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Las Representaciones Sociales

Las representaciones sociales son sistemas de referencia compartidos socialmente que ayudan a los individuos y grupos a interpretar y comprender el mundo. Surgen a través de la interacción social cotidiana y los medios de comunicación. Constan de información, campo de representación e imagen, y actitud hacia el objeto representado. La teoría de las representaciones sociales busca integrar los niveles individual, interpersonal y sociocultural para explicar cómo se forman y comparten significados sociales.
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Las Representaciones Sociales

Las representaciones sociales son sistemas de referencia compartidos socialmente que ayudan a los individuos y grupos a interpretar y comprender el mundo. Surgen a través de la interacción social cotidiana y los medios de comunicación. Constan de información, campo de representación e imagen, y actitud hacia el objeto representado. La teoría de las representaciones sociales busca integrar los niveles individual, interpersonal y sociocultural para explicar cómo se forman y comparten significados sociales.
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UAdER – Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales

Ficha de cátedra: Análisis Institucional

LAS REPRESENTACIONES SOCIALES


Por Daniel Carbone

Tanto los modos tradicionales de abordar los objetos de la conducta, cuanto


los desafíos, novedades, demandas sociales y la tecnología disponible, generan una
amalgama de significaciones socialmente compartidas que se instituyen en sistemas
de referencia para interpretar cualquier fenómeno social. Al decir de Denise Jodelet,
estos sistemas de referencia constituyen “...una manera de interpretar y de pensar
nuestra realidad cotidiana, una forma de conocimiento social. Y correlativamente,
la actividad mental desplegada por individuos para fijar su posición en relación
con situaciones, acontecimientos, objetos y comunicaciones que les
conciernen” 1.
A este fenómeno se lo denomina Representación Social, al que podemos
caracterizar como “... el modo de producción cognitiva que corresponde a una
persona y grupo en un contexto socio-histórico determinado” 2. Se trata de teorías de
sentido común acerca del mundo en general o de determinados temas complejos
tales como el SIDA, la Tecnología, la Ciencia, la Educación, etc., que se las suele
describir como “flotando” en la sociedad, dado que las podemos hallar tanto en los
individuos, como atravesando la vida social, manifestándose en el habla, las
conductas, en los massmedia, las políticas de estado, escuelas, etc.
Tienen su génesis y se transforman en las actividades de la vida social
cotidiana, tales como las charlas de café o en los lugares de trabajo, los modos en
que se informan las noticias en la prensa, los modos de interacción social, etc. Un
papel muy importante al respecto juegan los medios de comunicación masiva,
puesto que es a través de ellos que accedemos a cierta información de fenómenos
acerca de los cuales no tenemos una experiencia directa, tales como los últimos
avances en el campo de las Tecnologías de la Información y las
Comunicaciones (TICs), entre otros.
Las representaciones sociales permiten a los individuos, los grupos y las
sociedades significar el mundo en que viven, permitiendo acuerdos básicos acerca
de qué hablamos, lo que ayuda a la comunicación, aun cuando no coincidamos en
aspectos secundarios. Pueden pensarse como amplios sistemas que sostienen las
actitudes, sin embargo se diferencian de las teorías de las actitudes en que
“intentan ofrecer una comprensión más social de las creencias de las personas,
basada en la perspectiva del construccionismo social” (Morant, Nicola, 1998). De
acuerdo con esta perspectiva no existiría una realidad objetiva, antes bien, los
significados son construidos socialmente y varían con el tiempo y de una sociedad a
otra.
La Teoría de las Representaciones Sociales surge en el campo de la
Psicología Social francesa, en especial a partir del trabajo de Serge Moscovici quien,

