Historias y Redes Sociales
Historias y Redes Sociales
Redes e Historias*
Harrison C. White – Columbia University (EUA)
Resumen
Este artículo esboza cómo el proceso social se lleva a cabo dentro, desde, y
alrededor de redes de pares de relaciones. Estas relaciones se caracterizan por
historias que se cuentan dentro y acerca de ellas, con significados que surgen de
cambios entre netdoms. Debido a que los entornos y sus cambios son
incesantemente variados, aquí nos ceñiremos a una descripción abstracta y
general. Los prototipos técnicos y substantivos (e.g., Padgett y McLean 2006;
Lazega 2001) y los sondeos que ya existen pueden servir de guía al lector para
implementaciones específicas. Es conveniente sustituir frecuentemente el término
general de identidad por el de persona.
Palabras clave: identidad, red social, estructura social, poder.
Abstract
This article sketches how social process plays out into, from, and around networks
of pair relations. These relations are characterized by stories told in and of them,
with meanings from switchings between netdoms. Since settings and the switchings
among them are endlessly varied, description here is kept abstract and general.
Existing technical and substantive prototypes (e.g., Padgett and McLean 2006;
Lazega 2001) and canvasings can guide the reader for particular implementations.
It is convenient here often to substitute person for the general term identity.
Key words: identity, social network, social structure, power.
Las identidades buscan el control. Cualquier identidad puede ver cómo su control se
disipa y se va a otras identidades. Cada esfuerzo por controlar presupone y
conforma, particularmente en el habla, algún contexto de relaciones específicas
entre identidades. Estas relaciones se llaman lazos. El presente artículo explora
contextos más extensos y continuados de patrones de lazos llamados redes. Ahora
el término “red” ha entrado a formar parte del habla cotidiana como verbo, aunque
sólo sea recientemente (networking).
Las redes sociales son los rastros que deja la dinámica de cambios de uno a
otro netdom[2]. A medida que dos identidades a través del tiempo se centran en
controlarse mutuamente, una lucha que no avanza puede estabilizarse en alguna
historia que marca un lazo entre ellas. Una historia es un lazo cuyo molde es el
contexto. Las historias estructuran los cambios de netdoms en relatos explicativos
con principio, mitad, y final (Tilly 2002); así la creación de historias enmarca el
tiempo de lo social.
Este artículo esboza cómo el proceso social se lleva a cabo dentro, desde, y
alrededor de redes de pares de relaciones. Estas relaciones se caracterizan por
historias que se cuentan dentro y acerca de ellas, con significados que surgen de
cambios entre netdoms. Debido a que los entornos y sus cambios son
incesantemente variados, aquí nos ceñiremos a una descripción abstracta y
general. Los prototipos técnicos y substantivos (e.g., Padgett y McLean 2006;
Lazega 2001) y los sondeos que ya existen pueden servir de guía al lector para
implementaciones específicas. Es conveniente sustituir frecuentemente el término
general de identidad por el de persona.
Una red puede ser detectada a medida que historias similares devienen en
incidente a través de un conjunto extenso de díadas. Estos lazos son, usando una
incisiva frase de Podolny (2001), tanto prismas para el significado como tuberías
para la conectividad. Primero consideramos las redes emergentes y después
examinamos algunas de las maneras en que los lazos y sus historias se ajustan
entre sí dentro de las redes. A continuación viene cómo una red se comporta a
través del tiempo. Presentamos ejemplos para mostrar la importancia de todo esto,
antes de llegar una vez más a la emergencia, ahora sí, de nuevos niveles de red. El
artículo termina centrándose en el rol de la incertidumbre.
Emergencia y rastros
La evaluación de la conectividad es esencial (Freeman 1979), pero puede ser
problemática para una red con una codificación burda de relaciones. La codificación
deriva comúnmente de una relación entre observador y sujeto, concretamente de la
instrucción del criterio de cómo informar acerca de un lazo, como nos mostrarán los
estudios del Mundo Pequeño más adelante. Pero comencemos con modelos que
hacen derivar los lazos de las conductas que evolucionan a través del tiempo.
La polarización política por vía de red de staccato
Éste es un ejemplo clásico de cómo utilizar la teoría de redes sociales para explicar
resultados no intencionados de cómo interactúa la gente que son paradójicos para
el sentido común, enfocado en los “por qué”. Cuando lea su explicación completa,
advierta cómo los lazos y sus historias son generados por procesos endógenos sin
necesidad de apelar a atributos o ideología.
Rastros del Mundo Pequeño
Stanley Milgram (1967) y otros (Pool y Kochen 1978) durante un periodo extenso
(ver Kochen 1989) desarrollaron y aplicaron técnicas de búsqueda de cadenas para
evaluar la conectividad tanto de poblaciones grandes como de tamaño medio. De
hecho los sujetos más que informar o dar parte de sus lazos hicieron uso de ellos.
Milgram pidió a cada iniciador, elegido arbitrariamente, que buscara contactar una
persona-objetivo desconocida pero cuyo nombre le era dado -un corredor de bolsa
en Boston- comenzando la cadena con alguno de sus conocidos que presuntamente
estuviese mejor informado. Cada contacto sucesivo tenía que seleccionar, y mandar
un folleto explicativo de cómo proceder, al contacto siguiente, a la vez que daba
parte por correo postal a Milgram. El hallazgo básico de este ejercicio de cadenas
fue que cualquier par arbitrario se podía conectar en más o menos media docena de
pasos, y esto con cien millones de personas.[3]
Una generación después Duncan Watts et al. (1999, 2002) estableció a través de
extensas simulaciones de formaciones de redes cómo caracterizar de manera
abstracta la evolución de cadenas. Él sondeó modelos probabilísticos de formación
de lazos dentro de conjuntos de nodos que llegaban a 1000 o más. Condujo sus
investigaciones a base de medir cadenas extraídas de muestras de tres poblaciones
(elencos de diferentes películas con actores comunes definidos como lazos, la red
de electricidad del oeste de los EEUU, la red neuronal de una especie de gusano).
Encontró de hecho que el nivel de solapamiento era importante, concretamente el
grado en el que nodos que estaban conectados con un nodo determinado también
lo estaban entre sí. Incluso una modesta fracción de lazos lanzados hacia objetivos
aleatorios era suficiente para generar cadenas de atajos que parecían análogas a
los seis grados de separación encontrados en el mundo real.
El Mundo Pequeño puede ser visto como un artefacto que usa, más que como una
arquitectura de, las redes sociales. Nos debería evocar preguntas acerca de cómo el
contexto general se construye a sí mismo en medio de diversidad de modalidades y
multiplicidad de niveles y extensión e incidencia.
La población de la red como proceso
¿Puede la observación del discurso ser suficiente para identificar los lazos y su red?
Las redes se arraigan en la naturaleza reflexiva del lenguaje al colmarse durante el
habla de las tres g’s de la semiótica: mirada (glance), gesto (gesture) y gruñido
(grunt).[7] Las opciones para elegir dentro de las redes reflejan las representaciones
que la gente tiene tanto de aquellos con los que se vinculan con lazos como de las
valoraciones de sacrificio, oportunidad, y tiempo.
