LA
MISA DE DIFUNTOS
“REQUIEM”
1. Introducción
(Para escuchar algún coro gregoriano cantando estas piezas, basta con
poner en Google: Requiem, o bien: Youtube Requiem. Sólo hace falta poner
dos o tres palabras con las que comienza la antífona que interese)
Tal como dice el Catecismo de la Iglesia: «La Iglesia peregrina, perfectamente
consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los
primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los
difuntos y también ofreció por ellos oraciones; “porque es una idea santa y
provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados” (2 M
12,45). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también
hacer eficaz su intercesión en nuestro favor» (n. 958). Esta última expresión
merece una atención especial.
La Misa gregoriana de Requiem encierra una riqueza tan grande que pasó a ser la
Misa más trabajada por el canto post-gregoriano, sea en la polifonía como en
conciertos. Y los nombres de estos compositores son verdaderamente importantes
(por ej. la primera conocida después de la gregoriana es de Johannes Ockeghem
hacia 1460, luego, entre otros nombres, Palestrina, Mozart, Brahms -1860-). Ellos
supieron ver dentro de esta Misa Gregoriana, tan simple, una riqueza especial que
cada uno desplegó, a su manera, en obras magistrales.
Pero es muy importante agregar que la Misa de Requiem gregoriana contiene un
enfoque teológico-espiritual que no siempre fue respetado por la tradición musical
posterior al siglo XV. En efecto, hay una clarísima diferencia entre el carácter que
tuvo la Misa de Difuntos desde el siglo IV al XI (por interés especial de los monjes
de Cluny), y la que se formó -especialmente en el mundo de la música profana- a
partir del siglo XV hasta la restauración del gregoriano en el siglo XVIII. Es un
hecho curioso notar cómo la Misa gregoriana, en su esencia, se mantuvo fiel a ese
espíritu inicial más allá de que los textos del Misal, o las lecturas, fueran
cambiando de enfoques a lo largo de los siglos siguiendo más a la música y
perspectiva profana que a la gregoriana. También hay que anotar que la
introducción del poema Dies irae a partir del siglo XIV, como parte de la Misa
gregoriana, afectó en forma muy temprana su espíritu original, restaurado a partir
del Vaticano II con un Misal y Leccionario acorde a su verdadero y originario
espíritu teologal conservado por las melodías que ahora veremos.
La Misa que nos ha llegado a nosotros, y que aquí comentamos, según Sylvain
Gasser1, encierra una plegaria al Señor, cargada de una sensibilidad humana muy
fina. El compositor supo dar a esos sentimientos tan humanos una carga de
plegaria y piedad que la hacen una Misa muy particular. La presencia del modo 6,
tanto en el Introito como en el Kyrie, llamado el “modo de la piedad”, transfigura
los sentimientos ante la muerte sin caer en una espiritualización o
deshumanización de los más profundos sentimientos de la Fe. Ella sufre cambios
con el paso de los siglos que la Iglesia fue descartando por no corresponder a esos
sentimientos originales, como fue la introducción del Dies Irae (del franciscano
menor del siglo XIII, Tommaso de Celano) que está influenciado por
condicionamientos históricos (la terrible Gran Peste que sufre Europa en el siglo
XIV). Esto tuvo su correspondiente en la polifonía y en la música orquestal. Se dice
que la Misa de Requiem de Verdi está totalmente volcada hacia el tema de la
liberación del infierno, representado por un verdadero infierno de notas y sonidos,
en cambio la de Duruflé vuelve a la sencillez del original gregoriano y se mantiene
dentro de su espíritu teológico de las postrimerías humanas. Sin embargo, la
tentación de transformarla en una Misa del juicio final o casi apocalíptica, siempre
siguió latente. Pero no cabe duda de que el Requiem gregoriano pasó a ser un
“genero musical propio”, explotado en distintos campos del arte musical,
respetando su nombre original gregoriano: Misa de Requiem.
2. Análisis del Introito
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Aconsejamos leer: http://www.croire.com/Definitions/Fetes-religieuses/Jour-des-morts/Le-requiem-
chant-pour-le-repos-des-defunts.
