justifican la concesión de este título sus extraordinarias cualidades
como estadista y organizador eclesiástico, como exponente egregio de la doctrina
cristiana y como un segundo Atanasio en la defensa de la ortodoxia, como Padre del
monaquismo oriental y reformador de la liturgia.
Fue arzobispo de Cesárea y destacó, no sólo por sus
escritos teológicos antiarrianos, sino también como hombre de
gobierno y organizador del monacato oriental. Fue autor de dos
reglas monásticas y de una liturgia que lleva su nombre. Su
tratado A los jóvenes encierra todo un programa de humanismo
cristiano.
Basilio no fue sólo un administrador eclesiástico, fue
también un gran escritor; su producción literaria comprende
tratados dogmáticos, ascéticos, pedagógicos y litúrgicos, además de gran número de
sermones y de cartas, mencionamos algunas de sus obras: Contra Eunomio (363-365);
Sobre el Espíritu Santo (375); Ad adolescentes; In Hexaemeron (hacia 370).
La teología de Basilio gira en torno a la defensa de la doctrina de Nicea contra los distintos
partidos arrianos, causa común con Atanasio. Es suya esta declaración: “No podemos

1
Las tres Orationes contra Arianos son la obra dogmática más importante de Atanasio. La primera
da un resumen de la doctrina arriana tal como la exponía Arrio en la Thalia, y defiende la definición
del concilio de Nicea de que el Hijo es eterno, increado (άγέννητος) e inmutable, y de que hay
unidad de esencia divina entre el Padre y el Hijo. Los libros II y III dan una cuidadosa explicación
de los textos escriturísticos que tratan de la generación del Hijo (Hebr 3,2; Act 2,36; Prov 8,22), de
las relaciones del Hijo con el Padre a base del cuarto Evangelio, y de la Encarnación (Mt 28,18; Io
3,35; Mt 26,39; Io 12,27; Mc 13,32; Lc 2,52). Se rechaza la exégesis arriana y se establece el
verdadero sentido (Johannes Quasten. Patrología II: La edad de oro de la literatura patrística
griega. B.A.C. Madrid 1962.
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añadir nada al Credo de Nicea, ni siquiera la cosa más leve, fuera de la glorificación del
Espíritu Santo, y esto porque nuestros padres mencionaron este tema incidentalmente”
(Ep. 258,2). No obstante esta afirmación, el mérito grande de Basilio está en haber
avanzado más que Atanasio y en haber contribuido en sumo grado a aclarar la
terminología trinitaria y cristológica. Respecto de la doctrina de la Trinidad, la
contribución más importante de San Basilio fue el haber atraído nuevamente a la Iglesia a
los semiarrianos y el haber fijado de una vez para siempre el significado de las palabras
ousia e hypostasis. Así se da la definición trinitaria: una ousia y tres hypostases en Dios
(una esencia y tres personas divinas). Por último es importante en Basilio su comentario
sobre el sacramento de la Eucaristía: “Y el comulgar cada día y participar del santo cuerpo
y sangre de Cristo es bueno y muy útil; pues dice El claramente: “El que come mi carne y
bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6,54). Porque ¿quién pone en duda que participar
continuamente de la vida no es otra cosa que vivir de muchos? Nosotros ciertamente
comulgamos cuatro veces a la semana: el domingo, el miércoles, el viernes y el sábado, y
otros días si es conmemoración de algún santo. Y el que alguno se vea forzado en tiempo
de persecución a recibir la comunión con su propia mano, no estando presente el
sacerdote o el ministro, es superfluo el mostrar que de ninguna manera es grave, pues lo
confirma con su práctica una larga costumbre. Porque todos los monjes que viven en los
desiertos, donde no hay sacerdotes, conservando la comunión en casa, la reciben por sí
mismos”.
Gregorio Nacianceno (330-390)
La vida de San Gregorio Nacianceno tiene un notable paralelismo con la de San
