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Novena Ntra Sra de Lujan

El documento habla sobre Nuestra Señora de Luján, la patrona de Argentina, venerada en la milagrosa imagen de la Villa de Luján. Describe brevemente cómo la imagen se detuvo milagrosamente en Luján y desde entonces se quedó allí como la Madre del pueblo argentino. Finalmente, expresa gratitud a María por haber elegido Luján y a Argentina como lugar especial bajo su advocación como Nuestra Señora de Luján.

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Novena Ntra Sra de Lujan

El documento habla sobre Nuestra Señora de Luján, la patrona de Argentina, venerada en la milagrosa imagen de la Villa de Luján. Describe brevemente cómo la imagen se detuvo milagrosamente en Luján y desde entonces se quedó allí como la Madre del pueblo argentino. Finalmente, expresa gratitud a María por haber elegido Luján y a Argentina como lugar especial bajo su advocación como Nuestra Señora de Luján.

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NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

PATRONA DE ARGENTINA, VENERADA EN


LA MILAGROSA IMAGEN DE LA VILLA DE
LUJAN

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Amén.

Acto de Contrición
Dios mío, me arrepiento de todo Dios mío, me arrepiento de
todo corazón de todo lo malo que he
hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te
he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado
sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia,
cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones
de pecado. Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de
nuestro Salvador Jesucristo.

Oración Principal
Divino Jesús, que, en la hora suprema de vuestra agonía, para
no dejarnos en la orfandad: en la persona del evangelista San
Juan, nos honrásteis con el nombre de hijos de vuestra propia
Madre y dísteis a Ella, la misión amorosa de ser la Madre de la
humanidad; venimos a postrarnos a vuestros pies, para rendiros
el homenaje de nuestra gratitud, por esa fineza de vuestro
amor paternal.
No nos dejásteis, así, solos en el mundo, en el momento de
vuestra muerte y de vuestra partida. María ha sido la
verdadera Madre de la humanidad y nosotros, sus hijos, hemos
recibido de Ella, los inmensos beneficios de su inagotable amor.
Desde la hora en que acompaña a vuestros discípulos, en el
cenáculo y los guía, a través de trabajos apostólicos, en sus
años de vida sobre la tierra, hasta la hora presente, después de
su muerte, sus caricias amorosas han rozado la frente del
mundo, para consuelo y aliento de sus penas, para alegría de sus
triunfos y para guía de su tránsito por la vida, hacia la feliz
eternidad. Y unas veces con sus escapularios y otras con sus
rosarios, ya desde un trono de espinas, ya desde una columna,
ora en las grutas de los montes, ora en la espesuras de las
selvas, que
siempre que en la sublime visión de su belleza; descendió a la
tierra bajo innumerables advocaciones, fue la Madre de
misericordia, cumpliendo la divina misión que Vos le
encomendásteis, en la cumbre del Calvario.
Señor, este pueblo, postrado hoy ante vuestras aras, también
ha merecido su especial favor; también él puede llamarse su
hijo y darle el dulce nombre de Madre, porque así se ha
mostrado, al elegir un rincón de esta tierra, para fuente de sus
gracias. Su imagen bendita que, un, día,. se detuvo en Luján,
para morar en él, no es otra cosa que un venero de los amores
maternales de María, difundidos por todos los ámbitos de la
patria.
Señor: gracias infinitas os sean dadas, porque al darnos a
vuestra propia Madre por Madre del mundo, nos la dísteis, de
una manera especial, en la advocación de Ntra. Sra. de Luján,
que es la dicha, el tesoro y la gloria de la devota Nación
Argentina, que la proclama, con justicia, Reina del Plata y
Madre de su pueblo.