1
Jodelet, Denise, La representación social: fenómenos, concepto y teoría. En Psicología Social II, Barcelona, Paidós, 1988.
2
Gutiérrez Alberoni, J.D., ¨La teoría de las representaciones sociales y sus implicaciones metodológicas en el ámbito
psicosocial”, Universidad Nacional del Altiplano, Rev. Psiquiatría Pública, Vol. 10, Núm. 4, Julio-Agosto, Lima, 1998. Pág. 213.
1
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al retomar este concepto propuesto por Emile Durkheim, se interesó por difundir las
ideas psicoanalíticas en Francia en la década del 50 y criticó el sesgo individualista y
cognitivo de la Psicología Social anglosajona, llevando adelante una reivindicación
de “lo social”. Para Moscovici la sociedad ha de constituirse en figura y no en fondo
de la Psicología Social, en este sentido sostiene que el centro de interés de la Teoría
de las Representaciones Sociales es “la circulación de significados y comprensiones
en la sociedad de masas y los canales de comunicación” (Morant, Nicola, 1998).
El concepto de representación social nos lleva a ubicarnos en donde lo
psicológico y lo social hacen esquina; se trata de un conocimiento de sentido común,
un conocimiento práctico, que se constituye a partir de nuestras experiencias, de los
patrones de pensamiento, de las informaciones y formaciones que recibimos y
damos mediante las tradiciones, la educación y las comunicaciones sociales. Es por
tanto, un conocimiento socialmente elaborado y compartido (Jodelet, 1988).
Podemos afirmar que la representación social constituye “la ´teoría´ mediante
la que personas y grupos obtienen una lectura de la realidad y, además, toman
una determinada posición con relación a ella”3. La representación social que
elabore un grupo respecto de su tarea, o de un aspecto de ella, define objetivos y
determina los procesos mediante los cuales han de lograrse, llegando a modificar
incluso el funcionamiento cognitivo de los individuos. Denise Jodelet (1988) propone
la siguiente definición “El concepto de representación social designa una forma de
conocimiento específico, el saber de sentido común, cuyos contenidos manifiestan la
operación de procesos generativos y funcionales socialmente caracterizados. En
sentido más amplio, designa una forma de pensamiento social. Las
representaciones sociales constituyen modalidades de pensamiento práctico
orientados hacia la comunicación, la comprensión y el dominio del entorno social,
material e ideal. En tanto que tales, presentan características específicas en el
ámbito de organización de los contenidos, las operaciones mentales y la lógica. La
caracterización social de los contenidos o de los procesos de representación ha de
referirse a las condiciones y a los contextos en los que surgen las
representaciones, a las comunicaciones mediante las que circulan y a las
funciones a las que sirven dentro de la interacción con el mundo y los demás”4.
El campo de investigación que abrió Moscovici se encuentra en constante
evolución manifestando una tensión entre lo psicológico y lo social, puesto que las
representaciones sociales deben ser abordadas, al decir de Jodelet, como “el
producto y el proceso de una elaboración psicológica y social de lo real”. Se trataría
entonces, de una producción mental social, al igual que la ciencia, el mito, la
religión y la ideología, diferenciándose de éstas en sus modos de producción, que
ayudaría a los individuos a dar sentido a una serie de actos y acontecimientos de la
vida social que, de otro modo, resultarían muy complejos e incomprensibles.
Constituye una teoría multinivel que busca “integrar los campos de análisis individual
e interpersonal en niveles socioculturales de comprensión” (Morant, Nicola, 1998),
motivo por el cual sus trabajos de investigación recurren a métodos tales como
entrevistas individuales en profundidad, discusiones de grupo, análisis de los medios
de comunicación de masas, entre otros.

3
Gutiérrez Alberoni, J. D., Ob. Cit. Pág. 215. El subrayado es nuestro.
4
Jodelet, Denise, Ob. Cit.. El subrayado nos pertenece.
2
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Dado que las representaciones sociales se desarrollan en contextos sociales,


