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Constitucional - Bolilla 1

Este documento define el derecho constitucional y describe sus tres dimensiones principales: el orden de conductas o dimensión sociológica, el orden de normas o dimensión normativa, y el orden de valor o dimensión dikelógica. También distingue entre el derecho constitucional formal dado por la constitución escrita y el derecho constitucional material o vigente de un estado. Finalmente, señala que el estudio del derecho constitucional puede admitir ciertos principios fundamentales específicos de esta rama del derecho.

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Constitucional - Bolilla 1

Este documento define el derecho constitucional y describe sus tres dimensiones principales: el orden de conductas o dimensión sociológica, el orden de normas o dimensión normativa, y el orden de valor o dimensión dikelógica. También distingue entre el derecho constitucional formal dado por la constitución escrita y el derecho constitucional material o vigente de un estado. Finalmente, señala que el estudio del derecho constitucional puede admitir ciertos principios fundamentales específicos de esta rama del derecho.

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DERECHO CONSTITUCIONAL

BOLILLA I
DERECHO CONSTITUCIONAL: DEFINICIÓN
Es la rama del Derecho Pú blico interno que estudia las normas de jerarquía
suprema que fundan el Estado, organizan su gobierno, reconocen u otorgan los
derechos fundamentales de los hombres, y aseguran el pleno goce y ejercicio de los
mismos.

 Rama: El Derecho como ciencia jurídica se divide en ramas para facilitar su


estudio y comprensió n.
 Derecho Público: Al menos una de las partes es el Estado.
 Interno: Regula a los ciudadanos de la Nació n argentina.
 Normas de jerarquía superior: Primera parte de la Constitució n. Está n
por encima de todas las demá s leyes.
 Funda el Estado: Lo crea.
 Organiza el gobierno: En la segunda parte de la Constitució n se establece
sus componentes y se determina las atribuciones de cada poder.
 Derechos fundamentales: No todos los derechos está n en la Constitució n,
sino só lo aquellos que hacen a la existencia misma del hombre. Ello nos
remite a las fuentes: Otras leyes que la completan (por ejemplo, Có digo
Nacional Electoral); La jurisprudencia, a través de los leading cases,
especialmente los de la Corte Suprema de Justicia. Adquieren trascendencia
cuando la Corte falla por primera vez respecto a determinados hechos o
cuando falla de manera diametralmente opuesta a un fallo anterior.

CONTENIDO
El derecho constitucional puede estudiarse, segú n Bidart Campos, desde una triple
dimensió n:
1. El orden de conductas, o dimensión sociológica
El orden de las conductas nos presenta comportamientos humanos. Conducta
es algo que hacemos los hombres. Esta conducta lleva a cabo un reparto. Un
reparto es, una adjudicació n o distribució n. Se adjudica potencia e impotencia:
 Potencia es, en una aproximació n sumamente simplificada, todo lo que
significa beneficio o ventaja.
 Impotencia es lo contrario: todo lo que significa una carga o un perjuicio.
Por ejemplo: Cuando el legislador impone una contribució n, realiza un reparto;
o sea cumple una conducta de reparto. En ese reparto adjudica a los
contribuyentes la impotencia de pagar el impuesto, y al fisco, la potencia de
recaudarlo.
Las conductas de reparto constituyen la realidad fundamental del mundo
jurídico, dentro del cual integran un orden: el orden (o dimensió n) socioló gico.
Las conductas que interesan a la dimensió n socioló gica del derecho
constitucional son las conductas (justas o injustas), que se consideran modelos
para ser imitadas o repetidas en casos aná logos futuros, o que tiene aptitud
para ello. El ser modelo implica que se la reputa ejemplar para obtener
seguimiento en situaciones similares.
De esta manera, podemos elaborar las siguientes precisiones:

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 1


DERECHO CONSTITUCIONAL

 Las conductas que no alcanzan a cobrar ejemplaridad, no forman parte


del orden de conductas, pero sí de la realidad constitucional.
 Las conductas ejemplares tienen vigencia socioló gica. Se generalizan con
aptitud para servir de modelo y para reiterarse en otros casos similares.
La vigencia socioló gica es equivalente a derecho vigente;
 El orden de conductas ejemplares tiene también naturaleza temporal.
Ello quiere decir que aquí y ahora funciona, en tiempo presente y actual;
 Derecho positivo equivale a derecho vigente;
 Si derecho constitucional positivo es igual a derecho constitucional
vigente socioló gicamente, el derecho constitucional positivo y vigente es
lo que llamamos la constitució n material o real, es decir, la que funciona
y se aplica actualmente, en presente.
2. El orden de normas, o dimensión normativa o normológica
El orden normativo se compone de normas. La norma es la captació n ló gica de
un reparto por parte de un tercero neutral. La norma describe conductas, y es
un ente ló gico.
Pueden estar formuladas expresamente o no. La formulació n expresa má s
difundida es la escritura, pudiendo no obstante existir normas formuladas
expresamente sin estar escritas
Hay también normas no escritas o no formuladas expresamente, llamadas
consuetudinarias.
3. El orden del valor, o dimensión dikelógica
Finalmente, tenemos el orden del valor. El valor má s importante y excelso en el
mundo jurídico es la justicia.
El valor es objetivo y trascendente, porque no es creado ni inventado por los
hombres, sino ú nicamente descubierto y conocido por los hombres. Por este
cará cter direccional y relacional hacia el hombre, el valor vale o es valor para el
hombre, el hombre realiza o puede realizar el valor temporalmente.
El valor no es autoejecutorio, ni lleva a cabo repartos, ni distribuye nada a
nadie. El valor señ ala desde su deber-ser-ideal. El valor vale por sí mismo y por
sí solo, y vale aunque no se realice con signo positivo en el mundo jurídico.
El deber ser ideal o puro del valor justicia es un deber ser dikeló gico (porque
dikelogía es la ciencia de la justicia).
A su vez, los valores tienen su contravalor o su disvalor.
Los valores jurídicos son, a la vez, en el campo del derecho constitucional,
valores políticos, porque guardan relació n con el Estado, con la politicidad, con
la organizació n política que llamamos Estado.
Los valores jurídicos no son el techo ú ltimo. Aunque lo sean en el mundo
jurídico, ellos deben propender a un valor ético que es má s elevado todavía que
la misma justicia, y es el valor personalidad propio de todo ser humano o de la
persona humana, a cuyo desarrollo y crecimiento en plenitud se enderezan el
derecho y la política.
El valor personalidad sirve de orientació n y de base al Estado democrá tico, que
respeta y promueve la dignidad del hombre.
El valor no es histó rico, pero sí es histó rico su ingreso a una comunidad. La base
o el sustrato en que el valor se apoya y toma encarnadura histó rica es la
conducta humana y, de alguna manera, también el conjunto cultural de ideas,
creencias, representaciones y valoraciones sociales.

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 2


DERECHO CONSTITUCIONAL

Cuando las conductas realizan el valor con signo positivo, decimos que en el
mundo jurídico se fenomeniza una manifestació n, que es la realizació n actual
de la justicia. Cuando el valor no se realiza con signo positivo, hay una injusticia.
Tal injusticia engendra un deber de actuar para suprimirla, no bien alguien está
en condiciones de obrar para que esa injusticia desaparezca.
Esto demuestra que el valor penetra al á mbito del mundo jurídico o derecho
positivo, y que no queda sin contacto con él. Ademá s, con el mismo valor
valoramos como justas o injustas a las conductas y a las normas que forman los
otros dos sectores del mundo jurídico, y que se convierten en el material
estimativo del valor.
En otro orden de ideas, el contenido del derecho constitucional puede ser má s
estrecho o má s amplio segú n la perspectiva que se adopta:
 El derecho constitucional formal está dado por la constitució n escrita o
codificada, y en los estados en los que ella no existe, por las normas
constitucionales dispersas que tienen fomulació n también escrita.
Características:
 La constitució n es una ley.
 Por ser ley suprema, se la considera como una superley.
 Esa ley es escrita.
 La formulació n escrita está codificada, cerrada, o reunida en un texto
ú nico y sistematizado.
 Por su origen, se diferencia de las leyes ordinarias o comunes en
cuanto es producto de un poder constituyente que, también
formalmente, aparece elaborá ndola.
 El derecho constitucional material o real, por su parte, trata la
dimensió n socioló gica, es decir, respecto de la vigencia no só lo del texto
constitucional sino de otras fuentes. Es la constitució n vigente y eficaz de un
Estado, “aquí y ahora” en tiempo presente.
La constitució n material puede coincidir o no con la constitució n formal. Ello
acontece cuando la constitució n formal tiene (o no) vigencia socioló gica, es decir,
que funciona, y se aplica.
Una constitució n formal o parte de ella puede no tener vigencia actual porque la
tuvo y la perdió ; o puede no haberla adquirido nunca (por violació n o por desuso).
Cuando la constitució n formal, en todo o en parte, no tiene vigencia, hay siempre
una constitució n material vigente que es la constitució n real que funciona y se
aplica.
Todo estado tiene su constitució n material, porque está “constituido” u organizado
de una manera determinada. En los estados que carecen de constitució n formal,
hay por ello, siempre y necesariamente, una constitució n material.
Dichos estados pueden tener:
 Un conjunto de leyes de contenido constitucional que, por no estar
codificadas o reunidas, se llaman, pese a estar escritas: “constitució n no
escrita”.
 Simultá neamente con esa constitució n dispersa, un orden de conductas
ejemplares, descriptas y captadas ló gicamente como normas no escritas
(derecho no escrito o consuetudinario).
 O exclusivamente un orden de conductas de reparto ejemplares, descriptas
y captadas ló gicamente como normas no escritas.

