Por W. J.
Seaton (Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de
Inverness, Escocia)
Prefacio:
Difícilmente hay otra palabra que despierte tanta sospecha, desconfianza y aun
animosidad entre quienes profesan el cristianismo, como la palabra Calvinismo.
Y sin embargo, el rechazo que brota contra este sistema y contra todos
aquellos que lo abrazan y lo predican, es un celo que no es conforme a ciencia.
El siguiente artículo ha sido escrito con la esperanza de que mucho del insulto
que ha sido arrojado sobre el sistema de teología calvinista sea retirado; y de
que la verdad de esta gran enseñanza, la cual fue la columna vertebral de
nuestros padres en la fe, y fortaleza de la iglesia en una época mucho más
gloriosa que la nuestra, pueda ser vista con claridad.
Introducción
Debemos iniciar en Holanda, en el año de 1610. Jacobo Arminio, un profesor
holandés, muere, y sus enseñanzas son formuladas por sus seguidores,
conocidos como “Arminianos,” en cinco puntos principales de doctrina. Hasta
ese momento, las iglesias de Holanda, en común con la mayoría de las iglesias
protestantes de Europa, habían adoptado las Confesiones de Fe de Bélgica y de
Heidelberg, las cuales se apegan a las enseñanzas Reformadas (es decir,
calvinistas). Sin embargo, los Arminianos querían cambiar esta posición, y
presentaron sus cinco puntos en la forma de una queja o protesta ante la Corte
holandesa. Los cinco puntos del Arminianismo eran los siguientes:
1. El libre albedrío o la capacidad humana. Este punto enseñaba
que el hombre, aunque afectado por la caída de Adán, tenía la
capacidad espiritual de escoger el bien espiritual, y era capaz de
ejercitar la fe en Dios, a fin de recibir el Evangelio, y de este modo
obtener por sí mismo la salvación.
2. La elección condicional.Este punto enseñaba que Dios puso Sus
manos sobre todos aquellos individuos que sabía, o preveía, que iban
a responder al Evangelio. Dios eligió a aquellas personas que Él vio
que querrían ser salvadas por medio de su libre albedrío, a pesar de
su estado natural caído; por supuesto que, de conformidad al primer
punto del Arminianismo, este estado no era de caída total o de
depravación total.
3. La redención universal o expiación general. Este punto
enseñaba que Cristo murió para salvar a todos los hombres; pero sólo
de un modo potencial. La muerte de Cristo hizo posible que Dios
perdonara a los pecadores, pero únicamente a condición que ellos
creyeran.
4. La obra del Espíritu Santo en la regeneración está limitada
por la voluntad humana.Este punto enseñaba que el Espíritu
Santo, cuando comienza la obra de traer a una persona a Cristo,
puede ser eficazmente resistido y Sus propósitos frustrados. No podría
impartir vida a menos que el pecador quisiera voluntariamente que
esta vida le fuera impartida.
5. La caída de la gracia.Este punto enseñaba que un hombre salvo,
podría final y definitivamente perder la salvación. Esto es, por
supuesto, el resultado lógico y natural de todo el sistema. Es decir, si
el hombre debe tomar la iniciativa en su salvación, es él quien debe
retener la responsabilidad del resultado final.
Los cinco puntos del Arminianismo fueron presentados al Estado y fue
convocado un Sínodo Nacional de la Iglesia para reunirse en Dordt, en el año
de 1618, para examinar las enseñanzas de Arminio, a la luz de las Escrituras. El
Sínodo de Dordt sostuvo 154 sesiones durante un período de siete meses, pero
al final no se pudo encontrar ninguna base sobre la cual reconciliar el puno de
vista Arminiano, con lo expuesto en la Palabra de Dios. Entonces, el Sínodo de
Dordt formuló sus cinco puntos del Calvinismo, para contrarrestar al sistema
Arminiano, afirmando así la postura sostenida por la Reforma, y formulada por
el teólogo francés Juan Calvino. Algunas veces estos puntos son presentados en
forma de un acróstico, usando la palabra “TULIP” (siglas en inglés, Tulipán en
español), como sigue:
T Total Depravity (Depravación Total)
U Unconditional Election (Elección Incondicional)
L Limited Atonement (Redención Limitada o Particular)
I Irresistible Calling (Llamamiento Eficaz o Irresistible)
P Perseverance of the Saints (Perseverancia de los Santos)
Como puede verse con facilidad, estos cinco puntos están en completa
oposición a los cinco puntos del Arminianismo. El hombre es totalmente incapaz
de salvarse a sí mismo, porque está “totalmente” caído, a causa de la caída en
el huerto del Edén. Y si es incapaz de salvarse a sí mismo, entonces Dios debe
salvarle. Y si Dios debe salvarle, entonces Dios debe ser libre para salvar a los
que Él quiera. Si Dios ha decretado salvar a los que Él quiere, entonces, es por
éstos por quienes Cristo hizo expiación en la cruz. Y Si Cristo murió por ellos,
entonces el Espíritu Santo les llamará eficazmente a la salvación. Entonces, si la
salvación ha venido desde el principio de Dios, también el fin vendrá de Él, y así
los creyentes perseverarán para el gozo eterno.
Estos son los así llamados Cinco Puntos del Calvinismo. Vamos a proceder
ahora a examinarlos con más detalle, puesto que están basados firmemente en
la Palabra de Dios; y fueron sostenidos tenazmente por nuestros antepasados
“en la fe que ha sido una vez dada a los santos.” Y por aquella fe estamos
dispuestos a contender con valor. Veremos la verdad a la cual se refirió Charles
Haddon Spurgeon, cuando declaró: “No es ninguna novedad, entonces, lo que
estoy predicando; no es una nueva doctrina. Amo proclamar aquellas grandes
doctrinas antiguas apodadas Calvinismo, pero que son verdaderamente la
verdad revelada de Dios, tal como es en Cristo Jesús.”
1. LA DEPRAVACIÓN TOTAL
Al considerar el primero de los cinco puntos principales del Calvinismo,
ciertamente lo que debería impresionarnos es el hecho que este sistema
comienza con algo que debe ser fundamental en el asunto de la salvación, es
decir, la correcta valoración de la condición espiritual de la persona que ha de
ser salvada. Si tenemos puntos de vista deficientes o superficiales acerca del
pecado, entonces estaremos sujetos a tener puntos de vista equivocados en
relación a los medios necesarios para la salvación del pecador.
Si creemos que la caída del hombre en el huerto del Edén, fue solamente algo
parcial, entonces muy probablemente estaremos satisfechos con una salvación
atribuible parcialmente al hombre, y parcialmente a Dios. Cuán sensatas son las
palabras de J. C. Ryle en este punto: “Hay muy pocos errores y falsas
doctrinas,” dice, “cuyos principios no puedan ser atribuidos a un punto de vista
defectuoso acerca de la corrupción de la naturaleza humana. Errores en el
diagnóstico de una enfermedad, siempre traerán consigo fallas en la
administración del remedio. Igualmente, conceptos equivocados acerca de la
corrupción de la naturaleza humana, traerán siempre equivocaciones acerca del
gran antídoto y cura de tal corrupción.”
Completamente conscientes de la situación, los teólogos de la Reforma y todos
aquellos que formularon las enseñanzas reformadas en estos cinco puntos en el
Sínodo de Dordt, con recomendaciones basadas firmemente en las Escrituras,
declararon que el estado natural del hombre es un estado de depravación total
y, por lo tanto, hay una incapacidad total por parte del hombre para ganar o
para contribuir a su propia salvación.
Sin embargo, cuando los calvinistas hablan de depravación total, no quieren
decir que todo hombre sea malo hasta el límite de su maldad, ni que el hombre
sea incapaz de reconocer la voluntad de Dios; ni tampoco que sea incapaz de
hacer algún bien a sus semejantes, o aun de rendir una lealtad externa en la
adoración a Dios. Lo que quieren decir es que, cuando el hombre cayó en el
huerto del Edén, cayó en su “totalidad.” Es decir, que la personalidad completa
del hombre ha sido afectada por la caída, y el pecado se extendió a todas sus
facultades: la voluntad, la mente y los afectos o las emociones. Creemos que la
verdad que afirmamos es la enseñanza irrefutable de la Palabra de Dios. Los
siguientes pasajes de la Escritura representan una selección de algunos pasajes
que confirman la enseñanza calvinista de la depravación total.