Una relación en una díada puede ser expresada sin historias. Las interacciones
sutiles en tiempo real de un lazo-par, una díada-como-proceso, tienen muchas
facetas, pero estas no requieren necesariamente expresión verbal en forma de
historia. El cogerse de las manos es una manera no-verbal de expresar una
relación. Es simultáneamente muy personal y sin embargo manifiestamente
pública, perceptible para todos los que están visualmente capacitados. Y existen
clases enteras de otras formas no-verbales, como miradas y gruñidos, para
expresar una relación y así constituir un lazo en una población dada.
Yo asocio una sola historia generalizada, como la de ser conocido, con una red
general de lazo multiplexado, mientras que las historias especializadas en tipos de
lazo pueden suscitar redes múltiples. Para los participantes, las historias son la
clave, y pueden ser suficientes para discriminar entre tipos de lazo, resultando en
redes múltiples, como con las relaciones de parentesco. Cada una de las díadas de
un conjunto puede exhibir una de varias cualidades de relación, las cuales pueden
llegar a ser distinguidas y explícitamente codificadas sólo por un analista. Él o ella
pueden incluir el conjunto en redes múltiples.
Sin embargo pudiera ser que toda la colección de historias es necesaria para
sostener el metabolismo de una sola red general como la de ser conocidos. Los
participantes pueden inducir e invocar una serie de excusas y exenciones de
responsabilidades y concesiones que legitiman y mantienen viable una red de
conocidos. Walter Johnson (1999, Cap. 1) llegó a esta conclusión en referencia a un
caso especial escalofriante: las relaciones en el sistema de propiedad de esclavos
del Sur estadounidense antes de la guerra civil americana. En relación a las
historias de esclavos:
Algunos incidentes aparecen tan frecuentemente que parece casi seguro que
son arquetipos… Pero estos arquetipos tienen su propia verdad que contar:
señalan la manera en que el mundo miraba a la gente que tenía un acceso
limitado a la tecnología y la información… al margen de si cada una de estas
historias eran o no verdaderas (y sabemos que algunas lo eran),
colectivamente nos cuentan una verdad (p. 11).
Nada es ni simple ni claro en los procesos que atraviesan situaciones sociales, pero
proponemos algunos criterios para posibles pautas. Un Foro de Internet se abre a
diferentes tipos de lazos. Por ejemplo, la fuerza de un lazo deriva del número de
respuestas directas al posting de otro usuario, y/o del nivel de intimidad del
contenido de la comunicación. Hay asimetría si un usuario nunca responde a tus
comentarios.
Cada lazo que persiste encapsula luchas por el control. Cada lazo es un equilibro
meta-estable de intentos enfrentados por controlar, y como tales inducen informes
crónicos. Los lazos retratan conexiones, pero éstas no tienen por qué ser
interconexiones de una vez por todas entre identidades fijas. Los lazos siempre
reflejan, pero además están implicados en, actividad, según la ven tanto
observadores como participantes.
La vida habitual está llena de contradicciones. Éstas son menos acentuadas para
nosotros que para los niños. Pueden hacerse invisibles. La vida cotidiana nos
entrena y nos suministra con abundantes paquetes de historias. Para cualquier
momento dado hemos aprendido a aplicar sólo una historia del conjunto, y a
suprimir las memorias de los zigzags y cambios que hacemos y bordamos para
arreglárnoslas entre nosotros. Gran parte de las ciencias sociales han servido de
manera auxiliar a este suministro de paquetes de historias que son suficientes para
explicar casi todo con lo que nos encontramos -pero sólo por la adecuada
selección ex post de alguna historia en lugar de otra[11].
Esto explica cómo es que las historias se han hecho tan universales, por qué
comunican tan eficazmente entre diversos oyentes y audiencias (incluida la ciencia
social). Nadie ha sabido elaborar mejor los argumentos de esta sección que Charles
Tilly: Aquí cito extensamente de su reciente recreación maestra que incluye el
análisis acumulado durante una generación:
Y más adelante:
Esto se puede expresar también como inclusivo versus delimitado. Los rastros del
Mundo Pequeño son aquí también intermedios, ya que entrelazan lazos de todo tipo
de contenido pero bajo un epígrafe de reconocimiento. Pero el considerar que las
relaciones multiplexadas versus uniplexadas son el contraste ensombrece la
importancia de la fuerza del lazo, medido como un gradiente continuo: véase el
ejemplo de Rapoport más adelante.
Origen y variedad de las historias
Una relación concreta se interpreta en historias tanto por sus miembros como por
los que la observan. Amy Shuman ha indagado esto en profundidad con un grupo
de colegialas de ciudad. Ella documenta cómo las historias durante el transcurso de
muchos meses emergen a través de cambios alternantes entre relatos orales y
anotaciones de diario.
¿De qué manera más general ocurre esto? Las identidades perciben e invocan la
probabilidad de recibir impactos de otras identidades, las cuales son vistas haciendo
lo mismo. Estas relaciones se codifican en informes burdos que devienen en varias
anotaciones abreviadas de discurso o maneras de comportarse. Entonces conjuntos
de señales, comunicaciones por temas, llegan a transponerse de una situación a
otra. Finalmente estos conjuntos pueden sedimentar en historias. Éstas son de
reciente aplicación pero conocidas de antes y otros lugares de tal forma que los
lazos de relaciones pueden de hecho ser reconocidos por historias.
Para todo ello son imprescindibles los recursos del lenguaje: primero, por supuesto,
discursivo (Silverstein 1998) pero también gramatical. La oración es un mecanismo
maravilloso para envolver tres hebras de significación en breves vocalizaciones que
interactúan para sustentar el habla (Halliday 1994, p. 34). Una oración puede
conllevar una historia, la cual puede también hacer uso de la distribución léxica y
otros recursos cohesivos del texto (Halliday y Hasan 1976).
Las historias contienen cualquier cosa desde la línea mas simple que se oye en el
patio de recreo -“Ernie quiere a Sue, …verdad, …verdad”- pasando por excusas
hábiles y relatos explicativos básicos y cotidianos, y hasta llegar a fragmentos
recónditos de chisme profesional. Las historias se invocan, sin vacilación,
incesantemente. Pero una historia en sí misma no supone o requiere identidades y
relaciones. El chismorreo puede ser acerca de la caída del techo de una pista de
patinaje bajo el peso de la nieve, o un grito de que el oleaje está creciendo, una
llamada a volver a la playa.
Las historias pueden y de hecho ocultan proyectos de control. Los fracasos también
requieren historias que los acompañan. Ponga todas las artimañas de un lado; la
ocultación seguiría permaneciendo en el espacio social. Cada identidad busca
continuamente controlar para conservarse, y en esa lucha rompe, al tiempo que
establece, relaciones con otras identidades tales. Tanto las tensiones como su
superación inducen historias y pueden requerir conjuntos de historias para
caracterizar las relaciones dentro de la red.