Basilio. Gregorio era también de la región de Capadocia, y se le llama Nacianceno por
haber nacido junto a Nacianzo. Además de monje fue nombrado patriarca de
Constantinopla. Presidió el Concilio Constantinopolitano I, que fue el II ecuménico. En él
se definió la divinidad del Espíritu Santo, contra Macedonio, y se proclamó el credo de la
Misa, llamado nicenoconstantinopolitano.
Compuso la “Filocalia”, una antología de las obras de Orígenes, y fue llamado por
su elocuencia el «Demóstenes cristiano». Sus discursos,
dirigidos a defender la dignidad del Hijo y del Espíritu Santo le
valieron el apelativo de “el Teólogo”.
Era casi de la misma edad que Basilio y siguió el mismo
curso de estudios. Pero es de un carácter totalmente distinto. No
tiene el vigor del gran príncipe obispo de Cesare ni su habilidad
de jefe. Entre los teólogos del siglo IV se le podría llamar el
humanista, en cuanto que prefería la contemplación
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tranquila y combinar la piedad ascética con la cultura literaria al esplendor de una vida
activa y de una buena posición eclesiástica. Mas su naturaleza débil y supersensible no le
permitió seguir el anhelo de su alma, y no fue capaz, en consecuencia, de oponerse a
todas las influencias que le venían de fuera. De ahí nació, a lo largo de toda su vida, cierta
falta de resolución.
Gregorio de Nacianzo no fue, en absoluto, un escritor prolífico. A falta de escritos
sobre escritura y dogmática, si fue prolífico en discursos, poemas y cartas.
Sin embargo, Los cinco discursos teológicos, pronunciados en Constantinopla en
380, le dieron el título distintivo que ostenta, “el Teólogo.” Defiende en ellos el dogma de
la Iglesia contra los eunomianos y macedonianos, y, representa el resultado maduro de
un estudio de la doctrina trinitaria.
El Concilio de Constantinopla estableció y confirmó las conclusiones de Nicea.
Poco después de su consagración como obispo de Constantinopla, sus enemigos pusieron
en duda la validez de su elección en 381. El, para restaurar la paz, resignó. Volvió a
Nacianzo, donde la cede estaba vacante y administró la diócesis hasta que eligieron a un
sucesor. Alrededor del año 384 se retiró. Fue entonces que escribió sus famosos poemas
y su autobiografía.
San Juan Crisóstomo (344-407)
Antioqueno de nacimiento y formación, San Juan Crisóstomo (boca de oro”), ha
sido considerado por la Iglesia griega como su mejor orador y un exegeta eminente, que
comentó numerosos libros de la Biblia. Obispo de Constantinopla durante seis años, sus
célebres homilías le acarrearon la enemistad de la emperatriz Eudoxia, y en consecuencia,
la pérdida de la sede y el destierro hasta la muerte.
Su fama se debe a su maravillosa elocuencia, que dejaba fluir incansable en sus
largos sermones (de hasta dos horas de duración). La fama de su púlpito hizo que la corte
lo promoviera mediante artimañas a la sede de Constantinopla. Pero allí manifestó
también su arrojo e intrepidez. Aquellos que sólo pretendían deleitarse con sus hermosas
frases tuvieron que escuchar también amargas verdades sobre sus indignas acciones (los
obispos cortesanos) y sus frivolidades (la emperatriz Eudoxia).
Caído en desgracia, el gran obispo fue finalmente exiliado a
orillas del Mar Negro, donde murió dando testimonio del
evangelio y de los inalienables derechos y deberes de la Iglesia.
Entre los Padres griegos no hay nadie que haya dejado
una herencia literaria tan copiosa como Crisóstomo. Además, él
es el único, entre los antiguos antioquenos, cuyos escritos se
han conservado casi íntegramente. La misma tragedia de su
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vida, ocasionada por la extraordinaria sinceridad e integridad de su carácter, sirvió para