La Biblia enseña con absoluta claridad que el hombre, por naturaleza,
está MUERTO: “. . . como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por
el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos
pecaron” (Romanos 5:12). La Biblia nos enseña que los hombres
son ESCLAVOS: “Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si
quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen
del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” (2 Timoteo 2:25-
26).
La Biblia enseña que los hombres están CIEGOS Y SORDOS: “Y les dijo: A
vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están
fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y
oyendo, oigan y no entiendan” (Marcos 4:11-12). La Biblia nos enseña que el
hombre natural (no regenerado), CARECE DE ENTENDIMIENTO
ESPIRITUAL: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del
Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se
han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:14).
La Biblia habla del hombre como siendo NATURALMENTE PECAMINOSO: 1)
Por nacimiento: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió
mi madre.” (Salmo 51:5). 2) Por práctica: “Y vio Jehová que la maldad de los
hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del
corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” (Génesis 6:5).
Este es entonces el estado natural del hombre. Por tanto, debemos
preguntarnos ahora: ¿Pueden LOS MUERTOS resucitarse a sí mismos?
¿Pueden LOS ESCLAVOS liberarse a sí mismos? ¿Pueden LOS CIEGOS darse
la vista a sí mismos o LOS SORDOS el oído? ¿Pueden los que CARECEN DE
ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL enseñarse a sí mismos? ¿Pueden los que
están INCLINADOS NATURALMENTE AL PECADO, cambiarse a sí mismos?
¡Ciertamente no pueden! “¿Quién hará limpio a lo inmundo?” pregunta Job, y él
mismo responde: “Nadie.” (Job 14:4). Del mismo modo, el profeta Jeremías
pregunta: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?” Y concluye
“Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer
mal?” (Jeremías 13:23).
¿Podría la Palabra de Dios mostrar más claramente con base en esto, que la
depravación humana es total, y que nuestra incapacidad para desear o procurar
la salvación es también total? Este cuadro es una descripción de un muerto; un
muerto espiritual. Somos como Lázaro en su sepulcro; estamos atados de pies
y manos; y la corrupción se ha esparcido por completo en nosotros. Tal como
no había ningún indicio de vida en el cuerpo muerto de Lázaro, así tampoco no
hay ninguna chispa de receptividad interna en nuestros corazones. Pero el
Señor realiza el milagro en ambos casos, el muerto físicamente, y el muerto
espiritualmente. Porque la Escritura dice de Él: “Y él os dio vida. . .” nos hizo
vivir a aquellos que estábamos “muertos en nuestros delitos y
pecados.” (Efesios 2:1). La salvación, pues, por su propia naturaleza, debe
ser “del Señor.”
2. LA ELECCIÓN INCONDICIONAL
Nuestro rechazo o aceptación de la verdad bíblica que enseña que la condición
del hombre por naturaleza es la depravación total, determinará en gran medida
nuestra actitud hacia el siguiente punto analizado en el Sínodo de Dordt. La
elección incondicional es correctamente expuesta en la Confesión Bautista de
Fe de 1689, la cual citamos enseguida como un resumen útil. La elección
incondicional es también sostenida, casi en términos idénticos, en la Confesión
de Fe de Westminster, en los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de
Inglaterra, y en las principales confesiones de casi todas las iglesias que tienen
raíces históricas.
“A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida,” dice la
Confesión Bautista, “Dios (antes de la fundación del mundo, según su propósito
eterno e inmutable y el consejo secreto y el beneplácito de Su voluntad), los ha
escogido en Cristo para gloria eterna, meramente por Su libre gracia y amor,
sin que Le moviera a ello ninguna cosa en la criatura, como condición o
causa.” (Capítulo 3, Artículo 5).
La doctrina de la elección incondicional se desprende en forma natural y lógica
de la doctrina de la depravación total. Es decir, si el hombre está de hecho
muerto, cautivo en el pecado, ciego, sordo, sin entendimiento espiritual e
inclinado naturalmente al pecado, entonces, el remedio para solucionar toda
esta condición, debe encontrarse fuera del hombre mismo, esto es, en Dios.
En el punto anterior hicimos la pregunta: ¿Puede el hombre resucitarse a sí
mismo? Y la respuesta inevitable es: por supuesto que no. Sin embargo, si
algunos hombres y mujeres son resucitados de su muerte espiritual, (nacidos
de nuevo es el término usado por el Evangelio de Juan), y puesto que
ellos no son capaces de llevar a cabo esta obra por sí mismos, entonces
debemos concluir que fue Dios quien los resucitó espiritualmente. Por otro lado,
puesto que muchos hombres y mujeres no han sido nacidos de nuevo o
vivificados, de la misma manera debemos concluir que es debido a que
Dios no los ha resucitado. Si el hombre es incapaz de salvarse a sí mismo, ya
que la caída en Adán fue una caída total, y si sólo Dios puede salvar, y si no
todos son salvados, entonces la conclusión debe ser que Dios no ha elegido
salvar a todos.
Esto no es una filosofía ciega, sino que es algo extractado de,
edificado sobre, sustentado por, y revelado en las Escrituras de
Dios. El tema es tan vasto como el océano mismo; nosotros hemos citado sólo
unos cuantos versículos claves y Escrituras que nos sirven de guía en este
portentoso mar.
La historia de la Biblia es la historia de la elección incondicional. Es extraño que
quienes se oponen a esta doctrina, no puedan reconocer esto. Algunos
creyentes tienen dificultad en creer que Dios pudiera pasar por alto a algunos y
escoger a otros; y sin embargo, no tienen dificultad aparente en creer que Dios
llamó a Abraham para que saliera del pueblo pagano de Ur de los Caldeos, y
dejara a los demás en su paganismo.
¿Por qué escogería Dios a la nación de Israel como Su “pueblo especial”? No
tenemos necesidad de especular al respecto, porque el libro de Deuteronomio
nos da la respuesta: “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha
querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de
todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó. . .” (Deuteronomio 7: 7-
8). (Nota del traductor: la versión King James en inglés traduce: “El Señor no
ha puesto su amor sobre vosotros, ni los ha escogido, debido a que vosotros
fuerais más numerosos que todos los pueblos; pues vosotros erais el más
insignificante de todos los pueblos. Sino porque el Señor os amó. . .”).
¿Por qué escogería Dios, haciendo completamente de lado las leyes familiares
de Israel, al hijo más joven de Jacob, en lugar del primogénito Esaú? Otra vez
debemos remitirnos a “la ley y el testimonio.” La Escritura dice: “(pues no
habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de
Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que
llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé,
mas a Esaú aborrecí.” (Romanos 9:11-13).
¿Cuál fue la doctrina que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, sino la
doctrina de la elección incondicional? “Y en verdad os digo que muchas viudas
había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y
seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas
fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos
leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue
limpiado, sino Naamán el sirio.” (Lucas 4:25-27). Nosotros conocemos el
resultado de que nuestro Señor predicara este mensaje: “Al oír estas cosas,
todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la
ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la
ciudad de ellos, para despeñarle.” (Lucas 4:28-29).
La falta de espacio nos impide hacer una descripción detallada de la soberanía
de Dios al escoger a Su pueblo; pero la verdad es clara: “No me elegisteis
vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros. . .” (Juan 15:16); “¿O no tiene
potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para
honra y otro para deshonra?” (Romanos 9:21); y “. . . a Moisés dice: Tendré
misericordia del que yo tenga misericordia. . .” (Romanos 9:15), y “según nos
escogió en él antes de la fundación del mundo. . . habiéndonos predestinados
para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto
de su voluntad.” (Efesios 1:4-5), y así sigue el testimonio de las Escrituras.
Reconocemos que hay una ‘clase de elección’ que es sostenida por muchos
creyentes hoy en día. Hablando en términos generales, esta elección se basa
en Romanos 8:29 “Porque a los que antes conoció, también los predestinó,
etc. . .” La idea de esta elección es más o menos como sigue: Dios,
dicen, previó a todos aquellos que iban a aceptar a Cristo, y de este modo Él
los eligió para vida eterna. En oposición a este punto, nosotros señalamos que:
1.- La presciencia de Dios es descrita en las Escrituras en conexión con las
personas y no con ninguna acción que la gente haya realizado. La Escritura
dice: “Porque a los que antes conoció. . .” Y otra vez Dios habla de este modo a
través de Amós: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la
tierra. . .” (Amós 3:2). Esto quiere decir que, sin tomar en cuenta ninguna
acción, buena o mala, realizada por ellos, Dios los “conoció” en el sentido de
que “los amó” y “los escogió” para que fueran Suyos. Es de este modo que Él
conoce previamente a Sus elegidos.