históricos y culturales únicos, las investigaciones al respecto no proporcionan
resultados generalizables a otros contextos. No obstante, esta peculiaridad no resta
mérito a sus conclusiones.
Una Representación Social tiene tres componentes que la configuran:
Información, campo de representación o imagen y actitud. De ellas podemos
decir que “... la información se refiere a un cuerpo de conocimientos organizados
que un determinado grupo posee respecto a un objeto social ... El campo de
representación remite a la idea de imagen, de modelo social, al contenido concreto y
limitado de las proposiciones de un aspecto preciso del objeto de la representación...
La actitud termina por focalizar la orientación global con relación al objeto de la
representación social”5. Tales dimensiones pueden abordarse metodológicamente
por separado o en forma holística, siendo ésta quizás la que dé mejores resultados,
si lo que se pretende es comprender cabalmente las representaciones sociales de
una población objeto respecto de un determinado fenómeno.
La información refiere a la organización o suma de conocimientos con que
cuenta un sujeto acerca de un objeto social, que muestra ciertas particularidades en
cuanto a cantidad y a calidad de los mismos y tiene un carácter estereotipado o
difundido sin soporte explícito; se trata, en suma, de la riqueza de datos o
explicaciones que sobre la realidad se forman los individuos en sus relaciones
cotidianas.
El campo de representación expresa la organización del contenido de la
representación en forma jerarquizada, variando de grupo a grupo e inclusive al
interior del mismo grupo. Permite visualizar el carácter del contenido, las
propiedades cualitativas o imaginativas, en un campo que integra informaciones en
un nuevo nivel de organización en relación a sus fuentes inmediatas. Herzlich
(1979), sostiene que deben considerarse los factores ideológicos en la
estructuración del campo de representación.
La actitud es la dimensión que significa la orientación favorable o
desfavorable en relación con el objeto de la representación social. Se puede
considerar, por lo tanto, como el componente más aparente, fáctico y conductual de
la representación, y como la dimensión que suele resultar más generosamente
estudiada por su implicación comportamental y de motivación.
Si bien esta clasificación no plantea ninguna jerarquía o prioridad, el propio
Moscovici lanza la hipótesis de su cronología que, al verse en conjunto, completa la
estructura de la representación en términos de contenido y de sentido. Al respecto
señala Moscovici: “Se deduce que la actitud es la más frecuente de las tres
dimensiones y, quizá, primera desde el punto de vista genético. En consecuencia, es
razonable concluir que nos informamos y nos representamos una cosa únicamente
después de haber tomado posición y en función de la posición tomada” (Moscovici,
1979).
Si la actitud significa una especie de componente motivacional afectivo en la
conformación de una representación social, resulta pertinente la observación de
Herzlich (1979) respecto a hacer estudios comparativos sobre la fisura o diferencia

5
Moscovici, S., Hewstone, M., De la ciencia al sentido común. En: Psicología Social I y II, Barcelona, Paidós, 1988.
3
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de los grupos en función de sus representaciones sociales, ya que éstas contribuyen


a definir con cierta precisión tanto a los grupos como a sus tendencias.
Toda representación social es representación de algo y de alguien. Así, para
profundizar este concepto, podemos avanzar en su comprensión distinguiendo entre
Contenido y Sujeto. El contenido alude a los componentes antes mencionados:
Informaciones, imágenes y actitudes, que se relacionan con un Objeto Social: una
profesión, una modalidad de educación, cierta tecnología, etc. El Sujeto puede
ser tanto un individuo, una familia, un grupo, una clase, etc., que está en relación
con otros sujetos. Esto último nos dice que las representaciones sociales están
fuertemente condicionadas por la posición social que ocupan los sujetos.
De este modo la representación social se inscribe en el ámbito de las
relaciones que establecen los sujetos con el mundo, real y simbólico. Relaciones
mentales, claro está, y socialmente compartidas, al menos por un cierto número de
individuos y en un cierto contexto socio-histórico.
Lo primero que implica una representación es el acto de representar:
operación mental que consiste en sustituir, estar en lugar de, a través de la cual un
sujeto establece relaciones con un objeto. Es decir, la representación es el
representante mental de algo: objeto, persona, acontecimiento, idea, etc. (Jodelet,
1988), lo que nos ubica en el orden de los símbolos, los signos, puesto que al igual
que ellos, las representaciones sociales remiten a algo, a otra cosa.
Asimismo, representar es volver a presentar, re-presentar, hacer presente en
la conciencia algo que antes estuvo presente en otro lado, en otro momento, pero
¿dónde?, ¿cuándo?, ¿dónde, cuándo estuvo presente la muerte, el destino, la vida,
la belleza, la educación, la ciencia, la tecnología, la política, etc?
Es decir que las representaciones sociales tienen la particularidad de
permitirnos operar con lo ausente, lo lejano, lo intangible, lo invisible e incluso lo
presente y tangible, en tanto lo objetivamos en nuestra mente, toda vez que tienen
“aptitud para fusionar percepto y concepto y su carácter de imagen” (Jodelet, 1988).
Conceptos que nos remiten nuevamente al carácter significante de las
representaciones.
A su vez, otra particularidad de las representaciones sociales radica en que
en ellas aparece siempre algo de quien la formula, su propia interpretación del
objeto, es decir que no sólo es reproducción, sino también construcción, individual o
colectiva, que cobra autonomía en la comunicación interpersonal, massmediática,
etc. Cada vez que en una situación de comunicación interpersonal nos referimos a
cierto objeto, estamos contribuyendo a la construcción de la representación social
que al respecto ha elaborado el grupo, clase, etc. al que pertenecemos y en el cual
nos socializamos, lo cual nos instituye en protagonistas directos de los mundos
simbólicos que habitamos6.
Serge Moscovici sostenía que toda representación presenta dos caras, la cara
figurativa o imagen y la cara simbólica, de modo que a toda imagen corresponde un
sentido y viceversa. Así, cuando una persona entrevistada refiere, por ejemplo, que
la Capacitación Docente es un “reciclado”, encierra en esa imagen el sentido que
ella, y quizás sus pares, le atribuye a la capacitación.