Repertorios de lazos-historia
En la sociedad actual pero a una escala mucho menor, Sampson [16], en su estudio
detallado y meticuloso de un monasterio con su noviciado entrante, diferencia ocho
tipos de lazo, pero él los asigna a una gramática de afectos y no todos de hecho
producen configuraciones distintas. Esta reducción a unos pocos tipos diferentes
confirma la experiencia amplia de las pruebas sociométricas en poblaciones
pequeñas: compárese con Bjerstedt (1956) en relación a estudiantes en aulas
docentes, y Newcomb (1961) respecto a las hermandades de estudiantes. Y para
poblaciones grandes véase Burt (1987), Fischer (1982), y D. White y Johansen
(2006).
Comencemos con una caracterización abstracta del lazo como simetría. Ahora bien,
de forma pareja a la metáfora de la red hay siempre una metáfora de flujos.
Información, apoyo y actitudes son unas cuantas de las ‘sustancias’ que se
entienden como ‘fluyendo’ a través de una red. Así una codificación simple de lazos
-incluso del tipo conectado/desconectado- puede producir valoraciones útiles de lo
que está pasando en la red. No obstante el número de patrones posibles, redes, es
enorme, incluso para poblaciones pequeñas o codificaciones del tipo on/off. Como
cada lazo es una relación entre dos identidades, un lazo on/off tiene tres estados:
además de estar conectado “on” desde ambos lados puede ser asimétrico -
conectado “on” en una dirección solamente, o conectado “on” sólo en la otra
dirección. Éste es el meollo de la caracterización del lazo como simétrico o
asimétrico.
Formas tangibles de lazos se pueden diferenciar aun más. Por ejemplo, un lazo de
familia se puede extraer de un lazo multiplexado incluso al margen de su fuerza o
simetría. Pero aquí nuestra meta principal no es abrir en dos un lazo multiplexado,
ni tampoco la abstracción nuestra lógica principal. El foco teórico consiste en cómo
los diferentes tipos de lazos son construidos socialmente.
Para una identidad un nombre la hace transferible al mismo tiempo que única, de
modo que un nombre es la forma primitiva de ‘posición’. [18] De forma similar, una
etiqueta para una articulación conjunta de identidades, una díada, convierte a ésta
en un tipo de ‘lazo’, transferible. Estos matices de colores, que animan las historias
distintivas que dan contenido a tipos de lazos, se pueden tomar de las valoraciones
que se establecen durante la emergencia de identidades. Una vez más, los recursos
gramaticales del lenguaje son cruciales.
Los tipos de lazo de este modo pueden ser explicados y etiquetados y su número
puede ser estimado en términos de especializaciones. La especialización describe
cómo lo ecológico se conecta a lo social, por ejemplo en el trabajo (Udy 1970),
donde tiene una proyección técnica o de ingeniería. Uno vive en redes múltiples,
cada una delineando un dominio diferente.
Alguna red de lazos multiplexados multiuso de baja intensidad puede que sea lo
único que perciban los actores implicados, como también lo único que descubran
gran parte de los estudios de investigación de una población. Pero después de un
mayor escrutinio, se puede observar cómo los lazos se transforman en redes
especiales, cada una siendo una red de lazos enfocada por un conjunto
determinado de historias estereotipadas. Una identidad puede ser percibida de
manera muy diferente dentro de estas redes diferentes. En el dominio de un patio
de recreo con lazos del tipo compañero, por ejemplo, un niño puede ser percibido a
la ofensiva, como para compensar su rol defensivo en casa, donde una colección
diferente de historias caracteriza los tipos de lazo de parentesco.
Otro criterio universal para llegar a reconocer a los distintos tipos de lazos es la
institucionalización de lazos indirectos, compuestos a partir de lazos contiguos.
Participantes y observadores por igual se convencen a sí mismos de que es
pertinente el singularizar tal lazo para una red propia. Una relación que crece más
allá de ser meros conocidos implica un nivel de familiaridad con la otra parte como
para saber con quién esta última establece un lazo adicional. Por ejemplo, el amigo
de un amigo es una realidad, ofrece una orientación para la acción; no obstante el
lazo dirigido al amigo de un amigo no tiene por qué considerarse una relación de
amistad en sí mima. Así una distancia burda puede medirse en número de pasos
alejados de, teniendo en cuenta cierta calibración de la intensidad de la relación
que es requerida para codificar la presencia del lazo. Cierto sentido de distancia y
acumulación, de espacio social, es una consecuencia de y una motivación para
pensar en red (Burt 1990).
Por la amplia gama que existe de estudios de casos parece ser que los lazos
indirectos tienden a ser más homogéneos en intensidad y en atributos concretos
que los lazos directos que producen su construcción fenomenológica. Un ejemplo,
del régimen feudal normando, muestra cómo los esfuerzos intencionados de los
poderosos magnates por mejorar el reconocimiento de lazos indirectos de vasallaje
solían generar unas relaciones de calidad mucho más uniformes que las que tenían
lugar a través de los lazos directos, los cuales, sin embargo, aun parecen ser más
uniformes que los del régimen anglosajón anterior. Y lo que crea la atmósfera de la
sociedad Thai tan distintiva no es el lazo clientelar en sí mismo, sino más bien el
reconocimiento universal de lazos indirectos llevados a los límites de la población
general: es el caso límite de población de red como universo.
Un tipo de lazo asimétrico base puede cambiar de tal forma que ya no genere
relaciones indirectas. Esto de hecho ocurrió en el desarrollo normando del caballero
feudal común. Los lazos indirectos engendrados por lazos simétricos tienen más
probabilidades de conseguir un reconocimiento distintivo. Pero mientras que la
formación de lazos indirectos puede generar un reconocimiento inconfundible para
nuevos tipos de lazo, de igual forma el ámbito de relevancia de la población tiende
a aumentar, lo que a su vez tiende a debilitar el reconocimiento de lo distintivo.
Cuando los lazos indirectos se agrupan con su tipo de lazo base, esa red por
supuesto se conseguirá llenar. Y los lazos de ese tipo mostrarán entonces mayor
transitividad. Tal tendencia parcial a rellenarse de manera transitiva es bastante
común. Ha sido hallada en los estudios del Mundo Pequeño, aunque éstos resalten
cómo la conectividad pura tiene en cuenta agrupaciones locales.
Todo esto me suscita ideas de cómo llegar a una red única de otra manera.
Introduzcamos el público como un dominio de gran alcance donde se invocan un
conjunto de historias generales y superficiales en las relaciones. Piense en los
extraños sobre los que escribió Goffman y que nos encontramos en los escenarios
de nuestras calles urbanas o en el Metro. O piense en los porteros de Manhattan
descritos por Peter Bearman (2005) que charlaban con visitantes de los
apartamentos. Las relaciones son de baja intensidad y por ello transitorias y tan
expandidas como para diluir las peculiaridades en las incidencias de red y en el
impacto que aquellas identidades crean en otras redes.
A medida que una identidad emerge a partir del proceso social se acopla a otras
identidades. Cuando los lazos se rompen o una identidad degenera, se desacopla.
Acoplamiento significa inclusión. Desacoplamiento significa ruptura. Incluso esta
distinción no es fácil de hacer. Las percepciones son el asunto en cuestión, y por
supuesto también el control.