2.- Es inútil decir que Dios nos eligió debido a que Él vio algo que nosotros
haríamos, es decir, aceptar a Su Hijo. No somos escogidos debido a que
realicemos la buena obra de ‘aceptar’ a Cristo, sino que somos escogidos para
hacernos capaces de “aceptarle.” “Porque somos hechura suya, creados en
Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10).
3.- Tampoco sirve decir que Dios previó a todos aquellos que creerían y que
por esto los escogió. Hechos 13:48 deja esto muy claro: “y creyeron todos los
que estaban ordenados para vida eterna.” La elección no se debe a nuestra fe,
sino que nuestra fe se debe a que somos elegidos, debido a que somos
“ordenados para vida eterna.” 4.- De igual manera, decir que ejercitamos la fe
cuando aceptamos a Cristo, y que Dios previó esta fe, y por lo tanto, nos eligió,
solamente nos conduce un paso más hacia atrás, porque ¿de dónde obtuvimos
esa fe, para poder ejercitarla? Las Escrituras nos dan la respuesta, afirmando
que la fe es un don de Dios y no de nosotros mismos: “Porque por gracia sois
salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios.” (Efesios 2:8).
Ciertamente, en lugar de argumentar en contra de estas cosas, deberíamos
estar haciendo lo que el Espíritu Santo nos manda a través del apóstol Pedro:
“Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y
elección. . .” (2 Pedro 1:10).
3. LA EXPIACIÓN LIMITADA
Esta doctrina no solamente nos trae al tema central de los cinco puntos, sino
también a la realidad central del Evangelio, esto es, al propósito de la muerte
de Cristo en la cruz. Esto no es accidental. Los teólogos que asumieron la tarea
de defender las verdades de la Reforma Protestante, en contra de los ataques
del partido Arminiano, fueron siguiendo una línea bíblicamente lógica en sus
formulaciones, habiendo llegado así al eje mismo de la salvación.
Ante todo, ellos habían preguntado: ¿quién ha de ser salvado? La respuesta fue
‘el hombre.’ Pero las enseñanzas bíblicas a este respecto mostraban que el
hombre, en su estado natural, es totalmente incapaz de salvarse a sí mismo.
Así nosotros tenemos la enseñanza de la Biblia acerca del hombre, resumida
bajo el encabezado general de depravación total, o incapacidad total.
Segundo, puesto que algunos hombres y mujeres son indudablemente
salvados, entonces debe haber sido Dios mismo Quien los salvó, en distinción
del resto de la raza humana. Esta es la elección: “para que el propósito de Dios
conforme a la elección permaneciese. . .” (Romanos 9:11). Sin embargo,
como dice Spurgeon, esta elección sólo “marcó la casa donde la salvación
llegaría.” Todavía se requería de una completa, perfecta y
satisfactoria expiación por los pecados de los elegidos; así Dios podría ser, no
sólo un Salvador, sino un Dios justo y Salvador. Esta expiación, como todos
nosotros reconocemos, fue consumada a través de la sumisión voluntaria de
Cristo a la muerte en la cruz, donde Él sufrió bajo la justicia de este Dios justo,
y obtuvo la salvación que Él como Salvador había ordenado. En la cruz,
entonces, y sin duda todos nosotros aceptamos esto, Cristo llevó el castigo
y obtuvo la salvación.
Surge una pregunta ahora: ¿el castigo de quiénes llevó Cristo? Y ¿la salvación
de quiénes obtuvo? Hay tres opciones que podemos examinar, para considerar
este punto:
1.- Cristo murió para salvar a todos los hombres sin distinción.
2.- Cristo murió para no salvar a nadie en particular.
3.- Cristo murió para salvar a un cierto número.
El primer punto es sostenido por los llamados ‘universalistas.’ Dicen que Cristo
murió para salvar a todos los hombres y de esta manera ellos, por lógica,
suponen que todos los hombres serán salvados. Si Cristo ha pagado la deuda
del pecado, ha salvado, ha rescatado y ha dado Su vida por todos los
hombres, entonces todos los hombres serán salvados.
El segundo punto de vista es el llamado “Arminiano,” que sostiene que Cristo
obtuvo una salvación potencial para todos los hombres. Cristo murió en la
cruz, según este punto de vista, pero aunque Él pagó la deuda de nuestro
pecado, Su obra en la cruz no llega a ser eficaz hasta que el hombre ‘decide por
Cristo’ y de este modo es salvado.
El tercer punto de vista acerca de la expiación, es el llamado Calvinista, y dice
que Cristo murió positiva y eficazmentepara salvar a un cierto número de
pecadores merecedores del infierno, sobre quienes el Padre ya había puesto Su
libre y soberano amor electivo. El Hijo paga solamente la deuda de estos
elegidos, satisface la justicia del Padre por ellos, les imputa Su propia justicia a
éstos y así, están completos en Él.
Entonces, la muerte de Cristo sólo pudo haber sido por una de estas tres
razones: para salvar a todos; para no salvar a nadie en particular; o para
salvar a un cierto número. El tercer punto de vista es el que sostienen los
calvinistas y generalmente es llamado expiación limitada, o redención
particular. Cristo murió para salvar a un número específico de pecadores; esto
es, por aquellos que el Padre “. . . escogió en él antes de la fundación del
mundo.” (Efesios 1:4); por aquellos que el Padre le había dado del mundo,
todos aquellos “que me diste; porque tuyos son.” (Juan 17:9); aquellos por
quienes Él mismo dijo que derramaría Su sangre: “porque esto es mi sangre del
nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los
pecados.” (Mateo 26:28).
Nosotros afirmamos que ésta es la postura que realmente hace justicia
al propósito de Cristo al venir a esta tierra para morir en la cruz. “. . . y
llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus
pecados.” (Mateo 1:21). No a los judíos, ciertamente, porque los judíos no
fueron salvados como un pueblo. Jesús “amó a la iglesia, y se entregó a sí
mismo por ella.” (Efesios 5:25). “El cual fue entregado por nuestros delitos,
y resucitado para nuestra justificación.” (Romanos 4:25). ¿De quiénes habla
el Espíritu Santo cuando dice nuestros, nuestra? ¿Acaso está hablando del
mundo? Si es así, entonces los universalistas tienen la razón, porque Cristo fue
entregado ‘por los delitos del mundo’ y ‘resucitado para la justificación del
mundo;’ y así el mundo queda justificado delante de Dios. “Porque así como en
Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios
15:22).
Esto sólo puede significar que toda la posteridad de Adán muere en Adán,
como de hecho muere, porque “así la muerte pasó a todos los
hombres.” (Romanos 5:12). Pero toda la posteridad de Cristo, es decir, la
iglesia por la cual Él mismo se entregó, es vivificada en Él. ¿Por qué es esto así?
Ciertamente es así, porque ¡Él se dio a Sí mismo por ellos! “Por su
conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con los pecados
de ellos.” (Isaías 53:11, RVA). Y cuando Él consumó esto, estando colgado
en la cruz, dice Isaías en aquel gran capítulo 53 de su profecía, que “Verá el
fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho. . .” (Isaías 53:11). El
trabajo de Su alma al derramarla y ofrecerla por nuestros pecados, producirá
hijos espirituales para la alabanza de Su nombre, y Él será satisfecho, cuando
vea esta obra consumada.
No estamos pasando por alto el hecho que hay algunas Escrituras que se
refieren al ‘mundo,’ y muchas personas las han tomado como su punto de
partida en la cuestión de la redención. Sin embargo, cuando comparamos la
Escritura con la Escritura, vemos que el uso de la palabra ‘mundo’ no implica
necesariamente a ‘cada hombre y cada mujer en el mundo.’ Los fariseos
dijeron de Jesús: “Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras
él.” (Juan 12:19); sin embargo, no todas las personas iban tras de Cristo. La
expresión significa “toda clase de persona,” normalmente para referirse
juntamente a judíos y gentiles. (Nota del traductor: vea Romanos 11:11-12 y
note cuidadosamente el uso intercambiable de las palabras “gentiles y mundo.”
