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Cuentos CORTOS

El documento contiene tres historias cortas. La primera historia describe a una niña que dibujaba gatos porque no podía tener uno de mascota y guardaba sus dibujos en diferentes lugares de su casa. La segunda historia presenta a una anciana llamada Doña Clara que teje animales de colores y los deja tirados en la vereda, lo que causa que a veces golpeen a las personas. La tercera historia cuenta cómo el abuelo del narrador disfrazó un camión de elefante para publicitar la zapatería donde trabajaba, lo que caus
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Cuentos CORTOS

El documento contiene tres historias cortas. La primera historia describe a una niña que dibujaba gatos porque no podía tener uno de mascota y guardaba sus dibujos en diferentes lugares de su casa. La segunda historia presenta a una anciana llamada Doña Clara que teje animales de colores y los deja tirados en la vereda, lo que causa que a veces golpeen a las personas. La tercera historia cuenta cómo el abuelo del narrador disfrazó un camión de elefante para publicitar la zapatería donde trabajaba, lo que caus
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Gatos de papel

Pintaba gatos porque no la dejaban tener uno. Cuando terminaba, siempre


guardaba sus dibujos de la misma manera. Uno en una caja de cartón, otro
detrás de la estufa, dos en el sillón de la abuela y el último a los pies de su
cama.

LA DESORDENADA

A doña Clara te la encuentras en la esquina de Bandera con Catedral. Se la


pasa tejiendo animalitos con coloridas hebras de crin de caballo que ella
misma tiñe. En un trapo extendido en la vereda descansa su delicado
zoológico, el que se niega a pinchar con alfileres aunque se le vuele. Por eso,
día por medio, a un taxista le golpea el vidrio una libélula azul o a una señora
pituca le pega en el ojo una ranita anaranjada. Doña Clara no hace ni el
amago de rescatarlas. Se ríe no más de la cara que pone la gente.

EL ELEFANTE

Mi abuelo era muy ingenioso. Cuando la zapatería en la que trabajaba


necesitó publicidad, se le ocurrió traer un elefante. Esto fue en un tiempo en
que los circos ambulantes eran casi inexistentes y ver a un elefante era tan
probable como ver a un unicornio. Días antes de que llegara, la gente ya
hablaba de ello en las calles: “¡Viene el elefante!”. Cuando finalmente llegó,
resultó ser un camión disfrazado. La gente estalló en carcajadas incrédulas y,
siguiendo al camión en su paso, armaron un desfile improvisado. Durante
años los niños dibujaron elefantes con ruedas.

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