Aquí está una historia de dos páginas que he
generado para ti. Espero que te guste.
La historia se llama “El último vuelo”.
El último vuelo
Carlos siempre había soñado con volar. Desde
niño, se imaginaba surcando los cielos en un
avión, sintiendo la libertad y la emoción de estar
entre las nubes. Por eso, cuando cumplió 18
años, se inscribió en una escuela de aviación,
dispuesto a cumplir su sueño.
Después de varios meses de estudio y práctica,
Carlos obtuvo su licencia de piloto privado.
Estaba feliz y orgulloso de haber logrado su
meta. Ahora podía alquilar un avión y volar a
donde quisiera, siempre que respetara las
normas y los límites de su categoría.
Un día, Carlos decidió hacer un vuelo especial.
Quería ir a visitar a su novia, que vivía en otra
ciudad, a unos 200 kilómetros de distancia. Era
una sorpresa que le había preparado para su
aniversario. Carlos reservó un avión monomotor
en el aeroclub y revisó el plan de vuelo con su
instructor. Todo estaba listo para partir.
Carlos llegó al aeropuerto con una hora de
anticipación. Revisó el avión, cargó el
combustible y el equipaje, y se puso el casco y el
chaleco salvavidas. Luego, se comunicó con la
torre de control para solicitar el permiso de
despegue. La torre le dio la autorización y le
indicó la pista asignada.
Carlos arrancó el motor y rodó hasta la cabecera
de la pista. Alineó el avión con la dirección del
viento y aceleró a fondo. El avión empezó a ganar
velocidad y pronto levantó el morro. Carlos sintió
una oleada de adrenalina al despegar. Estaba
volando.
Carlos siguió las instrucciones de la torre para
salir del espacio aéreo controlado. Luego, ajustó
el rumbo y la altitud según su plan de vuelo. El día
estaba despejado y se veía el horizonte. Carlos
disfrutaba del paisaje y de la sensación de volar.
Todo iba bien hasta que, a mitad de camino,
Carlos notó que el motor empezaba a fallar. El
sonido se hacía irregular y las revoluciones
bajaban. Carlos miró el panel de instrumentos y
vio que la presión de aceite estaba baja y la
temperatura alta. Algo andaba mal.
Carlos entró en pánico. No sabía qué hacer.
Recordó las lecciones de emergencia que había
recibido, pero no se sentía capaz de aplicarlas.
Intentó comunicarse con la torre más cercana,
pero no obtuvo respuesta. Estaba solo.
Carlos miró por la ventana y vio que el humo salía
del motor. El avión perdía altura y velocidad.
Carlos buscó un lugar donde aterrizar, pero solo
veía campos y montañas. No había ninguna pista
ni carretera cerca.
Carlos se dio cuenta de que estaba en grave
peligro. Pensó en su novia, en su familia, en sus
amigos. Pensó en todo lo que había vivido y en
todo lo que le quedaba por vivir. Se arrepintió de
haber hecho ese vuelo sin avisar a nadie. Se
arrepintió de no haber sido más prudente.
Carlos trató de mantener la calma y el control del
avión. Sabía que tenía que intentar un aterrizaje
forzoso, aunque fuera muy arriesgado. Buscó un
campo lo más plano posible y se dirigió hacia él.
Carlos redujo la velocidad y bajó el tren de
aterrizaje. Intentó alinear el avión con el campo y
mantenerlo nivelado. El campo se acercaba cada
vez más.
Carlos rezó una oración y cerró los ojos.
El avión tocó el suelo con un golpe seco y rebotó
varias veces. Carlos sintió el impacto en todo su
cuerpo y escuchó el crujir del metal. El avión se
arrastró por el campo hasta que se detuvo.
Carlos abrió los ojos y vio que estaba vivo.
Estaba her