Dinámicas de control
Las historias sirven para describir los lazos de las redes. Éstos son lazos de
discordia así como de cooperación y complementariedad. Habrá muchas
percepciones diferentes, muchas historias sobre lazos concretos e interconexiones
de lazos. Las historias sirven para aliviar las búsquedas irreductibles de control por
parte de las identidades, dichas búsquedas pueden ser captadas de forma estática
por historias que representan lazos.
Un nuevo control adicional puede lograrse por parte de ciertos actores cuando una
red de lazos multiplexados llega a incluirse en subredes diferenciadas de tipos de
lazo. Un ejemplo es el análisis incisivo de Padgett y Ansell (1993) sobre el auge del
poder supremo de la facción Medici dentro de la política florentina del siglo XV.
Dichos autores describen con detalle cómo determinadas historias llegan a
asociarse con varios tipos distintos de lazos. [19] Todos podemos ver que los Medici
de hecho centralizaron el control; lo que es menos obvio es que segregaron los
lazos de las distintas personas que dependían de ellos en tipos de conexiones
diferentes. Ello hizo que estas personas dependientes se mantuvieran relativamente
separadas y segregadas, conectadas únicamente por vía de los propios Medici, y
por lo tanto con bases bien precarias para cualquier éxito en los intentos crónicos
de contrarrestar su control. En esta dinámica de control la naturaleza del lazo se
mantiene confusa.
La población de una subred también puede existir como proceso. Una serie de
impactos externos puede despedazar algún fragmento a la vista de todo el mundo
presente; luego vuelvo a esto en las secciones finales. Cualquier régimen de control
que sobrevive, que puede ser observado, también debe incluir movimientos
estratégicos por los participantes y aquellos deben suponer un cambio de tipo de
tríada determinada. Y los lazos que se centran en torno al afecto y las emociones
pueden impactarse vigorosamente el uno al otro en localidades inmediatas.
El punto focal de D-H-L es el grado de transitividad predicho entre los lazos de una
red. Y después un colega, Jensen (1985), derivó algoritmos para mostrar
conformaciones probables hacia la transitividad de toda la red, concretamente
como estructuras de tipo arbóreo, jerarquías parciales. La teoría puede por ello
buscar interpretaciones para entornos sustantivos diversos. Una gran parte del
mismo montaje puede interpretarse de forma muy diferente, en donde M ahora
representaría gustarse, denomínese lazo positivo p, A se asignaría a lazos de
aversión, y N sería la etiqueta para cada par sin lazo. Uno puede tratar de examinar
la conocida suposición proveniente de la teoría del equilibrio de Heider de que en
cualquier triangulo dado sin lazos nulos habrá o bien dos, o bien ningún lazo de
aversión. Esto ha sido ampliado de varias formas, en torno a la tendencia de cada
bucle cerrado de lazos positivos y de aversión a través de la red a tener un número
par de lazos de aversión. Uno puede entonces mostrar una tendencia para el
conjunto de todos los nodos de partirse en dos conjuntos con lazos de aversión
exclusivamente entre, no dentro de, las dos partes.
Las tríadas son por supuesto un caso especial. Muchos problemas del análisis de
redes (y naturalmente no sólo para las redes sociales) requieren localizar y
diferenciar subredes, en un surtido de tamaños.
Situándose a través de historias en tiempos sociales
Las estructuras sociales a menudo se conciben de tal forma que parecen las
antípodas de, o al menos sin relación con lo detalles y matices de, la secuenciación
de la temporalidad. Esto es así en parte por la influencia del estructuralismo (e.g.,
Lévi-Strauss 1969). Sin embargo los tiempos sociales deberían considerarse tanto
parte de la estructura como los espacios de redes. En palabras del teórico de redes
Granovetter:
El proceso social crea y define distancias para el tiempo al igual que lo hace para la
red. Los tiempos sociales están entretejidos con significados, a través de cambios;
por ello los tiempos acompañan historias así como relaciones. Las historias aluden
al comportamiento. El comportamiento guía a las historias. Pero, citando el
diccionario, “Comportamiento son acciones que en ocasiones especificas implican
relaciones esencialmente externas y a veces superficiales”. Una historia va más allá
de la conducta al tejer una interpretación dentro y alrededor de las relaciones
concretas, mientras que éstas se entretejen a través del tiempo en formas de
redes.
Los sistemas de tiempos verbales del lenguaje son por supuesto clave. Estos
permiten la actualización constante de historias a medida que el proceso social
continúa. Los significados se inscriben en la red como un palimpsesto.
Dibuje una red de lazos entre niños en un patio de recreo. Represente cada niño
con un punto como nodo. La red es pues una colección de nodos con líneas que se
conectan cada una representando un lazo entre un par de niños. Para definir el
lazo, se asume un cierto umbral de fuerza o persistencia de la relación en una díada
(Berkowitz 1982; Burt 1980, 1982).[20]
Otra abstracción útil es fijar los nodos en una geografía social de rechazo y
afiliación, en lugar de hacerlos mover de un lado para otro en el campo. Una
abstracción final es captar el patrón como si se tratara de lazos en una matriz
cuyas filas y columnas de niños están en un orden social que no coincide
necesariamente con las localizaciones del campo de juego.
Rapoport (1983) y colegas (e.g., Foster et al. 1963) resucitaron las redes para los
modernos analistas sociales a base de una innovación para el rastreo de redes.
Mucho antes, los sociogramas, siguiendo a Moreno, habían sido utilizados para
registrar pequeñas configuraciones interpersonales tales como las que cualquier
maestro puede intuir en el aula (Waller 1932). La cuestión era cómo extender la
idea de manera operacional a otros entornos más amplios.
Rapoport propuso medir grandes redes por los perfiles-frecuencia de rastros que las
atravesaban. La idea de rastrear una cinta de lazos habría sido anacrónica en las
sociedades tribales o arcaicas -aunque no en la antigua Roma o Persia. El asunto es
quiénes exactamente, en pares, están interconectados, y cómo exactamente en el
seno de una diversidad de marcos interpretativos de parentesco, trabajo, y juego
que son muy distintos y a menudo incomparables. En particular, quiénes están
interconectados por uno de los conceptos más sofisticados, el de la pura condición
de ser conocidos.
Ésta es una cuestión con limitaciones. La acción social siempre surge de accidentes
y especulaciones y jugadas tácticas que se convierten en aspectos de proyectos de
control entrecruzados y de gran alcance. Más adelante presentamos observaciones
casuales de bares de barrio y bailes de conocidos. Pero los rastros de redes de
Rapoport son herramientas de medición importantes, a pesar de estar separados de
incidentes particulares.
Cada idea requiere muchas nociones subsidiarias para llegar a ser operacional. La
conceptualización debe incluir el muestreo a partir de un conjunto estadístico de
posibilidades. Pruebe con un número de actores escogidos al azar cada uno como si
fuera el “centro” desde el que trazar conexiones; algunos parámetros útiles
entonces derivarán de hacer el promedio de los trazos resultantes. Trace una
secuencia dada tan lejos como sea posible. Dese cuenta que desde algún Sam en el
“centro” uno puede alcanzar una Suzy dada a través de un número cualquiera de
cadenas diferentes, a veces entre conjuntos completamente distintos de
intermediarios.
Según la primera idea, Rapoport presenta curvas acumulativas anidadas entre sí.