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En primer lugar debemos tener en cuenta que el texto usado en el Introito y que
dio el nombre a esta Misa (Requiem aeternam…) pertenece a un libro Apócrifo (o
pseudoepigrágico) del Antiguo Testamento (IV Esdras cap. 2), cosa muy llamativa,
habiendo podido elegir del Nuevo o Antiguo Testamento. Con lo cual queda muy
claro que el texto fue buscado de un modo muy especial. Se trata de un texto de
origen judío, del siglo I, en el que el autor plantea al arcángel Uriel, en medio de las
tribulaciones que vive Israel, sobre el por qué de todo ello y sobre el destino de los
justos que mueren en medio de tantas desgracias. Dos temas doctrinales afloran de
modo casi constante: por una parte, Esdras pregunta qué pasará luego de la
muerte, cuando el alma abandone el cuerpo. “¿Estaremos en reposo mientras llega
el tiempo del Juicio?”. El ángel responde afirmando que las almas de los justos van
a Dios, y las de los impíos “no entran en la morada eterna, sino que andan errantes
y son castigadas, atormentadas y afligidas”. No tienen “reposo”.
Los textos elegidos para la Misa de Difuntos latina están tomados de los dos
primeros capítulos, agregados en latín por una tradición cristiana, en los que se
explica que la recompensa de la “luz” será en compensación por las oscuridades
vividas en esta vida y sus tribulaciones. A ello se refieren tanto el Introito como la
Comunión que veremos aquí.
Dentro del marco judaico de este texto, el “reposo” (requiem) hace referencia,
indudablemente, al Shabat de los israelitas. El Shabat se refiere al descanso de Dios
luego del último día de la creación. Ese descanso se extendió como institución en la
vida de Israel, tanto en el ritmo semanal como en el año sabático. Sin embargo, la
deformación y el legalismo que trajo como consecuencia ya había sido denunciado
por los profetas, especialmente Isaías. El reposo que Dios quiere es el dejar de
pecar, el no cometer más injusticias. En tiempos de Cristo a ese legalismo se suma
la convicción teológica de que el mismo Dios está sometido a esa ley de descanso,
que termina siendo una muerte. Muerte del hombre que la observa
“farisaicamente”, y muerte de Dios que pierde libertad para salvar una vida en
Sábado. Por eso el Señor Jesucristo no sólo denuncia esa falsa concepción del
reposo, sino que además, por sus obras, termina mostrando que Él es Señor del
Sábado. Es más, que Él es el Sábado, es decir, el reposo del alma (Mt 11,30), y que
en sábado Él realiza las obras y milagros más portentosos: la resurrección. De allí
que ese reposo sabático no es quietud mortecina, sino vida en abundancia. A ese
reposo se refiere esta Misa de Requiem. Es lo que decía el texto del Catecismo: los
difuntos interceden o, como diría santa Teresita, comienzan su reposo definitivo de
todo lo que era maldad y limitación en su obrar. Ahora comienzan su verdadero
obrar, su obra de amor que nunca hubiesen podido desplegar en esta vida. Es la
Resurrección. El reposo que celebramos en la Misa de Requiem no es el ingreso en
la inactividad de Dios, ni el reposo del trabajo manual de los israelitas, ni el
desprendimiento de lo material, como lo presentaba el platonizante Filón, ni el
cesar de pecar de Isaías. El reposo que se canta en esta Misa es Cristo. Él mismo
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dijo ser el “reposo” (Mt 11,30), antes que sus discípulos comenzaran a arrancar -
trabajando- espigas en sábado (Mt 12)2. Un detalle de la Misa actual de Requiem,
que vuelve a ubicarla en todo su sentido Vital y cristológico, es la aparición del
Alleluia antes del Evangelio (esta Misa parece no haberlo tenido nunca). El Alleluia
es el canto de Cristo Resucitado, de la vida plena que ha vencido hasta el límite
humano de la muerte.
Volviendo al IV Esdras, hay que decir que inspiró otras piezas gregorianas que se
cantan actualmente.