Para un estudio más a fondo de este tema recomendamos la lectura del libro
“Vida por Su Muerte,” del doctor John Owen).
La pregunta siempre debe ser la intención Divina: ¿tuvo Dios la intención de
salvar a todos los hombres o no? Si Él no intentó salvar a todos los hombres sin
excepción, sino solamente a los elegidos, entonces la obra de Cristo en la cruz
fue un éxito glorioso y estamos en lo correcto al creer que “Todo lo que el
Padre me da, vendrá a mí. . .” (Juan 6:37). Por otro lado, si la intención de
Dios fue salvar al mundo entero, entonces la expiación de Cristo ha sido un
gran fracaso, porque un vasto número de hombres no ha sido salvado. ¡Cristo
pagó nuestra deuda! ¿La deuda de quién? ¿La deuda del mundo, o de los
elegidos? Ciertamente, si un hombre ha sido rescatado por un redentor,
entonces la ley que él ha quebrantado debe quedar satisfecha, en razón de la
obra o del pago que el fiador hizo en su beneficio.
Si Tú has mi libertad logrado,
Y gratuitamente en mi lugar padeciste
La completa ira Divina;
Pago doble por Dios no será demandado,
De la mano sangrante de mi Fiador primero,
Y luego, otra vez,
de la mía.
4. LA GRACIA IRRESISTIBLE
Una vez más, este cuarto punto de la creencia del sistema calvinista, es el
resultado lógico de todo lo que hemos visto anteriormente. Si los hombres son
incapaces de salvarse a sí mismos debido a su naturaleza caída, y si Dios se ha
propuesto salvarlos, y Cristo ha consumado la salvación de ellos, entonces, se
deduce por lógica que Dios debe también proveer los medios para llamarles a
los beneficios de la salvación que Él ha obtenido para ellos. Sin embargo, el
sistema calvinista de teología, aunque profundamente lógico, es mucho más
que un mero sistema lógico. Es un sistema de creencia bíblica pura, que se
encuentra firmemente apoyado en la Palabra de Dios. Entonces, la doctrina de
la gracia irresistible no es un invento de los hombres que redactaron los Cinco
Puntos del Calvinismo en el Sínodo de Dort, sino la manifiesta revelación de la
santa Palabra de Dios. Por ejemplo, Romanos 8:30 dice: “Y a los que
predestinó, a éstos también llamó.” Es decir, Dios no sólo elige a los hombres
y mujeres para la salvación; Él también llama a todos aquellos que Él ha
elegido.
¿Qué quiere decir “gracia irresistible”? Nosotros sabemos que cuando el
Evangelio es predicado en la iglesia, o al aire libre, o a través de la Palabra de
Dios leída, no todas las personas hacen caso de su llamado. No todas las
personas llegan a ser convencidas de sus pecados y de su necesidad de Cristo.
Esto explica el hecho de que hay dosllamamientos. Existe no sólo un
llamamiento externo; sino también uno interno. El llamamiento externo
puede ser descrito como: “las palabras del predicador,” y este llamamiento,
cuando es realizado, puede obrar de diferentes maneras, en decenas de
diferentes corazones, produciendo diferentes resultados.
Sin embargo, hay una cosa que este llamamiento no puede hacer: no efectuará
la obra de salvación en el alma pecadora. Para que una obra de salvación sea
forjada en el alma, el llamamiento externo debe ir acompañado por el
llamamiento interno del Espíritu Santo de Dios, porque es Él quien “convencerá
de pecado, de justicia y de juicio.” (Juan 16:8). Y cuando el Espíritu Santo
llama por Su gracia a un hombre, a una mujer o a una persona joven, este
llamamiento es irresistible: es decir, este llamado no puede ser frustrado,
porque es la manifestación de la gracia irresistible de Dios.
Esta enseñanza es sustentada una y otra vez en la Palabra de Vida de Dios,
como por ejemplo, en los siguientes versículos y pasajes:
1.- “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo
fuera.” (Juan 6:37). Note que son aquellos que el Padre ha dado a Cristo (los
elegidos), los que vendrán a Él; y cuando vienen a Él, no son echados fuera.
2.- “Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga; y yo
lo resucitaré en el día final.” (Juan 6:44, RVA). Aquí, nuestro Señor está
diciendo simplemente que es imposible que los hombres vengan a Él por sí
mismos; el Padre debe traerlos.
3.- “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así
que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.” (Juan
6:45). Los hombres pueden oír el llamamiento externo; pero son aquéllos que
han sido enseñados por el Padre, quienes responderán y vendrán a Cristo. Así,
con Simón Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo
reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16:15-
17).
4.- “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos
de Dios.” (Romanos 8:14).
5.- “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre,
y me llamó por su gracia.” (Gálatas 1:15).
6.- “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo
adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de
las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9).
7.- “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en
Jesucristo. . .” (1 Pedro 5:10).
Ciertamente, una ilustración notable de esta enseñanza de la gracia irresistible
o llamamiento eficaz, es el incidente del cual leemos en Hechos 16. El apóstol
Pablo predicaba el Evangelio a un grupo de mujeres junto al río, en Filipos; y
mientras él estaba hablando: “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de
púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el
Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo
decía.”(Hechos 16:14). Pablo, el predicador, habló a los oídos de Lidia, y este
es el llamamiento externo. Pero el Señor habló al corazón de ella, y este es el
llamamiento interno de la gracia irresistible.
Los Arminianos creen que hombres y mujeres tienen la capacidad de resistir el
llamado del Evangelio de Dios, y así lo hacen. Por lo tanto, ellos se oponen
diciendo que no puede haber tal doctrina de la gracia irresistible de Dios.
Nosotros creemos que hombres y mujeres no sólo pueden resistir el Evangelio
de Dios, como de hecho lo hacen; sino que también, debido a su naturaleza
caída, deben resistir el Evangelio de Dios. Por lo tanto, es necesaria la
existencia de una doctrina como la doctrina de la gracia irresistible. En otras
palabras, nuestras almas deben ser puestas bajo una influencia más grande
que nuestra propia naturaleza, más grande que nuestra resistencia, o de lo
contrario estamos destinados a ser condenados para siempre, puesto que “el
hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios.” (1
Corintios 2:14).
Hay tres grandes fuerzas que trabajan en la obra de la salvación del hombre:
1.- La voluntad del hombre.
2.- La voluntad del Diablo.
3.- La voluntad de Dios.
¿Cuál de estas tres fuerzas tendrá la victoria? Si la voluntad de Dios no resulta
victoriosa en este asunto de la salvación, entonces, resultará victoriosa la
voluntad del Diablo, porque él es más fuerte que nosotros. Thomas Watson, un
antiguo puritano del siglo XVII, describió el asunto, vívidamente, en las
siguientes palabras: “Dios cabalga con fuerza, conquistando en el carro de Su
Evangelio. . . Él conquista el orgullo del corazón y hace que la voluntad, la
cual se resistía como una fortaleza real contra Él, se rinda y doblegue ante Su
gracia; y hace sangrar al corazón de piedra. ¡Oh, este es un poderoso
llamamiento! ¿Por qué, entonces, algunos hombres parecen hablar de una
persuasión moral? ¿Por qué dicen que en la conversión de un pecador, Dios
sólo persuade moralmente y nada más? Si en la conversión, Dios sólo pudiera
persuadir moralmente y nada más, entonces Él no pondría mucho más poder
en la salvación de los pecadores, de lo que el Diablo hace para su destrucción.”
¿Cuál voluntad obtendrá la victoria? ¿La nuestra? Pero, ¿acaso no se resistía, de
hecho, como una fortaleza real en contra del Señor? “Y no queréis venir a mí
para que tengáis vida.” (Juan 5:40). ¿Acaso la victoria será de la voluntad del
Diablo? Entonces, quién podría ser salvado jamás, puesto que la voluntad suya
será siempre más fuerte que la nuestra. Pero, ciertamente, este es el Evangelio,
que “uno más fuerte que el fuerte” aparece conquistando y para conquistar, en
el carro de Su Evangelio; y Él, efectivamente, conquista a Satanás, como
también al hombre débil, todo para la alabanza de Su irresistible gracia. (Vea
Lucas 11:21-23).
5. LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS (Los verdaderos
creyentes)
Ahora, como punto final, la doctrina de la perseverancia de los santos. Con el
fin de resumir, vamos a referirnos otra vez a la Confesión Bautista, la cual está
de acuerdo en este punto con las otras confesiones históricas de fe. “Aquellos a
quienes Dios ha aceptado en el Amado, y ha llamado eficazmente y santificado
por Su Espíritu, y a quienes ha dado la preciosa fe de Sus elegidos, no pueden
caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente
perseverarán en él hasta el fin, y serán salvos por toda la eternidad, puesto que
los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. . .” (Confesión Bautista
de 1689, Capítulo 17; párrafo 1). Nuevamente vamos a demostrar que esto
es exactamente lo que las Escrituras nos enseñan.
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen
hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre
muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que
llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos
también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién
contra nosotros?. . . Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni
ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto,
ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de
Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:29-31; 38-39).
Otra vez, tenemos que reconocer el hecho de que, todo lo que los hombres del
Sínodo de Dordt (y todos aquellos que enseñan de la misma manera), estaban
haciendo, era poner dentro de un pequeño esquema, en una forma sistemática,
las enseñanzas del Evangelio de la libre y soberana gracia de Dios. Si el hombre
no puede salvarse a sí mismo, entonces Dios debe salvarle. Si no todos los
hombres son salvos, entonces Dios no ha salvado a todos. Si Cristo ha hecho la
satisfacción por pecados, entonces, esta expiación es por los pecados de
aquellos que son salvados. Y si Dios se propuso revelar esta salvación en Cristo
a los corazones de todos aquellos a quienes Él escogió salvar, entonces, Dios
proveerá los medios necesarios y eficaces para realizarlo así. Por lo tanto,
si habiendo decretado salvar, habiendo muerto para salvar, y habiendo
llamado a la salvación a aquellos que jamás se salvarían por sí mismos;
entonces, Él también preservará a aquellos salvados hasta la vida eterna, para
la gloria de Su Nombre.
De este modo, siguiendo la depravación total, la elección incondicional, la
expiación limitada, y el llamamiento eficaz, llegamos a la perseverancia de
los santos. “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la
buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” (Filipenses 1:6). La
Palabra de Dios contiene múltiples referencias acerca de esta bendita verdad.
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere,
no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.” (Juan 6:39). “Y yo
les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi
mano.” (Juan 10:28). “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con
Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos
salvos por su vida.” (Romanos 5:10). “Ahora, pues, ninguna condenación hay
para los que están en Cristo Jesús. . .” (Romanos 8:1).
Este es el sello del creyente, que él pertenece a Cristo; que él está
perseverando en las cosas de Cristo; que él está procurando tanto más hacer
firme su vocación y elección. (Vea 2 Pedro 1:10). El creyente en Cristo puede
caer en la tentación, pero el Señor “no os dejará ser tentados más de lo que
podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida,
para que podáis soportar.” (1 Corintios 10:13). Así que el creyente se
fortalecerá y seguirá fortaleciéndose cada vez más, en las cosas relacionadas
con su salvación, para la gloria de Cristo.
Los versículos incomparables de Romanos 8:28-29, muestran la lógica en la
salvación eterna de Dios; la lógica que el Calvinismo afirma. La salvación que
comienza en la mente y el propósito de Dios, debe terminar en el completo
cumplimiento de Su inquebrantable propósito de que “aquellos que antes
conoció,” sean unidos eternamente con su Salvador.
CONCLUSIÓN
Entonces, en una forma general, esta es la enseñanza que algunas veces es
llamada Calvinismo. Lejos de ser una innovación del hombre, esta es la doctrina
de la Palabra de Dios, claramente formulada y expuesta. Sin embargo,
seguramente surgirá la pregunta: pero, ¿no estorba a la obra evangelística,
esta doctrina del Calvinismo? Una rápida mirada a la historia de la Iglesia de
Cristo en este mundo, será suficiente para invalidar tal opinión. Porque
encontraremos que el Evangelio ha florecido más en los lugares y en los
tiempos en que el pueblo de Dios ha sostenido estas doctrinas de gracia cerca
de sus corazones. Pensemos en el celo de William Carey, que le condujo desde
su taller de zapatos hasta hacer la obra evangelística por Cristo en la India.
William Carey era un sólido calvinista, como también lo fue Andrew Fuller, otro
bautista que ayudó a formar la Sociedad Bautista Misionera.
Considere las siguientes palabras del piadoso David Brainerd, aquel hombre que
creyó que los indios pieles rojas, al igual que los hombres blancos, tenían
también un alma: “Y entonces tuve dos deseos,” escribe Brainerd en su diario,
“mi propia santificación, y la salvación de los elegidos de Dios.” Uno de los
más grandes evangelistas de los tiempos modernos fue el también calvinista
George Whitfield; no obstante, su calvinismo nunca frustró o impidió su
predicación del Evangelio de Cristo: “Con cuánta pasión divina,” se dijo de él,
“exhortó a los pecadores a volverse a Cristo.”
El Calvinismo, si podemos usar esta palabra sin que seamos malentendidos, fue
también el Evangelio de Robert Murray M’Cheyne, como también lo fue de
Andrew Bonar, y William Burns, aquel gran líder del avivamiento y misionero en
China. Mártires, Reformadores, líderes de la Iglesia de Cristo en la tierra,
cuando hablan del Evangelio que ellos predicaron y por el cual murieron, hablan
del Evangelio de la gracia salvadora de Dios para su rebaño elegido
¿Cómo podría comenzar uno a enumerarlos? Lutero, Calvino, Tyndale, Latimer,
Knox, Wishart, Perkins, Rutherford, Bunyan, Owen, Charnock, Goodwin, Clavel,
Watson, Henry, Watts, Edwards, Whitefield, Newton, Spurgeon, todos ellos son
sólo un puñado del noble ejército de testigos de la verdad de la gracia
soberana. ¿Acaso su labor para el Señor sufrió tropiezos por lo que creían? Y,
¿qué es lo que creían? Ellos creían que Dios es el Soberano Señor. Ellos se
atrevieron a creer que adoraban y servían a un Rey que hace “todas las cosas
según el designio de su voluntad.” (Efesios 1:11).
Bien dijo el príncipe de los predicadores, Charles Haddon Spurgeon: “He
conocido hombres que muerden sus labios y rechinan sus dientes llenos de ira,
cuando predico la soberanía de Dios. . . los doctrinarios de hoy admitirán un
Dios, pero claro, Él no debe ser un Rey.” ¿Acaso podemos decir que Spurgeon
estorbó al Evangelio? Y sin embargo, ¡cuántos se han levantado en lucha contra
él, a causa de su doctrina! Él diría: “somos menospreciados como ‘sectarios’
(híper-calvinistas), escasamente algún ministro voltea a vernos o habla
favorablemente de nosotros; debido a que sostenemos fuertes convicciones
acerca de la soberanía de Dios, y Su elección divina y amor especial hacia Su
pueblo.”
Quizás una palabra del mismo gigante de la iglesia servirá como una
exhortación final, para que nos aferremos con firmeza a estas benditas
verdades de la Palabra de Dios y las proclamemos con denuedo, para la
alabanza de Su nombre. “La antigua verdad que Calvino predicó, que
Agustín predicó, que Pablo predicó, es la verdad que yo debo predicar
hoy o de lo contrario sería falso a mi conciencia y a mi Dios. Yo no
puedo darle forma a la verdad, y no sé cómo limar las asperezas de
una doctrina. El Evangelio de John Knox es mi Evangelio; aquel
Evangelio que tronó a través de toda Escocia, debe tronar otra vez a
través de toda Inglaterra.” Amén y Amén.
Cinco solas es la denominación conjunta para cinco frases en latín que
surgieron durante la Reforma Protestante y resumen las creencias teológicas
básicas de los reformadores o protestantes que entraban en contraposición con
la doctrina católica.
La palabra latina sola significa en español “solo” o “solamente”. Las
cinco solas expresaban cinco creencias fundamentales, que los reformadores
entendían como pilares esenciales para la vida y práctica cristianas. Todas y
cada una de las solas rechazaban o se oponían explícitamente a prácticas y
doctrinas extendidas a comienzos del siglo XVI en la cristiandad latina y que los
reformadores criticaban, atribuyéndolas a la usurpación de competencias,
atributos o cualidades por la jerarquía eclesiástica de la Iglesia católica romana,
y especialmente por su cabeza, el Papa; y que en realidad correspondían, o
bien únicamente a Dios, o bien a todos los cristianos.