6
Un adagio que me impresionó mucho dice: “Ten cuidado cuando hables. Con tus palabras creas el mundo alrededor de ti” y
pertenece a los Navajos de América del Norte.
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Pero no hay que creer, como lo hacía el conductismo, que en la teoría de las
representaciones sociales el concepto de imagen alude a un puro reflejo del mundo
exterior, de tal modo que el objeto se integraría mecánicamente en la subjetividad. El
enfoque, o clave de lectura binaria, es decir la separación del sujeto cognoscente
por una parte y el objeto cognoscible por la otra, ha sido superado por el enfoque o
clave de lectura ternaria (Mosovici, 1988), que introduce como tercer elemento la
alteridad, esto es, el entorno humano más próximo de la persona que se investiga.
De acuerdo con este encuadre, y siguiendo a Piaget (1968) “el sujeto y el objeto no
son congénitamente distintos.... representarse algo es darse, conjunta e
indiferenciadamente, el estímulo y la respuesta.... Este fenómeno es una
característica de la integración del sujeto y del objeto, que se enfrentan
modificándose mutuamente sin cesar”, en un contexto socio-histórico peculiar,
agregaríamos nosotros. De modo que ego, alter y objeto son colocados en el mismo
plano, siendo el alter la instancia que aporta tanto el sentido de las representaciones
como de los aportes y estímulos que modelan la conducta y respuestas de la
persona en una situación concreta (Gutiérrez Alberoni, 2000).
Seguir el recorrido de las implicancias de lo antes dicho nos conduce a decir
que todo acto de representación conlleva construcción y reconstrucción, dado que el
sujeto es considerado un sujeto social, cuya actividad simbólica y cognitiva le
permite ir estructurando las representaciones a medida que se desarrollan en la
interacción social. Aun en las representaciones sociales más elementales se
produce un proceso de elaboración cognitiva y simbólica que ha permitido que, los
investigadores de esta teoría, puedan relacionar los procesos simbólicos con las
conductas, de tal modo que las representaciones que circulan en la sociedad
desempeñarán un papel, adquirirán autonomía y tendrán una eficacia específica
(Jodelet, 1988).
A partir del análisis del acto de representar que hemos realizado, y siguiendo
a Denise Jodelet (1988), podemos, entonces, distinguir seis características, a saber:
 Toda representación lo es siempre de un objeto
 Tiene un carácter de imagen y la propiedad de poder intercambiar lo
sensible y la idea, la percepción y el concepto
 Tiene un carácter simbólico y significante
 Tiene un carácter constructivo
 Tiene un carácter autónomo y creativo.
 Las categorías que la estructuran y expresan son categorías del
lenguaje.