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DERECHO CONSTITUCIONAL

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
Para Ekmekdjian y Sagü és, el estudio del derecho constitucional puede admitir la
validez de ciertos principios generales. Estos principios son específicos del derecho
constitucional.
Estos principios o axiomas pueden o no estar expresados en el texto de la
Constitució n, pero tal circunstancia no cambia la vigencia de ellos si ésta se
desprende implícitamente de las propias normas constitucionales o bien de
determinadas valoraciones efectuadas por la sociedad.
 Axioma de fundamentalidad: La Constitució n contiene las normas
esenciales que determinan có mo debe ser la estructura del Estado. En otras
palabras, establece quiénes ejercen el poder, có mo se dividen las
competencias que emanan de éste y cuá les son las relaciones entre los
“detentadores del poder” entre sí y de éstos con los “destinatarios del
poder”.
 Axioma de la supremacía: Las normas que integran la constitució n formal
tienen jerarquía superior a las de las restantes normas que integran el
orden jurídico positivo del Estado. Ello fundamenta el ejercicio del poder
constituyente, el cará cter rígido de las normas constitucionales y del control
de constitucionalidad.
 Axioma de garantización del espacio de la libertad: El objetivo de la
Constitució n es el de proteger el espacio de libertad frente a los
permanentes embates del poder que trata permanentemente de reducirlo.
De este principio derivan los siguientes teoremas:
 Teorema de la división de atribuciones: También conocido
como la divisió n de poderes, lo que se pretende es evitar que el
poder se concentre en una misma mano, lo que implica el peligro
cierto de su expansió n a costa de la reducció n del espacio de
libertad.
 Teorema de la especificidad de competencias de los órganos:
Es decir que éstos está n autorizados para ejercer só lo aquellas
atribuciones que les han sido conferidas expresamente por las
normas.
 Teorema de la indelegabilidad de las competencias: Consiste
en que las competencias atribuidas a un ó rgano por la
Constitució n no pueden ser delegadas por éste en otro ó rgano.
 Teorema de la responsabilidad: Todo funcionario pú blico es
plenamente responsable civil, penal, administrativa e incluso
políticamente, de las consecuencias de los actos en los cuales
participa.
 Teorema del control: Es necesario que cada ó rgano que ejerce
una porció n de poder esté habilitado para controlar la actividad
de los demá s y ser –al mismo tiempo– controlado por éstos. Esto
se conoce en doctrina como los checks and balances, o sea, el
sistema de frenos y contrapesos.
Esto es la esencia del sistema republicano, ya que significa que
para la realizació n de los actos má s importantes del Estado es
necesaria la conjunció n de distintas voluntades políticas y
ademá s el control recíproco de los ó rganos que ejercen el poder.

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DERECHO CONSTITUCIONAL

 Axioma de la soberanía del pueblo: Consiste en la afirmació n a priori de


que el pueblo, es decir, el conjunto de ciudadanos, es el que ejerce el poder,
no en forma directa, sino por medio de sus representantes.
 Teorema de la verificación permanente de la voluntad
política de la ciudadanía: La delegació n del poder que el pueblo
efectú a en sus representantes siempre es provisoria y sujeta a
permanente revalidació n ante el cuerpo electoral.
 Teorema del modelo del Estado social de derecho: Toda
constitució n tiene como condició n necesaria, para ser
considerada tal, el respecto a los principios republicanos,
democrá ticos y de justicia social. Esto implica a contrario sensu
que aquellas constituciones que no respeten estos contenidos
tienen ilegitimidad axioló gica.
 Axioma de totalidad: Este principio significa que la Constitució n y el
derecho constitucional, abarcan un panorama jurídico completo de todas las
cuestiones atinentes a la sociedad política.
En efecto, a diferencia de otras ramas del derecho que regulan sectores
parcializados de la vida social, el derecho constitucional tiene la pretensió n
de englobar todos los aspectos jurídicos y políticos fundamentales del
funcionamiento del Estado.
 Axioma de perdurabilidad: Las normas constitucionales tiene vocació n de
futuridad o permanencia. Es decir, tienen por objeto regular el modelo de
país, no só lo para la generació n que las ha sancionado, sino para las
siguientes.
Este principio pretende evitar las reformas imprevistas a las normas
esenciales del Estado, sin la necesaria mediació n y discusió n, so pretexto de
situaciones de “emergencia” que se traducen en la ampliació n del espacio de
poder y la correlativa disminució n del de la libertad.
Es por ello que, generalmente, la reforma de las normas constitucionales
tiene un procedimiento distinto respecto de las ordinarias, agravado con
mayores requisitos.
También es consecuencia de ello que la textura de las normas
constitucionales sea má s abierta, má s genérica que las ordinarias, para
permitir su adaptació n a los cambios que puedan producirse a causa de
nuevas situaciones no previstas por los constituyentes.
 Teorema de generalidad de las normas constitucionales: Las
normas constitucionales deben ser lo suficientemente amplias
que permitan adaptarlas para resolver las nuevas situaciones que
se presenten. “Se trata de normas destinadas a perdurar
regulando la evolució n de la vida nacional, a la que han de
acompañ ar en la discreta y razonable interpretació n de la
intenció n de sus creadores” (CSJN). Por ello se sostiene que es
técnicamente incorrecto incluir normas coyunturales.
 Teorema de funcionalidad: La Constitució n debe ser un
instrumento eficaz para permitir el funcionamiento del Estado y
la obtenció n de los objetivos fundamentales de éste.
 Teorema de adaptabilidad: La interpretació n de la Constitució n
debe permitir que sus normas se adapten a las nuevas situaciones
que se presenten, a los nuevos requerimientos de la sociedad.

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DERECHO CONSTITUCIONAL

Esto implica que cuando una norma infraconstitucional presenta


varias alternativas, se debe elegir una que encaje en la norma
constitucional. Se puede declarar la inconstitucionalidad de
aquélla cuando todas las opciones que brinda sean
inconstitucionales.

RELACIONES DEL DERECHOS CONSTITUCIONAL CON OTRAS DISCIPLINAS


El derecho es un orden jurídico, y es el derecho constitucional el que determina ese
orden, por lo que se lo considera un derecho vertebral, y de ubicació n central.
Desde ese lugar, realiza la síntesis de los principios sobre los que se basa todo el
ordenamiento jurídico estatal. Las demá s ramas del derecho se subordinan a él por
tratarse de la ley suprema.
Las relaciones má s importantes del derecho constitucional son con el derecho
pú blico, entre cuyas ramas se encuentra el derecho político, con el cual se relaciona
en forma relevante, considerando que éste ú ltimo es el conocimiento del Estado a
través del sistema normativo que constituye su esencia.
También se relaciona con el derecho administrativo, al cual le proporciona los
principios fundamentales para el manejo y cuidado de los recursos y fondos
pú blicos, así como para la organizació n, desarrollo y mantenimiento en la
prestació n de los servicios pú blicos. En otras palabras, la fuente de donde emanan
las normas principales que rigen la actividad de la administració n pú blica, se
encuentran en el derecho constitucional.
Asimismo, son constantes las relaciones entre el derecho constitucional y el
derecho penal, en razó n de que éste ú ltimo encuentra en aquél los principios
bá sicos que rigen la acció n punitiva del Estado, así como también señ ala los
lineamientos generales para la readaptació n y reinserció n social del delincuente.
Finalmente, se evidencia constantemente su relació n con el derecho procesal, ya
que todos los derechos inherentes a las personas, cuya vulneració n y posterior
reclamo por la víctima provoca la acció n de la justicia, está n precisamente inscritos
dentro de los aspectos objeto de estudio del derecho constitucional, el cual ademá s
establece las líneas directrices que se deben seguir para lograr el resguardo y
efectiva protecció n de los derechos fundamentales.