1: Sola Scriptura – Solo la Escritura (La Biblia es el único estándar de
Fe y Practica)
La doctrina de que la Biblia es por sí sola la autoridad suprema, fue el “Principio
Formal” de la Reforma. En 1521, en el histórico interrogatorio de la Dieta de
Worms, Martin Lutero declaró que su conciencia estaba cautiva a la Palabra de
Dios diciendo: “Al menos que se me convenza mediante testimonios de la
Escritura, y claros argumentos de la razón, — porque no le creo ni al Papa, ni a
los concilios, ya que está demostrado que a menudo han errado y se
contradicen entre ellos —, estoy vencido por los textos de la Sagrada Escritura
que he citado, y mi conciencia está ligada a la Palabra de Dios.”Del mismo
modo, la Confesión de Bélgica estableció: “Creemos, que esta Santa Escritura
contiene de un modo completo la voluntad de Dios, y que todo lo que el
hombre está obligado a creer para ser salvo se enseña suficientemente en
ella… Tampoco está permitido igualar los escritos de ningún hombre -a pesar
de lo santos que hayan sido- con las Divinas Escrituras, ni la costumbre con la
verdad de Dios (pues la verdad está sobre todas las cosas), ni el gran número,
antigüedad y sucesión de edades o de personas, ni los concilios, decretos o
resoluciones; porque todos los hombres son de suyo mentirosos y más vanos
que la misma vanidad. Por tanto, rechazamos de todo corazón todo lo que no
concuerda con esta regla infalible…” (VII).
La Escritura dice:
“Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley… Me postraré hacia tu santo
templo, y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has
engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas… Pero persiste tú
en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y
que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden
hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura
es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para
instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente
preparado para toda buena obra.” (Salmo 119:18; Salmo 138:2; 2
Timoteo 3:16-17)
Este lema define la función de las Escrituras como única autoridad sobre la
iglesia. Así como los Reformadores del siglo dieciséis y diecisiete rechazaron la
autoridad del papado y la iglesia Romana, los protestantes contemporáneos
deben hoy rechazar toda autoridad extra-escritural sobre la iglesia. Cualquier
autoridad, organización, experiencia, liderazgo, motivo o práctica dentro de la
iglesia debía estar sujeta al lema de Solo la Escritura. El predicar fielmente y
el escuchar atentamente la Palabra de Dios tiene que volver a ser un acto
central en la adoración Cristiana. La aplicación de las enseñanzas Bíblicas a la
vida practica y cotidiana de los cristianos y de la iglesia es nuestra tarea
continua. El entendimiento y la aplicación práctica de las verdades bíblicas son
indispensables para la santidad, piedad, salud, el cuidado y la disciplina de la
iglesia.
La Escritura solamente es la regla inerrante de la vida de la iglesia, pero la
iglesia protestante de hoy le ha quitado a la Escritura su función de autoridad.
En práctica la iglesia se guía con mucha frecuencia por la cultura. Las técnicas
terapéuticas, las estrategias de mercadeos y el ritmo del mundo del
entretenimiento y de los medios de comunicación tienen mucha más influencia
sobre las necesidades, el funcionamiento y los objetivos de la iglesia que la
Palabra de Dios. Los pastores han descuidado su derecho y obligación de
decidir y supervisar los servicios de adoración, que incluye el contenido
doctrinal de la música. En la medida en que la autoridad bíblica ha sido
abandonada en la práctica, las verdades bíblicas desvanecen de la realidad
cristiana y las doctrinas bíblicas han perdido importancia, la iglesia poco a poco
se ha despojado de su integridad, autoridad moral y dirección.
En lugar de adaptar la fe cristiana para satisfacer las necesidades que sienten
los consumidores, debemos proclamar la ley como única medida de verdadera
virtud y el evangelio como el único mensaje de verdad salvífica. La Escritura
debe transferirnos de nuestras necesidades percibidas a nuestras necesidades
reales, y debe liberarnos de nuestra miopía de vernos a nosotros mismos a
través de las imágenes seductivas, clichés, promesas, y prioridades de la
cultura de las masas. La única manera de poder comprendernos correctamente
a nosotros mismos y ver las provisiones de Dios para suplir nuestras
necesidades es a la luz de la verdad de Dios. La Biblia, por consiguiente, debe
ser enseñada y predicada en la iglesia. Los sermones deben ser exposiciones de
la Biblia y sus enseñanzas, y no expresiones de las ideas y opiniones de la
época y culturas. No debemos ir más allá de la verdad que Dios nos ha dado. El
trabajo del Espíritu Santo en la experiencia personal no puede estar
desconectado de La Escritura. El Espíritu de Dios no habla en forma contraria o
independiente de La Escritura. Sin La Escritura nunca hubiésemos sabido de la
gracia de Dios en Cristo. La Palabra bíblica, no las experiencias espirituales, es
la base de la verdad.
TESIS PRIMERA: SOLA SCRIPTURA
Afirmamos que la Escritura inerrante es la única fuente de revelación divina
escrita, la cual es lo único que puede regir la conciencia. La Biblia sola enseña
todo lo que es necesario para nuestra salvación de pecado y es la medida con
la cual todo el compartimento del cristiano debe medirse
Negamos que cualquier credo, concilio o individuo pueda regir la conciencia del
cristiano, que el Espíritu Santo habla independientemente o lo contrario de lo
que está escrito en la Biblia, o que experiencias espirituales personales puedan
ser en alguna forma u ocasión, medio de revelación.
2: Sola Fide – Solo por Fe (Justificación solo por la Fe)
El “Principio Material” de la Reforma fue la justificación solamente por fe. La
Confesión de Fe de Westminster establece, “La Fe, así recibida y reposada en
Cristo y su justicia, es el único instrumento de justificación; aunque esta no
actúa sola en la persona justificada, sino que está siempre acompañada de
todas las demás gracias salvíficas; no siendo una Fe muerta, sino mas bien, una
Fe que obra por el amor.”
De la misma manera, la Confesión de Ginebra señalo la necesidad para aquellos
justificados por fe diciendo, “Confesamos que la entrada que tenemos a los
grandes tesoros y riquezas de la bondad de Dios que nos es asegurada es por
fe; como también, con confianza cierta y seguridad de corazón, creemos en las
promesas del evangelio, y recibimos a Jesucristo como nos es ofrecido por el
Padre y nos es descrito por medio de la Palabra de Dios. (Artículo 11)”.
La Escritura dice:
“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que
los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que
Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva
a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los
de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que
dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito
todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley,
para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente,
porque: El justo por la fe vivirá;…” (Gálatas 3:6-11)
Este lema define cual es el medio único por el cual se puede alcanzar la
salvación. Esto es, cuando Dios por su gracia da fe al pecador para creer en
Cristo y ser salvo. Esa fe es el medio. Dios no salva a alguien automáticamente
si no cree. Nadie nace salva, nadie hereda la salvación, ni nadie puede salvarse
a sí mismo o salvar a otros. Solo la fe salva. Y esa fe es en Cristo. El Objeto de
la Fe es Cristo. Y esa fe nos es dada por gracia. Este fue el aspecto crucial de la
Reforma Protestante. Martín Lutero fue liberado de sus tormentos de conciencia
en el convento donde se auto-laceraba buscando justificación cuando leyó: El
Justo por la Fe vivirá (Romanos. 1:17)
La justificación es a través de la gracia solamente, por fe solamente, debido a
Cristo solamente. Este es el artículo por el cual la iglesia se mantiene en pie o
cae. Hoy en día este artículo es ignorado, distorsionado o a veces aún negado
por líderes, profesores teológicos, académicos y pastores que se creen ser
evangélicos. Aparte de que la caída naturaleza humana siempre se ha negado a
reconocer la imputación de la santidad de Cristo, las ideas modernas avivan las
llamas del descontento con el Evangelio bíblico. Nosotros hemos permitido que
este descontento dirija la calidad de nuestro ministerio y lo que estamos
predicando.