realzar su gloria y su fama. Sigue siendo el más encantador de los padres griegos y una de
las personalidades más simpáticas de la antigüedad cristiana.
Entre sus escritos citamos sus Homilías sobre el Antiguo y Nuevo Testamento:
Homilías sobre el Génesis; Homilías sobre los salmos; Homilías sobre el Evangelio de San
Mateo; Homilías sobre Mateo; Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles.
Llama la atención en Juan Crisostomo (como los tiempos de hoy) su enojo hacia las
festividades paganas en tiempos litúrgicos. En su sermón Contra los juegos circenses y el
teatro, Contra circenses ludos et theatra (PG 56,263-270), con el cual se dirigió a su
congregación de Constantinopla el 3 de julio del 390, cuando encontró su iglesia medio
vacía porque muchos de su grey habían ido al circo. Expresa su indignación porque aun el
Viernes Santo se celebraban carreras de carrozas y se daba una sesión de teatro el
Sábado Santo.
En cuanto a sus escritos teológicos no hay uno sólo que se pueda llamar
propiamente una investigación o estudio de un problema teológico referido a cuestiones
dogmáticas. Toda su predicación, como hemos visto por sus Homilias, se apoya en la
escritura, no hay filosofía alguna. Sin embargo, su contenido doctrinal sigue la ortodoxia.
Como corolario, podemos decir, que los Padres de la Iglesia tanto de occidente
como de oriente han sido para la Iglesia uno de los mayores frutos del pensamiento
cristiano: "La Iglesia vive todavía hoy con la vida recibida de los Padres de la Iglesia; y hoy
sigue edificándose todavía sobre las estructuras formadas por esos constructores entre los
goces y penas de su caminar y de su trabajo cotidiano." (Juan Pablo II "Patres Ecclesiae").
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San Basilio, San Gregorio, San Juan Crisóstomo, San Atanasio y el Papa Clemente I, Catedral Vladimir, San
Petersburgo
Unidad 12. Concilios del período patrístico
a. Concepto de Concilio
En la historia de la Iglesia y del mundo cultural de occidente han sido de vital
importancia los “concilios”.
El término concilio viene del latín concilium que significa: unión, reunión,
asamblea, asamblea deliberante, consejo. Concilium \ionc del verbo concilio, conciliare
que significa: reunir, unir. Concilium traduce el griego synodos, que significa: reunión, y
luego asamblea. Synodos proviene de syn (con) y hodos (camino). Es pues, un concilio,
una reunión o asamblea de los obispos como máximos responsables de las Iglesias.

A continuación una tabla cronológica de los concilios ecuménicos de la Iglesia


Católica:

N° Localidad Año Papa reinante Cuestión principal del concilio


Jerusalén 50 Liberación de la Ley judaica
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1 Nicea l 325 Silvestre l Divinidad de Cristo, contra


Arrio
2 Constantinopla I 381 Dámaso l Divinidad del Espíritu Santo
contra Macedonio
3 Éfeso 431 Celestino I María puede ser llamada
Madre de Dios, contra Nestorio
4 Calcedonia 451 León I Condena de los monofisistas y
se declara la doctrina de Nicea
5 Constantinopla II 553 Vigilio Se reafirma la Unión
Hipostática en Cristo
6 Constantinopla III 680-681 Agatón Se admite la existencia de dos
voluntades en Cristo
7 Nicea II 787 Adriano I Culto de las imágenes. Codena
de los iconoclastas
8 Constantinopla IV 869-870 Adriano II Cisma de oriente. Condena de
Focio
9 Letrán I 1123 Calixto II Disputa sobre las investiduras
10 Letrán II 1139 Inocencio II Condena de intentos
cismáticos. Reforma
eclesiástica
11 Letrán III 1179 Alejandro III Principio de la mayoría de dos
tercios para la elección del
Papa
12 Letrán IV 1215 Inocencio III Confesión pascual. Hábito de
los clérigos
13 Lyon I 1245 Inocencio IV Excomunión del emperador
Federico II
14 Lyon II 1274 Gregorio X Unión efímera de la Iglesia
griega y la de Roma
15 Viena 1311-1312 Clemente V Disolución de la Orden de los
templarios
16 Constanza 1414-1418 Martín V Superación del cisma de
oriente
17 Basilea-Ferrara- 1431/1438/1445 Eugenio IV Debate sobre el purgatorio, la
Florencia Eucaristía y la supremacía
romana
18 Letrán V 1512-1517 Julio II/León II Reforma eclesiástica
19 Trento 1545-1563 Paulo III/Julio Reafirmación de la fe Católica
III/Pío IV contra los Protestantes
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20 Vaticano I 1869-1870 Pío XI Existencia de Dios. Revelación


divina. Primado e infalibilidad
del Papa
21 Vaticano II 1962-1965 Juan XXIII/Paulo La iglesia y el mundo
VI contemporáneo. Teología de la
Iglesia Reforma litúrgica.
Libertad religiosa.