FUENTES
Bidart Campos realiza la siguiente distinció n en cuanto a las fuentes del derecho
constitucional:
1. Fuentes formales: Son las provenientes del orden normativo.
a. Normas codificadas en el texto de 1853-1860 con sus reformas de
1866, 1898, 1957 y 1994;
b. Normas escritas que se hayan fuera del texto codificado, como lo
son las leyes dictadas por el Congreso (ordinarias en cuanto a origen
y forma) que regulan materia constitucional; Por ejemplo: La ley de
acefalía, la de ministerios, la de partidos políticos, la electoral, la de
amparo, la de expropiació n, la de ciudadanía, etc.
La reforma de 1994, que ha dado a la constitució n una textura muy
abierta, derivó expresamente al Congreso la competencia para dictar
numerosas leyes de complementació n, determinació n o
reglamentació n de normas constitucionales.

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DERECHO CONSTITUCIONAL

c. Tratados internacionales, algunos con jerarquía igual a la de la


Constitució n, y otras solamente superiores a las leyes. Por ejemplo,
los que enumera el art. 75 inc. 22 de la Constitució n; el Acuerdo o
concordato con la Santa Sede de 1966; la Convenció n de Viena sobre
el derecho de los tratados; etc.
2. Fuentes materiales: Por fuentes del derecho constitucional material se
alude a todo canal o carril por el cual ingresa y se incorpora —o emigra—
un contenido en la constitució n material; todo cuanto en ella encontramos
proviene de una fuente que engendra un derecho vigente en la dimensió n
socioló gica (no una norma sin aplicació n ni eficacia).
a. Derecho consuetudinario: La costumbre, para ser fuente de
derecho, debe reunir ciertos requisitos:
 muchos casos aná logos;
 repetició n o frecuencia de conductas aná logas en casos
similares durante mucho tiempo;
 el animus o convicció n de su obligatoriedad.
La costumbre puede ser enfocada desde un triple á ngulo: secundum
legem, praeter legem, y contra legem.
La primera se da cuando la norma escrita remite a ella; la segunda,
cuando la costumbre viene a cubrir o completar la insuficiencia o
inexistencia de normas escritas; la tercera, cuando la costumbre es
violatoria de la norma escrita.
En síntesis, podemos decir que el derecho consuetudinario puede
tener un doble funcionamiento:
 Sin oponerse a la Constitució n;
 Contrariando a la Constitució n: La ejemplaridad de las
conductas infractorias, al adquirir vigencia socioló gica, priva
de vigencia socioló gica a la constitució n escrita en la parte
violada.
Para Bidart Campos, el derecho consuetudinario puede crear
derecho constitucional material en oposició n al formal, destituyendo
a este ú ltimo de vigencia socioló gica, pero sin validez.
Un ejemplo de ello es: Hasta la reforma de 1994, no la tuvo la que
exigía permiso del Congreso para que el presidente de la Repú blica
saliera de la capital federal (esta norma se eliminó del texto en
1994). Así vemos como por uso contrario o por desuso, normas de la
constitució n escrita no tuvieron o no tienen vigencia socioló gica.
b. Derecho espontáneo, que surge rá pidamente de conductas que
quedan propuestas como modelo para ser imitadas por otras
similares en casos aná logos y en poco tiempo; la diferencia con el
derecho consuetudinario radica en el lapso que se requiere para
crear el producto: el derecho consuetudinario necesita largo tiempo
y muchas conductas similares; el derecho espontá neo no, y ello
porque siempre hay una interconexió n con el poder que acelera el
surgimiento del producto.
c. Derecho judicial o jurisprudencia: La conducta de reparto
cumplida al sentenciar una causa puede actuar como modelo,
provocar seguimiento, ejemplarizarse, y servir de precedente para
resolver en el futuro casos semejantes en igual sentido. Con ello, la

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DERECHO CONSTITUCIONAL

sentencia se proyecta má s allá del caso y se generaliza


espontá neamente por imitació n. En este sentido, tienen especial
importancia las sentencias dictadas por la Corte Suprema de Justicia.
Por ejemplo: La creació n del amparo desde 1957 hasta la legislació n
de 1966 y 1967.
d. Derecho internacional consuetudinario: También llamado
derecho de gentes, que a veces da origen, después, a su formulació n
por escrito en tratados internacionales.
3. Fuentes históricas:
a. Fuentes doctrinarias o ideológicas: Generalmente se refieren a
casos sin jurisprudencia elaborados por juristas de derecho
constitucional. En determinados casos puede darse una
interpretació n de la norma distinta al caso jurisprudencial.
b. Fuentes normativas: Son los textos y las normas previos a 1853-
1860 que sirvieron de inspiració n y antecedente al articulado de la
constitució n.
c. Fuentes instrumentales: Apuntan al proceso político-jurídico que
condujo al establecimiento de la constitució n, y que dan noticia de
có mo, por qué, y cuá ndo, se incorporan a ella sus contenidos
fundamentales.

MÉTODOS DE INTERPRETACIÓN
Interpretar significa buscar el verdadero sentido y alcance de la norma, es decir
que busca desentrañ ar el sentido de la descripció n efectuada por el autor de la
norma. Ello supone dos cosas: En primer lugar, que el intérprete retrocede
mentalmente al momento de creació n de la norma, y a la voluntad creadora en
igual momento; y en un segundo momento, que el intérprete confronta el sentido
que a la norma le asigna la comunidad actual con el sentido que la atribuyó el autor
al crearla.
Por otro lado, Bidart Campos realiza un distinció n de acuerdo a la perspectiva con
que se aborda la interpretació n:
 La interpretación “de” la constitución toma en cuenta las normas de la
constitució n formal; diríamos que las interpreta en sí mismas, y en su plano.
 La interpretación “desde” la constitución desciende hacia el plano
infraconstitucional. Empieza valiéndose de la interpretació n “de” la
constitució n y, una vez que la ha efectuado, la proyecta a las normas
inferiores a la constitució n y la utiliza para interpretar, “desde” la
constitució n, todo el resto del orden jurídico derivado.
La interpretació n constitucional significa la interpretació n de las normas que
componen la constitució n formal, así como de las normas que, fuera de ella, tienen
naturaleza o contenido constitucional. La interpretació n busca desentrañ ar el
sentido de la descripció n efectuada por el autor de la norma; ello supone que el
intérprete retrocede mentalmente al momento de creació n de la norma, y a la
voluntad creadora en igual momento y que el intérprete confronta el sentido que a
la norma le asigna la comunidad actual con el sentido que le atribuyó el autor.