Cada curva muestra el porcentaje (promedio) dentro de la escuela al que se había
llegado en el paso j-avo desde el muchacho que elegía directamente. Estos son los
muchachos a los que se alcanza indirectamente (y a menudo repetidamente) a
través de cualquiera y todas las cadenas de lazos por cualesquiera intermediarios
trazados desde el “centro” de prueba que hizo la elección inicial directa.
Una curva recoge los rastros de trazados únicamente de las primeras opciones, otra
capta los rastros de las segundas opciones, y así sucesivamente. Así que hay un
curva distinta para cada “orden de cercanía” de elección de conocido. Los perfiles
de creciente conectividad construidos de esta manera son presentados en los
diagramas de Rapoport y sus colegas.
La segunda idea había sido operacionalizada haciendo que los encuestados listaran
sus conocidos según su orden de cercanía social o algún que otro criterio. Rapoport
entonces simuló que las quintas opciones, por ejemplo, verdaderamente creaban
un mundo en sí mismo, identificando un cierto “nivel” intermedio de intensidad. Así
los rastros son proporcionados de forma distinta para cada intensidad sucesiva de
niveles de lazos.
Hágase esta sencilla pregunta: ¿Debe el perfil de mejor amigo situarse por encima
o por debajo en cambio de otra opción más débil? Al demostrar de hecho que ésta
era la cuestión Granovetter trajo el trabajo de Rapoport a la atención, y uso, de la
comunidad de científicos sociales. Más aun, Granovetter mostró que era más
productivo simplificar la cuestión en lazos débiles versus fuertes; denominemos a la
unión de lazos intensos lazos de Granovetter.
Los lazos fuertes, lazos a los que sus nodos emisores dan preferencia, son débiles
en un contexto más amplio ya que no ligan una fracción tan grande del mundo en
un todo corporativo de conectividad. Granovetter elaboró todos los matices
implicados. Los lazos fuertes de hecho se situaban en grupos corporativos fuertes,
aunque diminutos, dirigidos tan hacia dentro de sí que cada uno de los pocos lazos
íntimos era escogido una y otra vez sin prestar atención a los contextos de las
personas. Resumiéndolo de forma abstracta: El entrelazamiento estrecho de lazos
cercanos en una red esta altamente correlacionado con un enroscamiento en sí
mismo.
Podemos descubrir que los lazos fuertes sólo pueden subsistir entre actores
similares, mientras que los lazos débiles de redes cotidianas pueden ocurrir entre
cualquier par de identidades. Pero los lazos de Granovetter, tanto débiles como
fuertes, también son conexiones multiplexadas entre identidades. Los lazos
multiplexados se mantienen a través de historias narrativas capaces de explicar
incertidumbres tanto físicas como sociales. Pero un simple retrato blanco y negro
de los lazos de Granovetter no da cabida para matices culturales e intensidades
intermedias. En su lugar los lazos de Granovetter tratan de la conectividad y los
agrupamientos, como hemos indicado anteriormente.
Nótese que los tiempos sociales también son articulados por redes de lazos. Un lazo
fuerte, visto desde dentro, constituye una continua lucha de control entre dos
identidades, y esta lucha define el presente fenomenológico -que en términos de
espacio-tiempo biofísico es un conjunto difuso (Zadeh et al. 1975) más que un
instante. Por esa misma razón se puede sustentar a sí mismo por periodos largos,
años. Los lazos débiles de Granovetter son casuales tanto si son vistos por otros o
por egos y pueden poseer una existencia fugaz.
Ahora el foco de interés son los lazos de fuerza intermedia. Cualquier lazo se define
por, induce, y responde a las historias, pero únicamente tal como se comunican
dentro de esa díada de identidades. Las presiones por controlar dentro de una
identidad también proporcionan una base de comparación de la fuerza de los lazos.
Salvo cuando las presiones por controlar entre identidades son o bien menores o
bien mayores que las presiones dentro de sí, se puede anticipar estabilidad en las
redes. La inferencia ahora es que los lazos de Granovetter, débiles y fuertes, están
excluidos.
Todos los otros tipos de lazos -aquellos que están cualitativamente diferenciados-
corresponden a toda la gama intermedia de tiempos, ni cortos ni largos. Entonces
es cuando las redes múltiples pueden ser reconocidas de acuerdo con el tipo de
lazo. Los tipos de lazo se diferencian en colecciones de historias. Cualquier lazo de
intensidad intermedia puede ser refractado en uno o más tipos de lazos, donde
cada tipo acompaña a una historia determinada de algún conjunto de historias, un
menú de opciones.
Así las distinciones cualitativas de los lazos sólo se mantienen por periodos
intermedios y para lazos de fuerza intermedia. Uno puede confirmar esto fijándose
en cómo las identidades mismas distinguen los tipos de lazo, especialmente en
contextos complejos y diferenciados. Éstos son contextos que suscitan el
desligamiento de relaciones enteras en tipos de lazo.
El “barrio” puede ser vago y amorfo para distinguir entre actores y sus lazos. Por
ello un bar puede tener una influencia significativa en moldear las percepciones que
existen en un barrio y quién y en qué pares está en el barrio como penumbra del
bar. ¿Pero qué determina el que un establecimiento siga este camino localista?
¿Cuándo es un bar gay o un lugar frecuentado por aficionados al hockey sobre
hielo, o lo que sea -y cuándo pueden varios de éstos recogerse en un conjunto
consistente?
Un lazo a alguien que está habituado al bar es una importante vía de acceso inicial
al lugar. Puede que uno haya oído alguna que otra forma en la que personas de su
condición frecuentan el lugar. Llegar a ser un bar del barrio es desarrollar un tipo
determinado de corporativismo. Las redes están presionadas. A medida que pasa el
tiempo las personas de los caminos próximos, y del área del entorno, al bar tienen
más probabilidades que otros de verse envueltos en un lazo o de identificarse con
el bar. Y tan real es el hecho que otros que llegan al lugar por casualidad puede
que no encuentren lazos e identificaciones, sino más bien signos de exclusión y no
de bienvenida.
La mezcla de redes con grupos corporativos es endémica. Éstas pueden ser del
Mundo Pequeño o de redes de staccato, y de lazos afectivos o de trabajo. A tales
mezclas se las puede observar cómo generan y conforman la experiencia de
estratificación social.
Este lazo generalizado presupone una falta de preocupación por los equilibrios
minuciosos de obligaciones que se encontraban en las formaciones tradicionales. No
hay un mecanismo tangible y concreto que percibamos que se dedique a controlar
dichas obligaciones. Este lazo multiplexado parece ser una reciente innovación
moderna, acompañada por un gran deseo de crear “privacidad”. Por ello es irónico
que su intimidad surja de la extracción de un dominio particular de tipo de lazo
hasta llegar a un público de lazo multiplexado, probablemente sin ser consciente.
Una sociedad tribal o feudal no tiene el lujo de conocer ningún lazo generalizado
que no esté articulado con una economía concreta de obligación. Tales formaciones
sociales más bien hacen uso de relaciones, cuyas partes se diferencian claramente
por su audiencia y ocasión -como con el parentesco, el pueblo, o cualquier cosa. Un
lazo multiplexado es un constructo tardío y sofisticado, desde esta interpretación de
la evolución.