Estas asambleas abarcan solamente una porción de la Iglesia como una Provincia
Eclesiástica o bien la Iglesia de todo un país; y, los otros son los Ecuménicos = Universales,
porque ya deliberan sobre asuntos que interesan a toda la Iglesia y al que asisten
representantes de todas las latitudes. En estos casos el Sumo Pontífice asiste en persona
y preside las sesiones o bien se hace representar por Legados.
Algunas de las notas esenciales de los concilios son:
- La apertura de los debates, todos los asistentes prestan juramento. Juran que
permanecerán fieles a la Iglesia y a su jefe. El texto del juramento fue redactado por el
papa Gregorio VII en el año 1709.
- El Papa decide los temas que serán discutidos por el Concilio.
- En los primeros Concilios, cuya convocación quedaba al cuidado de los
emperadores, cada pregunta estaba sometida a la aprobación de los participantes, que
respondían por “placet” (sí) y “non placet” (no).
- Los obispos del mundo entero son llamados a Roma (o a la ciudad que el
Pontífice haya escogido). Su presencia es obligatoria, salvo en caso de fuerza mayor.

b. Los cuatro concilios y sus definiciones dogmáticas


Los concilios en el período patrístico han sido cuatro: Éfeso (431); Constantinopla I
(381); Constantinopla II (553) y Constantinopla III (680-681). En ellos y en general se ha
definido un dogma. un artículo de fe formulado conceptualmente al que la Iglesia propone
como tal con carácter obligatorio para todos, en el que algunos padres de la iglesia han
tenido un papel fundamental.

Éfeso. El 22 de junio de 431 unos 160 obispos se reúnen, a petición de Cirilo, en la


iglesia de Éfeso, consagrada a María. Nestorio había sido invitado, pero se negó a ir.
Primeramente, leyóse el símbolo formulado en el concilio de Nicea en 325. Luego se leyó
la gran letra doctrinal escrita por Cirilo a Nestorio en enero o febrero del 430, de la que
antes hemos traducido los principales pasajes, con la respuesta de Nestorio. Cirilo pide si
la exposición que hizo en esa carta de la doctrina de la encarnación parece a los obispos
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presentes que está de acuerdo con el pensamiento de los padres de Nicea, con el
pensamiento de la iglesia universal, con el suyo. Los obispos presentes responden que la
doctrina expuesta por Cirilo en esta carta es conforme al pensamiento de la iglesia. Luego
los mismos obispos condenan la doctrina de Nestorio.
“Quien no anatematizare a Nestorio sea él mismo anatema, pues es
anatematizado por la verdadera fe y por el santo concilio. Nosotros todos
anatematizamos la carta y la doctrina de Nestorio...”
Después se lee la carta del papa Celestino a Nestorio, la tercera carta de Cirilo a
Nestorio, que acabamos de traducir, y las fórmulas que Cirilo pedía a Nestorio rechazase.
Se lee a continuación una serie de textos de padres de la iglesia: Atanasio de Alejandría,
Julio obispo de Roma, Félix de Roma, Teófilo de Alejandría, Cipriano de Cartago, Ambrosio
de Milán, Gregorio de Nacianzo, Basilio de Cesárea, Gregorio de Nisa.
Después de la lectura de todos esos documentos, los padres del concilio condenan
solemnemente la doctrina de Nestorio:
“Ya que Nestorio no quiso obedecer a nuestra invitación, que no recibió a los
obispos (...) que le habíamos enviado, hemos tenido que hacer necesariamente el examen
de sus doctrinas... Hemos tenido que adoptar, llorando copiosas lágrimas, esta sentencia:
quien ha sido blasfemado por él, nuestro señor Jesús cristo, ha decidido, por esta
santísima asamblea presente (syttodos) que Nestorio es ajeno a la dignidad de obispo”.
Lo que le reprochaban a Cirilo sus adversarios era de que no salvaba lo bastante
con sus fórmulas la consistencia plena, la realidad plena del hombre en Jesús de Nazaret,
de que tendía a una doctrina del cristo que se parecía demasiado, creían ellos, a la de
Apolinar de Laodicea.