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 8


DERECHO CONSTITUCIONAL

CLASIFICACIÓN
1. Literal: Procura conocer el sentido lingü ístico de las palabras que la norma
emplea. Es decir, deducir de las palabras mismas, de su lugar en la frase y de
la sintaxis, el sentido exacto del artículo de que se trata.
2. Histórica: Intenta desentrañ ar la voluntad histó rica del autor de la norma,
a fin de descubrir que fue lo que quiso decir. La Constitució n debe
interpretarse tomando en cuenta el fin querido por su autor al proponerlo y
describirlo. Y no só lo el fin que podemos rastrear en la ideología y los
principios vertebrales de la constitució n, sino el particular que cada norma
señ ala.
Puede ocurrir que la norma no refleje bien esa voluntad, y que el intérprete se
encuentre con una divergencia entre lo que quiso formular el autor de la norma, y
lo que realmente formuló . Tal discrepancia nos conduce a hablar de norma infiel;
la infidelidad radica en que la descripció n que la norma hace, no coincide con la
voluntad del autor. Al contrario, la norma es fiel si describe con acierto esa
voluntad.
En caso de discrepancia, el intérprete debe preferir la voluntad real e histó rica del
autor, a la formulació n hecha en la norma; o sea, ha de prevalecer la interpretació n
histó rica sobre la literal.
La Corte Suprema, en su fallo “Gobierno Nacional vs. Provincia de Bs. As.” (1963)
parece inclinarse una interpretació n histó rica, ya que sostuvo que “se trata de
normas destinadas a perdurar regulando la evolució n de la vida nacional, a la que
han de acompañ ar en la discreta y razonable interpretació n de la intenció n de sus
creadores”.
3. Dinámica: Considera que la ley, como manifestació n de la vida humana,
está sujeta a una constante evolució n por obra de la interpretació n de sus
contenidos de la manera má s razonable y conveniente para satisfacer las
necesidades sociales.
Así, sin descartar la voluntad histó rica del autor, busca con criterio finalista
un sentido actualizado para cada momento y circunstancia.
La Constitució n lleva en sí una pretensió n de futuro y de continuidad. Lanzada
hacia el porvenir, es menester interpretarla e integrarla histó ricamente, de modo
progresivo. Interpretar la voluntad del autor como inmutable y detenida en la
época originaria de la constitució n es atentar contra la propia voluntad de futuro y
de perduració n con que el autor la ha plasmado.
La CSJN también rescata este modelo interpretativo en el fallo “Peralta, Luis y otros
vs. Estado Nacional s/amparo” (1990), afirmando que “su interpretació n auténtica
no puede olvidar los antecedentes que hicieron de ella una creació n viva,
impregnada de la realidad argentina, a fin de que dentro de su plasticidad y
generalidad que le impide envejecer con el cambio de ideas, crecimiento o
redistribució n de intereses, siga siendo el instrumento de la ordenació n política de
la Nació n (…); la realidad viviente de cada época perfecciona el espíritu
permanente de las instituciones de cada país o descubre nuevos aspectos no
contemplados con anterioridad (…); las leyes no pueden ser interpretadas só lo
histó ricamente, sin consideració n a las nuevas condiciones”.
Por otro lado, en cuanto a la extensió n de la interpretació n, podemos dividirlas en:
1. Restrictiva: Si la norma dice má s de lo que quiso describir la voluntad de su
autor, la interpretació n ha de achicar o encoger la norma, para ajustarla a la
voluntad del autor.

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DERECHO CONSTITUCIONAL

2. Extensiva: Si la norma dice menos de lo que quiso describir la voluntad de


su autor, la interpretació n ha de ensanchar la norma.
La Corte Suprema tiene dicho que “por encima de lo que las leyes parecen decir
literalmente, es propio de la interpretació n indagar lo que ellas dicen
jurídicamente y que en esta indagació n no cabe prescindir de las palabras de la ley,
pero tampoco atenerse rigurosamente a ellas cuando la interpretació n razonable y
sistemá tica así lo requiriere”. También afirmó , que “la primera regla de
interpretació n de las leyes es dar pleno efecto a la intenció n del legislador,
computando la totalidad de sus preceptos de manera que armonicen con el
ordenamiento jurídico restante y con los principios y garantías de la Constitució n”.

REGLAS DE INTERPRETACIÓN SEGÚN LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


1. Téngase en cuenta que se tiene en mira la interpretación de una
Constitución: Esta regla denota un cará cter extraordinario. Por tal motivo la
interpretació n debe ser cuidadosa, ya que no es una ley ordinaria, sino una ley
fundamental, y como tal, es el basamento de todo el ordenamiento jurídico.
Esta ley suprema no tiene referencia superior a ella misma, sino que da
fundamento a las demá s.
2. La Constitución está escrita en términos usuales o comunes: La
Constitució n está escrita para el hombre comú n, es decir, para que pueda ser
comprendida por todos los habitantes de la nació n. Deben interpretarse los
términos en el sentido usual de las palabras, que podrá coincidir o no con el
sentido técnico.
3. La Constitución no contiene términos superfluos: La Constitució n no
contiene disposiciones que no cumplan o desempeñ en una funció n. Nada está
escrito de má s, y cada palabra de su texto tiene su razó n de estar. Por ello, todo
su contenido es interpretable.
4. La Constitución debe interpretarse como un todo armónico: Esta regla
denota su cará cter unitario. Entre un artículo de su texto que armonice y otro
que contradiga, debe estarse a lo primero. El intérprete de la Constitució n debe
comprender que esta contiene un conjunto de normas que han de ser
correlacionadas o coordinadas entre sí.
Las normas de la Constitució n no pueden interpretarse en forma aislada,
desconectá ndolas del todo que componen. La interpretació n debe hacerse, al
contrario, integrando las normas en la unidad sistemá tica de la constitució n,
relacioná ndolas, compará ndolas, coordiná ndolas y armonizá ndolas, de forma
tal que haya congruencia y compatibilidad entre ellas.
5. Las excepciones o privilegios establecidos en la Constitución deben
interpretarse con criterio restrictivo: Es decir, que ante una situació n
concreta, para determinar si la excepció n o privilegio está comprendida, se
limita la interpretació n a lo necesario segú n el caso y no a una interpretació n
amplia o extensiva. Estos privilegios no son personales, sino só lo se los tiene en
el ejercicio de la funció n pú blica.
6. Constitucionalidad de los actos públicos: Todo acto pú blico (proveniente de
cualquiera de los tres poderes) se presumen iuris tantum constitucionales
hasta ser declarados inconstitucionales, a través del control de
constitucionalidad.
Existe una presunció n de validez y constitucionalidad de los actos emanados de
los ó rganos de poder. Esto da origen a la teoría de la ejecutoriedad del acto

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DERECHO CONSTITUCIONAL

administrativo, y en materia de control de constitucionalidad al principio de


que la inconstitucionalidad só lo debe declararse cuando resulta imposible
hacer compatible una norma o un acto estatales con las normas de la
Constitució n. Por eso, antes de declarar la inconstitucionalidad hay que hacer el
esfuerzo de procurar la interpretació n que concilie aquellas normas o actos
estatales con la constitució n.
El derecho judicial de la Corte dice que la declaració n de inconstitucionalidad
es una última ratio del orden jurídico, o sea, un recurso o remedio extremo, que
debe usarse con suma cautela.
7. La Constitución debe interpretarse con una finalidad teleológica: Esto
quiere decir, que debe interpretarse en mira de los objetivos tanto de la
Constitució n en su conjunto como de alguno de sus dispositivos específicos.
Asimismo, la Constitució n debe interpretarse tomando en cuenta el fin querido
por su autor al proponerlo y describirlo, no solo el fin que podemos rastrear en
la ideología y en los principios vertebrales de la Constitució n, sino el particular
que cada norma señ ala. No hay que considerar solo el fin ú ltimo, sino también
el fin particular de cada norma, integrando ambos fines.
8. La interpretación debe ser dinámica y progresiva: Como ley fundamental, la
constitució n, tiene una pretensió n de permanencia y estabilidad. No existe,
como para las leyes comunes, un ó rgano permanente que la modifique o
complemente. El dinamismo de la vida social impone la necesidad de que la ley,
reguladora de las conductas humanas, se adecue a las variaciones que se
operan en ellas para evitar que la realidad desborde a la norma jurídica
conduciendo a un sistema jurídico nominal carente de vigencia.
Esa funció n del texto constitucional requiere que la interpretació n
constitucional no se limite a valorar las condiciones y necesidades existentes en
el momento en que fue sancionada la constitució n, sino también las existentes
en el momento en que ella es aplicada, sin apartarse de los fines genéricos que
motivaron su elaboració n.

INTEGRACIÓN
La integració n procede en los supuestos en que no hay norma. Para ello damos por
cierto que en el á rea de las fuentes formales encontramos vacíos, huecos o lagunas.
El orden de normas es lagunoso. Ello quiere decir que hay carencia de normas, y a
tal carencia la calificamos como histó rica, porque es el autor de las normas quien
omitió formular una o varias.
Decir que el orden de normas tiene vacíos o lagunas es ló gico en cuanto es
materialmente imposible cubrir la vida humana en su totalidad con normaciones, y
que la cantidad de normas positivas está sumamente restringida.
El intérprete debe, entonces, crear una norma con la cual salvar la omisió n de
norma y rellenar la laguna. Este proceso de elaboració n de normas que cubren el
orden normativo lagunoso se denomina integració n.
Los mecanismos de integració n son los siguientes:
 Cuando acudimos a soluciones del propio orden normativo existente –o sea
a la justicia formal– hablamos de autointegración. Ella se maneja con la
analogía y con la remisió n a los principios generales del mismo orden
normativo que debe integrarse;
 Cuando la solució n se encuentra fuera del propio orden normativo,
recurriendo a la justicia material –diríamos: al deber ser ideal del valor–

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 11


DERECHO CONSTITUCIONAL

hablamos de heterointegración. Ella prescinde del orden normativo y salta


a la justicia material.

CONSTITUCIONALISMO: CONCEPTO
El constitucionalismo es un concepto político que se ha definido como un complejo
de ideas, actitudes y pautas de comportamiento que establecen el principio de que,
la autoridad del gobierno deriva y está limitada por la parte principal de una ley
fundamental, llamada Constitució n.
También podemos definirlo como un movimiento intelectual e institucional, que
pone su acento en la vigencia prá ctica de la libertad del hombre a través de la
limitació n de los poderes pú blicos.

EVOLUCIÓN. LOS DERECHOS EN LA ETAPA DEL CONSTITUCIONALISMO


SOCIAL. LOS ROLES DEL ESTADO. PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD
1. La etapa inicial, o el constitucionalismo clásico aparece como consecuencia
de dos revoluciones, la francesa (1789) y la estadounidense (1776).
En la parte dogmá tica de la Constitució n se centraliza un nú cleo que coincide
con el de la democracia, al conferir instalació n a la persona humana de acuerdo
con su dignidad, su libertad y sus derechos.
La fisonomía de la constitució n que resuelve de ese modo el status personal del
ser humano en el estado, pone en intersecció n a la defensa y promoció n de sus
derechos y libertades con la limitació n del estado y del poder para seguridad de
las personas.
El constitucionalismo clá sico, surgido a fines del siglo XVIII con la
independencia de las colonias inglesas de Norteamérica y con la constitució n de
los Estados Unidos, tuvo el cará cter de una reacció n contra las formas de
organizació n política que fueron propias del absolutismo moná rquico, y colocó
como eje a la libertad y a los derechos civiles, es decir, a los derechos
individuales.
Se trata de una categoría que cobró naturaleza de derechos pú blicos subjetivos
del hombre frente o contra el Estado.
El sujeto pasivo era el Estado, y la obligació n fundamental que había de cumplir
para satisfacer aquellos derechos era la de omisió n: no debía violarlos, ni
impedir su goce, ni interferir en su ejercicio. Por eso se lo diseñ ó como un
estado abstencionista.
En esta etapa, nace el “Estado gendarme”, denominació n que refiere a que el
Estado debía asegurar y controlar el libre ejercicio de los derechos pú blicos,
respecto de los cuales no podía intervenir.
Paulatinamente, el horizonte se fue ampliando hasta considerar que también
los particulares son sujetos pasivos, junto con el Estado, obligados a respetar
los derechos del hombre. Ademá s, se añ adió la obligació n de omitir violaciones,
la de dar o de hacer algo en favor del titular de los derechos.

2. Producto de las transformaciones sociales y las valoraciones colectivas en


avance dieron después lugar a un segundo ciclo, que tiene inicio en el siglo XX,
y es el del constitucionalismo social.
El constitucionalismo social no hace amputaciones al constitucionalismo
clá sico, sino que lo completa y amplía, porque a los clá sicos derechos civiles o

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 12


DERECHO CONSTITUCIONAL

individuales les agrega los derechos sociales, que ahora se desglosan en


econó micos, sociales y culturales.
La igualdad formal ante la ley adiciona la igualdad real de oportunidades; los
derechos ya no van a quedar satisfechos solamente con el deber de abstenció n
u omisió n a cargo del sujeto pasivo, sino que muchos de ellos van a ser
derechos de prestació n, de crédito o de solidaridad, en reciprocidad con
obligaciones de dar y de hacer por parte del sujeto pasivo; y el estado no
limitará su papel frente a los derechos en el reconocimiento, el respeto y la
tutela, sino que deberá ademá s promoverlos, es decir, moverlos hacia adelante
para hacer posible su disponibilidad y su acceso a favor de todas las personas,
especialmente de las menos favorecidas.
Ello significa que ha de estimularlos, ha de depararles á mbito propicio, ha de
crear las condiciones de todo tipo para hacer accesible a todos su efectivo goce
y ejercicio. Es decir, se trata de facilitar su disfrute en la dimensió n socioló gica.
Por otra parte, el constitucionalismo social implicó ademá s de la inserció n de
los derechos sociales, la transformació n del rol del Estado en un Estado
intervencionista o “Estado de bienestar”, que ocupaba un papel transcendente
en la regulació n de la vida social. En ese sentido, el ente estatal debía equilibrar
a la població n, de manera de asegurar la igualdad de oportunidades entre los
ciudadanos.
Por su parte, la encíclica Mater et Magíster junto con la Rerum Novarum y la
Centesimus Annus, hablan de este principio: “Así como no es lícito quitar a los
individuos lo que ellos pueden realizar con sus propias fuerzas e industria para
confiarlo a la comunidad, es injusto reservar a una sociedad mayor lo que las
comunidades menores pueden hacer. Y esto es justamente un grave dañ o y un
trastorno del recto orden de la sociedad, porque el objeto natural de cualquiera
intervenció n de la sociedad misma es el de ayudar de manera supletoria a los
miembros del cuerpo social, y no el de destruirlos o absorberlos”.
En nuestro país, estos derechos se receptaron en el texto constitucional,
principalmente, en el art. 14 bis.
Para finales del siglo XX, se incorporan como una nueva generació n de
derechos los llamados “derechos de incidencia colectiva”, que tenía como
destinatarios a la comunidad y las generaciones futuras. Entre ellos se pueden
enumerar los derechos al medioambiente, a la paz, la cultura, etc.
Estos nuevos derechos acarrearon una nueva concepció n del rol del Estado
producto de la doctrina de la subsidiariedad: la acció n del Estado se reducía a
lo que la sociedad civil no puede alcanzar por sí misma.
Cerro delimita el rol del Estado de acuerdo a cuatro bases fundamentales:
favorecer a los grupos reconociéndoles en su acció n; estimular o promover a
los miembros de la sociedad para que hagan; coordinar las acciones en torno a
los fines del Estado; y completar cuando las sociedades intermedias resulten
ineficaces o estén impotentes de realizar su propia finalidad.
“El Estado es subsidiario en cuanto no entra en la realizació n de la sociedad, en
su propia autonomía para realizar su propio fin. Pero a su vez, esa sociedad que
tiene un fin propio en particular, tiene también un fin má s lejano, que es el bien
comú n. Y el Estado tiene que realizar ese bien comú n. En ese juego armó nico
aparece la subsidiariedad: el Estado no se mete a hacer lo que puede ser
realizado por una sociedad menor, siempre que ésta lo pueda realizar
eficazmente” (Cerro).

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En Argentina, estos derechos son conocidos como “nuevos derechos y


garantías”, incluidos en la reforma constitucional de 1994 a partir del art. 36.
Así, la igualdad de oportunidades ha obtenido mú ltiple acogimiento. El art. 37
sobre derechos políticos emplea la expresió n para igualar a varones y mujeres
en orden a su acceso a cargos electivos y partidarios; el art. 75 inc. 19 ordena
asegurarla sin discriminació n alguna y bajo igualdad de posibilidades, en las
leyes sobre educació n.

3. Finalmente, el siglo XXI presenta una nueva generació n de derechos no


incluidos en la reforma de 1994 denominados “derechos a la informació n (y a
la comunicació n)” al cual podemos definir como un derecho que reclama para
todos los ciudadanos la posibilidad de acceder a todos los hechos de la
actualidad, bien se trate de acontecimientos en sí o de expresiones sobre juicios
u opiniones.
Asimismo, el art. 75 inc. 22 habilita al Congreso y al Poder Ejecutivo para que
cada uno, ejerciendo sus atribuciones, asigne jerarquía constitucional a nuevos
tratados internacionales, en especial a los de derechos humanos.
De esta manera, la Constitució n es “permeable” a la incorporació n o el anexo de
nuevas normativas de igual jerarquía que la Carta Magna, lo que permitirá
aumentar paulatinamente el abanico de derechos de los ciudadanos en la
medida en que la sociedad se renueva a las exigencias de la modernidad.

LA CONSTITUCIÓN
Constitució n es el conjunto de normas de jerarquía suprema, que funda el Estado,
organiza el gobierno y reconoce u otorga los derechos fundamentales de los
hombres.
La Constitució n Argentina está conformada por:
 Preámbulo
 Primera Parte o Parte Dogmática: Se divide en:
 Declaraciones, derechos y garantías
 Nuevos derechos y garantías (introducidas por la reforma del
94)
 Segunda Parte o Parte Orgánica: Se divide en:
 Título Primero: Del Gobierno Federal
 Sección Primera: Del Poder Legislativo
 Sección Segunda: Del Poder Ejecutivo
 Sección Tercera: Del Poder Judicial
 Sección Cuarta: Del Ministerio Pú blico
 Título Segundo: Gobiernos de Provincia
 Disposiciones Transitorias

TIPOS
Bidart Campos distingue tres tipos de constituciones:
1. Tipo racional-normativo: Define a la constitució n como conjunto de normas,
fundamentalmente escritas y reunidas en un cuerpo codificado. Parte de la
premisa de que la razó n humana es capaz de ordenar constitucionalmente a la
comunidad y al Estado.
De esta manera, se refuerza la creencia en la fuerza estructurada de la ley, es
decir, en que las normas son un principio ordenador, y de que tienen en sí

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 14


DERECHO CONSTITUCIONAL

mismas la eficacia para conseguir que la realidad sea tal como las normas la
describen.
Este tipo se supone apto para servir de validez general a todos los Estados y
para todos los tiempos.
2. Tipo historicista: Responde a la idea de que cada constitució n es el producto
de cierta tradició n de una sociedad determinada, que se prolonga desde el
pasado y se consolida hasta y en el presente. Así, cada comunidad, cada Estado,
tiene “su” constitució n formada.
Este tipo de constitució n no se elabora ni se escribe racionalmente, sino que es
algo propio y singular de cada régimen.
3. Tipo sociológico: Contempla la dimensió n socioló gica presente. Diríamos que
se enfoca a la constitució n material tal cual funciona “hoy” en cada sociedad.

CLASIFICACIONES
En cuanto a su formato:
1. Escrita, formal o codificada: Se caracteriza por la reunió n sistemá tica
de las normas expresamente formuladas en un cuerpo unitario;
2. No escrita o dispersa: Que carece de dicha unidad. Puede ser:
 Totalmente no escrita;
 Parcialmente no escrita y parcialmente escrita en normas
dispersas;
 Totalmente escrita en normas dispersas.

En cuanto a su posibilidad de reforma:


1. Flexibles: Es la que admite su enmienda mediante el mismo mecanismo
empleado para la legislació n comú n. Por eso, en las constituciones
flexibles o elá sticas suele decirse que falta la distinció n entre poder
constituyente y poder constituido, porque el Poder Legislativo está
habilitado para modificar la constitució n como si fuera una ley comú n.
Sin embargo, los demá s ó rganos de poder distintos del legislativo
carecen de esa competencia, por lo que cabe decir que quedan
subordinados a la constitució n y que, respecto de ellos, ésta no es
flexible.
2. Rígidas: Es la que, surgida de un poder constituyente formal, no se
puede modificar sino mediante procedimientos diferentes de la
legislació n comú n; la rigidez puede consistir en que:
 Debe seguirse un procedimiento especial a cargo de un ó rgano
también especial, creado a tal efecto (ad hoc). O sea, que
procedimiento y ó rgano reformatorios difieren de los legislativos
comunes. Se trata de una rigidez orgánica;
 Basta seguir un procedimiento especial a cargo del mismo ó rgano
legislativo. O sea que el procedimiento es distinto al de la
legislació n comú n, pero el ó rgano es el mismo. Este tipo de
rigidez se conoce como formal o de procedimiento agravado.
3. Pétreas: Es la escrita y rígida que ademá s es declarada irreformable. No
parece posible hablar de una constitució n totalmente pétrea, debiendo
reservarse el concepto para algunos contenidos de la constitució n que
no son susceptibles de reforma, o de alteració n, o de supresió n.

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 15


DERECHO CONSTITUCIONAL

Sin embargo, sería viable reputar a una constitució n íntegramente


pétrea durante los períodos de tiempo en que su reforma está prohibida.
Los contenidos pétreos pueden estar expresamente establecidos o
surgir implícitamente.
La Constitució n Argentina es considerada un constitució n rígida con
contenidos pétreos, porque la reforma, alteració n, o supresió n de estos
ú ltimos significaría una refundació n de las bases mismas del Estado
argentino.

Por su origen:
1. Otorgada: Cuando el ó rgano estatal la concede o establece
unilateralmente;
2. Pactada: Cuando deriva de un acuerdo, compromiso o transacció n entre
un ó rgano estatal y la comunidad, o un sector de ella;
3. Impuesta: Cuando se la supone emanada del poder constituyente
radicado en el pueblo, y surgido de un mecanismo formal en ejercicio del
mismo poder.

LA CONSTITUCIÓN ARGENTINA
La Constitució n Argentina de 1853, a la que Bidart Campos llama constitució n
histó rica o fundacional, es escrita o codificada, por lo que corresponde a la
categoría de constitución formal.
Surgió en 1853 de un acto constituyente originario y se completó con otro de igual
naturaleza en 1860, al integrarse la provincia de Buenos Aires a la federació n
compuesta, en la primera fecha, só lo por 13 provincias.
La Constitució n se fundó en base al tipo racional-normativo, con la pretensió n de
planificar a futuro el régimen político nacional. Sin embargo, el constituyente no la
elaboró a partir de puras abstracciones mentales ni con un racionalismo
apriorístico, sino que tuvo también un sentido realista adhiriendo caracteres del
tipo tradicional-historicista, ya que plasmó contenidos que ya estaban afincados
en la comunidad social que la preexistía, y los legitimó a título de la continuidad y
permanencia que acusaban en la estructura social.
Se trata de una constitució n rígida con contenidos pétreos. Algunos de ellos son:
 La democracia como forma de estado, basada en el respeto y
reconocimiento de la dignidad del hombre, de su libertad y de sus
derechos;
 El federalismo como forma de estado, que descentraliza al poder con
base territorial;
 La forma republicana de gobierno;
 La confesionalidad del Estado, como reconocimiento de la Iglesia
Cató lica en cuanto persona de derecho pú blico.
Decimos que es una constitució n impuesta, ya que emana de un doble acto
constitutivo: el de 1853 y el de 1860.

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 16


DERECHO CONSTITUCIONAL

PREÁMBULO. BASES FUNDAMENTALES DE LA CONSTITUCIÓN DE 1810 A


1860
Para Bidart Campos, el preá mbulo contiene y condensa las decisiones políticas
fundamentales, las pautas del régimen, los fines y objetivos, los valores y principios
propugnados, el esquema del plan o programa propuesto por el constituyente.
Los fines, principios y valores que enuncia en su proyecto obligan a los
gobernantes y gobernados a convertirlos en realidad dentro del régimen político.
Asimismo, esos fines y valores mantienen permanente actualidad, son aptos para
encarnarse en nuestra sociedad contemporá nea, y ademá s gozan de suficiente
consenso por parte de la misma sociedad.
Para Ekmekdjian, el preá mbulo es un breve pró logo a la Constitució n, que tiene
fundamentalmente dos objetivos:
 El primero de ellos apunta a explicitar el fundamento de la legitimidad del
nuevo orden constitucional que se sanciona;
 El segundo, citando la nota de Juan Bautista Alberdi, en el ú ltimo capítulo de
“las Bases”: “Los estatutos constitucionales deben ser motivados. La
menció n de los motivos es una garantía de verdad y de imparcialidad. (…)
Conviene pues que el preá mbulo de la Constitució n Argentina exprese
sumariamente los grandes fines del instituto.”

PREÁMBULO
Nos, los representantes del pueblo de la Nació n Argentina, reunidos en
Congreso General Constituyente por voluntad y elecció n de las
provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes,
con el objeto de constituir la unió n nacional, afianzar la justicia,
consolidar la paz interior, proveer a la defensa comú n, promover el
bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros,
para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que
quieran habitar en el suelo argentino; invocando la protecció n de Dios,
fuente de toda razó n y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos
esta Constitució n para la Nació n Argentina.

La primera definició n que encontramos en el preá mbulo acoge el principio de que


el poder constituyente reside en el pueblo: “Nos los representantes del
pueblo…”. La utilizació n de la palabra “nos” (nosotros) denota el compromiso por
parte de los constituyentes para con el texto, a diferencia de las Constituciones de
EE.UU. o Santiago del Estero: En la primera se afirma “los representantes del
pueblo…”, mientras que en la segunda se estipula “la provincia de Santiago del
Estero…”.
Este segundo formato demuestra un involucramiento pero no un verdadero deber
u obligació n como si lo hace el de nuestro texto constitucional nacional.
Posteriormente, cuando el preá mbulo dice “por voluntad y elección de las
provincias…”, reconoce la preexistencia histó rica de las provincias.
Estas dos primeras alusiones permiten coincidir en que el sujeto primario de
nuestro poder constituyente ha sido el pueblo “de las provincias” o, en otros
términos, el pueblo diversificado en las unidades políticas provincianas que
antecedieron al Estado federal.
Esa “voluntad de las provincias” quedó histó ricamente plasmada en los dos
Congresos que dieron origen a nuestra actual organizació n política:

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 17


DERECHO CONSTITUCIONAL

 El Congreso de 1853, que sancionó la primera constitució n, integrado por


13 provincias con excepció n de Buenos Aires; y
 El Congreso de 1860, con la incorporació n de Buenos Aires a la
Constitució n, junto con las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes
(Intendencia de Buenos Aires); Có rdoba, San Juan, San Luis, Mendoza y La
Rioja (Intendencia de Có rdoba del Tucumá n); y Catamarca, Tucumá n,
Santiago del Estero, Salta y Jujuy (Intendencia de Salta del Tucumá n).
La menció n al “cumplimiento de pactos preexistentes…” da razó n de una fuente
instrumental a través de la cual se arribó al acto constituyente. Entre ellos
podemos nombrar:
 Pactos Antecedentes
 Tratado del Pilar (1820)
 Tratado de Venegas (1820)
 Pacto de Vinará (1821)
 Cuadrilá tero (1822)
 Pactos Preexistentes
 Pacto Federal (1831)
 Protocolo de Palermo de San Benito (1852)
 Acuerdo de San Nicolá s de los Arroyos (1852)
 Pactos Posteriores
 Pacto de San José de Flores (1859)
 Pacto de Olivos (1993)
De inmediato, cuando se consigna que la Constitució n se establece “con el objeto
de…”, el enunciado abarcador de seis fines, bienes o valores, condensa la ideología
de la Constitució n y el proyecto político que ella estructura:
1. “constituir la unión nacional”: Significaba al tiempo de la constitució n,
formar la unidad federativa con las provincias preexistentes; o dicho de otro
modo, dar nacimiento a un Estado (federal) que hasta entonces no existía. Pero
ese objetivo inmediato mantiene y recobra su propuesta para el presente, en
cuanto se dirige a perfeccionar ahora y siempre el sistema originariamente
creado, y a cohesionar la unidad social.
2. “afianzar la justicia”: Es reconocerla como valor cú spide del mundo jurídico-
político. No se trata solamente de la administració n de justicia que está a cargo
del poder judicial, ni del valor justicia que dicho poder está llamado a realizar.
Abarca a la justicia como valor que exige de las conductas de gobernantes y
gobernados la cualidad de ser justas. La Corte ha dicho que esta clá usula es
operativa, y que obliga a todo el gobierno federal.
3. “consolidar la paz interior”: Fue también, a la fecha de la constitució n, un
propó sito tendiente a evitar y suprimir las luchas civiles, y a encauzar los
disensos dentro del régimen político. Puede haber adversarios pero no
enemigos. Hoy se actualiza significando la recomposició n de la unidad social, de
la convivencia tranquila, del orden estable, de la reconciliació n.
4. “proveer a la defensa común”: No es só lo ni prioritariamente aludir a la
defensa bélica. La comprende, pero la excede. El adjetivo “comú n” indica que
debe defenderse todo lo que hace al conjunto social, lo que es comú n a la
comunidad; en primer lugar, defender la propia constitució n, y con ella, los
derechos personales, los valores de nuestra sociedad, las provincias, la
població n, el mismo Estado democrá tico, el federalismo, etc.

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 18


DERECHO CONSTITUCIONAL

5. “promover el bienestar general”: Es tender al bien comú n pú blico. Ese


bienestar contiene a la prosperidad, al progreso, al desarrollo, con todos sus
ingredientes materiales e inmateriales que abastecen la buena convivencia
humana social. Es el “estar bien” o “vivir bien” de los hombres en la convivencia
compartida en la sociedad políticamente organizada.
6. “asegurar los beneficios de la libertad”: Presupone que la libertad un bien
que rinde beneficio. La libertad es un valor primordial, que define la esencia del
sistema democrá tico. Exige erradicar el totalitarismo, y respetar la dignidad del
hombre como persona, má s sus derechos individuales. La libertad forma un
circuito con la justicia: sin libertad no hay justicia, sin justicia no hay libertad.
Bidart Campos concluye que estos objetivos, que también son fines, bienes y
valores, se hallan en reciprocidad: unos coadyuvan a que se realicen los otros.
Por otra parte, cuando el preá mbulo enuncia: “para nosotros, para nuestra
posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el
suelo argentino”, hemos de interpretar varias cosas:
 Una pretensió n de durar y permanecer hacia y en el futuro;
 Una indicació n de que los fines y valores de su proyecto político deben
realizarse ya y ahora, en cada presente, para “nosotros”, los que convivimos
“hoy”, sin perjuicio de su prolongació n para los que nos sucedan en el
tiempo; el futuro no relega ni amputa el presente;
 Una apertura humanista y universal de hospitalidad a los extranjeros.
Má s adelante, viene la invocació n a “la protección de Dios, fuente de toda razón
y justicia”. Para el constituyente, la medida de lo razonable y de lo justo proviene
de Dios; los valores que el preá mbulo contiene hunden su raíz ú ltima en Dios,
Sumo Bien. Nuestro régimen no es ateo ni neutro, sino teísta. Y el patró n o
standard para el derecho positivo justo es el derecho natural o valor justicia.
Finalmente, “ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución para
la Nación Argentina”. Este pá rrafo final es la manifestació n es la voluntad
concreta que adopta el soberano Congreso, sancionado el texto normativo.
La enunciació n de los valores contenidos expresamente en el preá mbulo no niega
ni desconoce a otros, que podemos considerar incluidos implícitamente, como el
orden, la cooperació n, la solidaridad, etc.
El preá mbulo comparte la fuerza normativa de la Constitució n, y como síntesis que
es, no agota el arsenal de pautas, principios y valores que luego se completan en el
articulado integral del texto constitucional.
Para Ekmekdjian, el preá mbulo no contiene clá usulas operativas, esto es, aquellas
que reconocen al titular de derecho la facultad de exigir coactivamente conductas o
abstenciones concretas, a determinadas personas o al propios Estado. No obstante
ello, la amplitud de sus enunciados permite fundar una sentencia con base en él,
como lo hizo la Corte Suprema en reiteradas oportunidades: Por ejemplo, en
“Nordensthol vs. Subterrá neos de Bs. As.” se incluyó el razonamiento de que “las
grandes metas de la política del Estado está n fijadas en el preá mbulo de la
Constitució n. La acció n del poder político estatal para lograr esas metas no es
revisable judicialmente en cuanto decisió n política. Pero como ésta
necesariamente, debe instrumentarse mediante normas jurídicas”.
Asimismo, el Fallos 137:47 la Corte sostuvo que “el preá mbulo nunca puede ser
invocado para ensanchar los poderes conferidos al gobierno general o alguno de
sus departamentos. É l no puede conferir poder alguno per se, ni autorizar, por

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 19


DERECHO CONSTITUCIONAL

implicancia, la extensió n de algú n poder expresamente dado, o ser la fuente


legítima de algú n poder implícito”.