Sin embargo el moderno lazo multiplexado no tiene por qué estar fraguado con la
tremenda potencia que se derivan de las presiones sopesadas por jugadas tácticas.
El amor romántico es meramente representativo de ejemplos extremos, no de
medianas de multiplexidad. (Algunos ejemplos extremos, notablemente de
disputas, también pueden hallarse en formaciones tradicionales.)
La condición moderna de persona
Esta visión modernista también encaja con la provincia del amor romántico, que a
primera vista parece puramente y certeramente asunto de una persona pre-
existente en armonía intensa con otra. Quizás. Pero de hecho las dos personas se
conocen en el Mundo Pequeño. Este Mundo Pequeño ha ido emergiendo desde
aquellos tiempos en los que una fenomenología de amor romántico se esparció más
allá de los círculos de trovadores (Bloch 1977). [25] Sólo cuando las personas son
enigmáticas en situaciones sociales se generan intensas atracciones personales,
como sostienen Swidler (1986) y Leifer (1982). Pero esta visión modernista
también nos hace recordar que una identidad puede únicamente tener una o dos
facetas o personajes (salidos de su yo corporativo) expuesto a la observación en
cualquier momento dado. Estas facetas son aglomeradas rápidamente por dicha
identidad, desde diferentes marcos interpretativos, a lo mejor hiladas entre sí en
historias y sin embargo también desacopladas.
El amor romántico es un tema de gran colorido. Por otra parte, las mismas
verdades se pueden argüir para otros asuntos cotidianos de nuestra vida en
contextos del Mundo Pequeño. Las actitudes son quizá la invención más distintiva
de los contextos modernos de la vida social. Se dedican porciones sustanciales de
tiempo y atención cognitiva a adaptar y renovar una serie de nociones sobre temas
que sorprendentemente son bien distantes a cualquier aspecto tangible de las vidas
reales de las personas en cuestión.
Las personas se hacen únicas en las identidades, aunque deban ser verificadas
como estereotipos. Así que hoy en día de alguna manera la persona es las
actitudes. Cada conjunto de actitudes puede ser concebido como diferenciando una
identidad.[26] Cada conjunto entonces puede sentirse a gusto al reconocer y definir
otras tales combinaciones como personas, con variaciones similares o compatibles o
de ninguna de las dos.
La política es sólo un ejemplo. Los deportes son otro, o mejor cada uno es una
familia moderna de ejemplos en cascada. Las personas son definidas y se definen a
sí mismas de la forma más fácil y barata, dentro del Mundo Pequeño que también
genera amor romántico, por las familias específicas de actitudes en las que
penetran, y también por las actitudes concretas hacia temas que en apariencia son
lo suficientemente portentosos como para que cada persona disfrute de una
‘participación’. El Trivial Pursuits es un juego de mesa emblemático de una época.
* * *
Referencias
Antal, F. (1965). Florentine Painting and its Social Background: The Bourgeois
Republic before Cosimo de Medici's Advent to Power: XIV and early XV Centuries.
London: Routledge.
Baldassarri, Delia & Peter S. Bearman (2006). "Dynamics of Political Polarization."
in ISERP Working Paper 06-07: Columbia University. Forthcoming in American
Sociological Review.
Bailey, Norman T. J. (1957). The Mathematical Theory of Epidemics. New York:
Hafner.
— (1982). The Biomathematics of Malaria. London: Griffin.
Bales, Robert F. (1970). Personality and Interpersonal Behavior. New York: Holt-
Rinehart-Winston.
Barkey, Karen. (2007). Empire of Difference. Stanford: Stanford University Press.
Baxandall, Michael (1980). The Limewood Sculpture of Renaissance Germany. New
Haven: Yale University Press.
Bearman, Peter S. (1997). "Generalized Exchange." American Journal of
Sociology 102:1383-415.
— (2005). Doormen. Chicago: University of Chicago Press.
Bearman, Peter S., James Moody & Katherine Stovel (2004). "Chains of Affection:
The Structure of Adolescent Romantic and Sexual Networks." American Journal of
Sociology110:44-91.
Berkowitz, S.D. (1982). An Introduction to Structural Analysis: the Network
Approach to Social Research. Toronto: Butterworths.
Bjerstedt, Ake (1956). Intrepretations of Sociometric Choice Status. Lund: Gleerup.
Bloch, R. Howard (1977). Medieval French Literature and Law. Berkeley: University
of California.
Bott, Elizabeth (1957). Family and Social Network: Roles, Norms, and External
Relationships in Ordinary Urban Families. London: Tavistock.
Breiger, Ronald L. (1990). "Social Control and Social Networks: A Model from Georg
Simmel." en Structures of Power and Constraint: Papers in Honor of Peter M. Blau,
editado por Craig Calhoun, Marshall W. Meyer & W. Richard Scott. New York:
Cambridge University Press.
Burt, Ronald S. (1987). "Social Contagion and Innovation: Cohesion versus
Structural Equivalence." American Journal of Sociology 92:1287-1335.
— (1980). "Models of Network Structure." Annual Review of Sociology 6:79-141.
— (1982). Toward a Structural Theory of Action: Network Models of Social
Structure,
— (1990). "Kinds of relations in American discussion networks." Pp. 411-451
in Structures of Power and Constraint: Papers in Honor of Peter M. Blau, edited by
Craig Calhoun,
Callon, Michel (1998). The Laws of the Market. Oxford: Blackwell.
Coleman, James S. (1961). The Adolescent Society. New York: Free Press.
Davis, James A. (1979). "Clustering and Structural Balance in Graphs." Human
Relations20:181-187.
Deutsch, Karl W. (1953). Nationalism and Social Communication. New York: Wiley.
Dodds, P. S., Roby Muhamad & Duncan J. Watts (2005). "An experimental study of
social search and the small world problem."
Eagle, Nathan, Alex Pentland & David Lazer (2007). "Inferring Social Network
Structure using Mobile Phone Data".
Emirbayer, M. & J. Goodwin (1994). "Network Analysis, Culture, and the Problem of
Agency." American Journal of Sociology 99:1411-1454.
Fischer, Claude (1982). To Live Among Friends: Personal Networks in Town and
City. Chicago: University of Chicago Press.
Foster, C.C., A. Rapoport & C. Orwant. (1963). "A Study of a Large
Sociogram." Behavioral Science 8:56-66.
Freeman, Linton C. (1979). "Centrality in Social Networks." Social Networks 1:215-
239.
Fuchs, Stephan (2001). Against Essentialism: A Theory of Culture and Society.
Cambridge: Harvard University Press.
Goffman, Erving (1963). Behavior in Public Places. Glencoe IL: Free Press.
— (1967). Interaction Ritual. New York: Pantheon.
— (1971). Relations in Public. New York: Harper.
Granovetter, Mark (1973). "The Strength of Weak Ties." American Journal of
Sociology78:1360-1380.
— (1982). "A Network Theory Revisited." Sociological Theory 1.
Grossetti, Michel (2005). "Where do social relations come from? A study of personal
networks in the Toulouse area of France." Social Networks 27:289-300.