Por otra parte el repertorio entero de la Misa de Requiem, que tal vez comenzó a
formarse en Roma en el siglo IV, señala como piezas originales seguras el Introito y
Gradual (es el mismo texto del Introito, y la melodía era muy simple). Las otras
piezas difieren según los manuscritos y tradiciones, y también hay testimonios de
que había dos esquemas más para el canto en la Misa de Difuntos.
También hay que señalar que el Tracto Absolve (que reemplazaba el Alleluia
actual) competía con el De Profundis, según testimonian los manuscritos del siglo
XI. El tracto de origen romano tenía casi la simplicidad del Introito. El ofertorio en
cambio parece haberse mantenido el que llegó de Roma por pedido de
Carlomagno. La Secuencia Dies Irae pertenece al siglo XIV. Su lugar original en la
liturgia era el 1º Domingo de Adviento, por tratar del juicio final y no de la muerte,
como corresponde a una Misa de Difuntos. Por eso hoy figura al fin del año
litúrgico como himno para la semana que antecede a ese Domingo de Adviento. La
Comunión Lux aeterna, también de IV Esdras, sería original gregoriana. La Misa
original no poseía Alleluia.
Otra característica es que esta Misa tiene un Kyrie y Sanctus propio, y el Agnus Dei
tenía un agregado, que fue quitado (el último Agnus, en vez de decir “danos la paz”,
decía “concédeles el descanso”).
Entrando en el análisis, se trata de una Misa en la cual la estética encierra toda una
visión teológica que enriquece el texto de un modo particular.
El Introito de esta Misa marca toda su mística y le da unidad al conjunto de las
piezas.
1ª FRASE MUSICAL
La pieza, construida en el modo 6, responde perfectamente a lo que decía Cluny de
este modo: es el modo de la piedad, pero una piedad simple, la piedad madura pero
del que ve con ojos de infans. Por eso no es llamativo que, siendo el modo 8 el
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Cf. DANIÉLOU, J., The Bible and the Liturgy, Indiana 1956, 225 (todo ese capítulo es de una gran
riqueza para comprender el trasfondo bíblico-teológico de esta Misa de Requiem).
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modo Pascual por excelencia, en el II Domingo, Quasimodo, el Introito y la
Comunión (Mitte) están construidos con este modo 6 (“como niños recién
nacidos...”). Y de hecho es un modo tan simple que sus melodías se graban
inmediatamente y pueden ser reproducidas con facilidad. Es un modo que busca
que el texto brille con toda su riqueza propia. Es como que el compositor sacó el
modo de adentro del texto. Frente al texto escrito, en el cual lo que importa es lo
que se dice, en el canto lo importante es cómo se dice. Y aquí, en el Introito, tanto
quien lo compuso y el que lo canta se llena de serenidad, por esa paz que trasmite
el modo 6 que casi no sale de la nota fundamental FA. Allí es donde “reposa” el
cantor y donde hayan su reposo los difuntos. Por eso el Reposo es para ellos y para
el que lo canta. Y, sobre ese estar reposando sobre la seguridad que da la
Fundamental, la pieza hace una pequeña ascensión a la dominante en “Aeternam”.
Pero la pieza, para no perder ese carácter de reposo hace esta subida paso a paso,
escalonada. Hay que cuidarse de no confundir con el espíritu de un modo 7 o 3 que
sube por saltos de tres o cuatro notas. El modo 6 sube de a pasos pequeños, para
no perder el clima que da la fundamental. Y esa subida al “aeternam”
inmediatamente se vuelve hacia abajo, a la Fundamental, dándole a toda la
expresión ese clima de paz y serenidad que tuvo desde la entonación.
En la siguiente expresión: Dona eis Domine, la melodía adquiere una gran
intensidad debido al carácter suplicante del texto, que lo diferencia claramente de
la entonación inicial como de lo que sigue de la pieza. Esa intensidad de la súplica -
amplificada por el sonido dental del “i” de “dona eis”- y una subida hasta la quinta,
le da toda su riqueza orante a esta súplica por los difuntos. Después de esta subida
intensa y bien marcada, la melodía vuelve enseguida al reposo cadencial de la
fundamental, en la palabra “Domine”. Tanto el “requiem” inicial como el Señor
están en la misma ubicación, musical y teológica.