Muchos miembros del movimiento de crecimiento de iglesias creen que la
comprensión sociológica de los miembros de la congregación es tan importante
para el éxito del evangelio como las verdades bíblicas que se proclaman. Como
resultado de esto, convicciones teológicas son frecuentemente separadas del
trabajo del ministerio. La orientación y técnicas de mercadería en la iglesia nos
alejan mucho más, borrando la distinción entre la Palabra bíblica y el mundo,
robando la cruz de Cristo de su ofensa, y reduciendo la fe cristiana a los
principios y métodos que traen éxito a las corporaciones seculares del mundo.
Mientras la teología de la cruz puede ser creída, estos movimientos en la
realidad la despojan de su significado. No hay evangelio excepto el de la
sustitución de Cristo por nuestro lugar de tal manera que Dios le imputó a
Cristo nuestro pecado e imputó en nosotros la santidad de Cristo. Debido a que
Cristo recibió el juicio que nosotros merecíamos, por esto nosotros ahora
caminamos en su gracia, como aquellos que han sido perdonados para siempre,
aceptados y adoptados como hijos de Dios. No hay ninguna base para ser
aceptados frente al Santísimo Dios, excepto el trabajo salvífico de Cristo.
Nuestra aceptación por Dios no depende de nuestro patriotismo, devoción
eclesiástica o decencia moral. Solamente depende del trabajo de Cristo. El
evangelio declara lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. El evangelio no
declara lo que nosotros podamos hacer para encontrar a Cristo.
TESIS SEGUNDA: SOLA FIDE
Reafirmamos que la justificación es por gracia, solamente por medio de la de fe
en Cristo. En la justificación la santidad de Cristo es imputada a nosotros como
la única posible satisfacción a la justicia perfecta de Dios. Negamos que la Fe
salvadora emerge del corazón del hombre pecador, la Fe salvadora es un don
de Dios, y como tal, es solo Dios quien lo da libremente a quien Él quiere, el
hombre muerto en sus pecados no puede generar tal Fe para creer en y creerle
a Dios; esto es un regalo de la libre voluntad de Dios, y la base de la Fe es el
Testimonio de Dios, el cual esta revelado en la Santa Palabra, afirmamos que el
objeto de la Fe es Cristo, y su obra redentora en la cruz, así y solo así es que
solamente por medio de la fe somos salvos.
3: Sola Gratia – Solo por Gracia (La salvación es solo por la Gracia de
Dios)
Un clamor central de la Reforma fue la “salvación por gracia”. Aunque la iglesia
romana enseña que la misa es un “sacrificio [que] es verdaderamente
propiciatorio”, y que por medio de la misa “Dios..…. nos otorga la gracia y el
don de la penitencia, remite nuestras faltas e incluso nuestros enormes
pecados”, — los reformadores se regresaron a la doctrina bíblica de la salvación
por gracia mediante la fe. Nuestra postura justificada ante Dios es imputada
por la gracia a causa de la obra de Jesucristo nuestro Señor. En contraste con
las doctrinas de mérito personal impartido por Roma, sola gratia y las doctrinas
de la gracia, – depravación total, elección incondicional, la redención particular,
y la perseverancia de los santos – fueron predicadas por todos los reformadores
protestantes en todo el movimiento protestante.
Como declara la Confesión Bautista de 1689, “Cristo, por su obediencia y
muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por
el sacrificio de sí mismo en la sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos
el castigo que merecían, hizo una satisfacción adecuada, real y completa a la
justicia de Dios en favor de ellos; sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por
el Padre para ellos, y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de
las de ellos, y ambas gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es
solamente de pura gracia, a fin de que tanto la precisa justicia como la rica
gracia de Dios fueran glorificadas en la justificación de los pecadores.”
La Escritura dice:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con
toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió
en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha
delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos
suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para
alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en
quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las
riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda
sabiduría e inteligencia,..” (Efesios 1:3-8)
Este lema define el fundamento sobre el cual Dios acepta a los hombres. La
gracia es lo contrario a pago o compensación. Cualquier cosa que una persona
merezca o se haya ganado por su merito o esfuerzo es pago o compensación.
Pero la gracia no tiene que ver nada con meritos personales. La gracia solo la
puede disfrutar gente indigna. Esto es la esencia del Evangelio: Porque por
Gracia sois salvos…no por obras para que nadie se glorié (Efesios 2:8-
9).
Por la exaltación de esa gracia, que es lo único que ha movido a Dios a salvar a
los pecadores, los protestantes abandonaron la confianza en sí mismos y en las
promesas de la doctrina Romana. No hay obra humana que pueda ser base de
salvación. No hay método, técnica o estrategia que pueda transformar al
hombre. La fe que salva no puede ser producida en el corazón humano. Dios la
da solo por gracia.
La confianza sin garantía en la habilidad humana es un producto de la caída de
la naturaleza humana. Esta confianza falsa ha invadido el mundo evangélico.
Aparecen ideas como el evangelio de auto-estima y auto suficiencia, el
evangelio de salud y prosperidad, el evangelio que se ha convertido en un
producto para vender y pecadores que se han convertido en consumidores que
quieren comprar el producto, la fe cristiana considerada como verdadera, no
porque sea verdad absoluta sino porque es un método que funciona. Estas
actitudes silencian la doctrina de justificación, no importa el compromiso o la
doctrina oficial de nuestras iglesias.
La gracia de Dios en Cristo no es solamente necesaria sino que es la única
causa suficiente de salvación. Confesamos que todo ser humano nace
espiritualmente muerto y por consiguiente es incapaz de aún cooperar con
gracia re-generante.
TESIS TERCERA: SOLA GRATIA
Reafirmamos que en salvación somos rescatados de la ira de Dios solamente
por su gracia. El trabajo sobrenatural del Espíritu Santo es el que nos trae a
Cristo a través de liberarnos de nuestra esclavitud del pecado y resucitarnos de
la muerte espiritual a la vida espiritual.
Negamos que la salvación sea de alguna manera el resultado de trabajo
humano. Métodos humanos, técnicas o estratégicas humanas que en sí mismas
no pueden producir esta transformación. La Fe salvadora no es producida por
nuestra naturaleza humana no regenerada, es solamente dada por Parte de
Dios al pecador de pura Gracia.
4: Solus Christus o Sola Christo – Solo por Cristo (Solamente por
medio de la obra de Cristo hay salvación)
La Reforma hizo un llamado a la iglesia a regresar a la fe solo en Cristo como
único mediador entre Dios y el hombre. Mientras la iglesia romana mantuvo
que “hay un purgatorio y las almas que son detenidas allí son ayudadas por las
oraciones intercesoras de los feligreses”, “los santos deben ser invocados y
venerados;”, y que, “sus reliquias deberán ser veneradas”, los reformadores
enseñaron que la salvación es solamente a través de la obra de Cristo. Como
dijo Juan Calvino en los Institutos de la Religión Cristiana, “…intervino Cristo, e
intercediendo por nosotros tomó sobre sus espaldas la pena y pagó todo lo que
los pecadores habían de pagar por justo juicio de Dios; que expió con su sangre
todos los pecados que eran causa de la enemistad entre Dios y los hombres;
que con esta expiación se satisfizo al Padre… vemos solamente hacia Cristo
para obtener favor divino y amor paternal.”
De la misma manera en el Catecismo de Heidelberg, Pregunta 30, “¿Creen pues
también en el único Salvador Jesús, aquellos que buscan su salvación en los
santos, o en sí mismos o en cualquiera otra parte? No, porque aunque de boca
se gloríen de tenerle por Salvador, de hecho niegan al único Salvador Jesús:
pues necesariamente resulta, o que Jesús no es perfecto Salvador o que
aquellos que con verdadera fe le reciben por Salvador tienen que poseer en El
todo lo necesario para su salvación.”
La Escritura dice:
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se
dio testimonio a su debido tiempo… el cual nos ha librado de la potestad de las
tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención
por su sangre, el perdón de pecados. El es la imagen del Dios invisible, el
primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las
que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean
tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por
medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él
subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el
primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
…” (1 Timoteo 2:5-6; Colosenses 1:13-18 )
Este lema define el origen y el objeto central de la fe Cristiana. Los
reformadores se opusieron a exaltar cualquier cosa que no fuera la suficiencia
de Cristo. Ningún ritual, institución o individuo puede ni debe ser motivo de
confianza sino Cristo. Ningún proyecto, visión o necesidad debe competir por el
lugar primario de Cristo en la iglesia. Ninguna filosofía, ideal o argumento debe
ser predicado en la iglesia que no exalte a Cristo y su muerte en la cruz por el
pecado de los hombres. Tenemos fe en Cristo, no fe en la fe, o en las
oraciones, o en la iglesia. Solo Cristo es digno de confianza pues él es el único
salvador.