PRIMER DÍA

Inmaculada Virgen María, que en un exceso de vuestro amor


maternal, hicisteis al pueblo argentino el honor. de vuestra
visita y el obsequio de vuestra
eterna compañía; el pueblo que así favorecísteis, siente, hoy, la
inmensa alegría de recordar vuestra venida prodigiosa y
meditar, ante vuestras aras, esa sublime manifestación de
vuestro amor.
Y ante sus ojos, llenos de lágrimas de placer, contempla aquel
convoy formado de carretas, que llevando vuestra efigie, se
detiene, de improviso, en los campos de Luján: asiste al
espectáculo extraordinario que ofrecen los bueyes que
arrastraban la carga y que aunque aguijoneados, con fiereza,
por sus conductores, se niegan a seguir adelante, y ve
finalmente, cómo retirada del cargamento vuestra preciosa
imagen, se puede continuar la marcha y cómo, a raíz de ese
prodigio, os quedáis entre nosotros, para no abandonarnos
jamás. Y recordando todo eso, lleno de entusiasmo, los saluda
reverente, se postra ante la milagrosa efigie y saluda en
vuestra aparición, a la que. va a ser, desde esa hora, la Madre
del pueblo en el cual sentáis vuestro trono de Reina. ¡Cómo no
bendeciros, Inmaculada Virgen María, por tan singular favor!
¡Cómo no aclaramos nuestra Madre, si todo ese prodigio es obra
de vuestro corazón maternal, que precisamente se queda en
medio del pueblo argentino para prodigarle su amor
!Que sea, para Vos, agradable morada nuestra tierra; que sea
para nosotros, feliz presencia la vuestra; el pueblo os ama con
delirio: Vos amáis al pueblo y en medio de esos amores, qué bien
estáis entre nosotros, y nosotros con Vos, qué felices que
somos. No os vayáis jamás de aquí, con vuestro amor. No os
perdamos jamás nosotros, con nuestra ingratitud.

Deprecaciones
Seáis bienvenida, oh María a nuestro pueblo. Permaneced en él
eternamente. Sed su Reina y Madre, pero Madre de
misericordia.
Dios te salve, María… (Cantada y rezada)

Santificad, Señora, al pueblo que elegísteis, Para que vuestra


venida sea una prueba de su salvación.

SANTO ROSARIO

Así como vuestra visita a la madre del Precursor, hace aún


sonar, en nuestros templos, las notas del Magnificat; que por
esta visita que hacéis al pueblo argentino, vuestro nombre
suene siempre en sus labios y se grabe en su corazón

SEGUNDO DÍA
¡Oh, Virgen de Luján! Ya estáis en nuestro pueblo. Ya el
prodigio de vuestra venida os ha merecido un trono en la
humilde llanura de Luján, con la primera capilla levantada en
vuestro honor y un trono más hermoso todavía, en el sencillo
corazón de los moradores de las pampas. El campesino os saluda
con la plegaria aprendida en la infancia y el errante gaucho
detiene su corcel frente a vuestra ermita y pronuncia ante Vos,
la oración que el corazón le dicta. Vuestro corazón de Madre
goza ante esa pureza de amor incontaminada y un himno de
gratitud suena en torno vuestro, en retribución de traídos por
el imán de los hogares se agrupan cerca de vuestro trono y
unen al arrullo del río, que besa vuestras plantas, el rumor de
sus faenas. Ya sois, Señora, la fundadora de una villa, la que
llevará vuestro mismo nombre y tendrá el orgullo de ser, más
tarde, el tabernáculo de vuestras glorias. ¡Ah! Bien podemos
repetir con la Sagrada Escritura que no se ha hecho cosa tal,
con todas las naciones. Eso lo reservabais para este pueblo
predilecto vuestro, que no se cansa de repetir lo que ha
grabado alrededor de vuestra imagen: La Virgen de Luján es la
primera fundadora de esta Villa.
Fundadora; porque sois Madre, Ilenásteis de hijos devotos
vuestros, toda la comarca. Fundadora: multiplicad los devotos,
los hombres de fe, los pueblos creyentes, para que nuestra
nación os tenga siempre por madre y bajo vuestro patrocinio,
no se pierda jamás, en el naufragio de la duda y de la
incredulidad.

Deprecaciones

Fundadora de la Villa de Luján, sed también el


fundamento de nuestra vida espiritual, para que jamás se
derrumbe el edificio de nuestra fe.

Dios te salve, María… (Cantada o rezada)

Virgen de Luján, que se apoye siempre en Vos la familia


argentina y que su escuela enseñe a las
generaciones infantiles, a fundamentar su porvenir, sobre la
base inconmovible de la moral.

SANTO ROSARIO
Sed, poderosa Señora, el sostén de nuestras instituciones y
cuando súbditos y mandatarios ,se descarrilen del sendero del
bien, dadles la fortaleza necesaria para que encaminen,
nuevamente sus pasos, por el camino de la virtud.

TERCER DÍA
Ya lo suponía el pueblo, oh Madre de misericordia! ¿A qué
habíais venido a nuestra tierra? – A abrirnos el caudal de
vuestros favores.- Y apenas estáis, entre nosotros, ya corre,
por doquiera, la fama de vuestra generosidad maternal. Los que
necesitan del auxilio del cielo, los que sufren, los que lloran,
corren a vuestros pies y basta una sola Ave María rezada ante
vuestras aras, un sollozo llegado hasta vuestro oído, para llenar
de alegría, los corazones afligidos. Y como si eso no bastara,
Vos misma iréis, peregrina bajo la luz de las estrellas, buscando
en el tugurio del enfermo humilde, que no ha podido llegar
hasta vuestro trono, una miseria que salvar, una pena que
calmar, una lágrima que enjugar y hasta el lodo que se ha
pegado a vuestro manto, en el camino, y que desprende de él, un
humilde esclavo vuestro, servirá de bálsamo maravilloso, para
aliviar y curar los dolores de la tierra.
¡Oh, Madre de Luján! ¡Cómo te muestras así Madre y Madre de
misericordia, inspirando nuestra confianza hacía vos!
Escuchadnos, Señora. Monstra te esse trem; mostradnos que
seguís siendo esa Madre. Hay muchos que sufren; hay muchos
que lloran. Compadecéos de todos ellos. Pero junto con las
miserias materiales, los más sufren de enfermedades morales.
Sed su remedio. Son vuestros hijos; que no se pierdan. Llamad a
las puertas de sus corazones: visitadlos con vuestras
inspiraciones y prodigadles el auxilio para su conversión, para
que todos, Señora, sin que falte uno solo, os aclamen Madre,
también en la eternidad.
Deprecaciones
Madre de los humildes, caritativa Virgen de Luján, no olvidéis a
los que sufrimos, en este valle de lágrimas
Dios te salve, María… (Cantada o rezada)

Sagrada Virgen María, piélago inmenso de inagotable caridad,


haced que el amor de los hermanos reine entre nosotros y que
en medio de vuestro pueblo, se mantenga siempre ardiendo, la
hoguera de la caridad cristiana.

SANTO ROSARIO

Virgen de Luján, que habéis socorrido, tantas veces


nuestras pobrezas materiales, que vuestro auxilio sea también,
para nuestra indigencia espiritual, haciéndonos ricos de las
virtudes, que conducen al cielo.

CUARTO DÍA
Virgen Santísima, aclamada por la Iglesia, Auxilio de los
cristianos, cómo podía faltar ese auxilio vuestro a un pueblo
que, confiado en Vos, ha llamado infinitas veces a las puertas
de vuestro amor, para implorar vuestra misericordia. Tenían
que venirnos, con vuestra venida, todos los bienes; ella era una
prenda del auxilio que habíais de prestarnos, y he ahí que en las
horas de los grandes peligros escuchásteis, benignamente, las
plegarias de vuestro pueblo.
Pudieron las nubes del cielo negar a nuestras campiñas su
benéfica lluvia y los rayos abrasadores del sol amenazar la vida
de nuestras mieses; pero ¡ah! los lamentos del labriego llegarán
a vuestro corazón y terminarán las sequías y los campos se
cubrirán con la esmeralda de las hierbas y el oro de los
trigales.
Pudieron las hordas salvajes del desierto lanzarse airadas
contra las indefensas poblaciones y hacer sonar su grito de
exterminio, anunciando el saqueo, el incendio y la matanza.
Todo debía ser en vano, porque ese pueblo devoto vuestro, que
postrado ante vuestra prodigiosa imagen de Luján os invocaba
en medio de su angustia, con ilimitada confianza, contaba con
vuestro auxilio. Y vuestro poder había de manifestarse en su
favor, añadiendo una prueba más a las muchas que ya le habíais
dado de vuestro amor maternal. Y los indios perderán su
camino, desbaratados por vuestro poder, y la borrasca pasará
muy lejos, anunciando, en su bramido, el pararrayos invisible
que la había disipado.
¡Oh, generosa Madre, ante este nuevo prodigio, cómo no se ha
de afirmar nuestra fe en vuestro poderoso auxilio, hoy que la
indiferencia general, como una larga sequía, está marchitando
el fervor de nuestra devoción, y cuando las hordas infernales
avanzan por el mundo para matar nuestras almas, y que no
tenemos otra defensa, en contra de ellas, más que ese auxilio
vuestro! Vos, que sois un ejército en orden de batalla,
detenedlas, aniquiladlas, para que, gozosos, podamos vernos
libres del malón del infierno y os aclamemos, Virgen de Luján,
como el
escudo de nuestras luchas y la fuerza incontrastable contra los
enemigos de nuestra salvación.

Deprecaciones
Madre bondadosa de Luján; cuando la aridez de nuestro
espíritu nos esté por llevar a la tibieza y a la indiferencia,
haciéndonos perder vuestra devoción, que el riego fecundante
de vuestras gracias, nos haga renacer en el fervor de la piedad.
Dios te salve, María… (Cantada o rezada)

Consuelo de los afligidos, en nuestros peligros, en nuestras


angustias, en nuestras necesidades, sed nuestro poderoso
auxilio y libradnos de todo mal

SANTO ROSARIO

Virgen de Luján, defensa nuestra, sed nuestro escudo cuando


las hordas de Lucifer nos ataquen para hacer a nuestras almas
cautivas del pecado.
QUINTO DIA
¡Oh Virgen Santísima! No en vano, el pueblo predilecto vuestro
ha requerido el auxilio de vuestro amor. Cada vez que os ha
llamado, le habéis respondido con gran prodigalidad. Todos sus
males han encontrado un alivio en ese vuestro amor inagotable.
Bien decía San Bernardo que jamás habíais desoído a quien os
implorara con verdadera fe. Cuántas veces la naturaleza se ha
rebelado en contra nuestra, habéis sabido remediar nuestros
males; cuántas veces el peligro nos ha amenazado con la
crueldad de los perversos, os habéis dignado conjurar ese
peligro.
Pero aún faltaba vuestro poder contra los enemigos exteriores
de vuestro pueblo, y no quisisteis que este poder dejara
también de manifestarse. Y cuando ejércitos extraños
invadieron nuestro suelo, para quitarnos la libertad y hasta la
fe, arrastrándonos a la herejía que podía arrebatarnos vuestro
amor, bastó la plegaria del pueblo y de sus jefes, para que le
infundierais valor a fin de arrojar de nuestra tierra al audaz
invasor.
Dispersados por las fuerzas de la poderosa Albión los soldados
de nuestra defensa, en las primeras embestidas, ¿a quien
habían de acudir en medio del peligro, sino a Vos que erais la
Madre del pueblo? Y a Vos acudieron, y con vuestro aliento y
con vuestro nombre en los labios, salvaron al pueblo de la
extraña dominación y de una herejía que había de seguirla,
privándonos de vuestro culto y, con él, del
consuelo y la dicha de nuestros devotos corazones.
Virgen de Luján, seguid velando en defensa nuestra, para que
nuevas herejías no vengan a invadir nuestra tierra, a fin de que
vuestro culto reine siempre entre nosotros, y si en mala hora
cayera sobre la patria la tempestad de doctrinas malsanas,
dadnos otra vez fuerza y valor para vencerlas y ahuyentarlas
de nuestro pueblo.

Deprecaciones
Poderosa Señora, destruid las fuerzas del príncipe de las
tinieblas, cada vez que pretenda invadir el pueblo de vuestro
amor.
Dios te salve, María… (Cantada o rezada)

Salvadnos oh María, de la invasión del error; conservadnos en


nuestra fe y que no haya nada en el mundo que sea capaz de
arrancarnos de vuestros brazos de cariñosa Madre.

SANTO ROSARIO

Iluminad, Señora, la mente de vuestros devotos, esclareced su


conciencia, santificad su corazón, para que puedan descubrir
los engaños de sus enemigos y rechazar las dádivas con que se
quieren comprar sus creencias.
SEXTO DÍA
¡Reina del Plata! ¡Cómo no llamaros así, si nuestro pueblo os
debe la vida de su libertad! /Madre de la Patria! ¡Cómo no
llamaros así, si nuestro pueblo nació en vuestros brazos! ¿Qué
significan esos trofeos gloriosos: esas banderas ; esas espadas,
que penden de los muros de vuestro santuario y a los pies de
vuestra imagen?
¡Ah! ¡Es la gratitud de la patria a la Madre de su libertad!
Ante vuestras aras, se postraron los libertadores: los que no
pudieron llegar a vuestro santuario, pidieron las plegarias de
sus capellanes, implorando vuestra ayuda, en la gran cruzada de
la libertad.
Triunfaron, después, en sus homéricas luchas y no olvidaron que
las hogueras de gloria, que se encendieron en Salta y Tucumán,
en Maipo y Chacabuco, procedían de la chispa de vuestros
amores con que caldeásteis el corazón de los héroes e
iluminásteis el sendero de sus hazañas. Porque Vos, que habíais
venido prodigiosamente a esta tierra feliz, la sacásteis del
dominio extraño para hacerla libre, a fin de que consciente de
sus destinos, marchara por la senda de la prosperidad, a la par
de los pueblos independientes. Porque, por eso, escuchásteis las
plegarias de los grandes capitanes, que después de sus acciones
guerreras reconocieron, agradecidos, vuestra intercesión en
favor de la patria.
¡Oh trofeos gloriosos colocados al pie de María de Luján: decid
a esa Reina de la Patria, a esa Madre del pueblo, que diez
millones de argentinos le agradecen ,hoy su auxilio en favor de
la libertad de la patria y que claman, ante Ella, para que
siempre sea el escudo de nuestra nación; que conserve a su
pueblo, que guíe a nuestros gobernantes y que se muestre
siempre nuestra Madre, y que nosotros no nos hagamos
indignos del nombre de hijos suyos, olvidando sus beneficios y
la gratitud que le debemos por habernos dado la libertad, el
más preciado don que Dios ha concedido al hombre.

Deprecaciones
Virgen de Luján, en vuestros brazos,. nació el pueblo argentino;
sed su Madre, a través de todos los tiempos.
Dios te salve, María… (Cantada o rezada)

Virgen de Luján, Madre de la patria; guiadla siempre por el


sendero de la dicha y de la prosperidad.

SANTO ROSARIO

Virgen de Luján, Madre de nuestra libertad; velad


continuamente, por esa, libertad y que el pueblo argentino no
sea jamás esclavo y mucho menos esclavo de las pasiones y de
los vicios, que constituyen la peor de las esclavitudes.

SÉPTIMO DÍA
Virgen de Luján: el pueblo de vuestros amores, por quien
tantos prodigios habéis obrado, calmando sus penas, llenando
sus anhelos, librándolo de los peligros y dándole la libertad, no
olvida vuestros favores, por doquier pública vuestra bondad de
Madre y hace surgir del fondo de su corazón, una nota solemne
de gratitud, hacia Vos.
Mirad cómo en devotas peregrinaciones acude a vuestro
santuario. Son miles y miles los romeros que se apiñan,
periódicamente, en vuestra basílica, con la plegaria ferviente y
el elogio cálido en sus labios Todos se disputan el honor de
llegar al camarín donde mora vuestra milagrosa efigie, y forman
compactas columnas frente a vuestras aras. Son los padres y
los hijos, los pobres y los ricos, los sabios y los ignorantes,
sacerdotes, militares, magistrados, en una palabra, es el pueblo
entero que se postra a vuestros pies. Todos han recibido
vuestros favores, todos han pasado vuestro poder y van a
rendiros su gratitud y a implorar, nuevamente, vuestra
protección.
¡Oh, Madre! ¡Qué inmenso hogar habéis formado entre
nosotros! Mirad: Todos son hijos vuestros. Recibidlos a todos,
bendecidlos, alentadlos. Muchos serán hijos pródigos, que
vuelven al hogar materno por haber oído vuestro llamado. ¡Que
encuentren en Vos, la maternal misericordia! Muchos serán,
como el joven del Evangelio, hijos fieles desde sus primeros
años. Fortaleced su fe para que la conserven siempre. Y así,
unos y otros continúen llenando vuestro templo, formando esas
columnas grandiosas de peregrinos que os visitan, y sean
ejemplo para los demás y portavoces de vuestros amores, a fin
de que no quede un solo habitante de la Argentina que no os
visite en Luján, en vuestro camarín, en ese tabernáculo de
vuestro amor y manantial de vuestras gracias.

Deprecaciones
Virgen de Luján, contemplad a vuestros hijos, al pie de vuestro
trono. Vienen a imploraros. No desoigáis sus ruegos.
Dios te salve, María… (Cantada o rezada)

Virgen de Luján, contemplad a vuestros hijos, al pie de vuestro


trono. .Vienen a agradeceros vuestros favores. Aceptad el
homenaje de su gratitud

SANTO ROSARIO

Virgen de Luján, grande es el número de vuestros devotos.


Multiplicadlos, aún, como las estrellas de cielo y las arenas de la
mar.

OCTAVO DÍA
¡Reina de la paz ! Así os proclama la Iglesia, y bien que lo sois,
Santísima Virgen María ¡Cuánta calma no habéis llevado a los
corazones en las horas de las grandes angustias!
La paz, la hermosa paz del corazón, nos ha venido de Vos,
Señora, porque lo mismo en los peligros corporales como en los
del alma habéis sido nuestro consuelo, unas veces salvando
nuestra vida material con vuestro auxilio, y otras nuestra vida
espiritual, haciéndonos encontrar la gracia que habíamos
perdido. ¡Reina de la paz! Pero para nosotros lo habéis sido, de
una manera especial, bajo el título de Virgen de Luján.
Todos aun lo recordamos. Eran aquellos días de angustia en que
el cóndor transandino miraba, de hito en hito, el sol de nuestra
bandera. La guerra, la devastadora guerra, amenazaba nuestra
paz y ya la intranquilidad invadía el hogar, la sociedad y la
nación.
¡Qué cuadro de desolación, aun concientes de nuestro poder, se
presentaba a nuestros ojos! Pero acudimos a Vos y ante vuestro
altar os dijimos: Reina de la paz, rogad por nosotros, y
prodigiosamente quedaron unidos en estrecho nudo, frente a
vuestro camarín, el tricolor de la bandera chilena y el bicolor
celeste y blanco de nuestro pabellón.
Y aún están a vuestros pies, simbolizando a los dos pueblos
hermanos, que os proclaman la Reina de la paz. ¡Reina de la paz!
En vuestras manos está nuestra paz. Que jamás ella sea
turbada por el fantasma de la guerra: que nunca nuestros
fértiles campos se inunden con la sangre de vuestros hijos, y si
alguna vez, por nuestras deslealtades, merecemos ese castigo,
que sea sólo en parte, Protectora de nuestro pueblo, para que
traigamos también, a vuestros pies, los trofeos de la victoria,
como los trajeron nuestros heroicos generales en las horas de
la libertad.