Halliday, M.A.K. (1994). An Introduction to Functional Grammar. London: Arnold.
Howell, Martha C. (1998). The Marriage Exchange: Property, Social Place, and
Gender in Cities of the Low Countries, 1300-1550. Chicago: University of Chicago
Press.
Howell, Nancy (1969). The Search for an Abortionist. Chicago: University of
Chicago Press.
Jensen, Eugene C. (1985). "Network Macrostructure Models for the Davis-Leinhardt
Set of Empirical Sociomatrices." Social Networks 7:203-224.
Johnson, Walter (1999). Soul by Soul: Life Inside the Antebellum Slave Market.
Cambridge: Harvard University Press.
Kelsall, R.K. (1955). Higher Civil Servants in Britain. London: Routledge & Paul
Kegan.
Kochen, Manfred (Ed.) (1989). The Small World. Norwood NJ: Ablex.
Kossinets, Gueorgi (2006). "Effects of missing data in social networks " Social
Networks28:247-268.
Latour, Bruno (1999). "On recalling ANT." Pp. 15-25 in Actor-network theory and
after, editado por J. Law & J. Hassard. Oxford: Blackwell.
Lazega, Emmanuel (2001). The Collegial Phenomenon: The Social Mechanisms of
Cooperation among Peers in a Corporate Law Partnership. Oxford: Oxford
University Press.
Lazega, Emmanuel, and Olivier Favereau (Eds.) (2001). Conventions and
Structures. London: Elgar.
Leifer, Eric M. (1982). "Hierarchies of Ends: Uncertain Preferences in Strategic
Decision Making." Department of Sociology, Harvard University.
Lévi-Strauss, Claude (1969). The Elementary Structures of Kinship. Boston: Beacon
Press.
Luhmann, Niklas (1995). Social Systems. Palo Alto: Stanford University Press.
Milgram, Stanley (1967). "The small world problem." Psychology Today 2:60-67.
Milgram, Stanley. 1967. "The small world problem." Psychology Today 2:60-67.
— (1977). The Individual in a Social World. Reading, MA: Addison-Wesley.
Moody, James & Douglas R. White (2003). "Social cohesion and embeddedness: A
hierarchical conception of social groups." American Sociological Review 68:1-25.
Mousnier, Roland (1971). La Venalite des Offices Henri IV et Louis XIII. Paris: Press
Universitaires de France.
Namier, Lewis (1961). The Structure of Politics at the Accession of George III.
London: MacMillan.
Newcomb, Theodore M. (1961). The Acquaintance Process. New York: Holt,
Rinehart and Winston.
Padgett, John F.& Paul D. McLean. (2006). "Organizational Invention and Elite
Transformation: The Birth of Partnership Systems in Renaissance
Florence." American Journal of Sociology111:1463-1568.
Padgett, John F. & Christopher Ansell (1993). "Robust Action and the Rise of the
Medici, 1400-1434." American Journal of Sociology 98:1259-1319.
Podolny, Joel M. (2001). "Networks as the Pipes and Prisms of the
Market." American Journal of Sociology 107:33-60.
Simon, Herbert A. (1945). Administrative Behavior. New York: Macmillan.
Rapoport, Anatol (1953). "Spread of information through a population with socio-
structural bias. II. Various models with partial transitivity." Journal Bulletin of
Mathematical Biology 15.
Riggs, Fred (1964). Administration in Developing Countries: The Theory of
Prismatic Society. New York: Houghton-Mifflin.
Schneider, David M. (1968). Kinship and Social Organization. New York: Humanities
Press.
Shuman, Amy (1986). Storytelling Rights: The Uses of Oral and Written Texts by
Urban Adolescents. New York: Cambridge University Press.
Silver, Allan (1989). "Friendship and trust as moral ideeals: an historical
approach." European Journal of Sociology 30:274-297.
Silverstein, Michael (1998). "The Improvisational Performance of Culture in
Realtime Discursive Practice." in Creativity in Perfomance, editado por R. Keith
Sawyer. Greenwich, CT: Ablex.
Simmel, Georg (1955). Conflict and the Web of Group-Affiliations. New York: Free
Press.
Stewman, Shelby (1976). "Markov Models of Occupational Mobility: Theoretical
Development and Empirical Support; Part I, Careers." Journal of Mathematical
Sociology 4:201-245.
Swart, Koenraad W. (1949). Sale of Offices in the 17th Century. The Hague:
Nijhoff.
Swidler, Ann (1986). "Culture in Action: Symbols and Strategies." American
Sociological Review51:273-86.
Tilly, Charles (2002). Stories, Identities, and Political Change. London: Rowan and
Littlefield.
Thrupp, Sylvia L. (1948). The Merchant Class of Medieval London: 1300-1500:
University of Michigan.
Udy, Stanley (1970). Work in Traditional and Modern Society. Englewood Cliffs,
N.J.: Prentice-Hall.
Watts, Duncan J. (1999). Small Worlds: The Dynamics of Networks between Order
and Randomness. Princeton: Princeton University Press.
Watts, Duncan J., Peter S. Doods & M. E. J. Newman (2002). "Identity and search
in social networks." Science 296:1302-1305.
Wellman, Barry (1981). "The Community Question." American Journal of
Sociology 84:1201-1231.
Wellman, Barry, Peter J. Carrington & Alan Hall. (1988). "Networks as Personal
Communities." Pp. 130-184 en Social Structures: A Network Approach, editado por
Barry & S.D. Berkowitz Wellman. New York: Cambridge University Press.
White, Douglas R. & Ulla C. Johansen. 2006. Network Analysis and Ethnographic
Problems: Process Models of a Turkish Nomad Clan. Oxford: Lexington Books.
White, Harrison C. (1970). Chains of Opportunity: System Models of Mobility in
Organizations. Cambridge, MA: Harvard University Press.
Zadeh, L., K. Fu, K. Taneka & M. Shimura (Eds.) (1975). Fuzzy Sets and their
Applications to Cognitive and Decision Processes. New York: Academic Press.
[*]
Este texto forma parte de White, Harrison C. (2008). Identity and Control: How Social Formations
Emerge. Princeton, NJ: Princeton University Press. Traducido por Jorge Fontdevila, 2008,
[email protected]
[2]
El concepto de “netdom” relaciona las abstracciones diferentes de red social (network) y dominio
cultural (domain). Redes y dominios se fusionan en tipos de lazos que a su vez producen un conjunto de
historias y un sentido característico de su temporalidad (White 2008; N. del T.).
[3]
Los que abandonaban la búsqueda terminaban las cadenas falsamente, pero la distribución de
longitudes de cadena puede ser corregida para evitar resultados sesgados (White 1970a).
[4]
Por ejemplo, los Tallensi (Fortes 1945).
[5]
Debido a que Milgram hizo una selección arbitraria de iniciadores y debido a que el índice de éxito fue
pequeño, Kleinfeld (2002) concluyó que el fenómeno del Mundo Pequeño no era empíricamente fiable.
En una simulación Watts (2003, ch.5) halló que seis era la mediana del número de pasos de una cadena
de búsqueda, rehabilitando a Milgram.