En la manera en que la fe cristiana ha sido secularizada, sus intereses han sido
mezclados con los intereses de la cultura. El resultado es la pérdida de los
valores absolutos, individualismo permisivo, y la sustitución de bienestar por
santidad, recuperación por arrepentimiento, institución por verdad,
sentimientos por creencia, destino por providencia, y gratificación inmediata por
esperanza perdurable. Cristo y su cruz han sido desplazados del centro de
nuestra visión.
TESIS CUARTA: SOLUS CHRISTUS
Reafirmamos que nuestra salvación es obtenida por la pura Gracia de Dios
mostrada en la obra Redentora y Mediadora de Cristo. Su vida sin pecado y su
pago sustitutivo por los pecadores solamente son suficientes para nuestra
justificación y reconciliación con el Padre.
Negamos que el evangelio sea predicado sin el trabajo sustitutivo de Cristo, si
es así, entonces, este no debe ser declarado y la fe en Cristo no es solicitada.
5: Soli Deo Gloria – Solo a Dios la Gloria (Solamente se le debe dar la
Gloria a Dios en la Salvación de los pecadores)
La Reforma recupero la enseñanza bíblica de la soberanía de Dios sobre todos
los aspectos de la vida del creyente. Toda la vida deberá ser vivida para la
gloria de Dios. Como pregunta el Catecismo Menor de Westminster, “¿Cuál es el
fin principal del hombre? El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y
gozar de Él para siempre.” Este gran y apasionado propósito fue enfatizado por
aquellos en el Siglo 16 y 17 que buscaban reformar a la iglesia de acuerdo a la
Palabra de Dios. En contraste a la división monástica de vida de lo sagrado
contra lo secular perpetuado por la Iglesia Romana, los reformadores vieron
que toda la vida debe ser vivida bajo el Señorío de Cristo. Cada actividad del
cristiano ha de ser santificado para la gloria de Dios.
La Escritura dice:
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de
Dios… Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno
ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios
glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos
de los siglos. Amén. … y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él
sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. … Amados, esta es la
segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro
limpio entendimiento,… a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las
edades, por los siglos de los siglos. Amén. … diciendo: Amén. La bendición y la
gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza,
sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. … Porque de él, y por él,
y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (1
Corintios 10:31; 1 Pedro 4:11; Apocalipsis 1:6; 2 Pedro 3:1; Efesios
3:21; Apocalipsis 7:12; Romanos 11:36)
Este lema define la esencia de la adoración a Dios. Una de los grandes logros
protestantes fue rescatar la adoración espiritual de la contaminación ritual,
idolátrica y supersticiosa en que se encontraba. Más tarde, el movimiento
Puritano termino de purificar lo que aun restaba. Los puritanos fueron llamados
así por su protesta contra la conservación de rituales Romanistas en la iglesia
de Inglaterra (Anglicana) y por que reclamaban una adoración más pura para
Dios. En esencia la adoración debe tener a Dios como el centro. Toda adición
no sancionada por la Escritura fue desechada por los verdaderos protestantes.
El entretenimiento así como el gusto y la complacencia personal no tienen lugar
en la adoración a Dios.
Hoy día la protesta no es contra los poderes estatales que querían detener la
Reforma. La protesta hoy debe ser contra la tolerancia de las iglesias
Protestantes contemporáneas ante la degradación del Cristianismo Bíblico. Y
esa degradación ha venido en la medida en que los principios expresados en las
cinco Solas han sido violados.
Cuando en la iglesia la autoridad bíblica se ha perdido, Cristo se ha desplazado,
el evangelio se ha distorsionado, o la fe se ha pervertido, siempre ha sido por
una razón: nuestros intereses han desplazado los intereses de Dios y entonces
hacemos su trabajo según nuestros intereses y como nos plazca. La pérdida de
la centralidad de Dios en la vida de la iglesia de hoy es un hecho común y
lamentable. Esta pérdida es la que nos permite transformar adoración en
entretenimiento, la predicación del evangelio en mercadeo, fe y creencia en
técnicas, ser bueno en sentirse bueno y sentir bien, y fidelidad en éxito o
sentimientos de haber obtenido santidad. Como resultado de esto, Dios, Cristo
y la Biblia comienzan a tener poco significado para nosotros y no tienen
influencia sobre nuestras vidas.
Dios no existe para satisfacer ambiciones humanas, deseos y apetitos de
consumidores o nuestros intereses espirituales privados. Debemos enfocarnos
en Dios en nuestra adoración, en lugar de buscar en la adoración la satisfacción
de nuestras necesidades personales. Dios es soberano en adoración; nosotros
no lo somos. Nuestra preocupación absoluta debe ser por el reino y la gloria de
Dios, no por nuestros imperios, popularidad o éxito.
TESIS QUINTA: SOLI DEO GLORIA
Reafirmamos que debido a que la salvación viene de Dios y ha sido obtenida
por Dios, ésta es para la gloria de Dios y que debemos glorificarlo a Él siempre.
Debemos vivir nuestra vida completa en Santidad y Piedad en la presencia de
Dios, bajo la autoridad de Dios y solamente para su gloria.
Negamos que nosotros podemos propiamente glorificar a Dios si nuestra
adoración es confundida con entretenimiento, si descuidamos la LEY o el
EVANGELIO en la predicación, o si auto-superación, auto-estima o satisfacción
propia se han convertido en alternativas para el evangelio, entonces hemos
dejado de dar solo la Gloria a Dios.
UN LLAMADO AL ARREPENTIMIENTO Y A LA REFORMA
La fidelidad de la iglesia cristiana en épocas pasadas tiene un contraste
prominente con la infidelidad de la iglesia del presente. A comienzos del siglo
veinte, las iglesias cristianas mantenían una función altamente misionera, y
crearon numerosas instituciones religiosas para servir en la causa de la verdad
bíblica y el reino de Dios. Esa era la época en la cual el comportamiento y las
expectativas de los cristianos eran muy diferentes del comportamiento y
expectativas de la cultura. Hoy en día no se ve la diferencia. El mundo
evangélico de hoy está perdiendo su fidelidad bíblica, brújula moral y el celo
misionero.
Nos arrepentimos de nuestra contaminación con el mundo. Hemos sido
influenciados por los “evangelios” de la cultura secular, que no son evangelios.
Hemos debilitado la iglesia por nuestra propia falta de arrepentimiento serio,
nuestra ceguera a nuestro propio pecado que vemos tan claramente en otros, y
nuestra inexcusable falta de celo para hablarles a otros de Dios y del trabajo
salvífico de Cristo.
Con gran sentido de emergencia, llamamos a cristianos equivocados que se han
desviado de la Palabra de Dios con respecto a esta Declaración para que
vuelvan al evangelio histórico, Bíblico. Los que se han desviado incluyen
aquellos que declaran que hay esperanza de vida eterna sin tener fe explicita
en Jesucristo, los que aseguran que los que rehúsan a Cristo serán
exterminados en lugar de tener que enfrentarse al justo juicio de Dios a través
del eterno sufrimiento, o los que aseguran que evangélicos y Católicos
Romanos son uno en Cristo a pesar de que los Católicos Romanos no creen en
la doctrina bíblica de justificación.
Por la gloria de Cristo. Amen
(Algunos recursos tomados de: The Alliance of Confessing Evangelicals, 1716
Spruce Street, Philadelphia, PA 19103 USA, Alliance of Confessing Evangelicals
Executive Council 1996 Dr. John Armstrong The Rev. Alistair Begg Dr. James M.
Boice Dr. W. Robert Godfrey Dr. John D. Hannah Dr. Michael S. Horton Mrs.
Rosemary Jensen Dr. R. Albert Mohler, Jr Dr. Robert M. Norris Dr. R.C. Sproul
Dr. Gene Edward Veith Dr. David Wells Dr. Luder Whitlock Dr. J.A.O. Preus, III)