2ª FRASE MUSICAL
Ahora, una vez vista la primera frase musical, podemos darle todo su valor a lo que
sigue. Este es un principio de análisis de toda melodía. La primeras notas de una
pieza marcan el entramado esencial y, a partir de ese entramado hay que ver,
musicalmente, dónde coloca los acentos y los conceptos fundamentales que siguen:
aquello que ubica en la Fundamental, lo que pone sobre la resonancia de la
Dominante (que en los modos auténticos es la quinta) y qué deja el compositor
para los grados intermedios y secundarios de la melodía). En nuestro caso, desde
este punto de vista, sea por tratarse del modo 6, sea porque el compositor lo ha
elegido así, el pedido fundamental del “Reposo” está en la Fundamental. Por eso
tenemos que ver, en lo que sigue, qué otra cosa coloca el compositor en esas notas
que ya ha utilizado y categorizado, especialmente para referirse al “reposo”.
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La segunda frase musical hace un cambio muy importante: deja la Fundamental,
que esencialmente da el clima del Requiem, para construir la melodía en torno a la
Dominante. El texto dice: et lux perpetua luceat eis Domine. Ya el arranque muestra
ese cambio profundo de dejar la Fundamental y empezar en su principal
resonancia, que en el modo 6 es el LA. Las dos partes que componen esta segunda
frase arrancan en el LA y las dos se refieren a la luz: “et lux” y “luceat”. El
compositor, luego de haber pedido por el “reposo”, usando la Fundamental, ahora
pida la luz, empleando la Dominante LA, arriba. Sin embargo no suena a
estridencias y salto brusco. La Dominante, en el modo 6, es totalmente hermana de
la Fundamental RE.
Sin embargo hay otro aspecto en esta pieza, y al que siempre deberíamos estar
atentos: la “luz perpetua” que pide para los difuntos brilla en toda la pieza gracias a
la claridad de las vocales: casi todas las palabras están compuestas por “a”, “e”, “i”.
Gracias a este uso de las vocales claras, y a la carga de notas con que se revisten
algunas en particular, la pieza pierde, musicalmente, sonoramente, todo tipo de
oscuridad o tinieblas.
3. Análisis del Kyrie XVIII B
El Kyrie está compuesto en el mismo modo 6 que el Introito, y es propio y forma
una unidad, en todo sentido, con la Misa de Difuntos.
El Kyrie también responde de un modo pleno al “ethos” del modo 6: la piedad. El
primer Kyrie, que asciende gradualmente, sin exclamaciones estridentes, para
pedir piedad, “eleison”. La fuerza que toma el bemol para dar toda la expresividad,
antes de la cadencia, suave por naturaleza, en el podatus de la “e” del Kyrie.
Luego, la cadencia del eleison, suave por naturaleza, recibe un leve toque de acento
en la “e” del “eleison”, para volver a apoyarse suavemente en la Fundamental en las
dos últimas sílabas “i-son”: la piedad del Señor. Con ello todo el clima musical se
mueve dentro de esa piedad que, con profunda reverencia los cantores deben
saber retener levemente.
El Christe eleison tiene la misma estructura musical y tono suplicante.
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El último Kyrie, saliendo de la simple repetición, intensifica el clamor de piedad
subiendo a la quinta y bajando inmediatamente a la Fundamental en una cadencia
rápida. Luego vuelve sobre el Kyrie para cargarlo con otra cadencia, ahora más
suave y acorde al modo 6. Y todo se cierra con el “eleison” que repite la
construcción cargada de piedad que ya vimos.