Para explicar la relación dialéctica transformadora que se da entre una


representación y lo social, es decir cómo lo social transforma un conocimiento en
representación y ésta, a su vez, transforma lo social, Moscovici aportó dos
conceptos: Objetivización y Anclaje, los que mostrarían “la interdependencia entre la
actividad psicológica y sus condiciones sociales de ejercicio” (Jodelet, 1988).
La Objetivización es el proceso mediante el cual se materializa lo abstracto.
Se trata de una operación que, al ser formadora de imagen, permite intercambiar
percepción y concepto, posibilitando operar en un nivel sensible con conceptos de

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alto grado de abstracción. Así, por ejemplo, la noción de peso - que tiene evidencia
sensible - es utilizada para representar el concepto de masa, de carácter abstracto.
La objetivización implica las fases de Construcción Selectiva,
Esquematización Estructurante y Naturalización.
La Construcción Selectiva alude a la selección y descontextualización de los
elementos del objeto en cuestión que, en función de los criterios culturales y
normativos propios, realiza el sujeto, lo que le permite apropiárselo y operar con él.
La Esquematización Estructurante refiere a la formación de un núcleo
figurativo, una estructura de imagen que reproduce de modo visible un concepto,
permitiendo que lo teórico se manifieste a través de un conjunto gráfico y coherente
que ayuda a la comprensión de sus componentes y las relaciones internas,
posibilitando, a su vez, una visión compatible con otras teorías. Un ejemplo de ello
es el modo de representarnos gráficamente la estructura del átomo.
La Naturalización es la fase que conduce a entificar, a cosificar el núcleo
figurativo, que todavía pertenece al campo del pensamiento. Es decir que esta fase
convierte en elementos de la realidad las figuras de la fase anterior que son
referentes de los conceptos.
El anclaje implica procesos de categorización y asignación de nombres que
sirven para dar sentido al objeto de representación al vincularlo con algún otro
ámbito de conocimiento familiar (Morant, 1998). Refiere tanto al enraizamiento social
de la representación y su objeto, al atribuírsele significado y utilidad, como “a la
integración cognitiva del objeto representado dentro del sistema de pensamiento
preexistente y a las transformaciones derivadas de este sistema, tanto de una parte
como de otra” (Jodelet, 1988).
El proceso de anclaje mantiene una relación dialéctica con la objetivización y
articula las tres funciones básicas de toda representación, a saber:
 Función cognitiva de integración de la novedad
 Función de interpretación de la realidad
 Función de orientación de las conductas y las relaciones sociales

Para una mejor comprensión del proceso de anclaje es posible


descomponerlo en las siguientes modalidades:
 El anclaje como asignación de sentido
 El anclaje como instrumentalización del saber
 Anclaje y objetivización
 El anclaje como enraizamiento en el sistema de pensamiento

La asignación de sentido al objeto de una representación estará relacionado


directamente con el sistema de valores del cual participe el sujeto de la
representación (individuo, grupo, clase, etc.), el que estará marcando a su vez, con
dicho sentido, sus contornos e identidad. La asignación de sentido manifiesta un
“principio de significado” que posee apoyo social y que “asegura la interdependencia
de los elementos de una representación y constituye una indicación fecunda para
tratar las relaciones existentes entre los contenidos de un campo de representación.
Esta demostración permite aislar una de las articulaciones entre el aspecto procesal

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y el aspecto temático de las representaciones, y uno de los puntos de encuentro