[6]
Para más información acerca de roles ver, por ejemplo, Nadel (1957) sobre roles en general, y Boyd
(1991) y White (1963) sobre redes de roles de parentesco, Wellman y Berkowitz (1998) sobre
fenomenología, Pattison (1993) sobre modelos.
[7]
Sobre esta base pueden desarrollarse entendimientos sofisticados de solidaridad, a partir de lo que
Doreian y Fararo (1998) formulan como aspectos ‘ideacionales’ y ‘relacionales’ (también ver D. White y
Hagen 2006).
[8]
Los patrones subyacentes a los cambios de uno a otro netdom (netdom switching) son la
subestructura. Estas relaciones son la forma no marcada que constituye una dualidad pareja a los lazos
marcados por historias. Éste es un dualismo que es común en el lenguaje (Battistella 1996). La forma no
marcada es elusiva, y la marcada puede que parezca un artefacto.
[9]
Retenemos el término “red” como designación por su familiaridad, pero de hecho tiene connotaciones
mecanicistas y puede dar lugar a interpretaciones erróneas. La terminología que se aplica en las ciencias
sociales continúa siendo aproximada y sin estandarizar, a pesar de compendios como los de Wasserman
y Faust (1994), e historias (histories) como las de Freeman (2004). Existen fundamentos matemáticos
en la teoría de grafos y relaciones binarias (e.g., Berge 1962; Harary 1977; Ore 1965; Watts 1999).
[10]
Pero esta es la conclusión de un investigador, un observador, y los análisis de netdoms quizás
deberían estar más cerca de las experiencias vividas, nebulosas y borrosas y escurridizas y estocásticas.
[11]
Algunos teóricos sociales y económicos están trabajando para adaptar preferencias y maximización
de objetivos a las realidades de la percepción contenidas en historias. Una dirección en este despertar
sería los efectos de ‘marcos interpretativos’ (framing effects) (e.g., Kreps 1988, ch. 14; Lindenberg
1989a, b).
[12]
Esta idea proviene de Pizzorno (1991).
[13]
Algún tipo de red social puede ser descubierta en otras especies sociales además del hombre, al
menos para los lobos y monos. Uno encuentra en aquellos, ordenes jerárquicos (pecking orders) y lazos
y desde luego luchas por el control (e.g., E. Wilson 1979; Wynne-Edwards 1985). Todo ello supone
comunicación, pero a un nivel simple que no necesita ir más allá de los niveles de feromonas de una
sociedad de hormigas (E. Wilson 1970). Esto sugiere que la significación y las historias son las que
distinguen la acción social humana. Sin historias, la acción social tendría una cualidad monótona; no
existirían todos los “colores” que los humanos observan y utilizan en entornos sociales.
[14]
Su estimación, para un entorno africano, confirma los datos mas detallados que hallamos publicados
para los aborígenes australianos (Rose 1960).
[15]
Por ello, la elección de matrimonio está restringida en términos de parentesco, como también la
residencia y la recolección de alimentos. Los hallazgos de Howell no son inconsistentes con lo poco que
se ha deducido por las reconstrucciones arqueológicas de los primeros homínidos.
[16]
Su tesis de 1968 nunca ha sido, desafortunadamente, publicada; véase Boyd (1991) para un análisis
definitivo.
[17]
Esto es aparte de las formulaciones culturales como las de los tres dominios de Duby (1980). Otros
también relacionan el tipo de lazo con el concepto de ‘dominio’ (realm), acerca del cual cito a Tillich
(1963, p. 16): “‘Dominio’ es una metáfora como ‘nivel’ o ‘dimensión’, pero básicamente no es espacial
(aunque sea eso también); es básicamente social. Un dominio es una sección de la realidad en donde un
dimensión especial determina el carácter de cada individuo perteneciente a él, no importa que sea un
átomo o un hombre”.
[18]
Desarrollado como constructo en el capítulo 8 de White 2008.
[19]
Su artículo es fuera de serie en cuanto al número de tipos de lazos que son capaces de extraer de los
relatos históricos. Hay nueve, y entonces el análisis prosigue (1993, p. 17) explicando la agregación en
dos familias, una con tipos de lazo fuertes—cada uno de ellos con tendencia a la endogamia en el
sentido de los rastros de Rapoport—y la otra familia con tipos de lazo débiles que agrupan a los actores
de manera bien diferente, siguiendo una equivalencia estructural.
[20]
Uno puede llegar a obsesionarse con los problemas y las posibilidades de la medición. Las pistas
posibles son innumerables. Los movimientos de los ojos pueden ser tan fiables como las vocalizaciones
(Duncan 1977) como indicadores de lazos. Un actor puede que no haga abstracción de las conductas de
la misma forma que otros, o que un observador pudiera abstraer si se le solicitara articular dicho
entorno social. Bjerstedt (1956) pronto descubrió una robustez sorprendente a través de diferentes tipos
de sondeos sociométricos. Una red sociométrica no es más que la codificación o el registro de un
observador de un conjunto de relaciones entre pares de personas. Cualquier red es menor que un mapa
conocido y atendido por todos los actores de la red. Puede que haya o no haya nombres conocidos. Una
red es una cuestión de conjuntos difusos (fuzzy sets) (Zadeh et al. 1975).
[21]
En sus opciones para elegir, los entrevistados no demostraron prestar demasiada atención a los
criterios exactos estipulados—véase la nota anterior.
[22]
Como también se menciona en el primer capítulo de White (2008), esté número es además el tamaño
mínimo para poblaciones relativamente separadas e independientes en muchas clases de contextos,
desde los aborígenes australianos hasta la aldea moderna.
[23]
Pero esto depende del contexto general. Por ejemplo, bajo sistemas de recompensas clientelares (ver
capítulo 6 de White 2008) puede que no se reconozca ninguna diferenciación de habilidades y por ello no
hay desligamiento de lazos al otorgar dichas recompensas. Nótese que el contexto institucional es
diferente aquí que en las búsquedas de trabajo que Granovetter estudió.
[24]
Se podría argüir que el daño sufrido por la teoría de juegos es el peor efecto de la teoría de la
elección racional (para la cual véase el capítulo 4 de White 2008). Cuando fue introducida por Von
Neumann, la teoría de juegos tenía el potencial de refundar la teoría de la acción social.
Desafortunadamente, fue transferida a manos de los teóricos economistas. Los resultados por muchos
años fueron un aumento de ejercicios áridos, excepto en el trabajo de Schelling (1978), quien evita la
teoría sistemática o modelaje, y en el de Shubik (1984). Nuevos desarrollos están de camino, pero una
teoría de juegos efectiva tiene que centrarse en los procesos que inducen identidades y disciplinas, y
que inducen la organización social.
[25]
No hay feromonas de personas que señalen a una persona como la especial de otra; i.e., no se puede
hacer una sociedad de hormigas (Wilson 1970) mejor; un sistema de fila (queuing system) de servidores
estocásticos (Kleinrock 1964; Riordan 1962) es una manera de modelo formal de situar al amor
romántico.
[26]
Los cálculos combinatorios muestran que el número posible de combinaciones o conjuntos es
astronómicamente superior a cualquier población humana: véase Cameron 1994.