4. Análisis del Alleluia
Como ya vimos, el Alleluia no parece ser un componente original de la Misa de
Requiem, al menos en lo que hace a la provisión de una melodía. Lo decimos así
porque san Jerónimo nos deja un claro testimonio de que el Alleluia estaba incluido
entre los cantos funerales. Así lo relata él respecto de los funerales de Fabiola
(399) en la Carta 77. Por otra parte la liturgia mozárabe presenta en el Introito la
inclusión, intercalada, del Alleluia (Tu es portio mea Domine, Alleluya, Concilio
Toledo 633, canon 11). Sin embargo, no se puede asegurar que haya habido un
Alleluia en el lugar que le dio hoy el Vaticano II, antes del Evangelio de la Misa de
Requiem.
Para nuestro Alleluia se ha tomado la melodía prestada, construida en el modo
pascual por excelencia, el modo 8. Además la terminación es exactamente igual al
triple Alleluia de la Vigilia Pascual.
Después de la entonación entera del Alleluia, (tomada de un formulario común (cf.
Misa de la Noche de Navidad), el versículo repite el texto que ya vimos en el
Introito: Requiem aeternam.... Teniendo en cuenta que el Alleluia es de una agilidad
inesperada dentro del conjunto de las piezas de esta Misa, el versículo, que
también conserva la melodía del mismo formulario, comienza con un gran
dinamismo sobre la Dominante DO que es intensificado por un freno inicial sobre
el “Re” de Réquiem. A partir de allí la melodía desarrolla lo que ya hemos visto en el
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Introito: 1. el reposo, y 2. la luz perpetua, sólo que ahora el clima general es
jubiloso, de gozo, y más que insistir sobre una dimensión suplicante, presenta, en
cambio, una situación como ya dada, alcanzada. Es lo propio del Alleluia y debe
respetarse ese clima de convicción firme, antes de la proclamación del Evangelio.
5. Análisis de la Comunión
En la Comunión se invierte el pedido del Introito, empezando con la Luz y
siguiendo, en el versículo, con el descanso. La pieza es de una extrema simplicidad,
sin embargo su modo 8 le da su consistencia Pascual. El pedido de la luz la hace
brillar en el DO. Ahora en esa luz están también los santos, eternamente. Pero
nuevamente, como en el Introito, mientras todo y todos giran en torno a la
dominante, el Señor está en la fundamental porque, como dice el mismo texto, es
piadoso. Es un final en el que el cantor debe tocar el corazón del Señor, diciéndole
el motivo que fundamenta el pedido, y que es totalmente gratuito: “porque eres
piadoso”. En rigor esta expresión es un definición de Dios mismo, y su nota
distintiva es “la misericordia”. Es a este nombre, dado por Dios en el Éxodo (34,6),
es a este Dios a quien recurre la liturgia continuamente, mucho más que la teología
especulativa. Y tal vez el motivo es que la liturgia no es abstracta, sino que celebra
las “mirabilia Dei” en la historia, como en el Éxodo, y esa historia, tal como la
presentan principalmente los salmos, es una historia de la misericordia de Dios
para con los suyos. Otra vez tenemos que decir que grandes composiciones de la
Misa de Réquiem se alejaron mucho de ese “Dios misericordioso”, para trabajar
más con el tema del juicio y el Juez, que cerrará la historia con justicia (no olvidar
que en la Vigilia Pascual, luego del triple Alleluia, se canta como versículo:
Confitemini Domino... quoniam in saeculum misericordia eius).
Y, por eso, para hacer este cierre teológico en la eucaristía, el canto gregoriano ha
elegido esta expresión: quia pius es. Y, para resaltarla, sale del ámbito de los agudos
y la Dominante DO, para irse por debajo de la Fundamental SOL y, desde el MI hace
una construcción escalonada, sin saltos, que pasa por encima de la Fundamental
para remarcar bien el acento del nombre de Dios “Pius” en el LA, y así volver a caer
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suavemente en el SOL, apoyando su súplica en ese solo argumento: porque Tú eres
misericordioso. Así es como el Señor espera encontrar a los suyos en el juicio, tal
como dice en el Apocalipsis: dignos más de misericordia (Ap 3,17), que de alabanza.
Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré
en su casa y cenaré con él y él conmigo (Ap 3,20). Esa es la verdadera naturaleza de
la Eucaristía como juicio de Dios, como los evangelios presentan la Última Cena.