Constantinopla I. Teodosio fue quien decidió convocar el primero de los concilios


que habrían de celebrarse en Constantinopla para solucionar las controversias doctrinales
que amenazaban la unidad de la Iglesia.
El concilio se inició bajo la presidencia del Patriarca Melecio de Antioquía y con la
asistencia de 150 obispos de las diócesis orientales. En este concilio se destaca la
presencia de los llamados “Padres Capadocios”; Basilio el Grande, Gregorio
Niseno y Gregorio Nacianceno. Este último fue designado por el propio concilio como
obispo de Constantinopla y, tras la muerte de Melecio, pasó a presidir el mismo hasta su
dimisión y sustitución por Nectario.
La gran medida adoptada por el Primer Concilio de Constantinopla fue la
reafirmación del Credo niceno introduciendo en el mismo la consustancialidad del Espíritu
Santo con el Padre y con el Hijo mediante la expresión: Credo in Spiritum Sanctum qui ex
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Patre per Filium procedit (Creo en el Espíritu Santo, que procede del Padre a través de
Hijo).

Constantinopla II. A mediados del siglo VI, más concretamente en el año 553, el
emperador Justiniano reúne un concilio en Constantinopla (el emperador Justiniano I
logró que se aceptara un documento que contenía quince anatemas contra algunas de las
doctrinas de Orígenes y que fue luego firmado por el papa Vigilio). Se celebró en ocho
sesiones entre el 5 de mayo y el 2 de junio de 553.
Después de considerar cuidadosamente el asunto durante seis meses, Vigilio, que
pesan hasta las persecuciones de Justiniano en contra de su clero y de haber enviado una
carta a Eutiquio de Constantinopla, aprobó el consejo, por lo tanto cambiar de opinión
"siguiendo el ejemplo de San Agustín". Además se anatematizado y condenado Theodore
sus escritos y los de Teodoreto.
Este Concilio fue convocado con la esperanza de poner fin a las controversias
entre Monofisitas y Nestorianos. Algunas de las formulaciones de fe fueron: a) la unidad
de naturaleza de las tres Personas; b) las dos generaciones de Dios logos, es decir la de
Dios Padre y Dios Hijo; c) las dos naturalezas de Cristo, divina y humana como enseñaron
los santos padres.

Constantinopla III En septiembre del año 680, el emperador Constantino ordenó al


patriarca de Constantinopla reunirse con obispos que depende su autoridad para
examinar la doctrina de la única voluntad en el Cristo.
El papa Agatón fue quien celebró el año 680 un sínodo preparatorio con125
obispos, que siguiendo el espíritu del sínodo de 649 había condenado el monotelismo, se
reunió en Constantinopla en 680-681 el VI concilio ecuménico, bajo la presidencia del
emperador mismo y los obispos.
Así se definió el concilio:
Definición sobre las dos voluntades en Cristo
“…El presente santo y universal Concilio recibe fielmente y abraza con los brazos abiertos
la relación del muy santo y muy bienaventurado Papa de la antigua Roma, Agatón, hecha
a Constantino, nuestro piadosísimo y fidelísimo emperador, en la que expresamente se
rechaza a los que predican y enseñan, como antes se ha dicho, una sola voluntad y una
sola operación en la economía de la encarnación de Cristo, nuestro verdadero Dios [v.
288]…”
Esto es se defiende y proclama las dos voluntades de Cristo.
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c. Los concilios, la Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.


