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Obsolescencia Programada: Impacto y Soluciones

La obsolescencia programada es una estrategia de los fabricantes para reducir deliberadamente la vida útil de los productos y forzar a los consumidores a comprar versiones nuevas. El documento describe los diferentes tipos de obsolescencia programada y acciones legales contra esta práctica en países como Francia.
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Obsolescencia Programada: Impacto y Soluciones

La obsolescencia programada es una estrategia de los fabricantes para reducir deliberadamente la vida útil de los productos y forzar a los consumidores a comprar versiones nuevas. El documento describe los diferentes tipos de obsolescencia programada y acciones legales contra esta práctica en países como Francia.
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La obsolescencia programada es la acción intencional que hacen los fabricantes para que los

productos dejen de servir en un tiempo determinado. Es normal que los productos se desgasten y
poco a poco terminen su vida útil, pero en este caso se trata de una falla planeada. Te explicamos de
qué se trata.
Celulares, computadoras, tabletas, impresoras, lavadoras, secadoras de cabello, microondas,
refrigeradores y pantallas son aparatos casi indispensables para la vida diaria que fallan
frecuentemente a mediano plazo y sin razón aparente.
En ocasiones es demasiado caro repararlos, otras veces es imposible encontrar la pieza de repuesto
o fueron diseñados para no ser desmontados.
Esto ocurre porque los fabricantes calculan y planifican el tiempo de vida de sus productos, con el
objetivo de reducir deliberadamente su utilidad y con ello incitar a las personas a comprar uno nuevo.
Los fabricantes utilizan diferentes tipos de obsolescencias para programar la muerte de sus
productos: a veces son fallas irreparables o inexplicables, o sacan al mercado versiones nuevas de
los equipos incitando a nuevas compras para estar a la moda.
Tipos de obsolescencia:
· Obsolescencia funcional y tecnológica:
Se da debido a un defecto funcional, avería o incompatibilidad.
· Obsolescencia de calidad:
Después de un corto tiempo el producto presenta fallas y mal funcionamiento
· Obsolescencia psicológica:
Se siembra la idea de que el producto deja de ser el de novedad o el última tendencia.
TEN EN CUENTA QUÉ:
La vida útil de un producto es el tiempo en el que tu equipo funciona de forma óptima, y llega a su fin
después de un proceso de desgaste lógico por su uso frecuente.
En cambio la obsolescencia programada es una estrategia planeada para volver inútiles tus
dispositivos y obligarte a comprar de nuevo.
ACCIONES CONTRA LAS MALAS PRÁCTICAS
En países como Francia la obsolescencia programada es un delito, por lo que los fabricantes están
sometidos a criterios de durabilidad, para lo cual deben establecer estándares de medición, prueba y
verificación.
A finales de 2017, la organización francesa Halte à l’ Obsolescence Programmée (HOP por sus
siglas en francés) llevó a tribunales franceses a los fabricantes HP, Canon, Brother y en particular a
Epson por limitar la vida útil de las impresoras.
En México, la Profeco y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), trabajan de manera conjunta para
realizar acciones que permitan conocer a los fabricantes que realizan en nuestro país la práctica de
obsolescencia programada.
Para atacar el problema de forma global se plantea una nueva visión circular para los aparatos
electrónicos, también conocida como “producción de ciclo cerrado”. Consiste en ampliar la duración
de los aparatos y contemplar procesos de reciclaje de los componentes que son valiosos pero
peligrosos para la salud humana o el medio ambiente.
Se puede considerar aumentar los periodos de garantía para que los consumidores puedan acceder
de manera fácil y gratuita a reparaciones que eviten la recompra.
Si te interesa contribuir a contrarrestar los efectos que genera la basura electrónica, no olvides leer
las etiquetas de los productos y sus garantías, también puedes apoyar a las empresas dedicadas a
la reparación o reciclaje llevando tus aparatos en desuso.
AMBIENTE
SE HA COMPROBADO QUE ALGUNOS FABRICANTES ACORDARON REDUCIR LA VIDA ÚTIL
DE LOS FOCOS: DE 2,500 A SOLO 1,000 HORAS, PARA FORZAR A LOS CONSUMIDORES A
COMPRAR CONSTANTEMENTE.
En México se calcula que cada persona genera al año 8.2 kilogramos de basura electrónica. La
basura electrónica es cualquier producto con un enchufe, cable eléctrico o batería que ya cumplió su
vida útil.
Estos desperdicios incluyen elementos como el cobre y oro, que pueden ser tóxicos durante los
procesos de reciclaje.