Deprecaciones
Virgen de Luján, que la paz reine siempre en este pueblo, que
confía en Vos.
Dios te salve, María… (Cantada o rezada)

Virgen de Luján, alcanzadnos la gracia de vivir,


continuamente, en paz con nuestro Dios, sin que el grito de
rebeldía de Lucifer suene jamás, en nuestros labios.
SANTO ROSARIO
Reina de la Paz, rogad siempre por nosotros.

NOVENO DÍA
¡Virgen querida de Luján! Tres siglos han pasado, desde aquel
día glorioso para nuestra tierra, en que os quedásteis en los
campos de Luján, para elegir y santificar nuestro pueblo, a fin
de que vuestro nombre permaneciera, entre nosotros,
eternamente. Desde entonces, puede decirse que han pasado
tres siglos de favores vuestros en beneficio del pueblo
argentino. ¡Cómo hemos respondido a tanta generosidad! ¡Cómo
hemos pagado tanto amor!
¡Ah, Señora! Todo es poco para vuestra gloria. Pero no os
hemos olvidado y os pedimos que aceptéis el obsequio humilde
de nuestra gratitud. Pobre, pequeño era vuestro primer
santuario. Os debíamos un trono mejor y el caudal del rico y el
óbolo del pobre fueron colocando, una a una, las piedras de la
basílica, que hoy es vuestra morada de Reina. Pobre, humilde
era vuestra veste y la corona que ceñía vuestras sienes de
emperatriz y el caudal del rico y el óbolo del pobre fabricaron
la diadema de oro y de perlas, que adorna vuestra frente.
Obras materiales, tienen sobre su valor de tales, un
valor digno de Vos. Cada piedra de vuestro templo, cada perla
de vuestra corona es un corazón argentino rendido a vuestros
pies, un corazón argentino, cuyo amor hacia Vos, tiene la
eternidad de la piedra y cuya fe resplandece, con más luz que
todos los diamantes de la tierra. Las flechas de sus
campanarios que rasgan las nubes, son las oraciones fervientes
del pueblo, que aspiran llegar a vuestro trono celestial y la
bronceada voz de sus campanas es el himno elevado a vuestra
historia y que repiten, sin cesar, los labios de vuestros hijos.
En una palabra, todo es la gratitud del pueblo argentino, a Vos,
Virgen Santísima, Fundadora de la Villa de Luján, protectora
del pueblo, Reina de la patria, Generala de sus ejércitos, Madre
de su libertad!

Deprecaciones
Virgen de Luján, coronada por la gratitud de vuestro pueblo,
hacednos dignos de conseguir la corona de la inmortalidad.
Dios te salve, María… (Cantada o rezada)

Virgen de Luján, a quien nuestra piedad ha erigido un santuario,


convertid nuestros corazones en verdaderos santuarios de
virtud y santidad.

SANTO ROSARIO

Virgen de Luján, bendecid los pueblos, en cuyo templo, se os ha


erigido un altar; bendecid los hogares, de cuyos muros penda
vuestra imagen;
bendecid las congregaciones, que llevan vuestro nombre;
bendecid a los que prendan sobre sus pechos, vuestra medallas
y escapularios; bendecid a todos los que propaguen vuestra
devoción y finalmente, bendecid a los que pronuncien vuestro
nombre, con devoción y amor.

Oración Conclusiva
Omnipotente y sempiterno Dios, que habéis dispuesto que la
Santísima virgen sea nuestra intercesora, ante vuestro divino
poder; aceptad propicio nuestra devoción hacia Ella, bajo el
título de Ntra. Sra. De Luján, a fin de que por sus méritos y
por sus ruegos, obtengamos el don de vuestra santa gracia, en
la vida y la dicha de nuestra salvación en el cielo. Amen.

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