DEMENCIA FRONTOTEMPORAL (DFT)
Hace cinco años, Elisa T. fue diagnosticada con demencia frontotemporal (DFT).
Elisa es la menor de 6 hermanos y siempre se destacó por ser muy trabajadora y esforzada. Fue
madre a los 16 años, por lo que fue obligada a casarse. Logró desempeñarse profesionalmente
como vendedora de AFP. Estuvo casada durante 15 años y luego se separó.
Transcurridos unos años, volvió a contraer matrimonio, pero es en esta etapa de su vida donde,
si bien se preocupaba mucho de sus hijos y respondía en su trabajo, también comenzó a
desarrollar adicciones por el alcohol y drogas duras como la cocaína.
Con el paso de los años comenzaron los primeros signos de alerta en relación a su
diagnóstico: olvidaba dónde dejaba las cosas, no desenchufaba la plancha de pelo, prendía la
cocina sin ollas.
También comenzó a presentar temblores, rigidez, mala coordinación, risas y llantos
inadecuados, lo que perjudicó su vida familiar, laboral y amorosa.
Elisa actualmente tiene 62 años y presenta una dependencia total, necesita ayuda en las
actividades básicas de la vida diaria (ABVD) varias veces al día y por su pérdida total de
autonomía física, mental, intelectual y sensorial, necesita el apoyo indispensable y continuo de
una tercera persona.
Al tener necesidades de apoyo generalizado para su autonomía personal, su pareja decide
internarla en un asilo de ancianos, ya que sus hijos no la visitan desde hace 2 años y su deterioro
se acelera de manera abrupta al no recibir estímulos cognitivos, kinestésicos, motores y
fonoaudiológicos.
SITUACIÓN: HIPOTÉTICA.
FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA.