Apunte 2a La Revelación sobrenatural de Dios (1)
La palabra “revelación” procede etimológicamente del latín “revelatio”, revelare= correr
el velo, descubrir, manifestar, dar a conocer.
Para estudiar este extenso tema lo haremos siguiendo un esquema de preguntas y
respuestas, usando como texto rector la constitución dogmática Dei Verbum
1) Qué es la Revelación?
-En términos generales, la revelación es la automanifestación personal de Dios al hombre.
Dei Verbum 6 presenta la revelación como la manifestación que Dios hace de Sí mismo y de
sus planes de salvar al hombre, para que el hombre se haga partícipe de los bienes divinos,
que superan totalmente la inteligencia humana.
-La revelación es acción e iniciativa de Dios, de tal suerte que si Dios no se revelara el
hombre nunca podría conocerlo por sus propios medios
-La revelación no es una mera comunicación de un mensaje, sino un encuentro en el que
Dios, movido por el amor, habla a un amigo e invita a entrar en su intimidad (DV 2); es el
misterio de Dios que se presenta y fundamenta desde sí mismo a los hombres
libérrimamente; misterio de Dios que es su vida íntima, trinitaria, manifestada por Cristo, a
la cual los hombres tenemos acceso por el mismo Cristo en el Espíritu.
2) Qué comprende la Revelación de Dios?
-La revelación implica, por tanto:
la manifestación de Dios (Quién es Dios),
de algunos de sus atributos o características como su poder, sabiduría, fidelidad
(cómo es Dios),
y también el designio salvador de Dios (qué quiere Dios).
-La revelación se presenta desde el principio en relación esencial con la salvación: en el plan
de Dios, el hombre es llamado a la intimidad misma de Dios donde se verá transformado en
su ser total –cuerpo y alma-, haciéndose hijo de Dios.
3) Cómo se realiza la Revelación de Dios?
-La revelación responde a un plan, a una pedagogía de Dios -una economía- que consta de
palabras y hechos intrínsecamente conectados entre sí, que se dan en la Historia (tanto
individual como universal) y que manifiestan la bondad y sabiduría de Dios: “las obras que
Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades
que las palabras significan; a su vez las palabras proclaman las obras y explican su misterio”
(DV 2).
-En efecto, la revelación que Dios hace de sí mismo, se hace por medio de palabras –la
Palabra de Dios (“dabar Yavé”, que es eficaz y creadora) y las palabras de Dios- y hechos
unidos entre sí en reciproca donación de significado; complementariedad que da lugar a
una única realidad -la revelación- que se presenta en su totalidad e interpela al hombre
entero y no sólo a su inteligencia o a su experiencia.
-Es la Biblia la que nos narra estas palabras y estos hechos a través de los cuales Dios se
nos da a conocer
a) Si la palabra va antes del hecho, entonces es anuncio o profecía de hechos salvadores,
en la que Dios mismo manifiesta por medio del profeta su plan respecto al hombre y el
modo de realizarse.
b) Si la palabra va después del hecho, la palabra lo proclama, lo narra o lo explica.
+La proclamación del hecho es actividad propia de la fe y tiene lugar en contexto litúrgico,
+La narración interpreta y al mismo tiempo representa y hace presentes los hechos,
+La palabra es explicación de los hechos, desentraña su sentido y se dirige a la enseñanza
al ponerse en relación con los oyentes.
*Hay, pues, entre las palabras y los hechos una coherencia que, cuando se convierte en
unidad, sirve para expresar el misterio de Dios*
4) Dónde se realiza la Revelación de Dios?
-La revelación se realiza en la historia (tiempo y espacio). El Dios de la tradición
judeocristiana interviene en la historia de los pueblos y de cada persona. Es, por tanto,
desde dentro de la realidad desde donde se llega a conocer a un Dios que se ha querido
manifestar y comunicar así a los hombres.
-Podemos decir que la Historia es el “lugar teológico “donde se manifiesta Dios. No es un
Dios lejano que sólo mira al hombre, sino que –aunque siendo trascendental, es decir, que
no se confunde con ninguna de sus criaturas- es un Dios que participa y se interesa en la
historia de cada persona, de cada pueblo, en todo tiempo.
-Y como esta historia es el camino y la oportunidad para que el hombre se salve, se llama
“Historia de Salvación”.
-Que la Revelación se realice mediante acciones y palabras en la historia, permite hablar de
cierta “pedagogía divina”, que tiene un proceso de desarrollo, lento y progresivo. Dios se
ha manifestado en la historia y en ella ofrece la salvación; por eso, se puede hablar de
distintas etapas de la Revelación:
a) Dios habla en la creación, Desde el punto de vista cristiano, la creación presenta las
siguientes características:
* es una creación buena, libre y amorosa; esto quiere decir que la creación es el primer
acto de amor-salvación de Dios hacia el hombre; siendo Dios perfecto y eterno, no necesita
de la creación, ella no le aporta nada necesario, es un acto libre y gratuito de Su parte, y
donde todo lo que existe es bueno.
* es ex nihilo (de la nada), es decir, Dios no usa una materia prima ya existente sino que Él
da la existencia a todos los seres, que antes simplemente “no eran”. En otras palabras, antes
de la creación, sólo existía Dios.
* es temporal, tiene una dirección y un fin. En efecto, la creación tiene un principio y
también un final que la conduce a su plenitud.
-La creación del hombre, por su parte, expresa la grandeza de ese amor: el ser humano es
el culmen de la creación donde todo ha sido hecho para él; es el único ser querido por sí
mismo y con quien Dios puede entablar un diálogo: “Dios, creándolo todo y conservándolo
por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas y…se
manifestó personalmente a nuestros primeros padres” (CEC 54; DV 3).
-Esta revelación que Dios hace en la creación no se interrumpe con el pecado; Dios,
después de la caída, los alentó con la esperanza de la salvación y con la promesa de la
redención.
b) Dios habla a los Patriarcas, Los patriarcas son todos aquellos personajes clave para la
formación del pueblo de Israel, desde Abraham hasta Moisés. En las situaciones más
diversas que les toca vivir, Dios los acompaña constantemente y, con el paso de los años
esos pequeños grupos de nómades se van constituyendo como el pueblo de Dios, pueblo
sacerdotal (Ex 19,6) salvado de la esclavitud de Egipto.
-Ver ciclo de Abraham, Isaac y Jacob con sus 12 hijos, las tribus de Israel.
c) Dios habla a través de las Alianzas del A.T. El amor creador de Dios es también el amor
salvador de Dios, que busca establecer un pacto, un contrato, una “alianza de vida” con su
pueblo, de tal forma que el Uno se pertenezca al otro. Todos estos pactos tienen elementos
comunes tendientes a establecer una verdadera comunión de vida entre Dios y los
hombres, y van preparando al pueblo para la Nueva y Eterna Alianza que Jesucristo sellará
con su sangre.
-Ver alianzas con Noé, Abraham, Moisés, David.
d) Dios habla por medio de los Profetas, Son personas elegidas por Dios que mantienen al
pueblo en la esperanza de la salvación, anunciando una redención radical y la purificación
de todas las infidelidades (CEC 64).
-Los profetas dicen el mensaje de Dios, y llaman a mantener la fidelidad del pueblo con su
Señor; se centran en el monoteísmo, el mesianismo y la moral social.
-Ver Isaías, Jeremías, Ezequiel y Doce profetas menores.
e) Dios habla a través de su Hijo, Jesucristo. Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre.
Si la revelación tiene por objeto dar a conocer a Dios, entonces Jesús es quien mejor puede
hablarnos del Padre porque Él es el único Hijo que lo conoce desde toda la eternidad; por
eso su testimonio es el más fiel y completo. Jesucristo es el único Mediador entre Dios y el
hombre, y constituye la plenitud de la revelación pues él lo da todo a conocer. Ya no es
necesario esperar a nadie más que nos hable de Dios
“En estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo (Hb 1,1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho
hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre; en Él lo dice todo, y no cabe,
pues, esperar otra palabra más que ésta; Dios ha dicho todo en su Verbo (CEC 65).
-Texto de lectura, Benedicto XVI, “Jesucristo mediador y plenitud de la revelación.
f) Dios nos habla en y por la Iglesia La Iglesia es la continuadora del misterio de Cristo en
la tierra, y la formamos todos los que creemos y seguimos a Jesucristo. Bajo la guía del
Espíritu Santo, la Iglesia debe mantener, custodiar y transmitir íntegramente el mensaje de
Jesús a los hombres; se trata de anunciar el Evangelio a todos los pueblos en fidelidad a su
Señor.
5) Quién es el culmen, la plenitud de la Revelación de Dios?
-Cristo es el culmen y centro de la Revelación (cristocentrismo de la revelación), esto
significa que la autocomunicación de Dios tiene su plenitud en Cristo, “mediador y plenitud
de toda la revelación” (DV 2).
-En Cristo, la palabra creadora, la palabra de la alianza y la palabra profética llegan a su
total cumplimiento. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras a través
de los profetas “últimamente, en estos días nos habló por su Hijo” (Heb 1, 1-2). Este Hijo es
el Verbo eterno enviado a los hombres para vivir entre ellos y manifestarles los secretos de
Dios: Jesucristo, el Verbo (la Palabra de Dios) hecho carne, habla palabras de Dios y lleva a
cabo la obra de la salvación. A través de su vida, palabras y obras, y sobre todo su muerte y
resurrección, y del envío del Espíritu Santo, Cristo completa la revelación (pública) y
confirma la salvación del pecado y de la muerte.
-DV 2 afirma que Jesucristo es “al mismo tiempo mediador y plenitud de toda la
revelación”, es decir, es “el” revelador y la” revelación” de Dios.
+el Revelador (mediador de la revelación): Cristo es revelador de Dios, mediador perfecto
de la revelación por ser Dios eterno y hombre perfecto. Él realiza las obras de Dios, habla
de lo que ha visto; conoce a Dios y sabe lo que hay en el hombre. La mediación de Cristo es
ya revelación del misterio íntimo de Dios, del Dios Trino.
+la Revelación plena de Dios: El misterio de Dios es, principalmente, el misterio del Padre,
Dios escondido, a quien nadie vio jamás (Jn 1, 18). Cristo revela al Padre en cuanto que es
el Hijo -”Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre” (Jn 8, 25)- y el Verbo eterno
(Jn 1, 1-18). Él es la Imagen, la Palabra de Dios, Palabra de amor que, desde dentro de la
Trinidad, revela el misterio de Dios.
-Los puntos fundamentales de la plenitud de la revelación en Cristo son la encarnación, la
predicación del Reino de Dios, y el Misterio Pascual (pasión, la Cruz y resurrección).
Leer Benedicto XVI: “Jesucristo plenitud y mediador de la revelación”
El acto de fe
-La fe, en términos generales, es una forma de enfrentarse a una realidad específica, un
modo de conocer y de relacionarse. Lo que caracteriza a la persona que tiene fe o cree es
que aquello que cree, el objeto de su fe, no es evidente. El sentido preciso de fe sólo
corresponde al que se da entre personas, y concretamente al “creer algo (a alguien)” ,
estableciendo una relación entre un “yo” y un “tú”.
-En el concepto cristiano, “la fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es
al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha
revelado. En cuanto adhesión personal a Dios y asentimiento a la verdad que él ha revelado,
la fe cristiana difiere de la fe en una persona humana. Es justo y bueno confiarse totalmente
a Dios y creer absolutamente lo que él dice. Sería vano y errado poner una fe semejante en
una criatura” (CEC 150).
I.- La fe, obra de la gracia
-La fe es una entrega total y libre a Dios, la cual es posibilitada por la gracia del Espíritu
Santo; la fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él sin que nosotros
podamos adquirirla con nuestros actos –en el Bautismo-, sólo es posible creer por la gracia
y los auxilios interiores del Espíritu, que hacen asentir libremente a lo que Dios revela. La
fe, y la salvación que ella produce, nunca es algo debido sino don de Dios (Rm 4).
-La fe es un don en su inicio, en su camino y en su fin que exige la colaboración del agraciado
para perseverar en ella: “Para profesar esta fe necesitamos la gracia de Dios que previene
y ayuda, y los auxilios interiores del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte
a Dios, abre los ojos de la mente y da a todos gusto en aceptar y creer la verdad” (DV 5). La
gracia del Espíritu posibilita y provoca la decisión personal y, lejos de anular la razón, la
integra, incitándola a la búsqueda de la credibilidad de los misterios creídos. La fe en Dios,
precisamente porque plenifica al hombre, exige la comprensión, pide un «obsequio
razonable» (según la lectura tradicional de Rm 12,1). El Dios cristiano quiere ser acogido,
pero nunca se impone, llama al hombre sin anular ninguna de sus dimensiones.
-Ello no significa que la fe no sea un acto libre del hombre: “Por la fe, el hombre somete
completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su
asentimiento a Dios que se revela. La S. Escritura llama “obediencia de la fe” a esta
respuesta del hombre a Dios que revela (Rm 1,5)” (CEC 143; cf DV 5).
II.- Certeza de la fe
-Suele definirse la certeza como la adhesión a la verdad sin mezcla de duda, es un estado
definitivo de la inteligencia, acompañada, dada la racionalidad y simplicidad del alma, de
cierto placer y bienestar del sentimiento y de una firme adhesión de la voluntad.
-La certeza de la fe se apoya en la bondad y fidelidad de Dios; cuando se afirma que “Es,
pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hb 11,1), se está
diciendo que 1as verdades y misterios revelados a los que nuestra fe adhiere, gozan de una
certidumbre más que metafísica, y que excede cualquier otra certidumbre, de manera que
es imposible sea lo contrario, por estribar en el testimonio de Dios, en quien no es hallarse
falsedad (autoridad de Dios).
“El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladas aparezcan como
verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural. Creemos a causa de la autoridad
de Dios mismo que revela y que no puede engañarse ni engañarnos" (CEC 156)
-La certeza que viene de la fe que Dios da, viene al entender que Dios realmente es el
creador de todo y que nada escapa de su mano puesto que su poder es sin igual y grande,
y se da cuando tiene lugar el acto de creer, el acto de fe, que se traduce en un juicio
(inteligencia) que afirma la verdad de lo revelado libremente (voluntad).
III.- El objeto de la fe
-La fe divina exige esencialmente el testimonio de Dios como motivo (revelación divina); la
razón o el motivo de la fe es Dios mismo. Él se nos da a conocer en Jesucristo: «Quien me
ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9); y sólo porque Dios se da a conocer, podemos
conocerle: sólo Dios habla correctamente de Dios, pues lo que Dios revela supera todo lo
que el hombre puede imaginar (1 Cor 2,9). Él es también el que dispone nuestro corazón,
por medio del Espíritu, para que podamos acogerle (1 Cor 2,10.12). La respuesta de la fe
siempre tiene su origen en Dios que nos atrae (Mt 16,17; Jn 6,44-45) y nos ilumina por su
Espíritu (Rm 8,15).
- La estructura interpersonal de la fe comprende tres aspectos:
*Credere Deo, como la primera verdad revelante, Dios como fundamento de nuestra
fe, creemos por su autoridad, Dios es el objeto de la fe;
*Credere Deum, como la verdad revelada o creer su existencia, creer en lo que Dios me
dice, lo que constituye la confesión de fe en Cristo; es el contenido,
*Credere in Deum, creer a Dios como aspecto personal de la fe, como en fin último, la fe
termina en la comunión con Dios, es la Trinidad.
IV.- Eclesialidad de la fe
-La fe no es un acto aislado. La fe es un acto personal en cuanto es respuesta libre del
hombre a Dios que se revela; pero, al mismo tiempo, es un acto eclesial, que se manifiesta
en la expresión “creemos”, porque, efectivamente, es la Iglesia quien cree, de tal modo
que Ella, con la gracia del Espíritu Santo, precede, engendra y alimenta la fe de cada uno:
por esto la Iglesia es Madre y Maestra.
-Por una parte, es a través de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que llega la fe al hombre –
Bautismo-; es en la Iglesia donde se engendra la fe y donde cada creyente es un eslabón en
la cadena de la transmisión de la fe; por otra parte, es la fe de los creyentes lo que constituye
la Iglesia donde la expresión comunitaria de esa fe es el Símbolo o profesión de fe.
-La fe es vinculante por la communio; se vive en la Liturgia y la Eucaristía es su máxima
expresión