En este último apartado solo nos queda establecer la relación entre los temas ya
vistos: concilios, Escritura, Tradición y Magisterio de la Iglesia. Si hacemos un breve
recorrido por ellos nos daremos cuenta que los concilios y el Magisterio han tenido como
finalidad poner en claro la fe católica que no es otra que el dato revelado por la Escritura
y la Tradición. Es decir, el Magisterio y los concilios (no solo los llamados ecuménicos) han
formulado como dogmas las verdades por Dios reveladas. Y en esto son los padres de la
Iglesia que hemos vistos los que ocupan un lugar preponderante, tanto en el mismo
Magisterio como en los concilios.
Así, se puede observar, que no hay contradicción entre las fuentes mismas
mencionas y su trasmisión. La trasmisión del Magisterio va unida a la Escritura y a la
Tradición que ha bebido de los concilios las formulaciones que son defensa de la fe
católica. Para darse cuento de esto, basta tomar un ejemplo: la divinidad y humanidad de
Cristo. Dicha verdad revelada en sus fuentes (Escritura y Tradición) ha sido trasmitida por
el Magisterio y confirmada por los concilios (Éfeso, Constantinopla II).
La historia de la Iglesia es de algún modo la historia que continúa la obra de su
Redentor: Cristo. De su palabra, de su conducta y de su testimonio. No le ha sido fácil a la
Iglesia trasmitirlo en el pasado, no lo es en el presente y no lo será en el futuro, pero
siempre se ha mantenido fiel a su fundador. Sin embargo, la Iglesia la conforman todos
los bautizados, no solo aquellos que han recibido el orden sagrado y los religiosos,
también los laicos. Estos hoy cumplen una tarea fundamental en el mundo. Los laicos de
hoy y del mañana tienen el compromiso, cada según su lugar, de presentar y evitar los
obstáculos que impiden la trasmisión de la ortodoxia cristiana, por todo nos parece
esclarecedor la siguiente reflexión de C. Tresmontant para concluir:

“…Existe una manera fijista de hacer teología. Existe una manera de invocar las
autoridades del pasado que no deja sitio, que no da derecho de entrada al desarrollo futuro. La
ortodoxia no está solamente en el pasado de la iglesia. Está también en su desarrollo actual.
Estará en su desarrollo venidero. La ortodoxia no consiste sólo en considerar lo que la iglesia
pensó en el pasado Consiste asimismo en preguntarse lo que la iglesia puede pensar actualmente,
acerca de este nuevo problema, y lo que pensará mañana. Existe una continuidad entre el pasado
de la iglesia, su presente y su futuro. Es el mismo cuerpo de pensamiento que se desarrolla, pero
se desarrolla. Eso es, sabremos lo que la iglesia piensa, o sea, lo que es la ortodoxia, mejor al final
de los tiempos que al comienzo. Por lo menos estará más claro. Distinguiremos mejor lo que es
envoltura de lo que es grano vivo que contiene información.
La ortodoxia cristiana se ha ido desarrollando como un gran árbol que evita los
obstáculos, ha ido progresando como una nave que evita los escollos.
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Bueno es que se presenten obstáculos y escollos, para que la ortodoxia pueda tomar
conciencia explícitamente de lo que piensa y de lo que dice. Así, las herejías han sido un factor de
progrese para el pensamiento de la iglesia. Lo vimos ya.
Pero falta aún que los hombres y mujeres que componen la iglesia recuerden este pasado
de la iglesia en el que ella evitó una serie de obstáculos, y conserven en la memoria las
adquisiciones hechas por el pensamiento de la iglesia, para que no recomencemos
indefinidamente el ciclo de los errores y de las correcciones de errores.
La desventura principal de la cristiandad, en este momento, está en que los cristianos han
olvidado el trabajo de la Iglesia mediante el cual ella ha llegado hasta la edad que tiene, y hasta la
riqueza del contenido de su pensamiento…” (ob. cit., Introducción a la teología cristiana, pp 546-
547)
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Actividades

1- En una línea de tiempo (esquema) ubicar a los Padres de la Iglesia y los concilios.

