Madre querida
Virgen María, madre querida, me consagro a ti y pongo entre tus manos toda mi existencia.
Acepta mi presente con todo cuanto hay en él. Acepta mi futuro con todas mis
posibilidades.
Te entrego mi inteligencia, voluntad y corazón.
Coloco entre tus manos mi libertad, mis anhelos, temores y esperanzas, tristezas y alegrías.
Protege mi vida, vela por mis acciones a fin de que siendo fiel a Dios pueda con tu ayuda
alcanzar la salvación.
Te consagro mi cuerpo y mis sentidos a fin de que se conserven puros y me ayuden a
practicar la virtud. Te consagro mi alma a fin de que la preserves del mal. Hazme participar
en una santidad como la tuya; hazme conforme a Cristo ideal de mi vida.
Te consagro mi entusiasmo y mi ardor; mis estudios y trabajos. oye no envejezca nunca en
la vivencia de la fe.
Te entrego mi capacidad y mi afán de amar; enséñame a amar como has amado y Jesús
quiere que amen.
Te confió mis dudas y congojas. Que halle en tu corazón inmaculado seguridad, luz y sostén
en todos los momentos de mi vida.
Acepto las renuncias y serifios que porta esta ofrenda y prometo con la gracia de dios y tu
ayuda ser siempre fiel a este compromiso. María soy todo tuyo, cuanto tengo es tuyo,
ahora y para siempre. Amen.
Oración de San Juan Pablo II
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios por quien se vive y Madre de la Iglesia!,
Tu que manifestáis tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu hijo Jesús, único
redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificó escondido y silencioso, a ti, que sales al
encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todo nuestro ser y todo
nuestro amor. Te consagramos también toda nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras
alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y
somos lo pondremos bajo tu cuidado, Señora y Madre Nuestra.
Oración al santísimo sacramento
Ya estoy aquí señor, arrodillado ante la cárcel de tu amor
inmenso, Cárcel oculta con el velo denso del misterio que
encubre Tu dolor.
Ya estoy aquí Señor amado, para pedirte luz en mis noches,
fuerza en, mi quebranto y para que aceptes las gotas de mi
llanto, como tributo de perenne amor.
¿Qué te daré Bien mío por tus dones por tu Sangre Divina, mi
bebida, por tu Carne Sagrada, mi comida?
¿Qué quieres Jesús mío que te dé?
Lo sé mi corazón eso ambicionas, pero está lleno de mortal
tristeza, del huérfano recuerdos de dolor.
Mas lo pides, entero te lo ofrendo, tiene cardos Señor y tiene
espinas y punzaran talvez manos Divinas, Tus manos taladradas
por mi amor. Si así lo quieres, estero te lo ofrezco, dame a
cambio valor en mi tristeza, negra es mi noche y llena de dolor
el alma mía sollozando va…
Sé Tú mi Compañero en el desierto, como eres mi Comida en el
Santuario,
¡Oh, amante Prisionero del Sagrario, dulce Jesús no te olvides
de mi orfandad!