BASES DEL CONSTITUCIONALISMO ARGENTINO


En 1810 se lleva a cabo la revolució n comunera o comunal (ya que la lleva a cabo
solo la comuna porteñ a). En ese entonces la institució n fundamental era el Cabildo
y los cargos estaban ocupados por españ oles. Los criollos, por su parte, habían
alcanzado cierta calidad intelectual, pero por ser nativos no podían tener acceso a
cargos de poder.
Dada la necesidad y urgencia de declarar la independencia de Españ a e
institucionalizar el país, se crea la Primera Junta de Gobierno.
Má s adelante, en 1811, y debido a la necesidad de contar con el consenso del
interior, se convoca a los representantes de las provincias a conformar lo que se
conoció como Junta Grande de Gobierno, en busca de cumplir los dos objetivos
propuestos, que eran lograr la independencia y la institucionalizació n.
Durante este período se plantearon dos posturas:
 Por un lado Saavedra, quien creía que había que mantener las instituciones
españ olas, pero ocuparlas con criollos.
 Por otro lado Moreno, quien planteaba una reforma má s radical, y pretendía
la reestructuració n de todo el sistema político tomando como guía a las
instituciones francesas.
Ese mismo añ o, se creó el Primer Triunvirato, integrado só lo por porteñ os, con el
objetivo de volver a las tendencias centralistas de la Primera Junta y de redactar
una Constitució n.
En 1812 nace el Segundo Triunvirato, el cual fue el responsable del llamado a una
Asamblea General Constituyente en Buenos Aires.
En 1813 se convoca a una Asamblea con sesiones permanentes a las que concurren
representantes de las provincias para intentar cumplir los objetivos planteados
desde la Revolució n de Mayo.
Una de las primeras medidas anunciadas por la Asamblea del Año XIII fue la de
declarar a los diputados como del pueblo "de la Nació n", y no, "de las provincias".
Ademá s, negó el derecho de los cabildos que los habían nombrado a
reemplazarlos; era un paso importante hacia un régimen de estado unitario o
centralizado, manteniendo el sistema hasta ese entonces vigente.
En consonancia con esta medida, el 5 de marzo de 1813 la Asamblea suspendió la
incorporació n de los diputados de la Banda Oriental, elegidos el 21 de abril de
1813 en el Congreso de Tres Cruces bajo el liderazgo de José Gervasio Artigas,
expresando dudas sobre la falta de formalidad en la elecció n.
Asimismo, otros grandes logros de la Asamblea fueron: La eliminació n de los
títulos de nobleza, del mayorazgo, la encomienda y la mita; y la libertad de vientres
con el objetivo de alcanzar la igualdad jurídica.
De esta manera, se sienta un antecedente para la redacció n de la Constitució n.
En 1814 la Asamblea crea el Directorio y reestructura la organizació n territorial
de las provincias dejando inalterable só lo la intendencia de Buenos Aires.
En la de Có rdoba del Tucumá n, se distinguen la intendencia de Có rdoba (Có rdoba y
San Luis) de la de Cuyo (Mendoza, San Juan y La Rioja).
En cuanto a la intendencia de Salta del Tucumá n, se crea la intendencia de Salta
(Salta y Jujuy), y la de Tucumá n (Tucumá n, Catamarca y Santiago del Estero).

FEDERICO YUNES ICK Pá gina 20


DERECHO CONSTITUCIONAL

En 1816, finalmente se logra la declaración de Independencia y el Congreso se


traslada a Buenos Aires.
En 1817 se dicta un Estatuto nombrando a la Repú blica como representativa y
democrá tica y en 1819 el Director Supremo José Rondeau crea la “Primera
Constitució n” de vigencia nominal, rechazada por el interior del país por su
tendencia centralista.
En 1826, se sanciona una nueva constitució n. Ella estableció por primera vez al
pueblo como soberano. Se incluía una forma de gobierno republicana y se hablaba
del titular del Poder Ejecutivo como “presidente”.
Fue rechazada por los pueblos del interior por su tendencia unitaria.
Con el Pacto Federal de 1831 los representantes de los gobernadores federales
firmaron en Santa Fe este acuerdo que consta de 17 artículos.
Lo integraron las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes.
Era una alianza defensiva-ofensiva en previsió n de ataques provenientes del
extranjero o de otras provincias. Las partes contratantes se obligaban a prestarse
ayuda en caso necesario, con cuantos elementos y recursos estuvieran en la esfera
de su poder. Tenía como objetivo formar una comisió n que debía invitar a las
demá s provincias para que adhieran al pacto y convocar a un Congreso General
Constituyente, que finalmente no se cumplió .
Entre sus aportes se destaca que comienza a hablarse de un Estado federal.
Ademá s reconocía perfecta igualdad de derechos para los nativos de cada
provincia en el territorio de los otros. Todas podían entrar y salir de ellas, ejercer
la industria o el comercio, gozar de protecció n, defensa y seguridad como si fueran
nativas.
Derechos que contemplaba:
 Libre trá nsito;
 Libre comercio;
 Eliminació n de aduanas interiores;
 Libre navegabilidad de los ríos interiores;
 Principio de la extradició n;
 Igualdad de derechos entre habitantes de las provincias firmantes.
Por el Protocolo de Palermo de 1852 Urquiza se reunió con Vicente Ló pez, con el
gobernador de corrientes Benjamín Virasoro y Manuel Leiva, representante del
gobernador de Santa Fe (Manuel Crespo).
En este acuerdo se le otorgan a Urquiza las potestades de cancillería (relaciones
exteriores) en forma provisoria hasta tanto una constitució n entregue esas
potestades a quien corresponda en forma permanente.
Ese mismo añ o Urquiza vence a Rosas (en la batalla Caseros) y firma apoyado por
las demá s provincias el Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos. Este Acuerdo
establecía:
 La vigencia del Pacto Federal de 1831;
 La reunió n de un Congreso General Constituyente en Santa Fe integrado por
2 diputados de cada provincia que actuarían libres de instrucciones.
 La abolició n de los derechos de trá nsito sobre las mercaderías que pasaban
de una provincia a otra y se dispone reglamentar la navegació n interior.
 La creació n del cargo de Director provisorio de la Confederació n Argentina,
con las siguientes atribuciones: conducir las relaciones exteriores; asegurar
el cumplimiento del Pacto Federal y del Acuerdo; mantener la paz interior y
en caso de alteraciones, intervenir, para lo que se le encomendaba la

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DERECHO CONSTITUCIONAL

jefatura de los ejércitos; reglamentar la libre navegació n de los ríos


interiores; el sistema de correos y la mejora en las comunicaciones;
asegurar la reunió n del Congreso, promulgar y hacer cumplir la
constitució n que se sancionase.
Fue firmado por 11 provincias y ratificado por 3 (Có rdoba, Salta y Jujuy). Menos
por Buenos Aires. Sus consecuencias fueron: la reunió n del Congreso y la sanció n
de la Constitució n Nacional.
Al mismo tiempo provocó en Buenos Aires la reacció n localista que culminó en la
separació n de la provincia del resto de la Confederació n
Urquiza fue el primer presidente designado bajo el régimen de la Constitució n de
1853.
En 1859 Urquiza vence en Cepeda a Mitre (al mando del ejército de Buenos Aires)
y es así como el 11 de noviembre de 1859 se firma el Pacto de San Jose de Flores:
un pacto de unió n por el cual Buenos Aires, con la condició n de examinar la
constitució n, aceptaba integrarse a la Confederació n.
La Convenció n Constituyente de 1860 creada al efecto para revisar el texto e inluir
las reformas que Buenos Aires consideraba necesarias, aceptó las modificaciones,
dando como resultado la primera constitució n con el país unificado.

PACTOS Y TRATADOS: ANTECEDENTES Y PREEXISTENTES A LA


CONSTITUCIÓN (FOTOCOPIAS)
 Pactos Antecedentes
 Tratado del Pilar (1820)
 Tratado de Venegas (1820)
 Pacto de Vinará (1821)
 Cuadrilá tero (1822)
 Pactos Preexistentes
 Pacto Federal (1831)
 Protocolo de Palermo de San Benito (1852)
 Acuerdo de San Nicolá s de los Arroyos (1852)
 Pactos Posteriores
 Pacto de San José de Flores (1859)
 Pacto de Olivos (1993)

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