2- Foro: Qué opinión le merece los Padres de la Iglesia

3- Cuáles son las características principales de los Padres.

4- En la catequesis de Juan Pablo II sobre San Basilio responder:

a) Cuál fue el combate de san Basilio; b) Cuál fue la defensa más importante; c) Qué
dice respecto del bautismo.

[Link]
ii_apl_02011980_patres-ecclesiae_sp.html

5- Sobre el texto de San Gregorio Nacianceno: Tres luces que son una Luz (Poemas
dogmáticos, 1, 2, 3): responder que analogía nos presenta.

Bien sé que, al hablar de Dios a los que le buscan, es como si quisiéramos atravesar el mar con
pequeñas naves, o nos lanzáramos hacia el cielo constelado de estrellas, sostenidos por débiles alas. Porque
queremos hablar de ese Dios que ni siquiera los habitantes del Cielo son capaces de honrar como conviene.
Sin embargo, Tú, Espíritu de Dios, trompeta anunciadora de la verdad, estimula mi mente y mi lengua
para que todos puedan gozar con su corazón inmerso en la plenitud de Dios.
Hay un solo Dios, sin principio ni causa, no circunscrito por ninguna cosa preexistente o futura, infinito,
que abraza el tiempo, grande Padre del grande y santo Hijo unigénito. Es Espíritu purísimo, que no ha
sufrido en el Hijo nada de cuanto el Hijo ha sufrido en la carne (...).
Único Dios, distinto en la Persona pero no en la divinidad, es el Verbo divino. Él es la imagen viva del
Padre, Hijo único de Aquél que no tiene principio, solo que procede del solo, igual hasta el punto de que
mientras sólo Aquél es plenamente Padre, el Hijo es también creador y gobernador del mundo, fuerza e
inteligencia del Padre.
Cantemos en primer lugar al Hijo, adorando la sangre que fue expiación de nuestros pecados. En
efecto, sin perder nada de su divinidad, me salvó inclinándose, como médico, sobre mis heridas purulentas.
Era mortal, pero era Dios; descendiente de David, pero creador de Adán; revestido de cuerpo, pero no
partícipe de la carne. Tuvo madre, pero madre virgen; estuvo circunscrito, pero permaneció siempre
inmenso. Fue víctima, pero también pontífice; sacerdote, y sin embargo era Dios. Ofreció a Dios su sangre y
purificó el mundo entero. Fue alzado en la cruz, pero los clavos derrotaron al pecado. Se confundió entre
los muertos, pero resucitó de la muerte y trajo a la vida a muchos que habían muerto antes que Él: en éstos
se hallaba la pobreza del hombre, en Él la riqueza del Espíritu (...).
Alma, ¿por qué tardas? Canta también la gloria del Espíritu; no separes en tu discurso lo que la
naturaleza no ha dividido. Temblemos ante el poderoso Espíritu, como delante de Dios; gracias a Él he
conocido a Dios. Él, que me diviniza, es evidentemente Dios: es omnipotente, autor de dones diversos, el
que suscita himnos en el coro de los santos, el que da la vida a los habitantes del cielo y de la tierra, el que
reina en los cielos. Es fuerza divina que procede del Padre, no sujeto a ningún poder. No es hijo: uno solo,
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en efecto, es el Hijo santo del único Bien. Y no se encuentra fuera de la divinidad indivisible, sino que es
igual en honor (...).
[Ésta es la] Trinidad increada, que está fuera del tiempo, santa, libre, igualmente digna de adoración:
¡único Dios que gobierna el mundo con triple esplendor! Mediante el Bautismo, soy regenerado como
hombre nuevo por los Tres; y, destruida la muerte, avanzo en la luz, resucitado a una vida nueva. Si Dios me
ha purificado, yo debo adorarlo en la plenitud de su Todo. (San Gregorio Nacianceno: Tres luces que son una
Luz. Poemas dogmáticos)

6- Foro: Porqué son tan importantes los concilios.

7- En el texto de J. H. Newman se mencionan a algunos padres de la Iglesia. Cuál es el


motivo de citarlos.

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