entre sus aspectos individual y social” (Jodelet, 1988).
El anclaje como instrumentalizador del saber tiene lugar inmediatamente
luego de la objetivización y es el proceso que permite entender cómo los elementos
de la representación, a la vez que expresan las relaciones sociales, ayudan a
constituirlas, dado que el carácter gráfico no sólo se convierte en guía de lectura,
sino que a través de una generalización funcional se constituye en teoría de
referencia para comprender la realidad, cumpliendo una función de mediación entre
el individuo, su medio y los demás. Transformado en lenguaje común, este sistema
resulta eficaz para expresar y resolver problemas, clasificar acontecimientos,
individuos y grupos, convirtiéndose en un instrumento de referencia que permite
comunicar en el mismo lenguaje y, por lo tanto, influenciar (Jodelet, 1988).
La modalidad Anclaje y Objetivización refiere a la relación entre la
cristalización de una representación en torno a un núcleo figurativo y un sistema de
interpretación de la realidad y orientación de las conductas, lo que ha sido
demostrado experimentalmente entre otros por Abric (1976) quien ha mostrado los
mecanismos que ... resultan del juego entre la objetivización y el anclaje en
situaciones experimentales en las que se hace que los sujetos se comporten de
manera cooperativa o competitiva según las representaciones inducidas por el
experimentador (Jodelet, 1988). Todas las representaciones se organizan en torno a
un núcleo central, el cual depende del objeto representado, de la relación que el
sujeto mantiene con él y de la finalidad de la situación. Ante la pregunta acerca de si
estos núcleos, estas imágenes existen fuera de las reconstrucción que de ellos
hace el investigador, Jodelet (1988) responde que “las tendencias más recientes de
las investigaciones sobre la cognición, las imágenes y la epistemología ingenua
convergen en afirmar la existencia, dentro del pensamiento, de dichas estructuras y
de dichas imágenes. Para superar las insuficiencias de las teorías inspiradas por el
conductismo, cada vez resulta más necesario hacer intervenir las representaciones
como “teorías implícitas” que dan cuenta de operaciones de pensamiento en la
interacción cotidiana con el mundo y, sobre todo, en la integración de la novedad: las
representaciones desempeñan el papel de sistemas generadores.”
El punto anterior nos conduce al análisis de otra de las modalidades del
proceso de anclaje, el Anclaje como enraizamiento en el sistema de pensamiento,
que alude al hecho de que así como no surgen de la nada, las representaciones
tampoco se inscriben en una tabula rasa, por el contrario, lo hacen sobre la base del
sistema de pensamientos preexistente. La relación que se establece entre la
novedad y el sistema de representaciones preexistentes, da a las representaciones
un carácter dual, puesto que son tanto innovadoras como rígidas. Por un lado la
incorporación social de la novedad es estimulada por el carácter creador y autónomo
de la representación social que propicia el anclaje de la nueva representación en lo
real y por otro, los sistemas de representación preexistentes resisten la novedad en
un interjuego que transforma la nueva representación a la vez que son
transformados. Así, por ejemplo “cuando se compara el psicoanálisis con la
confesión, ... , se deforma el psicoanálisis para integrarlo dentro de un universo
conocido de referencia, y no obstante, la confesión también sufre una modificación
semejante” (Jodelet, 1988). Al integrar la novedad a sus sistemas habituales de
representación, los sujetos cambian sus marcos de representación de la realidad,
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cambiando, a su vez, los contenidos de sus experiencias y percepciones. De este


modo el cambio cultural incide sobre los modelos de pensamiento y de conducta,
modificando profundamente las experiencias mediadas por las nuevas
representaciones.
Por otro lado la “familiarización de lo extraño”, junto al anclaje, hará que
perduren los antiguos marcos de referencia, integrándolo en lo ya conocido,
nombrándolo, clasificándolo, categorizándolo con las palabras de nuestro lenguaje
habitual, puesto que comprender algo nuevo es hacerlo propio y explicarlo desde lo
familiar. Pero, como dice Jodelet, “nombrar, comparar, asimilar o clasificar supone
un juicio que revela algo de la teoría que uno se hace del objeto clasificado. En la
base de toda categorización, un sustrato representativo sirve de presuposición”.
Integrar en lo ya conocido es un tipo de clasificación que no resulta neutra, dado que
ofrece una matriz icónica de referencia en relación a la cual la novedad es valorada
positiva o negativamente, presuponiendo, a su vez, una base de representación
compartida socialmente respecto de lo que debe o no incluirse en una cierta clase o
categoría. Pero los prototipos que orientan las clasificaciones no sólo sirven para
clasificar, sino que además corresponden a expectativas y coacciones que orientan
los comportamientos adoptados. Así, el anclaje garantiza la relación entre la función
cognitiva y la función social de las representaciones.
Por otro lado, como comprender es también explicar, y la búsqueda de
causalidad es una manera de representarse la novedad socialmente privilegiada,
Mosovici (1982, 1983) mostró que dentro de la manera de pensar la realidad
cotidiana conviven dos tipos de causalidad: a) la causalidad por atribución de una
causa a un efecto, al igual que en el procedimiento científico y b) la causalidad por
imputación, que busca las intenciones que hay detrás de los actos. Cuando un acto
no concuerda con las representaciones de quien lo observa, el observador suele
buscar la intención, y el anclaje servirá para encontrar su sentido, definiendo la
categoría a la que pertenece. Es común que se produzca un deslizamiento de un
tipo de causalidad al otro y una transformación de la intención en causa y viceversa.

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