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Filosofía y Aborto: Un Debate Profundo

El documento resume las posiciones de Peter Singer sobre el aborto. Singer clasifica a los abortistas en dos categorías: los que se oponen a la primera premisa del silogismo anti-aborto ("está mal matar a un ser humano inocente") y los que se oponen a la segunda premisa ("un feto humano es un ser humano inocente"). Singer considera que los abortistas de la segunda premisa son superficiales, mientras que los de la primera premisa plantean su postura con mayor profundidad e invitan a un debate más significativo. El documento también resume la post
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Filosofía y Aborto: Un Debate Profundo

El documento resume las posiciones de Peter Singer sobre el aborto. Singer clasifica a los abortistas en dos categorías: los que se oponen a la primera premisa del silogismo anti-aborto ("está mal matar a un ser humano inocente") y los que se oponen a la segunda premisa ("un feto humano es un ser humano inocente"). Singer considera que los abortistas de la segunda premisa son superficiales, mientras que los de la primera premisa plantean su postura con mayor profundidad e invitan a un debate más significativo. El documento también resume la post
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Resumen del texto: “Aprendiendo de los abortistas de la primera premisa”:

Con respecto al tema del aborto la función de la Filosofía no es decidir por otros ni intentar hacer
propaganda a favor de una opinión determinada, sino que consiste en plantear el tema con
claridad y profundidad. Lo único prohibido en una discusión filosófica debería ser la
superficialidad, esta impide el diálogo y las decisiones libres.

La superficialidad genera pseudo-problemas, pseudo-decisiones, pseudo-peleas y también


pseudo-acuerdos.

Peter Singer formula así el “silogismo anti-aborto”:

1) “Está mal matar a un ser humano inocente”

2) “Un feto humano es un ser humano inocente”

En conclusión, “Está mal matar a un feto humano”

De aquí podría clasificarse a los abortistas en dos categorías: Los contrarios a la primera premisa y
los contrarios a la segunda. Los abortistas de la segunda premisa son superficiales, por lo que
hacen imposible el diálogo filosófico y los abortistas de la primera premisa, en cambio, explican su
postura con profundidad y sus ideas deberían ser bienvenidas por igual. Plantean las alternativas
con claridad, por lo que invitan a una elección verdaderamente libre.

Según Singer, no existe absolutamente ninguna duda de que un feto es un ser humano, en el
sentido de que es un ser vivo perteneciente a la especie humana y distinto de su madre. Negar
esto supondría una ignorancia excesiva o mala fe, si el problema a discutir fuera el de la
humanidad del embrión, no habría en realidad discusión posible.

También es cierto que no podemos limitarnos a invocar el "derecho a elegir" de una mujer para
evitar la cuestión ética de la condición moral del feto. Si el feto tuviera la condición moral de
cualquier otro ser humano, sería difícil sostener que el derecho a elegir de una mujer embarazada
comprende el de provocar la muerte del feto.

Singer propone dejar atrás los mandamientos de la “vieja moral” y reemplazarlos por los de otra
nueva y más coherente. Por ejemplo, dice que debemos sustituir el mandato de “considerar que
toda vida humana tiene el mismo valor” por el de “reconocer que el valor de la vida humana
varía”; “nunca poner fin intencionadamente a una vida humana inocente” por “responsabilízate de
las consecuencias de tus decisiones” (incluida la de matar); “creced y multiplicaos” por “traer
niños al mundo sólo si son deseados”; “considerar toda vida humana siempre más valiosa que
cualquier vida no humana” por “no discriminar por razón de la especie”.

La idea de una inviolabilidad absoluta de los seres humanos inocentes, afirma Singer, es propia de
un paradigma antiguo, que genera muchos problemas y paradojas en la civilización actual. La
biología ha demostrado que los seres humanos no poseen ninguna característica biológica que los
haga singulares y separados del resto de las especies.

Pero el deber ético de no dañar a quienes pueden sentir dolor (sean de la especie que sean)
parecería de sentido común, por eso, tendría algún fundamento la discusión sobre las 12 o las 14
semanas de desarrollo del embrión como límite para un aborto. Aunque este criterio no debe ser
tomado como exclusivo, porque hay causales por las que conviene matar a un ser con un sistema
nervioso desarrollado y también situaciones en las que no estaría bien hacerlo con uno que esté
en estado de inconsciencia.

El último y más decisivo criterio es el de la “personeidad”, según esto no todos los individuos de la
especie humana son personas ni todas las personas son humanas. Ser persona supone
autoconsciencia y capacidad moral, nunca debe matarse a una persona, pero a veces es necesario
matar seres humanos no personales, inclusive a aquellos capaces de sentir dolor.
Cuando existe un conflicto de derechos entre una madre, que sí es persona, y su hijo en un estado
no-personal, aquella tiene derecho a matarlo. Lo que da lugar a que se pueda realizar infanticidio
si el hijo presentara algún problema ya nacido.

Es frecuente que algunos abortistas propongan una postura intermedia entre la de los abortistas
de la primera premisa y la de los abortistas de la segunda. Cuando,
por ejemplo en nuestro país, un defensor del aborto manifiesta opiniones contrarias a la primera
premisa suele recurrir a una dosis de abortismo de la segunda premisa, como una forma de
atenuar un poco la dureza de sus opiniones a los oídos de algunas personas. De esta forma,
combina sus ideas con otras relacionadas con la “defensa de la vida” o de los “derechos humanos”
Los abortistas de la primera premisa rechazan tal procedimiento encubridor, inaceptable para los
defensores de una postura profunda.

La filosofía puede colaborar con la reflexión sobre este tema no aportando soluciones de entrada,
sino planteando aternativas auténticas. Se trata de un tema muy difícil desde un punto de vista
existencial, pero muy sencillo en lo teórico.
Esta disparidad potencia los intentos de complicarlo teóricamente, a costa de la lógica y de la
hondura filosófica de muchos argumentos.

Respecto de estas opciones los abortistas de la primera premisa nos enseñan que las alternativas
en juego son claras y que debemos animarnos a considerarlas, que son imposibles el diálogo y las
decisiones libres intentando ocultarlas o mezclarlas, que debemos elegir entre una concepción de
la realidad conforme a la cual todos los seres humanos tienen un valor absoluto y otra según la
cual quienes tienen el control y el poder tienen más derechos que los vulnerables e indefensos,
que sigue vigente la opción entre la contemplación y el amor de una realidad intrínsecamente
valiosa por un lado, y el dominio de una realidad desprovista de valor, por otro y que debemos
optar entre la defensa de los derechos humanos y la defensa de los derechos de los poderosos.

El debate sobre el aborto es, al mismo tiempo, una discusión acerca de nuestra visión del ser
humano, del mundo, de la cultura y de la historia humana.
Peter Singer invita a una “revolución copernicana” de tipo ético, que implica el abandono de la
idea de “santidad de la vida humana”, puesto que el mandamiento de “nunca poner fin
intencionadamente a una vida humana inocente” es “demasiado absolutista”

Max Horkheimer y Theodor Adorno develaban hace años los principios de este nuevo ideal de
“progreso”: “¿Dónde están tus grandes peligros?” se preguntó Nietzsche una vez, “En la piedad”.
*Dudas luego de leer el texto:

•¿Que significa que la superficialidad genera pseudo-problemas, pseudo-decisiones, pseudo-


peleas y también pseudo-acuerdos?

•¿Que significa que la diferencia no sea meramente lógica, sino también de profundidad
metafísica?

•¿Por qué el debate sobre el aborto es, al mismo tiempo, una discusión acerca de

nuestra visión del ser humano, del mundo, de la cultura y de la historia humana?

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