Quizás sea el consumo desmesurado uno de los principales factores que nos han llevado a la actual
falta de sostenibilidad, tanto en su vertiente económica como social y medioambiental. Ya en 1928 la
revista de publicidad Printer’s Ink advertía que un artículo que no se desgasta es una tragedia para
los negocios. Y de ahí que hayamos acuñado un término para denominar al deseo del consumidor
de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario . Lo
denominamos obsolescencia programada.
Y uno de los ejemplos más claros, y que se puede estudiar en un periodo de tiempo muy amplio, son
las bombillas de incandescencia. Ya vimos que en Livermore (California – EEUU) se encuentra en
funcionamiento, en el cuartel de bomberos de la ciudad, la bombilla más antigua del mundo. Una
bombilla instalada en 1901 fabricada en Shelby (Ohio -EEUU) alrededor de 1895. Y este no es el
único caso de bombillas de larga duración longevas.
Pero, ¿sabemos por qué la bombilla fue la primera víctima de la obsolescencia programada?

En Ginebra en la Navidad de 1924 se creó en secreto el primer cártel mundial para controlar la
producción de bombillas y repartirse así el pastel de las ventas del mercado mundial. Phoebus, así
se denominaba el cártel, incluía a los mayores fabricantes de bombillas y lámparas de Europa y de
Estados Unidos. Su objetivo era intercambiar patentes de invención y fabricación, controlar la
producción y al consumidor. Querían que la gente comprara lámparas y bombillas con regularidad.
Si las lámparas duraban mucho, era una desventaja económica.
Un año después de la creación de este cártel se creó el Comité de las 1.000 horas de Vida, cuyo
objetivo era reducir técnicamente la vida útil de las bombillas. Casi un siglo después existen registros
en los documentos internos que demuestran la existencia y actividad de este comité. Empresas
como Philips en Holanda, Osram en Alemania y Lámparas Zeta en España formaban parte de este
comité. Presionados por el cártel Phoebus, todos los fabricantes realizaron experimentos para crear
una lámpara más frágil que cumpliera con la nueva norma de las 1.000 horas.
Y la fabricación estaba rigurosamente controlada para que se cumpliera esta norma: se montaban
estantes con muchos portalámparas en los que se enroscaban muestras de cada serie producida.
Compañías como OSRAM registraban meticulosamente la duración de las bombillas. A la vez, el
cártel creó una intrincada burocracia para imponer sus reglas: los fabricantes eran multados
severamente si se salían de las normas establecidas de las 1.000 horas. A medida que esta medida
tomaba efecto, la vida útil de las lámparas comenzó a caer. En poco menos de 2 años pasó de 2.500
horas de vida útil a menos de 1.000.

Para los años 40, el cártel Phoebus había conseguido su objetivo: una lámpara estándar duraba
1.000 horas
Aunque en los años siguientes se patentaron muchísimas nuevas lámparas, incluso algunas
superando las 100.000 horas útiles, ninguna llegó a comercializare, y si bien Phoebus nunca existió
oficialmente su rastro nunca ha desaparecido. Su estrategia era ir cambiando de nombre: se llamó
Cártel Internacional de Electricidad y luego volvieron a cambiarlo. Y sigue hasta el día de hoy vaya a
saber bajo qué nombre.

Sin embargo, alejados del Occidente consumista, no existía tal obsolescencia programada.
La economía comunista no estaba pensada ni regulada por el libre mercado, sino por el Estado. Sin
ir más lejos, en la Alemania del Este las normas de fabricación estipulaban que una nevera debía
durar al menos 25 años. En 1981 una fábrica de Berlín este comenzó con la fabricación de una
lámpara de larga duración y la presentaron en la feria internacional Hannover en busca de
compradores occidentales pero los del Occidente rechazaron la bombilla, a pocos años el Muro de
Berlín cayó, la economía pasó a ser de consumo, la fábrica Narva cerró y la lámpara de larga
duración dejó de producirse. Unos años después, Narva volvió a funcionar ofreciendo productos
duraderos y preocupados por la sostenibilidad.
Es curioso pero el biznieto de Philips, Warner Philips, reniega de los planteamientos del oscuro cártel
y sostiene que mercado y sostenibilidad son posibles. No podemos seguir comportándonos de la
manera que los hacemos: consumiendo y tirando. Warner es el responsable de la lámpara de LEDs
Philips de 25 años de duración través de Lemnis Lighting.
Sin duda, la obsolescencia programada es un asunto que afecta a la sostenibilidad de nuestro estilo
de vida. Os dejamos con un documental imprescindible sobre este asunto:

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